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lunes, 18 de noviembre de 2019

El atraso de un pueblo no significa que no pueda convertirse en progresivo, más avanzado incluso que otros que lo venían siendo hasta entonces


«Otro «argumento» que aducen los racistas para «demostrar» la existencia de razas «superiores» e «inferiores» es el atraso cultural de ciertos pueblos. Los imperialistas oprimen a una gran parte de los pueblos de la humanidad, los hacen objeto de una explotación inhumana, entorpecen por todos los medios su progreso y procuran fomentar su atraso diciendo que se trata de «razas inferiores». Luego, ¡se descuelgan diciendo que estos pueblos son «razas inferiores» , como lo demuestra su «atraso cultural»! A eso se reduce el argumento de los lacayos racistas pseudoeruditos del imperialismo. Hace ya mucho tiempo que la ciencia, sobre todo la arqueología y la etnografía, ha demostrado que el mayor o menor atraso de ciertos grupos de la humanidad en el terreno cultural no tiene absolutamente nada que ver con las características raciales de estos grupos, del mismo modo que el mayor progreso social y cultural de otros grupos no puede atribuirse tampoco a sus características de raza. Este desarrollo responde a factores económicos y sociales, a factores históricos. Son éstos los que hacen que unos grupos de la humanidad se hallen más atrasados y otros más adelantados, con respecto al desarrollo general. Y a ellos se debe también el que grupos que habían sido siempre atrasados puedan convertirse de pronto en grupos progresivos, más avanzados incluso que otros que lo venían siendo hasta entonces». (Franz Willner; La ciencia contra las patrañas racistas; Publicado en la revista Internacional Comunista, Nº8, 1939)

miércoles, 13 de noviembre de 2019

El socialismo burgués o conservador


«Una parte de la burguesía desea mitigar las injusticias sociales, para de este modo garantizar la perduración de la sociedad burguesa.

Se encuentran en este bando los economistas, los filántropos, los humanitarios, los que aspiran a mejorar la situación de las clases obreras, los organizadores de actos de beneficencia, las sociedades protectoras de animales, los promotores de campañas contra el alcoholismo, los predicadores y reformadores sociales de toda laya.

Pero, además, de este socialismo burgués han salido verdaderos sistemas doctrinales. Sirva de ejemplo la Filosofía de la miseria de Proudhon.

Los burgueses socialistas considerarían ideales las condiciones de vida de la sociedad moderna sin las luchas y los peligros que encierran. Su ideal es la sociedad existente, depurada de los elementos que la corroen y revolucionan: la burguesía sin el proletariado. Es natural que la burguesía se represente el mundo en que gobierna como el mejor de los mundos posibles. El socialismo burgués eleva esta idea consoladora a sistema o semisistema. Y al invitar al proletariado a que lo realice, tomando posesión de la nueva Jerusalén, lo que en realidad exige de él es que se avenga para siempre al actual sistema de sociedad, pero desterrando la deplorable idea que de él se forma.

Una segunda modalidad, aunque menos sistemática bastante más práctica, de socialismo, pretende ahuyentar a la clase obrera de todo movimiento revolucionario haciéndole ver que lo que a ella le interesa no son tales o cuales cambios políticos, sino simplemente determinadas mejoras en las condiciones materiales, económicas, de su vida. Claro está que este socialismo se cuida de no incluir entre los cambios que afectan a las «condiciones materiales de vida» la abolición del régimen burgués de producción, que sólo puede alcanzarse por la vía revolucionaria; sus aspiraciones se contraen a esas reformas administrativas que son conciliables con el actual régimen de producción y que, por tanto, no tocan para nada a las relaciones entre el capital y el trabajo asalariado, sirviendo sólo –en el mejor de los casos para abaratar a la burguesía las costas de su reinado y sanearle el presupuesto.

Este socialismo burgués a que nos referimos, sólo encuentra expresión adecuada allí donde se convierte en mera figura retórica.

¡Pedimos el librecambio en interés de la clase obrera! ¡En interés de la clase obrera pedimos aranceles protectores! ¡Pedimos prisiones celulares en interés de la clase trabajadora! Hemos dado, por fin, con la suprema y única seria aspiración del socialismo burgués.

Todo el socialismo de la burguesía se reduce, en efecto, a una tesis y es que los burgueses lo son y deben seguir siéndolo... en interés de la clase trabajadora». (Karl Marx y Friedrich Engels; Manifiesto del partido comunista, 1848)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

Un tiempo antes, Engels describiría esta tendencia, como una ideología basada en gente que:

«Consta de partidarios de la sociedad actual, a los que los males necesariamente provocados por ésta inspiran temores en cuanto a la existencia de la misma. Ellos quieren, por consiguiente, conservar la sociedad actual, pero suprimir los males ligados a ella. A tal objeto, unos proponen medidas de simple beneficencia; otros, grandiosos planes de reformas que, so pretexto de reorganización de la sociedad, se plantean el mantenimiento de las bases de la sociedad actual y, con ello, la propia sociedad actual. Los comunistas deberán igualmente combatir con energía contra estos socialistas burgueses, puesto que éstos trabajan para los enemigos de los comunistas y defienden la sociedad que los comunistas quieren destruir». (Fridrich Engels; Principios del comunismo, 1847)

sábado, 5 de octubre de 2019

El Capital, Tomo I; Franz Mehring, 1918


«En el primer capítulo de su obra, Marx resume nuevamente las ideas expuestas en 1859 acerca de la mercancía y el dinero. Y no lo hace meramente por un afán sistemático, para que el estudio sea completo, sino porque incluso lectores inteligentes no habían comprendido del todo el problema, lo cual indicaba que el estudio tenía algún defecto, especialmente en lo referido al análisis de la mercancía.

