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sábado, 13 de marzo de 2021

¿A estas alturas con la cantinela de las «fuerzas productivas»?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«Si bien anteriormente comprobamos que las estadísticas de inversión extranjera directa de China en América Latina confirman que gran parte eran con fines especulativos y rentistas, esta es justamente la misma estrategia que el gigante asiático sigue en África:

«Las industrias extractivas −entre las que se incluye la petrolera− suponían 22.5% del PIB en 2010. Frente a ello, se contraponen sectores marcadamente tradicionales, como la agricultura o parte importante de los servicios (gráfica 4). Al ser China el comprador casi exclusivo del petróleo sudanés, se volvió en el gran financiador externo de la economía del país. Así, no sólo era el principal inversor, sino también el principal mercado del petróleo y, por lo tanto, de las exportaciones sudanesas (gráfica 5) [de un 3% de las exportaciones hacia China en 1999 a un 80% en 2010]. (...) Llama la atención que esta «lluvia de millones» no haya ido acompañada de un nuevo equilibrio del sector exterior, sino que hubiera déficits comerciales importantes. Esto no fue más que resultado del crecimiento sin precedentes de las importaciones como respuesta a la momentánea superación de la falta de liquidez. (...) China actuó como el primer financiador de la economía sudanesa y aportó un volumen creciente de manufacturas. Sin embargo, no desplazó del todo a los países europeos como fuente de aprovisionamiento industrial, ni se implicó en el desarrollo de sectores productivos propios más allá del petróleo ni en la construcción de infraestructuras (Bosshart, 2007). (...) Además, ha apoyado activamente con asistencia tecnológica y cesión de patentes el desarrollo del Complejo Industrial Militar. Todo ha favorecido al nuevo Estado islamista de corte neoliberal a partir de los años noventa». (Alfredo Langa Herrero & Daniel Coq Huelva; Renta petrolera y dependencia económica. El papel de China en los nuevos procesos de crecimiento en África: el caso sudanés (1989-2011), 2018)

El señor Gouysse no solo se ha vuelto prochino, sino que ahora también se ha vuelto católico y cree en los milagros. ¡Aleluya! Por eso asegura que existe, por un lado, un cierto «altruismo chino» que «impulsa» la economía de estos países mientras que, por el otro, existe una burguesía nacional en los países latinoamericanos con la predisposición de abandonar la rentabilidad a corto plazo, recortar los lujos y la corrupción de sus dirigentes «por el bien común». Resulta que ahora, gracias a las «desinteresadas inversiones chinas», la mayoría de estos Estados construirán lo que llevan siglos sin conseguir: una industria nacional independiente de los imperialismos foráneos −extracontinentales o regionales−. Parece que, a estas alturas, el señor Gouysse no es consciente de aquello que hasta los chavistas venezolanos reconocen: que el país, tras varias décadas de «socialismo del siglo XXI», no ha sido capaz de escapar del modelo extractivo del petróleo, quedando su economía sujeta a los vaivenes del precio del crudo en el mercado internacional. Vamos, lo que él mismo se encargó de reportar en su obra: «Imperialismo y antiimperialismo» (2007). Véase nuestro capítulo: «Las causas reales de la permanente crisis político-económica venezolana» de 2018. 

Parece ser que el nuevo lacayo de Pekín intenta disimular algo tan simple como que la división internacional del trabajo también genera superganancias a China, pero solo gracias a una balanza comercial favorable en detrimento de América Latina o África. Los gobiernos latinoamericanos son presionados constantemente por esa supuesta China «librecambista» para que, en lugar de exportar sus productos procesados, se centren en la producción y exportación de materias primas. ¿Qué sorpresa, verdad?

«Existen otros factores que no permiten la diversificación del comercio y afectan su composición. China impone barreras comerciales, incluyendo aranceles relativamente altos e instrucciones a las empresas de propiedad del estado para que prioricen la compra de bienes nacionales. Las restricciones comerciales también tienden a aumentar con el grado de procesamiento y el valor agregado del bien comercializado. Por ejemplo, Argentina entró en una disputa comercial con China cuando trató de exportar a ese país aceite de soya en lugar de soya en grano. Cuando el embarque fue considerado inaceptable debido a supuestas preocupaciones sanitarias, Argentina tuvo que ceder y volvió a enviar soya en grano. Finalmente, las políticas cambiarias de China, que mantienen bajo el valor del yuan, sirven para aumentar el precio de las exportaciones de América Latina a China. Todas estas restricciones en conjunto hacen más complicados los esfuerzos para ampliar las exportaciones de bienes procesados y manufacturados. (…) El auge en las exportaciones basado en solo unos cuantos productos primarios tiene sus riesgos. Una contracción significativa en la economía de China tendría un impacto importante en el crecimiento en América Latina, ya que los flujos comerciales y de inversión disminuirían. Además, más allá del hecho de que el incremento de las exportaciones basado en solo unos pocos productos primarios deje al país vulnerable a la volatilidad de precios». (Econ South; El comercio estrecha vínculos entre China y América Latina, Volumen 13, N2, 2018)

Países potentes como Brasil, una potencia regional −aunque incapaz de rivalizar con el dragón asiático−, demuestran que el comercio con China y la política de su gobierno no conducen, precisamente, a su industrialización, sino a la desindustrialización progresiva, lo que, como es de esperar, levanta aireadas reacciones:

«El aumento galopante en importaciones de China, que creció 61 por ciento entre los años 2009 y 2010, y 47 por ciento en los dos primeros meses del 2011, ha causado una alarma considerable entre los fabricantes brasileños y ha creado continuas tensiones entre los dos países. En 2010, el 84 por ciento de las exportaciones de Brasil a China fueron materias primas, entre las cuales el hierro, la soya y el crudo representaban tres cuartos de las exportaciones. Por otro lado, el 98 por ciento de las importaciones de China fueron productos manufacturados, encabezando la lista los televisores, pantallas LCD y teléfonos. La política cambiaria de China, que sirve para mantener subvaluada su moneda, combinada con la fortaleza de la moneda brasileña, el real, exacerbaron las presiones sobre los fabricantes brasileños. El fuerte impacto sobre las industrias textiles y de calzado ha llevado a la Confederación Nacional de Industrias a realizar advertencias sobre la desindustrialización en aquellos sectores. Algunos sectores manufactureros han logrado tener éxito al pedir protección del gobierno, tal como sucedió en diciembre de 2010, cuando Brasil aumentó sus aranceles de importación aplicables a una lista de juguetes, pasando de 20 a 35 por ciento. Brasil también ha iniciado una serie de investigaciones anti-dumping contra productos chinos». (Econ South; El comercio estrecha vínculos entre China y América Latina, Volumen 13, N2, 2018)

¿Cómo han evolucionado las relaciones comerciales entre ambos países? ¿Ha cesado ese intercambio desigual y desindustrializador en detrimento de la independencia económica de Brasil o por el contrario se ha seguido en la misma línea?

