«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 16 de junio de 2015

Resolución: «Sobre la situación en el Partido Comunista de Yugoslavia»; Kominform, 1948

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Dejamos en vuestras manos un documento que todo marxista-leninista debería haber leído alguna vez: la famosa resolución de la Kominform del 28 de junio de 1948 sobre las desviaciones del revisionismo yugoslavo. Esta resolución había sido precedido por varias tiranteces entre la dirección del Partido Comunista de Yugoslavia y el resto de partidos comunistas: en las relaciones yugoslavo-soviéticas encontramos desde la cuestión de Trieste en 1945 y 1946, las reservas en los documentos soviéticos de 1947 por la reforma agraria yugoslava y el pragmatismo y la falta de formación de los cuadros del partido yugoslavo, e incluso un borrador de crítica a los yugoslavos en la Iº Conferencia de la Kominform de 1947, hasta el intercambio de cartas entre el Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética y el Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia entre marzo y mayo de 1948. En el caso yugoslavo-soviético pero habría que sumar todos esos problemas a las relaciones albano-yugoslavos, búlgaro-yugoslavas, greco-yugoslavas, magiar-yugoslavas, que tampoco estuvieron libres de problemas.

La cuestión de resolver las tiranteces entre yugoslavos y el resto –sobre todo entre yugoslavos y soviéticos– quería ser presentada a debate en la IIº Conferencia de la Kominform celebrada finalmente entre el 19 y 23 de junio de 1948, a la cual los delegados yugoslavos rehusaron de estar presentes pensando que podrían ser efectivamente criticados por sus errores. Esta ausencia final de los delegados supuso las iras de los delegados del resto de partidos comunistas, sobre todo porque los delegados yugoslavos habían sido uno de los primeros que ejercieron el derecho a crítica y autocrítica al resto de partidos hermanos en la Iº Conferencia de la Kominform de 1947, criticando duramente a los delegados franceses e italianos. Andréi Zhdánov, el mismo que había iniciado en la anterior conferencia la critica a los errores oportunistas de los partidos de Francia e Italia –a la que se sumaría como decimos los delegados yugoslavos– presentaría el informe: «Sobre la situación en el Partido Comunista de Yugoslavia» el 21 de junio de 1948, donde repasaría la polémica entre yugoslavos y soviéticos pero donde amplió la crítica hasta tocar temas donde la crítica era sobre cuestiones de ámbito generalizado que todos los marxista-leninista podían comprender incluso sin ser puestos en contexto –aunque pese a ello se hizo el esfuerzo por poner en situación a los delegados sobre algunos temas–. Tras escuchar este informe, cada delegación expuso su opinión sobre el informe de Zhdánov y presentó sus propias quejas y críticas a los delegados yugoslavos ausentes, es partir de este ejercicio de libre debate, de crítica pero también de autocrítica sobre las desviaciones yugoslavas, donde nacería la resolución que tenéis entre vuestras manos.

Absolutamente todas estas divergencias están recogidos magníficamente en forma de documentos registrados en la obra de la  Fondazione Giangiacomo Feltrinelli: «The Cominform; Minutes of the Three Conferences 1947/1948/1949» de 1994.

Seguramente habrá mucha gente que ignore la importancia de esta resolución para el desarrollo de la lucha contra el revisionismo, habrá otros que ignoren el documento en sí para intentar poder así «abrazar en el seno comunista» a Tito, pero lo cierto es, como ya hemos expresado en otros documento, que su importancia trascendió el ámbito de la propia cuestión yugoslava, este documento fue el pistoletazo de salida para corregir en varios partidos comunistas –inclusive en la dirección del Comité Central de los mismos– las desviaciones derechistas y nacionalistas que venían sufriendo desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Esta afirmación sobre esta reacción generalizada por salvaguardar la doctrina del proletariado está respalda por los finos escritos de Georgi Dimitrov, Bolesław Bierut, y el resto de marxista-leninistas de por aquellos días. Como bien sabemos, se dieron correctas restructuraciones, necesarias en ese momento, pero que por otro lado no evitaron que años después adviniera el «jruschovismo», y que precisamente éste rehabilitara al revisionismo yugoslavo, invalidando la presente resolución y disolviendo la Kominform. Las desviaciones señaladas pudieran ser constatadas en el momento, y muchas otras se irían confirmando, profundizando, o surgiendo, con el paso de los años. Entre las que detectamos en el revisionismo yugoslavo:

1) El discurso y análisis antisoviético sobre el partido y el Estado soviético, que saca su munición del arsenal del trotskismo. La concepción nacionalista, claudicadora, y oportunista, de equiparar las relaciones entre dicho país y la Unión Soviética, y el resto de países capitalistas. La arrogancia sobre cuestiones militares o la propia lucha de liberación de nacional yugoslava; creyendo superior a los ejércitos imperialistas, o el propio Ejército Popular de Liberación Yugoslavo, al Ejército Rojo soviético.

2) Varios casos de actuaciones relacionadas con la zapa y el espionaje, que se fueron revelando en otros países tanto de democracia popular –Hungría, Bulgaria, Albania– como de partidos comunistas –como el Partido Comunista de Grecia–. Siendo primeramente conocido y por tanto damnificados, los asesores civiles y militares soviéticos en Yugoslavia, que eran observados y seguidos en sus actuaciones, y a la vez difamados como innecesarios e inútiles.

3) La evasión de la lucha de clases en la construcción del socialismo; la negación de que hasta que se elimine completamente la producción privada a pequeña escala el riesgo de proliferación del capitalismo y creación de burguesía continúa. El análisis antimarxista de no hacer diferenciación entre las diferentes capas del campesinado, dejando libre camino a la existencia de la compra-venta de tierra y la explotación asalariada, la integración de las clases explotadoras –en este caso el kulak– en las pocas colectividades hasta entonces creadas.

4) La creencia, que con la colaboración durante la lucha de liberación nacional con las fuerzas explotadoras que tienen contradicciones con otras fuerzas explotadoras extranjeras invasoras, y la toma de poder político del partido comunista, se fuerza automáticamente a producirse la integración pacífica de las clases explotadoras nacionales en el socialismo, y la renuncia de éstas a sus privilegios –teorizaciones heredadas del bagaje ideológico del bujarinismo–.

5) La negación del axioma marxista sobre el proletariado y su misión histórica de vanguardia, como clase que ocupa una posición determinada en la sociedad por su posición en las relaciones de producción, y la exaltación pues, de otras capas, en este caso el campesinado, por su número en la sociedad, como clase principal que dirige la revolución.

6) La abierta teoría oportunista de que el frente es la fuerza dirigente del país, y que debe primar sobre el partido, supeditando el segundo al primero, y no al revés. La postulación ante las masas que el partido comunista no tiene un programa máximo diferente del programa del frente, la cobardía de poner siempre ante las masas al frente, por delante del partido, para no crear polémicas en torno a que es un gobierno de un sólo partido, negando el papel rector del partido marxista-leninista en la sociedad socialista, y temiendo explicar que es el partido el que debe regir el frente donde se reúnen las masas sin partido agrupadas en sindicatos, agrupaciones juveniles, etc. Por tanto propiciando un aminoramiento en cuanto al papel del partido mediante el mantenimiento de éste y sus convenciones en un estado de semilegalidad. Animando a mantener en secreto ante el pueblo la militancia comunista de los dirigentes que participan en el frente. Por tanto se trata de una tendencia «liquidacionista».

7) La ausencia por lo comentado en parte por el anterior punto, de una sana democracia, de un ejercicio de crítica y autocrítica bolchevique, la extensión de un régimen partidario de cooptaciones en las elecciones en lugar de una elección de todos y cada uno de los miembros de las altas esferas por los miembros del partido en conferencias legales y oficiales. La prolongación «ad infinitum», de un régimen guerrillero de partido dirigido por una camarilla ligada y dependiente del líder guerrillero, la cual no rinde cuenta más que a sí misma, algo que puede ser forzado en un periodo de guerra pero imperdonable con el partido en el poder. La castración de toda crítica a la dirección –véase el inmediato arresto a Sreten Žujović y Andrija Hebrang y asesinato de Arso Jovanović por solidarizarse con estas críticas– y la creación base de un mesianismo propagandístico que alumbre y defienda las actuaciones de la dirección.