Entre aquellos lectores inteligentes no estaban, por supuesto, los profesores alemanes, que repudiaron precisamente este mismo primer capítulo de la obra de Marx por su «confuso carácter místico». «A primera vista, una mercancía parece un objeto evidente y trivial. Sin embargo, su análisis muestra que es un objeto bastante confuso y complicado, repleto de pliegues metafísicas y de caprichos teológicos. Mientras no es más que valor de uso, no encierra nada de misterioso… La forma de la madera cambia cuando ésta se convierte en una mesa. No obstante, la mesa sigue siendo un pedazo de madera, un objeto ordinario y material. Pero, en cuanto se nos presenta como mercancía sufre una metamorfosis y se convierte en un objeto a la vez material e intangible. Por un lado, la vemos descansar tranquilamente con sus patas sobre el suelo y, por el otro, ponerse de cabeza frente a todas las demás mercancías, y que de su cabeza de madera empiecen a salir fantasías que causan mucha más sorpresa que si de pronto la mesa se pusiera a bailar por sus propios medios». Era natural que todas aquellas cabezas de madera que se pasan la vida produciendo grandes cantidades de falacias metafísicas y quimeras teológicas, pero que son incapaces de producir un solo objeto material y tangible, ni siquiera una ordinaria mesa de verdad, tomaran a mal estos argumentos.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Ocultar los defectos; Bertolt Brecht, 1939


«Me-ti dijo: Lo peor no es tener defectos, ni siquiera es grave no combatirlos. Lo grave es ocultarlos. No aparentar lo que se es, es una desdicha para uno mismo. Aparentar lo que no se es, es una desdicha para los demás. ¿Cómo puede alguien acompañarte en la lucha, si no le has mostrado tus defectos? El solo esfuerzo que te demanda aparentar lo que no eres consumirá toda tu capacidad de lucha. Temes, por ejemplo, que tu amigo te abandone si se entera de que eres cobarde. Pero lo único que él puede temer son las consecuencias de tu cobardía, y él podría evitarlas mejor que tú... siempre que esté enterado de tu cobardía. Hasta cuando alguien es mentiroso debe demostrarlo... por lo menos a tus mejores amigos; sobre eso no debe mentir». (Bertolt Brecht; Me-Ti. El libro de las mutaciones, 1935-1939)

domingo, 26 de mayo de 2019

El partido comunista y el parlamentarismo; Internacional Comunista, 1920


«La nueva época y el nuevo parlamentarismo

La actitud de los partidos socialistas con respecto al parlamentarismo consistía en un comienzo, en la época de la I Internacional, en utilizar los parlamentos burgueses para la agitación. Se consideraba la participación en la acción parlamentaria desde el punto de vista del desarrollo de la conciencia de clase, es decir del despertar de la hostilidad de las clases proletarias contra las clases dirigentes. Esta actitud se modificó no por la influencia de una teoría sino por la del progreso político. A consecuencia del incesante aumento de las fuerzas productivas y de la ampliación del dominio de la explotación capitalista, el capitalismo, y con él los estados parlamentarios, adquirieron una mayor estabilidad.

De allí la adaptación de la táctica parlamentaria de los partidos socialistas a la acción legislativa «orgánica» de los parlamentos burgueses y la importancia, siempre creciente, de la lucha por la introducción de reformas dentro de los marcos del capitalismo, el predominio del programa mínimo de los partidos socialistas, la transformación del programa máximo en una plataforma destinada a las discusiones sobre un lejano «objetivo final». Sobre esta base se desarrolló el arribismo parlamentario, la corrupción, la traición abierta o solapada de los intereses primordiales de la clase obrera.

La actitud de la III Internacional con respecto al parlamentarismo no está determinada por una nueva doctrina sino por la modificación del papel del propio parlamentarismo. En la época precedente, el parlamento, instrumento del capitalismo en vías de desarrollo, trabajó en un cierto sentido, por el progreso histórico. Bajo las condiciones actuales, caracterizadas por el desencadenamiento del imperialismo, el parlamento se ha convertido en un instrumento de la mentira, del fraude, de la violencia, de la destrucción, de los actos de bandolerismo. Obras del imperialismo, las reformas parlamentarias, desprovistas de espíritu de continuidad y de estabilidad y concebidas sin un plan de conjunto, han perdido toda importancia práctica para las masas trabajadoras.

El parlamentarismo, así como toda la sociedad burguesa, ha perdido su estabilidad. La transición del período orgánico al período crítico crea una nueva base para la táctica del proletariado en el dominio parlamentario. Así es como el partido obrero ruso el partido bolchevique determinó ya las bases del parlamentarismo revolucionario en una época anterior, al perder Rusia desde 1905 su equilibrio político y social y entrar desde ese momento en un período de tormentas y cambios violentos.

domingo, 7 de abril de 2019

Los partidos comunistas, su organización y su funcionamiento


«14. El partido comunista debe estar basado en una centralización democrática. La constitución mediante elecciones de los comités secundarios, la sumisión obligatoria de todos los comités al comité superior y la existencia de un centro provisto de plenos poderes cuya autoridad no puede, en el intervalo entre los congresos del partido, ser cuestionada por nadie, esos son los principios esenciales de la centralización democrática.

15. Toda una serie de partidos comunistas en Europa y en América son puestos al margen de la legalidad por el estado de excepción. Es conveniente recordar que el principio electivo puede sufrir, bajo esas condiciones, algunos inconvenientes y que puede ser necesario acordar a los órganos directivos del partido el derecho a designar nuevos miembros. Así ocurrió en Rusia. Durante el estado de excepción, el partido comunista evidentemente no puede recurrir al referéndum democrático siempre que se plantee un problema grave –como pretendía un grupo de comunistas norteamericanos–. Por el contrario, debe darle a su núcleo dirigente la posibilidad y el derecho de decidir rápidamente en el momento oportuno, en nombre de todos los miembros del partido.

16. La reivindicación de una amplia «autonomía» para los grupos locales del partido en estos momentos no puede sino debilitar las filas del partido comunista, disminuir su capacidad de acción y favorecer el desarrollo de las tendencias anarquistas y pequeño burguesas opuestas a la centralización.

17. En los países donde el poder se halla todavía en manos de la burguesía o de la socialdemocracia contrarrevolucionaria, los partidos comunistas deben yuxtaponer sistemáticamente la acción legal y la acción clandestina. Esta última siempre debe controlar efectivamente a la primera. Los grupos parlamentarios comunistas, al igual que las fracciones comunistas que operan en el seno de las diversas instituciones estatales, tanto centrales como locales, deben estar totalmente subordinados al partido comunista, cualquiera que sea la situación, legal o no, del partido. Los funcionarios que de una u otra manera no se someten al partido comunista deben ser expulsados. La prensa legal –diarios, ediciones diversas– debe depender en todo y para todo del conjunto del partido y de su comité central». (Komintern; Resolución sobre el papel del partido comunista en la revolución proletaria, 1920)

