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jueves, 22 de abril de 2021

El proletariado solo es progresista cuando tiene conciencia de su papel revolucionario


«En lugar de acudir a la lucha abierta, directa y basada en principios, contra las tesis fundamentales del socialismo, en nombre de la absoluta intangibilidad de la propiedad privada y de la libertad de la competencia, la burguesía de Europa y América, representada por sus ideólogos y políticos, acude, cada vez con mayor frecuencia, a la defensa de las llamadas reformas sociales, oponiéndolas a la idea de la revolución s0cial. No se trata ya de liberalismo contra socialismo, sino de reformismo contra la revolución socialista: ésta es la fórmula de la burguesía instruida y «avanzada» de nuestros días. Y cuanto más elevado es el nivel de desarrollo del capitalismo en un país, cuanto más puro es el dominio de la burguesía, cuanto mayores son las libertades políticas, tanto más amplio es el terreno para la aplicación de la «novísima» consigna burguesa: reformas contra la revolución, remiend0s parciales el régimen que sucumbe, a fin de dividir y debilitar a la clase obrera, a fin de mantener el poder de la burguesía contra el derrocamiento revolucionario de este poder. (...) Las tareas del proletariado dimanan de esta situación de forma completa y absolutamente definida. El proletariado –como la única clase revolucionaria hasta el fin en la sociedad contemporánea–, debe ser el dirigente, mantener la hegemonía en la lucha de todo el pueblo por la revolución democrática completa, en la lucha de todos los trabajadores y explotados contra los opresores y explotadores. El proletariado es revolucionario sólo cuando tiene conciencia de esta idea de la hegemonía y la realiza. El proletario que adquirió conciencia de esta tarea es un esclavo alzado contra la esclavitud. El proletario, que no tiene conciencia de la idea de la hegemonía de su clase o que reniega de esta idea, es un esclavo que no comprende la condición de esclavo en que se encuentra; en el mejor de los casos, es un esclavo que lucha por mejorar su situación de tal, pero no por el derrocamiento de la esclavitud. De aquí se deduce que la famosa fórmula de uno de los jóvenes líderes de nuestro reformismo, el señor Levitski, de la revista Nassha Zariá, quien declaró que la socialdemocracia rusa «no debe pretender a la hegemonía, sino a ser un partido de clase», es una fórmula del más consecuente reformismo. Más aún, es la fórmula de la apostasía completa. Afirmar: «no debe pretender a la hegemonía, sino a ser un partido «de clase», significa pasarse al lado de la burguesía, al lado de los liberales. (...) Pero la renuncia a la idea de la hegemonía es la variedad más burda del reformismo en las filas de la socialdemocracia rusa, por lo que no todos los liquidadores se deciden a manifestar abiertamente sus ideas en forma tan determinada. Algunos de ellos –como el señor Mártov– intentan incluso, burlándose de la verdad, negar la ligazón que existe entre la renuncia a la hegemonía y el liquidacionismo. (...) Predicar a los obreros: «hegemonía, no; partido de clase, sí», significa traicionar, en favor de los liberales, la causa del proletariado, significa predicar la sustitución de la política obrera socialdemócrata por una política obrera liberal. (...) El auge del movimiento proletario atrae inevitablemente a las filas de sus partidarios a cierto número de elementos pequeño burgueses, esclavos de la ideología burguesía, los cuales se van liberando de ella con dificultad y que siempre vuelven, una y, otra vez, a caer en sus redes. No es posible ni siquiera imaginarse la revolución social del proletariado sin esta lucha sin hacer en vísperas de esta revolución sin ese preciso deslindamiento de principios. (...) Sin la completa ruptura, en el curso de esta revolución, entre los elementos oportunistas, pequeño burgueses y los elementos proletarios, revolucionarios, de la nueva fuerza histórica». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El reformismo en el seno de la socialdemocracia rusa, 1911)

miércoles, 9 de septiembre de 2020

El burocratismo y el liberalismo como amenazas para el régimen socialista


«Un testimonio vivo de nuestra democracia socialista en acción es la amplia, organizada y efectiva participación de las masas trabajadoras en el gobierno del país en las más diversas formas, su importante derecho a decir su palabra en la solución de los problemas sociales y del Estado, el ejercicio de su control sobre todos y sobre todas las cosas. Nuestro Partido considera esta participación que está creciendo de forma más amplia y profunda, como la dirección del desarrollo de la democracia socialista, como una gran fuerza motriz para llevar adelante la construcción socialista, y, al mismo tiempo, como uno de los factores más importantes de la defensa de nuestro Estado y de nuestra sociedad de la amenaza de la degeneración burguesa-revisionista. Y una de las más profundas expresiones de esta participación efectiva de las masas en el gobierno del país es el control directo de la clase obrera y las masas trabajadoras, bajo la dirección del Partido, sobre todas las actividades sociales y estatales. El camarada Enver Hoxha ha demostrado con hechos indiscutibles que este control constituye un principio general y contante de nuestra sociedad socialista en cada una de las esferas y direcciones, una expresión del ejercicio de la dictadura del proletariado por la clase obrera en alianza con el campesinado, una de las más importantes direcciones de la lucha de clases por asegurar la victoria del socialismo, previniendo la degeneración del orden socialista, una gran escuela para la educación revolucionaria de la clase obrera y las masas trabajadoras. 

En los escritos del camarada Enver Hoxha se dedica una atención especial a los problemas de la lucha contra el burocratismo y el liberalismo, los dos enemigos peligrosos de la dictadura del proletariado y el socialismo. 

La experiencia histórica demuestra que las raíces profundas del proceso contrarrevolucionario y regresivo revisionista en la Unión Soviética y otros países ex socialistas se encuentran:

«En la burocratización gradual del aparato estatal socialista, su aislamiento de las masas populares, la creación de una capa privilegiada de burócratas, la introducción de métodos de expropiación, de desconfianza en las masas y de incumplimiento de basarse en ellas..., la disminución y debilitamiento de la democracia para las amplias masas trabajadoras». (Enver Hoxha; Sobre la dictadura del proletariado [Recopilación de obras], 1970)

Porque:

«Justamente, la ampliación de la burocracia creó el terreno propicio para la usurpación del poder por la camarilla revisionista jruschovista». (Enver Hoxha; Sobre la dictadura del proletariado [Recopilación de obras], 1970)