8) La incapacidad de la dirección yugoslava para reconocer estos y otros errores mencionados, y la contraofensiva a las críticas de derechismo con una actividad de acciones aventureras de izquierda para acallar las críticas; intento de eliminar toda la propiedad privada en el campo –ergo también el kulak– e iniciar la colectivización total sin analizar las condiciones reales y las condiciones adecuadas para ello como pueden ser la posesión de un tejido industrial que abale el total abastecimiento de maquinaria para el campo y su total colectivización –como consecuencia la mayoría de colectividades se abandonaron por estos y otros motivos, y la propiedad privada predominó en la economía rural yugoslava cuando fracasó esta colectivización aventurera–. Siendo estas prácticas medidas burocráticas y decretazos irreales que no contribuyeron, sino que entorpecieron, a la construcción del socialismo.

9) El rechazo y expulsión del Partido Comunista de Yugoslavia de la Kominform por negarse a que los partido hermanos ejercieran su derecho a crítica, derecho que el Partido Comunista de Yugoslavia precisamente ejerció en 1947 criticando al Partido Comunista de Francia y al Partido Comunista de Italia con los informes de Edvard Kardelj y Milovan Đilas.

10) La actitud chovinista hacia el resto de países en cuestiones territoriales o de otro orden, y el pensamiento de que el Estado yugoslavo puede maniobrar entre los países y mercados capitalistas sin perder su soberanía –el Estado yugoslavo finalmente acabó siendo uno de los mayores países revisionistas con mayor comercio con los países occidentales, y también con mayor deuda hacía tales países–.

Como se ve entonces, y como expresa el inglés James Klugmann:

«La famosa resolución dejó bien claro que el Partido Comunista de Yugoslavia no fue expulsado de la Kominform debido a sus errores y política incorrecta. Cualquier individuo comunista, Comité del partido comunista o Comité Central del mismo puede cometer errores. Ni siquiera fue expulsada porque no quiso aceptar las críticas. A menudo se debe tomar tiempo, un período prolongado de discusión profunda para que una organización del partido o miembro individual pueda llegar a comprender y corregir una política equivocada. Pero al negarse a discutir las críticas hechas por algunos de los comunistas más destacados y con experiencia en el mundo, sobre todo partiendo dichas críticas también del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, el hecho de rechazar discutir esas críticas de los miembros de dichos partidos, negarse a venir y reunirse con los representantes de los otros ocho partidos comunistas, era una acción despectiva que no podía sino colocar a los líderes comunistas yugoslavos fuera de la familia de los partidos comunistas». (James Klugmann; De Tito a Trotski, 1951)

Esta lista de desviaciones, en mayor o menor medida, eran el pan de cada día en la pluma de otros revisionistas como: Władysław Gomułka, Traicho Kostov, Sefulla Malëshova, Mao Zedong, Liu Shao-chi, Earl Browder, Kim Il Sung, Inmre Nagy, Santiago Carrillo, Georges Marchais, Palmiro Togliatti, László Rajk, etc. Los cuales, como de hecho todos o casi todos sabemos, todos ellos en algún momento de su vida brindaron honor a Tito, el revisionista.

