lunes, 31 de julio de 2017

Alabar la vía revisionista china bajo la excusa de que no había análisis marxista-leninistas sobre la revolución en los países coloniales y semicoloniales; Equipo de Bitácora (M-L), 2017

IIº Congreso de la Internacional Comunista de 1920

«La debilidad de Mao del PCCh desde su creación fue su incapacidad para romper de forma tajante con los modos de pensamiento premarxistas e idealistas pertenecientes a la China antigua. (...) En China, no sólo el aspecto de la aparición del marxismo ha sido subestimado, sino que esta desviación ha sido teorizada con el pretexto de tener en cuenta particularidades nacionales. La sinisación del marxismo-leninismo consistió en pretender apoyarse en las especificidades nacionales para justificar las desviaciones de los principios del marxismo-leninismo, ellos realizaron esta labor al pretender combatir el «dogmatismo» presentándose como modelo para el «tercer mundo», al pretender oponerse al «mecanismo» para inscribirse en la continuidad de las filosofías chinas premarxistas». (Círculo Henri Barbusse; Reflexiones sobre el maoísmo, 2005)

Stalin confesaba enojado a Mólotov, que el principal defecto del PCCh era no comprender ni aplicar los consejos y análisis de la Internacional Comunista:

«Desfortunadamente, no tenemos un Partido Comunista real o, si se quiere ver así, auténtico en China... ¿En qué consiste el actual comité central del Partido Comunista Chino (PCC)? En nada más que una «amalgama» de frases vagas juntadas aquí y allí, sin ningún principio o hilo conductor. No quiero ser demasiado exigente con el Comité Central del PCCh. Ya sé que no puede ser demasiado exigente con ellos. Sin embargo, esta es una demanda muy simple: cumplir con las directrices de la Internacional Comunista (IC). ¿Se han cumplido estas directrices? No. No hay un sólo marxista en el Comité Central capaz de entender... las bases sociales de los eventos que están ocurriendo ahora. (...) El PCCh a veces parlotea sobre la hegemonía de proletariado. No obstante, el PCC no tiene ni idea –literalmente, ni idea– de lo que es la hegemonía. Por este motivo no se cumplen las directrices de la IC. Es por esto por lo que ahora creo que la cuestión del partido es la principal cuestión de la revolución china». (Carta de Iósif Stalin a Vyacheslav Mólotov, 9 de julio de 1927)

Stalin dedicó toda una serie de escritos sobre la situación de la revolución china y sus tareas, análisis que se mostrarían completamente ciertos. Véase algunas recopilaciones de Stalin: «Sobre la revolución china, escritos de 1926-1927».

Los defectos que luego se harían notorios en el maoísmo, en realidad provenían de los errores de las diferentes direcciones del PCCh. 

«El maoísmo, como síntesis de las ideas tradicionalistas e idealistas de los grandes sistemas filosóficos chinos del pasado y de los análisis de la ciencia marxista-leninista, se constituye antes de la victoria de Mao en el PCCh. Sus premisas están presentes desde principios de siglo XX en el pequeño círculo de intelectuales influidos por la Revolución de Octubre. Parémonos sobre este período comparando ciertos análisis maoístas con los puntos de vista de Li Dazhao (1888-1927), uno de los fundadores del movimiento comunista en China, que Mao mismo presenta como el que le inició en el «marxismo»«Gracias a Li Dazhao me orienté muy rápidamente hacia el marxismo». (Edgar Snow; La Estrella Roja sobre China, 1965) (...) Li Dazhao estaba impresionado por la fuerza de la revolución de octubre y por su influencia a provocar en las grandes masas obreras y campesinas. Piensa encontrar en el marxismo la teoría y la ideología que permite al pueblo chino vencer la opresión nacional y la intervención imperialista. Es a partir de preocupaciones nacionalistas e idealistas que aborda el marxismo. Emana de eso una visión mesiánica y voluntarista del marxismo. Todo era posible para cualquier momento con tal que los revolucionarios sean determinados. (...) También estamos en presencia de los ecos de las esperanzas milenaristas de las rebeliones campesinas del pasado». (Círculos Comunistas Henri Barbusse; Reflexiones sobre el maoísmo, 2005)

Aunque este grupo tiene en sus artículos graves defectos como una inexplicable idealización favorable hacia el socialimperialismo soviético, sin duda estos análisis sobre el maoísmo son completamente acertados.

Tampoco es casualidad que las advertencias de la IC se centrasen en aquella época en recordar que debía hacerse una línea divisoria muy tajante entre el marxismo-leninismo y el «socialismo» pequeño burgués populista:

«El sun-yat-senismo era la ideología del «socialismo» pequeño burgués populista. En la teoría de los «tres principios» –nacionalismo, democracia, socialismo–, la noción de pueblo cubría y ocultaba la noción de las clases; el socialismo era presentado no como un sistema especifico y particular de producción realizado por el proletariado, sino como un bienestar social indeterminado; la lucha contra el imperialismo no se hallaba enlazada con las perspectivas de desarrollo de la lucha de clases en el interior del país. Por este motivo, el sun-yat-senismo, que desempeño en el primer estadio de la revolución china un inmenso papel positivo, como resultado de la diferenciación de clases en el país y del desarrollo ulterior de la revolución china, se convirtió de forma ideológica de dicha evolución en un obstáculo a la misma. Los epígonos del sun-yat-senismo, al preconizar con preferencia, precisamente, los principios ideológicos de este último, que han terminado por ser objetivamente reaccionarios, lo han convertido con ello en la ideología oficial del Kuomintang, el cual es, en la actualidad, una fuerza abiertamente contrarrevolucionaria». (Internacional Comunista; Progama del VIº Congreso, 1928)

Sin duda, el maoísmo acabó siendo la versión izquierdista del sun-yat-senismo. Véase la obra de Vincent Gouysse: «El socialismo de características china: ¿socialismo o nacionalismo burgués?» de 2007.

La IC tuvo que denunciar las constantes desviaciones de los líderes chinos, en cambio, los supuestos aciertos del maoísmo eran cosas que ya había señalado la IC mucho antes de la llegada de Mao a la cabeza del partido en 1935:

«Los planteamientos de Li Li-san, en contraste con el análisis del CEIC, pasan por alto el hecho de que el movimiento campesino ha sobrepasado de lejos, en rapidez y alcance, el movimiento de los obreros industriales. Esto no es una invención. Aunque el conflicto de los obreros ya se ha extendido hasta las partes más remotas y atrasadas del país, es preciso recordar que este, en su conjunto, va a la zaga del movimiento campesino incluso en los centros industriales más decisivos. (...) Cada comunista debe evaluar sobriamente las fuerzas y debilidades del movimiento soviético en China. Todavía no hay un gobierno soviético real en China, ya que, aún cuando existe, sólo lo hace en manifiestos, sobre el papel, pero no en la forma de un gobierno real, de un organizador y líder de las masas insurgentes. (...) El CEIC considera que las tareas prácticas, centrales, del PCC, tareas cuyo inmediato cumplimiento es demandado por la propia situación, son las siguientes (...) Un trabajo de masas revolucionario real, organizando de un modo bolchevique a las masas en las áreas soviéticas, desarrollando el conflicto económico y político de las masas, y organizando a las masas en el curso de tal conflicto en las áreas no soviéticas. El PCC debe darse cuenta de que cada conflicto económico, cada huelga, cada acción de masas en las áreas no soviéticas no es sólo un pasó más en la organización de las masas y, en consecuencia, en el camino de la insurrección armada, sino también una ayuda directa e inmediata a las áreas soviéticas. Descuidar las necesidades y demandas del día a día de los obreros y de los campesinos es, objetivamente, servir a los imperialistas y al Kuomitang. (...) Advetimos al partido de que engaños sobre la denominada coexistencia con el imperialismo son dañinos y peligrosos». (Carta del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista al Comité Central del Partido Comunista Chino acerca de las políticas de Li Lisan, 16 de noviembre de 1930)

Años después el maoísmo trató de atribuirse la victoria sobre las posiciones de Li Lisan:

«En la tercera lucha el presidente Mao se opuso a la de Li Lisan». (Partido Comunista de China; Conocimientos básicos del Partido Comunista de China, 1974)

Por el contrario, Mao había apoyado la línea de Li Lisan por lo que fue criticado en una sesión del partido durante el 17 de abril de 1931.

