martes, 29 de enero de 2019

Engels sobre el apoliticismo del anarquismo español y sus consecuencias


«El informe que acaba de publicar la Comisión de La Haya sobre la Alianza secreta de Miguel Bakunin ha puesto de manifiesto ante el mundo obrero los manejos ocultos, las granujadas y la huera fraseología con que se pretendía poner el movimiento proletario al servicio de la presuntuosa ambición y los designios egoístas de unos cuantos genios incomprendidos. Entretanto, estos megalómanos nos han dado ocasión en España de conocer también su actuación revolucionaria práctica. Veamos cómo llevan a los hechos sus frases ultrarrevolucionarias sobre la anarquía y la autonomía, sobre la abolición de toda autoridad, especialmente la del Estado, y sobre la emancipación inmediata y completa de los obreros. Por fin podemos hacerlo ya, pues ahora, además de la información de los periódicos sobre los acontecimientos de España, tenemos a la vista el informe enviado al Congreso de Ginebra por la Nueva Federación Madrileña de la Internacional.

Es sabido que, en España, al producirse la escisión de la Internacional, sacaron ventaja los miembros de la Alianza secreta; la gran mayoría de los obreros españoles se adhirió a ellos. Al proclamarse la República, en febrero de 1873, los aliancistas españoles se vieron en un trance muy difícil. España es un país muy atrasado industrialmente, y, por lo tanto, no puede hablarse aún de una emancipación inmediata y completa de la clase obrera. Antes de esto, España tiene que pasar por varias etapas previas de desarrollo y quitar de en medio toda una serie de obstáculos.

La República brindaba la ocasión para acortar en lo posible esas etapas y para barrer rápidamente estos obstáculos. Pero esta ocasión sólo podía aprovecharse mediante la intervención política activa de la clase obrera española.

lunes, 28 de enero de 2019

¿Qué necesita un movimiento antifascista para cumplir con sus propósitos?


«El llamarse «antifascista» hoy es tan ambiguo y confuso como llamarse «anticapitalista». Ambos abarcan tal cantidad de posicionamientos que sería imposible citarlos todos. En todo caso, el prefijo «anti» significa según la RAE: «opuesto, de propiedades contrarias», y lo curioso aquí es que movimientos y sujetos que se dicen «antifascistas» y el «anticapitalistas» a veces muchas veces sin ser conscientes reproducen patrones y categorías que les acercan contra lo que dicen combatir. Un ejemplo de ello serían los «antifascistas» que se oponen al fascismo sobre el papel, pero en la praxis se nutren de las mismas filosofías de la intuición, el misticismo y el vitalismo, aquellos que priorizan su vena sentimental en detrimento de la reflexión y actuar metódico. Otro paradigma digno de mencionar sería aquel «anticapitalista» que en realidad su «alternativa» se reduce a proponer un énfasis pedagógico «educando en valores», pero sin pretensiones reales de socializar los medios de producción. Por último, estaría aquel «antifascista» y «anticapitalista» que se deja seducir por los «ismos» unilaterales que desunen a los trabajadores en sus objetivos revolucionarios, como el nacionalismo o el feminismo, los cuales conducen a que la lucha de clases se sustituya o se supedite a la «nación» X o al «sexo» Y. Aunque sea ridículo, para ellos formar parte de este o aquel país, ser mujer o parte del LGTB constituye una seña de identidad mucho más importante que el albergar pensamientos revolucionarios.

De cualquier modo, ¿qué podemos decir de los famosos «movimientos antifascistas» de hoy día? Pues que pese a tener grandes inclinaciones progresistas e incluso revolucionarias entre sus miembros, no son fiables para enfrentar al fascismo. Esto no es una opinión nuestra, sino que se constata al ver crecer al fascismo en varios países de tanto en tanto. ¿Cómo es posible que el antifascismo no frene al fascismo si es su principal cometido? Esto ocurre debido al carácter ecléctico que estos grupos arrastran en lo ideológico y organizativo. La cuestión antifascista, como la ecológica, la nacional, de género y otras que se dan en el capitalismo, deben ser enfocada de forma científica para que el «colectivo trasformador» que pretenda revertirlo lo intente con un mínimo de probabilidades del éxito, y es obvio que esta posibilidad no se erige en la «diversidad» y la «transversalidad», dado que la confusión de identidades y objetivos precisos solo produce parálisis y tendencias centrífugas. Véase la obra: «Fundamentos y propósitos» de 2021.

¿Queremos decir con todo esto que por ejemplo un anarquista no sea antifascista? No, en muchos casos su valentía e intenciones son dignas de alabar, pero lo que afirmamos es que, por su metodología y enfoque teórico, sus formas de lucha son deficientes, porque en la mayoría de temas no comprende el origen de los problemas sociales ni las formas de solucionarlos. Entonces para un revolucionario es lógico que, en su trabajo con otras organizaciones no marxistas como podrían ser los frentes antifascistas, lejos de primar la piedad y hacer la vista gorda en lo referente a las prácticas de tipo antimarxista, deberá desplegar una labor para que prevalezca la crítica a los cabecillas de estas organizaciones, enseñando a su base que los conceptos políticos derrotistas, reformistas, utópicos, terroristas, idealistas, pacifistas o skinheads no tienen nada que ver con un antifascismo consecuente, que no son garantía para vencer a un fascismo –sea este uno que aún está en la cuna o uno que se encuentra ya maduro y dispuesto a arrasar con todo–. Aquí la labor será la de enseñar que históricamente lo único que ha logrado ese «antifascismo laxo», ecléctico y transversal es bañar a la clase obrera en un charco de sangre. Si esto no se logra a tiempo, los acuerdos y la coordinación que logre el movimiento antifascista será siempre parcial y limitada, sus métodos no pasarán de ese arcaísmo tosco que hoy lo echa a perder todo. El extraer lecciones del pasado no es una opción a elegir, es una necesidad viva para todo movimiento que quiera operar dentro de su época. Para nosotros está claro que, si algunos «antifascistas» hoy no quieren indagar en la importancia de comprender todas estas cuestiones, mañana por necesidad o convencimiento lo harán, y si no, serán barridos por el propio fascismo o vegetarán en la intranscendencia. En cualquier caso, ocurra lo que ocurra nada podrá borrar la razón sobre lo aquí afirmado, ya que, insistimos, no son conclusiones exclusivas de nuestro «ingenio» o «delirio», sino dictados que ya ha enseñado la historia.

