domingo, 26 de diciembre de 2021

¿Por qué Bertolt Brecht pensaba que había que superar el heroísmo y la tragedia del teatro clásico?


«Para Schopenhauer, el poder de la tragedia y su catarsis consiste en persuadir al espectador acerca de la necesidad de resignarse ante un mundo dominado por fuerzas irracionales −la voluntad− y aceptar el sufrimiento, porque se halla en la naturaleza del universo −el reconocimiento de que ni el mundo ni la vida nos pueden satisfacer por completo, y que por consiguiente no vale la pena comprometernos−. A partir de allí, aconseja una aceptación del mundo tal como es. La vida es una tragedia. (...) Para Hegel, la «resolución trágica» implica el hecho de que «la justicia eterna es operativa... de una forma según la cual se restablece la sustancia ética y la unidad en y junto a la perdición del individuo que interrumpe su reposo». Una vez más, la «racionalidad del destino» se hace presente. La razón eterna de Hegel triunfa, ya que «el Destino retrotrae la personalidad hasta sus límites y la quiebra por completo cuando ha crecido con arrogancia». Las contradicciones son «anuladas»; el carácter trágico despierta nuestro «temor» cuando contemplamos «el poder de la moral violentada», y nuestra «compasión» cuando contemplamos las consecuencias de su propio accionar. Una vez más, las emociones del espectador se reconcilian con el «orden mundial racional y justo». (...) Sobre los héroes y el heroísmo Brecht tiene cosas importantes que decir. El heroísmo se encuentra donde se lo busque y según se lo mire. Desde admitirse que desde su posición estratégica −como materialista dialéctico− la tragedia desaparece, mejor dicho: la tragedia existe, pero no los temas trágicos. Al ver al mundo en un proceso de constante cambio, donde el hombre interviene para moldearlo en un sentido social constructivo, no puede considerarlo como algo definitivamente trágico. Para la tragedia, el hombre se encuentra en una lucha ineluctable contra fuerzas transcendentes. Por lo general, son consideradas irracionales e inalterables, y terminan por destruir los esfuerzos y objetivos del hombre, aunque a menudo sirvan para desplegar su grandeza. Estas fuerzas presumiblemente castigan la hubris del hombre, su excesivo orgullo frente a un universo justo. O simplemente lo castigan por «existir», una existencia que se ha convertido en un pecado original o en algún tipo de violación a la ley natural o al orden divino. Al ser esta la naturaleza de la tragedia, Brecht sostiene que no puede describir adecuadamente al mundo tal como es en la actualidad. Podemos redefinir la tragedia y su representación de la «visión trágica de la vida» como la forma de arte dramático que muestra la búsqueda frustrada de la libertad en un mundo que no es libre. Para el marxismo, se trata de un mundo de transición; y la tragedia también representa formas y actitudes de transición relacionadas con el periodo particular en el cual se produce o expresa. Al ser los conflictos esenciales a la vida, la tragedia permite comprender mejor los grandes valores de la naturaleza y el heroísmo del hombre. Pero a medida que este va desvelando la naturaleza de aquellos poderes que supuestamente lo frustran y lo destruyen, y en la medida en que convierte a los dioses inmortales en fuerzas naturales para posteriormente controlarlas, la tragedia como tal desaparece, aunque no suceda lo mismo con las situaciones trágicas. En una época como la nuestra, en la que el viejo combate contra lo nuevo, seguirán existiendo desilusiones, derrotas y desastres». (Frederic Ewen; Bertolt Brecht: su vida, su obra, su época, 1967)

miércoles, 22 de diciembre de 2021

El trap, un narcótico más para los nihilistas de siempre; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«Como era de esperar el aumento de fenómenos como el pluriempleo, la precarización o el desempleo −y con estos, el de la alienación sobre el pueblo y especialmente entre la juventud− han facilitado que muchos individuos se identifiquen fácilmente con sentimientos de desesperanza sobre su situación personal. Una reacción no sorprendente han sido las clásicas actitudes que pueden ser calificadas como evasivas o individualistas, pesimistas o descorazonadoras. En este caso, dentro de la «música urbana», el trap lejos de ser una manifestación artística que cause la «revolucionarización» del oyente, parece haber venido para aplastar con su apatía toda perspectiva de futuro al grito de «¡Tonto el último!». En plena consecuencia con su extremo pragmatismo, se recomienda al sujeto que para sobrellevar el infausto viaje de la nada hacia la nada, lo mejor es dejarse llevar en una vorágine de excesos y confusión, un espectáculo tan dantesco como peligroso. En una de sus variantes, el trap triunfante lo único que ofrece es el canto del nuevo rico, aquel que presume de haber salido del pozo mientras se ríe de los que se quedaron a medio camino. Aquí mostraremos muy brevemente los conceptos y hábitos de amistad, sexo, amor o consumo, los cuales no son ni mucho menos originales, sino una especie de prestamismos culturales de todos los movimientos previos. Véase el capítulo: «¿Es el movimiento trap una innovación espiritual o estética?» de 2021.

