martes, 30 de enero de 2018

La necesidad de entender los flujos y reflujos del movimiento y la táctica


«La táctica consiste en determinar la línea de conducta del proletariado durante un período relativamente corto de flujo o de reflujo del movimiento, de ascenso o de descenso de la revolución; la táctica es la lucha por la aplicación de esta línea de conducta mediante la sustitución de las viejas formas de lucha y de organización por formas nuevas, de las viejas consignas por consignas nuevas, mediante la combinación de estas formas, etc., etc. Mientras el fin de la estrategia es ganar la guerra, supongamos, contra el zarismo o contra la burguesía, llevar a término la lucha contra el zarismo o contra la burguesía, la táctica persigue objetivos menos esenciales, pues no se propone ganar la guerra tomada en su conjunto, sino tal o cual batalla, tal o cual combate, llevar a cabo con éxito esta o aquella campaña, esta o aquella acción, en correspondencia con la situación concreta del período dado de ascenso o descenso de la revolución. La táctica es una parte de la estrategia, a la que está supeditada, a la que sirve.

La táctica cambia con arreglo a los flujos y reflujos. Mientras que durante la primera etapa de la revolución –de 1903 a febrero de 1917– el plan estratégico permaneció invariable, la táctica se modificó varias veces. En 1903-1905, la táctica del partido fue una táctica ofensiva, pues se trataba de un período de flujo de la revolución; el movimiento iba en ascenso, y la táctica debía partir de este hecho. En consonancia con ello, las formas de lucha eran también revolucionarias y correspondían a las exigencias del flujo de la revolución. Huelgas políticas locales, manifestaciones políticas, huelga política general, boicot de la Duma, insurrección, consignas revolucionarias combativas; tales fueron las formas de lucha que se sucedieron durante este período. En relación con las formas de lucha, cambiaron también, en este período, las formas de organización. Comités de fábrica, comités revolucionarios de campesinos, comités de huelga, Soviets de Diputados Obreros, el partido obrero más o menos legal: tales fueron las formas de organización durante este período.

En el período de 1907-1912, el partido se vio obligado a pasar a la táctica de repliegue, pues asistíamos a un descenso del movimiento revolucionario, a un reflujo de la revolución, y la táctica no podía por menos de tener en cuenta este hecho. En consonancia con ello, cambiaron tanto las formas de lucha como las de organización. En vez del boicot de la Duma, participación en ella; en vez de acciones revolucionarias abiertas fuera de la Duma, acciones dentro de la Duma y labor en ella; en vez de huelgas generales políticas, huelgas económicas parciales, o simplemente calma. Se comprende que el partido hubo de pasar en este período a la clandestinidad; las organizaciones revolucionarias de masas fueron sustituidas por organizaciones culturales y educativas, por cooperativas, mutualidades y otras organizaciones de tipo legal.

Otro tanto puede decirse de la segunda y la tercera etapa de la revolución, en el transcurso de las cuales la táctica cambió decenas de veces, mientras los planes estratégicos permanecían invariables.

La táctica se ocupa de las formas de lucha y de organización del proletariado, de los cambios y de la combinación de dichas formas. Partiendo de una etapa dada de la revolución, la táctica puede cambiar repetidas veces, con arreglo a los flujos y reflujos, al ascenso o al descenso de la revolución». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin; Los fundamentos del leninismo, 1924)

domingo, 21 de enero de 2018

El partido «padre» y sus «hijos» bastardos; Reflexiones sobre China; Enver Hoxha, 1977


«La dirección de Relaciones Exteriores del Comité Central del PC de China en Pekín, que supuestamente se encarga de las relaciones con el extranjero y con el movimiento comunista internacional, se ha convertido de hecho en un centro donde se fabrican los planes para escindir a los auténticos partidos marxista-leninistas y para crear nuevos partidos o grupos que sigan la nueva línea revisionista china. Se sobreentiende que estos últimos no son partidos comunistas marxista-leninistas, sino partidos revisionistas, prochinos. Esta dirección tiene a su cabeza a un tal Keng Piao, ex embajador en Suecia, en Albania y en no sé que sitios más. Es un hecho que de esta dirección dependen todos los «corresponsales» de Hsinhua, que son agentes de los servicios secretos chinos, en los diversos países del mundo. Estos pretendidos trabajadores de la Hsinhua realizan numerosas funciones, recogen información acerca de cualquier cosa, acerca de las instituciones estatales, económicas y sociales, acerca de la organización y los medios militares, de los partidos políticos, de las personalidades y en general de la vida del país a donde han sido enviados. En pocas palabras, llevan a cabo una labor de espionaje.

Otra misión de esta dirección de Relaciones Exteriores del Comité Central del Partido Comunista de China es, como ya he dicho antes, fabricar partidos prochinos autodenominados marxista-leninistas. Estos partidos son creados para dar la falsa impresión de que el Partido Comunista de China goza de un amplio apoyo entre el proletariado mundial. Estos partidos «marxista-leninistas», que brotan como hongos, como es lógico, gracias a los yuans de China cambiados en dólares, no son otra cosa que algunos grupúsculos que se dicen marxista-leninistas y que han sido bautizados por la dirección revisionista china.

Grupos o partidos de este género se crean cada día en diversos países del mundo. En Italia, por lo que sabemos, hay tres partidos prochinos, en Francia dos, en Bélgica uno, en Luxemburgo uno, en Grecia no podemos decir con exactitud si sellan creado dos o tres partidos de este tipo, en los Estados Unidos fue creado uno, en Portugal uno, pero es posible que haya dos, en España asimismo se han creado tales grupos maoístas. En América Latina ocurre lo mismo.

En los países donde ya hay auténticos partidos marxista-leninistas, China fabrica esos pretendidos partidos comunistas marxista-leninistas para propagar las tesis revisionistas, antimarxistas y proimperialistas de la China de Mao Zedong, contra el marxismo-leninismo, contra nuestro Partido y todos los demás partidos auténticamente marxista-leninistas.

