lunes, 23 de diciembre de 2019

Los factores que influyen en la posible restauración del capitalismo en una sociedad socialista...


«La experiencia internacional y de nuestro país muestra que las esperanzas de la burguesía y la reacción para la restauración del capitalismo no se basan solamente en los remanentes de las viejas clases explotadoras ni en los espías y agentes de la diversión pagados por los extranjeros. Sus esperanzas están basadas especialmente sobre otros enemigos del socialismo, que emergen de la propia sociedad socialista, en gente que está gravemente infectada por la supervivencia de viejas ideologías, en gente con tendencias individualistas y arribismo pronunciado, en gente corrompida por las influencias de la ideología burguesa y revisionista actual, en aquellos que ceden ante la presión de enemigos internos y externos, en aquellos que eventualmente se desvían de la revolución y degeneran en contrarrevolucionarios.

En la sociedad socialista existe el peligro de la degeneración de determinadas personas, del surgimiento de nuevos elementos burgueses, de su transformación en contrarrevolucionarios. El marxismo-leninismo nos enseña que esto se debe, no sólo a que en la nueva sociedad socialista se conservan aún tradiciones, costumbres, comportamientos y concepciones del modo de vida de la sociedad burguesa de la cual ha surgido, sino también a ciertas condiciones económicas y sociales, que en la fase transitoria existen en esta sociedad. Las fuerzas productivas y las relaciones de producción, la forma de distribución que se basa en ellas, están aún muy lejos de ser enteramente comunistas. En este sentido influyen asimismo las diferencias que existen en diversos terrenos, como entre el campo y la ciudad, entre el trabajo manual y el intelectual, entre el trabajo cualificado y el no cualificado, etc., que no pueden desaparecer de golpe. A todo esto se le debe sumar la fuerte y múltiple presión que el mundo capitalista y revisionista ejerce desde el exterior. El socialismo puede limitar en gran medida el surgimiento de los fenómenos negativos, que no son inherentes a su naturaleza, pero no está en condiciones de evitarlos enteramente». (Enver Hoxha; Informe en el VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1976)

martes, 17 de diciembre de 2019

¿Rescate de las figuras progresistas o la rehabilitación de traidores?; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Un comunista debe evaluar a las figuras políticas dentro de su contexto histórico. Debe evaluar todos sus méritos y fallos, y ver si cualitativamente pesan más los primeros o los segundos. Abundan entre los pseudomarxistas el reivindicar a famosos revisionistas porque en algún momento de su vida fueron marxistas o al menos se reivindicaron como tal. Sobra decir que esto solo lo hacen elementos sin nula capacidad analítica, perdonando u olvidando incluso los peores actos de traición en favor del enemigo de clase.

Elena Ódena, líder indiscutible del Partido Comunista de España (marxista-leninista), reivindicaba el legado de los comunistas consecuentes como Miguel Hernández o José Díaz. Al mismo tiempo, arremetía sin compasión contra el revisionismo local condensado en la traición de figuras como las de Carrillo o Ibárruri, que habían llevado al Partido Comunista de España (PCE) hacia el desfiladero del eurocomunismo:

«La historia de los diez años de existencia de nuestro partido está íntimamente ligada a la lucha contra el revisionismo. El partido ha surgido, se ha desarrollado y se ha fortalecido en tenaz lucha contra el revisionismo moderno y en primer término contra sus manifestaciones en el plano nacional, cuya corriente principal encabeza el grupo Carrillo-Ibárruri». (Elena Ódena; X años de lucha contra el revisionismo y el oportunismo, 1974)

domingo, 15 de diciembre de 2019

Lenin en relación a las premisas de una insurrección victoriosa...


«Un complot militar pertenece al blanquismo puro si no está organizado por el partido de una clase determinada; si sus organizadores no han apreciado justamente el momento político en general y la situación internacional en particular; si no cuentan con la simpatía –demostrada con hechos– de la mayoría del pueblo; si el curso de la revolución no ha destruido las ilusiones y las esperanzas de la pequeña burguesía en cuanto a la posibilidad y a la eficacia del acuerdo entre las clases; si los organizadores del complot no han conquistado la mayoría, en el seno de los órganos de la lucha revolucionaria, «provistos de plenos poderes» o, al igual que los Soviets, con un lugar importante en la vida de la nación; si no hay en el ejército –en tiempos de guerra– una determinada hostilidad frente al gobierno que prolonga una guerra injusta, contra la voluntad del pueblo; si las consignas de la insurrección –«Todo el poder para los Soviets», «La tierra para los campesinos», «Propuesta inmediata a todos los Estados beligerantes de una paz democrática», «Anulación inmediata de los tratados secretos», «Abolición de la diplomacia secreta», etc.– no cuentan con una amplia difusión y con la mayor popularidad; si los obreros avanzados no están convencidos de la situación desesperada de las masas y asegurados del apoyo de los campesinos –apoyo demostrado por un importante movimiento campesino, o por una sublevación de gran envergadura, contra los propietarios y el gobierno que los defiende–; si la situación económica permite esperar realmente una solución favorable de la crisis, por medios pacíficos y por vía parlamentaria». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Carta a los camaradas, 1917)

viernes, 13 de diciembre de 2019

Carta de Dimitrov a Stalin sobre los métodos y defectos en la Internacional Comunista


«Habiéndome familiarizado mejor con la situación en la Internacional Comunista (IC), llegué a la conclusión de que algunos cambios deben tomar lugar en el movimiento obrero internacional. (…) Requiere urgente revisión y cambios en los métodos de trabajo en los órganos de liderazgo de la IC. (…) Después de un intercambio de opiniones con los camaradas y líderes de la IC me convencí de que un cambio es imposible sin la intervención directa y asistencia del Buró Político del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS. Todo esto es lo más esencial como solución a estos problemas es complicado por cierto conservadurismo y rutina burocrática incrustada en el liderazgo de la IC, así como por las relaciones poco saludables entre los camaradas que directamente participan en el liderazgo de la IC. (…) La necesidad del fortalecimiento político-ideológico en general del liderazgo del movimiento comunista». (Carta de Georgi Dimitrov a Stalin, 6 de octubre de 1934)

Notas de Bitácora (M-L):

Marx hablando sobre el derecho al trabajo y los impuestos progresivos, su desarrollo, significado y límites dentro de las repúblicas burguesas


