sábado, 28 de marzo de 2020

Algunas consideraciones sobre el COVID-19 [Coronavirus]; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

«La concepción materialista de la historia también tiene ahora muchos amigos de ésos, para los cuales no es más que un pretexto para no estudiar la historia. (...) En general, la palabra «materialista» sirve, en Alemania, a muchos escritores jóvenes como una simple frase para clasificar sin necesidad de más estudio todo lo habido y por haber; se pega esta etiqueta y se cree poder dar el asunto por concluido. Pero nuestra concepción de la historia es, sobre todo, una guía para el estudio y no una palanca para levantar construcciones a la manera del hegelianismo. Hay que estudiar de nuevo toda la historia, investigar en detalle las condiciones de vida de las diversas formaciones sociales, antes de ponerse a derivar de ellas las ideas políticas, del derecho privado, estéticas, filosóficas, religiosas, etc., que a ellas corresponden. Hasta hoy, en este terreno se ha hecho poco, pues ha sido muy reducido el número de personas que se han puesto seriamente a ello». (Friedrich Engels; Carta a Konrad Schmidt, 5 de agosto de 1880)


«Aprovechando la formación médico-sanitaria y aunada al análisis marxista-leninista, el Equipo de Bitácora estima necesario hacer algunas aclaraciones al respecto sobre la crisis que hoy acontece.

Antes de abordar el tema, hay que entender que como ya dijo Engels:

«Las ciencias naturales modernas han demostrado que los llamados «barrios insalubres», donde están hacinados los obreros, constituyen los focos de origen de las epidemias que invaden nuestras ciudades de cuando en cuando. El cólera, el tifus, la fiebre tifoidea, la viruela y otras enfermedades devastadoras esparcen sus gérmenes en el aire pestilente y en las aguas contaminadas de estos barrios obreros. Aquí no desaparecen casi nunca y se desarrollan en forma de grandes epidemias cada vez que las circunstancias les son propicias. Estas epidemias se extienden entonces a los otros barrios más aireados y más sanos en que habitan los señores capitalistas. La clase capitalista dominante no puede permitirse impunemente el placer de favorecer las enfermedades epidémicas en el seno de la clase obrera, pues sufriría ella misma las consecuencias, ya que el ángel exterminador es tan implacable con los capitalistas como con los obreros». (Friedrich Engels; Contribución al problema de la vivienda, 1873)

Claro es que, dado el actual desarrollo de capitalismo monopólico y la globalización, la nueva variable observable es la velocidad con que una nueva enfermedad contagiosa pasa de afectar a una pequeña zona geográfica a amenazar a todo el planeta e incluso a la sociedad humana en tiempo récord. Y que por lo demás no solo se trata de una crisis sanitaria, sino que trae consigo una crisis económica que podría no tener precedentes, además, si bien de momento hay acceso a productos de primera necesidad, en el momento en que no esté garantizado veremos una creciente inseguridad.

Las teorías conspiranoicas que circulan sobre el COVID-19

«La negación de la presencia de un grano de verdad absoluta en las leyes de la ciencia por parte de la filosofía burguesa moderna tiene como objetivo reemplazar la verdad científica con lo «irracional», la fe, incluso la «fe animal» –instinto–, etc. (...) Todo esto es necesario para que la reacción imperialista pase de contrabando el oscurantismo y el misticismo a la ciencia y convierta la ciencia en un instrumento para la esclavitud espiritual de las masas trabajadoras». (V.P. Tugarinov; Sobre las leyes del mundo objetivo y las leyes de la ciencia, 1952)

Tras nuestra lectura de los informes, discursos y otros documentos hechos públicos de diversas organizaciones respecto a la pandemia del COVID-19 [coronavirus], observamos, una vez más, que gran parte de los políticos, artistas y filósofos, lejos de alejarse de las corrientes pseudocientíficas, secundan y emiten declaraciones que terminan por reproducir y dar por buenas una serie de hipótesis «conspiranoicas» de lo más ridículas, las cuales no solo no aportan claridad al respecto, sino que acaban sembrando más confusión entre el público, si cabe. 

El desconfiado y el charlatán comparten su conformismo agnóstico, les basta con afirmar que «esto» o «aquello» no debe ser discutido por su plausibilidad, porque «el ser humano es suficientemente retorcido» como para hacer esto otro. Bien, el hombre de ciencia, en lugar de arrojarse a la especulación enajenada, en lugar de sumarse a la turba de «expertos» que se dedican a la «opinología», comprobará qué hechos sostienen una teoría –o si estos existen en absoluto–. Lo contrario es embarcarse en la cavilación estéril que, tras días de quebraderos de cabeza, culmina en conclusiones carentes de valor que deben ser arrojadas al contenedor de la especulación. 

«Esta incomprensibilidad no te da derecho a deducir las consecuencias supersticiosas que la teología saca del conocimiento humano; no te da derecho a fantasear en el campo de las causas naturales, porque solamente puedes decir: «Yo no puedo explicar la vida desde estos fenómenos o causas naturales que me son conocidas o desde el modo como ahora me son conocidas»; y no puedes decir sin pretender haber agotado hasta la última gota de océano de la naturaleza que la vida no sea totalmente explicable por medio de la superposición de seres inventados; no te da derecho a hacerte ilusiones y a engañarte a ti mismo y a los demás con una explicación que nada explica; no te da derecho a convertir en «no saber» de las causas naturales y materiales en un «no saber» de dichas causas, a divinizar tu ignorancia, a personalificarla y objetivizarla en un ser que debería sacarte de encima tu ignorancia, pero que en realidad no expresa más que la naturaleza de esa ignorancia tuya, que la ausencia de explicaciones positivas y materiales. (...) En lugar de ser lo suficientemente honesto y humilde como para decir: «No sé el motivo, no puedo explicarlo, me faltan datos, los materiales» tú, con ayuda de la fantasía, conviertes estos defectos, estas negaciones, estas definiciones de tu cabeza en seres positivos, en seres que son inmateriales. (...) La ignorancia se conforma con seres inmateriales, incorpóreos, no naturales, pero su inseparable compañera, la exuberante fantasía, que siempre tiene cosas que hacer únicamente con seres altísimos y supremos y máximos, eleva inmediatamente estas pobres producciones de la ignorancia al rango de seres sobremateriales y sobrenaturales». (Ludwig Feuerbach; La esencia de la religión, 1845)

«Sorprendentemente», estos análisis siempre concluyen con el escenario más improbable. Estos señores, a falta de datos concretos que permitan una examinación en profundidad, eluden por completo los instrumentos esenciales del análisis lógico como, por ejemplo, la «navaja de Ockham», que indica que: «En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable». El nominalismo del siglo XIV, el racionalismo de este franciscano, es una filosofía más avanzada y cercana al método científico que la que acostumbran estos seres. Pero, como no siempre todo es tan sencillo como parece y esta formulación lógica no es suficiente –ni mucho menos–, es hora de que empecemos a entrar en materia.

Las ideas de esta gente son, por lo general, fáciles de desmontar, pues encierran ingentes cantidades de contradicciones. Veamos algunas de las tesis conspirativas que se han viralizado en los últimos meses:

«A través de Twitter y Facebook se ha extendido una idea falsa que atribuye el brote de este virus a un complot promovido por el empresario y filántropo Bill Gates, cofundador de Microsoft, y planificado a través de un laboratorio británico. Esta teoría ha sido alentada por integrantes de la comunidad anti-vacunas y el movimiento QAnon, fundado por simpatizantes de Donald Trump que creen que el presidente de Estados Unidos, con la ayuda discreta de las Fuerzas Armadas, se enfrenta a «élites globalistas» que pretenden socavar las esencias del país. El multimillonario George Soros, destacados dirigentes demócratas... y Bill Gates serían algunos de sus miembros destacados, según este movimiento. (...) Finalmente, hay usuarios convencidos de que esta enfermedad ha sido fabricada por grupos farmacéuticos interesados en vender vacunas. Sin embargo, ahora mismo, gracias a que las autoridades chinas están haciendo pública toda la información sobre el brote, cualquier laboratorio del mundo puede trabajar en fabricar una vacuna para comercializarla después». (El día.es; Del complot de Bill Gates a la mano de las farmacéuticas, 31 de enero de 2020)

Algunos grupos revisionistas, es decir, aquellos que revisan las bases fundamentales del método marxista, han reproducido estas teorías sin problemas. Una parte de ellos acusa a un bloque imperialista en base a las afirmaciones de los voceros del bloque antagónico. Otros coinciden con las ideas más fantasmagóricas que la derecha conservadora difunde día y noche. Otros pocos recubren su discurso «conspiranoico» de un halo anticapitalista para completar historias fantásticas que en ningún momento pueden sostener con datos ni pruebas empíricas concluyentes. 

Todos ellos tratan de analizar un fenómeno no a partir del estudio de la realidad concreta, sino partiendo de lo que deberían ser las conclusiones de su análisis, reduciendo la argumentación a la justificación de sus prejuicios. Erigen su análisis sobre concepciones absolutamente erradas en la comprensión del funcionamiento del poder bajo el capitalismo: achacan a una élite bancaria la capacidad de gobernar sin equívoco y al unísono cada fenómeno que tiene lugar en el mundo –¡o quizás en el universo!–. No hay cabida para la casualidad; toman el correcto principio de que nada ocurre porque sí –causalidad– para distorsionarlo y situar a la mencionada élite a la cabeza de todo lo que ocurre en el mundo, dependa esto –o no– exclusivamente del factor humano de la ecuación. No hay nada en el mundo que no haya sido dictado por esta supuesta élite todopoderosa y omnisciente; si hay una explosión en un edificio madrileño debe ser parte de la política de choque y pánico de una élite interesada en «desviar la atención» y «manipular la opinión pública». Si las cigüeñas alteran su vuelo migratorio no es cuestión de la alteración de su hábitat natural, sino culpa del Club Bilderberg o los anunakis. Y, por supuesto, una pandemia mundial no puede ser algo ajeno a la élite, esta tiene que estar detrás de la pandemia. Así, si se parte de este hecho –prejuicio, más bien–, si se acepta su existencia, debe reconocerse que no hay ningún fenómeno que no haya sido dictado por las élites entre bastidores. Se confunde la respuesta del capital ante determinados fenómenos con las razones que los originan. 

«Se trata sencillamente de otra formulación del viejo amable método ideológico que solía llamarse apriorístico, y que consiste en no registrar las propiedades de un objeto estudiando el objeto, sino en deducirlas demostrativamente a partir del concepto del objeto. El objeto debe regirse por el concepto, no el concepto por el objeto. (...) La filosofía de la realidad muestra, pues, también aquí que es pura ideología, deducción de la realidad no a partir de sí misma, sino a partir de la representación. Si, pues, un tal ideólogo se dispone a construir la moral y el derecho no con las condiciones sociales reales de los hombres que le rodean, sino a partir del concepto o de los supuestos elementos simples de «la sociedad», ¿qué material tiene para esa construcción? Lo tiene obviamente de dos tipos: primero, el escaso resto de contenido real que tal vez quede en aquellas abstracciones puestas como fundamento; segundo, el contenido que nuestro ideólogo vuelva a introducir en ellas partiendo de su propia consciencia. Y ¿qué encuentra en su consciencia? Sobre todo, concepciones morales y jurídicas que son expresión más o menos adecuada –positiva o negativa, conformista o polémica– de las condiciones sociales y políticas en las que vive; luego tal vez nociones tomadas de la literatura principal; por último, quizá, manías personales». (Friedrich Engels; AntiDuhring, 1878)

Así, por ejemplo, llegaríamos a que términos como «coronavirus» o «pandemia», no serían acepciones objetivas basadas en el estudio de dichas manifestaciones en la realidad concreta –en este caso, España o el mundo– sino que, para estos «filósofos» del idealismo más subjetivo, cada uno debería ser libre de interpretarlos bajo las libres apetencias de su propio esquema mental: unos como sinónimo de «crisis desatada por un determinado país» –como alegan los líderes imperialistas–, otros como «plan de dominación mundial» –globalistas–, e incluso como una «oportunidad revolucionaria» –como celebran los catastrofistas–. 

Y algunos dirán: «¡No, hombre! No es un afán subjetivo mío, esta concepción es compartida por más compañeros». Bien, entonces este idealista cree que la veracidad de un fenómeno no está basada en su objetividad real e independiente del ser humano, ¡sino que depende del grado de cordura o locura del colectivo!

«Esta insistencia en la independencia del mundo exterior de la conciencia humana es el principio que distingue al materialista dialéctico del subjetivista en su actitud hacia la verdad objetiva. Para Bogdanov, la objetividad de una cosa tiene un solo significado: su «general significado».

«El carácter objetivo del mundo físico», dice Bogdanov, «radica en esto, que no existe para mí personalmente, sino para todos y tiene para todos un significado definido, que estoy seguro es el mismo que para mí. La objetividad del orden físico es su general significado».

Como vemos de lo anterior, Bogdanov entiende por objetividad la coincidencia de representaciones en la conciencia de varios «co-hombres», y solo eso; niega así una objetividad puramente concreta de la naturaleza, es decir, su independencia del hombre y de la existencia humana. El principio bogdanoviano de «significado general» establece la objetividad del mundo material totalmente en dependencia del sujeto, como resultado de lo cual la distinción entre ciencia y superstición parece borrarse. Este último punto es enfatizado fuertemente por Lenin, quien declara que se puede decir de cualquier creencia religiosa que se desee que posea un «significado general», porque incluso hoy se puede encontrar que una «gran parte de la humanidad» se aferra a ella». (M. Shirokov; Un libro de texto de filosofía marxista, 1937)

Por si el lector se ha perdido al no estar familiarizado con la terminología filosófica, intentaremos explicarlo mediante otro ejemplo: la realidad objetividad de que la Tierra es esférica y rota alrededor del Sol desde hace miles de millones años no es algo que fuera alterado durante la Edad Antigua, cuando el pensamiento mayoritario no contemplaba esta realidad. Incluso cuando se pudo corroborar científicamente –confirmándose las teorizaciones previas– que la Tierra es un orbe esférico que rota alrededor del Sol, una gran cantidad de personas seguirían creyendo que la Tierra era el centro del universo durante largo tiempo. ¿Quién tenía razón? ¿Quiénes apoyaban la antigua teoría, aún mayoritaria? ¿O quienes, entonces en minoría, la reformularon de acuerdo con las investigaciones científicas más avanzadas? Por mucho que se considerase que el universo se comporta de un modo determinado, a este le «es indiferente» la opinión que la mayoría de la humanidad tuviese –o tenga– de él. El universo seguirá rigiéndose por sus leyes objetivas –a las que, no olvidemos, la humanidad también está sometida–, independientes de las creencias y el grado de conocimiento humano. Dicho de otro modo: por mucho que el número de personas terraplanistas y geocéntricas creciese de forma exacerbada, esto no comportaría ningún cambio en la física y composición de la Tierra y el Sistema Solar que, evidentemente, no variarán en consonancia con la opinión generalizada del ser humano, aún si esta se manifiesta de forma unánime. La última vez que pudimos comprobarlo, la humanidad no tenía la capacidad de crear o destruir mundos y galaxias con el pensamiento.

Pasemos, pues, a ver los tres principales modelos de conspiración. 

a) Empecemos por los primeros, los «conspiranoicos» que aceptan alguna de las teorías de los bloques imperialistas.

Los líderes mundiales se han aventurado, como era de esperar en medio de una guerra comercial entre China y los EEUU, a intercambiar una serie de acusaciones sin respaldo alguno, usándolas como arma arrojadiza para denigrar al adversario:

«El portavoz del Ministerio de Exteriores chino Zhao Lijan publicó un tuit en el que sugería que podría ser el Ejército estadounidense quien llevó el nuevo coronavirus a Wuhan. «La CDC [institución sanitaria estadounindense] atrapada en el acto. ¿Cuándo comenzó el paciente cero en los Estados Unidos? ¿Cuántas personas están infectadas? ¿Cómo se llaman los hospitales? Podría ser el ejército de EE. UU. quien llevó la epidemia a Wuhan. ¡San transparentes! ¡Hagan públicos sus datos! ¡Estados Unidos nos debe una explicación!». (Euronews; Guerra de propaganda por el coronavirus entre Rusia, China, Estados Unidos y la UE, 18 de marzo de 2020)

Rusia, aliada de conveniencia –e intermitente– del gigante asiático, se sumó al juego de las especulaciones:

«Varios políticos y expertos advierten de que el nuevo coronavirus, denominado COVID-19, es un arma biológica creada por Estados Unidos. Uno de estos políticos es el líder del Partido Liberal Demócrata ruso –LDPR, por sus siglas en inglés–, Vladimir Zhirinovski, quien ha dicho que EE.UU. cuenta con varios laboratorios secretos cerca de China y Rusia, incluidos en Georgia, Kazajistán y Ucrania, uno de cuyos productos fue la gripe porcina H1N1, según recogieron el viernes los medios locales en un informe respecto al brote del coronavirus». (Hispan TV; ‘EEUU ha producido el coronavirus en sus laboratorios secretos’, 14 de marzo de 2020)

En resumen, que para muchos de los «antisistema» del mundo, las irracionales e interesadas ideas de Trump, Putin, Bolsonaro o Xi Jinping son la línea política a seguir en la arena internacional. ¡Tremendos «revolucionarios»!

Para muestra un botón. Un conocido filósofo idealista que agrada a los más crédulos, Noam Chomsky, afirma categóricamente que la actual crisis se trata de un plan de:

«La CIA, Bildeberg, Israel y demás poderes mundiales, [que] acuerdan hacer estallar una guerra bacteriológica de baja intensidad, propagando en territorio chino, un virus de laboratorio, el COVID-19. (...) Una vez consumida la Pandemia paralizadora del planeta, llegará la segunda fase. Control total de la guerra bacteriológica al poseer desde el primer momento la VACUNA GLOBAL del Covid19 desde su producción en laboratorios americanos. Luego de la dispersión y caos sanitario mundial, llegará el orden capitalista nuevamente, así reseteadas las economías nacionales, el nuevo valor en alza se llamará industria química USA, que a su antojo venderá patentes a países amigos y al CONTRARIO, bloqueo farmacéutico a países enemigos, debilitándolos aún más, si cabe o presionando a gobiernos hostiles a cambio de las vacunas salvadoras. Tercera fase: Implementación del Nuevo Orden Mundial con el cambio de las relaciones entre países:

-Desaparición de la Unión Europea.

-Desaparición de enemigos potenciales cómo Irán, Corea del Norte, Venezuela, etc.

-Debilitamiento de China continental y Rusia.  

- Nuevo patio trasero: USA en Latinoamérica.

-Globalización planetaria alrededor de la nueva USA y su poder omnímodo». (Noam Chomsky; Insurgente; Noam Chomsky se ha pronunciado con esta contundencia acerca del coronavirus, 20 de marzo de 2020)

Noam Chomsky lo tiene claro, pero, ¿es alguien de fiar? Él también tiene claro por ejemplo, que: «vemos en «Estado y revolución» de Lenin como «su obra más libertaria». Siguiendo a Bakunin, considera que los marxistas son «burócratas rojos» [1]. En cambio, alaba la actuación anarquista antes, durante y después de la Guerra Civil Española (1936-39), y en concreto la corriente de autores filofalangistas, como Abad de Santillán [2]. He aquí una muestra de la autoridad y la validez de sus divagaciones. Que decidan. Pero, para nosotros, desde luego, no tiene ninguna.

Desde la revista «Razón Comunista», dirigida por el estrafalario Santiago Armesilla, estos «socialchovinistas» viven de reproducir todos los dogmas de la secta-padre: la Escuela del filósofo nacionalista Gustavo Bueno. Ellos nos aseguraban que la culpa de todo es de Soros y su élite globalista-posmoderna (sic). Joaquim J.P. en su artículo así lo aseguraba:

«Eso está haciendo el gobierno [PSOE-Podemos]: administrar los negocios de la burguesía; pero esa burguesía no tiene interés en que a España le vaya bien, pues nuestro gobierno gestiona los intereses de la burguesía financiera globalista, cuyo testaferro es George Soros. (...) El desarrollo de esta clase ha comportado nuevas formas de dominación política, sociológica y económica. (...) La Open Society Foundation es el proyecto geopolítico de la burguesía financiera globalista anglosajona, y las clases políticas posmodernas son en general su correa de transmisión». (La Razón Comunista; Crisis, Leyenda Rosa de la Unión Europea, Coronavirus y desarrollo del socialismo en España, 2020)

Para nuestra fortuna, los armesillistas nos tranquilizaban con que en el escenario internacional existen valientes que se oponen a estos malévolos dirigentes. ¿Y quiénes son? ¿Los pueblos, los revolucionarios antiimperialistas, los verdaderos marxistas? ¡No! ¡Los EEUU de Trump y la China de Xi Jinping!:

«Dentro de este marco del desarrollo e implementación de la «Sociedad Abierta» a escala global, desde 2016, ha surgido un fiero enemigo que podría poner fin a la hegemonía y continuidad del proyecto de Soros: Donald Trump. (...) [También] China ha puesto en jaque el beneficioso desarrollo que la globalización había tenido hasta ahora para Occidente». (La Razón Comunista; Crisis, Leyenda Rosa de la Unión Europea, Coronavirus y desarrollo del socialismo en España, 2020)

En consecuencia, teorizan que existe una «burguesía progresista» y «proteccionista» concentrada en la rama industrial, que sería Vox, mientras existe una «burguesía financiera» reaccionaria y «librecambista-cosmopolita», que sería PSOE-Podemos –ellos por influyo de Armesilla niegan la definición de Lenin sobre cómo se forma la oligarquía financiera en nuestra época, la cual es la «fusión del capital bancario con el industrial»–. Para los armesillistas el primer bloque –el industrial– querría «defender la nación española» y el segundo bloque –el financiero– diluirla, venderla a poderes fácticos extranjeros:

«La gran burguesía industrial Occidental se ha visto amenazada de muerte por el proyecto globalizador de la «Sociedad Abierta», que pretende mermar el poder y peso de los Estados nación creando plataformas continentales desreguladas y con instituciones con baja capacidad de intervención -es el rumbo que sigue la Unión Europea desde su nacimiento-. Frente a este proyecto, esta gran burguesía pretende frenar el proyecto destructor del Estado nación para usarlo como salvaguarda de sus maltrechas industrias, recuperar políticas proteccionistas para competir con China y evitar que ésta se haga con el mercado Americano y Europeo». (La Razón Comunista; Crisis, Leyenda Rosa de la Unión Europea, Coronavirus y desarrollo del socialismo en España, 2020) 

Por ello, en la práctica, este grupo se presenta cual maoísta tercermundista creyendo fervientemente que esta es una de las «contradicciones principales de nuestro tiempo», arengando, pues, a que se cree un «frente único internacional» en favor del bloque de la burguesía industria-nacional como única salvación para el país. Esto no tiene sentido porque el empresariado industrial siempre ha sido igual o más «cosmopolita» que los bancos a la hora de «vender los intereses de la nación», deslocalizando sus empresas hacia otros lugares del mundo, reinvirtiendo las ganancias en otros países más rentables, etc.

Este es un análisis nacionalista clásico –aquel que elimina los intereses de clase por los juegos y maniobras entre bloques imperialistas–; solo que aquí todo se reduce a la necedad de que apoyando a un bloque y modelo España podría «resurgir de sus cenizas» –eso sí, sin cambiar el modelo productivo, sin eliminar el capitalismo–. 

Para Armesilla, en cambio, el mayor aliado sería China:

«El auge de la República Popular China supone la apertura de una ventana de oportunidad para nuestras dos naciones, Venezuela y España, en lo que respecta a poder salir de los yugos imperialistas depredadores que las atenazan». (Santiago Armesilla; Venezuela y la Leyenda Negra: mentiras e Historia de España, 2020)

Justo coincide con su exorganización, el moribundo PCE, y con los viejos brezhnevistas del PCPE, que confían en China como «aliado de la revolución» en la Península Ibérica. ¡Ese es el nivel! Ese triste tercermundismo que juega todas sus cartas no en la fuerza de sus organizaciones sino en apoyarse en un bloque imperialista para combatir a otro. 

En resumen, cualquiera de estas variantes es una completa aberración proimperialista:

«Actualmente el término «proteccionismo», si se analiza con frialdad, es vacuo, pues la burguesía no es garantía de nada que no pase por intentar adaptarse a las condiciones para maximizar la extracción de plusvalía, usando y combinando cualesquiera que sean las tácticas que le permitan acercarse a su objetivo final. Debatir sobre si un Estado es exclusivamente proteccionista o librecambista tiene el mismo sentido que las burdas tertulias escolásticas de la televisión burguesa, donde unos pontifican que su Estado es eminentemente «neoliberal» o exclusivamente «socialdemócrata» mientras que, en realidad, se adoptan ambas políticas al mismo tiempo en diferentes sectores de la economía nacional»Es más, con el paso del tiempo y la rápida evolución del mercado mundial, las leyes y medidas establecidas por el gobierno nacional sobre el comercio, bien pueden pasar de ser una fuerte barrera proteccionista a una completa ganga para el inversor o importador extranjero. Las potencias imperialistas, cuando dominan el comercio mundial, reducen el proteccionismo interno –si no están recelosos de su competitividad puede que ni siquiera lleguen a eso–, pero, por encima de todo, su política de cara al mundo es exigir el «libre comercio» del mercado mundial en nombre de la «libertad» y el «progreso». Así lo hizo el imperialismo británico con sus competidores –sabiendo que la división internacional del trabajo le era altamente favorable–. Cuando la propaganda del imperialismo hegemónico sobre las bonazas del librecambismo no era suficiente se adoptaba la violencia abierta para abrir los mercados. (...) Si ahondamos un poco más veremos que la supremacía económica de China en diversos sectores y la posibilidad de difundir la idea del libre comercio mundial de forma interesada no excluye que siga siendo partidaria de una política proteccionista de su industria y sectores estratégicos. De hecho, las quejas de la UE respecto al proteccionismo ruso y chino que obstaculizan sus exportaciones son frecuentes». (Equipo de Bitácora (M-L); La deserción de Vincent Gouysse al socialimperialismo chino; Un ejemplo de cómo la potencia de moda crea ilusiones entre las mentes débiles, 2021)

Incluso individuos «de cabeza amueblada» han caído presa de estas excentricidades, como le ha ocurrido a Vincent Gouysse. En su caso, veníamos viendo que toda su atención se volcaba obsesivamente en la guerra comercial entre Estados Unidos y China –el único tema que parece considerar relevante, pues a él ha dedicado, de forma casi exclusiva, casi todos tus trabajos en estos últimos meses–, por lo que es lógico –si más no, no sorprende– que recoja alguna de las arriesgadas tesis «conspiranoicas» que han circulado por la red. Todo con tal de alzar la bandera prochina que, desafortunadamente, ahora porta con orgullo:

«El coronavirus es una «falsa pandemia» cuyas cifras se inflan deliberadamente y que ha con el único propósito de crear un nuevo orden mundial de capital financiero occidental». (Vincent Gouysse; EEUU como el campeón del ultraliberalismo… de repente se convirtió en el campeón mundial del proteccionismo económico, ¡demasiado tarde!, 2 de mayo de 2020)

De esta forma daba voz a quienes afirman sin pruebas concluyentes que «todo es un plan de Trump para romper la economía china» o «una excusa para salvar su economía aprovechando la crisis». ¡Sí, claro! Un maquiavélico plan trazado por Trump, sobre todo si tenemos en cuenta que su nefasto y tardío desempeño contra la pandemia acabó por ser una de las razones por las que perdió la presidencia. Muy lógico todo, señor Gouysse. 

