Mostrando entradas con la etiqueta Citas y reflexiones de Bitácora M-L. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Citas y reflexiones de Bitácora M-L. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de mayo de 2026

¿Bajo qué condiciones pueden participar los revolucionarios en un gobierno provisional?

«El problema de la participación de la socialdemocracia en un gobierno provisional revolucionario ha adquirido actualidad, no tanto por la marcha de los acontecimientos como por las consideraciones teóricas hechas al respecto por socialdemócratas de cierta tendencia. Hemos analizado en dos artículos −núms. 13 y 14− las manifestaciones de Martínov, el primero que puso sobre el tapete este asunto. Pero parece que el interés por este problema es tan grande, y los malentendidos originados por las manifestaciones del citado autor −véase, en especial, el núm. 93 de Iskra− alcanzan proporciones tan tremendas, que es indispensable volver a ello. Sea cual fuere la opinión que les sugiera a los socialdemócratas la probabilidad de que en un futuro próximo tengamos que resolver este problema, y no sólo en teoría, en todo caso el partido necesita ver claro en cuanto a sus objetivos inmediatos. Si no se da una respuesta clara a esta pregunta, no será ya posible realizar una propaganda y una agitación coherentes y libres de vacilaciones u oscuridades.

Tratemos de reconstruir la esencia de la controversia. Si no deseamos sólo concesiones por parte de la autocracia, sino su efectivo derrocamiento, debemos proponernos la sustitución del gobierno zarista por un gobierno provisional revolucionario, que por una parte convoque una asamblea constituyente basada en el sufragio universal, igual, directo y secreto, y que por la otra se halle en condiciones de asegurar una libertad completa durante el período de elecciones. Pues bien, surge la pregunta de si es lícito que el Partido Obrero Socialdemócrata participe en un gobierno provisional revolucionario de este tipo. Este interrogante lo formularon por primera vez los representantes del ala oportunista de nuestro partido, en particular Martínov, antes del 9 de enero, y tanto él como Iskra se pronunciaron por la negativa. Martínov procuró llevar hasta el absurdo las concepciones de los socialdemócratas revolucionarios, a quienes intentó amedrentar con la perspectiva de que, en caso de organizar con eficacia la revolución y de asumir nuestro partido la dirección de la insurrección popular armada, nos veríamos obligados a participar en un gobierno provisional revolucionario. Y esta participación sería, según ellos, una inadmisible «toma del poder» una «vulgar actitud a lo Jaurès», intolerable en un partido socialdemócrata de clase.

Detengámonos en las argumentaciones de los partidarios de este concepto. Si entramos en el gobierno provisional, se nos dice, la socialdemocracia tendrá en sus manos el poder, y la socialdemocracia, como partido del proletariado, no puede tener en sus manos el poder sin tratar de poner en práctica nuestro programa máximo, es decir, sin tratar de llevar a cabo la revolución socialista. Ahora bien, si se lanzase a semejante empresa, sufriría inevitablemente, hoy, un descalabro, se desacreditaría y no haría más que favorecer a la reacción. Por consiguiente, debe considerarse inadmisible la participación de la socialdemocracia en un gobierno provisional revolucionario.

Esta argumentación se basa en un error: confunde la revolución democrática con la revolución socialista, la lucha por la república −incluyendo todo nuestro programa mínimo− con la lucha por el socialismo. En efecto, la socialdemocracia sólo conseguiría desacreditarse si se trazase como objetivo inmediato la revolución socialista. Pero la socialdemocracia ha luchado siempre precisamente contra estas ideas oscuras y confusas de nuestros «socialistas revolucionarios». Por ello insistió siempre en el carácter burgués de la revolución inminente en Rusia, y por ello sostuvo la necesidad de distinguir en forma rigurosa entre el programa mínimo democrático y el programa máximo socialista. Algunos socialdemócratas, que se inclinan a ceder ante la espontaneidad, podrían olvidar todo esto en el curso de la revolución, pero el partido en su conjunto no lo olvida. Los partidarios de esta opinión errónea se prosternan ante la espontaneidad y creen que la marcha de las cosas obligará a la socialdemocracia, en semejante situación, a emprender la realización de la revolución socialista contra su voluntad. De ser así, nuestro programa sería falso, no correspondería a la «marcha de las cosas», y precisamente a esto le temen los adoradores de la espontaneidad; temen que nuestro programa sea falso. Pero sus temores −cuyo fondo psicológico hemos procurado analizar en nuestros artículos− no pueden ser más infundados. Nuestro programa es correcto. Y la marcha de las cosas se encargará de confirmarlo indefectiblemente, con tanta mayor fuerza cuanto más tiempo pase. La marcha de las cosas nos «impondrá» la imperiosa necesidad de luchar con tenacidad por la república y, en la práctica, orientará en esta dirección nuestras fuerzas, las fuerzas del proletariado políticamente activo. La marcha de las cosas nos impondrá de modo inevitable, en el curso de la revolución democrática, una muchedumbre tal de aliados procedentes del campo de la pequeña burguesía y el campesinado, y cuyas necesidades reales exigirán la realización del programa mínimo, que los temores de un paso demasiado apresurado al programa máximo resultan sencillamente ridículos.

lunes, 5 de julio de 2021

La Escuela de Gustavo Bueno y su promoción de la religión como «esencia de la españolidad»; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


[Publicado originalmente en 2020 y reeditado en 2021]

«Falange Española no puede considerar la vida como un mero juego de factores económicos. No acepta la interpretación materialista de la historia. Lo espiritual ha sido y es el resorte decisivo en la vida de los hombres y de los pueblos. Aspecto preeminente de lo espiritual es lo religioso. Ningún hombre puede dejar de formularse las eternas preguntas sobre la vida y la muerte, sobre la creación y el más allá. A esas preguntas no se puede contestar con evasivas; hay que contestar con la afirmación o con la negación. España contestó siempre con la afirmación católica. La interpretación católica de la vida es, en primer lugar, la verdadera; pero es, además, históricamente, la española. Por su sentido de catolicidad, de universalidad, ganó España al mar y a la barbarie continentes desconocidos. Los ganó para incorporar a quienes los habitaban a una empresa universal de salvación. Así, pues, toda reconstrucción de España ha de tener un sentido católico». (José Antonio Primo de Rivera; Falange Española número 1, noviembre, 1933)

Después de Falange, parece ser que ahora, gracias al inestimable servicio de Vox y la Escuela de Gustavo Bueno, ellos nos enseñan cuál es y debe de ser la esencia de España –nótese la ironía–:

«España desde su constitución como Imperio –es decir, desde su constitución como sociedad política– ha sido siempre una monarquía. (...) España es una sociedad católica –y no protestante, ni islámica, ni judía, por ejemplo– en cuanto que buena parte de las costumbres de sus habitantes están determinadas por el ceremonial católico». (Santiago Abascal y Gustavo Bueno; En defensa de España. Razones para el patriotismo español, 2008)

Por si alguien quiere seguir riéndose a carcajadas con las ilusiones de estos monaguillos, dejaremos una última cita:

«@armesillaconde: La gente que dice que la religión católica no les influye, pero luego no tienen problemas en irse de puente en festividad religiosa, tienen nombres de santos, o comen jamón y beben vino sin darse cuenta de que esto es producto de la Reconquista contra el Islam. En fin». (Twitter; Santiago Armesilla, 20 de octubre de 2020)

Este es su nivel de razonamiento. Esta es la forma en que este «sujeto», por ser bondadosos, enlaza y conjuga los conceptos que milagrosamente llegan a su masa encefálica. 

¡Los discípulos del señor Bueno no cesan de hacer el ridículo! Preguntamos a Armesilla, ¿acaso el musulmán que se salta su código religioso y consume jamón está cometiendo un acto de conversión al catolicismo? Es infinitamente absurdo creer seriamente que reproducir las herencias totalmente secularizadas de la tradición cristiana —nombres, fiestas y demás— implica «ser católico», ni siquiera «ser católico culturalmente». Es de una chapuza intelectual increíble.

