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miércoles, 5 de febrero de 2020

La falta de investigaciones históricas sobre el movimiento obrero nacional e internacional en el PCE (m-l); Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Expliquemos una vez más la importancia cardinal de toda esta cuestión de la necesidad de las investigaciones históricas del movimiento obrero:

«Hoy nos encontramos con que la mayoría de partidos y autodenominados partidos –que en realidad no pasan de ser muchas veces grupúsculos de clubs de amigos y/o nostálgicos de algunas siglas– no se interesan por analizar las causas del flujo descendente del movimiento marxista-leninista internacional.

1) A unos no les interesa el estudio las figuras y movimientos nacionales e internacionales marxista-leninistas, es más, generalmente se cubren falsamente bajo sus ideas y mitos, reivindicando su legado de manera formal pero sin ser fieles a sus lecciones, otras veces aceptando sus mismos errores por no analizarlos y en algunas ocasiones directamente adoptando como referentes a falsos marxistas y a experiencias revisionistas. No hablemos ya de cuestiones del movimiento marxista-leninista de un pasado lejano porque los ignoran absolutamente, a veces su indiferentismo es tal, que también alcanza hasta el punto de mirar hacia otro lado en torno a fenómenos recientes de mayor o menor calado.

2) Existen otros que incluso si centran aunque sea un breve tiempo de su actividad en analizar ciertos fenómenos sobre el revisionismo contemporáneo y las causas de su triunfo, pero ha de hacerse un apunte: al no tener interés en cómo se ha llegado a varios de los desastres que han posibilitado la hegemonía del revisionismo en el movimiento obrero, los análisis y las conclusiones sobre los grupos antimarxistas del presente tampoco son del todo correctos porque no saben detectar el origen de estas desviaciones.

3) Luego hay quienes realmente si tocan temas del pasado y presente movimiento marxista-leninista, pero muchos de estos se contentan con realizar breves análisis de denuncia de que este u otro partido es revisionista, o esta u otra figura es oportunista, pero sin explicar a sus militantes y simpatizantes el porqué de tal afirmación, cayendo en análisis reduccionistas, doctrinarios y esquemáticos, que poco menos que pretenden obligar a la militancia a seguir estas afirmaciones sin tener conciencia real de porqué se dice tal cosa, esa incapacidad creativa es lo que muchas veces lleva a copiar las opiniones de otros o directamente a caer en las mismas desviaciones de las que se quejan de algunas corrientes revisionistas que fustigan tales como el seguidismo a ciegas, el afirmar sin corroborar la veracidad de lo que se pone sobre la mesa confiando en que ya antes lo ha pronunciado alguien. Metodologías que nacen de la no comprensión real de lo que dicen denunciar y de los métodos de concienciación que propone el marxismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista, 25 de septiembre de 2017)

Aunque parece que algunos no han entendido esto todavía.

Por desgracia, lo que ha abundado en el movimiento comunista, han sido los análisis históricos simplistas e infantiles. Precisamente, los dirigentes bolcheviques replicando a unos historiadores dirían:

«La sinopsis abunda en banalidades y clichés como el «terrorismo policial de Nicolás II», la «insurrección de Razine», la «insurrección de Pugatchev», la «la ofensiva contrarrevolucionaria de los terratenientes en la década de 1870», «los primeros pasos del zarismo y de la burguesía en la lucha contra la revolución de 1905-1907», etc. Los autores de la sinopsis copian ciegamente las banalidades y las definiciones anticientíficas de los historiadores burgueses, olvidando que tienen que enseñar a nuestra juventud las concepciones marxistas científicamente fundamentadas». (Notas sobre la sinopsis del Manual de historia de la URSS; I.V. Stalin, A.A. Zhdanov, S.M. Kirov, 8 de agosto de 1934)

En el IVº Congreso del PCE (m-l) de 1984 se reclamaba que se fuese hasta el fondo de los inicios del revisionismo. Se explicaba, que de no realizar tal labor correctamente, todavía se veían conatos de revisionismo en los nuevos partidos:

«La tarea de reconstrucción de los partidos marxista-leninistas ha estado obstaculizada por toda una serie de desenfoques ideológicos, políticos e incluso organizativos, cuyo origen debe buscarse en que a pesar de haberse efectuado una ruptura organizativa con los revisionistas por parte de los nuevos partidos, no se ha roto, en diversos casos y hasta el fondo, ideológicamente con el revisionismo». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IVº Congreso del PCE (m-l), 1984)

martes, 3 de diciembre de 2019

Cataluña es una nación; Joan Comorera, 1940


«[Nota de «Nuestra Bandera», periódico del Partido Comunista de España: El 8 de Septiembre el camarada Juan Comorera, Secretario General del Partido Socialista Unificado de Cataluña Sección Catalana de la Internacional Comunista pronunció en la ciudad de México una importante conferencia sobre el tema «Contra la Guerra Imperialista y por la Liberación social y nacional de Cataluña». Publicamos en este número, íntegramente, la importantísima parte de la conferencia de Comorera que se refiere al problema nacional y a las tareas para la lucha por la liberación nacional y social de Cataluña, Esta parte, es de extraordinario valor para la orientación y el trabajo práctico de los miembros del Partido hermano del pueblo catalán y del pueblo español en el combate por su victoria sobre el régimen dominante].

Marx y Engels y el problema nacional y colonial

Al analizar los acontecimientos que en su época tuvieron lugar en Irlanda, la India, China, los países centro-europeos, Polonia y Hungría, Marx y Engels, nos dieron las directivas fundamentales sobre la cuestión nacional y colonial. Estas directivas fundamentales no solamente no fueron desarrolladas por la socialdemocracia, sino que fueron desconocidas y tergiversadas en la teoría, y renegadas en la práctica. Los problemas nacionales de Europa han sido y son un factor revolucionario de lucha contra el imperialismo. En la medida en que los partidos de la II Internacional degeneraron en partidos de ''reformas sociales», se apartaban de la lucha de clases, renegaban de la dictadura del proletariado, pasaban a las filas de la contrarrevolución, la cuestión nacional que en un principio anunciaban vagamente, se transformó en instrumento «ideológico» de subordinación nacional al Imperialismo. No vale la pena de analizar ahora las teorías socialdemócratas justificativas de la opresión nacional y colonial. Recordemos, nada más, que para los socialdemócratas la lucha de los pueblos coloniales, era contraria a los intereses del proletariado europeo, que la tesis sobre «la misión y la tarea del hombre blanco» de los más fanáticos imperialistas la aceptaban al hablar del papel progresivo del imperialismo en las colonias, y hacían el juego al imperialismo al asegurar que los pueblos coloniales y las naciones oprimidas, no estaban preparadas para el ejercicio de la libertad y de la soberanía. Nuestra experiencia es suficiente para conocer a fondo la posición práctica de los socialdemócratas en la cuestión nacional. El Partido Socialista Obrero Español, ha combatido a sangre y fuego a Cataluña y Euzkadi, las dos nacionalidades históricas oprimidas y que han llegado a la madurez nacional. El Partido Socialista Obrero Español, ha sido un instrumento del imperialismo español, debido a la acción del cual, tanto escrita como práctica, grandes núcleos de obreros, nunca comprendieron que la cuestión nacional y colonial, es parte integrante de la revolución proletaria internacional. En el curso de nuestra guerra, las incomprensiones y los exabruptos del Partido Socialista Obrero Español y de sus líderes en función de gobierno Largo Caballero, Prieto y Negrín, respecto a Cataluña y a nuestras instituciones autónomas, fueron uno de los principales factores que contribuyeron a la derrota de Cataluña y de la República. 

jueves, 14 de noviembre de 2019

Comorera hablando de la cuestión nacional...


