Mostrando entradas con la etiqueta Socialimperialismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Socialimperialismo. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de junio de 2021

«Debemos apoyar a China porque pone en entredicho la política occidental», ¿dónde hemos oído esto antes?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


[Publicado originalmente en 2020. Reeditado en 2022]

«En esta sección analizaremos cómo el «tercermundismo» sigue siendo una baza muy utilizada por los gobiernos tanto de las potencias imperialistas como de los países dependientes. En segundo lugar, observaremos cómo esta desviación es una enfermedad muy extendida entre los grupos de «izquierda». En tercer lugar, expondremos cómo para muchos militantes antiimperialistas solo hay un único imperialismo que les preocupe: el de Washington. Por último, desmontaremos la teoría catastrofista que suelen utilizar los prochinos para que se apoye su política en terceros países.

¿Qué es el «tercermundismo» y por qué China lo sigue utilizando?

«China intenta penetrar en los países del «tercer mundo» y ocupar un «lugar al sol». (...) A medida que China se desarrolle económica y militarmente, intentará cada vez más penetrar en los países pequeños y menos desarrollados y dominarlos a través de sus exportaciones de capitales». (Enver Hoxha; Imperialismo y revolución, 1978)

Xi Jinping se pasea por los foros internacionales lanzando los clásicos discursos «tercermundistas» de toda la vida para intentar ganarse a los incautos. Atentos porque el cinismo de esta gente es increíble:

«Necesitamos cerrar la brecha del desarrollo y revitalizar el desarrollo mundial. El proceso de desarrollo global está sufriendo una grave interrupción, lo que implica problemas más destacados, como una brecha Norte-Sur cada vez mayor, trayectorias de recuperación divergentes, fallas en el desarrollo y una brecha tecnológica. (…) El camino correcto para la humanidad es el desarrollo pacífico y la cooperación en la que todos ganan». (Xi Jinping; Discurso en el Foro Económico, 17 de enero de 2022)

¡Qué bonito discurso, Presidente! ¡Qué pena que China incumpla día y noche sus promesas de «coexistencia pacífica», «comercio justo», «compromiso climático» y todo lo demás! ¿No os recuerda esto a los discursos de Kennedy, Carter o Clinton? En verdad, este tipo de promesas son recurrentes en estos foros internacionales, donde la potencia intenta presentarse ante el mundo como el garante de la paz, como el hermano mayor altruista, etcétera. Véase la obra: «Algunas reflexiones sobre los discursos en la VII Cumbre de las Américas» de 2015.

El llamado «tercermundismo» ha sido siempre la marca del revisionismo, en cualquiera de sus expresiones. Hoy, el tercermundismo sigue presente en la política exterior no solo del revisionismo, es decir, de quienes se intentan hacer pasar por marxistas de alguna manera u otra, sino que es el sello de la mayoría de gobiernos del mundo, puesto que existen una gran cantidad de teorías análogas que defienden lo mismo en lo fundamental: el «Movimiento de los Países No Alineados», «Nuevo Orden económico», el diálogo Norte-Sur», etc. Véase la obra: «La teoría de los «tres mundos» y la política exterior contrarrevolucionaria de Mao» de 2017.

Dicho esto, ha de entender la relación que circunda a todo este entramado:

a) Cuando la administración de las potencias imperialistas proponen a los gobiernos de los países que esquilman económicamente la búsqueda conjunta de un «nuevo orden económico», solo lo hacen para echarle un cable a sus socios, quienes saben que están ahogados en un mar de problemas con deudas, especulación financiera, corrupción y desbalances comerciales; por tanto, a su vez buscan coordinarse con sus homólogos para embaucar con promesas a los asalariados de estas zonas, hastiados de sufrir una explotación perpetua en beneficio de las camarillas locales y las empresas extranjeras. b) Del mismo modo, cuando los países capitalistas dependientes de las grandes potencias abogan públicamente por contraer un «nuevo orden económico», traducimos que están implorando a sus aliados que aflojen el nudo que les subyuga, que necesitan como el comer un mejor reparto de los mercados, más moratorias en los pagos, armas de última generación para reprimir las protestas internas, etcétera, en suma, todo lo que sea necesario para que el régimen no colapse; en verdad, como mucho están amenazando a sus socios con que si no son capaces de satisfacer sus demandas terminarán cambiando de bloque imperialista. c) Existen también otros muchos movimientos y jefes políticos que, si bien también están comprometidos y buscan la aprobación de las potencias extranjeras, tratan de adoptar una «estoica posición» de «rebeldía» de cara a la galería, ¿por qué? Para neutralizar a sus competidores, para calmar los ánimos de las masas trabajadoras, en definitiva, para intentar recalar todos los apoyos posibles y construir su relato como «valerosos antiimperialistas» que exigen el «fin de las injusticias históricas» y la inmediata puesta en marcha de un «nuevo orden económico», aunque sin ánimo real de ir a la refriega llegada la hora. d) Por último, hay otros gabinetes de gobierno que, como representantes de la burguesía de un país capitalista en auge, aprovechan este tipo de consignas demagógicas del «nuevo orden económico» para buscar que su nación «ocupe el lugar de honor que se merece» entre las potencias regionales o mundiales, es decir, para implementar un chantaje económico e injerencia política que antes denunciaban como abusivo o intolerable cuando lo practicaban otros. En resumidas cuentas, estas teorías, en cualquiera de sus variantes son falsas y mezquinas de arriba a abajo, ya que, como los revolucionarios saben, el único «nuevo orden económico» posible que dará solución a los problemas intrínsecos y recurrentes del capitalismo es su sustitución por el sistema económico socialista, fin.

Si asumimos que ha de darse el internacionalismo −y no cualquier tipo de internacionalismo, sino el proletario que mandan los cánones marxista-leninistas−, el continuar alimentando estas nociones y discursos «tercermundistas» supone contribuir −de una manera u otra− a la perpetuación de una expresión ideológica nacionalista; supone ser −se quiera o no− el furgón de cola de la burguesía nacional de tu país natal, la cual jugará −según le toque en cada momento− el papel de dominadora o dependiente en el gran escenario global. Bajo tales preceptos, a lo máximo que se podrá aspirar políticamente es a ser un actor secundario en un precioso proyecto internacional de falsas sonrisas y cínica solidaridad entre burguesías regionales, pero nadie en su sano juicio desearía participar en tal estafa. Si alguien cree que exageramos, puede repasar lo ocurrido con los ensayos de esta élite de «reformadores sociales» con el «panafricanismo», el «socialismo árabe» o, más reciente, el «socialismo del siglo XXI». Todos ellos, debido a su disparidad de intereses y los vínculos contraídos y/o mantenidos con el imperialismo extranjero, jamás pasaron de conformar una unidad formal y efímera. Esto es normal, porque cada productor capitalista tiene intereses competitivos contrapuestos con otros a nivel mundial, y en cuanto ve ocasión de sacar tajada, traiciona los intereses formales de esa «comunidad» aliándose con el mejor postor, que normalmente suele ser una potencia imperialista con una gran chequera o muchos misiles. En el común de los casos estos «héroes antiimperialistas» acaban actuando como agentes del imperialismo de turno, del cual difunden día y noche su propaganda sobre las «excelsas bondades» que supone colaborar con tan «compresivos amigos», aunque opriman y masacren a infinidad de pueblos, empezando por el propio. Una vez el imperialismo decide que estos elementos ya no les son funcionales para sus intereses, se deshace de ellos con los mismos métodos cuestionables, por lo que las más de las veces acaban derrocados por el mismo director que antes había decidido que iba a ser el protagonista de la tragicomedia, cerrándose el telón de una función que nos podríamos haber ahorrado.