«@armesillaconde: En las religiones no se cree. Se cree en deidades, pero lo positivo –empírico– de las religiones no son los dioses, sino sus instituciones históricas que moldean sociedades enteras». (Twitter; Santiago Armesilla, 19 de octubre de 2020)

Una vez más Armesilla mostrando su antimarxismo: lo que define y moldea una sociedad son las relaciones de producción y el grado de desarrollo de las fuerzas productivas, pero para estos discípulos de Bueno no fueron los intereses de clase los que hicieron que una u otra religión fuera la dominante, sino la religión en sí y sus cualidades «innegablemente positivas» sobre el pueblo. Y claro, si el pueblo español el mejor, también tendrán que tener la máxima religión, ¿para algo Jesús nació en Albacete y no en Nazaret como dice la «Leyenda negra» judeo-británica, no? Armesilla está inmerso en una ardua investigación sobre eso, ya verán. Lo bueno, lo positivo según Armesilla, son las instituciones religiosas, es decir, debemos dar gracias a la Iglesia Católica y el «nacionalcatolicismo» de Franco por su gran labor en «moldear» toda una generación. Qué se lo pregunten a las mujeres revolucionarias que fueron ultrajadas y obligadas a la reeducación de la Sección Femenina de Falange y, para más inri, en muchas ocasiones apartadas de sus hijos. ¡Oh, Dios, damos a ti las gracias!...  ¿por el fascismo?

Esta es la misma gente que defiende la tauromaquia o el catolicismo, porque son «marcas inalterables de España, su esencia». ¿Es esto compatible con el discurrir del pensamiento marxista? Ni de lejos:

«Y no es, ni mucho menos, fortuito que el programa nacional de los socialdemócratas austríacos imponga la obligación de velar por «la conservación y el desarrollo de las particularidades nacionales de los pueblos». ¡Fijaos bien en lo que significaría «conservar» tales «particularidades nacionales» de los tártaros de la Transcaucasia como la autoflagelación en la fiesta del «Shajsei-Vajsei» o «desarrollar» tales «peculiaridades nacionales» de los georgianos como el «derecho de venganza»! Este punto estaría muy en su lugar en un programa rabiosamente burgués-nacionalista». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin; El marxismo y la cuestión nacional, 1913)

sábado, 10 de abril de 2021

¿Cuál es la relación entre el capital y la jornada laboral del asalariado?

«El capitalista ha comprado la fuerza de trabajo por su valor diario. Le pertenece el valor de uso de la misma durante una jornada laboral. Ha obtenido el derecho, pues, de hacer que el obrero trabaje para él durante un día. ¿Pero qué es una jornada laboral? En todo caso, menos de un día natural de vida. ¿Y cuánto menos? El capitalista tiene su opinión sobre esa última Thule, el límite necesario de la jornada laboral. Como capitalista, no es más que capital personificado. Su alma es el alma del capital. Pero el capital tiene un solo impulso vital, el impulso de valorizarse, de crear plusvalor, de absorber, con su parte constante, los medios de producción, la mayor masa posible de plustrabajo. El capital es trabajo muerto que sólo se reanima, a la manera de un vampiro, al chupar trabajo vivo, y que vive tanto más cuanto más trabajo vivo chupa. El tiempo durante el cual trabaja el obrero es el tiempo durante el cual el capitalista consume la fuerza de trabajo que ha adquirido. (...) El capitalista, pues, se remite a la ley del intercambio mercantil. Al igual que cualquier otro comprador, procura extraer la mayor utilidad posible del valor de uso que tiene su mercancía. La variación de la jornada laboral oscila pues dentro de límites físicos y sociales. Unos y otros son, sin embargo, de naturaleza muy elástica y permiten la libertad de movimientos. Encontramos, así, jornadas laborales de 8, 10, 12, 14, 16, 18 horas, o sea de las extensiones más disímiles. (...) Ni qué decir tiene, por de pronto, que el obrero a lo largo de su vida no es otra cosa que fuerza de trabajo, y que en consecuencia todo su tiempo disponible es, según la naturaleza y el derecho, tiempo de trabajo, perteneciente por tanto a la autovalorización del capital. Tiempo para la educación humana, para el desenvolvimiento intelectual, para el desempeño de funciones sociales, para el trato social, para el libre juego de las fuerzas vitales físicas y espirituales, e incluso para santificar el domingo y esto en el país de los celosos guardadores del descanso dominical. Pero en su desmesurado y ciego impulso, en su hambruna canina de plustrabajo, el capital no sólo transgrede los límites morales, sino también las barreras máximas puramente físicas de la jornada laboral. Usurpa el tiempo necesario para el crecimiento, el desarrollo y el mantenimiento de la salud corporal. Roba el tiempo que se requiere para el consumo de aire fresco y luz del sol. Escamotea tiempo de las comidas y, cuando puede, las incorpora al proceso de producción mismo, de tal manera que al obrero se le echa comida como si él fuera un medio de producción más, como a la caldera carbón y a la maquinaria grasa o aceite. Reduce el sueño saludable necesario para concentrar, renovar y reanimar la energía vital a las horas de sopor que sean indispensables para revivir un organismo absolutamente agotado. En vez de que la conservación normal de la fuerza de trabajo constituya el límite de la jornada laboral, es, a la inversa, el mayor gasto diario posible de la fuerza de trabajo, por morbosamente violento y penoso que sea ese gasto, lo que determina los límites del tiempo que para su descanso resta al obrero. El capital no pregunta por la duración de la vida de la fuerza de trabajo. Lo que le interesa es únicamente qué máximo de fuerza de trabajo se puede movilizar en una jornada laboral. Alcanza este objetivo reduciendo la duración de la fuerza de trabajo, así como un agricultor codicioso obtiene del suelo un rendimiento acrecentado aniquilando su fertilidad». (Karl Marx; El Capital, Tomo I, 1867)

sábado, 16 de enero de 2021

¿Qué pretenden los nacionalistas al reivindicar o manipular ciertos personajes históricos?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


«Como la experiencia del movimiento obrero nos enseña, el oportunismo como regla va de la mano con el nacionalismo, y sobre todo en la forma de «socialnacionalismo». (...) Utilizando para ello, como hasta ahora, todos los residuos de prejuicios nacionalistas todavía no enterrados. (...) El contenido del oportunismo y del nacionalismo, es una u otra forma de acuerdo o acercamiento con la burguesía». (Bolesław Bierut; Para lograr la completa eliminación de las desviaciones derechistas y nacionalistas, 1948)

A Roberto Vaquero le parece una injusticia que el nacionalismo catalán pueda reivindicar sin complejos a ciertas figuras y que él no pueda revelar su admiración por las suyas sin recibir una dura reprimenda:

«Cuando los independentistas catalanes burgueses como el PDCAT, ERC o la CUP critican que la gente reivindique la historia de España como propia por ser reaccionaria o feudal, se contradicen así mismos. ¿Por qué ellos pueden reivindicar a Jaime I el conquistador, los almogávares, el reino de Aragón o el ducado de Atenas y, sin embargo, cuando se hace lo mismo con otras figuras históricas nos convertimos automáticamente en fascistas? (...) ¿Por qué esto sí es algo bueno mientras que reivindicar a Alfonso VIII de Castilla, la hispanidad, al Cid y otros muchos ejemplos es feudal y reaccionario?». (Roberto Vaquero; ¿Cómo reconstruir la izquierda revolucionaria en España? Combatividad, principios, organización y cultura, 2020)

¿Qué propone para contrarrestar las historias fantasiosas y anacrónicas del nacionalismo catalán? ¡Contraponerlas a las del nacionalismo español! Pero esta reivindicación infantil, meramente folclórica y acrítica, es repetir la línea oportunista del anarquismo durante los años 30; movimiento que, como sus integrantes reconocían, sentía no haber podido alcanzar un acuerdo táctico con el falangismo dadas las «semejanzas sobre la patria» que ambos anhelaban.

