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martes, 1 de diciembre de 2020

El reemplazo de la revolución por la lucha de reformas sociales

Imagen del Xº Congreso del Partido Comunista Italiano de 1962

«La dirección del Partido Comunista Italiano (PCI) habla mucho de las «reformas de estructura», considerándolas como el medio más eficaz para la transformación de la sociedad italiana en las condiciones actuales. Entre estas reformas figuran las reivindicaciones para el aumento de los salarios y para reducción de jornada laboral, la creación de comisiones de fábricas y su uso para ejercer un control sobre su actividad económica y productiva, la implementación de la reforma agraria, la nacionalización de los grandes monopolios, etc. ¿Cuál es la naturaleza de estas reformas? La posición de los dirigentes del PCI sobre esta cuestión es contradictoria. De una parte, dicen que estas reformas tienen un carácter democrático general. Por lo tanto, en su discurso en Moscú, Toglitatti dijo:

«Nosotros comprendemos perfectamente que estas reivindicaciones no son socialistas, sino que son en el fondo, unas reivindicaciones democráticas de carácter progresista». (Palmiro Toglitatti; Discurso pronunciado ante los militantes de base del partido de la cuidad de Moscú, 27 de junio de 1960)

Mientras que por otro lado, dicen que la aplicación de estas reformas es la vía que conduce al socialismo. En el informe: «La vía italiana al socialismo», del 24 de junio de 1956, refiriéndose al programa de estas reformas, Togliatti decía:

«Un movimiento que nosotros podríamos orientar y dirigir en el sentido de estas reivindicaciones y de estas reformas es ciertamente un movimiento hacia el socialismo». (Palmiro Togliatti; Informe presentado en la sesión plenaria del Comité Central del Partido Comunista Italiano, 24 de junio de 1956)

Los dirigentes del PCI se esfuerzan por justificar estas contradicciones refiriéndose a las afirmaciones de Lenin, a saber, que entre la democracia y el socialismo no hay una muralla china, utilizando pues, como argumento el enlace existente entre la lucha por la democracia y la lucha por el socialismo. Bien entendido, esta es una tesis justa, pero hay que considerarla de modo dialéctico y no unilateral. Todo el asunto reside aquí en que sólo se destaca manera unilateral la conexión entre la lucha por la democracia y la lucha por el socialismo, pero no se dice nada en que se distinguen las dos luchas, ya que, como hacen ellos, limitan la lucha por el socialismo a la lucha por la democracia. Pero esto significa, de hecho, permanecer en el cuadro del orden existente capitalista.

sábado, 16 de mayo de 2020

Lo que algunos olvidan de Julio Anguita...

Pablo Iglesias y Julio Anguita, alumno y mentor

«Ya hemos hablado del origen de Podemos en su núcleo, pero habría que hablar de la periferia al núcleo fundador. ¿Pero por quienes han estado apadrinados estos líderes?

No cabe duda que Podemos ha venido a ser también la nueva apuesta del revisionismo que estaba en el ostracismo por voluntad o por obligación, ha sido una oportunidad no solo para el trotskismo marginal, sino también para personajes defenestrados.

Este es el caso de Julio Anguita, ex Secretario General del Partido Comunista de España (PCE) y líder de Izquierda Unida (IU) hasta 1998. ¿Y quién era este señor? 

Una parte del revisionismo reivindica eufórica la figura de Anguita como «aquel que restauró el leninismo» y «devolvió la gloria perdida al PCE». Algunos incluso citan como prueba la fusión en 1989 con parte del ala brezhnevista que anteriormente se había escindido del PCE con Ignacio Gallego a la cabeza formando el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE). Pero esto no pasó de ser uniones y desuniones entre viejos dinosaurios del revisionismo, entre agrupaciones ya intrascendentes.

Aquí lo importante es comprende que Anguita jamás vio nada incompatible entre el carrillismo y el leninismo:


«Julio Anguita: Yo leí «Eurocomunismo y Estado» [De Carrillo, publicada en 1977] y entonces no noté allí nada que tuviese entidad propia. A mí el partido me había enseñado que el socialismo es libertad, que luchábamos por la democracia, de modo que «Eurocomunismo y Estado» no venía a contarme nada nuevo». (Juan Andrade Blanco; Atraco a la memoria: Recorrido histórico por la vida de Julio Anguita, 2015)

lunes, 13 de abril de 2020

La lucha contra el «estalinismo»: pretexto para atacar los fundamentos del marxismo-leninismo; Vincent Gouysse, 2005

La visión de los eurocomunistas y la influencias de cada líder del eurocomunismo eran claras:

«Todos los revisionismos parten de un revisionismo anterior, y los revisionismos iniciales, parten del reformismo, del anarquismo, del socialismo utópico. Es por tanto una repetición continua de tesis ya combatidas antaño por los marxistas de la época de Marx y Engels, y por los marxista-leninistas de la época de Lenin hasta nuestros días. No significa por ello que a todos se les combata por igual y que sea sencillo desmontarlos, hay que saber diferenciar sus características específicas para saber refutarlos de forma correcta. (...) [Los líderes del eurocomunismo] habían surgido de las filas de los partidos marxista-leninistas, estos luego gustosamente aceptaron el revisionismo jruschovista porque les daba vía libre para desarrollar sus ideologías antistalinistas, y finalmente queriéndose distanciar del revisionismo soviético y su tutela plantearon tesis que reclamaban la posibilidad de elaborar una línea propia bajo el llamado «policentrismo». El contenido ideológico de cada partido eurocomunista era muy cercano al de la socialdemocracia: democracia parlamentaria burguesa, multipartidismo en el socialismo, economía mixta, y política exterior pro chovinista e imperialista. Este revisionismo acabó siendo la rama más descarada de todas. (...) Cada líder eurocomunista tendría cierta herencia y tendencia a emular a otros revisionismos pasados: el Partido Comunista Francés de Georges Marchais recuperando a Tito y Proudhon, el Partido Comunista de España de Santiago Carrillo con sus desarrollos maoístas –Carrillo reconocería que se formó ideológicamente en tal revisionismo–, pero también un cierto trotskismo, y el Partido Comunista Italiano de Enrico Berlinguer con su apego a las ideas revisionistas de figuras de su partido del pasado como Palmiro Togliatti. El eurocomunismo buscaba alianza en todos los grupos de revisionistas sin distinción». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

Pese a que la burguesía mantuvo grandes ilusiones sobre el papel a desempeñar por los eurocomunistas, pero pronto los fracasos electorales y el fraccionalismo interno hicieron que estos partidos se desintegraran hasta ser obligados a fusionarse con otras formaciones para poder sobrevivir, o hasta su liquidación absoluta. A consecuencia de ello, la burguesía tuvo que recurrir a fomentar directa o indirectamente otras corrientes revisionistas, y sobre todo, a reforzar su viejo as en la maga: las organizaciones socialdemócratas tradicionales. Esto no quita que de forma premeditada o espontánea, el eurocomunismo haya dejado huella en muchos movimientos oportunistas de corte ecléctico.

