«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

jueves, 23 de marzo de 2017

Las luchas de fracciones en Podemos y su pose ante las masas; Equipo de Bitácora (M-L), 2017

Íñigo Errejón y Pablo Iglesias
«En este post se analizarán en mayor o menor profundidad varias cuestiones relacionadas con Podemos: su historia, desarrollo, luchas internas, etc.; teniendo como principal interés demostrar que dicha organización no tiene ideología concreta y fija, que la honestidad de sus líderes brilla por su ausencia. Expresar que no nos gusta afirmar sin más, así que hemos indagado en el historial de Podemos para demostrar al lector que efectivamente hay un cambio de discurso cada pocos meses en la dirección este partido y que por tanto no hay garantía de absolutamente nada.

1) ¿Hay traición de principios del partido de alguna de las corrientes? Un repaso de la historia de Podemos y sus posiciones políticas

¿Se puede hablar de una ideología clara en Podemos? Es evidente que no. De hecho tal característica es una resultante de la forma en que se conformó la organización en 2014. Y es que Podemos nace de la convergencia de varios factores, esencialmente los voluntaristas-anarquistas del «movimiento 15M» y los trotskistas de la «izquierda altermundista», pero el impulso definitivo lo recibe de «intelectuales burgueses progresistas» de la Universidad Complutense con la complicidad como decimos del partido trotskizante de la Izquierda Anticapitalista (IA).

En cuanto al líder de Podemos, Pablo Iglesias, este se ha sentido siempre identificado con el «socialismo del siglo XXI» tanto de Chávez en Venezuela y Evo Morales en Bolivia, y en general con los viejos partidos herederos del eurocomunismo que forman parte en Europa del Partido de la Izquierda Europea (PIE); pero en sus planteamientos políticos no es difícil identificar desde posturas que lo aproximan a neoliberal Fukuyama, al pseudorevolucionario y antimarxistaleninista Negri, hasta ver en lo económico que sus recetas se mueven entre Keynes y Hayek. No obstante, por influencia de los revisionistas del «socialismo del siglo XXI» el líder de Podemos en ocasiones, sobre todo en un inicio, se reivindicaba marxista o de herencia marxista sin dejar de identificarse con todo tipo de fauna antimarxista, tiempo después declaraba a su organización fuera del debate ideológico izquierda-derecha buscando la «centralidad y neutralidad en el tablero político-ideológico»; para que luego en la actualidad, y desde hace corto tiempo, Pablo Iglesias se autodenomine socialdemócrata. Como se ve no hay un hilo conductor fijo en la cuestión ideológica, varía según las circunstancias. Lo que es claro es que las propuestas políticas de Podemos se pueden comparar tanto con las del infame PSOE de los 80, como con las de su amigo Alexis Tsipras y el desastroso «socialismo del siglo XXI» griego.

A causa de esta maraña ideológica, desde hace unos meses, hemos asistido al deslindamiento de las corrientes internas en Podemos, líneas o corrientes que no es que fueran nuevas sino que como en toda organización ecléctica y multifraccional salen a relucir en los momentos de crisis de la organización, especialmente causadas por las disputas internas por poder. De hecho, como el mismo Pablo Iglesias reconoció, la división entre pablistas y errejonistas se empezó a cristalizar en marzo de 2016:

«Jordi Évole: A mí me intriga mucho donde está vuestro punto de inflexión, ¿hay un momento donde Pablo Iglesias dice «esto se está rompiendo»?

Pablo Iglesias: Hay un momento que es tremendo para nosotros, a partir de marzo de 2016». (Salvados; Pablo Iglesias frente a sus votantes, 2017)


Esta crisis interna había dado lugar a que cada fracción fuese a lo suyo:

«P.I.: Tiene que sonar más como una orquesta en la que todos los instrumentos suenen, y nosotros habíamos dejado de sonar, hacía un año que desafinábamos». (Salvados; Pablo Iglesias frente a sus votantes, 2017)


Hoy en día, los pablistas dicen ser los guardianes de la esencia de Podemos, del «proyecto regenerador de la verdadera izquierda española», y en tanto acusan a los errejonistas de «haber perdido la esencia ideológica». Se habla de una vuelta a los principios, a la «hipótesis original»:

«Nuestra hipótesis original sigue funcionado bien». Pablo Iglesias ha marcado este jueves la hoja de ruta a seguir por su formación cuando ha terminado el ciclo político en el que han funcionado como una «maquinaria electoral», y toca construir una nueva organización con más peso y poder para las bases y una relación más estrecha con los movimientos sociales para volver a sus orígenes y evitar parecerse a la vieja política. Así, el secretario general del partido ha reconocido errores en la campaña electoral de Unidos Podemos para el pasado 26-J, dirigida por Íñigo Errejón, y ha rechazado que el partido deba seguir intentando dar imagen de moderación». (El Público; Iglesias pide a Podemos volver a su «hipótesis original» y alejarse de la moderación «en las formas», 25 de septiembre de 2016)

En la entrevista que Pablo Iglesias concede a Jordi Évole habla de «sentirse decepcionado en lo personal» con los miembros del sector errejonista, y de tomar nota para el futuro ante tales traiciones. Pero no nos engañemos ya que esto solo es un sofisma burdo, pues si Pablo Iglesias llegó a ser líder de esta organización fue gracias a ir derechizando la organización contando con el consentimiento y apoyo inestimable de la mayoría de figuras y corrientes incluyendo a Iñigo Errejón y los errejonistas. ¿Acaso habrá que recuperar los archivos en los que queda atestiguado este complejo proceso de mentiras, cinismo, y mucha pero que mucha demagogia? En adelante pedimos paciencia al lector para leer las citas que atestiguan tantísimo cambio de posturas:

a) En sus primeras apariciones públicas, Pablo Iglesias se autodenominaba comunista delante de sus amigos en su propio programa de televisión, pero también en medios simpatizantes del franquismo:

«Yo soy comunista».  (Intervención de Pablo Iglesias en el programa El Gato al Agua, 2013)

Después pasó a autodenominarse abiertamente como un socialdemócrata en los medios de comunicación cuando ya era un firme candidato a la presidencia del gobierno. Calificó su etapa comunista como poco menos que un sueño infantil de la adolescencia y tendió la mano al PSOE para recuperar los principios del socialdemocratismo:

«Nos hacemos mayores y cuando uno es candidato a la presidencia del Gobierno tiene que decir las cosas que puede hacer. Yo me siento orgulloso de haber sido un joven comunista, pero como candidato a la presidencia no lo soy, soy socialista como Allende o como Mujica. (...) Lo que ocurrió en España es que por desgracia el Partido Socialista dejó de ser socialista en muchas cosas» y «la reconstrucción de ese espacio nos compete a muchos, no solamente a nosotros, sino también al Partido Socialista y ojalá podamos reconstruirlo juntos». (La Sexta; Entrevista de Ana Pastor a Pablo Iglesias, 19 de junio de 2016)


No es nada nueva esta conversión, históricamente los revisionistas que autoproclamándose comunistas revisaban los principios del marxismo-leninismo se igualaban a los socialdemócratas, incluso acabaron reconociéndose como tales, ella es la deriva normal del revisionismo moderno como agente de la burguesía en el seno del proletariado:

«Los revisionistas habían puesto a sus partidos en el camino de la degeneración socialdemócrata, y para ello necesitaban del arsenal teórico de ella y de la alianza directa con sus agrupaciones, lo que finalmente derivaría como veríamos años después, en la conversión de viejos partidos comunistas en revisionistas, en la disolución directa en los partidos socialdemócratas, o sino simplemente en el paso de muchos partido revisionistas hacía partidos socialdemócratas oficiales. (...) Si bien los socialdemócratas habían renunciado a los últimos vestigios teóricos del marxismo, los revisionistas empezaban a renunciar sobre el papel todo lo que estaban negando desde hace tiempo en la práctica: adoptaron la democracia burguesa como máxima expresión de democracia, el tránsito pacífico al socialismo, la aceptación de la propiedad privada como un tipo de propiedad más en el socialismo, y ha considerar a la clase obrera como diferente a la de los tiempos de Marx y Lenin por lo que no era necesario su papel histórico hegemónico, y por tanto se oficializaron como caducos todos los conceptos del partido marxista-leninista. Todo esto haría que los revisionistas cosecharan aplausos entre la prensa y los ideólogos del imperialismo, y por supuesto del balcón de otras ramas del revisionismo, algo que sólo era normal, para alguien que en efecto había traicionado los principios del comunismo». (Introducción del Equipo de Bitácora (M-L) al documento de Enver Hoxha: «Los revisionistas modernos en el camino de la degeneración socialdemócrata y su fusión con la socialdemocracia» de 1964, 21 de noviembre de 2015)