Claro que «el imperialismo es capaz de todo». Pero si a cada acontecimiento de transcendencia: atentado terrorista, guerra local, crisis económica, extinción de una especie foránea, en vez de explicar las causas a partir de las lecciones históricas pertinentes que ya tenemos, más la observación de los hechos constatables en la realidad concreta, concluimos sin más que «todo es un plan secreto del imperialismo X» o «los manejos de una élite oculta», no estaremos aportando nada a clarificar las causas, estaremos parloteando bajo una carcasa «revolucionaria. Así lo explicamos por ejemplo sobre el atentado yihadista de Barcelona hace cuatro años:

«No se puede reducir todo atentado existente como hacen algunos a un «ataque de bandera falsa» autoperpetrado por la burguesía en el poder porque sería algo irreal. El terrorismo bien sea provocado de forma directa o indirectamente también acarrea a su vez problemas para la misma burguesía en el gobierno, ya que desde grupos rivales políticos se le reclama por no saber atajar la oleada de ataques terroristas y no «saber defender a la ciudadanía», se crea un desconecto entre las masas trabajadoras por el estado constante de inseguridad en las calles, y por último económicamente supone un freno en sectores como el turismo que afectará a la burguesía y pequeña burguesía. Por ello la burguesía en el poder no puede hacer uso exclusivo del fenómeno del terrorismo para mantenerse y reforzar su posición de poder, más bien puede aprovecharse del fenómeno una vez acaecido o fomentarlo en diversos momentos para fines muy concretos, pero sin pasarse, ya que las consecuencias pueden suponer su caída política en favor de otras agrupaciones. Por ello en cada atentado terrorista debemos analizas todo sin apresurarnos a simplemente calificar sin pruebas concluyentes que los atentados terroristas siempre son autoataques, sino nos acercaríamos más a charlatanes de la «conspiranoia» que a analistas marxistas». (Equipo de Bitácora (M-L); Aclaraciones pertinentes sobre el atentado terrorista en Barcelona [Recopilación documental], 2017)

Las teorías de esta modalidad de «conspiranoicos» se basan en un reduccionismo tan simple como tonto –valga la redundancia–: si un hecho cualquiera ha beneficiado a un determinante agente político –o no lo ha perjudicado tanto como al resto–, este debe estar detrás del hecho mencionado, debe haberlo provocado en beneficio propio. Esto es absurdo. Tomemos un ejemplo histórico: la burguesía española en el contexto de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Su neutralidad en el conflicto le permitió establecer relaciones comerciales prósperas con los dos bloques imperialistas en pugna. España entró en una fase de bonanza económica pronunciada mientras duró el conflicto. Por tanto, la guerra interesó a la burguesía española. ¿Debió provocarla esta, entonces, si seguimos la lógica de estos «avispados analistas»? Nada más lejos de la realidad. Tomemos los hechos, que suelen ser muy tozudos. La burguesía española pintó muy poco en el desarrollo de y catalizador de la Primera Guerra Mundial, por mucho rédito que extrajera de ella.

La burguesía toma los hechos, el devenir histórico, e intenta obtener todo el rédito político y económico que pueda. Pero puede ser ajena a la causa de ciertos fenómenos, aunque, evidentemente, responde a los mismos y se adapta. Esto no excluye que sí provoque otros fenómenos y eventos directa o indirectamente. Igualmente, la burguesía no es un todo homogéneo. Hay situaciones que interesan a algunas facciones de la burguesía y a otras no, entrando estas en «colisión», lo que muchas veces se manifiesta en las oposiciones parlamentarias entre partidos burgueses que representan a distintas facciones de esta clase, un fenómeno que ni mucho desaparece con el fascismo, que no es otra cosa que un modelo de dominación burguesa más autoritario, pero en el que siguen produciéndose desacuerdos entre facciones burguesas. La diferencia es que aquí, el parlamento se sustituye por la «camarilla del César», puesto que el parlamento, de existir, es un elemento puramente decorativo –y lo afirmamos con la mayor literalidad posible–. 

La respuesta está en el análisis concienzudo de los hechos, y no en las abstracciones mentales de estos «osados pensadores», estos «filósofos de la desconfianza».

b) Pasemos a la segunda franja de «conspiranoicos», los que siguen el discurso irracional de la derecha más ultraconservadora.

Otra criatura dentro de esta corriente chovinista antiglobalista ha salido a flote, en este caso Santiago Abascal, el jovenzuelo vasco del Partido Popular (PP) apadrinado personalmente por Gustavo Bueno en su momento –la Fundación DENAES y el libro que escribieron juntos es prueba más que suficiente para que nadie niegue esto–. Ahora, el señor Abascal denunciaba desde su nuevo partido, Vox, el «contubernio de las élites globalistas». Pero al partido verde no le gusta tanto el bloque chino –como a la derechita cobarde» del PP o la «Razón Comunista»–, ellos, siempre fieles al Caudillo, son más clásicos, por lo que prefieren genuflexionarse ante los yankees:

«El líder del partido, Santiago Abascal, señalando a China, declaró que «España y todas las naciones democráticas deben impedir que los datos de sus compatriotas, de millones de españoles, y de millones de europeos acaben en manos de una empresa controlada por una tiranía comunista aprovechando la instalación de la nueva tecnología del 5G». El Gobierno contestó a las preguntas formuladas por Vox, según adelanta Voz Pópuli, que el despliegue del 5G se realiza teniendo presente la normativa que establecen las «medidas de protección sanitaria frente a las emisiones radioeléctricas, incluyendo las relativas a la tecnología 5G». (El Plural; La obsesión de Vox con el 5G: tres preguntas al Gobierno en dos meses, 8 de enero de 2021)

Curiosa la preocupación por la salud del líder de Vox cuando, por ejemplo, niega la incidencia del ser humano en el cambio climático –que precisamente presenta a China, junto a EEUU, como uno de los máximos protagonistas–:

«Abascal dijo que le preocupa que «nos digan a los hombres y mujeres del mundo occidental que somos los culpables del cambio climático. Me parece que es algo que no se puede probar». (20 Minutos; Santiago Abascal: «Que se diga que el hombre es responsable del cambio climático no se puede probar», 20 de febrero de 2020)

¿Por qué se hace esto? Para ir en consonancia con Trump o Jair «Caimán» Bolsonaro –luego volveremos a esto–, con el guion de la nueva derecha desacomplejada, la llamada «derecha alternativa». 

«En realidad, lo que quiere decir Gates es que nuestros Parlamentos soberanos deben someterse a las decisiones de la Organización Mundial de la Salud –en lo sanitario– ,o del Banco Mundial –en lo financiero–, o de la Organización Mundial del Comercio –en lo mercantil–; por nuestro propio bien, porque somos incapaces y no sabemos gobernarnos, y estos organismos de burócratas con el apoyo financiero de unos cuantos filántropos como él resolverán todos nuestros males y nos llevarán a ese magnífico paraíso del crecimiento constante, el desarrollo sostenible, la biotecnología, la rentabilidad y la productividad. Es la Gobernanza Mundial impuesta a golpe de pandemia». (Jorge Buxadé; El gobierno mundial, 26 de abril de 2020)

Según este viejo falangista –y lo es, échenle un ojo a su biografía–, la pandemia es un plan de Gates para imponer su agenda. Ajá, entendido. Aceptemos, por un momento, este delirio fruto de una mente diarreica, sigamos. 

Para quien no lo sepa, en la Península Ibérica, estos son los que piden ayuda al «Tío Sam» para «salvar el país», firmando manifiestos que piden la intervención de los marines yankees en España, como ocurrió con la sección de Vox en Humanes [3]. Pero ojo, porque, a su vez, son los mismos «antiglobalistas» que dan lecciones al resto del mundo sobre la importancia de defender el «hondo patriotismo» y la no injerencia externa de las «élites económicas extranjeras». Ese viejo «patriotismo» falangista que hablaba de españolidad, ¡sí!, pero pidiendo auxilio a las tropas moras de las colonias, a los aviones nazis o a las tropas regulares de los fascistas italianos. Los mismos «antiimperialistas» que en la posguerra saludaron el establecimiento de las bases yankees en Rota y Morón.

Volviendo al presente, sus enemigos del gobierno, PSOE-Podemos, promueven lo contrario, la alianza debe de ser con los demócratas estadounidenses de Joe Biden. Suponemos que cuando Irene Montero dice que: 

«Ha sido emocionante ver a @KamalaHarris prometer su cargo, primera mujer afroasiática en llegar a la vicepresidencia de EEUU. Esperamos que el cambio, con el nuevo presidente @JoeBiden, abra una nueva etapa de tolerancia, justicia social e igualdad. #InaugurationDay» (Irene Montero; Twitter, 20 de enero de 2021)

Por «emocionante» se refiere a la incipiente militarización del teatro de operaciones del Pacífico. Desde luego que será «emocionante» ver al USPACOM recibir una nueva remesa de F-35, el novísimo caza de combate insignia del mantenimiento de «la paz, la prosperidad y la libertad». Sí, el contenido social del misil AGM-158 es transformador cuando sale despedido a las órdenes de una mujer «afroasiática». Esperamos que el lector perdone este pequeño paréntesis para repetir un chascarrillo tan manido, pero no podíamos desaprovechar la oportunidad.

¿Debemos pedir ayuda al ala derecha de la burguesía estadounidense –Rockefeller-Trump– para no ser controlados por su ala izquierda –Gates-Biden–, aquella que tanto alaba Podemos?

Volviendo al tema que nos ocupa, ¿es este el «antiimperialismo patriota» de Vox? Se nos olvida mencionar que mientras se produce esta «titánica lucha» por la soberanía nacional, Repsol y demás empresas españolas siguen neocolonizando el «Nuevo Mundo» en América Latina. Curioso el «concepto de libertad» de esta gente. Parece ser que las ideas joseantonianas están más presentes que nunca en dicha formación. 

Esto, además, viene a corroborar que la ideología de la «antiglobalización» es extremadamente laxa y contradictoria, tanto que lo mismo puede ser utilizada por grupos apátridas, anarquistas, hippies, que grupos nacionalistas, socialdemócratas, liberales o fascistas.

Vox anima a la población a que marque con la «X» la casilla de la Iglesia en la declaración de la renta; pide más financiación para las fiestas religiosas y para el «arte y fiesta nacional» de la tauromaquia. Pero, a la vez reza porque:

«Aprovechemos las lecciones de esta crisis tenebrosa para convertirnos en un país avanzado científica y tecnológicamente y que brillen en España, con la ayuda de Dios, la confianza en nosotros mismos, la ciencia y la investigación». (Santiago Abascal; Discurso, 12 de abril de 2020)

¿Qué podemos decir? La humanidad quizás hubiera avanzado más en estos siglos si en lugar de desperdiciar sus energías sacando a pasear retratos inanimados de madera por las calles o jalear la matanza de un animal sin más fin que la diversión, se hubiera dedicado con más tesón a investigar el funcionamiento del mundo, a hacer accesible sus conocimientos al «vulgo». Pero, claro, ya sabemos que estos personajes se encargan de que esto no ocurra. Ahí está Vox, adalid del oscurantismo medieval, solo que ahora estos fascistoides de siempre, sabedores de que su ideología religiosa está de capa caída, ruegan «piedad» y «libertad de expresión» –la que ellos siempre han negado a otras creencias para sus patochadas. Con un siempre patético relativismo filosófico, intentan hacer conjugables religión y ciencia, es decir, ¡agua y aceite! Véase el capítulo: «La Escuela de Gustavo Bueno y su promoción de la religión en la filosofía y cultura de la nación» de 2020.

«Con la Iglesia hemos topado». Los dirigentes de Vox, que son amigos y parte activa de esta Iglesia Católica, cierran sus discursos con un «Dios bendiga a España» y que «otorgue salud a todos» –bueno, más bien a los «españoles de bien», pero eso ya es secreto entre el feligrés y el Altísimo–. Lo cierto es que hasta ahora no conocemos en la historia una crisis que se haya solucionado con el famoso «Dios proveerá». Muy por el contrario, el creador más bien parece divertirse viendo como su creación se destruye cual niño disfruta viendo pelear a las hormigas que ha juntado en el circo de gladiadores que ha improvisado. Por fortuna, los representantes de Dios en la tierra, como el arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, tienen claro lo que no debemos hacer durante una pandemia. Iluminándonos con las siguientes palabras de sabiduría:

«Literalmente afirmó: «El demonio existe en plena pandemia, intentando llevar a cabo investigaciones para vacunas y para curaciones. Nos encontramos con la dolorosísima noticia de que una de las vacunas se fabrica a base de células de fetos abortados. Así de claro. Y eso es inhumano, eso es cruel, y ante eso no podemos alabarlo ni bendecirlo, todo lo contrario». (...) «Podemos luchar con otras maneras de actuar, a favor del hombre, no contra el hombre, y eso es ir en contra del hombre, eso es despreciar al hombre mismo, primero se le mata con el aborto y después se le manipula para ¡qué bueno, ¡mira qué bien! ya tenemos una vacuna. No señor, tenemos una desgracia más, obra del diablo. Eso es lo que quiere el diablo». (Cadena Ser; Cañizares: «Una vacuna del coronavirus se fabrica a base de células de fetos abortados y es obra del diablo», 15 de junio de 2020)

La pregunta es, ¿si Dios es «omnisciente», no sabía de la rebelión de Lucifer, el Ángel Caído, el Diablo? Si Dios es «benévolo» y «todopoderoso», ¿por qué deja que el Diablo atormente a los mortales? Algunos responderán que fue porque «Eva mordió la manzana tentada por el Diablo», ¿y qué Dios ecuánime es ese que me hace pagar por lo que un supuesto ancestro hizo en su día? ¿Por qué la humanidad tendría que aguantar el dolor y enfermedad porque el Diablo haya sido travieso y Eva una ingenua? Pero mejor dejemos el debate teológico para otro día ya que deshacer el entuerto de todas las contradicciones de la Biblia nos llevaría horas. Véase la obra: «Materialismo dialéctico y religión; en conflicto permanente» de 2011. Véase la obra: «Materialismo dialéctico y religión; en conflicto permanente» de 2011.

Es más, este tipo de teorías «conspiranoicas» también se reflejan en el mundo de la música. Hace poco se hicieron virales las declaraciones de Miguel Bosé, icono pop de la música española de los años 80, y uno de tantos artistas que apoyaron la «campaña de la ceja» para aupar a Zapatero a la presidencia del gobierno en 2008 –hasta el punto que estuvo a punto de ser ministro de Cultura–. Parece ser que, con el tiempo, se ha ido desencantado de la socialdemocracia, pero solo para dejarse llevar por teorías peregrinas como las que publicita el trumpismo internacional, negando la existencia del «bicho» para, después, reconocer su existencia –con matices–. Bosé recomendaba no usar mascarillas y arengó a sus seguidores a manifestarse contra la tiranía Gates-Sánchez, para después no asistir a la manifestación y aparecer públicamente con mascarilla. Pero eso no es todo:

«Miguel Bosé vuelve a ser tendencia a costa de sus comentarios sobre la pandemia de Covid-19. El cantante fue blanco de las críticas tras afirmar a principios de junio que el virus «era una mentira» y acusar a Bill Gates, creador de Microsoft, de querer controlar a la población con la nueva vacuna. Esta semana, volvía a crear polémica en Twitter al ahondar en sus teorías conspirativas. «Nos quieren matar», afirmaba el artista sin rodeos, haciendo hincapié en su hipótesis sobre los peligros de la vacunación. En concreto señalaba el comentario publicado por otra usuaria, @zuletamerchan, en la plataforma que, a su vez, se hace eco del mensaje compartido por Juan Saiz en Facebook». (Reacción mediática; Covid-19, gripe y la última teoría de Miguel Bosé: «¡Nos quieren matar!», 10 de agosto de 2020)

«Yo digo no a la vacuna, no al 5G, no a la alianza España/Bill Gates». (Twitter; Miguel Bosé, 9 de junio de 2020)

Según su lógica... ¿era el señor Bosé un «agente de Bill Gates» en 2008 al apoyar al PSOE? ¿Es su reconversión hacia los antivacunas un caballo de Troya para este noble movimiento? «No digo más». ¿No será simplemente el gobierno de turno reformista le estaba utilizando en 2008 para ganar votos como a cualquier otro tonto útil? ¿No será que hoy anda tan perdido como para repetir lo que dice Abascal, un hombre que jamás ha tenido oficio ni beneficio salvo recibir dinero público de los chiringuitos y estafas del PP? Como puede comprobar, señor Bosé, a veces todo es más fácil de lo que parece, no hay una trama hollywoodiense detrás de cada cosa. 

Por fortuna, la población actual no está tan idiotizada. Al menos conserva cierto racionalismo. La marea de comentarios negativos en repulsa por su actitud causó su baja voluntaria de toda red social:

«Ante las informaciones aparecidas en diversos medios de comunicación relativas a su baja en determinadas redes sociales, en nombre de nuestro representado, Don Miguel Bosé Dominguín, queremos precisar, de manera excepcional y de una vez y por todas, que el artista ha decidido voluntariamente darse de baja en dichas redes sociales» explica la agencia en dicho comunicado». (EFE México; Miguel Bosé aclara que su desaparición de las redes sociales fue voluntaria, 1 de septiembre de 2020)

En realidad, todos estos artistas nunca se han dotado de una herramienta filosófica materialista, histórica y dialéctica para comprender los fenómenos que ocurren a su alrededor. Es por ello que, cuando entran en crisis, compran este tipo de explicaciones rocambolescas, creyéndose muy «rompedores» y «contestatarios» ante el sistema que les ha decepcionado. Esto también ocurre con los supuestos «artistas revolucionarios». Pero deben saber que intentar combatir al sistema con este arsenal de idioteces es equivalente a intentar derribar un muro a cabezazos: uno puede poner todo el empeño que quiera, pero no logrará nada. 

¿Y qué ocurre desde «Fachadolid», perdón Valladolid, Puligato dice haber alzado la voz contra la «Plandemia», una banda de rock afín a organizaciones fascistas como Bastión Frontal, recitaba en su letra lo siguiente:

«La premisa es clara y ya estaba planeado, romper la economía y convertirnos en esclavos. (...) Eres un peón en manos de la ingenieria social, el fruto de la agenda de este nuevo orden mundial (NOM). (...) Se llama plandemia el NOM ha llegado para converite en esclavo. (...) Torhschild, Soros, Astor o Rockefeller controlan el ojo del que nadie escapa ya». (Pugilato; Nueva normalidad, 2021)

¿Y acaso esta forma de pensar es exclusiva de la derecha más esquinada a la derecha? No, resulta que la presunta izquierda que debe plantar cara al fascismo y su filosofía idealista reproduce exactamente lo mismo. Citemos ahora el caso de un rapero, Nyto. En teoría –y según sus propias palabras– hace unos años estaba encaminándose a «estudiar y propagar el marxismo» para así ayudar a la «emancipación de los trabajadores», aunque sólo logró acercarse a una suerte de semianarquismo. Pero hoy, por si quedaban dudas de su validez política, ha decidido apartarse definitivamente de todo atisbo de pensamiento científico para jugar a especular con las ideas que hablan sobre «planes secretos» de malévolas logias que urden su «golpe final» para la «dominación mundial», defendiendo en sus letras a los «antiglobalización», que, como ya hemos visto, suelen ser rancios nacionalistas –no por casualidad podemos meter en este saco a los seguidores de la Escuela de Gustavo Bueno [4]–:

«Tienen una agenda nombre y apellidos, globalistas de mierda con proyectos, ¡dilo! Gates, Soros, los visibles, tu mente es su tesoro, ¿veis todos? Todo controlado y tú en el lodo. (...) ¿Qué pasa con tanto puesto no reciclado? ¿Dime, qué pasa con ese futuro automatizado? En su agenda 2030 Bill y Sanchez al lado se reúnen criminales para matarnos pavo. (...) Las cartas illuminati de antes del 95, una agenda, ven el futuro, esto es un ciclo. Trump de presidente, las torres gemelas, ¡bingo! Cuarentena, ¿esta es la última cena y viejo orden extinto? (...) Qué curioso como en las pelis ¿eh? Netflix por cierto financiada por élites. Gran show de Truman, en esta granja humana, por si aún lo dudan el Gran Hermano hoy gana... (...) Canales como Exponiendo la Verdad. España el laboratorio de la nueva realidad. (...) Sistema AI Mars ¿Creías que era por salud chaval? Te implantarán cual vaca, el 5G lo harán funcionar. (...) Patria o muerte, la mía suerte de vivir el fin». (Nyto; El inicio del fin, 23 de octubre de 2020)

He aquí como un músico conocido por su «haselismo» mantiene su existencialismo pesimista mientras cae en las tesis «conspiranoicas» más ridículas, llegando hasta el punto de azuzar con sospecha todos los avances de la revolución científica y tecnológica cual inquisidor del siglo XVII. Es paradójico quejarse de «engaños y «control de masas» de «los de arriba» cuando uno mismo, pese a ser un intelectual, un «ilustrado», ejerce como vector para confundir a los trabajadores a la hora de señalar al capital como responsable de sus miserias, dispersándolo en cuentos para niños sobre complejos planes globalistas y predicciones de iluminatis. ¿Qué los burgueses se reúnen en secreto para debatir sobre sus negocios, que desean dominar la política, que pugnan entre ellos y tienen redes clientelares donde se ayudan? ¡Vaya novedad! Cuando Nyto conozca la teoría de la plusvalía le parecerá cuestión de brujería.

Nyto nos recomienda canales tan didácticos como «Exponiendo la verdad». Bien, invitamos al lector que entre en él y no se deje llevar por los nombres extraños de los títulos, sino que consuma alguno de sus vídeos y disfrute del gran torrente de información sobre «iluminatis», «reptilianos», «satanismo», «viajes astrales», «curaciones milagrosas», «terraplanismo», «estados superiores de conciencia», etc. El canal predilecto para todo borrego abducido por la pseudociencia. Pero, él, como gran revolucionario preocupado por el pueblo, nos recomienda esta valiosa información por nuestro bien.

Este pobre chaval anda tan, pero tan desorientado que, en clave de los ecologistas más místicos, dejó caer inicialmente que la pandemia podía ser un castigo de la «Madre Naturaleza»:

«Así que recen a Dios que igual Madre Natura tiró los dados diciéndonos adiós». (Nyto; Apocalipsis en pijama, 25 de marzo de 2020)

¿En qué quedamos, señor Nyto? ¿Es culpa de la «Madre Naturaleza» por los «pecados de la humanidad»? ¿O es un «plan prediseñado» por las «élites globalistas» para controlarnos? ¡Oh! ¡Ya lo vemos! ¡La «Madre Naturaleza» es un nombre en clave ideado por los «reptlianos-illuminati» para esconderse de la vista de pájaro que posee la gente como Nyto para destapar la verdad! ¡Por eso la nevada histórica que nos asoló hace unas semanas no era sino esa «Élite» haciendo caer PVC de unos O.V.N.Is que nos sobrevolaban! ¡Y esto en nombre de la Mater Natura! En fin. Planteémonos una última duda... ¿por qué entonces YouTube –que, como Google y tantas otras multinacionales, es un siervo, según vosotros, de ese poder «en la sombra»– no ha eliminado todo este contenido «subversivo» que desmonta «Su Mentira»? ¿Por qué los medios de comunicación se hacen eco de lo que dicen él o Bosé? ¿Por qué no censurarlos o eliminarlos físicamente, sin más? ¿O es que tienen una capacidad inferior a la de la CIA? ¿No? Entonces, ¿qué sentido tiene dar voz a estos «profetas y salvadores de la humanidad» en tiempos donde «todo está dado» para el «gran golpe final» que traerá el «Nuevo Orden Mundial»? Hay cosas que, para los simples mortales y «alienedos» como nosotros, parecen imposibles de entender... ¿por qué estos señores siniestros se iban a arriesgar a dejar tantos flecos sueltos que dieran al traste con tanto esfuerzo? Parece ser que, pese a que ha desarrollado todo tipo de tecnologías para la represión y medios de control mental de masas, este «Gran Poder Dictatorial Global» olvida algunos «detalles», como eliminar la disidencia político-ideológica del mismo modo que haría cualquier dictadorzuelo del «tercer mundo». Será cosa de que esta burguesía alienígena-masónica es «de fuera» y todavía tiene mucho que aprender de la «Realpolitik» terrícola…

Antes de dejar de lado la sorna y el ensañamiento y pasar al siguiente punto, que consideramos especialmente importante dado el calado de la demagogia que encierra:

«El contrato de Pfizer es muy claro: no nos hacemos responsables de ninguno de los efectos secundarios. Si llegas a convertirte en caimán es tu problema». (Jair Bolsonaro; 12 de diciembre de 2020)

En honor a la verdad, y a pesar del revuelo que esta afirmación ha causado en redes sociales, todo parece indicar que esta afirmación de Bolsonaro se trata de «una forma de hablar. Aunque, conociendo el historial del presidente brasileño, tampoco nos sorprendería que realmente tema convertirse en un caimán. Pero tampoco podemos poner la mano en el fuego de alguien que suelta perlas como que llevar mascarilla «es de gais», como si el «mariconismo» fuese una enfermedad y como si este le impidiese al sujeto darle un buen croché por imbécil.

c) Por último, traigamos a la mesa a los «conspiranoicos» que intentan adornar sus ideas con una bocanada de fraseología revolucionaria «anticapitalista».