«Cataluña, es, pues, una nación. Pero Cataluña, camaradas, no es una «comunidad de destino». El principio de Lenin: «dentro de cada nación moderna hay dos naciones», se adapta plenamente a Cataluña, como a cualquiera otra nación. Importa, compañeros, que meditemos y asimilemos este principio de Lenin. La incomprensión del principio de Lenin abre la puerta a todas las desviaciones nacionalistas pequeño burguesas, nos conduciría a un callejón en el cual nunca ha hallado ni hallaría solución nuestro problema nacional. En cada nación hay dos clases antagónicas, irreconciliables: la burguesía y el proletariado, los explotadores y los explotados. Hay, por tanto, dos naciones antagónicas irreconciliables. La burguesía se vale y se valdrá del problema nacional para resolver sus asuntos de clase, dispuesta siempre a aliarse con la burguesía imperialista en el momento preciso en que considere satisfecha su ambición de clase o en que vea en peligro sus intereses de clase por el desarrollo y la ofensiva del movimiento obrero. El proletariado, quiere resolver y resolverá definitivamente el problema nacional, pues no ignora que si se convirtiese en opresor de otros pueblos, volvería a ser oprimido nuevamente. La burguesía y el proletariado pueden y deben entenderse y luchar juntos contra un enemigo provisionalmente común, en un momento dado y por una cuestión nacional concreta. (...) Pero la burguesía y el proletariado no han de confundirse, no pueden confundirse nunca. Su destino no es común. El destino de la burguesía es desaparecer. El destino del proletariado es llegar a serlo todo para construir un mundo socialista, de igualdad, de libertad, de verdadera fraternidad entre todos los hombres y todos los pueblos» La tesis socialdemócrata del «destino común», de la «comunidad nacional», subordinando necesariamente los intereses de clase a las exigencias nacionales, induce a los trabajadores a la colaboración y la paz entre las clases, a la negación de la lucha de clases, conduce en su desarrollo lógico a la teoría racista reaccionaria, al fascismo». (Joan Comorera; Contra la guerra imperialista y por la liberación social y nacional de Cataluña, 1940)

miércoles, 13 de noviembre de 2019

La Revolución de Octubre y la cuestión nacional y colonial; Joan Comorera, 1940


«En oposición a la teoría imperialista de la socialdemocracia sobre los problemas nacional y colonial Lenin formuló con claridad extraordinaria la teoría marxista. El principio fundamental de la teoría marxista-leninista es esta: la cuestión nacional y colonial es una parte integrante de la revolución proletaria internacional. 

Desarrollando la teoría marxista-leninista sobre la cuestión nacional y colonial, el camarada Stalin la ha enriquecido con la aportación de cuatro factores nuevos, substantivos: 1) la cuestión nacional forma un todo con la colonial; 2) Las naciones no soberanas y las colonias tienen derecho a la separación política, a la existencia como Estados independientes; 3) La lucha contra el capitalismo y por la dictadura del proletariado de acuerdo con la lucha por la solución definitiva del problema nacional y colonial, 4) Las naciones son iguales en derechos y deben ser iguales de hecho.

Por consiguiente, el imperialismo –forma superior del capitalismo– no puede existir sin la esclavización política y económica de las naciones no soberanas y de las colonias, la emancipación de las naciones no soberanas y de las colonias no es posible sin la destrucción del capitalismo, la victoria del proletariado no podría ser duradera si las naciones no soberanas y las colonias no son emancipadas del capitalismo, solamente el triunfo del socialismo puede resolver de manera definitiva. el problema nacional y colonial. 

domingo, 18 de agosto de 2019

Nación popular, nación socialista, nación comunista; Joan Comorera, 1944


«Lenin nos ha dicho magistralmente:

«Cuando una gran empresa se convierte en gigantesca y organiza sistemáticamente, sobre la base de un cálculo exacto de múltiples datos, el abastecimiento en la proporción de los 2/3 o de los 3/4 de la materia prima de todo lo necesario para una población de varias decenas de millones; cuando se organiza sistemáticamente el transporte de dichas materias primas a los puntos de producción más cómodos, que se hallan a veces a una distancia de centenares y de miles de kilómetros uno de otro- cuando desde un centro se dirige la elaboración del material en todas sus diversas fases hasta la obtención de una serie de productos diversos terminados; cuando la distribución de dichos productos se efectúa según un solo plan entre decenas y centenares de millones de consumidores –venta de petróleo en América y en Alemania por el «Trust del Petróleo» americano–, aparece entonces con evidencia que nos hallamos ante una socialización de la producción y no ante un simple «entrelazamiento»; que las relaciones de economía y propiedad privadas constituyen una envoltura que no corresponde ya al contenido, que debe inevitablemente descomponerse si se aplaza artificialmente su supresión, que puede permanecer en estado de descomposición durante un período relativamente largo –en el peor de los casos, si la curación del tumor oportunista se prolonga demasiado–, pero que, sin embargo, será ineluctablemente suprimida». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo fase superior del capitalismo, 1916)

Hoy está claro para todos que el «tumor del oportunismo» ha prolongado la vida del capitalismo monopolista. También está claro que la antítesis revelada por Lenin, producción social y propiedad privada de los medios de producción, se debe resolver ahora. Y que lo debemos resolver, esencialmente, nosotros. Y ese «nosotros», quiere decir nuestros partidos de hoy, la clase obrera de hoy, la masa popular de hoy.

¿Y para sustituirlo con qué, compañeros? Si reaccionamos estrictamente como sectarios contestaremos: con el socialismo. Si reflexionamos que no somos la única fuerza que necesita contar con otras fuerzas populares, que junto con nosotros combaten a muerte contra el nazi-fascismo-falangismo, que junto con nosotros deben participar en la reconstrucción del mundo, después de la victoria, que no estamos en presencia de un fenómeno aislado, localizado, sino de un fenómeno universal, que estamos ante un cambio de civilización en escala mundial: nos guardaremos mucho y bastante de forjarnos una línea rígida de aplicación nacional.

viernes, 1 de febrero de 2019

Para la burguesía el problema nacional, allí donde éste existe, es materia especulativa


«El problema nacional no es una abstracción, no es una entidad aislada. El problema nacional es parte indisoluble del problema general de la revolución. Hemos, pues, de verlo a la luz de la lucha de clases, de su desarrollo y de su objetivo histórico. Estamos ahora en la fase superior y última del capitalismo, la fase imperialista. La lucha de clases se agudiza y la burguesía se convierte en extra y antinacional. El interés de clase prima por encima de cualquier otro interés. Y todos los elementos que intervienen en la vida colectiva son utilizados con el objetivo único de asegurar el dominio de clase, el monopolio del Estado, instrumento de la clase dominante. Para la burguesía el problema nacional, allí donde éste existe, es materia especulativa; se sirve de ella si así conviene momentáneamente a su interés de clase o se reniega de ella cuando lo pone en peligro. Y como el interés de clase capitalista es incompatible con el interés nacional la burguesía termina siempre por traicionar a la nación. (...) ¿Y cómo reaccionan la gran burguesía y las castas tradicionales en estos países? Como clase y castas gobernantes que continúan la tradición de la guerra: para mantener sus privilegios han convertido en moneda de cambio la independencia y la soberanía nacional. Y como políticos e «ideólogos» inventan filosofías y teorías, cuyo único objetivo es sembrar la confusión en las masas populares, dividir la clase obrera y movilizar a la opinión contra los partidos comunistas. (...) No hay manera, amiga Reyes Bertral, de rehuir la polarización. Con las patrañas hipócritas de las terceras fuerzas y principios puros y conductas impuras no se va más que al deshonor y a nuevas derrotas». (Joan Comorera; Carta abierta  a Reyes Bertal, dirigente de Estat Català, 1948)

