sábado, 30 de marzo de 2019

¿Cuáles son las enseñanzas de la huelga general de Inglaterra de 1926?


«¿Cuáles son las enseñanzas de la huelga general de Inglaterra, por lo menos las más importantes de ellas? Estas enseñanzas, pueden resumirse así:

Primera. La crisis en la industria del carbón en Inglaterra y la huelga general relacionada con ella plantean terminantemente el problema de la socialización de los instrumentos y de los medios de producción en la esfera de esta industria, con la implantación del control obrero. Este es el problema de la conquista del socialismo. No creo que sea preciso demostrar que no hay ni puede haber otras vías de solución radical de la crisis en la industria del carbón, fuera del camino propuesto por el Partido Comunista Inglés. La crisis de la industria del carbón y la huelga general llevan a la clase obrera inglesa a afrontar directamente el problema de la realización práctica del socialismo.

Segunda. La clase obrera inglesa no ha podido por menos de experimentar en su propia carne que el obstáculo principal que se cruza ante su objetivo es el Poder político de los capitalistas, en este caso, el partido conservador y su gobierno. Si el Consejo General de las Tradeuniones temía como la peste admitir que la lucha económica y la lucha política están íntimamente ligadas, los obreros ingleses no pueden ahora por menos de comprender que en su difícil lucha contra el capital organizado el problema del Poder es, en la actualidad, el problema fundamental, que, sin solucionar el problema del Poder, no se puede solucionar ni la crisis en la industria del carbón, ni, en general, la crisis en toda la industria de Inglaterra.

Tercera. La marcha y el desenlace de la huelga general no pueden por menos de convencer a la clase obrera de Inglaterra de que el parlamento, la Constitución, el rey y los demás atributos del Poder burgués no son sino un escudo para proteger a la clase capitalista contra el proletariado. La huelga ha arrancado los velos de fetiche y de intocable reliquia tanto al parlamento, como a la Constitución. Los obreros comprenderán que la actual Constitución es un arma para la burguesía, dirigida contra ellos. Los obreros no pueden por menos de comprender que ellos también necesitan su Constitución obrera, como arma contra la burguesía. Creo que la comprensión de esta verdad será para la clase obrera de Inglaterra la mayor de sus conquistas.

Cuarta. La marcha y el desenlace de la huelga no pueden por menos de convencer a las masas obreras de Inglaterra de la inutilidad de los viejos dirigentes, de la inutilidad de los viejos jefes, educados en la escuela de la vieja política burguesa de compromisos. Las masas obreras no pueden por menos de comprender que se debe reemplazar a los viejos jefes por jefes nuevos, por jefes revolucionarios.

Quinta. Los obreros ingleses no pueden ahora por menos de comprender que los mineros de Inglaterra forman el destacamento de vanguardia de la clase obrera de Inglaterra, que, en consecuencia, apoyar la huelga del carbón y asegurar su victoria es algo que incumbe a toda he clase obrera de Inglaterra. Toda la marcha de la lucha muestra a la clase obrera de Inglaterra la inhabilidad absoluta de esta enseñanza.

Sexta. Los obreros ingleses no han podido por menos de convencerse en los difíciles momentos de la huelga general, cuando las plataformas y los programas de los distintos partidos eran contrastados en la práctica, de que el único partido capaz de defender los intereses de la clase obrera hasta el fin, con audacia y decisión, es el Partido Comunista. Tales son, a grandes rasgos, las enseñanzas fundamentales de la huelga general en Inglaterra». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; La huelga inglesa y los sucesos en Polonia; Informe en la reunión de los obreros de los talleres ferroviarios centrales de Tiflis, 8 de junio de 1926)

viernes, 29 de marzo de 2019

Los falsos revolucionarios


«Cual si pretendieran algo más que verificar un simple cambio político, como si su programa no estuviese reducido solamente a sustituir una forma de gobierno por otra, sin tocar un ápice al fondo, a la estructura económica de la sociedad burguesa, los partidos republicanos, excepción hecha del posibilista, danse el título de revolucionarios y hablan constantemente de ir a la revolución. Como en realidad los que se proponen efectuar ésta, los que pueden y deben llamarse revolucionarios, son aquellos que quieren llegar a lo hondo, cambiar la organización social presente, matar los privilegios y monopolios que permiten a unos hombres ser dueños de la fortuna y la vida de los demás, y establecer un orden de cosas que tenga por base la solidaridad entre los seres humanos, conviene hagamos notar en qué se distinguen los verdaderos revolucionarios de los que lo son únicamente de nombre. 

Son falsos revolucionarios los que, mediante un hecho de fuerza en que el pueblo trabajador no toma parte, tratar de derribar un trono y poner en su lugar un presidente que mantenga igual que aquél los intereses de la clase explotadora. 

Son falsos revolucionarios los que desean barrer la monarquía, acabar con reyes que ciñen corona, y dejar subsistir, sin embargo, el régimen burgués y los reyes de taller, mucho peores que 312 aquéllos. 

Son falsos revolucionarios los que, reconociendo que la existencia de la Iglesia católica es un obstáculo al progreso del pueblo, y ensalzando a todas horas el librepensamiento, y hasta el ateísmo, se contentan con pedir que se suprima del presupuesto la cantidad que anualmente se entrega a aquélla, en lugar de reclamar que cuanto la misma posee, cuanto ha acaparado, explotando conciencias y valiéndose del engaño, se arranque de su poder y se restituya a la sociedad. 

miércoles, 27 de marzo de 2019

El gran cisma en el PCE (m-l) de 1976; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«El tercer cisma de calado en el partido, se produjo en verano de 1976:

«En el terreno ideológico y organizativo el IIº Congreso ha sido la culminación, en la actual coyuntura, de la lucha desatada por el partido contra las posiciones derechistas a raíz de 1976, que desde dentro y desde fuera del partido y llegando por dos veces al complot y a la fracción, pretendían hacer degenerar al partido, y o bien llevarlo al pantano de la colaboración y el oportunismo, o bien liquidarlo política y organizativamente como destacamento revolucionario de vanguardia». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

Esta purga estuvo respaldada por Albania:

«No obstante, el FRAP no estaba sólo. Su principal aliado, Albania, estaba a su lado. La agencia de noticias albanesa ATA elogió la depuración llevada a cabo en las filas del Partido Comunista Español (marxista-leninista) y siguió firme en su apoyo al Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP)». (Antonio Martínez de la Orden; El Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP): Una aproximación histórica (1971-1978), 2015)

¿Pero en qué consistieron las diferencias?

La lucha de clases a nivel nacional e internacional

En el IIº Congreso del PCE (m-l) de 1977, dos años después de las últimas acciones de peso, y a un año de la escisión sufrida, la cúpula veía así los acontecimientos en relación al tema en cuestión, teniendo serias divergencias sobre el nivel de agudización interna en la lucha de clases en España:

«Es necesario repetir aquí, ante el Congreso, algunas cuestiones que han sido tergiversadas por los enemigos del partido, enemigos de dentro y de fuera de nuestras filas. Y, principalmente, por las calumnias y cobardes ataques que lanzan el puñado de complotadores y fraccionalistas que, precisamente a raíz de nuestra IIº Conferencia Nacional, fueron descubiertos y derrotados». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

Una de las razones que desataron los intentos de derribar a la dirección del partido fue el resultado más que discutible de las acciones armadas del FRAP de finales de 1975. Véase el capítulo: «El auge del PCE (m-l) y las acciones armadas del FRAP de 1973-75» de 2020.

