viernes, 28 de agosto de 2020

La Escuela de Gustavo Bueno y sus intentos de blanquear al fascismo


«La famosa Escuela de Bueno no es sino la filosofía burguesa al servicio del fascismo nacional, algo que se demuestra por sí solo. Existe un trabajo donde Gustavo Bueno coparticipó con otro de sus alumnos aventajados. Allí nos decía del famoso fascista español Ramiro Ledesma:

«Debemos recordar que en el Manifiesto inicial [La Conquista del Estado, Nº1, 14-IV-1931], el punto 6° indica: «Afirmación de los valores hispánicos»; el punto 7.° señala: «Difusión imperial de nuestra cultura». El 10 ataca el separatismo, y el 16 solicita la «lucha contra el farisaico caciquismo de Ginebra», y la «afirmación de España como potencia internacional». Leemos lo que es «Imperio» para Ramiro Ledesma. Escrito en 1931 está: «El imperio hispánico ha de significar la gran ofensiva: nueva cultura, nuevo orden económico, nueva jerarquía vital». Ledesma pide una revolución nacional, «vigorizadora, sobre todo, de la unidad de España», con «un sentido social». (Francisco Díaz de Otazu Guërri bajo la dirección de Gustavo Bueno; Apuntes hacia la filosofía de Ramiro Ledesma, 2000)

De hecho, Gustavo Bueno mostraría su verdadero cariz fascista diciendo que:

«No cabe duda que Ledesma advirtió, junto con otros muchos teóricos, la relevancia que tenía el Imperio en la Historia de España, y ello constituye un gran mérito suyo, que sólo desde posiciones sectarias podrían minimizarse». (Gustavo Bueno; Dialéctica de clases y dialéctica de Estados, 2001)

Insistimos, esta es la figura que algunos usan hoy para apoyar sus «análisis marxistas». Triste pero cierto.

Gustavo Bueno dedicó su vida a la defensa de las ideas que conocidos fascistas vertían en diversos medios de comunicación. Véase su obra: «Lo que queda de España, de Federico Jiménez Losantos» 1979.

En los tiempos recientes, Bueno asistió a varias conferencias con el líder fascista Santiago Abascal, como se vio en la Escuela de Verano de DENAES en 2012. Esto viene de la idea de que:

«Carece de sentido hablar de «alianzas de la izquierda con la izquierda», es posible en cambio hablar de alianzas de la izquierda –de algunas corrientes suyas– con algunas modulaciones de la derecha». (Gustavo Bueno; Educación para la ciudadanía, una crítica desde la izquierda, 2009)

Estas relaciones repugnantes ya demuestran el mito de Gustavo Bueno como marxista o como filósofo mínimamente progresista. Estos comentarios recuerdan a las infames declaraciones anarquistas de Manuel Sacristán, que se lamentaba de no haber podido alcanzar un acuerdo con el fascista José Antonio Primo de Rivera. Pero los comunistas no abrazan el nacionalismo ni tratan de imponer soluciones forzadas a los pueblos, y menos bajo teorías idealistas que superponen la cuestión nacional a lo social, diluyéndose en un nacionalismo que firmaría cualquier formación burguesa.

Los actuales líderes de Vox están vinculados con la fundación DENAES fundada por los discípulos de Gustavo Bueno. Esto es algo de dominio público:

«La influencia del materialismo filosófico sobre Vox no sólo se produce a través de la lectura que hace Abascal de la obra de Bueno. Se afianza a través del trato personal y la impronta del filósofo y sus discípulos en DENAES (Fundación para la Defensa de la Nación Española). Esta institución ha sido clave también en la buena relación personal que el líder de derechas y otros miembros de la formación, como Iván Espinosa de los Monteros –vicesecretario de Relaciones Internacionales–, mantienen con los discípulos del autor de España no es un mito. El patronato actual de DENAES está integrado por tres personas. Junto al empresario Ricardo Garrudo están Santiago Abascal y Gustavo Bueno Sánchez, hijo de Gustavo Bueno y presidente de la fundación que lleva el nombre de su padre. Los tres han colaborado de forma estrecha desde diciembre de 2005, cuando se celebró en el Hotel Landa de Burgos una reunión que se considera la fundación de la entidad. El director de la organización es otro gran discípulo del filósofo, Iván Vélez. (…) El presidente de Vox confirmó a EL ESPAÑOL este punto. Dijo que «Gustavo Bueno es sin duda alguna una de mis influencias, en la afirmación de España como nación. No sólo el planteamiento con el que se acerca al país, sino también la propia retórica contundente que utiliza para su defensa». (…) Los discípulos de Bueno no se han integrado en Vox, a pesar de que miran con simpatía a este partido con un discurso en defensa de la nación española que considera que ellos han inspirado. El partido de Abascal sí que mantiene «las puertas abiertas» a que se afilien si así lo desean, según confesó a este periódico el político vasco. «En todo caso, es importante que la sociedad civil fuera de los partidos sea fuerte, por lo que es necesario que no todo se integre en la actividad política. A veces se puede hacer mucho a favor del bien común y la unidad de España desde fuera de la política», añadió». (El Español; El ala marxista de Vox inspirada por Gustavo Bueno: los extremos se tocan, 2019)