Uno de los filósofos pseudomarxistas más laureados por el revisionismo mundial, Slavoj Žižek, profetiza que esta crisis obligará al sistema capitalista a generar un cambio de paradigma, y nos presenta su receta –un disparate recurrente entre los revisionistas y otros enemigos de la ciencia–: una mezcla de «comunismo» y los «aspectos buenos» del capitalismo:

«Si a esto se agrega una posible nueva ola de refugiados, se obtiene la tormenta perfecta, y creo que Europa está tan debilitada que no podrá reaccionar de manera unificada, y eso es lo que quiero decir cuando digo que el coronavirus da nueva oportunidad para el comunismo», dijo. «Por supuesto, no me refiero al comunismo antiguo. Por comunismo, me refiero simplemente a lo que dice la Organización Mundial de la Salud. Deberíamos movilizarnos, coordinarnos, etc». (...). «Algún tipo de coordinación europea... tal vez incluso movilización en tiempos de guerra. Incluso puede hacer aumentar la productividad. Lo que quiero decir es que es posible mantener los lados buenos del capitalismo, pero no obstante, a través de un estado coordinado, el esfuerzo social para movilizarse. No solo con el coronavirus, esto es necesario con otras crisis ecológicas, refugiados, etc». (Spectator USA; 'Lo que me gusta del coronavirus' de Slavoj Žižek, 14 de marzo de 2020)

Si alguien quiere tomar como referencia al sofista y payaso del posmodernismo Slavoj Žižek, está en su total derecho. ¡Faltaría más! Si éste le deja de convencer, no le faltarán reemplazos en el –cada vez menos– nicho de los filósofos del parloteo. Es en tiempos como estos, tiempos de crisis, que aquél de espíritu pequeño burgués llega al borde de la histeria, desesperado por comprar cualquier filosofía de la salvación, cualquier libro de autoayuda para masas, cualquier secta religiosa. ¿Quizás la propia vida sea una ilusión? ¿Existe la verdad o la moral? ¿Vale la pena discutir por ella? ¿Debéis darme todas vuestras posesiones terrenales antes del suicidio colectivo del miércoles? Esto divulgan él y los de su escuela de la charlatanería, se llamen filósofos o clérigos. Véase el capítulo: «Instituciones, ciencia y posmodernismo» de 2021.

Pero el optimismo de Žižek es una excepción dentro de estos mentecatos. En este último bloque del cual nos vamos a ocupar, sus jefes suelen coincidir con las ideas de los catastrofistas, aquellos que ven el COVID-19 como el catalizador definitivo para la revolución. Véase el capítulo: «Los catastrofistas que creen que los desastres naturales «aceleran la revolución» de 2020.

Una de las tesis preferidas de esta última corriente ha sido que «el coronavirus es una enfermedad más sin importancia» que el capitalismo emplea como excusa para recortar derechos y libertades y, sobre todo, «salvar su sistema económico» que «a nivel planetario estaría al borde del colapso». Un rancio partido revisionista de «larga estirpe», el PCOE [5], afirmaba que:

«Los capitalistas, lejos de ver el coronavirus como una de las muchas enfermedades que a lo largo de la historia ha tenido que combatir el ser humano, han visto en este momento una oportunidad para, por un lado, justificar la bancarrota de su sistema económico a nivel planetario, del imperialismo y, por el otro, aplicando la manipulación social a través de los medios de masas generando el miedo entre los ciudadanos de los distintos países, una fórmula para recortar derechos y libertades a los pueblos, a los trabajadores, y adaptar la base económica a la realidad a la que nos está llevando la descomposición del capitalismo monopolista». (Partido Comunista Obrero de España; Coronavirus, la justificación de los capitalistas para salvar su moribundo sistema económico, 12 de marzo de 2020)

Desde medios clásicos del eclecticismo, como La Haine, se nos advertía:

«A medida que pasan los días, y se van conociendo cada vez más casos de enfermos por el coronavirus, va arraigando mi sospecha de que dicha enfermedad ha sido «distribuida» en forma consciente del daño que podría ocasionar». (Darío Herchhoren; Coronavirus: guerra química y bacteriológica, 19 de marzo de 2020)

Todos ellos son los mismos que alaban al régimen cubano, que sí «cree» en el virus y su peligrosidad, pero que se gasta el dinero en pseudomedicinas como la homeopatía:

«El Ministerio de Salud Pública de Cuba ha confirmado la utilización de un producto homeopático para «mejorar las defensas» de colectivos y zonas en riesgo por la expansión del nuevo coronavirus, del que ya se han detectado 350 casos y nueve fallecidos en la isla. El producto en cuestión es PrevengHo-Vir, de fabricación cubana, ha explicado en rueda de prensa el director de epidemiología del Ministerio, Francisco Durán». (Europa Press; Coronavirus. Cuba recurre a la homeopatía para «mejorar las defensas» frente al coronavirus, 7 de abril de 2020)

¿Qué será lo próximo, ver a Raúl Castro pidiéndole ayuda a los santeros? Eso es imposible, porque él es más de rezar rosario en mano.

El vocero de los restos del Partido Comunista de España (reconstituido), emite ideas similares, pero enfocándolas a su monotema: la represión y el fascismo:

«La histeria del coronavirus es una maniobra para imponer el fascismo, la ley marcial, el toque de queda y la anulación definitiva en todo el mundo de las reliquias que quedaban de derechos y libertades fundamentales». (Movimiento Político de Resistencia; Contagio: si aplaudimos la ley marcial, también aplaudiremos la censura total, 19 de marzo de 2020)

¿En qué quedamos señores? ¿No repetís en vuestros artículos día y noche que vivimos en un fascismo, que España es uno de los peores países en cuanto a represión?

Ahora consideran el coronavirus una «histeria» presiseñada por las altas esferas –cuando el gobierno y sus medios, por el contrario, ignoraron el virus hasta que el desastre se le vino encima. Esto no es nada extraño en negacionistas del cambio climático y la responsabilidad del hombre –más bien, del modo de producción capitalista– en él, y que, de hecho, copian el discurso de la derecha más conservadora sobre el tema –la de Brasil, Italia, España y EEUU, más concretamente–. Véase el capítulo: «El negacionismo del cambio climático y la influencia del hombre en él» de 2017.

Su página está repleta de todo tipo de artículos negacionistas con artículos como «¡Abajo las mascarillas!». Así, por ejemplo, en abril de 2020 también se sumaron a la difusión del bulo de que el COVID-19 es poco menos que un catarro:

«Ya estamos bastante por debajo de las previsiones y bastante por debajo de la gripe común y corriente, por lo que la pregunta vuelve a saltar: ¿a qué viene toda esta campaña?, ¿qué hay de nuevo y diferente respecto a otras epidemias?». (Movimiento político de resistencia; ¿Está el mundo entero bajo la ley marcial a causa de un catarro?, 2020)

Falso. En España, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), durante gripe estacional entre octubre de 2017 y septiembre de 2018 fallecieron en torno a 1.961 personas, mientras el Centro Nacional de Epidemiología (CNE) estima que puede que unos 15.000 ciudadanos, porque analizó además el impacto indirecto de la gripe. Sea como fuere, el COVID-19 en seis meses en España ha segado la vida de casi 30.000 personas, hoy superando ya las cifras de 50.000 fallecidos, y va a más. Sin contar, claro está, con las recurrentes secuelas derivadas del virus que no se asemejan en nada a las de una gripe común. Véase el artículo de El País: «Covid persistente: las secuelas que no se van» de 2020.

¡Este es el «trabajo teórico de vanguardia» que puede ofrecer el PCE (r) o el PCOE! Rumorología, especulaciones e idealismo. Si ya de por sí sus artículos sobre política son penosos, en otros campos donde son todavía más ignorantes, debería intentar no repetir los bulos de los más indocumentados, lo decimos para que se ahorren estos ridículos.

Compárese estas declaraciones con las de cualquier secta «freak» de la «conspiranoia» que a continuación vamos a tocar

Somos conocedores que en la era digital todo el mundo puede dar su opinión y llegar a miles de personas. Entiéndase, que en ocasiones esto es como darle una metralleta a un mono, puesto que es sumamente peligroso la difusión de pseudocientíficas.  Las consecuencias de esto ya se vio en EEUU con Trump arengando a su pueblo a tomar lejía o detergente para combatir el COVID-19.

En México, desde Facebook, un grupo «comunista» afirma que el fascismo domina casi todo el planeta –justo como en España hacen PCE (r)-PCOE–, llamando a Joe Biden «nazi-fascista» (sic), a la vez que tenían tiempo de advertirnos en enero de 2021 de no caer en la trampa del falso virus:

«¡Mil veces malditos sean todos los revisionistas; los miserables «comunistas» y «socialistas» que se han unido a la dictadura burguesa  en la ruin tarea de mantener aterrorizados a los trabajadores con esta siniestra mentira!

Compañero proletario: ¡Rebélate! contra quienes te han engañado y convertido en un títere, en un verdadero autómata. ¡Quítate el bozal y la careta, y lánzalos a la lumbre; y únete a tu hermano trabajador! ¡Sublévate contra el maldito gobierno dictatorial que te tiene en la miseria, en  el hambre y en la esclavitud! 

El «coronavirus no existe, ha sido sólo un diabólico invento del capitalismo mundial. Cuyo objetivo central es tener aterrorizado al pueblo para que no se insurreccione contra los explotadores capitalistas que han provocado la crisis económica mundial

El «mortífero virus» ha sido una descomunal mentira tramada por la más negra reacción mundial». (Voz del obrero; Continua el terror contra el pueblo, 2021) 

¿Voz del obrero o «voz del conspiranoico»? Para estos señores el COVID es una «descomunal mentira». ¡Suponemos que los 170.000 fallecidos en México son actores que se han prestado para una macabra «performance»

Como dice el refrán: «Aquí cada loco con su tema».

En fin, estos señores de lo «conspiranoico» eluden el elemento esencial, el biológico. Para empezar, alrededor del 60% de los patógenos infecciosos que afectan al ser humano lo hacen por vía zoonótica. Es decir: somos huéspedes accidentales al adquirir patógenos «más comunes» en otras especies. Estos patógenos evolucionan y, en consecuencia, logran atravesar la barrera que separa a las especies entre sí. Es lo que sucedió con el H1N1 y, muy probablemente, es lo que ha sucedido con el SARS-CoV-2.

En este punto es preciso aclarar que los estudios sobre el SARS-CoV-2 encaminados a conocer el reservorio natural del virus, publicados por la revista de divulgación científica «Nature Medicine», han concluido que el virus no es resultado de una manipulación, sino que es fruto de la evolución natural. A falta de confirmación, se presume que el coronavirus se propagó del murciélago al pangolín, siendo este último la especie-reservorio desde donde saltó al ser humano.

En cambio, las afirmaciones categóricas que hemos visto estos días sobre la causa del virus –a cada cual más disparatada que la anterior–, aunque carecen de sentido y causarían la mofa de cualquier persona cuerda, pasan como explicaciones coherentes en estos mundillos porque:

«A guía de su política oportunista y de su charlatanería «científica» en sus intentos de presentar la realidad social objetiva y sus procesos en una luz distorsionada, sacan conclusiones equivocadas, y eso les lleva a adoptar de estas mismas conclusiones irreales». (Nexhmije Hoxha; Algunas cuestiones fundamentales de la política revolucionaria el Partido del Trabajo de Albania sobre el desarrollo de la lucha de clases, 1977)

Podríamos seguir citando y citando cientos de artículos que han circulado estos días con sus extravagantes conclusiones, pero las ideas anteriores recogen la esencia de este tipo de teorías y planteamientos. 

A los «marxistas» de pacotilla que apoyan todo este tipo de sandeces, ¿creen realmente que un gobierno comunista debatiría con estos cabezas de chorlito la obligatoriedad de la vacunación general? ¿Se imaginan al gobierno bolchevique discutiendo con los místicos y supersticiosos de la época la implementación de la vacuna de la viruela? Al menos no todos los revisionistas son tan inconscientes como los que acabamos de ver:

«En un Estado que tenía a principios del siglo XX altísimas tasas de mortalidad infantil –de cada 1.000 personas muertas dos tercios eran niños menores de 5 años– y de mortalidad por enfermedades infecciosas –tasa de mortalidad por tuberculosis era de 400/100.000–, la puesta en marcha de servicios sanitarios en todos los rincones del inmenso territorio se acompañó de la implementación de medidas generalizadas de prevención (...) El triunfo de la Revolución en 1917 instaura las condiciones para aplicar esos avances, que habían permanecido encerrados en los laboratorios, al conjunto de la población. Se realizó la primera campaña de vacunación universal de la historia de la humanidad: el 18 de septiembre de 1918, el Comisario del Pueblo de Salud Pública N.A. Semashko adoptó el «Reglamento de vacunación contra la viruela» basado en el informe científico de Gamaleya y en abril de 1919, el presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, Lenin, firmó el decreto correspondiente. Fue la primera campaña de vacunación universal de la historia de la humanidad». (Ángeles Maestro; La vacuna rusa contra la covid-19, sobre los hombros de la URSS, 2020)

Los eclécticos de Red Roja jamás van a ilustrarnos en nada de cuestión ideológica, no saben ni donde tienen la mano izquierda, pero hay que reconocer la diferencia respecto a los artículos anteriores que hemos ido criticando a lo largo del documento, al menos no realizan un culto al irracionalismo en esta cuestión. Y es que, entre tanto, en pleno siglo XXI, en mitad de una pandemia mundial, la mayoría de los revisionistas quieren llevarnos a la era de las cavernas gritando «¡No a las vacunas!», «¡No a las medidas sanitarias!».

¿Creen que una dictadura del proletariado sería condescendiente con aquellos que, por su imprudencia, ponen en riesgo a la colectividad? 

«[Quienes justifican a estos elementos] hacen verdaderos malabarismos con el tema de la influencia capitalista sobre este tipo de sujetos, y justifican todo en base al concepto de «alienación» para dar carpetazo final al tema. Esto que dicen es cierto: son productos del propio sistema y sus deficiencias, son sujetos alienados. Hemos hablado infinidad de veces de la presión ideológico-cultural que se ejerce desde la superestructura sobre los sujetos sociales, pero cuando se exponen los errores de estos elementos y persisten sus errores no puede existir compasión posible con ellos. Hacer la vista gorda sobre este tipo de actitudes en períodos de desorganización y falta de clarividencia ideológica es más peligroso aún; insistir en un trato amigable, aparcar las diferencias y confiar en una reeducación futura –incluso de sujetos abiertamente recalcitrantes– no deja de ser un ideario liberal del todo estúpido, que se acerca más a una premisa cristiana de ejercer el perdón automático sin rencor ni reflexión alguno que a una actitud marxista.  Cuando varios elementos que no quieren, o no pueden rectificar, son un claro obstáculo para el progreso, ¿quién si no los comunistas deben analizar en profundidad y criticar estas actitudes que perjudican la causa? ¿Se lo dejamos a los liberales burgueses y sus intelectuales para que creen teorías como que todo el proletariado ha degenerado en [conspiranoicos]? (...) Debe concluirse que por supuesto las condiciones materiales tienen el peso decisivo que dan luz a estos fenómenos, en eso hemos insistido siempre, pero no olvidemos la personalidad de cada sujeto y el nivel de fuerza de voluntad de cada uno para autotransformarse, ya que no somos elementos pasivos condenados al error. No olvidemos que, en una futura sociedad socialista, el espíritu liberal e individualista, el afán autojustificador no le va a valer a nadie de excusa para causar un perjuicio al bien colectivo ni a la propiedad común, no servirá para estar por encima de las leyes populares». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO,  2017)

Pasemos a lo siguiente...

El coronavirus y su repercusión en la economía capitalista mundial

Ningún favor hacen a la verdad ni a la sociedad en general esos supuestos «marxistas» que tienden a las teorías estrafalarias y no al análisis materialista-dialéctico. Para analizar un problema como el que supone la expansión del SARS-CoV-2 o cualquier otro –como fue hace poco el caso del terrorismo yihadista [6]–; hay que huir por completo de teorías «conspiranoicas», hay que centrarse en los hechos contrastados, y a partir de ahí analizar con frialdad, con objetividad. Pero no se le puede pedir responsabilidad y seriedad a quienes pisan una y otra vez el legado del marxismo.

No tiene lógica alguna declarar que se trata de un «virus fabricado con precisión en los laboratorios imperialistas», que fue soltado para «dañar la potente economía China», o que ha sido diseñada para «regular y organizar el empleo» en los países capitalistas. No hay ninguna evidencia al respecto, lo que significa que estamos ante un ejercicio especulativo y subjetivo, y en ese sentido: un marxista no se maneja por actos de fe, por muy plausibles que parezcan ciertas argumentaciones.

Lo que rompe por completo con la idea del «virus diseñado» es que este no se detendría en dañar una economía en concreto, la china o cualquier otra que estos señores tengan en mente, sino que, dada la globalización, este virus que ya se ha convertido en pandemia mundial termina por afectar a todas las economías de forma directa o indirecta. Dicho esto, habría que preguntarnos: ¿la burguesía va a soltar un virus que va a dañar severamente su sistema económico y que por lo demás, mal gestionado, puede abrir toda una época de cambios económico-políticos que destruirían la tranquilidad del sistema capitalista? Definitivamente que no. Esto parte de la errónea teoría del «capitalismo del desastre» –nosotros preferimos referirnos a esto como «ingeniería del desastre»–, pero el capitalismo siempre se basa en el desastre, ya sea a baja escala o hipertrofiado por determinadas circunstancias, pues sus leyes están diseñadas para el aprovechamiento de las diversas situaciones de crisis. Es así que vemos como ciertos sectores económicos, especialmente en lo relacionado con la especulación financiera, las industria relacionadas con la seguridad, farmacológicas, alimenticias, funeraria, etc. pueden sacar superbeneficios en estas situaciones de drama social, y pese a todo, la situación actual está produciendo la recesión de sectores como el financiero debido a la gravedad de la crisis, que ha llevado sino a la parálisis económica sí a una restricción notable por el cierre paulatino de fronteras y las medidas de protección interregionales a escala nacional y mundial. Esto recuerda también a las teorías conspirativas sobre que las guerras del capitalismo no se produjeron por luchas interimperialistas, por el predominio de una potencia por el control de las cuotas de mercado; sino que fue debido a pretensiones demográficas de una supuesta organización mundial secreta que impondría el Nuevo Orden Mundial reduciendo la población de la tierra para poder consumir los recursos adecuadamente –según la teoría malthusiana–.

El capitalismo ha llegado a tener en el nuevo siglo una dominación tal a su favor sobre la legislación laboral, un control de los sindicatos, además de haber causado de forma efectiva un nivel de alienación tan alto entre los trabajadores en países como España que no necesita de algo como una pandemia para «reestructurar la economía». Puede prescindir perfectamente de dicho fenómeno para aplicar despidos individuales o colectivos masivos. No necesita de todo eso para sacar superbeneficios o bien para sobrevivir. Pero si somos objetivos, tampoco podemos decir que a inicios del 2020 el capitalismo estuviese al borde del colapso como para necesitar de un empuje extra como el fenómeno actual. No existía en ningún país avanzado, ni mucho menos en el mercado mundial, una situación previa alarmante en lo económico que justificase proclamar que el coronavirus ha venido para salvar al capitalismo de su autodestrucción. 

Otra cosa es que los «profetas de la revolución», esos que de Pascuas a Ramos anuncian el fin irremediable del capitalismo sigan en sus trece, pero:

«Ni la crisis del petróleo de 1973-1985, ni la crisis de 1992-1993, ni la reciente crisis española que se arrastra desde 2008 han hecho caer a los sucesivos gobiernos de España. Precisamente porque, como hemos comentado, aunque una crisis madure, si sus frutos no son recogidos por una fuerza consciente que a su vez eleve la concienciación de los trabajadores, estos no romperán sus cadenas.

A Olarieta el que el PCE (r) se haya equivocado en estas previsiones le da absolutamente igual, pues sigue asistiendo a los medios de comunicación con su discurso profético anunciando que es el fin del capitalismo, que está herido de muerte y que la actual crisis es la última que asiste:

«Vivimos en una crisis que no tiene salida dentro del propio sistema capitalista». (La Zurda; Entrevista a Olarieta, 14 mayo de 2017)

Este es el discurso clásico del populista, pero no del marxista serio. Lo cierto es que el capitalismo sí tiene «salida» a sus crisis, como ya hemos afirmado. Lo hemos comprobado históricamente en sus últimas crisis: rescatar a la banca privada con dinero público, cargar sobre los hombros de los trabajadores mayores jornadas laborales y mayores impuestos, flexibilizar los contratos laborales en beneficio del fácil despido y abaratar la indemnización, recortes en campos públicos sensibles para los trabajadores –sanidad, educación–, petición de nuevos créditos, renegociación de la deuda ya existente o condonación de la deuda impagable, devaluación de la moneda o creación artificial de la misma, búsqueda de nuevos mercados –incluso a costa de poder iniciar una guerra–, expropiación o confiscación de los sectores necesarios, represión a sangre y fuego... y muchísimas variables más que dependen del tipo de país que sea y de donde se produzcan los déficits a tratar. 

Estas fórmulas son las que podríamos llamar las «válvulas de escape» de las que se vale la burguesía para evitar que su sistema se autodestruya por sus crisis cíclicas. Otra cosa muy diferente son los cambios de gobierno, o los cambios en las formas de dominación política, recetas a derecha e izquierda que no alterarán los elementos indispensables que dan luz a las crisis: las leyes económicas fundamentales del capitalismo –como la extracción de plusvalía, la ley del valor, la búsqueda del capitalista de máximos beneficios posibles–.

Siempre habrá países en depresión económica, otros en estancamiento y otros en crecimiento, pero jamás habrá ese «colapso del sistema capitalista» –y menos a nivel mundial– salvo que los revolucionarios induzcan tal final revolución a revolución, país a país, pero para ello se necesitan de unos requisitos que hoy no se cumplen.

Mientras el nivel de concienciación y organización del pueblo sea bajo, estas medidas de «rescate» serán fácilmente aplicables para la burguesía. Las futuras crisis que aguardan sin un partido marxista-leninista sólido y sin una influencia en las organizaciones de masas no presupondrán una revolución, ni siquiera para evitar la ofensiva del capital que pretende cargar sobre los hombros de los trabajadores la crisis, ello será así porque los trabajadores desorganizados no tienen posibilidades de defenderse ni de atacar eficazmente. Por tanto, estas crisis siempre les serán dolorosas y en todo caso serán aprovechadas por distintas capas burguesas ajenas al proletariado en sus luchas de poder contra la burguesía gubernamental». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO,  2017)

Demos una explicación más concreta. En el capitalismo tenemos la ley decreciente de la tasa de ganancia como muy bien estudió Marx. Para contrarrestar esa tendencia hacia la baja, cada uno de los dueños privados de los medios de producción, se sirven de diversos recursos para evitar que baje esta tasa o cuota de ganancia. Unos pueden optar por aumentar la tasa de explotación absoluta, es decir, aumentar el tiempo total de la jornada de trabajo de los obreros. Otro recurso podría ser aumentar la presión sobre los trabajadores mediante el aumento del paro forzoso. U otras medidas pudieran consistir en cambiar la composición orgánica del capital, disminuyendo el capital constante –edificios, materias primas, máquinas respecto al variable –salarios de los trabajadores, o ambos a la vez. Esta contradicción, este movimiento de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia genera altibajos, desmesuras, entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción las cuales no se encuentran en un estado de armonía entre ellas; aparecen de este modo las conocidas y reiteradas crisis. 

Primero que todo. Para empezar a tomar en serio la tesis de que el coronavirus ha sido diseñado para salvar el capitalismo… o que ha sido un accidente afortunado para que el capitalismo pueda salvaguardar su estructura, habría que demostrar la supuesta crisis que tenían estos países contagiados por el coronavirus para así poder afirmar que necesitasen del mismo para tomar medidas y tener una justificación plausible. Pero los propios datos económicos desmienten tal propuesta. Centrémonos solo en España:

«La economía española creció un 2% en 2019, una décima por debajo de lo previsto por el Gobierno y cuatro décimas menos que el 2,4% anotado en el año anterior. Se trata de un crecimiento que todavía aguanta en un ejercicio marcado por las tensiones comerciales, el Brexit, la pérdida de fuelle de China, la brusca ralentización de la zona euro o las dificultades del automóvil. Casi duplica el 1,2% registrado por el conjunto de la eurozona». (El País; La economía española cerró 2019 con un crecimiento del 2% tras acelerarse en el último trimestre, 31 de enero de 2020)

En el caso concreto del país ibérico, esta crisis va a frenar el turismo y el sector servicios en general –pilar básico de la economía que ocupa casi el 70% del PIB–, restringir el comercio –¡pero todavía proclaman estos zotes que el COVID-19 va a salvar la economía española!–. Solo hay que ver la caída en picado de la banca española y global cuando la cosa se puso seria:

«El Ibex 35 ha registrado este jueves la peor caída de su historia, al sufrir un desplome del 14,06% en la sesión, que le ha llevado a cerrar en los 6.390,9 puntos, niveles de agosto de 2012. (...) La epidemia del coronavirus ha llevado al selectivo a marcar su peor sesión bursátil, todavía peor que cuando se hundió un 12,35% en la jornada en que los británicos decidieron abandonar la Unión Europea en junio de 2016». (El Público; La Bolsa española sufre la peor caída de su historia y Wall Street se hunde por la crisis del coronavirus, 12 de marzo de 2020)

El coronavirus no ha salvado la economía, la está dañando sensiblemente. Dicho virus repercute y rompe la fiabilidad de inversiones y fiabilidad del país que lo sufre en todos los campos importantes.

Medidas extraordinarias, filantropía y caridad de la burguesía en tiempos de crisis

La donación de los empresarios y diversos países capitalistas de material médico, alimentos, tecnologías y demás, no corresponde fundamentalmente a la filantropía de las figuras que los dirigen, sino que, en casi todos los casos, se explica como un aprovechamiento del momento para realizar un lavado de imagen. Aquí encontramos como la derecha tradicional defiende a figuras empresariales como Amancio Ortega, bien conocidas por evadir impuestos, la tenencia de trabajadores en condiciones paupérrimas e incluso practicar la explotación asalariada infantil en los países del llamado «segundo» y «tercer mundo» [7]. 