Esta feroz corriente revisionista china se suma a la otra feroz corriente revisionista, la soviética. En esencia, ambas son idénticas y constituyen una gran fuerza, una fuerza colosal contra la revolución. Nosotros, los marxista-leninistas que militamos en los auténticos partidos comunistas marxista-leninistas, debemos enfrentar y desenmascarar esta furiosa corriente antimarxista, que utiliza todos los medios a su alcance para engañar al proletariado mundial con el objetivo de hacerle cesar su lucha, de conducirle a una «paz de clases» con su rabioso enemigo, el gran capitalismo mundial que le oprime. Esta es la labor que realizan los dos Estados socialimperialistas, el soviético y el chino, uno ya constituido y el otro en formación, pero que no se detendrá hasta conseguirlo.

viernes, 19 de enero de 2018

La descentralización y el cantonalismo como principios político-militares del anarquismo, inservibles para la clase obrera


«El federalismo de los intransigentes y de su apéndice bakuninista consistía, precisamente, en dejar que cada ciudad actuase por su cuenta y declaraba esencial, no su cooperación con las otras ciudades, sino su separación de ellas, con lo cual cerraba el paso a toda posibilidad de una ofensiva general. Lo que en la guerra de los campesinos alemanes y en las insurrecciones alemanas de mayo de 1849 había sido un mal inevitable la atomización y el aislamiento de las fuerzas revolucionarias, que permitió a unas y las mismas tropas del Gobierno ir aplastando un alzamiento tras otro, se proclamaba aquí como el principio de la suprema sabiduría revolucionaria. Bakunin pudo disfrutar de este desagravio. Ya en septiembre de 1870 en sus Lettres à un Français había declarado que el único medio para expulsar de Francia a los prusianos con una lucha revolucionaria consistía en abolir toda dirección centralizada y dejar que cada ciudad, cada aldea, cada municipio, dirigiese la guerra por su cuenta. Si al ejército prusiano, con su dirección única, se oponía el desencadenamiento de las pasiones revolucionarias, el triunfo era seguro. Frente a la inteligencia colectiva del pueblo francés, abandonado por fin de nuevo a sus propios destinos, la inteligencia individual de Moltke se esfumaría. Entonces, los franceses no quisieron entenderlo así; pero en España se obsequió a Bakunin, como hemos visto y aún hemos de ver, con un triunfo resonante. (...) Entretanto, estos megalómanos nos han dado ocasión en España de conocer también su actuación revolucionaria práctica. Veamos cómo llevan a los hechos sus frases ultrarrevolucionarias sobre la anarquía y la autonomía, sobre la abolición de toda autoridad, especialmente la del Estado, y sobre la emancipación inmediata y completa de los obreros». (Friedrich Engels; Los bakuninistas en acción; Memoria sobre el levantamiento en España en el verano de 1873, 1873)

jueves, 18 de enero de 2018

El rol del partido comunista como instrumento de la dictadura del proletariado


«Nosotros arrancamos del criterio de que el Partido, el Partido Comunista, es el instrumento fundamental de la dictadura del proletariado; de que la dirección que ejerce un solo partido, que no comparte ni puede compartir esa dirección con otros partidos, es la condición básica sin la que resulta inconcebible una dictadura del proletariado más o menos sólida y desarrollada. Por ello consideramos intolerable la existencia de fracciones dentro de nuestro Partido, pues es de por si evidente que la existencia de fracciones organizadas dentro del Partido lleva a la disgregación de éste, como entidad única, en organizaciones paralelas, a la formación de gérmenes y células de un nuevo partido o de nuevos partidos en el país y, por tanto, a la descomposición de la dictadura del proletariado.

Pero la oposición, aún no objetando públicamente nada contra esas tesis, parte en su actividad práctica del criterio de que es necesario debilitar la unidad del Partido, de que es necesaria la libertad de fracciones dentro del Partido, es decir, de que es necesaria la formación de elementos para un nuevo partido. 

De ahí la política escisionista en la labor práctica del bloque de oposición. 

De ahí los alaridos de la oposición acerca del «régimen» en el Partido, que en el fondo reflejan las protestas de los elementos no proletarios del país contra el régimen de dictadura del proletariado. 

De ahí el problema de los dos partidos. Tales son en conjunto, camaradas, nuestras discrepancias con la oposición». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Una vez más sobre la desviación socialdemócrata en el partido; Informe ante el VIIº Pleno ampliado del Comité Ejecutivo de la Komintern, 7 de diciembre de 1926)

martes, 16 de enero de 2018

Algunas de las gestas del PCE durante 1935-1948 comentadas por Enver Hoxha


«En lo que concierne a España, es preciso señalar que las directrices del VIIº Congreso de la Komintern de 1935 tuvieron mayores y mejores resultados que en Francia y en Italia. Su efecto se hizo sentir especialmente en el curso de la guerra civil. En un comienzo los comunistas no participaron en el gobierno del frente popular, sino que le concedieron su apoyo. No obstante, el partido comunista criticaba al gobierno por su falta de determinación y exigía que tomase medidas frente al peligro fascista, contra la actividad que desarrollaban los fascistas, particularmente la casta de los oficiales, que en aquel entonces constituían el peligro inmediato.

El 17 de julio de 1936 estalló el «pronunciamiento» de los generales fascistas. El complot de los fascistas estaba bien coordinado. Habían actuado bajo las narices del gobierno de la izquierda y de las autoridades designadas por un gobierno surgido de la coalición del frente popular. Contra este peligro se alinearon todas las fuerzas antifascistas. En noviembre se creó el gobierno encabezado por Largo Caballero, del que pasaron a formar parte dos ministros comunistas. Así se constituyó un frente común para defender la república, incluso con las armas. El gobierno concedió la autonomía a los vascos, confiscó a favor de los campesinos pobres las tierras de los fascistas y nacionalizó todas las riquezas de éstos.

El partido comunista llamó desde un primer momento a la clase obrera y al pueblo a oponer resistencia. Pero el partido comunista no se contentó con llamamientos, se lanzó a la acción. Los miembros del partido se introdujeron en los cuarteles, lugar donde permanecían los soldados, para aclarar a éstos la situación señalándoles lo que eran los fascistas y la amenaza que constituían para los obreros, los campesinos y el pueblo. De esto, no hubo mejor ejemplo que el de la capital de España, en Madrid, donde el golpe fascista fracasó.

En otras ciudades, el pueblo y en primer lugar la clase obrera atacaron las unidades militares que se habían sublevado contra la república, paralizándolas en su acción. En Asturias, la lucha de los mineros contra las tropas fascistas prosiguió por un mes y esta región permaneció en manos del pueblo. Los fascistas no pasaron. Lo mismo ocurrió en Vascongadas y en muchas otras zonas de España.

En los primeros días de agosto se vio que los generales fascistas caminaban hacia el abismo y su derrota hubiera sido total de no haber acudido de inmediato en su ayuda las tropas de la Italia fascista y de la Alemania nazi y junto a éstas las fuerzas reclutadas en el Marruecos español, así como las enviadas por el Portugal fascista.

En un país donde el ejército estaba bajo el mando de una vieja casta de oficiales reaccionarios, realistas y fascistas, los destinos del país no podían confiarse en aquél, una parte del cual siguió a los generares fascistas y el resto avanzaba hacia su disgregación. Por eso, el partido comunista hizo un llamamiento para la creación de un ejército nuevo, un ejército del pueblo. Los comunistas volcaron sus esfuerzos en la creación de este ejército y en breve lapso de tiempo lograron levantar el conocido como «Vº Regimiento». Sobre la base de este regimiento, que cobró una gran fama en el curso de la Guerra de España, se creó el ejército popular de la república española.

La resuelta actitud del partido comunista frente al ataque fascista, el audaz ejemplo que dio colocándose al frente de las masas para impedir que el fascismo pasara, el ejemplo de sus militantes, el 60 por ciento de los cuales fueron enviados a los diversos frentes de lucha, aumentaron en gran medida la autoridad y el prestigio del partido entre las masas del pueblo.