¿Qué referencias tiene el trapero promedio y a qué aspira?

Para entender el pensamiento del trapero común, lo mejor será observar cuáles son sus iconos de referencia, y para ello no podemos sino recurrir a PXXR GVNG, la banda icónica que ha popularizado el género en España:

«Scarface, Carlito, Casino pirris / Moviendo nieve for real, perico pirris / Hablan de putas, de carros, en barrios pirris. (...) Crecí pobre like a Chapo, o-o-oh / Gané rango like a capo, o-o-oh / Tengo al pueblo como Pablo, o-o-oh (...) Solo quiero cosas que coloquen / Me suda la polla, voy a morir joven». (PXXR GVNG; La Familia, 2015)

¿A qué aspira entonces el «trapero vulgaris»? Pues, aunque no sea muy novedoso, a intentar emular las biografías de gánsteres, narcos y kinkis −reales o ficticios−, ¿la razón? En muchísimos casos pueden contener escenas muy similares a vivencias de los artistas. Esperan hacer carrera para intentar ser el próximo Pablo Escobar y engatusar al pueblo presentándose como el «nuevo salvador», ese noble hombre que «regalaba» al barrio un campo de fútbol a cambio de atracos, matones a sueldo, soplones y coches-bomba cada semana, a la par que arruinaba a toda una generación con la droga. Un trato justo, ¿no? Bien, ¿y qué ocurre si esto nunca llega a culminarse? Bueno, si las ambiciones del trapero no pueden ser completadas y no se convierte en el próximo capo, lo que quedará entonces, según sus palabras, es «vivir rápido y morir joven», a ser posible por sobredosis en un bar de estriptis. ¡Un final también muy inesperado!

martes, 14 de diciembre de 2021

Engels sobre los jóvenes hegelianos y cómo creían «destruir» la política con su filosofía

«Antes de hablar del propio libro de Stirner, ya mencionado, deberemos trasladarnos al «viejo país romántico» y a los tiempos olvidados en que este libro vio la luz. Mientras que la burguesía prusiana, aprovechándose de las dificultades financieras del gobierno, empezaba a conquistar el poder político, en ese mismo momento, al lado del movimiento constitucional burgués, fue ampliándose de día en día el movimiento comunista entre el proletariado. Los elementos burgueses de la sociedad, que necesitaban aún el apoyo del proletariado para lograr sus propios fines, se vieron obligados en todas partes a hacerse pasar por partidarios de cualquier variedad del socialismo; el partido conservador y feudal tuvo también que hacer promesas al proletariado. A la par con la lucha del burgués y del campesino contra la nobleza feudal y la burocracia, la lucha de los proletarios contra el burgués; y, entre ellos, toda una serie de grupos socialistas intermedios que abarcan todas las variedades de socialismo: el socialismo reaccionario, el socialismo pequeñoburgués, el socialismo burgués. Y toda esta lucha, todas estas aspiraciones, se veían aplastadas, no podían manifestarse por la opresión de la violencia reinante, la censura, la prohibición de asociaciones y de reuniones. Tal era la situación de los partidos cuando la filosofía alemana festejaba sus mezquinos triunfos postreros. La censura obligó desde el primer momento a todos los elementos un tanto indeseables a elegir el modo de expresión más abstracto posible; este modo de expresión lo proporcionaba la tradición filosófica alemana, que había llegado precisamente entonces a la completa descomposición de la escuela hegeliana. La lucha contra la religión continuaba todavía. Cuanto más difícil resultaba sostener en prensa la lucha política contra el poder existente, con tan mayor celo se hacía bajo la forma de lucha religiosa y filosófica. La filosofía alemana, en su aspecto más diluido pasó a ser patrimonio común de los «instruidos», y cuanto más se convertía en patrimonio común, tanto más desleídas, incoherentes e insípidas se hacían las opiniones de los filósofos y tanto mayor era el prestigio que esta confusión insipidez les creaban entre el público «instruido».