Pero una cosa era poner en duda el momento idóneo de desatar la violencia revolucionaria o de la forma en que se organizaba y otra muy diferente era, como algunos disidentes de la fracción proponían, rechazar de pleno la violencia revolucionaria como tal, razón por la que muchos fueron a parar a organizaciones reformistas y pacifistas como la ORT, el PTE o el propio PCE. Obviamente la dirección del PCE (m-l) se centró solamente en estas posturas antimarxistas para mostrar a su militancia el oportunismo ideológico de alguno de los cabecillas de la fracción de 1976:

«Tanto los ideólogos burgueses como los cabecillas revisionistas y todos los oportunistas han desencadenado una vasta campaña para denigrar y condenar ante el pueblo la violencia revolucionaria, la lucha armada y la guerra popular, renegando así de uno de los principios esenciales establecidos por Marx, Engels, Lenin y Stalin acerca de la necesidad ineludible de la violencia revolucionaria y la lucha armada para derrocar el poder de la reacción; y preconizando la vía parlamentaria, la transición pacífica y el pluripartidismo como «medio» para llegar a la sociedad socialista». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

Pero como hemos dicho anteriormente, las críticas oportunistas sobre la lucha armada del FRAP emitidas desde los fraccionalistas de 1976 o de parte de los carrillistas y otros grupos, no justifica la poca autocrítica de la dirección del PCE (m-l) en relación a las obvias deficiencias en la dirección y organización de las acciones armadas de 1973-1975. Era normal que surgiesen dudas y críticas justas de los militantes honrados que deseaban encontrar respuestas e incluso depurar responsabilidades, pero en aquel momento solamente se cerró filas y se trató por igual a los derechistas de la fracción de 1976 que a los militantes honrados, hallándose un silencio y mitificando las acciones.

De igual modo se criticaba:

«Las mencionadas corrientes oportunistas pretenden sustituir a escala internacional la lucha de clases, por una llamada lucha del tercer mundo como fuerza motriz de la historia; preconizan el apoyarse en una de las dos superpotencias para combatir a la otra –en especial apoyarse en los EE.UU.–, así como el reforzamiento del ejército burgués en tanto que baluarte de la defensa de los intereses del pueblo y de la independencia nacional para apoyarse a una u otra potencia (¿)». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

No era una acusación sin fundamento. Se reflejaba en que los cabecillas fueron a parar a partidos como el PTE o la ORT de inspiración maoísta, que abanderaban junto al PCE (r) las teorías mencionadas del «tercer mundo como fuerza motriz de nuestra época» o que pregonaban la «necesidad de aliarse con EE.UU. para combatir a la URSS». Véase nuestro capítulo:  «La forma y contenido de las críticas hacia los adversarios políticos» de 2019.

Muchos dirigentes de la ORT-PTE acabaron en las filas del PCE donde desde hacía tiempo se venía hablando de la posibilidad de reforzar al ejército nacional burgués y lograr una tregua con las potencias imperialistas... Carrillo llegaría a declarar que no sacaría a España de la OTAN ni retiraría las bases estadounidenses de España. 

Lo mismo puede decirse del PCE (r) que promocionó la política belicista de China y apoyó a varios de los regímenes tercermundistas. Véase nuestra obra: «Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO» de 2017.

En el ámbito internacional, varios grupos maoístas sostenían estas tesis de «defensa de la burguesía nacional» y «el imperialismo más débil en «pro de la defensa nacional contra el imperialismo más agresivo». Véase nuestra obra: «Un rápido repaso histórico a las posiciones ultraoportunistas de Jacques Jurquet y el PCF-ML» de 2015.

lunes, 25 de marzo de 2019

La importancia determinante para un comunista de cumplir con sus tareas asignadas y su relación con el funcionamiento del trabajo colectivo


«No cumplir las tareas encomendadas, se manifiesta concretamente en preocuparse únicamente de lo que afecta a uno personalmente, en poner en primer plano las opiniones personales cuando el partido ha analizado y señalado una tarea, actuando, no de acuerdo con las orientaciones del partido, sino con las opiniones personales; en aparentar que se hacen muchas cosas cuando es lo contrario, es decir, escurriendo el bulto: tratar de evitar las críticas mediante los más diversos subterfugios y, en general tratar de salvar las apariencias. Esta tendencia oculta la negligencia en el trabajo y el estudio, la incapacidad o el desprecio hacia toda actitud crítica, la carencia de espíritu de partido, y es una forma encubierta de liberalismo, de arribismo y también de burocratismo. (...) En cuanto a la falta de disciplina partidaria, es necesario tener presente que, contrariamente a los liberales eurocarrillistas, a los socialdemócratas antimarxistas y a los tránsfugas comunistas de salón que preconizan el liberalismo disolvente en los partidos comunistas, los marxista-leninistas defendemos y mantenemos el principio de la necesidad ineluctable de la disciplina partidaria y el centralismo democrático. (…) Conviene señalar que la indisciplina tiene en muchos casos raíces ideológicas y está relacionada con el activismo y la superficialidad, ya que la indisciplina consiste en términos generales en incumplimiento de las decisiones, y de las tareas trazadas o en adoptar una actitud personal hacia ellas, una actitud superficial, subjetiva, por encima de las directrices de los órganos de dirección; y un método y estilo individualista, no comunista, concediendo o no importando las tareas centrales de cada momento basándose en una apreciación local y personal y sin tener en cuenta su importancia y su urgencia en función del conjunto de la política y la táctica del partido en cada momento. (...) El menosprecio por el funcionamiento orgánico del partido y por el cumplimiento de los deberes militantes, es indiscutiblemente un reflejo de una actitud revisionista, anarquizante y disolvente que impide militar con responsabilidad y seriedad, y que siembra el desánimo y el pesimismo». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

domingo, 24 de marzo de 2019

Lukács y los intentos de contraponer Engels a Marx; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«Los malentendidos que ha suscitado la manera engeliana de exponer la dialéctica provienen esencialmente de que Engels –siguiendo el mal ejemplo de Hegel– extendió el método dialéctico al conocimiento de la naturaleza». (Georg Lukács; Historia y consciencia de clase, 1923)

He aquí una cita que basta para descartar automáticamente al «gran» autor húngaro como un autor realmente marxista, y he aquí del mismo modo una cita que explica porque Lukács fue tan propagado por la «nueva izquierda» de la década de los 60, es decir los pseudomarxistas de los existencialistas, estructuralistas, Escuela de Frankfurt, maoístas, trotskistas, anarquistas, eurocomunistas y demás. 