Si precisamente el actual movimiento antifascista es una pantomima –y ni de broma estaría en capacidad de frenar un avance del fascismo en caso de que la burguesía requiriese de una forma más autoritaria para gobernar–, no es porque falten ganas o convicción entre los antifascistas de todo signo político, sino porque sus líderes –como ocurre en toda formación ideológicamente difusa y burocrática en lo organizativo–, prefieren más la cantidad a la calidad, el amiguismo a la disciplina. Por consiguiente, han decretado que la dichosa «unidad antifascista» debe consistir en la paz ideológica entre ellos; con ello se restringe el debate honesto y la elevación ideológica en aras de que esto, presuntamente, nos permite unirnos mejor contra el enemigo común, ¿pero es bajo una base racional y planificada? ¿Bajo una unidad real o aparente? La romántica llamada a la «unidad» –sea «antifascista», «obrera» o bajo la etiqueta y causa que sea– sin condicionantes, es algo que suena precioso y que a priori algunos creerán que es la fórmula perfecta y sencilla para el triunfo, pero en verdad es la forma más rápida para el fracaso: sin condiciones serias toda unidad es formal, ficticia e inútil, tanto dentro de un partido marxista como en un frente antifascista. Solo hace falta echar una ojeada al interior de las asambleas y organizaciones vecinales que hoy se llaman «antifascistas». En cada uno de ellos, prima una interpretación particular sobre qué es fascismo, a qué responde y cómo enfrentarlo. Por lo que, en definitiva, nunca hay claridad, coordinación, métodos ni perspectivas para enfrentarlo eficazmente, vendiéndose muy barata la derrota ante el fascismo. Parecería que a más de uno su alergia por el estudio y la historia le ha hecho no estar al tanto que al fascismo no se le derrotó en Stalingrado emulando al ejército de Pancho Villa». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

sábado, 26 de enero de 2019

Sobre los que anuncian que la lucha entre capitalismo y comunismo se ha detenido o ha finalizado


«Algunos creen que una vez acabada la Guerra Fría la metodología del tipo Gladio pasó a mejor vida. Pero no nos engañemos, el teórico «fin de la guerra entre el capitalismo y comunismo» es una teoría imperialista o una teoría derrotista, dependiendo quién sea el autor que la empuñe, pero por encima de todo es falsa. Aunque no existan países dirigidos por partidos comunistas que construyan el socialismo, esta lucha entre capitalismo y comunismo existe en nuestro mundo actual, se ve en la lucha del capitalismo por suprimir a los pocos partidos comunistas existentes o los de estado embrionario que intentan constituirse, se nota claramente en los actos de censurar la única ideología proletaria –el marxismo-leninismo– o en los intentos de deformarla hasta hacerla inútil e inofensiva. La lucha de la que hablamos es una lucha producida por las contradicciones inherentes del capitalismo, en especial de la contradicción capital-trabajo –burguesía-proletariado–, por tanto no se puede parar, pues dicha pugna es completamente inexorable debido a la lucha de clases que se desarrolla en medio de una sociedad dividida en clases, su forma de producción determina que se creen estas contradicciones que no pueden desaparecer; esto es así más allá de los deseos de algunos por ocultar esta realidad, igualmente aunque algunos pierdan el tiempo teorizando el fin del proletariado con el «precariado» y hablando de las bondades de la «sociedad de consumo», lo cierto es que como ha demostrado la última crisis global el capitalismo no tiene solución, reaparecen viejos problemas o se recrudecen otros, el proletariado como tal sigue existiendo, y es con su ideología la única clase social que puede poner fin al capitalismo. 

Las fricciones que se crean diariamente dentro del mundo capitalista crean una conciencia entre los trabajadores, la enérgica repulsa hacia los males de la sociedad –aunque no sepan muy bien como procesar todo esto ni cómo actuar–, es algo que puede ser aprovechado por los comunistas para dotarles de conciencia de clase o puede ser aprovechada por la burguesía para mitigar estas inclinaciones a través de diversas formas de alineación. Entonces, incluso en las manifestaciones de la lucha de clases que no pongan directamente en tela el poder de la burguesía, aunque sean movimientos con métodos arcaicos de lucha, mal organizados, eclécticos ideológicamente y en definitiva, no netamente comunistas, la burguesía en más de una ocasión debido a su fragilidad y a su miedo se verá obligada a reprimir a los trabajadores cuando no pueda engañarlos incluyendo dentro de las democracias burguesas; cuando no tenga medios para dar unas concesiones que calmen los ánimos, tomara una actitud represiva que como hemos visto a lo largo de siglos con varios ejemplos, se agudizará más en cuanto las formas de actuación de las masas se vuelvan cada vez más sofisticadas, tomando conciencia de sus actuaciones y de sus objetivos finales, adquiriendo su movimiento un carácter realmente ofensivo y peligroso para el estatus político-económico dominante. 

Por ello la burguesía cuando se ve con un pie en la tumba, recurre a todo como sabemos. Insistimos: los métodos de la CIA y de todos los gobiernos burgueses, sus cuerpos de espionaje y en general todos sus cuerpos represivos no han cambiado. Si nos centramos en las conexiones estadounidenses, solo hay que ver los escándalos sobre secuestros, desapariciones, experimentos, torturas, espionaje y demás casos que cada día salen a la luz sobre viejos eventos en Chile, Argentina, Irak, Guantánamo, Vietnam, Nicaragua, Salvador, Irán, Congo, Indonesia, Somalia, Libia y así un sucesivo etc., la lista sería realmente interminable.

Cuando la documentación de los servicios secretos es desclasificada al público tras variadas décadas o cuando ante la vejez y ya ante nada que perder, más de un agente confiesa los trapos sucios de la organización, por supuesto los medios de (in)comunicación masivos no dedican ni la mitad del tiempo a mostrar estas revelaciones del que dedican a otros temas estúpidos y banales, pero esto es normal, ¿acaso no es ella, la clase burguesa, quién también controla el poder comunicacional-propagandístico de la sociedad? Entonces a obviedades materiales debemos llegar a conclusiones obvias de porqué todo esto no es realmente conocido entre la población. Pero estos datos deben ser propagados y popularizados entre los trabajadores, para que se quiten de encima cualquier ilusión sobre cómo se las gasta la burguesía ante sus enemigos.