«En 2018, solo tres productos −soja, petróleo, mineral de hierro− sumaron el 82% de las exportaciones brasileñas a China (Figura 1). En el sentido opuesto, las importaciones brasileñas de China son casi 100% de productos manufacturados, sobre todo productos electrónicos, productos químicos, máquinas y equipos». (Luis Antonio Paulino, revista relaciones internacionales; las relaciones Brasil-China en el siglo, 2020)

domingo, 28 de febrero de 2021

¿Qué es eso de que China es un «imperialismo pacífico»?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«En esta sección repasaremos cuales son los argumentarios que se suelen verter para defender a una u otra potencia, en este caso China. Demostraremos que el comercio, las inversiones extranjeras y el poderío militar para amedrentar al rival no son esferas desconectadas, sino una gran maquinaria que trabaja al unísono para que la potencia imperialista X consiga sus propósitos. Quien no entienda algo tan básico es porque no sabe ni lo básico de economía política. Para tal fin repasaremos la vieja política exterior del maoísmo, hoy recuperada por Xi Jinping para sus planes reaccionarios a escala mundial. También examinaremos los tratos de China con sus socios en Oceanía o Latinoamérica, su presencia de tropas en zonas Sudán y mucho más. De tal forma observaremos que China ejerce su presión, chantaje y agresiones tanto a nivel militar como económico, optando por una vía u otra según la ocasión.

Argumentos y maniobras acrobáticas para embellecer la política del imperialismo

En su día, Lenin contestaba con sumo sarcasmo a un Kautsky que recientemente había cambiado sus ideas en torno a las cuestiones económicas y geopolíticas:

«Resulta, entonces, que los monopolios en la economía son compatibles con un comportamiento no monopolista, no violento y no anexionista en la política». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo fase superior del capitalismo, 1916)

En el caso de Vincent Gouysse, tras recibir nuestra respuesta −que hacía hincapié en sus anacronismos históricos y en que debería recordar las archiconocidas tesis leninistas sobre la guerra entre imperialistas− el señor Gouysse, muy avergonzado por el rapapolvo recibido, decidió matizar el significado de su nuevo y efusivo folleto proimperialista donde idealizaba a China. Aún así, su exposición no lograba ocultar su nueva forma de pensar:

«Me has entendido mal, camarada: China ya es una potencia imperialista importante, casi dominante. (...) La imperial china es hoy pacífica y tercermundista, y un día será menos pacífica... Si estalla una guerra interimperialista −suicida para Occidente, cuya burguesía, creo, va a convertirse en una burguesía compradora−, los marxistas-leninistas no apoyarán a ninguno de los dos bandos, pero harán todo lo posible para aprovechar las hostilidades para transformar la guerra imperialista en una revolución socialista. Si no estalla una guerra así, China desarrollará su capitalismo a escala mundial durante algunas décadas, con la explotación «pacífica» de numerosos países. Y los marxistas-leninistas tendrán que mostrar a la gente que fue un plan de larga data, lo que hice en 2010 con «El despertar del dragón». (Vincent Gouysse; Facebook, 25 de octubre de 2020)

No creemos que se trate de un malentendido producido por el choque lingüístico; nuestras críticas están basadas en sus obras originales en francés y, además de contar con personas que dominan lo suficiente el idioma desde luego, no dejan lugar a dudas, como tampoco lo hacen sus contestaciones posteriores en inglés o castellano.

domingo, 24 de enero de 2021

Pi y Margall hablando sobre España y sus guerras coloniales en el siglo XIX

«Las guerras del presente siglo, Carlos, no para precavernos contra las que puedan sobrevenir sino para curarnos de nuestro espíritu de aventuras y de nuestro loco orgullo debemos recordarlas. Salvo las que contra los franceses sostuvimos, ninguna fue merecedora de aplauso. Ninguna tuvo por fin emancipar pueblos ni abrir pasos que nos hubiese cerrado el egoísmo ni la barbarie. Me limito por ahora a las exteriores; de las civiles hablaré más tarde. ¿Tienes tú por nobles y justas ni la de África, ni la de Santo Domingo, ni la de Méjico, ni la del Pacífico, ni la de Cochinchina? La de África ya sabes que la provocó O'Donnell con ánimo de distraer la atención de los partidos que aquí le eran adversos. (...) A Santo Domingo tampoco ignoras que fuimos prestándonos a ser instrumento de uno de los partidos en que estaba dividida la República. (...) Pero mucho peor fue la causa de nuestra expedición á Méjico, que, como recordarás, emprendimos juntos con Inglaterra y Francia. Fuimos allí á defender los abusos y los latrocinios de una mal llamada Convención Española á que se había conferido el encargo de deslindar las deudas allí contraídas durante la guerra por la que Méjico sacudió nuestro yugo. ¿Pudo ser más pobre el origen de la guerra del Pacífico? La empezamos por no haber querido castigar el Perú á los agresores de unos compatricios nuestros que residían en Talambo. Ocupamos las Chinchas, no las devolvimos sino mediante una indemnización de tres millones de pesos, reavivamos antiguos odios y de cuestión en cuestión llegamos á que contra nosotros se coligasen el Perú, Chile, el Ecuador y Bolivia. A Cochinchina fuimos finalmente arrastrados por los franceses que so pretexto de vengar la muerte de unos misioneros se proponían agrandar sus dominios de Asia. No te hablo de las guerras de Joló, Balanguingui y Mindanao, porque, como tú mismo indicas, éstas no son más que afianzamientos de mal guardadas islas. (...) Vengamos á las guerras coloniales. La de 1896 no es la primera que ha ocurrido en el Archipiélago Filipino; es sí la que más claramente revela un espíritu hostil en los indígenas. No ha concluido aún: del rescoldo de la lucha sostenida en Cavite y los montes de San Mateo brotan frecuentemente chispas que amenazan reproducir el incendio. ¿De quién sino de nosotros la culpa? Nos hemos empeñado en tener aquellas islas bajo el poder de comunidades religiosas tan escasas en virtudes como abundantes en vicios que todo lo sacrifican á su ambición y su codicia. De la ignorancia del pueblo han vivido esas comunidades y en la ignorancia querrían eternamente conservarlo para que nunca amenguasen ni su autoridad ni sus rentas. (...) Ha nacido de aquí lo que no podía menos de nacer, el espíritu de insurrección, la guerra. Si nuestros políticos hubiesen sido más previsores y más prácticos ¿crees tú que no se la habría evitado? Hicimos allí algunas reformas; pero ninguna que atacase en su raíz el mal, ninguna que tendiese á dar expansión á los ánimos. (...) De la guerra de Cuba somos aún más culpables. Cuba está peleando más de medio siglo por su independencia. Arde en deseos de emanciparse de nosotros y cada vez que sucumbe nos tiene mayor odio. Del año 68 al 78 sostuvo una guerra que no pudimos acabar sino por un convenio. La reanudó el mismo año 78 y dio no poco que hacer á nuestras tropas. La renovó el año 95 con violento empuje y pudo resistir el de 200.000 soldados que contra ella dirigimos deseosos de ahogar la insurrección en su cuna. Sigue batallando á pesar de haber perdido jefes de la importancia de Martí y Maceo. ¿Qué no hemos ensayado para vencerla? Primero la blandura, después el terror y el exterminio. Nada hemos alcanzado. Así las cosas ¿qué aconsejaban la razón y la política? Evidentemente otro convenio. En vez de intentarlo como el año 78 con los insurrectos, sin contar ni con sus jefes militares ni con su gobierno les llevamos hechas importantes concesiones. Las han aceptado con fruición los pacíficos, no los rebeldes, y estamos como estábamos. Debimos ofrecer la autonomía á los que están en armas; si ni con ella estaban dispuestos á dejarlas, otorgarles la independencia. ¿Qué otro remedio quedaba viéndonos impotentes para concluir la guerra? Sostener la guerra indefinidamente ni nos lo permitían las fuerzas del Tesoro ni la salud del Reino ni era posible que lo consintieran las vecinas gentes; sufría el comercio de todas las naciones, principalmente el de los Estados Unidos. Conceder á Cuba la independencia ¿nos había de ser ni parecer indecoroso? Inglaterra la concedió á las mismas colonias que son hoy el núcleo de la república norteamericana; nosotros por no querer otorgarla á tiempo á las colonias que tuvimos de Méjico á Chile las perdimos todas sin compensación de ningún género y hasta con ignominia. (...) Contra la libertad de los pueblos no hay prescripción posible. (...) Cuba levantándose contra nosotros y reclamando su independencia está en su derecho. (...) De la guerra de Cuba hemos sacado la de los Estados Unidos; de la de Filipinas la inquietud y el temor de mayores males; de la de Cochinchina una indemnización pecuniaria mezquina y vergonzosa; de la de Santo Domingo el abandono de la isla, después de haber gastado 98 millones de pesetas; de la de Méjico, en que invertimos 17 millones, absolutamente nada; de la del Pacífico la pérdida del Covadonga y la retirada del Callao con los buques rotos, buques que se hubo de ir á reparar parte en Río Janeiro, parte en el archipiélago de Otahili; de la de África por fin una rectificación de límites, 20 millones de duros y un territorio en Santa Cruz la Pequeña para un establecimiento de pesquería. Todas estas injustas guerras ¿pueden servir, como antes te dije, más que de escarmiento? A guerras de esta índole debemos resueltamente cerrar la puerta. ¡Ojalá lo consigamos!». (Francisco Pi y Margall; Carta a Eusebio, 26 de abril de 1898)