El embrollo existente en las cabezas de los «instruidos» era espantoso y cada día mayor. Se trataba de una verdadera mezcolanza de ideas de origen alemán, francés, inglés, antiguo, medieval y moderno. La confusión era tanto mayor por cuanto todas las ideas se tomaban sólo de segunda, tercera y cuarta mano, debido a lo cual circulaban tan desfiguradas que era imposible reconocerlas. Compartían esta suerte no sólo los pensamientos de los liberales y socialistas franceses e ingleses, sino incluso las ideas de los alemanes como Hegel, por ejemplo. Toda la literatura de aquellos tiempos −en particular, como vemos, el libro de Stirner brinda innumerables testimonios de ello−, y la literatura alemana contemporánea padece hasta ahora fuertemente consecuencias de todo eso. 

Con esta confusión, las ficticias batallas filosóficas pasaban por un reflejo de batallas verdaderas. Cada «nuevo viraje» en filosofía atraía la atención general de los «instruidos», que en Alemania se componen de incontables cabezas ociosas, candidatos a cargos de jueces y profesor, teólogos frustrados, médicos y literatos dedicados a otros menesteres etc. Para esa gente cada «nuevo viraje» significaba la superación y la liquidación definitiva de un peldaño determinado del desarrollo histórico. Bastaba, por ejemplo, con que un filósofo hiciera cualquier crítica del liberalismo burgués para que este último fuese considerado ya muerto, suprimido del desarrollo histórico y destruido también en la práctica. Lo mismo ocurría con el republicanismo, el socialismo, etc. Hasta qué punto habían sido efectivamente «destruidos», «superados» y «liquidados» estos peldaños del desarrollo se descubrió más tarde, durante la revolución, cuando pasaron a desempeñar el papel principal, mientras que se dio ya al olvido a sus destructores filosóficos.

La confusión de las formas y del contenido, la vulgaridad altanera y el absurdo grandilocuente, la trivialidad indescriptible y la miseria dialéctica, peculiares de esta filosofía alemana en su última fase, superan todo lo aparecido en cualquier momento en este terreno. Só1o puede compararse con ello la credulidad de la gente que toma en serio todo eso y lo considera la última novedad, «algo nunca visto». (Friedrich Engels; La consigna de abolición del estado y los «amigos de la anarquía» alemanes, 1850)

martes, 7 de diciembre de 2021

Las terribles consecuencias de rehabilitar la política exterior zarista en el campo histórico soviético; Equipo de Bitácora (M-L) de 2021

«En la URSS de los años 40 la cuestión de evaluar el legado nacional ruso −y, a su vez, su relación con el resto de pueblos vecinos− siguió siendo una cuestión muy peliaguda para gran parte de los historiadores. En esta ocasión lo que nos importa remarcar es que en no pocas ocasiones se sustituía el prisma de clase y el entendimiento dialéctico de la historia por enfoques variopintos, los cuales se desviaban hacia un extremo u otro: existían rusos que, sintiendo culpabilidad de los crímenes de sus antepasados, adoptaban una posición nihilista y autoflageladora hacia todo lo que tuviera que ver con el pasado; otros solo tomaban en cuenta las viejas fuentes ya desacreditadas y tenían ciertamente un acomplejamiento respecto a Occidente; y, por supuesto, también los había que no veían problema alguno en tomar como fuentes a los historiadores zaristas, sin el menor filtro, reproduciendo guiones que podrían ser firmados por los guardias blancos exiliados. A su vez, en las repúblicas no rusas, existían tendencias similares: como hacer responsables a los rusos actuales de lo que hicieron sus ancestros, recuperar las leyendas e historias de los nacionalistas de su país, recordar con orgullo sus épocas imperiales y las invasiones a terceros, dejando en segundo lugar −o incluso ignorando− los importantes conflictos sociales de la época. Nosotros nos centraremos sobre todo en el primer bloque, ya que es el que dinamitó una unidad y cooperación de los pueblos de la URSS en base a la igualdad y confianza mutua.

Por supuesto, con esto no queremos decir que no hubiera comunistas de los pies a la cabeza, quienes adoptaban una postura patriota pero ante todo internacionalista y combatía a unos y otros, pero esto tampoco significa que en muchas ocasiones no adolecieran de problemas parecidos en sus investigaciones, como podía ser mala selección de fuentes o hacer concesiones a una u otra tendencia, bien fuera por cuestiones de ingenuidad o a causa de rencillas personales. Eliminar este último factor humano sentimental: la codicia, la pasión, los celos, la ambición, es una equivocación tan común como reduccionista, porque si bien no puede nunca desempeñar un papel decisivo −y está ligado a las necesidades materiales del sujeto−, borrarlas significa convertir a los profesionales de los campos del saber en meros robots que ni sienten ni padecen, en víctimas del atraso de los conocimientos de la época o del ambiente político generalizado. Marx lo expresó de la siguiente manera:

«Desde luego, sería muy cómodo hacer la historia universal si la lucha se pudiese emprender sólo en condiciones infaliblemente favorables. De otra parte, la historia tendría un carácter muy místico si las «casualidades» no desempeñasen ningún papel. Como es natural, las casualidades forman parte del curso general del desarrollo y son compensadas por otras casualidades. Pero la aceleración o la lentitud del desarrollo dependen en grado considerable de estas «casualidades», entre las que figura el carácter de los hombres que encabezan el movimiento al iniciarse éste». (Karl Marx; Carta a Ludwig Kugelmann, 17 de abril de 1871)

viernes, 3 de diciembre de 2021

¿Es el trap el nuevo punk?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


«Algunos también han lanzado la sugerente pregunta: ¿será que con el trap asistimos a un nuevo «punk» o al menos un descendiente que herede su espíritu de rebeldía?

«Entrevistador: Con frecuencia hablas de newpunk. Explícanos por favor qué significa este concepto, cuál es el paralelismo entre la escena trap y el punk.

Kaixo: El newpunk es la forma que tengo de definir mi forma de ver la música en este momento, pero desde un punto de vista casi ideológico. El newpunk representa todos los paralelismos que existen en mi música, como ser socialmente activo y a la vez un nihilista de mierda, que no es capaz de ver un futuro a medio plazo al mundo, tal y como hoy lo conocemos. (…) También su formato es muy parecido al trap: barato, rápido y hacia adelante, al igual que como se está desarrollando en España, en salas pequeñas, todo «self-made», cobrando a entrada, sin intermediarios, etc. Creo aun así que ahora está cambiando, porque también se está normalizando: quizá el trap ahora se parezca más al nuevo pop, o el nuevo rock ‘n roll. Cosa que no me parece mal». (Jnsp; Kaixo: «El #newpunk es ser socialmente activo y a la vez un nihilista de mierda», 5 de abril de 2017)

Entre dos géneros musicales relativamente cercanos en el tiempo lo difícil es que no haya similitudes. Eso que vaya por delante. Si somos astutos podríamos defender con argumentos que el punk ha tenido muchos hijos naturales y bastardos, pero por motivos de extensión solo nos centraremos en su comparativa respecto al trap. ¿Qué ofrece el movimiento punk en cuanto a lirismo?: a) cuenta con canciones que contienen una temática de descripción o crítica social que, cuanto menos, resultan interesantes dentro del círculo de banalidades que se suelen cantar; b) otras, tienen cierto tono político pero que, por lo general, se quedan en nada porque destilan el clásico anarquismo estéril; c) las hay que relatan de forma humorística ciertas escenas cotidianas causando la risa del oyente, pero sin mayor profundidad; d) también es frecuente encontrar alegatos donde se antepone el estilo sobre la sustancia, creyendo que mientras sean provocadoras todo vale; e) por último, y no menos importante, existen cantos desesperanzadores, que son rechazables y no queda más remedio que, en el mejor de los casos, compadecerse del autor pese a no compartir su visión pesimista, autodestructora o nihilista. No hablamos en pasado porque este género sigue teniendo vida, aunque no con la notoriedad de los 70 y 80.

Y bien, de todas estas posibilidades del viejo punk, ¿cuál rescata el trap y géneros parecidos? Pues bien, preminentemente toma como modelo las dos últimas tendencias, por no decir casi en exclusividad. ¿Es eso motivo de orgullo? Para algunos resulta que sí. Sin ir más lejos, Jarfaiter, representante madrileño del «rap kinki», siempre ha estado cercano a este nuevo género trap, hasta el punto de confundirse. ¿Pero cuáles son sus referencias musicales fuera del ámbito hip hopero? Él en sus entrevistas siempre se ha considerado heredero de la música punk de los 80, de Eskorbuto o Cicatriz. Bien, pondremos un resumen sobre qué se basaban estos grupos, para que quien no esté familiarizado pueda entendernos mejor.

a) Misantropía y apoliticismo:

«No hay amigos, ni enemigos / Lucha necia, todos contra todos». (Eskorbuto; Antitodo, 1986)

b) Machismo:

«Voy a entrar en vuestras casas / Destrozando las ventanas / Pa joder a vuestras furcias / A mordiscos y a patadas». (Cicatriz; Fuck furcias, 1986)

c) Pesimismo:

«Perdida la esperanza, perdida la ilusión / Los problemas continúan, sin hallarse solución / El pasado ha pasado y por él nada hay que hacer / El presente es un fracaso y el futuro no se ve». (Eskorbuto; Cerebros destruidos, 1986)

Y más pesimismo:

«Esperando a que crezcamos / Para hablarnos del futuro / Yo no creo en el futuro / Vete a tomar por el culo». (Cicatriz; Fuck furcias, 1986)