Intentar hacer ver que Engels, compañero ideológico y personal inseparable de Marx, tenía una concepción tan sumamente diferente sobre la dialéctica y su influjo es cuanto menos absurdo. Pretender que uno [Marx] tomaba la dialéctica como algo que indica en la sociedad humana y no en la naturaleza –como un metafísico cualquiera que separaba mecánicamente al hombre de la naturaleza como se mofaba siempre el propio Marx–, y que el otro [Engels] la concibe como que abarca ambas, es un intento ridículo de separar a ambos en lo ideológico cuando no hay tal evidencia. En primer lugar, citemos al propio Marx hablando de la relación entre el hombre y la naturaleza, las ciencias naturales y las del hombre:

«Las ciencias naturales han desarrollado una enorme actividad y se han adueñado de un material que aumenta sin cesar. La filosofía, sin embargo, ha permanecido tan extraña para ellas como ellas para la filosofía. La momentánea unión fue sólo una fantástica ilusión. Existía la voluntad, pero faltaban los medios. La misma historiografía sólo de pasada se ocupa de las ciencias naturales en cuanto factor de ilustración, de utilidad, de grandes descubrimientos particulares. Pero en la medida en que, mediante la industria, la ciencia natural se ha introducido prácticamente en la vida humana, la ha transformado y ha preparado la emancipación humana, tenía que completar inmediatamente la deshumanización. La industria es la relación histórica real de la naturaleza –y, por ello, de la ciencia natural– con el hombre; por eso, al concebirla como develación esotérica de las fuerzas humanas esenciales, se comprende también la esencia humana de la naturaleza o la esencia natural del hombre; con ello pierde la ciencia natural su orientación abstracta, material, o mejor idealista, y se convierte en base de la ciencia humana, del mismo modo que se ha convertido ya  aunque en forma enajenada– en base de la vida humana real. Dar una base a la vida y otra a la ciencia es, pues, de antemano, una mentira. La naturaleza que se desarrolla en la historia humana –en el acto de nacimiento de la sociedad humana– es la verdadera naturaleza del hombre; de ahí que la naturaleza, tal como, aunque en forma enajenada, se desarrolla en la industria, sea la verdadera naturaleza antropológica.

La sensibilidad –véase Feuerbach– debe ser la base de toda ciencia. Sólo cuando parte de ella en la doble forma de conciencia sensible y de necesidad sensible, es decir, sólo cuando parte de la naturaleza, es la ciencia verdadera ciencia. La historia toda es la historia preparatoria de la conversión del «hombre» en objeto de la conciencia sensible y de la necesidad del «hombre en cuanto hombre» en necesidad. La historia misma es una parte real de la historia natural, de la conversión de la naturaleza en hombre. Algún día la ciencia natural se incorporará la ciencia del hombre, del mismo modo que la ciencia del hombre se incorporará la ciencia natural; habrá una sola ciencia». (Karl Marx; Manuscritos Económicos y filosóficos, 1844)

Si acaso esto no es suficiente para los apologistas de las falacias de Lukács, veamos una cita mucho más directa sobre cómo Marx y Engels coincidían en no distinguir la aplicabilidad de la dialéctica en los diversos campos de estudio. De hecho, ambos clásicos hablaban tan sólo de un campo de estudio unificado. En los borradores de una de las obras más conocidas de Marx y Engels se dice:

«Reconocemos solamente una ciencia, la ciencia de la historia. La historia, considerada desde dos puntos de vista, puede dividirse en la historia de la naturaleza y la historia de los hombres. Ambos aspectos, con todo, no son separables: mientras existan hombres, la historia de la naturaleza y la historia de los hombres se condicionarán recíprocamente. No tocaremos aquí la historia de la naturaleza, las llamadas ciencias naturales; abordaremos en cambio la historia de los hombres, pues casi toda la ideología se reduce o a una concepción tergiversada de esta historia o a una abstracción total de ella. La propia ideología es tan sólo uno de los aspectos de esta historia». (Karl Marx y Friedrich Engels; La ideología alemana, 1846)

Sobre las perspectivas del Partido Comunista de Alemania y sobre la bolchevizacion; Stalin, 1925


«Para la bolchevización se necesita crear, por lo menos, algunas condiciones fundamentales, sin las que la bolchevización de los Partidos Comunistas es de todo punto imposible.

1) Es necesario que el Partido no se considere un apéndice del mecanismo electoral parlamentario, como en realidad se considera la socialdemocracia, ni un suplemento de los sindicatos, como afirman a veces ciertos elementos anarco-sindicalistas, sino la forma superior de unión de clase del proletariado, llamada a dirigir todas las demás formas de organizaciones proletarias, desde los sindicatos hasta la minoría parlamentaria.

2) Es necesario que el Partido, y de manera especial sus cuadros dirigentes, dominen a fondo la teoría revolucionaria del marxismo, ligada con lazos indestructibles a la labor práctica revolucionaria.

3) Es necesario que el Partido no adopte las consignas y las directivas sobre la base de fórmulas aprendidas de memoria y de paralelos históricos, sino como resultado de un análisis minucioso de las condiciones concretas, interiores e internacionales, del movimiento revolucionario, teniendo siempre en cuenta la experiencia de las revoluciones de todos los países.

4) Es necesario que el Partido contrasté la justeza de estas consignas y directivas en el fuego de la lucha revolucionaria de las masas.

5) Es necesario que toda la labor del Partido, particularmente si no se ha desembarazado aún de las tradiciones socialdemócratas, se reconstruya sobre una base nueva, revolucionaria, de modo que cada paso del Partido y cada uno de sus actos contribuyan de modo natural a revolucionarizar a las amplias masas, a preparar a las amplias masas de la clase obrera en el espíritu de la de revolución.

6) Es necesario que el Partido sepa conjugar en su labor la máxima fidelidad a los principios –¡no confundir eso con el sectarismo!– con la máxima ligazón y el máximo contacto con las masas –¡no confundir eso con el seguidismo!–, sin lo cual al Partido le será imposible, no sólo instruir a las masas, sino también aprender de ellas, no sólo guiar a las masas y elevarlas hasta el nivel del Partido, sino también prestar oído a la voz de las masas y adivinar sus necesidades apremiantes.

7) Es necesario que el Partido sepa conjugar en su labor un espíritu revolucionario intransigente –¡no confundir eso con el aventurerismo revolucionario!– con la máxima flexibilidad y la máxima capacidad de maniobra –¡no confundir eso con el espíritu de adaptación!–, sin lo cual al Partido le será imposible dominar todas las formas de lucha y de organización, ligar los intereses cotidianos del proletariado con los intereses básicos de la revolución proletaria y conjugar en su trabajo la lucha legal con la lucha clandestina.

8) Es necesario que el Partido no oculte sus errores, que no tema la crítica, que sepa capacitar y educar a sus cuadros analizando sus propios errores.

9) Es necesario que el Partido sepa seleccionar para el grupo dirigente fundamental a los mejores combatientes de vanguardia, a hombres lo bastante fieles para ser intérpretes genuinos de las aspiraciones del proletariado revolucionario, y lo bastante expertos para ser los verdaderos jefes de la revolución proletaria, capaces de aplicar la táctica y la estrategia del leninismo.

10) Es necesario que el Partido mejore sistemáticamente la composición social de sus organizaciones y se depure de los disgregantes elementos oportunistas, teniendo como objetivo el hacerse lo más monolítico posible.