El caso de Vincent Gouysse demuestra que esta sigue siendo una enfermedad muy extendida

«Aquellos que olvidan o relegan la contradicción proletariado-burguesía y centran sus análisis únicamente en la situación internacional. Lo que les lleva a considerar que ciertos países que tienen contradicciones con el imperialismo y/o el socialimperialismo se debe apoyar a esos gobiernos en detrimento de su propio pueblo y proletariado, y del desarrollo revolucionario. Porque una cosa es tratar de agudizar las contradicciones de los países oprimidos o dependientes con sus opresores y dominadores, y otra, es por arte de dicha política, condenar al proletariado y al pueblo a seguir siendo esclavos de su burguesía, en muchos casos con rasgos y características feudales. (…) Hay que terminar con los análisis simplistas, maniqueístas que tanto han imperado en el movimiento y que son una resultante de la nefasta «teoría de los tres mundos», muy denunciada verbalmente, pero poco combatida en la práctica, y que aún colea en algunos partidos». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IVº Congreso del PCE (m-l), 1984)

Algunos espetarán: «¡Esto ya lo sabemos! No es complicado de entender, no decimos que estemos inmunizados, pero, ¿quién puede creerse esos cuentos del «tercermundismo» o el «no alineamiento» a estas alturas?», pues, para desgracia nuestra, no es tan extraño esos comportamientos y regresiones hacia estas nociones que deberían estar superadas, y el señor Vincent Gouysse es el mejor ejemplo reciente:

«China y sus aliados están innegablemente en su derecho a querer poner fin a la política colonial occidental. Desde esta perspectiva, defienden no solo sus propios intereses económicos fundamentales que requieren la extensión segura de su esfera de influencia, sino también las legítimas aspiraciones de muchos pueblos de vivir libres de esta espada de Damocles. En esta etapa actual de la historia del desarrollo del capitalismo, China representa, ciertamente, un progreso hacia el desarrollo para muchos países que, durante tanto tiempo, se han mantenido en el más completo atraso económico y en la miseria debido a Occidente, que encarna la reacción... ¡con tintes coloniales y proteccionistas muy pronunciados!». (Vincent Gouysse; China «comunista»: mitos y hechos principales, ¡de Mao a Xi, 2020)

¿Han leído bien? ¡China defiende «las legítimas aspiraciones de muchos pueblos de vivir libres»! El Sr. Gouysse apela a lo mismo que todos los adeptos al «socialismo del siglo XXI». Estos, cuando hablan de la más que discutible política exterior de Cuba, Venezuela o Bolivia, sostienen que, bueno, es cierto, sus «crecientes vínculos» con Rusia o China indican una clara dependencia, ¡pero al menos «entorpecen» la hegemonía estadounidense! Así es cómo el oportunismo presenta que el cambiar de potencia imperialista es un gran «progreso» y «desarrollo» histórico. ¡Aquí quién no se contenta es porque no quiere! 

Aunque las posiciones de las que parte Vincent Gouysse sean levemente distintas a las del ya fallecido Fidel Castro, tanto los postulados del francés, como los del cubano, apuestan por lanzar a los pueblos del mundo a los brazos del imperialismo: 

sábado, 13 de marzo de 2021

¿A estas alturas con la cantinela de las «fuerzas productivas»?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«Si bien anteriormente comprobamos que las estadísticas de inversión extranjera directa de China en América Latina confirman que gran parte eran con fines especulativos y rentistas, esta es justamente la misma estrategia que el gigante asiático sigue en África:

«Las industrias extractivas −entre las que se incluye la petrolera− suponían 22.5% del PIB en 2010. Frente a ello, se contraponen sectores marcadamente tradicionales, como la agricultura o parte importante de los servicios (gráfica 4). Al ser China el comprador casi exclusivo del petróleo sudanés, se volvió en el gran financiador externo de la economía del país. Así, no sólo era el principal inversor, sino también el principal mercado del petróleo y, por lo tanto, de las exportaciones sudanesas (gráfica 5) [de un 3% de las exportaciones hacia China en 1999 a un 80% en 2010]. (...) Llama la atención que esta «lluvia de millones» no haya ido acompañada de un nuevo equilibrio del sector exterior, sino que hubiera déficits comerciales importantes. Esto no fue más que resultado del crecimiento sin precedentes de las importaciones como respuesta a la momentánea superación de la falta de liquidez. (...) China actuó como el primer financiador de la economía sudanesa y aportó un volumen creciente de manufacturas. Sin embargo, no desplazó del todo a los países europeos como fuente de aprovisionamiento industrial, ni se implicó en el desarrollo de sectores productivos propios más allá del petróleo ni en la construcción de infraestructuras (Bosshart, 2007). (...) Además, ha apoyado activamente con asistencia tecnológica y cesión de patentes el desarrollo del Complejo Industrial Militar. Todo ha favorecido al nuevo Estado islamista de corte neoliberal a partir de los años noventa». (Alfredo Langa Herrero & Daniel Coq Huelva; Renta petrolera y dependencia económica. El papel de China en los nuevos procesos de crecimiento en África: el caso sudanés (1989-2011), 2018)

El señor Gouysse no solo se ha vuelto prochino, sino que ahora también se ha vuelto católico y cree en los milagros. ¡Aleluya! Por eso asegura que existe, por un lado, un cierto «altruismo chino» que «impulsa» la economía de estos países mientras que, por el otro, existe una burguesía nacional en los países latinoamericanos con la predisposición de abandonar la rentabilidad a corto plazo, recortar los lujos y la corrupción de sus dirigentes «por el bien común». Resulta que ahora, gracias a las «desinteresadas inversiones chinas», la mayoría de estos Estados construirán lo que llevan siglos sin conseguir: una industria nacional independiente de los imperialismos foráneos −extracontinentales o regionales−. Parece que, a estas alturas, el señor Gouysse no es consciente de aquello que hasta los chavistas venezolanos reconocen: que el país, tras varias décadas de «socialismo del siglo XXI», no ha sido capaz de escapar del modelo extractivo del petróleo, quedando su economía sujeta a los vaivenes del precio del crudo en el mercado internacional. Vamos, lo que él mismo se encargó de reportar en su obra: «Imperialismo y antiimperialismo» (2007). Véase nuestro capítulo: «Las causas reales de la permanente crisis político-económica venezolana» de 2018. 

Parece ser que el nuevo lacayo de Pekín intenta disimular algo tan simple como que la división internacional del trabajo también genera superganancias a China, pero solo gracias a una balanza comercial favorable en detrimento de América Latina o África. Los gobiernos latinoamericanos son presionados constantemente por esa supuesta China «librecambista» para que, en lugar de exportar sus productos procesados, se centren en la producción y exportación de materias primas. ¿Qué sorpresa, verdad?

«Existen otros factores que no permiten la diversificación del comercio y afectan su composición. China impone barreras comerciales, incluyendo aranceles relativamente altos e instrucciones a las empresas de propiedad del estado para que prioricen la compra de bienes nacionales. Las restricciones comerciales también tienden a aumentar con el grado de procesamiento y el valor agregado del bien comercializado. Por ejemplo, Argentina entró en una disputa comercial con China cuando trató de exportar a ese país aceite de soya en lugar de soya en grano. Cuando el embarque fue considerado inaceptable debido a supuestas preocupaciones sanitarias, Argentina tuvo que ceder y volvió a enviar soya en grano. Finalmente, las políticas cambiarias de China, que mantienen bajo el valor del yuan, sirven para aumentar el precio de las exportaciones de América Latina a China. Todas estas restricciones en conjunto hacen más complicados los esfuerzos para ampliar las exportaciones de bienes procesados y manufacturados. (…) El auge en las exportaciones basado en solo unos cuantos productos primarios tiene sus riesgos. Una contracción significativa en la economía de China tendría un impacto importante en el crecimiento en América Latina, ya que los flujos comerciales y de inversión disminuirían. Además, más allá del hecho de que el incremento de las exportaciones basado en solo unos pocos productos primarios deje al país vulnerable a la volatilidad de precios». (Econ South; El comercio estrecha vínculos entre China y América Latina, Volumen 13, N2, 2018)

Países potentes como Brasil, una potencia regional −aunque incapaz de rivalizar con el dragón asiático−, demuestran que el comercio con China y la política de su gobierno no conducen, precisamente, a su industrialización, sino a la desindustrialización progresiva, lo que, como es de esperar, levanta aireadas reacciones:

«El aumento galopante en importaciones de China, que creció 61 por ciento entre los años 2009 y 2010, y 47 por ciento en los dos primeros meses del 2011, ha causado una alarma considerable entre los fabricantes brasileños y ha creado continuas tensiones entre los dos países. En 2010, el 84 por ciento de las exportaciones de Brasil a China fueron materias primas, entre las cuales el hierro, la soya y el crudo representaban tres cuartos de las exportaciones. Por otro lado, el 98 por ciento de las importaciones de China fueron productos manufacturados, encabezando la lista los televisores, pantallas LCD y teléfonos. La política cambiaria de China, que sirve para mantener subvaluada su moneda, combinada con la fortaleza de la moneda brasileña, el real, exacerbaron las presiones sobre los fabricantes brasileños. El fuerte impacto sobre las industrias textiles y de calzado ha llevado a la Confederación Nacional de Industrias a realizar advertencias sobre la desindustrialización en aquellos sectores. Algunos sectores manufactureros han logrado tener éxito al pedir protección del gobierno, tal como sucedió en diciembre de 2010, cuando Brasil aumentó sus aranceles de importación aplicables a una lista de juguetes, pasando de 20 a 35 por ciento. Brasil también ha iniciado una serie de investigaciones anti-dumping contra productos chinos». (Econ South; El comercio estrecha vínculos entre China y América Latina, Volumen 13, N2, 2018)

¿Cómo han evolucionado las relaciones comerciales entre ambos países? ¿Ha cesado ese intercambio desigual y desindustrializador en detrimento de la independencia económica de Brasil o por el contrario se ha seguido en la misma línea?