«Igualmente, en los cientos de poemas anarquistas de la guerra civil, obra de periodistas confederales como Antonio Agraz, Félix Paredes o el editor del periódico madrileño CNT José García Pradas, pero también de milicianos anónimos, adquirió frecuencia e intensidad crecientes desde 1937 la apelación a la «madre España», a la «raza indómita», a las gestas históricas del pueblo español y su pasado combativo e insurgente, incluyendo vindicaciones de personajes como el Cid Campeador, el conde Fernán González, los conquistadores de América o el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba». (Xosé Manoel Núñez Seixas; ¡Fuera el invasor! nacionalismos y movilización bélica durante la guerra civil española (1936-1939), 2006)

viernes, 13 de noviembre de 2020

Las labores de asistencialismo: imagen y negocio

«El asistencialismo populista de Reconstrucción Comunista (RC) no es un fenómeno novedoso, pues se ha dado en múltiples sociedades, tanto por parte de los gobiernos como de grupos disidentes al mismo:

«¿Qué es el populusmo? Si nos plegamos a sus raíces etimológicas tendríamos que comprenderlo como relativo a pueblo; pero resulta evidente que los términos evolucionan en su contenido y significado y se alejan de sus raíces. Dicho esto, y a efectos de este espacio, populismo es aquella «estrategia» en el marco del ejercicio del poder –como gobernante o como opositor– bajo la dictadura de la burguesía ya sea en su forma democrático burguesa o en su forma fascista que es indisoluble a la demagogia, el pragmatismo y el oportunismo. Su función principal es enmascarar el verdadero sentido de las políticas que tienen por objeto el fortalecimiento de la clase en el poder pero justificadas en un «pretendido bien superior»; por ejemplo y el más común: «el bien general del pueblo»; dicho de otro modo, su objetivo es la alienación de las masas.

Vale decir que el populismo no es una característica exclusiva de la izquierda burguesa –revisionista, reformista, etc.–, sino de todo el espectro político burgués, su cara visible es el asistencialismo-caritativo; por ejemplo: el ultraderechista Álvaro Uribe desarrolló en Colombia programas de asistencia escolar, merienda escolar, programas de vivienda, etc., al tiempo que profundizaba el vaciamiento de contenido de los derechos económico-políticos a través de la extinción de los derechos laborales, etc. El mismo procedimiento emplean los gobernantes de izquierda burguesa en Latinoamérica que engañan a los pueblos diciendo que ese asistencialismo es un embrión del socialismo, cuando se trata del capitalismo de siempre. Lo esencial a comprender es que esta estrategia, allá donde se ejerce, tiene como finalidad aminorar las «condiciones objetivas» que conduzcan a procesos revolucionarios proletarios; al tiempo que con la propaganda reducen las «condiciones subjetivas». Es decir, es un mecanismo destinado a prolongar artificialmente al capitalismo en crisis, no obstante, a veces se desarrolla con objetivos meramente cosméticos, los ejemplos más oportunos son los «programas sociales» de las entidades empresariales monopólicas. El fascismo también ha utilizado de forma constante el populismo, sobre todo desde la oposición política –a veces sirviendo como trampolín al poder–. Lo ha hecho apoyándose en casos de corruptelas del gobierno burgués de turno –jurando que ellos acabarían con esa corrupción–, de humillaciones nacionales de la Patria por otras potencias –jurando restablecer ante el pueblo el «honor nacional»–, pretendiendo sentir repulsa por los «abusos de las clases altas» –clamando su fin– y queriéndose proclamar siempre como una «tercera vía» entre los «abusos de las clases altas» hacia el pueblo y el radicalismo y ateísmo del marxismo que quiere destruir a las clases altas como tal –hablamos de «clases altas» y no de clases explotadoras, siguiendo el hilo de que los fascistas no reconocen los análisis marxistas sobre la plusvalía y no ven explotación en el sistema capitalista–, elementos que desembocan en engañar a las masas trabajadoras, distraerlas y desviarlas de la revolución». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico: Populismo, 2015)

En España varios grupos fascistas lo realizan todos los días, con fines propagandísticos evidentes. Véase el caso de Bastión Frontal con sus recogidas de alimentos (*) y sus torneos solidarios (**):

viernes, 16 de octubre de 2020

¿Cómo pasará a la historia Raúl Marco? ¿Como un revolucionario consecuente o como un renegado?

«Un oportunista, es un oportunista, esté vivo, muerto o en coma, y así hay que decirlo.

A estos sujetos no hay que ensalzarlos, ni en vida ni en su muerte. Hay que señalar sus defectos, si queremos avanzar del atolladero actual donde el revisionismo hegemoniza todo. 

En cuanto a la demagogia de que «hay que estar con la familia y su dolor», insistimos, no era nuestro «camarada», y quien tiene que guardarle luto y beatificarlo como un mártir del movimiento ecléctico son otros. Esta excusa nos recuerda a cuando falleció Castro en 2016 y repasamos las amistades de este dinosaurio revisionista con la reacción –Franco, Jruschov, Fraga, Videla, entre otros–, pero algunos todavía pedían «comprensión» en «un día señalado». ¿Se imaginan a los revolucionarios pidiendo «respeto» ante el fallecimiento de Jruschov en 1971 o Alia en 2011? Ridículo. Palabrería sentimentalista.

Marx dijo: «La ignorancia nunca ha ayudado a nadie». Esto todavía retumba». (Equipo de Bitácora (M-L); Sobre la muerte del infame Martin Licata, 2018)

«En materia de militancia revolucionaria, no ignoramos que el principio de la unidad a todo precio, es uno de los argumentos que por lo general utilizan de manera deshonesta y cínica los revisionistas españoles para así retener bajo su influencia a no pocos honrados militantes que en el fondo están en desacuerdo con ellos. Ocurre además que esos mismos militantes honrados y algunas personas progresistas de tendencias marxistas, no pueden comprender como dirigentes que han tenido en el pasado una justa y revolucionaria actuación, hayan podido degenerar en revisionistas contrarrevolucionarios. Pero esto no tiene nada de extraño si examinamos el problema de manera científica dejando de lado todo subjetivismo y sentimentalismo acerca de las personas y su pasado, por muy prestigioso que sea». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Revolución Española, Nº1, 1966)

Muchos de los exmilitantes argumentan que los errores que pudiera cometer el viejo PCE (m-l) tienen que ser explicados por la fuerte presión que se ejerció sobre él. ¿Influyó la represión o la presión ideológica en el debilitamiento del partido? Cierto. ¿Puede un partido ampararse en esa excusa? No. Tenemos los ejemplos de represión que sufrió el partido, como vimos en el primer capítulo del presente documento. Claro que la represión influye, pero jamás es decisiva, al revés, debe ser un combustible para defender los principios con más ahínco. ¿Pero acaso estas experiencias les hicieron más consecuentes? Muchos líderes del PCE (m-l) acabaron viviendo de las rentas de un pasado honorable de lucha contra el franquismo y el carrillismo, como Raúl Marco, incluso del halo de haber sido blanco de la represión franquista en sus carnes, como Manuel Blanco Chivite o Pablo Mayoral. Pese a esto, todos ellos traicionaron los principios del partido, aun conociendo sobradamente los axiomas de la doctrina y pese a que fueron testigos de época sobre cómo habían acabado los oportunistas que tomaban tal camino, como Kautsky o el propio Carrillo. No hay excusas posibles.

La lucha entre Raúl Marco y Manuel Chivite a finales de los 80 [*], no fue una lucha entre un grupo de revolucionarios y otro de revisionistas, sino entre dos figuras igualmente oportunistas que usaron a sus fieles para imponer su propia línea revisionista, arrastrando a otra gran parte de la militancia a tomar partido a falta de una propuesta mejor. 