El documento:

Resolución:
«Sobre la situación en el Partido Comunista de Yugoslavia»

La Kominform compuesta por los representantes del Partido Obrero (comunista) Búlgaro, del Partido Obrero Rumano, del Partido de los Trabajadores Húngaros, del Partido Obrero Polaco, del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, del Partido Comunista Francés, del Partido Comunista de Checoslovaquia y del Partido Comunista Italiano, habiendo discutido la cuestión existente en el Partido Comunista de Yugoslavia y comprobando que los representantes del Partido Comunista de Yugoslavia se han negado a asistir a la sesión de la Kominform, se ha adoptado, por unanimidad, las siguientes conclusiones:

1) La Kominform considera que la dirección del Partido Comunista de Yugoslavia sigue en estos últimos tiempos, en las cuestiones principales de la política exterior e interior, una línea errónea que significa una desviación de la doctrina marxista-leninista. En consecuencia, la Kominform aprueba la acción del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética que ha tomado la iniciativa de descubrir la política errónea del Partido Comunista de Yugoslavia y, ante todo, de los camaradas Tito, Kardelj, Đilas y Ranković.

2) La Kominform comprueba que la dirección del Partido Comunista de Yugoslavia aplica una política de enemistad con respecto a la Unión Soviética y del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética. Se ha permitido que se desarrolle en Yugoslavia una política indigna de difamación contra los especialistas militares soviéticos y de descrédito del Ejército Soviético. En cuanto a los especialistas civiles soviéticos en Yugoslavia, se ha creado para ellos un régimen especial en virtud del cual han estado sometidos a la vigilancia de los órganos de seguridad del Estado de Yugoslavia y han sido seguidos por agentes. El representante del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética en la Kominform, el camarada Pavel Yudin, y numerosos representantes oficiales de la Unión Soviética en Yugoslavia, han sido sometidos a la misma vigilancia por parte de los órganos de seguridad del Estado de Yugoslavia.

Todos estos hechos y otros semejantes atestiguan que los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia han adoptado una posición indigna de comunistas; los dirigentes yugoslavos han comenzado a identificar la política exterior de la Unión Soviética con la de las potencias imperialistas y se conducen con respecto a la Unión Soviética como con respecto a los Estados burgueses. Como consecuencia de esta actitud antisoviética, se ha difundido en el Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia una propaganda calumniosa sobre la «degeneración» del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética sobre la «degeneración» de la Unión Soviética, etc, tomada del arsenal del trotskismo contrarrevolucionario.

La Kominform condena esta orientación antisoviética de los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia, incompatible con el marxismo-leninismo y propia solamente de nacionalistas.

3) Los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia en su política en el interior del país, se apartan de las posiciones de la clase obrera y rompen con la teoría marxista de las clases y de la lucha de clases. Niegan el hecho del incremento de los elementos capitalistas en su país y la acentuación de la lucha de clases en el campo yugoslavo, que de él se deriva. Esta negativa tiene su origen en la tesis oportunista según la cual, en el periodo de transición del capitalismo al socialismo, la lucha de clases no se acentúa, como lo enseña el marxismo-leninismo, sino que se extingue, como lo afirmaban los oportunistas del tipo Bujarin, que propagaban la teoría de una integración, pacífica del capitalismo en el socialismo.

Los dirigentes yugoslavos aplican una política errónea en el campo, ignorando la diferenciación de clases en el campo y considerando a los campesinos individuales como un todo único, en contra de la enseñanza marxista leninista sobre las clases y la lucha de clases, en contra de la conocida tesis de Lenin según la cual la pequeña explotación individual engendra constantemente, cada día, cada hora, espontáneamente y en gran escala, el capitalismo y la burguesía. Sin embargo, la situación política en el campo yugoslavo no da ningún motivo de presunción y despreocupación. En las condiciones de predominio de la pequeña explotación campesina individual en Yugoslavia –no habiéndose realizado la nacionalización de la tierra y existiendo todavía la propiedad privada de la tierra, siendo libres la compra y venta de tierras, concentrando los kulaks en sus manos grandes propiedades agrarias, y empleándose el trabajo asalariado, etc.– no puede educarse al partido en el espíritu de la extinción de la lucha de clases y de la desaparición de las contradicciones de clases, sin desarmarle ante las dificultades de la construcción del socialismo.