«En 2018, solo tres productos −soja, petróleo, mineral de hierro− sumaron el 82% de las exportaciones brasileñas a China (Figura 1). En el sentido opuesto, las importaciones brasileñas de China son casi 100% de productos manufacturados, sobre todo productos electrónicos, productos químicos, máquinas y equipos». (Luis Antonio Paulino, revista relaciones internacionales; las relaciones Brasil-China en el siglo, 2020)

domingo, 28 de febrero de 2021

¿Qué es eso de que China es un «imperialismo pacífico»?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«En esta sección repasaremos cuales son los argumentarios que se suelen verter para defender a una u otra potencia, en este caso China. Demostraremos que el comercio, las inversiones extranjeras y el poderío militar para amedrentar al rival no son esferas desconectadas, sino una gran maquinaria que trabaja al unísono para que la potencia imperialista X consiga sus propósitos. Quien no entienda algo tan básico es porque no sabe ni lo básico de economía política. Para tal fin repasaremos la vieja política exterior del maoísmo, hoy recuperada por Xi Jinping para sus planes reaccionarios a escala mundial. También examinaremos los tratos de China con sus socios en Oceanía o Latinoamérica, su presencia de tropas en zonas Sudán y mucho más. De tal forma observaremos que China ejerce su presión, chantaje y agresiones tanto a nivel militar como económico, optando por una vía u otra según la ocasión.

Argumentos y maniobras acrobáticas para embellecer la política del imperialismo

En su día, Lenin contestaba con sumo sarcasmo a un Kautsky que recientemente había cambiado sus ideas en torno a las cuestiones económicas y geopolíticas:

«Resulta, entonces, que los monopolios en la economía son compatibles con un comportamiento no monopolista, no violento y no anexionista en la política». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo fase superior del capitalismo, 1916)

En el caso de Vincent Gouysse, tras recibir nuestra respuesta −que hacía hincapié en sus anacronismos históricos y en que debería recordar las archiconocidas tesis leninistas sobre la guerra entre imperialistas− el señor Gouysse, muy avergonzado por el rapapolvo recibido, decidió matizar el significado de su nuevo y efusivo folleto proimperialista donde idealizaba a China. Aún así, su exposición no lograba ocultar su nueva forma de pensar:

«Me has entendido mal, camarada: China ya es una potencia imperialista importante, casi dominante. (...) La imperial china es hoy pacífica y tercermundista, y un día será menos pacífica... Si estalla una guerra interimperialista −suicida para Occidente, cuya burguesía, creo, va a convertirse en una burguesía compradora−, los marxistas-leninistas no apoyarán a ninguno de los dos bandos, pero harán todo lo posible para aprovechar las hostilidades para transformar la guerra imperialista en una revolución socialista. Si no estalla una guerra así, China desarrollará su capitalismo a escala mundial durante algunas décadas, con la explotación «pacífica» de numerosos países. Y los marxistas-leninistas tendrán que mostrar a la gente que fue un plan de larga data, lo que hice en 2010 con «El despertar del dragón». (Vincent Gouysse; Facebook, 25 de octubre de 2020)

No creemos que se trate de un malentendido producido por el choque lingüístico; nuestras críticas están basadas en sus obras originales en francés y, además de contar con personas que dominan lo suficiente el idioma desde luego, no dejan lugar a dudas, como tampoco lo hacen sus contestaciones posteriores en inglés o castellano.

domingo, 3 de enero de 2021

La burguesía contemporánea no necesita del colonialismo del siglo XIX para imponer su dominio o ser agresiva; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«En general, la palabra «materialista» sirve, en Alemania, a muchos escritores jóvenes como una simple frase para clasificar sin necesidad de más estudio todo lo habido y por haber; se pega esta etiqueta y se cree poder dar el asunto por concluido. Pero nuestra concepción de la historia es, sobre todo, una guía para el estudio y no una palanca para levantar construcciones a la manera del hegelianismo. Hay que estudiar de nuevo toda la historia, investigar en detalle las condiciones de vida de las diversas formaciones sociales, antes de ponerse a derivar de ellas las ideas políticas, del derecho privado, estéticas, filosóficas, religiosas, etc., que a ellas corresponden. (…) Hay demasiados alemanes jóvenes a quienes las frases sobre el materialismo histórico −todo puede ser convertido en frase− sólo les sirven para erigir a toda prisa un sistema con sus conocimientos históricos, relativamente escasos −pues la historia económica está todavía en mantillas−, y pavonearse luego, muy ufanos de su hazaña». (Friedrich Engels; Carta a Konrad Schmidt, 5 de agosto de 1880)

Estas palabras de Engels siguen vigentes a día de hoy, pues no son pocos los que utilizan arbitrariamente términos como «imperialismo», «antiimperialismo», «capitalismo», «socialismo», «colonialismo» o «neocolonialismo»… sin comprender su significado en lo más mínimo, sin investigar o corroborar aquella «teoría» que les ha proporcionado un tercero, reproduciendo palabras que apenas logran sobreentender cual papagayo. ¿Qué tiene esto de «marxista»? Nada. Si recordamos una famosa obra de Gorki: «La madre» (1906), que otro autor, Bertolt Brecht, recogió y adaptó magníficamente, esta postura está a años luz de estar cercana a un espíritu marxista, el cual siempre exige un examen de lo propio y lo ajeno: 

«¡No temas preguntar las cosas, camarada! No te dejes influenciar, averigua tú mismo. Lo que no sabes por cuenta propia no lo sabes. Revisa la cuenta. Eres tú el que la paga. Pon el dedo sobre cada cifra. Pregunta: ¿Cómo se llegó hasta aquí? Prepárate para gobernar». (Bertolt Bretch; Elogio del estudio, 1932)

Lenin no edificó su obra sobre una lectura superficial de Marx y Engels. Además de estudiar sus obras en profundidad, también hizo un gran trabajo de recopilación de información que filtraría críticamente para poder llegar a sus certeras conclusiones. ¿Cómo hizo esto último? Consultando los cientos de noticias y obras de los expertos, periodistas, economistas y analistas que estudiaron el fenómeno del imperialismo –véase sus «Cuadernos sobre el imperialismo»–. Fue así, y no de otra forma, que plasmó sus excelentes resultados en sus obras de 1914-16. Entre estas referencias citaba:

«Métodos de explotación colonial: designación de funcionarios de la nación dominante; apropiación de la tierra por los magnates de la nación dominante; altos impuestos». (Dr. Sigmund Schilder; Tendencias del desarrollo de la economía, 1912)

Hoy, sorprendentemente, el señor Vincent Gouysse asegura que esto sigue vigente:

«Es un hecho que para Occidente el colonialismo es la regla, y sin él, la esfera de influencia occidental se habría dislocado desde hace tiempo». (Vincent Gouysse; Facebook, 6 de noviembre de 2020)

En cambio, hace no mucho, declaraba todo lo contrario, riéndose de los cazurros que no comprendían los cambios operados desde principios del siglo XX:

«En tiempos de Lenin, la burguesía utilizaba el colonialismo como forma principal de su dominación sobre los países dependientes. [Más tarde] se vieron obligados a sustituir las formas coloniales de dominación imperialista, por las formas semicoloniales que tienen la ventaja de otorgar una independencia política formal». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2010)

Para empezar, como ya dijimos en una ocasión en referencia al economista venezolano Manuel Shuterland, cualquiera que se considere una persona seria y rigurosa debería dejar de utilizar el término «colonialismo» de forma indiscriminada:

viernes, 6 de noviembre de 2020

Lenin sobre las guerras imperialistas...