domingo, 3 de enero de 2021

La burguesía contemporánea no necesita del colonialismo del siglo XIX para imponer su dominio o ser agresiva; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«En general, la palabra «materialista» sirve, en Alemania, a muchos escritores jóvenes como una simple frase para clasificar sin necesidad de más estudio todo lo habido y por haber; se pega esta etiqueta y se cree poder dar el asunto por concluido. Pero nuestra concepción de la historia es, sobre todo, una guía para el estudio y no una palanca para levantar construcciones a la manera del hegelianismo. Hay que estudiar de nuevo toda la historia, investigar en detalle las condiciones de vida de las diversas formaciones sociales, antes de ponerse a derivar de ellas las ideas políticas, del derecho privado, estéticas, filosóficas, religiosas, etc., que a ellas corresponden. (…) Hay demasiados alemanes jóvenes a quienes las frases sobre el materialismo histórico −todo puede ser convertido en frase− sólo les sirven para erigir a toda prisa un sistema con sus conocimientos históricos, relativamente escasos −pues la historia económica está todavía en mantillas−, y pavonearse luego, muy ufanos de su hazaña». (Friedrich Engels; Carta a Konrad Schmidt, 5 de agosto de 1880)

Estas palabras de Engels siguen vigentes a día de hoy, pues no son pocos los que utilizan arbitrariamente términos como «imperialismo», «antiimperialismo», «capitalismo», «socialismo», «colonialismo» o «neocolonialismo»… sin comprender su significado en lo más mínimo, sin investigar o corroborar aquella «teoría» que les ha proporcionado un tercero, reproduciendo palabras que apenas logran sobreentender cual papagayo. ¿Qué tiene esto de «marxista»? Nada. Si recordamos una famosa obra de Gorki: «La madre» (1906), que otro autor, Bertolt Brecht, recogió y adaptó magníficamente, esta postura está a años luz de estar cercana a un espíritu marxista, el cual siempre exige un examen de lo propio y lo ajeno: 

«¡No temas preguntar las cosas, camarada! No te dejes influenciar, averigua tú mismo. Lo que no sabes por cuenta propia no lo sabes. Revisa la cuenta. Eres tú el que la paga. Pon el dedo sobre cada cifra. Pregunta: ¿Cómo se llegó hasta aquí? Prepárate para gobernar». (Bertolt Bretch; Elogio del estudio, 1932)

Lenin no edificó su obra sobre una lectura superficial de Marx y Engels. Además de estudiar sus obras en profundidad, también hizo un gran trabajo de recopilación de información que filtraría críticamente para poder llegar a sus certeras conclusiones. ¿Cómo hizo esto último? Consultando los cientos de noticias y obras de los expertos, periodistas, economistas y analistas que estudiaron el fenómeno del imperialismo –véase sus «Cuadernos sobre el imperialismo»–. Fue así, y no de otra forma, que plasmó sus excelentes resultados en sus obras de 1914-16. Entre estas referencias citaba:

«Métodos de explotación colonial: designación de funcionarios de la nación dominante; apropiación de la tierra por los magnates de la nación dominante; altos impuestos». (Dr. Sigmund Schilder; Tendencias del desarrollo de la economía, 1912)

Hoy, sorprendentemente, el señor Vincent Gouysse asegura que esto sigue vigente:

«Es un hecho que para Occidente el colonialismo es la regla, y sin él, la esfera de influencia occidental se habría dislocado desde hace tiempo». (Vincent Gouysse; Facebook, 6 de noviembre de 2020)

En cambio, hace no mucho, declaraba todo lo contrario, riéndose de los cazurros que no comprendían los cambios operados desde principios del siglo XX:

«En tiempos de Lenin, la burguesía utilizaba el colonialismo como forma principal de su dominación sobre los países dependientes. [Más tarde] se vieron obligados a sustituir las formas coloniales de dominación imperialista, por las formas semicoloniales que tienen la ventaja de otorgar una independencia política formal». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2010)

Para empezar, como ya dijimos en una ocasión en referencia al economista venezolano Manuel Shuterland, cualquiera que se considere una persona seria y rigurosa debería dejar de utilizar el término «colonialismo» de forma indiscriminada:

viernes, 6 de noviembre de 2020

Lenin sobre las guerras imperialistas...