«En el primer proyecto de Constitución [1848], redactado antes de las jornadas de Junio, figuraba todavía el «droit au travail», el derecho al trabajo, esta primera fórmula, torpemente enunciada, en que se resumen las reivindicaciones revolucionarias del proletariado. Ahora se convertía en el droit à l'assistance, en el derecho a la asistencia pública, y ¿qué Estado moderno no alimenta, en una forma u otra, a sus pobres? El derecho al trabajo es, en el sentido burgués, un contrasentido, un mezquino deseo piadoso, pero detrás del derecho al trabajo está el poder sobre el capital, y detrás del poder sobre el capital la apropiación de los medios de producción, su sumisión a la clase obrera asociada, y, por consiguiente, la abolición tanto del trabajo asalariado como del capital y de sus relaciones mutuas. Detrás del «derecho al trabajo» estaba la insurrección de Junio. La Asamblea Constituyente, que de hecho había colocado al proletariado revolucionario hors la loi, fuera de la ley, tenía, por principio, que excluir esta fórmula suya de la Constitución, ley de las leyes; tenía que poner su anatema sobre el «derecho al trabajo». Pero no se detuvo aquí. Lo que Platón hizo en su República con los pactas lo hizo ella en la suya con el impuesto progresivo: desterrarlo para toda la eternidad. Y el impuesto progresivo no sólo era una medida burguesa aplicable en mayor o menor escala dentro de las relaciones de producción existentes; era, además, el único medio de captar para la república «honesta» a las capas medias de la sociedad burguesa, de reducir la deuda pública, de tener en jaque a la mayoría antirrepublicana de la burguesía.

Con ocasión de los concordats à l'amiable, los republicanos tricolores sacrificaban efectivamente la pequeña burguesía a la grande. Y este hecho aislado lo elevaron a principio, prohibiendo por vía legislativa el impuesto progresivo. Dieron a la reforma burguesa el mismo trato que a la revolución proletaria. Pero, ¿qué clase quedaba entonces como puntal de su república? La gran burguesía. Y la masa de ésta era antirrepublicano. Si explotaba a los republicanos del «National» para volver a consolidar las viejas relaciones en la vida económica, de otra parte abrigaba el designio de explotar este régimen social nuevamente fortalecido para restaurar las formas políticas con él congruentes». (Karl Marx; Sobre la lucha de clases en Francia de 1848 a 1850, 1850)

lunes, 9 de diciembre de 2019

La tendencia a centrar los esfuerzos en la canonizada Asamblea Constituyente como reflejo del legalismo burgués; Equipo de Bitácora (M-L), 2019



«La RAE define constituyente como: «1. adj. Que constituye o establece. 2. adj. Dicho de las Cortes o de otras cámaras o asambleas: Convocadas para elaborar o reformar la Constitución del Estado. 3. m. y f. Persona elegida como miembro de una asamblea constituyente».

El marxismo sobre los «procesos constituyentes» del republicanismo liberal

Karl Marx, analizando el desarrollo de la lucha de clases en Francia, concluiría sobre estos fenómenos históricos:

«Desde las jornadas de Junio, la Asamblea Constituyente, que siguió siendo la representante exclusiva del republicanismo burgués, destacaba tanto más decididamente este aspecto suyo cuanto más se desmoronaba la influencia de los republicanos tricolores fuera de la Asamblea. Si se trataba de afirmar la forma de la república burguesa, disponía de los votos de los republicanos demócratas; si se trataba del contenido, ya ni el lenguaje la separaba de las fracciones burguesas monárquicas, pues los intereses de la burguesía, las condiciones materiales de su dominación de clase y de su explotación de clase, son los que forman precisamente el contenido de la república burguesa. No fue, pues, el monarquismo, sino el republicanismo burgués el que se realizó en la vida y en los hechos de esta Asamblea Constituyente, que a la postre no se murió ni la mataron, sino que acabó pudriéndose». (Karl Marx; La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850, 1850) 

Concluyendo que el republicanismo burgués tampoco solventaba la cuestión social de la emancipación del proletariado:

«Mediante el sufragio universal, otorga la posesión del poder político a las clases cuya esclavitud social debe eternizar: al proletariado, a los campesinos, a los pequeños burgueses. Y a la clase cuyo viejo poder social sanciona, a la burguesía, la priva de las garantías políticas de este poder. Encierra su dominación política en el marco de unas condiciones democráticas que en todo momento son un factor para la victoria de las clases enemigas y ponen en peligro los fundamentos mismos de la sociedad burguesa. Exige de los unos que no avancen, pasando de la emancipación política a la social; y de los otros que no retrocedan, pasando de la restauración social a la política. Estas contradicciones tenían sin cuidado a los republicanos burgueses. A medida que dejaban de ser indispensables y sólo fueron indispensables como campeones de la vieja sociedad contra el proletariado revolucionario, se iban hundiendo y, a las pocas semanas de su victoria, pasaban del nivel de un partido al nivel de una pandilla». (Karl Marx; La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850, 1850) 

Lenin describió en varias de sus obras como opera administrativamente toda la maquinaria burguesa del Estado. Hizo tal descripción en sendas ocasiones para fustigar sin compasión las ilusiones de los republicanos burgueses y pequeño burgueses, los cuales tenían fe en que a través de su pacifismo parlamentario, podrían introducir importantes medidas progresistas en la sociedad:

«Toda la historia de los países de parlamentarismo burgués, y en gran medida de los países burgueses constitucionales, enseña que la sucesión de los ministerios tiene muy poca importancia, puesto que todo el trabajo real de la administración está confiado a un inmenso ejército de funcionarios. Ahora bien, este ejército se halla profundamente penetrado de un espíritu esencialmente antidemocrático. Este ejército de funcionarios se encuentra ligado por millares y millones de lazos a los grandes propietarios agrarios y a la burguesía de los cuales depende en todos los terrenos. Este ejército está sumido en una atmósfera burguesa a la cual le es absolutamente imposible sustraerse. Momificado, paralizado dentro de formas inconmovibles, no tiene la fuerza de arrancarse a este ambiente y no puede modificar en nada su manera de pensar, de sentir y de proceder. Descansa tanto en el principio jerárquico como en ciertos privilegios reservados al «servicio del Estado»; sus cuadros superiores se hallan completamente sometidos, por mediación de los bancos y de las sociedades anónimas, al capital financiero, del cual, en cierta medida, son agentes, defendiendo sus intereses y propagando su influencia. Tratar de efectuar, por medio de este aparato gubernamental, transformaciones sociales tales como la supresión sin indemnización de la gran propiedad agraria o el establecimiento del monopolio de cereales, etc., es caer en una ilusión total y engañar al pueblo. Este aparato puede facilitar a una burguesía republicana la creación de una República que sería una «Monarquía sin monarquía» como la Tercera República francesa; pero es absolutamente incapaz de aplicar reformas que, no digo yo abolir, sino simplemente que limiten de manera más o menos efectiva los derechos del Capital y los derechos de la «sacrosanta propiedad privada». Por esta razón, en todos los ministerios de «coalición» en los que han participado los «socialistas», estos últimos, aun cuando fueran de buena fe, sólo han proporcionado un vano adorno o una portada a los gobiernos burgueses, un pararrayos contra la indignación popular, un instrumento de engaño de las masas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Una de las cuestiones fundamentales de la revolución, 1917)