Un partido crece, gana autoridad y se convierte en dirigente de las masas cuando cuenta con una línea clara y se lanza audazmente a la lucha por llevarla a la práctica. El Partido Comunista de España se convirtió en un partido tal en el curso de la guerra civil. Desde la insurrección fascista en julio de 1936 hasta finales de ese mismo año, el partido comunista triplicó el número de sus miembros. Y, aunque en aquellos días la gente se integraba en el partido para ofrendar su vida, y no para dar su voto en las elecciones, jamás ni nadie, ni el llamado partido comunista de Santiago Carrillo, ni los otros partidos revisionistas, que han abierto sus puertas a todo aquel que quiera ingresar en ellos, laico o religioso, obrero o burgués, podrá hablar de un crecimiento de la autoridad e influencia como las que adquirió el digno Partido Comunista de España durante el período de la guerra civil.

La Guerra de España tocó a su fin a comienzos del año 1939, cuando la dominación de Franco se extendió a todo el territorio nacional En aquella guerra el Partido Comunista de España no escatimó esfuerzos ni energías para derrotar al fascismo. Y si el fascismo venció, fue debido, aparte de los diversos factores internos, en primer lugar a la intervención del fascismo italiano y alemán y a la política capitulacionista de «no intervención» de las potencias occidentales con respecto a los agresores fascistas.

Muchos militantes del Partido Comunista de España inmolaron sus vidas durante la guerra civil. Otros fueron víctimas del terror franquista. Otros miles y miles fueron arrojados a las cárceles donde permanecieron por largos años o murieron en ellas. Después del triunfo de los fascistas, en España reinó el más feroz terror.

Los demócratas españoles, que lograron escapar de los campos de concentración y de los arrestos, tomaron parte en la resistencia francesa donde combatieron heroicamente, mientras que los demócratas españoles que se fueron a la Unión Soviética se integraron en las filas del ejército rojo y muchos de ellos dieron su vida combatiendo al fascismo.

Pese a las condiciones sumamente graves, los comunistas continuaron su lucha guerrillera y la organización de la resistencia también en España. La mayor parte cayeron en manos de la policía franquista y fueron condenados a muerte.

Franco golpeó duramente la vanguardia revolucionaria de la clase obrera y de las masas populares de España y esto tuvo consecuencias negativas para el partido comunista. Al haber desaparecido en la lucha armada y bajo los golpes del terror fascista los elementos más sanos, más preparados ideológicamente, más resueltos y valientes, del Partido Comunista de España, cobró supremacía y ejerció su influencia negativa y destructora el elemento cobarde pequeñoburgués e intelectual como son Santiago Carrillo y compañía. Estos fueron transformando gradualmente al Partido Comunista de España en un partido oportunista y revisionista». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Negociaciones para rendir el brazo armado y buscar la inclusión en el régimen; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«En la historia de las bandas armadas revisionistas es muy común que estos grupos busquen la rendición de la guerrilla, el brazo armado del partido o la organización armada del tipo que sea. Esto ocurre por un cúmulo de razones de ellas: por la falta de una visión clara sobre la toma de poder, por la falta de un programa aglutinador y atractivo para las masas, por giros hacia posturas legalistas y socialdemócratas en la dirección, por la falta de apoyo entre las masas por sus acciones terroristas o como escapatoria para «salvar los muebles» ante una inminente liquidación de la banda armada ante el acoso de las fuerzas de seguridad.

jueves, 11 de enero de 2018

Enver Hoxha sobre la cuestión de Stalin


«El agua duerme, el enemigo no, sentencia nuestro pueblo. Pobres de los que se duermen. Esto no sucederá con los partidos marxista-leninistas y con ninguno de los revolucionarios, si mantienen afilada la espada de la dictadura del proletariado, la lucha de clases, la vigilancia revolucionaria, si continúan sin cesar la lucha contra el imperialismo, contra el revisionismo moderno, contra los reaccionarios internos y externos.

El enemigo de clase es astuto, brutal, por eso debemos ser severos en extremo, implacables y luchar a vida o muerte con él. El enemigo no perdona, por ello nosotros no sólo no debemos darle cuartel, sino liquidarlo desde sus propias raíces. No debemos alimentar ilusiones respecto al enemigo ni hacerle concesiones. Este ha sido y es el principio que ha guiado y guía a nuestro Partido.

La catástrofe que sobrevino en la Unión Soviética, en los países europeos de democracia popular y en numerosos partidos comunistas y obreros del mundo, no se debe consentir en nuestros países y partidos. Y no sólo no se debe consentir jamás, sino que para nosotros es una tarea vital, una gran tarea internacionalista, junto con los demás partidos marxista-leninistas del mundo, con los grupos revolucionarios marxista-leninistas y todos los marxista-leninistas [1], en unidad de pensamiento marxista-leninista, en unidad de acción revolucionaria, a la cabeza de los pueblos, ascender la corriente luchando, invertir la situación en el movimiento comunista internacional, desenmascarar, para después vencer y desbaratar a los revisionistas y a sus patrones imperialistas.

Desde luego, lo sucedido en la Unión Soviética, independientemente de los métodos putchistas y fascistas utilizados por los revisionistas jruschovistas para usurpar el poder, no fue un fenómeno espontáneo, sino preparado por ellos con tiempo. Esto lo demuestra el hecho de que Jruschov y sus principales colaboradores en el putch, han figurado antes de la muerte de Stalin entre los principales dirigentes que actuaban bajo cuerda, preparaban y esperaban el momento apropiado para una acción a escala amplia y abierta. Es un hecho que estos traidores eran conspiradores curtidos con la experiencia de los diversos contrarrevolucionarios rusos, con la experiencia de los anarquistas, los trotskistas, los bujarinistas y conocían además la experiencia de la revolución y del Partido Bolchevique. No hacían nada por la revolución, contrariamente hacían todo lo posible por minar la revolución y el socialismo, escapando a los golpes de la revolución y de la dictadura del proletariado. En una palabra, eran contrarrevolucionarios y actuaban como gente con dos caras. Por un lado cantaban loas al socialismo, a la revolución, al Partido Comunista Bolchevique, a Lenin y a Stalin y, por otro, preparaban la contrarrevolución.

Ante todos nosotros se plantea la pregunta: ¿Por qué no fueron descubiertos y golpeados a tiempo? Descubrir y golpear en el momento preciso es de decisiva importancia para no permitir que el microbio se multiplique y se fortalezca en un cuerpo afectado por la enfermedad. Es imprescindible hacer un diagnóstico exacto para combatir y eliminar la enfermedad y para impedir que reaparezca y constituya nuevamente un peligro.

martes, 9 de enero de 2018

La filosofía de Marx y el desarrollo de la ciencia y de la revolución técnico-científica en nuestra época; Kristaq Angjeli, 1984


«Carlos Marx fue un gran científico. Realizó descubrimientos originales en cada terreno de la ciencia que estudió. Pero el giro más grande y la revolución más profunda que llevó a cabo con la creación de la nueva filosofía del proletariado no admite comparación con ningún otro descubrimiento en toda la historia del pensamiento humano y de la ciencia.

