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jueves, 4 de agosto de 2022

¿Qué pasa con aquellos cuya política no pasa por posicionarse a favor de ningún bloque imperialista?; Equipo de Bitácora (M-L), 2022

[Publicado originalmente en 2020. Reeditado en 2022]

«En esta sección analizaremos varias cuestiones de suma importancia. 

En primer lugar, desmontaremos la típica propaganda imperialista de que «X» país, al tener unos supuestos «derechos históricos» sobre una zona «Y», tiene vía libre para imponer su dominio en contra de la voluntad de sus habitantes. 

En segundo y tercer lugar, veremos cómo para las potencias imperialistas las regiones y sus poblaciones son meros peones en un tablero de ajedrez, no hay intención real de velar por su bienestar, solo cálculos mezquinos en torno a mayor manejo de recursos y prestigio internacional.

En cuarto lugar, observaremos cómo el señor Gouysse se vale de comparaciones forzosas −con la Guerra de Corea (1950)− para justificar un apoyo a China en una futura guerra con los EE.UU.  

En quinto lugar, compararemos los reproches de Gouysse hacia los «dogmáticos» e «izquierdistas» −es decir, aquellos que no aceptan posicionarse con la China de Xi Jinping− con las críticas que recibía el Partido del Trabajo de Albania (PTA), de parte de los prochinos y prosoviéticos, por no posicionarse con alguna de las superpotencias de la época. 

Por último, presentaremos cuales eran las tesis de Lenin contra Kautsky en torno a la cuestión de la paz en mitad de una guerra imperialista, especialmente cuando los revolucionarios, como en aquel entonces los bolcheviques, aun están lejos de tener una influencia significativa entre la población. 

¿Qué es eso de que China tiene «derecho» a reclamar Taiwán?

«La reunificación completa de nuestra patria constituye una aspiración común de todos los compatriotas de ambas orillas del Estrecho». (Xi Jinping; Discurso de final de año, 2021)

Entendemos que la cuestión de Taiwán es casi una cuestión de honor para los imperialistas chinos, los cuales son orgullosos y se sienten fuertes para mover ficha, con cada vez mayor osadía. Si su potencial sigue creciendo tarde o temprano otorgarán un ultimátum a la isla y no se detendrán ahí, sino que pasarán a reclamar otros territorios, tengan «reclamaciones históricas», «afinidades étnicas» o sean de simple «interés estratégico en la zona». Ya hemos manifestado que los palmeros de Pekín siempre dirán amén a estas acciones. Esto es normal, y no debemos guardarles especial rencor, ya que como todo vasallo su labor se resume en que cuando el amo actúa ellos tienen que buscarse la vida en excusar sus actos. En su día justificaron la ocupación de zonas como Xinjiang, el Tíbet, Macao o Hong Kong con el pretexto de «liberarlos del imperialismo occidental» y la «opresión religiosa», pero esta fue una carta que gastaron hace tiempo, cuando los gobernantes chinos de la época de Mao empezaron a repartirse el mundo en contubernio con los EE.UU. y pasaron a promover las distintas religiones tradicionales, aunque, eso sí, siempre que estas respetasen la «integridad del territorio» y no mancillasen el honor del gobierno central. ¡Si hasta hemos visto recientemente al Presidente Xi Jinping citando a Confucio!

Algunos alegarán que China tiene «derechos históricos» sobre la isla. Bien, para quien no lo sepa durante el siglo XVII Taiwán fue una colonia holandesa y española, después pasó a ser colonizada por las diferentes dinastías chinas, quienes no tuvieron problema en exterminar a parte de la población para someterla a su gobernación, luego fue ocupada por el expansionismo japonés y por último, en el año 1949, pasó a formar parte de la República de China, es decir, del gobierno formado a partir de los restos del Kuomintang (KMT), el partido nacionalista –o mejor dicho uno de los dos partidos nacionalistas– que perdió la guerra civil china frente al Partido Comunista de China (PCCh) –que hoy gobierna desde Pekín–. En aquel entonces la cúpula del PCCh no se atrevió a echar a un debilitado KMT de la zona principalmente por dos razones: a) la dificultad de una operación anfibia; b) el pavor a provocar una intervención de los EE.UU. y una guerra a gran escala. 

Pero las cosas han cambiado muchísimo desde entonces. Pekín demostró en la práctica no tener ninguna intención de construir el comunismo ni respetar la soberanía nacional de los pueblos, sino que su único objetivo palpable ha sido la expansión de su economía capitalista por los cuatro costados del planeta, todo a fin de obtener las máximas ganancias. Una ambiciosa labor en la que, por cierto, los prochinos contemporáneos olvidan que Washington ha sido su benefactor durante no pocas décadas, proporcionándole todo tipo de asistencia técnica para levantar su imperio, algo que ahora se le ha vuelto totalmente en contra. ¡Paradojas de la vida!

En cuanto a la actual población taiwanesa todo parece indicar que no desea su unión con la China continental, pero en caso de que no fuese así, el gobierno chino dudosamente va a dar la posibilidad de saberlo en un plebiscito. En este aspecto igual de fiable sería la cacareada «supervisión internacional» de la ONU, que, por otra parte, nunca ha demostrado ser un organismo imparcial, pues desde sus comienzos ha estado manipulada por los designios del Tío Sam. Lo que debe de quedar claro es que si los soldados chinos de Xi Jinping invaden la zona sería como si Francia hubiese decidido invadir Alsacia en 1913 o Alemania invade el Sarre en 1933. ¿Qué queremos decir? Que más allá de las simpatías de la población o los famosos «derechos históricos», este sería un movimiento calculado por la burguesía nacional para iniciar un ajuste de cuentas con el imperialismo rival, para obtener «X» beneficios, nada más. Pero, a todo esto, ¿con qué legitimidad un país imperialista invocaría la «autodeterminación de los pueblos» cuando ni siquiera la respeta en su casa? A esto es lo que no saben qué responder nuestros afables fans de un imperialismo u otro, que solo apuran a tartamudear un par de frases manidas. Véase el capítulo: «¿Puede ser «el apoyo de los pueblos» un país que viola el derecho de autodeterminación en su casa?» (2021).

Por si esta forma de razonar resulta extraña para muchos dejaremos las siguientes palabras del jefe de los bolcheviques:

«El obrero asalariado seguirá siendo objeto de explotación, y para luchar con éxito contra ella se exige que el proletariado sea independiente del nacionalismo, que los proletarios mantengan una posición de completa neutralidad, por decirlo así, en la lucha de la burguesía de las diversas naciones por la supremacía. En cuanto el proletariado de una nación cualquiera apoye en lo más mínimo los privilegios de «su» burguesía nacional, este apoyo provocará inevitablemente la desconfianza del proletariado de la otra nación, debilitará la solidaridad internacional de clase de los obreros, los desunirá para regocijo de la burguesía». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1916)

jueves, 3 de junio de 2021

«Debemos apoyar a China porque pone en entredicho la política occidental», ¿dónde hemos oído esto antes?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


[Publicado originalmente en 2020. Reeditado en 2022]

«En esta sección analizaremos cómo el «tercermundismo» sigue siendo una baza muy utilizada por los gobiernos tanto de las potencias imperialistas como de los países dependientes. En segundo lugar, observaremos cómo esta desviación es una enfermedad muy extendida entre los grupos de «izquierda». En tercer lugar, expondremos cómo para muchos militantes antiimperialistas solo hay un único imperialismo que les preocupe: el de Washington. Por último, desmontaremos la teoría catastrofista que suelen utilizar los prochinos para que se apoye su política en terceros países.

¿Qué es el «tercermundismo» y por qué China lo sigue utilizando?

«China intenta penetrar en los países del «tercer mundo» y ocupar un «lugar al sol». (...) A medida que China se desarrolle económica y militarmente, intentará cada vez más penetrar en los países pequeños y menos desarrollados y dominarlos a través de sus exportaciones de capitales». (Enver Hoxha; Imperialismo y revolución, 1978)

Xi Jinping se pasea por los foros internacionales lanzando los clásicos discursos «tercermundistas» de toda la vida para intentar ganarse a los incautos. Atentos porque el cinismo de esta gente es increíble:

«Necesitamos cerrar la brecha del desarrollo y revitalizar el desarrollo mundial. El proceso de desarrollo global está sufriendo una grave interrupción, lo que implica problemas más destacados, como una brecha Norte-Sur cada vez mayor, trayectorias de recuperación divergentes, fallas en el desarrollo y una brecha tecnológica. (…) El camino correcto para la humanidad es el desarrollo pacífico y la cooperación en la que todos ganan». (Xi Jinping; Discurso en el Foro Económico, 17 de enero de 2022)

¡Qué bonito discurso, Presidente! ¡Qué pena que China incumpla día y noche sus promesas de «coexistencia pacífica», «comercio justo», «compromiso climático» y todo lo demás! ¿No os recuerda esto a los discursos de Kennedy, Carter o Clinton? En verdad, este tipo de promesas son recurrentes en estos foros internacionales, donde la potencia intenta presentarse ante el mundo como el garante de la paz, como el hermano mayor altruista, etcétera. Véase la obra: «Algunas reflexiones sobre los discursos en la VII Cumbre de las Américas» de 2015.

