viernes, 21 de julio de 2017

La filosofía maoísta y su base metafísica e idealista»; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«La base de los cambios y el desarrollo no pueden ser los ciclos, sino la contradicción o contradicciones fundamentales, es decir, las causas internas. Esta es la verdadera concepción dialéctica defendida por Lenin en su escrito Sobre la dialéctica» y por Mao Zedong en su trabajo «Sobre la contradicción». (Partido Comunista de España (reconstituido); Problemas filosóficos de las ciencias modernas, 1989)

Pasemos a analizar la zafia podredumbre filosófica de la pseudodialéctica maoísta en la que se basa la vieja y nueva filosofía del PCE (r).

En sus palabras, una nueva etapa en la era de la filosofía donde tomando en cuenta las aberraciones de Mao, deberíamos empezar a hablar según ellos del «marxismo-leninismo-maoísmo», ¡¡¡o de «una tercera etapa en el desarrollo del marxismo»!!!:

«Así llegamos a la tercera etapa del desarrollo del marxismo, a la etapa actual maoísta. Con las aportaciones de Mao a la teoría y a la práctica del marxismo-leninismo se puede decir que, efectivamente, éste devino en marxismo-leninismo-maoísmo». (Partido Comunista de España (Reconstituido); Escrito en diciembre de 1993 Publicado en Mao y la Revolución China marzo de 1994)

Esta misma barbaridad de tomar a una corriente del revisionismo moderno, el maoísmo, como el súmmum del marxismo se escribía en el año 1994, para que tiempo después, en 2007, Arenas nos viniera con el cuento de que ellos nunca fueron maoístas. Pero la historia no miente.

a) ¿Cómo concibe Mao el proceso del conocimiento?

«En la etapa inferior, el conocimiento se manifiesta como conocimiento sensorial y, en la etapa superior, como conocimiento lógico, pero ambas son etapas de un proceso cognoscitivo único. (...) La sensación sólo resuelve el problema de las apariencias; únicamente la teoría puede resolver el problema de la esencia. (...) La expresión de la Crónica de los tres reinos: «Frunció el entrecejo y le vino a la mente una estratagema», o la del lenguaje corriente: «Déjeme reflexionar», significan que el hombre, empleando conceptos en el cerebro, procede al juicio y al razonamiento. Esta es la segunda etapa del conocimiento». (Mao Zedong; Sobre la práctica, 1937)

«Al comienzo, el conocimiento es puramente sensitivo. Al acumularse cuantitativamente este conocimiento sensitivo se producirá un salto y se convertirá en conocimiento racional, en ideas. Este es el proceso del conocimiento. Es la primera etapa del proceso del conocimiento en su conjunto, la etapa que conduce de la materia objetiva a la conciencia subjetiva, de la existencia a las ideas. (...) Luego se presenta la segunda etapa del proceso del conocimiento, la etapa que conduce de la conciencia a la materia, de las ideas a la existencia». (Mao Zedong; ¿De dónde provienen las ideas correctas?, 1963)

Aquí hay una falsificación de la noción marxista-leninista de proceso del conocimiento, volviendo al modelo premarxista de dos etapas divididas entre sí sin nada que ver, la primera etapa; donde separa las sensaciones y percepciones. Y la segunda; donde presumidamente ya entra en juego la razón:

«El proceso de cognición de la realidad objetiva de una persona, desde el punto de vista del materialismo dialéctico, consta de dos etapas o momentos principales: empírico, es decir, experimental y racional, es decir, mental. En la historia de la filosofía, estos momentos de cognición a menudo se veían de manera unilateral, metafísica, separados unos de otros, opuestos entre sí. (…) El materialismo dialéctico niega un enfoque unilateral del proceso de cognición, creyendo que los momentos racionales y empíricos de la cognición están dialécticamente conectados entre sí, se impregnan, se complementan en el complejo y diverso proceso de cognición, procediendo sobre la base de la práctica sociohistórica de las personas». (Partido Comunista de la Unión Soviética; Conocimiento del mundo y sus leyes, 1953)

Criticando estas posturas del maoísmo, el filósofo albanés Kureta diría:

«Como fenómeno social, el conocimiento es un proceso complejo que comprende numerosos eslabones y grados, y se desarrolla constantemente haciéndose más profundo. El conocimiento se granjea a través de las relaciones orgánicas establecidas entre sus elementos sensibles y racionales. Así, los sentidos y la razón trabajan juntos en el curso de este proceso exprimiendo mucho más la diferencia entre las sensaciones y las percepciones humanas y las animales. Cuando el hombre recibe estímulos por la percepción, su razón no pasa inactiva en el proceso. Por otra parte, cuando razona, el hombre piensa a partir de los datos abastecidos por sus órganos sensitivos. Sobre esta base y gracias a la práctica, el conocimiento se profundiza gradualmente, y del conocimiento empírico viene el conocimiento teórico, enriqueciendo las teorías existentes y creando las nuevas teorías. Dividir el único proceso del conocimiento en empirismo y racionalismo, es decir en el hecho de considerar unilateralmente como absolutos los datos de los sentidos o los del pensamiento abstraído en el curso de este proceso, constituye una característica clásica de la filosofía premarxista. Los fundadores de la filosofía marxista-leninista trataron de manera materialista-dialéctica el proceso único del conocimiento, criticando los conceptos idealistas y metafísicos. (...) Precisamente es porque el hombre obra con la razón que puede comprender las cosas, los objetos o los fenómenos que siente y percibe. Los datos que le abastecen sus órganos sensitivos constituyen el contenido de saberes de diferentes niveles. Así, el concepto materialista-dialéctico no escinde el proceso único del conocimiento en conocimiento sensible de una parte, donde la razón estaría ausente, y en pensamiento abstracto por otra parte, de donde lo sensible sería excluido. Esto no significa que, con la existencia de grados de conocimiento, los niveles de conocimiento se nieguen. El saber va haciéndose más profundo y ensanchándose sin cesar. No hay que confundir pues el proceso único del conocimiento con el nivel del saber alcanzado en un momento dado o una etapa determinada de este proceso. Para Mao Zedong al contrario, la unicidad del proceso del conocimiento es formal, ya que para él de hecho en su primera fase inferior, el conocimiento solo es sensible, y se vuelve racional solo en su segunda fase superior». (Vasillaq Kureta; La esencia antimarxista de las concepciones filosóficas del pensamiento Mao Zedong, 1984)

Otro filósofo soviético, nos daría una prueba de por qué debemos considerar en plena unidad la interrelación entre sensaciones y razonamiento:

«Cualquier cognición comienza con sensaciones, percepciones, con observación, yuxtaposición, distinción, comparación y procesamiento del material percibido por los sentidos. Todo el proceso posterior de cognición humana se basa en última instancia en la cognición sensorial. La cognición sensorial forma histórica y lógicamente la etapa inicial del proceso de cognición. Esto es cierto tanto en relación con el reflejo del mundo material en la conciencia de un individuo, como en relación con el desarrollo histórico del conocimiento humano. (…) A través de las sensaciones, las personas reciben cierta información sobre las propiedades y cualidades de los objetos y fenómenos individuales. (...) Dado que las leyes biológicas que determinaron el desarrollo de los animales fueron reemplazadas por leyes sociales en el hombre, en la medida en que sus sentidos perdieron su anterior agudeza animal y limitación biológica, pero adquirieron una nueva cualidad: se convirtieron en órganos humanos. Bajo la influencia del trabajo, la influencia práctica en el mundo a su alrededor, los órganos de los sentidos humanos y su actividad funcional mejoraron y se desarrollaron, su capacidad de percibir una gran variedad de cualidades y propiedades del mundo objetivo aumentó. (...) El materialismo dialéctico, en total acuerdo con la experiencia, la práctica y la ciencia, demuestra que la sensación es un reflejo en la conciencia humana de varias propiedades y cualidades de los objetos y fenómenos del mundo material –longitud, movimiento, forma, color, sonido, olfato, etc.–. (...) Se sabe que un cambio en el estado del cuerpo, los órganos sensoriales y el sistema nervioso afecta el proceso de la sensación, provoca una mayor o menor capacidad del sistema nervioso para responder a estímulos externos. La sensación es una imagen subjetiva, no en el sentido de una distorsión de la realidad en la conciencia de una persona, sino en el sentido de que es un proceso mental e ideal, es un procesamiento de lo material en la cabeza humana. (...) Si nuestras sensaciones reflejaran inmediata y completamente toda la complejidad de los procesos materiales, entonces la ciencia no sería necesaria. (...) La cognición sensual de una persona refleja solo los aspectos externos y las conexiones de los objetos individuales y los fenómenos de la realidad objetiva. Las sensaciones y las percepciones no son capaces de comprender conexiones universales, relaciones regulares del mundo objetivo, por lo tanto, son solo la primera etapa de la cognición humana. Por el contrario, el pensamiento abstracto le permite penetrar en la esencia de los objetos y fenómenos, le permite descubrir sus leyes generales. Pero la transición misma de la cognición sensorial al pensamiento abstracto sería imposible si en la propia sensibilidad del hombre no se establecieran las posibilidades, los requisitos previos para tal transición». (Y.G. Gaydukov; El reconocimiento del mundo y sus regularidades, 1953)

Aquí se demuestra que en esa «etapa inicial» del conocimiento –de las sensaciones, percepciones y representantes–, que todavía no es un pensamiento científico, ya que el sujeto aún no ha contrastado esto con el resto de la realidad circundante hasta conocer sus leyes a fondo, opera con ciertas formulaciones lógicas y de ordenación, comparando y ordenando la información recibida por los sentidos, sistematizando su experiencia. Sin esto, no se entendería el paso de un nivel a otro, de la contemplación viva al pensamiento científico. El ejemplo lo tenemos en ciertos animales o en los niños pequeños frente a las cuestiones de peso de la vida, donde no tienen desarrollado el andamiaje que le permita conocer las cosas en su total profundidad, por lo tanto, solo pueden valerse de su limitado pensamiento y extraer lecciones, pero nunca llegarán al fondo de por qué son así las cosas en la misma medida que puede llegar a hacerlo un ser humano adulto.

b) ¿Cómo considera Mao la práctica y la unidad teoría-práctica?

«Practicar, conocer, practicar otra vez y conocer de nuevo. Esta forma se repite en infinitos ciclos». (Mao Zedong; Sobre la práctica, 1937)

De nuevo dejemos las acertadas críticas del filósofo albanés:

«El conocimiento no puede obtenerse aparte de la práctica, mientras que Mao Zedong opone el uno al otro y niega el lazo dialéctico entre ellos. (...) Para Mao Zedong, la práctica es una acción operada por la voluntad humana. Reduce la práctica a la experiencia personal del hombre, a la actividad individual, denegándole así todo carácter objetivo y social en sí. Este concepto concibe primero la práctica como una actividad subjetiva del hombre, es decir, como para Hegel, la realización de la idea. Identificando práctica y experiencia personal e individual, Mao Zedong contempla la práctica como una actividad individual, como una actividad subjetiva, como la realización de las ideas humanas y de la voluntad. Esta opinión constituye una negación abierta del carácter objetivo, material y social de la práctica. Para Mao Zedong, en el curso del proceso del conocimiento, todo está bajo la dependencia de la experiencia personal y es la experiencia personal e individual la que sirve de base para conocer, para alcanzar la verdad, «para volverse revolucionaria». Aun cuando a partir de los contenidos de la práctica menciona la actividad productiva, la actividad política y la experimentación científica social, Mao Zedong reduce la práctica a una acción particular, a una experiencia personal de un individuo o a una acción definida de un grupo particular. El hombre o el grupo determinado son concebidos en este caso de manera abstracta, el hombre no es visto como un ser social, como miembro de una sociedad y de una clase determinada. El hombre social que actúa sobre la realidad objetiva adquiere una experiencia individual. Esto no puede ser negado, pero el hombre es ante todo un ser social, un portador de relaciones sociales determinadas. En la sociedad dividida en clases no hay hombre que se sitúe por encima de las clases o aparte de las clases. De ese modo, la práctica es la actividad material y social de hombres y de las clases determinados para transformar la naturaleza y la sociedad». (Vasillaq Kureta; La esencia antimarxista de las concepciones filosóficas del pensamiento Mao Zedong, 1984)

c) ¿Cómo toma en cuenta Mao Zedong el desarrollo dialéctico?

«Es preciso «prender fuego» en forma periódica. ¿Cómo proceder en adelante? ¿Prefieren ustedes encender el fuego cada año o cada tres años? A mi juicio, debemos hacerlo por lo menos dos veces durante cada plan quinquenal, a semejanza de lo que ocurre con el mes intercalar que en los años bisiestos del calendario lunar se repite una vez al tercer año y otra al quinto». (Mao Zedong, Rechazar la ofensiva de los derechistas burgueses, 8 de julio de 1957)

Como decía un camarada nuestro ante esta cita del líder chino: «Mao, mal cocinero, peor astrónomo y paupérrimo marxista». Este tipo de comentarios aparte de ser ejemplos surrealistas carecen de sentido, rompen filosóficamente con el marxismo y su materialismo dialéctico:

«En los escritos de Mao Zedong se habla frecuentemente del papel de las revoluciones en el proceso del desarrollo de la sociedad, pero en esencia él se atiene a una concepción metafísica, evolucionista. Contrariamente a la dialéctica materialista, que argumenta el desarrollo progresivo en forma de espiral, Mao Zedong predica el desarrollo en forma cíclica, giratoria, como un proceso ondulatorio que pasa del equilibrio al desequilibrio y nuevamente al equilibrio, del movimiento a la inmovilidad y de nuevo al movimiento, del ascenso al descenso y del descenso al ascenso, de la progresión a la regresión y seguidamente a la progresión, etc. Así pues, al igual que los viejos astrólogos, obtiene del calendario lunar la ley sobre el encendido periódico del fuego, sobre el desarrollo que va de la «gran armonía» al «gran desorden» y de nuevo a la «gran armonía», y así los ciclos se repiten periódicamente». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

De este modo se opone a la concepción materialista-dialéctica sobre el desarrollo que, como dice Lenin:

«Nos proporciona la clave del «automovimiento» de todo lo existente; nos da la clave de los «saltos», la «ruptura de la continuidad», la «transformación en el contrario», la «destrucción de lo viejo y el surgimiento de lo nuevo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; En torno a la cuestión de la dialéctica, 1915)

Mao culpa a Stalin de ser un metafísico que no habría comprendido suficientemente bien la unidad de los contrarios:

«En Stalin hubo mucho de metafísica; además, él enseñó a mucha gente a ponerla en práctica. (...) Al explicar el cuarto rasgo –las contradicciones internas implícitas en los objetos y fenómenos–, se limitó a hablar de la lucha de los contrarios sin mencionar su unidad. De acuerdo con la ley de la unidad de los contrarios –la ley fundamental de la dialéctica–, los contrarios están en lucha pero al mismo tiempo conforman una unidad; se excluyen mutuamente pero también están vinculados entre sí y, en determinadas condiciones, se transforman el uno en el otro». (Mao Zedong; Discursos en una Conferencia de secretarios de comités provinciales, municipales y de región autónoma de partido; Discurso del 27 de enero, Obras Escogidas, Tomo V, 1957)