Dejamos al lector obras similares donde se critica al eurocomunismo y sus sucesores:

-Eurocomunismo es anticomunismo; Enver Hoxha, 1980

-El Partido del Trabajo de Albania sobre el tratamiento y la correcta solución de las contradicciones en la sociedad socialista; Ismail Lleshi, 1984

-El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», Equipo de Bitácora (M-L), 2013

-¿Es Alexis Tsipras el nuevo Enrico Berlinguer?; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

-Las luchas de fracciones en Podemos y su pose ante las masas; Equipo de Bitácora (M-L), 2017

El documento:

De izquierda a derecha: Robert Hue, Georges Marchais y Santiago Carrillo

«Expondremos principalmente, con la ayuda de las obras «Democracia», publicada en 1990 por Georges Marchais –secretario general del Partido Comunista Francés (PCF) desde 1972 hasta 1994– y «Comunismo: La Mutación», publicada en 1995 por Robert Hue –secretario general del PCF desde 1994 hasta 2001, luego presidente del PCF desde 2002–, el hecho de que a través del antiestalinismo, los revisionistas del PCF atacan en realidad al marxismo-leninismo. Estos no son ataques sobre detalles de la teoría marxista, sino sobre sus fundamentos mismos, ataques que conducen a la revisión total del marxismo en todos sus aspectos.

a) Ataques contra el materialismo dialéctico

«El «marxismo-leninismo», tal como lo reglamentó Stalin, es un sistema coherente, simplista y accesible. La dialéctica se halla reducida a unas pocas «leyes» universales. Todo se desarrolla bajo la tranquila seguridad de las «leyes de la naturaleza». Esta coherencia se combina con una fuerte preocupación por la «pedagogía de masas». (Robert Hue; Comunismo: La Mutación, 1995)

jueves, 21 de noviembre de 2019

El «pablismo» de Podemos, pese a su pose original, es heredero del «carrillismo» del PCE en su estrategia de toma de poder

Entrevista a Santiago Carrillo realizada por Pablo Iglesias en 2011

«Créanme si les digo que siendo hijo de un militante del FRAP y habiendo militado donde milité, tiene su mérito admirar a Carrillo. Frente a Santiago descubrí que estaba ante al secretario general que condenó irremediablemente a la mediocridad a todos los secretarios generales que llegaron después. Nadie estuvo a su nivel. (...) Nadie ejerció con tanta altura la dignidad de ser Secretario General. A pesar de todo, Santiago era uno de los nuestros. Hasta siempre». (Pablo Iglesias Turrión; El último secretario general, 2012)

Esta confesión serviría para evidenciar los vínculos ideológicos entre uno y otro. Y de paso sirve para avergonzar a todos los ex militantes del Partido Comunista de España (marxista-leninista) y del Frente Revolucionario Antifascista y Patriótica (FRAP) que ahora ponen sus esperanzas en Podemos y adulan a Pablo Iglesias como el nuevo «mesías» de la revolución, cuando no es sino otro falso profeta. Pero los vínculos entre Iglesias y Carrillo son mucho más profundos que una mera admiración del primero por el segundo.

Si repasamos el histórico libro de Santiago Carrillo: «Eurocomunismo y estado», de 1977, veremos que en lo fundamental, pese a que ahora todos reniegan del renegado, el revisionismo hispano ha recogido sus tesis, o manejan unas similares sin saberlo. En el caso de Podemos, Pablo Iglesias es un conocedor de la historia del Partido Comunista de España (PCE), no solo la ha estudiado, sino que proviene de sus juventudes, y ha podido entrevistar a su ídolo Carrillo, por tanto, es un «eurocomunista» o «carrillista» consciente, aunque como hemos advertido, Podemos y Pablo Iglesias, beben de muchas corrientes, siendo el eclecticismo su bandera.

viernes, 15 de noviembre de 2019

De la oposición al apoyo del PCE (m-l) a la Comunidad Económica Europea –actual Unión Europea–; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«El Partido Comunista de España (marxista-leninista) de 1991-1992 liderado por Chivite, incluso presentó su idea de plantear un proyecto revolucionario dentro de las instituciones de la CEE –actual UE– bajo la excusa de que: 

«Vivimos en un país industrial desarrollado, de capitalismo financiero enmarcado en el seno del proyecto de la Comunidad Europea. Nuestra táctica, por tanto, ha de entrelazarse con los proyectos y actividad reivindicativa y revolucionaria de los colectivos, organizaciones, movimientos sociales, sindicatos, personas…, de los países de ese mismo marco de cara a elaborar, frente a la táctica y estrategia de la burguesía, una táctica y estrategia continental revolucionaria de los países europeos». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Cuadernos de debate para el VIº Congreso, 1991-1992)

No hay que dejarse sorprender por el lenguaje revolucionario coyuntural, ya que anteriormente en el capítulo: «De querer ser un «partido bolchevique» a emular a un «partido menchevique», la dirección de Chivite juraba que no se quería arrastrar al PCE (m-l) por la vía organizativa e ideológica del socialdemocratismo, mientras se proponía eso mismo. Aquí se opera igual manera: dado que para ellos presuntamente, no se podía escapar a dicha realidad de formar parte del proyecto europeísta de las burguesías nacionales europeas, se consideraba que esto incluso sería algo positivo ya que al estar dentro y mediante la solidaridad cada pueblo, el partido comunista y sus aliados progresistas combatirían victoriosos a sus burguesías y se cambiarían las instituciones en un nuevo panorama europeísta más progresista. ¿Les suena el cuento verdad?:

«Así se traslucía en el manifiesto-programa del PCE elaborado tras la realización del VIII Congreso: «El modelo de desarrollo económico socialista que el Partido Comunista propone para España considera que la abolición de toda forma de propiedad privada capitalista será posible hacerla de forma gradual, a medida que se multipliquen las fuerzas productivas, que se consiga la abundancia de productos y la extensión de los sistemas de servicios». (...)  Se reconocía ahora que no había existido una política europea propia y se abogaba por una independencia que permitiera el acuerdo con otras fuerzas democráticas: «El Mercado Común no es hoy un problema que pueda dividir y enfrentar entre sí a las fuerzas democráticas de nuestro país, que estorbe la búsqueda de un acuerdo para acabar con la dictadura. La solución más conveniente para  (...) la cooperación económica con Europa no está en manos de la dictadura franquista  (...) sino en la articulación de la alternativa democrática». (...) La búsqueda de la unidad de las fuerzas de oposición para articular esa alternativa democrática propiciaba despejar la discrepancia sobre el Mercado Común. El viraje proeuropeo podía servir, en efecto, para facilitar cierto acercamiento a otras fuerzas de la oposición democrática, aunque no era este el único obstáculo para un acuerdo de toda la oposición al franquismo en el que participasen los comunistas. El PCE había iniciado con la táctica del denominado «pacto para la libertad» una política dirigida a los sectores de la opinión pública más sensibilizados a favor de una alternativa democrática al régimen de Franco. Esa política podía adquirir un mayor impacto a medida que el PCE moderase y limase sus propuestas, acercándolas e incluso identificándolas en muchos aspectos con las del resto de la oposición». (Salvador Forner; La política europea del PCE (1972-1999): del viraje europeista al escepticismo, 2017)

miércoles, 27 de marzo de 2019

El gran cisma en el PCE (m-l) de 1976; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«El tercer cisma de calado en el partido, se produjo en verano de 1976:

«En el terreno ideológico y organizativo el IIº Congreso ha sido la culminación, en la actual coyuntura, de la lucha desatada por el partido contra las posiciones derechistas a raíz de 1976, que desde dentro y desde fuera del partido y llegando por dos veces al complot y a la fracción, pretendían hacer degenerar al partido, y o bien llevarlo al pantano de la colaboración y el oportunismo, o bien liquidarlo política y organizativamente como destacamento revolucionario de vanguardia». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

Esta purga estuvo respaldada por Albania:

«No obstante, el FRAP no estaba sólo. Su principal aliado, Albania, estaba a su lado. La agencia de noticias albanesa ATA elogió la depuración llevada a cabo en las filas del Partido Comunista Español (marxista-leninista) y siguió firme en su apoyo al Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP)». (Antonio Martínez de la Orden; El Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP): Una aproximación histórica (1971-1978), 2015)

¿Pero en qué consistieron las diferencias?

La lucha de clases a nivel nacional e internacional

En el IIº Congreso del PCE (m-l) de 1977, dos años después de las últimas acciones de peso, y a un año de la escisión sufrida, la cúpula veía así los acontecimientos en relación al tema en cuestión, teniendo serias divergencias sobre el nivel de agudización interna en la lucha de clases en España:

«Es necesario repetir aquí, ante el Congreso, algunas cuestiones que han sido tergiversadas por los enemigos del partido, enemigos de dentro y de fuera de nuestras filas. Y, principalmente, por las calumnias y cobardes ataques que lanzan el puñado de complotadores y fraccionalistas que, precisamente a raíz de nuestra IIº Conferencia Nacional, fueron descubiertos y derrotados». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

Una de las razones que desataron los intentos de derribar a la dirección del partido fue el resultado más que discutible de las acciones armadas del FRAP de finales de 1975. Véase el capítulo: «El auge del PCE (m-l) y las acciones armadas del FRAP de 1973-75» de 2020.

Pero una cosa era poner en duda el momento idóneo de desatar la violencia revolucionaria o de la forma en que se organizaba y otra muy diferente era, como algunos disidentes de la fracción proponían, rechazar de pleno la violencia revolucionaria como tal, razón por la que muchos fueron a parar a organizaciones reformistas y pacifistas como la ORT, el PTE o el propio PCE. Obviamente la dirección del PCE (m-l) se centró solamente en estas posturas antimarxistas para mostrar a su militancia el oportunismo ideológico de alguno de los cabecillas de la fracción de 1976:

«Tanto los ideólogos burgueses como los cabecillas revisionistas y todos los oportunistas han desencadenado una vasta campaña para denigrar y condenar ante el pueblo la violencia revolucionaria, la lucha armada y la guerra popular, renegando así de uno de los principios esenciales establecidos por Marx, Engels, Lenin y Stalin acerca de la necesidad ineludible de la violencia revolucionaria y la lucha armada para derrocar el poder de la reacción; y preconizando la vía parlamentaria, la transición pacífica y el pluripartidismo como «medio» para llegar a la sociedad socialista». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

Pero como hemos dicho anteriormente, las críticas oportunistas sobre la lucha armada del FRAP emitidas desde los fraccionalistas de 1976 o de parte de los carrillistas y otros grupos, no justifica la poca autocrítica de la dirección del PCE (m-l) en relación a las obvias deficiencias en la dirección y organización de las acciones armadas de 1973-1975. Era normal que surgiesen dudas y críticas justas de los militantes honrados que deseaban encontrar respuestas e incluso depurar responsabilidades, pero en aquel momento solamente se cerró filas y se trató por igual a los derechistas de la fracción de 1976 que a los militantes honrados, hallándose un silencio y mitificando las acciones.

De igual modo se criticaba:

«Las mencionadas corrientes oportunistas pretenden sustituir a escala internacional la lucha de clases, por una llamada lucha del tercer mundo como fuerza motriz de la historia; preconizan el apoyarse en una de las dos superpotencias para combatir a la otra –en especial apoyarse en los EE.UU.–, así como el reforzamiento del ejército burgués en tanto que baluarte de la defensa de los intereses del pueblo y de la independencia nacional para apoyarse a una u otra potencia (¿)». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

No era una acusación sin fundamento. Se reflejaba en que los cabecillas fueron a parar a partidos como el PTE o la ORT de inspiración maoísta, que abanderaban junto al PCE (r) las teorías mencionadas del «tercer mundo como fuerza motriz de nuestra época» o que pregonaban la «necesidad de aliarse con EE.UU. para combatir a la URSS». Véase nuestro capítulo:  «La forma y contenido de las críticas hacia los adversarios políticos» de 2019.

Muchos dirigentes de la ORT-PTE acabaron en las filas del PCE donde desde hacía tiempo se venía hablando de la posibilidad de reforzar al ejército nacional burgués y lograr una tregua con las potencias imperialistas... Carrillo llegaría a declarar que no sacaría a España de la OTAN ni retiraría las bases estadounidenses de España. 