Los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia se desvían de la vía marxista-leninista hacia la vía del partido de los kulaks y de los populistas, en la cuestión del papel dirigente de la clase obrera, afirmando que los campesinos constituyen «la base más sólida del Estado yugoslavo». Lenin nos enseña que el proletariado «como la única clase revolucionaria hasta el fin en la sociedad contemporánea, debe ser el dirigente, mantener la hegemonía en la lucha de todo el pueblo por la revolución democrática completa, en la lucha de todos los trabajadores y explotados contra los opresores y explotadores».

Los dirigentes yugoslavos violan esta tesis del marxismo-leninismo. En lo que concierne a los campesinos, su mayoría, es decir, los campesinos pobres y medios, pueden aliarse o se han aliado ya a la clase obrera, perteneciendo a esta última el papel dirigente en esta alianza.

La orientación indicada más arriba de los dirigentes yugoslavos viola esta tesis del marxismo-leninismo. Como se ve, esta orientación refleja un punto de vista propio de nacionalistas pequeñoburgueses, pero no de marxistas-leninistas.

4) La Kominform considera que la dirección del Partido Comunista de Yugoslavia revisa la doctrina marxista-leninista sobre el partido. Según la teoría marxista-leninista, el partido es la fuerza dirigente principal en el país, con programa propio y sin diluirse en la masa de los sin partido. El partido es la forma superior de organización y el arma más importante de la clase obrera. Pero en Yugoslavia es el frente popular y no el partido comunista el que está considerado como la fuerza principal dirigente en el país. Los yugoslavos rebajan el papel del partido comunista; lo diluyen, en efecto, en el frente popular de los sin partido que comprende elementos muy diferentes desde el punto de vista de clase –obreros, campesinos, trabajadores con una explotación individual, kulaks, comerciantes, pequeños industriales, intelectuales burgueses, etc–. así como grupos políticos de todo tipo, incluso ciertos partidos burgueses. Los dirigentes yugoslavos se empeñan en no reconocer lo erróneo de su orientación, según la cual el Partido Comunista de Yugoslavia no puede ni debe tener su proprio programa particular, sino que debe contentarse con el programa del frente popular.

El hecho de que en Yugoslavia solo el frente popular actúa en la arena política, mientras que el partido y sus organizaciones no se presentan abiertamente, en nombre propio, ante el pueblo, no solo rebaja el papel del partido en la vida política del país, sino que socava al partido como fuerza política independiente llamada a conquistar la creciente confianza del pueblo y a atraer bajo su influencia a masas cada vez más amplias de trabajadores mediante una actividad política propagandística abierta de sus puntos de vista y de su programa. Los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia repiten los errores de los mencheviques rusos respecto a la disolución del partido marxista en la organización de las masas de los sin partido. Todo esto demuestra la existencia de tendencias liquidadoras respecto al Partido Comunista en Yugoslavia.

La Kominform considera que esa política del Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia amenaza la propia existencia del éste como partido comunista y, en fin de cuentas, lleva consigo el peligro de la degeneración de la República Popular de Yugoslavia.

5) La Kominform considera que el régimen burocrático creado por los dirigentes yugoslavos en el seno del partido es nefasto para la vida y el desarrollo del Partido Comunista de Yugoslavia. En el partido, no existe ni democracia interior, ni elegibilidad de los órganos dirigentes, ni crítica y autocrítica. A pesar de las afirmaciones sin fundamento de los camaradas Tito y Kardelj, el Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia se compone en su mayoría de miembros cooptados y no elegidos. El partido comunista se encuentra en realidad en una situación semilegal. Las reuniones del partido no son convocadas o lo son en secreto, lo cual no puede sino socavar la influencia del partido en las masas. Esta forma de organización del Partido Comunista de Yugoslavia no puede ser calificada más que de sectaria y burocrática. Ello conduce a la liquidación del partido en tanto que organismo activo e independiente, desarrolla en el partido los métodos militares de dirección semejantes a los métodos que propagó en otro tiempo Trotski.

Es totalmente intolerable que en el Partido Comunista de Yugoslavia sean pisoteados los derechos más elementales de los miembros del partido, ya que la menor crítica de las normas erróneas en el partido provocan severas represalias.