El llamado «tercermundismo» ha sido siempre la marca del revisionismo, en cualquiera de sus expresiones. Hoy, el tercermundismo sigue presente en la política exterior no solo del revisionismo, es decir, de quienes se intentan hacer pasar por marxistas de alguna manera u otra, sino que es el sello de la mayoría de gobiernos del mundo, puesto que existen una gran cantidad de teorías análogas que defienden lo mismo en lo fundamental: el «Movimiento de los Países No Alineados», «Nuevo Orden económico», el diálogo Norte-Sur», etc. Véase la obra: «La teoría de los «tres mundos» y la política exterior contrarrevolucionaria de Mao» de 2017.

Dicho esto, ha de entender la relación que circunda a todo este entramado:

a) Cuando la administración de las potencias imperialistas proponen a los gobiernos de los países que esquilman económicamente la búsqueda conjunta de un «nuevo orden económico», solo lo hacen para echarle un cable a sus socios, quienes saben que están ahogados en un mar de problemas con deudas, especulación financiera, corrupción y desbalances comerciales; por tanto, a su vez buscan coordinarse con sus homólogos para embaucar con promesas a los asalariados de estas zonas, hastiados de sufrir una explotación perpetua en beneficio de las camarillas locales y las empresas extranjeras. b) Del mismo modo, cuando los países capitalistas dependientes de las grandes potencias abogan públicamente por contraer un «nuevo orden económico», traducimos que están implorando a sus aliados que aflojen el nudo que les subyuga, que necesitan como el comer un mejor reparto de los mercados, más moratorias en los pagos, armas de última generación para reprimir las protestas internas, etcétera, en suma, todo lo que sea necesario para que el régimen no colapse; en verdad, como mucho están amenazando a sus socios con que si no son capaces de satisfacer sus demandas terminarán cambiando de bloque imperialista. c) Existen también otros muchos movimientos y jefes políticos que, si bien también están comprometidos y buscan la aprobación de las potencias extranjeras, tratan de adoptar una «estoica posición» de «rebeldía» de cara a la galería, ¿por qué? Para neutralizar a sus competidores, para calmar los ánimos de las masas trabajadoras, en definitiva, para intentar recalar todos los apoyos posibles y construir su relato como «valerosos antiimperialistas» que exigen el «fin de las injusticias históricas» y la inmediata puesta en marcha de un «nuevo orden económico», aunque sin ánimo real de ir a la refriega llegada la hora. d) Por último, hay otros gabinetes de gobierno que, como representantes de la burguesía de un país capitalista en auge, aprovechan este tipo de consignas demagógicas del «nuevo orden económico» para buscar que su nación «ocupe el lugar de honor que se merece» entre las potencias regionales o mundiales, es decir, para implementar un chantaje económico e injerencia política que antes denunciaban como abusivo o intolerable cuando lo practicaban otros. En resumidas cuentas, estas teorías, en cualquiera de sus variantes son falsas y mezquinas de arriba a abajo, ya que, como los revolucionarios saben, el único «nuevo orden económico» posible que dará solución a los problemas intrínsecos y recurrentes del capitalismo es su sustitución por el sistema económico socialista, fin.

Si asumimos que ha de darse el internacionalismo −y no cualquier tipo de internacionalismo, sino el proletario que mandan los cánones marxista-leninistas−, el continuar alimentando estas nociones y discursos «tercermundistas» supone contribuir −de una manera u otra− a la perpetuación de una expresión ideológica nacionalista; supone ser −se quiera o no− el furgón de cola de la burguesía nacional de tu país natal, la cual jugará −según le toque en cada momento− el papel de dominadora o dependiente en el gran escenario global. Bajo tales preceptos, a lo máximo que se podrá aspirar políticamente es a ser un actor secundario en un precioso proyecto internacional de falsas sonrisas y cínica solidaridad entre burguesías regionales, pero nadie en su sano juicio desearía participar en tal estafa. Si alguien cree que exageramos, puede repasar lo ocurrido con los ensayos de esta élite de «reformadores sociales» con el «panafricanismo», el «socialismo árabe» o, más reciente, el «socialismo del siglo XXI». Todos ellos, debido a su disparidad de intereses y los vínculos contraídos y/o mantenidos con el imperialismo extranjero, jamás pasaron de conformar una unidad formal y efímera. Esto es normal, porque cada productor capitalista tiene intereses competitivos contrapuestos con otros a nivel mundial, y en cuanto ve ocasión de sacar tajada, traiciona los intereses formales de esa «comunidad» aliándose con el mejor postor, que normalmente suele ser una potencia imperialista con una gran chequera o muchos misiles. En el común de los casos estos «héroes antiimperialistas» acaban actuando como agentes del imperialismo de turno, del cual difunden día y noche su propaganda sobre las «excelsas bondades» que supone colaborar con tan «compresivos amigos», aunque opriman y masacren a infinidad de pueblos, empezando por el propio. Una vez el imperialismo decide que estos elementos ya no les son funcionales para sus intereses, se deshace de ellos con los mismos métodos cuestionables, por lo que las más de las veces acaban derrocados por el mismo director que antes había decidido que iba a ser el protagonista de la tragicomedia, cerrándose el telón de una función que nos podríamos haber ahorrado.


El caso de Vincent Gouysse demuestra que esta sigue siendo una enfermedad muy extendida

«Aquellos que olvidan o relegan la contradicción proletariado-burguesía y centran sus análisis únicamente en la situación internacional. Lo que les lleva a considerar que ciertos países que tienen contradicciones con el imperialismo y/o el socialimperialismo se debe apoyar a esos gobiernos en detrimento de su propio pueblo y proletariado, y del desarrollo revolucionario. Porque una cosa es tratar de agudizar las contradicciones de los países oprimidos o dependientes con sus opresores y dominadores, y otra, es por arte de dicha política, condenar al proletariado y al pueblo a seguir siendo esclavos de su burguesía, en muchos casos con rasgos y características feudales. (…) Hay que terminar con los análisis simplistas, maniqueístas que tanto han imperado en el movimiento y que son una resultante de la nefasta «teoría de los tres mundos», muy denunciada verbalmente, pero poco combatida en la práctica, y que aún colea en algunos partidos». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IVº Congreso del PCE (m-l), 1984)

Algunos espetarán: «¡Esto ya lo sabemos! No es complicado de entender, no decimos que estemos inmunizados, pero, ¿quién puede creerse esos cuentos del «tercermundismo» o el «no alineamiento» a estas alturas?», pues, para desgracia nuestra, no es tan extraño esos comportamientos y regresiones hacia estas nociones que deberían estar superadas, y el señor Vincent Gouysse es el mejor ejemplo reciente:

«China y sus aliados están innegablemente en su derecho a querer poner fin a la política colonial occidental. Desde esta perspectiva, defienden no solo sus propios intereses económicos fundamentales que requieren la extensión segura de su esfera de influencia, sino también las legítimas aspiraciones de muchos pueblos de vivir libres de esta espada de Damocles. En esta etapa actual de la historia del desarrollo del capitalismo, China representa, ciertamente, un progreso hacia el desarrollo para muchos países que, durante tanto tiempo, se han mantenido en el más completo atraso económico y en la miseria debido a Occidente, que encarna la reacción... ¡con tintes coloniales y proteccionistas muy pronunciados!». (Vincent Gouysse; China «comunista»: mitos y hechos principales, ¡de Mao a Xi, 2020)

¿Han leído bien? ¡China defiende «las legítimas aspiraciones de muchos pueblos de vivir libres»! El Sr. Gouysse apela a lo mismo que todos los adeptos al «socialismo del siglo XXI». Estos, cuando hablan de la más que discutible política exterior de Cuba, Venezuela o Bolivia, sostienen que, bueno, es cierto, sus «crecientes vínculos» con Rusia o China indican una clara dependencia, ¡pero al menos «entorpecen» la hegemonía estadounidense! Así es cómo el oportunismo presenta que el cambiar de potencia imperialista es un gran «progreso» y «desarrollo» histórico. ¡Aquí quién no se contenta es porque no quiere! 