jueves, 3 de septiembre de 2020

Admitir la dictadura del proletariado significa romper con el oportunismo


«Una reiteración evasiva, ambigua, de fases generales, que, lejos de esclarecer el concepto «dictadura del proletariado», lo oscurecen; ataques a la «política del señor Clemenceau» –ardid habitual de los politiqueros burgueses en Francia, que explican el cambio de camarilla como un cambio de régimen–; exposición de un programa fndamentalmente reformista: impuestos, «nacionalización de los monopolios capitalistas», etc. Los longuetistas no comprenden ni quieren comprender –algunos son incapaces de comprender– que el reformismo, envuelto en una faseología revolucionaria, fue el mal principal de la II Internacional, la causa principal de su igominiosa bancarrota. (...) En la práctica, los longuetistas son los reformistas de antes, que encubren su reformismo con fases revolucionarias con la única diferencia de que utilizan como fase revolucionaria un nuevo término: «dictadura del proletariado». El proletariado no necesita a semejantes jefes. (...) Admitir la dictadura del proletariado no significa que en cualquier momento y a toda costa haya que lanzarse al asalto, a la insurrección. Eso es absurdo. Para que la insurrección tenga éxito se necesita una larga preparación, hábil y perseverante, que impone grandes sacrificios. Admitir la dictadura del proletariado significa una resuelta, implacable y, lo que es más importante, plenamente consciente y consecuente ruptura con el oportunismo, con el reformismo, con la ambigüedad y la actitud evasiva de la II Internacional; significa la ruptura con los jefes que no pueden dejar de continuar las viejas tradiciones. (...) Es indispensable romper con ellos. Sería criminal compadecerles: significaría traicionar los intereses vitales de decenas de millones de obreros y pequeños campesinos por los intereses mezquinos de diez mil o cien mil personas. Admitir la dictadura del proletariado requiere transformar radicalmente la labor cotidiana del partido, significa descender hasta los millones de obreros, braceros y pequeños campesinos, a los que no se puede librar de las calamidades del capitalismo y de las guerras sin los Soviets, sin el derrocamiento de la burguesía. La dictadura del proletariado significa explicar esto concreta, sencilla y claramente a las masas, a decenas de millones de hombres; significa decirles que sus Soviets deben tomar todo el poder, y que su vanguardia el partido del proletario revolucionario, debe dirigir la lucha. Ente los longuetistas no hay ni sombra de comprensión de esta verdad, ni tampoco existe el menor deseo o capacidad de aplicar esa verdad diariamente». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Notas de un publicista, 1920) 

sábado, 25 de abril de 2020

Los marxista-leninista soviéticos sobre las contradicciones en la sociedad socialista...


«El victorioso proletariado debe reprimir la resistencia de los explotadores no solo en el campo de la política y la economía, sino también en el campo de la ideología. En el campo ideológico, la resistencia resulta ser incluso la más obstinada, larga y profunda, incluso después de que se rompe la resistencia armada de las clases hostiles al proletariado. Por lo tanto, la lucha contra la resistencia ideológica de la vieja sociedad, contra los restos del capitalismo en la mente de los trabajadores es una de las tareas más importantes de la lucha de clases del proletariado. Sin resolver este problema, no puede fortalecer su dominio político. (...) Habiendo construido una sociedad socialista en la URSS, completamos la primera parte de la tarea de la que habló Lenin: abolimos la propiedad privada de los medios de producción. Pero aún no hemos logrado destruir por completo la diferencia entre la ciudad y la cuidad, entre las personas de trabajo físico e intelectual, aunque se han logrado éxitos decisivos en esta dirección. (...) Todavía hay personas infectadas con la psicología de propiedad privada, que continúan tratando el trabajo social y los bienes comunes colectivos a la antigua usanza, violan la disciplina laboral y las reglas del régimen socialista. Todavía hay personas infectadas por la adoración ante el oeste burgués. En vista de esto, es necesaria una lucha sistemática para la educación socialista, para el fortalecimiento de la actitud socialista hacia el trabajo y el deber público. (...) El principal instrumento para proteger el socialismo es el Estado socialista soviético, en cuyas funciones se expresa la lucha de clases del pueblo soviético». (Partido Comunista de la Unión Soviética; Materialismo histórico, 1950)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

«En nuestra vida siempre hay algo que muere. Pero lo que muere no quiere perecer sin más, y lucha por su existencia, defiende su causa caduca. En nuestra vida siempre está naciendo algo nuevo. Pero lo que nace no nace simplemente, sino que chilla, grita, defendiendo su derecho a la existencia. La lucha entre lo viejo y lo nuevo, entre lo que muere y se desarrolla, es la base de nuestro desarrollo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Informe en el XVº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS, 1927)

«Las contradicciones antagónicas también aparecen en el campo de la ideología. La ideología burguesa y la ideología socialista son irreconciliables. (…) El pueblo soviético en su lucha por una transición gradual del socialismo al comunismo tiene que luchar contra los agentes burgueses que están siendo enviados a nuestro país. (...) El pueblo soviético también tiene que luchar contra las personas ideológicamente inestables infectadas con prejuicios nacionalistas, contra los portadores de puntos de vista y morales burgueses, contra los arribistas y degenerados, contra los saqueadores de la propiedad socialista, y contra los diversos restos de capitalismo en la mente de algunas personas. Por lo tanto, la vigilancia política constante y alta es la cualidad que todo el pueblo soviético necesita. (...) La crítica y la autocrítica desarrollan la iniciativa de los constructores de una sociedad comunista y aumentan la vigilancia con respecto a fenómenos ajenos y hostiles a la sociedad soviética en la teoría y la práctica». (Partido Comunista de la Unión Soviética; Sobre el materialismo dialéctico, 1953)

lunes, 23 de diciembre de 2019

Los factores que influyen en la posible restauración del capitalismo en una sociedad socialista...

«La experiencia internacional y de nuestro país muestra que las esperanzas de la burguesía y la reacción para la restauración del capitalismo no se basan solamente en los remanentes de las viejas clases explotadoras ni en los espías y agentes de la diversión pagados por los extranjeros. Sus esperanzas están basadas especialmente sobre otros enemigos del socialismo, que emergen de la propia sociedad socialista, en gente que está gravemente infectada por la supervivencia de viejas ideologías, en gente con tendencias individualistas y arribismo pronunciado, en gente corrompida por las influencias de la ideología burguesa y revisionista actual, en aquellos que ceden ante la presión de enemigos internos y externos, en aquellos que eventualmente se desvían de la revolución y degeneran en contrarrevolucionarios.

En la sociedad socialista existe el peligro de la degeneración de determinadas personas, del surgimiento de nuevos elementos burgueses, de su transformación en contrarrevolucionarios. El marxismo-leninismo nos enseña que esto se debe, no sólo a que en la nueva sociedad socialista se conservan aún tradiciones, costumbres, comportamientos y concepciones del modo de vida de la sociedad burguesa de la cual ha surgido, sino también a ciertas condiciones económicas y sociales, que en la fase transitoria existen en esta sociedad. Las fuerzas productivas y las relaciones de producción, la forma de distribución que se basa en ellas, están aún muy lejos de ser enteramente comunistas. En este sentido influyen asimismo las diferencias que existen en diversos terrenos, como entre el campo y la ciudad, entre el trabajo manual y el intelectual, entre el trabajo cualificado y el no cualificado, etc., que no pueden desaparecer de golpe. A todo esto se le debe sumar la fuerte y múltiple presión que el mundo capitalista y revisionista ejerce desde el exterior. El socialismo puede limitar en gran medida el surgimiento de los fenómenos negativos, que no son inherentes a su naturaleza, pero no está en condiciones de evitarlos enteramente». (Enver Hoxha; Informe en el VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1976)