lunes, 14 de enero de 2019

Sobre la convivencia entre los diversos pueblos hispánicos

Artículo de Joan Comorera publicado en «Nuestra Bandera» en 1943

«Los problemas nacionales de España no son una ficción, son una realidad viva. Las monarquías austríaca y borbónica, las dos de origen extranjero y anti-españolas, quisieron crear a sangre y fuego, una España falsa, «unificada». La República encontró el verdadero cauce histórico, y con su política de autonomías político-administrativas, inició la etapa fecunda de reconstrucción de una España una y diversa, realmente unida por la libre voluntad de sus componentes. Franco y Falange han destruido la obra de la República, han pretendido, agravando al infinito los métodos terroristas de las monarquías austriaca y borbónica, exterminar todo espíritu, sentimiento o manifestación de tipo nacional en Cataluña, Euzkadi y Galicia. ¿Es que esos republicanos del alboroto, valiéndose de pretextos baladíes, se preparan ya para una República bastarda, que en vez de recoger su propia herencia para desarrollarla consecuente y valientemente, renieguen de ella para seguir las huellas sangrientas de los, austriacos, de los borbones y de los franquistas? 

Es preciso hablar claro, porque con las palabras y los actos de hoy, forjamos el mañana de una España recobrada. 

El terror franquista no ha liquidado los problemas nacionales de España. Los ha exacerbado. El hecho de que los pueblos catalán, vasco y gallego hayan relegado a un segundo plano sus reivindicaciones nacionales, para presentar un sólido frente único español a Hitler y a su quisling Franco, no quiere decir, ni mucho menos, que las hayan abandonado. El hecho de que los Partidos y organizaciones fundamentales de Cataluña no presentemos hoy a las fuerzas republicanas españolas ninguna cuestión de principio de tipo nacional, no quiere decir, ni mucho menos, que hayamos hecho abandono de nuestros programas. Los Partidos y organizaciones fundamentales de Cataluña, no son separatistas, pero todos tienen en su programa el principio de la autodeterminación. El movimiento nacional en Cataluña ha llegado a su plena madurez, porque es la clase obrera la que se ha incorporado a ella de manera resuelta y definitiva, porque es la clase obrera la que ha tomado en sus manos la bandera nacional, la que quiere resolver y resolverá este problema, no con el criterio anquilosado y reaccionario nacionalista, sino reafirmando su adhesión a los principies del internacionalismo proletario. Con esta realidad hay que contar hoy y mañana. Si algunos republicanos españoles, algunos pseudo-socialistas españoles, pretendiesen, después de la inevitable victoria sobre el nazi-fascismo y su apéndice falangista, con palabras nuevas y propósitos y métodos viejos, continuar una política de asimilación violenta que la experiencia de siglos ha demostrado cuan absurda y criminal es, cuan sustantivamente anti-española así se condenarían ellos mismos a la destrucción más completa. Porque los problemas que nos esperan en una España recobrada, no se resolverán con chistes malos, ni con vociferaciones de tertulias subsidiadas, ni por hombres incapaces de sacarse las telarañas del cerebro. Porque los obreros españoles, en la práctica consecuente del internacionalismo proletario, han encontrado ya el camino de la «convivencia», dejando el de la «conllevancia» a pedantes, parásitos y reaccionarios. 

Ortega y Gasset, hizo un daño atroz a la República, a España, cuando afirmó que los pueblos hispanos estaban, condenados a «conllevarse». Efectivamente, los pueblos hispanos se han «conllevado» bajo las corrompidas monarquías austríaca y borbónica. Volverían a «conllevarse», quizás, si ciertos políticos, que nada han aprendido antes y en el curso de la guerra, que no se han corregido en la excesiva comodidad de su emigración, sí esos discípulos de Ortega y Gasset, filósofo traductor al servicio de Franco y de Falange, tuvieran campo libre para repetir errores conocidos y agravarlos con nuevos ensañamientos. A la «conllevancia» de parásitos y aventureros, de demócratas aparentes y reaccionarios verdaderos, nuestros pueblos oponen su vehemente voluntad de «convivencia». Los pueblos de España han «convivido» cuando la República promulgó la Constitución de 1931, cuando los admirables obreros madrileños dieron la gran paliza a los «isidristas» catalanes que fueron a Madrid a pedir el guillotinamiento de la Generalidad de Cataluña, cuando el 6 de octubre de 1934 los catalanes se levantaron contra los filo-fascistas, cuando las juventudes catalanas corrieron a defender Madrid en las jornadas de gloria imperecedera de noviembre de 1936, cuando las juventudes castellanas vinieron al Ebro a defender a Cataluña y con ella a la República y la independencia de España. Los pueblos de España «conviven» hoy en la lucha sin cuartel contra Franco y sus pistoleros falangistas, contra Hitler y sus bandas de asesinos, mezclando su dolor y su sangre generosa por amor a un mismo ideal de una España libre, independiente, democrática, de pueblos fraternalmente unidos. Esta es y esta será su voluntad inquebrantable, pese a los separatistas del otro lado del Ebro, más poderosos que los nuestros, porque se apoyaban y apoyan en los intereses seculares de las castas parasitarias animan todas por los austriacos y los borbones, por el régimen terrorista franquista. 

No son mejores unos que otros. 

Nuestros separatistas –nos referimos a los auténticos, no a los provocadores–, están también en la pendiente reaccionaria. No planteamos con relación a ellos ninguna cuestión de principio. La idea separatistas es tan legítima como cualquier otra, en un régimen democrático y para los demócratas verdaderos. Los republicanos españoles están en su derecho al combatir la idea separatista, como lo estamos nosotros al proclamarnos no-separatistas. Pero la idea separatista no se combate con anatemas ni excomuniones, con reacciones a lo Poyo Villanova o con la pistola del falangista. No se combate oponiendo la voluntad del más fuerte a la voluntad del más débil. Se combate con el ejercicio pleno y sin reservas de la democracia. Cataluña, Euzkadi y Galicia, tienen el derecho indiscutible a ejercer su derecho de autodeterminación. Los demócratas españoles deben admitir este ejercicio libre del derecho de autodeterminación, no desconociendo que ello implica el derecho a separarse, a constituirse en Estados independientes. Es así como, rompiendo con un pasado de oprobio, siendo demócratas consecuentes, forjaremos una España unida, liquidaremos el separatismo de ambos lados del Ebro. Es así como ha surgido, desde el punto de vista nacional, la invencible y gloriosa Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas». (Joan Comorera; Los separatistas de uno y el otro lado del Ebro; Conferencia pronunciada en México, 1943)

miércoles, 2 de enero de 2019

La advertencia de Joan Comorera sobre el terrorismo político del PCE de Carrillo-Ibárruri


«Ahora bien, el Buró Político [del PCE] haría bien en calcular más serenamente el camino y el arma que escoge, ya que el terrorismo nunca ha dado buen resultado a las organizaciones que lo han empleado. Haría bien en recordar la experiencia del partido social-revolucionario ruso y del provocador Azef, jefe de su organización de combate y al mismo tiempo agente de la Ojrana. Haría bien en recordar que en nuestro país el anarquismo ha hecho una desastrosa experiencia del terrorismo y que la locura se saldó con pérdidas irreparables en las filas de la CNT. El Buró Político haría bien en grabarse en el cerebro que el terrorismo es el arma de los impotentes, de los desesperados, y a menudo de los cobardes, también por experiencia histórica, de los agentes del enemigo de clase incrustado en los centros dirigentes del proletario revolucionario. El terrorismo se encuentra en las antípodas de la lucha de clases, comienza disfrazado de arcángel y acaba siempre presentándose con la ropa del esbirro que mata por cuenta de quién le paga mejor. El terrorismo es una arma de doble filo mortal que acaba ahogando las fuerzas políticas que caen presas de sus redes y que el pueblo rechaza siempre». (Treball (Comorerista); Portavoz del Partido Socialista Unificado de Cataluña, Suplemento Nº116, 1953)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