Aunque las posiciones de las que parte Vincent Gouysse sean levemente distintas a las del ya fallecido Fidel Castro, tanto los postulados del francés, como los del cubano, apuestan por lanzar a los pueblos del mundo a los brazos del imperialismo: 

martes, 11 de mayo de 2021

¿Puede ser «el apoyo de los pueblos» un país que viola el derecho de autodeterminación en su casa?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«Para abordar este capítulo referente a la cuestión de Xinjiang, Tíbet o Hong Kong, no podemos dejar de mirar hacia el pasado. Así, entenderemos que como se suele decir «de aquellos barros estos lodos».

En los años 30 el Partido Comunista de China (PCCh) a priori destacaba por haber aceptado la visión bolchevique sobre la cuestión nacional, algo sumamente importante en un Estado multinacional como el suyo:

«Lucha por la correcta solución revolucionaria de la cuestión nacional hacia los pueblos no chinos, el PCCh debe tener en cuenta los principales pueblos no chinos –mongoles, khoi, coreanos, tai, nose, mon, etc.– lo que representa la abrumadora mayoría de la población de las regiones periférica de China –Manchuria, Mongolia Interior, Gansu, Guizhou, Yunnan– y las minorías nacionales de los territorios de Guandong, Guangxi, Hunan, provincias occidentales de Sichuan, etc. (…) El PCCh lucha por el derecho a la autodeterminación, hasta la secesión estatal de todos los pueblos no chinos que sufren la opresión por parte de las clases poseedoras chinas y el imperialismo». (Del acta Nº307 de una reunión extraordinaria de la comisión política de la Secretaria del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, Moscú, 21 de abril de 1933)

Antes de continuar, deberíamos hacer un inciso sobre China y la cuestión nacional para quien no esté muy familiarizado. La etnia mayoritaria en lo que hoy se conoce como China es −y siempre ha sido− la han, pero no ha sido la única, existiendo otras. Previamente a que Mao Zedong llegase a la cima de poder, el PCCh había defendido el derecho de autodeterminación hasta sus últimas consecuencias −véase las tesis del VIº Congreso del PCCh de 1928−. En los comunicados de los territorios liberados por los comunistas chinos, la República Soviética de China de 1931-37, no se dejaba lugar a dudas:

«Esto significa que las regiones como Mongolia, Tíbet, Sinkiang, Yunnan, Kweichow y otras, en las que la mayoría de la población pertenece a nacionalidades no chinas, las masas trabajadoras de estas nacionalidades tienen derecho a determinar si desean separarse de la República Soviética China y establecer su propio estado independiente o ingresar a una Unión de Repúblicas Soviéticas o formar una región autónoma dentro de la República Soviética China». (Primer Congreso Nacional de la República Soviética de China, 1931)

Sobre Mongolia

Pero a partir de 1936 la nueva política maoísta sobre las fronteras rechazaba el derecho de autodeterminación que antaño había abanderado el PCCh: 

«Cuando la revolución popular» haya salido victoriosa en China, la República de Mongolia Exterior pasará a ser automáticamente una parte de la Federación China por voluntad propia. Los pueblos mahometano y tibetano también formarán repúblicas autónomas unidas a la federación china». (Edgar Snow: Estrella roja sobre China, 1937)

sábado, 13 de marzo de 2021

¿A estas alturas con la cantinela de las «fuerzas productivas»?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«Si bien anteriormente comprobamos que las estadísticas de inversión extranjera directa de China en América Latina confirman que gran parte eran con fines especulativos y rentistas, esta es justamente la misma estrategia que el gigante asiático sigue en África:

«Las industrias extractivas −entre las que se incluye la petrolera− suponían 22.5% del PIB en 2010. Frente a ello, se contraponen sectores marcadamente tradicionales, como la agricultura o parte importante de los servicios (gráfica 4). Al ser China el comprador casi exclusivo del petróleo sudanés, se volvió en el gran financiador externo de la economía del país. Así, no sólo era el principal inversor, sino también el principal mercado del petróleo y, por lo tanto, de las exportaciones sudanesas (gráfica 5) [de un 3% de las exportaciones hacia China en 1999 a un 80% en 2010]. (...) Llama la atención que esta «lluvia de millones» no haya ido acompañada de un nuevo equilibrio del sector exterior, sino que hubiera déficits comerciales importantes. Esto no fue más que resultado del crecimiento sin precedentes de las importaciones como respuesta a la momentánea superación de la falta de liquidez. (...) China actuó como el primer financiador de la economía sudanesa y aportó un volumen creciente de manufacturas. Sin embargo, no desplazó del todo a los países europeos como fuente de aprovisionamiento industrial, ni se implicó en el desarrollo de sectores productivos propios más allá del petróleo ni en la construcción de infraestructuras (Bosshart, 2007). (...) Además, ha apoyado activamente con asistencia tecnológica y cesión de patentes el desarrollo del Complejo Industrial Militar. Todo ha favorecido al nuevo Estado islamista de corte neoliberal a partir de los años noventa». (Alfredo Langa Herrero & Daniel Coq Huelva; Renta petrolera y dependencia económica. El papel de China en los nuevos procesos de crecimiento en África: el caso sudanés (1989-2011), 2018)

El señor Gouysse no solo se ha vuelto prochino, sino que ahora también se ha vuelto católico y cree en los milagros. ¡Aleluya! Por eso asegura que existe, por un lado, un cierto «altruismo chino» que «impulsa» la economía de estos países mientras que, por el otro, existe una burguesía nacional en los países latinoamericanos con la predisposición de abandonar la rentabilidad a corto plazo, recortar los lujos y la corrupción de sus dirigentes «por el bien común». Resulta que ahora, gracias a las «desinteresadas inversiones chinas», la mayoría de estos Estados construirán lo que llevan siglos sin conseguir: una industria nacional independiente de los imperialismos foráneos −extracontinentales o regionales−. Parece que, a estas alturas, el señor Gouysse no es consciente de aquello que hasta los chavistas venezolanos reconocen: que el país, tras varias décadas de «socialismo del siglo XXI», no ha sido capaz de escapar del modelo extractivo del petróleo, quedando su economía sujeta a los vaivenes del precio del crudo en el mercado internacional. Vamos, lo que él mismo se encargó de reportar en su obra: «Imperialismo y antiimperialismo» (2007). Véase nuestro capítulo: «Las causas reales de la permanente crisis político-económica venezolana» de 2018. 

Parece ser que el nuevo lacayo de Pekín intenta disimular algo tan simple como que la división internacional del trabajo también genera superganancias a China, pero solo gracias a una balanza comercial favorable en detrimento de América Latina o África. Los gobiernos latinoamericanos son presionados constantemente por esa supuesta China «librecambista» para que, en lugar de exportar sus productos procesados, se centren en la producción y exportación de materias primas. ¿Qué sorpresa, verdad?

«Existen otros factores que no permiten la diversificación del comercio y afectan su composición. China impone barreras comerciales, incluyendo aranceles relativamente altos e instrucciones a las empresas de propiedad del estado para que prioricen la compra de bienes nacionales. Las restricciones comerciales también tienden a aumentar con el grado de procesamiento y el valor agregado del bien comercializado. Por ejemplo, Argentina entró en una disputa comercial con China cuando trató de exportar a ese país aceite de soya en lugar de soya en grano. Cuando el embarque fue considerado inaceptable debido a supuestas preocupaciones sanitarias, Argentina tuvo que ceder y volvió a enviar soya en grano. Finalmente, las políticas cambiarias de China, que mantienen bajo el valor del yuan, sirven para aumentar el precio de las exportaciones de América Latina a China. Todas estas restricciones en conjunto hacen más complicados los esfuerzos para ampliar las exportaciones de bienes procesados y manufacturados. (…) El auge en las exportaciones basado en solo unos cuantos productos primarios tiene sus riesgos. Una contracción significativa en la economía de China tendría un impacto importante en el crecimiento en América Latina, ya que los flujos comerciales y de inversión disminuirían. Además, más allá del hecho de que el incremento de las exportaciones basado en solo unos pocos productos primarios deje al país vulnerable a la volatilidad de precios». (Econ South; El comercio estrecha vínculos entre China y América Latina, Volumen 13, N2, 2018)

Países potentes como Brasil, una potencia regional −aunque incapaz de rivalizar con el dragón asiático−, demuestran que el comercio con China y la política de su gobierno no conducen, precisamente, a su industrialización, sino a la desindustrialización progresiva, lo que, como es de esperar, levanta aireadas reacciones:

«El aumento galopante en importaciones de China, que creció 61 por ciento entre los años 2009 y 2010, y 47 por ciento en los dos primeros meses del 2011, ha causado una alarma considerable entre los fabricantes brasileños y ha creado continuas tensiones entre los dos países. En 2010, el 84 por ciento de las exportaciones de Brasil a China fueron materias primas, entre las cuales el hierro, la soya y el crudo representaban tres cuartos de las exportaciones. Por otro lado, el 98 por ciento de las importaciones de China fueron productos manufacturados, encabezando la lista los televisores, pantallas LCD y teléfonos. La política cambiaria de China, que sirve para mantener subvaluada su moneda, combinada con la fortaleza de la moneda brasileña, el real, exacerbaron las presiones sobre los fabricantes brasileños. El fuerte impacto sobre las industrias textiles y de calzado ha llevado a la Confederación Nacional de Industrias a realizar advertencias sobre la desindustrialización en aquellos sectores. Algunos sectores manufactureros han logrado tener éxito al pedir protección del gobierno, tal como sucedió en diciembre de 2010, cuando Brasil aumentó sus aranceles de importación aplicables a una lista de juguetes, pasando de 20 a 35 por ciento. Brasil también ha iniciado una serie de investigaciones anti-dumping contra productos chinos». (Econ South; El comercio estrecha vínculos entre China y América Latina, Volumen 13, N2, 2018)

¿Cómo han evolucionado las relaciones comerciales entre ambos países? ¿Ha cesado ese intercambio desigual y desindustrializador en detrimento de la independencia económica de Brasil o por el contrario se ha seguido en la misma línea?

«En 2018, solo tres productos −soja, petróleo, mineral de hierro− sumaron el 82% de las exportaciones brasileñas a China (Figura 1). En el sentido opuesto, las importaciones brasileñas de China son casi 100% de productos manufacturados, sobre todo productos electrónicos, productos químicos, máquinas y equipos». (Luis Antonio Paulino, revista relaciones internacionales; las relaciones Brasil-China en el siglo, 2020)

domingo, 28 de febrero de 2021

¿Qué es eso de que China es un «imperialismo pacífico»?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«En esta sección repasaremos cuales son los argumentarios que se suelen verter para defender a una u otra potencia, en este caso China. Demostraremos que el comercio, las inversiones extranjeras y el poderío militar para amedrentar al rival no son esferas desconectadas, sino una gran maquinaria que trabaja al unísono para que la potencia imperialista X consiga sus propósitos. Quien no entienda algo tan básico es porque no sabe ni lo básico de economía política. Para tal fin repasaremos la vieja política exterior del maoísmo, hoy recuperada por Xi Jinping para sus planes reaccionarios a escala mundial. También examinaremos los tratos de China con sus socios en Oceanía o Latinoamérica, su presencia de tropas en zonas Sudán y mucho más. De tal forma observaremos que China ejerce su presión, chantaje y agresiones tanto a nivel militar como económico, optando por una vía u otra según la ocasión.

Argumentos y maniobras acrobáticas para embellecer la política del imperialismo

En su día, Lenin contestaba con sumo sarcasmo a un Kautsky que recientemente había cambiado sus ideas en torno a las cuestiones económicas y geopolíticas:

«Resulta, entonces, que los monopolios en la economía son compatibles con un comportamiento no monopolista, no violento y no anexionista en la política». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo fase superior del capitalismo, 1916)

En el caso de Vincent Gouysse, tras recibir nuestra respuesta −que hacía hincapié en sus anacronismos históricos y en que debería recordar las archiconocidas tesis leninistas sobre la guerra entre imperialistas− el señor Gouysse, muy avergonzado por el rapapolvo recibido, decidió matizar el significado de su nuevo y efusivo folleto proimperialista donde idealizaba a China. Aún así, su exposición no lograba ocultar su nueva forma de pensar:

«Me has entendido mal, camarada: China ya es una potencia imperialista importante, casi dominante. (...) La imperial china es hoy pacífica y tercermundista, y un día será menos pacífica... Si estalla una guerra interimperialista −suicida para Occidente, cuya burguesía, creo, va a convertirse en una burguesía compradora−, los marxistas-leninistas no apoyarán a ninguno de los dos bandos, pero harán todo lo posible para aprovechar las hostilidades para transformar la guerra imperialista en una revolución socialista. Si no estalla una guerra así, China desarrollará su capitalismo a escala mundial durante algunas décadas, con la explotación «pacífica» de numerosos países. Y los marxistas-leninistas tendrán que mostrar a la gente que fue un plan de larga data, lo que hice en 2010 con «El despertar del dragón». (Vincent Gouysse; Facebook, 25 de octubre de 2020)

No creemos que se trate de un malentendido producido por el choque lingüístico; nuestras críticas están basadas en sus obras originales en francés y, además de contar con personas que dominan lo suficiente el idioma desde luego, no dejan lugar a dudas, como tampoco lo hacen sus contestaciones posteriores en inglés o castellano.

viernes, 29 de enero de 2021

¿Lucha de clases o lucha entre «proteccionismo» y «librecambismo»?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


«Cuanto más rápido es el desarrollo del comercio y del capitalismo, más se concentran la producción y el capital, concentración que genera el monopolio. ¡Los monopolios han surgido ya y precisamente han surgido de la libre competencia! Aun en el caso de que los monopolios empezasen a frenar su desarrollo, esto no sería, a pesar de todo, un argumento en favor de la libre competencia, la cual es imposible después de que ella misma ya haya dado lugar a los monopolios. Se miren por donde se miren, en los argumentos de Kautsky sólo se encontrarán un espíritu reaccionario y reformismo burgués». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo fase superior del capitalismo, 1916) 

El ridículo pretexto para este giro prochino de Vincent Gouysse se basa en que, según él:

«Cuando digo que la política anticolonialista de China es un progreso histórico, es porque China lucha contra el proteccionismo reaccionario occidental. Marx dijo en su momento que era enemigo del libre comercio, pero que no era amigo del proteccionismo, ya que éste limitaba habitualmente a la reacción, mientras que el libre comercio tenía por efecto empujar las contradicciones internas del capitalismo a su paroxismo, apresurando así la revolución social. Sólo en este sentido, revolucionario, voto a favor del libre comercio», concluía Marx. El bloque imperialista impulsado por China encarna el libre comercio, y el bloque imperialista occidental, el proteccionismo más reaccionario –colonialismo–». (Vincent Gouysse; Comentarios, 25 de octubre de 2020)

Lo primero que salta a la vista es esa incomprensión semianarquista de la dialéctica que ya nos resulta tan familiar. Se piensa en agudización de las contradicciones, pero en términos abstractos. Da igual que la ofensiva sea del capital o del proletariado. Si algunos dirigentes comunistas, como Ernst Thälmann, falseaban la dialéctica en este sentido, proclamando que la llegada de Hitler al poder agudizaría las contradicciones, agilizaría la toma de conciencia del proletariado y, por ende, la revolución, el señor Gouysse en un tono similar nos dice hoy que hay que defender el libre comercio porque estimulará la crisis entre los países capitalistas, la lucha de clases y, con ella, apresurará la revolución. ¡Claro como el agua! Siguiendo este pensamiento mecánico, la Reforma laboral de 2012, que flexibilizó el despido libre, o la Ley de Seguridad Ciudadana de 2015, que reducía la libertad de expresión, serían «combustible» para la indignación popular y, en consecuencia, nuestra tarea como comunistas debería ser permitirlas, callar. ¿No, señor Gouysse? Quizás no ha pensado que una dinámica capitalista el crecimiento de unos países se da en detrimento de otros: en los primeros se dará −posiblemente− un incremento en la calidad de vida y mayores cuantías para sobornar a la aristocracia obrera; en los segundos, en plena depresión económica, la indignación no podrá ser recogida y canalizada por los revolucionarios mientras no estén organizados y tengan un plan de ruta clarividente. En resumidas, cuentas, esto solo es una pobre y pálida comprensión de cómo acumular fuerzas, pero ya analizaremos este fatalismo en el siguiente capítulo.