martes, 19 de marzo de 2019

Los comunistas y su fracción parlamentaria


«10. Hay un grupo o fracción de los comunistas que merece particular atención y la vigilancia del partido: la fracción parlamentaria. En otros términos, el grupo de miembros del partido elegidos en el parlamento –o en los municipios, etc.–. Por una parte, esas tribunas son de una importancia fundamental para los sectores profundos de la clase trabajadora retrasada o llena de prejuicios pequeñoburgueses. Esa es la razón por la que los comunistas, desde lo alto de esas tribunas, deben llevar a cabo una acción de propaganda, agitación y organización y explicar a las masas por qué era necesaria en Rusia –como lo será llegado el caso en todos los países– la disolución del parlamento burgués por el Congreso Panruso de Soviets. Por otra parte, toda la historia de la democracia burguesa ha hecho de la tribuna parlamentaria, sobre todo en los países adelantados, el principal, o uno de los principales, antros de las estafas financieras y políticas, del arribismo, de la hipocresía, de la opresión de los trabajadores. Por eso el vivo odio alimentado con respecto a los parlamentos por los mejores representantes del proletariado está plenamente justificado. Por eso los partidos comunistas y todos los partidos adheridos a la III Internacional –sobre todo en el caso en que esos partidos no hayan sido creados a consecuencia de una escisión de los viejos partidos tras una larga y encarnizada lucha sino que se hayan formado por la adopción, muchas veces nominal, de una nueva posición por parte de los antiguos partidos– deben observar una actitud muy rigurosa con respecto a sus fracciones parlamentarias, es decir exigir su subordinación total al comité central del partido, la incorporación preferentemente en su composición de obreros revolucionarios, el análisis más atento en la prensa del partido y en las reuniones de éste de los discursos de los parlamentarios desde el punto de vista de su actitud comunista, la designación de los parlamentarios para la acción de propaganda entre las masas, la exclusión inmediata de todos aquellos que manifiesten una tendencia hacia la II Internacional, etc». (Komintern; Las tareas fundamentales de la Internacional Comunista, 1920)

lunes, 4 de marzo de 2019

La burguesía siempre optará por traicionar los intereses nacionales al verse frente a movimientos populares que ponen en peligro sus privilegios de clase


«A la luz de la guerra imperialista, pueden extraerse importantes lecciones de la lucha del pueblo español que serán útiles, no solamente para la clase obrera española, sino también para los proletarios de los demás países. La experiencia de nuestra guerra imperialista y la de la actual guerra imperialista, nos enseña que la burguesía, al verse frente a frente de potentes movimientos populares que ponen en peligro sus privilegios de clase y su posición dominante, optará por traicionar los intereses nacionales, elegir el camino de la capitulación ante los imperialistas extranjeros y entregar a su propio pueblo al enemigo extranjero, con tal de salvar ante todo sus privilegios de clase.

Las clases dominantes españolas, al ver amenazados sus privilegios por la revolución democrática, no vacilaron en sumir a su país en una terrible catástrofe, destruyendo ciudades enteras, trayendo a España aviadores extranjeros que asesinaron millares de niños, mujeres y ancianos. Perdiendo todo sentimiento nacional, la burguesía y los terratenientes, los falangistas españoles y los monárquicos, estafadores como Juan March y los representantes del alto clero, se unieron contra el pueblo para entregar la independencia de nuestro país a potencias imperialistas extranjeras. La traición y capitulación ignominiosa de la burguesía francesa en la guerra actual, muestra una vez más que la conducta vergonzosa de las clases dominantes españolas no constituye una excepción ni un caso especial, sino que es la tendencia general de la burguesía en el período actual de decadencia del capitalismo y de agudizacion de su crisis general». (José Díaz; La burguesía no representa a la nación, 1940)

viernes, 1 de marzo de 2019

Dimitrov hablando claro sobre el deber de los comunistas ante la cuestión nacional


«Es evidente que hay que poner bien de relieve, en todas partes y en todas las ocasiones, ante las masas y demostrar de un modo concreto que la burguesía fascista, con el pretexto de defender los intereses de toda la nación, practica la política egoísta de opresión y explotación de su propio pueblo y la expoliación y la esclavización de los demás pueblos. Pero no podemos limitarnos a esto. Al mismo tiempo, tenemos que poner de manifiesto, a través de las propias luchas de la clase obrera y mediante las acciones del Partido Comunista, que el proletariado, al rebelarse contra todo vasallaje y contra toda opresión nacional, es el único y auténtico campeón de la libertad nacional y de la independencia del pueblo.

Los intereses de la lucha de clases del proletariado contra los explotadores y opresores patrios no están en pugna con los intereses de un porvenir libre y feliz de la nación. Al contrario: la revolución socialista será la salvación de la nación y le abrirá el camino para un auge más esplendoroso. Por esto, porque la clase obrera, al construir hoy sus organizaciones de clase y afianzar sus posiciones, al defender contra el fascismo los derechos y libertades democráticas, al luchar por el derrocamiento del capitalismo, lucha ya a través de todo esto por ese porvenir de la nación.

El proletariado revolucionario lucha por salvar la cultura del pueblo, por redimirla de las cadenas del capital monopolista en putrefacción, del fascismo bárbaro que la violenta. Sólo la revolución proletaria puede impedir el naufragio de la cultura, elevarla al más alto esplendor como verdadera cultura popular, de esa cultura, nacional por su forma y socialista por su contenido, que se está realizando ante nuestros ojos en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas bajo la dirección de Iósif Stalin (Aplausos).

El internacionalismo proletario no sólo no está contra la lucha de los trabajadores de cada país por la libertad nacional, social y cultural, sino que además garantiza, gracias a la solidaridad proletaria internacional y a la unidad de lucha, el apoyo necesario para triunfar en ella. Sólo en la más estrecha alianza con el proletariado victorioso de la gran Unión Soviética, puede triunfar la clase obrera de los países capitalistas. Sólo luchando codo a codo con el proletariado de los países imperialistas, pueden los pueblos coloniales y las minorías oprimidas lograr su liberación. La alianza revolucionaria de la clase obrera de los países imperialistas con los movimientos de liberación nacional de las colonias y países dependientes es un jalón, absolutamente indispensable, en la senda del triunfo de la revolución proletaria en los países imperialistas, pues como enseñaba Marx, «el pueblo que oprime a otros pueblos jamás puede ser libre». (Georgi DimitrovLa clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

sábado, 26 de enero de 2019

Sobre los que anuncian que la lucha entre capitalismo y comunismo se ha detenido o ha finalizado


«Algunos creen que una vez acabada la Guerra Fría la metodología del tipo Gladio pasó a mejor vida. Pero no nos engañemos, el teórico «fin de la guerra entre el capitalismo y comunismo» es una teoría imperialista o una teoría derrotista, dependiendo quién sea el autor que la empuñe, pero por encima de todo es falsa. Aunque no existan países dirigidos por partidos comunistas que construyan el socialismo, esta lucha entre capitalismo y comunismo existe en nuestro mundo actual, se ve en la lucha del capitalismo por suprimir a los pocos partidos comunistas existentes o los de estado embrionario que intentan constituirse, se nota claramente en los actos de censurar la única ideología proletaria –el marxismo-leninismo– o en los intentos de deformarla hasta hacerla inútil e inofensiva. La lucha de la que hablamos es una lucha producida por las contradicciones inherentes del capitalismo, en especial de la contradicción capital-trabajo –burguesía-proletariado–, por tanto no se puede parar, pues dicha pugna es completamente inexorable debido a la lucha de clases que se desarrolla en medio de una sociedad dividida en clases, su forma de producción determina que se creen estas contradicciones que no pueden desaparecer; esto es así más allá de los deseos de algunos por ocultar esta realidad, igualmente aunque algunos pierdan el tiempo teorizando el fin del proletariado con el «precariado» y hablando de las bondades de la «sociedad de consumo», lo cierto es que como ha demostrado la última crisis global el capitalismo no tiene solución, reaparecen viejos problemas o se recrudecen otros, el proletariado como tal sigue existiendo, y es con su ideología la única clase social que puede poner fin al capitalismo. 