Engels ya comentaba en sus tiempos:

«¡Establecimientos de beneficencia! ¡Como si fuese ayudar al proletario el comenzar por explotarlo hasta sangrar para luego poder desagraviarlo con complacencia y farisaísmo con vuestro prurito de caridad y presentaros ante el mundo  como grandes benefactores de la humanidad, mientras devolvéis a ese desdichado que habéis exprimido hasta la médula, la centésima parte de lo que le corresponde! ¡Beneficencia que degrada aun más a aquel que la práctica que a aquel que la recibe; beneficencia que hunde todavía más en el polvo al desafortunado que se ha pisoteado, que implica que el paria deshumanizado, excluido de la sociedad, renuncia en primer lugar a la última cosa que le queda, a su aspiración a la cualidad de hombre, y mendiga primeramente su benevolencia al lado de la burguesía, antes que ella le haga el favor de estamparle en la frente, al darle la limosna, el sello de la deshumanización!». (Friedrich Engels; La situación de la clase obrera en Inglaterra, 1845)

Ya en la era preindustrial los mandatarios conocían mecanismos para mantener su sistema en periodos de crisis. Las clases explotadoras incluso se tomaban las donaciones como signo de prestigio y estatus social: 

«Para los que daban limosnas, la donación caritativa no solo era un deber religioso, sino también una demostración social; el agolpamiento de mendigos entorno a su persona y a su casa no se consideraba una carga, sino la confirmación de su prestigio social. (...) Las limosnas y los donativos de los particulares acomodados, de las instituciones eclesiásticas y estatales, paliaron un poco las consecuencias de la pobreza estructural de la Europa preindustrial. (...) Sin embargo sólo era un modesto paliativo del que no cabía esperar, ni se esperaba, el fin de la desigualdad». (Ernst Hinrichs; Introducción a la historia de la Edad Moderna, 2012)

Marx incluso vincula la práctica de la caridad con la influencia del idealismo religioso, que es el arma perfecta de las clases explotadoras para engañar a los explotados, para aliviar su conciencia:

«Los principios sociales del cristianismo han tenido ya dieciocho siglos para desenvolverse. (...) Los principios sociales del cristianismo predican la necesidad de que exista una clase dominante y una clase dominada, contentándose con formular el piadoso deseo que aquella sea lo más benéfica posible. Los principios sociales del cristianismo dejan la desaparición de todas las infamias para el cielo, justificando con esto la perpetuación de esas mismas infamias sobre la tierra. Los principios sociales del cristianismo ven en todas las maldades de los opresores contra los oprimidos el justo castigo del pecado original y de los demás pecados del hombre o la prueba a que el Señor quiere someter, según sus designios inescrutables, a la humanidad. Los principios sociales del cristianismo predican la cobardía, el desprecio de la propia persona, el envilecimiento, el servilismo, la humildad, todas las virtudes del canalla; el proletariado, que no quiere que se lo trate como canalla, necesita mucho más de su valentía, de su sentimiento de propia estima, de su orgullo y de su independencia, que del pan que se lleva a la boca. Los principios sociales del cristianismo hacen al hombre miedoso y trapacero, y el proletariado es revolucionario». (Karl Marx; El comunismo del Rheinischer Beobachter, 12 de septiembre de 1847)


La izquierda revisionista publicita durante la crisis la actuación de regímenes imperialistas como China; ese que se ha dedicado a intentar hacer negocio durante la crisis vendiendo tests rápidos sin controles de calidad, un régimen precisamente conocido por la falta de derechos laborales y una política exterior agresiva en lo militar y económico [8]... aunque la izquierda revisionista también insiste en publicitar a todas horas a países como Cuba; que han mantenido buenas relaciones con países fascistas y han mantenido desde el principio una política de sumisa dependencia económica hacia los imperialismos como España [9]. Pero sin vergüenza alguna tratan de vendérnoslos como «modelos socialistas e internacionalistas a seguir y apoyar». En estos últimos dos casos, en el supuesto de que fuese cierto que los aportes se hacen por humanismo, les recordamos que la historia ha registrado casos de altruismo entre bondadosos filántropos burgueses, que varios países capitalistas han prestado gratuitamente o con intereses ayuda durante ciertos desastres naturales recientes –véase los millones que tanto del gobierno español, ONGs, Cruz Roja, como particulares, aportaron tras el terremoto que asoló Haití en 2010–. Eso no borra las relaciones de producción de sus respectivos países ni su política exterior, y cuando decimos esto, por supuesto incluimos en esta lista tanto a los países capitalistas «tradicionales» como a los países capitalistas revisionistas que se hacen pasar por «marxistas». Tampoco el tener un gran sistema sanitario o buenos servicios públicos es sinónimo de «socialismo» como pregonan algunos [10], si eso fuese así, países como Suiza, Singapur, Francia, Andorra o la propia España que siempre ha salido en las listas de los países con mejores sistemas sanitarios sanitario, serían más «socialistas» que nadie.

Este fenómeno económico de recesión lleva aparejado la reducción temporal o definitiva de puestos de trabajo, la destrucción o disminución de la capacidad de las fuerzas productivas. Lo que de nuevo implica que los países que sufren el virus de forma severa pierdan competitividad frente a los que no lo tienen aún o les afecta a bajos niveles. 

En cuanto a la pérdida de puestos laborales que está comenzando a suceder, dentro del capitalismo es una medida necesaria desde su propio punto de vista; pero no se toman dichas medidas porque se viese en el horizonte una gran crisis económica –ya que muchas de las grandes economías caminaban a paso seguro con el número de empleados en activo y las leyes vigentes en sus países–, sino precisamente a efecto del paso del coronavirus, que, por ejemplo, ha causado la meteórica caída de la demanda en muchos sectores de importancia:

«En cuanto a la demanda, apuntó que se ha venido reduciendo desde la semana pasada y que actualmente la caída se sitúa entre el 5% y el 7%, con mayor incidencia en Madrid, La Rioja y Cataluña. De igual manera, indicó que se está produciendo un descenso en el consumo de combustibles, especialmente perceptible en el de queroseno para la aviación, que ha bajado entre un 70% y un 80%». (El Confidencial; El Gobierno modificará el bono social para incluir a los afectados por el coronavirus, 19 de marzo de 2020)

En España el gobierno se ha visto obligado a asumir parte de la carga de la crisis con medidas como subvencionar parcialmente a las empresas la reducción de jornada o la baja temporal, algo que ha decidido hacer no por su buena voluntad, sino para no asistir a un escenario peor donde el pánico de los empresarios por no sufrir los efectos de la recesión produjese una avalancha mayor de despidos preventivos que a su vez crease una crisis más honda para el gobierno con un número de desempleados permanentes que serían mantenidos directamente por él e indirectamente llevase aparejada una bajada de la productividad y de la producción nacional:

«El primer objetivo es evitar que se dispare el desempleo, por lo que «se priorizará la suspensión de los contratos y la reducción de las jornadas», ha señalado Sánchez. El Gobierno va a flexibilizar los Expedientes de Regulación de Empleo Temporal (ERTEs) para que las empresas ajusten sus plantillas sin recurrir al despido. El Gobierno asumirá el pago del 70% de la base reguladora a los trabajadores –medida por la cotización de los últimos 180 días– y, además, bonificará las cuotas a la Seguridad Social de los empleadores, para que no tengan que soportar ningún coste laboral extra. (...) Todos los trabajadores afectados por ajustes de plantilla tendrán acceso a la prestación por desempleo sin excepción. Esto significa que también la cobrarán aquellos que no hayan cotizado lo suficiente para ser beneficiarios. En el caso de los autónomos, el Consejo de Ministros ha aprobado facilitar el acceso de todos ellos al cese de actividad, prestación conocida como el 'paro de los autónomos'. Todos los cotizantes del RETA cuyo negocio se haya visto gravemente afectado por la pandemia y sus consecuencias económicas, tendrá acceso a esta prestación. Además, durante ese periodo tendrán bonificadas las cuotas a la Seguridad Social y, si tiene asalariados, podrá acogerse a los ERTEs. El Gobierno también ha aprobado un paquete de ayudas de 600 millones de euros para mejorar la atención de los servicios sociales dedicados a las familias vulnerables. Estos fondos se destinarán a las comunidades autónomas y corporaciones locales para reforzar sus líneas de asistencia social». (El Confidencial; El Gobierno movilizará 200.000 millones para amortiguar la crisis del coronavirus, 17 de marzo de 2020)

En ciertas empresas la implementación de los ERTE es casi una obligación debido al papel que desempeñan. Se alza la cuestión de la subsistencia de los trabajadores que en teoría tanto el gobierno como las empresas dicen que van a asegurar. Varias empresas como IKEA, Corte Inglés, Inditext han anunciado «pagar íntegramente el sueldo a su plantilla» al menos durante las próximas semanas, otras afirman que lo harán «todo lo que dure la cuarentena». Se vende desde el capitalismo, que «quien no trabaja es porque no quiere» cosa que como sabemos no es cierta, pero si además en una situación en la que el gobierno no puede garantizar un desempeño «normal» de la producción y por tanto de la búsqueda de empleo para el proletariado por las condiciones existentes en este caso por una causa externa como el virus–, lo mínimo es que las empresas con ganancias multimillonarias y el propio Estado asuman la carga recortando de donde haga falta, pero más le valdría a los trabajadores organizarse y hacer valer tales peticiones, y no fiarse simplemente de las bonitas declaraciones de los empresarios y políticos, no esperar que el Estado burgués les salve porque ya estamos viendo la respuesta deficiente que está dando durante la crisis. Muy seguramente el Estado al no buscar financiación, cortando el grifo a los parásitos, su solución será asumir gran parte de la carga a costa de endeudarse y traté de cargar la deuda sobre los trabajadores en un futuro cercano.

En otras empresas debido a su actividad deben permanecer abiertas como ocurre con Correos, pero lejos de regularse que servicios son prioritarios y cuales no, se mantiene actividad normal, obligando a los trabajadores a mantener una alta movilidad para servicios del todo innecesarios, y sobre todo, sin las condiciones de higiene y protección debidas como denuncian sus trabajadores. Otras empresas como Carrefour o Mercadona tampoco pueden cerrar debido a que son empresas de alimentos básicos, aquí, aunque han reducido el horario, también los trabajadores también demandan que las medidas de seguridad se han implementado semanas tarde, estando los trabajadores expuestos varias horas a multitud de personas. Un caso todavía más vergonzante es la situación inhumana en la que se encuentran los jornaleros de la fresa de zonas como Huelva o Almería, allí cerca de 500 trabajadores denuncian que a estas alturas de la epidemia aún no tienen ningún tipo de protección frente al coronavirus, eso sin contar con el hecho de que habitan en hacinamientos forzosos, lo que aumenta las posibilidades de contagio.

Bajo estas medidas, la reducción de personal no evitará que muchas empresas pese a todo, sigan teniendo pérdidas o una reducción sustancial de sus beneficios –mientras otras como las de alimentación seguramente hasta experimenten un aumento de las ventas–. Algunos «conspiranoicos» creen que la crisis ha sido forzada para llevar a cabo una «transformación tecnológica» donde de ahora en adelante las empresas no necesitaran a tantos empleados, y que de ahí viene toda esta crisis autoinducida. Lo cierto es que al terminar la crisis puede haber ciertos avances tecnológicos –o ninguno en especial–, pero de lo que estamos seguros es que no los habrá en tal número ni en tal distribución que permitan a todas las empresas seguir con el mismo número de plantilla de empleados que durante la crisis. La razón de esto es simple: cualquier sistema económico desarrolla mecanismos de defensa para aumentar la producción en periodos de turbulencias económicas como las recesiones o de sangrías demográficas –pero son mecanismos en muchos casos espontáneos, desiguales y que no llegan a todas las empresas ni a todos los países–, por lo que cuando la demanda vuelva a subir, y con ello la demanda de mano de obra, dichas empresas que hayan sobrevivido se verán obligadas a reincorporar a dichos empleados suspendidos temporalmente, a volver a introducir la jornada completa en otros casos, y a contratar a nuevos empleados –algunos incluso de los que previamente habían despedido–, y en caso de no poder satisfacer dicha capacidad de ampliación serán absorbidas por los monopolios, como ya habrá ocurrido durante la crisis con las empresas que entraron en quiebra. Esa es la dinámica del capitalismo en su etapa monopolista. Muchos economistas del reformismo niegan esto y creen que todo puede ser salvado a base de recetas keynesianas. Véase el capítulo: «Keynesianismo en el programa económico de Podemos» de 2015.

Otros incluso niegan el proceso de monopolización, pero esto no es una opinión nuestra, no es algo debatible, en definitiva... solo estamos recogiendo los resultados de la historia sobre las crisis capitalistas. Véase el capítulo: «Negación del proceso de monopolización en la etapa imperialista del capitalismo» de 2018.

Por último, no debemos olvidar que el gobierno ha inyectado dinero una vez más a los bancos para evitar una crisis crediticia:

«La mayor parte del paquete de medidas no tendrá coste presupuestario, ya que se trata de líneas de liquidez a las empresas a través de avales y préstamos para evitar una crisis de crédito –'credit crunch'–. En total, la línea de avales del Estado ascenderá a 100.000 millones de euros, lo que significa que será el Gobierno quien asuma el riesgo de morosidad para así aliviar a los bancos y garantizar que siguen prestando». (El Confidencial; El Gobierno movilizará 200.000 millones para amortiguar la crisis del coronavirus, 17 de marzo de 2020)

Para quien no lo entienda, esto significa que inyectará dinero a los bancos a través de dinero estatal y a través de las empresas privadas –que seguramente en el futuro obtengan un interés por dichos préstamos–.

Afirmar que el coronavirus lo están sufriendo mucho más los asalariados que los no asalariados es una obviedad tan grande como decir que la hambruna o las guerras afectan en mayor proporción a los proletarios que a los burgueses. Afirmar que la privatización del sistema sanitario dificulta afrontar la crisis sanitaria actual es otra obviedad. Que los respectivos gobiernos capitalistas van a querer proteger a los bancos y grandes empresas y harán todo para salvarlos, es otra obviedad. Que las medidas que se han tomado son y serán insuficientes para frenar al daño social que va a suceder, también es una afirmación nada sorprendente. Pero todo esto no supone nada más, son efectos de la crisis y del sistema que la gestiona, pero de ahí no se pueden derivar causas más profundas. Invertir la causa-efecto sin argumentación es propio de metafísicos. Soltar este tipo de frases anunciadas arriba no es el resultado de un «análisis marxista en profundidad», sino de repetir lo que todo el mundo puede saber a priori de otras experiencias, por tanto, ello no te convierte en un gran analista. Invertir la causa-efecto y añadir a esto teorías de la conspiración te convierten en cambio en un charlatán y en un irresponsable.

Todo esto indica que no es que el «capitalismo haya provocado apropósito esta crisis» ni que se trate de «pugnas imperialistas», sino que el capitalismo –en general– no está preparado para solventar una crisis de este tipo pese a tener los recursos de sobra a su alcance, que no sabe coordinarse a tiempo pese a ver lo que estaba sucediendo en otras latitudes. La incompetencia gubernamental para frenar este tipo de fenómenos va a dar una oportunidad para que efectivamente, unos sectores capitalistas saquen muchos beneficios –como el caso de la industria alimenticia o farmacológica– pero esto es algo que ocurre en muchísimas situaciones –ocurre con las recesiones económicas, guerras, adquisición de patentes y otro tipo de epidemias–. La competición por ver quien obtiene la primera vacuna en la que están inmersos ahora mismo China, EE.UU., Rusia y Alemania, es buena prueba de ello, pero no se puede calcular en qué momento y en qué proporciones se distribuirá la dichosa vacuna, quizás cuando se logre el problema haya concluido o esté por hacerlo.

En otro orden de cosas, hay que decir que la cuestión del coronavirus va a hacer que los gobiernos se vean abocados a inyectar dinero para mantener a flote muchas otras empresas importantes, pero también va a dedicar recursos en sectores apremiantes del momento como buscar material y personal sanitario, mantener el flujo de alimentos o acondicionar edificios para los más necesitados –ya se ha visto como el gobierno español demagógicamente va a condicionar lugares para los sin techo como si estas personas antes de la crisis no necesitasen de tal necesidad básica que en teoría recoge la Constitución de 1978–. El Ministro de Sanidad Salvador Illa ha anunciado una compra masiva a China de respiradores, mascarillas, tests rápidos, guantes y demás por valor de 432 millones de euros. A esto un inciso; más de 700.000 tests rápidos de la empresa china Shenzhen Bioeasy Biotechnology resultaron defectuosos, ante lo cual el gobierno chino comentó que dichos productos no habían pasado las inspecciones requeridas según la legislación china pero que en cambio sí se podían vender al mercado internacional. 

Todo esto significa que se va a estar otorgando financiación estatal que bien se podría aprovechar en invertir –desde la óptica capitalista– en otros sectores mucho más suculentos en cuanto a ganancias –como sería exportar capital a otros países o en crear nuevas empresas–. Con lo que el destino de ese dinero es en muchas ocasiones una inversión de no retorno en servicios que demanda la crisis sanitaria; un capital totalmente desperdiciado desde el punto de vista de la rentabilidad capitalista.

El gobierno de España, y muchos otros del resto del mundo, se están viendo obligados a implementar medidas extraordinarias:

«En una rueda de prensa desde la Moncloa, Ribera defendió las medidas adoptadas por el Gobierno para garantizar suministros esenciales como la luz, el gas natural y el agua en este estado de alarma y aseguró que «ningún español que piense que está pasando una situación de dificultad va a sufrir ningún corte» de ninguno de ellos». (El Confidencial; El Gobierno modificará el bono social para incluir a los afectados por el coronavirus, 19 de marzo de 2020)

Entre otras medidas, se ha dado una moratoria hipotecaria:

«Se considera que un cliente está en situación de vulnerabilidad cuando «el deudor hipotecario pase a estar en situación de desempleo o, en caso de ser empresario profesional, sufra una pérdida sustancial de sus ingresos o una caída sustancia de sus ventas». También se considerará que es beneficiario de esta medida los clientes que hayan rebajado sus ingresos hasta el equivalente a a tres veces el IPREM anual de 14 pagas». El IPREM está situado en 7.519,59 euros anuales. Otra manera de considerar a un deudor como vulnerable es «cuando el esfuerzo que representa la carga hipotecaria sobre la renta familiar se haya multiplicado por al menos 1,3» a causa de la bajada de ingresos. Si se trata de un autónomo, podrá considerarse vulnerable si ha sufrido «una caída» de al menos del 40% de sus ingresos. El borrador con el que trabaja el Gobierno es que la moratoria no «devengarán intereses». (La Vanguardia; El Gobierno impone una moratoria en las hipotecas durante la crisis del coronavirus, 17 de marzo de 2020)

Aunque todavía está por ver que estas medidas se cumplan íntegramente que lo dudamos. Por citar un ejemplo, también «los gobiernos del cambio» de Podemos prometieron el fin de los desahucios, la inseguridad, la especulación mobiliaria, y nada cambió [11]. Aunque seguramente después de la nefasta gestión gubernamental PSOE/Podemos deban de esforzarse en cumplir alguna de estas medidas en pro de frenar la sangría de votos que se avecinará en las próximas elecciones.

En materia logística y de mando de la sanidad es de destacar que:

«Por primera vez en la historia de la democracia España dejará de tener 18 sanidades diferentes, la militar más las de las 17 comunidades autónomas, Un 155 sanitario, como han dicho algunos presidentes autonómicos. No se nacionaliza la Sanidad como explicó ayer el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pero se pone «al servicio del Ministerio de Sanidad todas las instituciones civiles, militares, públicas y privadas». (ABC; La Sanidad queda bajo un mando único en España por el coronavirus, 16 de marzo de 2020)

En Francia se han tomado medidas más contundentes para garantizar la subsistencia de sus ciudadanos:

«En una alocución televisada, el presidente francés explicó que se dedicarán 300.000 millones de euros a salvar las empresas. Ninguna de ellas debe quebrar debido al coronavirus. El Estado asumirá el pago de los créditos bancarios contraídos. También se suspenderá el pago de impuestos y cotizaciones sociales, de las facturas de agua, luz y gas, así como los alquileres. No quedó claro si esto último se aplicará a las empresas o a toda la población, pero Macron insistió en que «ningún francés quedará sin recursos». (La Vanguardia; Francia asume los créditos y suspende el pago de alquileres, impuestos y recibos de luz, gas y agua, 16 de marzo de 2020)

¿Es acaso esto nuevo? Quizás para los que no han cogido un libro de historia en su vida, estas medidas suponen algo extrañísimo de explicar, algunos incluso lo calificarán de «cambio inevitable en el paradigma económico», otros de «un cambio de mentalidad de los poderosos», pero ni siquiera es un fenómeno nuevo ni propio del capitalismo:

«Al igual que los Estados industriales de la actualidad, también las sociedades preindustriales conocían procedimientos y mecanismos para aliviar un poco las evidentes desigualdades en el reparto de la fortuna y los ingresos. (...) Correspondía un papel importante a las transferencias voluntarias de bienes y de ingresos en forma de fundaciones y de donaciones caritativas. (...) Su principal objetivo ni en modo alguno era esa la intención no era la diversificación de la demanda ni el incremento del estándar de vida, sino asegurar los medios de subsistencia de las capas de la población, y con ello, evitar hambrunas, inquietud y rebeldía». (Ernst Hinrichs; Introducción a la historia de la Edad Moderna, 2012)

Hoy ocurre igual, hace tiempo que está más que demostrado que el capitalismo se sabe adaptar a las situaciones de crisis, incluso aprovecha tales situaciones para presentarse como un sistema benévolo.

Es más, en situaciones de epidemias, observó Engels que «La clase capitalista dominante no puede permitirse impunemente el placer de favorecer las enfermedades epidémicas en el seno de la clase obrera, pues sufriría ella misma las consecuencias», y «el ángel exterminador es tan implacable con los capitalistas como con los obreros», por lo que:

«Desde el momento en que eso quedó científicamente establecido, los burgueses humanitarios se encendieron en noble emulación por ver quién se preocupaba más por la salud de sus obreros. Para acabar con los focos de epidemias, que no cesan de reanudarse, fundaron sociedades, publicaron libros, proyectaron planes, discutieron y promulgaron leyes. Se investigaron las condiciones de habitación de los obreros y se hicieron intentos para remediar los males más escandalosos». (Friedrich Engels; Contribución al problema de la vivienda, 1873)

El gobierno de EE.UU. que inicialmente despreció la crisis, ahora ha reculado. Esta gestión negligente ha hecho que el principal banco del país tome medidas excepcionales que en otra situación no tomaría:

«La Reserva Federal (Fed) estadounidense ha anunciado finalmente este domingo que baja los tipos de interés hasta el 0% e inyecta 700.000 millones de dólares –625.000 millones de euros–». (ABC; La Reserva Federal rebaja al 0% los tipos de interés y anuncia una inyección de 700.000 millones, 15 de marzo de 2020)

¡¿Dónde se ha visto que un banco público o privado conceda un interés del 0%?!

El Banco Central Europeo (BCE), después de no ver la crisis tan seria como para actuar con determinación, también ha acabado cambiando de opinión, ofreciendo un pack de ayuda con grandes rebajas en los tipos de interés:

«Giro radical del Banco Central Europeo (BCE) en una semana. La autoridad monetaria lanzó anoche un programa especial de 750.000 millones de euros para adquirir títulos de deuda, lo que relaja las primas de riesgo tras el estrés de las últimas semanas. El desplome de la rentabilidad de los bonos soberanos se sitúa entre el 20% y el 50%, mientras que la bolsa cotiza con leves caídas tras iniciar la sesión con fuertes alzas. «Si el mensaje al mercado del BCE de la semana pasada fue un ‘haré lo que pueda’, con la acción de la pasada noche, el mismo ya empieza a mutar a un ‘haré lo que sea necesario». (El Confidencial; El BCE abarata el coste de la deuda hasta un 50%: «Vuelve al 'haré lo necesario», 19 de marzo de 2020)

Algunos dirán que esta medida del BCE solo acrecentará más la dependencia de los países europeos hacia dicho banco, lo cual es cierto, pero de nuevo insistimos, dentro de la lógica capitalista, los gobernantes capitalistas tienen dos alternativas ante este abismo: o aceptar dicha ayuda y endeudarse más, o sucumbir a que su economía pueda declararse en bancarrota en breve. El BCE bien podría haber exigido en una situación como la actual unos intereses mayores aludiendo «la avalancha en la demanda de préstamos», pero precisamente los ha rebajado porque no le interesa poner en riesgo el sistema económico mundial, eso también implica indirectamente evitar que caiga una pieza y se vea un efecto dominó. Aquí se ve de manera clara como están íntimamente entrelazados el capital bancario y el industrial, formando lo que ya Lenin llamaba capital financiero. Los bancos necesitan las industrias para generar dinero a base de intereses y los empresarios industriales se hallan necesitados constantemente de créditos bancarios para poder mover la inmensa cuantía de capital que necesitan para crecer. Si cae uno de los dos en pánico, repercute de la misma forma en el otro, es la anarquía de la producción, su organización y distribución. Por ello, la economía global capitalista se asemeja a un juego de equilibrismos en el cual desde luego se puede decir que siempre pierden los asalariados.

¿Acaso alguna de estas medidas hubiera sido tomada sin la aparición del coronavirus? ¿De verdad alguien cree que este pozo sin fondo que está siendo el coronavirus en lo económico, es celebrado en secreto por los líderes políticos de los países implicados? ¿Alguien cree que dichas medidas extraordinarias en materia de exención de impuestos, refuerzo de la sanidad, intereses bajos en los préstamos, etcétera... no serán derogadas cuando la crisis acabe porque suponen un lastre para el sistema capitalista?

Sobre la restricción de circulación, no es nada extraño, siendo algo contemplado en la legislación de los países capitalistas –pero es que los revisionistas igual que carecen de conocimientos de historia o economía, no le podemos pedir conocimientos en jurisprudencia–. Pero tampoco es específico de un país capitalista, viene a ser lo normal en una situación de este tipo, imperen las relaciones de producción que imperen; no se hace porque «la revolución esté a la vuelta de la esquina», que no se engañe el lector con tal imbecilidad, sino porque es la única manera de cortar las vías de transmisión de la enfermedad, o al menos frenarla; son medidas epidemiológicas de manual. El problema fundamental estaría en la prolongación del estado de alarma o excepción cuando la epidemia ya esté superada, cuando no hay necesidad, pero no podemos adelantarnos a ese panorama futuro, y por supuesto, en los abusos que se pueden cometer durante las medidas lógicas a la hora de tratar una crisis sanitaria excepcional. Recordemos que como contrapartida en estos momentos extraordinarios también se permite vulnerar legalmente los derechos democrático-burgueses contemplados en las cartas magnas, lo que otorga una facilidad mayor para hacer pesquisas y redadas físicas y cibernéticas. 