En cuanto a la supuesta oposición entre «librecambio progresista y proteccionismo reaccionario» es otra excusa muy pobre. Pero ya que se saca el tema, ¿qué demuestra la historia? Que toda burguesía, dependiendo de la fase de desarrollo en la que se encuentra, es «proteccionista», «librecambista» ¡o incluso ambas a la vez! ¿De qué depende esa gradualidad? Cuando la burguesía tiene suficiente fuerza como para alcanzar su ambicioso proyecto establece el proteccionismo para consolidar su industria y mercado –algo que siempre causa, quiérase o no, antipatías y sanciones internacionales–. No obstante, a veces por debilidad, se ve abocada a mantener cierto proteccionismo a la vez que solicita la «ayuda extranjera» –China en Asia con el capital estadounidense y occidental, Brasil en América, de nuevo, con los propios Estados Unidos, etc–.

martes, 26 de enero de 2021

Las teorías conspiranoicas sobre el COVID-19; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

[Publicado originalmente en 2020. Reditado en 2021]

«Tras nuestra lectura de los informes, discursos y otros documentos hechos públicos de diversas organizaciones respecto a la pandemia del COVID-19 [coronavirus], bien sean estas más «progresistas» o «conservadoras», más escoradas a la «izquierda» o a la «derecha», observamos, una vez más, que gran parte de los políticos, artistas y filósofos, lejos de alejarse de las corrientes pseudocientíficas, secundan y emiten declaraciones que terminan por reproducir y dar por buenas una serie de hipótesis «conspiranoicas» de lo más ridículas, las cuales no solo no aportan claridad al respecto, sino que acaban sembrando entre la población −más aún si cabe− una mezcla de pánico y confusión. Bien, lo primero que habría que dejar claro es que las ideas de esta gente son, por lo general, muy fáciles de desmontar, pues encierran ingentes cantidades de contradicciones.

El desconfiado y el charlatán comparten el conformismo agnóstico, a ambos les basta con afirmar que «esto» o «aquello» no debe ser discutido por su plausibilidad, porque «el ser humano es suficientemente retorcido» como para hacer esto otro. Pero como dijo Lenin, «háblame de hechos y no de posibilidades». En cambio, el hombre de ciencia, en lugar de arrojarse a la especulación enajenada, en lugar de sumarse a la turba de «expertos» que se dedican a la «opinología», comprobará qué hechos sostienen una teoría −o si estos existen en absoluto−. Lo contrario es embarcarse en la cavilación estéril que, tras días de quebraderos de cabeza, culmina en conclusiones carentes de valor que deben ser arrojadas al contenedor de la especulación. Uno de los pensadores materialistas más importantes del siglo XIX lo explicaba así:

«Esta incomprensibilidad no te da derecho a deducir las consecuencias supersticiosas que la teología saca del conocimiento humano; no te da derecho a fantasear en el campo de las causas naturales, porque solamente puedes decir: «Yo no puedo explicar la vida desde estos fenómenos o causas naturales que me son conocidas o desde el modo como ahora me son conocidas»; y no puedes decir sin pretender haber agotado hasta la última gota de océano de la naturaleza que la vida no sea totalmente explicable por medio de la superposición de seres inventados; no te da derecho a hacerte ilusiones y a engañarte a ti mismo y a los demás con una explicación que nada explica; no te da derecho a convertir en «no saber» de las causas naturales y materiales en un «no saber» de dichas causas, a divinizar tu ignorancia, a personalificarla y objetivizarla en un ser que debería sacarte de encima tu ignorancia, pero que en realidad no expresa más que la naturaleza de esa ignorancia tuya, que la ausencia de explicaciones positivas y materiales. (...) En lugar de ser lo suficientemente honesto y humilde como para decir: «No sé el motivo, no puedo explicarlo, me faltan datos, los materiales» tú, con ayuda de la fantasía, conviertes estos defectos, estas negaciones, estas definiciones de tu cabeza en seres positivos, en seres que son inmateriales. (...) La ignorancia se conforma con seres inmateriales, incorpóreos, no naturales, pero su inseparable compañera, la exuberante fantasía, que siempre tiene cosas que hacer únicamente con seres altísimos y supremos y máximos, eleva inmediatamente estas pobres producciones de la ignorancia al rango de seres sobremateriales y sobrenaturales». (Ludwig Feuerbach; La esencia de la religión, 1845)

«Sorprendentemente», en los análisis de este tipo de personas paranoicas y especulativas siempre concluyen con el escenario más improbable. Estos señores, a falta de datos concretos que permitan una examinación en profundidad, eluden por completo los instrumentos esenciales del análisis lógico como, por ejemplo, la «navaja de Ockham», que indica que: «En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable». El nominalismo del siglo XIV, el racionalismo de este franciscano, es una filosofía más avanzada y cercana al método científico que la que acostumbran estos seres. Pero, como no siempre todo es tan sencillo como parece y esta formulación lógica no es suficiente −ni mucho menos−, es hora de que empecemos a entrar en materia.

Comencemos observando algunas de las tesis conspirativas que se han viralizado en los últimos meses:

«A través de Twitter y Facebook se ha extendido una idea falsa que atribuye el brote de este virus a un complot promovido por el empresario y filántropo Bill Gates, cofundador de Microsoft, y planificado a través de un laboratorio británico. Esta teoría ha sido alentada por integrantes de la comunidad anti-vacunas y el movimiento QAnon, fundado por simpatizantes de Donald Trump que creen que el presidente de Estados Unidos, con la ayuda discreta de las Fuerzas Armadas, se enfrenta a «élites globalistas» que pretenden socavar las esencias del país. El multimillonario George Soros, destacados dirigentes demócratas... y Bill Gates serían algunos de sus miembros destacados, según este movimiento. (...) Finalmente, hay usuarios convencidos de que esta enfermedad ha sido fabricada por grupos farmacéuticos interesados en vender vacunas. Sin embargo, ahora mismo, gracias a que las autoridades chinas están haciendo pública toda la información sobre el brote, cualquier laboratorio del mundo puede trabajar en fabricar una vacuna para comercializarla después». (El día.es; Del complot de Bill Gates a la mano de las farmacéuticas, 31 de enero de 2020)

domingo, 3 de enero de 2021

La burguesía contemporánea no necesita del colonialismo del siglo XIX para imponer su dominio o ser agresiva; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«En general, la palabra «materialista» sirve, en Alemania, a muchos escritores jóvenes como una simple frase para clasificar sin necesidad de más estudio todo lo habido y por haber; se pega esta etiqueta y se cree poder dar el asunto por concluido. Pero nuestra concepción de la historia es, sobre todo, una guía para el estudio y no una palanca para levantar construcciones a la manera del hegelianismo. Hay que estudiar de nuevo toda la historia, investigar en detalle las condiciones de vida de las diversas formaciones sociales, antes de ponerse a derivar de ellas las ideas políticas, del derecho privado, estéticas, filosóficas, religiosas, etc., que a ellas corresponden. (…) Hay demasiados alemanes jóvenes a quienes las frases sobre el materialismo histórico −todo puede ser convertido en frase− sólo les sirven para erigir a toda prisa un sistema con sus conocimientos históricos, relativamente escasos −pues la historia económica está todavía en mantillas−, y pavonearse luego, muy ufanos de su hazaña». (Friedrich Engels; Carta a Konrad Schmidt, 5 de agosto de 1880)

Estas palabras de Engels siguen vigentes a día de hoy, pues no son pocos los que utilizan arbitrariamente términos como «imperialismo», «antiimperialismo», «capitalismo», «socialismo», «colonialismo» o «neocolonialismo»… sin comprender su significado en lo más mínimo, sin investigar o corroborar aquella «teoría» que les ha proporcionado un tercero, reproduciendo palabras que apenas logran sobreentender cual papagayo. ¿Qué tiene esto de «marxista»? Nada. Si recordamos una famosa obra de Gorki: «La madre» (1906), que otro autor, Bertolt Brecht, recogió y adaptó magníficamente, esta postura está a años luz de estar cercana a un espíritu marxista, el cual siempre exige un examen de lo propio y lo ajeno: 

«¡No temas preguntar las cosas, camarada! No te dejes influenciar, averigua tú mismo. Lo que no sabes por cuenta propia no lo sabes. Revisa la cuenta. Eres tú el que la paga. Pon el dedo sobre cada cifra. Pregunta: ¿Cómo se llegó hasta aquí? Prepárate para gobernar». (Bertolt Bretch; Elogio del estudio, 1932)

Lenin no edificó su obra sobre una lectura superficial de Marx y Engels. Además de estudiar sus obras en profundidad, también hizo un gran trabajo de recopilación de información que filtraría críticamente para poder llegar a sus certeras conclusiones. ¿Cómo hizo esto último? Consultando los cientos de noticias y obras de los expertos, periodistas, economistas y analistas que estudiaron el fenómeno del imperialismo –véase sus «Cuadernos sobre el imperialismo»–. Fue así, y no de otra forma, que plasmó sus excelentes resultados en sus obras de 1914-16. Entre estas referencias citaba:

«Métodos de explotación colonial: designación de funcionarios de la nación dominante; apropiación de la tierra por los magnates de la nación dominante; altos impuestos». (Dr. Sigmund Schilder; Tendencias del desarrollo de la economía, 1912)