¿Y qué es el la socialdemocracia propiamente?:

«El término socialdemócrata es un término que ha evolucionado desde hace siglos, antiguamente se autocalificaban socialdemócratas o socialistas tanto los reformistas –que pensaba en llegar al socialismo por medio de reformas progresivas de la sociedad capitalista–, los revisionistas –que reconocían y decían basarse en Marx y Engels pero revisaban injustificadamente la parte cardinal de sus tesis centrales acercándose a corrientes antimarxistas–, como los marxistas revolucionarios –que era propiamente marxistas y que sólo actualizaban las tesis de Marx si la época lo requería, sin alterar la esencia revolucionaria del marxismo–. Durante el cisma entre los socialdemócratas revolucionarios encabezados por Lenin y los socialdemócratas socialchovinistas encabezados por Karl Kautsky durante la Primera Guerra Mundial, los primeros rechazaron seguir identificando a sus partidos como socialdemócratas y los denominarían en adelante como partidos comunistas, más tarde también llamados marxista-leninistas. A partir de entonces el término socialdemócrata quedaría pues en manos de autodenominados «marxistas» que revisaban a Karl Marx y volvían a los conceptos de los autores reformistas y de otras corrientes ajenas al marxismo, se agruparon en la Internacional Obrera y Socialista de 1923-1939. Posteriormente el término sería usado por los partidos de la Internacional Socialista fundada en 1951. Tras la Segunda Guerra Mundial el mero hecho de que los socialdemócratas contemporáneos hubieran renunciado incluso en sus estatutos de partido al marxismo evidenciaba su alto grado de degeneración». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2015)

Ahora resulta que a los pablistas les interesa volver a hablar de nuevo sobre quién es de «izquierda», incluso relacionar a la izquierda con la socialdemocracia que tantas veces ha traicionado a la clase obrera. Opone su concepto socialdemocracia/izquierda al de Errejón centralidad-transversalidad/ni izquierdas ni derechas:

«La brecha surgida entre Iglesias y Errejón ha ido creciendo en los últimos meses. Mientras los pablistas acusan al secretario político de «moderación», los errejonistas denuncian el viraje a la izquierda del secretario general. Sí queda constancia del cambio de discurso en el líder de Podemos, que hace dos años en el congreso fundacional apelaba al 15M, a la transversalidad y a la mayoría social, conceptos ahora abanderados por Íñigo Errejón. Lo dejó claro en su primera gran intervención en Vistalegre I: 
«Nos querían hacer jugar en un tablero en el que todo estaba vendido, donde las cartas están repartidas, y nosotros dijimos que no, que queremos ocupar la centralidad del tablero, que existe una mayoría social del país que apuesta por la decencia», alegó Iglesias. Una centralidad que no hace referencia a la cuestión ideológica, sino al sentido del término en clave política: se refería a que el nuevo partido, Podemos, era quien tenía que marcar las reglas del juego, obligando al resto de partidos a posicionarse en torno a él, y no al contrario. Así, defendía que no eran ni de izquierdas ni de derechas, un argumento que el secretario político ha abandonado en los últimos meses, después de que el acercamiento a IU reabriera este debate». (El Independiente; Vistalegre I vs. Vistalegre II: diez diferencias dos años después, 10 de diciembre de 2016)

Pero para empezar a aclarar las cosas desde una óptica de clase entre todo este barullo de cambios de opinión y maniobras declarativas sin sentido, ¿qué consideramos los marxista-leninistas como izquierda? ¿La socialdemocracia es izquierda porque estar ideológicamente más a la izquierda que el neoliberalismo o el fascismo?:

«En el mismo sentido, en nuestra época histórica la «izquierda» es aquella que defiende los intereses de los explotados, a las masas trabajadora, frente a los explotadores, es la que propone la superación del capitalismo y sus relaciones económicas; en cambio la derecha –dígase de «izquierda», «centro» o de «ultraderecha» según el discurso postmoderno– opera para mantener los privilegios de los explotadores por medio de la protección de la propiedad privada de los medios de producción». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

Nosotros pues, no traficamos ni especulamos por lo que ha de considerarse izquierda en nuestra época:

«Hay que ser claros, concisos en el análisis: nosotros no caemos en el juego mistificador de otras corrientes antimarxistas conocidas por su cariz conciliador, para nosotros la única izquierda verdadera, la única izquierda revolucionaria, la única izquierda que está con la clase obrera y el resto de las clases trabajadoras y que representa sus intereses de forma veraz –científica–, y real –sin especular con sus intereses de clase–, es el marxismo-leninismo, las demás llamadas izquierdas, aunque incluso existan individuos honestos y crean que teorizan y actúan por el progresismo de la humanidad, no es una izquierda completa, en tanto que máxima doctrina progresista, ya que arrastran formas de organizarse, pensar y actuar de las ideologías premarxistas o antimarxistas. Consideramos que declarar bajo el ambiguo término «izquierda», gastado hasta la sociedad, a corrientes burguesas y pequeño burguesas antimarxistas junto al marxismo-leninismo sería oportunismo, una falta de respeto, y una manifestación que borra las diferencias entre dichas corrientes y el único y genuino pensamiento de la clase obrera; en consecuencia y del mismo modo plantear que es indispensable y que debemos por naturaleza salvaguardar dicha «alianza entre las corrientes de izquierda», quizás estará entre las ideas e intenciones de acercamiento, conciliación y colaboración de otros oportunistas frente a otros oportunistas, pero nosotros no nos adherimos a tal concepción». (Equipo de Bitácora (M-L); Syriza y la euforia de la llamada «izquierda» [Recopilación Documental], 28 de enero de 2015)

Podemos y sus presentantes hablaban de que eran revolucionarios, comunistas, que eran los que iban a regenerar la izquierda podrida y vendida; pero poco más tarde pasaron a desechar la «bandera roja de la izquierda» por ser inservible para el público que deseaban abarcar, o para sus intereses electorales, y pasaron a popularizar lo de que Podemos no trataba de ser «ni izquierdas ni derechas»:

«Izquierda y derecha ya no son útiles para expresar la voluntad de transformación de una parte de la sociedad». (Íñigo Errejón; Charla en la Universidad de Barcelona en agosto de 2015)


Un eslogan histórico del fascismo español en todas sus variantes: Falange, Democracia Nacional, etc. De hecho partidos neoliberales y ultrareaccionarios como UPyD o Ciudadanos también acuñaron lo mismo que Podemos ahora recogía sin sonrojo. Pablo Iglesias y Albert Rivera se presentaban durante 2015 como iguales en ese terreno del no a las ideologías.

¿Bajo qué argumentos justificaba esto en la formación morada?:

«Hay un cierto fetichismo en la izquierda. Es que lo que tú estás planteando es de izquierdas, me dicen. Sí, ya. Sí, todo lo que nosotros decimos, a la izquierda le encanta. Pero para cambiar este país no basta con que a la izquierda le encante nuestro programa. No basta con que haya una identificación simbólica con la palabra izquierda y los símbolos de la izquierda. Hace falta una mayoría social que se identifique con tu discurso y con tus propuestas, y en esa mayoría social habrá muchos sectores que digan: lo de la izquierda no forma parte de mi identificación». (El Público; Pablo Iglesias: «Que se queden con la bandera roja y nos dejen en paz. Yo quiero ganar», 26 de junio de 2015)

Decir que no se acepta el eje izquierda-derecha porque parte o gran parte de la población «no es de izquierdas y hay que adaptarse», es lo mismo que decir que si una población es mayoritariamente católica, machista, chovinista, racista, clasista y que existen trabajadores con mentalidad aburguesada, etc., debemos adaptarnos a este panorama; una ridiculez colosal donde las haya. Esto supone que Pablo Iglesias pese a sus peroratas del pasado sobre marxismo no comprende lo que significa la alienación en el capitalismo y sus efectos.

Claro que existe o puede existir una parte de la población que no se identifique con las consignas progresistas, e incluso que aborrezcan el marxismo, pero ahí entra el factor subjetivo. En cambio como buen espontaneísta sus propuestas políticas se mueven en torno a lo que opinan temporalmente las masas, incluso aunque sean ideas reaccionarias y estén siendo manipuladas por los poderes económicos.