Los revolucionarios del siglo XIX, incluso los no marxistas, entendían claramente lo siguiente en relación a una eventual Asamblea Nacional Constituyente:

«¡Pueblo! Llevas hoy armas y tienes en tu propia mano tus destinos. Asegura de una vez para siempre el triunfo de la libertad, pide para ello garantías. No confíes en esa ni en otra persona; derriba de sus inmerecidos altares a todos tus antiguos ídolos. Tu primera y mas sólida garantía son tus propias armas; exige el armamento universal del pueblo. Tus demás garantías son, no las personas, sino las instituciones; exige la convocación de Cortes Constituyentes elegidas por el voto de todos los ciudadanos sin distinción alguna, es decir, por el sufragio universal». (Francisco Pi y Margall; Reacción y revolución, 1854)

Sobre las figuras de dudoso pasado que aparentaban estar con el pueblo y se sumaban en momentos de cambio político. Pi y Margall advertía:

«¿Cumplirán todos su deber y su palabra? El pueblo debe estar preparado a todas las eventualidades, y no dormir un solo momento sobre sus laureles». (Francisco Pi y Margall; Reacción y revolución, 1854)

Este axioma tan básico, aunque parezca mentira, no ha sido comprendido por algunos, los cuales, pese a llamarse republicanos e incluso comunistas, no le llegan ni a la suela de los zapatos al viejo revolucionario aquí mencionado.

domingo, 8 de diciembre de 2019

Autocrítica de Siker, músico y antiguo simpatizante de las ideas del PCE (r); Siker, 2018

NOTA: Esta autocrítica fue publicada el 28 de Enero del 2017, y el actual texto presenta algunas modificaciones, como por ejemplo nuevas comentarios de Siker, o la eliminación de algunas citas con la finalidad de que el texto no sea redundante, a causa de que esas citas  ya aparecen durante el propio documento de Bitácora (M-L) sobre el PCE(r) y los GRAPO.

El documento:

«Voy a proceder a hacer pública una autocrítica sumamente importante. Algo larga y compleja pero necesaria para esclarecer más de una cuestión.

En los últimos años, en Youtube, han/hemos crecido jóvenes haciendo canciones pretendidamente comunistas y presuntamente al servicio de las ideas del proletariado, ya que la rabia contra el Estado capitalista explotador junto a la influencia de cantantes y autores que se hicieron famosos escribiendo en nombre del comunismo, entre otras cosas, han hecho que salgamos cierto número de artistas difundiendo de forma calcada esas mismas ideas de las canciones, vídeos, textos... de los que hemos «mamado».

Llegados aquí, por mi parte, llega el momento de hacer pública parte de una profunda autocrítica que es imprescindible y que ya tocaba. Antes de empezar, decir que esta es mi humilde conclusión de un conjunto de lecturas y reflexiones y que esto pretende ser un pequeño aporte para barrer con conceptos y actitudes que  considero erróneas y si me llegara a equivocar en algo, querría que se me rectificase honestamente.

martes, 3 de diciembre de 2019

Cataluña es una nación; Joan Comorera, 1940


«[Nota de «Nuestra Bandera», periódico del Partido Comunista de España: El 8 de Septiembre el camarada Juan Comorera, Secretario General del Partido Socialista Unificado de Cataluña Sección Catalana de la Internacional Comunista pronunció en la ciudad de México una importante conferencia sobre el tema «Contra la Guerra Imperialista y por la Liberación social y nacional de Cataluña». Publicamos en este número, íntegramente, la importantísima parte de la conferencia de Comorera que se refiere al problema nacional y a las tareas para la lucha por la liberación nacional y social de Cataluña, Esta parte, es de extraordinario valor para la orientación y el trabajo práctico de los miembros del Partido hermano del pueblo catalán y del pueblo español en el combate por su victoria sobre el régimen dominante].

Marx y Engels y el problema nacional y colonial

Al analizar los acontecimientos que en su época tuvieron lugar en Irlanda, la India, China, los países centro-europeos, Polonia y Hungría, Marx y Engels, nos dieron las directivas fundamentales sobre la cuestión nacional y colonial. Estas directivas fundamentales no solamente no fueron desarrolladas por la socialdemocracia, sino que fueron desconocidas y tergiversadas en la teoría, y renegadas en la práctica. Los problemas nacionales de Europa han sido y son un factor revolucionario de lucha contra el imperialismo. En la medida en que los partidos de la II Internacional degeneraron en partidos de ''reformas sociales», se apartaban de la lucha de clases, renegaban de la dictadura del proletariado, pasaban a las filas de la contrarrevolución, la cuestión nacional que en un principio anunciaban vagamente, se transformó en instrumento «ideológico» de subordinación nacional al Imperialismo. No vale la pena de analizar ahora las teorías socialdemócratas justificativas de la opresión nacional y colonial. Recordemos, nada más, que para los socialdemócratas la lucha de los pueblos coloniales, era contraria a los intereses del proletariado europeo, que la tesis sobre «la misión y la tarea del hombre blanco» de los más fanáticos imperialistas la aceptaban al hablar del papel progresivo del imperialismo en las colonias, y hacían el juego al imperialismo al asegurar que los pueblos coloniales y las naciones oprimidas, no estaban preparadas para el ejercicio de la libertad y de la soberanía. Nuestra experiencia es suficiente para conocer a fondo la posición práctica de los socialdemócratas en la cuestión nacional. El Partido Socialista Obrero Español, ha combatido a sangre y fuego a Cataluña y Euzkadi, las dos nacionalidades históricas oprimidas y que han llegado a la madurez nacional. El Partido Socialista Obrero Español, ha sido un instrumento del imperialismo español, debido a la acción del cual, tanto escrita como práctica, grandes núcleos de obreros, nunca comprendieron que la cuestión nacional y colonial, es parte integrante de la revolución proletaria internacional. En el curso de nuestra guerra, las incomprensiones y los exabruptos del Partido Socialista Obrero Español y de sus líderes en función de gobierno Largo Caballero, Prieto y Negrín, respecto a Cataluña y a nuestras instituciones autónomas, fueron uno de los principales factores que contribuyeron a la derrota de Cataluña y de la República. 

domingo, 1 de diciembre de 2019

De nuevo la importancia de comprender el concepto de «partido» en el siglo XXI; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Ya analizamos las causas de la degeneración del Partido Comunista de España (marxista-leninista) durante los años 80. Véase el capítulo: «El PCE (m-l)... de querer ser un «partido bolchevique» a emular a un «partido menchevique» (1986-1992)».