¿A qué nos referimos? Durante momentos delicados como guerras hemos visto como los gobiernos obtienen el poder absoluto de investigar, censurar y suprimir organizaciones o individuos, también se llevan a cabo nacionalizaciones del transporte y la industria si se alega que así es necesario «para salvaguardar los intereses de la nación», por lo que no es ni una inclinación hacia la estatización en lo económico ni una fascitización per se en lo político, sino un mecanismo temporal del sistema para asegurarse mejor su gestión durante la crisis. Sea como sea eso no justifica ni los casos de abusos de los cuerpos de seguridad a la hora de multar y arrestar a ciertos individuos, ni que el ambiente sea aprovechado para vulnerar otros derechos como tumbar la privacidad o el ya de por sí falso «derecho al trabajo», «derecho a la libertad» y a la «vivienda digna». El trabajo de los comunistas no está en promover una defensa abstracta de la libertad como hacen los anarquistas y revisionistas, sino en explicar el papel del Estado en una sociedad de clases. En explicar las dinámicas económicas del capitalismo que hacen del desempleo una necesidad, y de la especulación de la vivienda su rutina.

En algunos países como Rusia –de referencia para muchos de estos grupos revisionistas como el PCE (r)–, el salir a la calle ha sido penado mucho más rigurosamente que en España:

«Escapar del confinamiento puede implicar incluso penas de prisión. La pena más grave –cinco años– se da en caso de escapar de la cuarentena doméstica, infectar a alguien y que la persona infectada muera. Si las acciones de la persona enferma sólo condujeron a la infección múltiple de otras personas –sin muertes– afronta una multa de hasta mil euros al cambio actual, trabajo comunitario o un año de privación de libertad. Estos castigos están previstos en el artículo 236 del Código Penal de la Federación de Rusia sobre violación de las normas sanitarias y epidemiológicas». (El Mundo; Penas de cinco años de prisión por violar la cuarentena domiciliaria por coronavirus en Rusia, 9 de marzo de 2020)

En el extremo opuesto están aquellos que parece que todavía no comprenden la gravedad del asunto y piden la normalización y libre circulación de personas como si nada pasase; véase el trotskismo y sus organizaciones en Argentina. En la misma línea, esta es la receta planteada por el gobierno del Frente Sandinista en Nicaragua, allí, los cónyuges presidenciales Ortega-Murillo no han tomado ninguna medida encaminada a impedir la transmisión de la enfermedad, no solo han hecho caso omiso a las recomendaciones de la OMS, sino que han hecho lo contrario, tan absurdo es que convocaron una marcha en contra del coronavirus: la llamaron «Amor en tiempos del coronavirus» claramente influenciados por el pensamiento mágico-religiosos del que hacen gala e inspirados en el literario «realismo mágico», tal parece que en lugar de evitar el contagio de la enfermedad su objetivo vaya en dirección opuesta. Coinciden con Bolsonaro en la forma de encarar el problema, que calificó de «lunático» estúpido al gobernador de Sao Paulo por decretar la cuarentena que incluye restricciones de circulación o cerrar los comercios, ya que según él los efectos del virus iba a ser casi indetectables para la mayoría de la población. El negacionismo en la gravedad sanitaria también fue obra de Obrador en México. Semanas después parece que, ni derecha ni «izquierda», ni unos ni otros, tienen tan firmes sus antiguas convicciones sobre el coronavirus. Esto nos deja una pregunta ¿Cómo explicarán los acólitos de los revisionistas que estos tengan exactamente la misma postura negacionista que los neoconservadores esos neoliberales profundamente influenciados por la religiónfilofascistas de la región?

Los mensajes de los medios de comunicación, la intelectualidad y los políticos capitalistas antes la crisis sanitaria

Lejos de existir un plan desde las instituciones y medios de comunicación para producir un «pánico generalizado» entre la población, la tónica general ha sido quitarle hierro al asunto hace unos meses y semanas:

«Fernando Simón, coordinador de Emergencias Sanidad, ha dicho hoy que «España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado» y que esperan que «no haya transmisión local y en ese caso sería muy limitada y muy controlada». (ABC; Fernando Simón: «España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado», 31 de enero de 2020)

En febrero, el Ministerio de Sanidad publicó el surrealista mensaje que viene a continuación:

«Al llegar de una zona de riesgo puedes hacer vida normal. Si tras 14 días no tienes ningún síntoma, no es necesario tomar medidas». #CoronavirusESP». (Twitter; @sanidadgob, 26 de febrero de 2020)

La semana del 8 de marzo, día de la mujer trabajadora, ya en países como Alemania, Grecia, Polonia, Francia, se suspendían las clases, ferias, museos, eventos deportivos, aglomeraciones, etc. Los expertos en salud ya advertían a España el riesgo de permitir aglomeraciones. En cambio, desde el gobierno del PSOE-Podemos se hicieron llamamientos para asistir a la manifestación del 8M, ahí están las declaraciones de ministras como Carmen Calvo o Irene Montero. Esto no fue casualidad, tenía el fin de dar publicidad a su Anteproyecto de Ley de libertad sexual aprobada por el Consejo de Ministros, ya conocida como «Ley Montero», la cual, como toda ley feminista, es altamente desigual y subjetivista, aparte de contener contradicciones y palabras inexistentes en el vocabulario de la RAE, pero eso es otro tema que abordaremos próximamente. 

Varias figuras periodísticas conocidas en el mundo revisionista y en el mundo feminista como Cristina Almeida, llegaron a afirmar con la demagogia que les caracteriza, que ella recomendaba ir a la manifestación del 8M pese al virus porque:

«Hemos tenido un virus durante siglos que ha sido el machismo y, como lo seguimos teniendo, es mucho más peligroso, más nocivo y más desigual que el coronavirus», ha reflexionado Cristina Almeida. «Por tanto, os llamo para irnos a la manifestación el 8 de marzo», ha concluido». (La Sexta; El motivo de Cristina Almeida para ir a la manifestación del 8M pese al coronavirus: «El machismo es mucho más peligroso», 6 de marzo de 2020)

Todo esto que estamos viendo se hizo en contra de las recomendaciones de varios expertos en salud:

«Madrid acogió el domingo la marcha feminista del 8-M, con 120.000 participantes, y el mitin de Vox, con 9.000 asistentes en un recinto cerrado como Vistalegre, a pesar de que la ciudad cumplía desde al menos tres días antes las condiciones en las que la agencia de salud pública europea cuestiona la conveniencia de celebrar estos actos e incluso desaconseja a la población acudir a ellos. Según un informe de riesgo fechado el 3 de marzo, esas condiciones son que haya un aumento de casos importados de Covid-19 y la constatación de que existe «una transmisión local limitada del virus». (...) En estas circunstancias, los Gobiernos deben promover entre la población «medidas de distanciamiento social», entre las que destaca en relación a este caso una sobre las demás: «Evitar actos multitudinarios innecesarios». Además, sostiene el ECDC, las autoridades tienen que «valorar si es conveniente cancelar estos actos en casos excepcionales». El Ministerio de Sanidad y la Comunidad de Madrid descartaron hacerlo y tampoco aconsejaron a la población adoptar las medidas de distanciamiento social recomendadas, lo que en la práctica hubiera supuesto llamar a no acudir a ambos eventos multitudinarios». (El País; Las marchas del 8-M se celebraron en contra del criterio de la agencia europea, 13 de marzo de 2020)

Como ejemplo del rol que han cumplido los medios de comunicación tenemos el caso paradigmático del programa dirigido por Risto Mejide «Todo es mentira», un bochornoso espacio claramente sensacionalista y afín al gobierno PSOE/Podemos, pero que en esta ocasión en vez de usar el morbo de la tragedia para atraer espectadores, parece que tocaba defender a toda costa los intereses de la Moncloa contra viento y marea. Así en marzo se mofaban de la emergencia sanitaria mundial, gritando «¡Vamos a morir todos!» entre risas y aclarando que las noticias de los medios sobre la peligrosidad del coronavirus eran un «tratamiento informativo apocalíptico», como decía la feminista Marta Flich. Esto es solo un resquicio de lo que se ha podido ver en debates como «Espejo Público», «Al rojo vivo», etc., programas que se presentan solamente como un poco más «serios» pero que solo se han dedicado a traer a la palestra las diferentes tendencias dentro del parlamento.

En concreto, si ha habido una figura que ha intentado restarle importancia al asunto ha sido el jefe de Podemos Pablo Echenique:

«El pasado 25 de febrero, el dirigente de Unidas Podemos Pablo Echenique lanzó un mensaje que ahora parece un chiste: «el coronavirus está absolutamente controlado en España». «En las portadas y en las tertulias, el coronavirus corre desbocado y es una peligrosísima pandemia que causa pavor. En el mundo real, el coronavirus está absolutamente controlado en España. Ojalá un día el sistema mediático tenga la mitad de calidad que el sistema sanitario». Con este mensaje y poco después con el discurso que dio Lorenzo Milá en Televisión Española, Echenique quiso lanzar un aplaudido mensaje tranquilizador que ahora parece un chiste y que muchos han querido recordar». (Javier de Benito Hernández; El vidente Echenique, en febrero: «El coronavirus está controlado en España», 18 de marzo de 2020)

Por supuesto, tanto él como Risto, han sufrido un escarnio público estos días, ya que poco después de la manifestación, Begoña Gómez, Irene Montero y otras cabezas visibles del gobierno que encabezaron la marcha del 8m dieron positivo por coronavirus. Semanas después nadie del gobierno se ha dignado en hacer autocrítica y asumir responsabilidades, pese a que España es el país del mundo tras Italia con más muertes del mundo con más de 5.500 fallecidos y más de 40.000 hospitalizados, batiendo el récord de 832 muertes solo el 27 de marzo. En el colmo del cinismo, pudimos ser testigos de una infame entrevista de Irene Montero donde alegaba que las autoridades sanitarias no les habían advertido –cosa que como hemos visto es mentira–. Los líderes de Vox, irresponsablemente también arengaron a la gente a ir a su mitin el 8 de marzo de 2020 –teniendo sus jefes síntomas evidentes de contagio–. Como consecuencia, varios días después Ortega Smith o Santiago Abascal también dieron positivo al coronavirus. La incompetencia de los políticos españoles para enfrentar la crisis es casi inigualable, decimos, casi, porque realmente se lo están poniendo difícil en el exterior.

Si alguien desea ver la seriedad con la que los líderes mundiales han afrontado la crisis, puede echar un vistazo a las declaraciones previas del Presidente Boris Johnson:

«La polémica estrategia de Boris Johnson para frenar el coronavirus toca a su fin. La respuesta del Reino Unido a la pandemia, que consistía en dejar que el virus fluyera de forma natural y fuera infectando a la población para generar inmunidad, queda atrás después de que el primer ministro británico haya reconocido el fracaso de la medida y pida una «acción drástica» para parar la enfermedad. El gobierno ha recomendado a sus ciudadanos que teletrabajen y que viajen solo si es estrictamente necesario». (Economía Ditigal; Reino Unido asume el letal error de dejar que el virus circule, 18 de marzo de 2020)

Boris Johnson también ha confirmado haber sido infectado de coronavirus.

En los EE.UU. la gestión de Donald Trump no ha sido muy diferente, con una negligente gestión y sin realizar autocrítica alguna tras tener que rectificar su postura:

«11 DE FEBRERO. (...) «Para abril, ya saben, cuando caliente un poco, milagrosamente se irá, eso es cierto. Solo tenemos 11 casos y todos están mejorando», aseguró. Esto se ha comprobado es falso. En mayúsculas, la OMS ha dicho que el virus que causa el covid-19 «se puede transmitir en TODAS LAS ÁREAS, incluyendo aquellas de clima húmero y caliente». (...) 3 DE MARZO Para este momento, el tono del presidente comenzaba a cambiar y hablaba ya de una situación «imprevista». (...) «Pero es, ya sabes, algo nunca antes visto. Lo tienes todo el tiempo, aunque no en esta magnitud (...) pasan cosas que nunca imaginaste que sucederían, y tienes que afrontarlas. Tienes que hacer un montón de buen trabajo. Y te haces cargo de la situación». 9 DE MARZO Este día, en un tuit, Trump dijo que los medios que reportan «falsedades» y su «socio», el Partido Demócrata, estaban haciendo todo lo posible por «inflar la situación del coronavirus, mucho más allá de lo que sustentan los hechos». 17 DE MARZO «Siempre supe que era real, esto es una pandemia. Presentí que sería una pandemia mucho antes de que se le catalogara como pandemia», dijo en palabras diametralmente opuestas a las de fines de enero». (Univisión; Trump se desdice en la crisis del coronavirus: va de «está controlado» a «sabía que sería una pandemia», 19 de marzo de 2020)

Esta reacción precisamente echa abajo toda teoría conspiratoria sobre que el virus habría sido producido y promovido por EE.UU., ¡¿no hubiera sido el primero en reaccionar con medidas de contención en lugar de con una capacidad de maniobrar tan lenta que pone en tela de juicio la propia reelección del Presidente?!

En Colombia, Iván Duque como Presidente dijo sin sonrojo alguno:

«Seguidamente, el jefe de Estado señaló que en su despacho tiene un cuadro de la Virgen de Chiquinquirá, «de la patrona de Colombia. Esta mañana me desperté pidiéndole a esa patrona de Colombia que nos consagre como sociedad, que consagre a nuestras familias». (El Tiempo; Duque le pide protección a la Virgen de Chiquinquirá por coronavirus, 16 de marzo de 2020)

Esto no solo se reduce a los líderes de la derecha tradicional, en Venezuela el líder del «socialismo del siglo XXI» alentó a las masas a que:

«Nosotros que somos hombres de Dios, devotos, fervientes, practicantes del cristianismo de Cristo nuestro señor, tenemos que elevar la plegaria, por la unidad de los venezolanos. (...) Yo le pido a los cristianos, a los católicos, a los musulmanes, a los judíos y a la gente de todas las creencias y todas las religiones que diariamente construyamos una cadena de oración por la salvación de la humanidad». (Nicolás Maduro; Discurso, 19 de marzo de 2020)

La prueba es que las declaraciones de la derecha en Bolivia, con su Presidenta Jeanine Áñez han sido calcadas. 

Esto es normal, ya que la interrelación entre el revisionismo y religión viene siendo notoria desde siempre, mucho más como arma de manipulación. Consúltese el siguiente documento y también nuestras anotaciones del documento para comprender la interrelación entre religión y el pensamiento revisionista que trata de «corregir al marxismo». Véase la obra de Albania Hoy«Alianza espiritual y colaboración práctica entre el vaticano y las camarillas revisionistas» de 1975.

Aunque también hay quienes se han acogido a teorías naturalistas para explicar el COVID-19. De nuevo desde Podemos se decía son sonrojo alguno:

«La concejal de Juventud de Arrecife, Elisabeth Merino –Somos Lanzarote-Nueva Canarias–, ha afirmado que el coronavirus «es un aviso de la naturaleza de que puede ser que estemos llenando la Tierra de muchas personas mayores y no de jóvenes». En una radio local de Lanzarote, esta concejal de un partido «de izquierdas y ecologista» lanzó hace unos días su particular «teoría». Según Merino, sería la propia naturaleza quien ha lanzado el coronavirus para dar un toque a la humanidad porque hemos colapsado el planeta con demasiados ancianos». (COPE; Una concejal de izquierdas de Arrecife: «El coronavirus nos avisa de que hay muchos mayores», 19 de marzo de 2020)

¿Qué decir?:

«Estos ideólogos influenciados por estas teorías y las del existencialismo teorizaban la «inexorable extinción del ser humano, que será lo único que pueda salvar la tierra», algo que de nuevo tiene más en común con posturas nietzschanas y misantrópicas –odio hacia el ser humano– que con cualquier postura progresista seria. Si hay alguna doctrina que haya existido en un uso racional de las fuerzas productivas y en poner por delante la educación ideológica de los productores a la mera fría formación técnica en la era moderna, ese ha sido el marxismo, aunque insistan en lo contrario los enemigos del mismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r)y las prácticas terroristas de los GRAPO,  2017)

No comentaremos de nuevo estas declaraciones, ya que existen documentos pertinentes sobre ello: Véase el capítulo: «Sobre el llamado ecologismo y ecosocialismo» de 2017.

Esta última recopilación de declaraciones que acabamos de hacer demuestra que los políticos, periodistas, artistas, filósofos y en general todas figuras representantes y afines al sistema capitalista más allá de diferentes colores y matices, no han estado a la altura del problema ni en sus pronósticos ni en sus medidas. Pero para eso no necesitábamos pasar por esta crisis y sufrirla en nuestras carnes, simplemente nos bastaba con hacer memoria de otras situaciones. No es tanto una cuestión de malos actores –los políticos– como de mala película en general –las relaciones de producción capitalista–. 

Ya advertimos que en tiempos de crisis es normal la aparición de pensamientos irracionales y religiosos, que contribuyen a reforzar a la reacción en la política:

«En tiempos de crisis, la desesperación, más el miedo, más la necesidad, más el déficit educativo o en su defecto, la educación encaminada a potenciar los sentimientos religiosos, hacen que afloren los profundos miedos inculcados por siglos de dogmas de lo incognoscible que se vale de la fe en perjuicio de la razón. Y de hecho, es una palanca que sienta las bases elementales que requiere por ejemplo el fascismo para lanzarse hacia la hegemonía política. No lo duden, estamos ante la misma coyuntura político-económica que originó el nazi-fascismo, otra cosa bien distinta es que la burguesía necesite del fascismo realmente en la actualidad para seguir gobernando, y dado los bajos niveles de concienciación entre los trabajadores y lo fácil que resulta manipularlos para seguir manteniendo el sistema de explotación asalariada que les enriquece y beneficia, no les hace falta. (...) El tiempo les dirá –si alcanzan a salir de la alienación que sufren– que la respuesta no está en las iglesias, sino en la revolución proletaria integral, esa que ya es urgente, pues ella es la única que puede solucionar la lacra del desempleo, un tratamiento adecuado de la cuestión ecológica, una resolución justa y amistosa de la problemática de la opresión nacional, la progresiva eliminación del chovinismo racial, del desequilibrio entre ciudad y campo, entre trabajo manual e intelectual, y muchas otras cuestiones que surgen o se arrastran bajo el capitalismo». (Equipo de Bitácora (M-L); España: Los crédulos se abandonan al rezo en tiempos de crisis, 2013)

Los que recurren a tesis extrañas para explicar lo que hoy acontece recuerdan a aquellos que para explicar la caída de la URSS recurren a «maniobras de injerencia del imperialismo», o reducen todo a «la traición» de uno u otro personaje visible; pero no analizan los enormes hechos palpables que tienen delante, y aceptan de buen grado especulaciones.

Quienes proclaman de forma idealista que esta crisis es consecuencia del equilibrio espiritual que «la madre naturaleza busca» y que por eso «se nos castiga» sufren de un panteísmo arcaico; los que lo explican en base a los designios de su dios también sufren de defectos muy parecidos, recurriendo en consecuencia a explicaciones teológicas. Por ello, este tipo de teorías no merecen ni ser comentadas en exceso, puesto que religión y ciencia no casan, son como agua y aceite.

Los existencialistas –algunos hasta vestidos de marxistas– que proclaman que el virus es casi una «bendición» para la «degeneración que ha llegado la humanidad», solo se les puede tachar de misántropos y de individualistas derrotistas que difícilmente podrían tener cabida en una sociedad colectiva socialista sino reforman su pensamiento.

Algunos datos que demuestran la debacle del sistema sanitario español

La crisis del COVID-19 está mostrando las carencias del sistema sanitario español. Más arriba vimos que la imprudencia de las autoridades políticas para enfrentar la pandemia, pero aparte de ello, ¿qué ocurre con el sistema sanitario en sí? Primero que todo, habríamos de comenzar con algo más sencillo.Más que referirnos a los fallos del sistema sanitario, ¿cuales son las raíces de tales deficiencias, el error del profesional, de la estructura, ambas?

Por supuesto que existen casos de «mala praxis» del personal sanitario del sistema público correspondiente al «factor humano», pero exactamente como existen en todos los sectores públicos salvando las implicaciones claro es –y no nos engañemos señores liberales, en las empresas de sector privado también ocurren debido a una amplia gama de razones–. Pero ha de aclararse que el sector público, por sus propias características, depende más si cabe del entramado en que se sustenta su andamiaje: el gobierno central, autonómico y la dirección de los hospitales, como gestores; los profesionales, como ejecutores, y el consumidor, como receptor del mismo sistema –y no olvidemos, quien lo sostiene con sus impuestos más allá de que sea público o concertado–. Dicho de otro modo: si el sistema no habilita herramientas serias y eficaces para que los profesionales puedan manifestarse y demandar una mejora del material y formación con el que van a desempeñar su trabajo –y si los gestores de mayor a menor rango no acceden–, el sistema sanitario seguirá trabajando en base a un sobreesfuerzo colectivo de profesionales que a duras penas cumplen su labor o están cualificados, rebajando su eficiencia y perjudicando, por ende, al resto de la población. Por el otro lado, si el consumidor no tiene mecanismos para protestar e intervenir sobre los déficits del sistema sanitario –relevando a los trabajadores poco profesionales, denunciando la tardanza en la asistencia medica, su calidad y demás–, tampoco puede limar las aristas de este triángulo y convertirlo en un círculo armonioso que opere correctamente. ¿Y a dónde conduce eso? Los fenómenos son bien conocidos por todos: listas de espera eternas para ejecutar operaciones críticas, citas en los ambulatorios o especialistas anuladas arguyendo «saturación», altas y rehabilitaciones con «seguimientos médicos» que se reducen a un par de llamadas cada X meses, recetas incomprensibles de fármacos para evitar mayores exploraciones y pruebas, servicios de «urgencias» que atienden con 5h de retraso, desesperación, nervios y choques entre pacientes, familiares y profesionales... y un largo etcétera. Lamentablemente, como veremos luego, las quejas y reclamaciones sirven de paso, y pensar que una «reforma integral» de la sanidad pública y su «armonización real» es posible dentro bajo el capitalismo es una quimera, pues sería como pensar que es factible una representación y ejecución «democrática» sin la intervención de los intereses económicos de la burguesía, la cual incluso en épocas de bonanza económica siempre intentará mantener la sanidad en un estado aceptable gastando lo menos posible en ella, pauperizando el servicio de la misma. De ahí el descontento generalizado en los últimos años, que ha dado lugar a paradojas como que algunas personas dediquen sus ahorros –o se planteen hacerlo– en un seguro médico privado... ¡pese a que ya están pagando un sistema sanitario público!

Esto tiene amplia relación con cómo la «cultura del funcionario burocrata» ha nucleado toda las sociedades y el funcionamiento de sus instituciones públicas, con cómo los gobiernos son la cúspide de esta pirámide burocrática, mientras los funcionarios aparecen como una especie de subsidiarios de estos, cuyo trabajo depende de satisfacer unos cánones que responden a unos intereses burgueses del Estado, de los cuales no pueden escapar. Esto fue razonado por un joven Marx en 1843: 

«Los cuerpos administrativos superiores están constreñidos a tener mayor confianza en sus funcionarios que en las personas administradas, a las cuales no se les puede suponer en posesión de igual conocimiento oficial. Un cuerpo administrativo, más todavía, tiene sus tradiciones. (...) Tiene datos oficiales de ingresos y gastos, tiene en todas partes, paralelamente a la realidad efectiva, una realidad burocrática, la cual retiene su autoridad a pesar de lo mucho que cambien los tiempos. (...) Las autoridades administrativas, aún con las mejores intenciones, la más celosa humanidad y el más poderoso intelecto, no pueden encontrar solución para un conflicto que sea mayor a lo momentáneo y transitorio, el conflicto constante entre la realidad y los principios de la administración. Porque no es su tarea oficial. (...) El realizar un quiebre en una relación esencial o, si se quiere, en el destino. Esta relación esencial es la burocrática, tanto dentro del cuerpo administrativo mismo, como en las relaciones entre éste y el cuerpo administrado». (Karl Marx; Justificación de un corresponsal de Mosel, 1843)

A su vez, en lo relativo a cómo funcionan estas instituciones administrativas, sobre si satisfacen o no sus teóricos propósitos, la percepción de los ciudadanos externos a estos organismos, especialmente los de menos recursos, varia sustancialmente, ya que ven la actuación de estos de forma muy diferente:

«Por su parte, las personas particulares, que han observado la pobreza real de los otros en el completo desarrollo de sus dimensiones, que la ven gradualmente acercarse a ellos mismos, y quienes, más todavía, son conscientes de que el interés particular que defienden es igualmente un interés del Estado, y éste es defendido por ellos como interés del Estado, estas personas particulares no solo se encuentran constreñidas a sentir que su propio honor está siendo impugnado, sino que consideran que la realidad misma ha sido distorsionada bajo la influencia de un punto de vista establecido arbitrario y unilateral». (Karl Marx; Justificación de un corresponsal de Mosel, 1843)

En España, la nueva derecha y la tradicional –PP, C’s, Vox–, aunque también elementos extravagantes como los anarco-capitalistas, argumentan que la ola de recortes y privatizaciones efectuadas en el sector sanitario en los últimos años a nivel nacional y regional no tienen relación alguna con la crisis sanitaria que se vive hoy. ¡Incluso culpan a la existencia de la propia sanidad pública de ser la causante del desastre! Para ello aluden a la supuesta gran inversión recibida estos años y al poco estímulo de los trabajadores en su desempeño, cosa que según dicen, se resolvería con la empresa privada. Quien afirma esto no solo no comprende de economía, sino que es un demagogo desalmado que niega el trabajo que están realizando los sanitarios de distintos campos con escasez de materiales y una presión psicológica límite. Están insultando a personas que, a diferencia de ellos, simples parásitos, son verdaderos héroes y aportan un servicio útil a la comunidad.

También los intelectuales de ideología anarco-capitalista claman que el mercado se regula solo, falacia que repiten como un mantra. De forma populista, ellos también dicen lamentar los abusos de los monopolios en el precio de la luz o la calefacción, entre otros, pero ignoran adrede las estadísticas y la historia económica que demuestra que ese «dios invisible» del «libre mercado» no es sino la ley del valor en su actuación, una realidad muy visible, un caballo que en el capitalismo galopa sin freno y posibilita la creación y desempeño de los monopolios en nuestra sociedad. De esa forma las empresas monopolísticas hacen acopio de productos básicos o alteran los precios del mercado de forma escandalosa, no pocas veces en contubernio con el Estado que se dice «neutral» y velar por «todos». Véase la obra de Marx: «Manuscritos económicos y filosóficos» de 1844. 