«Es fundamentalmente erróneo, antimarxista y anticientífico, separar «la política exterior» de la política en general, ni qué hablar de oponer la política exterior a la interior. Tanto en política exterior como interior, el imperialismo tiende hacia la violación de la democracia, hacia la reacción. (...) Todas las frases sobre una guerra defensiva o sobre la defensa de la patria que provengan de las grandes potencias –léanse los grandes expoliadores– que combaten por la hegemonía mundial, por los mercados y «esferas de influencia» y por la esclavización de las naciones, ¡son frases mentirosas, absurdas e hipócritas! (...) Para el pequeñoburgués lo importante es dónde están apostados los ejércitos, quién está venciendo en él momento actual, Para un marxista lo importante es qué cuestiones están en juego en esa guerra, en el curso de la cual puede ir venciendo a veces un ejército, a veces el otro. (...) La verdadera esencia de la guerra actual no es nacional, sino imperialista. No se libra para que un bando pueda derrocar la opresión nacional, que el otro bando trata de mantener. Es una guerra entre dos grupos opresores, entre dos bandoleros, para determinar cómo repartir el botín, quién ha de saquear. (...) En síntesis: una guerra entre grandes potencias imperialistas –es decir, potencias que oprimen a toda una serie de pueblos y los tienen sometidos al capital financiero, etc.– o en alianza con las grandes potencias, es una guerra imperialista. Así es la guerra de 1914-1916. Y en esa guerra «la defensa de la patria» es un engaño, un intento de justificar la guerra. (...) Para hacer pasar esta guerra como una guerra nacional, los socialchovinistas invocan la autodeterminación. Hay una sola manera correcta de combatirlos: debemos demostrar que la guerra no se libra para liberar naciones, sino para determinar cuál de los grandes ladrones oprimirá mayor número de naciones. (...) Kautsky fue marxista hasta la guerra de 1914-1916, y muchas de sus principales obras y declaraciones serán siempre un modelo de marxismo. El 26 de agosto de 1910 escribió en Neue Zeit a propósito de la guerra inminente: «En una guerra entre Alemania e Inglaterra la cuestión no es la democracia, sino el dominio mundial, es decir, la explotación del mundo. No es esta una cuestión en la que los socialdemócratas puedan alinearse con los explotadores de su propia nación». He ahí una excelente formulación marxista, que coincide en todo con la nuestra, que desenmascara completamente al Kautsky de hoy, que del marxismo se pasó a la defensa del socialchovinismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Una caricatura del marxismo y el economicismo imperialista, 1916)

sábado, 20 de junio de 2020

Vincent Gouysse y su deserción al socialimperialismo chino; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

«Las tesis de Gouysse sobre China entrañan otra contradicción antimarxista: creer que un país capitalista moderno, en la era de los monopolios, puede establecerse como potencia imperialista sin «conflictos» −esto es, de forma pacífica−. Para comprender cómo se formó el capitalismo en cualquier país, instamos a Gouysse a leer o repasar el capítulo «La llamada acumulación originaria» de la obra de Marx «El Capital» (1867); la obra de Lenin «Imperialismo fase superior del capitalismo» (1916); la obra de Joan Comorera: «La nación en una nueva etapa histórica» (1944); y la obra de Enver Hoxha «Imperialismo y revolución» (1978). Realizamos tal recomendación porque allí se sintetiza este proceso histórico y el señor Gouysse parece haber olvidado −si es que alguna vez ha llegado a conocer− ciertas leyes socio-económicas fundamentales del capitalismo. Claro que él aludirá a que el «imperialismo chino progresista» tiene ciertas «particularidades» −¡ay, las benditas particularidades!− que hacen que se haya formado «pacíficamente». Bien, le instamos entonces a que repase en qué descansa la explotación interna y externa de la actual China con un poco de información». (Equipo de Bitácora (M-L); La deserción de Vincent Gouysse al socialimperialismo chino; Un ejemplo de cómo la potencia de moda crea ilusiones entre las mentes débiles, 2020)

[Obra editada originalmente en 2020, reeditada en 2022]

Preámbulo

¿Por qué rescatar esta polémica tardía contra las posiciones de Vincent Gouysse, antaño un aliado nuestro? El motivo de lo puede imaginar el lector: a) es el deber de todo revolucionario combatir las distorsiones en torno al imperialismo y su carácter; b) porque una vez más consideramos necesario clarificar que las aportaciones científicas de un individuo no le eximen de sus equivocaciones o traiciones futuras, en este caso la conversión en un propagandista de la China de Xi Jinping; c) dado que no comulgamos con las especulaciones y las teorías conspiranoicas que también ha hecho gala últimamente este caballero; d) porque su método se ha alejado del priorizar la inversión de tiempo en temas tanto históricos como presentes que necesitan ser alumbrados, deslizándose por banalidades y fruslerías varias; e) ya que, una vez más el sujeto criticado es solo un pretexto para una crítica general a todos aquellos que mantienen posturas similares.

Desde este medio hemos sido los pioneros en traducir y distribuir al lector hispanohablante los magníficos análisis que en su momento produjo el señor Gouysse, el cual nos venía brindando importantes, datos, pruebas y análisis décadas atrás. El número de obras o capítulos que hemos difundido es numeroso, por lo cual no somos sospechosos de tener ninguna inquina personal hacia él:

Véase la obra de Vincent Gouysse: «Comprender las divergencias sino-albanesas» de 2004.

Véase el capítulo de Vincent Gouysse: «La lucha contra el «estalinismo»: pretexto para atacar los fundamentos del marxismo-leninismo» de 2005.

Véase el capítulo de Vincent Gouysse: «El socialismo de características china: ¿socialismo o nacionalismo burgués?» de 2007.

Véase el capítulo de Vincent Gouysse: «El socialimperialismo soviético: génesis y colapso» de 2017.

Salvo algunas anotaciones pertinentes que se le deben hacer a estos documentos −que denotaban que no había llegado hasta el final en sus investigaciones o que simplemente a veces había sentenciado de forma precipitada−, la mayoría de sus conclusiones eran totalmente acordes a la realidad, a nuestra propia línea política. Ahora, de un tiempo a esta parte, hemos venido observado múltiples desviaciones ideológicas en el autor galo que pasaban ya de castaño oscuro. Y bien, ¿qué divergencias aparecieron entre nosotros y el señor Gouysse? Para empezar, a priori su literatura siempre se había caracterizado por una implacable exposición del revisionismo en general y del imperialismo chino en particular, el mismo con el cual hoy ha acabado reconciliándose, algo que supone una diferencia insalvable, pero que no es la única, como iremos desgranando.

Nosotros, en cuanto tuvimos noticias de sus últimos artículos a mediados del año 2020 −pues la barrera idiomática y otros proyectos no siempre nos ha permitido abarcar su obra al completo− decidimos tomar cartas en el asunto y, a diferencia de los mercachifles políticos −que condicionan sus simpatías o alianzas a una política de falsas sonrisas y silencio si el interés así lo dicta−, nos lanzamos rápidamente a dar réplica tanto pública como privadamente a sus nuevas tesis geopolíticas. 

Antes de seguir, hemos de entender que los desatinos en los análisis o las divergencias en las conclusiones son fenómenos totalmente normales que se producen −y se seguirán produciendo−, entre individuos afines, esa no es el motivo de nuestra ruptura. ¿Por qué afirmamos esto? Siendo honestos, las cuestiones que deparan el futuro, así como la delicadeza de las pasadas y presentes, hacen que el sujeto, que siempre debe ser investigador y crítico, tenga ante sí un mundo vasto y dinámico que abarcar, lo cual chocará con otros compañeros que no tienen las mismas inquietudes, habilidades conocimientos e incluso reglas metodológicas para abordar los fenómenos. Ante estas contradicciones no queda otra que mantener una buena comunicación y coordinación recíproca para poder «limar asperezas» y llegar a buen puerto con tus homólogos, nunca actuar de forma individualista y sentenciar a su libre albedrio en contra de todos y todo. 