«Es fundamentalmente erróneo, antimarxista y anticientífico, separar «la política exterior» de la política en general, ni qué hablar de oponer la política exterior a la interior. Tanto en política exterior como interior, el imperialismo tiende hacia la violación de la democracia, hacia la reacción. (...) Todas las frases sobre una guerra defensiva o sobre la defensa de la patria que provengan de las grandes potencias –léanse los grandes expoliadores– que combaten por la hegemonía mundial, por los mercados y «esferas de influencia» y por la esclavización de las naciones, ¡son frases mentirosas, absurdas e hipócritas! (...) Para el pequeñoburgués lo importante es dónde están apostados los ejércitos, quién está venciendo en él momento actual, Para un marxista lo importante es qué cuestiones están en juego en esa guerra, en el curso de la cual puede ir venciendo a veces un ejército, a veces el otro. (...) La verdadera esencia de la guerra actual no es nacional, sino imperialista. No se libra para que un bando pueda derrocar la opresión nacional, que el otro bando trata de mantener. Es una guerra entre dos grupos opresores, entre dos bandoleros, para determinar cómo repartir el botín, quién ha de saquear. (...) En síntesis: una guerra entre grandes potencias imperialistas –es decir, potencias que oprimen a toda una serie de pueblos y los tienen sometidos al capital financiero, etc.– o en alianza con las grandes potencias, es una guerra imperialista. Así es la guerra de 1914-1916. Y en esa guerra «la defensa de la patria» es un engaño, un intento de justificar la guerra. (...) Para hacer pasar esta guerra como una guerra nacional, los socialchovinistas invocan la autodeterminación. Hay una sola manera correcta de combatirlos: debemos demostrar que la guerra no se libra para liberar naciones, sino para determinar cuál de los grandes ladrones oprimirá mayor número de naciones. (...) Kautsky fue marxista hasta la guerra de 1914-1916, y muchas de sus principales obras y declaraciones serán siempre un modelo de marxismo. El 26 de agosto de 1910 escribió en Neue Zeit a propósito de la guerra inminente: «En una guerra entre Alemania e Inglaterra la cuestión no es la democracia, sino el dominio mundial, es decir, la explotación del mundo. No es esta una cuestión en la que los socialdemócratas puedan alinearse con los explotadores de su propia nación». He ahí una excelente formulación marxista, que coincide en todo con la nuestra, que desenmascara completamente al Kautsky de hoy, que del marxismo se pasó a la defensa del socialchovinismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Una caricatura del marxismo y el economicismo imperialista, 1916)

martes, 3 de noviembre de 2020

¿Es el Islam una religión «pacífica», de «amor» y «tolerancia»?


[Post originalmente publicado en 2017]

«Estos días los medios de comunicación en España –salvo los más fascistoides como 13TV o Intereconomía– han dado voz a ideólogos liberales que defienden la religión musulmana y califican el yihadismo y el Daesh, como «una mala interpretación del islam». Estos comentarios ya han venido abundando y propagándose desde los primeros brotes de atentados yihadistas en Europa:

«Son los primeros que no siguen los preceptos; entre otras cosas, las muertes», reprocha Javier Rosón, analista del islam en Europa de Casa Árabe. Sin embargo, los terroristas del grupo «Estado Islámico» (EI) invocan el nombre de Dios al cometer atentados y pretenden erigirse como principales valedores del islam. Por culpa de ello, comunidades musulmanas de todo el mundo se ven obligadas a recordar que no los representan. Así, «el Corán tiene una ciencia aprobada mundialmente por todos los científicos. Lo que los terroristas hacen es un corta y pega al gusto», lamenta Abdelaziz Hammaoui, uno de los mayores estudiosos del islam en España: imán, teólogo musulmán, profesor de la Cátedra de las Tres Religiones en la Universidad de Valencia y presidente del Centro Cultural Islámico de Valencia... (...) «El islam es una religión de paz. Lo primero y principal es no matar a otro», subraya Javier Rosón. (...) Otro referente en España es Mounir Benjelloun, presidente de la Comisión Islámica de España y de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas: «Someter el islam a interpretaciones literales del Corán, sería injusto y equivocado». (...) Las excepciones en las que el Corán sí justifica matar a otra persona se resumen en una motivación por defensa propia. Se producen en el contexto histórico bélico en los inicios del islam y hoy sólo podrían ser aplicables si lo ordenase una autoridad estatal, coinciden todos los expertos consultados». (El español; Estado Islámico contra el Corán: las pruebas de que no tiene nada que ver con el islam, 14 de diciembre de 2015)

El movimiento nacionalista kurdo, sus desviaciones anarco-feministas, sus vínculos con los imperialismos y el silencio cómplice de los oportunistas; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

«La propaganda a favor del nacionalismo kurdo

¿Qué es actualmente el movimiento nacional kurdo? Más allá de hacer un repaso de la historia sobre la opresión nacional de los kurdos, de los planteamientos políticos de sus variados grupos y de lo que sostenían en el pasado, que sería un total enredo, centrémonos mejor en vislumbrar lo que Reconstrucción Comunista (RC) apoya en la actualidad.

Las desviaciones ideológicas del movimiento nacional kurdo se han agudizado en las últimas décadas sin lugar a dudas. Son ciertamente muy evidentes sus postulados anarco-ecologistas:

«El PKK ha declarado que no busca crear un Estado kurdo. En vez de eso, inspirado en parte por la visión de la ecologista social y anarquista Murray Bookchin, ha adoptado la visión del «municipalismo libertario», llamando a los kurdos crear comunidades libres y autogobernada, basadas en los principios de la democracia directa, que irían juntas más allá de las fronteras nacionales. (...) En este sentido, proponer, la lucha kurda podría convertirse en un modelo para un movimiento mundial hacia una democracia genuina, una economía cooperativa y la disolución gradual de la burocracia Estado-nación. Desde 2005 el PKK, inspirado en la estrategia de los rebeldes zapatistas en Chiapas, declaró el alto al fuego unilateral con el Estado turco y comenzó a concentrar sus esfuerzos en desarrollar estructuras democráticas en los territorios que ya controlaban. Algunos han cuestionado cómo de serio es realmente todo esto. Claramente, quedan elementos autoritarios». (Descontrol; La revolución ignorada, 2015)

¿No recuerda esto a las reivindicaciones de movimientos nacionalistas y anarcoides como las presentadas por la Candidatura de Unidad Popular (CUP) en Cataluña –aquella por la que el famoso ecléctico anarco-comunista Hasél pedía el voto–? Sea como sea, he aquí conceptos económicos como la autogestión, tan cacareados entre el revisionismo titoísta, castrista, sandinista o el actual socialismo del siglo XXI, un concepto anarco-sindicalista ampliamente refutado por el marxismo-leninismo:

sábado, 28 de marzo de 2020

Algunas consideraciones sobre el COVID-19 [Coronavirus]; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

«La respuesta siempre está en el análisis concienzudo de los hechos, y no en las abstracciones mentales de estos «osados pensadores», estos «filósofos de la desconfianza». Lo que debe quedar claro es que de esta modalidad de «conspiranoicos» se basan en un reduccionismo tan simple como tonto −valga la redundancia−: si un hecho cualquiera ha beneficiado a un determinante agente político −o no lo ha perjudicado tanto como al resto−, este debe estar detrás del hecho mencionado, debe haberlo provocado en beneficio propio. Esto es absurdo. Tomemos un ejemplo histórico: la España de la época de Alfonso XIII y en el contexto de la Primera Guerra Mundial (1914-18). Su neutralidad en el enfrentamiento le permitió establecer relaciones comerciales prósperas con los dos bloques imperialistas en pugna, por ende, algunos sectores de la economía española entraron en una pequeña fase de bonanza pronunciada mientras duró el conflicto. Por tanto, la guerra interesó a Madrid. Entonces, si seguimos la lógica de estos «avispados analistas», ¿debemos concluir que los industriales, terratenientes o banqueros hispanos provocaron esta conflagración mundial? Nada más lejos de la realidad. Si tomamos los hechos, que suelen ser muy tozudos −como para que permanezcan ocultos ad infinitum−, el capitalismo español pintó muy poco como catalizador de la Primera Guerra Mundial, por mucho rédito que extrajera de ella». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas consideraciones sobre el COVID-19 [Coronavirus], 2020)