Las andanzas políticas posteriores de Raúl Marco, refundando en 2006 un PCE (m-l) artificial y desprovisto de todo espíritu revolucionario [**] y «sin apriorismos» ideológicos, como él decía, es otra prueba más de que no estamos ante traiciones accidentales.

En el caso de Marco, recuerda a lo que una vez jocosamente dijo Pléjanov de Bernstein, es totalmente inexplicable que alguien tan zafio llegase tan arriba, y dice algo muy malo del partido:

«Lo mismo podría decirse del libro del señor Bernstein: todo en él es disparate y sonido de palabras huecas, pero precisamente es esta variedad la que induce a melancólicas reflexiones en el atento lector. En todo lo referente a cuestiones teóricas, el señor Bernstein se muestra el más débil entre los débiles. ¿De qué manera ha podido ocupar en el curso de muchos años uno de los puestos teóricos más conspicuos dentro del partido? Habría que meditar sobre ello. Y no es fácil encontrar una respuesta que nos deje tranquilos». (Gueorgui Plejánov; Cant Against Kant o la voluntad y el testamento de Herr Bernstein, 1901) 

martes, 8 de septiembre de 2020

La teoría del «precariado» y el «rol revolucionario» del «lumpen» según Podemos...


«Entre las teorías socio-económicas que se manejan en Podemos, está la famosa teoría del «precariado», la cual trata de negar en nuestra época la existencia del proletariado como clase social, con las evidentes consecuencias político-ideológicas que se derivarían de dicho hecho tan transcendental. Esto no es casual.

Unos han intentado negar la existencia del proletariado como clase:

«Si los revisionistas e ideólogos modernos de la burguesía cambian el nombre del proletariado, no es sin un propósito determinado. No se trata aquí de una cuestión de mera denominación, sino de la negación de la imperiosa necesidad de derrocar las relaciones sociales mediante la revolución, mediante la violencia. Los revisionistas son conscientes de que si hablamos del proletariado, cuando este último, bajo el capitalismo, solo posee la fuerza de sus brazos, lógicamente se deduciría que debe luchar contra sus explotadores y sus opresores, que debe romper sus cadenas. Es precisamente esta lucha, dirigida a la destrucción completa del antiguo poder del capital, lo que aterroriza a la burguesía. Al negar la existencia del proletariado como la principal fuerza revolucionaria de la sociedad y el sepulturero del capitalismo, los revisionistas también quieren allanar el camino para otras tesis antimarxistas. Mientras no haya proletariado tampoco puede haber dictadura del proletariado. Sobre este problema clave de la teoría del socialismo científico, de hecho, todos en el campo revisionista están alineados en las mismas posiciones». (Enver Hoxha; Informe en el VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1976)

viernes, 28 de agosto de 2020

El gustavobuenismo y sus intentos de blanquear a la reacción y el fascismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


[Publicado originalmente en 2020 y reeditado en 2021]

«¿En dónde descansa la demagogia nacionalista de todos estos intelectuales de poca monta? ¿Cuáles son sus referentes ideológicos y trampas argumentativas?:

«Una de las armas favoritas históricas del fascismo español −como de todo fascismo− ha sido la de establecerse y proclamarse como una «tercera vía» entre el marxismo y el liberalismo, entre comunismo y capitalismo, entre el proletariado y la burguesía, pretendiendo ser mediador entre el primero y la segunda, o como reconciliador de ambas clases sociales. Esto se veía reflejado al hablar del régimen a establecer, donde se negaba que el Estado fuese el instrumento de represión de una clase dominante sobre el resto, sino que pretendía valerse de su «neutralidad» para conciliar a todas las clases sociales, evitando las fricciones y consiguiendo la tan ansiada armonía social. En este discurso hay un implícito pretendido fin de las ideologías, exactamente el mismo discurso recuperado por el neoliberalismo hoy a efectos de perpetuar artificialmente la explotación capitalista y los modos de producción, primando la producción a la ideología, o reduciéndola esta a conceptos abstractos bañados en un humanismo hipócrita e irreal. Un discurso que ha hecho suyo desde siempre la socialdemocracia −así como todos los revisores del marxismo−, poniendo por delante el misticismo idealista de una conjunción de intereses artificiales como la llamada «comunidad de destinos de la nación» y su naturaleza «benévola de progreso para todos», anteponiendo un pragmatismo con el fin de mitigar las contradicciones de clase, que una exposición científica del origen de esas contradicciones para resolverlas consecuentemente. (…) Como ya se ha repetido mil veces, el fascismo español recoge la influencia más reaccionaria de filósofos y políticos extranjeros como Fichte, Hegel, Nietzsche, Kierkegaard, Schopenhauer, Bergson, Sorel, Mussolini, Gentile, Marinetti, Hitler, etc. Mientras que en el ámbito nacional recurre a los políticos contrarrevolucionarios de un pasado próximo y a los filósofos modernos entonces de moda: Miguel Primo de Rivera, Unamuno, Ortega y Gasset, Pérez Ayala, Pío Baroja, etc. Todos ellos se hacen notar en cuanto a sus conceptos de moral, bondad, aristocratismo, libertad, progreso, nación, militarismo, individualismo, colectivismo, vitalismo, etcétera». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Era el fascismo español una «tercera vía» entre capitalismo y comunismo?, 2014)


Vinculaciones directas con la más negra reacción

Para empezar, ¿cómo ha sido posible para el gustavobuenismo construir esta égida con una base tan retrógrada como zafia en lo político-filosófico? Muy fácil, gracias a la publicidad con la que todos sus representantes han contado en los medios de comunicación más derechistas del país, más ultras. Por su parte, el periodista Hermann Tertsch, quien con su historial de barbaridades tampoco necesita mucha presentación, antes de incorporarse a Vox comentaría lo siguiente en relación a lo que, según él, han sido dos de las «mayores figuras intelectuales» que ha dado este país:

«En menos de dos años se nos han ido las dos cabezas más brillantes y libres de España, que eran Gustavo Bueno y Antonio Garcia-Trevijano». (Hermann Tertsch; La honradez intelectual y sus enemigos, 2 de marzo de 2018)

viernes, 21 de agosto de 2020

El luxemburguismo es antagónico al leninismo en la cuestión nacional; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«En otra pirueta, digna del mejor espectáculo de eclecticismo, Armesilla elimina una de las polémicas del movimiento obrero del siglo XX y proclama:

«La posición de Rosa Luxemburgo y de Lenin, no está tan contrapuesta como se ha dado a entender». (Santiago Armesilla; Cuestión nacional, dialéctica de Estado y Revolución de Octubre de 1917, 2017)

¡Por supuesto! Su distancia solo es proporcional a la ristra de artículos que Lenin tuvo que dedicar a Rosa Luxemburgo por su errada visión sobre esta cuestión nacional. 