Y las sospechas de Comorera no eran fantasías. Enrique Líster, miembro carrillista del PCE hasta los 70 –cuando se escindió para crear su propio partido brézhnevista–, comentó una confesión que Vicente Uribe le relató muchos años después sobre un plan fallido de atentado contra Comorera a inicios de los 50, cuando el catalán cruzó la frontera franco-española, y como ante el fallido intento, la nueva táctica de Carrillo contra Comorera fue la pura calumnia mediante los medios de comunicación del PCE:

«El examen y decisión sobre las eliminaciones físicas se hicieron siempre en el Secretariado, y el encargado de asegurar su ejecución era Carrillo, quien tenía los ejecutores en su aparato. Alguna vez la ejecución fallaba. Tomemos, por ejemplo, el caso Comorera. Tú conoces toda la parte política del problema. Pues bien, Carrillo y Antón propusieron al Secretariado la liquidación física de Comorera. La propuesta fue aceptada y Carrillo, encargado de organizar la liquidación. Carrillo designó dos camaradas para llevarla a cabo; pero Comorera decidió marcharse del país. A través del informador que tenía entre la gente de Comorera, Carrillo conoció la decisión de aquél y luego el lugar de su paso por la frontera y su fecha. Carrillo envió a sus hombres a ese lugar para liquidar a Comorera al ir a cruzar la frontera. Pero éste, que se sentía en peligro y vivía con una gran desconfianza, a última hora cambió el lugar del paso. Supimos que había cruzado la frontera cuando ya llevaba quince días en Barcelona. En 1971 y después de leer mi libro ¡Basta!, uno de los componentes del equipo que debía liquidar a Comorera me completó la información que me había hecho Uribe. El equipo lo componían seis, entre ellos el jefe del sector de pasos por donde Comorera debía cruzar la frontera. Este miembro del equipo me dio los nombres de los restantes componentes del mismo. Dos siguen con Carrillo, tres han roto con él, incluido el responsable del sector de pasos, y el sexto no sé lo que fue de él. Me dijo también que el tiempo que estuvieron en la montaña esperando el paso de Comorera fue de tres semanas. Ante la imposibilidad de la liquidación física, Carrillo, como buen especialista de las acusaciones y denuncias del más puro estilo policíaco y provocador, se dedicó a la destrucción moral por medio de calumnias infames. Dirigida por él, se abrió en nuestras publicaciones y en nuestra radio una ofensiva de chivatería denunciando la presencia de Comorera en Barcelona». (Enrique Líster; Así destruyó Carrillo el PCE, 1982)

jueves, 17 de marzo de 2016

Joan Comorera hablando sobre la pequeña burguesía


«Ahora ya sabemos, amiga Reyes Bertral, donde ha terminado la Cataluña dirigida por los partidos políticos nacionalistas pequeño burgueses. Objetivamente, históricamente, no podía ocurrir otra cosa. Solo dos clases tienen calidad para dirigir la nación: la clase burguesa y la clase obrera. El estamento intermedio, o lo que llaman clases medias, deben ser dirigidas o por la burguesía o por la clase obrera. Y si por un conjunto de circunstancias determinadas devienen en dirigentes de la nación van a la deriva durante un tiempo, y a la postre, son uncidas por la reacción. Pues la pequeña burguesía, estamento intermedio, que por el sector más rico se liga a la burguesía y por el sector más pobre se acerca al proletariado, es vacilante, miedosa, contradictoria y en momentos de crisis huye despavorida de la revolución y opta por el compromiso. Por lo que los dirigentes políticos pequeño burgueses acaban sufriendo el reflejo burgués, asimilando las costumbres y vicios de la burguesía, tienden a considerar la política como un asunto de porvenir personal y, en el mejor ángulo, se pierden por los senderos de un romanticismo revolucionario estéril o de un intelectualismo especulativo, snobista, paralizador, si no se acercan o no se incorporan a la clase obrera en búsqueda de nuevas perspectivas de combate y de victoria. Esta es la lección de 1931-1933, del 6 de octubre de 1934, de la guerra, y de una Cataluña escolada por el régimen terrorista de tipo franco-falangista». (Joan Comorera; Carta abierta a Reyes Bertal, 1948)

Anotación de Bitácora (M-L):

Recordemos que las clases intermedias como la pequeña burguesía oscilan entre la burguesía y el proletariado dependiendo del contexto económico y su ideología, son clases inestables, que pueden estar ideológicamente cercanos a uno u otro campo por diferentes razones, y que puede también que la marcha de la economía le lleve a convertirse en clase burguesa –si amasa capital– o clase proletaria –si se arruina–, además la pequeña burguesía muchas veces está influenciada por la burguesía a la cual no solo pretenden imitar económicamente sino en el estilo de vida, modo de pensar, costumbres, etc., como dice Comorera 
no es por tanto una clase con garantías por variadas razones como sí lo es el proletariado, por ello la pequeña burguesía sólo puede ser un aliado de la revolución socialista si finalmente por razones económicas, ideológicas o las que fueran se acerca a la moral proletaria.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Joan Comorera matizando la historia del PSUC, su fundación y su carácter


«2) Para demostrar que el Secretario General es un  «nacionalista burgués», «podrido», los miembros cooptados del ex-Secretariado falsifican la historia del partido, no quieren admitir que el partido, a petición de su Comité Ejecutivo, fue admitido como Sección Catalana por la Komintern, y hacen todo tipo de esfuerzos y cometen todo tipo de actos arbitrarios y de fuerza para impedir que los militantes conozcan la verdad documentada. No quieren admitir esta verdad histórica que exalta al partido y a la clase obrera de nuestro país, porqué la Komintern ratificó solemnemente la misión histórica, unificadora, del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) y porqué la Komintern nos dio, al tomar esta medida de carácter excepcional, el mandato de preservar hasta lograr la unidad integral: el Partido Único marxista-leninista-stalinista y la Central Sindical Única. ¿Por qué se miente, por qué se esconde la verdad? Solo los que ruedan por la pendiente del aventurerismo son capaces de emplear estos métodos anticomunistas.