jueves, 28 de noviembre de 2019

Carta de Iósif Stalin a Klement Gottwald, 24 de julio de 1951



«El Camarada Čepička nos ha hablado y nos ha informado detalladamente sobre las actividades de los Camaradas Slánský y Geminder. Aún creemos que las declaraciones de ofensa, sin datos que los sostengan, no pueden servir para acusar a líderes bien conocidos por su positivo trabajo. Nuestras experiencias en la lucha contra el enemigo sugieren que los acusadores recurren a menudo a calumniar a la gente honesta, tratando de esta manera de sembrar la desconfianza mutua entre los líderes del partido –así es como ellos luchan contra el partido–. Usted está en lo correcto al proceder con cautela, desconfiando de las declaraciones de acusadores experimentos respecto a la cuestión de Slánský y Geminder. Teniendo en cuenta lo que hemos recibido de nuestro personal soviético, para nosotros está claro que Slánský ha cometido numerosos errores en la promoción y envío de personas de la dirigencia. Ha demostrado ser miope y demasiado confiando. Como consecuencia, los conspiradores y enemigos han tenido vía libre para hacer daño al partido y al pueblo. Por lo tanto, nos parece que el puesto de Secretario General no puede ser ocupado por un hombre que entiende pobremente al pueblo y que comete frecuentes errores en la destinación de personal. Así pues, creo que sería correcto relevar al Camarada Slánský del cargo de Secretario General. En cuanto a la evaluación positiva del trabajo del Camarada Boyarski y su deseo de continuar trabajando como asesor del ministerio de seguridad nacional de Checoslovaquia, tenemos una opinión diferente. La experiencia del trabajo de Boyarski ha demostrado que no está suficientemente capacitado como para cumplir con sus responsabilidades como asesor. Por ello, hemos decidido llamarlo de Checoslovaquia. Si usted realmente necesita un asesor en materia de seguridad de Estado –y así lo decide–, trataremos de encontrar uno más fuerte y con más experiencia. En cualquier caso, seguimos creyendo que nuestro asesor tiene que estar guiado y estrictamente controlado en su trabajo por la dirección del Comité Central del Partido Comunista de Checoslovaquia, y en ningún caso debe sustituir a la seguridad nacional checoslovaca». (Carta de Iósif Stalin a Klement Gottwald, 24 de julio de 1951) 

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Las purgas en el Partido Comunista de Checoslovaquia de los años 50; Equipo de Bitácora (M-L), 2019

miércoles, 6 de noviembre de 2019

¡Democracia «para todos», no!


«Nosotros, camaradas, no podemos estar conformes con esa falsa concepción de la democracia que consiste en dejar a los enemigos del pueblo hacer lo que se les antoje. ¡Eso, no! Cuando la reacción y el fascismo estaban en el Poder, millares de los mejores camaradas nuestros estaban en las cárceles. Los periódicos obreros, y hasta algunos republicanos, suspendidos. ¿Acaso es democracia dejar que ellos, después de haber oprimido y ensangrentado al país, se paseen libremente por las calles? ¡No! Las celdas que ocuparon nuestros hermanos deben ser ocupadas ahora por los elementos reaccionarios, y hay que proceder con mano dura contra su prensa, que alienta el pistolerismo, que arma moral y materialmente el brazo de los que atentan contra la República.

Nosotros decimos que hay que acabar con esa falsa democracia, que deja organizarse a las fuerzas que más tarde han de luchar para estrangular a la República y a las libertades populares. (Aplausos)

Democracia sí, para nosotros, para los trabajadores, para el pueblo: pero no para los enemigos de los trabajadores y del pueblo. (Aplausos) No hay democracia para los verdugos de la democracia. Nada de tolerancia con los que bombardean a la República. ¡Amplias libertades para los trabajadores, para los obreros, y campesinos y para las fuerzas que han derramado su sangre por la República y por las libertades del pueblo!». (José Díaz; La lucha por la unidad en plena reacción; Discurso pronunciado en el Monumental Cinema de Madrid, el 2 de junio de 1935)

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domingo, 18 de agosto de 2019

Nación popular, nación socialista, nación comunista; Joan Comorera, 1944


«Lenin nos ha dicho magistralmente:

«Cuando una gran empresa se convierte en gigantesca y organiza sistemáticamente, sobre la base de un cálculo exacto de múltiples datos, el abastecimiento en la proporción de los 2/3 o de los 3/4 de la materia prima de todo lo necesario para una población de varias decenas de millones; cuando se organiza sistemáticamente el transporte de dichas materias primas a los puntos de producción más cómodos, que se hallan a veces a una distancia de centenares y de miles de kilómetros uno de otro- cuando desde un centro se dirige la elaboración del material en todas sus diversas fases hasta la obtención de una serie de productos diversos terminados; cuando la distribución de dichos productos se efectúa según un solo plan entre decenas y centenares de millones de consumidores –venta de petróleo en América y en Alemania por el «Trust del Petróleo» americano–, aparece entonces con evidencia que nos hallamos ante una socialización de la producción y no ante un simple «entrelazamiento»; que las relaciones de economía y propiedad privadas constituyen una envoltura que no corresponde ya al contenido, que debe inevitablemente descomponerse si se aplaza artificialmente su supresión, que puede permanecer en estado de descomposición durante un período relativamente largo –en el peor de los casos, si la curación del tumor oportunista se prolonga demasiado–, pero que, sin embargo, será ineluctablemente suprimida». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo fase superior del capitalismo, 1916)

Hoy está claro para todos que el «tumor del oportunismo» ha prolongado la vida del capitalismo monopolista. También está claro que la antítesis revelada por Lenin, producción social y propiedad privada de los medios de producción, se debe resolver ahora. Y que lo debemos resolver, esencialmente, nosotros. Y ese «nosotros», quiere decir nuestros partidos de hoy, la clase obrera de hoy, la masa popular de hoy.

¿Y para sustituirlo con qué, compañeros? Si reaccionamos estrictamente como sectarios contestaremos: con el socialismo. Si reflexionamos que no somos la única fuerza que necesita contar con otras fuerzas populares, que junto con nosotros combaten a muerte contra el nazi-fascismo-falangismo, que junto con nosotros deben participar en la reconstrucción del mundo, después de la victoria, que no estamos en presencia de un fenómeno aislado, localizado, sino de un fenómeno universal, que estamos ante un cambio de civilización en escala mundial: nos guardaremos mucho y bastante de forjarnos una línea rígida de aplicación nacional.

sábado, 26 de enero de 2019

Sobre los que anuncian que la lucha entre capitalismo y comunismo se ha detenido o ha finalizado


«Algunos creen que una vez acabada la Guerra Fría la metodología del tipo Gladio pasó a mejor vida. Pero no nos engañemos, el teórico «fin de la guerra entre el capitalismo y comunismo» es una teoría imperialista o una teoría derrotista, dependiendo quién sea el autor que la empuñe, pero por encima de todo es falsa. Aunque no existan países dirigidos por partidos comunistas que construyan el socialismo, esta lucha entre capitalismo y comunismo existe en nuestro mundo actual, se ve en la lucha del capitalismo por suprimir a los pocos partidos comunistas existentes o los de estado embrionario que intentan constituirse, se nota claramente en los actos de censurar la única ideología proletaria –el marxismo-leninismo– o en los intentos de deformarla hasta hacerla inútil e inofensiva. La lucha de la que hablamos es una lucha producida por las contradicciones inherentes del capitalismo, en especial de la contradicción capital-trabajo –burguesía-proletariado–, por tanto no se puede parar, pues dicha pugna es completamente inexorable debido a la lucha de clases que se desarrolla en medio de una sociedad dividida en clases, su forma de producción determina que se creen estas contradicciones que no pueden desaparecer; esto es así más allá de los deseos de algunos por ocultar esta realidad, igualmente aunque algunos pierdan el tiempo teorizando el fin del proletariado con el «precariado» y hablando de las bondades de la «sociedad de consumo», lo cierto es que como ha demostrado la última crisis global el capitalismo no tiene solución, reaparecen viejos problemas o se recrudecen otros, el proletariado como tal sigue existiendo, y es con su ideología la única clase social que puede poner fin al capitalismo. 

