«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

sábado, 16 de noviembre de 2019

El PCE (m-l) y la rehabilitación de corrientes y elementos revisionistas superados: el castrismo y el sandinismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«El viejo Partido Comunista de España (marxista-leninista) de 1964-1985 no titubeó en señalar el rol del revisionismo cubano a nivel mundial. Elena Ódena en un artículo titulado: «La «tercería vía» revisionismo vergonzante» firmando como M. Palencia, señalaba las contradicciones del castrismo:

«Conviene que las masas revolucionarias comprendan que esta falsa tercera vía, adopta diversas manifestaciones y formas. (…) Es un hecho innegable que las posiciones contradictorias y ultrarevolucionarias de Fidel Castro en algunas cuestiones, no evita que en lo fundamental éste aplique una política derechista y prorevisionista. (…) Fidel Castro ha recibido pomposamente a Carrillo el pasado mes de marzo. (…) La pretendida neutralidad en cuestiones ideológicas de Castro, le llevan a posiciones contrarrevolucionarias y sin principios que dañan, además, profundamente los intereses del pueblo español, por ejemplo. ¿Cómo explica el compañero Castro que Cuba sea el país de Latinoamérica que más comercia con la sangrienta y reaccionaria dictadura franquista, cuando él –demagógicamente claro está–, se permitió condenar a la URSS por comerciar con países como Chile? Por otro lado, recientemente el encargado de negocios castrista cerca de de Franco ha acogido en Vigo cordialmente a los figurones y parásitos borbónicos, Juan Carlos y su señora. La tercera vía no existe, ni en América ni en Europa. Un revolucionario está siempre al lado de los que llevan adelante la revolución, y en contra de quienes se opone a ella o la frena, en contra de quien ayuda y apoya a los enemigos del pueblo». (Elena Ódena; La «tercera vía» revisionismo vergonzante, 1973)

Imposible olvidar el duelo del gobierno cubano ante la muerte de Franco en 1975:

«Tres días de luto oficial en Cuba. Se han sumado ayer a la decisión de decretar luto oficial por la muerte de Franco los siguientes Estados: Jordania, Túnez y Cuba, cuyo gobierno ha decretado tres días de luto oficial». (ABC; Edición de Andalucía, 22 de noviembre de 1975)

¿Una anécdota sin más para los actuales admiradores del régimen castrista, verdad? ¿Cómo las loas entre Castro-Videla y el apoyo mutuo, cierto?

«En abril de 1977, Buenos Aires autorizó «un intercambio de votos» para la reelección de Argentina en el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas; paralelamente, Fidel Castro había pedido a la dictadura argentina apoyo para la elección de Cuba al Consejo Ejecutivo de la OMS, como publica hoy el portal Infobae. No solo el gobierno castrista calló ante los crímenes de la dictadura argentina sino que el gobierno de la URSS también fue socio económico y político durante el período 1976-1983. En esos tiempos, el Partido Comunista Argentino fue cómplice silencioso de la tragedia». (Clarín; Documentos oficiales muestran la complicidad de Fidel Castro con la dictadura de Videla, 20 de noviembre de 2014)

De hecho en aquellos años el revisionismo cubano fue uno de los actores más activo en cuanto a apoyo ideológico y militar en los países americanos y africanos que estaban en el redil del revisionismo soviético, los llamados «países no capitalistas de orientación socialista», mientras que en cambio tanto chinos como cubanos no decían ni una sola palabra de las luchas de los verdaderos revolucionarios marxista-leninistas, como recogía el jefe del Partido Comunista de Brasil (PCdoB) Mauricio Grabois en su famoso «Diario de la guerrilla» de 1973.

Este rol como era lógico lo reconocía y denunciaba el PCE (m-l), señalando que obviamente encima hacía las veces de gramófono del socialimperialismo soviético a nivel mundial:

«En efecto, la URSS se ha convertido en una superpotencia imperialista agresiva y expansionista –recordemos Checoslovaquia, Cuba, Afganistán, la presencia de técnicos soviéticos y de mercenarios cubanos con armas rusas en Angola y en otros puntos de África y del mundo–, los planteamientos «occidentales», ocultan y tergiversan dos cuestiones decisivas que son imprescindibles conocer para tener las ideas claras y entender el porqué de lo que ocurre y de lo que puede ocurrir en el mundo, si la lucha de los pueblos no lo impide. En primer lugar, que la Unión Soviética ha dejado de ser un país socialista, y que, habiéndose convertido en una gran potencia imperialista, practica en el plano interno una política económica y social de carácter capitalista con sus crisis y contradicciones, y en el externo, que no sólo no pretende exportar la revolución ni las ideas revolucionarias del socialismo, sino que lo que pretende es imponer si es preciso por la fuerza, un nuevo reparto del mundo, acaparar zonas de importancia estratégica, fuentes de materias primas y mercados, enfrentándose así en ese terreno a la otra superpotencia, los Estados Unidos, que persigue los mismos fines de dominación y hegemonía mundial». (Elena Ódena; El imperialismo y las guerras, 1981)

Recordemos que muchos de estos movimientos que los cubanos apoyaron eran frentes interclasistas, salidos de militares, nacionalistas e intelectuales burgueses, que coqueteaban constantemente entre una potencia imperialista u otra, de hecho, muchos de ellos como el angoleño MPLA acabarían integrando a su país en el FMI. 



El PCE (m-l) mantuvo esta postura crítica hacia el revisionismo cubano hasta aproximadamente 1989:

«El triunfo de la revolución cubana, en 1959, va a extender su influencia entre los círculos de intelectuales y de la pequeña burguesía preocupados por derrocar al régimen franquista y al mismo tiempo opuesto a los métodos y concepciones marxista-leninistas. Incluso sectores de la iglesia católica se movilizarían en torno a las teorías castristas, al foquismo y las posiciones de Cuba. Posteriormente el PCE (m-l) analizó las posiciones ideológicas y política de esta corriente pequeñoburguesa, vinculada al revisionismo jruschovista aunque con características específicas, y que tendía a impedir que el proletariado se dotara de su partido marxista-leninista de vanguardia, en unos momentos en los que, precisamente esta era la gran cuestión internacional a debate». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Biografía en el 25 aniversario, 1989)

Ya en el artículo «Fuera las manos yanquis de Cuba» del Nº 716 de «Vanguardia Obrera» de 1990, tenemos un ridículo texto que se suma al coro revisionista de aquel entonces, que pretende hacer ver al lector, que Cuba, pese a sus defectos, estaba llevando a cabo una lucha antiimperialista contra el imperialismo estadounidense. 

En pleno derrumbe de los regímenes favorables al revisionismo soviético el gobierno estadounidense trataba de aprovechar el contexto para derrocar a gobiernos considerados tanto amigos, neutrales como abiertamente enemigos. Ciertamente el imperialismo estadounidense trató de derrocar al gobierno cubano y poner a un gobierno más afín, lo cual era normal, ya que el imperialismo estadounidense impulsó cambios de gobierno incluso entre los antiguos regímenes revisionistas prosoviéticos con los que tenía grandes lazos económicos favorables, e incluso con su principal aliado del mundo revisionista europeo: la Yugoslavia de Milósevic o la Panamá de Noriega. Esto demuestra que el imperialismo es un aliado poco fiable. Pero no muestra que el revisionismo castrista sea antiimperialista.

Lo cierto es que el castrismo siempre se había vendido al mejor postor, primero trató de ganarse el favor del imperialismo de Estados Unidos, luego ató su línea político-económica a la URSS socialimperialista, y ya en el contexto de aquella época de finales de los 80, Cuba estaba inversa en un mar de deudas con el socialimperialismo soviético mientras intentaba compensar su balanza comercial deficitaria modificando su Ley de Inversión Extranjera para atraer a los imperialismos occidentales, obviamente todo en detrimento de las condiciones de trabajo de los trabajadores cubanos. En Cuba a partir de entonces hubo un proceso de apertura hacia todos los imperialismos posibles que se profundizó años después. Véase el documento: «Crítica al artículo: «La nueva Ley de Inversión Extranjera en Cuba romperá con el bloqueo fuera de EEUU» de 2014 o «Sobre el acercamiento de Cuba y EEUU [Recopilación Documental]» 2014.