El origen del nuevo PCE (m-l) de 2006

Tras la disolución oficial del PCE (m-l) en 1992, diversos grupos y líderes que no nos engañemos, habían sido los causantes de la degeneración del partido desde mediados de los 80 fueron entablando relaciones a finales del siglo XX para dar pie a un nuevo proyecto:

«El 10 de febrero de 2002 se han reunido en Madrid representantes de la Organización Comunista de Octubre, de la Juventud Comunista del País Valenciano, Dissidencies y la O.C. 27 de septiembre, a objeto de dar cumplimiento al acuerdo de avanzar hacia la unidad de las organizaciones comunistas». (La Chispa; Órgano del Comité Estatal de las Organizaciones Comunistas (CEOC), junio, 2002)


Según diversos testigos, algunos de los elementos inocentes de varias de las organizaciones del Comité Estatal de Organizaciones Comunistas (CEOC) que daría pie luego a refundar el PCE (m-l), plantearon ciertas discordias a resolver. Uno. Se exigía realizar una autocrítica de lo que había sido el PCE (m-l) y su fracaso, cosa que el grupo de Raúl Marco nunca hizo. Dos. Se negaban a aceptar la entrada de grupos como el PCPE como proponía el grupo de Raúl Marco, ya que era un partido revisionista brezhnevista que jamás había renegado de sus orígenes. 

Según cuenta otro oportunista, el Pepe Avilés, el grupo de Raúl Marco aunque en principio reconoció estos puntos, luego los rechazó, y muchos cesaron en tal reclamación bajo la estúpida presión de «no romper el espíritu de unidad del partido». La refundación, fue en palabras de algunos un cómico «congreso de aplausos», donde no se hizo ninguna autocritica del pasado. El triunfo total del grupo de Marco es palpable por dos razones. Primero basta observar que el nombre del periódico del nuevo PCE (m-l) era Octubre, el nombre su propia organización, ninguneando al resto de grupos. Segundo, el nuevo PCE (m-l) trató de acercarse de nuevo intento de acercarse al PCPE, justo como Raúl Marco había intentado a finales de los 80.

Sin duda había que ser muy cándido para replantearse plantearse fundar un nuevo partido o refundar un PCE (m-l) revolucionario bajo los mismos individuos que le habían llevado a la ruina, mucho más dejándose chantajear con la acusación de «divisores» del movimiento obrero sino aceptaban tales despropósitos. Pero buenos estamos hablando de gente como Avilés, que como buen maoísta, siempre ha puesto por encima de lo ideológico la unidad formal, tratando luego que la lucha de líneas le diese el poder con el tiempo, aunque esta vez no fue así para él y tuvo que huir de nuevo y cobijarse en una parodia que representa el republicanismo burgués como REM.

Raúl Marco siempre ha hablado mucho de los «traidores» sin principios y «liquidacionistas» del grupo de Chivite que le apartaron de la dirección del viejo PCE (m-l) en 1991, pero nunca ha hecho una radiografía completa de las razones por las que el PCE (m-l) descendió hasta ser un partido marginal a finales de los 80, ni habla de las distorsiones ideológicas que en conjunto con Chivite introdujo en el partido durante 1986-1991: rehabilitando al castrismo o loando a líderes socialdemócratas como Tierno Galván antes criticados fuertemente, colaborando con renegados como Lorenzo Peña que habían insultado al partido, aliándose con la dirección del PCPE hasta el punto de conformar una coalición electoral con este grupo marginal revisionista en 1989, apoyando a Ramiz Alia a cada paso durante años, llegando hasta el punto vergonzoso de publicitar sus reformas ultraliberales de 1990 … y podríamos seguir. 

Los «planteamientos unitarios, sin apriorismos»

Lo curioso es que con esas acciones y estas nuevas tesis del grupo Octubre –que exoneraban al revisionismo de su responsabilidad–, él mismo estaba sosteniendo la bandera del liquidacionismo, ayudando a mantener el estado de confusión en que se había sumido el movimiento marxista-leninista.

La forma en que se planteaba todo daba a entender que era una repetición de los mimos errores. Lo primero que llama la atención sobre el concepto de partido de estos líderes, son las teorías claudicadoras y conciliadoras hacia el revisionismo, en especial del grupo Octubre, que estaba dirigido por Raúl Marco. En sus memorias cita un boletín de su organización:

«Las circunstancias nos exigen encontrar y saber aplicar medidas para desarrollar la lucha contra la reacción, la burguesía y el imperialismo. (...) La búsqueda de terrenos o planteamientos unitarios, sin apriorismos... es urgente». (Raúl Marco; Ráfagas y retazos de la historia del PCE (m-l) y el FRAP, 2018)

jueves, 28 de noviembre de 2019

Carta de Iósif Stalin a Klement Gottwald, 24 de julio de 1951



«El Camarada Čepička nos ha hablado y nos ha informado detalladamente sobre las actividades de los Camaradas Slánský y Geminder. Aún creemos que las declaraciones de ofensa, sin datos que los sostengan, no pueden servir para acusar a líderes bien conocidos por su positivo trabajo. Nuestras experiencias en la lucha contra el enemigo sugieren que los acusadores recurren a menudo a calumniar a la gente honesta, tratando de esta manera de sembrar la desconfianza mutua entre los líderes del partido –así es como ellos luchan contra el partido–. Usted está en lo correcto al proceder con cautela, desconfiando de las declaraciones de acusadores experimentos respecto a la cuestión de Slánský y Geminder. Teniendo en cuenta lo que hemos recibido de nuestro personal soviético, para nosotros está claro que Slánský ha cometido numerosos errores en la promoción y envío de personas de la dirigencia. Ha demostrado ser miope y demasiado confiando. Como consecuencia, los conspiradores y enemigos han tenido vía libre para hacer daño al partido y al pueblo. Por lo tanto, nos parece que el puesto de Secretario General no puede ser ocupado por un hombre que entiende pobremente al pueblo y que comete frecuentes errores en la destinación de personal. Así pues, creo que sería correcto relevar al Camarada Slánský del cargo de Secretario General. En cuanto a la evaluación positiva del trabajo del Camarada Boyarski y su deseo de continuar trabajando como asesor del ministerio de seguridad nacional de Checoslovaquia, tenemos una opinión diferente. La experiencia del trabajo de Boyarski ha demostrado que no está suficientemente capacitado como para cumplir con sus responsabilidades como asesor. Por ello, hemos decidido llamarlo de Checoslovaquia. Si usted realmente necesita un asesor en materia de seguridad de Estado –y así lo decide–, trataremos de encontrar uno más fuerte y con más experiencia. En cualquier caso, seguimos creyendo que nuestro asesor tiene que estar guiado y estrictamente controlado en su trabajo por la dirección del Comité Central del Partido Comunista de Checoslovaquia, y en ningún caso debe sustituir a la seguridad nacional checoslovaca». (Carta de Iósif Stalin a Klement Gottwald, 24 de julio de 1951) 

Posts relacionados:

Las purgas en el Partido Comunista de Checoslovaquia de los años 50; Equipo de Bitácora (M-L), 2019

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Los años 90 y el «socialismo de mercado» como receta económica; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Como vimos en el capítulo: «La rehabilitación de corrientes y elementosrevisionistas superados: el castrismo y el tercermundismo». El apoyo directo o indirecto que los líderes del Partido Comunista de España (marxista-leninista) como Raúl Marco, Pablo Mayoral y Manuel Chivite daban a regímenes revisionistas como Cuba desde los 80, ya evidenciaba la degeneración ideológica que manifestaban. Significaba que los líderes supervivientes en la dirección eran oportunistas emboscados que esperaban el momento propicio para reconciliarse con lo que el partido combatía, o que simplemente se habían convertido en renegados, pues conocían sobradamente los lineamientos básicos de política y economía como para saber que estaban rehabilitando; y es que caer en el tercermundismo es ir al revisionismo de cabeza. Por otro lado, significaba que los nuevos cuadros que habían ascendido a la dirección no habían sido instruidos debidamente sobre conceptos básicos como «socialismo», «soberanía económica» o «antiimperialismo», por eso aceptaron de buen grado el bandazo de la dirección al promocionar a estos oportunistas internacionales como Fidel Castro.