El Partido Socialista Unificado de Cataluña no fue una improvisación. Los fundadores del PSUC cumplieron las condiciones señaladas en la Resolución del VIIº Congreso de la Komintern de 1935 [6]. Por iniciativa mía, días después del 6 de octubre de 1934, se iniciaron los primeros contactos para unir a los partidos marxistas y obreros de Cataluña. La idea básica que di entonces es que la derrota de Octubre de 1934 era debida, fundamentalmente, a la división, al desmenuzamiento de la clase obrera. A mitad de 1935, se constituyó el Comité de Enlace, y redacté, en el Penal de Puerto de Santa María, la declaración de principios, la cual fue aprobada sin enmiendas por el mencionado Comité de Enlace. La declaración de principios afirmaba la unificación de los cuatro partidos sobre la base del marxismo-leninismo. Se proponía la adhesión a la Komintern, la organización sobre la base del centralismo democrático y la exclusión intransigente de los trotskistas. La campaña electoral fue dirigida por el Comité de Enlace presidido personalmente por mí, realizaría una intensísima campaña en Barcelona y las Comarcas para popularizar al futuro Partido Único marxista-leninista de la clase obrera de Cataluña. En marzo de 1936, un Congreso Extraordinario de la Unió Socialista de Catalunya aprobó, a propuesta mía, la unificación y, días después, a propuesta del camarada Miquel Valdés, el Pleno del Partido Comunista de Catalunya hizo lo mismo. Los partidos PSOE y Catalá Proletari ya habían convocado sus Congresos con el mismo objetivo. Y se constituyó un Comité presidido por mí con la misión de preparar la salida del periódico «Treball», órgano del partido unificado, el primero de agosto de 1936. Paralelamente se unificaron las Juventudes y las Organizaciones sindicales se unificaban en las filas de la Unión General de Trabajadores (UGT). Se comprende, entonces, que, habiendo un trabajo previo tan profundo, el 23 de julio de 1936 el Comité de Enlace decidiera la constitución inmediata del partido, prescindiendo del último trámite que faltaba: el Congreso extraordinario de los cuatro partidos que había de solemnizar la creación del Partido Socialista Unificado de Cataluña. Inmediatamente después de la constitución, el Comité Ejecutivo se dirigió al Partido Comunista de España (PCE) y al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) saludándolos fraternalmente y pidiéndoles autorización para incorporar dos dirigentes de cada uno de ellos a nuestro Comité Central, con lo cual se simbolizaba el carácter del nuevo partido: la unión de comunistas y socialistas sobre la base del marxismo-leninismo, afirmación doctrinal materializada con la adhesión a la Komintern. Eso no podía ser de otra manera, pues todo gesto, cualquier manifestación sectaria, habría roto inmediatamente al partido.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Unas reflexiones sobre factores internos y externos que hicieron posible la degeneración del PSUC y su captura por los carrillistas en la posguerra

El periódico «Lluita» anunciado la ejecución por el franquismo en 1949 de Puig Pidemunt –director del órgano del PSUC, «Treball»–, Numen Mestres –responsable de las JSU–, Ángel Carrero –responsable político del movimiento guerrillero en Cataluña– y Pere Valverde –responsable militar– 

«Entendemos que a estas alturas todo marxista-leninista sabe lo que supuso para el PSUC que Joan Comorera polemizara contra los carrillistas del PSUC en 1949. Los resultados pueden ser condensados en:

1) La injusta expulsión de Comorera del PSUC y el posterior vergonzoso y criminal vilipendio público acusándolo de agente del franquismo-titoismo-imperialismo, mientras Comorera consumía precisamente sus últimos días en las cárceles franquistas;

2) Decapitar al PSUC de su mejor líder, pudiendo así, promocionar a los carrillistas y rehabilitar a los expulsados por Comorera y el partido años antes, consolidando con ello poco a poco la conversión del PSUC en una sucursal catalana del PCE lo que fue oficializado en 1954; asegurándose con ello que el PSUC fuera un mero seguidor-validador de la teoría política revisionista de la «reconciliación nacional» defendida por el binomio Carrillo-Ibárruri, una teoría que es un crimen histórico contra la lucha de clases y especialmente un insulto para todos los combatientes tanto españoles como no españoles que lucharon en la Guerra Civil contra el fascismo español y extranjero.

Una vez expulsado del PSUC, Joan Comorera pese a todas las dificultades intentó reorganizar al PSUC en el interior de Cataluña en los 50 con la ayuda de Miquel Valdés, José Marlès, Amadeu Bernardó, Emili Garnier y Barrera, Pablo Cereza, Joaquim Pou, Tomás Molinero, Evarist Massip, y otras de las caras conocidas del PSUC que apoyaron sus posiciones, en sus números de «Treball» (Comorerista) dejaría patente su fidelidad al marxismo-leninismo pese incluso a que gran parte del mundo marxista-leninista de entonces le diera la espalda en detrimento de la camarilla de Carrillo-Ibárruri en el PCE y sus peones en el PSUC. Pero en tan poco tiempo, y en tan duras condiciones, no fue posible la consolidación de los restos comoreristas del PSUC reagrupados por Comorera en el interior desde 1949 hasta su muerte en 1958, quedando la clase obrera y las masas populares catalanas huérfanas de su partido.

Ahora, pese a que el movimiento comunista marxista-leninista sufriera tales reveses con la usurpación del partido por la pandilla de revisionistas, lo cierto es que la época gloriosa durante la cual Comorera comanda el PSUC es una que está llena de lecciones y de dedicación, tanto del PCE como del PSUC, a la causa de la clase obrera y su recompensa se vio en la influencia entre las masas populares. Época dorada que ningún periodo posterior de estos mismos partidos, bajo las mismas siglas pero bajo mando revisionista, pudo emular, y que reafirma la justa línea política de los marxista-leninistas de esta época:

«La resuelta actitud del partido comunista frente al ataque fascista, el audaz ejemplo que dio colocándose al frente de las masas para impedir que el fascismo pasara, el ejemplo de sus militantes, el 60 por ciento de los cuales fueron enviados a los diversos frentes de lucha, aumentaron en gran medida la autoridad y el prestigio del partido entre las masas del pueblo. Un partido crece, gana autoridad y se convierte en dirigente de las masas cuando cuenta con una línea clara y se lanza audazmente a la lucha por llevarla a la práctica. El Partido Comunista de España se convirtió en un partido tal en el curso de la guerra civil. Desde la insurrección fascista en julio de 1936 hasta finales de ese mismo año, el partido comunista triplicó el número de sus miembros. Y, aunque en aquellos días la gente se integraba en el partido para ofrendar su vida, y no para dar su voto en las elecciones, jamás ni nadie, ni el llamado partido comunista de Santiago Carrillo, ni los otros partidos revisionistas, que han abierto sus puertas a todo aquel que quiera ingresar en ellos, laico o religioso, obrero o burgués, podrá hablar de un crecimiento de la autoridad e influencia como las que adquirió el digno Partido Comunista de España durante el período de la guerra civil». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Enver Hoxha, destacado marxista-leninista, internacionalista, siempre amistoso y simpatizante con el pueblo español y su heroica lucha, explicaría a los lectores que no se explicaban la degeneración del Partido Comunista de España, las grandes pérdidas del partido durante la guerra y el derrotismo que se imprimiría desde entonces, las duras condiciones para operar dentro de la España franquista, la dificultad de organizarse también desde el exilio muchas veces también en condiciones forzadas de absoluta clandestinidad; en resumen, de como a raíz de la pérdida de la guerra civil española los elementos como Carrillo-Ibárruri se aprovecharon para imponer su dominio revisionista en tal panorama difícil y confuso:

martes, 18 de agosto de 2015

Comorera hablando del derecho preeminente de la clase obrera en nuestra época


«En las naciones no liberadas del yugo capitalista existen dos clases antagónicas: la burguesía y la clase obrera. Y, por consiguiente, el Estado nacional solo puede ser dirigido por la burguesía o por la clase obrera: no hay ningún tercer dirigente.

La burguesía camaleónica: toma el color y la forma ambiental que le conviene: es liberal en Gran Bretaña, republicana en Francia, inquisitorial en los Estados Unidos, hitleriana en Alemania, mussoliana en Italia, justicialista en Argentina, aprista en Perú, nacionalista en Formosa, militarista en Japón, franquista en España. La burguesía desarrolla al máximo el principio [camboniá]: República, monarquía, democracia, fascismo, nazismo, franquismo, militarismo, paz, guerra? capitalismo!» Y con esta u otra forma o color, la burguesía monopoliza el Estado, explota a la clase obrera y la nación.