Hoy, sorprendentemente, el señor Vincent Gouysse asegura que esto sigue vigente:

«Es un hecho que para Occidente el colonialismo es la regla, y sin él, la esfera de influencia occidental se habría dislocado desde hace tiempo». (Vincent Gouysse; Facebook, 6 de noviembre de 2020)

En cambio, hace no mucho, declaraba todo lo contrario, riéndose de los cazurros que no comprendían los cambios operados desde principios del siglo XX:

«En tiempos de Lenin, la burguesía utilizaba el colonialismo como forma principal de su dominación sobre los países dependientes. [Más tarde] se vieron obligados a sustituir las formas coloniales de dominación imperialista, por las formas semicoloniales que tienen la ventaja de otorgar una independencia política formal». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2010)

Para empezar, como ya dijimos en una ocasión en referencia al economista venezolano Manuel Shuterland, cualquiera que se considere una persona seria y rigurosa debería dejar de utilizar el término «colonialismo» de forma indiscriminada:

sábado, 20 de junio de 2020

Vincent Gouysse y su deserción al socialimperialismo chino; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

«Las tesis de Gouysse sobre China entrañan otra contradicción antimarxista: creer que un país capitalista moderno, en la era de los monopolios, puede establecerse como potencia imperialista sin «conflictos» −esto es, de forma pacífica−. Para comprender cómo se formó el capitalismo en cualquier país, instamos a Gouysse a leer o repasar el capítulo «La llamada acumulación originaria» de la obra de Marx «El Capital» (1867); la obra de Lenin «Imperialismo fase superior del capitalismo» (1916); la obra de Joan Comorera: «La nación en una nueva etapa histórica» (1944); y la obra de Enver Hoxha «Imperialismo y revolución» (1978). Realizamos tal recomendación porque allí se sintetiza este proceso histórico y el señor Gouysse parece haber olvidado −si es que alguna vez ha llegado a conocer− ciertas leyes socio-económicas fundamentales del capitalismo. Claro que él aludirá a que el «imperialismo chino progresista» tiene ciertas «particularidades» −¡ay, las benditas particularidades!− que hacen que se haya formado «pacíficamente». Bien, le instamos entonces a que repase en qué descansa la explotación interna y externa de la actual China con un poco de información». (Equipo de Bitácora (M-L); La deserción de Vincent Gouysse al socialimperialismo chino; Un ejemplo de cómo la potencia de moda crea ilusiones entre las mentes débiles, 2020)

[Obra editada originalmente en 2020, reeditada en 2022]

Preámbulo

¿Por qué rescatar esta polémica tardía contra las posiciones de Vincent Gouysse, antaño un aliado nuestro? El motivo de lo puede imaginar el lector: a) es el deber de todo revolucionario combatir las distorsiones en torno al imperialismo y su carácter; b) porque una vez más consideramos necesario clarificar que las aportaciones científicas de un individuo no le eximen de sus equivocaciones o traiciones futuras, en este caso la conversión en un propagandista de la China de Xi Jinping; c) dado que no comulgamos con las especulaciones y las teorías conspiranoicas que también ha hecho gala últimamente este caballero; d) porque su método se ha alejado del priorizar la inversión de tiempo en temas tanto históricos como presentes que necesitan ser alumbrados, deslizándose por banalidades y fruslerías varias; e) ya que, una vez más el sujeto criticado es solo un pretexto para una crítica general a todos aquellos que mantienen posturas similares.

Desde este medio hemos sido los pioneros en traducir y distribuir al lector hispanohablante los magníficos análisis que en su momento produjo el señor Gouysse, el cual nos venía brindando importantes, datos, pruebas y análisis décadas atrás. El número de obras o capítulos que hemos difundido es numeroso, por lo cual no somos sospechosos de tener ninguna inquina personal hacia él:

Véase la obra de Vincent Gouysse: «Comprender las divergencias sino-albanesas» de 2004.

Véase el capítulo de Vincent Gouysse: «La lucha contra el «estalinismo»: pretexto para atacar los fundamentos del marxismo-leninismo» de 2005.

Véase el capítulo de Vincent Gouysse: «El socialismo de características china: ¿socialismo o nacionalismo burgués?» de 2007.

Véase el capítulo de Vincent Gouysse: «El socialimperialismo soviético: génesis y colapso» de 2017.

Salvo algunas anotaciones pertinentes que se le deben hacer a estos documentos −que denotaban que no había llegado hasta el final en sus investigaciones o que simplemente a veces había sentenciado de forma precipitada−, la mayoría de sus conclusiones eran totalmente acordes a la realidad, a nuestra propia línea política. Ahora, de un tiempo a esta parte, hemos venido observado múltiples desviaciones ideológicas en el autor galo que pasaban ya de castaño oscuro. Y bien, ¿qué divergencias aparecieron entre nosotros y el señor Gouysse? Para empezar, a priori su literatura siempre se había caracterizado por una implacable exposición del revisionismo en general y del imperialismo chino en particular, el mismo con el cual hoy ha acabado reconciliándose, algo que supone una diferencia insalvable, pero que no es la única, como iremos desgranando.

Nosotros, en cuanto tuvimos noticias de sus últimos artículos a mediados del año 2020 −pues la barrera idiomática y otros proyectos no siempre nos ha permitido abarcar su obra al completo− decidimos tomar cartas en el asunto y, a diferencia de los mercachifles políticos −que condicionan sus simpatías o alianzas a una política de falsas sonrisas y silencio si el interés así lo dicta−, nos lanzamos rápidamente a dar réplica tanto pública como privadamente a sus nuevas tesis geopolíticas. 

Antes de seguir, hemos de entender que los desatinos en los análisis o las divergencias en las conclusiones son fenómenos totalmente normales que se producen −y se seguirán produciendo−, entre individuos afines, esa no es el motivo de nuestra ruptura. ¿Por qué afirmamos esto? Siendo honestos, las cuestiones que deparan el futuro, así como la delicadeza de las pasadas y presentes, hacen que el sujeto, que siempre debe ser investigador y crítico, tenga ante sí un mundo vasto y dinámico que abarcar, lo cual chocará con otros compañeros que no tienen las mismas inquietudes, habilidades conocimientos e incluso reglas metodológicas para abordar los fenómenos. Ante estas contradicciones no queda otra que mantener una buena comunicación y coordinación recíproca para poder «limar asperezas» y llegar a buen puerto con tus homólogos, nunca actuar de forma individualista y sentenciar a su libre albedrio en contra de todos y todo. 

En este caso, nuestras relaciones con Vincent Gouysse llevaban años estancadas a razón de su falta de comunicación hasta que, recientemente, decidió retomarla en un momento en que su línea había virado sensiblemente −incurriendo en desviaciones similares a las que hemos documentado en este medio−. Cuando a su vez este se negó a argumentar tal cambio, el «intercambio de impresiones» que estábamos manteniendo no tuvo más sentido y ya las relaciones no quedaron en un impasse de indiferencia sino en una ruptura total. Y esto no puede ser de otra forma: nosotros tratamos cordialmente y amistosamente a colación de cómo se comporten tanto con nosotros y nuestros principios, si esto no se cumple, nuestra forma de operar hacia ellos debe cambiar sustancialmente so pena de contaminarnos nosotros mismos, pues no deseamos hundirnos en el pantano de la formalidad y la charlatanería.

Por último, aclarar que el orden de este documento ha sido reformulado para mayor comprensión del lector, así como estableciendo un orden de prioridad temática. La obra, en su integridad, toma como base los trabajadores de Vincent Gouysse, nuestros debates públicos con él, así como partes de nuestras obras anteriores en lo relativo a China con una serie de datos actualizados. Sin más dilaciones les dejamos con la obra.

La única razón de que algunos capítulos salieron en ese mismo 2020 −antes de que la obra entera estuviera terminada− y otros en 2022 reside en que, como ya hemos dicho, por cuestión lógico hemos priorizado terminar otros documentos más apremiantes. Precisamente, la cantidad de proyectos que deseamos abordar −entre ellos este tipo de obras ilustrativas− combinado a la falta de brazos para asumir todo tipo de tareas que a veces requieren, es una de las razones por la que instamos a nuestros lectores y simpatizantes a que tomen contacto con nosotros, que se pongan a prueba y se pongan manos a la obra para participar en nuestro trabajo colectivo.

Notas 

[1] Lectura y descarga del PDF [AQUÍ] en Scrib o [AQUÍ] en Mega.