Las fricciones que se crean diariamente dentro del mundo capitalista crean una conciencia entre los trabajadores, la enérgica repulsa hacia los males de la sociedad –aunque no sepan muy bien como procesar todo esto ni cómo actuar–, es algo que puede ser aprovechado por los comunistas para dotarles de conciencia de clase o puede ser aprovechada por la burguesía para mitigar estas inclinaciones a través de diversas formas de alineación. Entonces, incluso en las manifestaciones de la lucha de clases que no pongan directamente en tela el poder de la burguesía, aunque sean movimientos con métodos arcaicos de lucha, mal organizados, eclécticos ideológicamente y en definitiva, no netamente comunistas, la burguesía en más de una ocasión debido a su fragilidad y a su miedo se verá obligada a reprimir a los trabajadores cuando no pueda engañarlos incluyendo dentro de las democracias burguesas; cuando no tenga medios para dar unas concesiones que calmen los ánimos, tomara una actitud represiva que como hemos visto a lo largo de siglos con varios ejemplos, se agudizará más en cuanto las formas de actuación de las masas se vuelvan cada vez más sofisticadas, tomando conciencia de sus actuaciones y de sus objetivos finales, adquiriendo su movimiento un carácter realmente ofensivo y peligroso para el estatus político-económico dominante. 

Por ello la burguesía cuando se ve con un pie en la tumba, recurre a todo como sabemos. Insistimos: los métodos de la CIA y de todos los gobiernos burgueses, sus cuerpos de espionaje y en general todos sus cuerpos represivos no han cambiado. Si nos centramos en las conexiones estadounidenses, solo hay que ver los escándalos sobre secuestros, desapariciones, experimentos, torturas, espionaje y demás casos que cada día salen a la luz sobre viejos eventos en Chile, Argentina, Irak, Guantánamo, Vietnam, Nicaragua, Salvador, Irán, Congo, Indonesia, Somalia, Libia y así un sucesivo etc., la lista sería realmente interminable.

Cuando la documentación de los servicios secretos es desclasificada al público tras variadas décadas o cuando ante la vejez y ya ante nada que perder, más de un agente confiesa los trapos sucios de la organización, por supuesto los medios de (in)comunicación masivos no dedican ni la mitad del tiempo a mostrar estas revelaciones del que dedican a otros temas estúpidos y banales, pero esto es normal, ¿acaso no es ella, la clase burguesa, quién también controla el poder comunicacional-propagandístico de la sociedad? Entonces a obviedades materiales debemos llegar a conclusiones obvias de porqué todo esto no es realmente conocido entre la población. Pero estos datos deben ser propagados y popularizados entre los trabajadores, para que se quiten de encima cualquier ilusión sobre cómo se las gasta la burguesía ante sus enemigos.

Les guste o no a los apologistas del capitalismo y de la flamante democracia burguesa, poco a poco se siguen confirmando estos crímenes de Estado, y esto no va a parar nunca, ni se podrá contrarrestar por mucho que se esfuercen por dejarse millones en crear y difundir libros, películas y canciones de aspecto propagandístico bajo mitos anticomunistas para intentar justificar sus pecados, o para convencer a las masas que en el peor de los casos «todos son iguales». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)

miércoles, 10 de octubre de 2018

¿Reformas o revolución?


«Hablando de la sociedad, se dice: ¿Hay que proceder por reformas o hacer la revolución? Se discute para saber si, para transformar la sociedad capitalista en una sociedad socialista, se llegará a ese objetivo mediante reformas sucesivas o por una transformación brusca: la revolución. Ante este problema, recordemos lo que ya habíamos estudiado. Toda transformación es el resultado de una lucha de fuerzas opuestas. Si una cosa evoluciona, es porque contiene en ella su contrario, ya que cada cosa es una unidad de contrarios. Se comprueba la disputa de los contrarios y la transformación de la cosa en su contrario. ¿Cómo se efectúa esta transformación? Este es el nuevo problema que se plantea. Se puede pensar que esta transformación se efectúa poco a poco, a través de una serie de pequeñas transformaciones, que la manzana verde se transforma en una manzana madura mediante una serie de pequeños cambios progresivos. Del mismo modo, mucha gente piensa que la sociedad se transforma poco a poco y que el resultado de una serie de esas pequeñas transformaciones será la transformación de la sociedad capitalista en sociedad socialista. Estas pequeñas transformaciones son las reformas, y será su totalidad, la suma de los pequeños cambios graduales, lo que nos dará una sociedad nueva. Esta es la teoría que se llama el reformismo. Se llama reformistas a los partidos de estas teorías no porque reclamen reformas, sino porque piensan que las reformas bastan, y que al acumularse deben transformar insensiblemente la sociedad. Examinemos si es verdad. 1. La argumentación política. Si observamos los hechos, es decir, lo que ha pasado en los otros países, veremos que, allí donde se ha ensayado este sistema, no ha tenido éxito. La transformación de la sociedad capitalista –su destrucción– ha tenido éxito en un sólo país: la U.R.S.S., y comprobamos que no ha sido mediante una serie de reformas, sino por la revolución. 2. La argumentacion histórica. ¿Es cierto que, de una manera general, las cosas se transforman por pequeños cambios, por reformas?

Veamos siempre los hechos. Si examinamos los cambios históricos, veremos que no se producen indefinidamente, que no son continuos. Llega un momento en que, en lugar de pequeños cambios, el cambio se produce mediante un salto brusco. En la historia de las sociedades, los acontecimientos notables que comprobamos son cambios bruscos, revoluciones.