A la nación la burguesía es una cosa que no se resigna a morir, pese a haber realizado su misión histórica y que su destino ineluctable es el de desaparecer y morir, como fueron desapareciendo la monarquía absoluta y la clerecía de antes de la Revolución Francesa.

A la nación, la clase obrera es la forma más viva, ascendente y que ha de realizar su misión histórica: construir una sociedad sin clases, sin explotación del hombre por el hombre o de un pueblo por otro pueblo. Y el destino ineluctable de la clase obrera es el de ascender, el de tomar el Estado de las manos de una clase caducada.

La burguesía es la clase descendente y el proletariado la clase ascendente. La burguesía no puede prescindir de los trabajadores, porque de su trabajo extrae poder y riqueza, y esta necesidad es su talón de Aquiles. En cambio, la clase obrera, no solamente puede prescindir, sino que ha de prescindir de la burguesía porque ha de aniquilar todo tipo de explotación humana, y esta necesidad la convierte en la clase ascendente invencible. Estas dos clases, son dos clases antagónicas, y de destino contrario». (Joan Comorera; El derecho preeminente de la clase obrera; Publicado en «Treball» (Comorertista), 1 de febrero de 1953)

lunes, 16 de marzo de 2015

Sobre lo que sería constituir un nuevo partido marxista-leninista con los viejos vicios premarxistas del fraccionalismo

Mitin de la UGT y el PSUC en el teatro Gran Price, 16 de diciembre de 1936

«En cuarto lugar, ¿qué estructura queremos tener?

Lenin dijo que un partido con fracciones es una unidad meramente exterior y una «olla de grillos interior» [1], ¿hemos de querer un PSUC con fracciones? Tendríamos «sabelotodos», para dar y regalar. Discutiríamos hasta perder el aliento. Nos discutiríamos, sin peros, no discutiríamos sin arañarnos demasiado fuerte, pero siempre estaríamos «entre caballeros»! La clase obrera nos pegaría la patada, pero eso si, los «enchufes» serían para nosotros. Y de «l’any de la picor» [2] un imperio, sería una broma. Os parece, camaradas, la perspectiva de un PSUC degenerado, corrompido, traidor a si mismo, a la clase obrera y a nuestro pueblo, de un PSUC formado por solemnes, estancados, picapleitos presidentes de Jurados Mixtos [3]? Por lo que toca al anarco-sindicalismo, no vale la pena ni hablarlo [4].  La trágica experiencia faista ha sido definitiva para nosotros, para la clase obrera catalana, para todo nuestro pueblo.

¡Pues bien camaradas, hablaremos seriamente!

El Partido Socialista Unificado de Cataluña es un partido de masas, marxista-leninista, de estructura centralista democrática, de disciplina consciente, admitida y no impuesta mecánicamente, pero severa. Es el partido dirigente de la clase obrera catalana, de la lucha de nuestro pueblo contra Franco y Falange, contra el nazi-fascismo, un partido ansioso de asimilar la experiencia del gran partido de Lenin y Stalin. Es el partido nacional de Cataluña, el partido que al enarbolar cada día más alta y más consecuentemente la bandera del internacionalismo proletario, resolverá, conjuntamente, la reivindicación histórica fundamental, proletaria, y nuestro problema nacional. Un día, el más glorioso de la historia catalana, los partidos obreros catalanes encontramos el camino de Lenin. ¡En él estamos, por él vamos adelante, nadie nos sacará de él! ¡Tenemos delante de nosotros luchas encarnizadas, esfuerzos supremos, pérdidas dolorosos de militantes muy queridos, pero si somos duros con nosotros mismos, dialécticos consecuentes, bolcheviques incorruptibles, en una perspectiva no lejana, llegaremos a la meta deseada, por la voluntad inquebrantable de obreros y campesinos, de la pequeña burguesía revolucionaria y de los intelectuales progresivos, de la Cataluña auténtica y combatiente! Porque, el de Lenin, es el camino de la victoria». (Joan Comorera; Una nueva etapa histórica; Conferencia de Joan Comorera, en una asamblea de militantes del Partido Socialista Unificado de Cataluña, residente en Mèxico DF, con el motivo de disolución de la Komintern, 12 de junio de 1943)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

[1] La expresión catalana una olla de brillos quiere decir: una unión de mucha gente despreciable y muy ruidosa, o simplemente gente muy escandalosa.

[2] La expresión catalana 
«l’any de la picor», sería como la expresión castellana «el año la polca», quiere expresar algo lejano en el tiempo.

[3] La ley de Jurados Mixtos, se instauraron 
como órganos de mediación laboral y de negociación entre patronos y obreros instituidos durante la Segunda República Española de 1931-1936.

[4] La crítica de Joan Comorera al anarco-sindicalismo y sus repercusiones en España pero sobre todo en Cataluña está bien expuesta en su obra: 
«La revolución plantea a la clase obrera el problema del poder político» (1949).

La pérdida de Andréi Zhdánov; Partido Socialista Unificado de Cataluña, 1948

La siguiente mini-biografía y la mini-recopilación de citas de Andréi Zhdánov, parten de la publicación en catalán del 8 de septiembre de 1948 de «Lluita», el periódico del Partido Socialista Unificado de Cataluña –PSUC, entonces liderado por el marxista-leninista Joan Comorera. 

La intención de tal publicación era honrar la memoria del recientemente fallecido marxista-leninista soviético: en agosto de 1948. 

Nuestra intención con este posteo no es pues de un objetivo diferente. Andréi Zhdánov para nosotros es una de las figuras marxista-leninistas soviéticas más importantes y más infravaloradas, figuras que como otras, paulatinamente han sido sustituidas –gracias a la propaganda de la historiografía burguesa-revisionista– por figuras pseudomarxistas. Este proceso de progresivo olvido es el mismo que ha sufrido la figura de Joan Comorera como hemos señalado en otras ocasiones. Andréi Zhdánov es el autor de defender el realismo socialismo frente a los teóricos del «arte por el arte» en la cultura; el autor que criticó las irregularidades en las purgas de los años 30; el autor de la lucha en 1946 contra las desviaciones literarias publicadas en los diarios «Zvezda» y«Leningrad»; encabezó la lucha contra el estilo ecléctico y académico del manual de filosofía de Alexandróv; fue el autor de la lucha contra las teorías comunistas revisionistas de Varga-Malenkov; fue el autor que precisamente criticó con valentía las desviaciones derechistas del Partido Comunista Francés e Italiano en la Iº Conferencia de la Kominform de 1947; el autor de la criticó también las desviaciones del revisionismo yugoslavo conocido como «titoismo» en la IIº Conferencia de la Kominform de 1948, un auténtico gigante del marxismo-leninismo en definitiva.

En este breve artículo de 
«Lluita» no se hace justicia a la enorme labor que hizo, y solo se citan algunas de sus más famosas obras. Por ello en breve traeremos varias de las obras de Zhdánov que aquí en la publicación de «Lluita» se hacían referencia y otras que aquí no aparecen. Además estamos preparando un documento propio donde analizamos las críticas de Andréi Zhdánov en la primera conferencia de la Kominform de 1947 a las delegaciones francesa e italiana por las desviaciones de estos partidos durante y después de la Segunda Guerra Mundial: «La crítica al revisionismo en la Iº Conferencia de la Kominform de 1947» 2015. 

Hay que decir que Andréi Zhdánov tuvo un papel central en la denuncia del revisionismo tanto en el interior –como en los temas de literatura, música, y filosofía– como en el exterior –criticando al revisionismo francés, italiano y yugoslavo–.