Lo cierto es que el principal opositor a la línea de Li Lisan fueron tanto la IC como su representante chino Wang Ming, miembro a su vez del PCCh, y principal líder durante 1931-1935.

La propia IC respaldó la versión de Wang Ming:

«La lucha contra la línea semitrotskista de Li Lisan comenzó en la organización de Shanghái, bajo la dirección del compañero Tchen Chao Oui (Wang Ming). Y tuvo los resultados excelentes. El compañero Wang Ming, uno de los jefes más eminentes del movimiento comunista en China, y otros dirigentes notables del partido, los compañeros Tchen Bang Sian, Van Tsia Sian, Ho Vei Chou, Chen Tsé Min y Tchen Youan Dao defendieron luchando sobre dos frentes, la línea leninista-stalinista viene siendo la única justa en las cuestiones de la revolución china». (Internacional Comunista; Para una libre y fuerte China, 1936)

El hecho que este sujeto, Wang Ming, luego fuera un propagandista del revisionismo soviético hasta su muerte en los 70, no borra la verdad histórica de esto años. Al César lo que es del César.

Ni siquiera el propio Wang Ming se escapó de ser criticado en varias ocasiones por la propia IC, en especial por su exceso de optimismo. Véase la obra: «Georgi Dimitrov y el Frente Único Nacional en China 1936-1944».

Todo esto certifica que la IC no se ataba con ninguna persona ni atendía a los intereses fraccionalistas que pudiera haber, solamente respondía a los mejores deseos e intereses de la revolución china.

Años después, los maoístas trataron de vender una historia sobre que Mao habría descubierto las tareas de la revolución china en contra de los consejos stalinistas de la IC, ¡y que hasta había realizado grandes aportes generales al marxismo-leninismo!

«Gran importancia tiene la contribución hecha al fondo común de la teoría marxista-leninista por Mao Zedong en el terreno de la teoría militar, la política y la filosofía, particularmente aplicables a los países coloniales y semifeudales recién independizados sobre los cuales Lenin no pudo apenas escribir. Así pues, el maoísmo, para emplear la expresión más en boga, completa y complementa al leninismo, lo refuerza y no está en contradicción con él». (Partido Comunista de España (reconstituido); Temas de formación marxista-leninista, 1989)

Esta ha sido una de las grandes mentiras de los maoístas. Lenin y Stalin escribieron muchísimos textos sobre la revolución, sus etapas, sus fuerzas motrices, sus alianzas en los países coloniales y semicoloniales. Precisamente el maoísmo es una síntesis de teorías en contraposición de todas las teorías y consejos que la Internacional Comunista de Lenin y Stalin dieron a los revisionistas chinos, en otras ocasiones el maoísmo decía adecuarse a los consejos, pero en la praxis no se cumplían, algo que precisamente ya hicieron las direcciones del Partido Comunista de China (PCCh) previas a Mao.

Pero, es más, como recuerda el principal asesor soviético para el Comité Central del PCCh:

«En el liderazgo del PCUS y la Internacional Comunista, muchos consideraron a Mao como un «oportunista de derecha», y él lo sabía». (I.V. Kovalev; Con una misión en China, 1997)

El fanatismo maoísta del PCE (r) llegó hasta el punto de decir:

«Como es bien sabido, Mao mantuvo siempre una posición crítica frente a las concepciones dogmáticas y excesivamente rígidas que habían predominado, a partir de un determinado momento, en el seno del Movimiento Comunista Internacional por influencia de Stalin y del PCUS». (Partido Comunista de España (Reconstituido); Escrito en diciembre de 1993. Publicado en Mao y la Revolución China, marzo de 1994)

Desmontemos con paciencia todos estos mitos revisionistas.

1) La hegemonía del proletariado como fuerza dirigente de la revolución

Mao intentó combatir el izquierdismo inicial de los líderes del PCCh sobre el campesinado, con tesis derechistas, que idealizaban y sobrestimaban el rol del campesinado. Un maoísta europeo reconocía que las propias tesis de Mao habían hecho que acabase expulsado del Politburó durante un tiempo:

«Mao Zedong había redactado, a principios de 1927 un «Informe sobre una investigación del movimiento campesino en Junan». (...) Fue rechazado por el Secretariado de la Internacional Comunista y más especialmente por Stalin. Este propio informe le valió a Mao Zedong el ser excluido del Buró Político al cual sólo volverá en 1935». (Jean Baby; La gran disputa chino-soviética (1956-1966), 1966)

Si algo se puede considerar un error en el actuar de la IC en esta época, es el hecho de permitir que un desviacionista como Mao alcanzase la cúpula del PCCh en 1935, el cual no se retractaría de sus declaraciones previas, sino que las ahondaría con declaraciones mucho más aberrantes:

«¿Qué es el régimen constitucional de nueva democracia? Es la dictadura conjunta de las diversas clases revolucionarias sobre los colaboracionistas y reaccionarios. Alguien dijo una vez: «Si hay comida, que la compartan todos». Me parece que esto puede servir de metáfora ilustrativa de la nueva democracia. Puesto que la comida debe ser compartida por todos, es inadmisible que un solo partido, grupo o clase ejerza la dictadura». (Mao Zedong; Sobre el régimen constitucional de nueva democracia; Obras Escogidas; Tomo II, enero de 1940)

Lenin llamaría a esta renuncia a la hegemonía «la forma más cruda del reformismo». Las tesis de los bolcheviques rusos decían:

«El proletariado, que es por su situación la clase más avanzada y la única consecuentemente revolucionaria, por este mismo hecho está llamado a desempeñar el papel dirigente en el movimiento general democrático revolucionario. (...) Sólo el cumplimiento de este papel puede asegurar al proletariado las condiciones más ventajosas para la lucha por el socialismo». (Resolución del IIIº Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, 1905)

¿Acaso era este un pensamiento adscrito solamente a Rusia, o también a los países más atrasados que Rusia?