«Rosa Luxemburgo ha abierto las puertas de par en par precisamente a los oportunistas, en particular a las concesiones del oportunismo al nacionalismo ruso. (...) Se nos dice: apoyando el derecho a la separación, apoyáis el nacionalismo burgués de las naciones oprimidas. ¡Esto es lo que dice Rosa Luxemburgo y lo que tras ella repite el oportunista Semkovski, único representante, por cierto, de las ideas de los liquidadores sobre este problema en el periódico de los liquidadores! Nosotros contestamos: no, precisamente a la burguesía es a quién le importa aquí una solución «práctica», mientras que a los obreros les importa la separación en principio de dos tendencias. Por cuanto la burguesía de una nación oprimida lucha contra la opresora, nosotros estamos siempre, en todos los casos y con más decisión que nadie, a favor, ya que somos los enemigos más intrépidos y consecuentes de la opresión. Por cuanto la burguesía de la nación oprimida está a favor de su nacionalismo burgués, nosotros estamos en contra. Lucha contra los privilegios y violencias de la nación opresora y ninguna tolerancia con el afán de privilegios de la nación oprimida. (...) Llevada de la lucha contra el nacionalismo en Polonia, Rosa Luxemburgo ha olvidado el nacionalismo de los rusos, aunque precisamente este nacionalismo es ahora el más temible; es precisamente un nacionalismo menos burgués, pero más feudal; es precisamente el mayor freno para la democracia y la lucha proletaria. En todo nacionalismo burgués de una nación oprimida hay un contenido democrático general contra la opresión, y a este contenido le prestamos un apoyo incondicional, apartando rigurosamente la tendencia al exclusivismo nacional, luchando contra la tendencia del burgués polaco a oprimir al hebreo, etc., etc. Esto «no es práctico», desde el punto de vista del burgués y del filisteo. Pero es la única política práctica y adicta a los principios en el problema nacional, la única que ayuda de verdad a la democracia, la libertad y a la unión proletaria. (...) Tomemos la posición de la nación opresora. ¿Puede acaso ser libre un pueblo que oprime a otros pueblos? No. Los intereses de la libertad de la población rusa exigen que se luche contra tal opresión. La larga historia, la secular historia de represión de los movimientos de las naciones oprimidas, la propaganda sistemática de esta represión por parte de las «altas» clases han creado enormes obstáculos a la causa de la libertad del mismo pueblo ruso en sus prejuicios, etc. Los ultrarreaccionarios rusos apoyan conscientemente estos prejuicios y los atizan. La burguesía rusa transige con ellos o se amolda a ellos. El proletariado ruso no puede alcanzar sus fines, no puede desbrozar para sí el camino hacia la libertad sin luchar sistemáticamente contra estos prejuicios». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)

sábado, 11 de julio de 2020

Cuba, Venezuela y Nicargua como sedes del trotskismo actual...


«Para algunos otros, la lucha contra el trotskismo presupone –lo reconozcan o no– la única lucha ideológica lícita contra el revisionismo –como demuestra su praxis–, suelen ignorar e incluso condenar la lucha de los marxista-leninistas contra el resto de corrientes revisionistas que no sea estrictamente esa. Y de hecho, se llega a la contradicción extrema de criticar al trotskismo, sus tesis, autores y movimientos, cuando a la vez apoyan a corrientes, figuras y regímenes enormemente influenciados por el trotskismo.

De ahí que por ejemplo que veamos a los hooligans del revisionismo cubano hablar contra el trotskismo sin saber remotamente sus fundamentos, pero aún así calificando las opiniones y posiciones de los verdaderos marxista-leninistas como «análisis trotskistas», cuando lo cierto es que el único trotskismo que se estimula es el de «su» régimen castrista, el cual es conocido por recibir y publicitar a autores trotskistas como Eduardo Galeano, Santiago Alba Rico, Marta Harnecker, Atilio Borón, Néstor Kohan, Ignacio Ramonet o Celia Hart; llegando al extremo de financiar directamente al trotskismo y sus representantes como hace la editorial Ciencias Políticas, que publica libros de análisis trotskistas con introducciones de Alan Woods, entrevistas en Granma, así como charlas a través de instituciones como el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP). 

Para nuestros amigos revisionistas esto quizás sea una sorpresa, pero para los que estamos informados esto ya no nos resulta extraño, ya que han existido reconocidos trotskistas dentro del gobierno cubano y sus instituciones, como fue el caso del ex Ministro de Cultura cubano Abiel Prieto [1] o el caso de Frank García Hernández, Investigador del Instituto Cubano de Investigación Cultural. 

En Nicaragua tenemos como paradigma al señor Daniel Ortega o al también infame Carlos Fonseca Terán, que reivindican sin sonrojo a Trotski, Bujarin o Tito en varias de sus obras conocidas [2]. Lo mismo cabe decir de Venezuela y el populismo chavista [3]. En todos estos países el trotskismo no solo es saludado sino que su propaganda es difundida ampliamente con apoyo gubernamental. Es más, salvando las distancias con países como Argentina donde la influencia del trotskismo siempre ha sido notable por sus organizaciones, se puede concluir que el trotskismo no recibe tal apoyo propagandístico y mucho menos de gobierno en ninguna otra parte.

Ha habido un claro esfuerzo por ganarse el favor de la «izquierda» domesticada de Europa y Latinoamérica, esa intelectualidad aburguesada y mercenaria que cambia de referentes según sople el viento pero que sin duda tiene cierta influencia en lugares como las universidades. Ahora... nadie puede pensar que esto ha sido algo altruista, sino una operación premeditada de los gobiernos latinoamericanos. Hemos visto como los Juan Carlos Monedero, Iñigo Errejón o Pablo Iglesias han disfrutado sido asesores de gobierno, han colaborado en diversos «estudios para la región» cobrando notorias sumas de las arcas públicas de dichos países, un nepotismo tan legal como moralmente repudiable. A cambio se comprometieron desde sus medios de comunicación y círculos de influencia a colaborar en el blanqueamiento de estos «gobierno del cambio», algo que se ha hecho sistemáticamente desde los «grandes medios» y los «medios alternativos».

Los servicios prestados del castrismo haciael trotskismo han sido bien recompensados. Pondremos solo un ejemplo palpable... en España, si miramos al grupo trotskista por antonomasia de hoy, Izquierda Anticapitalista, defiende como todos los grupos antitrotskistas de Europa la «dinámica antiimperialista, y el carácter nacional, popular, socialista de la revolución de 1959» (sic), otros grupos trotskistas incluso han hablado de «socialismo», lo que indica una vez más que las difusas y oportunistas acepciones del castrismo sobre lo que es una «revolución», «socialismo», «pueblo» o «antiimperialismo» son similares al trotskismo. 

En este mismo país, varios de los grupos que se dicen antitrotskistas, tienen una visión similar sobre Cuba... desde el todavía eurocomunista PCE [4], su escisión brezhnevista: el PCOE [5], otra vieja escisión brezhnevista del PCE: el PCPE [5], la escisión del PCPE: RC [6], la maoísta IC [7], sin olvidar el castrismo-guevarismo del refundado PCE (m-l) [8], que salvo el nombre no tiene nada que ver con el antiguo, algunos incluso hacen actos específicos en defensa de Cuba. No sin razón, algunos de estos grupos defienden pensamientos trotskistas oportunistas como la idea de que puede existir un Estado políticamente proletario bajo una economía socialista bajo una dirección capitaneada por revisionistas en el partido dirigente.

Como se ve una vez más, el revisionismo se ahoga en su mar de contradicciones». (Equipo de Bitácora (M-L); Sobre el falso antitrotskismo, 3 de enero de 2017)

miércoles, 8 de julio de 2020

¿Existe una «vía masculina» revolucionaria, y una «vía femenina» reformista de hacer política como asegura Pablo Iglesias?