El documento:
En la portada, Zhdánov y Comorera, dos gigantes del marxismo-leninismo

La pérdida de Andréi Zhdánov

1. Nota necrológica del Partido Comunista (bolchevique) y miembros del Gobierno

Firmada por Iósif Stalin y los otros compañeros de lucha de Andréi Zhdánov, dirigentes del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética y miembros del Gobierno, Radio Moscú ha dado a conocer la siguiente nota necrológica:

«El 31 de agosto, después de una larga y penosa enfermedad, ha fallecido uno de los más destacados organizadores, dirigentes del Partido Comunista, y del Estado Soviético, miembro del Buró Político y secretario del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, diputado al Soviet Supremo de la Unión Soviética y Coronel General, camarada Andréi Zhdánov. 

Andréi Zhdánov nació el 26 de febrero de 1896 en la ciudad de Mariúpol, en la familia de un inspector de escuelas nacionales. Siendo un joven de 16 años, en 1912, Zhdánov, después del traslado de su padre, se incorporó al movimiento revolucionario y tomó parte en los círculos socialdemócratas de la juventud estudiantil, primero en la ciudad de Kallnin. Andréi Zhdánov ingresa en las filas del Partido Comunista en 1915, lleva a cabo un activo, trabajo del Partido en el distrito obrero de la ciudad de Tver y no tarda en convertirse en un trabajador del Partido. 

En el periodo de la primera guerra mundial, fue movilizado pana el ejército realizando propaganda bolchevique entre los soldados; toma parte en la preparación y realización de la Gran Revolución Socialista de Octubre en los Urales. En los años de la guerra civil se dedica a la labor de la educación política de las unidades del Ejército Rojo y lleva a cabo trabajos del Partido y de los soviets en los Urales y en Tver. 

miércoles, 11 de febrero de 2015

Joan Comorera sobre el carácter contrarrevolucionario del anarquismo y su influencia histórica en la clase obrera

Joan Comorera durante un discurso de 1937

«La profunda razón es que la clase obrera, influida por una filosofía reaccionaria y dirigida por grupos anarquistas aventureros o irresponsables no actuó nunca como clase independiente, con propios principios de clase, con objetivos de clase. No se consideró nunca como la clase dirigente de la nación, como la clase irreconciliable con el régimen capitalista con la misión de destruir el Estado burgués, tomar el poder político, liquidar la explotación del hombre por el hombre, crear una sociedad sin explotadores, una nueva civilización: el socialismo. Tenía la fuerza y la entregó a los enemigos. De dirigente que debía de ser, pasó a ser dirigida, y su entusiasmo y abnegación revolucionaria pasó al servicio especulativo del capitalismo y de sus formas reaccionarias. La clase obrera, desorientada por las prédicas antipolíticas y apolíticas, antiestatales y antiautoritarias, se quedó deslumbrada a menudo por fantasmagóricos sentimentalismos que exaltaban su instinto revolucionario y la conducían a explosiones aventureras y sin salida [5], no comprendiendo ella, que como clase independiente, debía de tener una teoría revolucionaria propia, que debía de forjar su propio partido político revolucionario. El anarquismo le había vendado los ojos y le entregó indefensa a las maniobras y todas las trampas de la burguesía. Y fue así como ella no captó que el antipoliticismo y el apolitismo son la política de la reacción; que el apoliticismo le condujo a votar por el leurrouxismo antes, y a la pequeña burguesía nacionalista catalanista después. Así es como tampoco captó que el antiestatismo y el antiautoritarismo consolidaban el monopolio burgués del Estado y la autoridad, y que condenan a la clase obrera a la explotación despiadada, a las represiones brutales, a la desesperanza y a la impotencia. (…) Pues bien, queridos camaradas, la vida ha demostrado sobradamente que el anarquismo es una filosofía reaccionaria, ajena a la clase obrera, una prolongación de la burguesía hacia el campo obrero. La vida nos ha demostrado sobradamente que los grupos específicos, herederos del bakuninismo y los anarquistas individualistas, han sido un instrumento de la burguesía en el movimiento obrero, fuerza de choque aventurera y amoral de los inconciliables enemigos de la clase obrera y del pueblo». (Joan Comorera; La revolución plantea a la clase obrera el problema del poder político; Carta abierta a un grupo de obreros cenetistas de Barcelona, enero de 1949)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

[5] Años después, ya en los años 70, el marxista-leninista albanés Enver Hoxha refutó las teorías y prácticas pequeño burguesas de los grupos anarquistas y de grupos derivados del anarquismo o con puntos de vista muy cercanos –guevaristas, luxemburguistas, maoístas, trotskistas, etc.– que estaban causando los mismos problemas que en su día el anarquismo en el siglo XIX o principios del XX en el movimiento obrero –y en el caso del revisionismo de tendencias anarquistas, en el movimiento comunista–: entre ellas primaban las teorías del estilo: 1) que «la historia la hacen los héroes» –negando el papel de las masas en la revolución–, 2) que el «motor pequeño» –el foco de la guerrilla– ponía en funcionamiento al «gran motor» –eludiendo las condiciones objetivas y subjetivas de la revolución–, ó 3) que «para preparar la revolución sólo es importante el trabajo clandestino» –negando el trabajo legal en la sociedad burguesa y en las organizaciones de masas–; ó 4) la negación de la hegemonía del proletariado, argumentando que «todos los trabajadores eran iguales», o que incluso el campesinado u otras capas sociales eran más «progresistas» o «estaban más oprimidas» y debían por ello liderar la revolución:


«Mucha gente, entre la cual se cuentan revolucionarios sinceros, al haber rechazado el camino reformista de los revisionistas y haberlo criticado, han abrazado otros conceptos erróneos sobre la revolución y sus vías de desarrollo. Esto se relaciona con su posición de clase pequeño burguesa, con la ausencia de la debida formación ideológica marxista-leninista y con las influencias que ejercen sobre ellos los puntos de vista anarquistas, trotskistas y golpistas. Algunos de ellos conciben la revolución como un golpe militar, como obra de unos cuantos «héroes». Sobrestiman y absolutizan el papel de la «actividad subjetiva», y piensan que la situación revolucionaria, como condición para el estallido de la revolución, puede ser creada artificialmente por las «acciones enérgicas» de un grupo de combatientes que sirve como «pequeño motor» que pone en movimiento al «gran motor» de las masas. Según ellos el potencial revolucionario de las masas en la sociedad capitalista está en todo momento a punto de estallar, basta un impulso exterior, basta que se cree un foco guerrillero para que las masas lo sigan automáticamente. La lucha armada de un grupo de revolucionarios profesionales sólo puede ejercer influencia en el ímpetu de las masas cuando se coordina con otros objetivos políticos, sociales, psicológicos que determinan el surgimiento de la situación revolucionaria y cuando se apoya en las amplias masas del pueblo y goza de su simpatía y respaldo activos. De lo contrario, como demuestra la dolorosa experiencia en algunos países de Latinoamérica, la acción de la minoría armada, por heroica y abnegada que sea, choca con la incomprensión de las masas, se aísla de ellas y sufre derrotas. Las revoluciones maduran en la situación misma, en tanto que su victoria o su derrota depende, de la situación y del papel del factor subjetivo. Este factor no puede representarlo un solo grupo, por más consciente que sea de la necesidad de la revolución. La revolución es obra de las masas. Sin su convencimiento, preparación, movilización y organización, ninguna revolución podrá triunfar. El factor subjetivo no se prepara únicamente mediante las acciones de un «foco» guerrillero, ni tampoco tan sólo con agitación y propaganda. Para ello, como nos enseña Lenin y la vida misma, es indispensable que las masas se convenzan a través de su experiencia práctica. El concepto sobre el papel decisivo de la minoría armada va acompañado también de los puntos de vista de que la lucha debe desarrollarse únicamente en el campo o sólo en la ciudad, de que se debe atener únicamente a la lucha armada y a la actividad clandestina. Ha adquirido también una amplia difusión la tesis trotskista que considera la revolución como un acto repentino y la huelga general política como la única forma de llevarla a cabo. El orientarse por la lucha armada no significa en lo más mínimo renunciar a todas las demás formas de lucha, no quiere decir concentrarse en el campo y abandonar la lucha en la ciudad y viceversa, tampoco significa proponerse conseguir el objetivo final –la toma del poder– abandonando la «lucha pequeña» por las reivindicaciones inmediatas, económicas, políticas y sociales de los trabajadores, no quiere decir velar sólo por la organización de las fuerzas armadas y descuidar el trabajo entre las masas y dentro de sus organizaciones, trabajar y luchar únicamente en la clandestinidad y renunciar a aprovechar las posibilidades de actividad legal y semilegal etc. Preparar la revolución no es cuestión de un día es una labor multilateral y compleja. Para ello se ha de trabajar y luchar en todas las direcciones y con todas las formas, combinándolas correctamente y cambiándolas a tenor de los cambios de la situación, pero siempre supeditándolas al logro del objetivo final». (Enver Hoxha; Informe en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1971)