«En tales países casi no hay proletariado industrial. No obstante, también en ellos hemos asumido y debemos asumir el papel de dirigente». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Informe de la comisión para los problemas nacional y colonial, 1920)

Stalin criticó en varias ocasiones estas desviaciones:

«La quinta observación se refiere al proletariado chino. Yo creo que en las tesis no se subraya lo bastante el papel y el significado de la clase obrera de China. Rafes pregunta hacia quiénes deben orientarse los comunistas chinos, si hacia los izquierdistas del Kuomintang o hacia los centristas. Extraña pregunta. Yo creo que los comunistas chinos deben orientarse, ante todo, hacia el proletariado y orientar hacia la revolución a los hombres del movimiento de liberación. Sólo en tal caso estará planteada acertadamente la cuestión». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Las perspectivas de la revolución en China; Discurso en la Comisión China del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, 1926)

En 1928, en el VIº Congreso de la IC, se veía la victoria de la revolución china como:

«Las grandes masas campesinas marchando bajo la dirección y la hegemonía de la clase obrera china». (Internacional Comunista; VIº Congreso de la IC; Tesis sobre el movimiento revolucionario en las colonias y semicoloniales, 1928)

Es por esto que se recomendaba que:

«El Partido Comunista de China también debe dedicar mayor seriedad a la regulación de la composición social de sus organizaciones en el campo para que se reclute principalmente entre los proletarios, semiproletarios, y campesinos pobres». (Internacional Comunista; VIº Congreso de la IC; Tesis sobre el movimiento revolucionario en las colonias y semicoloniales, 1928)

En efecto:

«La alianza del proletariado con el campesinado, en las condiciones de la dictadura del proletariado, no es una alianza con todo el campesinado. La alianza del proletariado con el campesinado es la alianza de la clase obrera con las masas trabajadoras del campesinado. Y esta alianza no puede verse realizada si no se lucha contra los elementos capitalistas del campesinado, si no se lucha contra los kulaks». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; En el frente cerealista; De una entrevista con los alumnos del Instituto de Profesores Rojos, de la Academia Comunista y de la Universidad Sverdlov 28 de mayo de 1928)


2) La necesaria alianza del proletariado con el campesinado

¿Acaso fue Mao el primero en teorizar este tipo de alianza?:

Analizando revoluciones históricas, se dijo que la revolución burguesa no llegó a su eclosión hasta la incorporación del campesinado, que para quien no lo sepa, fue gran protagonista durante la Edad Moderna con sus constantes revueltas:

«Nada hizo más para retardar la victoria de la burguesía francesa que el hecho de que hasta 1789 no se decidiera a hacer causa común con los campesinos». (Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, 27 de julio de 1854)

Analizando ya las próximas revoluciones, ambos teorizaban que en su país natal:

«Todo el asunto dependerá en Alemania de la posibilidad de respaldar la revolución proletaria con una segunda edición de la guerra campesina. De esta manera la cosa será espléndida». (Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, 16 de abril de 1856)

Marx y Engels se opusieron a las distorsiones de Lassalle, que presentaban las capas intermedias entre la burguesía y el proletariado como una masa reaccionaria homogénea:

«El «Manifiesto Comunista» añade que las «capas medias... se vuelven revolucionarias cuando tienen ante sí la perspectiva de su tránsito inminente al proletariado».

Por tanto, desde este punto de vista, es también absurdo decir que frente a la clase obrera «no forman más que una masa reaccionaria», juntamente con la burguesía e incluso con los señores feudales.

¿Es que en las últimas elecciones se ha gritado a los artesanos, a los pequeños industriales, etc., y a los campesinos: Frente a nosotros, no formáis, juntamente con los burgueses y los señores feudales, ¿más que una masa reaccionaria?

Lassalle se sabía de memoria el Manifiesto Comunista, como sus devotos se saben los evangelios compuestos por él. Así, pues, cuando lo falsificaba tan burdamente, no podía hacerlo más que para cohonestar su alianza con los adversarios absolutistas y feudales contra la burguesía». (Karl Marx; Crítica del Programa de Gotha, 1875)

Años después Stalin explicó que se escondía realmente tras ese miedo o indiferencia hacia esas capas:

«La indiferencia, e incluso la actitud francamente negativa de los partidos de la II Internacional ante la cuestión campesina, no se debe sólo a las condiciones específicas del desarrollo en el occidente Se debe, ante todo, a que esos partidos no creen en la dictadura del proletariado, temen la revolución y no piensan en llevar el proletariado al Poder. Y quien teme la revolución, quien no quiere llevar a los proletarios al Poder, no puede interesarse por la cuestión de los aliados del proletariado en la revolución; para esa gente, la cuestión de los aliados es una cuestión sin importancia, sin ninguna actualidad. Los héroes de la II Internacional consideran su actitud irónica hacia la cuestión campesina como de buen tono como marxismo «auténtico». En realidad, esta actitud no tiene ni un ápice de marxismo, pues la indiferencia ante una cuestión tan importante como la campesina, en vísperas de la revolución proletaria, es el reverso de la negación de la dictadura del proletariado, un síntoma indudable de franca traición al marxismo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Fundamentos del leninismo, 1924)

La Internacional Comunista, ya antes de la llegada de Mao Zedong, señaló la infravaloración de esta clase social, incluso cuando habúa demostrado en algunas ocasiones tener un estado de entusiasmo y fervor mayor que la propia clase obrera en algunos puntos del país:

«Este plan de acción, así como otras decisiones del IIº Congreso del Partido Comunista de China de 1922, revelan una debilidad del Partido: la falta de participación en la lucha de liberación nacional, la subestimación de la cuestión campesina y la subestimación de la lucha para ganar y dirigir a las masas campesinas nacional e internacional. (...) El IIIº Congreso del PCCh de 1923 adoptó el nuevo programa del partido. (...) Este programa, lo mismo que los programas precedentes, no tenían en cuenta de ninguna manera reivindicaciones fundamentales de las masas campesinas. Esta laguna debía de ser superada, ya que la directiva especial del C. E. de la IC en el IIIº Congreso del PCCh insistió con vehemencia en la importancia primordial de una justa solución de la cuestión campesina, e indicaba las palabras fundamentales de orden para la revolución agraria, cuyo principal lema era la «confiscación sin indemnización de tierras a los grandes propietarios de tierras en provecho de los campesinos». (...) Las decisiones del IIIº Congreso del PCCh no tuvieron en cuenta estas directivas del C. E. de la IC». (Internacional Comunista; Para una libre y fuerte China. 1936)

3) La teoría menchevique de las fuerzas productivas versus la teoría bolchevique del paso interrumpido de una etapa a otra

«La revolución china pasará forzosamente por dos etapas: primero, la de la nueva democracia, y luego, la del socialismo. Además, la primera llevará bastante tiempo». (Mao Zedong; Sobre la nueva democracia, 1940)

Lenin en cambio expresa:

«Ocurrió, en efecto, tal y como nosotros dijimos. La marcha de la revolución ha confirmado el acierto de nuestro razonamiento. Al principio, del brazo de «todos» los campesinos contra la monarquía, contra los terratenientes, contra el medievalismo –y en este sentido, la revolución sigue siendo burguesa, democrático-burguesa–. Después, del brazo de los campesinos pobres, del brazo del semiproletariado, del brazo de todos los explotados contra el capitalismo, incluyendo los ricachos del campo, los kulaks, los especuladores, y en este sentido, la revolución se convierte en socialista. Querer levantar una muralla china artificial entre ambas revoluciones, separar la una de la otra por algo que no sea el grado de preparación del proletariado y el grado de su unión con los campesinos pobres, es la mayor tergiversación del marxismo, es adocenarlo, reemplazarlo por el liberalismo. Sería hacer pasar de contrabando, mediante citas seudocientíficas sobre el carácter progresivo de la burguesía en comparación con el medievalismo, una defensa reaccionaria de la burguesía frente al proletariado socialista». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)

Queda claro que Mao Zedong se quedó anclado en los esquemas kautskistas de la II Internacional.