[2] Para consultar todos los documentos en PDF editados por el Equipo de Bitácora (M-L) pinche [AQUÍ].

lunes, 13 de abril de 2020

La lucha contra el «estalinismo»: pretexto para atacar los fundamentos del marxismo-leninismo; Vincent Gouysse, 2005

La visión de los eurocomunistas y la influencias de cada líder del eurocomunismo eran claras:

«Todos los revisionismos parten de un revisionismo anterior, y los revisionismos iniciales, parten del reformismo, del anarquismo, del socialismo utópico. Es por tanto una repetición continua de tesis ya combatidas antaño por los marxistas de la época de Marx y Engels, y por los marxista-leninistas de la época de Lenin hasta nuestros días. No significa por ello que a todos se les combata por igual y que sea sencillo desmontarlos, hay que saber diferenciar sus características específicas para saber refutarlos de forma correcta. (...) [Los líderes del eurocomunismo] habían surgido de las filas de los partidos marxista-leninistas, estos luego gustosamente aceptaron el revisionismo jruschovista porque les daba vía libre para desarrollar sus ideologías antistalinistas, y finalmente queriéndose distanciar del revisionismo soviético y su tutela plantearon tesis que reclamaban la posibilidad de elaborar una línea propia bajo el llamado «policentrismo». El contenido ideológico de cada partido eurocomunista era muy cercano al de la socialdemocracia: democracia parlamentaria burguesa, multipartidismo en el socialismo, economía mixta, y política exterior pro chovinista e imperialista. Este revisionismo acabó siendo la rama más descarada de todas. (...) Cada líder eurocomunista tendría cierta herencia y tendencia a emular a otros revisionismos pasados: el Partido Comunista Francés de Georges Marchais recuperando a Tito y Proudhon, el Partido Comunista de España de Santiago Carrillo con sus desarrollos maoístas –Carrillo reconocería que se formó ideológicamente en tal revisionismo–, pero también un cierto trotskismo, y el Partido Comunista Italiano de Enrico Berlinguer con su apego a las ideas revisionistas de figuras de su partido del pasado como Palmiro Togliatti. El eurocomunismo buscaba alianza en todos los grupos de revisionistas sin distinción». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

Pese a que la burguesía mantuvo grandes ilusiones sobre el papel a desempeñar por los eurocomunistas, pero pronto los fracasos electorales y el fraccionalismo interno hicieron que estos partidos se desintegraran hasta ser obligados a fusionarse con otras formaciones para poder sobrevivir, o hasta su liquidación absoluta. A consecuencia de ello, la burguesía tuvo que recurrir a fomentar directa o indirectamente otras corrientes revisionistas, y sobre todo, a reforzar su viejo as en la maga: las organizaciones socialdemócratas tradicionales. Esto no quita que de forma premeditada o espontánea, el eurocomunismo haya dejado huella en muchos movimientos oportunistas de corte ecléctico.

Dejamos al lector obras similares donde se critica al eurocomunismo y sus sucesores:

-Eurocomunismo es anticomunismo; Enver Hoxha, 1980

-El Partido del Trabajo de Albania sobre el tratamiento y la correcta solución de las contradicciones en la sociedad socialista; Ismail Lleshi, 1984

-El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», Equipo de Bitácora (M-L), 2013

-¿Es Alexis Tsipras el nuevo Enrico Berlinguer?; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

-Las luchas de fracciones en Podemos y su pose ante las masas; Equipo de Bitácora (M-L), 2017

El documento:

De izquierda a derecha: Robert Hue, Georges Marchais y Santiago Carrillo

«Expondremos principalmente, con la ayuda de las obras «Democracia», publicada en 1990 por Georges Marchais –secretario general del Partido Comunista Francés (PCF) desde 1972 hasta 1994– y «Comunismo: La Mutación», publicada en 1995 por Robert Hue –secretario general del PCF desde 1994 hasta 2001, luego presidente del PCF desde 2002–, el hecho de que a través del antiestalinismo, los revisionistas del PCF atacan en realidad al marxismo-leninismo. Estos no son ataques sobre detalles de la teoría marxista, sino sobre sus fundamentos mismos, ataques que conducen a la revisión total del marxismo en todos sus aspectos.

a) Ataques contra el materialismo dialéctico

«El «marxismo-leninismo», tal como lo reglamentó Stalin, es un sistema coherente, simplista y accesible. La dialéctica se halla reducida a unas pocas «leyes» universales. Todo se desarrolla bajo la tranquila seguridad de las «leyes de la naturaleza». Esta coherencia se combina con una fuerte preocupación por la «pedagogía de masas». (Robert Hue; Comunismo: La Mutación, 1995)

martes, 28 de noviembre de 2017

Las vías en la lucha contra el revisionismo y la consecución de la unidad de los comunistas; Vincet Gouysse, 2004

Este capítulo nos parece de los más acertados de todo el documento pese a su brevedad, y es uno de los trozos que se hace extrapolable sin posible excusa para la aplicación propia de cualquier organización o individuo marxista-leninista. Aquí el autor, nos explica las técnicas de la burguesía para demonizar o silenciar el marxismo-leninismo y sus figuras, tras un gran análisis corto, se explica de donde nace el revisionismo en sí, y se explica que no toda rama del revisionismo se puede combatir igual, por lo que la estrategia a trazar de los marxista-leninistas debe de ser cuidadosa para que la crítica hacía estas variantes de la ideología burguesía pequeño burguesa sea lo más letal posible, persuadiendo pues al receptor, para que reciba tal exposición sobre el revisionismo y sus deficiencias. 

También se explica un axioma generalizado: para formar el partido del proletariado se debe cimentar sobre la unidad ideológica, la unidad organizativa es derivación de la ideológica y no al revés, esto significa que lo primero de todo no es que se deban juntar sin más diversos sujetos que se autonominan «comunistas» forman una organización y luego establecer la línea a seguir de su «comunismo», sino que se debe deslindar las divergencias y demostrar en la praxis que todos los sujetos siguen la misma línea ideológica y que hay posibilidad de unión para desarrollar en común un trabajo teórico-práctico que de pie a un partido (con todo lo que ello conlleva), a partir de ahí, con ello se puede trabajar realmente para popularizar la línea de la nueva organización, para ganarse a las masas; solo de esta forma la famosa unidad organizativa podrá ser efectiva y no coercitiva o directamente un mito, pues habrá como tal una organización y no un caudillo o en su defecto un crisol de líneas y fracciones. Por tanto para que haya unidad  dentro del partido debe haber una unidad ideológica, y esta debe de estar basada en la doctrina del marxismo-leninismo, que en el caso del partido regirá el centralismo democrático para su organización, esto da per se una lucha irreconciliable contra toda ideología ajena, incluyendo en este panel a cualquier rama del tronco revisionista, ya que si alguna corriente penetra alterará el centralismo democrático y por tanto el posible desarrollo de la popularización del programa, consignas, y luchas de los comunistas. 

Con ello queda visto que «Materializar un partido» no es cosa de un día, una semana o un año. Deben darse unas condiciones que están ausentes en muchos países por falta de unidad entre los revolucionarios, falta de conocimientos teóricos y falta de experiencia. Lo que sí abunda y nos encontramos a diario cuando no se han entendido estos axiomas, son organizaciones que nacen apresuradamente para perecer en un breve lapso de tiempo; organizaciones que degeneran rápido y viven a cuestas de las subvenciones del Estado o que simplemente son plataformas que sirven para que los jefes se enriquezcan con las cuotas y donaciones de sus militantes.

Es por ello que ya hablamos de las: 
«Diferencias entre unidad entre marxista-leninistas y la unión ecléctica de pretendidos o simpatizantes de dicha doctrina».

El documento:


«En su lucha contra el marxismo-leninismo, la burguesía dispone de dos armas principales que utiliza conjuntamente: de una parte la calumnia, por otra parte la del silencio. Así en el caso de que un revolucionario auténtico haya practicado una la lucha de clases consecuente y haya atraído el odio de los medios reaccionarios: o se lleva a cabo una demonización contra él en la medida de lo posible, o si no se intentará ocultar toda su obra. En el caso de Stalin que fue una figura a la cabeza de un país inmenso era difícil de ignorar, aquí entonces, el arma de la calumnia fue preponderante, mientras que en el caso de Enver Hoxha a la cabeza de la pequeña Albania socialista, la estrategia burguesa prefirió el empleo del silencio como arma. Externamente a estas dos armas, la burguesía también no vacila en hacer a ciertos revolucionarios auténticos en los iconos inofensivos cuando éstos desaparecieron hace tiempo, se trata entonces de tratar de esterilizar su obra «reactualizándolo» con el fin de vaciarlo de su contenido revolucionario, y es ahí donde entra el principal trabajo de las principales corrientes revisionistas que por esencia deben ataviarse con vestido del marxismo. Esto es particularmente flagrante para Marx, Engels y Lenin. Todos los medios son buenos para denigrar el marxismo-leninismo e intentar sustituirle por las teorías revisionistas y aliadas de la burguesía que navegan en contra de la revolución.

jueves, 23 de noviembre de 2017

El Partido Comunista de China y el Partido del Trabajo de Albania frente al imperialismo: la cuestión de la construcción europea; Vincent Gouysse, 2004

Como habíamos ya señalado en una publicación reciente de Enver Hoxha «Alineamiento antimarxista» de 1971 sobre el apoyo de China a la Comunidad Económica Europea –el precedente de la actual Unión Europea– también llamado Mercado Común Europeo, no tenemos mucho más que añadir a la introducción que ya realizamos al documento, para que el lector entienda el contexto. Sólo recordar como hace el autor aquí, que era una más que probable normal evolución del revisionismo chino al presentar la «teoría de los tres mundos» a inicios de los años 70.