La Kominform considera que son infames hechos tales como la exclusión del partido y la detención de los miembros del Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia, camaradas Sreten Žujović y Andrija Hebrang, sancionados por haberse atrevido a criticar las tendencias antisoviéticas de los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia y a pronunciarse por la amistad entre Yugoslavia y la Unión Soviética.

La Kominform considera que no puede tolerarse en un partido comunista un régimen tan vergonzoso, puramente despótico y terrorista. En interés del desarrollo y de la propia existencia del Partido Comunista de Yugoslavia, se exige que se ponga fin a semejante régimen.

6) La Kominform considera que la crítica de los errores del Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia, por parte del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética y de los Comités Centrales de otros Partidos Comunistas, por ser una ayuda fraternal al Partido Comunista de Yugoslavia, crea a la dirección de este partido todas las condiciones necesarias para la corrección, tan rápida como posible, de los errores cometidos. Pero en lugar de reconocer honradamente esta crítica y de utilizar la vía de la corrección bolchevique de los de los errores cometidos, los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia, poseídos por una ambición sin límites de arrogancia y presunción, han acogido la crítica con animosidad, han manifestado hostilidad hacia ella y se han lanzado por una vía antipartido, negando completamente sus errores infringiendo la teoría marxista-leninista relativa a la posición de un partido político respecto a sus errores; agravando así sus errores contra el partido.

Los dirigentes yugoslavos que se han mostrado faltos de argumentos ante la crítica del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética y de los Comités Centrales de otros partidos hermanos, han tomado el camino de la mentira flagrante con respecto a su partido y a su pueblo, ocultando al Partido Comunista de Yugoslavia la crítica de la política errónea del Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia, disimulando al partido y al pueblo las causas reales de la represión infligida a los camaradas Sreten Žujović y Andrija Hebrang.

Ya en estos últimos tiempos, después de la crítica hecha por el Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética y de los partidos hermanos, de los errores cometidos por los dirigentes yugoslavos, éstos han intentado promulgar una serie de nuevas disposiciones izquierdistas. Los dirigentes yugoslavos se han apresurado a publicar una nueva ley sobre la nacionalización del pequeño comercio y de las pequeñas industrias, ley cuya aplicación no ha sido en absoluto preparada, de manera que esta precipitación no puede por menos que entorpecer el abastecimiento de la población yugoslava. Con la misma precipitación han promulgado para los campesinos, una nueva ley relativa al impuesto sobre el trigo, ley que tampoco ha sido preparada y que solo puede, por consiguiente, comprometer el abastecimiento en trigo de la población de las ciudades. Por último, los dirigentes yugoslavos han anunciado de una forma totalmente inesperada, por medio de declaraciones ruidosas, su amor y su lealtad hacia la Unión Soviética, cuando es bien sabido que en la práctica han aplicado hasta ahora una política de enemistad hacia la Unión Soviética.

Pero esto no es todo. Los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia declaraban estos últimos tiempos, con mucho aplomo, que realizarían una política de liquidación de los elementos capitalistas en Yugoslavia. En su carta dirigida al Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, con fecha 13 de abril último, Tito y Kardelj escribían que:

«El Pleno del Comité Central había aprobado medidas propuestas por el Buró Político del Comité Central, tendentes a la liquidación de los restos del capitalismo en el país». (Carta de Tito y Kardelj al Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 13 de abril de 1948)

De acuerdo con esta orientación, en su discurso pronunciado en la Asamblea de la República Federativa Popular de Yugoslavia, el 25 de abril, Edvard Kardelj declaró:

«En nuestro país, están contados los días para todos los restos de la explotación del hombre por el hombre». (Edvard Kardelj; Discurso pronunciado en la Asamblea de la República Federativa Popular de Yugoslavia, 25 de abril de 1948)