Las fricciones que se crean diariamente dentro del mundo capitalista crean una conciencia entre los trabajadores, la enérgica repulsa hacia los males de la sociedad –aunque no sepan muy bien como procesar todo esto ni cómo actuar–, es algo que puede ser aprovechado por los comunistas para dotarles de conciencia de clase o puede ser aprovechada por la burguesía para mitigar estas inclinaciones a través de diversas formas de alineación. Entonces, incluso en las manifestaciones de la lucha de clases que no pongan directamente en tela el poder de la burguesía, aunque sean movimientos con métodos arcaicos de lucha, mal organizados, eclécticos ideológicamente y en definitiva, no netamente comunistas, la burguesía en más de una ocasión debido a su fragilidad y a su miedo se verá obligada a reprimir a los trabajadores cuando no pueda engañarlos incluyendo dentro de las democracias burguesas; cuando no tenga medios para dar unas concesiones que calmen los ánimos, tomara una actitud represiva que como hemos visto a lo largo de siglos con varios ejemplos, se agudizará más en cuanto las formas de actuación de las masas se vuelvan cada vez más sofisticadas, tomando conciencia de sus actuaciones y de sus objetivos finales, adquiriendo su movimiento un carácter realmente ofensivo y peligroso para el estatus político-económico dominante. 

Por ello la burguesía cuando se ve con un pie en la tumba, recurre a todo como sabemos. Insistimos: los métodos de la CIA y de todos los gobiernos burgueses, sus cuerpos de espionaje y en general todos sus cuerpos represivos no han cambiado. Si nos centramos en las conexiones estadounidenses, solo hay que ver los escándalos sobre secuestros, desapariciones, experimentos, torturas, espionaje y demás casos que cada día salen a la luz sobre viejos eventos en Chile, Argentina, Irak, Guantánamo, Vietnam, Nicaragua, Salvador, Irán, Congo, Indonesia, Somalia, Libia y así un sucesivo etc., la lista sería realmente interminable.

Cuando la documentación de los servicios secretos es desclasificada al público tras variadas décadas o cuando ante la vejez y ya ante nada que perder, más de un agente confiesa los trapos sucios de la organización, por supuesto los medios de (in)comunicación masivos no dedican ni la mitad del tiempo a mostrar estas revelaciones del que dedican a otros temas estúpidos y banales, pero esto es normal, ¿acaso no es ella, la clase burguesa, quién también controla el poder comunicacional-propagandístico de la sociedad? Entonces a obviedades materiales debemos llegar a conclusiones obvias de porqué todo esto no es realmente conocido entre la población. Pero estos datos deben ser propagados y popularizados entre los trabajadores, para que se quiten de encima cualquier ilusión sobre cómo se las gasta la burguesía ante sus enemigos.

Les guste o no a los apologistas del capitalismo y de la flamante democracia burguesa, poco a poco se siguen confirmando estos crímenes de Estado, y esto no va a parar nunca, ni se podrá contrarrestar por mucho que se esfuercen por dejarse millones en crear y difundir libros, películas y canciones de aspecto propagandístico bajo mitos anticomunistas para intentar justificar sus pecados, o para convencer a las masas que en el peor de los casos «todos son iguales». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)

martes, 4 de septiembre de 2018

El socialismo, régimen verdaderamente humano; Agim Popa, 1987


«Durante los 60 años transcurridos desde el día de la instauración del poder popular y el encauzamiento por el camino del socialismo, nuestro pueblo se ha convencido por la práctica, por su propia experiencia vivida, de la gran verdad marxista-leninista de que el régimen socialista es el único régimen verdaderamente humano que ha conocido la historia. Su carácter profundamente humanitario constituye uno de los rasgos fundamentales y más importantes de la fuerza atractiva del socialismo ante los ojos de las masas trabajadoras, de los pueblos y de las fuerzas progresistas.

La burguesía internacional y su propaganda anticomunista, a la que se han unido también todos los revisionistas modernos –yugoslavos, soviéticos, eurocomunistas, chinos, etc.–, se han empeñado en una furibunda campaña a fin de combatir esta fuerza atractiva del socialismo y denigrar al régimen socialista recurriendo a diversas formas. Por un lado, hacen esfuerzos para presentar al régimen capitalista como el régimen de la libertad, del bienestar, del humanismo, del florecimiento de la personalidad, del hombre, etc. Por otro lado, no se detienen frente a ninguna calumnia o falsificación dirigidas a oscurecer al verdadero régimen socialista como un régimen supuestamente antihumanitario, donde no hay libertades y donde es reprimida la personalidad del hombre. Sería suficiente mencionar los feroces ataques de la propaganda anticomunista llevada a cabo por los revisionistas jruschovistas, titoistas, trotskistas y todo género de enemigos, contra Stalin y la dictadura del proletariado en la Unión Soviética, por no hablar ya de la época de Lenin y hasta las continuas campañas de ataques y calumnias contra Albania socialista.

En lugar del socialismo edificado según las enseñanzas del marxismo-leninismo, la burguesía y los revisionistas predican y propagan el llamado «socialismo humano», de «rostro humano» como el «dubchekista» en Checoslovaquia, el «autogestionario» y «antiestatista» en Yugoslavia, el «democrático» ofrecido por los eurocomunistas o el de «Estado de todo el pueblo» predicado por los revisionistas jruschovistas en la Unión Soviética. Sus prédicas están dirigidas contra las enseñanzas fundamentales del marxismo-leninismo sobre el socialismo científico en general y, en particular contra las enseñanzas sobre la lucha de clases y la dictadura del proletariado, que supuestamente están en oposición al humanismo. Precisamente la difusión del liberalismo en todos los campos, la renuncia a la lucha de clases y el debilitamiento de la dictadura del proletariado constituyen la esencia de la agresión ideológica imperialista-revisionista contra Albania socialista apareciendo con la consigna del «humanismo».

sábado, 7 de abril de 2018

La República Popular Socialista de Albania: Estado de dictadura del proletariado; Zija Xholi, 1984


«El 29 de noviembre del año en curso se cumplen 40 años del día de la liberación de la patria de los ocupantes nazi fascistas y de la instauración del poder popular, la mas esplendida victoria obtenida por nuestro pueblo en su historia secular. A lo largo de estos 40 años nuestro país ha avanzado resueltamente por el camino de la construcción del socialismo. Aquella industria escasísima, y casi inexistente ha sido sustituida por una industria compleja, de extracción y de transformación, pesada y ligera; aquella agricultura atrasada, apoyada en la pequeña propiedad privada, se ha transformado en una agricultura avanzada y desarrollada de manera multifacética, apoyada en la gran propiedad socialista; la ignorancia en que estaba sumida la mayoría de la población, dejo su lugar a la instrucción, a la cultura, a la ciencia, hoy dominio de la juventud y de las amplias masas trabajadoras y un poderoso factor de progreso y desarrollo.

El pueblo trabajador, liberado de una vez y para siempre de la opresión y la explotación, es dueño de su presente y de su porvenir. Nuestra República Popular Socialista ha conocido este incontenible desarrollo merced a sus sólidos cimientos, a la sangre derramada por miles de mártires y a los sacrificios de todo un pueblo. Está dirigida por un Partido fiel hasta el fin a los intereses del pueblo, guiado por la victoriosa ciencia del marxismo-leninismo, apoyado en un poder y una nueva organización estatal, la dictadura del proletariado.