Marx valoraba altamente la ciencia como una fuerza revolucionaria porque ha servido siempre a la humanidad para aumentar su poder sobre la naturaleza, como aguda arma en la lucha contra la ideología de las clases reaccionarias de la sociedad, en duro enfrentamiento con el misticismo y el idealismo defendidos por ellas. La verdad descubierta por la ciencia ha servido de sólida base para el surgimiento y la consolidación del materialismo. Es conocido el hecho de la lucha que hubo de librar la ciencia contra el misticismo religioso de la Edad Media, el violento choque entre las conclusiones materialistas que se desprenden de los descubrimientos científicos actuales y el idealismo filosófico como concepción del mundo de las clases reaccionarias, que medra como un parásito en el cuerpo sano del saber humano. Los conocimientos científicos siempre han servido a la emancipación de las energías de las masas y de las fuerzas revolucionarias de la sociedad, les han abierto perspectivas, han suscitado confianza en el futuro.

A mediados del siglo pasado [siglo XIX] las condiciones históricas plantearon ante el pensamiento teórico científico la tarea de concebir el mundo en su totalidad según su contenido real, y que la imagen adecuada del mundo inspirara al proletariado, la clase más revolucionaria de la historia, en la heroica lucha por la verdadera y completa emancipación de la sociedad. Carlos Marx, al descubrir esta ley, llegó a la conclusión de que «El cerebro de esta emancipación es la filosofía; el proletariado, su corazón».

I
Carlos Marx sobre la acción recíproca dialéctica entre la ciencia y la filosofía


Marx y Engels probaron que en el proceso de desarrollo las ciencias concretas se apoyan en una concepción ideológica determinada.

«Que digan lo que quieran los científicos, escribe Engels, sobre ellos impera la filosofía». (F. Engels. Dialéctica de la naturaleza, ed. en albanés, pág. 242, Tirana, 1973)

Desde estas posiciones criticaron las pretensiones absurdas de la filosofía positivista sobre la «independencia absoluta» de las ciencias concretas respecto a la filosofía y de que «toda ciencia es de suyo filosofía». Superaron el positivismo, tal como habían superado también el otro extremo la llamada «filosofía de la naturaleza», que consideraba a la filosofía «la ciencia de las ciencias».

No era la curiosidad lo que movía a Marx a seguir cuidadosamente y paso a paso los éxitos en el terreno de las ciencias naturales. Este interés suyo enlazaba con una cuestión de gran importancia con la transformación de la filosofía en una verdadera ciencia. Para ello era preciso superar asimismo las limitaciones de la filosofía hasta entonces y en primer lugar criticar el idealismo que, según las palabras de Marx, reduce el mundo a una categoría lógica abstracta, que busca la esencia de la naturaleza fuera de la naturaleza, la esencia del hombre fuera del hombre, que busca el objeto de la filosofía allí donde no está, fuera del mundo real. Era preciso superar el método dialéctico idealista de Hegel y criticar la metafísica y el mecanicismo del materialismo precedente. «Hasta hoy, escribía Marx en los Anales Franco-Alemanes en 1843, los filósofos tenían en su escritorio la solución a todos los enigmas, y al mundo necio y neófito no le quedaba sino abrir la boca para coger al vuelo los pavos silvestres de la ciencia absoluta». La verdadera filosofía, dice Marx, no puede ni debe ser una ciencia absoluta que pretenda resolver todos los enigmas, sino que debe ser una ciencia entre las demás ciencias.

Los revolucionarios albaneses criticando el liberalismo y la resignación pequeño buguesa en la forma de pensar y el modo de vida


«Los ideólogos y políticos del actual mundo burgués-revisionista afirman que los males como el hooliganismo, el crimen, la prostitución y la adicción a las drogas, el alcoholismo y el opio religioso son fenómenos inevitables de la sociedad moderna. (...) En cuanto al contenido ideológico de la cultura, el partido ha procedido de la tesis marxista de que ninguna cultura puede existir fuera de la ideología, fuera de las clases, de que todas las culturas se inspiran en ideologías dadas y sirven los intereses de clases dadas. (...) La colaboración de la ideología socialista con la cultura, la educación y el arte, la interrelación entre ellas, ha sido y sigue siendo una condición importante para la existencia de la cultura e impartirla un contenido militante, con lo cual se impulsa hacia adelante en todas direcciones, permitiendo así cumplir al partido su rol de ayuda la tarea de la educación ideológica y la movilización del pueblo para la construcción del socialismo y el progreso integral del país. (...) El «pensamiento de Mao Zedong» y la política de «dejar florecer cien flores, dejar competir cien escuelas de pensamientos» no han hecho otra cosa sino producir una confusión absoluta y una degeneración en el campo de la cultura, han abierto todos los caminos a la cultura burguesa decadente y al modo degenerado de la vida para que penetre en proporciones sin precedentes». (Tefta Cami; La revolución socialista en el campo cultural e ideológico y su profundización, 1980)

La teoría de que el terrorismo es bueno porque supone atemorizar a los explotadores; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«Últimamente nos ha causado especial gracia lo que los nuevos cachorros del PCE (r) van pregonando. Pablo Hasél, Valtonyc, Siker [*] y demás raperos anarcoides seguidores del PCE (r) se basan constantemente en la cita de Ulrike Menihoff que viene a decir que practicando el terrorismo se lograría que la burguesía negociase para no perder sus bienes (?), un pensamiento propio del reformismo armado, ¡como si el objetivo del proletariado fuese negociar con la burguesía para unas cuantas migajas!

«No sabes cómo temblarían los poderosos si lleváramos la violencia a la puerta de su casa. Si vieran amenazados sus privilegios y sus vidas, negociarían para no perderlo todo». (Cita extraída del documento Rafael Narbona; Ulrike Meinhof; La guerrilla urbana, 2011)

Este pensamiento ha sido la consigna de los elementos más inmaduros. Creen que es mejor y más efectivo el aventurerismo y el terrorismo, lo que entre el anarquismo se ha llamado «acción directa», que lo que ellos llaman el «estéril» trabajo de lucha y clarificación ideológica o de la «tediosa» organización de las masas.

En general hemos visto que históricamente el PCE (r) se ha valido de pensamientos similares que no vale la pena volver a reproducir pues ya hemos documentado suficientemente que este es su pensamiento.