4) El desarrollo del capitalismo en los países atrasados versus el paso al socialismo sin un desarrollo del capitalismo en los países atrasados

«En lo que respecta al sector privado, en lugar de ponerle obstáculos, lo promoveremos y estimularemos a menos que viole los límites legales fijados por nuestro gobierno, pues actualmente su desarrollo es necesario para los intereses del Estado y del pueblo. Huelga decir que este sector tiene ahora una absoluta preponderancia y continuará ocupando indudablemente una posición predominante durante un tiempo bastante largo». (Mao Zedong, Sobre nuestra política, 1934)

Esto no fue un lapsus de Mao Zedong, sino su pensamiento permanente:

«Sin un libre desarrollo de la economía privada capitalista y la economía cooperativa, sin un desarrollo nacional, científica y popular cultura de nueva democracia, sin la emancipación y desarrollo de miles de millones de personas, en breve tiempo, sin ser cuidadosos con la nueva revolución democrático-burguesa, el tratar de construir una sociedad socialista sobre las ruinas del orden colonial, semicolonial y semifeudal sería un sueño utópico». (Mao Zedong; La lucha por una nueva China; Informe en el VIIº Congreso del Partido Comunista de China, 24 de abril de 1945)

¿Que decía Lenin sobre la cuestión? ¿Se atenía a la teoría menchevique de que debido a las fuerzas productivas había que desarrollar el capitalismo libremente o que era posible la construcción socialista?:

«La cuestión ha sido planteada en los siguientes términos: ¿podemos considerar justa la afirmación de que la fase capitalista de desarrollo de la economía nacional es inevitable para los pueblos atrasados que se encuentran en proceso de liberación y entre los cuales ahora, después de la guerra, se observa un movimiento en dirección al progreso? Nuestra respuesta ha sido negativa. Si el proletariado revolucionario victorioso realiza entre esos pueblos una propaganda sistemática y los gobiernos soviéticos les ayudan con todos los medios a su alcance, es erróneo suponer que la fase capitalista de desarrollo sea inevitable para los pueblos atrasados. En todas las colonias y en todos los países atrasados, no sólo debemos formar cuadros propios de luchadores y organizaciones propias de partido, no sólo debemos realizar una propaganda inmediata en pro de la creación de Soviets campesinos, tratando de adaptarlos a las condiciones precapitalistas, sino que la Internacional Comunista habrá de promulgar, dándole una base teórica, la tesis de que los países atrasados, con la ayuda del proletariado de las naciones adelantadas, pueden pasar al régimen soviético y, a través de determinadas etapas de desarrollo, al comunismo, soslayando en su desenvolvimiento la fase capitalista». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Informe de la comisión para los problemas nacional y colonial, 1920)

Stalin en sus brillantes análisis sobre el carácter de la revolución en China y sus rasgos específicos, detallaba que la debilidad de la gran burguesía nacional debía hacer más fácil la hegemonía de los elementos pequeño burgueses por el proletariado, y que por otro lado la existencia de un país como la Unión Soviética, no podía sino facilitar el evitar la etapa capitalista de desarrollo:

«La gran burguesía nacional de China es débil, más débil que la burguesía nacional de la Rusia de 1905, lo que facilita la hegemonía del proletariado, la dirección del campesinado chino por el partido proletario. (...) La revolución en China se desarrollará en circunstancias que permitirán utilizar la experiencia y la ayuda de la revolución victoriosa en la Unión Soviética. (...) Será un poder transitorio hacia un desarrollo no capitalista o, más exactamente, hacia un desarrollo socialista de China». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Las perspectivas de la revolución en China; Discurso en la Comisión China del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, 1926)

Efectivamente la Unión Soviética ayudó a China económicamente tras la toma de poder del PCCh, pero los revisionistas chinos con la excusa de la guerra mantuvieron sus teorías de la necesidad del desarrollo del capitalismo como beneficioso para el pueblo ad infinitum. En cambio, los marxista-leninistas albaneses, que contaban con un nivel de atraso económico y cultural mucho mayor que China, entendieron estas lecciones leninistas, y no cayeron en el mismo error que los revisionistas chinos, aunque algunos oportunistas lo intentasen:

«La cuestión económica era una palanca vital para nuestro trabajo, que ponía en movimiento todo el que se desarrollaba en los demás sectores de la actividad del Estado. Sejfulla no sólo no era capaz de dirigir debidamente este sector de tan grande importancia, sino que asimismo se mostró en todo momento partidario de un exagerado liberalismo, que llegaba hasta el oportunismo. La cuestión de la nacionalización de las minas, del Banco Nacional de Albania y otras por el estilo, era una cosa, pero otra era saber dirigir, basándose en estas conquistas, el sector estatal consolidándolo día a día. Hacia el sector privado dé la economía Sejfulla ha mantenido siempre una actitud vacilante y muchas veces oportunista. Este sector lo consideraba asimismo como un seguro apoyo para el Estado. Esto lo argumentaba afirmando que el capital privado era bastante fuerte y considerable y que los comerciantes privados, en esa primera etapa, estaban en grado de administrar mejor y de dirigir con más éxito una empresa porque tenían experiencia. En la cuestión de la Reforma Agraria, Sejfulla era de la opinión de que no sólo la parcela que se les asignara a los que poseían tierra fuera mayor que la que tenían, sino que con la Reforma Agraria debía defenderse también al campesino rico. La tendencia a dar facilidades a los que habían sido gravados con impuestos sobre beneficios extraordinarios de guerra, el aplazamiento de los pagos o el otorgamiento de créditos por parte del Banco del Estado a los elementos capitalistas». (Enver Hoxha; Informe en el IIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 31 de marzo de 1952)

Precisamente esto diferencia las democracias populares de Europa del Este –que iniciaron la construcción del socialismo– con las «democracias populares» de Asia –como Vietnam, Corea del Norte o China–, las cuales por el influjo maoísta nunca llegaron a esa etapa y se quedaron estancadas en una etapa de resolución de tareas antifeudales y antiimperialistas. Con la llegada del jruschovismo, la proliferación de las vías específicas o la oficialización de nuevas doctrinas revisionistas nacionales como el juche, los países europeos degeneraron virando hacia el jruschovismo, mientras que los asiáticos enfatizaron su propio camino revisionista sin dejar de absorber el jruschovismo y el maoísmo.

5) La violencia revolucionaria y la revolución socialista

«La contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional, que es una contradicción entre explotados y explotadores, es antagónica. Sin embargo, en las condiciones concretas de China, esta contradicción antagónica entre las dos clases, si la tratamos apropiadamente, puede transformarse en no antagónica y ser resuelta por medios pacíficos». (Mao Zedong; Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo, 1957)

Si miramos la edición original de esa obra, se explica y se reconoce que este pensamiento no nace en 1957, sino antes de la toma de poder, exactamente desde 1942.

¿Que decía Lenin de ese tránsito y cómo debía ser según el materialismo histórico y los análisis de las experiencias revolucionarias?:

«Es evidente que la liberación de la clase oprimida es imposible, no sólo sin una revolución violenta, sino también sin la destrucción del aparato del poder estatal que ha sido creado por la clase dominante. (...) La sustitución del Estado burgués por el Estado proletario es imposible sin una revolución violenta. (...) El Estado es una organización especial de la fuerza, es una organización de la violencia para la represión de una clase cualquiera. ¿Qué clase es la que el proletariado tiene que reprimir? Sólo es, naturalmente, la clase explotadora, es decir, la burguesía. Los trabajadores sólo necesitan el Estado para aplastar la resistencia de los explotadores, y este aplastamiento sólo puede dirigirlo, sólo puede llevarlo a la práctica el proletariado, como la única clase consecuentemente revolucionaria, como la única clase capaz de unir a todos los trabajadores y explotados en la lucha contra la burguesía, por la completa eliminación de ésta». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El Estado y la revolución, 1917)

¿Qué opinaba Stalin de las teorías de integración pacífica de las clases explotadoras en el socialismo?:

«El error de Bujarin consiste, precisamente, en esto, en creer que los kulaks y los concesionarios se integran en el socialismo a pesar de ser, «hasta cierto punto», un cuerpo extraño. He ahí a que estupideces lleva la teoría de Bujarin. Los capitalistas de la ciudad y del campo, los kulaks y los concesionarios, integrándose en el socialismo: hasta esa estupidez ha llegado Bujarin. No, camaradas, no es ese el «socialismo» que nosotros necesitamos. Que se quede con el Bujarin. Hasta ahora, los marxistas-leninistas habíamos pensado que entre los capitalistas de la ciudad y del campo, de una parte, y, de otra parte, la clase obrera, existe un antagonismo irreconciliable de intereses. En ello, precisamente, descansa la teoría marxista de la lucha de clases. Pero ahora, según la teoría de Bujarin acerca de la integración pacífica de los capitalistas en el socialismo, todo esto se trastoca, desaparece el antagonismo irreconciliable entre los intereses de clase de los explotadores y de los explotados, y los explotadores se integran en el socialismo. (...) En la historia no se ha dado jamás el caso de que las clases moribundas se retirasen voluntariamente de la escena. No se ha dado jamás en la historia el caso de que la burguesía agonizante no apelase a sus últimas fuerzas para defender su existencia». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Sobre la desviación derechista en el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1929)

Sobre China había dicho particularmente:

«Cuando existan Soviets de diputados obreros, la cosa no parará ahí. Los obreros dirán a los comunistas –y con razón–: si tenemos Soviets, y los Soviets son órganos de Poder, ¿no se podría estrechar a la burguesía y expropiarla «un poquito»? Los comunistas serán unos redomados charlatanes si no emprenden el camino de expropiación de la burguesía cuando existan Soviets de diputados obreros y campesinos. ¿Se puede y se debe, nos preguntamos, emprender ese camino ahora, en la actual fase de la revolución? No, no se debe. ¿Se puede y se debe renunciar a la expropiación de la burguesía en el futuro, cuando existan Soviets de diputados obreros y campesinos? No, no se debe. Pero pensar que, al propio tiempo, los comunistas podrán mantener el bloque dentro del Kuomintang, significa hacerse ilusiones y no comprender la mecánica de la lucha de las fuerzas de clase en el período de paso de la revolución burguesa a la revolución proletaria». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; La revolución en China y las tareas de la Internacional Comunista; Discurso en la X sesión del VIII Pleno del C.E. de la I.C., 1927)

Las justificaciones de los oportunistas del PCE (r) sobre que Lenin, Stalin y la Internacional Comunista no se posicionaron sobre los problemas de los países más atrasados no se sostienen a tenor de la documentación existente. En cuanto a Mao, este revisó el marxismo ora por desconocimiento ora por oportunismo; y el PCE (r) le siguió bien por fanatismo bien por oportunismo: ambos sin excusa posible». (Equipo de Bitácora (M-L)Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

jueves, 27 de julio de 2017

Los ideólogos de la iglesia y la burguesía hablando sobre la mujer

Tomás de Aquino, Napoleón, Nietzsche y Freud

«Disculpad si me alejo algo del tema que tratamos, pero lo hago expresamente, para entrar en él. El sistema capitalista de la sagrada propiedad privada, de la explotación del hombre por el hombre, de la esclavitud económica» y espiritual del hombre, ha pesado sobre todos, pero, especialmente y con mayor brutalidad, sobre la mujer. La mujer fue la primera esclava, lo era ya antes, de que el esclavismo apareciera en la humanidad. Durante toda la historia, sin entrar en la prehistoria, ya sea en la época de la civilización helénica, en la romana, en el medioevo, en la época del Renacimiento, en la moderna, o en la «refinada civilización» contemporánea burguesa, la mujer ha sido y es el ser humano más esclavizado, oprimido, explotado y desudado en todos los sentidos. Las leyes, las costumbres, religión, el sexo, masculino la oprimen la mantienen bajo su yugo.

«El primer antagonismo de clases en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer, en la monogamia, y la primera opresión clasista coincide con la esclavitud del sexo femenino por el masculino». (Friedrich Engels; El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, 1884)

«Descubrí que la mujer es más amarga que la muerte», dice en alguna parte el Eclesiastes. San Juan Crisostomo tenía otra opinión. Decía: «Entre las bestias, más feroces, no hay otra más dañina que la mujer». Santo Tomás de Aquino, el teólogo filósofo, uno de los filósofos dominantes del oscurantismo medieval, pensaba y profetizaba que: «El destino de la mujer es vivir bajo el yugo del hombre», y por último, para terminar con estas citas bárbaras. «La naturaleza ha hecho a las mujeres nuestras esclavas», ha dicho Napoleón.

Tales eran los conceptos de la iglesia y de la burguesía sobre la mujer tales siguen siendo todavía hoy. En Europa y en todo el mundo, innumerables filósofos y literatos han hecho un mito de la superioridad del hombre sobre la mujer. Para ellos el hombre es fuerte, luchador e intrépido y, por eso, más inteligente y, por consiguiente, predestinado a gobernar y dirigir. Mientras que la mujer, por naturaleza, es débil, indefensa, sin coraje y, por eso, debe ser gobernada y dirigida. Teóricos de la burguesía, como Nietzsche y Freud, sostienen la teoría de que el macho es un ser activo y la hembra un ser pasivo. Esta teoría reaccionaria y anticientífica, conduce, como en efecto ocurrió, en política, al nazismo, y en sexología, al sadismo». (Enver Hoxha; Aspectos de los problemas de la mujer albanesa, 15 de junio de 1967)

Anotación de Bitácora (M-L):

El pensamiento machista y misógino de Nietzsche se pueden ver en sus obras claramente:

«Los hombres deben ser adiestrados para la guerra y las mujeres para el recreo de los guerreros. Toda otra cosa es tontería». (Friedrich Nietzsche; Así hablaba Zarathustra, 1885)

Nietzsche a su vez un gran admirador de Schopenhauer influenció directamente a Nietzsche como este mismo reconocería, suponemos que también lo diría por su concepción de la mujer:

«La mujer, debido a la mayor debilidad de su razón, participa menos de las ventajas e inconvenientes que ello supone: es más bien una miope intelectual, ya que su entendimiento intuitivo ve nítidamente de cerca y, en cambio, tiene un estrecho campo de visión en el que no cae lo lejano; de ahí que todo lo ausente, pasado y futuro tenga un efecto sobre las mujeres mucho más débil que sobre nosotros, los varones; y de ahí nace también la tendencia al derroche, que es mucho más frecuente en ellas y a veces raya en la locura. (...) Las mujeres piensan en su interior que la misión de los hombres es ganar dinero, y la suya, en cambio, malgastarlo. (...) Si realmente los griegos no admitían a las mujeres en el teatro, tenían razón para ello». (Arthur Schopenhauer; Parerga y Paralipómena, Parerga y Paralipómena, 1851)

Así mismo otro de los iconos del siglo XX para la reacción ha sido Freud, creador de la teoría del psicoanálisis que tanto ha influenciado en la psicología burguesa:

«El complejo de castración de la niña se inicia, asimismo, con la visión de los genitales del otro sexo. Al punto nota la diferencia y —es preciso admitirlo— su significación. Se siente gravemente perjudicada, a menudo expresa que le gustaría «tener también algo así», y entonces cae presa de la envidia del pene, que deja huellas imborrables en el desarrollo y en la formación de su carácter, y aun en el caso más favorable no se superará sin un serio gasto psíquico.  (...) El deseo de obtener al fin el pene anhelado puede prestar todavía su contribución a los motivos que llevan a la mujer madura al análisis, y lo que razonablemente le cabe esperar de este último (p. ej., la aptitud para ejercer un oficio, intelectual) es discernible a menudo como una metamorfosis sublimada de ese deseo reprimido. (...) La importancia de la envidia del pene es indudable. Acaso lo juzguen un ejemplo de injusticia masculina si asevero que envidia y celos desempeñan en la vida anímica de las mujeres un papel todavía mayor que en la de los varones». (Sigmund Freud; Obras Completas, Tomo XXII, (1932-1936)

La lista de misoginia y machismo patriarcal en los llamados «grandes pensadores» de la política, literatura, religión y filosofía burguesa –o adoptados por ella– es realmente muy larga:

«Tal es la estupidez del carácter de la mujer que en todas las cuestiones le incumbe desconfiar de sí misma y obedecer al marido». (Confucio, pensador chino, siglos VI-V a.C)

«En cualquier tipo de animal, siempre la hembra es de carácter más débil, más maliciosa, menos simple, más impulsiva y más atenta a ayudar a las crías». (Aristóteles, filósofo griego del siglo IV a.C).