En este caso, nuestras relaciones con Vincent Gouysse llevaban años estancadas a razón de su falta de comunicación hasta que, recientemente, decidió retomarla en un momento en que su línea había virado sensiblemente −incurriendo en desviaciones similares a las que hemos documentado en este medio−. Cuando a su vez este se negó a argumentar tal cambio, el «intercambio de impresiones» que estábamos manteniendo no tuvo más sentido y ya las relaciones no quedaron en un impasse de indiferencia sino en una ruptura total. Y esto no puede ser de otra forma: nosotros tratamos cordialmente y amistosamente a colación de cómo se comporten tanto con nosotros y nuestros principios, si esto no se cumple, nuestra forma de operar hacia ellos debe cambiar sustancialmente so pena de contaminarnos nosotros mismos, pues no deseamos hundirnos en el pantano de la formalidad y la charlatanería.

Por último, aclarar que el orden de este documento ha sido reformulado para mayor comprensión del lector, así como estableciendo un orden de prioridad temática. La obra, en su integridad, toma como base los trabajadores de Vincent Gouysse, nuestros debates públicos con él, así como partes de nuestras obras anteriores en lo relativo a China con una serie de datos actualizados. Sin más dilaciones les dejamos con la obra.

La única razón de que algunos capítulos salieron en ese mismo 2020 −antes de que la obra entera estuviera terminada− y otros en 2022 reside en que, como ya hemos dicho, por cuestión lógico hemos priorizado terminar otros documentos más apremiantes. Precisamente, la cantidad de proyectos que deseamos abordar −entre ellos este tipo de obras ilustrativas− combinado a la falta de brazos para asumir todo tipo de tareas que a veces requieren, es una de las razones por la que instamos a nuestros lectores y simpatizantes a que tomen contacto con nosotros, que se pongan a prueba y se pongan manos a la obra para participar en nuestro trabajo colectivo.

Notas 

[1] Lectura y descarga del PDF [AQUÍ] en Scrib o [AQUÍ] en Mega.

[2] Para consultar todos los documentos en PDF editados por el Equipo de Bitácora (M-L) pinche [AQUÍ].

viernes, 16 de agosto de 2019

No corresponde a los socialistas ayudar a un bandido más joven y más vigoroso a desvalijar a otros bandidos más viejos y más cebados


«Desde el punto de vista de la justicia burguesa y de la libertad nacional o del derecho de las naciones a la existencia, Alemania tendría sin duda alguna razón contra Inglaterra y Francia, ya que ha sido «defraudada» en el reparto de las colonias, y sus enemigos oprimen a muchísimas más naciones que ella; en cuanto a su aliada, Austria, los eslavos por ella oprimidos gozan sin duda de más libertad que en la Rusia zarista, verdadera «cárcel de pueblos». Pero la propia Alemania no lucha por liberar a los pueblos, sino por sojuzgarlos. Y no corresponde a los socialistas ayudar a un bandido más joven y más vigoroso –Alemania– a desvalijar a otros bandidos más viejos y más cebados. Lo que deben hacer los socialistas es aprovechar la guerra que se hacen los bandidos para derrocar a todos ellos. Para esto, es preciso ante todo que los socialistas digan al pueblo la verdad, a saber, que esta guerra es, en un triple sentido, una guerra entre esclavistas para reforzar la esclavitud. En primer lugar, es una guerra que tiende a consolidar la esclavitud de las colonias mediante un reparto mas «equitativo» y una explotación ulterior mas «coordinada» de las mismas; en segundo lugar, es una guerra que persigue el reforzamiento del yugo que pesa sobre las naciones extrañas en el seno mismo de las «grandes» potencias, pues tanto Austria como Rusia –y esta mucho mas y mucho peor que aquélla– sólo se mantienen gracias a ese yugo que refuerzan con la guerra; en tercer lugar, es una guerra con vistas a intensificar y prolongar la esclavitud asalariada, pues el proletariado está dividido y aplastado, mientras que los capitalistas salen ganando, enriqueciéndose con la guerra, avivando los prejuicios nacionales e intensificando la reacción, que ha levantado la cabeza en todos los países, aun en los más libres y republicanos». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El socialismo y la guerra, 1915)

lunes, 18 de febrero de 2019

El neocolonialismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


El neocolonialismo como hemos venido explicando durante todo el documento tiene una explicación muy plausible:

«La Segunda Guerra Mundial produjo un cambio radical en la correlación de fuerzas en el mundo. Condujo a la destrucción de las grandes potencias fascistas, pero también estremeció los fundamentos y debilitó considerablemente a las viejas potencias colonialistas. La guerra antifascista planteó en todas partes, incluso en los países que no se habían visto envueltos en su torbellino, el problema de la liberación nacional. Los pueblos de las antiguas colonias que, conjuntamente con los países de la coalición antifascista, habían participado en la guerra para sacudirse el yugo fascista, ya no podían dar pasos atrás y soportar por más tiempo el yugo colonial (...) Obligados por la situación, muchos países colonialistas comprendieron que las viejas formas de explotación y administración de las colonias eran anacrónicas, sin concederles la más mínima libertad e independencia. Las potencias imperialistas, colonialistas, no llegaron a esta conclusión movidas por sus sentimientos democráticos y por su deseo de conceder la libertad a los pueblos, sino presionadas por los pueblos colonizados y a causa de su debilidad militar, económica, política e ideológica, que no les permitía conservar el viejo colonialismo. Pero, el imperialismo francés, inglés, italiano, estadounidense, etc., no quería renunciar a la explotación de esos pueblos y países. Cada potencia imperialista se vio obligada por las circunstancias creadas a conceder la autonomía a estos pueblos o prometerles la libertad y la independencia después de un cierto plazo. Este plazo, que fijaron supuestamente para permitirles tomar conciencia de su capacidad de gobernarse por sí mismos y formar a este fin los cuadros locales, tendía de hecho a preparar nuevas formas de explotación imperialistas, el nuevo colonialismo, dando a los países y a los pueblos la falsa impresión de que habían conquistado la libertad. (…) Muchos pueblos ex coloniales, a pesar de haber obtenido esta «independencia» y esta «libertad», tal como se las habían dado las antiguas potencias colonialistas, tuvieron que empuñar las armas porque los imperialistas no estaban dispuestos a conceder de inmediato esa «libertad» y esa «independencia». Particularmente los imperialistas franceses pretendían conservar también después de la guerra la fuerza o la «grandeza» de Francia. Así fue cómo los pueblos de Argelia, Vietnam y muchos otros dieron inicio a una prolongada lucha de liberación y, por último, lograron liberarse». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

Queda de sobra demostrado históricamente que una revolución anticolonial es un acto progresista, eso es indudable, pero hay que dejar claro que aunque ello sea per se un acto antiimperialista, no siempre el nuevo Estado resultante llega a consolidarse como tal si no es dirigido por el proletariado y su partido:

viernes, 15 de febrero de 2019

Los comunistas ante la cuestión nacional no deben tomar principios abstractos o formales sino tener en cuenta lo siguiente


«De acuerdo con su tarea fundamental de luchar contra la democracia burguesa y de desenmascarar la falsedad y la hipocresía de la misma, los partidos comunistas, intérpretes conscientes de la lucha del proletariado por el derrocamiento del yugo de la burguesía, deben, en lo referente al problema nacional, centrar también su atención, no en los principios abstractos o formales, sino 1) en apreciar con toda exactitud la situación histórica concreta y, ante todo, la situación económica; 2) diferenciar con toda nitidez los intereses de las clases oprimidas, de los trabajadores, de los explotados y el concepto general de los intereses de toda la nación en su conjunto, que no es más que la expresión de los intereses de la clase dominante; 3) asimismo dividir netamente las naciones en: naciones oprimidas, dependientes, sin igualdad de derechos, y naciones opresoras, explotadoras, soberanas, por oposición a la mentira democrático-burguesa, la cual encubre la esclavización colonial y financiera –cosa inherente a la época del capital financiero y del imperialismo– de la enorme mayoría de la población de la tierra por una insignificante minoría de países capitalistas riquísimos y avanzados». (Vladimir Ilich Uliánov, LeninPrimer esbozo de las tesis sobre los problemas nacional y colonial para el II Congreso de la Komintern, 5 de junio de 1920)

jueves, 4 de octubre de 2018

La política socialimperialista de los gobernantes chinos no es casual, es un reflejo de su política opresiva y explotadora en el interior; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«Los revisionistas como Shuterland que santifican las relaciones de los países latinoamericanos con el socialimperialismo chino cometen un crimen contra los pueblos en dos direcciones: sencillamente no ver la política imperialista de China en el exterior significa no ver su política burguesa, opresiva y explotadora en el interior. De hecho, cuando Shuterland da entrevistas a las televisiones chinas y habla de todo pero guarda silencio sobre el régimen chino demuestra que tipo de «marxista» es.