[Post publicado originalmente en 2017]

«@MonederoJC: Llevamos mucho tiempo recordando que necesitamos una matria. La patria de «patrimonio», los bienes vinculados al pater familias– reclama la virilidad del patriarcado. La patria te lleva a la guerra, te hace desfilar. La matria te cuida y responsabiliza. @Yolanda_Diaz_acierta». (Twitter; Juan Carlos Monedero, 17 jul. 2021)

Aprovechando la ola del feminismo, esta «nueva izquierda» afirma ser partidaria de una «noción femenina de las cosas», tanto para las más cotidianas como las más importantes, bien sea para necesidades materiales como para las de mayor índole espiritual. Una de las ideas más estúpidas que ha calado hondamente entre las filas de Podemos –hasta convertirla en un dogma visible– ha sido el aceptar una teoría social repleta de misticismo sobre el papel benévolo que casi siempre habría jugado la mujer en la historia, y no solo eso, sino que también habrían descubierto, en su profundo saber histórico, la «especial sensibilidad» para conocer y sentir (sic) de la mujer. Según aseveran, desligados de las «antiguas creencias y ataduras», esta es la «nueva óptica moderna» desde la cual debemos observar todo si queremos transformar el mundo y a nosotros mismos. De esa forma, pareciera que la mujer en abstracto, como ser inmaculado, tuviera un «sexto sentido» para abordar las cosas de la vida, uno el cual quién sabe por qué razón el varón no logró desarrollar nunca, siendo este último casi que un lamentable error en las postrimerías de la «Biblia del Feminismo». Entre tanto, este «movimiento transversal» hace mucho que izó velas y ha surcado los mares rebosando sapiencia por doquier. De su largo trayecto aseguran haber logrado traernos como «botín» las mejores virtudes desarrolladas por el ser humano a lo largo de su dilatado periplo por La Tierra, y creen, ¡faltaría más!, que esto ha sido gracias al ingenio y bondad de la mujer, por lo que se han esforzado por esquivar en todo momento el mal encarado oleaje de la «ciencia patriarcal», etiqueta que ponen a cualquier movimiento, teoría o personaje que contradiga sus filias ideológicas y sus figuras fetiche. Esta, en resumidas cuentas, es su visión del mundo, aunque el lector podrá encontrar más información en otros lugares de nuestro medio. Véase el capítulo: «¿Vivimos en un patriarcado?» de 2021.

sábado, 16 de mayo de 2020

Lo que algunos olvidan de Julio Anguita...

Pablo Iglesias y Julio Anguita, alumno y mentor

«Ya hemos hablado del origen de Podemos en su núcleo, pero habría que hablar de la periferia al núcleo fundador. ¿Pero por quienes han estado apadrinados estos líderes?

No cabe duda que Podemos ha venido a ser también la nueva apuesta del revisionismo que estaba en el ostracismo por voluntad o por obligación, ha sido una oportunidad no solo para el trotskismo marginal, sino también para personajes defenestrados.

Este es el caso de Julio Anguita, ex Secretario General del Partido Comunista de España (PCE) y líder de Izquierda Unida (IU) hasta 1998. ¿Y quién era este señor? 

Una parte del revisionismo reivindica eufórica la figura de Anguita como «aquel que restauró el leninismo» y «devolvió la gloria perdida al PCE». Algunos incluso citan como prueba la fusión en 1989 con parte del ala brezhnevista que anteriormente se había escindido del PCE con Ignacio Gallego a la cabeza formando el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE). Pero esto no pasó de ser uniones y desuniones entre viejos dinosaurios del revisionismo, entre agrupaciones ya intrascendentes.

Aquí lo importante es comprende que Anguita jamás vio nada incompatible entre el carrillismo y el leninismo:


«Julio Anguita: Yo leí «Eurocomunismo y Estado» [De Carrillo, publicada en 1977] y entonces no noté allí nada que tuviese entidad propia. A mí el partido me había enseñado que el socialismo es libertad, que luchábamos por la democracia, de modo que «Eurocomunismo y Estado» no venía a contarme nada nuevo». (Juan Andrade Blanco; Atraco a la memoria: Recorrido histórico por la vida de Julio Anguita, 2015)

viernes, 24 de abril de 2020

Medidas extraordinarias, filantropía y caridad de los explotadores en tiempos de crisis; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


[Publicado originalmente en 2020. Reeditado en 2021]

«Antes de abordar el tema de las «medidas extraordinarias» y las «aportaciones filantrópicas», hay que ponernos en contexto sobre lo que suele ocurrir ante este tipo de crisis, como puede ser hoy la actual pandemia.

a) ¿Cómo se preparan los gobiernos para afrontar el desastre?

El gobierno de España, y muchos otros del resto del mundo, se están viendo obligados a implementar medidas extraordinarias:

«En una rueda de prensa desde la Moncloa, Ribera defendió las medidas adoptadas por el Gobierno para garantizar suministros esenciales como la luz, el gas natural y el agua en este estado de alarma y aseguró que «ningún español que piense que está pasando una situación de dificultad va a sufrir ningún corte» de ninguno de ellos». (El Confidencial; El Gobierno modificará el bono social para incluir a los afectados por el coronavirus, 19 de marzo de 2020)

En materia logística y de mando de la sanidad es de destacar que:

«Por primera vez en la historia de la democracia España dejará de tener 18 sanidades diferentes, la militar más las de las 17 comunidades autónomas, Un 155 sanitario, como han dicho algunos presidentes autonómicos. No se nacionaliza la Sanidad como explicó ayer el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pero se pone «al servicio del Ministerio de Sanidad todas las instituciones civiles, militares, públicas y privadas». (ABC; La Sanidad queda bajo un mando único en España por el coronavirus, 16 de marzo de 2020)

Entre otras medidas, se ha dado una moratoria hipotecaria:

«Se considera que un cliente está en situación de vulnerabilidad cuando «el deudor hipotecario pase a estar en situación de desempleo o, en caso de ser empresario profesional, sufra una pérdida sustancial de sus ingresos o una caída sustancia de sus ventas». También se considerará que es beneficiario de esta medida los clientes que hayan rebajado sus ingresos hasta el equivalente a a tres veces el IPREM anual de 14 pagas». El IPREM está situado en 7.519,59 euros anuales. Otra manera de considerar a un deudor como vulnerable es «cuando el esfuerzo que representa la carga hipotecaria sobre la renta familiar se haya multiplicado por al menos 1,3» a causa de la bajada de ingresos. Si se trata de un autónomo, podrá considerarse vulnerable si ha sufrido «una caída» de al menos del 40% de sus ingresos. El borrador con el que trabaja el Gobierno es que la moratoria no «devengarán intereses». (La Vanguardia; El Gobierno impone una moratoria en las hipotecas durante la crisis del coronavirus, 17 de marzo de 2020)

Aún está por ver que estas medidas se cumplan íntegramente, cosa que dudamos. Por citar un ejemplo, también «los gobiernos del cambio» de Podemos prometieron el fin de los desahucios, la inseguridad, la especulación mobiliaria, y nada cambió. Aunque, muy seguramente, después de la nefasta gestión gubernamental PSOE/Podemos ambas formaciones deban esforzarse en cumplir alguna de estas medidas en pro de frenar la sangría de votos que se avecina en las próximas elecciones.

[Nota de 2021: En realidad la falta de cumplimiento de las promesas del gobierno ha sido tal que ha superado nuestras expectativas. Véase el capítulo: «Los oportunistas al rescate del «gobierno del cambio» de 2021.]

jueves, 21 de noviembre de 2019

El «pablismo» de Podemos, pese a su pose original, es heredero del «carrillismo» del PCE en su estrategia de toma de poder

Entrevista a Santiago Carrillo realizada por Pablo Iglesias en 2011

«Créanme si les digo que siendo hijo de un militante del FRAP y habiendo militado donde milité, tiene su mérito admirar a Carrillo. Frente a Santiago descubrí que estaba ante al secretario general que condenó irremediablemente a la mediocridad a todos los secretarios generales que llegaron después. Nadie estuvo a su nivel. (...) Nadie ejerció con tanta altura la dignidad de ser Secretario General. A pesar de todo, Santiago era uno de los nuestros. Hasta siempre». (Pablo Iglesias Turrión; El último secretario general, 2012)

Esta confesión serviría para evidenciar los vínculos ideológicos entre uno y otro. Y de paso sirve para avergonzar a todos los ex militantes del Partido Comunista de España (marxista-leninista) y del Frente Revolucionario Antifascista y Patriótica (FRAP) que ahora ponen sus esperanzas en Podemos y adulan a Pablo Iglesias como el nuevo «mesías» de la revolución, cuando no es sino otro falso profeta. Pero los vínculos entre Iglesias y Carrillo son mucho más profundos que una mera admiración del primero por el segundo.