miércoles, 26 de agosto de 2020

¿Tienen los bolcheviques inclinación por la polémica o su crítica es reacción a la necesidad? Lenin responde


«Debo señalar también, con motivo del artículo contra el señor Struve, que éste fue escrito sobre la base de la disertación leída por mí el otoño de 1894 en un pequeño círculo de marxistas de aquel tiempo. (...) La vieja polémica con Struve, anticuada en muchos sentidos, reviste importancia por ser un ejemplo aleccionador. Este ejemplo muestra el valor político-práctico de una polémica teórica intransigente. Se ha reprochado infinidad de veces a los socialdemócratas revolucionarios una excesiva inclinación a tales polémicas con los «economistas», con los bernsteinianos y con los mencheviques. Y ahora estos reproches están en boga entre los «conciliadores» en el seno del Partido Socialdemócrata y entre los semisocialistas «simpatizantes» fuera de él. (...) Se habla mucho entre nosotros de que los rusos en general, los socialdemócratas en particular y de un modo especial los bolcheviques sienten excesiva inclinación a la polémica y a las escisiones. Entre nosotros se tiende también a olvidar que esa excesiva inclinación a saltar del socialismo al liberalismo es engendrada por las condiciones de los países capitalistas en general. (...) De un modo especial, por las condiciones de vida y de actividad de nuestros intelectuales». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Prólogo a la recopilación «12 años», 1908)

viernes, 21 de agosto de 2020

El luxemburgismo es antagónico al leninismo en la cuestión nacional


«En otra pirueta, digna del mejor espectáculo de eclecticismo, Armesilla elimina una de las polémicas del movimiento obrero del siglo XX y proclama:

«La posición de Rosa Luxemburgo y de Lenin, no está tan contrapuesta como se ha dado a entender». (Santiago Armesilla; Cuestión nacional, dialéctica de Estado y Revolución de Octubre de 1917, 2017)

¡Por supuesto! Su distancia solo es proporcional a la ristra de artículos que Lenin tuvo que dedicar a Rosa Luxemburgo por su errada visión sobre esta cuestión nacional. 

«Rosa Luxemburgo ha abierto las puertas de par en par precisamente a los oportunistas, en particular a las concesiones del oportunismo al nacionalismo ruso. (...) Se nos dice: apoyando el derecho a la separación, apoyáis el nacionalismo burgués de las naciones oprimidas. ¡Esto es lo que dice Rosa Luxemburgo y lo que tras ella repite el oportunista Semkovski, único representante, por cierto, de las ideas de los liquidadores sobre este problema en el periódico de los liquidadores! Nosotros contestamos: no, precisamente a la burguesía es a quién le importa aquí una solución «práctica», mientras que a los obreros les importa la separación en principio de dos tendencias. Por cuanto la burguesía de una nación oprimida lucha contra la opresora, nosotros estamos siempre, en todos los casos y con más decisión que nadie, a favor, ya que somos los enemigos más intrépidos y consecuentes de la opresión. Por cuanto la burguesía de la nación oprimida está a favor de su nacionalismo burgués, nosotros estamos en contra. Lucha contra los privilegios y violencias de la nación opresora y ninguna tolerancia con el afán de privilegios de la nación oprimida. (...) Llevada de la lucha contra el nacionalismo en Polonia, Rosa Luxemburgo ha olvidado el nacionalismo de los rusos, aunque precisamente este nacionalismo es ahora el más temible; es precisamente un nacionalismo menos burgués, pero más feudal; es precisamente el mayor freno para la democracia y la lucha proletaria. En todo nacionalismo burgués de una nación oprimida hay un contenido democrático general contra la opresión, y a este contenido le prestamos un apoyo incondicional, apartando rigurosamente la tendencia al exclusivismo nacional, luchando contra la tendencia del burgués polaco a oprimir al hebreo, etc., etc. Esto «no es práctico», desde el punto de vista del burgués y del filisteo. Pero es la única política práctica y adicta a los principios en el problema nacional, la única que ayuda de verdad a la democracia, la libertad y a la unión proletaria. (...) Tomemos la posición de la nación opresora. ¿Puede acaso ser libre un pueblo que oprime a otros pueblos? No. Los intereses de la libertad de la población rusa exigen que se luche contra tal opresión. La larga historia, la secular historia de represión de los movimientos de las naciones oprimidas, la propaganda sistemática de esta represión por parte de las «altas» clases han creado enormes obstáculos a la causa de la libertad del mismo pueblo ruso en sus prejuicios, etc. Los ultrarreaccionarios rusos apoyan conscientemente estos prejuicios y los atizan. La burguesía rusa transige con ellos o se amolda a ellos. El proletariado ruso no puede alcanzar sus fines, no puede desbrozar para sí el camino hacia la libertad sin luchar sistemáticamente contra estos prejuicios». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)