11) Es necesario que el Partido forje una disciplina proletaria de hierro, nacida de la cohesión ideológica, de la claridad de objetivos del movimiento, de la unidad de las acciones prácticas y de la actitud consciente hacia las tareas del Partido por parte de las amplias masas del mismo.

12) Es necesario que el Partido compruebe sistemáticamente el cumplimiento de sus propias decisiones y directivas, sin lo cual éstas corren el riesgo de convertirse en promesas vacías, capaces únicamente de quebrantar la confianza de las amplias masas proletarias en el Partido.

Sin estas condiciones y otras semejantes, la bolchevización suena a hueco». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Sobre las perspectivas del Partido Comunista de Alemania y sobre la bolchevizacion, 3 de febrero de 1925)

viernes, 22 de marzo de 2019

Lo que los «comunistas» olvidan hoy al relacionarse con otros comunistas


«Los miembros del partido no deben ser meramente luchadores, sino primeramente luchadores de primera clase. Para ello deben aumentar regularmente su nivel ideológico, político y cultural marxista-leninista, de lo contrario no serán capaces de trabajo con las masas sin partido y no serán capaces de aumentar la influencia del partido en las masas. No debe haber lugar en nuestro partido para las agrupaciones y fracciones. No debemos permitir que el partido se convierta en un refugio para los oportunistas, captituladores y arribistas. La crítica y la autocrítica es el arma más poderosa del partido para la prevención en su organización, que los líderes y funcionarios cometan errores de mayor calado, para rectificar rápida y correctamente los errores y evitar cualquier mínima desviación del marxismo-leninismo. El partido sólo puede avanzar si aplica el ejercicio de la crítica y autocrítica. Debemos fortalecer constantemente los enlaces del partido con las masas, pero no mediante la aceptación de nuevos miembros al partido de forma indiscriminada. Aquellos que quieran unirse al partido pasarán en un futuro por un periodo de prueba para lograr su afiliación. El proyecto de los estatutos del partido prevén que un camarada que no es concienzudo en realizar asignaciones de partido, no asiste reuniones de partido y no trabaja para levantar su nivel de partido no será aceptado como un candidato de partido». (Mihály Farkas; Discurso en el Congreso de Unificación del Partido de los Trabajadores Húngaros, 12 de junio de 1948)

miércoles, 20 de marzo de 2019

Entrevista a dos exmiembros del Comité Central de Reconstrucción Comunista sobre su experiencia en dicha organización; Equipo de Bitácora (M-L), 2017

Como ya advertimos, por el propio carácter ecléctico de este tipo de organizaciones, el fraccionalismo y la escisión son fenómenos asegurados, nuestra crítica muestra al público su podredumbre interna y agudiza lo que ya es un hecho. 

Pero como sabemos, salir de ese tipo de organizaciones retardarias es el primer paso, pero no el único:

«No queremos que se nos malinterprete en esta cuestión. No estamos diciendo que los elementos que hayan militado parte o gran parte de su vida en organizaciones revisionistas están condenados de por vida. No, el haber mantenido posturas ajenas al marxismo o el haber militado en organizaciones no marxistas es un proceso lógico que puede ocurrir en el desarrollo dialéctico de la vida, formación y maduración de un revolucionario desde sus inicios hasta que toma consciencia real y total de las cosas, y de ello dependen varios factores como el origen social, el contexto cultural del individuo, el ambiente en que se desarrolla, y los rasgos de personalidad que porta, que puede hacer que ese viraje sea más corto o más largo, tenga más ziz zags o menos. Pero tampoco nos equivoquemos, el mero hecho de separarse de un partido revisionista no significa que seas un verdadero marxista-leninista. Tal elemento debe realizar una autocrítica y examinar las razones de su salida; y si es motivada por razones de incompatibilidad ideológica debe preguntarse por qué ha militado entonces en esa organización; en caso de darse cuenta de esa incompatibilidad ideológica tiempo después de entrar a militar en dicho partido revisionista, entonces debe exponer qué es lo que ha llevado a dicho elemento a discrepar de la línea política revisionista de su partido; si finalmente se ha comprendido y expuesto correctamente el carácter revisionista de su vieja organización, debe demostrar en la práctica que no tolerará caer en el mismo lodazal de nuevo; del mismo modo que no debe obsesionarse ni dejarse deslumbrar con las desviaciones y corriente revisionista de su vieja organización, sino también estudiar y comprender el resto de desviaciones y corrientes revisionistas, así como ser consecuentes y exponerlas en igual medida». (Equipo de Bitácora (M-L)Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista, 2017)

En consecuencia:

«Por ello es del todo estúpido teorizar que los comunistas deben absorber automáticamente las escisiones que se dan y se seguirán dando en estas agrupaciones. Todo lo contrario: se debe tener especial cuidado, ya que la mayoría de sujetos que abandonan estas organizaciones lo hacen por cuestiones personales o por cuestiones ideológicas mínimas que no le llevan a una ruptura plena con el lugar de donde proceden. (…) Esto significa que, si realmente han roto con ellas por cuestiones de principios ideológicos, tendrán que autocriticarse sin sentimentalismos que valgan y adherirse, finalmente, a la línea comunista sin excusas de ningún tipo. Si no es así, solo podemos decir que no pasarán nunca de ser, a lo sumo, meros simpatizantes y, quizá, de aliados en alguna cuestión determinada de los comunistas, pero nada más». (Equipo de Bitácora (M-L); Ensayo sobre el auge y caída del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 2020)


[Nota: Por supuesto, el «Equipo de Bitácora (M-L)» no se hace responsable de las opiniones vertidas por sus entrevistados ni por las cartas en cuestión, sino únicamente por sus propias palabras, que siempre estarán basadas en una crítica ideológica y nunca personal. A nosotros nos es indiferente la persona de Roberto Vaquero, pero no haremos prisioneros con el aspirante a político demagogo. Para tal fin, analizaremos los propios documentos de RC. Pero, como es normal, hay temas que no podemos abordar sin recurrir a quienes sí estuvieron presentes en los eventos que, aquellos que somos externos a la organización, no pudimos presenciar. Para suplir esta carencia, y tal y como hemos dicho anteriormente, nos valdremos de las cartas y testimonios de exmilitantes.]

[Reproducción aproximada de las notas recogidas]

Valencia, 25 de junio de 2017

«Bitácora (M-L): Agradecemos el habernos recibido para concedernos la entrevista. No haré demasiados prolegómenos, así que seré breve en mis preguntas y dejaré que os explayéis como gustéis. Reconstrucción Comunista (RC) por lo que hemos podido comprobar es una de las organizaciones con menos trabajo de masas, es más bien como un club de amigos o una banda skinhead.

Nuestra primera pregunta va hacia Felipe. ¿Cómo ex secretario de organización, cuál era el nivel de influencia de RC en los frentes de masas y sus métodos de trabajo en tu época de militancia?

Felipe: Nula en sindicatos de trabajadores y mínima en sindicatos de estudiantes. Te cuento.