Mao aquí no parece tener en cuenta que:

«La unidad –coincidencia, identidad, acción igual– de los contrarios es condicional, temporaria, transitoria, relativa. La lucha de los contrarios mutuamente excluyentes es absoluta, como son absolutos el desarrollo y el movimiento». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Cuadernos filosóficos, 1913)

Mao Zedong en cambio, exageró esa unidad de los contrarios entre el proletariado y la burguesía nacional, unidad que solo era relativa y condicional a un período concreto como la lucha contra el imperialismo japonés, pero como haría Tito, después de la lucha contra el invasor extranjero se atrevió a decretar que la relaciones del proletariado con las clases explotadoras nacionales era una unidad no antagónica, armoniosa:

«En la esfera de la política interior, el nacionalismo del grupo de Tito lleva al pacto entre los explotadores y los explotados, hacia una política de «unión» de los explotadores y de los explotados, en un frente «nacional», hacia una política de abandono de la lucha de clases, hacia la preconización embustera de la posibilidad de edificar el socialismo sin lucha de clases, de la posibilidad de una integración pacífica de los explotadores en el socialismo, hacia la desmovilización del espíritu de combate de los trabajadores yugoslavos». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin;  A dónde conduce el nacionalismo del grupo de Tito en Yugoslavia, 1948)

Al no compreder la lucha y unidad de cotrarios, y negar abiertamente la ley del trueque de la cantidad en calidad, junto a la ley de la negación de la negación, el maoísmo rechaza el socialismo como fase de transición entre el Estado capitalista y el comunismo, la cual debe llevar en su seno la «dictadura revolucionaria del proletariado» y la lucha de clases. Las teorías y prácticas oportunistas del maoísmo en la fase de transición, promoviendo la iniciativa privada, la alianza inmutable con la burguesía nacional y sus partidos, su expresión cultural, caracterizando sus relaciones como «no antagónicas» y dentro «del seno del pueblo», etc. Esto no viene más que a confirmar nuestra aserción: el maoísmo al negar la filosofía marxista-leninista negó la revolución en sentido marxista y revolucionario, por tanto, era imposible la construcción del socialismo. 

En su filosofía cíclica, el maoísmo considera:

«Si la burguesía y el proletariado no pudieran transformarse el uno en el otro, ¿cómo se explicaría que el proletariado se transforme, por medio de la revolución, en clase dominante y la burguesía pase a ser clase dominada? Por ejemplo, nosotros y el Kuomintang de Chiang Kai-shek estábamos en posiciones diametralmente opuestas. Como resultado de la lucha y la exclusión mutuas de los contrarios, nosotros y el Kuomintang cambiamos de posición: Este pasó de dominante a dominado y nosotros, de dominados a dominantes». (Mao Zedong; Discursos en una Conferencia de secretarios de comités provinciales, municipales y de región autónoma de partido; Discurso del 27 de enero, Obras Escogidas, Tomo V, 1957)

Pero como dice Hoxha, el maoísmo:


«Le contrapone la concepción metafísica «sin vida, pálida, árida». Esto se ve con mayor claridad cuando Mao Zedong trata el problema de las contradicciones, dominio donde, según la propaganda china, Mao Zedong habría dado «una contribución especial» y habría desarrollado aún más la dialéctica materialista. Es cierto que Mao Zedong en muchos de sus escritos habla frecuentemente de los contrarios, de las contradicciones, de la unidad de los contrarios, emplea incluso citas y frases marxistas, pero, con todo esto, está muy lejos de la comprensión materialista dialéctica de estas cuestiones. Al tratar las contradicciones no parte de las tesis marxistas, sino de las tesis de los antiguos filósofos chinos, considerando los contrarios de manera mecánica como fenómenos externos e imaginando la transformación de los mismos como una simple inversión de los dos términos. Operando con algunos de esos contrarios eternos que coge de la filosofía antigua como arriba-abajo, detrás-delante, derecha-izquierda, fácil-difícil, etc. Mao Zedong en el fondo, niega las contradicciones internas en los mismos objetos y fenómenos, y trata el desarrollo como una mera repetición, como una sucesión de estados intangibles donde se observan los mismos contrarios y la misma correlación entre ellos.  Mao Zedong interpreta la transformación de cada uno de los dos términos de una contradicción en su contrario como un esquema formal al cual todo debe estar subordinado, como una simple inversión y no como la solución de la contradicción ni como un cambio cualitativo del propio fenómeno que comporta estos contrarios». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

Considerar la poder del proletariado como exactamente un mero cambio de posiciones, es ignorar aspectos fundamentales, pues:

«La diferencia entre la revolución proletaria y la revolución burguesa podría resumirse en cinco puntos fundamentales:

1) La revolución burguesa comienza, generalmente, ante la presencia de formas más o menos plasmadas de economía capitalista, formas que han surgido y madurado en el seno de la sociedad feudal ya antes de la revolución manifiesta; mientras que la revolución proletaria comienza con la ausencia total o casi total de formas plasmadas de economía socialista.

2) La tarea fundamental de la revolución burguesa se reduce a conquistar el Poder y ponerlo en consonancia con la economía burguesa existente; mientras que la tarea fundamental de la revolución proletaria consiste en construir, una vez conquistado el Poder, una economía nueva, la economía socialista.

3) La revolución burguesa termina, generalmente, con la conquista del Poder; mientras que para la revolución proletaria la conquista del Poder no es más que el comienzo, con la particularidad de que en este caso el Poder se utiliza como palanca para transformar la vieja economía y organizar la nueva.

4) La revolución burguesa se limita a sustituir en el Poder a un grupo de explotadores por otro grupo de explotadores, razón por la cual no necesita destruir la vieja máquina del Estado; mientras que la revolución proletaria arroja del Poder a todos los grupos explotadores, sin excepción, y coloca en él al jefe de todos los trabajadores y explotados, a la clase de los proletarios, razón por la cual no puede dejar de destruir la vieja máquina del Estado y sustituirla por otra nueva.

5) La revolución burguesa no puede agrupar en torno a la burguesía, por un período más o menos largo, a los millones de hombres de las masas trabajadoras y explotadas, precisamente porque se trata de trabajadores y explotados; mientras que la revolución proletaria puede y debe unirlos al proletariado en una alianza duradera, precisamente por tratarse de trabajadores y explotados, si es que quiere cumplir su tarea fundamental de consolidar el Poder del proletariado y construir una nueva economía, la economía socialista». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin; Cuestiones del leninismo, 25 de enero de 1926)

De nuevo Mao alude de manera simple:

«Al transformarse en una cosa que le es contraria, el dogmatismo se convierte bien en marxismo, bien en revisionismo». (Mao Zedong; Las cosas empiezan a cambiar; Obras Escogidas, Tomo V, 15 de mayo de 1957)


Por lo que:


«La metafísica se transforma en dialéctica y la dialéctica en metafísica», etc. Detrás de estas afirmaciones absurdas y tras el juego sofisticado de los contrarios se ocultan los conceptos oportunistas y antirrevolucionarios de Mao Zedong. Así, la revolución socialista no es vista por él como un cambio cualitativo de la sociedad, donde desaparecen las clases antagónicas y la opresión y la explotación del hombre por el hombre, sino que es imaginada como una simple inversión de papeles entre la burguesía y el proletariado. Para probar este «descubrimiento». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución
1978)