Rehabilitar al castrismo, era también rehabilitar una corriente que seguía los lineamientos del mundo económico revisionista de la época como el «socialismo de mercado soviético», el «socialismo de mercado húngaro» o el «socialismo de mercado yugoslavo»… aceptando sus tesis como válidas. ¿Pero qué eran estos modelos en la praxis?:

lunes, 25 de noviembre de 2019

Carta al Comité Comunista de correspondencia de Bruselas; Engels, 1846


«París, 23 de octubre de 1846

Acerca del asunto con los Straubingers de aquí, no hay mucho que decir. Lo principal es que las diversas diferencias que hasta ahora he debido discutir con los muchachos ya han sido arregladas; Papa Eisermann, el principal partidario y discípulo de Grün, ha sido separado, la influencia del resto sobre la masa de los Straubingers ha sido completamente vencida, y conseguí una resolución unánime contra ellos.

En resumen, esto es lo que ocurrió:

jueves, 21 de noviembre de 2019

El «pablismo» de Podemos, pese a su pose original, es heredero del «carrillismo» del PCE en su estrategia de toma de poder

Entrevista a Santiago Carrillo realizada por Pablo Iglesias en 2011

«Créanme si les digo que siendo hijo de un militante del FRAP y habiendo militado donde milité, tiene su mérito admirar a Carrillo. Frente a Santiago descubrí que estaba ante al secretario general que condenó irremediablemente a la mediocridad a todos los secretarios generales que llegaron después. Nadie estuvo a su nivel. (...) Nadie ejerció con tanta altura la dignidad de ser Secretario General. A pesar de todo, Santiago era uno de los nuestros. Hasta siempre». (Pablo Iglesias Turrión; El último secretario general, 2012)

Esta confesión serviría para evidenciar los vínculos ideológicos entre uno y otro. Y de paso sirve para avergonzar a todos los ex militantes del Partido Comunista de España (marxista-leninista) y del Frente Revolucionario Antifascista y Patriótica (FRAP) que ahora ponen sus esperanzas en Podemos y adulan a Pablo Iglesias como el nuevo «mesías» de la revolución, cuando no es sino otro falso profeta. Pero los vínculos entre Iglesias y Carrillo son mucho más profundos que una mera admiración del primero por el segundo.

Si repasamos el histórico libro de Santiago Carrillo: «Eurocomunismo y estado», de 1977, veremos que en lo fundamental, pese a que ahora todos reniegan del renegado, el revisionismo hispano ha recogido sus tesis, o manejan unas similares sin saberlo. En el caso de Podemos, Pablo Iglesias es un conocedor de la historia del Partido Comunista de España (PCE), no solo la ha estudiado, sino que proviene de sus juventudes, y ha podido entrevistar a su ídolo Carrillo, por tanto, es un «eurocomunista» o «carrillista» consciente, aunque como hemos advertido, Podemos y Pablo Iglesias, beben de muchas corrientes, siendo el eclecticismo su bandera.

lunes, 18 de noviembre de 2019

El atraso de un pueblo no significa que no pueda convertirse en progresivo, más avanzado incluso que otros que lo venían siendo hasta entonces


«Otro «argumento» que aducen los racistas para «demostrar» la existencia de razas «superiores» e «inferiores» es el atraso cultural de ciertos pueblos. Los imperialistas oprimen a una gran parte de los pueblos de la humanidad, los hacen objeto de una explotación inhumana, entorpecen por todos los medios su progreso y procuran fomentar su atraso diciendo que se trata de «razas inferiores». Luego, ¡se descuelgan diciendo que estos pueblos son «razas inferiores» , como lo demuestra su «atraso cultural»! A eso se reduce el argumento de los lacayos racistas pseudoeruditos del imperialismo. Hace ya mucho tiempo que la ciencia, sobre todo la arqueología y la etnografía, ha demostrado que el mayor o menor atraso de ciertos grupos de la humanidad en el terreno cultural no tiene absolutamente nada que ver con las características raciales de estos grupos, del mismo modo que el mayor progreso social y cultural de otros grupos no puede atribuirse tampoco a sus características de raza. Este desarrollo responde a factores económicos y sociales, a factores históricos. Son éstos los que hacen que unos grupos de la humanidad se hallen más atrasados y otros más adelantados, con respecto al desarrollo general. Y a ellos se debe también el que grupos que habían sido siempre atrasados puedan convertirse de pronto en grupos progresivos, más avanzados incluso que otros que lo venían siendo hasta entonces». (Franz Willner; La ciencia contra las patrañas racistas; Publicado en la revista Internacional Comunista, Nº8, 1939)

sábado, 16 de noviembre de 2019

El PCE (m-l) y la rehabilitación de corrientes y elementos revisionistas superados: el castrismo y el sandinismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«El viejo Partido Comunista de España (marxista-leninista) de 1964-1985 no titubeó en señalar el rol del revisionismo cubano a nivel mundial. Elena Ódena en un artículo titulado: «La «tercería vía» revisionismo vergonzante» firmando como M. Palencia, señalaba las contradicciones del castrismo:

«Conviene que las masas revolucionarias comprendan que esta falsa tercera vía, adopta diversas manifestaciones y formas. (…) Es un hecho innegable que las posiciones contradictorias y ultrarevolucionarias de Fidel Castro en algunas cuestiones, no evita que en lo fundamental éste aplique una política derechista y prorevisionista. (…) Fidel Castro ha recibido pomposamente a Carrillo el pasado mes de marzo. (…) La pretendida neutralidad en cuestiones ideológicas de Castro, le llevan a posiciones contrarrevolucionarias y sin principios que dañan, además, profundamente los intereses del pueblo español, por ejemplo. ¿Cómo explica el compañero Castro que Cuba sea el país de Latinoamérica que más comercia con la sangrienta y reaccionaria dictadura franquista, cuando él –demagógicamente claro está–, se permitió condenar a la URSS por comerciar con países como Chile? Por otro lado, recientemente el encargado de negocios castrista cerca de de Franco ha acogido en Vigo cordialmente a los figurones y parásitos borbónicos, Juan Carlos y su señora. La tercera vía no existe, ni en América ni en Europa. Un revolucionario está siempre al lado de los que llevan adelante la revolución, y en contra de quienes se opone a ella o la frena, en contra de quien ayuda y apoya a los enemigos del pueblo». (Elena Ódena; La «tercera vía» revisionismo vergonzante, 1973)