Los marxistas ya analizaron muchos años antes todo tipo de terrorismo, incluyendo el asesinato selectivo de explotadores en medio de luchas por reivindicaciones económicas justas. Concluyeron que eso era el clásico pensamiento premarxista, pero que para la clase obrera poca rentabilidad le produce esos hechos, y que de facto contribuye a desviarlos de su organización, educación y preparación para la revolución:

«No cabe duda de que también el terror económico tiene cierta «justificación» aparente, por cuanto es empleado para atemorizar a la burguesía. Pero ¿qué significa este temor, si es pasajero y fugaz? Y que sólo puede ser pasajero, lo evidencia el mero hecho de que es imposible practicar el terror económico siempre y en todas partes. Eso en primer lugar. En segundo lugar, ¿qué pueden reportarnos el temor pasajero de la burguesía y las concesiones obtenidas merced a él: si no estamos respaldados por una fuerte organización obrera de masas, dispuesta siempre a luchar por las reivindicaciones de los obreros y capaz de defender con buen éxito las concesiones conquistadas? Y los hechos evidencian que el terror económico mata la necesidad de tal organización, quita a los obreros el deseo de unirse, de luchar por iniciativa propia, pues, afortunadamente, cuentan con héroes terroristas capaces de actuar por ellos. ¿Debemos desarrollar en los obreros el espíritu de iniciativa? ¿Debemos desarrollar en los obreros el deseo de una estrecha unidad? ¡Naturalmente que sí! Pero ¿podemos acaso practicar el terror económico, si mata en los obreros lo uno y lo otro? ¡No, camaradas! No es propio de nosotros asustar a la burguesía con unos cuantos atentados desde las encrucijadas: dejemos que se ocupen de tales «asuntos» ciertos terroristas. ¡Nosotros debemos actuar abiertamente contra la burguesía, debemos tenerla amedrentada constantemente, hasta la victoria definitiva! Y para ello lo que hace falta no es el terror económico, sino una fuerte organización de masas, capaz de llevar a los obreros a la lucha». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; El terror económico y el movimiento obrero, 1908)

Concluyendo tras un análisis serio que el problema no era ni las máquinas, ni la fábrica, ni el burgués de turno que explota a los proletarios, sino las relaciones de producción que guardan todo ello:

«La lucha de los obreros no siempre ni en todas partes reviste la misma forma. Hubo un tiempo en que los obreros luchaban contra los patronos rompiendo las máquinas e incendiando las fábricas. ¡La máquina: he ahí el origen de la miseria! ¡La fábrica: he ahí el lugar de la opresión! ¡Rompámoslas, incendiémoslas! decían entonces los obreros. Era aquélla la época de los choques espontáneos, como manifestaciones de una rebeldía anárquica. Conocemos también casos en que los obreros, desilusionados en cuanto a la eficacia de los incendios y las destrucciones, pasaban a «formas más tajantes»: a los atentados contra la vida de los directores, los gerentes, los administradores, etc. No es posible destruir todas las máquinas ni todas las fábricas, decían entonces los obreros, y, además, no es ventajoso para los obreros; pero siempre se puede amedrentar a los gerentes y meterlos en un puño con el terror: ¡duro con ellos, infundámosles espanto! Era la época de los choques terroristas individuales sobre la base de la lucha económica. El movimiento obrero condenó tajantemente esas dos formas de lucha, relegándolas al olvido. Y se comprende por qué. No hay duda de que la fábrica es en efecto, un lugar donde los obreros son explotados ni de que la máquina ayuda hasta ahora a la burguesía a acrecentar dicha explotación, pero eso no quiere decir que la máquina y la fábrica sean en sí el origen de la miseria. Por el contrario, precisamente la fábrica y precisamente la máquina permitirán al proletariado romper las cadenas de la esclavitud, acabar con la miseria, abatir toda opresión; para ello se requiere únicamente que, en vez de ser propiedad privada de este o aquel capitalista, se conviertan en propiedad colectiva de todo el pueblo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; El terror económico y el movimiento obrero, 1908)

Queda evidenciada la falta de formación marxista-leninista que padecen las personas que apoyan el terrorismo consciente o inconscientemente; no quiere decir que no puedan superarlo pero la primera condición que han de cumplir es desprenderse de tanto mito y sentimentalismo; y claro es, mostrar una cierta voluntad de superar sus limitaciones acompañado de una profunda y honesta crítica de sus posturas actuales.

La posición marxista sobre el terror es la siguiente:

«El bolchevismo heredó, al surgir en 1903, la tradición de guerra despiadada al revolucionarismo pequeño burgués, semianarquista o capaz de coquetear con el anarquismo, tradición que había existido siempre en la socialdemocracia revolucionaria y que se consolidó particularmente en nuestro país en 1900-1903, cuando se sentaban los fundamentos del partido de masas del proletariado revolucionario de Rusia. El bolchevismo asimiló y continuó la lucha contra el partido que más fielmente expresaba las tendencias del revolucionarismo pequeño burgués, es decir, el partido «socialrevolucionario», en tres puntos principales. En primer lugar, este partido, que rechazaba el marxismo, se obstinaba en no querer comprender tal vez fuera más justo decir en no poder comprender la necesidad de tener en cuenta con estricta objetividad, antes de emprender una acción política, las fuerzas de clase y sus relaciones mutuas. En segundo término, este partido veía un signo particular de su «revolucionarismo» o de su «izquierdismo» en el reconocimiento del terror individual, de los atentados, que nosotros, los marxistas, rechazábamos categóricamente. Claro es que nosotros condenábamos el terror individual únicamente por motivos de conveniencia; pero las gentes capaces de condenar «en principio» el terror de la Gran Revolución Francesa, o, en general, el terror ejercido por un partido revolucionario victorioso, asediado por la burguesía de todo el mundo, esas gentes fueron ya condenadas para siempre al ridículo y al oprobio en 1900-1903 por Plejánov, cuando éste era marxista y revolucionario. En tercer lugar, para los «socialrevolucionarios» ser «izquierdista», consistía en reírse de los pecados oportunistas, relativamente leves, de la socialdemocracia alemana, mientras imitaban a los ultraoportunistas de ese mismo partido en cuestiones tales como la agraria o la de la dictadura del proletariado». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

Esto significa que el terror puntual desatado por un partido proletariado con amplia influencia entre el proletariado, que cuenta con la aprobación de los trabajadores para aplicar esas medidas y que se encuentra generalmente en mitad de una lucha de clases aguda frente a la resistencia violenta de las clases explotadoras como ocurrió con los bolcheviques en la guerra civil de 1918-1922, no es comparable a la política terrorismo que ocupa la mayoría de la actividad de los pequeños grupos sin influencia con las masas y que actúan en su nombre, sin tener en cuenta las condiciones para el desencadenamiento de cualquier acción armada, como han realizado históricamente los grupos anarquistas y semianarquistas. Por eso el terror en el primer caso es aprobado e incluso propuesto por el pueblo y ayuda a mantener o impulsar una causa en un momento temporal y determinado, mientras que en el segundo caso es contraproducente y causa el rechazo del pueblo». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

[*]  
Autocrítica de Siker, músico y antiguo simpatizante de las ideas del PCE (r); Siker, 2018

sábado, 6 de enero de 2018

Carta a los obreros austriacos; Georgi Dimitrov, 1934


«I

Tengo a la vista una carta con fecha del 7 de diciembre de 1933, recibida el 15 de enero de 1934 en la cárcel de Leipzig. Es una carta de un grupo de obreros de la barriada «Carlos Marx», que después de los acontecimientos de febrero adquirió notoriedad mundial. He aquí lo que me decían en su carta.