La línea de defensa de neoliberales y anarco-liberales está centrada no en analizar los datos y exponer la verdad por el bien de la humanidad, sino en su pensamiento sofista de querer imponer, sin importar cual sea la realidad, su modelo económico capitalista a toda costa; uno donde las formas de propiedad privada abarcarían todos los campos posibles como solución mágica a todos los problemas. La razón de esto se puede buscar en el intelectualismo utópico pequeño burgués de algunos anarcoides, pero, la razón principal entre los neoliberales es que son parte –o representantes– de los propietarios de los medios de producción.

He aquí uno de los problemas: aunque hipotéticamente haya un aumento progresivo de los presupuestos y también de los gastos destinados en salud pública, puede que estos no necesariamente estén cubriendo debidamente las demandas de la población, como efectivamente ha sucedido, en especial gracias a la contratación de agentes privados por la sanidad pública. Tal afirmación es un silogismo barato. Pero es que, en el caso concreto de España, como veremos luego, cada vez se destina una partida presupuestaria menor a la sanidad pública. Y, como es evidente, no solo se trata de un incremento progresivo del presupuesto que no llega a cubrir el déficit adquisitivo de los centros hospitalarios, sino que no hay inversión suficiente como para que la salud pública pueda contratar el necesario personal médico sanitario, de mantenimiento y administrativo, así como adquirir lo más avanzado de la técnica médica, añadido a los necesarios insumos médicos que en estos tiempos se han visto limitados. En consecuencia, el nivel de la sanidad se va degradando poco a poco. ¿A quién beneficia tal degradación? Que el lector juzgue con lo que sigue a continuación. 

Debe entenderse, primero, que con el sistema público sanitario, el gobierno –conformado por la burguesía o representantes de la misma– ha gestionado históricamente un servicio nacional que satisface una demanda social básica que ha sido conquistada ya en la mayoría de Estados democrático-burgueses de todo el planeta. La razón principal de la creación y extensión de este sector se debe, por un lado, a las luchas obreras, pero, ante todo, a que la burguesía acabó dándose cuenta de que debía mantener la mano de obra en condiciones mínimamente decentes para su correcto funcionamiento. Con este sector estatal, la burguesía gestiona los medios de producción –lo que no elimina su competencia, ni el nepotismo, ni las concesiones y negocios con otras empresas privada para la provisión de los centros  de salud de todo tipo–, pero cuando estos centros se privatizan, los capitalistas concretos que adquieren su gestión se ven obligados a defender su parcela con mayor celo, ya que no es una gestión colectiva, sino privada en el sentido más estricto. Esto, a su vez, no significa que no necesite de contratos con el gobierno o sus empresas públicas para abastecerse u obtener transporte de pacientes y recursos, por ejemplo.

Con la ley aprobada el 10 de abril de 1997 en plena época del gobierno de José María Aznar, se permitió la entrada de la gestión privada en la sanidad. A partir de entonces la estrategia de todos los partidos en el poder ha sido durante los últimos años virar progresivamente hacia un modelo mixto con la privatización de la sanidad:

«Un informe que acaba de publicar el Ministerio de Sanidad constata el paralelismo entre los recortes y el negocio de la sanidad privada. Porque entre 2010 y 2014 el gasto público sanitario se redujo en 8.000 millones de euros al mismo tiempo que el privado creció en casi 4.000, o lo que es lo mismo: de cada dos euros recortados, uno fue a parar a la privada. «El recorte en la Sanidad Pública ha creado una desconfianza en los ciudadanos y se han ido a la privada», explica Rafael Bengoa [El exdirector de sistemas de salud de la OMS]. Una tesis que también refuerza el informe del propio Ministerio, porque el 80% de ese gasto privado, procede directamente de los hogares. Para la asociación en defensa de la Sanidad Pública, todo obedece a un plan político. El Ministerio de Sanidad argumenta que en ese gasto privado se incluyen también los copagos». (La sexta; Los recortes en la Sanidad Pública reforzaron al sector privado durante los años centrales de la crisis, 9 de julio de 2018)

Esto se ha compatibilizado con otros métodos como vemos en estos simples datos:

«1. Inversión
España destina un 5,9% de su PIB al gasto sanitario público y Catalunya, un 3,9%. La media europea es del 7,5%. Mientras tanto, aparecen nuevas necesidades de atención primaria y aumentan los cuidados a largo plazo por el envejecimiento.

2. Copago
La Comisión Europea señala que los pagos directos por medicamentos aumentaron en España entre el 2010 y el 2014. Disminuyeron un poco en el 2015 hasta alcanzar el 24% del gasto sanitario total en el 2017. El porcentaje está muy por encima de la media europea, situada en el 16%.

3. Temporalidad
La ratio de enfermeras está en 5,7 por cada mil habitantes: la media europea es del 8,5. Todos los sanitarios han acusado un aumento de los contratos temporales y parciales. Según CCOO, el 30% de todos los empleados tenía un contrato temporal en el 2017, frente al 27% en el 2012.
 
4. Gasto privado
El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (CESCR), en el 2018, señaló que entre el 2011 y el 2015 el gasto sanitario privado creció a una media de un 2,8% anual, mientras el gasto público cayó a una tasa de un -0,8% anual.
 
5. Universalidad
El Real Decreto Ley 16/2012 derogó el principio de universalidad en el sistema español dejando fuera a los inmigrantes sin papeles. Este decreto se derogó en el 2018, pero la normativa todavía no ha sido desarrollada. Sigue habiendo personas sin acceso a la sanidad pública». (El periódico; La sanidad pública de España, al límite tras años de recortes, 18 de marzo de 2020)

A todo esto también se suma que cada comunidad autónoma, actualmente, hace una gestión propia de sus recursos sanitarios; esto es que no hay convergencia de prioridades y objetivos, no existe un plan nacional de salud y, como se ha podido comprobar, no existía un protocolo de actuación pormenorizado en caso de emergencia, cuyos efectos han sido desastrosos en la actual pandemia: tan es así que incluso hay diferencia en la gestión de los datos estadísticos de «morbimortalidad» entre comunidades autónomas y entre estas y el gobierno central. Volviendo sobre el tema, existe una  descentralización y un modelo particular a cada cual peor en cada comunidad autónoma. Todos utilizan métodos muy similares que acaban en lo mismo. En regiones como Madrid, los madrileños han podido disfrutar de la bonanza del neoliberalismo del PP: despidos de personal, venta de instalaciones, privatizaciones bajo sistemas concertados, etcétera. En Cataluña, los nacionalistas de CIU y compañía nos mostraban el «camino alternativo» a la «rancia Madrid», pero los gobernantes catalanes parece que se parecen más de lo que quisieran a sus homólogos de la capital… allí la privatización se ha desarrollado de forma similar, amparándose sobre todo en la «externación de servicios», es decir, se dejó de contratar personal e invertir en infraestructura y técnica médica dentro de la sanidad pública, contratando, en su lugar, clínicas privadas que asumen estos servicios resultando en una catastrófica gestión en las residencias de ancianos y provocando muchas muertes evitables. 

«El último [informe de] Euro Health Consumer Index, publicado en febrero de 2019, coloca a España en el puesto 19. No del mundo, de Europa. De nuestro sistema de salud destaca: «Muy descentralizado regionalmente. El sistema de salud pública parece confiar un poquito demasiado en la sanidad privada para conseguir una excelencia real. Los indicadores de resultados en 2018 han mejorado, ahora están a la par con Islandia y Portugal. La encuesta de la Organización de pacientes de 2018 nuevamente dio una mala visión sobre la accesibilidad». Portugal, en el puesto 13 de este «ranking» es destacado por su mejoría con respecto a años anteriores y su eficiencia: «ofrecen más por el mismo precio», destacan. (...) Otro lugar común que se escucha estos días es que el colapso de las UCI o la saturación hospitalaria son consecuencia de los recortes efectuados durante la crisis económica que sacudió al país entre 2009 y 2015. Viendo el listado de la OCDE de inversión pública en Sanidad es evidente que, en términos relativos, ahora invertimos un porcentaje menor de nuestro PIB que antes de la recesión [véase el gráfico]. En 2009 se invirtió en la sanidad pública un 6,77% del PIB y en 2018 un 6,24% pero en esta década el producto interior bruto ha crecido, lo que arroja una mayor inversión per cápita ahora que antes: 1.617 euros por persona frente a los 1.576 euros de 2009. Por supuesto, no son lo mismo 1.617 euros ahora que hace diez años. Sea como fuere, seguimos muy lejos de la cabeza de la clasificación en este aspecto. Ahora y antes». (El Confidencial; Si España fuera la mejor sanidad del mundo no necesitaríamos héroes contra el Covid-19, 29 de marzo de 2020)

Los métodos de privatización son una forma poco sutil de intentar maquillar los resultados sobre ocupación de camas, listas de espera y otros tantos problemas que proliferan en la sanidad pública. La burguesía usa, en este caso, la privatización como usa la emigración y la inmigración –invitando a salir a los primeros y no dando de alta a los segundos– para poder así maquillar los altos niveles de desempleo. Y aun así hay datos que son imposibles de ocultar:

«Un total de 671.494 pacientes estaban esperando una intervención quirúrgica en la sanidad pública española a finales de junio y el 15,8% de ellos llevaban más de seis meses aguardando, según los datos del Sistema de Información sobre las Listas de Espera en el Sistema Nacional de la Salud (SNS) publicados este viernes por el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Es la cifra más elevada desde el 2003, primer año del que hay datos en la web del ministerio y Catalunya (con 168.108 pacientes), la comunidad con más personas pendientes de una operación. La sigue Andalucía con 137.721 y, a bastante más distancia, la Comunidad Valenciana (56.725), Madrid (52.579) y Castilla-La Mancha (36.772)». (El periódico; Las listas de espera para una operación baten récords históricos en España, 6 de diciembre de 2019)

Es cierto que en mitad de la pandemia se ha contratado una gran cantidad de personal sanitario a toda prisa –¡solo faltaría!–, algo que también se ha hecho en otros sectores –permitiéndose, por ejemplo, que los maestros sin el master de profesorado puedan ejercer–, todo con tal de cubrir la demanda. Debe saberse, empero, que esto es un producto temporal de la crisis sanitaria y que supone disponer de personal que, en muchas ocasiones, no está preparado. En el caso sanitario, la incorporación de más personal no ha aliviado suficientemente la demanda, y el sistema ha seguido registrando deficiencias por doquier. El periódico del PSOE confesaba:

«No hay médicos ni personal de enfermería suficientes. La segunda ola de covid-19 ha vuelto a poner en evidencia la falta de sanitarios en el Sistema Nacional de Salud (SNS). Un problema estructural que no se soluciona por completo en unos meses, pero para el que tampoco se han buscado suficientes alternativas: ni las contrataciones necesarias ni la reorganización de unas consultas en las que los profesionales –especialmente los de atención primaria– viven sepultados bajo una montaña de pacientes y burocracia. (...) La propia presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, lo reconocía este lunes: «España tiene un problema de falta de médicos y enfermeras». (...) Si se mide con la Unión Europea, se queda muy por debajo en médicos de primaria –76,5 frente a una media de 123,4 por 100.000 habitantes, según los últimos datos de Eurostat– y en enfermeras –520 por 100.000 habitantes frente a 840 en Europa–. Y eran estos los destinados a servir de dique de contención para que la segunda ola del coronavirus no fuera tan violenta como la primera. Pero se han visto completamente desbordados desde los primeros compases, cuando empezaron el verano mermados por las vacaciones que les correspondían. Ante las preguntas de los periodistas, Fernando Simón ha reconocido este lunes en algunos servicios hay «una queja crónica de falta de recursos o sobrecarga». (El País; Falta personal sanitario para frenar la segunda ola de la pandemia, 22 de septiembre de 2020)

En cuanto a salud mental se refiere, las cifras son aún más desastrosas. El total de plazas en hospitales públicos de Psicólogos Internos Residentes (PIR), es decir, el total de plazas para psicólogos públicos en hospitales, es de 189, ¡en todo el Estado! Ya antes de la pandemia en España se notificaba que:

«El Defensor del Pueblo insta al Gobierno y a las Comunidades Autónomas a estudiar de forma «urgente» qué hacer para incrementar el servicio de atención a la salud mental en España: la ratio de profesionales en la sanidad pública era en 2018 de 6 por cada 100.000 habitantes, tres veces menor que la media europea, de 18». (El diario.es; Un informe muestra las carencias de España en salud mental: hay tres veces menos psicólogos que la media de Europa, 30 de enero de 2020)

Entiéndase que consecuencias puede haber con esa ratio actualemente:

«Fórum Salud Mental ha alertado de que la pandemia del coronavirus puede provocar un aumento de los problemas de salud mental y las adicciones. Según diferentes estudios que ha analizado la organización, entre un 16,5 y un 28,8% de la población podrán sufrir respectivamente, síntomas depresivos y ansiedad de intensidad moderada-grave». (Forumsalutmental.org; Un 16,5% de la población podría sufrir síntomas de depresión debido al Covid-19, 29 abril de 2020)

Esta situación o bien obliga a la mayoría de la población a convivir con un estado mental cada vez más deteriorado el cual puede degenerar en alcoholismo y todo tipo de adicciones; o a pagar una consulta privada, gasto imposible para la mayoría de la población. 

Es cierto que en los últimos años España ha tenido un mayor gasto per cápita en salud. Desde 2012, con una inversión de 1.456€/per cápita, ha aumentado, y en 2018 se destinaron 1.617 €/per cápita, pero esta subida, es ínfima para cubrir lo necesario –y es el resultado de años de desmantelamiento que como luego veremos profundamente, se lleva realizando desde 2010 en la sanidad pública–. En cuanto al gasto destinado concretamente a lo público en salud, los datos destapan la mentira de que los gobiernos de PP/PSOE han protegido la sanidad pública: en 2009 la partida del gasto total en salud destinada al gasto público fue del 75,18%, cifra que se ha ido reduciendo hasta el 2018, con un 70,47%, un número que no sucedía desde hace décadas. Tendríamos que retrotraernos al año 1974 para ver un 71,97%, ni qué hablar de porcentajes como el 85,06% que fue destinado en 1983. 

Quizá el ejemplo más paradigmático de que una inversión mayor en el sistema sanitario no redunda en una mejora –cualitativa o cuantitativa de los servicios– lo podemos encontrar en Estados Unidos, cuya inversión en sanidad pública es altísima a priori:

«El gasto público en sanidad en Estados Unidos creció 260.128,2 millones en 2019, es decir un 4,69%, hasta 2.752.127,7 millones de euros, con lo que representó el 22,55% del gasto público total. En 2019, Estados Unidos se mantuvo en la misma posición en el ranking de países por importe invertido en sanidad, en el primer puesto de la lista, es decir es el país que más invierte en sanidad. En cuanto a su proporción respecto al PIB, ha mantenido su posición en el primer puesto de la lista, ya que es el país que más gasta en sanidad respecto a su PIB. –según datosmacro.com–. Esto es así, evidentemente, porque el sector está privatizado en su práctica totalidad». (Datosmacro.com; Gasto público Salud por países, 2020) 

Esto, visto así, sin más, puede dar a entender que la cobertura es más que suficiente, pero, realmente, gran parte de la inversión no redunda en la población:

«De una encuesta realizada por Gallup en diciembre de 2019 se desprende que el 25% de los estadounidenses reconocen que ellos o algún miembro de su familia han postergado una visita al médico por una enfermedad grave porque no pueden hacer frente al elevado coste de la visita, y el 33% ha postergado la visita por enfermedades menos graves. Un estudio llevado a cabo por la Sociedad del Cáncer de Estados en mayo de 2019 mostró que el 56% de los adultos del país afirman tener algún tipo de dificultad para pagar las facturas médicas. (...) Un estudio llevado a cabo en 2009 por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard evidencia que 45.000 estadounidenses mueren cada año como resultado directo de no tener un seguro de salud. En 2018, 27,8 millones de estadounidenses no tuvieron ningún tipo de seguro de salud durante todo el año. (...) A pesar de que millones de estadounidenses posponen tratamientos médicos debido a su elevado coste, Estados Unidos es el país desarrollado que más gasta en atención sanitaria, si bien esto no se traduce en buenos resultados y cada vez son menos las personas con cobertura médica. Según un estudio de 2017, Estados Unidos se sitúa en la posición número 24 de una clasificación mundial relativa a objetivos de salud pública marcados por las Naciones Unidas». (El diario: es; El sistema sanitario de EEUU mata: el 25% de la población no se puede permitir el tratamiento médico que necesita, 12 de enero de 2020)

Como es bien sabido, el sistema público estadounidense está altamente desequilibrado, siendo que muchos ciudadanos prefieren contratar los servicios de un taxi o similares para ser trasladados al hospital en caso de emergencia al no poder pagar la factura de una ambulancia, y con un seguro médico que depende del trabajo y que, en caso de ser desempleado, se pierde –hoy existen aproximadamente 27 millones de personas sin tal seguro médico–. Imagínese el lector como se podrá gestionar una pandemia en un país donde una operación de apéndice ronda los 25.000 euros, junto a un presidente que recomienda beber lejía para combatir el virus. 

En España ocurre algo parecido. Los datos generales enmascaran una realidad muy diferente de lo que dicen los defensores de sistemas privados:

«El gasto público en sanidad en España creció 3.203 millones en 2019, es decir un 1,22%, hasta 79.315,8 millones de euros, con lo que representó el 15,28% del gasto público total. Esta cifra supone que el gasto público en sanidad en 2019 alcanzó el 6,37% del PIB, una subida 0,04 puntos respecto a 2018, en el que fue el 6,33% del PIB. En 2019, España se mantuvo en la misma posición en el ranking de países por importe invertido en sanidad, en el puesto 10. En cuanto a su proporción respecto al PIB, ha mantenido su posición en el puesto 26». (Datosmacro.com; Gasto público Salud por países, 2020) 

Pero, respondiendo a la pregunta del millón, ¿qué han hecho las comunidades autónomas a nivel regional para complementar las vagas disposiciones del gobierno central?:

«La sanidad pública española lleva años funcionando al 100%. Desde el 2010, tanto los gobiernos de España como los de sus diferentes autonomías –la sanidad es una competencia transferida– aprobaron una serie de recortes sanitarios que debilitaron el sistema y que lo dejaron desnudo a la hora de afrontar, entre otras cosas, esta excepcional crisis sanitaria causada por la pandemia de coronavirus. Según el sindicato Metges de Catalunya (MC), Catalunya perdió, en los últimos años, unos 900 médicos de atención primaria –aunque a raíz de la huelga del 2018 se recuperaron en torno a 250– y mil camas de agudos». (El periódico; La sanidad pública de España, al límite tras años de recortes, 18 de marzo de 2020)

En 2010, Comunidad de Madrid disponía de 3.37 camas por cada 1.000 habitantes, mientras que en 2017 la tasa era de 3.14. Actualmente dispone de un 4,5% menos. En 2010, Cataluña disponía de 4.30 camas por cada 1.000 habitantes, mientras que en 2017 la tasa era de 4.16. Actualmente dispone de un 1,5% menos. En 2010, Cantabria disponía de 3.78 camas por cada 1.000 habitantes, mientras que en 2017 la tasa era de 3.45 Actualmente dispone de un 8,5% menos. Véase el artículo «Si España fuera la mejor sanidad del mundo no necesitaríamos héroes contra el Covid-19» del 29 de marzo de 2020.

He aquí algunos datos más que demuestran que sí ha habido recortes, pese a lo que digan los negacionistas:

«España destina un 5,9% de su PIB al gasto sanitario público y Catalunya, un 3,9%. La media europea es del 7,5%. Mientras tanto, aparecen nuevas necesidades de atención primaria y aumentan los cuidados a largo plazo por el envejecimiento. (...) La Comisión Europea señala que los pagos directos por medicamentos aumentaron en España entre el 2010 y el 2014. Disminuyeron un poco en el 2015 hasta alcanzar el 24% del gasto sanitario total en el 2017. El porcentaje está muy por encima de la media europea, situada en el 16%. (...) La ratio de enfermeras está en 5,7 por cada mil habitantes: la media europea es del 8,5. Todos los sanitarios han acusado un aumento de los contratos temporales y parciales. Según CCOO, el 30% de todos los empleados tenía un contrato temporal en el 2017, frente al 27% en el 2012. (...) El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (CESCR), en el 2018, señaló que entre el 2011 y el 2015 el gasto sanitario privado creció a una media de un 2,8% anual, mientras el gasto público cayó a una tasa de un -0,8% anual». (El periódico; La sanidad pública de España, al límite tras años de recortes, 18 de marzo de 2020)

Veamos algunos rasgos de estas medidas tomadas durante años:

«En su informe 'State of Health in the UE. España. Perfil sanitario nacional 2019', la Comisión Europea (CE) destaca que «una importante parte» de los profesionales sanitarios tienen «contratos temporales», lo que «aumenta la tasa de rotación del personal». La Comisión incide especialmente en que el porcentaje de enfermeras por ratio poblacional está «muy por debajo» de la media de la Unión Europea (UE): 5,7 por cada mil habitantes frente al 8,5 europeo. «Hay una inquietud creciente sobre la escasez de enfermeras y médicos, en particular de médicos de familia, ya que muchos se aproximan a la edad de jubilación», recoge el informe. En Catalunya faltan unas 17.000 enfermeras, según el Consejo General de Enfermería. (...) Esta situación la viven también otras comunidades autónomas. «En la Comunidad de Madrid se hicieron recortes y reformas sin ningún tipo de planificación. Se construyeron siete hospitales de concesión privada, pero en total disminuyó el número de camas –se cerraron en los públicos–», denuncia Miguel Ángel Sánchez Chillón, presidente del Ilustre Colegio de Médicos de Madrid (Icomem). «Hubo recortes en personal y en la renovación de material. Ahora se nos ven más las costuras». (El periódico; La sanidad pública de España, al límite tras años de recortes, 18 de marzo de 2020)

La excusa de la privatización sirvió además para que algunos, gobiernos autonómicos, como el de Madrid, gobernado por el PP en los años dorados de Esperanza Aguirre, se llenasen los bolsillos con esta trama de creación de hospitales concertados mediante el tráfico de influencias y comisiones:

«El PP madrileño logró desviar alrededor de tres millones de euros de la construcción de hospitales y centros de salud a su ‘caja B’ valiéndose de la cláusula del 1%, un mecanismo aprobado por los máximos responsables del partido en la etapa investigada por el 'caso Púnica' y en el que también se apoyaron otras siete consejerías de la Comunidad de Madrid para desviar fondos públicos. (...) En el caso concreto de Sanidad, la Consejería aprovechó para el desvío la puesta en marcha del llamado ‘Plan de Infraestructuras Sanitarias 2004-2007’ para la financiación de la construcción de nuevos hospitales y centros de salud, que «confirió la cobertura oportuna», dice el magistrado, para introducir en los pliegos de las licitaciones de los contratos la cláusula del 1%». (RTVE; Caso Púnica Así funcionaba la cláusula del 1%: tres millones de euros de la Sanidad madrileña desviados a las arcas del PP, 3 de septiembre de 2019)

Hablando de desfalcos y derroches tenemos como ejemplo la última gran maniobra de la actual Presidenta de la Comunidad de Madrid, Díaz Ayuso y su hospital:

«Los únicos profesionales contratados para la puesta en marcha del nuevo hospital de pandemias de Madrid serán los 1.350 obreros que trabajan día y noche para tenerlo listo a principios de noviembre. A partir de ahí, la Comunidad de Madrid no contratará a médicos, enfermeros ni celadores para operar en un centro de 80.000 metros cuadrados, más de 1.000 camas de hospitalización y 48 camas uci. Sino que conformará una plantilla de sanitarios a costa de diezmar las plantillas ya tensionadas de la red hospitalaria de Madrid». (La Vanguardia; Ayuso inaugurará el nuevo hospital de pandemias sin contratar personal sanitario, 27 de octubre de 2020) 

Ayuso se jactaba de «realizar la proeza» de construir un hospital en tres meses para tratar enfermos de coronavirus –al parecer la proeza le corresponde a ella y no a los 1.350 obreros– y resulta que será a costa de reducir personal del resto de hospitales, lo que significa que es como si no hubiera hecho nada, por que no resuelve ni la situación de la falta de personal sanitario ni la falta de camas para los pacientes. Por si la situación no se pareciera ya suficientemente a una broma, ahora ofrece el hospital como almacén para la futura vacuna que nadie sabe cuándo vendrá ni si será efectiva aún. El coste de todo este embrollo ha sido de nada más que 100 millones de euros de momento. Viendo el historial de su partido llevará un tiempo desembrollar el trafico de influencias y la corrupción involucradas en esta trama.