Al principio de entrar a Reconstrucción Comunista (RC) se trabajaba con el Coordinador Sindical de Clase (CSC), un sindicato residual sin ningún tipo de fuerza en Madrid más allá de aparecer en dos manifestaciones al año. Hubo un tiempo en que sí se trabajaba más activamente, pero por edad y situación solo podía trabajar en él Javier. Una vez que él dejó de acudir a las reuniones, se dejó de hacer cualquier tipo de trabajo sindical, algo lógico si planteamos que en lo que era la organización menos de un 5% sabía lo que era trabajar y ese mismo porcentaje aproximadamente sería el que estaba en edad activa de trabajar. Cuando Javier se fue del partido ya se dejó directamente ni de plantearse trabajar en ningún sindicato. Digo que se dejó de plantear ya que todo se tenía que hacer exclusivamente en Madrid, donde el porcentaje de gente que diera un perfil mínimo para trabajar en un sindicato bajaba de ese ridículo 5%.

En mi última época solicité, por necesidad laboral, entrar en un sindicato. Después de estudiar los distintos sindicatos de Valencia, el único en el que se podía hacer trabajo político y social era la Confederación General de Trabajo (CGT), con lo cual pedí permiso al secretario de Frente de Masas y una hoja de ruta de cómo plantear el trabajo en dicho sindicato. La respuesta de Adrian, la persona supuestamente más cualificada para liderar el trabajo de frente de masas fue «No, no trabajamos en sindicatos porque ninguno sigue la línea de nuestro partido, espérate a que creemos nuestro propio sindicato». No es broma (Risas). Un grupo que no tenía más de 100 militantes y con una media de edad de 19 años, sin abogados y sin experiencia laboral, iba a formar un sindicato de clase y combativo, esta y muchas otras cosas las quería tratar en el central ampliado del 13 de febrero de 2016, donde iba a presentar mi dimisión de todos los cargos por diferentes motivos. Este central jamás se llegó a celebrar a causa de las detenciones del 27 de enero de 2016.

Todo esto puede parecer una locura a simple vista y visto desde fuera, pero no lo es. Era la forma de actuar de Roberto Vaquero –de ahí mismo nace RC, de no poder mandar ni en la UJCE [juventudes del PCE] ni en CJC [juventudes del PCPE]–. En RC, el trabajo de masas consistía en que si no puedes entrar en un frente porque estás vetado de dicho espacio –una realidad sobretodo palpable en Madrid– o no lo logras hegemonizarlo, crea el tuyo propio con tus propios militantes, de ahí que siempre sean los mismos colectivos los que firman los comunicados y manifestaciones marginales. Lenin decía que debía haber un militante delegado en cada frente. Quizá esa cita la copió al revés y entendió que era un frente –o más, pues casi todos militan en varios frentes– por militante.

martes, 19 de marzo de 2019

Los comunistas y su fracción parlamentaria


«10. Hay un grupo o fracción de los comunistas que merece particular atención y la vigilancia del partido: la fracción parlamentaria. En otros términos, el grupo de miembros del partido elegidos en el parlamento –o en los municipios, etc.–. Por una parte, esas tribunas son de una importancia fundamental para los sectores profundos de la clase trabajadora retrasada o llena de prejuicios pequeñoburgueses. Esa es la razón por la que los comunistas, desde lo alto de esas tribunas, deben llevar a cabo una acción de propaganda, agitación y organización y explicar a las masas por qué era necesaria en Rusia –como lo será llegado el caso en todos los países– la disolución del parlamento burgués por el Congreso Panruso de Soviets. Por otra parte, toda la historia de la democracia burguesa ha hecho de la tribuna parlamentaria, sobre todo en los países adelantados, el principal, o uno de los principales, antros de las estafas financieras y políticas, del arribismo, de la hipocresía, de la opresión de los trabajadores. Por eso el vivo odio alimentado con respecto a los parlamentos por los mejores representantes del proletariado está plenamente justificado. Por eso los partidos comunistas y todos los partidos adheridos a la III Internacional –sobre todo en el caso en que esos partidos no hayan sido creados a consecuencia de una escisión de los viejos partidos tras una larga y encarnizada lucha sino que se hayan formado por la adopción, muchas veces nominal, de una nueva posición por parte de los antiguos partidos– deben observar una actitud muy rigurosa con respecto a sus fracciones parlamentarias, es decir exigir su subordinación total al comité central del partido, la incorporación preferentemente en su composición de obreros revolucionarios, el análisis más atento en la prensa del partido y en las reuniones de éste de los discursos de los parlamentarios desde el punto de vista de su actitud comunista, la designación de los parlamentarios para la acción de propaganda entre las masas, la exclusión inmediata de todos aquellos que manifiesten una tendencia hacia la II Internacional, etc». (Komintern; Las tareas fundamentales de la Internacional Comunista, 1920)

sábado, 16 de marzo de 2019

Las tempranas e inesperadas escisiones del PCE (m-l) en 1965; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«El Partido Comunista de España (marxista-leninista) salió como escisión del Partido Comunista de España (PCE) en 1964, pero en sus orígenes, en su fundación, ya hubo dos escisiones tempranas. La primera cuando se debatía entre los grupos el camino a tomar y la segunda con el PCE (m-l) ya formado como tal. En ambos se presupone que fundamentalmente, debido a las ambiciones personales de los cabecillas pero también a fuertes divergencias ideológicas en los planteamientos.

Las causas de la ruptura del grupo de Suré y su andadura hasta 1968

Uno de los testigos del PCE (m-l), de aquella época, relataría que había diferencias profundas entre la forma de entender el partido:

«En octubre de 1964 tuvo lugar un nuevo viaje de Manolo a París. A su regreso supimos que se acababa de celebrar una reunión conjunta de los tres grupos pro-chinos –o «marxistas-leninistas» como habíamos decidido denominarnos, siguiendo la estela china–: la Oposición Revolucionaria del PCE que publicaba La Chispa (Ginebra); el «Partido Comunista de España» [Reconstituido], que publicaba Mundo Obrero Revolucionario, MOR; y nuestro propio grupo (Proletario). (...) Al día siguiente, martes 3 de noviembre, ese círculo de exdirigentes de La Chispa y MOR –Suré, Belmar-Bliz y sus parciales– lanzaron una disidencia frente al recién constituido PCEml. Habían sido elegidos al comité central, pero sabían que no podían manejarlo a sus anchas y que en lo ideológico estábamos los provenientes de Proletario, con unas tesis elaboradas y una plataforma doctrinal articulada. Y no querían eso. Querían ser ellos quienes cortaran el bacalao. (...) El I Pleno ampliado del comité central del PCEml se prolongó durante un número de días que no recuerdo y finalizó el 17 de diciembre. Formándose comisiones para estudiar las diferentes partes de la línea política que había que aprobar y también tuvieron lugar sesiones plenarias. Acudieron los del círculo disidente del 3 de noviembre. Los debates fueron amplios, profundos e intensos, plenamente sinceros y hasta a veces ácidos. Para la discusión, se formaron comisiones, que trabajaron durante días y noches, con brevísimas pausas para dormir, llegando casi a la extenuación. (...) El círculo disidente del 3 de noviembre quedó menguado, reducido a un exiguo corrillo, porque la base de exmiembros de MOR se unió a la mayoría casi unánime formada en el Pleno de Bruselas. Unos poquitos recalcitrantes rechazaron todo ese debate; apenas aceptaron participar en él, exigiendo un pronunciamiento previo sobre una cuestión de personas; al no inclinarse ante la decisión abrumadoramente mayoritaria, decidieron abstenerse del trabajo de las comisiones y de participar, por consiguiente, en las sesiones finales. Tras el Pleno ese puñado de irreductibles –con Suré a la cabeza– formará un grupo con la misma denominación del PCEml, sólo que ellos escribieron con mayúsculas la coletilla «(marxista-leninista)»; dudo que fuera deliberada esa sutil diferencia. Publicaron una revista que se llamó Mundo Obrero –igual que el órgano del PCE que dirigía Carrillo–. Mencionar a ese inoperante grupúsculo tendría escaso sentido –ni significaba nada ni tenía posiciones ideológicas propias –casi habría que decir que tampoco no-propias– si no fuera porque el partido comunista chino siempre le dio un respaldo económico y moral». (Lorenzo Peña; Amarga juventud: Un ensayo de egohistoria, 2010)