Stalin volvió a la misma idea al insistir también en la ruptura con los viejos diseños circulares de la vieja dialéctica:

«Por eso, el método dialéctico entiende que el proceso de desarrollo debe concebirse no como movimiento circular, no como una simple repetición del camino ya recorrido, sino como un movimiento progresivo, como un movimiento en línea ascensional como el tránsito del viejo estado cualitativo a un nuevo estado cualitativo, como el desarrollo de lo simple a lo complejo, de lo inferior a lo superior». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Materialismo dialéctico y el materialismo histórico, 1938)

La razón de esto, estaría en que como el propio Mao reconocería, su desconocimiento del marxismo era evidente:

«El trabajo revolucionario que durante muchos años hemos realizado ha sido a ciegas. (...) Sin saber cómo debía llevarse a cabo la revolución, contra quién había que dirigir su punta de lanza, sin imaginar sus etapas, a saber, quién debía ser derrocado en un comienzo y quién más tarde, etc». (Mao Zedong; Conferencia de trabajo ampliada convocada por el Comité Central del Partido Comunista de China, 30 de enero de 1962)

Tampoco después de 1962 cambiaría esta desorientación.

d) ¿Cómo toma Mao el criterio de la verdad?

Lenin atacando el idealismo de los pragmáticos decía que:

«Para el materialista, el «éxito» de la práctica humana demuestra la concordancia de nuestras representaciones con la naturaleza objetiva de las cosas que percibimos. Para el solipsista, el «éxito» es todo aquello que yo necesito en la práctica, la cual puede ser considerada independientemente de la teoría del conocimiento». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Materialismo y empiriocritcismo, 1908)

Los filósofos soviéticos advertían:

«Los idealistas reducen todo el proceso de cognición a una actividad puramente mental de una persona, reflejando, por regla general, la ideología, la aspiración y el deseo de las clases reaccionarias y moribundas, no interesados ​​en un verdadero conocimiento del mundo, los idealistas temen a la realidad, evitan verificar sus ideas con hechos y prácticas sociales». (Partido Comunista de la Unión Soviética; Conocimiento del mundo y sus leyes, 1953)

Por otro lado, Mao Zedong utilizaba, para saber si su pensamiento coincide con la realidad, la regla de si ese pensamiento ha sido útil o no al propósito:

«Aplicar la teoría a la práctica y ver si conduce a los objetivos planteados. (...) Estas ideas, teorías, planes o proyectos a la práctica del mismo proceso objetivo alcanzan los objetivos planteados». (Mao Zedong; Sobre la práctica, 1937)

Esto es una estupidez pragmática muy característica de este revisionismo, algo fuera de todo debate, algo que vuelve a desnudar su escaso conocimiento del marxismo, ya que unas: ideas, teorías, planes o proyectos determinados pueden ser deseables y útiles para un hombre determinado o un extracto social determinado y no ser verdad ni tener un carácter objetivo. De igual modo, que, una teoría verdadera puede no dar a resultado útil para un hombre o una clase determinada, y aun así, esto no probaría que los conocimientos, teorías, y acciones seguidas no hubieran coincidido con la realidad objetiva, sino que simplemente, puede que no coincidiesen con los interesan del individuo o clase.

Estos mismos planteamientos mantenían los ideólogos más acérrimos de la burguesía en los campos del pensamiento filosófico como Stuart Mill o William James: 


«Bajo los principios del pragmatismo, si la hipótesis de Dios funciona satisfactoriamente en el sentido más amplio de la palabra, es verdadera. Ahora, cualesquiera que sean sus dificultades residuales, la experiencia muestra que ciertamente funciona, y que el problema es construirlo y determinarlo, de modo que se combine satisfactoriamente con todas las otras verdades funcionales». (William James; Pragmatismo: un nuevo nombre para algunas viejas formas de pensar, 1907)

El lector debe de tener en cuenta lo pernicioso que ha sido hasta la fecha este criterio de la verdad que usan y propagan las organizaciones maoístas.

El marxista-leninista Vasillaq Kureta diría sobre esto:

«Mao Zedong deforma también la tesis de la filosofía marxista-leninista sobre la práctica como el criterio objetivo de la verdad. En su obra: «Sobre la práctica» de 1937, recuerda que la práctica es el criterio de la verdad, pero solamente hay que subrayar que Mao Zedong aprecia esta cuestión a partir de posiciones pragmáticas. Para él, la realidad concreta es siempre tal como el hombre la produce, para él, la realidad está sometida a la voluntad, a la fuerza humana. Por otra parte, como criterio destinado a probar si el saber es la verdad o no, si coincide con la realidad objetiva o no, Mao Zedong utiliza para este fin: el provecho, la utilidad, el éxito. Este punto de vista maoísta es idéntico al del pragmático estadounidense William James que decía que: «la verdad es lo que es útil». Así, según Mao Zedong, para distinguir la verdad de la no verdad, hace falta. (...) Afirma que si logramos el éxito que esperábamos –independientemente del hecho de que los conocimientos fueran verdaderos o no–, las ideas, teorías, planes o proyectos etc. entonces eran ciertos, verdad. Pero, unas ideas, teorías, planes o proyectos determinados pueden ser deseables y útiles para un hombre determinado o un extracto social determinado y no ser verdad ni tener un carácter objetivo. De igual modo que una teoría verdadera puede no dar a lugar en un punto a resultado útil para un hombre o una clase determinada, y aun así esto no probaría que los conocimientos, teorías, y demás seguidos no hubieran coincidido con la realidad objetiva. Esto puede ser probado por la práctica. Por todo esto la lógica pragmática de Mao Zedong es una forma de justificación para sus «teorizaciones», así como también por otro lado, de sus prácticas contrarrevolucionarias frente a las clases explotadoras. Esto se encuentran en su política oportunista y pragmática seguida por él y que hoy en día es seguida aún por la dirección revisionista china». (Vasillaq Kureta; La esencia antimarxista de las concepciones filosóficas del pensamiento Mao Zedong, 1984)

Hoy, los voceros del socialimperialismo chino, emulando a los ideólogos del imperialismo yankee, recurre a la idea pragmática de que sus ideas «heterodoxas» y «creadoras» del marxismo... son ciertas porque han permitido a la burguesía china erigirse como potencia regional primero, y como una de las grandes potencias mundiales después:

«Los intentos fraudulentos de los pragmáticos estadounidenses para reemplazar la práctica humana real con la «experiencia» subjetiva, el «éxito», el «beneficio», etc. son en realidad una forma de negación idealista de la verdad objetiva y la realidad del mundo externo. Para los pragmáticos, el concepto de «práctica» se ve privado de un valor objetivamente real, privado de la conexión con el mundo real, por lo tanto, asume un carácter subjetivo idealista y, desde su punto de vista, supuestamente puede confirmar cualquier fabricación anticientífica si es beneficiosa y útil para el imperialismo». (Partido Comunista de la Unión Soviética; Materialismo dialéctico, 1953)


Pero tales argumentaciones de los maoístas, no pueden demostrar cosas como «socialismo» o «internacionalismo», lo único que «se puede demostrar con la práctica» es que en China no solo no han desaparecido las clases explotadoras, sino que las diferencias de clase cada vez son más amplias, y que su burguesía ya no solo explota a los trabajadores chinos, sino que esquilma a buena parte del proletariado mundial.

e) ¿Tiene en cuenta Mao la ley de de la «transformación de lo cuantitativo en cualitativo» o la ley de la «negación de la negación»?