Preámbulo

Si bien tarde o temprano tendríamos que habernos pronunciado sobre la actual crisis del coronavirus (COVID‑19) −enfermedad infecciosa provocada por el virus SARS-CoV-2−, lo cierto es que el motivo principal que nos ha impulsado a redactar este artículo ha sido otro fenómeno derivado, ¿cuál? Toda la serie de especulaciones y teorías hilarantes que han salido al paso para intentar explicar la pandemia vírica. Estas, por supuesto, si bien son ridículas y dañinas, no por ello nos pillan por sorpresa, sino que eran de esperar, dado que los actores que las predican o no dan para más o responden a una agenda programada muy determinada. 

Así pues, aprovechando la formación médico-sanitaria y aunado a un análisis riguroso, el Equipo de Bitácora (M-L) estima urgente realizar algunas aclaraciones al respecto sobre la crisis que hoy acontece, volviendo a advertir, que el coronavirus no es el único peligro en periodos de crisis, puesto que los demagogos y oportunistas intentarán pescar en río revuelto. 
Dicho esto, y sin más dilaciones, vamos a presentar al lector las siete grandes temáticas que iremos desgranando en el presente documento, para que de esta forma él pueda realizar una libre inmersión sabiendo de antemano que temas puede consultar, aunque siendo sinceros recomendamos que se realice una lectura íntegra para que así el individuo pueda hacerse una idea más rica y completa de todo el cuadro aquí representado: 

1) Las teorías conspiranoicas que circulan sobre el COVID-19;

2) Los mensajes de los medios de comunicación, la intelectualidad y los políticos capitalistas antes la crisis sanitaria 

3) El coronavirus y su repercusión en la economía capitalista mundial;

4) Medidas extraordinarias, filantropía y caridad de la burguesía en tiempos de crisis;

5) Algunos datos que demuestran la debacle del sistema sanitario español;

6) Los catastrofistas que creen que los desastres naturales «aceleran la revolución»;

7) ¿Qué es el COVID-19 y qué implica en términos sanitarios?

En todo caso, cualquier objeción o desarrollo que quede pendiente esperamos que sea comunicado por nuestros queridos lectores, puesto que para nuestra plataforma es fundamental el desarrollo del debate, la confrontación y acercamiento a la verdad, tanto con amigos como enemigos.

Notas:

[1] Lectura y descarga del PDF [AQUÍ] en Scrib o [AQUÍ] en Mega.

[2] Para consultar todos los documentos en PDF editados por el Equipo de Bitácora (M-L) pinche [AQUÍ].

martes, 7 de enero de 2020

El proletariado victorioso no puede imponer la felicidad a ningún pueblo extranjero sin comprometer su propia victoria


«Me pregunta usted qué piensan los obreros ingleses de la política colonial. Pues lo mismo que de la política en general; lo mismo que piensan los burgueses. Aquí no hay partido obrero, no hay más que el partido conservador y el partido liberal-radical, y los obreros se benefician tranquilamente con ellos del monopolio colonial de Inglaterra y del monopolio de ésta en el mercado mundial. A juicio mío, las colonias propiamente dichas, es decir, los países ocupados por una población europea: el Canadá, El Cabo, Australia, se harán todos independientes; por el contrario, los países sometidos nada más, poblados por indígenas, como la India, Argelia y las posesiones holandesas, portuguesas y españolas, tendrán que quedar confiadas provisionalmente al proletariado, que las conducirá lo más rápidamente posible a la independencia. Es difícil decir cómo se desarrollará este proceso. La India quizás haga una revolución, es incluso probable, y, como el proletariado que se emancipa no puede mantener guerras coloniales, habrá que resignarse a ello; eso no sucederá, evidentemente, sin destrucciones, pero son inherentes a toda revolución. Lo mismo puede ocurrir en otros sitios, en Argelia y Egipto, por ejemplo, lo que sería, por cierto, para nosotros, lo mejor. Tendremos bastante que hacer en nuestro país. Una vez Europa esté reorganizada, así como América del Norte, eso dará un impulso tan fuerte y será un ejemplo tan grande, que los países semicivilizados seguirán ellos mismos nuestra senda; de ello se ocuparán, por sí solas, las demandas económicas. Las fases sociales y económicas que estos países tendrán que pasar antes de llegar también a la organización socialista, no pueden, creo yo, ser sino objeto de hipótesis bastante ociosas. Una cosa es segura: el proletariado victorioso no puede imponer la felicidad a ningún pueblo extranjero sin comprometer su propia victoria. Bien entendido, esto no excluye, en absoluto, las guerras defensivas de diverso género». (Friedrich Engels; Carta a Karl Kautsky, 12 de septiembre de 1882)

lunes, 11 de noviembre de 2019

Una nota rápida sobre la dimisión de Evo Morales...; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

«El recorrido político que ha tenido la Bolivia de Evo Morales [*] ya ha sido comentado varias veces... 

Hoy amanecimos con una noticia de novedades políticas en La Paz. ¿Y qué podemos concluir? Que lo de estos «socialistas del siglo XXI» sobrepasa de lo ridículo. Nos han vendido la idea de que ellos son la prueba del «tránsito pacífico al socialismo», que ellos son «pueblo» y que el «pueblo les defenderá ante cualquier eventualidad» que sufra la «revolución». Pero ahora los seguidores de Evo Morales claman en Bolivia, que existe un  «golpe de Estado» contra él, que su poder es legítimo y el de sus opositores no. Si su relato es cierto, pregunto, ¿por qué decide dimitir y entregar el poder sin más? Se imaginan en la España de 1936, que los republicanos, socialistas, comunistas y anarquistas, y que ante el golpe de Estado de los militares reaccionarios, «demócrata-cristianos», monárquicos y fascistas, dijesen: «Señores, han dado un golpe contra la República inadmisible, pero... nos retiramos, el poder es suyo»...

¡Algo no cuadra...!». (Equipo de Bitácora (M-L)Una nota rápida sobre la dimisión de Evo Morales..., 2020)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

[*] Reproduciremos los extractos de nuestros documentos:

domingo, 3 de noviembre de 2019

¿Va a resolver el actual gobierno burgués la cuestión nacional?


«Liberación de los pueblos oprimidos por el imperialismo español. Que se conceda el derecho de regir libremente sus destinos a Catalunya, a Euskadi, a Galicia y a cuantas nacionalidades estén oprimidas por el imperialismo de España.