En nuestros días, aún aquellos que no conocen la dialéctica saben que en la historia se han producido cambios violentos; sin embargo, hasta el siglo XVII se creía que «la naturaleza no da saltos»; no se querían ver los cambios bruscos en la continuidad de los cambios. Pero la ciencia intervino y demostró en los hechos que se producían cambios bruscamente. La Revolución Francesa de 1789 abrió aún más los ojos: era en sí misma un ejemplo evidente de total ruptura con el pasado. Y se llegó a comprender que todas las etapas decisivas de la Historia habían sido trastornos importantes,. bruscos, repentinos. Por ejemplo: de amistosas que eran, las relaciones entre tal y cual Estado se volvían más frías, luego tirantes, se envenenaban, adquirían un carácter de hostilidad y, repentinamente, era la guerra, brusca ruptura en la continuidad de los acontecimientos. O también: en Alemania, después de la guerra de 1914-18, hubo un ascenso gradual del fascismo, y luego, un día Hitler tomó el poder: Alemania entró en una nueva fase histórica. Hoy, aquellos que niegan estos cambios bruscos pretenden que son accidentes, es decir, una cosa que ocurre y que hubiera podido no ocurrir. Así se explican las revoluciones en la historia de las sociedades: «Son accidentes». Se explita, por ejemplo, que la caída de Luis XVI y la Revolución Francesa ocurrieron porque Luis XVI era un hombre débil y blando: «Si hubiera sido un hombre enérgico, no hubiéramos tenido la Revolución». Hasta se lee que si no hubiera prolongado su comida en Varennes, no lo hubieran arrestado y el curso de la historia hubiera, cambiado. Por lo tanto, se dice, la Revolución Francesa es un accidente. Por el contrario, la dialéctica reconoce que las revoluciones son necesidades. Hay muchos cambios continuos, pero al acumularse terminan por producir cambios bruscos. 3. La argumentación científica. Tomemos el ejemplo del agua. Partiendo de 0° y haciendo subir la temperatura del agua a 1º, 2º, 3º hasta 98°, el cambio es continuo. Pero ¿puede continuar así indefinidamente? Llegamos hasta 99°, pero a los 100º tenemos un cambio brusco: el agua se transforma en vapor.

Si, a la inversa, de 99° descendemos hasta 1º, tendremos de nuevo un cambio continuo, pero no podremos descender así indefinidamente, porque a 0°, el agua se transforma en hielo. De lº a 99°, el agua sigue siendo siempre el agua; sólo su temperatura cambia. Esto es lo que se llama un cambio cuantitativo, que responde a la pregunta «¿cuánto?», es decir, «¿cuánto calor en el agua?». Cuando el agua se transforma en hielo o en vapor, tenemos un cambio cualitativo, un cambio de calidad. Ya no es agua, se ha transformado en hielo o en vapor. Cuando la cosa no cambia de naturaleza tenemos un cambio cuantitativo, (en el ejemplo del agua, tenemos un cambio de grados de calor, pero no de naturaleza). Cuando cambia de naturaleza, cuando la cosa se convierte en otra cosa, el cambio es cualitativo. Por consiguiente, vemos que la evolución de las cosas no puede ser indefinidamente cuantitativa; al transformarse las cosas experimentan, finalmente, un cambio cualitativo. La cantidad se transforma en calidad. Esta es una ley general. Pero, como siempre, no hay que atenerse únicamente a esta fórmula abstracta. En el libro de Engels, AntiDühring, en el capítulo «Dialéctica, cantidad y calidad», se encontrará un gran número de ejemplos que harán comprender que, en todo como en las ciencias de la naturaleza, se verifica la exactitud de la ley, según la cual en ciertos grados del cambio cuantitativo se produce repentinamente una conversión cualitativa. He aquí un nuevo ejemplo, citado por H. Wallon en el tomo VIII de la Enciclopedia Francesa –donde se remite a Engels–: la energía nerviosa acumulada en un niño provoca la risa, pero si continúa aumentando, la risa se transforma en crisis de lágrimas; así, cuando los niños se excitan y ríen demasiado, terminan por llorar.

Daremos un último ejemplo bastante conocido: el del hombre que presenta su candidatura a un cargo cualquiera. Si hacen falta 4.500 votos para obtener la mayoría absoluta, el candidato no es elegido con 4.499 votos, sigue siendo lo que es: un candidato. Con un voto más, este cambio cuantitativo determina un cambio cualitativo, puesto que el candidato que era se convierte en un electo. Esta ley nos aporta la solución del problema: reforma o revolución. Los reformistas nos dicen: «Ustedes pretenden cosas imposibles que sólo ocurren por accidente; ¡son utopistas!». Pero por esta ley, se ve claramente quiénes son los que sueñan con cosas imposibles. El estudio de los fenómenos de la naturaleza y de la ciencia nos muestra que los cambios no son indefinidamente continuos, sino que en un cierto momento el cambio se vuelve brusco. No lo afirmamos nosotros arbitrariamente: ¡lo afirman la ciencia, la naturaleza, la realidad! Entonces puede preguntarse: ¿qué papel desempeñamos nosotros en estas transformaciones bruscas? Vamos a responder a esta pregunta y a desarrollar este problema mediante la aplicación de la dialéctica a la Historia. Hemos llegado a una parte muy célebre del materialismo dialéctico: el materialismo histórico». (Georges Politzer; Principios elementales de la filosofía, 1949)

martes, 11 de septiembre de 2018

La concepción metafísica de la naturaleza es antagónica a la concepción dialéctica del marxismo


«La metafísica considera la naturaleza como un conjunto de cosas definitivamente fijas. Pero hay dos maneras de considerar así las cosas. La primera manera considera que el mundo está absolutamente inmóvil, pues el movimiento no es más que una ilusión de nuestros sentidos. Si quitamos esta apariencia de movimiento, la naturaleza no se mueve. Esta teoría fue sostenida por una escuela de filósofos griegos a los que se llama eleáticos. Esta concepción simplista está en contradicción tan violenta con la realidad que ya no es defendida en nuestros días. La segunda manera de considerar la naturaleza como un conjunto de cosas fijas es mucho más sutil. No se dice que la naturaleza está inmóvil, queda admitido que se mueve, pero se afirma que esta animada por un movimiento mecánico. Aquí, la primera manera desaparece; ya no se niega el movimiento y esto no parece ser una concepción metafísica. Se llama a esta concepción «mecanicista» o el «mecanicismo». Constituye un error que se comete muy frecuentemente y que volvemos a encontrar en los materialistas de los siglos XVII y XVIII. Hemos visto que no consideran la naturaleza como inmóvil, sino en movimiento; sólo que para ellos ese movimiento es simplemente un cambio mecánico, un desplazamiento. Admiten todo el conjunto del sistema solar –la Tierra gira alrededor del sol–, pero piensan que ese movimiento es puramente mecánico, es decir, un simple cambio de lugar, y consideran ese movimiento únicamente bajo este aspecto. Pero las cosas no son tan simples. El girar de la Tierra es, ciertamente, un movimiento mecánico; pero mientras gira puede experimentar influencias, y, por ejemplo, enfriarse. Por lo tanto no se trata solamente de un desplazamiento: también se producen otros cambios. Lo que caracteriza, pues, esta concepción llamada «mecanicista», es que se considera solamente el movimiento mecánico.