Si repasamos el histórico libro de Santiago Carrillo: «Eurocomunismo y estado», de 1977, veremos que en lo fundamental, pese a que ahora todos reniegan del renegado, el revisionismo hispano ha recogido sus tesis, o manejan unas similares sin saberlo. En el caso de Podemos, Pablo Iglesias es un conocedor de la historia del Partido Comunista de España (PCE), no solo la ha estudiado, sino que proviene de sus juventudes, y ha podido entrevistar a su ídolo Carrillo, por tanto, es un «eurocomunista» o «carrillista» consciente, aunque como hemos advertido, Podemos y Pablo Iglesias, beben de muchas corrientes, siendo el eclecticismo su bandera.

sábado, 28 de septiembre de 2019

¿En qué se podía basar por tanto la burguesía de la dialéctica hegeliana? ¿Qué temía de ella? ¿Qué limites tenía desde el punto de vista proletario?


«¿En qué se podía basar por tanto la burguesía de la dialéctica hegeliana en su época para lo político? En la defensa de la propiedad privada sobre los medios de producción como un derecho natural del hombre:

«La idea del Estado Platónico contiene lo Injusto como principio general acerca de la persona, considerando a ésta incapaz de propiedad privada. La concepción de una fraternidad religiosa o amical y hasta coactiva de los hombres mediante la «comunidad» de bienes y la proscripción del principio de la propiedad privada, se puede presentar fácilmente a la opinión que ignora la naturaleza de la libertad del espíritu y del Derecho, y no la comprende en sus momentos determinantes». (G. W. Friedrich Hegel; Filosofía del derecho, 1821)

En el discurso de que efectivamente la historia tiene cambio continuo, un desarrollo ascendente, pero que dicho desarrollo ha cesado con la aparición de la propiedad privada y el corpus jurídico burgués del siglo XIX, que sería el súmmum del desarrollo humano, el cenit de nuestros logros, la por fin tan esperada realización de Dios sobre la Tierra:

«El Estado, precisamente, en cuanto libertad universal y objetiva, en la libre autonomía de la voluntad individual; el Estado, que como espíritu real y orgánico, a) de un pueblo, b) a través de las relaciones de los específicos espíritus nacionales, c) se realiza y se manifiesta en la Historia Universal como espíritu universal del mundo. El Derecho del Estado es el supremo». (G. W. Friedrich Hegel; Filosofía del derecho, 1821)

sábado, 6 de julio de 2019

¿Históricamente los reformistas no han contraído alianzas y han comprado el guion propagandístico de los grupos terroristas y viceversa?


«Es más, ¿históricamente los reformistas o su ala más a la «izquierda» no han contraído alianzas, tesis y han comprado parte del guión propagandístico de los grupos los terroristas y viceversa? ¿No han hecho esto siempre mutuamente para pescar entre un público ecléctico e inmaduro? ¿No hacían esto para hacer un frente común contra los verdaderos revolucionarios que no plantean ni lo uno ni lo otro? Ejemplos los hay a patadas señores.

No hace mucho, antes de adaptarse al «guión constitucional» y a la poltrona parlamentaria, los actuales líderes trotskistas de tipo reformista de Podemos cuando eran más «contestatarios» y «camaradas» de Hasél y sus ideas filoterroristas, Monedero o Iglesías podían ser vistos a menudo siguiendo los argumentos de la izquierda abertzale: justificando o relativizando la actividad terrorista de ETA, así como el de las demás bandas y figuras históricas del terrorismo. Para ello se utilizaban los sofismas de siempre como que el nivel de represión en Euskadi justificaba la violencia [terrorista] de ETA:

«Juan Carlos Monedero: Cuando uno piensa que en el País Vasco la represión ha tenido un espacio muy alto, uno puede a lo mejor empezar a entender la violencia de ETA». (Fort Apache; ETA: Cuando las pistolas hablaban de política, 2013)

O anunciando que lo que ETA perdía dejando la «guerra armada» no lo podría ganar sus sucesores en la actividad parlamentaria:

«Pablo Iglesias: Hay otra forma de entender la política entenderla como boxeo. Entender que la paz no es más que el resultado de una guerra. Así lo entendieron en ETA la política, e hicieron una guerra que apenas ha terminado. (...) Hoy cabría preguntarse si lo que ha perdido ETA EN su guerra contra el Estado lo podrá recuperar la izquierda abertzale ganando elecciones y poder institucional. Hay quienes pensamos que lo que se pierde en los campos de batalla no se gana en los parlamentos». (Fort Apache; ETA: Cuando las pistolas hablaban de política, 2013)

Estos argumentos siguen siendo utilizados por la izquierda abertzale simpatizante con ETA para justificar sus atentados, inclusive los dirigidos hacia objetivos civiles como Hipercor en 1987 como vimos en declaraciones de Hasél y otros especímenes que no han cejado en reproducir la propaganda filoetarra.

Por aquellos años Hasél y otros ensalzaban sus figuras, pintaban a sus programas y artículos de «medios alternativos» contra el sistema, estos artistas escribían canciones para ellos y lo promocionaban, porque dichos intelectuales eran considerados «aliados tácticos de la causa». En realidad de contracultural los Iglesias, Monedero o Errejón no tenía más que el ser el clásico posmodernismo con barniz radical de universidad que deslumbra a adolescentes como Hasél, una corriente y postura que como sabemos de contracultural tiene poco. 

miércoles, 20 de febrero de 2019

Sobre el hecho de haber militado en partidos revisionistas o sobre el hecho de separarse de ellos


«No queremos que se nos malinterprete en esta cuestión. No estamos diciendo que los elementos que hayan militado parte o gran parte de su vida en organizaciones revisionistas están condenados de por vida. No, el haber mantenido posturas ajenas al marxismo o el haber militado en organizaciones no marxistas es un proceso lógico que puede ocurrir en el desarrollo dialéctico de la vida, formación y maduración de un revolucionario desde sus inicios hasta que toma consciencia real y total de las cosas, y de ello dependen varios factores como el origen social, el contexto cultural del individuo, el ambiente en que se desarrolla, y los rasgos de personalidad que porta, que puede hacer que ese viraje sea más corto o más largo, tenga más ziz zags o menos. Pero tampoco nos equivoquemos, el mero hecho de separarse de un partido revisionista no significa que seas un verdadero marxista-leninista. Tal elemento debe realizar una autocrítica y examinar las razones de su salida; y si es motivada por razones de incompatibilidad ideológica debe preguntarse por qué ha militado entonces en esa organización; en caso de darse cuenta de esa incompatibilidad ideológica tiempo después de entrar a militar en dicho partido revisionista, entonces debe exponer qué es lo que ha llevado a dicho elemento a discrepar de la línea política revisionista de su partido; si finalmente se ha comprendido y expuesto correctamente el carácter revisionista de su vieja organización, debe demostrar en la práctica que no tolerará caer en el mismo lodazal de nuevo; del mismo modo que no debe obsesionarse ni dejarse deslumbrar con las desviaciones y corriente revisionista de su vieja organización, sino también estudiar y comprender el resto de desviaciones y corrientes revisionistas, así como ser consecuentes y exponerlas en igual medida». (Equipo de Bitácora (M-L); Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista, 25 de septiembre de 2017)

lunes, 28 de enero de 2019

¿Qué necesita un movimiento antifascista para cumplir con sus propósitos?


«El llamarse «antifascista» hoy es tan ambiguo y confuso como llamarse «anticapitalista». Ambos abarcan tal cantidad de posicionamientos que sería imposible citarlos todos. En todo caso, el prefijo «anti» significa según la RAE: «opuesto, de propiedades contrarias», y lo curioso aquí es que movimientos y sujetos que se dicen «antifascistas» y el «anticapitalistas» a veces muchas veces sin ser conscientes reproducen patrones y categorías que les acercan contra lo que dicen combatir. Un ejemplo de ello serían los «antifascistas» que se oponen al fascismo sobre el papel, pero en la praxis se nutren de las mismas filosofías de la intuición, el misticismo y el vitalismo, aquellos que priorizan su vena sentimental en detrimento de la reflexión y actuar metódico. Otro paradigma digno de mencionar sería aquel «anticapitalista» que en realidad su «alternativa» se reduce a proponer un énfasis pedagógico «educando en valores», pero sin pretensiones reales de socializar los medios de producción. Por último, estaría aquel «antifascista» y «anticapitalista» que se deja seducir por los «ismos» unilaterales que desunen a los trabajadores en sus objetivos revolucionarios, como el nacionalismo o el feminismo, los cuales conducen a que la lucha de clases se sustituya o se supedite a la «nación» X o al «sexo» Y. Aunque sea ridículo, para ellos formar parte de este o aquel país, ser mujer o parte del LGTB constituye una seña de identidad mucho más importante que el albergar pensamientos revolucionarios.