En la obra de Mao Zedong «Sobre la contradicción» de 1937 que tanto le gusta al PCE (r), Mao no hace en ninguna parte referencia a «la negación de la negación» ni al «paso de la cantidad a la calidad». Da distintos rodeos sobre la distinción entre «contradicción principal y contradicción secundaria» y «aspecto principal y aspecto secundario de la contradicción», pero no comenta nada de lo otro, siendo una dialéctica cíclica, común entre los premarxistas como Heráclito y otros. Entre los dialécticos intuitivos griegos como Heráclito que, limitados por el precario desarrollo de su «ciencia», mantenían legítimamente unas limitaciones en cuanto al método de análisis del mundo, no así un sujeto como Mao en pleno siglo XX.

El maoísta francés Alain Badiou recuperaría los textos inéditos en Occidente, ¡donde Mao llega a decir que él «no cree» en la ley del cambio cuantitativo en cualitativo ni en la ley de la negación de la negación! En una reunión informal en la que se encontraba Chen Boda, Lu Ping y Kang Sheng, ante la pregunta de este último «sobre el problema de las tres categorías», Mao respondió:

«Engels habló de tres categorías, pero en lo que a mí se refiere, hay dos de estas categorías en las cuales no creo. La unidad de los contrarios es la ley más fundamental. La transformación de la calidad en cantidad, y a la inversa, no es nada más que la unidad de la calidad y de la cantidad consideradas como su contrario. En cuanto a la negación de la negación, esto no existe en absoluto. La yuxtaposición sobre el mismo plan de la transformación de la calidad en cantidad y a la inversa, de la negación de la negación, y de la ley de la unidad de lo contrario, es de «triplismo», esto no es el monismo. (...) No existe nada tal como la negación de la negación. Afirmación, negación, afirmación, negación. (...) En el desarrollo de las cosas: cada eslabón en la cadena de los acontecimientos es a la vez afirmación y negación». (Mao Zedong; Comentarios filosóficos, 18 de agosto de 1964)

Primero. Sobre la ley de la transformación de la cantidad en calidad, Marx diría:

«Aquí, como en las ciencias naturales, se confirma la exactitud de aquella ley descubierta por Hegel en su Lógica, según la cual, al llegar a un cierto punto, los cambios puramente cuantitativos se truecan en diferencias cualitativas». (Karl Marx; El capital, TomoI, 1867)

Engels diría años después:

«Todas las diferencias cualitativas que se dan en la naturaleza responden, bien a la diferente composición química, bien a las diferentes cantidades o formas de movimiento energía, o bien, como casi siempre ocurre, a ambas cosas a la vez. Por consiguiente, es imposible cambiar la cualidad de un cuerpo sin añadir o sustraer materia o movimiento, es decir, sin un cambio cuantitativo del cuerpo de que se trata. Bajo esta forma, la misteriosa tesis hegeliana, no sólo resulta perfectamente racional, sino que se revela, además, con bastante evidencia». (Friedrich Engels; Dialéctica de la naturaleza, 1875)

Esto se puede comprobar en todos los cambios de la naturaleza como Engels expone en su obra. 

Si la ley del trueque de la cantidad en calidad no existiese en la sociedad, si fuese lo mismo que la ley de la unidad de los contrarios, se estarían negando las bases que dan pie a la revolución:

«Una de las manifestaciones de la ley de la transición de cambios cuantitativos a fundamentales y cualitativos en la vida pública es también el cambio de un modo de producción a otro, la lenta acumulación de diversas contradicciones durante el período del llamado desarrollo pacífico y la resolución de estas contradicciones durante una revolución social, durante la revolución. Entonces, bajo las condiciones del capitalismo, el proceso de acumulación de elementos o condiciones previas tiene lugar primero, para su reemplazo revolucionario con el socialismo el crecimiento continuo de las contradicciones inherentes al capitalismo, el crecimiento del proletariado, el crecimiento de su conciencia y organización, la acumulación gradual de la experiencia de la lucha revolucionaria de las masas, etc., y luego viene el período de cambios fundamentales y cualitativos». (Partido Comunista de la Unión Soviética; Materialismo dialéctico, 1953)

En el campo filosófico, sin la ley del trueque de la cantidad en calidad, tampoco se podría explicar la aparición misma del marxismo, pues se llegarían a conclusiones banales, pero como sabemos:

«Evidentemente, como todo descubrimiento, como todo salto hacia adelante, toda ruptura en la progresión, todo paso a un nuevo estado, no se ha podido producir este descubrimiento sin una previa acumulación de cambios cuantitativos, que en el caso presente, son las aportaciones de la filosofía antes de los descubrimientos de Marx y Engels. Está claro que el autor no comprende que Marx y Engels han fundado una nueva filosofía, cualitativamente diferente de todos los sistemas precedentes, por progresivos que fuesen». (Andréi Zhdánov; Sobre la historia de la filosofía, 1947)

Segundo. ¿Qué pasa con la ley de la negación de la negación? Decir que no existe esta ley dialéctica equivale a sustituir el desarrollo en espiral o acumulativo de la materia por el desarrollo cíclico-metafísico. Los clásicos lucharon contra esta última idea toda su vida. Sus investigaciones confirmaban, como la historia ha hecho y la vida sigue confirmando cada día, que el desarrollo de la materia presupone que no se vuelva al punto inicial sino que este evolucione. Eso está claro, y si miramos detenidamente el proceso del desarrollo, vemos cómo las fases «tesis-antítesis-síntesis» se cumplen en todos los niveles de observación: micro, meso y macro.

Marx, explicando a idealistas como Proudhon que no entendían realmente el origen histórico de la monopolización, expresó:

«El señor Proudhon no habla más que del monopolio moderno engendrado por la competencia. Pero todos sabemos que la competencia ha sido engendrada por el monopolio feudal. Así, pues, primitivamente la competencia ha sido lo contrario del monopolio, y no el monopolio lo contrario de la competencia. Por tanto, el monopolio moderno no es una simple antítesis, sino que, por el contrario, es la verdadera síntesis.

Tesis: El monopolio feudal anterior a la competencia.

Antítesis: La competencia.
Síntesis: El monopolio moderno, que es la negación del monopolio feudal por cuanto presupone el régimen de la competencia, y la negación de la competencia por cuanto es monopolio». (Karl Marx; Miseria de la filosofía, 1847)

En su momento Dühring se reía de la ley de la «negación de la negación» diciendo que solamente eran «pamplinas hegelianas». He aquí cómo Engels le responde irónicamente:

«Pero ¿qué es esa terrible negación de la negación que tanto amarga la vida al señor Dühring, hasta el punto de desempeñar para él el mismo papel que en el cristianismo el pecado contra el Espíritu Santo? Es un procedimiento sencillísimo, que se ejecuta en todas partes y cotidianamente y que puede entender un niño. (...) Pensemos en un grano de cebada. Billones de tales granos se muelen, se hierven y fermentan, y luego se consumen. Pero si un tal grano de cebada encuentra las condiciones que le son normales, si cae en un suelo favorable, se produce en el, bajo la influencia del calor y de la humedad, una transformación característica: germina; el grano perece como tal, es negado, y en su lugar aparece la planta nacida de él, la negación del grano. Pero ¿cuál es el curso normal de la vida de esa planta? La planta crece, florece, se fecunda y produce finalmente otros granos de cebada, y en cuanto que éstos han madurado muere el tallo, es negado a su vez. Como resultado de esta negación de la negación tenemos de nuevo el inicial grano de cebada, pero no simplemente reproducido, sino multiplicado por diez, veinte o treinta». (Friedrich Engels; Anti-Dühring, 1878)

El mismo Marx aseguraba en: «Manuscritos económicos y filosóficos» de 1844 que la «negación de la negación» no era un anteojo cóncavo a través del cual observaba una realidad deformada por «adecuarla a un prejuicio hegeliano». Por el contrario, concluía que era un resultado del previo proceso de observación de la realidad. Entender las «tríadas hegelianas» –tesis-antítesis-síntesis– como se entienden en la dialéctica idealista de Hegel es un error. Pero esto no quiere decir que la experiencia no confirmase otro tipo de tríadas; aquéllas derivadas del análisis materialista dialéctico de la realidad. 