martes, 18 de agosto de 2020

¿A dónde conduce el exceso de optimismo y el triunfalismo?


«Las cosas hay que mirarlas frente a frente para poderlas analizar y solucionar. Hay que mirarlas cara a cara y con optimismo, pues las perspectivas son dialécticamente revolucionarias. Pero a la dialéctica también hay que «ayudarla». No está de más el reconocer –pues el que no conoce sus fallos o errores jamás los solucionará– que hoy la mayoría de los partidos que actuamos en los países capitalistas somos relativamente débiles. (...) Este indiferentismo, esta falta de unidad y acción, es particularmente grave en las actuales circunstancias –y siempre–, pues ya podemos ver cómo los partidos podemos sobrestimar nuestra propia fuerza, nuestra influencia real entre las masas populares, nuestra capacidad de dirección en el movimiento obrero, etc. En muchos casos basta con leer regularmente la prensa de los partidos hermanos para darnos cuenta de que se dan casos de triunfalismos injustificables, cuando se conoce la fuerza real de esos partidos. Y esto ante la indiferencia y la falta de reacción de los demás. ¿Por qué? Porque no existe ningún tipo de organismo internacional capacitado para intervenir y llamar al orden a quien sea. Es más, ese error de triunfalismo, de sobreestimación de nuestra propia fuerza, conlleva otras no menos nefastas consecuencias: el menosprecio de la fuerza del revisionismo. Negarse a ver la fuerza y capacidad de movilización que aún conservan los partidos revisionistas en muchos de los países capitalistas, significa, nos guste o no, que rebajábamos el nivel de lucha contra el revisionismo a todos los niveles, tanto internacionalmente como dentro de nuestras propias filas. Y así se dan casos de componendas vergonzosas, y casos de derrotismo y pesimismo, o bien se cae en posturas de alianzas con oportunistas de cualquier tipo. Y los ejemplos no nos faltan». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IVº Congreso del PCE (m-l), 1984)

sábado, 15 de agosto de 2020

Sin expulsar y aniquilar el oportunismo, sería absurdo pensar siquiera en el poder para el proletariado...


«Una de las condiciones precisas para que el proletariado pueda prepararse para su victoria es la lucha prolongada, tenaz e implacable contra el oportunismo, contra el reformismo, contra el socialchovinismo y demás influencias y corrientes burguesas, inevitables por cuanto el proletariado actúa en un ambiente capitalista. Si no se libra esa lucha, si no se consigue previamente una victoria total sobre el oportunismo en el movimiento obrero, no cabe ni hablar siquiera de dictadura del proletariado. El bolchevismo no habría derrotado a la burguesía en 1917-1919 si no hubiese aprendido antes –de 1903 a 1917 a derrotar y a expulsar implacablemente del partido de la vanguardia proletaria a los mencheviques, es decir, a los oportunistas, a los reformistas, a los socialchovinistas. Y cuando hoy los líderes de los «independientes» alemanes o los longuetistas franceses y otros por el estilo, que de hecho siguen su vieja y habitual política de concesiones y concesioncillas al oportunismo, de transigencias con él, de servilismo rastrero ante los prejuicios de la democracia burguesa. (...) Reconocen verbalmente la dictadura del proletariado, se engañan muy peligrosamente a sí mismos o engañan simplemente a los obreros». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Las elecciones a la asamblea constituyente y la dictadura del proletariado, 1919)