De cualquier modo, ¿qué podemos decir de los famosos «movimientos antifascistas» de hoy día? Pues que pese a tener grandes inclinaciones progresistas e incluso revolucionarias entre sus miembros, no son fiables para enfrentar al fascismo. Esto no es una opinión nuestra, sino que se constata al ver crecer al fascismo en varios países de tanto en tanto. ¿Cómo es posible que el antifascismo no frene al fascismo si es su principal cometido? Esto ocurre debido al carácter ecléctico que estos grupos arrastran en lo ideológico y organizativo. La cuestión antifascista, como la ecológica, la nacional, de género y otras que se dan en el capitalismo, deben ser enfocada de forma científica para que el «colectivo trasformador» que pretenda revertirlo lo intente con un mínimo de probabilidades del éxito, y es obvio que esta posibilidad no se erige en la «diversidad» y la «transversalidad», dado que la confusión de identidades y objetivos precisos solo produce parálisis y tendencias centrífugas. Véase la obra: «Fundamentos y propósitos» de 2021.

¿Queremos decir con todo esto que por ejemplo un anarquista no sea antifascista? No, en muchos casos su valentía e intenciones son dignas de alabar, pero lo que afirmamos es que, por su metodología y enfoque teórico, sus formas de lucha son deficientes, porque en la mayoría de temas no comprende el origen de los problemas sociales ni las formas de solucionarlos. Entonces para un revolucionario es lógico que, en su trabajo con otras organizaciones no marxistas como podrían ser los frentes antifascistas, lejos de primar la piedad y hacer la vista gorda en lo referente a las prácticas de tipo antimarxista, deberá desplegar una labor para que prevalezca la crítica a los cabecillas de estas organizaciones, enseñando a su base que los conceptos políticos derrotistas, reformistas, utópicos, terroristas, idealistas, pacifistas o skinheads no tienen nada que ver con un antifascismo consecuente, que no son garantía para vencer a un fascismo –sea este uno que aún está en la cuna o uno que se encuentra ya maduro y dispuesto a arrasar con todo–. Aquí la labor será la de enseñar que históricamente lo único que ha logrado ese «antifascismo laxo», ecléctico y transversal es bañar a la clase obrera en un charco de sangre. Si esto no se logra a tiempo, los acuerdos y la coordinación que logre el movimiento antifascista será siempre parcial y limitada, sus métodos no pasarán de ese arcaísmo tosco que hoy lo echa a perder todo. El extraer lecciones del pasado no es una opción a elegir, es una necesidad viva para todo movimiento que quiera operar dentro de su época. Para nosotros está claro que, si algunos «antifascistas» hoy no quieren indagar en la importancia de comprender todas estas cuestiones, mañana por necesidad o convencimiento lo harán, y si no, serán barridos por el propio fascismo o vegetarán en la intranscendencia. En cualquier caso, ocurra lo que ocurra nada podrá borrar la razón sobre lo aquí afirmado, ya que, insistimos, no son conclusiones exclusivas de nuestro «ingenio» o «delirio», sino dictados que ya ha enseñado la historia.

Si precisamente el actual movimiento antifascista es una pantomima –y ni de broma estaría en capacidad de frenar un avance del fascismo en caso de que la burguesía requiriese de una forma más autoritaria para gobernar–, no es porque falten ganas o convicción entre los antifascistas de todo signo político, sino porque sus líderes –como ocurre en toda formación ideológicamente difusa y burocrática en lo organizativo–, prefieren más la cantidad a la calidad, el amiguismo a la disciplina. Por consiguiente, han decretado que la dichosa «unidad antifascista» debe consistir en la paz ideológica entre ellos; con ello se restringe el debate honesto y la elevación ideológica en aras de que esto, presuntamente, nos permite unirnos mejor contra el enemigo común, ¿pero es bajo una base racional y planificada? ¿Bajo una unidad real o aparente? La romántica llamada a la «unidad» –sea «antifascista», «obrera» o bajo la etiqueta y causa que sea– sin condicionantes, es algo que suena precioso y que a priori algunos creerán que es la fórmula perfecta y sencilla para el triunfo, pero en verdad es la forma más rápida para el fracaso: sin condiciones serias toda unidad es formal, ficticia e inútil, tanto dentro de un partido marxista como en un frente antifascista. Solo hace falta echar una ojeada al interior de las asambleas y organizaciones vecinales que hoy se llaman «antifascistas». En cada uno de ellos, prima una interpretación particular sobre qué es fascismo, a qué responde y cómo enfrentarlo. Por lo que, en definitiva, nunca hay claridad, coordinación, métodos ni perspectivas para enfrentarlo eficazmente, vendiéndose muy barata la derrota ante el fascismo. Parecería que a más de uno su alergia por el estudio y la historia le ha hecho no estar al tanto que al fascismo no se le derrotó en Stalingrado emulando al ejército de Pancho Villa». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

martes, 25 de diciembre de 2018

En realidad en un Estado democrático-burgués el orden represivo no se aplica solo a los verdaderos comunistas sino contra todo revolucionario o pretendido revolucionario


«En realidad, en un Estado democrático-burgués el orden represivo no se aplica solo a los verdaderos comunistas sino contra todo revolucionario o pretendido revolucionario. 

Se ha de hacer un esfuerzo para comprender que igual que existen autodenominados comunistas que no saben identificar a su enemigo, existen anticomunistas que tampoco saben identificar a sus verdaderos enemigos. Del mismo modo y dicho en términos más amplios: las clases explotadoras y todos sus miembros al estar educados en una filosofía idealista, aceptan que toda persona o grupo autodenominado anticapitalista lo es, y no entienden –o a veces les sale más rentable no molestarse en reflexionar en ello– el hecho de que para que un grupo o individuo sea comunista no basta con que se diga, sino que es algo que debe ser contrastado en la práctica. Pero ha de entenderse que muchos explotadores –demócratas burgueses o fascistas– prefieren barrer con escoba de hierro todo lo que se diga anticapitalista y así guardarse las espaldas, aunque muchos de los que se lleven por delante no sean peligrosos para su régimen e incluso de saberlos manejar les sean hasta de utilidad. He ahí porque los burgueses más inteligentes prefieren valerse de estos elementos e infiltrarse en sus grupos, manejándolos a su gusto para sus fines.

Añadir que se ha demostrado históricamente que el haber sufrido una represión directa, bien sea cierre de locales, retención ilegal, tortura, e incluso asesinato de militantes, no significa que las posiciones políticas del sujeto o grupo sean acertadas. A poco que se piense, el lector reconocerá que muchas de las pugnas entre los grupos burgueses han acabado con representantes de una de las partes en la cárcel o muertos, si se hace un esfuerzo ha de reconocerse que lo mismo puede suceder y sucede en las pugnas con los grupos pequeño burgueses radicalizados o capas de la intelectualidad progresistas cuando se oponen a la burguesía o dejan de ser válidos para sus intereses y la burguesía decide apartarlos, no hablemos ya de los grupos hegemonizados por lumpens, que suelen ser altamente inestables, y lo mismo son los matones de la burguesía, que acaban como cabeza de turco con sus huesos en la cárcel cuando algo sale mal». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)