Aunque lo intenten ocultar los jefes del PSOE, su partido también ha sido partícipe de la política de recortes en sanidad pública:

«El Gobierno ha enviado una carta a once comunidades autónomas en la que pide un plan de ajuste y recortes en el gasto sanitario. Son aquellas que, argumenta el ejecutivo, han superado el límite de endeudamiento acordado en los presupuestos que aprobó en 2018 el Gobierno de Mariano Rajoy». (Cadena Ser; El Gobierno exige a 11 comunidades que apliquen recortes en el gasto sanitario, 31 de julio de 2019)

¿En cuánto se tradujo esa demanda?:

«Pedro Sánchez recorta el gasto sanitario en una décima del PIB y congela otras partidas como Educación o protección del medio ambiente. El PSOE prometió a Podemos elevar la partida hasta el 7% del PIB en 2023, pero ahora la recorta y la deja en sólo el 5,9%». (La Razón; Los «recortes» de Sánchez a la sanidad pública: 1.200 millones menos en 2020, 20 de octubre de 2019)

Algunos líderes han proclamado orgullosos durante años que España tiene el mejor sistema sanitario, o al menos, uno de los mejores, obviamente en las listas suelen utilizarse criterios bastante simplones:

«Ahora que los hospitales están saturados y un elevado porcentaje de los trabajadores sanitarios están contagiados de Covid-19 por tener que enfrentarse a cientos de casos cada día sin los equipamientos de protección individual adecuados, comenzamos a intuir que, quizá, la raíz del problema fue pensar que ese tipo de informes medían qué Sanidad es mejor como si fuese una clasificación mundial de tenistas. El estudio del Foro Económico Mundial, por ejemplo, medía la 
«esperanza de vida saludable», no la calidad de la asistencia sanitaria. Otro de los informes que suele echar troncos a la caldera de este mito es el de Bloomberg, que en su última edición nos situaba terceros del mundo tras Hong Kong y Singapur. Pero, de nuevo, lo que este informe mide es la eficiencia de los sistemas sanitarios, nada más. La nota final se basa en un 70% en la esperanza de vida, un 20% en el gasto relativo al PIB y un 10% el gasto absoluto en sanidad. Evidentemente, tenemos tendencia a exagerar aquellos informes que nos dejan en mejor lugar. El problema es que uno de los más completos, el que elabora anualmente el Commonwealth Fund con base en 80 indicadores Bloomberg usa solo tres solamente incluye 11 países entre los que no está España. Más allá de esto, si uno busca estudios que clasifiquen distintos sistemas sanitarios puede encontrarlos, pero midan lo que midan no sitúan a España en su podio». (El Confidencial; Si España fuera la mejor sanidad del mundo no necesitaríamos héroes contra el Covid-19, 29 de marzo de 2020)

Debe entenderse que una alta esperanza de vida puede ser debido a múltiples factores como el clima, la alimentación, geografía, comunicaciones, etc. La realidad es que el viejo mito de la «fortaleza de la sanidad pública española» ya no tiene más recorrido

Estamos seguros de que, pese a estos datos que algunos desconocen o no recuerdan, los más crédulos, utópicos, y demagogos nos asegurarán que gracias a esta crisis «el sistema ahora sí puede ser reformado», que esta crisis será «el momento perfecto para concienciar a los de arriba y a los de debajo de que se debe asentar una sanidad universal de calidad para que algo así no vuelva a suceder». Esta es una promesa muchas veces hecha que nunca se ha cumplido y que no va a cumplirse tampoco ahora. Es más, el principal actor de dicha promesa será la falsa «izquierda» del PSOE, aunque estamos seguros que su lacayo Podemos y otras organizaciones menores se esforzarán por vender el nuevo relato. Pero el grupo que los capitanea no solo ha sido autor de recortes en sanidad, sino que también:

«Es el culpable de la adhesión de España a la OTAN y a la Unión Europea, conocido además por las medidas de desindustrialización, terrorismo de Estado, y conocidos casos de corrupción en los 80 y 90. Para muestra un dato: las mayores huelgas del postfranquismo se han producido durante los gobiernos del PSOE en la era de Felipe González, el cual atacó la sanidad, las pensiones, la educación y los derechos laborales». (Equipo de Bitácora (M-L); Las elecciones, la amenaza del fascismo, y las posturas de los revisionistas, 2019)

Tener fe en que con el PSOE-Unidas Podemos se puede redimir de sus pecados capitalistas, es desconocer las leyes económicas que operan en el capitalismo, incluyendo las empresas estatales:

«¿Y es que acaso si los Estados Unidos de Obama nacionalizara-estatizara la mayoría de sus empresas dejaría de ser un país imperialista o seguiría siendo un país con un amplio sector estatal capitalista? ¿Dejaría de dominar la burguesía estadounidense o es el capitalismo de Estado una forma de dominación colectiva de la burguesía? ¿Acaso la socialdemocracia nórdica cuando creaba un sector estatal que ocupaba gran parte de su economía estaban creando socialismo o creaban capitalismo de Estado porque esas empresas se regían por métodos y leyes capitalistas? La respuesta para todo marxista en estas preguntas es siempre la segunda opción por supuesto. La burguesía históricamente dependiendo del momento ha usado las nacionalizaciones, la propiedad de tipo estatal y cooperativa pero ello no ha alterado el carácter capitalista de las relaciones de producción. Marx y Engels ya explicaron los ejemplos de varios países que nacionalizaban las empresas tabaqueras, de transporte y grandes sectores sobre todo en casos de guerra. O si leemos a Lenin veremos cómo hablaba de que los monopolios estatales agrandaban las ganancias de la burguesía, la corrupción y como también estaban interrelacionados con la creación y saneamiento de los monopolios privados». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 2016)

Esto es una evidencia, puesto que:

«Si el capitalismo pudiera adaptar la producción no a la obtención del máximo de beneficios, sino al mejoramiento sistemático de la situación material de las masas populares, si pudiera hacer que los beneficios no sirviesen para satisfacer los caprichos de las clases parasitarias, para perfeccionar los métodos de explotación y para exportar capitales, sino para elevar de manera sistemática la situación material de los obreros y campesinos, no habría crisis. Pero entonces el capitalismo dejaría de ser capitalismo. Para suprimir las crisis, hay que suprimir el capitalismo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin; Informe Político del Comité Central ante el XVIº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 29 de junio de 1930)

Aquellos que dicen que los periodos de crisis, sea la época que sea, pueden servir para purificar espiritualmente a los seres humanos y reformar la sociedad pacíficamente no podrían ser más ilusos. Según esta gente los ricos se volverían clementes y cabales ante los intereses generales de la población; la filantropía ocasional y con claras intenciones de marketing se convertiría ahora en una norma general del sistema, estupidez colosal donde las haya, si esto sucediera sencillamente los capitalistas dejarían de ser capitalistas.

Lenin dedicó un escrito demoledor hacia las ilusiones que profesaban los seguidores del «socialismo municipal» de los fabianos ingleses, unos utópicos de planes reformadores para escapar de los males del capitalismo:

«La utopía filistea y reaccionaria de la realización parcial del socialismo aparece con singular claridad como una causa perdida. Se traslada la atención a la esfera de las cuestiones menudas de la vida local, no al problema de la dominación de la burguesía como clase, no al problema de los instrumentos principales de esta dominación, sino al problema referente a cómo gastar las migajas arrojadas por la burguesía nea para «atender a las necesidades de la población». Se comprende que si se destacan estos problemas relacionados con el gasto de sumas insignificantes –en comparación con la masa total de plusvalía y con la suma total de gastos estatales de la burguesía– que la propia burguesía accede a entregar con destino a la sanidad pública –Engels señalaba en «El problema de la vivienda» que las epidemias contagiosas en las ciudades asustan a la propia burguesía–, con destino a la instrucción pública –¡la burguesía no puede prescindir de obreros instruidos, capaces de adaptarse al elevado nivel de la técnica!–, etc., en la esfera de problemas tan menudos es posible perorar acerca de la «paz social», de los efectos nocivos de la lucha de clases, etc. ¿De qué lucha de clases se puede hablar aquí, si la propia burguesía gasta dinero para «atender a las necesidades de la población», para sanidad y para instrucción pública? ¿Para qué hace falta la revolución social, si a través de la administración autónoma local se puede ampliar poco a poco y gradualmente la «propiedad colectiva», «socializar» la producción: los tranvías de caballos y los mataderos a que hace referencia tan a propósito el honorable Y. Larin? El oportunismo filisteo de esta «corriente» consiste en que se olvidan los estrechos límites del llamado «socialismo municipal» –de hecho, capitalismo municipal, como dicen con razón los socialdemócratas ingleses, al rebatir a los fabianos–. Se olvidan que, mientras la burguesía domine como clase, no puede permitir que se toque ni siquiera desde el punto de vista «municipal» las verdaderas bases de su dominación; que si la burguesía permite, tolera el «socialismo municipal», es justamente porque éste no toca las bases de su dominación, no lesiona las fuentes serias de su riqueza, abarca exclusivamente la estrecha esfera local de gastos que la propia burguesía entrega a la gestión del «pueblo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Programa agrario de la socialdemocracia en la primera revolución rusa de 1905-1907, 1907)

Esta es una crítica que hoy mantiene toda su vigencia. Es por ello que: 

«Mientras exista el modo de producción capitalista, será absurdo querer resolver aisladamente la cuestión de la vivienda o cualquier otra cuestión social que afecte la suerte del obrero. La solución reside únicamente en la abolición del modo de producción capitalista, en la apropiación por la clase obrera misma de todos los medios de subsistencia y de trabajo». (Friedrich Engels; Contribución al problema de la vivienda, 1873)

Poco más que decir entonces...

Los catastrofistas que creen que los desastres naturales «aceleran la revolución»

«Así, Varga, Zinoviev y Trotski, reconocieron solo las posibilidades más limitadas de revivir el capitalismo después de los trastornos de la Primera Guerra Mundial. Los tres identificaban como mucho una expansión temporal y parcial del nivel de la producción capitalista, pero uno logrado a expensas del proletariado. Los tres negaban la posibilidad de que el capitalismo pudiera avanzar hacia un alto nivel de productividad basado en innovaciones tecnológicas. Los adjetivos «decadente» y «moribundo» para el capitalismo –misma terminología que usaba Lenin sobre el imperialismo– inundó sus escritos y discursos, y transmitió la sensación de un colapso unilineal. Ellos mantuvieron, también, un punto de vista catastrófico». (Nicholas N. Kozlov y Eric D. Weitz; Reflexiones sobre los orígenes del «tercer período»: Bujarin, el Komintern y la economía política de la Alemania de Weimar, 1989)

Muchos charlatanes parlotean que esta crisis causada por el COVID-19 pondrá o podría poner fin al sistema capitalista, abriendo enormes posibilidades para una sociedad «alternativa». En cualquiera de sus versiones esto es una majadería. Deben aclararse algunas cuestiones para aquellos que son afines a estas tesis.

En el primer supuesto, existen individuos de razonamiento utópico –es decir, que ignoran las leyes sociales y son «comunistas de corazón» pero «anarquistas de cerebro– y otros imbuidos por corrientes afines a un primitivismo socio-económico –es decir, que consideran que deberíamos abandonar el capitalismo pero no para transitar a algo cualitativamente superior, sino más bien para retroceder a las sociedades del Neolítico–. Ambos grupos esbozan que, «gracias» a los desastres naturales que veremos agudizarse dentro de poco a razón del cambio climático –desbordamiento de ríos, subida del nivel del mar, deforestaciones, incendios masivos, inundaciones, seísmos, etc.– y/o fenómenos similares a la actual pandemia mundial –pero a una escala de gravedad mucho mayor que la que vivimos– harán colapsar tarde o temprano las infraestructuras básicas creadas por el ser humano y sus comunicaciones –puentes, carreteras, vehículos, internet, telefonía, etc.–. 

Pero este «afortunado» supuesto del que hablamos –feliz perspectiva, desde luego, para los misántropos y las cucarachas, no para nosotros–, la sociedad no caería por arte de magia en algo parecido al «comunismo» ni nada que, en la mente de estos idiotas, se le pueda parecer. Pensar que en esta situación cuasi-apocalíptica la gente abrazaría el comunismo es erróneo: la mayoría de la población antes, durante o después de tal catástrofe desconocería los fundamentos del mismo, siendo, por tanto, que sería incapaz de implantarlo. Esta simplificación sobre la revolucionarización de las masas solo cabe en la cabeza de un soñador demente. En todo caso a lo que se llegará es a ensayos asociativos y caritativos como los que vemos hoy en la sociedad capitalista. Más allá del grado de destrucción de las fuerzas productivas y el nivel de retroceso que pudiera haber, lo más probable es que el capitalismo, aunque sin estar tan «globalizado», continuara o, en el peor de los casos, se retrocediera a una sociedad mercantil primitiva –donde nos gustaría ver cómo se las arreglan los apologistas de la teoría catastrofista–. Entonces apegarse a esta perspectiva con el fin de «crear una sociedad mejor» es intentar matar una mosca a cañonazos.

Todo esto y no otra cosa sería la consecuencia lógica de este «anhelado desastre», ya que la sociedad que sufriese tales reveses vendría de una anterior sociedad capitalista y su mentalidad estaría mayoritariamente encajada en los mismos esquemas. De hecho, el instinto de supervivencia agudizaría el individualismo; ya no se trataría de un consumismo para satisfacer el ego, sino de uno para satisfacer el estómago. «¡Pero esa necesidad crearía la necesidad del comunismo!» dirán algunos. Esto es teorizar, pues, que para que haya una sociedad comunista necesitamos volver a la época de las cavernas o, peor aún, comparar el comunismo primitivo con el comunismo contemporáneo del marxismo que, por si no se habían dado cuenta, nada tienen que ver. ¡Pero qué se le puede pedir a estos zotes caricaturescos que en la actual sociedad capitalista creen que una empresa cooperativa es el summun del «anticapitalismo» [12], que confunden el «socialismo» del marxismo con el estatismo [13], o que consideran que lo natural o «progresista» es volver a la pequeña propiedad privada del campesino aislado [14]! 

Afirmar que la humanidad necesita de un desastre natural –o provocado– para cambiar de sistema donde paguen justos por pecadores es algo sospechosamente reminiscente de los propósitos de los ecofascistas:

«En último lugar, algunos ideólogos han teorizado que la «inexorable extinción del ser humano será lo único que pueda salvar la tierra», como mantiene Les U. Knigh, algo que sospechosamente recuerda al viejo existencialismo, ese pesimismo con unas reprochables posturas misantrópicas; es decir, pensamientos de puro odio hacia el ser humano que es incapaz de concebirlo como algo que no sea una bestia egoísta, destructora y sin redención posible, augurando casi una maldición sobre su raza. 

Aunque podríamos citar declaraciones de todo tipo de autores y corrientes que sacan este discurso a relucir en mitad de las epidemias y todo tipo de desastres naturales, solo vamos a citar un par de ideas monstruosas de Pentti Linkola, un conocido exponente del ecologismo, que lleva hasta sus últimas consecuencias estos postulados:

«Como siempre que la prisa se da de bruces con la carencia, no han tardado en surgir dentro del ecologismo una serie de grupos descontrolados que exigen el fin de la tibieza reformista y la inmediata aplicación de un duro programa de choque. Para los ecofascistas, la más peligrosa de estas facciones, el hombre debe pagar con su vida por los irreparables daños que ha causado al planeta. Entre las diversas medidas que propugnan para alcanzar su pavorosa utopía, destacan cosas como el repudio de los derechos humanos, el uso de la violencia para reprimir la natalidad y la creación de campos de trabajo para reeducar a los cabecillas de la barbarie industrial. (...) Linkola es también un modesto intelectual. La única de sus obras que ha recibido hasta la fecha cierta atención fuera de Finlandia ha sido una compilación de artículos periodísticos titulada ¿Podrá la vida vencer? Este volumen −en cuyo índice figuran capítulos como «Las autopistas: un crimen contra la humanidad», «La democracia, ¿un culto a la muerte?» o «La herejía de la no violencia»− constituye un alucinante viaje al interior de la locura. (...) Esta excéntrica variedad de ecologismo está tan lastrada por su misantropía y su sed de violencia, que en ella tiene también cabida el culto a la guerra. Cualquier carnicería o matanza debe ser celebrada por el verdadero ecofascista como una «prórroga que se le concede a la naturaleza». (El Confidencial; El ecologista que quiere ser como Hitler, 2015)

Pero, como promulga el marxismo, el ser humano jamás debe ser sometido a la ciencia y la técnica de forma pasiva, no debe dominar la naturaleza sin hacerse ninguna pregunta; sino que la voluntad humana debe dominar la técnica siendo consciente de que su uso no debe hacer mayor acopio que el de satisfacer sus necesidades, razón por la que es necesario un cambio de sistema político, económico y cultural». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO,  2017)

El segundo supuesto, el de la teoría «catastrofista» [15], piensa que «cuanto peor mejor», ve en la actual crisis el mejor impulso posible para una futura revolución. Esto es algo de lo que algunos maoístas y anarquistas se hacen eco estos días, pero que es absurdo del todo. Pensar seriamente que el caos sanitario va a propiciar una «agudización de las contradicciones de clase» y que, a su vez, esto llevará a una «revolución», es un planteamiento quijotesco. Ante todo, es ignorar los mecanismos del sistema para defenderse y salir airoso que ya explicamos más arriba. Véase el capítulo: «La creencia que en la etapa imperialista cualquier crisis es la tumba del capitalismo» de 2020.

Esto recuerda a los anarquistas, quienes desataban el terrorismo con fines excitativos. ¿Por qué? Pues, según los ácratas, porque esto agudizaría la represión sistémica que, a su vez, causaría un levantamiento popular o, en su defecto, porque el terror podría hacer colapsar el sistema por el caos de las bombas y la inseguridad, resultándoles así la toma de poder una empresa más asequible:

«Svoboda [los eseristas] hace propaganda del terror como medio para «excitar» al movimiento obrero e imprimirle un «fuerte impulso». ¡Es difícil imaginarse una argumentación que se refute a sí misma con mayor evidencia! Cabe preguntar si es que existen en la vida rusa tan pocos abusos, que aún falta inventar medios «excitantes» especiales. Y, por otra parte, si hay quien no se excita ni es excitable ni siquiera por la arbitrariedad rusa. (...) Además, unos [los anarquistas] se precipitan en busca de «excitantes» artificiales, otros [los reformistas] hablan de «reivindicaciones concretas». Ni los unos ni los otros prestan suficiente atención al desarrollo de su propia actividad en lo que atañe a la agitación política y a la organización de las denuncias políticas. Y ni ahora ni en ningún otro momento se puede sustituir esto por nada». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902)

Pero en caso de que la crisis actual propiciase unas condiciones más aptas para la agitación social, el factor subjetivo seguiría siendo casi nulo en la mayoría de los países, con lo que seguirían sin darse los factores necesarios para una revolución con mayúsculas. Dicho de otro modo: propagar que hay que celebrar, e incluso promover, el descontrol de una pandemia mundial cuando no existe ni siquiera un partido comunista serio para capitalizar dicha crisis es equivalente a desear el sufrimiento de los asalariados en vano en aras de la vaga esperanza de que la crisis ayudará mágicamente a los comunistas a resolver su falta de influencia. ¡Como si esto fuese a resolver los deberes que los comunistas llevan décadas sin hacer! Más iluso aún es imaginar que las masas se levantarán contra el gobierno y, una vez lograda la proeza de derrocar el sistema imperante –espontáneamente, claro está–, construirán el socialismo sin un partido de vanguardia. Algo surrealista, voluntarista y sin sustento histórico. Se nota que estos tipos, más que inspirados por Marx, están inspirados por el anarquismo más nauseabundo e infantil:

«Un revolucionario desprecia cualquier teoría: renuncia a la ciencia actual y la deja para las generaciones futuras. Solo conoce una ciencia: la de la destrucción». (Mijail Bakunin &; Sergei Nechayev; Catecismo revolucionario, 1866)

El proletariado, hasta que no pueda tomar el poder y edificar su propio sistema, debe defenderse dentro del capitalismo con toda la agresividad posible; debe exigir y presionar para obtener todas las prebendas que pueda sobre materia de vivienda, sanidad, educación, salarios, etcétera que mejoren su situación y que permitan su organización, pero jamás podrá hacerlo de forma efectiva sin el partido comunista –aunque, recordemos, el objetivo del partido no son las reformas; centrarse unívocamente en ellas es muestra de una desviación economicista sin perspectivas revolucionarias y un síntoma de su caída en el posibilismo y el reformismo–.  

A su vez, los comunistas tienen asignada otra tarea, la de desnudar ante las masas trabajadoras que las crisis no son casuales y que la incapacidad de los diversos gobiernos y sus séquitos para resolverlas tampoco. Es decir, hay que explicar con paciencia y de forma sencilla las causas de este tipo de crisis, pero sin caer en el fatalismo y el derrotismo, sino tratando de abrir la perspectiva de que el socialismo en su concepción marxista-leninista, no solo es un modelo alternativo real, sino que es la única conclusión lógica. 

Retomando la idea anterior, aquella que dice que «gracias a X desastre natural el sistema económico capitalista volará por los aires», los intelectuales que se dedican a propagarla desconocen todo concepto de economía política. No parecen entender todavía que la burguesía tiene en su mano la capacidad para hacer todo lo posible para que ese «hundimiento global de la economía capitalista» no suceda si los trabajadores siguen en la inopia. 

Reflexiones finales sobre lo que es el COVID en términos sanitarios

Concluimos con unas reflexiones centradas en lo sanitarios estrictamente.

«1.- No, el nuevo coronavirus no es el primer coronavirus capaz de infectar a los seres humanos.

El nuevo coronavirus –cuyo nombre científico es SARS-CoV-2– es el séptimo de esta familia que puede infectar a los seres humanos. Los otros seis conocidos son el SARS CoV-1, el MERS, el HKU1, el NL63, el OC43 y el 229E.

2.- No, el nuevo virus no es el primero que causa una enfermedad respiratoria grave.

Dos coronavirus anteriormente conocidos: el SARS CoV-1 y el MERS causan enfermedades respiratorias graves.

Fallecen el 10% de las personas infectados por el SARS Cov-1, mientras que el MERS causa la muerte del 30% de los pacientes.

3.- Que los murciélagos sean el origen del virus no es ninguna sorpresa. Desde hace años sabemos que los murciélagos son una inmensa fuente de coronavirus.

En el año 2017, un grupo de científicos chinos tomó muestras de 1.000 murciélagos en varias cuevas del país. Descubrieron 73 nuevos coronavirus hasta entonces desconocidos». (...) Aunque se cree que el actual coronaviris saltó de modo natural al pangolín y de este a los humanos.

4.- No, el nuevo coronavirus no tiene origen en una «manipulación genética» de laboratorio.

Un detallado análisis realizado por el virólogo Kristian G. Andersen, desmonta otro de los bulos que circulan: el que afirma que el virus fue creado intencionalmente en un laboratorio.

Utilizando la secuencia genética, Andersen encuentra características del virus incompatible con el cultivo celular. En particular, la composición de la proteína de la punta y el dominio de enganche del receptor». (El Público; Hechos contra teorías de la conspiración sobre el origen del coronavirus, 19 de febrero de 2020)

La mortalidad de COVID-19 no es muy diferente al de la gripe común, pero el problema real, y por lo que hay que extremar medidas, es que si se produce una gran masa de infectados de manera simultánea, pongamos hipotéticamente el número de 100 millones de personas, la tasa de mortalidad causaría unos 5,8 millones de muertes –en la actualidad se han infectado 167.447 alrededor del mundo y tiene una tasa de mortalidad de 5,8%–. En dicho caso, los sistemas de salud no serían capaces de atender a los casos que lo requieran y colapsarían sin remedio, esto traería un incremento de la mortalidad tanto por la enfermedad en sí como por otras causas que no podrían ser resueltas dado el del colapso, como ya ha pasado en países como Italia, con escenas dramáticas donde los protocolos médicos decretaron el descarte de pacientes con cáncer, inmunodeficientes, con problemas respiratorios, cardiovasculares y demás otras patologías. 

Esto haría que las sociedades envejecidas tuvieran una situación realmente dramática, en especial países como España que cuenta con una elevada proporción de población de la tercera edad. El problema no es que la gente muera en Italia porque «es un país» de viejos como decía Bolsonaro con desdén, sino la capacidad sanitaria de atender a viejos y jóvenes.

A pesar de cualquier protocolo puesto en marcha, por muy restrictivo que nos parezca, pueden producir y derivar en errores que lleven al desastre: Italia es gran ejemplo de ello, allí se produjo un error de diagnóstico; específicamente sucedió que el fallo en el protocolo de manejo del paciente sospechoso de padecer COVID-19 llevó a que el paciente cero de la actual crisis sanitaria del país no fuera identificado a causa de su origen geográfico, en ese momento se creía que el COVID-19 solo lo podían padecer foráneos,  por lo que este sujeto sería enviado a casa con un diagnóstico de enfermedad respiratoria común, el paciente socializó y generó la situación que conocemos. Esto nos deja un ejemplo muy claro: a pesar de que se tenga un protocolo de acción bien definido, este puede fallar, de ahí que sea esencial tomar las necesarias precauciones. Aprovechamos para recomendar a los lectores que sigan las indicaciones, eviten el contacto social innecesario, extremen las medidas de higiene, sin caer en la histeria, que jamás ayuda en momentos así. Un punto esencial en la evolución de la enfermedad es la «carga viral», algo que se empezó a estudiar hace años con el auge de los casos de VIH. La llamada «carga viral» no es más que la concentración del virus en una muestra sanguínea, a mayor carga viral peor respuesta inmunológica, y mayor probabilidad de presentar formas graves de la enfermedad, de ahí la importancia de aislarse para evitar reinfecciones; que quede claro que la carga viral es importante en el desarrollo de la enfermedad, pero esa evolución también va a depender de otros factores como es el caso del sistema inmunológico del sujeto infectado –hay sistemas inmunológicos altamente eficientes que combaten absolutamente a todo extraño que ingrese al organismo y otros sistemas inmunológicos que son más blandos a la hora de defender al organismo, normalmente estos son los pacientes que desarrollan la enfermedad–, también del estado nutricional, así como de la edad». (Equipo de Bitácora (M-L)Algunas consideraciones sobre el COVID-19 [Coronavirus], 2020)

Notas:

[1] Los comentarios de Noam Chomsky puede ser encontrados en castellano en el artículo del trotskista Heiko Khoo: «Noam Chomsky y el marxismo» de 2004.

[2] Las simpatías de Abad de Santillán con la Falange-JONS de Primo de Rivera y las conexiones entre anarquistas y fascistas pueden ser vistas en las anotaciones del post: Algunas cuestiones relativas a la crítica del anarquismo.

[3] Véase el Manifiesto firmado por Vox Humanes, que posteriormente fue eliminado tras recibir varias críticas en redes sociales, pero la imagen de la publicación ya había capturada por los lectores:

«La iniciativa We the people: your voice in the White House, que estaría circulando para que se recojan firmas ante la Casa Blanca, se ampara en que España está siendo dirigida ilegalmente por un gobierno que proviene del fraude electoral. Es por ello que desde este movimiento se solicita al «legítimo gobierno» de Estados Unidos, el presidido por Donald Trump, que ponga en funcionamiento al ejército estadounidense para deponer tanto al presidente español como a sus aliados, a nivel local e internacional. (...) Entre el resto de propuestas que plantea la iniciativa destaca la petición de que el gobierno estadounidense asumiera temporalmente el liderazgo del Ejército español y de los cuerpos policiales del país para mantener la paz en el proceso de transición hacia un gobierno «que honre la voluntad del Pueblo Soberano de España promulgando una democracia directa, segura y participativa a través de la tecnología blockchain, que otorgue el derecho de destituir de inmediato a cualquier representante». (Spanish revolution; Vox comparte una petición para que Estados Unidos dé un golpe de estado en España11 de diciembre de 2020)

[4] Véase la obra: «El viejo chovinismo: la Escuela de Gustavo Bueno» de 2020.