Si la Tierra gira sin cesar y no le ocurre nada más, la Tierra cambia de lugar pero la misma Tierra no cambia; permanece idéntica a sí misma. No hace más que seguir girando siempre y siempre, antes como después de nosotros. De ese modo, todo pasa como si nada hubiese pasado. Por lo tanto, vemos que admitir el movimiento, pero haciendo de éste un puro movimiento mecánico, es una concepción metafísica, porque este movimiento es sin historia. Un reloj que tuviera órganos perfectos, construido con materiales que no se gastaran, marcharía eternamente sin cambiar en nada y el reloj no tendría historia. Una tal concepción del Universo se encuentra continuamente en Descartes. Él trata de reducir a la mecánica todas las leyes físicas y fisiológicas. No tiene ninguna idea de la química –véase su explicación de la circulación de la sangre– y su concepción mecánica de las cosas será también la de los materialistas del siglo XVIII. Haremos una excepción con Diderot, que es menos puramente mecanicista y que en ciertos escritos vislumbra la concepción dialéctica. Lo que caracteriza a los materialistas del siglo XVIII es que convierten a la naturaleza en un mecanismo de relojería. Si verdaderamente fuera así, las cosas volverían continuamente al mismo punto sin dejar huellas y la naturaleza permanecería idéntica a sí misma, lo que es precisamente el primer carácter del método metafísico». (Georges Politzer; Principios elementales de la filosofía, 1949)

martes, 4 de septiembre de 2018

El socialismo, régimen verdaderamente humano; Agim Popa, 1987


«Durante los 60 años transcurridos desde el día de la instauración del poder popular y el encauzamiento por el camino del socialismo, nuestro pueblo se ha convencido por la práctica, por su propia experiencia vivida, de la gran verdad marxista-leninista de que el régimen socialista es el único régimen verdaderamente humano que ha conocido la historia. Su carácter profundamente humanitario constituye uno de los rasgos fundamentales y más importantes de la fuerza atractiva del socialismo ante los ojos de las masas trabajadoras, de los pueblos y de las fuerzas progresistas.

La burguesía internacional y su propaganda anticomunista, a la que se han unido también todos los revisionistas modernos –yugoslavos, soviéticos, eurocomunistas, chinos, etc.–, se han empeñado en una furibunda campaña a fin de combatir esta fuerza atractiva del socialismo y denigrar al régimen socialista recurriendo a diversas formas. Por un lado, hacen esfuerzos para presentar al régimen capitalista como el régimen de la libertad, del bienestar, del humanismo, del florecimiento de la personalidad, del hombre, etc. Por otro lado, no se detienen frente a ninguna calumnia o falsificación dirigidas a oscurecer al verdadero régimen socialista como un régimen supuestamente antihumanitario, donde no hay libertades y donde es reprimida la personalidad del hombre. Sería suficiente mencionar los feroces ataques de la propaganda anticomunista llevada a cabo por los revisionistas jruschovistas, titoistas, trotskistas y todo género de enemigos, contra Stalin y la dictadura del proletariado en la Unión Soviética, por no hablar ya de la época de Lenin y hasta las continuas campañas de ataques y calumnias contra Albania socialista.

En lugar del socialismo edificado según las enseñanzas del marxismo-leninismo, la burguesía y los revisionistas predican y propagan el llamado «socialismo humano», de «rostro humano» como el «dubchekista» en Checoslovaquia, el «autogestionario» y «antiestatista» en Yugoslavia, el «democrático» ofrecido por los eurocomunistas o el de «Estado de todo el pueblo» predicado por los revisionistas jruschovistas en la Unión Soviética. Sus prédicas están dirigidas contra las enseñanzas fundamentales del marxismo-leninismo sobre el socialismo científico en general y, en particular contra las enseñanzas sobre la lucha de clases y la dictadura del proletariado, que supuestamente están en oposición al humanismo. Precisamente la difusión del liberalismo en todos los campos, la renuncia a la lucha de clases y el debilitamiento de la dictadura del proletariado constituyen la esencia de la agresión ideológica imperialista-revisionista contra Albania socialista apareciendo con la consigna del «humanismo».

jueves, 22 de marzo de 2018

Sobre la reivindicación liberal-utópica de una educación popular general de calidad y gratuita a cargo del Estado capitalista


«B.  «El Partido Obrero Aleman exige, como base espiritual y moral del Estado:

1.  Educación popular general e igual a cargo del Estado. Asistencia escolar obligatoria general. Instrucción gratuita». (Programa del Partido Socialdemócrata Alemán, aprobado en Eisenach en 1869)

¿Educacion popular igual? ¿Que se entiende por esto? ¿Se cree que en la sociedad actual –que es de la única de que puede tratarse–, la educación puede ser igual para todas las clases? ¿O lo que se exige es que también las clases altas sean obligadas por la fuerza a conformarse con la modesta educación que da la escuela pública, la única compatible con la situación económica, no sólo del obrero asalariado, sino también del campesino?

«Asistencia escolar obligatoria para todos. Instrucción gratuita». La primera existe ya, incluso en Alemania; la segunda, en Suiza y en los Estados Unidos, en lo que a las escuelas públicas se refiere. El que en algunos estados de este último país sean «gratuitos» también centros de instrucción superior, sólo significa, en realidad, que allí a las clases altas se les pagan sus gastos de educación a costa del fondo de los impuestos generales. Y –dicho sea incidentalmente– esto puede aplicarse también a la «administración de justicia con carácter gratuito» de que se habla en el punto A, 5 del programa. La justicia en lo criminal es gratuita en todas partes; la justicia civil gira casi exclusivamente en torno a los pleitos sobre la propiedad y afecta, por tanto, casi únicamente a las clases poseedoras. ¿Se pretende que éstas ventilen sus pleitos a costa del Tesoro público?

El párrafo sobre las escuelas debería exigir, por lo menos, escuelas técnicas –teóricas y prácticas–, combinadas con las escuelas públicas.