Lo mismo puede decirse del PCE (r) que promocionó la política belicista de China y apoyó a varios de los regímenes tercermundistas. Véase nuestra obra: «Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO» de 2017.

En el ámbito internacional, varios grupos maoístas sostenían estas tesis de «defensa de la burguesía nacional» y «el imperialismo más débil en «pro de la defensa nacional contra el imperialismo más agresivo». Véase nuestra obra: «Un rápido repaso histórico a las posiciones ultraoportunistas de Jacques Jurquet y el PCF-ML» de 2015.

viernes, 22 de febrero de 2019

Sobre algunas cuestiones de principio del marxismo-leninismo; Elena Ódena, 1967


«En nuestra época la lucha revolucionaria de los pueblos atraviesa por un período de intensas luchas políticas ideológicas de importancia decisiva para el curso de todo el desarrollo histórico de nuestra sociedad. Actualmente, el revisionismo, al igual que en la época de Lenin, no constituye un fenómeno nacional sino internacional. Tras la derrota sufrida por el revisionismo, gracias esencialmente a la demoledora denuncia de Lenin, el revisionismo y el oportunismo de toda laya dejaron de tener en aquel momento una influencia decisiva entre los elementos más avanzados de la clase obrera.

Pero desde el final de la II Guerra Mundial, y con la agudización de la lucha de clases en todo el mundo y la creciente agresividad del imperialismo, cada vez más aislado y fustigado por la lucha revolucionaria de los pueblos oprimidos, las distintas corrientes de la ideología reformista y burguesa se han hecho más virulentas en el seno de la clase obrera y han llegado a penetrar en la cabeza misma de los Partidos Comunistas. Gran parte de los dirigentes de los partidos han caído así bajo la influencia de las ideas oportunistas, revisionistas, dándose el hecho agravante de que esas corrientes se han manifestado en sumo grado y en primerísimo lugar entre los actuales dirigentes del Partido Comunista de la Unión Soviética, quienes han servido de punta de lanza y de base al revisionismo.

La lucha contra las tergiversaciones y falsificaciones ideológicas y teóricas de los revisionistas modernos es una obligación ineluctable para todo Partido marxista-leninista; es imprescindible y urgente arrancar de esas corrientes reformistas a extensas capas de la clase obrera particularmente en los países más desarrollados, y también de las capas bajas de la pequeña y media burguesía. Los marxista-leninistas hemos de inspirarnos en estos momentos, en la tenacidad y la perseverancia demostradas por Lenin en su lucha por los principios revolucionarios, y contra todos los revisionistas y oportunistas, ya que de otro modo, sería difícil movilizar a las amplias masas del proletariado para la lucha revolucionaria.

El apasionamiento y la intransigencia que Lenin manifestó en esa lucha por los principios, es para nosotros el mejor punto de apoyo para perseverar en nuestros esfuerzos por desenmascarar hoy a los revisionistas y oportunistas que en España, concretamente, constituyen sin duda alguna un obstáculo considerable, por cuanto que, sirviéndose de un pasado revolucionario, tratan de infundir a las luchas obreras corrientes pacifistas, economicistas, revisionistas, etc. Pero el revisionismo de Carrillo, al igual que el de Bernstein, Kautsky y otros semejantes, será, en definitiva, vencido por la corriente revolucionaria, y como en el pasado, el proletariado encontrará el cauce revolucionario del marxismo-leninismo. Sólo pretendemos abordar en este trabajo algunas de las cuestiones de principio más urgentes que creemos necesarias plantear hoy a la luz del marxismo-leninismo con objeto de disipar los negros contornos con que el revisionismo moderno pretende ocultar a la clase obrera la senda de la revolución proletaria.

miércoles, 2 de enero de 2019

La advertencia de Joan Comorera sobre el terrorismo político del PCE de Carrillo-Ibárruri


«Ahora bien, el Buró Político [del PCE] haría bien en calcular más serenamente el camino y el arma que escoge, ya que el terrorismo nunca ha dado buen resultado a las organizaciones que lo han empleado. Haría bien en recordar la experiencia del partido social-revolucionario ruso y del provocador Azef, jefe de su organización de combate y al mismo tiempo agente de la Ojrana. Haría bien en recordar que en nuestro país el anarquismo ha hecho una desastrosa experiencia del terrorismo y que la locura se saldó con pérdidas irreparables en las filas de la CNT. El Buró Político haría bien en grabarse en el cerebro que el terrorismo es el arma de los impotentes, de los desesperados, y a menudo de los cobardes, también por experiencia histórica, de los agentes del enemigo de clase incrustado en los centros dirigentes del proletario revolucionario. El terrorismo se encuentra en las antípodas de la lucha de clases, comienza disfrazado de arcángel y acaba siempre presentándose con la ropa del esbirro que mata por cuenta de quién le paga mejor. El terrorismo es una arma de doble filo mortal que acaba ahogando las fuerzas políticas que caen presas de sus redes y que el pueblo rechaza siempre». (Treball (Comorerista); Portavoz del Partido Socialista Unificado de Cataluña, Suplemento Nº116, 1953)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

Y las sospechas de Comorera no eran fantasías. Enrique Líster, miembro carrillista del PCE hasta los 70 –cuando se escindió para crear su propio partido brézhnevista–, comentó una confesión que Vicente Uribe le relató muchos años después sobre un plan fallido de atentado contra Comorera a inicios de los 50, cuando el catalán cruzó la frontera franco-española, y como ante el fallido intento, la nueva táctica de Carrillo contra Comorera fue la pura calumnia mediante los medios de comunicación del PCE:

«El examen y decisión sobre las eliminaciones físicas se hicieron siempre en el Secretariado, y el encargado de asegurar su ejecución era Carrillo, quien tenía los ejecutores en su aparato. Alguna vez la ejecución fallaba. Tomemos, por ejemplo, el caso Comorera. Tú conoces toda la parte política del problema. Pues bien, Carrillo y Antón propusieron al Secretariado la liquidación física de Comorera. La propuesta fue aceptada y Carrillo, encargado de organizar la liquidación. Carrillo designó dos camaradas para llevarla a cabo; pero Comorera decidió marcharse del país. A través del informador que tenía entre la gente de Comorera, Carrillo conoció la decisión de aquél y luego el lugar de su paso por la frontera y su fecha. Carrillo envió a sus hombres a ese lugar para liquidar a Comorera al ir a cruzar la frontera. Pero éste, que se sentía en peligro y vivía con una gran desconfianza, a última hora cambió el lugar del paso. Supimos que había cruzado la frontera cuando ya llevaba quince días en Barcelona. En 1971 y después de leer mi libro ¡Basta!, uno de los componentes del equipo que debía liquidar a Comorera me completó la información que me había hecho Uribe. El equipo lo componían seis, entre ellos el jefe del sector de pasos por donde Comorera debía cruzar la frontera. Este miembro del equipo me dio los nombres de los restantes componentes del mismo. Dos siguen con Carrillo, tres han roto con él, incluido el responsable del sector de pasos, y el sexto no sé lo que fue de él. Me dijo también que el tiempo que estuvieron en la montaña esperando el paso de Comorera fue de tres semanas. Ante la imposibilidad de la liquidación física, Carrillo, como buen especialista de las acusaciones y denuncias del más puro estilo policíaco y provocador, se dedicó a la destrucción moral por medio de calumnias infames. Dirigida por él, se abrió en nuestras publicaciones y en nuestra radio una ofensiva de chivatería denunciando la presencia de Comorera en Barcelona». (Enrique Líster; Así destruyó Carrillo el PCE, 1982)

lunes, 31 de diciembre de 2018

El sabotaje de la revolución, línea general de los revisionistas; Agim Popa y Vangjel Mosiu, 1984


«Otra dirección que siguen los revisionistas modernos para negar la necesidad de la revolución, del derrocamiento revolucionario de la burguesía, de la destrucción de la máquina del estado burgués y de la instauración de la dictadura del proletariado es la prédica de las tesis del XX Congreso del PCUS y de los eurocomunistas sobre el llamado tránsito «pacífico» y «democrático» al socialismo, mediante la vía parlamentaria y reformista, en el marco del legalismo burgués y de las constituciones burguesas. Pero en estas tesis ya conocidas de los revisionistas se halan también nuevos matices.

En sus actuales prédicas ha cobrado una amplia difusión especialmente la idea de que en ningún país, incluyendo los países capitalistas desarrollados, se plantea directamente la tarea de derrocar a la burguesía y pasar al socialismo. Mientras que los revisionistas chinos difunden el punto de vista de que la cuestión de la revolución no se plantea en absoluto en nuestra época, porque, pretendidamente, no existe en el mundo una situación revolucionaria, los revisionistas soviéticos y sus adeptos, y también los eurocomunistas, se han presentado con la tesis de que el camino hacia el socialismo en los países capitalistas desarrollados pasaría por una fase intermedia, la denominada «democracia antimonopolista». 

«La perspectiva de una amplia ofensiva contra el poder del capital [escriben los «teóricos» soviéticos] ha encontrado expresión teórica en el concepto de la democracia antimonopolista, elaborado por el movimiento comunista». ( Problemi mira i socializma, N° 2, 1983, pág. 51) 

Los revisionistas germano occidentales han incluido en su programa la «democracia antimonopolista», entendiendo con ella:

«Un período de transformaciones radicales, cuando la clase obrera y las demás fuerzas democráticas tienen una fuerza política e influencia parlamentaria tan grande como para formar un gobierno de coalición que represente sus intereses comunes». (Ibídem, N° 2, 1983, pág. 53) 

Puntos de vista similares propagan los revisionistas también en Austria, Francia, España, Gran Bretaña, Canadá, Brasil, Grecia y otros países.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Una acertada descripción del carrillismo y su evolución en 1977


«La novedad más importante con respecto al grupo de Carrillo en los últimos meses ha sido su completa legalización. Decimos completa pues hace ya mucho tiempo que el carrillismo gozaba en España de una legalidad más o menos abierta. Es importante, de todas formas, que tratemos de analizar los aspectos nuevos de la situación, para adecuar a ellos nuestra táctica.

Es evidente que con la legalidad el carrillismo podrá utilizar nuevos medios, que en el pasado podía utilizar de una forma más limitada y que la reacción está utilizando ya recursos importantes para apuntalar su situación, y que aparentemente nuestro Partido se ve desfavorecido. Pero esto no deja de ser una apariencia, un aspecto bastante superficial y secundario. Hay otros hechos, que hay que tomar en consideración, y que están relacionados con aspectos mucho más profundos de la situación
actual.

En primer lugar, nosotros podemos afirmar que la situación actual va a acentuar mucho más el carácter burgués del partido carrillista. El partido de Carrillo con su legalización ha pasado a ser un partido integrado totalmente en la política de la oligarquía.

El carrillismo está subordinado a la oligarquía, ya no solamente en el plano de la ideología y de la política general, sino que se subordina directamente al Gobierno y a las instituciones del Estado. La situación actual representa la culminación de la política reaccionaria del postfranquismo y a la vez de la política de «reconciliación nacional». Estos dos aspectos de la política de la oligarquía se encuentran hoy completamente fundidos. Carrillo hoy se ve obligado a eliminar todo rasgo de aparente oposición que de una manera demagógica podía mantener en vida de Franco. Consciente del peligro que ello supone, agita el espantajo de «Alianza Popular» para dar la impresión que se «opone» a algo y para ocultar lo esencial esto es, que apoya la política del gobierno, que apoya a la monarquía, que apoya a las instituciones del Estado actual.

En esta situación. Carrillo tiene que renunciar completamente a los símbolos y tradiciones revolucionarias de nuestro pueblo, tildando de nostálgicos y de «viejos» fuera de la realidad a aquellos que manifiestan apego y cariño por esos símbolos y tradiciones. Un reflejo importante de esto lo hemos tenido con la aceptación carrillista de la bandera fascista. Pero con ello se sitúa en el campo enemigo ante la conciencia de sectores muy amplios de nuestro pueblo.

Otro aspecto que hay que considerar es el siguiente: en la medida en que permanecerá legalizado el partido carrillista acentuará su carácter burocrático. Es posible prever su completa transformación en un aparato electorero de burócratas panzudos, cobardes y reaccionarios, radicalmente opuestos al movimiento de masas. Es posible prever su creciente vinculación a intereses capitalistas específicos y la creación por parte del carrillismo de intereses de tipo capitalista propios, vinculados a su aparato y a sus más encumbrados dirigentes.

Todas estas manifestaciones del carrillismo están relacionadas con aspectos muy profundos de la situación actual: se trata de tendencias que se desarrollarán en el futuro, productos necesarios del desarrollo de la lucha de clases en nuestro país en las condiciones actuales.