Una política exterior burguesa no puede existir sin una política interior burguesa y viceversa. Largo tiempo llevan propagándose ideas peregrinas entre los revisionista de diversos partidos que reconocen que quizás sus partidos tienen una política errada apoyando a teorías, figuras y movimientos revisionistas del exterior, pero nos dicen, que eso no significa que tengan una política interior revisionista, que su programa y su línea interna está sana. Esto es un fraude, porque si una dirección no ha sido capaz de identificar en la política internacional las desviaciones de un movimiento, y lo apoya, esa misma carencia de formación u oportunismo les hará fracasar a la hora de plantear las etapas, tareas y aliados de la revolución en el interior. Por tanto no se puede tener durante mucho tiempo una línea exterior revisionista sin que afecte a la interna y viceversa, o se rectifica o llegado el momento el revisionismo inunda toda la línea en general.

Para dejar claro que China está tomada por la vieja y nueva burguesía, traigamos algunos datos:

«A finales de 2008 en China había casi 300.000 personas con una fortuna superior a los 10 millones de yuanes –1,46 millones de dólares, 1,11 millones de euros–, según el reciente Informe de Patrimonios Privados, publicado por el Banco Comercial de China. A pesar de la crisis económica y financiera mundial, el documento asegura que los millonarios chinos aumentarán de manera «relativamente estable», alrededor del 6 por ciento, hasta alcanzar las 320.000 personas a finales de este año. Asimismo, el número de personas con una fortuna superior a los 100 millones de yuanes –14,6 millones de dólares, 11,1 millones de euros– también roza los 10.000 ciudadanos. En total, el capital acumulado de los millonarios chinos sumaba 8,8 billones de yuanes –1,27 billones de dólares, 980.000 millones de euros–, una cifra equivalente al 29 por ciento del PIB total de China. Por ciudades, la provincia sureña de Cantón –basada en las industrias para la exportación y muy afectada por la crisis mundial– con 46.000 ricos y las metrópolis de Shanghái y Pekín, con 20.000 personas cada una, lideran las zonas con más millonarios». (Agencia EFE; China roza los 300.000 millonarios, según el informe del Banco Comercial, 10 de abril de 2009)

El socialimperialismo chino es sin duda uno de los que mayor productividad saca a su mano de obra barata, eso que la economía burguesa cubre bajo el manto de eufemismos de «competitividad» y «disciplina laboral»:

«Según Word Competitiveness Yearbook de 2003, China tiene una de las manos de obra industriales más competitiva del mundo, el costo por dólar de producción a 0,32 $, en comparación con el 0,43 $ de la India y Brasil o el 0,51$ de Canadá». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

jueves, 27 de septiembre de 2018

China como un «país pacífico que no se mete en asuntos externos»; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«Ahora, desde la concepción leninista, China es una potencia imperialista, acomete el imperialismo contra otros países. La única característica que China no posee con respecto a la ideología del imperialismo es la agresividad militar-colonial que Lenin endilgaba a esos países. Por ello, por su no militarización y lo «amistoso» de los convenios, y la no «injerencia en las políticas internas». (Manuel Sutherland; Comentarios, 15 de febrero de 2015)

Manuel Sutherland ha reconocido abiertamente que no sabe mucho sobre China y que por ello no acostumbra a hablar, así en las entrevistas recibidas en la TV china, sus comentarios solo versaron sobre Venezuela, pero no es debido al desconocimiento que tiene sobre la política del gigante asiático, sino al miedo de contrariar al medio chino. Pero en otras ocasiones aun sabiendo que desconoce la política histórica de China, se atreve a comentar con algunas pinceladas la naturaleza del régimen chino en círculos más informales, llegando a soltar comentarios ignorantes y verdaderas barbaridades que solo las habíamos visto a reconocidos agentes del socialimperialismo chino como es el caso de José Antonio Egido.

La voracidad imperialista de los políticos chinos ha demostrado que solo los necios o los traidores conscientes pueden afirmar que China no es una superpotencia socialimperialista. Los planes para convertir a China en lo que es hoy, puede vislumbrarse en la doctrina del revisionismo chino o Pensamiento Mao Zedong que expresaban: el chovinismo, la promoción de la burguesía nacional y el desarrollo del capitalismo como algo «bueno para el pueblo» y la idea de una alianza política con la potencia imperialista de los Estados Unidos para acometer la industrialización y modernización de China. Allí encontraremos respuesta a los interrogantes de como se ha acabado así. Hagamos un breve resumen del desarrollo del maoísmo sobre todo en lo concerniente a su aspiración y problemas a formarse como potencia regional y mundial:

lunes, 3 de septiembre de 2018

Negación de la peligrosidad de la inversión extranjera imperialista para la soberanía político-económica de un país; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«Toda inversión en otro país, y sobre todo en recursos naturales, busca la máxima ganancia, el menor costo, la menor inversión etc. No veo inversiones capitalistas normales versus imperialistas, para mi todas son capitalistas, salvo las excepciones más arriba». (Manuel Sutherland; Comentarios, 3 de marzo de 2015)

a) Primero, Manuel Sutherland, al no entender la evolución del capitalismo, no entiende que actualmente tras un alto grado de desarrollo del capitalismo y su consolidación en monopolios, la tendencia no es como en la anterior época del «capitalismo de libre concurrencia» dominada por la exportación de mercancías, en la etapa monopólica como ya se ha explicado la exportación de los países imperialistas está por completo dominada por la exportación de capitales, lo que además refuerza el carácter parasitario de las burguesías en estos países, el carácter usurero del que anteriormente hablábamos:

«Lo que caracteriza al viejo capitalismo, en el cual dominaba plenamente la libre competencia, era la exportación de mercancías. Lo que caracteriza al capitalismo moderno, en el que impera el monopolio, es la exportación de capital. El capitalismo es la producción de mercancías en el grado más elevado de su desarrollo, cuando incluso la fuerza de trabajo se convierte en mercancía. El incremento del cambio tanto en el interior del país como, particularmente, en el terreno internacional, es el rasgo característico del capitalismo. El desarrollo desigual, a saltos, de las distintas empresas y ramas de la industria y de los distintos países es inevitable bajo el capitalismo. Inglaterra es la primera que se convierte en país capitalista, y hacia mediados del siglo XIX, al implantar el libre cambio, pretendió ser el «taller de todo el mundo», el proveedor de artículos manufacturados para todos los países, los cuales debían suministrarle, a cambio de ello, materias primas. Pero este monopolio de Inglaterra se vio quebrantado ya en el último cuarto del siglo XIX, pues algunos otros países, defendiéndose por medio de aranceles «proteccionistas», se habían transformado hasta convertirse en Estados capitalistas independientes. En el umbral del siglo XX asistimos a la formación de monopolios de otro género: primero, uniones monopolistas de capitalistas en todos los países de capitalismo desarrollado; segundo, situación monopolista de unos pocos países ricos, en los cuales la acumulación de capital había alcanzado proporciones gigantescas. Se produjo un enorme «excedente de capital» en los países avanzados. Mientras el capitalismo sea capitalismo, el excedente de capital no se consagra a la elevación del nivel de vida de las masas del país, ya que esto significaría la disminución de las ganancias de los capitalistas, sino al acrecentamiento de estos beneficios mediante la exportación de capitales al extranjero, a los países atrasados. En estos países atrasados el beneficio es de ordinario elevado, pues los capitales son escasos, el precio de la tierra relativamente poco considerable, los salarios bajos y las materias primas baratas. La posibilidad de exportación de capitales la determina el hecho de que una serie de países atrasados han sido ya incorporados a la circulación del capitalismo mundial, han sido construidas las principales líneas ferroviarias o se ha iniciado su construcción, se han asegurado las condiciones elementales de desarrollo de la industria, etc. La necesidad de la exportación de capitales obedece al hecho de que en algunos países el capitalismo ha «madurado excesivamente» y al capital –atendiendo al desarrollo insuficiente de la agricultura y la miseria de las masas– le falta campo para su colocación «lucrativa». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916)