¿Es que va a resolver el Gobierno actual el problema de las nacionalidades oprimidas? Yo os digo que no. Y la prueba es ese proceso que se sigue por el tribunal más reaccionario del país contra los consejeros de la Generalitat. Va a recaer sobre ellos el peso de una sentencia monstruosa. Treinta años de presidio les piden, y no hay duda de que serán condenados a esa pena. ¿Y, sabéis por qué van a ser condenados? Porque ese proceso no es sólo el de los hombres a quienes se juzga. Quien va a ser condenado con esa sentencia monstruosa es todo el pueblo de Catalunya, por su rebeldía, por su levantamiento contra la opresión del imperialismo español. Y contra esa monstruosa condena, contra ese odio a la libertad de Catalunya, yo os digo lo que antes: ¿es que no estamos obligados a luchar en la Concentración Popular Antifascista por la liberación de esos hombres, a quienes se condena como expresión del odio y la opresión imperialista? (Voces: ¡Sí, sí!) Pues entonces, camaradas, tenemos una razón más para unimos todos: la lucha por la liberación de Catalunya, por el derecho de Catalunya y de todas las nacionalidades oprimidas a disponer de sus destinos. (Aplausos)». (José Díaz; La lucha por la unidad en plena reacción; Discurso pronunciado en el Monumental Cinema de Madrid, el 2 de junio de 1935)

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jueves, 17 de octubre de 2019

Lenin hablando sobre las asimilaciones...


«El capitalismo en desarrollo conoce dos tendencias históricas en el problema nacional. La primera es el despertar de la vida nacional y de los movimientos nacionales, la lucha contra toda opresión nacional y la creación de Estados nacionales. La segunda es el desarrollo y multiplicación de las relaciones de todo tipo entre las naciones, el derrumbamiento de las barreras nacionales, la formación de la unidad internacional del capital, de la vida económica en general, de la política, de la ciencia, etc. Ambas tendencias son una ley universal del capitalismo. La primera predomina en los albores del desarrollo capitalista; la segunda es característica del capitalismo maduro, que marcha hacia su transformación en sociedad socialista. El programa nacional de los marxistas tiene presentes ambas tendencias: primero, defiende la igualdad de derechos de las naciones y de los idiomas –y también el derecho de las naciones a la autodeterminación, de lo cual hablaremos más adelante– y considera inadmisible la existencia de cualesquiera privilegios en este aspecto; segundo, propugna el principio del internacionalismo y la lucha implacable por evitar que el proletariado se contamine de nacionalismo burgués, aun del más sutil. Y cabe preguntar: ¿a qué se refiere nuestro bundista cuando clama al cielo contra la «asimilación»? No ha podido referirse a la violencia ejercida contra las naciones ni a los privilegios de una de ellas, porque aquí nada tiene que ver la palabra «asimilación»; porque todos los marxistas, tanto por separado como juntos, formando un todo único oficial, han condenado con firmeza, sin dejar lugar a equívocos, la menor manifestación de violencia, opresión o desigualdad nacionales. (...) El señor Libman condena la «asimilación» sin entender por ella ni la violencia, ni la desigualdad, ni los privilegios. Pero, ¿queda algo real en el concepto de «asimilación» si se excluyen toda violencia y toda desigualdad? Sí, desde luego. Queda la tendencia histórica universal del capitalismo a romper las barreras nacionales, a borrar las diferencias nacionales, a llevar las naciones a la asimilación, tendencia que cada decenio se manifiesta con mayor pujanza y constituye uno de los más poderosos motores de la transformación del capitalismo en socialismo. No es marxista, ni siquiera demócrata, quien no acepta ni defiende la igualdad de derechos de las naciones y los idiomas, quien no lucha contra toda opresión o desigualdad nacionales. Esto es indudable. Pero es igualmente indudable que el pseudomarxista que pone de vuelta y media a .los marxistas de otra nación, acusándolos de «asimilistas», es de hecho un simple pequeño burgués nacionalista». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Notas críticas sobre la cuestión nacional, 1913)

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viernes, 16 de agosto de 2019

No corresponde a los socialistas ayudar a un bandido más joven y más vigoroso a desvalijar a otros bandidos más viejos y más cebados


«Desde el punto de vista de la justicia burguesa y de la libertad nacional o del derecho de las naciones a la existencia, Alemania tendría sin duda alguna razón contra Inglaterra y Francia, ya que ha sido «defraudada» en el reparto de las colonias, y sus enemigos oprimen a muchísimas más naciones que ella; en cuanto a su aliada, Austria, los eslavos por ella oprimidos gozan sin duda de más libertad que en la Rusia zarista, verdadera «cárcel de pueblos». Pero la propia Alemania no lucha por liberar a los pueblos, sino por sojuzgarlos. Y no corresponde a los socialistas ayudar a un bandido más joven y más vigoroso –Alemania– a desvalijar a otros bandidos más viejos y más cebados. Lo que deben hacer los socialistas es aprovechar la guerra que se hacen los bandidos para derrocar a todos ellos. Para esto, es preciso ante todo que los socialistas digan al pueblo la verdad, a saber, que esta guerra es, en un triple sentido, una guerra entre esclavistas para reforzar la esclavitud. En primer lugar, es una guerra que tiende a consolidar la esclavitud de las colonias mediante un reparto mas «equitativo» y una explotación ulterior mas «coordinada» de las mismas; en segundo lugar, es una guerra que persigue el reforzamiento del yugo que pesa sobre las naciones extrañas en el seno mismo de las «grandes» potencias, pues tanto Austria como Rusia –y esta mucho mas y mucho peor que aquélla– sólo se mantienen gracias a ese yugo que refuerzan con la guerra; en tercer lugar, es una guerra con vistas a intensificar y prolongar la esclavitud asalariada, pues el proletariado está dividido y aplastado, mientras que los capitalistas salen ganando, enriqueciéndose con la guerra, avivando los prejuicios nacionales e intensificando la reacción, que ha levantado la cabeza en todos los países, aun en los más libres y republicanos». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El socialismo y la guerra, 1915)

domingo, 11 de agosto de 2019

Sobre el cerco capitalista; Stalin, 1937


«¿Cuáles son pues los hechos que han olvidado o que simplemente no han captado nuestros camaradas del Partido? 

Han olvidado que el poder de los Soviets sólo ha triunfado en una sexta parte del globo y que las cinco sextas partes restantes, están en posesión de los Estados capitalistas. Han olvidado que la Unión Soviética se encuentra dentro del cerco capitalista. Entre nosotros existe la costumbre de hablar mucho sobre el cerco capitalista; pero en lo que se refiere a reflexionar sobre su significado, esto es algo que no suele hacerse. El cerco capitalista no es una frase hueca, es un fenómeno muy real y muy desagradable. El cerco capitalista, significa en concreto que existe un país, la Unión Soviética, el cual ha instaurado el orden socialista, y que por otra parte, hay, un gran número de países, países burgueses, que continúan llevando un género de vida capitalista y están cercando a la Unión Soviética, aguardando la menor oportunidad para atacarla, para abatirla o, en todo caso, para socavar su potencia y debilitarla. 

domingo, 26 de mayo de 2019

El partido comunista y el parlamentarismo; Internacional Comunista, 1920


«La nueva época y el nuevo parlamentarismo

La actitud de los partidos socialistas con respecto al parlamentarismo consistía en un comienzo, en la época de la I Internacional, en utilizar los parlamentos burgueses para la agitación. Se consideraba la participación en la acción parlamentaria desde el punto de vista del desarrollo de la conciencia de clase, es decir del despertar de la hostilidad de las clases proletarias contra las clases dirigentes. Esta actitud se modificó no por la influencia de una teoría sino por la del progreso político. A consecuencia del incesante aumento de las fuerzas productivas y de la ampliación del dominio de la explotación capitalista, el capitalismo, y con él los estados parlamentarios, adquirieron una mayor estabilidad.