Aquí es importante apuntar que, paralelamente, al desarrollarse estas tendencias en el seno del carrillismo, unas tendencias de signo radicalmente opuesto van abriéndose paso dentro del movimiento de masas. El movimiento de masas en nuestro país va extendiéndose y radicalizándose con ritmos agigantados. Dentro de una situación clarísima de crisis económica y política sin precedentes en la historia reciente de España, millones de personas despiertan a la conciencia política, piden cambios radicales, pretenden intervenir directamente en la lucha por sus derechos e intereses. En todos los sectores del pueblo español asistimos a una tendencia a organizarse, a manifestarse, a un gran impulso de la lucha popular.

Nosotros podemos afirmar que las condiciones actuales, los aspectos más de fondo de la situación actual, están empujando al revisionismo y a las masas en dos direcciones radicalmente opuestas, están abriendo más y más el foso entre el revisionismo y las masas. Esta no es más que una manifestación del proceso de agudización de todas sus contradicciones que está viviendo la sociedad española.

Un correcto análisis, y la práctica, nos dicen que el revisionismo carrillista se hace cada vez más reaccionario al desarrollarse la lucha de clases, de la misma forma que se hace más reaccionaria la burguesía de la que forma parte. Por ello opinamos que no se trata hoy, en absoluto, de dar «buenos consejos» a Carrillo y los suyos para que modifiquen su línea de acción y cometan menos «errores» de lo que se trata es de tomar conciencia del hecho de que Carrilo, al formar parte de la reacción, elaborará, a medida que se desarrollen los acontecimientos políticos, de una manera ineluctable, una política cada vez más reaccionaria, cada vez más opuesta a los intereses del pueblo, y se hará intérprete de exigencias e intereses cada vez más extraños al sentir y a las necesidades de las masas». (Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

martes, 27 de marzo de 2018

Sobre los partidos revisionistas en el poder y el carácter del régimen


«Son superfluas las explicaciones para demostrar que la participación en el poder de muchos partidos burgueses, capitalistas, revisionistas y fascistas en los países capitalistas e imperialistas, como en los Estados Unidos entre otros, no ha transformado en absoluto sus sociedades, de reaccionarias en progresistas. Por el contrario, en el imperialismo la democracia hace un viraje hacia la reacción. No es progresista ni democrática la sociedad que defiende al régimen de explotación y de apoya en él. Asimismo, la existencia de un partido único en el poder, cuando este partido no sigue la línea marxista-leninista, es decir, cuando no es un partido del proletariado, jamás puede conducir a la edificación del socialismo. Por el contrario, un partido tal, como quiera que se haga llamar, «marxista» o «marxista-leninista», en realidad es un partido de la burguesía o un partido fascista, que se encarga de financiar la propiedad privada o estatal capitalista, para alimentar a una nueva clase de dominantes.

Un partido tal necesita conservar ciertas formas supuestamente marxistas y se esfuerza en darle formas y denominaciones socialistas también al poder que dirige, pero su esencia y sus objetivos, así como los del Estado, son antisocialistas, porque tiende a realizar la transformación regresiva del país y restaurar el capitalismo. La burguesía nueva, en este caso, se apropia gradualmente del poder a costa del proletariado y de sus aliados naturales. Este proceso se ha verificado en Yugoslavia, en la Unión Soviética y en muchos otros países antaño de democracia popular, donde no existe el pluralismo de los partidos. En estos países, el capitalismo ha sido restaurado a través de diversas formas, y una clase de nuevos explotadores se anima y toma fuerza. Si el país que sufre esta regresión es importante por si territorio, población y potencial económico, su Estado se convierte en socialimperialista, si, por el contrario, es pequeño, se hace un satélite del capitalismo mundial, un Estado dominado por los capitales extranjeros y el neocolonialismo, que explotan las riquezas del país y el sudor del pueblo. Por lo tanto, todos los Estados llamados democráticos, tanto bajo el sistema del pluralismo, como bajo la dominación de un partido único, que no es marxista-leninista, no quieren reemplazar la vieja sociedad capitalista explotadora por una sociedad nueva, socialista. En esta vieja sociedad, donde existe la propiedad privada y la dominación capitalista, no puede haber libertad, democracia, independencia y soberanía verdaderas para el pueblo». (Enver HoxhaLa democracia proletaria es la democracia verdadera; Discurso pronunciado en la reunión del Consejo General del Frente Democrático de Albania, 20 de septiembre de 1978)

jueves, 1 de marzo de 2018

Sobre la «transformación socialista» a base de reformas


«Los defensores burgueses y revisionistas del Estado capitalista presentan la nacionalización de ciertos sectores económicos, del transporte, etc., como un signo de «transformación» del sistema capitalista. Según ellos, este proceso de «transformación» puede ir aún más lejos si el proletariado se vuelve «razonable» y «moderado» en sus reivindicaciones, si obedece a los partidos políticos traidores y a los sindicatos manipulados por éstos. Estos «teóricos» son reformistas porque, a través de las reformas, pretenden transformar el Estado capitalista en Estado socialista. El capital ha introducido reformas estructurales en diversos países capitalistas, revisionistas imperialistas, pero ellas no han conducido a la victoria de la revolución y de los revolucionarios, al contrario, han creado precisamente la situación que ha salvado el capital de su destrucción y ha protegido a la clase explotadora de sus sepultureros.

El revisionismo moderno ha puesto en el orden del día el reformismo, que constituye la esencia de sus concepciones, teorías y prácticas. El reformismo se opone a la ideología marxista-leninista y a la demolición del capitalismo mediante la revolución violenta. El motor de la revolución proletaria es la implacable lucha de clases, la lucha del proletariado y de sus aliados, el campesinado pobre las demás capas oprimidas, contra la burguesía, el capital monopolista de Estado, el capital financiero, mientras que el reformismo niega la lucha de clases, la revolución socialista y la dictadura del proletariado.

Así pues, el reformismo es el sepulturero de la revolución, es la antítesis del marxismo-leninismo, por eso lo han abrazado los partidos revisionistas de diversos países a partir de la Unión Soviética, Yugoslavia, China, los antiguos países socialistas, y los partidos revisionistas de todos los países y continentes del mundo. Con la finalidad de sofocar la revolución y deformar las tesis fundamentales del marxismo-leninismo, algunos partidos, que se hacen llamar «eurocomunistas», echaron por la borda sin tapujos la teoría marxista-leninista. Estos partidos, con el Partido «Comunista» de España a la cabeza, han abandonado el leninismo. El Partido «Comunista» de España ha llegado hasta el punto de suprimir el nombre de «leninista» para dar a entender a la burguesía que ya se había superado el período cuando el proletariado pretendía subvertir el capitalismo y tomar el poder mediante la violencia, que los partidos revisionistas se encuentran en la fase de su transformación en partidos de la burguesía y están dispuestos a dar cualquier prueba para ganar la confianza del capital nacional e internacional.