En Podemos también se aceptó el término errejonista de «buscar la centralidad del tablero», que significaba también en la práctica buscar un número de votantes ilimitados más allá de sus creencias y origen social en un intento inútil de borrar las contradicciones de clase. Según decía el «gran revolucionario» Pablo Iglesias esta estrategia significaba volver a los postulados del ex presidente del PSOE José Luis Rodríguez Zapatero, un referente en sus tesis doctorales:

«Ocupar la centralidad del tablero y establecer los términos del debate de país con un relato ineludible para el resto de actores, que se ven obligados a posicionarse al respecto, es la aspiración de cualquier opción política que pretenda ganar las elecciones». (El Público; La centralidad no es el centro, 20 de abril de 2015)


b) Podemos irrumpió señalando al bipartidismo del PP-PSOE como la casta política culpable  de los males socio-políticos de los últimos años como el paro o la corrupción, debido a que estos eran y son fieles sirvientes de los intereses económicos de la oligarquía:

«Está claro a qué intereses sirven gobiernos como el del PSOE o el del PP, que nos llevan al desastre. (...) Lo que está claro es que la casta política dominante, que por desgracia no son carteros de los ciudadanos, que es lo que deberían ser y no mayordomos de los bancos, forman parte del problema. (...) En nuestro país PP y PSOE cambiaron la Constitución y han votado juntos el 70% de las mociones en el Parlamento Europeo. (...) Nosotros decimos que la democracia es poder elegir otra cosa, porque nuestra casta ha demostrado que, más allá de que sean unos corruptos, además son inútiles». (Pablo Iglesias; Declaraciones, 18 de mayo de 2014)


Y declara que buscaría alianzas con cualquieras menos con ellos:

«En este nuevo ciclo, Iglesias dialogará «con todas las organizaciones de la sociedad civil y política que hayan defendido los derechos sociales y estén dentro de la Declaración Universal de los Derechos Humanos». Esto excluye, según ha concretado, a agrupaciones populistas, al PP y al PSOE». (Diagonal; Esto no se acaba en mayo, se abre otro ciclo, 17 de enero de 2014)

Pero ya en 2015 Podemos no descartaba aliarse a cualquier partido que «acepte el viento del cambio», incluyendo en especial al PSOE en la ecuación:

«No somos una fuerza en absoluto sectaria, cualquier partido que quiera sumarse al cambio será bienvenido. Ahora bien, sobre el Partido Socialista Obrero Español andaluz sí que queremos decir que tendría que dar un giro de 180 si quiere llegar a un acuerdo con nosotros. Empezando por un compromiso implacable contra la corrupción». (Luis Alegre; Entrevista en la Cadena Ser, 2 de febrero de 2015)

Podemos evolucionó así hacia una posición más a la «derecha del tablero». Los propios líderes de Podemos reconocen que el PSOE no es ya ni siquiera socialdemócrata, sino que mantiene esa careta pero ha llevado una práctica neoliberal como el PP. ¿Entonces por qué en 2016 van y reivindican «un Gobierno del cambio» con ellos? ¿Hay o hubo un indicio de un giro a la «izquierda» del PSOE?

«Solo hace falta tener un poco de memoria: Felipe González nos trajo la reconversión industrial, el terrorismo de Estado con los GAL, la entrada en la OTAN, las privatizaciones y reformas laborales regresivas. Zapatero en los inicios de la crisis sucumbió a los deseos de la UE aplicando la reforma laboral y de las pensiones. Y cuando volvió a hacer falta, cambiaron el artículo 135 de la Constitución junto al PP de la noche a la mañana para garantizar el pago de la deuda por encima del gasto en servicios sociales. Pablo Iglesias a menudo hace gala de su posibilismo y pragmatismo, pero no hay nada más utópico que esperar que el PSOE deje de ser un partido del Régimen del 78». (La Izquierda Diario; El «pacto con la casta» y la nueva postergación de las grandes demandas democráticas y sociales, 8 de enero de 2016)

La única razón de Podemos para tender una mano al PSOE es la misma por la que decían en sus inicios que no querían plantear la batalla entre izquierda-derecha: porque debido al alto nivel de alienación, temen realizar un trabajo de agitación y persuasión entre los votantes del PSOE que deje claro que su partido no es izquierda, que no defiende los intereses de la clase trabajadora. Pero a Podemos esto le da miedo, prefiere adoptar la táctica de intentar seducirlos a través del mimetismo de su organización con la del PSOE, aceptando cada vez más hablar y actuar como estos partidos y esperar que por el desgaste de estos viejos partidos y por las pequeñas innovaciones respecto a ellos les voten.