[5] Para ver la información sobre el PCOE pinche [aquí].

[6] Sobre el terrorismo yihadista y las teorías de la conspiración. Véase la obra:« Aclaraciones pertinentes sobre el atentado terrorista en Barcelona [Recopilación documental]» de 2017.

[7] El empresario Amanacio Ortega ha donado 300.000 mascarillas a la sanidad pública, dicha empresa ha sido de los primeros en decretar un Erte a 45.000 trabajadores aunque dice garantizar su sueldo durante la suspensión. Fuera de España cuenta con 145.000 trabajadores, lo que ya da a entender que como para cualquier burgués: su prioridad no es el desarrollo de su patria sino el de su bolsillo. Existe toda una legión de periodistas afines a él como Juan Manuel López-Zafra, que afirman que es mentira que desarrolle actividades de explotación infantil. Lo cierto es que Zara, otra de de las empresas de Ortega, tuvo que pagar una multa precisamente por esa causa. La Agencia EFE reportaba que:

«La multinacional española Zara deberá pagar 5 millones de reales 1,5 millones de dólares en Brasil en el marco de un nuevo acuerdo firmado con la Fiscalía por un caso de trabajo esclavo registrado en 2011, informó hoy el Ministerio Público del Trabajo (MPT) de Sao Paulo». (El periódico; Zara deberá pagar 1,5 millones dólares en Brasil por caso de trabajo esclavo, 13 de mayo de 2017)

Parte de la fortuna de este gran «patriota», se ha cosechado evadiendo impuestos al Estado a través de diversas fórmulas:

«Amancio Ortega, dueño y fundador de la empresa textil Inditex es, con un patrimonio estimado de más de 61.000 millones de euros, el segundo hombre más rico del mundo según el ranking de la lista Forbes. La multinacional que controla su buque insignia, Zara, declaró en 2015 un beneficio neto de 2.880 millones de euros, pero no es oro todo lo que reluce. De hecho, y según un estudio presentado este jueves, sólo entre 2011 y 2014 Inditex se sirvió de «agresivas técnicas de ingeniería fiscal» para evitar pagar 585,72 millones de euros en impuestos. Y esta cantidad sólo supone una estimación de la elusión fiscal-legal, a diferencia de la evasión fiscal- practicada por el gigante textil sirviéndose de su red de empresas en Holanda, Irlanda y Suiza, aunque el estudio en cuestión advierte de que la cifra exacta podría ser mucho más elevada. (...) Estos son sólo algunos de los datos del informe presentado este jueves en el Europarlamento por varios eurodiputados del grupo de Los Verdes/ Alianza Libre Europea en rueda de prensa. A lo largo de una treintena de páginas, el estudio Tax Shopping: explorando el negocio de elusión fiscal de Zara, que firma el economista Marc Tataret -Universidad de Barcelona (UB)-, documenta algunas de las «técnicas clásicas» empleadas por la empresa matriz para eludir impuestos». (El Público; Inditex esquivó 600 millones en impuestos gracias a la ingeniería fiscal, 7 de diciembre de 2016)

Casualmente, los economistas que niegan estas triquiñuelas de la economía sumergida, son los mismos que luego se echan las manos a la cabeza con la aparición de los «Papeles de Panamá».

[8] He aquí un ejemplo del servilismo hacia el revisionismo del imperialismo chino por parte del PCE:

«José Luis Centella: Se ha demostrado la prioridad del sector público, una planificación de la economía bajo diversas formas. (…) Se ha demostrado que la propiedad privada y la economía de mercado se ponen siempre al servicio del control estratégico del poder público, del gobierno. (…) De manera que la redistribución de la riqueza se plantea desde una sinergia entre el sistema socialista y una economía de mercado socialista que permite liberar las fuerzas productivas». (Partido Comunista de España; Acto «China en el nuevo escenario mundial», 19 de octubre de 2020)

Y también, cómo no, del PCPE:


«Todos estos hechos ponen manifiesto la superioridad de una sociedad con la economía planificada como la China que, finalmente y tras una batalla ejemplar en la que las personas fueron el centro de toda su gestión, no solo ha sido capaz de vencer la pandemia, sino que está en condiciones de ofrecer, junto a Cuba y sus brigadas médicas, su solidaridad internacionalista al mundo. HOY VENCER AL COVID-19. MAÑANA DERROTAR AL CAPITALISMO». (Partido Comunista de todos los Pueblos de España; 200.000 millones, no es un escudo, es un plan de rescate empresarial con un limitado anexo social, 2020)

Este es un ejemplo de los muchos que existen. Para refutar estas afirmaciones recomendamos los siguientes documentos.

Sobre China lo siguiente consúltese lo siguiente:

Véase el capítulo: «China como un «país pacífico que no se mete en asuntos externos» de 2018.

Véase el capítulo: «La política socialimperialista de los gobernantes chinos no es casual, es un reflejo de su política opresiva y explotadora en el interior» de 2018.

[9]  Sobre Cuba consúltese lo siguiente:

Véase el capítulo: «Sobre el supuesto intachable e innegable internacionalismo de Cuba de 2017.

Véase la obra: «Reflexiones sobre el VIIº Congreso del Partido «Comunista» de Cuba y su línea económica» de 2016.

[10] Sobre los logros sociales como sinónimo de «socialismo» marxista. El señor Gouysse antes de vender su pluma a Pekín, nos decía:

«Nos parece esencia aquí empezar con una digresión sobre los términos tan distorsionados como son las palabras «izquierda» y «socialismo». Para todo socialdemócrata como para todo revisionista y para todo pequeño burgués, estas palabras definen no una sociedad donde es abolida la esclavitud asalariada, sino una sociedad donde el bienestar material es asegurado a todos o casi todos y donde es garantizado una cierta seguridad sobre el plan social y de empleo. Para un no marxista se representa el socialismo como un simple asunto de redistribución de las riquezas o se manifiesta por la baja pobreza o de desigualdades, el socialismo es para él un índice de progresismos. Lo mismo que un pequeño burgués contempla los «logros sociales» solo en el estrecho marco nacional de su país, haciendo caso omiso del lugar que ocupan las relaciones de producción. Para todos aquellos que se horrorizaron por el análisis de las relaciones de producción, para aquellos que están tentados de continuar clamando que «a pesar de todo» es decir a pesar de la existencia de una burguesía monopolista de Estado, los países revisionistas permanecieron como países «socialistas», «más igualitarios», tomemos en serio sus enfoques por un momento. Si tomamos como indicador de socialismo el criterio de distribución menos desigual de la riqueza, solo tenemos que comparar a los países bajo el coeficiente de Gini. El coeficiente de Gini indica en qué medida se da la distribución del ingreso de los hogares y como se apartan de una igualdad perfecta. Varía de 0 a 100, presentando 0 la igualdad perfecta y 100 la desigualdad máxima. (...) En 2005 el indicie de Gini daba un 67 a la media mundial. Países como Suecia, Noruega, Finlandia y Dinamarca poseen actualmente las disparidades más reducidas de renta, materializándose en un coeficiente superior a 20 pero inferior a 30 en tal índice». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Sobre los criterios para evaluar las relaciones de producción de un régimen:

«Entre los revisionistas el criterio del socialismo es en los índices tales como: 

1° La base –absoluta o relativa– del número de pobres, sin tener en cuenta ni la existencia de una clase social burguesa, ni la posición internacional del país. 

2° El aumento de la producción en las diferentes ramas de la economía. 

3° La existencia de subvenciones sociales en la educación, sanidad, etc. 

Pero estos índices revelan una concepción idealista y agnóstica del socialismo, ya que no toca directamente los análisis de clase en lo nacional e internacional, ni se recurre a un análisis sobre las relaciones de producción. Estos índices, tomados aisladamente también pueden ser parte de las relaciones de producción burguesas. Entre los revisionistas, sólo describen de manera muy parcelaria y superficial –en el mejor de los casos– una realidad económica y social, mientras que los índices objetivos, ellos, permiten apreciar la realidad económica y social a partir de sus fundamentos objetivos y en su carácter global. Los índices en los que se fijan los revisionistas se focalizan en las apariencias o en los detalles, olvidando lo esencial y reproduciendo las estadísticas burguesas en su forma bruta y sin la menor crítica. ¡La piedra de toque entre la compresión del materialismo dialéctico no está constituida por estos índices ni siquiera en el reconocimiento de la existencia de la lucha de clases, sino por su base material económica!

Esto demuestra su agnosticismo y su idealismo cuanto tratan la cuestión de la construcción del socialismo. Estos diseños conducen a la negación de las leyes universales del marxismo-leninismo y a la sustitución por unos puntos de vista antimaterialistas que durante medio siglo de dominación revisionista internacional, promovieron y reforzaron desde los revisionistas en los ex países socialistas, los revolucionarios democrático-burgueses y hasta los nacionalistas burgueses que procuraron vestirse de ropajes socialistas y marxistas:

«La negación de estas leyes conduce al revisionismo. Especulando con los cambios que se operan en el mundo y con las condiciones nacionales específicas, los revisionistas han sustituido las verdades universales del marxismo-leninismo por sus tesis y conclusiones antimarxistas y contrarrevolucionarias». (Enver Hoxha; Informe en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1971)

Es pues con una gran perspicacia es que marxistas-leninistas albaneses observaban el hecho de que:

«El agnosticismo devino en una de las formas fundamentales de las diversas corrientes y subcorrientes de la filosofía burguesa contemporánea. Su fin es crear duda sobre la posibilidad de conocer las leyes de la naturaleza y de la sociedad, de utilizarlas en la práctica con vistas a transformar el mundo». (Kristaq Angjeli y Artan Fuga; La filosofía idealista contemporánea, arma ideológica en manos de la reacción imperialista, 1986)

Los índices objetivos –es decir, basados en la concepción materialista– de una sociedad y una economía socialista son: 

1° La ausencia de clases explotadoras y el poder de dictadura del proletariado que asegura la centralización de la economía alrededor de un plan de desarrollo a largo plazo así como una norma de acumulación elevada. 

2 ° Un comercio exterior del que la estructura excluye la inclusión a la división internacional del trabajo, bajo pena de dar rienda suelta a las leyes de la producción de mercancías sobre el mercado interior 

3 ° El crecimiento prioritario de la industria de producción de los medios de producción con vistas a la reproducción ampliada más rápida del producto social. 

4 ° La parte preponderante de los trabajadores del sector productivo con relación al total de los trabajadores así como la ausencia de paro estructural. 

5 ° La reproducción ampliada de la mano de obra, la participación creciente de las mujeres a la producción, ilustrando el grado de emancipación económica, política y social de los trabajadores.

Esta lista obviamente no es exhaustiva, pero marca de forma indiscutible una diferencia entre los índices propuestos por los revisionistas para evaluar una sociedad y economía socialista». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

[11] Si por algo se han caracterizado Podemos una vez llegados a ciertos «ayuntamientos del cambio», ha sido por desarrollar un alto número de séquitos, en un alarde de cinismo que iguala el ejercicio de nepotismo de la vieja casta:

«Los peores vicios de la «casta» a la que decían aborrecer han sido adoptados y superados por los populistas. El nombramiento de asesores de Podemos asciende a 144 personas, muchas de ellas amigos y militantes de su partido a los que han dotado de un sueldo público. Entre ellos, destacan numerosos familiares o amigos de los dirigentes populistas en instituciones municipales, como la madrileña. Cómo olvidar a la exnovia del concejal Guillermo Zapata, al hermano de Alberto Garzón, al padre de Rita Maestre; o, en Barcelona, a la pareja de la alcaldesa Ada Colau. La vicepresidenta valenciana, Mónica Oltra, del partido hermano de Iglesias, Compromís, ha justificado el crecimiento exponencial de sus contratados a dedo porque «no importa cuántos asesores hay sino a qué se dedican». (Mayte Alcaraz; Las diez mentiras de Podemos, 18 de diciembre de 2016)

Sumado al no cumplimiento de sus promesas, ha derivado en un hundimiento de la formación:

«A esto debe sumarse los fiascos en los «ayuntamientos del cambio» en temas menores y mayores. Véase en Madrid no cumpliéndose las promesas sobre construcción de viviendas, no se han acabado los desahucios ni se ha creado empleo de calidad con Carmena, el no poder parar la delincuencia, la irrupción de los narcopisos o el turismo de mala calidad en Barcelona con Colau, etc., todo ello ha causado una honda desilusión entre sus votantes, los cuales estaban más espoleados por la espontaneidad y el voluntarismo que de una relación programática con dichas figuras y partidos». (Equipo de Bitácora (M-L); Las elecciones, la amenaza del fascismo, y las posturas de los revisionistas, 2019)

[12] 
«La cuestión no tiene nada que ver con Schulze-Delitzsch o con Lassalle. Ambos propagaron pequeñas cooperativas, tanto el uno como el otro sin la ayuda estatal; sin embargo, en ambos casos, no estaban destinadas las cooperativas a estar bajo la propiedad de los medios ya existentes de producción, sino crear junto con la producción capitalista existente una nueva cooperativa. Mi sugerencia requiere el ingreso de las cooperativas en la producción existente. Se les debe dar la tierra que de otro modo sería aprovechado por medios capitalistas: como lo exigido por la Comuna de París, los trabajadores deben operar las fábricas cerradas por los propietarios de la fábrica sobre una base cooperativa. Esa es la gran diferencia. Marx y yo no dudábamos de que en la transición a la economía comunista completa tendríamos que usar el sistema cooperativo como una etapa intermedia a gran escala. Debe ser tan organizada en la sociedad, que en un principio el Estado conserve la propiedad de los medios de producción para que los intereses privados frente a frente a los de la cooperativa en su conjunto no puedan deformar a esta última». (Friedrich Engels; Carta a August Bebel, Berlín 20 de enero de 1886)

[13] «Si la nacionalización de la industria del tabaco fuese socialismo, habría que incluir entre los fundadores del socialismo a Napoleón y a Metternich. Cuando el Estado belga, por razones políticas y financieras perfectamente vulgares, decidió construir por su cuenta las principales líneas férreas del país, o cuando Bismarck, sin que ninguna necesidad económica le impulsase a ello, nacionalizó las líneas más importantes de la red ferroviaria de Prusia, pura y simplemente para así poder manejarlas y aprovecharlas mejor en caso de guerra, para convertir al personal de ferrocarriles en ganado electoral sumiso al gobierno y, sobre todo, para procurarse una nueva fuente de ingresos sustraída a la fiscalización del Parlamento, todas estas medidas no tenían, ni directa ni indirectamente, ni consciente ni inconscientemente nada de socialistas. De otro modo, habría que clasificar también entre las instituciones socialistas a la Real Compañía de Comercio Marítimo, la Real Manufactura de Porcelanas, y hasta los sastres de compañía del ejército, sin olvidar la nacionalización de los prostíbulos propuesta muy en serio, allá por el año treinta y tantos, bajo Federico Guillermo III, por un hombre muy listo». (Friedrich Engels; Del socialismo utópico al socialismo científico, 1892)

[14] 
«La propiedad privada del trabajador sobre sus medios de producción es la base de la pequeña producción y ésta es una condición necesaria para el desarrollo de la producción social y de la libre individualidad del propio trabajador. Cierto es que este modo de producción existe también bajo la esclavitud, bajo la servidumbre de la gleba y en otras relaciones de dependencia. Pero sólo florece, sólo despliega todas sus energías, sólo conquista la forma clásica adecuada allí donde el trabajador es propietario privado y libre de las condiciones de trabajo manejadas por él mismo, el campesino dueño de la tierra que trabaja, el artesano dueño del instrumento que maneja como virtuoso. Este modo de producción supone el fraccionamiento de la tierra y de los demás medios de producción. Excluye la concentración de éstos y excluye también la cooperación, la división del trabajo dentro de los mismos procesos de producción, el dominio y la regulación social de la naturaleza, el libre desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad. Sólo es compatible con unos límites estrechos y primitivos de la producción y de la sociedad. Querer eternizarlo, equivaldría, como acertadamente dice Pecqueur, a «decretar la mediocridad general». Pero, al llegar a un cierto grado de progreso, él mismo crea los medios materiales para su destrucción. A partir de este momento, en el seno de la sociedad se agitan fuerzas y pasiones que se sienten aherrojadas por él. Hácese necesario destruirlo, y es destruido. Su destrucción, la transformación de los medios de producción individuales y desperdigados en medios socialmente concentrados de producción, y por tanto de la propiedad minúscula de muchos en propiedad gigantesca de unos pocos; la expropiación de la gran masa del pueblo, privándola de la tierra y de los medios de vida e instrumentos de trabajo, esta horrible y penosa expropiación de la masa del pueblo forma la prehistoria del capital. (...) El monopolio del capital se convierte en traba del modo de producción que ha florecido junto con él y bajo su amparo. La centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo llegan a tal punto que se hacen incompatibles con su envoltura capitalista. Esta se rompe. Le llega la hora a la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados. El modo capitalista de apropiación que brota del modo capitalista de producción, y, por tanto, la propiedad privada capitalista, es la primera negación de la propiedad privada individual basada en el trabajo propio. Pero la producción capitalista engendra, con la fuerza inexorable de un proceso de la naturaleza, su propia negación. Es la negación de la negación. Esta no restaura la propiedad privada, sino la propiedad individual, basada en los progresos de la era capitalista: en la cooperación y en la posesión colectiva de la tierra y de los medios de producción creados por el propio trabajo». (Karl Marx; El capital, 1867) 

[15] En los años 30 entre los círculos del Partido Comunista de Alemania (PCA) se abanderó la idea de que cuanto más paupérrima fuese la situación de las masas trabajadoras, más fácil sería para ellas darse cuenta de los males del capitalismo, por lo que teorizaba que más pronto que tarde virarían hacia el partido anticapitalista, los comunistas, para solucionar sus problemas. En su mentalidad, la llegada de los nazis solo podía acelerar la revolución comunista, de ahí el eslogan: «Después de Hitler, nuestro turno». Véase el capítulo: «Quien adopta el mito de Thälmann acepta el destino al que conducen sus errores» de 2017.

Esto fue motivo de preocupación en la Internacional Comunista (IC):

«Dentro del partido, hemos detectado fenómenos malsanos que comenzaron a aumentar a través de tendencias abiertamente correctas, distorsionando de forma oportunista las tácticas de frente único y compadeciéndose ante los socialdemócratas, así como tendencias sectarias expresadas durante las elecciones en discursos de comunistas en la prensa durante la segunda vuelta, donde pedían votar por la candidatura de Hitler porque el ascenso de Hitler al poder agudizaría la situación política del país y conduciría a la aceleración del resultado revolucionario». (Carta de Pyatnitsky a Stalin con un resumen informativo adjunto sobre la actividad del Partido Comunista de Alemania, 10 de mayo de 1932) 

En la práctica la llegada del fascismo en 1933 restringió aún más la libertad para los comunistas, por lo que lejos de poder cumplir con su papel de educación y dirección de las masas, prácticamente desaparecieron del mapa. Tiempo después cuando las masas empezaron a dar muestras de cierta resistencia durante el régimen nazi, el partido comunista estaba bajo mínimos y no tenía un ambiente político en el cual poder desempeñar su rol sin exponerse a dificultades extremas. Varias de estas tesis fueron criticadas por la IC, aunque en honor a la verdad ella también fue partícipe de otros errores similares en cuanto a la subestimación del fascismo, tema que ahondaremos próximamente en futuros documentos. Se vuelve cómico pues, que algunos hoy traten de 
reivindicar la teoría y de Thälmann como modelo antifascista a seguir. El revisionismo vive del mito, pero el marxista trata de que separar la paja del grano.

7 comentarios:

  1. "Me parece que la miseria cotidiana del capitalismo contemporáneo es suficientemente ilustrativa como para que no precisemos explicaciones especiales. Más allá de ello, creo que muchas tesis conspiratorias atribuyen al sistema que padecemos unas capacidades mayores de las reales, olvidan sus numerosas disfunciones y bien pueden tener, al amparo de llamativas paradojas, un efecto desmovilizador de las resistencias." Carlos Taibo

    ResponderEliminar
  2. Así que no publicáis mis comentarios pero sí corregís vuestros flagrantes errores? Que poca vergüenza.

    Pues que sepáis que tenéis más, revisionistas dogmático-sectarios.

    Por no decir que la tesis principal del texto, que no había una nueva crisis económica en ciernes la cual van a intentar tapar tras la cortina del coronavirus y que existe una ofensiva por parte del gran capital contra los derechos del proletariado, es totalmente ridícula. Qué intentáis justificar?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nosotros no ocultamos nada, pero claro es que comentarios ofensivos no los admitimos, reformula tu comentario y no tendremos problemas en responder. En eso somos muy claros.

      Pedro

      Eliminar
  3. Tus comentarios ofensivos sinceramente no se han aceptado porque directamente no cumplen con el hecho de que:

    «¡Pedimos que se evite el insulto y el subjetivismo!»:

    1. Tus críticas como: "Traficáis con la teoría contrarrevolucionaria de los tres mundos" es ridícula, Bitácora (M-l) ha sido de los pocos que ha no solo criticado sino rastreado el origen de dicha teoría en la práctica, repasando la propia política del Partido Comunista de China. Pero dicha teoría no es ni siquiera maoísta, estaba tan aceptada en el panorama político, que hoy se ha seguido utilizando coloquialmente. Acusarnos de "tercermundistas" por utilizar dicha palabra, sería como llamarnos socialdemócratas por señalar que el PSOE no va a poder mantener el "Estado de bienestar". Así que tu crítica es totalmente ridícula. Empiezas tu crítica con algo subjetivista que es fácilmente desmontable. En todo caso, la crítica "plausible" sería decir que ni siquiera Brasil es ya un país del tercer mundo (según el esquema de esta teoría)..., pero tu crítica no se centra en eso, sino en la estupidez de que "abalamos la teoría tercermundista", cuando hemos explicado mil veces nuestra opinión sobre tal teoría:

    http://bitacoramarxistaleninista.blogspot.com/2015/05/la-falsedad-de-la-teoria-del-nuevo.html

    2. Cuando en el documento actual se ponía que la "teoría del valor (conocida popularmente como ley de la oferta y la demanda)". Obviamente no es lo mismo como bien señalabas.

    El autor lo que quería explicar es que generalmente los economistas clásicos aluden que los cambios en el precio de los productos o los salarios por ej., son producto del mercado y su autoregulación en función de la oferta y la demanda, ese tipo de conceptos asumidos todavía hoy son criticados por Marx en "Manuscritos filosóficos y económicos", pero también en "Salario, precio y ganancia" o "El Capital", de ahí lo de "popularmente conocida" (no por el marxismo, sino como acepción general). Lo que pretende demostrar Marx con la teoría del valor es que existen muchísimos más factores que determinan el precio, más factores que los fenómenos "aparentes" que señalan estos autores. De ahí el desglose de conceptos y factores que hace en esas obras.

    Es un error de expresión terminológico que puede inducir a un perjuicio para el lector. Una obra que explica perfectamente como opera la ley del valor en el capitalismo y sus límites en el socialismo es la obra de Stalin "Problemas económicos del socialismo en la URSS" o la de Rafael Martínez: "Manual de economía política de Shangái" o la de Vincent Gouysse "Imperialismo y antiimperialismo" (aunque tu quizás prefieres las aberraciones del maoísmo que aquí se critican). En base a esos estudios hemos emitido los nuestros. En ellos, las cuestiones económicas de este artículo que se explican notablemente y que demuestran una comprensión de los procedimientos económicos del capitalismo y el mercantilismo.

    ResponderEliminar
  4. (II)

    3. En consecuencia, para que no se malinterprete esto, hemos atendido a tu comentario y se ha eliminado tal referencia. Como comprenderás atendemos a lo importante, que es eso que subrayas dentro de tu ristra de insultos como "doctrinaristas", "dogmáticos", pero nada más.

    4. Te vemos algo frustrado con el artículo pero no has desmontado del contenido fundamental sobre la crisis del coronavirus. Dices que sí existía una crisis previa, bien. Pero afirmar no es confirmar, ¿no será que estás algo escocido con la crítica hacia algún grupito en este texto u otro? ¿Cuál es la razón de tanta inquina querido anónimo? Sentimos si hemos ofendido con algún documento previo tu orgullo revisionista, pero no hacemos los artículos para tu parroquia sino para alumbrar algo de luz, eso lo debes de comprender. El sentimentalismo hacia las siglas o las figuras, es algo sencillo que repetir que no tiene dificultad alguna.

    PD: Hemos recibido diversas felicitaciones, por lo que el artículo ha sido un completo éxito entre nuestros lectores, pero no nos habían señalado el error terminológico, así que gracias por hacernos el trabajo. Puedes seguir revisando lo que gustes.

    ResponderEliminar
  5. Una cagada la nota. El coronavirus es el catalizador de la crisis. En otras palabras, acentúa la crisis ya existente.
    En otro orden, les recomiendo que sean mas serios. Dediquense a estudiar la realidad; un primer paso sería que lean a los estudiosos de la tasa de ganancia (la mayoria marxistas). Es penoso el ejercicio de citar in extenso notas periodisticas y adornarlas con fraseología ML.

    ResponderEliminar
  6. No has contestado nuestra pregunta: "afirmar no es confirmar, ¿no será que estás algo escocido con la crítica hacia algún grupito en este texto u otro? ¿Cuál es la razón de tanta inquina querido anónimo? Sentimos si hemos ofendido con algún documento previo tu orgullo revisionista, pero no hacemos los artículos para tu parroquia sino para alumbrar algo de luz, eso lo debes de comprender. El sentimentalismo hacia las siglas o las figuras, es algo sencillo que repetir que no tiene dificultad alguna".

    ¿?

    Lo que es una cagada, es que pretendas contraargumentar un artículo con insultos y afirmaciones tan ridículas como: "El coronavirus es el catalizador de la crisis". ¿Estás acostumbrado a que te crean a base de fe? ¿Dónde está tu contraartículo que demuestra todo esto amigo Iñigo?

    "Es penoso el ejercicio de citar in extenso notas periodisticas y adornarlas con fraseología ML"

    Sí... supongo que Lenin en "Imperialismo fase superior del capitalismo", Marx en "El Capital" o Hoxha en "Imperialismo y revolución" que citaban "in extenso" datos del mundo capitalista y "o decoraban luego "con fraseología", eran otros "chapuzas"...

    Haga algo productivo con su vida señor charlatán...

    ResponderEliminar

«¡Pedimos que se evite el insulto y el subjetivismo!»