Entre los factores que conforman el vigor y la fuerza invencible de nuestra República ocupa un lugar de primordial importancia la dictadura del proletariado. La existencia y el constante fortalecimiento de la dictadura del proletariado son vitales para el presente y el futuro de nuestro régimen económico y social, por eso en la ley fundamental, en la Constitución de la República Popular Socialista de Albania se afirma en primer término de modo claro y tajante que:

«La República Popular Socialista de Albania es un Estado de dictadura del proletariado que expresa y defiende los intereses de todos los trabajadores». (Constitución de la República Popular Socialista de Albania, 1976)

viernes, 9 de marzo de 2018

La necedad de confiar todos los destinos del pueblo al cretinismo parlamentario


«Lenin ha indicado que, en ciertos casos, la tribuna del parlamento burgués puede ser utilizada por los revolucionarios como una de las formas de su trabajo legal para desenmascarar el sistema capitalista. Pero subraya al mismo tiempo que este trabajo no debe crear en los comunistas y las masas la ilusión de que el poder puede ser tomado por vía parlamentaria.

En la sociedad burgués-capitalista y revisionista, el «cretinismo parlamentario» es la forma de «democracia» que la burguesía emplea para encubrir la naturaleza opresiva de su poder estatal, al que domina a través de la mayoría de escaños que obtiene en las elecciones. Pero, además del poder estatal, la burguesía domina también el fuerte poder extraestatal, es decir, los monopolios, los trusts, las sociedades mixtas y sus inversiones dentro y fuera del país. Este poder de la gran propiedad privada constituye la fuerza económica que se apropia del sudor de los trabajadores en el país y en el extranjero y está en condiciones de fortalecer la superestructura que más se adapte a la feroz dominación capitalista. La superestructura burguesa tiende a aplicar una política de esclavización de los pueblos, a crear una fuerza militar, ideológica y política contra el proletariado, el campesinado pobre y los intelectuales trabajadores, asimismo tiende a hacer degenerar y a socavar las normas de la moral proletaria, para propagar la moral burguesa en toda su bajeza.

El parlamento burgués abre sus puertas a los «elegidos», pero la dictadura de la burguesía hace su trabajo; allá se suceden debates y votaciones sin fin, mientras las cosas marchan como quieren los que hacen la ley, los ricos, los propietarios de los trusts, de los monopolios y los bancos, cuyo poder, verdadero segundo Estado capitalista, manipula el parlamento y el gobierno, incluso si esta manipulación no está prevista en las constituciones vigentes.

El parlamento burgués abre sus puertas a los «elegidos», pero la dictadura de la burguesía hace su trabajo; allá se suceden debates y votaciones sin fin, mientras las cosas marchan como quieren los que hacen la ley, los ricos, los propietarios de los trusts, de los monopolios y los bancos, cuyo poder, verdadero segundo Estado capitalista, manipula el parlamento y el gobierno, incluso si esta manipulación no está prevista en las constituciones vigentes. Partiendo de todo ello, Lenin escribía:

«En cualquier país parlamentario. (...) La verdadera labor «estatal» se hace entre bastidores y la ejecutan los ministerios, las oficinas, los Estados Mayores». (Lenin; El Estado y la revolución, 1917)

sábado, 30 de julio de 2016

La dictadura del proletariado; Stalin, 1924


«Analizaré tres cuestiones fundamentales de este tema: 1) la dictadura del proletariado como instrumento de la revolución proletaria; 2) la dictadura del proletariado como dominación del proletariado sobre la burguesía; 3) el poder soviético como forma estatal de la dictadura del proletariado.

La dictadura del proletariado como instrumento de la revolución proletaria

La cuestión de la dictadura del proletariado es, ante todo, la cuestión del contenido fundamental de la revolución proletaria. La revolución proletaria, su movimiento, su amplitud, sus conquistas, sólo toman cuerpo a través de la dictadura del proletariado. La dictadura del proletariado es el instrumento de la revolución proletaria, un organismo suyo, su punto de apoyo más importante, llamado a la vida, primero, para aplastar la resistencia de los explotadores derribados y consolidar las conquistas logradas y, segundo, para llevar a término la revolución proletaria, para llevarla hasta el triunfo completo del socialismo. Vencer a la burguesía y derrocar su poder es cosa que la revolución podría hacer también sin la dictadura del proletariado. Pero aplastar la resistencia de la burguesía, sostener la victoria y seguir avanzando hasta el triunfo definitivo del socialismo, la revolución ya no puede si no crea, al llegar a una determinada fase de su desarrollo, un organismo especial, la dictadura del proletariado, que sea su principal apoyo.

domingo, 19 de junio de 2016

Una vez más sobre el carácter del Estado de democracia popular

Bierut y Stalin

«¿Cuál es el tipo de Estado en los países de democracia popular, en la etapa actual de su desarrollo? 

Ya ha sido indicado más arriba que:

a) En los países de democracia popular el poder de la burguesía ha sido suprimido y reemplazado por el poder político de los trabajadores dirigidos por la clase obrera;

b) La base principal del gobierno en el terreno económico es el sector socialista, que es el sector más importante;

c) La democracia popular es una etapa intermedia entre el capitalismo y el socialismo. En consecuencia, el Estado de democracia popular, es un Estado proletario porque está dirigido por la clase obrera. Es un Estado socialista porque su objetivo es la realización del socialismo.

Sabemos, que nos quedan tareas económicas para construir la base fundamental del socialismo. Pero como decía Lenin:

«Ningún comunista ha negado tampoco, a mi parecer, que la expresión república socialista soviética significa la decisión del Poder Soviético de llevar a cabo la transición al socialismo; mas en modo alguno el reconocimiento de que el nuevo régimen económico es socialista». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Acerca del infantilismo «izquierdista» y del espíritu pequeñoburgués, 1918)

Por esto, el Estado de los países de democracia popular es socialista, de la misma forma que lo ha sido el Estado soviético en la primera fase de su desarrollo y ejerce las mismas funciones. El Estado de democracia popular desempeña las mismas funciones que el Estado soviético en la primera fase de su desarrollo puesto que:

a) Rompe la oposición de la clase capitalista desplazada de su poder en el interior del país;

b) Vigila por la defensa del país contra toda agresión exterior;

c) Dirige la economía nacional y la educación cultural de las masas.

Sin embargo, el Estado de los países de democracia popular y el Estado soviético, en la primera fase de su desarrollo, difieren por su forma.

La forma del Estado socialista soviético es la república soviética. Los soviets de diputados obreros, de los campesinos y del ejército rojo, base política de la república soviética en la primera fase de su desarrollo, estaban constituidos con arreglo a un derecho de voto que no era ni igual ni universal. Los órganos medios y superiores del poder eran elegidos en sufragio indirecto, en diversos grados.

La forma de Estado de los países de democracia popular es la de la república popular, cuya base política está constituida por los comités populares, los consejos populares, los comités nacionales; elegidos todos por sufragio universal igual. Todos los organismos de poder, inferiores, medios y superiores son elegidos por sufragio directo.

Una de las formas de unión de la clase obrera y de su partido con las masas laboriosas en los países de democracia popular es la de los frentes populares, tipo de organización que no ha existido en la Unión Soviética. La propia clase obrera, que es, sin embargo, la clase dirigente en los países de democracia popular, no tiene ninguna ventaja desde el punto de vista electoral sobre los campesinos, como fue el caso de la Unión Soviética en la primera fase de su desarrollo y hasta la Constitución de 1936.