Tomemos la historia. ¿No está claro que sigue un esquema de negación de la negación? Veamos:

«En la antigüedad se llamaba dialéctica a la capacidad de descubrir la verdad dejando en evidencia las contradicciones en el discurso y argumentación del contendiente. Tiempo más tarde se denominó así a un método de estudio y comprensión que se basa en la confrontación de las características de una situación o sistema a las contradicciones que este genera en su interior. El contenido dialéctico de alguno de los filosóficos anteriores nunca pudo alcanzar este estricto rigor científico hasta la aparición del marxismo, que conjugaba junto al método dialéctico, el método materialista de análisis. El marxismo tenía su método materialista-dialéctico, que contemplaba la naturaleza como un mundo interconectado, en el explica que hay un proceso continuo de pugnas y renovación; del mismo modo considera la naturaleza como algo sujeto a constantes cambios, siempre en movimiento; observa su desarrollo desde el criterio de que las transformaciones parten de la acumulación de unos cambios cuantitativos –inadvertidos y graduales–, a cambios radicales, cualitativos, la cantidad así se transforma en calidad; que los objetos y fenómenos siempre cuentan con su lado de caducidad y de desarrollo progresivo–. Todo esto tiene la intencionalidad de explicar el continuo movimiento de los procesos históricos desde una metodología científica; una de las leyes fundamentales de la dialéctica marxista es la que expone que siempre hay una tesis –afirmación– y antítesis –negación– para superar las contradicciones establecidas entre ellas mediante la obtención de una «síntesis superadora», lo que ha venido a denominarse como «negación de la negación» de las viejas contradicciones de la realidad. Esta nueva síntesis establecerá a su vez nuevas contradicciones, una nueva tesis que habrá de ser superada mediante el mismo método; por ejemplo: para que el capitalismo exista necesita de una tesis –burguesía, clase explotadora propietaria de los medios de producción que se apropia de la plusvalía– y de una antítesis –proletariado, que vende su fuerza de trabajo y a la que extraen la plusvalía–; el resultado de la confrontación de estos dos elementos dará lugar a una síntesis superadora –el socialismo que presupone la toma de poder del proletariado, eliminará las clases explotadoras y pondrá fin a la explotación asalariada, quedando solo los trabajadores en un nuevo modelo económico de propiedad social–, esta síntesis convertida en nueva tesis tendrá que ser confrontada por una antítesis –las contradicciones que el socialismo genere, por ejemplo la herencia de la anterior sociedad como la diferencia entre el campo y la ciudad, la vieja y nueva burocracia, la concepción patriarcal o el misticismo, la presión exterior y otros temas– que deberán ser superados para así obtener una nueva síntesis superadora: el comunismo, que presupone el fin de todas las clases sociales y que ahora sí puede dar satisfacción material a todas las exigencias de la sociedad tras haber superado las reminiscencias económicas-culturales de la vieja sociedad». (Bitácora (M-L); Terminológico, 2013)

Tercero: sobre la ley de la lucha y unidad de los contrarios, la cual parece que es la única ley que reconoce Mao, ni siquiera es una ley que el maoísmo haya respetado por las razones ya expuestas, siendo ella, un requisito indispensable para los comunistas en su línea política:

«El desarrollo, enseñado por los clásicos del marxismo-leninismo, está determinado no por la unidad de los opuestos, sino por la lucha de los opuestos. Esta y solo esta es la fuente del autodesarrollo de objetos, fenómenos y procesos. Los clásicos del marxismo siempre han enfatizado lo absoluto de la lucha de los opuestos y la relatividad de la unidad. Por lo tanto, elevar la unidad de los opuestos en un factor decisivo y determinante en el desarrollo y el autodesarrollo significa volver al hegelianismo, al oportunismo. (...) Lenin y Stalin, aplicando prácticamente esta ley universal y más profunda de la dialéctica marxista, establecieron que en la lucha de dos clases opuestas y antagónicas, el proletariado y la burguesía, la más peligrosa es la política comprometedora de reformistas y oportunistas, para la línea de acuerdo entre el proletariado y la burguesía. La línea del reformismo, en cualquier forma que aparezca, abierta u oculta, es la línea de la traición: de los intereses, de la clase trabajadora, es la línea de defensa y preservación del sistema capitalista. (...) El partido de la clase trabajadora no puede cumplir el papel de organizador y líder de la revolución proletaria, el papel de constructor de una nueva sociedad socialista sin una lucha implacable en contra. oportunistas, con varios grupos de capitulación en sus filas, sin la liquidación de estos grupos». (Partido Comunista de la Unión Soviética; Conocimiento del mundo y sus leyes, 1953)

Así pues, los que durante décadas llevan apoyando la risible idea de que Mao es un genio de la filosofía materialista dialéctica deberían repasar más sus escritos, contrastarlos con los fundamentos más básicos del mismo, para conocer la realidad de este farsante antimarxista.

Con todo esto, nos queda por completo claro que los marxista-leninistas no podemos entender la filosofía materialista dialéctica e histórica, ni por supuesto el propio desarrollo humano, sin estas leyes que el renegado Mao rechaza:

«Las leyes de la dialéctica se abstraen, por tanto, de la historia de la naturaleza y de la historia de la sociedad humana. Dichas leyes no son, en efecto otra cosa que las leyes más generales de estas dos fases del desarrollo histórico y del mismo pensamiento. Y se reducen en lo fundamental a tres: ley del trueque de la cantidad en cualidad y viceversa; ley de la penetración de los contrarios; ley de la negación de la negación». (Friedrich Engels; Dialéctica de la naturaleza, 1886)

Lenin explicando la relevancia de los aportes de Marx, explicó que la evolución y desarrollo no se produce ni según un círculo cíclico, ni según una línea recta, sino en espiral:

«En nuestro tiempo, la idea del desarrollo, de la evolución, ha penetrado casi en su integridad en la conciencia social, pero no a través de la filosofía de Hegel, sino por otros caminos. Sin embargo, esta idea, tal como la formularon Marx y Engels, apoyándose en Hegel, es mucho más completa, mucho más rica en contenido que la teoría de la evolución al uso. Es un desarrollo que, al parecer, repite etapas ya recorridas, pero de otro modo, sobre una base más alta –«negación de la negación»–, un desarrollo, por decirlo así, en espiral y no en línea recta; un desarrollo que se opera en forma de saltos, a través de cataclismos y revoluciones, que significan «interrupciones de la gradualidad»; un desarrollo que es trasformación de la cantidad en calidad, impulsos internos de desarrollo originados por la contradicción, por el choque de las diversas fuerzas y tendencias, que actúan sobre determinado cuerpo, o dentro de los límites de un fenómeno dado o en el seno de una sociedad dada; interdependencia íntima e indisoluble concatenación de todos los aspectos de cada fenómeno –con la particularidad de que la historia pone constantemente al descubierto nuevos aspectos–, concatenación que ofrece un proceso de movimiento único, universal y sujeto a leyes; tales son algunos rasgos de la dialéctica, teoría mucho más empapada de contenido que la –habitual– doctrina de la evolución». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Karl Marx, 1913)

f) ¿Cómo han influido estas ideas filosóficas en la aplicación de la lucha de clases?