Tampoco la cuestión del progreso tecnológico y científico puede confundirse con la transformación revolucionaria de la sociedad, con la liberación del proletariado y de todos los trabajadores del viejo sistema de explotación ni con la transición al nuevo sistema socialista. La tecnología y la ciencia avanzadas son el fruto del ingenio de los hombres, de los obreros y los intelectuales, pero en los regímenes sociales explotadores, la técnica y la ciencia se ponen al servicio de las clases dominantes para reforzar sus posiciones económicas, políticas e ideológicas dentro y fuera del país. El desarrollo de la ciencia y la técnica y el aumento del número de especialistas, no pueden sanar las heridas del capitalismo, como lo pretenden los ideólogos de la burguesía y del revisionismo. La experiencia demuestra que, como quiera que sea el desarrollo de las fuerzas productivas y el progreso de la ciencia y la técnica, la revolución socialista violenta para pasar del capitalismo al socialismo continúa siendo insustituible. Nuestra teoría marxista-leninista ha demostrado con la máxima claridad que es imposible ir a la sociedad socialista no rompiendo los marcos del régimen capitalista, que esa meta se alcanza destruyendo hasta sus fundamentos ese régimen y sus instituciones, instaurando el poder del proletariado, dirigido por su vanguardia, el partido comunista marxista-leninista.

La política de nuestro Partido y nuestro Estado defiende a los oprimidos que se levantan en revolución y combate a los opresores, destinados a desaparecer como clase. Nuestro Partido dice abiertamente que la supresión de los explotadores sólo puede realizarse mediante la lucha, mediante la revolución violenta y no mediante reformas, sean de estructura o de superestructura. Para lograr la completa y verdadera liberación de la clase obrera y de todos los trabajadores del mundo, es preciso subvertir el viejo poder e instaurar en su lugar el nuevo poder, el poder del proletariado». (Enver Hoxha; La democracia proletaria es la democracia verdadera; Discurso pronunciado en la reunión del Consejo General del Frente Democrático de Albania, 20 de septiembre de 1978)

martes, 2 de enero de 2018

Los intereses del pueblo español no pueden coincidir con los del Mercado Común; Elena Ódena, 1973


«Lejos de nosotros el lamentarnos porque de pronto los financieros e industriales en nuestro país descubren que en definitiva los Estados que componen el Mercado Común son rapaces capitalistas y que como tales tratan de apretar las clavijas a los más débiles.

Es cierto que sobre la base de condicionar a su favor a los menos fuertes, los países más fuertes tratan en la medida en que las contradicciones entre ellos no se lo impide, presentar un bloque común frente a la brutalidad y agresividad económica, comercial y financiera dé los EE.UU. y también de los socialimperialistas rusos; pero siendo este aspecto muy importante, la característica determinante del llamado Mercado Común es la de ser un conjunto de Estados capitalistas, en el seno del cual los más fuertes se aprovechan bajo uno u otro pretexto de los más débiles. Y, naturalmente, esto no ocurre por azar, sino en virtud de la misma esencia y de la naturaleza capitalista e imperialista de los países que lo componen.

Esta apreciación, que ha sido la del Iº Congreso de nuestro Partido de 1973 frente a la cuestión de la adhesión de nuestro país al Mercado Común, ha sido una vez más confirmada por los recientes hechos en tomo a las nuevas negociaciones iniciadas a primeros de julio entre la España franquista y la Comunidad Europea. Ya no se trata de camuflajes de carácter pseudopolíticos para que dicha entidad dicte unas condiciones leoninas respecto a los productos industriales que el Mercado Común pretende exportar a España, sino que trata claramente de obtener un desarme arancelario de un 80 por 100 en los próximos años para sus productos industriales, al mismo tiempo que levantan todo tipo de barreras y limitaciones para las exportaciones de los productos agrícolas españoles, incluido uno de los productos clave de nuestra producción como es el aceite de oliva.

Podríamos decir que estos enjuagues son guiñoleseos, sino fuera porque en definitiva quienes salen perdiendo son siempre las masas trabajadoras; son enjuagues entre bandidos capitalistas, aunque estos bandidos se cubran con pomposos títulos de «ministros»«expertos» en esto y aquello, etc. En lo que sí son expertos todos ellos, es un arte de ver quién engaña a quién, y en ponerse de acuerdo y llegar en definitiva a compromisos descargando las consecuencias de sus chalaneos sobre las espaldas de los pueblos.

España, siendo como es actualmente un país de economía débil y dependiente, está no sólo a la merced de los imperialistas yanquis, sino también, aunque en menor medida, de los demás países capitalistas que tratan por su parte de aprovecharse tanto como pueden de esta situación.

Entre las medidas que los medios oficiales franquistas proponen para hacer frente a las exigencias del Mercado Común, una de ellas es la de acelerar el proceso de concentración y fusión de empresas para hacerlas «más rentables», y otra la de evitar que los costos sociales de la producción graven sobre los precios de los productos. En pocas palabras, de un lado hacer más difícil la existencia de las pequeñas y medias empresas, para lo cual el gobierno franquista subvenciona aún más descaradamente a los grandes magnates de la industria y el comercio para así hacer desaparecer a los menos fuertes, y de otro lado, oponerse a toda mejora de las condiciones de empleo de las masas trabajadoras y a toda subida de salarios.

Resulta archievidente cuan justa es la oposición de nuestro Partido cuando denunciamos los trapicheos a espaldas y en detrimento de nuestro pueblo por ingresar en el Mercado Común, ya que dicho ingreso sólo puede beneficiar, como vemos, a los sectores oligárquicos en el Poder.

Salta también a la vista, cómo la posición ante esta cuestión del renegado Carrillo de pronunciarse a favor de la adhesión de España al Mercado Común, no coincide con los intereses de la economía española en su conjunto y aún mucho menos de las masas trabajadoras, sino exclusivamente con los intereses de las castas oligárquicas, fascistas y ultrarreaccionarias que desde el aparato del Estado, y sirviéndose del erario público van a preparar sus negocios en su beneficio exclusivo.