En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti». (Biblia; Epístola I a Timoteo 2:11, en adelante (escrito por San Pablo))

«Si un hombre toma a una mujer y se llega a ella, y después la aborrece, y la acusa de actos vergonzosos y la difama públicamente, diciendo: «Tomé a esta mujer, pero al llegarme a ella no la encontré virgen», entonces el padre y la madre de la joven tomarán las pruebas de la virginidad de la joven y las llevarán a los ancianos de la ciudad, a la puerta. Y el padre de la joven dirá a los ancianos: «Di mi hija por mujer a este hombre, pero él la aborreció; y he aquí, él le atribuye actos vergonzosos, diciendo: ‘No encontré virgen a tu hija.’ Pero esta es la prueba de la virginidad de mi hija». Y extenderán la ropa delante de los ancianos de la ciudad. Y los ancianos de la ciudad tomarán al hombre y lo castigarán, y le pondrán una multa de cien siclos de plata, que darán al padre de la joven, porque difamó públicamente a una virgen de Israel. Y ella seguirá siendo su mujer; no podrá despedirla en todos sus días. Pero si el asunto es verdad, que la joven no fue hallada virgen, entonces llevarán a la joven a la puerta de la casa de su padre, y los hombres de su ciudad la apedrearán hasta que muera, porque ella ha cometido una infamia en Israel prostituyéndose en la casa de su padre; así quitarás el mal de en medio de ti». (Biblia; Levítico 12:1-2,5)

«Pero toda mujer que tiene la cabeza descubierta mientras ora o profetiza, deshonra su cabeza; porque se hace una con la que está rapada. Porque si la mujer no se cubre la cabeza, que también se corte el cabello; pero si es deshonroso para la mujer cortarse el cabello, o raparse, que se cubra. Pues el hombre no debe cubrirse la cabeza, ya que él es la imagen y gloria de Dios; pero la mujer es la gloria del hombre. Porque el hombre no procede de la mujer, sino la mujer del hombre». (Biblia; Corintios 14:34)

«38. Los hombres son superiores a las mujeres, a causa de las cualidades por medio de las cuales Dios ha elevado a éstos por encima de aquéllas, y porque los hombres emplean sus bienes en dotar a las mujeres. Las mujeres virtuosas son obedientes y sumisas: conservan cuidadosamente, durante la ausencia de sus maridos, lo que Dios ha ordenado que se conserve intacto. Reprenderéis a aquellas cuya desobediencia temáis; las relegaréis en lechos aparte, las azotaréis; pero, tan pronto como ellas os obedezcan, no les busquéis camorra. Dios es elevado y grande». (Corán)

«Los fundamentos de la casa son la mujer y el buey: el buey para que are y la mujer para que guarde». (Fray Luis de León, humanista y religioso español del siglo XVI)

«Es orden natural entre los humanos que las mujeres estén sometidas al hombre, porque es de justicia que la razón más débil se someta a la más fuerte». (San Agustín)

«Dios creó a Adán dueño y señor de todas las criaturas, pero Eva lo estropeó todo». (Lutero, reformador religioso, siglos XVI)

«Si, por ventura, alguna mujer quisiera aparecer como sabia, únicamente lograría ser dos veces necia: sería como intentar llevar un buey al gimnasio». (Erasmo de Rótterdam, pensador de la iglesía)

«A las niñas no les gusta aprender a leer y escribir y, sin embargo, siempre están dispuestas para aprender a coser». (Rousseau, filósofo francés del siglo XIX)

«La mujer no se traiciona fácilmente a sí misma y por eso no se emborracha. Como es débil tiene que ser astuta». (Kant, filósofo idealista del siglo XVIII)

«Las mujeres nunca tienen nada que decir pero lo dicen encantadoramente». (Oscar Wilde, escritor estadounidense del siglo XX)

«Siempre he creído que la bondad de las mujeres es todavía más efímera que su hermosura». (Valle-Inclán, escritor español, siglos XIX y XX)

«El fuerte de la mujer no es saber sino sentir. Saber las cosas es tener conceptos y definiciones, y esto es obra del varón». (Ortega y Gasset, filósofo español del siglo XX)

Con esto se demuestra que la misoginia y el patriarcado es tan viejo como el origen de la propiedad privada.

Las figuras centrales del marxismo-leninismo han sido notables luchadores y precursores de las luchas en la cuestión de género, tanto los hombres como las mujeres marxistas:

«El partido siempre ha concedido una importancia al problema de la mujer, problema con suma importancia social, al que está ligado el destino del pueblo, del socialismo y del comunismo, el porvenir de nuestro país. El problema de la mujer no es, en sentido cabal, un problema particular y específico, un problema separado y aislado de los demás problemas de la sociedad, un problema que se pueda tratar y resolver fácilmente, y, lo que sería peor, ignorar. El problema de la mujer no es solo un problema de sentimientos y que por tanto deba ser tratado de manera sentimental y romántica. Es un gran problema de la vida, del desarrollo dialéctico materialista de la historia de la humanidad. Por esta razón Marx, Engels, Lenin y Stalin y todos sus discípulos han dado una primordial importancia al problema de la mujer, al problema de su liberación, de la emancipación y formación de su personalidad en una sociedad libre, sin opresores ni explotadores. (...) La gente debe comprender, de una vez por todas y profundamente, que la emancipación de la mujer, el respaldo y ayuda que se le debe dar para que ocupe el lugar que le corresponde en la sociedad socialista, no puede ser considerada como un regalo, sino como un deber imperativo. (...) La gente, pues, debe aplicar esta enseñanza del partido no solo porque la haya impartido él, debe comprender profundamente las razones ideológicas, políticas y económicas que han inducido al partido a insistir enérgicamente en este gran problema». (Enver Hoxha; Aspectos de los problemas de la mujer albanesa, 15 de junio de 1967)

martes, 25 de julio de 2017

La teoría de los «tres mundos» y la política exterior contrarrevolucionaria de Mao; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«En 2013 sacamos a la luz la traducción, hasta entonces inédita al castellano, de Vincent Gouysse de la obra: «Comprender las divergencias sino-albanesas» de 2004. Un documento que explica a la perfección algunas de las diferencias entre los marxista-leninistas albaneses y los revisionistas chinos; desgajando los motivos de su distanciamiento hasta el final desenmascaramiento del maoísmo como una variante más del revisionismo. 

Olarieta, seguidor de las tesis del Partido Comunista de España (reconstituido), ofendido por la abrumadora evidencia de pruebas contra Mao y sus traiciones manifiestas, intentó defender a Mao desde sus medios diciendo que por ejemplo su tercermundismo es una invención nuestra:

«Bitácora (M-L) imputa a Mao la búsqueda del camino medio, las zonas intermedias –la teoría de los tres mundos– y el equilibrio-convivencia entre clases antagónicas en la construcción del socialismo, lo cual sería una forma de idealismo». (Juan Manuel Olarieta; El pensamiento filosófico de Mao Zedong, 23 de marzo de 2015)

Pero Olarieta solo intenta negar con argumentos burdos lo que la historia y la documentación hace tiempo que avaló: que Mao fue un «tercermundista».