Les guste o no a los apologistas del capitalismo y de la flamante democracia burguesa, poco a poco se siguen confirmando estos crímenes de Estado, y esto no va a parar nunca, ni se podrá contrarrestar por mucho que se esfuercen por dejarse millones en crear y difundir libros, películas y canciones de aspecto propagandístico bajo mitos anticomunistas para intentar justificar sus pecados, o para convencer a las masas que en el peor de los casos «todos son iguales». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)

lunes, 21 de enero de 2019

Las enseñanzas de Stalin, guía luminoso para los comunistas españoles; José Díaz, 1940

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

«Nuestro partido gozaba de autoridad y del apoyo de amplias masas. Y esto es natural puesto que el pueblo vio el valor y el heroísmo de los comunistas durante los inolvidables días de la defensa de Madrid, de Teruel y de las batallas del Ebro. El pueblo vio que el partido no se limitaba a corregir directivas y enseñanzas, sino que enseñaba el camino con el ejemplo. El PCE supo cómo comunicar su espíritu de autosacrificio y heroísmo a las masas. Durante las luchas ininterrumpidas, el PCE siempre mantuvo estrechos lazos con las masas. Por eso el PCE era amado por el pueblo español y continúa siéndolo. El PCE siguió una línea política justa durante la guerra nacional revolucionaria. Pero también cometió errores. El error principal de nuestro partido fue que frente a la amenaza de rebelión contrarrevolucionaria en Madrid –5 a 6 de marzo de 1939–, no la dio a conocer a las masas, y que no actuó tan enérgica y resueltamente cuando la rebelión ya estaba en marcha, tal como la situación difícil lo requería. Pero el partido siempre reconoció sus errores honradamente y esto contribuyó a fortalecer su prestigio y unión con las masas». (José Díaz; Las enseñanzas de Stalin, guía luminoso para los comunistas españoles, 1940)


Introducción de Bitácora (M-L)

En nuestra época, como ya expresamos, el legado del revolucionario sevillano José Díaz ha sido olvidado tanto por sus detractores como por sus pretendidos admiradores.

En este medio ya trajimos uno de sus documentos más importantes, su discurso en el VIIº Congreso de la Komintern de 1935, titulado: «Las luchas del proletariado español y las tareas del PCE», que a pesar de su notable importancia es desconocido para casi todo el público.

Más conocidas son los diferentes artículos y discursos de José Díaz concentrados en su compilación: «Tres años de lucha», publicado en 1947, el cual cuenta con una introducción de Santiago Carrillo, que en su versión de 1978 ya deja ver su verborrea eurocomunista haciendo notar diferencias fundamentales con el pensamiento del autor de la obra en cuestión.

En cuanto al presente documento de Díaz, es un breve artículo-reflexión sobre la influencia de Stalin en el pensamiento de los comunistas españoles de aquel entonces. Famosas fueron las palabras de éste último sobre el problema español al iniciarse la guerra civil.

«Al ayudar en lo posible a las masas revolucionarias de España, los trabajadores de la Unión Soviética no hacen más que cumplir con su deber. Se dan cuenta de que el liberar a España de la opresión de los reaccionarios fascistas no es asunto privativo de los españoles, sino la causa común de toda la humanidad avanzada y progresista». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Carta al Comité Central del Partido Comunista de España, 15 de octubre de 1936)

Esta obra de Díaz, puede encuadrarse junto a su otro artículo: «Lecciones de la guerra del pueblo español (1936-1939)» de 1940. Ambas pueden denominarse como uno de los pocos estudios que intentó hacer el Partido Comunista de España (PCE) de la transcendencia de la Guerra Civil Española, y de analizar las virtudes y defectos del partido en la misma. Recordemos que el PCE no abundaba de teóricos en exceso, el propio José Díaz sin ser un teórico per se, realizó este trabajo padeciendo una grave enfermedad y seguramente sacrificó parte de su salud en aras de realizar estos análisis y arrojar algo de luz ante la incapacidad manifiesta del resto de sus compañeros, que poco o nada aportaron a esta cuestión en los años venideros a la posguerra, y que se dedicaban más a eludir responsabilidades o a cargar las culpas en base a reticencias personales. Los otros trabajos de relevancia que cabe citar desde una óptica revolucionaria serían los escritos de Joan Comorera presentados ante la Komintern como su informe «La presencia de Cataluña en la guerra por la independencia» de 1939.

viernes, 18 de enero de 2019

Las propuestas del errejonismo desde 2017


«La corriente errejonista: ha sido desde el principio la corriente más moderada en cuanto a planteamientos políticos, la más flexible en materia de programa y votantes, y la más «heterodoxa» comparada con el resto de fracciones. A sus inicios pudo pasar como casi inadvertida porque los pablistas concordaban con casi todas sus propuestas, de hecho, el Iº Congreso de Podemos de 2015, los medios registraban el triunfo de las tesis de Iñigo Errejon:

Errejón fue de aquellos  que empezaron con el autonomismo –variante del anarquismo–, el trotskismo, el movimiento antiglobalización y los enamorados con el «socialismo del siglo XXI» de Evo Morales, Hugo Chávez e incluso el neoperonismo de Cristina Kirchner, y de la «centrabilidad del tablero» de Ernesto Laclau, desde su entrada a Podemos demostró que aspiraba a hacer un Podemos que no solo sujetase cien banderas sino mil banderas ideológicas. Hizo suyo el mensaje de «ganar transversalidad» con el objetivo de intentar que Podemos se abriese a todo tipo de votantes de todas las capas de la población, de ahí su lema «una máquina de guerra electoral».

Sobre el futuro de la organización se presenta un modelo de partido que siendo sinceros con la historia mantiene la esencia de la primera época de Podemos de no posicionarse a la izquierda del tablero, sino «superar la idea de izquierda-derecha», de no ser un partido de polémicas y ruidoso, sino silencioso y ambicioso electoralmente:

«No necesitan «domesticarnos», les basta con arrinconarnos y dejarnos una cómoda y folclórica existencia en la esquina izquierda del tablero, fuera e impotente ante su reconstrucción del sistema político. (...) Podemos no puede «cavar trincheras, protagonizar protestas y endurecerse» para tratar de resistir hasta que haya elecciones. Eso es lo que quieren el PP y el PSOE, a quien «nada ha asustado menos» que «las minorías ruidosas», la «izquierda folclórica e impotente». (Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, 2017)

Mantienen que la coalición electoral con IU no es positiva, que viendo los resultados electorales se demuestra que:

«La confluencia con IU no pareció funcionar». (Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, 2017)

Y ante la posibilidad de la fusión orgánica con IU creen que deben evitarse a toda costa:

«Podemos tiene que mantenerse como organización autónoma e independiente. Estas tareas son moradas y nadie las va a hacer por nosotros». (Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, 2017)