Recordemos que por aquella época, muchos de los maoístas teorizaban que el partido debía construirse a la forma inversa que marca el leninismo: primero debían unirse organizativamente en un mismo grupo y después aclarar las posturas ideológicas y preparar el programa:

jueves, 14 de marzo de 2019

La curiosa composición del Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia en tiempos de Tito

Stalin y Tito

«El Partido Comunista de Yugoslavia se mantiene todavía en una condición de semiclandestinidad no obstante el hecho de que hace ya tres años y medio que está en el poder; dentro del partido no hay democracia, ni elecciones, ni crítica y autocrítica, y el Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia se compone en su mayor parte de miembros no elegidos, sino cooptados. (…) Como puede verse en los archivos de la Komintern, en el Vº Congreso del PCY fue celebrado en octubre y no en diciembre de 1940, no fueron elegidos treinta y uno miembros del Comité Central del PCY y diez candidatos, sino que fueron un total de veintidós miembros al Comité Central y seis candidatos. (…) Si, de veintidós miembros, diez fallecieron, esto nos deja doce miembros electos. Si dos fueron expulsados, esto nos deja diez. Tito y Kardelj dicen que ahora hay veintiséis miembros del Comité Central del PCY; entonces, si de estos sustraemos los diez por las causas antes comentadas, esto nos deja un total de dieciséis miembros cooptados en el presente Comité Central del PCY. Con esto se deduce que la mayoría de miembros del Comité Central del PCY han sido cooptados». (Carta del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética dirigida al Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia, 4 de mayo de 1948)

Anotación de Bitácora (M-L):

Para más información véase los siguientes documentos:


Carta del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética al Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia; Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 27 de marzo de 1948

Resolución: «Sobre la situación en el Partido Comunista de Yugoslavia»; Kominform, 1948

A dónde conduce el nacionalismo del grupo de Tito en Yugoslavia; Stalin, 1948

lunes, 11 de marzo de 2019

Crítica comunista al anarquismo español y sus métodos en 1933


«España entraba en el nuevo año 1933, cuando el impulso revolucionario se acentuaba cada vez más en la ciudad y en el campo. En esta atmósfera estallaron los acontecimientos del 8 y 9 de enero en Madrid y Barcelona, acontecimientos que tuvieron repercusiones y una prolongación en otras regiones del país. En Barcelona, el 8 de enero, un grupo armado de bombas y de revólveres, atacó el cuartel de San Agustín, hirió a un centinela y disparó sobre el edificio. Al mismo tiempo se produjeron choques armados en diversos puntos de la ciudad. La policía detuvo, en varios lugares, automóviles cuyos ocupantes eran portadores de bombas y de armas de fuego. Algunos de ellos hicieron resistencia. En la estación se oyeron disparos. En algunas calles se disparó contra los agentes de la policía. Un tiroteo especialmente nutrido partió del balcón del inmueble ocupado por el Sindicato de Empleados de la Industria Hotelera. La policía sitió la casa y la tomó por asalto. Análogos acontecimientos se produjeron en Madrid el 9 de enero. Se hicieron ataques contra los cuarteles de María Cristina, la Montaña y Cuatro Vientos. El tiroteo fue especialmente vivo en las proximidades de este último cuartel. Se dispararon centenares de tiros. Los soldados y la policía rechazaron el ataque. La completa absurdidad de estos ataques armados, resalta sin necesidad de demostrarla especialmente. Fueron realizados al margen del movimiento de las masas, sin su apoyo. Iban dirigidos especialmente contra los cuarteles, contra los soldados, sin haber hecho el menor intento de sublevar al menos una parte, contra el mando. Semejantes acciones no pueden tener una significación revolucionaria positiva. Al contrario, revisten un carácter objetivo de provocación, separan a los soldados de la revolución y ayudan al Gobierno a acentuar la represión. (…) La idea del golpe de sorpresa, efectuado por un grupo de valientes, es presentada por los anarquistas como una receta mágica para hacer la revolución. (…) Hay que diferenciar también el movimiento de masas, digno de admiración, de la dirección anarquista que las lleva al fracaso. (…) No se trata de falta de valor ni de abnegación por la causa, de los jefes anarquistas. La verdad es que el contenido del anarquismo, de su ideología, de su táctica de lucha, hace que desempeñe un papel objetivamente contrarrevolucionario, a pesar de su valor personal». (J. Dornier; El desenvolvimiento de la revolución en España y la lucha contra el anarco-sindicalismo, 1933)

viernes, 8 de marzo de 2019

La versión de la historia según los idealistas

Pierre-Joseph Proudhon

«En el «Compendio de Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS se señala:

«El fracaso de los utopistas, incluyendo entre ellos los populistas, los anarquistas y los socialrevolucionarios, se explica, entre otras razones, porque no reconocían la importancia primaria de la condiciones de vida material de la sociedad en cuanto al desarrollo de ésta, sino que, cayendo en el idealismo, erigían toda la actuación práctica, no sobre la exigencias del desarrollo de la vida material de la sociedad, sino, independientemente de ellas y en contra de ellas, sobre «planes ideales» y «proyectos universales», desligados de la vida real de la sociedad». (Partido Comunista (bolchevique) de la URSS; Compendio de Historia del Partido Comunista (bolchevique), 1938)

Los socialistas criticaban acremente el régimen capitalista. Pusieron al desnudo los defectos del capitalismo, que condena a las masas populares a la ruina, a la miseria, al hambre y a la ignorancia. Los utopistas maldecían la sociedad capitalista y edifican múltiples proyectos para salvar a la humanidad de la úlcera del capitalismo. Pero, como idealistas, creían que era suficiente inventar un buen plan de orden social ideal y persuadir a los gobernantes para que lo realizaran, y destruir así todos los horrores del régimen capitalista. Apartándose del movimiento histórico, real, los utopistas no veían ni comprendían que es en la propia realidad, sobre la base de las contradicciones existentes entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción de la sociedad capitalista, donde maduran las fuerzas que han de destruir el capitalismo y crear la sociedad socialista.