Imposible olvidar el duelo del gobierno cubano ante la muerte de Franco en 1975:

«Tres días de luto oficial en Cuba. Se han sumado ayer a la decisión de decretar luto oficial por la muerte de Franco los siguientes Estados: Jordania, Túnez y Cuba, cuyo gobierno ha decretado tres días de luto oficial». (ABC; Edición de Andalucía, 22 de noviembre de 1975)

¿Una anécdota sin más para los actuales admiradores del régimen castrista, verdad? ¿Cómo las loas entre Castro-Videla y el apoyo mutuo, cierto?

viernes, 15 de noviembre de 2019

De la oposición al apoyo del PCE (m-l) a la Comunidad Económica Europea –actual Unión Europea–; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«El Partido Comunista de España (marxista-leninista) de 1991-1992 liderado por Chivite, incluso presentó su idea de plantear un proyecto revolucionario dentro de las instituciones de la CEE –actual UE– bajo la excusa de que: 

«Vivimos en un país industrial desarrollado, de capitalismo financiero enmarcado en el seno del proyecto de la Comunidad Europea. Nuestra táctica, por tanto, ha de entrelazarse con los proyectos y actividad reivindicativa y revolucionaria de los colectivos, organizaciones, movimientos sociales, sindicatos, personas…, de los países de ese mismo marco de cara a elaborar, frente a la táctica y estrategia de la burguesía, una táctica y estrategia continental revolucionaria de los países europeos». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Cuadernos de debate para el VIº Congreso, 1991-1992)

No hay que dejarse sorprender por el lenguaje revolucionario coyuntural, ya que anteriormente en el capítulo: «De querer ser un «partido bolchevique» a emular a un «partido menchevique», la dirección de Chivite juraba que no se quería arrastrar al PCE (m-l) por la vía organizativa e ideológica del socialdemocratismo, mientras se proponía eso mismo. Aquí se opera igual manera: dado que para ellos presuntamente, no se podía escapar a dicha realidad de formar parte del proyecto europeísta de las burguesías nacionales europeas, se consideraba que esto incluso sería algo positivo ya que al estar dentro y mediante la solidaridad cada pueblo, el partido comunista y sus aliados progresistas combatirían victoriosos a sus burguesías y se cambiarían las instituciones en un nuevo panorama europeísta más progresista. ¿Les suena el cuento verdad?:

«Así se traslucía en el manifiesto-programa del PCE elaborado tras la realización del VIII Congreso: «El modelo de desarrollo económico socialista que el Partido Comunista propone para España considera que la abolición de toda forma de propiedad privada capitalista será posible hacerla de forma gradual, a medida que se multipliquen las fuerzas productivas, que se consiga la abundancia de productos y la extensión de los sistemas de servicios». (...)  Se reconocía ahora que no había existido una política europea propia y se abogaba por una independencia que permitiera el acuerdo con otras fuerzas democráticas: «El Mercado Común no es hoy un problema que pueda dividir y enfrentar entre sí a las fuerzas democráticas de nuestro país, que estorbe la búsqueda de un acuerdo para acabar con la dictadura. La solución más conveniente para  (...) la cooperación económica con Europa no está en manos de la dictadura franquista  (...) sino en la articulación de la alternativa democrática». (...) La búsqueda de la unidad de las fuerzas de oposición para articular esa alternativa democrática propiciaba despejar la discrepancia sobre el Mercado Común. El viraje proeuropeo podía servir, en efecto, para facilitar cierto acercamiento a otras fuerzas de la oposición democrática, aunque no era este el único obstáculo para un acuerdo de toda la oposición al franquismo en el que participasen los comunistas. El PCE había iniciado con la táctica del denominado «pacto para la libertad» una política dirigida a los sectores de la opinión pública más sensibilizados a favor de una alternativa democrática al régimen de Franco. Esa política podía adquirir un mayor impacto a medida que el PCE moderase y limase sus propuestas, acercándolas e incluso identificándolas en muchos aspectos con las del resto de la oposición». (Salvador Forner; La política europea del PCE (1972-1999): del viraje europeista al escepticismo, 2017)

jueves, 14 de noviembre de 2019

Comorera hablando de la cuestión nacional...


«Cataluña, es, pues, una nación. Pero Cataluña, camaradas, no es una «comunidad de destino». El principio de Lenin: «dentro de cada nación moderna hay dos naciones», se adapta plenamente a Cataluña, como a cualquiera otra nación. Importa, compañeros, que meditemos y asimilemos este principio de Lenin. La incomprensión del principio de Lenin abre la puerta a todas las desviaciones nacionalistas pequeño burguesas, nos conduciría a un callejón en el cual nunca ha hallado ni hallaría solución nuestro problema nacional. En cada nación hay dos clases antagónicas, irreconciliables: la burguesía y el proletariado, los explotadores y los explotados. Hay, por tanto, dos naciones antagónicas irreconciliables. La burguesía se vale y se valdrá del problema nacional para resolver sus asuntos de clase, dispuesta siempre a aliarse con la burguesía imperialista en el momento preciso en que considere satisfecha su ambición de clase o en que vea en peligro sus intereses de clase por el desarrollo y la ofensiva del movimiento obrero. El proletariado, quiere resolver y resolverá definitivamente el problema nacional, pues no ignora que si se convirtiese en opresor de otros pueblos, volvería a ser oprimido nuevamente. La burguesía y el proletariado pueden y deben entenderse y luchar juntos contra un enemigo provisionalmente común, en un momento dado y por una cuestión nacional concreta. (...) Pero la burguesía y el proletariado no han de confundirse, no pueden confundirse nunca. Su destino no es común. El destino de la burguesía es desaparecer. El destino del proletariado es llegar a serlo todo para construir un mundo socialista, de igualdad, de libertad, de verdadera fraternidad entre todos los hombres y todos los pueblos» La tesis socialdemócrata del «destino común», de la «comunidad nacional», subordinando necesariamente los intereses de clase a las exigencias nacionales, induce a los trabajadores a la colaboración y la paz entre las clases, a la negación de la lucha de clases, conduce en su desarrollo lógico a la teoría racista reaccionaria, al fascismo». (Joan Comorera; Contra la guerra imperialista y por la liberación social y nacional de Cataluña, 1940)

miércoles, 13 de noviembre de 2019

El socialismo burgués o conservador


«Una parte de la burguesía desea mitigar las injusticias sociales, para de este modo garantizar la perduración de la sociedad burguesa.