Un abierto renegado como Lorenzo Peña, que había abandonado el PCE (m-l) en 1972 dedicándole Elena Ódena duros epítetos por su oportunismo, mientras Peña completaba su deriva socialdemócrata y tercermundista. En sus memorias confesaría que solo volvería a colaborar con el PCE (m-l) en 1990, precisamente entre otras cosas gracias al cambio de línea internacional del partido liderado por Raúl Marco en cuanto a la cuestión cubana y otras:

«El 18 de septiembre de 1990 –en una manifestación contra la proyectada agresión a la República de Irak por el imperialismo yanqui y sus aliados–NOTA 365 me acerqué al camarada Raúl Marco, reanudando un contacto interrumpido durante 18 años. Entablamos una buena relación, [V. nota adicional] fruto de la cual fue mi colaboración en la prensa que aún sacaba el PCEml. Así aparecieron varios artículos míos en Vanguardia Obrera: «El conflicto de Mesopotamia» (V.O., sept. 1990); «¡Abajo la ley de extranjería!» (V.O. Nº 740, nov. 1990); «¡Mayor solidaridad con los presos marroquíes!» (V.O. Nº 758, semana del 8 al 14 de mayo de 1991). También un artículo titulado «Rey reinando, con el mazo dando», publicado en el Nº último de Revolución Española, a comienzos de 1990. Y otro en la nueva revista teórica del PCEml casi nonnata, Cuestión, Nº 0 (Madrid: junio de 1991), págs. 31-48: «Miseria o esplendor de la economía de mercado». Todos ellos, naturalmente, firmados en mi propio nombre, «Lorenzo Peña». (…) Al margen de los dogmas, podemos converger en bastantes cosas: la bandera tricolor y la república; la defensa del socialismo cubano». (Lorenzo Peña; Amarga juventud: Un ensayo de egohistoria, 2010) 

Este último caso es significativo: el PCE (m-l) ya se había convertido en un circo en el que todo el mundo, a cada cual más esperpéntico elemento, podía entrar y salir mientras fuera rentable para el espectáculo. Desde hace muchas décadas Lorenzo Peña mantiene un rechazo confeso al marxismo y un abierto republicanismo reformista pequeño burgués, pero ni eso, ni los insultos que él dedicaría a Elena Ódena como se ve en su autobiografía impidieron que Raúl Marco y el PCE (m-l) lo tomaran como colaborador.

Este cambio fue similar al sufrido por el PC (m-l) de Colombia, el cual podía contarse entre los más acérrimos críticos del castrismo y el tercermundismo hasta 1988, momento en que también se reconciliaría con el PCC del cual provenía y empezaría a alabar a distintos regímenes tercermundistas variopintos. 

Véase nuestro capítulo: «El contexto de creación y degeneración del PC de C-ML/EPL» de 2016.

Concluiremos con lo que dijimos una vez acerca de la cuestión cubana:

«Algunos «marxistas flexibles» y autodenominados «no dogmáticos» esperan en pleno 2016 «llevar a debate» si Cuba es un país socialista, un país revisionista-capitalista, si Castro es un marxista-leninista o un revisionista, si cumple un rol antiimperialista o es un país neocolonial que mendiga al imperialismo de turno según se tercie; a estos elementos hay que disculparlos pues llegan  más de cuatro décadas tarde, ya que las respuestas están más que claras para todo marxista-leninista desde hace rato; y cuando las pruebas te llevan a conclusiones evidentes e irrefutables no podemos expresarnos con medias tintas, eso se los dejamos a los asustadizos que temen perder credibilidad, lectores, militantes, amigos o familiares por criticar a una figura o un régimen que tiene muchos seguidores o influencia –como es el caso del revisionismo cubano en hispanoamérica–. Pero los marxista-leninistas no proceden así, porque nos avergonzaríamos de nosotros mismos y no mereceríamos tal término, mucho menos vamos a pecar de seguidismo cuando el tema de Cuba ya ha sido desbrozado antes por los marxista-leninistas en décadas anteriores, vamos que no es nada nuevo. Es más, la cuestión cubana es una piedra de toque para distinguir a los individuos con poca formación, a los eclécticos colecciona-mitos, y a los partidos que han degenerado y han rehabilitado a este revisionismo.