No obstante, si la forma de Estado en los países de democracia popular es diferente de la forma soviética en la primera fase de su desarrollo, la ley esencial del paso del capitalismo al socialismo no ha sido modificada; es decir, que el Estado ejerce la dictadura revolucionaria del proletariado. De esta forma se confirma la previsión de Lenin:

«La transición del capitalismo al comunismo no puede, naturalmente, por menos de proporcionar una enorme abundancia y diversidad de formas políticas, pero la esencia de todas ellas será, necesariamente, una: la dictadura del proletariado». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El Estado y la revolución, 1917)

Lo que importa no es la forma de Estado, sino la clase a la que ha pasado el poder, no es la forma de organización política sino su contenido social. En los países de democracia popular el contenido lo proporciona el hecho de que la democracia popular se transforma, bajo la dirección del partido comunista, en democracia socialista.

Entre el Estado de los países de democracia popular y el Estado soviético actual, existe una diferencia de desarrollo histórico: el Estado de la Unión Soviética es el Estado del socialismo vencedor; el Estado de los países de democracia popular es el Estado del socialismo en construcción. En los dos casos el poder es popular. Pero el pueblo no es el mismo en la Unión Soviética que en los países de democracia popular. En la Unión Soviética el pueblo está formado por la nueva clase obrera, por los campesinos koljosianos y por la capa de intelectuales soviéticos. La situación es diferente en los países de democracia popular, porque subsisten todavía en ellos, residuos de las clases explotadoras. Es decir, que la sociedad no está compuesta únicamente por trabajadores, no forma un todo homogéneo. La propia clase obrera no ha alcanzado todavía el nivel de la clase obrera de la Unión Soviética, los campesinos no son todavía koljosianos y los intelectuales, en su conjunto, no son todavía verdaderos intelectuales del pueblo. Con la liquidación definitiva de las clases explotadoras, la industrialización socialista y la colectivización socialista de la agricultura, la democracia popular llegará a ser, por la misma vía que la sociedad soviética, una democracia socialista completamente desarrollada al igual de la democracia soviética». (Naum Farberov; Las democracias populares, 1949)

viernes, 15 de abril de 2016

Gottwald hablando de la dictadura del proletariado como parte intrínseca de la democracia popular


«Es natural que nuestro camino al socialismo, al igual que en otros países de democracia popular sea algo diferente de la forma en que fue en la Unión Soviética. Debía haber una diferencia entre la revolución del 1917 y la nuestra de 1945. Sin embargo, estas diferencias solo se refieren a la forma y no a la naturaleza del nuevo orden, que es un gobierno popular bajo la dirección de la clase obrera, que cumple la función de la dictadura del proletariado. Incluso Lenin ya explicó esta cuestión cuando dijo:

«Todas las naciones llegarán al socialismo, eso es inevitable, pero no lo harán del mismo modo; cada una de ellas aportará sus elementos peculiares a una u otra forma de la democracia, a una u otra variante de la dictadura del proletariado, a uno u otro ritmo de las transformaciones socialistas de los diversos aspectos de la vida social». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sobre la caricatura del marxismo y el «economismo imperialista», 1916)

Por lo tanto habría sido dogmático y un absurdo peligroso, haber hecho caso omiso a esa diferencia en el camino emprendido desde 1945. Pero por el contrario, hemos sido capaces de darnos cuenta y hemos sido capaces de responder a esas particularidades de forma adecuada, lo que nos ayudó entre otras cosas a terminar con la reacción burguesa en el interior en febrero de 1948.

Por otro lado hubiera sido una locura y un crimen si nos hubiéramos basados en esas diferencias, que era transitorias y poco a poco desaparecían, habiendo querido resaltarlas. Precisamente el uso amplio y profundo de la experiencia de la Unión Soviética y su ejemplo, es una de las principales leyes de desarrollo de las democracias populares como la nuestra. La aproximación al modelo soviético –en un país donde ya se ha confirmado la construcción del socialismo, nos ahorra una cantidad de dolor en el hallazgo, prueba y búsqueda de las vías para la construcción de eso mismo– es una garantía de éxito para nosotros, garantía de progreso en el camino al socialismo. Tal éxito es por ejemplo la adopción de unos nuevos estatutos en el Partido Comunista Checoslovaco que en líneas generales coinciden en sus puntos con el del Partido Comunista de la Unión Soviética.

A la inversa; intentar empujar al país y promover formas intermedias, publicándolas como especificidades e inmutables, rechazar el ejemplo y la experiencia soviética, solo conduce a la negación y a revertir la esencia misma de la democracia popular, a la restauración del capitalismo.

El leninismo nos enseña el uso versatil de la gran experiencia del primer país socialista y como llegar de las formas inferiores a las formas superiores de la sociedad socialista». (Klement Gottwald; Discurso en la apertura del Museo de Lenin, 21 de enero de 1953)

viernes, 11 de marzo de 2016

El pueblo búlgaro en lucha por la democracia y el socialismo; Georgi Dimitrov, 1948

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La siguiente obra de Dimitrov es de suma importancia. Aparte de ser un análisis de la situación nacional e internacional de 1948, y una exposición de las políticas de los países socialistas o de democracia popular de mediados de los años 40, es un informe que expone el carácter y las tareas de un frente en la etapa de construcción socialista. No hace falta decir la escasez de interés de los supuestos marxista-leninistas en la cuestión de clarificar que es un frente, mucho menos de diferenciar las tareas de un frente en la etapa antifascista de las tareas del mismo en la etapa de liberación nacional, cuando efectivamente su fisonomía, y la de las fuerzas dialécticas enfrentadas, no es la misma. Repasemos algunas cuestiones:

¿Qué es un frente más allá de la palabra?

«Actualmente tanto algunos revisionistas como los propios seguidores del «socialismo del siglo XXI» hablan de la utilización de frentes en sus estrategias y tácticas políticas, se llenan la boca hablando de la necesidad de apoyarse en frentes, aunque poco saben explicar que son o cuáles son sus objetivos. Cierto es que tanto para la lucha para la conquista de objetivos menores, como para objetivos máximos, es permisible la idea de un frente de lucha –sea de características y objetivos antiimperialistas, antifascistas, anticapitalistas, y otros– donde converja el partido comunista con otras organizaciones –teniendo estas una mayoría de elementos de las clases trabajadoras, sean obreros o elementos pequeño burgueses–, pero sólo tiene aplicación bajo determinadas condiciones, y el partido comunista siempre tendrá el deber de ser vanguardia de dicho frente si no quiere que fracasen los objetivos del frente y que esa alianza temporal caiga en manos burguesas para manejarla a su antojo». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

¿Qué carácter tienen estos frentes?:

«Generalmente a este tipo de frente se ha llamado frente popular, con el calificativo de popular por el hecho de unir a obreros y el resto de clases trabajadoras para un fin concreto. También han existido históricamente los llamados frente único del proletariado, donde el partido comunista instaba al resto de organizaciones con gran afiliación de obreros, o de obreros sin partido, hacia un objetivo concreto. Este tipo de frente fueron comunes tras la Primera Guerra Mundial, y eran utilizados como métodos para frenar la ofensiva de la burguesía sobre los derechos laborales de los obreros y su nivel de vida, pues era común por entonces, que la burguesía intentara por ejemplo: pagar las reparaciones de guerra que debía a otros países cargando tal deuda a espaldas de las clases trabajadoras, por lo que muchas veces estos frentes, no eran sólo frente único del proletariado, sino que se extendían con las organizaciones no proletarias de artesanos, campesinos y demás, agraviados por la ofensiva de la burguesía; convirtiéndose en frente popular con diversos calificativos: frente del trabajo, frente de los trabajadores, frente anticapitalista etc., razón por la que en ocasiones estos dos tipos de frente se entrelazan. Los calificativos usados por cada frente no importan, lo importante, es comprender en cada experiencia de frente que alianza contraía el proletariado y con qué objetivo». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

¿Qué funciones tienen?