Eso de «educación popular a cargo del Estado» es absolutamente inadmisible. ¡Una cosa es determinar, por medio de una ley general, los recursos de las escuelas públicas, las condiciones de capacidad del personal docente, las materias de enseñanza, etc., y, como se hace en los Estados Unidos, velar por el cumplimiento de estas prescripciones legales mediante inspectores del Estado, y otra cosa completamente distinta es nombrar al Estado educador del pueblo! Lo que hay que hacer es más bien substraer la escuela a toda influencia por parte del gobierno y de la Iglesia. Sobre todo en el imperio prusiano-alemán –y no vale salirse con el torpe subterfugio de que se habla de un «Estado futuro»; ya hemos visto lo que es éste–, donde es, por el contrario, el Estado el que necesita recibir del pueblo una educación muy severa.

Pese a todo su cascabeleo democrático, el programa está todo él infestado hasta el tuétano de la fe servil de la secta lassalleana en el Estado; o –lo que no es nada mejor– de la superstición democrática; o es más bien un compromiso entre estas dos supersticiones igualmente lejanas del socialismo.

«Libertad de la ciencia»; la estatuye ya un párrafo de la Constitución prusiana. ¿Para qué, pues, traer esto aquí?

«¡Libertad de conciencia!». Si, en estos tiempos del Kulturkampf [1], se quería recordar al liberalismo sus viejas consignas, sólo podía hacerse, naturalmente, de este modo: todo el mundo tiene derecho a satisfacer sus necesidades físicas [2], sin que la policía tenga que meter las narices en ello. Pero el Partido Obrero, aprovechando la ocasión, tenía que haber expresado aquí su convicción de que «la libertad de conciencia» burguesa se limita a tolerar cualquier género de libertad de conciencia religiosa, mientras que él aspira, por el contrario, a liberar la conciencia de todo fantasma religioso. Pero, se ha preferido no sobrepasar el nivel «burgués». (Karl Marx; Glosas marginales al programa del Partido Obrero Alemán, 1875)

Anotaciones de la edición:

[1] Kulfurkampf [Lucha cultural] era como llamaban los liberales burgueses al conjunto de medidas legislativas adoptadas por el gobierno de Bismarck en los años 70 del siglo XIX. Al socaire de la lucha por una cultura laica, estas medidas se dirigían contra la iglesia católica y el partido del «centro», que apoyaban las tendencias separatistas y antiprusianas de los funcionarios, los terratenientes y la burguesía de los pequeños y medianos estados del Suroeste de Alemania. En la década del 80, para reunir las fuerzas reaccionarias, Bismarck derogó la mayor parte de estas medidas.

[2] En la edición alemana de Obras Completas de Marx y Engels, tomo XIX, se lee: «satisfacer sus necesidades religiosas lo mismo que sus necesidades corporales, sin que la policía tenga que meter sus narices».

martes, 28 de noviembre de 2017

Las vías en la lucha contra el revisionismo y la consecución de la unidad de los comunistas; Vincet Gouysse, 2004

Este capítulo nos parece de los más acertados de todo el documento pese a su brevedad, y es uno de los trozos que se hace extrapolable sin posible excusa para la aplicación propia de cualquier organización o individuo marxista-leninista. Aquí el autor, nos explica las técnicas de la burguesía para demonizar o silenciar el marxismo-leninismo y sus figuras, tras un gran análisis corto, se explica de donde nace el revisionismo en sí, y se explica que no toda rama del revisionismo se puede combatir igual, por lo que la estrategia a trazar de los marxista-leninistas debe de ser cuidadosa para que la crítica hacía estas variantes de la ideología burguesía pequeño burguesa sea lo más letal posible, persuadiendo pues al receptor, para que reciba tal exposición sobre el revisionismo y sus deficiencias. 

También se explica un axioma generalizado: para formar el partido del proletariado se debe cimentar sobre la unidad ideológica, la unidad organizativa es derivación de la ideológica y no al revés, esto significa que lo primero de todo no es que se deban juntar sin más diversos sujetos que se autonominan «comunistas» forman una organización y luego establecer la línea a seguir de su «comunismo», sino que se debe deslindar las divergencias y demostrar en la praxis que todos los sujetos siguen la misma línea ideológica y que hay posibilidad de unión para desarrollar en común un trabajo teórico-práctico que de pie a un partido (con todo lo que ello conlleva), a partir de ahí, con ello se puede trabajar realmente para popularizar la línea de la nueva organización, para ganarse a las masas; solo de esta forma la famosa unidad organizativa podrá ser efectiva y no coercitiva o directamente un mito, pues habrá como tal una organización y no un caudillo o en su defecto un crisol de líneas y fracciones. Por tanto para que haya unidad  dentro del partido debe haber una unidad ideológica, y esta debe de estar basada en la doctrina del marxismo-leninismo, que en el caso del partido regirá el centralismo democrático para su organización, esto da per se una lucha irreconciliable contra toda ideología ajena, incluyendo en este panel a cualquier rama del tronco revisionista, ya que si alguna corriente penetra alterará el centralismo democrático y por tanto el posible desarrollo de la popularización del programa, consignas, y luchas de los comunistas. 

Con ello queda visto que «Materializar un partido» no es cosa de un día, una semana o un año. Deben darse unas condiciones que están ausentes en muchos países por falta de unidad entre los revolucionarios, falta de conocimientos teóricos y falta de experiencia. Lo que sí abunda y nos encontramos a diario cuando no se han entendido estos axiomas, son organizaciones que nacen apresuradamente para perecer en un breve lapso de tiempo; organizaciones que degeneran rápido y viven a cuestas de las subvenciones del Estado o que simplemente son plataformas que sirven para que los jefes se enriquezcan con las cuotas y donaciones de sus militantes.

Es por ello que ya hablamos de las: 
«Diferencias entre unidad entre marxista-leninistas y la unión ecléctica de pretendidos o simpatizantes de dicha doctrina».

El documento:


«En su lucha contra el marxismo-leninismo, la burguesía dispone de dos armas principales que utiliza conjuntamente: de una parte la calumnia, por otra parte la del silencio. Así en el caso de que un revolucionario auténtico haya practicado una la lucha de clases consecuente y haya atraído el odio de los medios reaccionarios: o se lleva a cabo una demonización contra él en la medida de lo posible, o si no se intentará ocultar toda su obra. En el caso de Stalin que fue una figura a la cabeza de un país inmenso era difícil de ignorar, aquí entonces, el arma de la calumnia fue preponderante, mientras que en el caso de Enver Hoxha a la cabeza de la pequeña Albania socialista, la estrategia burguesa prefirió el empleo del silencio como arma. Externamente a estas dos armas, la burguesía también no vacila en hacer a ciertos revolucionarios auténticos en los iconos inofensivos cuando éstos desaparecieron hace tiempo, se trata entonces de tratar de esterilizar su obra «reactualizándolo» con el fin de vaciarlo de su contenido revolucionario, y es ahí donde entra el principal trabajo de las principales corrientes revisionistas que por esencia deben ataviarse con vestido del marxismo. Esto es particularmente flagrante para Marx, Engels y Lenin. Todos los medios son buenos para denigrar el marxismo-leninismo e intentar sustituirle por las teorías revisionistas y aliadas de la burguesía que navegan en contra de la revolución.

lunes, 20 de febrero de 2017

Respuesta a los camaradas A.V. Sánina y V.G. Venzher; Stalin, 1952



28 de septiembre 1952
Stalin

He recibido sus cartas. Se ve que los firmantes estudian con profundidad y seriamente los problemas de la economía de muestro país. Las cartas contienen no pocas formulaciones acertadas y consideraciones interesantes. Sin embargo, al lado de ello, contienen también algunos graves errores teóricos. En la presente contestación pienso detenerme precisamente en estos errores.

a) El carácter de las leyes económicas del socialismo.