Porque sería sellar su muerte política al encasillarse, pues ven la perspectiva de alianzas con otras organizaciones aunque no se autodenominen como tal:

«Nuestro objetivo es más ambicioso que la unidad de la izquierda, es la unidad popular y ciudadana en la que cabe la izquierda tradicional, pero va mucho más allá». (Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, 2017)

Sobre la postura respecto al PSOE se dice que deben acercarse a él no confrontarlo, y olvidar su pasado –pese a estar lleno de traiciones–, alude que esta postura es más bien del sector de IU o de los pablistas –de herencia de los eurocomunistas y anguitistas–:

«Abordar la relación con el PSOE de manera inteligente y laica ha sido siempre mucho más productivo para Podemos que la negación obsesiva y choque frontal. Esta posición se ha caracterizado por confrontar con el PSOE en los momentos y por las cuestiones menos oportunas, y ha dado alas a los sectores más inmovilistas para atrincherar a su gente frente al cambio político. No es una cuestión ideológica, es una cuestión de habilidad política. La relación de Podemos con el PSOE debe ser hábil, pues no puede desconocer su importancia histórica pero tampoco tomar decisiones en base a su existencia. No puede obviarlo pero tampoco subalternizarse de forma sistemática por definirse en relación a el. La obsesión con el Partido Socialista tiene más que ver con las deudas pendientes de una parte de la izquierda de nuestro país que con las pretensiones y aspiraciones que Podemos debe tener en esta nueva etapa. A Podemos no le toca elegir entre dilemas del pasado, no tiene que decidir entre ser el PCE o ser el PSOE: Podemos nació con una hipótesis que pateaba esos dilemas, a pesar de que desde el 20D las decisiones le hayan hecho escorarse en mayor medida hacia una de esas dos opciones. Si algo nos enseñó el 15-M, es la importancia de librar la batalla contra los privilegiados en un terreno nuevo». (Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, 2017)

Las caras más representativas del sector actual del errejonismo –que puede que con su derrota sigan los cambios de bando– son:

Pero también contamos con Rita Maestre: ex reportera del programa televisivo de Pablo Iglesias «La Tuerka» y representante de a conduce el actual y decadente feminismo burgués. También cuentan con Tania Sánchez: otra ex de Izquierda Unida y antigua pareja sentimental de Pablo Iglesias. Por otro lado tenemos a Luis Alegre, fundador de Podemos, primero de la corriente anticapitalista, luego pablista y ahora se le presenta como cercano a Errejón o más bien pablista pero enemigo de los pablistas, pues ha calificado a los pablistas bajo acusaciones de arribistas y conspiradores, advirtiendo a Pablo Iglesias de ello:

«Puede decirse que esto es lo que está pasando en Podemos. El actual equipo de Pablo Iglesias –que no conserva ya ni a una sola de las personas que le hemos acompañado desde el principio– entró en Podemos con un objetivo que sólo podía conducir a la destrucción del proyecto. Entraron tarde y entraron mal, con la intención de excluir a todos los que no formaran parte de su pandilla. No son más de 4 ó 5 personas, pero suficientes para dar al traste con todo. (...) No voy a negar que, desde mucho antes de que entraran en Podemos Rafa Mayoral, Irene Montero o Juanma del Olmo, ha habido comportamientos desleales contra Pablo. (...) Ahora, ya hay un partido –en guerra, pero un partido–, con sus inercias internas y sus dinámicas institucionales. (...) No querría reprocharme nunca haber estado callado mientras veía cómo un grupo de conspiradores estaba a punto de tomar el control de Podemos. Creo que esto es algo que va a ocurrir casi con seguridad, porque van a lograr parasitar a Pablo hasta destruir al organismo. Estoy seguro de que Pablo se dará cuenta un año o dos después de que le hayan matado los suyos, pero ya será tarde. No creo que este artículo cambie nada. Pero si las tareas imposibles nos paralizaran, no habría llegado nunca el día de montar Podemos. Y eso no va en el carácter de quienes comenzamos esta historia». (Luis Alegre; ¿Qué está pasando en Podemos?, 2 de febrero de 2017)

La importancia del control del cumplimiento en las decisiones organizativas adoptadas


«La falta de responsabilidad personal, de control sistemático de las tareas y el temor a la autocrítica es origen de grandes dificultades en el trabajo de organización del Partido. Esas dificultades no se pueden vencer con resoluciones y disposiciones «generales». Esas dificultades se vencen elevando el nivel del trabajo de organización al nivel de dirección política. Como decía Lenin «Lo principal del trabajo de organización es la selección de hombres y mujeres y el control del cumplimiento de las decisiones adoptadas».

Con un buen control del cumplimiento de las decisiones adoptadas, los fallos y los errores serían en la mayoría de los casos evitados, o menores.

Uno de nuestros fallos habituales es la falta de control sistemático y riguroso de la ejecución de las tareas. Para asegurar ese control es necesario, entre otras cosas, que todas las organizaciones del Partido –es decir todos los comités del Partido a los distintos niveles– eleven informes periódicos sobre su actividad. Asimismo la dirección central deberá comunicar regularmente a las organizaciones del Partido todo lo concerniente a su actividad.

Sin ese control sistemático y riguroso de la ejecución de las tareas –acordadas en común y encomendadas por un órgano superior– nuestra organización de Partido nadará en el liberalismo, en la dejadez y desidia, la placidez inactiva y caerá en el liberalismo.

Asegurar el control de la ejecución de las tareas va ligado a redoblar nuestro sentido de la eficacia. El sentido de la eficacia está en la base del trabajo organizativo, sólo vinculando el sentido de la eficacia a la fidelidad, a los principios, se puede forjar un buen militante y un buen cuadro que combine la teoría con la práctica. De otro lado, sólo con un riguroso y eficiente control de la ejecución de las tareas es posible acrecentar el sentido de responsabilidad de los camaradas. Sin ese sentido de la responsabilidad no se puede implantar ni una cohesión monolítica ni una disciplina férrea ni una unidad de voluntad de todo el Partido, sino que se cae en el individualismo del obrar por cuenta propia.

Para que el control de las tareas cumpla sus fines son necesarias dos condiciones por lo menos: que el control sea sistemático y no episódico. Que el control del cumplimiento en todos los eslabones de las organizaciones del Partido esté dirigido por camaradas con suficiente autoridad, por los dirigentes mismos.