«Erróneamente se ha creado el mito de que los frentes solo sirven para estrategias y tácticas de carácter defensivo, pero la historia ha demostrado que los frentes pueden tener dos funciones: tanto defensivo como ofensivo. Del mismo modo que un tipo de frente –uno anticapitalista por ejemplo– puede ser usado a veces como frente defensivo y otras como frente ofensivo El frente usado por los comunistas en Bulgaria mismamente durante los años 20 fue un frente anticapitalista defensivo, después durante la Segunda Guerra Mundial se utilizó un frente defensivo antiimperialista y antifascista, pero poco después tras la finalización de la guerra se uso un frente ofensivo anticapitalista para la construcción del socialismo. Hay que tener en cuenta que los frentes no tienen la misma función antes que después de la toma de poder por el partido comunista, una vez instaurada la dictadura del proletariado el frente sirve como correa de transmisión entre el partido y las organizaciones de masas bajo la regla del centralismo democrático, mientras que en el periodo previo servía más bien como una coalición de capas populares donde sus organizaciones no estaban sujetos a normas tan claras, ha de comprenderse que el rol, las normas, y carácter del frente cambian de una etapa a otra». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

Dejemos una breve descripción del soviético Naum Farberov sobre el desarrollo de los frentes construidos por los partidos comunistas en los países de Europa central y del Este. Con esta cita podremos ver su desarrollo desde la Segunda Guerra Mundial hasta la toma de poder tras el fin de la ocupación ítalo-alemanes, y el programa y las primeras tareas de este frente:

«La situación actual en las democracias populares se caracteriza igualmente por la reorganización de los frentes populares –bajo el nombre de frente patriótico, nacional, etc–. Después del aplastamiento de los ocupantes alemanes por el ejército soviético y el derrocamiento de los antiguos regímenes por los trabajadores de los países en cuestión, las tareas fundamentales de los frentes populares eran: aniquilamiento de la reacción, lucha por la independencia nacional, democratización de la vida social y política. En lo fundamental estas tareas fueron realizadas en 1947-48 y hoy ya no constituyen una guía práctica para la acción». (Naum Farberov; Las democracias populares, 1949)

Del cambio de funciones en esos frentes tras resolver esas tareas antifascistas, antiimperialistas, antifeudales, y el paso a resolver otras de carácter socialista:

«Paralelamente, la organización inicial de los frentes populares ha dejado de corresponder a las tareas de la nueva etapa. Mientras que antes de 1947-48 los frentes populares eran una especie de coaliciones de partidos, la nueva etapa de desarrollo –marcha hacia el socialismo– exige una unión más estrecha de las fuerzas populares. Desde entonces ha sido necesario reorganizar los frentes populares, transformarlos en organizaciones con un programa preciso, con organismos dirigentes elegidos y una disciplina para todos sus miembros, en organizaciones dedicadas a edificar el porvenir bajo la dirección de los nuevos partidos obreros. Esta reorganización de los frentes populares fue realizada en 1947-48. Organizados según los principios del centralismo democrático, los frentes populares comprenden, además de los partidos políticos, los sindicatos, las organizaciones cooperativas, las organizaciones de mujeres, de jóvenes y otras organizaciones públicas, así como a título individual toda persona que reconoce los estatutos y el programa y que trabaja en una de sus organizaciones, haciendo resaltar el papel dirigente de la clase obrera, los nuevos programas de los frentes populares señalan como tarea esencial la edificación de la sociedad socialista. Con este fin es preciso reforzar y extender el sector de Estado de la economía, desarrollar las cooperativas agrícolas de producción, ampliar y profundizar la planificación de la economía, desarrollar el espíritu de iniciativa y la emulación en los trabajadores». (Naum Farberov; Las democracias populares, 1949)

Y la advertencia de mantenerse fieles a la esencia y tareas de un frente según el marxismo-leninismo:

«La fuerza dirigente de las democracias populares es el partido comunista –proletariado–. El partido comunista forma parte de los frentes populares, pero lejos de diluirse en ellos, el partido los dirige. Más aún, los partidos comunistas se presentan delante del pueblo abiertamente, con su propio nombre, como una fuerza política independiente que dirige la edificación socialista. Si el partido comunista abandonara su posición dirigente, se negaría a sí mismo como vanguardia de la clase obrera, la única capaz de inspirar y dirigir la emancipación de todas las demás categorías de oprimidos. Este abandono, del que se han hecho culpables los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia, conduce necesariamente al oportunismo político, al abandono de la propia edificación socialista y, finalmente, a aliarse a la reacción. Los frentes populares han jugado un papel magnífico en la lucha contra los invasores fascistas y la reacción interior, y deben continuar siendo en el futuro un arma importante para la consolidación de las fuerzas democráticas. Pero no sustituyen ni pueden sustituir al Partido Comunista. Dado las clases que los componen, los frentes populares no pueden jugar un papel positivo más que bajo la dirección del partido comunista, vanguardia organizada de la clase obrera y de todos los trabajadores». (Naum Farberov; Las democracias populares, 1949)

Es aquí, en la presente obra, que Dimitrov nos aclarará de modo concreto el cambio que existe en las funciones de un frente de una etapa defensiva a la etapa ofensiva. Entiéndase que no todas estas características estarán presentes en otros países, esta es solo la descripción de como sucedió en Bulgaria según las condiciones nacionales e internacionales del momento.

En la etapa defensiva las características del frente fueron: 

1) Promover tareas antiimperialistas, antifeudales y antifascistas bajo programas que contengan la lucha contra el invasor extranjero y la camarilla nacional que la sustenta, la libertad de asociaciones antifascistas y la ilegalización de las asociaciones fascistas y sus colaboradores, la creación de un ejército popular, y una reforma agraria que acabe con el latifundismo; 

2) Amplitud en el número de clases interesadas en dicho programa y mayores alianzas –no solo la clase obrera, la pequeña burguesía, o la intelectualidad de mentalidad proletaria o pequeño burguesa–, sino incluyendo a parte de la mediana burguesía nacional y la intelectualidad burguesa que decide por sus intereses de clase momentáneos luchar contra el fascismo, o contra el imperialismo extranjero; 

3) Vanguardizar en mayor o menor medida con el partido comunista frente aunque no se tenga aún todo el reconocimiento ni la legitimidad asegurada dentro de la coalición antifascista, lo mismo en el nuevo ejército popular que deberá ser creado y asegurado por los comunistas.