Pretender encubrir con complicadas explicaciones «supertécnicas» la necesidad del ingreso de España en el Mercado Común, es echar arena a los ojos de las masas trabajadoras, engañarlas para mejor servir a los intereses de los oligarcas fascistas, los cuales sí están interesados en entrar en el tinglado europeo, para participar conjuntamente con sus «socios europeos» en la explotación y opresión de las masas trabajadoras de Europa.

Finalmente, es de señalar que dada la dependencia y los estrechos vínculos de toda nuestra economía especialmente los sectores más importantes, respecto al capital norteamericano, y cuenta habida del papel de trampolín y de intermediaria de la dictadura franquista al servicio de los intereses yanquis, ésta hará cuanto pueda por integrarse de uno u otro modo al Mercado Común, pese a las voces disidentes y a las reservas que se manifiestan entre los sectores más fuertes de nuestra economía, tanto en la agricultura como en la industria». (Elena Ódena; Los intereses del pueblo español no pueden coincidir con los del Mercado Común, 1973)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

domingo, 26 de noviembre de 2017

El revisionismo eurocomunista; Enver Hoxha, 1981

Revista del PCE carrillista en la época en que se sucedieron las publicaciones sobre la vigencia o no del leninismo, finalmente en el congreso del 1978 el partido decidió retirar el término leninista dentro de sus principios

«Cuanto más se profundizan las contradicciones del capitalismo y del imperialismo y se aproxima la ola de la revolución, tanto más se descubre la catadura antimarxista y contrarrevolucionaria de la otra corriente revisionista, el eurocomunismo.

El eurocomunismo es producto de la degeneración de los partidos comunistas que emprendieron el camino del revisionismo, de la división producida en el campo revisionista, como resultado del predominio que adquirió en su seno el nacionalismo burgués.

Es la ideología de la aristocracia obrera alimentada con migajas de las ganancias de la burguesía. El eurocomunismo, la más pura ideología del reformismo burgués, juega el papel de «quinta columna» en el seno del movimiento obrero.

Los eurocomunistas, que figuraron entre los más ardientes adeptos de la campaña contra Stalin, para volver supuestamente a Lenin, se han unido ahora abiertamente con todo el coro de la burguesía y los socialdemócratas para atacar a Lenin y al leninismo. El mismo término «eurocomunismo» es expresión del alejamiento del marxismo-leninismo, de la negación de las leyes generales de la revolución y de la construcción de la sociedad socialista.

Los eurocomunistas han desenterrado y vuelto a poner en circulación las viejas teorías oportunistas de Lasalle, Bernstein, Kautsky y de la II Internacional, proclamando que son la última palabra del desarrollo creador del marxismo en nuestros días. El ataque frontal y abierto desde posiciones anticomunistas contra las enseñanzas fundamentales del marxismo-leninismo es la conclusión lógica de todo el revisionismo moderno, de todas sus corrientes.

Las prédicas de los eurocomunistas sobre el Estado capitalista supraclasista, sobre la democracia para todos, sobre el camino pacífico, parlamentario, democrático hacia el socialismo, sobre las reformas estructurales en el marco de la Constitución burguesa, etc., tienen un solo objetivo: sabotear la revolución, defender y perpetuar el orden capitalista. Cuando los revisionistas italianos, franceses y españoles hablan de «compromiso histórico», de «bloque histórico de la izquierda», etc., o cuando luchan por formar parte de los gobiernos burgueses, lo hacen no para arrebatar el Poder a la burguesía, no para liquidar el orden capitalista, sino para defenderlo de la revolución y para asumir ellos mismos la administración de los asuntos de la burguesía. Pretenden sustituir en ese papel a la socialdemocracia, comprometida y desacreditada ya ante las masas como servidora descarada de la burguesía.

A la vez que embellecen al capitalismo, los eurocomunistas manifiestan una abierta hostilidad hacia el socialismo. Según ellos, ni ha existido ni existe hasta hoy ningún socialismo verdadero. Para ellos, el «verdadero socialismo» es el que han inventado ellos mismos, el llamado «socialismo democrático», «socialismo pluralista» o «tercera vía».

El «socialismo» imaginado por los eurocomunistas es un socialismo sin dictadura del proletariado, sin dirección exclusiva del partido comunista, sin teoría marxista-leninista. En ese socialismo el Poder será de todas las clases, accederán a la dirección diversos partidos según los votos que obtengan en las elecciones, la ideología marxista convivirá con todas las demás ideologías burguesas, pequeño burguesas y religiosas. En el socialismo de los eurocomunistas existirán diversas formas de la economía, la propiedad socializada y la iniciativa privada, los capitales imperialistas y las multinacionales.

Así pues, en esa sociedad calificada de pluralista se entrelazarán y convivirán en paz y plena armonía clases, partidos, ideologías, distintos tipos de propiedad, elementos socialistas y capitalistas en la economía y en la política, en la base y en la superestructura, en toda la vida de la sociedad. Pero una sociedad así, una mezcla capitalista-socialista ni ha existido ni puede existir jamás. Únicamente puede existir en la imaginación de los eurocomunistas. El socialismo y el capitalismo son dos órdenes sociales que se excluyen mutuamente. La nueva sociedad predicada por los eurocomunistas no es más que la actual sociedad capitalista barnizada con un baño socialista.

El surgimiento del eurocomunismo fue anunciado con gran ruido por la burguesía, que se forjó ilusiones de que su ideología reformista eclipsaría la ideología revolucionaria del marxismo-leninismo. Esperaba que el eurocomunismo alcanzaría una gran difusión y se convertiría en una bandera que uniría a todos los revisionistas, del Oeste y del Este. Pero el fracaso fue rotundo. En los propios partidos eurocomunistas proliferaron las fracciones y divisiones; entre los diversos partidos eurocomunistas comenzó la lucha por el liderazgo. Las disputas y las divergencias con el resto de los partidos revisionistas pasaron a ser aún mayores. El partido de Georges Marchais abandonó el campo eurocomunista y se aproxima cada vez más a los revisionistas soviéticos. El Partido Comunista de España se ha dividido en diversas fracciones, en eurocomunistas ortodoxos y heréticos, en prosoviéticos y antisoviéticos. Por su parte el partido de Enrico Berlinguer está atravesando una grave crisis ideológica y política. Y lo que es más importante, los partidos eurocomunistas han perdido gran parte de la influencia que tenían entre las masas, cosa que puede verse en sus sucesivas derrotas en las elecciones, a las que consideran su caballo de batalla». (Enver HoxhaLa lucha contra el revisionismo, y el movimiento revolucionario y de liberación en la etapa actual; VIº capítulo del Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)