Las células y comités del Partido deben planificar sus tareas y fijarse objetivos concretos basados en las orientaciones políticas y en las tareas generales del Partido». (Elena Ódena; Notas para la escuela del partido, 1981)

lunes, 14 de enero de 2019

Sobre la convivencia entre los diversos pueblos hispánicos

Artículo de Joan Comorera publicado en «Nuestra Bandera» en 1943

«Los problemas nacionales de España no son una ficción, son una realidad viva. Las monarquías austríaca y borbónica, las dos de origen extranjero y anti-españolas, quisieron crear a sangre y fuego, una España falsa, «unificada». La República encontró el verdadero cauce histórico, y con su política de autonomías político-administrativas, inició la etapa fecunda de reconstrucción de una España una y diversa, realmente unida por la libre voluntad de sus componentes. Franco y Falange han destruido la obra de la República, han pretendido, agravando al infinito los métodos terroristas de las monarquías austriaca y borbónica, exterminar todo espíritu, sentimiento o manifestación de tipo nacional en Cataluña, Euzkadi y Galicia. ¿Es que esos republicanos del alboroto, valiéndose de pretextos baladíes, se preparan ya para una República bastarda, que en vez de recoger su propia herencia para desarrollarla consecuente y valientemente, renieguen de ella para seguir las huellas sangrientas de los, austriacos, de los borbones y de los franquistas? 

Es preciso hablar claro, porque con las palabras y los actos de hoy, forjamos el mañana de una España recobrada. 

El terror franquista no ha liquidado los problemas nacionales de España. Los ha exacerbado. El hecho de que los pueblos catalán, vasco y gallego hayan relegado a un segundo plano sus reivindicaciones nacionales, para presentar un sólido frente único español a Hitler y a su quisling Franco, no quiere decir, ni mucho menos, que las hayan abandonado. El hecho de que los Partidos y organizaciones fundamentales de Cataluña no presentemos hoy a las fuerzas republicanas españolas ninguna cuestión de principio de tipo nacional, no quiere decir, ni mucho menos, que hayamos hecho abandono de nuestros programas. Los Partidos y organizaciones fundamentales de Cataluña, no son separatistas, pero todos tienen en su programa el principio de la autodeterminación. El movimiento nacional en Cataluña ha llegado a su plena madurez, porque es la clase obrera la que se ha incorporado a ella de manera resuelta y definitiva, porque es la clase obrera la que ha tomado en sus manos la bandera nacional, la que quiere resolver y resolverá este problema, no con el criterio anquilosado y reaccionario nacionalista, sino reafirmando su adhesión a los principies del internacionalismo proletario. Con esta realidad hay que contar hoy y mañana. Si algunos republicanos españoles, algunos pseudo-socialistas españoles, pretendiesen, después de la inevitable victoria sobre el nazi-fascismo y su apéndice falangista, con palabras nuevas y propósitos y métodos viejos, continuar una política de asimilación violenta que la experiencia de siglos ha demostrado cuan absurda y criminal es, cuan sustantivamente anti-española así se condenarían ellos mismos a la destrucción más completa. Porque los problemas que nos esperan en una España recobrada, no se resolverán con chistes malos, ni con vociferaciones de tertulias subsidiadas, ni por hombres incapaces de sacarse las telarañas del cerebro. Porque los obreros españoles, en la práctica consecuente del internacionalismo proletario, han encontrado ya el camino de la «convivencia», dejando el de la «conllevancia» a pedantes, parásitos y reaccionarios. 

Ortega y Gasset, hizo un daño atroz a la República, a España, cuando afirmó que los pueblos hispanos estaban, condenados a «conllevarse». Efectivamente, los pueblos hispanos se han «conllevado» bajo las corrompidas monarquías austríaca y borbónica. Volverían a «conllevarse», quizás, si ciertos políticos, que nada han aprendido antes y en el curso de la guerra, que no se han corregido en la excesiva comodidad de su emigración, sí esos discípulos de Ortega y Gasset, filósofo traductor al servicio de Franco y de Falange, tuvieran campo libre para repetir errores conocidos y agravarlos con nuevos ensañamientos. A la «conllevancia» de parásitos y aventureros, de demócratas aparentes y reaccionarios verdaderos, nuestros pueblos oponen su vehemente voluntad de «convivencia». Los pueblos de España han «convivido» cuando la República promulgó la Constitución de 1931, cuando los admirables obreros madrileños dieron la gran paliza a los «isidristas» catalanes que fueron a Madrid a pedir el guillotinamiento de la Generalidad de Cataluña, cuando el 6 de octubre de 1934 los catalanes se levantaron contra los filo-fascistas, cuando las juventudes catalanas corrieron a defender Madrid en las jornadas de gloria imperecedera de noviembre de 1936, cuando las juventudes castellanas vinieron al Ebro a defender a Cataluña y con ella a la República y la independencia de España. Los pueblos de España «conviven» hoy en la lucha sin cuartel contra Franco y sus pistoleros falangistas, contra Hitler y sus bandas de asesinos, mezclando su dolor y su sangre generosa por amor a un mismo ideal de una España libre, independiente, democrática, de pueblos fraternalmente unidos. Esta es y esta será su voluntad inquebrantable, pese a los separatistas del otro lado del Ebro, más poderosos que los nuestros, porque se apoyaban y apoyan en los intereses seculares de las castas parasitarias animan todas por los austriacos y los borbones, por el régimen terrorista franquista. 

No son mejores unos que otros. 

Nuestros separatistas –nos referimos a los auténticos, no a los provocadores–, están también en la pendiente reaccionaria. No planteamos con relación a ellos ninguna cuestión de principio. La idea separatistas es tan legítima como cualquier otra, en un régimen democrático y para los demócratas verdaderos. Los republicanos españoles están en su derecho al combatir la idea separatista, como lo estamos nosotros al proclamarnos no-separatistas. Pero la idea separatista no se combate con anatemas ni excomuniones, con reacciones a lo Poyo Villanova o con la pistola del falangista. No se combate oponiendo la voluntad del más fuerte a la voluntad del más débil. Se combate con el ejercicio pleno y sin reservas de la democracia. Cataluña, Euzkadi y Galicia, tienen el derecho indiscutible a ejercer su derecho de autodeterminación. Los demócratas españoles deben admitir este ejercicio libre del derecho de autodeterminación, no desconociendo que ello implica el derecho a separarse, a constituirse en Estados independientes. Es así como, rompiendo con un pasado de oprobio, siendo demócratas consecuentes, forjaremos una España unida, liquidaremos el separatismo de ambos lados del Ebro. Es así como ha surgido, desde el punto de vista nacional, la invencible y gloriosa Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas». (Joan Comorera; Los separatistas de uno y el otro lado del Ebro; Conferencia pronunciada en México, 1943)

Los intentos de desligar al franquismo del fascismo

Franco, Hitler y Mussolini

«Entre los círculos intelectuales de la «izquierda» como Podemos se ha vuelto a poner de moda el reflexionar si algunas de las experiencias fueron fascismo o no. Véase las discusiones en el programa de Pablo Iglésias llamado Fort Apache.