En la etapa ofensiva las características del frente fueron:  

1) Resolución de tareas anticapitalistas y socialistas como son la confiscación o expropiación de industrias, bancos, transportes, etc., una industrialización –con la industria pesada como eje– y la colectivización del campo que se logrará gracias a toda la puesta en escena de una planificación socialista de la economía a través de bienales, después quinquenales, etc.; 

2) Reducción del número de clases existentes y de alianzas del partido de la clase obrera –el partido comunista–pues la etapa es de clases trabajadoras contra clases explotadoras y cuyo objetivo es eliminar todas las clases explotadoras, incluyendo finalmente en la última etapa la pequeña burguesía, la última clase capitalista que debe proletizarse a través de los koljoses –granjas cooperativas– y sovjoses –granjas estatales–; 

3) Consolidación del prestigio y autoridad del partido comunista en el ejército, reconocimiento de su rol de vanguardia y dirigente en el frente de modo incontestable por el resto de asociaciones, pudiendo imponer sus normas como el centralismo democrático y todo lo que ello supone, también se tiene vistas a la eliminación  paulatina de partidos no proletarios en el frente según se avance en la destrucción económica de las clases explotadoras y según se proleticen las capas de trabajadores –como campesinos koljosianos o intelectuales–, quedando las asociaciones de mujeres, de juventud, los sindicatos en el frente como ruedas de transmisión entre esas capas de la sociedad y sus organizaciones y el partido comunista, partido de la clase obrera;

4) Utilización del frente para expandir la ideología proletaria que tiene su síntesis en el marxismo-leninismo a todas las capas trabajadoras que se están proletizando, llevar esta lucha de clases ideológica a todos los campos de la sociedad sin excepción, expansión y promoción por tanto de la cultura proletaria socialista, válgase para ello de la nueva estructura económica que se construye y de la nueva legislación ejemplificada en la nueva constitución socialista.

Sobra decir que el partido comunista debe aprovechar y si en la primera etapa puede poner en práctica características del frente en la segunda etapa –ofensiva–, debe aprovecharlo, e igual que es impermisible que en la segunda etapa se quede regazado con la fisonomía y funciones de la primera etapa –defensiva–.

Esta obra, y el tratar un tema tan específico como tan pocos han sabido, certifica una vez más que:

«La obra de Georgi Dimitrov es inmortal para el proletariado mundial, y como tal hay que cuidarla». (Introducción del Equipo de Bitácora (M-L) a la obra del Partido del Trabajo de Albania: «El trabajo revolucionario de Georgi Dimitrov es inmortal», 29 de diciembre de 2015)

Recomendamos que pueden buscarse referencia sobre el concepto marxista-leninista del frente en otras obras de Georgi Dimitrov y también en las de su compatriota y discípulo Vulko Chervenkov.


El documento:


El pueblo búlgaro en lucha por la democracia y el socialismo

Informe en el IIº Congreso del Frente de la Patria
2 de febrero de 1948

[El camarada Dimitrov dedicó la primera parte de este informe a analizar la situación internacional, a la lucha de los dos campos; el campo democrático y el campo antidemocrático - Anotación de «¡Por una paz duradera, por una democracia popular!»]

Profundos cambios han tenido lugar en la arena internacional como resultado de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de las expectativas de la reacción mundial la Unión Soviética emergió de la guerra más fuerte que antes, y con un prestigio internacional mucho mayor. Un número de países se separaron del sistema imperialista. Los pueblos de Yugoslavia, Bulgaria, Rumanía, Polonia, Checoslovaquia, Hungría y Albania, con el apoyo del victorioso Ejército Soviético, que derrocó al fascismo, abolieron la dependencia imperialista y tomaron el destino en sus propias manos. La aguda crisis en los países coloniales y dependientes es igualmente un gran factor de desmoronamiento para los pilares del imperialismo. Y las contradicciones dentro del campo imperialista, por ejemplo, en relación con el Plan Marshall, para la formación de un Bloque Oeste, etc. jugaran un papel no pequeño en el futuro.

Así, la relación de fuerzas entre el campo imperialista y el campo democrático, como resultado de la Segunda Guerra Mundial ha cambiado drásticamente en favor del campo democrático. En su lucha contra la reacción del campo antidemocrático se basa en la clase obrera, en las masas trabajadoras del campo y la ciudad, en la intelectualidad progresista, en el movimiento democrático de todas las tierras, en los movimientos de liberación nacionales de las coloniales y los países dependientes, en las nuevas democracias. A la cabeza de este campo se encuentra la poderosa Unión Soviética.

El campo democrático es una fuerza lo suficientemente fuerte como para mantener a raya a los ladrones imperialistas, para frustrar sus esquemas y salvar a la humanidad de las nuevas y sangrientas aventuras imperialistas.

El sistema imperialista que no puede ofrecer a los pueblos nada más que guerras devastadoras, está frenando el desarrollo de las fuerzas productivas, y es un freno para el progreso, la ciencia y la cultura. Históricamente, ha sobrevivido a sí mismo, pero su condena es inevitable.

Las fuerzas de la paz, la democracia y el socialismo, son invencibles. Si como se declara en la Declaración de la Conferencia de los nueve partidos comunistas en Polonia de 1947, si ellos ponen a su disposición la firmeza y determinación necesarias, la nueva agresión imperialista estará condenada al fiasco.

Estamos viviendo en un momento en el que el socialismo está a la orden del día, cuando es imposible avanzar sin avanzar hacia el socialismo. El camino al socialismo no es el mismo en todos los países. Difiere en consonancia con las particularidades históricas, nacionales de cada país, pero el camino socialista es inevitable, y es el único correcto para todas las tierras y pueblos.

[El camarada Dimitrov entonces habló de las raíces históricas del Frente de la Patria en Bulgaria - Anotación de «¡Por una paz duradera, por una democracia popular!»]

La creación del Frente de la Patria no era una cosa oportuna; tampoco fue importada desde el extranjero ni impuesta desde arriba. Esta saludable idea surgió del pueblo, cristalizándose como resultado de las luchas de las masas trabajadoras en contra de la traidora monarquía, la venal burguesía y sus grupos antipopulares.

Los principales factores en el desarrollo del Frente de la Patria

[El camarada Dimitrov describe los siguientes factores en el desarrollo del Frente de la Patria como un movimiento popular - Anotación de «¡Por una paz duradera, por una democracia popular!»]

Para empezar el Frente de la Patria organizó la resistencia del pueblo búlgaro contra los esclavistas alemanes y la dictadura monarco-fascista búlgara. El programa inicial del frente, en su difusión durante el 17 de julio de 1942 por la estación «Hristo Botjef» declaró que como tarea central era: la liberación del país del yugo alemán y la dictadura monarco-fascista, el acercamiento de Bulgaria al campo de la coalición antihitleriana y el establecimiento de una autoridad popular democrática. Guiado por el Frente de la Patria la resistencia ofrecida por el pueblo a la agresión de Hitler se extendió gradualmente, y la camarilla monarco-fascista fue incapaz de mandar tropas búlgaras en el frente soviético-alemán. Las victorias del valiente Ejército Soviético, las derrotas sufridas por los alemanes en todos los frentes, la capitulación de la Italia fascista, el crecimiento de la lucha de liberación de los pueblos de Yugoslavia, la marcha del Ejército Soviético en el Danubio, todo ello estimuló la marcha de la lucha de las masas popular para romper con la Alemania de Hitler, para salvar al país del desastre y establecer un genuino gobierno democrático-popular búlgaro. Los Comités del Frente de la Patria, encabezados por el Comité Nacional, surgieron en todo el país. Un extensivo movimiento partisano se puso en marcha. Las diversas unidades unidas en unidades partisanas y eventualmente en el Ejército Popular de Liberación con sus Cuarteles Generales. Un levantamiento armado contra el fascismo en todo el país comenzó a madurar y fue llevado a un punto crítico por la aparición del victorioso Ejército Soviético en la frontera noroeste de Bulgaria.