Tendencia que precisamente se ha hecho notar enormemente a partir de 1945 tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, confirmando las previsiones de Lenin:

«Las formas jurídicas y políticas bajo las que ese sojuzgamiento se lleva a cabo han sido, en algunos aspectos, modificadas a raíz del fin de la II Guerra Mundial, en 1945, con la llamada descolonización, que no ha sido más que una nueva forma de proceder a un nuevo reparto, entre los Estados Unidos, Inglaterra, Francia y posteriormente Alemania, etc., de las antiguas colonias para establecer nuevas bases políticas y jurídicas con el fin de mantener un sistema de expoliación y explotación neocolonialista, especialmente en los países y territorios de África, Oriente Medio y Asia. Así por ejemplo, una de las tesis de Lenin, que conserva una actualidad sorprendente, es la relativa a la importancia para el sistema capitalista en su fase imperialista de la exportación de capitales y la expoliación de los países más pobres y semicoloniales, que se lleva a cabo a través de los llamados préstamos e inversiones con tasas de interés y condiciones leoninas para los «beneficiarios» y que la exportación de capitales y no la exportación de mercancías, según Lenin, había adquirido una importancia preponderante, que daba un auge extraordinario a la expansión económica exterior de los países capitalistas. Esas inversiones de capital imperialista, a las que Lenin hacía referencia, no han cesado de aumentar desde entonces a ritmos vertiginosos. Así por ejemplo, los Estados Unidos que después de la II Guerra Mundial se convirtió en la potencia imperialista dominante, pronto llegó a ser el mayor inversor de capitales en el exterior, sobrepasando las de todos los países imperialistas tomadas en su conjunto». (Elena Ódena; El imperialismo y nuestra lucha actual, 23 de septiembre de 1982)

martes, 21 de agosto de 2018

Confusión entre exportación de mercancías y exportación de capital; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«La exportación de capitales, es una forma que toma las mercancías, el dinero es una mercancía, la exportación de capital en forma de Inversión Extranjera Directa (IED), es simplemente una inversión en materia prima, maquinaria, y fuerza de trabajo para reproducir capital allende la casa matriz, es una relación mercantil, es un intercambio mercantil». (Manuel Sutherland; Comentarios, 3 de marzo de 2015)

Esto es una equivocación brutal viniendo de un presunto economista de «nivel». Como dijo el marxista-leninista francés Vincent Gouyyse, esto ocurre debido a:

«La idealización de la etapa del capitalismo premonopolista, donde reinaba sin contestación la producción mercantil y donde el rol de los préstamos internacionales era marginal.

Se ignora la diferencia fundamental entre la exportación de mercancías y la exportación de capital es que en el caso de la exportación de mercancías, el plusvalor del capital ya está contenido en la mercancía que ya ha sido incorporada por los obreros del país exportador, mientras que en la exportación de capital, la plusvalía es creada por los obreros del país donde se exporta el capital, que este capital se exporta bajo la forma de un préstamo que sirva para retirar indirectamente un interés –la burguesía indígena lo invertirá dicho préstamo en lo que quiera– o abasteciéndose directamente de medios de producción aportados por el inversor extranjero y creando un plusvalor en tierra indígena: aquí la burguesía indígena sólo servirá de intermediario entre los trabajadores indígenas y el inversor extranjero que será el único responsable de la utilización del capital». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

He aquí explicado porque los economistas pequeño burgueses como Shuterland –que oscilan entre querer ser marxistas pero nadan en las aguas de los autores burgueses– no entienden bien la economía capitalista y sus desarrollos en la etapa imperialista. 

¿Qué más hay que anotar? El rol de la división internacional del trabajo en la exportación de mercancías y capital. Algo que suelen olvidar muchos de los ideólogos del antiimperialismo:

«Sin embargo, hasta en el caso de la producción mercantil «pura», la explotación no está suprimida de ninguna manera. La división del trabajo está en su origen.

Bajo el imperialismo, la exportación de mercancías sirve para que los países imperialistas aseguren su dominación comercial en ciertos segmentos del mercado mundial, es decir, siempre que sea posible la exportación de mercancías de alta tecnología que contienen mayor trabajo acumulado, que es intercambiado por un gran volumen de mercancías indígenas. La exportación de capital, ella, sirve por el contrario para estimular la producción de materias primas necesarias para las metrópolis imperialistas y los bienes de consumo corrientes a menor costo destinados a la exportación hacía las metrópolis imperialistas para mejorar la condición material del proletariado de las metrópolis.

Lo esencial para los países imperialistas es asegurar que los beneficios que se derivan de la exportación de mercancías y de capitales hacia los países dependientes les ayuden a mantener la dependencia económica y política de la burguesía nacional indígena, permitiendo así al imperialismo dictarle órdenes. La exportación de capital significa pues la subordinación de los países dependientes y su sometiendo al sistema imperialista mundial. Lo esencial para el imperialismo es, pues, que la burguesía nacional de los países dependientes satisfaga estas transacciones, que siga siendo una burguesía indígena de tipo compradora que no busque desarrollar los producciones no deseadas por sus ordenantes imperialistas, y en primer lugar producciones que podrían romper estos mecanismos de dependencia, como una industria de producción de medios de producción potente y diversificada que originase un nuevo competidor imperialista y agravara la lucha por los mercados comerciales y financieros». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Pero expliquemos esto de forma más profunda.

Veamos: el dinero es una relación de «valor de cambio». Ahora, convengamos que la exportación de capitales se da a causa de la acumulación de capitales en manos de las «oligarquías financieras» –capital industrial y capital bancario– que redunda en el «relativo capital sobrante» que resulta característico del capitalismo monopólico de la etapa imperialista, y que se exporta en lo fundamental debido a que dentro del país de origen se reduce el margen de inversión y ganancia a causa del incremento de los costos de producción. Es decir, en los países capitalistas desarrollados que cuentan con una oligarquía financiera constituida que luego de eliminar, o casi eliminar a la competencia del interior, y de haber monopolizado los diversos sectores productivos, calcula que seguir invirtiendo en el panorama nacional no puede asegurar ya las ganancias deseadas, en consecuencia tampoco asegura el crecimiento económico fundamentado en el máximo beneficio por lo que entonces decide buscar nuevas oportunidades en el exterior; este es el mecanismo básico por el que los monopolios nacionales se extienden al resto de países para mantener el «máximo beneficio» convirtiéndose en consorcios de explotación multinacionales, porque sencillamente en estos terceros países el margen de ganancia es superior al doméstico debido a los costes, las leyes laborales, la mano de obra entre otros factores.

Entonces lo que se exporta es el sobrante del «capital financiero» y este se expresará en el país de destino en forma de mercancías. Vale decir que la reproducción de ese «capital financiero» no tiene por finalidad reproducir mercancías puesto que su objetivo último es la reproducción del «capital financiero» aunque se valga de la producción mercantil que resulta de la explotación del trabajo y de la fuerza de trabajo como ya expresó Marx en su obra cumbre, pues es el trabajo el único que produce riqueza; y es por lo mismo, que en la etapa imperialista la exportación de capitales va «mutando paulatinamente de la inversión directa a los préstamos» lo que supone la misma explotación para las masas trabajadoras pero teniendo como intermediarios del imperialismo a la burguesía indígena en este caso concreto. Vale decir que la exportación de capital existía en la época capitalista premonopolista pero tenía un papel por completo secundario. No entender cómo nace la necesidad de la exportación de capital es no entender nada del desarrollo histórico económico, y es no entender la propia realidad de nuestros días que tan comúnmente muestra la realidad de este proceso.

Mientras un país dependiente de los imperialismos, neocolonial, por los designios del mercado donde actúa la ley del valor es posible que tenga un excedente de mercancías producidas: seguramente casi en exclusiva en la agricultura, pero cuando lanza al mercado internacional esas mercancías las vende a un precio irrisorio mientras se ve obligada a comprar otras de mayor valor como es el caso de la mercancía industrial que no posee y les son tan necesarias. Por otro lado un país imperialista puede tener un excedente en la producción de mercancías en varias ramas debido a su elevado desarrollo de las fuerzas productivas y su diversificación, cuando lanza sus mercancías –industriales– al mercado se venden a un alto precio por su demanda, gracias a ello puede conseguir un alto beneficio y se asegura la dependencia económica permanente de los países no industrializados que siempre demandaran esa mercancía o su mantenimiento; a su vez, el país imperialista en su propia demanda de materias primas para su industria se satisface de comprar materias primas a precios baratos en el mercado mundial debido a la gran oferta de las mismas por parte de los países no industrializados. 