Algunos revolucionarios, influidos por la propia propaganda que algunos sectores del castrismo inoculan en el pueblo cubano y al exterior, proclaman que lo que necesita cuba es una vuelta a los postulados guevaristas en economía para encauzar la vía al socialismo. Falso, el guevarismo, no es sino una variante del revisionismo cubano, y en la economía, pese a tener postulados más acertados que el castrismo, no deja de retomar un fuerte voluntarismo-practicismo que lo aparta sensiblemente del materialismo, algo que resulta evidente –por ejemplo en su teoría del «foquismo»– en sus planteamientos económicos en general –en donde se aprecia que lo fundamental, a pesar de su correcta posición en favor de la preponderancia de la industria pesada, se basa en la voluntad, la conciencia, es decir, subordina la transformación de la estructura económico-política a la transformación prima de la superestructura, y no al contrario, siendo una expresión de voluntarismo idealista–. 

Visto desde una óptica global y en especial en el campo revolucionario; las últimas reformas y línea política de los dirigentes cubanos sirve a los marxista-leninistas para desenmascararlos fácilmente, sirven para que los revolucionarios del mundo no guarden ni un ápice de piedad al mito del revisionismo cubano, sino para que leyendo este tipo de cosas su repulsa aumente, y tomen en su trabajo distancia de las tesis y concepciones del  castro-guevarismo hasta comprender y condenar finalmente sus lineamientos como lo que es: revisionistas.

Entonces si el pueblo cubano desea acabar con su falta de libertades y derechos político-económicos, con los privilegios y abusos de las clases explotadoras que llevan años posando de «revolucionarios», si anhela una economía que mire por el bienestar de los trabajadores y aumente su nivel de vida y una vida política en la que tomen partida de verdad, si desea una patria verdaderamente independiente del imperialismo, afín a una cultura proletaria alejada de un modo de vida y de corrientes literarias y artísticas decadentes; es decir si se desea establecer el socialismo, para ello debe alejarse del castro-guevarismo y otras corrientes revisionistas y asimilar y luchar por aplicar el marxismo-leninismo, algo que obviamente no podrá hacer a través del podrido Partido «Comunista» de Cuba, donde dentro de sus corrientes internas –castristas, guevaristas, trotskistas, socialdemócratas, maoístas, socialistas del siglo XXI, etc.– no permiten a los verdaderos marxista-leninistas asomar la cabeza so pena de ser expulsados o encarcelados, entonces pues, su deber es crear un partido propio y una política de clase independiente a la del gobierno revisionista-burgués, porque ningún revolucionario cuerdo esperará que un partido lleno de oportunistas le permita a los marxista-leninistas establecer su línea proletaria en un partido de vividores y arribistas». (Equipo de Bitácora (M-L); Reflexiones sobre el VIIº Congreso del Partido «Comunista» de Cuba y su línea económica, 13 de agosto de 2016)

Más adelante, cuando analicemos el nuevo PCE (m-l) refundado por Raúl Marco y sus seguidores de 2006, observaremos que su principal referencia externa es el revisionismo cubano.

La otra cuestión que toca abordar es la nicaragüense. Hasta 1985, las relaciones entre los marxista-leninistas de uno y otro país eran fluidas, con gran parte de la sección internacional de la prensa del PCE (m-l) publicitando las acciones de los revolucionarios nicaragüenses:

«Nuestro partido llama a cerrar filas en apoyo del proletariado y el pueblo de Nicaragua y del MAP/ML, vanguardia de la lucha en Nicaragua por el socialismo, frente a las presiones del imperialismo y la reacción». (Vanguardia Obrera; Órgano central del Partido Comunista de España (marxista-leninista), marzo de 1985)

Ya en una época tan temprana como 1988 Raúl Marco y el resto de la dirección del PCE (m-l), a tan solo tres años del fallecimiento de Ódena, se atrevieron a traicionar la lucha que los marxista-leninistas nicaragüenses del Movimiento de Acción Popular (Marxista-Leninista) estaban llevando a cabo contra el partido pequeño burgués gobernante, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), caracterizado por los tres ejes de su política oportunista: pluralismo político, economía mixta y no alineamiento. Un partido que además como se tipificó en la directriz interna de la Dirección Nacional del FSLN del 20 de septiembre de 1979, tenía el objetivo directo de liquidar a los marxista-leninistas.