«[Mao Zedong] continuó exponiendo y defendiendo la que había sido la línea general del Partido Comunista de China para la transición al socialismo: el gobierno de coalición de cuatro clases, la transición gradual y pacífica hacia el socialismo, el «remodelamiento» e integración de la burguesía en el socialismo, y el «tratamiento de la contradicción con la burguesía nacional como una contradicción entre el seno del pueblo» –a pesar de que reconocía que en otros países generalmente sí era antagónica–, etc». (Jim Washington, El socialismo no se puede construir en alianza con la burguesía, 1980)

Esto se expresaría en citas como la siguiente:

«En todo el mundo, los recalcitrantes pueden comportarse como tales hoy, mañana, e incluso pasado mañana, pero no eternamente, y al fin tendrán que cambiar. (...) En realidad, los recalcitrantes son testarudos, pero no inmutables. (…) Algunos han tenido un cambio positivo, también como resultado de la continua lucha que hemos llevado a cabo contra ellos; han reconocido sus errores y se han enmendado. Sea como fuere, los recalcitrantes cambiarán». (Mao Zedong; Sobre el régimen constitucional de nueva democracia; Obras Escogidas, Tomo II, 20 de febrero de 1940)


Una vez en el poder, Mao repitió estas ideas:


«Dadas las condiciones de nuestro país, la mayor parte de los contrarrevolucionarios cambiarán en uno u otro grado. Gracias a que hemos adoptado una política correcta, buen número de contrarrevolucionarios ya han sido transformados en no contrarrevolucionarios, e incluso una parte de ellos han hecho algunas cosas útiles». (Mao Zedong; Sobre diez grandes relaciones; Obras Escogidas, Tomo V, 25 de abril de 1956)

Hoxha criticaría este tipo de declaraciones diciendo:


«Queriendo poner una base teórica a este concepto oportunista y jugando con la «transformación de los contrarios»; Mao Zedong decía que, a través del debate, la crítica y la transformación, las contradicciones antagónicas se convierten en no antagónicas, que las clases explotadoras y la intelectualidad burguesa pueden volverse en su contrario, es decir, hacerse revolucionarias». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

¿Cómo se llevó a cabo esta supuesta reeducación?:

«De las tesis del «decálogo» de Mao Zedong deben haberse cercenado muchas cosas, porque algunos meses después del VIIIº Congreso del Partido Comunista de China de 1956 se dijo expresamente que los propietarios de las fábricas debían percibir las rentas y ser subdirectores de sus antiguos establecimientos. Este punto de vista aparece a lo largo de toda esta tesis de Mao Zedong. Mantiene a los reaccionarios capitalistas en la dirección de las fábricas que fueron de su propiedad, les da los beneficios que proceden de estas fábricas que están estatizadas, pero que en parte son consideradas suyas, y olvida que ellos las han levantado y ampliado explotando la sangre y el sudor de los obreros. ¿Se puede llamar a esto lucha de clases? No, no se la puede llamar en absoluto lucha de clases. Estos expropietarios, según Mao Zedong, deben fundirse con la sociedad, integrarse en la sociedad y educarse en la sociedad. Es decir, integrarse en el socialismo. Hoy los «teóricos» burgueses y revisionistas, como los titoístas, los «eurocomunistas», etc., hablan mucho de la integración del capitalismo en el socialismo». (Enver Hoxha; Algunos juicios en torno al «decálogo» ballista de Mao Zedong, 28 de diciembre de 1976)


En muchos de sus escritos originales, incluso declara abiertamente que su método es contrapuesto al de Stalin:


«Los «izquierdistas» son de «izquierda» entre comillas, no de la verdadera izquierda. Esa gente exagera las contradicciones antagónicas entre nosotros y el enemigo. Stalin, por ejemplo, era ese tipo de persona; nosotros también tenemos a ese tipo de personas que acentúan en exceso, confundiendo el segundo tipo de contradicciones, contradicciones entre el seno del pueblo, con el primer tipo de contradicciones, contradicciones entre el enemigo y nosotros». (Mao Zedong; Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo (Notas del discurso), 27 de febrero de 1957)

Queda claro pues, que:

«Mao Zedong ha sido un ecléctico, un revisionista camuflado, que se quitó la careta cuando llegó a un arreglo con los revisionistas jruschovistas para repudiar el leninismo y atacar a Iósif Stalin». (Enver Hoxha; Algunos juicios en torno al «decálogo» ballista de Mao Zedong, 28 de diciembre de 1976)

Otro ejemplo:

«Stalin tenía ambos. Tenía la dialéctica, así como la metafísica. Precisamente por esta razón es que tenía ambas ventajas y desventajas; sus méritos superan a sus deméritos. A los camaradas soviéticos les resulta difícil cambiar; les gusta usar métodos prepotentes. Los métodos de dogmatismo son los métodos de la metafísica». (Mao Zedong; Conversación en Yianian Tang, 16 de febrero, 1957)


Como se reconocía, ese método de trato liberal con la burguesía no era nuevo, sino que era anterior a 1957, y declaraba que el método de lucha despiadada contra los explotadores era un «modelo occidental», mientras que en su modelo, cabía la posibilidad de entenderse con la burguesía nacional china:


«En el período de Yen'an, en 1942, se lanzó la consigna de llamada a la «unidad-crítica-unidad» como principio para resolver las contradicciones entre el pueblo. Trabajamos en esta fórmula. Más precisamente, esto significa empezar desde el deseo de unidad, pasar a través de la crítica o lucha, para llegar a una nueva unidad sobre una nueva base. Más tarde, nosotros usábamos dicho principio para resolver las contradicciones dentro del partido, las contradicciones dentro del partido comunista, es decir, la contradicción entre el dogmatismo y la gran masa de los miembros del partido, y la contradicción entre el dogmatismo y el marxismo. La política empleada anteriormente era el tipo de trabajo traído desde el paraíso Occidental. Ese «paraíso Occidental» era el de Stalin, y la política conocida como «lucha despiadada y golpes implacables». Al ver que esto no era adecuado, y cuando más tarde criticado dogmatismo, se dejó de utilizar el método de «tratar al hombre como él trate contigo» es decir, «ojo por ojo». (...) Después de unos años, en el VIIº Congreso del Partido Comunista de China de 1945, se alcanzó la meta de la unidad, habiendo sido el periodo de intervenciones de crítica. ¿Por qué queremos primero la unidad, por qué deseamos primeramente el deseo de unidad? Si tú no deseas primero la unidad, si no tienes deseo de unidad, una vez comiences la lucha, te verás obligado a luchar bajo un caos, en el cual no podrás detenerte. (...) Al pasar por este proceso hemos obtenido esta fórmula: unidad-crítica-unidad. Más tarde la hemos ampliado fuera del partido, entonces se extendió a Beijing. Asesoramos a los partidos democráticos también a adoptar este método de crítica. Con los capitalistas, es decir, con los explotadores, podemos usar este método. Llegar a usarlo con Taiwán será, en mi opinión más difícil. Debido a que son explotadores, pero son un tipo de explotadores diferentes. No se podría usar este método con Chiang Kai-shek. Con Chiang Kai-shek y Hu Shi y de otro tipo. (...) Pero es posible hacerlo con la burguesía nacional; esto se ha comprobado totalmente». (Mao Zedong; Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo (Notas del discurso), 27 de febrero, 1957)

Esto era contrario al marxismo-leninismo en esencia:

«¿Qué clase es la que el proletariado tiene que reprimir? Sólo es, naturalmente, la clase explotadora, es decir, la burguesía. Los trabajadores sólo necesitan el Estado para aplastar la resistencia de los explotadores, y este aplastamiento sólo puede dirigirlo, sólo puede llevarlo a la práctica el proletariado, como la única clase consecuentemente revolucionaria, como la única clase capaz de unir a todos los trabajadores y explotados en la lucha contra la burguesía, por la completa eliminación de ésta». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El Estado y la revolución, 1917)

«Continuemos. Si el proceso de desarrollo es un proceso de revelación de contradicciones internas, un proceso de choques entre fuerzas contrapuestas sobre la base de estas contradicciones y con el fin de superarlas, es evidente que la lucha de clases del proletariado constituye un fenómeno perfectamente natural e inevitable.