Mientras en un país dependiente la burguesía en general no suele tener un gran excedente de capital, es algo casi inusual o más bien exclusivo de la burguesía compradora, y de serlo no tiene muchas libertad en donde invertirlo –necesita aprisa ampliar o modernizar sus fuerzas productivas para ponerse a la par de las empresas extranjeras que le hacen la competencia en el país o debe invertirlo en pagar la deuda, etc.– siendo muy rara la capacidad de exportar capitales. Por otro lado en el país imperialista el excedente de capital es mucho más común por su músculo industrial, por su amplio desarrollo de las fuerzas productivas, y suele tener un número de capital «sobrante» tan alto como para sobornar a la «aristocracia obrera», reforzar la militarización de la economía que la burguesía imperialista estima necesaria para intimidar a los países bajo su influencia o enfrentarse a sus competidores, pero sobre todo por su jugosa rentabilidad, así mismo decide colocar ese abultado excedente para exportar dicho capital a países terceros, bien en forma de préstamos, créditos, formando nuevas empresas que operan en dichos países, empresas mixtas concertadas entre los monopolios y la burguesía indígena, etc., y es que esto no podía ser de otra forma, pues como hemos dicho los monopolios son la creación de la oligarquía financiera, es decir del capital bancario que ha sometido al capital industrial y que busca la dominación no solo nacional sino internacional. 

Es más: a veces la exportación de capital del país imperialista va íntimamente ligado a la exportación de mercancías por el país que la recibe, así en multitud de ocasiones, el país deudor, cuando no puede pagar la deuda, paga en materias primas al país imperialista, que como todo el mundo sabe, consume muchas más materias primas que cualquier país dedicado a producir materias primas, porque simplemente consume muchas más. La exportación de capital es un puente mucho más seguro que la exportación de mercancías para que los países imperialistas penetren a través de la economía en la política de los países dependientes. Claro que existen excepciones en los países imperialistas en cuanto a la predominancia de la exportación de capital sobre la exportación de mercancías, esto se ve sobre todo en los países imperialistas emergentes, donde generalmente tienen niveles parejos de exportación e importación de capitales, pero suele ser un fenómeno temporal hasta que su burguesía tiene suficiente potencial para que su país supere la exportación a la importación de capital; otras veces algunos países imperialistas por su mano de obra más barata, por la buena disposición de verter sus productos en los mercados –cosa que sus competidores no pueden igualar sin crear conflictos sociales agudos– tienen un gran nivel de exportación de mercancías que incluso supera los niveles de exportación de capitales, pero eso es muy raro de ver, como es aún más raro de ver por no decir imposible, un país dependiente con más niveles de exportación de capital que de mercancías. La realidad es tozuda.

Podríamos considerar que el capital financiero es la usura llevada a instancias internacionales que cumple un doble propósito: mantener el «máximo beneficio» y a su vez la dependencia económico-política de los países neocolonizados. La usura no aparece en escena sino hasta la aparición de la propiedad, he ahí las constantes luchas de los griegos contra la usura en la etapa esclavista en los momentos de la aparición y consolidación del Estado. Tras las diferentes etapas en la humanidad y los diferentes modelos económicos de explotación, el capitalismo y su etapa imperialista hacen de la usura un modo de vida.

Si uno no comprende esto, ocurrirá que como le ocurre a Sutherland, se alberguen distorsiones sobre las exportaciones de mercancías y de capital, y se desprecie el peligro de la exportación de capitales a terceros países, Sutherland por tanto, pese a que se le llene la boca, no puede ser un consecuente antiimperialista; al revés, con sus teorizaciones juega a favor de los imperialismos, desarma a los pueblos de sus herramientas para analizar y comprender debidamente los acontecimientos internacionales y las relaciones económicas entre los países dependientes e imperialistas, los condena a teorías políticas y económicas igual de ilusorias para los países neocolonizados como pueden ser las teorías del «no alineamiento» o de la búsqueda de un «nuevo orden económico», teorías que niegan el imperialismo según la concepción leninista y lleva a los pueblos a un engaño que perpetua su estatus de oprimidos doblemente: por la burguesía nacional y por la burguesía extranjera. Eso nos lleva al siguiente punto». (Equipo de Bitácora (M-L); Las perlas antileninistas del economista burgués Manuel Shuterland; Una exposición de la vigencia de las tesis leninista sobre el imperialismo, 2018)

viernes, 17 de agosto de 2018

Falseamiento del leninismo: al afirmar que su concepto de imperialismo pone por delante lo político-militar a lo económico; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«En mi criterio, siendo bastante polémico, [Lenin] se aleja de todo el trabajo marxiano en el Capital e inventa una ideología que pone lo político militar por arriba de lo económico». (Manuel Sutherland; Comentarios, 3 de marzo de 2015)

Ya vimos que la caracterización que Lenin da al imperialismo como etapa superior del capitalismo está sedimentada en fenómenos económico-políticos, y claro que hay un componente militarista por parte del imperialismo pero este debe de ser entendido como una consecuencia precisamente de la fenomenología ligada al desarrollo capitalista.  Dicho de otro modo, en el imperialismo encontramos una preponderancia de lo económico-político sobre lo militar. Pero vayamos más atrás, a los «imperialismos precapitalistas», para desmontar esta noción por completo: en la historia de la humanidad se han reconocido dos sociedades en las que la cuestión militar hacía parte del núcleo de su cohesión social, en la que cada ciudadano era comprendido como un soldado y de hecho toda la vida social convergía en ello, una de esta era la «Polis de Esparta» –ciudad Estado–, la otra fue «Hatti» –Imperio Hitita–. En ambos casos, siempre que se fue a la guerra, siempre que se hizo uso de la maquinaria militar, fue por motivaciones económico-políticas específicas y reconocibles –no las abordaremos por no ser objeto de este documento–, a causa de estas motivaciones es que vemos a los espartanos combatiendo contra los persas primero y contra los ateniense después, y a los hititas combatiendo contra los egipcios. Esto demuestra, como ya decíamos, que aún en estas etapas históricas lo militar estaba subordinado a lo económico-político, y nunca ha sido distinto. Lenin demostró por ejemplo que la política colonial del capitalismo en su etapa premonopólica era sensiblemente diferente a la política de su etapa imperialista, señalaba que igualarlos sin más era negar las transformaciones socio-económicas, del mismo modo se mofaba de los que asimilaban el imperialismo británico con el imperio romano porque era lo mismo que no entender nada de historia ni de economía, pues dos sistemas económicos diferentes no podían tener la misma expresión económica, política ni cultural:

«La política colonial y el imperialismo ya existían antes de la fase contemporánea del capitalismo e incluso antes del capitalismo. Roma, basada en la esclavitud, mantuvo una política colonial y practicó el imperialismo. Pero los análisis «generales» sobre el imperialismo que olvidan o ponen en segundo plano la diferencia esencial entre las formaciones socioeconómicas se convierten inevitablemente en trivialidades huecas o en fanfarronerías, como la de comparar «la gran Roma con la Gran Bretaña». Incluso la política colonial capitalista de las fases previas del capitalismo es esencialmente diferente de la política colonial del capital financiero». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916)

Pero Sutherland va más allá, e igual que los eurocomunistas, mediante una mentira flagrante contrapone a Marx con Lenin para luego concluir que este último valiéndose de posiciones idealistas antepone el carácter militar al económico. Claro es que esto solo lo puede decir un ignorante de campeonato o un gran falseador consciente. Rebajar la teoría del leninismo a la mera cuestión militar es un ataque muy pobre, porque cualquiera que se moleste en leer las obras de Lenin verá que eso es una mentira evidente. Ya vimos anteriormente como Lenin define al imperialismo bajo cinco rasgos fundamentales: la concentración de capital, la fusión del capital industrial y bancario dando lugar al capital financiero, el desempeño fundamental de los monopolios en la economía, la exportación de capital siendo primacía a la exportación de mercancías, la formación de multinacionales, el reparto territorial del mundo entre las potencias. ¡¿No es esta una definición que da primacía al aspecto económico sobre el militar?!