En esta parte del documento, Vincent Gouysse explica las diferencias entre la postura albanesa –de rechazo– a la Comunidad Económica Europea, y la postura china –a favor de la misma Comunidad Económica Europea–:

«Los chinos apoyan la OTAN, el Mercado Común y la «Europa Unida». Nosotros estamos en contra de tales actitudes y consideramos que no son marxista-leninistas. Todos esos tratados y organismos no son más que instrumentos en manos del imperialismo norteamericano y de los demás países imperialistas, y los  utilizan para oprimir a los pueblos y lanzarlos a una tercera guerra mundial por la hegemonía. De la misma naturaleza son el Pacto de Varsovia, la «Comunidad Socialista» y el COMECON. Esas dos agrupaciones y comunidades deben ser combatidas con el mayor rigor. En su tiempo, Lenin desenmascaró, denunció y combatió enérgicamente tales organismos de la burguesía capitalista. Los chinos convierten en amigos suyos a cualquier Estado, a cualquier persona, da lo mismo si es trotskista, titista o chiang-kaichista, con tal de que digan «estoy en contra de los soviéticos». Por nuestra parte estamos en contra de dicho principio. Sabemos profundizar las contradicciones existentes entre los enemigos del socialismo y las profundizamos en la medida de lo que podemos, pero ante todo defendemos los principios. Nosotros llamamos a las cosas por su nombre». (Enver Hoxha; La presión económica china ha comenzado ha sentirse fuerte, pero no nos doblegaremos jamás; Reflexiones sobre China, Tomo II, 17 de junio de 1975)

Es por ello, más que justo que se dijera desde la parte albanesa sobre la parte china que:

«Hoy los chinos, cuando se pronuncian por la defensa de la «Europa Unida», actúan del mismo modo que la II Internacional. Instigan la futura guerra nuclear que las dos superpotencias quieren desatar, y a pesar de que esta guerra entre las dos superpotencias sólo puede tener un carácter imperialista, hacen llamamientos «patrióticos» a los pueblos de Europa Occidental y a su proletariado, para que dejen de lado las «pequeñas cosas» que los oponen a la burguesía –y estas «pequeñas cosas» son la opresión, el hambre, las huelgas, los asesinatos, el paro forzoso, la salvaguardia del poder burgués– y se unan con la OTAN, con la «Europa Unida», con el Mercado Común Europeo de la gran burguesía de los consorcios, y combatan a la Unión Soviética, es decir, les llaman a convertirse en carne de cañón al servicio de la burguesía. ¡Ni la propaganda de la II Internacional lo hubiera hecho mejor! (...) Esta línea del Partido Comunista de China es antiproletaria, belicista». (Enver Hoxha; Los revisionistas chinos atacan por la espalda al Partido del Trabajo de Albania; Reflexiones sobre China, Tomo II, 8 de enero de 1977)

El documento:

Firma en Roma de los tratados que fundarían la Comunidad Económica Europea, 25 de marzo de 1957

«Indisolublemente atada a la cuestión de la lucha contra el imperialismo frente a la cual los chinos habían adoptado una posición no marxista desde principio de los años 70, el Partido Comunista de China (PCCh) evidentemente no podía sacar conclusiones justas sobre la cuestión de la llamada construcción europea. El Partido del Trabajo de Albania (PTA), por su parte, claramente había puesto en evidencia el aspecto reaccionario y contrarrevolucionario de la construcción del bloque imperialista europeo. Las observaciones que hizo el Partido del Trabajo del Albania hace una treintena de años eran justas no sólo entonces sino que son de una actualidad todavía más ardiente a día de hoy, mientras que la construcción del bloque imperialista europeo en lo sucesivo ha dotado de una moneda única, bajo la perspectiva futura de la construcción de un ejército europeo, y cuando el conjunto de los partidos reformistas tanto «de izquierda» como «de extrema izquierda» todos ellos se han volcado en el cretinismo y persisten a cerca de la reivindicación de la «Europa unida» –bajo el capitalismo–. Podemos estudiar la situación de la clase obrera europea gracias a extractos del informe de Enver Hoxha en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania de 1981, echémosle un vistazo pues:

«Sobre la clase obrera europea se ejerce una gran presión. Como consecuencia del dominio del reformismo el movimiento obrero en Europa no ha llegado a ser todavía un verdadero movimiento revolucionario. No ha adquirido plena conciencia de que para cambiar su situación hay que derrocar el sistema capitalista, hay que instaurar la sociedad socialista. Pero el proletariado europeo no puede continuar obedeciendo eternamente a los cabecillas sindicalistas y a los partidos socialdemócratas y revisionistas quienes cacarean que mediante el desarrollo de las estructuras burguesas existentes, el camino parlamentario, las reformas, o a través de la «Europa unida» se asegurará un futuro mejor para las masas trabajadoras. La opresión, la violencia, la brutal explotación, la desocupación, las drogas, la degeneración, la inflación, que pesan sobre los países de Europa, no podrán más que forzar las revueltas de las sanas fuerzas de los pueblos europeos contra la dominación del capital. La «Europa unida» no es sino una solución efímera, una política reaccionaria capitalista que, tarde o temprano, se encontrará ante dificultades innumerables y de diversa naturaleza. Por eso, llegará un momento en que la indignación de la clase obrera de Europa llegará al punto en que exigirá sin falta una solución revolucionaria. En estas condiciones es de primera importancia que los comunistas y no comunistas, la gente progresista y todas las masas del pueblo comprendan bien que su verdadero enemigo es el capitalismo, que éste debe y puede ser derrocado por la lucha revolucionaria. De esta forma desaparecerá el pesimismo, aumentará el coraje y la confianza en la victoria. Es la ciencia de Marx y Lenin la que eleva y hace invencible esa confianza entre el proletariado y las masas». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

Si repasamos el informe del congreso anterior del partido, vemos una posición similar:

«El Mercado Común Europeo es una organización reaccionaria similar a la del Consejo de Ayuda Económica Mutua (CAME). Es una gran combinación de los monopolios capitalistas y trust para lograr la explotación feroz del proletariado y de las masas trabajadoras de Europa y los pueblos del mundo. Desde su creación, el fin del Mercado Común Europeo ha sido el de concebir bárbaras formas de pillaje en provecho de los grandes trusts intentando salvar al capitalismo de las crisis y sus conmociones. En el panorama internacional, el Mercado Común Europeo es una gran potencia neocolonialista, que no solo compite con las superpotencias por la explotación de los países en vías de desarrollo, sino que se esfuerza también por mantener y por restablecer los privilegios de las antiguas potencias coloniales en este tipo de países. A pesar de su no pertenencia oficial al Mercado Común Europeo, los Estados Unidos a través de la interdependencia del capital estadounidense y del capital de cada uno de los países miembros indirectamente juega en él un papel muy grande. El imperialismo estadounidense encontró y encuentra siempre en el Mercado Común Europeo un común apoyo poderoso contra el bloque socialimperialista. El Mercado Común Europeo, al mismo tiempo que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), constituyen unas bases y unos dispositivos organizados del imperialismo estadounidense frente a su rivalidad y competencia de la otra potencia imperialista: la Unión Soviética revisionista. El Partido del Trabajo de Albania, el Estado, y el pueblo albanés se declararon contra la OTAN y el Tratado de Varsovia, contra el Mercado Común Europeo y el CAME, porque estas organizaciones son los instrumentos fundamentales de la política de expansión de ambas superpotencias que oprimen, explotan, y empobrecen a los pueblos de Europa, así como también en los países en vías de desarrollo, realizando una labor de zapa tanto para evitar la revolución como para la propia liberación de los pueblos, debido a que son propiamente unos instrumentos de avasallamiento». (Enver Hoxha; Informe en el VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1976)