domingo, 9 de agosto de 2020

Los marxista-leninistas de 1984 sobre el internacionalismo proletario


«En la actual situación mundial tiene particular importancia la aplicación del internacionalismo proletario activo. La solidaridad fraternal de la clase obrera de los diversos países es necesaria para que el proletariado en su lucha contra la explotación capitalista en cada país, alcance la victoria en su lucha revolucionaria. (...) Una de las principales tareas de los marxista-leninistas y de las fuerzas progresistas del mundo entero es la denuncia y la lucha resuelta, irreconciliable y sin cuartel contra el revisionismo, tanto en el terreno ideológico como en el político. Cualquier debilitamiento en esta lucha de principios, bajo cualquier pretexto, conduce inevitablemente al aumento de la fuerza del revisionismo, y daña considerablemente la causa revolucionaria. (...) El internacionalismo proletario significa que cada partido marxista-leninista, debe preocuparse no solamente por el desarrollo de la revolución en su propio país, sino por el desarrollo de la revolución en el mundo entero. No solamente debe velar por la pureza del marxismo-leninismo en sus filas, sino también en el movimiento comunista marxista-leninista internacional, cada partido debe dar a los demás partidos su máxima ayuda ideológica, política y material, y debe esforzarse particularmente por dar ayuda a aquellos partidos hermanos que están más necesitados. (...) Asimismo se plantea la tarea de la defensa de la patria socialista, hoy por hoy representada por Albania. Esta es una necesidad y una obligación que debemos cumplir, pero entendiéndola recíprocamente. Igualmente, el internacionalismo proletario exige que la patria socialista cumpla sus deberes internacionalistas de cara a los demás partidos en la práctica. (...) Debe manifestarse la solidaridad hacia los pueblos que son víctimas de la opresión y represión por parte de sus respectivos gobiernos fascistas y reaccionarios. (...) Cuya práctica debe consistir, en primer lugar, en difundir y apoyar las justas luchas de los pueblos contra sus opresores y explotadores, así como contra toda suerte de crímenes del imperialismo contra los pueblos, combatiendo toda actitud localista, independentista o nacionalista. (...) Debe combatirse tanto el independentismo como el seguidismo. Cada partido debe de ser independiente para definir su propia línea y táctica con arreglo a las condiciones concretas de su país, pero la independencia de un partido está limitada por los principios internacionalistas del marxismo-leninismo, que son y deben ser comunes a todos. (...) Igualmente es una cuestión de principio, combatir el seguidismo respecto a otro partido o partidos, ya que ello refleja insuficiencia teórica y de análisis, constituyendo en cualquier caso el seguidismo una de las raíces y manifestaciones del revisionismo. (...) La ayuda internacionalista entre partidos debe entenderse y practicarse de forma organizada y centralizada en la medida de lo posible, y no dejarla a la improvisación o la iniciativa aislada de cada partido. En este sentido es necesario que los auténticos partidos comunistas combatan el espontaneísmo, el indiferentismo, las «zonas de influencias», el cantonalismo y el grupismo que se oponen a la concepción organizada, comunista, del internacionalismo proletario. (...) Esforzarse en unir y estrechar los lazos y las relaciones con los demás partidos mediante reuniones bilaterales y multilaterales, sobre la base de los principios; coordinarse con la máxima amplitud y representabilidad posible a nivel internacional para intercambiar opiniones, experiencias, informaciones, así como conjuntar análisis y posiciones sobre cuestiones de actualidad, en aras de un mejor conocimiento mutuo, de una mayor eficacia, de fortalecer la línea revolucionaria, de estrechar la colaboración entre los destacamentos del movimiento comunista mundial y dar pasos concretos para trazar una línea general para el movimiento que lleve a los partidos hacia la unidad internacionalista organizada. (...) En las relaciones entre partidos debe desecharse también la práctica de reuniones formalistas, superficiales y protocolarias, y debe establecerse el principio de la crítica y la autocrítica comunista entre los partidos hermanos, contrastando los planteamientos de cada partido con su práctica real, sin temor y sin inhibiciones cuando se trata de dilucidar cuestiones de principio». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IVº Congreso del PCE (m-l), 1984)

viernes, 7 de agosto de 2020

¿Por qué los comunistas no son partidarios de las frases grandilocuentes?