Al franquismo se le ha intentado tachar «de régimen sin ideología», de «autoritarismo conservador», de «régimen autoritario», «régimen totalitario», de «dictadura sincrética» y una inifinidad de terminología vacía que en realidad quiere desligar al franquismo de su esencia fascista.

Más allá del intento de lavado de cara, lo cierto es que el fascismo español llamado «nacionalsindicalismo» de José Antonio Primo de Rivera, condensado en el partido Falange Española de las Juntas Ofensivas Nacional Sindicalista (FE de las JONS) fue la ideología adoptada por el franquismo, partido que en 1937 se fusionó con los carlistas de Comunión Tradicionalista (CT) dando lugar al partido único del régimen franquista: Falange Española Tradicionalista y de las Juntas Ofensivas Nacional Sindicalista (FET y de las JONS), también llamado Movimiento Nacional, al cual se sumaron a la fuerza los militares sin partido o las corrientes más extremistas del catolicismo. Más allá de las guerras internas entre las llamadas familias del régimen y más allá de los intentos del franquismo de barnizar su imagen radical en el momento de la derrota de los países fascistas en la Segunda Guerra Mundial, el fascismo fue la ideología fundamental del régimen franquista como se postuló en los artículos de la famosa Ley de Principios del Movimiento Nacional de 1958, que era básicamente una adaptación de algunos de los 9 puntos fundamentales de Falange Española creados en 1933. Véase nuestro documento «¿Acaso el fascismo español falangista era realmente una «tercera vía» entre capitalismo y comunismo?» de 2014. De igual modo los cargos y las materias relacionadas con la cuestión ideológica del movimiento siempre estuvieron bajo manos de los falangistas, incluso en el último periodo de decadencia, algo que no se suele mencionar.

Generalmente quién evita exponer esta documentación y estos clarividentes hechos históricos suelen ser personajes filofranquistas, que intentan embellecer a Franco separándolo de las similitudes con las teorizaciones y prácticas de Primo de Rivera, Hitler o Mussolini, para intentar no crear antipatías hacia él, sabiendo que el público los relaciona al fascismo y las consiguientes connotaciones negativas. De ahí que se haya definido el franquismo de mil maneras menos como es: un fascismo a la española.

¿Qué características tenía el fascismo fundamentalmente según Dimitrov?:

1) Se le puede definir como la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero.

2) Su advenimiento no es un simple cambio de un gobierno burgués por otro, sino la sustitución de una forma estatal de la dominación de clase de la burguesía –la democracia burguesa– por otra, por la dictadura terrorista abierta.

3) El fascismo logra atraerse las masas porque especula de forma demagógica con sus necesidades y exigencias más candentes. 

4) El fascismo no sólo azuza los prejuicios hondamente arraigados en las masas. 

5) El fascismo especula también con los mejores sentimientos de éstas, con su sentimiento de justicia y, a veces, incluso con sus tradiciones revolucionarias. 

6) El fascismo actúa al servicio de los intereses de los imperialistas más agresivos, pero ante las masas se presenta bajo la máscara de defensor de la nación ultrajada y apela al sentimiento nacional herido.

7) El fascismo aspira a la más desenfrenada explotación de las masas, pero se acerca a ellas con una demagogia anticapitalista, muy hábil.

8) El fascismo entrega al pueblo a la voracidad de los elementos más corrompidos y venales, pero se presenta ante él con la reivindicación de un «gobierno honrado e insobornable».

9) El fascismo capta, en interés de los sectores más reaccionarios de la burguesía, a las masas decepcionadas que abandonan los viejos partidos burgueses.

10) Impresiona a estas masas por la violencia de sus ataques contra los gobiernos burgueses, por su actitud irreconciliable frente a los viejos partidos de la burguesía.

¿Y que era el franquismo y las corrientes que dominaban en lo ideológico el régimen? Esto mismo. 

No hace falta comentar también a aquellos «ilustrados», historiadores, analistas políticos, catedráticos y demás figuras del espectro de la «izquierda» –keynesianos, estructuralistas, posmodernos y otros– que en pleno siglo XXI todavía pretenden decirnos que el franquismo, franco-falangismo o como quieran llamar al periodo de 1939-1975 no tienen que ver nada con el fascismo, porque según ellos «este rasgo le diferencia de este otro régimen en tal aspecto» o porque «éste otro rasgo está muy pronunciado y no se perfila en estos otros regímenes». Todo no se trata más que de palabrería insulsa, discusiones propias de escolástica moderna para intelectuales aburridos. Estas calificaciones artificiales desorientan y desarman a las masas sobre que es y no es fascismo, pues el franquismo lo cumple en demasía como para volver a debates estériles. 

Por tanto hay que entender de una vez que:

«Dejando atrás a todas las demás formas de la reacción burguesa, por su cinismo y sus mentiras, el fascismo adapta su demagogia a las particularidades nacionales de cada país e incluso a las particularidades de las diferentes capas sociales dentro de un mismo país». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo: Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

Tampoco hay que descuidar la necesidad de poner en tela de juicio las teorías de los ideólogos semianarquistas como se ha venido haciendo en este documento [con el PCE (r)], los cuales, dominados por la metafísica que creen que todo régimen que reprime es automáticamente tachado de fascista –¡como si en la democracia burguesa no se reprimiese!–, mención especial a aquellos que también creen que una vez instaurado el fascismo la burguesía no puede marchar hacia la democracia burguesa para salir de su crisis institucional –así lo creen pese a que se ha demostrado lo contrario en infinidad de países en las últimas décadas–. Estos señores comparten sin duda con los propios fascistas la falta del conocimiento y escaso dominio de la dialéctica». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

miércoles, 9 de enero de 2019

La naturaleza no está en disposición de realizar cualquier cosa a placer en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia


«La tierra no siempre ha sido como es ahora; al contrario, ha llegado hasta el estado en que ahora se encuentra tras una serie de evoluciones y revoluciones, y la geología ha descubierto que a lo largo de estos diferentes estadios evolutivos existieron muchas especies vegetales y animales que ahora ya no existen y que quizás tampoco existieran ya en épocas anteriores a esta. Así, hoy ya no existen trilobites ni escrimites ni ammonites, no hay pterodáctilos ni ictiosaurios ni plesiosaurios, ni tampoco megaterios ni dinoterios. Pero ¿cuál es la razón de ello? Evidentemente, que no han subsistido las razones que hacían posible su existencia. Y si la extinción de una vida va a la par con la extinción de las condiciones que la hicieron posible, también el comienzo, la génesis de estas vidas, tendrá que haber coincidido con la génesis de sus condiciones. Y ahora que los vegetales y los animales vienen al mundo sólo por generación orgánica –esto es inobjetable, al menos para las especies superiores podemos ver que basta con la presencia de sus condiciones vitales peculiares para que por todas partes, de un modo extremadamente singular y todavía no explicado, vegetales y animales se presenten ante nuestros ojos en cantidades innumerables. En la base del desarrollo de la naturaleza, en la génesis de la vida orgánica, no debemos pensar un acto aislado, un acto inmediato a la génesis de las condiciones vitales, sino más bien el acto o el momento en el cual la temperatura, el aire, el agua o más ampliaamente la Tierra, asumió una determinada disposición, y el oxígeno, hidrógeno, carbono y nitrógeno se unieron en esas precisas combinaciones que produjeron la existencia de la vida orgánica; y debemos también pensar en el momento en el cual todos estos elementos se unieron a un tiempo para formar cuerpos orgánicos. Así pues, si por la fuerza de la propia naturaleza, a lo largo de los tiempos, la Tierra ha evolucionado y se ha cultivado de tal forma que haya finalmente tomado unas características que la hagan compatible con la existencia del hombre y afín a la naturaleza humana, si hasta ha asumido, por así decirlo, un carácter humano, está la Tierra en condiciones de generar con sus propias fuerzas al hombre. 

El poder de la naturaleza no es ilimitado como la omnipotencia divina, lo que es decir como el poder de la imaginación del hombre: la naturaleza no está en disposición de realizar cualquier cosa a placer en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia. Todo lo que crea y produce está ligado a ciertas condiciones». (Ludwig Feuerbach; La esencia de la religión, 1845)

La idea de patria de los comunistas


«¿Está claro, pues, cuál es nuestro concepto de patria, en contraste con el de los «patriotas» de Alfonso XIII? Y este concepto de la patria, camaradas, puedo deciros que no es la primera vez que lo formula el Partido Comunista. Hay quien dice que la idea del amor por nuestro país, por el suelo en que hemos nacido, ha salido del VIIº Congreso de la Internacional Comunista de 1935 porque lo planteó allí el camarada Dimitrov. Cierto, Dimitrov ha dado una magnífica lección a los fascistas alemanes, a los verdugos del pueblo alemán, que querían hacer creer que el noble pueblo búlgaro era un pueblo de bandidos, y ha demostrado que los bandidos son los fascistas de todos los países. Pero, yo quiero leer aquí unos párrafos de un artículo del camarada Lenin, escrito a raíz de 1905, después de la derrota de la primera revolución rusa. Son palabras de Lenin, la inteligencia más clara que ha conocido la historia, el internacionalista más consecuente del movimiento proletario mundial.

«Amamos a nuestro país ¿Es que a nosotros, proletarios conscientes de la Gran Rusia, nos es extraño el orgullo nacional? ¡Claro que no! Nosotros amamos a nuestro idioma y a nuestro país. Nosotros trabajamos, sobre todo, para elevar a las masas trabajadoras de nuestro país es decir, a las nueve décimas partes de su población– a la vida consciente de demócratas y socialistas. Nosotros sufrimos ante todo viendo y sintiendo las arbitrariedades, las humillaciones, el yugo que los verdugos imperialistas, los nobles y los capitalistas hacen sufrir a nuestra bella patria. Estamos orgullosos de que esas arbitrariedades hayan suscitado resistencias entre nosotros, los grandes rusos; estamos orgullosos de que nuestro pueblo haya dado hombres como Raditchev, los decembristas, los revolucionarios pequeño-burgueses de la década del 70; estamos orgullosos de que la clase obrera de la Gran Rusia haya creado en 1905 un potente partido revolucionario de masas, y que, al mismo tiempo, el campesinado de la Gran Rusia haya empezado a transformarse en demócrata y a libertarse moralmente del pope y del terrateniente». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sobre el orgullo nacional de los rusos, 1914)

Y, unas líneas más adelante, dice:

«Obreros grandes rusos, penetrados de un sentimiento de orgullo nacional, queremos a toda costa una gran Rusia libre e independiente, demócrata y republicana, que establezca sus relaciones con sus vecinos sobre el principio humano de la igualdad y no sobre el principio humillante del servilismo y el privilegio para una gran nación. Por eso decimos: en la Europa del siglo XX, no se puede «defender la patria» más que poniendo en movimiento las fuerzas revolucionarias contra los monárquicos, los terratenientes y los capitalistas de «su» patria, es decir, contra los peores enemigos de nuestra patria». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sobre el orgullo nacional de los rusos, 1914)

(Aplausos)

Esto es lo que decía Lenin después de 1905. ¡Qué bien se puede aplicar esto a los «patriotas» de nuestros días!». (José DíazLa España Revolucionaria; Discurso pronunciado en el Salón Guerrero, de Madrid, el 9 de febrero de 1936)

domingo, 6 de enero de 2019

Reflexiones necesarias sobre las luchas progresistas dentro del capitalismo


«Ello demuestra que si bien el régimen actual de monarquía parlamentaria no ha podido resolver varios temas importantes como por ejemplo la cuestión nacional, si es considerablemente más progresista que el régimen franquista en la materia legislativa de estos temas civiles, salta a la vista que no presenta el «corpus jurídico» de un régimen fascista, sino democrático-burgués moderno. Solo un ignorante diría que un régimen fascista aprobaría leyes que intenten paliar aunque sea un poco la situación de la mujer, de los homosexuales, los discapacitados, los inmigrantes, como las que se han institucionalizado en varios países sobre todo de Europa durante las últimas décadas. 