Esta orientación de los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia que tiende a la liquidación de los elementos capitalistas en las condiciones actuales de Yugoslavia, incluyendo la liquidación de los kulaks en tanto que clase, no puede ser calificada más que de aventurera y de no marxista. Pues es imposible resolver esta tarea mientras predomine en el país una explotación individual campesina que engendra inevitablemente el capitalismo, antes de haberse preparado las condiciones de la colectivización masiva en la agricultura, antes de que la mayoría de los campesinos esté convencida de las ventajas de los métodos colectivos en la agricultura. La experiencia del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética demuestra que la liquidación de la última y más numerosa clase de explotadores –la clase de los kulaks– solo es posible sobre la base de la colectivización en masa de la agricultura, y que la liquidación de los kulaks en tanto que clase es una parte integrante de la colectivización de la agricultura.

Con el fin de liquidar con éxito a los kulaks como clase, y, por consiguiente, los elementos capitalistas en el campo, el partido debe realizar un largo trabajo preparatorio y preliminar para limitar los elementos capitalistas en el campo, para fortalecer la alianza de la clase obrera con los campesinos bajo la dirección de la clase obrera, para desarrollar la industria socialista capaz de organizar la producción de máquinas necesarias para el trabajo colectivo en la agricultura. La precipitación en esta cuestión solo puede causar perjuicios irreparables. El paso de la limitación de los elementos capitalistas en el campo a su liquidación solo es posible a condición de que éstas medidas sean cuidadosamente preparadas y consecuentemente aplicadas.

Todos los intentos de los dirigentes, yugoslavos para resolver esta tarea precipitadamente y por medio de decretos burocráticos no representa más que una aventura condenada de antemano al fracaso o una jactancia demagógica desprovista de fundamento. La Kominform considera que los dirigentes yugoslavos, al utilizar una táctica tan errónea y demagógica, quieren demostrar que se mantienen no solo en el terreno de la lucha de clases, sino que incluso van más allá de las exigencias que se pudieran presentar al Partido Comunista de Yugoslavia en el terreno de la limitación de los elementos capitalistas desde el punto de vista de las posibilidades reales.
La Kominform considera que los decretos y las declaraciones izquierdistas de los dirigentes yugoslavos, por ser demagógicos e irrealizables en el momento actual, solo pueden comprometer la causa de la construcción socialista en Yugoslavia. Por lo tanto la Kominform juzga dicha táctica aventurera como una maniobra indigna y como un juego político intolerable. Como se ve, las medidas, y las declaraciones demagógicas e izquierdistas, de los dirigentes yugoslavos, mencionadas más arriba, tienen por objeto enmascarar su negativa a reconocer y corregir honradamente sus errores.

7) Teniendo en cuenta la situación creada en el Partido Comunista de Yugoslavia y esforzándose por facilitar una salida a los dirigentes del Partido Comunista Yugoslavo, el Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética y los Comités Centrales de otros partidos hermanos propusieron examinar la cuestión de la situación creada en el Partido Comunista de Yugoslavia en la reunión de la Kominform sobre la base de los principios que rigen la vida normal de los partidos, como tuvo lugar en la primera reunión de la Kominform, donde fue examinada la actividad de otros partidos comunistas. Pero los dirigentes yugoslavos han opuesto su negativa a las repetidas propuestas de los partidos comunistas hermanos de discutir en la Kominform la cuestión de la situación en el Partido Comunista de Yugoslavia.

Tratando de eludir la crítica justa de los partidos hermanos en la Kominform, los dirigentes yugoslavos han inventado una versión sobre su sedicente posición de desigualdad. Es conveniente decir que en esta versión no hay mía palabra de verdad. Es bien sabido que cuando se organizó la Kominform, los partidos comunistas partían de la tesis indiscutible según la cual cada partido debe dar cuenta de su actividad a la Kominform, y cualquier partido tiene derecho a criticar a los otros partidos. El Partido Comunista de Yugoslavia ha utilizado ampliamente este derecho en la Iº Conferencia de los nueve partidos de la Kominform de 1947. La negativa de los yugoslavos a dar cuenta de sus actos a la Kominform, a escuchar las observaciones críticas, de los otros partidos comunistas, significa una verdadera violación del principio de igualdad de los partidos comunistas, lo cual equivale a pedir para él Partido Comunista de Yugoslavia una posición privilegiada en la Kominform.