«No tememos indicar abiertamente los errores, las debilidades y las deficiencias en nuestras filas, porque somos un partido revolucionario que sabe que puede desarrollarse, crecer y cumplir con sus tareas a condición de renunciar a todo lo que obstaculiza su desarrollo como partido revolucionario. (...) Camaradas, nosotros eliminamos adrede del informe y de las resoluciones del congreso las frases altisonantes en cuanto a las perspectivas revolucionarias. Pero no porque tengamos razones menos optimistas que antes, para apreciar el ritmo de desarrollo revolucionario, sino porque queremos proteger a nuestros partidos de toda inclinación a sustituir la actividad bolchevique por frases revolucionarias o disputas estériles sobre valoración de la perspectiva. A la vez que llevamos a cabo una lucha decidida contra toda tentativa de basarse en la espontaneidad, consideramos y tenemos en cuenta el proceso de desarrollo de la revolución, no como observadores, sino como participantes activos en dicho proceso. Como somos un partido revolucionario, como cumplimos en cada etapa del movimiento las tareas de interés para la revolución y que corresponden a las condiciones concretas de la etapa dada, y tenemos clara noción del nivel político de las amplias masas trabajadoras, aceleramos de la mejor manera la creación de las premisas subjetivas necesarias para el triunfo de la revolución proletaria». (Georgi Dimitrov; Los actuales gobernantes de los países capitalistas son transitorios, el verdadero dueño del mundo es el proletariado; Discurso de clausura en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 20 de agosto de 1935)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

La esencia del pensamiento de Dimitrov en este párrafo, se podría condensar en la famosa frase de Marx:

«Tomar las cosas tal como son, es decir defender la causa de la revolución de modo que corresponde a las circunstancias». (Karl Marx; Carta a Kugelmann, 23 de agosto de 1866)

jueves, 6 de agosto de 2020

El proceso objetivo del desarrollo es tal que no es posible avanzar sin marchar hacia el socialismo


«Nuestros eseristas y mencheviques enfocan el problema del socialismo de manera doctrinaria, desde el punto de vista de una doctrina aprendida de memoria y mal asimilada. Presentan el socialismo como un lejano, desconocido y nebuloso futuro. Pero el socialismo asoma ya por todas las ventanas del capitalismo moderno; el socialismo se perfila en forma directa, práctica, en toda medida importante que constituye un paso adelante sobre la base de este capitalismo moderno. (...) Los pseudomarxistas al servicio de la burguesía, a los que se han sumado los eseristas, discurren de ese modo, no comprenden –como lo demuestra un análisis de las bases teóricas de su opinión– qué es el imperialismo, qué son los  monopolios capitalistas, qué es el Estado, qué es la democracia revolucionaria. Porque si se comprende eso no puede dejar de reconocerse que es imposible avanzar sin marchar hacia el socialismo. Todo el mundo habla del imperialismo. Pero el imperialismo no es otra cosa que el capitalismo monopolista.  (...) En Rusia el capitalismo se ha transformado en capitalismo monopolista. (...) ¿Y qué es el Estado? Es la organización de la clase dominante. (...) O bien en interés de los terratenientes y los capitalistas, en cuyo caso no tendremos un Estado democrático revolucionario, sino un Estado burocrático reaccionario, es decir, una república imperialista; o bien en interés de la democracia revolucionaria y entonces es un paso hacia el socialismo. (...) No cabe término medio. El proceso objetivo del desarrollo es tal que no es posible avanzar partiendo de los monopolios –cuyo número, papel e importancia han sido decuplicados por la guerra– sin marchar hacia el socialismo. (...) Es imposible avanzar sin marchar hacia el socialismo, sin dar pasos hacia él –pasos condicionados y determinados por el nivel técnico y cultural–. (...) O bien tenemos que ser demócratas revolucionarios en los hechos, en cuyo caso no debemos temer dar ningún paso hacia el socialismo. O bien tememos dar los pasos hacia el socialismo, los condenamos, al estilo de Plejanov, Dan  y Chernov, alegando que nuestra revolución es una revolución burguesa, que no se puede «implantar» el socialismo, etc., etc., en cuyo caso nos deslizamos fatalmente hacia el nivel de Kerensky, Miliukov y Kornilov, es decir, hacia la represión burocrática reaccionaria de las aspiraciones «democráticas revolucionarias» de las masas obreras y campesinas. No hay término medio. Y en esto reside la contradicción fundamental de nuestra revolución». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La catastrofe que nos amenaza y cómo luchar contra ella, 1917)