De allí la adaptación de la táctica parlamentaria de los partidos socialistas a la acción legislativa «orgánica» de los parlamentos burgueses y la importancia, siempre creciente, de la lucha por la introducción de reformas dentro de los marcos del capitalismo, el predominio del programa mínimo de los partidos socialistas, la transformación del programa máximo en una plataforma destinada a las discusiones sobre un lejano «objetivo final». Sobre esta base se desarrolló el arribismo parlamentario, la corrupción, la traición abierta o solapada de los intereses primordiales de la clase obrera.

La actitud de la III Internacional con respecto al parlamentarismo no está determinada por una nueva doctrina sino por la modificación del papel del propio parlamentarismo. En la época precedente, el parlamento, instrumento del capitalismo en vías de desarrollo, trabajó en un cierto sentido, por el progreso histórico. Bajo las condiciones actuales, caracterizadas por el desencadenamiento del imperialismo, el parlamento se ha convertido en un instrumento de la mentira, del fraude, de la violencia, de la destrucción, de los actos de bandolerismo. Obras del imperialismo, las reformas parlamentarias, desprovistas de espíritu de continuidad y de estabilidad y concebidas sin un plan de conjunto, han perdido toda importancia práctica para las masas trabajadoras.

El parlamentarismo, así como toda la sociedad burguesa, ha perdido su estabilidad. La transición del período orgánico al período crítico crea una nueva base para la táctica del proletariado en el dominio parlamentario. Así es como el partido obrero ruso el partido bolchevique determinó ya las bases del parlamentarismo revolucionario en una época anterior, al perder Rusia desde 1905 su equilibrio político y social y entrar desde ese momento en un período de tormentas y cambios violentos.

lunes, 18 de febrero de 2019

El neocolonialismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


El neocolonialismo como hemos venido explicando durante todo el documento tiene una explicación muy plausible:

«La Segunda Guerra Mundial produjo un cambio radical en la correlación de fuerzas en el mundo. Condujo a la destrucción de las grandes potencias fascistas, pero también estremeció los fundamentos y debilitó considerablemente a las viejas potencias colonialistas. La guerra antifascista planteó en todas partes, incluso en los países que no se habían visto envueltos en su torbellino, el problema de la liberación nacional. Los pueblos de las antiguas colonias que, conjuntamente con los países de la coalición antifascista, habían participado en la guerra para sacudirse el yugo fascista, ya no podían dar pasos atrás y soportar por más tiempo el yugo colonial (...) Obligados por la situación, muchos países colonialistas comprendieron que las viejas formas de explotación y administración de las colonias eran anacrónicas, sin concederles la más mínima libertad e independencia. Las potencias imperialistas, colonialistas, no llegaron a esta conclusión movidas por sus sentimientos democráticos y por su deseo de conceder la libertad a los pueblos, sino presionadas por los pueblos colonizados y a causa de su debilidad militar, económica, política e ideológica, que no les permitía conservar el viejo colonialismo. Pero, el imperialismo francés, inglés, italiano, estadounidense, etc., no quería renunciar a la explotación de esos pueblos y países. Cada potencia imperialista se vio obligada por las circunstancias creadas a conceder la autonomía a estos pueblos o prometerles la libertad y la independencia después de un cierto plazo. Este plazo, que fijaron supuestamente para permitirles tomar conciencia de su capacidad de gobernarse por sí mismos y formar a este fin los cuadros locales, tendía de hecho a preparar nuevas formas de explotación imperialistas, el nuevo colonialismo, dando a los países y a los pueblos la falsa impresión de que habían conquistado la libertad. (…) Muchos pueblos ex coloniales, a pesar de haber obtenido esta «independencia» y esta «libertad», tal como se las habían dado las antiguas potencias colonialistas, tuvieron que empuñar las armas porque los imperialistas no estaban dispuestos a conceder de inmediato esa «libertad» y esa «independencia». Particularmente los imperialistas franceses pretendían conservar también después de la guerra la fuerza o la «grandeza» de Francia. Así fue cómo los pueblos de Argelia, Vietnam y muchos otros dieron inicio a una prolongada lucha de liberación y, por último, lograron liberarse». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

Queda de sobra demostrado históricamente que una revolución anticolonial es un acto progresista, eso es indudable, pero hay que dejar claro que aunque ello sea per se un acto antiimperialista, no siempre el nuevo Estado resultante llega a consolidarse como tal si no es dirigido por el proletariado y su partido:

viernes, 15 de febrero de 2019

Los comunistas ante la cuestión nacional no deben tomar principios abstractos o formales sino tener en cuenta lo siguiente


«De acuerdo con su tarea fundamental de luchar contra la democracia burguesa y de desenmascarar la falsedad y la hipocresía de la misma, los partidos comunistas, intérpretes conscientes de la lucha del proletariado por el derrocamiento del yugo de la burguesía, deben, en lo referente al problema nacional, centrar también su atención, no en los principios abstractos o formales, sino 1) en apreciar con toda exactitud la situación histórica concreta y, ante todo, la situación económica; 2) diferenciar con toda nitidez los intereses de las clases oprimidas, de los trabajadores, de los explotados y el concepto general de los intereses de toda la nación en su conjunto, que no es más que la expresión de los intereses de la clase dominante; 3) asimismo dividir netamente las naciones en: naciones oprimidas, dependientes, sin igualdad de derechos, y naciones opresoras, explotadoras, soberanas, por oposición a la mentira democrático-burguesa, la cual encubre la esclavización colonial y financiera –cosa inherente a la época del capital financiero y del imperialismo– de la enorme mayoría de la población de la tierra por una insignificante minoría de países capitalistas riquísimos y avanzados». (Vladimir Ilich Uliánov, LeninPrimer esbozo de las tesis sobre los problemas nacional y colonial para el II Congreso de la Komintern, 5 de junio de 1920)

viernes, 1 de febrero de 2019

Para la burguesía el problema nacional, allí donde éste existe, es materia especulativa