Se encuentran en este bando los economistas, los filántropos, los humanitarios, los que aspiran a mejorar la situación de las clases obreras, los organizadores de actos de beneficencia, las sociedades protectoras de animales, los promotores de campañas contra el alcoholismo, los predicadores y reformadores sociales de toda laya.

Pero, además, de este socialismo burgués han salido verdaderos sistemas doctrinales.  Sirva de ejemplo la Filosofía de la miseria de Proudhon.

Los burgueses socialistas considerarían ideales las condiciones de vida de la sociedad moderna sin las luchas y los peligros que encierran.  Su ideal es la sociedad existente, depurada de los elementos que la corroen y revolucionan: la burguesía sin el proletariado.  Es natural que la burguesía se represente el mundo en que gobierna como el mejor de los mundos posibles.  El socialismo burgués eleva esta idea consoladora a sistema o semisistema. Y al invitar al proletariado a que lo realice, tomando posesión de la nueva Jerusalén, lo que en realidad exige de él es que se avenga para siempre al actual sistema de sociedad, pero desterrando la deplorable idea que de él se forma.

Una segunda modalidad, aunque menos sistemática bastante más práctica, de socialismo, pretende ahuyentar a la clase obrera de todo movimiento revolucionario haciéndole ver que lo que a ella le interesa no son tales o cuales cambios políticos, sino simplemente determinadas mejoras en las condiciones materiales, económicas, de su vida.  Claro está que este socialismo se cuida de no incluir entre los cambios que afectan a las «condiciones materiales de vida» la abolición del régimen burgués de producción, que sólo puede alcanzarse por la vía revolucionaria; sus aspiraciones se contraen a esas reformas administrativas que son conciliables con el actual régimen de producción y que, por tanto, no tocan para nada a las relaciones entre el capital y el trabajo asalariado, sirviendo sólo –en el mejor de los casos para abaratar a la burguesía las costas de su reinado y sanearle el presupuesto.

Este socialismo burgués a que nos referimos, sólo encuentra expresión adecuada allí donde se convierte en mera figura retórica.

¡Pedimos el librecambio en interés de la clase obrera! ¡En interés de la clase obrera pedimos aranceles protectores! ¡Pedimos prisiones celulares en interés de la clase trabajadora!  Hemos dado, por fin, con la suprema y única seria aspiración del socialismo burgués.

Todo el socialismo de la burguesía se reduce, en efecto, a una tesis y es que los burgueses lo son y deben seguir siéndolo... en interés de la clase trabajadora». (Karl Marx y Friedrich Engels; Manifiesto del partido comunista, 1848)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

Un tiempo antes, Engels describiría esta tendencia, como una ideología basada en  gente que:

«Consta de partidarios de la sociedad actual, a los que los males necesariamente provocados por ésta inspiran temores en cuanto a la existencia de la misma. Ellos quieren, por consiguiente, conservar la sociedad actual, pero suprimir los males ligados a ella. A tal objeto, unos proponen medidas de simple beneficencia; otros, grandiosos planes de reformas que, so pretexto de reorganización de la sociedad, se plantean el mantenimiento de las bases de la sociedad actual y, con ello, la propia sociedad actual. Los comunistas deberán igualmente combatir con energía contra estos socialistas burgueses, puesto que éstos trabajan para los enemigos de los comunistas y defienden la sociedad que los comunistas quieren destruir». (Fridrich Engels; Principios del comunismo, 1847)

La Revolución de Octubre y la cuestión nacional y colonial; Joan Comorera, 1940


«En oposición a la teoría imperialista de la socialdemocracia sobre los problemas nacional y colonial Lenin formuló con claridad extraordinaria la teoría marxista. El principio fundamental de la teoría marxista-leninista es esta: la cuestión nacional y colonial es una parte integrante de la revolución proletaria internacional. 

Desarrollando la teoría marxista-leninista sobre la cuestión nacional y colonial, el camarada Stalin la ha enriquecido con la aportación de cuatro factores nuevos, substantivos: 1) la cuestión nacional forma un todo con la colonial; 2) Las naciones no soberanas y las colonias tienen derecho a la separación política, a la existencia como Estados independientes; 3) La lucha contra el capitalismo y por la dictadura del proletariado de acuerdo con la lucha por la solución definitiva del problema nacional y colonial, 4) Las naciones son iguales en derechos y deben ser iguales de hecho.

Por consiguiente, el imperialismo –forma superior del capitalismo– no puede existir sin la esclavización política y económica de las naciones no soberanas y de las colonias, la emancipación de las naciones no soberanas y de las colonias no es posible sin la destrucción del capitalismo, la victoria del proletariado no podría ser duradera si las naciones no soberanas y las colonias no son emancipadas del capitalismo, solamente el triunfo del socialismo puede resolver de manera definitiva. el problema nacional y colonial. 

martes, 12 de noviembre de 2019

Engels sobre la republica española...


«En primer lugar, ha quedado destruido el embrujo que hasta hoy envolvía el concepto de república. Tras los precedentes de Francia y España, sólo un Karl Blind puede permanecer atado a la superstición de los maravillosos efectos de la república. Esta se manifiesta, por fin también en Europa, como lo que, conforme a su esencia, es efectivamente en América, como la forma más acabada de dominación de la burguesía. (...) A partir de ahora, la clase obrera no puede sufrir más engaños acerca de lo que es la república moderna: la forma de Estado en la que el dominio de la burguesía recibe su última y más acabada expresión. (...) En otras palabras: si la república moderna es la más acabada forma de la dominación burguesa, es, a la vez, la forma de Estado en la que la lucha de clases se libra de sus últimas cadenas y que prepara el campo de batalla para esa lucha. La moderna república no es otra cosa que este campo de batalla. (...) En lugar de repetir la farsa sangrienta de la revolución anterior, en lugar de realizar insurrecciones aisladas, siempre reprimidas con facilidad es de esperar que los obreros españoles aprovechen la república para unirse entre sí más firmemente y organizarse con vistas a una próxima revolución, una revolución que ellos dominarán. El gobierno burgués de la nueva república busca sólo un pretexto para reprimir el movimiento revolucionario y matar a balazos a los obreros, como lo hicieron en París los republicanos Favre y consortes. Ojalá los obreros españoles no les den ese pretexto». (Friedrich Engels; La República Española, 1873)

lunes, 11 de noviembre de 2019

En el socialismo a diferencia del capitalismo, la cuestión nacional será resuelta de modo democrático, o sea, de acuerdo con la voluntad y las «simpatías» de la población