Pero ahora desde el órgano escrito del PCE (m-l), poco a poco se fueron dejando de publicar los documentos del MAP-ML. De repente los Marco, Chivite y Mayoral se atrevieron a tanto como para atacar a los marxista-leninistas nicaragüenses, aunque sin nombrarlos, en base a su teoría de la «polémica silenciosa», utilizando varios de los mismos epítetos que precisamente usaban los sandinistas:

«Es esencial no perder de vista quiénes son los verdaderos responsables de las calamidades del pueblo de Nicaragua y la situación que ellos y su gobierno se han visto obligados a enfrentar. (...) Hoy, para este valeroso pueblo, las alabanzas incondicionales a las vacilaciones y errores del gobierno son tan perniciosas como los ladridos de los superrevolucionarios que olvidan las dificultades que atraviesa Nicaragua». (Vanguardia Obrera; Nº 619, 1988)

Identificar al gobierno sandinista con el pueblo nicaragüense es un error tercermundista que evidencia la deriva del PCE (m-l) de entonces; pero falsear las luchas de los marxistas-leninista a los que hasta hacía poco llamaban «hermanos» es una traición imperdonable. En el mismo sentido, descalificar como «superrevolucionarios, izquierdistas, anarquistas, blanquistas, trotskistas, provocadores» y demás epítetos a los verdaderos y valerosos marxista-leninistas, ha sido una táctica muy común de los revisionistas para desacreditarlos ante las masas:

«¿Dónde está el extremismo y el izquierdismo infantil del MAP-ML en denunciar cara a cara al FSLN que por mucho que dijeran no existía un Estado «por encima de las clases» ni una «democracia para todos»? ¿Dónde está el izquierdismo en preguntar si es para ellos socialismo la economía mixta? ¿Dónde está el izquierdismo en preguntar si ellos se adherían a la teoría imperialista del «no alineamiento» internacional que traiciona la lucha por el socialismo y las luchas de liberación nacional a escala global? ¿Es más, en qué obra Lenin tipificó que una denuncia tal del oportunismo pequeño burgués fuera izquierdismo? ¿Acaso Ortega leyó la obra de Lenin: La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo de 1920, donde se denuncian estos conceptos de los partidos llamados «demócratas pequeño burgueses» afiliados a la II Internacional? ¿Alguien acaso desconoce que para más inri: el FSLN forma parte de la heredera de la II Internacional, la llamada Internacional Socialista?». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)

¿Cómo se iba a combatir esas «dificultades» que atravesaba el país sin combatir esas «vacilaciones y errores» que provenían exclusivamente de la política gubernamental nefasta y pequeñoburguesa del FSLN?:

«Desde el 19 de julio de 1979, la pequeña burguesía sintetizada en el FSLN, ha demostrado incapacidad no sólo para asumir las reformas democráticos-burguesas más consecuentes, sino que incluso tampoco ha tenido la fortaleza política ni material necesarias, para erradicar las instituciones oligárquicas heredadas, como en el caso de los latifundios, los rentistas de viviendas y tierra, etc. (...) La pequeña burguesía, a través del programa de Economía Mixta y Unidad Nacional, no ha podido más que ofrecer un programa de reconstrucción de las relaciones capitalistas y en última instancia, del poder político de la burguesía, a pesar de su discurso populista. (...) Ello explica el congelamiento de salarios, la prohibición e ilegalización de la huelga obrera y de las tomas campesinas de tierras, el aumento de los impuestos indirectos que recaen fundamentalmente en las masas trabajadoras, la inflación incontrolada, la especulación en el mercado de productos básicos, el aumento real de las jornadas de trabajo a través de diversos mecanismos, el ordenamiento salarial que institucionaliza un sistema de congelamiento en el costo de la fuerza de trabajo, etc., así como los subsidios a la gran producción privada, la condonación de deudas a los capitalistas, los incentivos fiscales a las grandes empresas privadas, la política preferencial de divisas hacia la burguesía, la política crediticia a favor de los grandes productores». (Movimiento de Acción Popular Marxista-Leninista; Plan de lucha, agosto de 1984)

Por si a alguien le quedas dudas de la intención de ese artículo de 1988, el actual PCE (m-l) refundado en 2006 realiza una política de seguidismo total hacia el orteguismo como veremos.

Esto demuestra una vez más que la línea exterior y la interna tienen una conexión dialéctica innegable. Si el oportunismo penetra en una, tarde o temprano se reflejará en la otra. Si una dirección es amarrada por oportunistas, más pronto que tarde se reflejará en ambas líneas en algo acorde al pensamiento colectivo revisionista de sus personajes». (Equipo de Bitácora (M-L); Ensayo sobre el auge y caída del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 2019)




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