Esto quiere decir que lo que hay que hacer no es disimular las contradicciones del régimen capitalista, sino ponerlas al desnudo y desplegarlas en toda su extensión, no es apagar la lucha de clases, sino llevarla a cabo hasta el fin.

Esto quiere decir que en política, para no equivocarse, hay que mantener una política proletaria, de clase, intransigente, y no una política reformista, de armonía de intereses entre el proletariado y la burguesía, una política conciliadora de «integración gradual» del capitalismo en el socialismo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Materialismo histórico y materialismo dialéctico, 1938)

Incluso los medios imperialistas como la CIA reportaban las diferencias entre el maoísmo y el marxismo-leninismo, calificando las teorías de Mao como antistalinistas y más cercanas a las del revisionista polaco Gomulka.

g) ¿Qué acaba ocurriendo siempre con las teorías revisionistas que se presentan como adaptación del marxismo, y poco después, como su superación ?

«El estudio y posterior reelaboración de la dialéctica por Lenin, y más recientemente por Mao Zedong, brinda enormes posibilidades teóricas y prácticas que todo científico materialista debería no sólo conocer, sino también estudiar y aplicar conscientemente, uniendo las verdades más universales del materialismo dialéctico con su ciencia particular». (Partido Comunista de España (reconstituido); Problemas filosóficos de las ciencias modernas, 1989)

Esto expone que el núcleo fundamental de la filosofía del PCE (r) ha sido el maoísmo mientras intentaban pasarla a su vez como «leninista», pero no se puede ser leninista y maoísta al mismo tiempo, pues materialismo dialéctico e idealismo y metafísica no son conjugables. El tronco central de la filosofía maoísta está podrido, pues desde sus inicios estuvo infectado de la filosofía reaccionaria, a la que Mao dio su propio toque.

Pero esas desviaciones oportunistas van más allá de lo imaginable, así nos encontramos que en un intento de alabar a Lenin el PCE (r) cae en un error brutal al afirmar que Lenin elaboró una «nueva dialéctica». ¿De qué reelaboración de la dialéctica hecha por Lenin hablan? Dejemos que Stalin nos explique la filosofía de Lenin y su conexión con el marxismo:

«Considero que Lenin no ha añadido ningún «nuevo principio» al marxismo, ni que haya abolido alguno de los «viejos» principios del marxismo. Lenin fue, y sigue siendo, el más leal y consistente pupilo de Marx y Engels, y siempre se basó completamente en los principios del marxismo. Pero Lenin no solamente llevó a cabo las enseñanzas de Marx y Engels. Él fue, al mismo tiempo, el continuador de sus enseñanzas. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que él desarrolló más allá las enseñanzas de Marx y Engels en conformidad con las nuevas condiciones de desarrollo, con la nueva fase del capitalismo con el imperialismo. Quiere decir que al llevar más allá las enseñanzas de Marx en las nuevas condiciones de la lucha de clases, Lenin contribuyó con algo nuevo al tesoro general del marxismo en comparación con lo que fue creado por Marx y Engels: con lo que pudo ser creado en el periodo preimperialista del capitalismo. Al mismo tiempo la nueva contribución de Lenin al tesoro del marxismo está completamente basada en los principios sentados por Marx y Engels. Es en este sentido que hablamos de leninismo como marxismo de la era del imperialismo y de las relaciones proletarias». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Entrevista con la primera delegación americana de trabajo, 15 de septiembre de 1927)

Estos fantoches del PCE (r) yerran hasta cuando intentan ensalzar a Lenin para aparentar ser leninistas, cayendo en un ridículo teórico extremo, demostrando que no saben nada de la obra del bolchevique, y en consecuencia, no saben nada de marxismo-leninismo y sus bases.

El aplicar un método y unos axiomas no es lo mismo que actualizar o descubrir la existencia de unos nuevos, esa confusión es una de las constantes en los revisionismos para alegar que estamos ante una revolución filosófica, ante una nueva etapa dentro del marxismo. Además, esa confusión se suma a otra donde se pone por encima de la metodología y los axiomas del marxismo las neoteorías antimarxistas de algunos filósofos baratos del revisionismo, proclamando que se quiera o no estos nuevos autores han superado a los viejos clásicos del marxismo con estos descubrimientos, con lo que acaban inventando todo tipo de «pensamientos» y de «etapas superiores» al marxismo mientras juran que aún así estemos tranquilos porque si bien lo más importante son las nuevas aportaciones de estos gurús, la base de su pensamiento es lo poco que no consideran obsoleto del marxismo, o mejor dicho, lo que aún no les ha dado tiempo de sustituir con nuevas teorías pseudocientíficas. He ahí que las figuras más famosas del maoísmo como los dementes o fantasiosos «Presidente Gonzalo» y «Camarada Arenas», cada uno en un lado del Atlántico, ¡¡¡proclaman que han hecho nuevos aportes al marxismo y descubierto nuevas leyes dialécticas y exigen que nos genuflexionemos ante sus aberraciones y les rindamos pleitesía!!! Así, Arenas en trabajos suyos con títulos comerciales como «¿Una nueva ley dialéctica» de 2017, nos encontramos con una introducción en donde nos promete que encontraremos una «profundización de la ley de la negación de la negación». Estos hombrecillos olvidan que la dialéctica es una ley fundamental del desarrollo histórico y como tal es una constante que persiste. Por tanto, cuando revisionistas como Arenas se ponen a revisar el marxismo –sean sus conceptos o sus axiomas– lo hacen no porque se necesite «actualizar el marxismo» de acuerdo a los nuevos procesos contemporáneos, sino para transformar la doctrina revolucionaria del marxismo-leninismo en una doctrina pseudorevolucionaria e inútil para la emancipación de las clases trabajadoras, despojada por completo de sus fundamentos y con el fin de adaptarla a sus delirios políticos:

«La revisión de los principios del marxismo, con independencia de su orientación y la época histórica, subvierte las bases científicas del marxismo y se convierte a éste en un conjunto dogmático de pensamientos y citas de textos sagrados, es decir, convierte a este sistema del pensamiento científico a una forma de doctrina religiosa, que supera la superestructura del sistema revisionista. De ser la ideología de las masas explotadas, este marxismo hueco se convierte en una herramienta de explotación. Llegados a este punto, el marxismo revisionista, antimarxista, en esencia, se puede dividir en diferentes herejías, en diferentes interpretaciones de lo que se convirtió en una especie de sagradas escrituras, ya que esas interpretaciones dejan de ser científicas y se moldea para adaptarse a las necesidades e idiosincrasia de las nuevas clases dominantes o a los que sirven a las viejas clases dominantes, de acuerdo con la situación histórica concreta». (Rafael Martínez; Sobre el Manual de Economía Política de Shanghái, 2004)

Más claro imposible». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

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