Marx escribió en 1847 una de sus más brillantes obras, «Miseria de la filosofía» en la que somete a una severa crítica los «remedios salvadores» de Proudhon, utopista pequeño burgués que creó uno de los múltiples «planes ideales» para salvar a la humanidad de la explotación capitalista. Y demostró que el utopismo de semejantes planes tiene como punto de origen el idealismo filosófico.

En la carta a P. V. Annenkov, Marx resume de esta manera su crítica a Proudhon:

«En vez del gran movimiento histórico que brota del conflicto entre las fuerzas productivas ya alcanzadas por los hombres y sus relaciones sociales, que ya no corresponden a estas fuerzas productivas; en vez de las terribles guerras que se preparan entre las distintas clases de una nación y entre las diferentes naciones; en vez de la acción practica y violenta de las masas, la única que puede resolver estos conflictos. (...) El señor Proudhon pone el fantástico movimiento de su cabeza. Así, son los sabios, los hombres capaces de arrancar a Dios sus recónditos pensamientos, los que hacen la historia. A la plebe sólo le queda la tarea de poner en práctica las revelaciones de los hombres de ciencia». (Karl Marx; Carta a P. V. Annenkov, 28 de diciembre de 1846)

La suplantación del movimiento histórico real por el movimiento de las ideas en la cabeza es el principio fundamental de la interpretación idealista de la historia.

La suplantación del movimiento histórico real por el movimiento de las ideas en la cabeza es el principio fundamental de la interpretación idealista de la historia.

La actuación práctica de los populistas, socialrevolucionarios y anarquistas rusos puede también servir de ejemplo de esterilidad y nocividad de la interpretación idealista de la historia.

Su método predilecto de lucha contra la autocracia fue el terror individual, el asesinato de representantes asilados de la autocracia zarista.

Los resultados de la aplicación de este método no podían ser más deplorables: en lugar de un sátrapa zarista asesinado se alzaban otros, no menos feroces. Este método desvió de las tareas indispensables para la lucha revolucionaria, frenó el desarrollo del movimiento revolucionario de masas.

No es difícil comprender que el método de terror de los populistas surguía lógicamente de su interpretación idealista de la historia. Puesto que esta o la otra forma social depende de una personalidad ilustre, de sus buenos deseos; la tarea consiste en quitar de en medio al hombre que tiene malas intenciones y colocar en su lugar a un hombre de buenas intenciones. La historia, según ellos, la hacen las personalidades ilustres, los «héroes»; la masa popular no es más que una «multitud» pasiva». (Mark Rosental; Método dialéctico marxista, 1946)

jueves, 7 de marzo de 2019

Una breve descripción de la dialéctica


«No ha habido tesis filosófica sobre la que más haya pesado la gratitud de gobiernos miopes y la cólera de liberales, no menos cortos de vista, como sobre la famosa tesis de Hegel:

«Todo lo real es racional, y todo lo racional es real».

¿No era esto, palpablemente, la canonización de todo lo existente, la bendición filosófica dada al despotismo, al Estado policiaco, a la justicia de gabinete, a la censura? Así lo creía, en efecto, Federico Guillermo III; así lo creían sus súbditos. Pero, para Hegel, no todo lo que existe, ni mucho menos, es real por el solo hecho de existir. En su doctrina, el atributo de la realidad sólo corresponde a lo que, además de existir, es necesario.

«La realidad, al desplegarse, se revela como necesidad»por eso Hegel no reconoce, ni mucho menos, como real, por el solo hecho de dictarse, una medida cualquiera de gobierno: él mismo pone el ejemplo «de cierto sistema tributario». Pero todo lo necesario se acredita también, en última instancia, como racional. Por tanto, aplicada al Estado prusiano de aquel entonces, la tesis hegeliana sólo puede interpretarse así: este Estado es racional, ajustado a la razón, en la medida en que es necesario; si, no obstante eso, nos parece malo, y, a pesar de serlo, sigue existiendo, esta maldad del gobierno tiene su justificación y su explicación en la maldad de sus súbditos. Los prusianos de aquella época tenían el gobierno que se merecían.

Ahora bien; según Hegel, la realidad no es, ni mucho menos, un atributo inherente a una situación social o política dada en todas las circunstancias y en todos los tiempos. Al contrario. La república romana era real, pero el imperio romano que la desplazó lo era también. En 1789, la monarquía francesa se había hecho tan irreal, es decir, tan despojada de toda necesidad, tan irracional, que hubo de ser barrida por la gran Revolución, de la que Hegel hablaba siempre con el mayor entusiasmo. Como vemos, aquí lo irreal era la monarquía y lo real la revolución. Y así, en el curso del desarrollo, todo lo que un día fue real se torna irreal, pierde su necesidad, su razón de ser, su carácter racional, y el puesto de lo real que agoniza es ocupado por una realidad nueva y vital; pacíficamente, si lo caduco es lo bastante razonable para resignarse a desaparecer sin lucha; por la fuerza, si se rebela contra esta necesidad. De este modo, la tesis de Hegel se torna, por la propia dialéctica hegeliana, en su reverso: todo lo que es real, dentro de los dominios de la historia humana, se convierte con el tiempo en irracional; lo es ya, de consiguiente, por su destino, lleva en sí de antemano el germen de lo irracional; y todo lo que es racional en la cabeza del hombre se halla destinado a ser un día real, por mucho que hoy choque todavía con la aparente realidad existente. La tesis de que todo lo real es racional se resuelve, siguiendo todas las reglas del método discursivo hegeliano, en esta otra: todo lo que existe merece perecer.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Lo que algunos comunistas de la actualidad parecen olvidar de la II República Española de 1931


«La monarquía española, que se ha conservado hasta el año 1931, apoyaba y defendía todo lo opresor, todo lo atrasado en la vida del país, es decir, que era una monarquía semiabsolutista o semifeudal, que ya se aliaba con la burguesía, o ya la admitía parcialmente en el poder; pero siempre conservando la preponderancia de los latifundistas, de la aristocracia, de los militares y del alto clero, de la iglesia, que ocupaba, sobre todo, una situación privilegiada.

De esta manera se pone de manifiesto el rasgo fundamental de la revolución española, la no terminación de la revolución democrático-burguesa, sobre todo de la revolución agraria. Esto significa que en España, en 1931, estaba en sazón la revolución democrático-burguesa, eminentemente agraria. Pero es absolutamente claro que esta revolución se desarrollaba en tales condiciones nacionales e internacionales, que definían el papel preponderante del proletariado en esta revolución, que tenía que llevarla a cabo, no sólo contra los latifundistas, sino también contra la burguesía contrarrevolucionaria, es decir, que la revolución democrático-burguesa tenía que ser realizada bajo la hegemonía del proletariado, con la perspectiva de su transformación rápida en revolución socialista.

Vino el 14 de abril, que trajo la caída de la monarquía y la instauración de una República burguesa, en cuyo gobierno, los puestos de Presidente y ministro de Gobernación, pertenecían a dos viejos monárquicos: Alcalá Zamora y Miguel Maura, los cuales, de completo acuerdo con el resto del Gobierno, incluso los socialistas, se plantearon como tarea principal la salvación del aparato del Estado y de la base social de la monarquía y la salvación de los latifundistas en general.