«Querido camarada Dimitrov:

En nombre de muchos de nosotros te enviamos los más calurosos saludos. Millones de seres escuchan muy atentamente tus audaces palabras. Con ellas infundes fuerzas a esos millones de personas. Tu lucha no será vana; ella es también la nuestra. El gran ejército del proletariado consciente está cohesionado tras de ti.

Te rogamos nos escribas unas líneas.

Con saludos proletarios y libertad (Siguen numerosas firmas)». (Barriada «Carlos Marx»; Carta a Georgi Dimitrov, Viena, 7 de diciembre 19337 de diciembre de 1933)

El mismo día que me llegó esta carta, intenté enviar a través de la severa censura policíaca la siguiente breve respuesta:

«He recibido hoy vuestra amistosa carta con fecha del 7 de diciembre del pasado año y la he leído con gran alegría y agradecimiento. En lo que respecta a mi actitud ante el tribunal, he procurado únicamente cumplir con mi deber proletario y ser fiel hasta el fin a mi heroica clase. Con fraternales saludos de lucha». (Georgi Dimitrov; Carta de respuesta a la Barriada «Carlos Marx», 15 de enero de 1934)

Ignoro si incluso esta corta respuesta ha llegado a sus destinatarios.

Leí repetidas veces esta carta de los obreros austriacos, cuando conocí por periódicos fascistas alemanes, en los sótanos de la policía secreta de Göring en Berlín, las heroicas luchas de los obreros austriacos. Seguía con honda emoción el desarrollo de los acontecimientos y la salida de la lucha armada entre el proletariado austriaco y el fascismo. Vuestro heroísmo proletario me llenó de inmensa alegría, mientras que me llenó de profundo odio la política de traición de los dirigentes socialdemócratas.

viernes, 5 de enero de 2018

Las difamaciones de los revisionistas chinos sobre Stalin al respecto a su política exterior


«Recientemente se ha difundido un tercer tipo de deformación de la política staliniana durante la Guerra Mundial: es la de los teóricos «tercermundistas» –nos referimos a los revisionistas chinos– que pretenden, a veces, basarse en Stalin para defender su política chovinista de gran potencia. Para ello presentan la táctica de Stalin en vísperas y durante la guerra bajo un ángulo que en nada se diferencia de la versión trotskista: abandono de toda perspectiva revolucionaria y actuación a remolque de las grandes potencias imperialistas. Como veremos se trata pura y simplemente de burdas calumnias: nos limitaremos aquí a indicar que la oreja trotskista –la intoxicación ideológica trotskista acerca de la cuestión de Stalin, asoma detrás de las argumentaciones de los revisionistas chinos. 

La política de Stalin en vísperas de la II Guerra Mundial representa en realidad uno de los máximos logros del gran dirigente revolucionario. Para juzgar este aspecto de la dirección política de Stalin deberían ser suficientes los éxitos que al fin y al cabo se alcanzaron. La mayoría de los historiadores burgueses acepta que la actividad política de Stalin en vísperas del conflicto fue absolutamente genial y fue coronada por el éxito. No renuncian, sin embargo, a rodear esta política de cierto halo «maquiavélico» y «sin principios» para desprestigiar a Stalin en el plano de la «moral», para transformarlo todo en un turbio complot. 

En realidad los éxitos de Stalin en esta época se deben sin duda alguna a la aplicación por su parte de una política de principios, es decir, una política basada en criterios científicos marxista-leninistas y movida por el deseo de servir la causa revolucionaria del proletariado. 

Stalin supo apreciar desde un primer momento que la guerra que se iba aproximando tenía su origen en las contradicciones ínter imperialistas y en particular en la voluntad expansionista de la Alemania hitleriana cuyo potencial económico y militar requería un nuevo reparto del mundo entre las distintas potencias imperialistas. Stalin supo apreciar también que esta situación encerraba graves peligros para la URSS. Efectivamente la Unión Soviética –el primer país socialista del mundo– constituía, en el marco de las contradicciones a escala mundial, el enemigo de todas las potencias imperialistas; surgía por lo tanto el peligro de que la agresión hitleriana se desencadenara directamente en contra de la URSS, con el beneplácito de los mismos «adversarios» imperialistas de Alemania –las potencias imperialistas occidentales–. Por otra parte, éstas, no podían permitir un excesivo reforzamiento de Alemania, ni siquiera a expensas de la Unión Soviética. Pero podían aplazar su intervención en el conflicto hasta el momento en que lo estimaran más oportuno, reservando sus fuerzas, haciendo que el peso de la guerra recayera en primer lugar completamente sobre la URSS, desgastándola, al mismo tiempo que se debilitaría también Alemania. 

Stalin interpretó en este sentido el constante retroceder –hasta 1939– de las potencias occidentales ante el chantaje nazi-fascista. Su opinión era que este retroceder no era producto de la debilidad –como se debía demostrar más tarde, el Occidente era muy fuerte– sino del designio –sobre todo por parte del imperialismo británico– de evitar un conflicto con Alemania antes de que ésta entrara en guerra con la URSS. 

jueves, 4 de enero de 2018

Engels hablando de la necesidad de la hegemonía de la clase obrera en las revoluciones de los países atrasados


«Es sabido que, en España, al producirse la escisión de la Internacional, sacaron ventaja los miembros de la Alianza secreta; la gran mayoría de los obreros españoles se adhirió a ellos. Al proclamarse la República, en febrero de 1873, los aliancistas españoles se vieron en un trance muy difícil. España es un país muy atrasado industrialmente, y, por lo tanto, no puede hablarse aún de una emancipación inmediata y completa de la clase obrera. Antes de esto, España tiene que pasar por varias etapas previas de desarrollo y quitar de en medio toda una serie de obstáculos.

La República brindaba la ocasión para acortar en lo posible esas etapas y para barrer rápidamente estos obstáculos. Pero esta ocasión sólo podía aprovecharse mediante la intervención política activa de la clase obrera española.