«El problema nacional no es una abstracción, no es una entidad aislada. El problema nacional es parte indisoluble del problema general de la revolución. Hemos, pues, de verlo a la luz de la lucha de clases, de su desarrollo y de su objetivo histórico. Estamos ahora en la fase superior y última del capitalismo, la fase imperialista. La lucha de clases se agudiza y la burguesía se convierte en extra y antinacional. El interés de clase prima por encima de cualquier otro interés. Y todos los elementos que intervienen en la vida colectiva son utilizados con el objetivo único de asegurar el dominio de clase, el monopolio del Estado, instrumento de la clase dominante. Para la burguesía el problema nacional, allí donde éste existe, es materia especulativa; se sirve de ella si así conviene momentáneamente a su interés de clase o se reniega de ella cuando lo pone en peligro. Y como el interés de clase capitalista es incompatible con el interés nacional la burguesía termina siempre por traicionar a la nación. (...) ¿Y cómo reaccionan la gran burguesía y las castas tradicionales en estos países? Como clase y castas gobernantes que continúan la tradición de la guerra: para mantener sus privilegios han convertido en moneda de cambio la independencia y la soberanía nacional. Y como políticos e «ideólogos» inventan filosofías y teorías, cuyo único objetivo es sembrar la confusión en las masas populares, dividir la clase obrera y movilizar a la opinión contra los partidos comunistas. (...) No hay manera, amiga Reyes Bertral, de rehuir la polarización. Con las patrañas hipócritas de las terceras fuerzas y principios puros y conductas impuras no se va más que al deshonor y a nuevas derrotas». (Joan Comorera; Carta abierta  a Reyes Bertal, dirigente de Estat Català, 1948)

domingo, 6 de enero de 2019

Reflexiones necesarias sobre las luchas progresistas dentro del capitalismo


«Ello demuestra que si bien el régimen actual de monarquía parlamentaria no ha podido resolver varios temas importantes como por ejemplo la cuestión nacional, si es considerablemente más progresista que el régimen franquista en la materia legislativa de estos temas civiles, salta a la vista que no presenta el «corpus jurídico» de un régimen fascista, sino democrático-burgués moderno. Solo un ignorante diría que un régimen fascista aprobaría leyes que intenten paliar aunque sea un poco la situación de la mujer, de los homosexuales, los discapacitados, los inmigrantes, como las que se han institucionalizado en varios países sobre todo de Europa durante las últimas décadas. 

Estas medidas [progresistas] también implementadas en algunos países con júbilo durante las últimas décadas, no han supuesto «el triunfo definitivo y eterno de la democracia burguesa y sus valores liberales» ni la «demostración de la validez del sistema», pues el capitalismo lleve a cuestas la envoltura que lleve [democrático-burguesa o fascista] no puede escapar a sus contradicciones inherentes, por ello asistimos en la misma Europa o América a una abolición de este tipo de leyes aprobadas previamente: se han ido perdiendo este tipo de derechos y libertades en materia de expresión, asociación y  reunión, se han ido endureciendo las condiciones de vida y trabajo abaratando, los servicios públicos de sanidad y educación se han vuelto precarios y  cada vez se dificulta más el acceso a la población, se han retirado los planes sociales para asistir a enfermos o ancianos, se han ido tomando medidas en favor de políticas restrictivas de inmigración, se han derogado algunos de los derechos efectivos de igualdad entre el hombre y la mujer, se ha endurecido las medidas sobre el aborto, se han aplicado nuevas leyes antiterroristas que criminalizan a diferentes movimientos político-sociales, se han emitido amnistías fiscales a las empresas que no cotizaban en el país mientras se subían los impuestos directos e indirectos a los trabajadores, se han promulgado leyes y decretos que concentran los poderes judiciales en manos del ejecutivo, se ha legislado a favor de financiar al clero y darle más poderes en la educación, se han promovido la congelación de las pensiones o la estimulación de planes privados de las mismas, se han creado leyes para que pagar el rescate de los bancos sea un deber legal de la nación esquilmando aún más a los trabajadores, se han implementado leyes sobre la inversión extranjera y se han dado luz verde a proyectos empresariales extranjeros que dañan el medio ambiente e incluso violan las propias constituciones burguesas de los países en cuanto a soberanía nacional. Y como esto, un innumerable etcétera de retrocesos que se han visto –más allá de las variaciones entre sus sistemas políticos– en diversos países como Francia, España, Rusia, Polonia, Hungría, Nicaragua, Brasil, Italia, Venezuela, Chile, y un sinfín de países más. A su vez otros países han avanzado en estas materias bien por las necesidades de las clases explotadoras de verse obligadas a remodelar sus leyes, bien por las luchas populares y los intentos de la clase dominante de calmar la situación, mezcla de ambas o por las razones que sean. Pero es claro que en el capitalismo las libertades y derechos conquistados deben de ser defendidos con uñas y dientes por los trabajadores pues la burguesía siempre tratará de arrebatárselos o de no aplicarlos. Se debe presionar para conservarlos pero sobre todo para que una vez aprobados se apliquen, mostrando las contradicciones de un sistema burgués que no quiere ni siquiera aplicar lo estipulado según sus reglas. Todas estas luchas preparan a las masas en diversas movilizaciones, crea conciencia sobre sus intereses propios, y prepara a los trabajadores para lanzarse a pelear por sus intereses máximos, siendo la forma más elevada: la revolución». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)

jueves, 6 de septiembre de 2018

Repaso histórico a las teorías enfrentadas al axioma científico de la acumulación de capital; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«Toda la serie de teorías que hemos venido desbrozando a lo largo del presente documento sobre Manuel Shuterland no han sido meras invenciones del mismo. La concepción de negación del proceso de acumulación del capital y de monopolización –que es el eje central del negacionismo «sutherlandiano» para con el imperialismo como fase especial del capitalismo–; son «perro viejo» de la literatura revisionista.

El primero de estos testimonios puede encontrarse, de forma más o menos clara, en economistas románticos de la etapa del pensamiento pre-marxista, como por ejemplo Sismondi o Proudhon. Sin embargo, el primer «socialista» que hizo públicas unas disquisiciones similares fue el padre del revisionismo: Eduard Bernstein. Hablamos de revisionismo en marxismo, cuando se revisa un axioma sin argumentación, sin evidencia científica, desde posiciones subjetivas.

Consideramos oportuno dedicar unas líneas a Proudhon y a Bernstein, para trazar el origen del revisionismo del que hace gala el «economista» venezolano.

En 1846-1847, Karl Marx publicó una brillante réplica al libro de Proudhon «Filosofía de la miseria» de 1846. La réplica desmontaba las teorías socialistas del autor francés, mientras elaboraba por primera vez, de forma sistemática la concepción del mundo materialista-dialéctica, superando el primer esbozo de la misma, que apareció en el también polémico libro «La Sagrada Familia» de 1844, coescrito con Engels y dirigido contra el elitismo filosófico de los idealistas y voluntaristas neohegelianos como Bruno Bauer y consortes.

En la polémica con Proudhon, que Marx mandó imprimir bajo el sagaz título «Miseria de la filosofía», encontramos un capítulo referido al desarrollo dialéctico reciente de la economía. En él, encontramos, a su vez, una referencia a la creencia proudhoniana de la competencia como un proceso acabado, definitivo, del desarrollo social precedente. Para Proudhon, por lo tanto, la nueva sociedad no podría sino basarse en la competencia, pues era la forma acabada «más perfecta» de los modos de distribución de los productos –en este caso, mercancías–.