La burguesía ha creado una leyenda alrededor del 14 de abril, intentando presentarlo como un idilio de armonía de clases y de un cambio de régimen sin efusión de sangre y sin luchas, con un completo acuerdo de todos.

El Partido y los hechos desenmascaran esta leyenda burguesa. La caída de la monarquía del 14 de abril fue preparada por el empuje revolucionario de los obreros, de los campesinos y de una capa de la pequeña burguesía de la ciudad.

lunes, 4 de marzo de 2019

Lenin hablando sobre el viejo terrorismo polaco y su inutilidad


«En Polonia, todo un partido –la llamada «prawica» del PSP– se rompió la cerviz en una lucha guerrillera impotente, en el terror y los fuegos de artificio, en aras de las tradiciones insurreccionales y de la lucha conjunta del proletariado y el campesinado. Es muy probable que, desde este punto de vista, las condiciones polacas se diferencien, en efecto, radicalmente, de las condiciones del resto de Rusia. No puedo juzgar sobre ello. Debo advertir, sin embargo, que en ningún sitio, a excepción de Polonia, hemos visto un apartamiento tan insensato de la táctica revolucionaria, apartamiento que suscita justa resistencia y lucha. Y en este caso acude por si mismo este pensamiento. (...) ¿Y acaso el hecho de que precisamente en Polonia, y solo en Polonia, haya prendido la táctica adulterada e insensata del anarquismo, que «hace» la revolución, no se debe a que las condiciones no permitieron desarrollar allí, aunque fuese por breves instantes, la lucha armada de masas? ¿Acaso la tradición precisamente de esa lucha, la tradición de la insurrección armada de diciembre de 1905, no es a veces el único medio para superar las tendencias anarquistas en el seno del partido obrero, no con la moral estereotipada, filistea, pequeño burguesa, sino pasando de la violencia sin objetivo, absurda y diseminada, a la violencia con un objetivo, de manera vinculada al amplio movimiento y a la exacerbación de la lucha proletariado directa?». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Del artículo «Apreciación de la revolución rusa», 1908)

La burguesía siempre optará por traicionar los intereses nacionales al verse frente a movimientos populares que ponen en peligro sus privilegios de clase


«A la luz de la guerra imperialista, pueden extraerse importantes lecciones de la lucha del pueblo español que serán útiles, no solamente para la clase obrera española, sino también para los proletarios de los demás países. La experiencia de nuestra guerra imperialista y la de la actual guerra imperialista, nos enseña que la burguesía, al verse frente a frente de potentes movimientos populares que ponen en peligro sus privilegios de clase y su posición dominante, optará por traicionar los intereses nacionales, elegir el camino de la capitulación ante los imperialistas extranjeros y entregar a su propio pueblo al enemigo extranjero, con tal de salvar ante todo sus privilegios de clase.

Las clases dominantes españolas, al ver amenazados sus privilegios por la revolución democrática, no vacilaron en sumir a su país en una terrible catástrofe, destruyendo ciudades enteras, trayendo a España aviadores extranjeros que asesinaron millares de niños, mujeres y ancianos. Perdiendo todo sentimiento nacional, la burguesía y los terratenientes, los falangistas españoles y los monárquicos, estafadores como Juan March y los representantes del alto clero, se unieron contra el pueblo para entregar la independencia de nuestro país a potencias imperialistas extranjeras. La traición y capitulación ignominiosa de la burguesía francesa en la guerra actual, muestra una vez más que la conducta vergonzosa de las clases dominantes españolas no constituye una excepción ni un caso especial, sino que es la tendencia general de la burguesía en el período actual de decadencia del capitalismo y de agudizacion de su crisis general». (José Díaz; La burguesía no representa a la nación, 1940)

domingo, 3 de marzo de 2019

La revolución y el movimiento nacionalista; José Silva Martínez, 1932


«En la sociedad capitalista sobre la explotación y la rapiña, no sólo se desarrolla en su seno la lucha de clases, que indefectiblemente ha de terminar con el triunfo de las masas expoliadas y oprimidas, sino que los Estados imperialistas viven en constante lucha con los pueblos sometidos, dando lugar a movimientos de rebeldía, a alzamientos revolucionarios contra los opresores, que los comunistas hemos de tener en cuenta como un factor importantísimo de la revolución proletaria. Y no sólo en los países coloniales y semicoloniales se producen estos movimientos contra el imperialismo. También dentro de las naciones constituidas se levantan minorías nacionales contra el Estado central, reclamando la independencia económica y cultural y en muchos casos la separación política del Estado central. 

Los comunistas, enemigos encarnizados e irreconciliables del sistema capitalista, que tenemos en cuenta sus contradicciones internas y los acontecimientos que de ellas se derivan al profundizarse y salir a la superficie provocando conflictos, a fin de desenvolver nuestra actividad de forma inteligente y eficaz, no podemos ignorar el problema de las nacionalidades oprimidas y el papel que juega la lucha de estas minorías nacionales por su independencia en el desarrollo de la revolución. De ahí la atención especial que presta la Internacional Comunista a los movimientos de los pueblos coloniales y semicoloniales contra el imperialismo y a los de liberación de las pequeñas nacionalidades oprimidas contra los Estados capitalistas, atención que se traduce en el apoyo decidido a todos los Partidos Comunistas del mundo a la lucha de los pueblos oprimidos. De ahí que los Partidos comunistas incluyan entre sus consignas la de «derecho de las nacionalidades oprimidas a disponer de sus destinos libremente hasta proclamarse independientes», poniéndose sin reservas al lado de las minorías nacionales y pueblos coloniales para luchar contra el imperialismo. 

El despertar de las nacionalidades y pueblos oprimidos emprendiendo la lucha por la independencia, por sacudir el yugo imperialista, ahonda las contradicciones del régimen capitalista y lo debilita. De ahí que los intereses del movimiento revolucionario de la clase obrera estén ligados estrechamente al de las nacionalidades y colonias por su liberación. Por eso los comunistas, al mismo tiempo que apoyamos el movimiento de los separatistas, tratamos de unirlo con el revolucionario de los trabajadores, diciendo a las masas separatistas que su liberación nacional está unida a su liberación como explotados, y que sólo podrá ser una realidad luchando al lado del proletariado contra el enemigo común, por la implantación de un régimen basado en la unión libre y fraternal de los diferentes pueblos y organizado sobre la economía socialista. 

Planteado en España el problema de la nacionalidades con los movimientos nacionalistas de Cataluña, Vasconia y Galicia, el deber del proletariado de las otras regiones consiste en apoyar estos movimientos y arrancarlos de la influencia de sus directores, pequeño burgueses e intelectuales que lo ponen al servicio del imperialismo o que, aprovechándose del sentimiento nacionalista de los mismos, como en Vasconia, arrastran a combatir por la más negra reacción. No se edifica la unión del proletariado y los campesinos de toda España en un solo frente de lucha contra el capitalismo, poniendo a los trabajadores de Castilla, Asturias, etc., frente a las aspiraciones de sus hermanos de Cataluña, Vasconia y Galicia, o desentendiéndose de este problema. Así sólo se conseguiría dividirlos, debilitar las fuerzas de la revolución y apoyar de rechazo al capitalismo opresor.