martes, 16 de septiembre de 2014

Sobre los pseudomarxistas y la cuestión nacional

Joan Comorera a la izquierda, acompañado por Martí Esteve y Pere Maestros, encarcelados por los acontecimientos de octubre de 1934, y liberados tras el triunfo del frente popular en febrero de 1936

«La unión indisoluble del problema nacional y colonial con el problema de la revolución proletaria, principio básico de la teoría nacional de Lenin y Stalin, ha de ser aceptado y comprendido por todo verdadero comunista. La comprensión de la teoría leninista-stalinista no ha de ser puramente intelectual especulativa, sino dinámica. Un comunista ha de querer comprenderla y aplicarla, esencialmente, en su propio país.

Conocemos individuos de muy diversas ideologías que saben analizar los problemas nacionales y coloniales, que defendieron la causa irlandesa, que estallan de indignación al recordar la India y sus luchas por la independencia, que encienden una vela a Gandhi y otra a De Valera, que hacen suya la carta del Atlántico en cuanto asegura a los pueblos el derecho a disponer libremente de sus destinos. Pero que se cierran por completo, si de la especulación muy allá de nuestras fronteras, los llamamos a nuestra realidad y queremos hacerles ver que en España misma cabe aplicar la teoría.

Para justificar tan descomunal incongruencia, unos se ponen frenéticos para decirnos que de los Reyes Católicos a hoy, España es una e indivisible, que el problema catalán y el vasco y ahora el gallego, ha sido promovido, artificiosamente por los viajantes de tejidos o los accionistas de los altos hornos bilbaínos o determinados poetas esnobistas de Galicia.

Otros cuando mucho, admiten la existencia de minúsculas diferencias «regionales», folklóricas, coloreadas por «dialectos» en decadencia y que en virtud de este nuevo esfuerzo intelectual no se oponen a cierto grado de autonomías administrativas bien entendidas que ni de cerca ni de lejos amenacen la integridad de la Patria. Otros, menos sinceros, simulan la aceptación del hecho nacional, no se oponen a una solución práctica del mismo, siempre, es claro, que no se llegue al absurdo de fabricar españoles de 1ª y de 2ª clase, como ocurre ahora, por ejemplo, con los mal andados estatutos. La constitución otorga un derecho igual a las nacionalidades y regiones de España, para organizarse en régimen estatutario. Los hipócritas saben bien que el ejercicio de un derecho otorgado a todos, por una nacionalidad o por una región, no crea privilegio de ninguna clase. Pero, por ahí van removiendo a fondo el lodo de los prejuicios para conducir de nuevo el carro hacia el camino de la España única e indivisible.

Y no son pocos los que, sintiéndose, ultrarevolucionarios, superinternacionalistas, proclaman a voz en grito que los problemas nacionales de Cataluña, Euskadi y Galicia, de existir son reaccionarios, armas fabricadas por la iglesia y la burguesía para asegurar aquella la integridad de su dominio espiritual, para arrancar estos a los asustados gobiernos centrales más y más altos aranceles. Y aun afirman que esos «localismos» y «particularismos» estorban o imposibilitan la necesaria solidaridad de la clase obrera, ponen a ésta bajo la inspiración y las maniobras de la burguesía. Y que en nombre de un internacionalismo bien entendido, los pueblos débiles deben renunciar a su propia razón de ser y dejarse absorber por los pueblos más fuertes. Así los socialdemócratas alemanes decían a los checos: «renunciad a vuestra pobre personalidad que poco puede daros y aceptad la superior cultura alemana que os puede dar mucho». Hitler ha completado el argumento». (Joan Comorera; José Díaz y el problema nacional, 1942)

jueves, 11 de septiembre de 2014

Documento fundacional del Partido Socialista Unificado de Cataluña; PSUC, 1936

Fachada del Hotel Colon, Barcelona el 25 de julio de 1936, tras la fundación del PSUC

«Comité de Enlace para el partido único del proletariado en Cataluña


Las representaciones de los partidos abajo firmantes, componentes del Comité de Enlace, han llegado a un completo acuerdo sobre los puntos en que debe basarse el partido único del proletariado de Cataluña, y que son los siguientes:

Primero. El partido único del proletariado de Cataluña, resultante de la fusión de los cuatro Partidos abajo firmantes, basará su estructura sobre los principios del centralismo democrático, convirtiéndose así en un partido de una sola voluntad y una sola línea de acción.

Segundo. Frente a la burguesía y sus partidos, el partido resultante de la fusión mantendrá en todo momento su independencia, en tanto que el partido de clase al servicio del proletariado y los campesinos.

Tercero. Pronunciándose decididamente por la defensa de la Unión Soviética y apoyando su justa política de paz, el partido resultante de la fusión luchará contra la guerra imperialista y contra sus propugnadores dentro y fuera del propio país.

Cuarto. El partido único del proletariado de Cataluña, resultante de la fusión, recogerá las ansias de emancipación nacional del pueblo catalán y se convertirá en su más fiel propulsor y organizador para llegar a la completa emancipación nacional y social de nuestro pueblo.

Quinto. Para realizar todo su programa, que será elaborado y acordado por el Congreso de fusión de los cuatro partidos, el partido resultante de la fusión propugna la toma revolucionaria del poder, derribando el poder de la burguesía y estableciendo la dictadura del proletariado.

Sexto. El Comité de enlace reconoce que es la Komintern la única Internacional que interpreta justamente los anhelos del proletariado mundial y guía la realización del socialismo triunfante en la sexta parte del mundo, como se ve en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Séptimo. Mientras y tanto se prepara convenientemente la realización del congreso de fusión, los cuatro partidos que constituyen el Comité de Enlace se
comprometen a realizar una campaña conjunta e intensa de esclarecimiento entre  la clase obrera y las masas populares de Cataluña, de la presente declaración y actuar de común acuerdo en todas las luchas políticas y sindicales que el momento actual plantean».

Barcelona, 23 de julio de 1936

Firmantes:

Unió Socialista de Catalunya, Joan Comorera 
Partit Català Proletari, Artur Cussó 
Federación Catalana del PSOE, Rafael Vidiella
Partido Comunista de Cataluña, Miquel Valdés