Estas medidas [progresistas] también implementadas en algunos países con júbilo durante las últimas décadas, no han supuesto «el triunfo definitivo y eterno de la democracia burguesa y sus valores liberales» ni la «demostración de la validez del sistema», pues el capitalismo lleve a cuestas la envoltura que lleve [democrático-burguesa o fascista] no puede escapar a sus contradicciones inherentes, por ello asistimos en la misma Europa o América a una abolición de este tipo de leyes aprobadas previamente: se han ido perdiendo este tipo de derechos y libertades en materia de expresión, asociación y  reunión, se han ido endureciendo las condiciones de vida y trabajo abaratando, los servicios públicos de sanidad y educación se han vuelto precarios y  cada vez se dificulta más el acceso a la población, se han retirado los planes sociales para asistir a enfermos o ancianos, se han ido tomando medidas en favor de políticas restrictivas de inmigración, se han derogado algunos de los derechos efectivos de igualdad entre el hombre y la mujer, se ha endurecido las medidas sobre el aborto, se han aplicado nuevas leyes antiterroristas que criminalizan a diferentes movimientos político-sociales, se han emitido amnistías fiscales a las empresas que no cotizaban en el país mientras se subían los impuestos directos e indirectos a los trabajadores, se han promulgado leyes y decretos que concentran los poderes judiciales en manos del ejecutivo, se ha legislado a favor de financiar al clero y darle más poderes en la educación, se han promovido la congelación de las pensiones o la estimulación de planes privados de las mismas, se han creado leyes para que pagar el rescate de los bancos sea un deber legal de la nación esquilmando aún más a los trabajadores, se han implementado leyes sobre la inversión extranjera y se han dado luz verde a proyectos empresariales extranjeros que dañan el medio ambiente e incluso violan las propias constituciones burguesas de los países en cuanto a soberanía nacional. Y como esto, un innumerable etcétera de retrocesos que se han visto –más allá de las variaciones entre sus sistemas políticos– en diversos países como Francia, España, Rusia, Polonia, Hungría, Nicaragua, Brasil, Italia, Venezuela, Chile, y un sinfín de países más. A su vez otros países han avanzado en estas materias bien por las necesidades de las clases explotadoras de verse obligadas a remodelar sus leyes, bien por las luchas populares y los intentos de la clase dominante de calmar la situación, mezcla de ambas o por las razones que sean. Pero es claro que en el capitalismo las libertades y derechos conquistados deben de ser defendidos con uñas y dientes por los trabajadores pues la burguesía siempre tratará de arrebatárselos o de no aplicarlos. Se debe presionar para conservarlos pero sobre todo para que una vez aprobados se apliquen, mostrando las contradicciones de un sistema burgués que no quiere ni siquiera aplicar lo estipulado según sus reglas. Todas estas luchas preparan a las masas en diversas movilizaciones, crea conciencia sobre sus intereses propios, y prepara a los trabajadores para lanzarse a pelear por sus intereses máximos, siendo la forma más elevada: la revolución». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)

miércoles, 2 de enero de 2019

Sobre el terrorismo y su destino histórico

«Ahora bien, el Buró Político [del PCE] haría bien en calcular más serenamente el camino y el arma que escoge, ya que el terrorismo nunca ha dado buen resultado a las organizaciones que lo han empleado. Haría bien en recordar la experiencia del partido social-revolucionario ruso y del provocador Azef, jefe de su organización de combate y al mismo tiempo agente de la Ojrana. Haría bien en recordar que en nuestro país el anarquismo ha hecho una desastrosa experiencia del terrorismo y que la locura se saldó con pérdidas irreparables en las filas de la CNT. El Buró Político haría bien en grabarse en el cerebro que el terrorismo es el arma de los impotentes, de los desesperados, y a menudo de los cobardes, también por experiencia histórica, de los agentes del enemigo de clase incrustado en los centros dirigentes del proletario revolucionario. El terrorismo se encuentra en las antípodas de la lucha de clases, comienza disfrazado de arcángel y acaba siempre presentándose con la ropa del esbirro que mata por cuenta de quién le paga mejor. El terrorismo es una arma de doble filo mortal que acaba ahogando las fuerzas políticas que caen presas de sus redes y que el pueblo rechaza siempre». (Treball (Comorerista); A todos los militantes comunistas, a toda la clase obrera, a todos los republicanos, hombres y mujeres demócratas y progresistas de los pueblos hispánicos; Denunciamos un intento del Buró Político del Partido Comunista de España de asesinar a Joan Comorera, Secretario General del Partido Socialista Unificado de Cataluña, 1953)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

Y las sospechas de Comorera no eran fantasías. Enrique Líster, miembro carrillista del PCE hasta los 70 –cuando se escindió para crear su propio partido brézhnevista–, comentó una confesión que Vicente Uribe le relató muchos años después sobre un plan fallido de atentado contra Comorera a inicios de los 50, cuando el catalán cruzó la frontera franco-española, y como ante el fallido intento, la nueva táctica de Carrillo contra Comorera fue la pura calumnia mediante los medios de comunicación del PCE:

«El examen y decisión sobre las eliminaciones físicas se hicieron siempre en el Secretariado, y el encargado de asegurar su ejecución era Carrillo, quien tenía los ejecutores en su aparato. Alguna vez la ejecución fallaba. Tomemos, por ejemplo, el caso Comorera. Tú conoces toda la parte política del problema. Pues bien, Carrillo y Antón propusieron al Secretariado la liquidación física de Comorera. La propuesta fue aceptada y Carrillo, encargado de organizar la liquidación. Carrillo designó dos camaradas para llevarla a cabo; pero Comorera decidió marcharse del país. A través del informador que tenía entre la gente de Comorera, Carrillo conoció la decisión de aquél y luego el lugar de su paso por la frontera y su fecha. Carrillo envió a sus hombres a ese lugar para liquidar a Comorera al ir a cruzar la frontera. Pero éste, que se sentía en peligro y vivía con una gran desconfianza, a última hora cambió el lugar del paso. Supimos que había cruzado la frontera cuando ya llevaba quince días en Barcelona. En 1971 y después de leer mi libro ¡Basta!, uno de los componentes del equipo que debía liquidar a Comorera me completó la información que me había hecho Uribe. El equipo lo componían seis, entre ellos el jefe del sector de pasos por donde Comorera debía cruzar la frontera. Este miembro del equipo me dio los nombres de los restantes componentes del mismo. Dos siguen con Carrillo, tres han roto con él, incluido el responsable del sector de pasos, y el sexto no sé lo que fue de él. Me dijo también que el tiempo que estuvieron en la montaña esperando el paso de Comorera fue de tres semanas. Ante la imposibilidad de la liquidación física, Carrillo, como buen especialista de las acusaciones y denuncias del más puro estilo policíaco y provocador, se dedicó a la destrucción moral por medio de calumnias infames. Dirigida por él, se abrió en nuestras publicaciones y en nuestra radio una ofensiva de chivatería denunciando la presencia de Comorera en Barcelona». (Enrique Líster; Así destruyó Carrillo el PCE, 1982)