«Todos los indicios señalan que el imperialismo dejará en herencia al socialismo, su sucesor, fronteras menos democráticas, una serie de anexiones en Europa y otras partes del mundo. ¿Y qué? ¿El socialismo victorioso, restableciendo y aplicando a fondo la democracia plena en toda la línea, se negará a la determinación democrática de las fronteras del Estado? ¿No querrá tomar en cuenta «las simpatías» de la población? Basta formular estas preguntas para ver claramente cómo nuestros colegas polacos van rodando del marxismo al «economismo imperialista». Los viejos «economistas», trasformando el marxismo en una caricatura, enseñaban a los obreros que para los marxistas «sólo» es importante «lo económico». Los nuevos «economistas» piensan que el Estado democrático del socialismo victorioso existirá sin fronteras –una especie de «complejo de sensaciones» sin materia–, o bien que las fronteras serán determinadas «exclusivamente» de acuerdo con las necesidades de la producción. En realidad, estas fronteras serán determinadas de modo democrático, o sea, de acuerdo con la voluntad y las «simpatías» de la población. El capitalismo pisotea estas simpatías, y con eso añade nuevas dificultades a la causa de la amistad entre las naciones. El socialismo, al organizar la producción sin opresión de clase, al garantizar el bienestar de todos los miembros del Estado, da libertad plena a las «simpatías» de la población, y por consiguiente facilita y acelera enormemente la amistad y unión de las naciones. (...) Bajo el capitalismo no es posible suprimir la opresión nacional –ni la opresión política en general–. Para ello es imprescindible suprimir las clases, es decir, implantar el socialismo. Pero si bien el socialismo se basa en la economía, dista de resumirse en ella. Para eliminar la opresión nacional hace falta una base –la producción socialista–, pero sobre esta base son necesarios, además, la organización democrática del Estado, el ejército democrático, etc. Al trasformar el capitalismo en socialismo, el proletariado crea la posibilidad de eliminar totalmente la opresión nacional; esta posibilidad se convertirá en realidad «sólo» –¡«sólo»!– con la aplicación integral de la democracia en todas las esferas, incluyendo la determinación de las fronteras de acuerdo con las «simpatías» de la población, incluyendo la plena libertad de separación. Sobre esta base, a su vez, se desarrollará en la práctica la eliminación absoluta hasta de los menores rozamientos nacionales, de la más mínima desconfianza nacional, se acelerarán la amistad y la unión de las naciones, lo que culminará con la extinción del Estado. Esta es la teoría del marxismo, de la cual se apartaron equivocadamente nuestros camaradas polacos». (Vladimir Ilich Uliánov, LeninBalance de una discusión sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación, 1916)

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Una nota rápida sobre la dimisión de Evo Morales...; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

«El recorrido político que ha tenido la Bolivia de Evo Morales [*] ya ha sido comentado varias veces... 

Hoy amanecimos con una noticia de novedades políticas en La Paz. ¿Y qué podemos concluir? Que lo de estos «socialistas del siglo XXI» sobrepasa de lo ridículo. Nos han vendido la idea de que ellos son la prueba del «tránsito pacífico al socialismo», que ellos son «pueblo» y que el «pueblo les defenderá ante cualquier eventualidad» que sufra la «revolución». Pero ahora los seguidores de Evo Morales claman en Bolivia, que existe un  «golpe de Estado» contra él, que su poder es legítimo y el de sus opositores no. Si su relato es cierto, pregunto, ¿por qué decide dimitir y entregar el poder sin más? Se imaginan en la España de 1936, que los republicanos, socialistas, comunistas y anarquistas, y que ante el golpe de Estado de los militares reaccionarios, «demócrata-cristianos», monárquicos y fascistas, dijesen: «Señores, han dado un golpe contra la República inadmisible, pero... nos retiramos, el poder es suyo»...

¡Algo no cuadra...!». (Equipo de Bitácora (M-L)Una nota rápida sobre la dimisión de Evo Morales..., 2020)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

[*] Reproduciremos los extractos de nuestros documentos:

miércoles, 6 de noviembre de 2019

La forma y contenido de las críticas hacia los adversarios políticos; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Un problema que puede parecer secundario también tiene su aquel. Hablemos de la forma y contenido de las críticas hacia los adversarios políticos.

No estamos diciendo, como han proclamado diversos renegados, que el Partido Comunista de España (marxista-leninista) debiese intentar ganarse a las cúpulas de las distintas organizaciones oportunistas o a los cabecillas de las fracciones que surgían en su seno:

«En lo ideológico (…) Ya estábamos enfrascados en una lucha a fondo contra el revisionismo de Carrillo. (…) Ya lanzados como estábamos, íbamos a por Don Santiago sin concesiones. Razón de más para tratar con miramiento y diplomacia a los disidentes del PCE y a otros grupos políticos que –procediendo de otros orígenes –por entonces revestían el ropaje comunista–con la radicalización subsiguiente a mayo de 1968. Había que cortejarlos con donaire, delicadeza, paciencia y suavidad. Como mínimo, tratarlos con neutralidad benévola; lo menos que podíamos hacer con respecto a ellos era guardar silencio, abstenernos de críticas públicas; y de hacer críticas, en plan amistoso, con amabilidad y espíritu de concordia. Eso se traducía en una política de acercamiento y buenas relaciones para con los camaradas pro-soviéticos –E. García, Enrique Líster–, los amigos catalanes de la OCE (Bandera Roja) y los de Komunistak (MCE)». (Lorenzo Peña; Amarga juventud: Un ensayo de egohistoria, 2010) 

Por supuesto, para renegados como Lorenzo Peña no había, o apenas había, diferencias entre estos grupos y el PCE (m-l), o más bien lo que él quería hacer del PCE (m-l). Es la clásica concepción que se utiliza una cabeza de turco –Carrillo en este caso– para justificar el revisionismo de toda una organización –el Partido Comunista de España (PCE)– e incluso de toda una generación del movimiento obrero. Esto también lo haría el renegado Raúl Marco pasado unos años cuando echase la vista atrás sobre la historia del PCE (m-l) y sus posiciones como veremos después en otro capítulo. Afirmar estas conclusiones es como creer que el revisionismo no engendrase nuevas variantes, como si no tuviese cada día nuevos jefes y adoptase otras particularidades. Como si el revisionismo no alcanzase a los viejos militantes comunistas, como si no alcanzase a las propias organizaciones antes revolucionarias. 

Salirse del PCE no era ni es sinónimo de no ser un revisionista, hay mil cuestiones por las que los militantes abandonan el partido: cobardía, rencillas personales, apatía por la política, quemazón por el activismo intenso, evolución ideológica, rivalidades ideológicas entre variantes revisionistas, etc. y como vemos no todas tienen que ver con romper en lo ideológico con el revisionismo. Esto lo vemos actualmente en las continuas fracciones y escisiones del mundo revisionista.

«Tratar con miramiento» a los jefes y representantes del revisionismo sea del color que sea ni es revolucionario ni ayuda en nada a los propios militantes honestos que estén bajo su influencia.