Los camaradas Sánina y Vénzher afirman que «las leyes económicas del socialismo surgen sólo gracias a la acción consciente de los ciudadanos soviéticos, ocupados en la producción de material». Esta tesis es completamente falsa.

¿Existen las leyes del desarrollo económico objetivamente, fuera de nosotros, independientemente de la voluntad y de la conciencia de los hombres? El marxismo responde a esta pregunta de modo afirmativo. El marxismo considera que las leyes de la economía política del socialismo son un reflejo, en el cerebro del hombre, de leyes objetivas que existen fuera de nosotros. Pero la fórmula de los camaradas Sánina y Vénzher responde a esta pregunta de modo negativo. Eso quiere decir que estos camaradas se sitúan en el punto de vista de una teoría errónea, según la cual en el socialismo las leyes del desarrollo económico «son creadas», «son transformadas» por los organismos dirigentes de la sociedad. Dicho de otro modo, estos camaradas rompen con el marxismo y pisan el camino del idealismo subjetivo.

Naturalmente, los hombres pueden descubrir estas leyes objetivas, llegar a conocerlas y, basándose en ellas, utilizarlas en interés de la sociedad. Pero no pueden ni «crearlas» ni «transformarlas».

Admitamos que por un instante compartimos la errónea teoría que niega la existencia de leyes objetivas en la vida económica del socialismo y que proclama la posibilidad de «crear» leyes económicas, de «transformar» las leyes económicas. ¿A dónde iríamos a parar? Iríamos a parar a un reino de caos y de casualidades, dependeríamos como esclavos de estas casualidades, nos privaríamos de la posibilidad, no ya de comprender, sino sencillamente de discernir en este caos de casualidades.

jueves, 9 de febrero de 2017

No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia


«El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una fase determinada de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica se transforma, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella. Cuando se estudian esas transformaciones hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en un a palabra las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo. Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas épocas de transformación por su conciencia, sino que , por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización. A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas épocas de progreso en la formación económica de la sociedad el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués. Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del proceso social de producción; antagónica, no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones sociales de vida de los individuos. Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad humana». (Karl Marx; Contribución a la Crítica de la Economía Política, 1858)

miércoles, 1 de febrero de 2017

Los errores del camarada L. D. Yaroshenko; Stalin, 1952



«Hace poco se ha dado a conocer a los miembros del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética una carta del camarada Yaroshenko, fechada el 20 de marzo del año en curso, haciendo referencia a algunas cuestiones económicas que fueron examinadas en la conocida discusión del mes de noviembre. El autor de la carta se queja de que en los principales documentos en que ha sido sintetizada la discusión, lo mismo que en las «observaciones» del camarada Stalin, «no ha tenido reflejo alguno el punto de vista» del camarada Yaroshenko. Además, el camarada Yaroshenko propone en su carta que se le permita escribir la «Economía Política del Socialismo» en el curso de un año o año y medio, facilitándole para ello dos colaboradores.

martes, 17 de enero de 2017

Respuesta al camarada Aleksandr Ilich Notkin; Stalin, 1952


21 de abril de 1952
Stalin

Camarada Notkin:

No me he apresurado a contestarle, porque no considero urgentes las cuestiones planteadas por Ud. y con mayor motivo cuando hay otras cuestiones, de carácter urgente, que, como es lógico, me han tenido apartado de su carta.

Contesto por puntos.

Primer punto

En las «observaciones» figura la conocida tesis de que la sociedad no es impotente frente a las leyes de la ciencia y que el hombre, una vez ha llegado a conocer las leyes económicas, puede utilizarlas en interés de la sociedad. Ud. afirma que esta tesis no puede hacerse extensiva a otras formaciones sociales, que sólo puede regir en el socialismo y en el comunismo, y que el carácter espontáneo de los procesos económicos bajo el capitalismo, por ejemplo, no permite a la sociedad utilizar las leyes económicas en interés de la sociedad.

jueves, 12 de enero de 2017

Como se puede mejorar el proyecto de manual de economía política; Stalin, 1952


«Algunos camaradas han «arremetido» con excesivo celo durante la discusión contra el proyecto de manual, han increpado a sus autores por los errores y las omisiones, afirmando que el proyecto no vale. Eso es injusto. Naturalmente, el manual tiene errores y omisiones, cosa que ocurre casi siempre en todo trabajo importante. Pero, no obstante, la gran mayoría de los camaradas que han participado en la discusión ha reconocido que el proyecto puede servir de base para el futuro manual si se introducen en el algunas enmiendas y adiciones. En realidad, basta sólo comparar el proyecto con los manuales de economía política de que disponemos hoy, para llegar a la conclusión de que está a cien codos por encima de ellos. Eso es un gran mérito de los autores del proyecto de manual.

Yo pienso que para mejorar el proyecto de manual sería conveniente designar una comisión no muy numerosa, en la que deberían figurar no sólo los autores del manual y no sólo partidarios de la mayoría de los participantes en la discusión, sino también adversarios de la mayoría, furibundos críticos del proyecto del manual.

Sería bueno incluir también en la comisión a un estadístico experto, para comprobar las cifras del proyecto e introducir en el nuevos datos estadísticos, así como a un jurista experto, para comprobar la exactitud de las formulaciones.

Sería conveniente descargar provisionalmente de cualquier otro trabajo a los miembros de la comisión, dándoles todas las posibilidades materiales para que puedan dedicarse por entero a confeccionar el manual.

Haría falta, además, designar una comisión de tres personas, por ejemplo, para redactar definitivamente el manual. Eso es indispensable también para conseguir unidad de estilo, cosa que, lamentablemente, falta en el proyecto de manual.

El libro debe ser presentado al Comité Central dentro de un año». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Problemas económicos del socialismo en la Unión Soviética, 1952)