La masa obrera lo sentía así; en todas partes presionaba para que se interviniese en los acontecimientos, para que se aprovechase la ocasión de actuar, en vez de dejar a las clases poseedoras el campo libre para la acción y para las intrigas, como se había hecho hasta entonces». (Friedrich Engels; Los bakuninistas en acción; Memoria sobre el levantamiento en España en el verano de 1873, 1873)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

La teoría de las fuerzas productivas ha sido utilizado por todos los famosos oportunistas del siglo XX, es de herencia de la II Internacional, es decir de toda la socialdemocracia europea incluyendo desde kautskistas hasta los mencheviques y los trotskistas. Bajo esta teoría se ha justificado que los países semifeudales con poco desarrollo del capitalismo y de un bajo nivel de desarrollo de fuerzas productivas y con escaso números de proletarios, no podrían políticamente hegemonizar la revolución ni económicamente transitar al socialismo, con lo que necesitarían un desarrollo del capitalismo mayor para ello. Sobra decir que esta teoría era opuesta a Lenin, Stalin y Hoxha quienes defendían que los proletarios aunque escasos pueden atraerse en alianza al gran número de pequeño burgueses en estos países y resolver las tareas anticoloniales, antifeudales y pasar luego a la construcción el socialismo sin pasar por el capitalismo desarrollado, lo acientífico de dicha teoría oportunista, y la lógica del pensamiento marxista-leninista, fue corroborado con la revoluciones en Rusia, Albania y otros países como las propias repúblicas asiáticas de la Unión Soviética.

Imperialismo y colonialismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2018

Mapa de África a principios del siglo XX

«El negar o tener una concepción errada de la teoría leninista del imperialismo conlleva consciente o inconscientemente el postular teorías que lastran la estrategia revolucionaria e incluso que son directamente reaccionarias.

«Ideólogos» como Shuterland, los maoístas de distintos pelaje, los viejos fósiles brezhnevistas, o alguno de los variopintos tercermundistas como es el caso de los «socialistas del siglo XXI», y tantos otros, nos ofrecen unos esquemas sobre el llamado imperialismo que lejos de contribuir a la lucha antiimperialista hacen un flaco favor a la causa, unos con teorías idealistas y utópicas, otros con teorías directamente lacayunas.

Algunos debido a sus escasos conocimientos en materia geopolítica, económica y sobre todo en líneas generales de desconocimiento del marxismo-leninismo, no solo confunden y niegan el peligro de las relaciones neocoloniales, sino que también olvidan que los países imperialistas de la actualidad siguen ejerciendo una opresión nacional y/o colonial, ante lo cual guardan un silencio o emiten declaraciones nauseabundas negando el estatus colonial que todavía existen en varios territorios, teorizando diversas tesis sobre que esos territorios «han sido asimilados e igualados» al de las metrópolis que en su día les colonizó, y que por tanto estas zonas «ya no son colonias», dando carpetazo al tema, negando la cuestión nacional y colonial en nuestra época. Esto viene de no comprender para nada el funcionamiento del sistema imperialista en estos territorios y las vicisitudes que se pueden presentar, así las maniobras y la propaganda de los gobiernos imperialistas sobre estos territorios,  a los cuales niegan el derecho de autodeterminación, son seguidos a pies puntilla por estas gentes.

Otros pretenden demostrar que como en algunas ocasiones el imperialismo ha concedido la soberanía estatal y ha dejado configurarse como Estado independiente a sus viejas colonias se habría demostrado que el imperialismo ha mutado e incluso que se ha vuelto altruista hacia los países subdesarrollados. No reconocen que esta independencia estatal se ha ganado a base de lucha y sangre en la mayoría de ocasiones, y que en otras los propios imperialistas no han visto rentable el continuo gasto de la presencia militar y todo el material destinado a mantener la colonia bajo sus manos, siendo estas las causas principales de los nuevos Estados neocoloniales. Pero todavía algunos cometen otro error más vulgar, el creer que con la consecución de la independencia estatal estos países han alcanzado soberanía político-económica, proclaman automáticamente que son estandartes del antiimperialismo sin pararse a ver el desarrollo de dichos gobiernos una vez alcanzada la independencia estatal. La gran mayoría de ellos una vez adquirido la soberanía estatal han caído en la dependencia económica de los imperialistas e incluso a veces de sus mismos viejos amos coloniales, convirtiéndose así de colonias a neocolonias; independientes estatalmente pero dependientes económicamente y por extensión políticamente. Acabaron enredados a través de deudas, pactos comerciales, invasión de capital extranjero y pactos militares que les inmovilizan.

Analicemos estas dos visiones revisionistas sobre el imperialismo y su forma de dominación colonial y neocolonial.

La RAE para las acepciones sobre colonias, nos dice:

«Colonia. Del lat. colonia, de colōnus «labrador», «colono». 1. f. Conjunto de personas que, procedentes de un territorio, se establecen en otro. 2. f. Territorio o lugar donde se establece una colonia. 3. f. Territorio fuera de la nación que lo hizo suyo, y ordinariamente regido por leyes especiales. 4. f. Territorio dominado y administrado por una potencia extranjera». (RAE)

El colonialismo se ha dado históricamente en diferentes regímenes económicos, ya en la época esclavista se pueden detectar las famosas colonias fenicias o griegas por ejemplo, pero al ser diferentes épocas y modelos de producción las colonias respondían a otras motivaciones que no son exactamente iguales a las del capitalismo. Es más incluso podríamos decir que el modelo colonial en una misma época como fue la Edad Antigua de los griegos y fenicios no era igual del todo: mientras los primeros priorizaban colonias con un gran número de colonos y cierta presencia militar reseñable, dichas colonias siempre estaban motivadas por la crisis en las polis griegas y el excedente de población, entre tanto establecían en las colonias centros para la obtención de metales por ello los enclaves se localizaban cerca de las cuencas metalíferas para luego comerciar. Por otro lado los fenicios y sus motivaciones coloniales estaban basados en dar salida a sus productos locales y la búsqueda de nuevos mercados, aunque luego también tendría que ver el crecimiento demográfico como en el caso griego, pero preferían establecer factorías en pequeñas penínsulas o islas y centrarse en el comercio, generalmente con un reducido número de colonos y escasas fortificaciones. Eso no quita que en ambos casos sería ridículo no contemplar el uso de la violencia cuando los pactos entre colonos con las élites locales no fructificasen y fuese necesario el uso militar, cosa que se le olvida comentar a los historiadores, pintando a estas colonias como unas relaciones armoniosas y totalmente pacíficas con los indígenas locales. En todo caso, estas diferencias sobre las colonias en la época esclavista ya dan a entender la complejidad intrínseca del colonialismo en una misma época y en un mismo sistema económico, imagínese el lector, que patético sería como hacen algunos, pretender decir que el colonialismo siempre ha sido igual en todas las épocas. 