8) Teniendo en cuenta lo que precede, la Kominform se solidariza con la apreciación de la situación en el Partido Comunista de Yugoslavia y con la crítica de los errores cometidos por el Comité Central de dicho partido, así como con el análisis político de esos errores, expuestos en las cartas del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, enviadas al Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia, desde marzo a mayo de 1948.

La Kominform llega a la conclusión unánime de que los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia –por su orientación antisoviética y antipartido incompatibles con el marxismo-leninismo, por toda su conducta y su negativa a participar en la reunión de la Kominform– se han colocado en la oposición con respecto a los partidos comunistas adheridos a la Kominform; se han lanzado por la vía del desgajamiento del frente único socialista contra el imperialismo, por la vía de la traición a la causa de la solidaridad internacional de los trabajadores, pasando a las posiciones del nacionalismo.

La Kominform condena esta política y la actitud antipartido del Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia. La Kominform comprueba que por todo lo expuesto el Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia se coloca y coloca al Partido Comunista de Yugoslavia fuera de la familia de los partidos comunistas hermanos, fuera del frente comunista único y, por consiguiente, fuera de la Kominform. La Kominform considera que todos esos errores de los dirigentes del Partido Comunista Yugoslavo se basan en el hecho indiscutible de que los elementos nacionalistas, que existían anteriormente bajo una forma velada, han pasado a predominar en estos últimos cinco o seis meses en la dirección del Partido Comunista de Yugoslavia, que los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia han roto con las tradiciones internacionalistas de este partido y se han lanzado por la vía del nacionalismo.

Los dirigentes yugoslavos, sobreestimando profundamente las fuerzas nacionales interiores y las posibilidades de Yugoslavia piensan, que pueden conservar la independencia de Yugoslavia y crear el socialismo sin el apoyo de los partidos comunistas de los otros países, sin el apoyo de los países de democracia popular, sin el apoyo de la Unión Soviética. Piensan que la nueva Yugoslavia puede prescindir del apoyo de esas fuerzas revolucionarias.

Pero los dirigentes yugoslavos, orientándose mal en la situación internacional e intimidados, por la amenaza chantajista de los imperialistas, estiman que podrían ganarse la benevolencia de los Estados imperialistas mediante concesiones hechas a esos Estados, entenderse con ellos, sobre la independencia de Yugoslavia e inculcar poco a poco sobre el pueblo yugoslavo la orientación hacía esos Estados, es decir, la orientación hacia el capitalismo. Al obrar así, parten tácticamente de una tesis nacionalista burguesa bien conocida, según la cual «los Estado capitalistas presentan un peligro menor que la Unión Soviética para la independencia de Yugoslavia».

Los dirigentes yugoslavos por lo visto no comprenden o quizá hacen como que no comprenden, que una tesis nacionalista semejante solo puede conducir a la degeneración de Yugoslavia en una República burguesa ordinaria, a la pérdida de la independencia de Yugoslavia y a su transformación en una colonia de los países imperialistas.

La Kominform no duda de que hay en el seno del Partido Comunista Yugoslavo suficientes elementos sanos, fieles al marxismo-leninismo, fieles a las tradiciones internacionalistas del Partido Comunista de Yugoslavia, fieles al frente socialista único.

Incumbe a esas fuerzas sanas del Partido Comunista de Yugoslavia la tarea de obligar a sus dirigentes actuales a reconocer abierta y honradamente sus errores y a corregirlos, a romper con el nacionalismo, a volver al internacionalismo y a fortalecer por todos los medios el frente socialista único contra el imperialismo; o, si los dirigentes actuales del Partido Comunista de Yugoslavia se muestran incapaces de ello, cambiarles y promover una dirección internacionalista del Partido Comunista de Yugoslavia.

La Kominform no duda de que el Partido Comunista de Yugoslavia podrá con esta tarea de honor.

Notas

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