El capítulo no será sino una prueba más de lo que hemos afirmado siempre: que la llamada «teoría de los tres mundos» fue puesta en práctica por el Partido Comunista de China (PCCh) mucho antes de ser anunciada oficialmente en 1974. 

¿Cómo afectó el paulatino desgaste y la decadencia económica del socialimperialismo a los países que dominaba económicamente y que estaban bajo su influencia política?; Equipo de Bitácora (M-L), 2016


«Debido a la necesidad de modernizar sus tecnologías, su maquinaría y armamento, la URSS se fue integrando cada vez más en el sistema capitalista mundial, y con ello incluimos una dependencia de él:

«En el plano económico, estos intereses capitalistas dirigidas a la máxima ganancia expresa, por una parte, las necesidades económicas del Occidente capitalista para aligerar la carga de la crisis mediante la descarga de sus consecuencias sobre los mercados y los pueblos del Oriente revisionista. Por otra parte, estos intereses son expresiones de las necesidades económicas de la Unión Soviética con el fin de construir y modernizar su potencial económico-militar como una superpotencia sin pérdida de tiempo, mediante el aprovechamiento de los equipos más avanzados y la tecnología y la disposición medios económicos y materiales de los monopolios y los viejos Estados imperialistas. Los revisionistas soviéticos presentan su integración no disimulada en el capitalismo mundial como una «aplicación creativa de las enseñanzas leninistas sobre las relaciones entre los Estados con diferentes sistemas sociales». El marxismo-leninismo no descarta las relaciones económicas con el exterior ni propone la autarquía y el autoaislamiento. Sin embargo, está en contra de la aplicación de los principios y métodos de estas relaciones capitalistas y por otra parte, no puede conciliar la integración de un país, que dice ser socialista, en la economía capitalista mundial. El fortalecimiento de los eslabones de la economía soviética con Occidente se acompaña con una cada vez mayor extensión de las relaciones no mercantiles, encaminadas a conseguir créditos y la tecnología de Occidente a cambio de materias primas y productos terminados. Estas relaciones, que van desde los llamados acuerdos de compensación y cooperación productiva para la creación de empresas conjuntas capitalistas-revisionistas, dan lugar a la fusión de los ciclos de la reproducción del capital de ambas partes en un solo movimiento complejo, elementos importantes de que ya no puede funcionar de forma independiente. Estos nuevos enlaces, que supone el desarrollo a gran escala, especialmente en la década de los 70, y completó la integración de la economía de la Unión Soviética y sus satélites en el sistema capitalista mundial. La prensa soviética admite que ahora hay unas 400 empresas conjuntas del Este-Oeste y más de 1.300 «acuerdos de compensación» que están en funcionamiento sólo en Europa. (...) A principios de 1979, más de 600 de los principales complejos económicos del gas, química, petroquímica, carbón, hierro, papel y celulosa, industria de metales ferrosos y no ferrosos en la Unión Soviética estaban trabajando para proporcionar al Oeste una «compensación», que asciende en porcentajes entre un 30 y un 60 por ciento de su producción anual, de la tecnología y créditos recibidos. (...). Los países capitalistas desarrollados controlan el 30 por ciento del comercio exterior de la Unión Soviética, que en los últimos cinco años se ha incurrido en un déficit en el comercio con ellos en más de 10 mil millones de rublos». (Fatos Nano; La completa integración de la economía soviética en la economía capitalista mundial, 1981)

Esta situación era similar en todos los países del bloque revisionista soviético, es decir bajo la influencia del socialimperialismo soviético:

«La integración de los países miembros del CAME en la economía capitalista mundial incluye todo el sistema de las relaciones económicas entre los monopolios privados y estatales del Occidente capitalista y los monopolios estatales de los países revisionistas, de las operaciones de compra-venta simples para la creación de empresas conjuntas en las esferas de la producción, los servicios y la circulación. La prensa revisionista soviética admite que la mitad de los 800 más grandes monopolios multinacionales de Occidente tienen relaciones regulares con los países de la llamada familia socialista». (Fatos Nano; La completa integración de la economía soviética en la economía capitalista mundial, 1981)

Ya explicamos anteriormente, que el caso de los acercamientos de los países capitalistas-revisionistas bajo influencia soviética a los imperialismos occidentales, eran debido a que este era un modo de meter presión a Moscú y renegociar luego unos mejores términos en materia política o económica; ya que la URSS no podía satisfacer todas las necesidades que los países imperialistas occidentales si podían; y porque en muchas ocasiones era un intento abierto de cambiar de tutelaje imperialista, ya que las potencias imperialistas empezaban a ofrecer mejores posibilidades para el desarrollo económico que la URSS en decadencia.

Para los años 80 la situación era insostenible para el socialimperialismo soviético y los países incluidos en su esfera de influencia:

«El primero se había vuelto dependiente de las tecnologías avanzadas de sus competidores imperialistas, mientras que sus «países talleres» sufrían de la creciente competencia que fue ocupada por los «países talleres» de sus competidores imperialistas, en particular los del Sudeste de Asia. Todos ellos estaban muy endeudados con los países imperialistas y debían rendir cuenta ante el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

En 1981, el volumen de las deudas contraídas por los países revisionistas con los países imperialistas occidentales ascendía a más de 80 mil millones de dólares:

«La situación es tan crítica en algunos países, entre ellos Polonia y Rumanía, que ya no son capaces de pagar los intereses de sus préstamos y han pedido a la burguesía nuevos préstamos para pagar éstos, extendiendo los plazos de pago para no declarase insolventes. En cuanto a la Unión Soviética, frente a las demandas de la burguesía monopolista internacional para el rembolso de sus préstamos y el pago de sus intereses, no le dejó otra solución que vender sus reservas de oro, platino y diamante en el mercado mundial. Concediendo estas ayudas y créditos a los países revisionistas, la burguesía internacional se asegura considerables ganancias económicas y políticas. Encuentra así nuevos mercados en tiempos de crisis, despacha la existencia de sus mercancías y aumenta sus capitales. Si en 1979, los países revisionistas pagaron a los acreedores occidentales cerca de 5 mil millones de dólares en intereses, para 1980 esta suma alcanzó los 7 mil millones de dólares y actualmente está cerca de los 8,5 mil millones de dólares». (Hasan Banja y Lulëzim Hana; La degeneración del Consejo de Ayuda Mutua Económica en una organización capitalista, 1984)

¿A qué se debió esto? ¿A dónde le llevó esta situación al bloque revisionista soviético?:

«Era inevitable en las condiciones de la producción de mercancías, que todos los sectores industriales cuya productividad quedaran a la zaga de sus competidores eventualmente declinarían. De ahí la desintegración del bloque soviético revisionista y la desindustrialización de los países de Europa del Este cuando los revisionistas permitieron el libre flujo de capital extranjero. La contrarrevolución burguesa en la Unión Soviética se efectuó desde los años 50, pero el potencial industrial y técnico de un inmenso país dotado de una poderosa industria de producción de medios de producción heredado del período socialista, así como la transformación de estos sectores en sector capitalista monopolista de Estado empujaron a la neo-burguesía nomenklaturista a transformar a la Unión Soviética en una potencia imperialista de rango internacional, pretendiendo establecer y extender sus zonas de influencia. Al no poder desalojar de sus posiciones imperialistas a su competidor principal, se basó en un extenso potencial económico interno y externo en el dominio comercial como en el de las inversiones, el socialimperialismo soviético empezó desde mediados de los 70 una fase de decadencia relativa, que se agravó paralelamente con el aflujo masivo de capitales en los países dependientes incluidos en la esfera de influencia del imperialismo estadounidense – América del Sur y Central, Asía del Sur– cuyos productos competían ferozmente con los países-talleres del Consejo de Ayuda Económica Mutua, donde el nivel de los salarios era notablemente más elevado. Frente a este derrumbamiento económico creciente, los dirigentes revisionistas fueron conducidos a considerar la apertura total de la economía de la Unión Soviética y los países de Europa del Este frente al mercado mundial, tanto en el área comercial como en el de las inversiones, con la esperanza de atraer ingenuamente, inversiones extranjeras. (...) Se estaba ignorando los resultados de la acción devastadora del libre juego de la ley del valor. La Unión Soviética socialimperialista, debilitada, se convirtió en una semicolonia. Como tal, ella tuvo que plegarse a los caprichos de los inversores extranjeros para atraerlos; para ello tenía que bajar las barreras proteccionistas. El abandono de las medidas proteccionistas burguesas evidentemente precipitó y agravó la catástrofe económica y social a final de los 80». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 2016)

[Sobre] Albania; Jim Washington, 1980


La revolución democrática


La revolución albanesa se llevó a cabo a través de una guerra de liberación nacional contra la ocupación italiana y alemana durante la Segunda Guerra Mundial. En 1941 se fundó el Partido Comunista de Albania –que era como se llamaba entonces el Partido del Trabajo de Albania–. Al año siguiente el joven partido llamó a todos los patriotas albaneses a que se unieran para formar el Frente de Liberación Nacional para coordinar y liderar la resistencia armada ante la creciente ocupación fascista italiana de Albania. A raíz de una reorganización de los elementos del Frente de Liberación Nacional dirigidos por la burguesía nativa, se organizó otra organización de resistencia anti-italiana, el Balli Kombëtar, con el fin de oponerse al Frente Nacional de Liberación y maniobrar para establecer la dominación burguesa, una vez que los fascistas hubieran sido expulsados del país.

La relación entre estas dos organizaciones era hostil desde un principio, aunque llegaron a colaborar en muy contadas ocasiones en campañas específicas durante las primeras etapas de la lucha antifascista. Como la capitulación de los fascistas italianos era inminente, los británicos y los estadounidenses presionaron a las dos organizaciones para que se unieran, en un intento de preparar el camino para que los elementos burgueses que controlaban el Balli Kombëtar maniobraran audazmente  camino al poder.

En agosto de 1943, un mes antes de la capitulación de los italianos, representantes del Frente de Liberación Nacional –como Ymer Dishnica y Mustafa Gjinishi– se reunieron con el Balli Kombëtar y aceptaron una propuesta de gobierno conjunto después de la liberación. La dirección de la Partido Comunista de Albania sin embargo, rechazó este acuerdo como una capitulación ante la burguesía y como negación del establecimiento de un camino independiente para el Frente de Liberación Nacional. En septiembre de 1943, unas 50.000 tropas alemanas entraron en Albania para sustituir a los italianos. Los nuevos ocupantes establecieron un gobierno títere con los «patriotas» del «Balli Kombëtar» cooperando para oponerse al Frente de Liberación Nacional. Mientras tanto, un sector del Frente de Liberación Nacional, a instancias de los imperialistas británicos, se separó y formó la organización «Legaliteti», dedicado a la restauración de la monarquía albanesa. El Frente de Liberación Nacional se vio obligado a emprender la lucha armada no solo contra las tropas de ocupación alemanas, sino también contra el «Balli Kombëtar», que había optado por aliarse con los alemanes y también contra los integrantes del partido «Legaliteti», que ahora eran la elección británica y estadounidense para ser los nuevos gobernantes de Albania. En el curso de un año la lucha del Partido Comunista de Albania fue capaz de exponer a ambas organizaciones como agentes del imperialismo y derrotarlos política y militarmente:

«Con sus dos armas poderosas, el Frente Democrático y el Ejército de Liberación Nacional, y sin olvidar por un momento la perspectiva del desarrollo de la revolución como logro de su objetivo final, el partido nunca compartió el poder con la burguesía, sino que mantuvo intacto el liderazgo de la clase obrera en el nuevo poder del Estado político. Derrotó la negra pretensión que manaba entre la reacción local y la reacción internacional de los imperialistas estadounidenses y británicos, los cuales ejercieron durante la guerra y en los primeros años posteriores a la liberación una gran presión, estos objetivos, eran los objetivos de los representantes de los terratenientes y la burguesía que hacían zapa en la dirección del poder popular. También se derrotó el soporte traidor de los elementos oportunistas que anidaban en su propio liderazgo, los cuales se rindieron ante la presión enemiga y acordaron compartir el poder con la burguesía». (Partido del Trabajo de Albania; Historia del Partido del Trabajo de Albania, 1980)

En noviembre de 1944 Albania se convirtió en la primera de las naciones orientales Europeas en triunfar sobre los invasores alemanes, y, junto con Yugoslavia, el único en hacerlo sin la ayuda del Ejército Rojo Soviético. El nuevo poder estatal que fue organizado por el Partido Comunista de Albania era una democracia popular basada en la alianza del proletariado y el campesinado pobre.

El Partido Comunista de Albania fue el único partido de Europa del Este que no estableció una forma de gobierno de coalición con la burguesía tras la liberación. El nuevo gobierno albanés representa solo a las clases explotadas y oprimidas, excluyendo en la formación del gobierno a todas las clases explotadoras.


¿Conciliación o expropiación y supresión de la burguesía?


El nuevo gobierno albanés inmediatamente expropió la propiedad de los grandes terratenientes, los capitalistas extranjeros y todos los capitalistas albaneses que se habían ido al exilio. La tierra de los grandes terratenientes fue entregada a los que cultivaban; las minas  y otras empresas industriales, junto con todos los bancos fueron expropiadas y pasaron a ser propiedad del Estado. Además, en un periodo de unos seis meses, todos los medios de transporte fueron nacionalizados esta vez mediante una compensación. Véase la obra del Partido del Trabajo de Albania: «Historia del Partido del Trabajo de Albania» de 1980.

Estas expropiaciones iniciales sobre los terratenientes, los imperialistas y la burguesía exiliada, fueron el resultado decidido de la revolución democrático-nacional. Sin embargo, durante el primer año y medio después de la toma del poder, ya se intuía una fiera lucha dentro del Partido Comunista de Albania en torno a los pasos a seguir, esta cuestión giraba en torno a la línea que se debía tomar hacia la burguesía nacional. Algunos del partido, liderados por Sejfulla Malëshova, sostuvieron que en el período después del triunfo de la revolución era necesario un cierto grado de reconciliación con la burguesía, argumentando que sería beneficioso en la reconstrucción del país. Enver Hoxha resumió las opiniones de Sejfulla Malëshova de la siguiente manera:

«Sejfulla Malëshova suprimía al partido y era partidario de la creación de partidos socialdemócratas en el Frente –El Frente Democrático, que es como se denominó luego al Frente de Liberación Nacional– y de compartir el poder con la burguesía. Sejfulla Malëshova estaba en contra de las reformas económicas y sociales revolucionarias, pretendía en cambio una colaboración abierta y sincera con la gran burguesía comercial e industrial, sin confiscar sus bienes ni sus fábricas, la extinción de la lucha de clases y la integración pacífica del elemento capitalista en el socialismo». (Enver Hoxha; Informe en el IIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 31 de marzo de 1952)