Si nos retrotraemos ya hasta la época capitalista el colonialismo no solamente se dio como consecuencia de las aspiraciones supremacistas de una burguesía de tipo nacionalista que deseaba «dominar el mundo» bajo distintas teorías raciales legitimadoras, ni tan solo por las posiciones estratégico-militar ventajosas de las zonas conquistadas, sino que al estudiar este fenómeno debe acentuarse el factor económico del nuevo sistema.

martes, 2 de enero de 2018

Neokantismo; Mark Rosental y Pavel Yudin, 1946


«NEOKANTISMO. — El neokantismo es una de las corrientes filosóficas más importantes de la segunda mitad del siglo XIX que reproducía y elevaba a la categoría de sistema lodo lo peor, lo reaccionario, lo muerto y lo idealista-subjetivo que había en la filosofía de Kant. El neokantismo surgió como una reacción contra el materialismo científico-naturalista de Buchner, Moleschot y otros, que se había divulgado después de la Revolución de 1848; más tarde, el filo de la crítica del neokantismo fue dirigido contra el marxismo. El neokantismo se  divulgó en Alemania, Italia y Rusia. Su florecimiento corresponde a las décadas del 80 y 90. Después de la guerra imperialista mundial de 1914-1918, cedió su lugar a una corriente más reaccionaria aún; el neohegealismo. Los primeros lanceros del neokantismo en la década del 50 al 60, fueron el físico Helmholtz y los filósofos Liebman, Ziegler y Lange, que trataron de conciliar la ciencia con los aspectos idealistas de la doctrina kantiana. Así, Helmholtz destacaba en la doctrina de Kant la incognoscibilldad de las «cosas en sí»; Lange afirmaba que el materialismo, como principio y concepción del mundo, es estéril; sólo sirve como método de Investigación; Llebman veía en las «cosas en sí» restos de metafísica, una «gota de sangre extraña». Fue así como los neokantianos no sólo predicaron «un retorno a Kant», sino que criticaron a este filósofo por sus concesiones al materialismo. La revisión idealista de la doctrina de Kant alcanzó su culminación en las dos principales escuelas del neokantismo: la de Marburgo 
Cohen, Natorp, Cassirer y la de Freiburgo Windelbond, Ricltert. El neokantismo llegó rápidamente a ser la filosofía casi oficial de la Segunda Internacional. Bernstein, Kaútsky, M. Adler, Vorlaender y otros trataron de conciliar el neokantismo con el marxismo». (Mark Rosental y Pavel YudinDiccionario filosófico marxista, 1946)

Los intereses del pueblo español no pueden coincidir con los del Mercado Común; Elena Ódena, 1973


«Lejos de nosotros el lamentarnos porque de pronto los financieros e industriales en nuestro país descubren que en definitiva los Estados que componen el Mercado Común son rapaces capitalistas y que como tales tratan de apretar las clavijas a los más débiles.

Es cierto que sobre la base de condicionar a su favor a los menos fuertes, los países más fuertes tratan en la medida en que las contradicciones entre ellos no se lo impide, presentar un bloque común frente a la brutalidad y agresividad económica, comercial y financiera dé los EE.UU. y también de los socialimperialistas rusos; pero siendo este aspecto muy importante, la característica determinante del llamado Mercado Común es la de ser un conjunto de Estados capitalistas, en el seno del cual los más fuertes se aprovechan bajo uno u otro pretexto de los más débiles. Y, naturalmente, esto no ocurre por azar, sino en virtud de la misma esencia y de la naturaleza capitalista e imperialista de los países que lo componen.

Esta apreciación, que ha sido la del Iº Congreso de nuestro Partido de 1973 frente a la cuestión de la adhesión de nuestro país al Mercado Común, ha sido una vez más confirmada por los recientes hechos en tomo a las nuevas negociaciones iniciadas a primeros de julio entre la España franquista y la Comunidad Europea. Ya no se trata de camuflajes de carácter pseudopolíticos para que dicha entidad dicte unas condiciones leoninas respecto a los productos industriales que el Mercado Común pretende exportar a España, sino que trata claramente de obtener un desarme arancelario de un 80 por 100 en los próximos años para sus productos industriales, al mismo tiempo que levantan todo tipo de barreras y limitaciones para las exportaciones de los productos agrícolas españoles, incluido uno de los productos clave de nuestra producción como es el aceite de oliva.

Podríamos decir que estos enjuagues son guiñoleseos, sino fuera porque en definitiva quienes salen perdiendo son siempre las masas trabajadoras; son enjuagues entre bandidos capitalistas, aunque estos bandidos se cubran con pomposos títulos de «ministros»«expertos» en esto y aquello, etc. En lo que sí son expertos todos ellos, es un arte de ver quién engaña a quién, y en ponerse de acuerdo y llegar en definitiva a compromisos descargando las consecuencias de sus chalaneos sobre las espaldas de los pueblos.

España, siendo como es actualmente un país de economía débil y dependiente, está no sólo a la merced de los imperialistas yanquis, sino también, aunque en menor medida, de los demás países capitalistas que tratan por su parte de aprovecharse tanto como pueden de esta situación.

Entre las medidas que los medios oficiales franquistas proponen para hacer frente a las exigencias del Mercado Común, una de ellas es la de acelerar el proceso de concentración y fusión de empresas para hacerlas «más rentables», y otra la de evitar que los costos sociales de la producción graven sobre los precios de los productos. En pocas palabras, de un lado hacer más difícil la existencia de las pequeñas y medias empresas, para lo cual el gobierno franquista subvenciona aún más descaradamente a los grandes magnates de la industria y el comercio para así hacer desaparecer a los menos fuertes, y de otro lado, oponerse a toda mejora de las condiciones de empleo de las masas trabajadoras y a toda subida de salarios.

Resulta archievidente cuan justa es la oposición de nuestro Partido cuando denunciamos los trapicheos a espaldas y en detrimento de nuestro pueblo por ingresar en el Mercado Común, ya que dicho ingreso sólo puede beneficiar, como vemos, a los sectores oligárquicos en el Poder.

Salta también a la vista, cómo la posición ante esta cuestión del renegado Carrillo de pronunciarse a favor de la adhesión de España al Mercado Común, no coincide con los intereses de la economía española en su conjunto y aún mucho menos de las masas trabajadoras, sino exclusivamente con los intereses de las castas oligárquicas, fascistas y ultrarreaccionarias que desde el aparato del Estado, y sirviéndose del erario público van a preparar sus negocios en su beneficio exclusivo.

Pretender encubrir con complicadas explicaciones «supertécnicas» la necesidad del ingreso de España en el Mercado Común, es echar arena a los ojos de las masas trabajadoras, engañarlas para mejor servir a los intereses de los oligarcas fascistas, los cuales sí están interesados en entrar en el tinglado europeo, para participar conjuntamente con sus «socios europeos» en la explotación y opresión de las masas trabajadoras de Europa.

Finalmente, es de señalar que dada la dependencia y los estrechos vínculos de toda nuestra economía especialmente los sectores más importantes, respecto al capital norteamericano, y cuenta habida del papel de trampolín y de intermediaria de la dictadura franquista al servicio de los intereses yanquis, ésta hará cuanto pueda por integrarse de uno u otro modo al Mercado Común, pese a las voces disidentes y a las reservas que se manifiestan entre los sectores más fuertes de nuestra economía, tanto en la agricultura como en la industria». (Elena Ódena; Los intereses del pueblo español no pueden coincidir con los del Mercado Común, 1973)

Anotaciones de Bitácora (M-L):