Ahora, dentro de Podemos los pablistas no ven tan claro el pacto con el PSOE aunque no la descartan –como en la última entrevista a Pablo Iglesias por Salvados–, pero los errejonistas lo siguen viendo como única solución para que Podemos pueda llegar a formar gobierno, sea en cabeza Podemos o como segundo de abordo.

c) Podemos nació en mayo de 2014 con un programa socialdemócrata en lo fundamental, siendo una propuesta nada original respecto a otras propuestas de formaciones históricas revisionistas del país: es el caso de Izquierda Unida (IU):

«Al César lo que es del César, Izquierda Unida, ya tenía este programa «alternativo y progre» típico de la socialdemocracia, antes de que Podemos pusiera un pie en el panorama, por eso lleva razón al decir que en Izquierda Unida lo llevan haciendo desde «el principio de los tiempos», que más bien, sería para ser exactos, desde la aceptación del eurocomunismo en tiempos de Carrillo. (...) Es por tanto claro, que el programa de Podemos, Izquierda Unida, etc. no supone un paso al socialismo, y quién así lo afirme, su discurso está por completo en el campo de la ignorancia o la demagogia, ya que estos partidos, al no ser partidos de carácter proletario, sino multiclasistas –como tales aceptan a quién sea, sin condiciones ideológicas, y no existe una disciplina de partido leninista–, y al no estar pertrechados con los conocimientos de economía política marxista-leninista –sino más bien por teorías socialdemócratas, de reformar el capitalismo, limitarlo, etc.–, no están en poder de hacer que esas nacionalizaciones supongan un cambio cualitativo fuera del capitalismo; seguiría imperando tanto la propiedad privada –por sus teorías de competir y alentar al sector privado– como las leyes capitalistas en la «empresa pública» –ya que no están en condiciones ni de conocer ni de aplicar tales conocimientos–». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Es Podemos un partido diferente a Izquierda Unida? En absoluto; Sobre el programa de las nacionalizaciones, 6 de junio de 2014)

Conforme pasaron los meses desde la fundación de Podemos, pasaron a rebajar todavía más el programa económico. Es más, la primera crisis de Podemos se abrió en 2015 con el giro pragmático tanto en el rebajamiento de la fuerza del discurso –absteniéndose a usar términos popularizados como «casta» y «querer tomar el cielo por asalto»– como en las cuestiones programáticas –que se fueron retirando o suavizando cuestiones como la tauromaquia, república, OTAN, edad de jubilación, deuda, nacionalización, renta básica–. Todo ello conforme se acercaban las elecciones:

«La estrategia de moderación del mensaje que Podemos seguirá de cara a las próximas elecciones irá acompañada de la eliminación o suavización de varias medidas programáticas con las que se dio a conocer la formación. Propuestas estrella que se colaron en la agenda pública generando encendidos debates, pero que ahora desaparecerán del programa marco del partido o se quedarán reducidas a la mínima expresión. Podemos apuesta por un programa de corte socialdemócrata en lo económico, por presentarse ante el electorado –de centro– como una alternativa prudente y realista, y por desprenderse de los clichés que identifican sus medidas con la izquierda clásica». (El Confidencial; Podemos rectifica para vender moderación: jubilación, renta básica, república, toros, 25 de abril de 2015)

¿Por qué se hacía esto?:

«Cuanto más se aproximan las elecciones municipales de mayo, pero sobre todo con el ojo en las generales de diciembre de 2015, Podemos retrocede más si cabe en el programa y el discurso, desde el tema más candente hasta el más olvidado, desde el más importante hasta el más banal: en cualquiera de estos lares desde 2014 que apareciera ha retrocedido en su programa y discurso en cuestiones como: la renta básica, edad de jubilación, tauromaquia, república, desprivatización, «¡incluso en su apariencia chavista!». Esto es algo inherente a los partidos de tipo revisionista y reformista, que temen perder el voto «moderado», reflejando su miedo en eliminar estas propuestas ya de por sí insuficientes». (Equipo de Bitácora (M-L); Y cuanto más se acercan las elecciones generales, Podemos recula más y más en su programa y discurso [Recopilación de documentos],  2 de mayo de 2015)

La ruta seguida después de esto ha sido fichar a reconocidos economistas socialdemócratas como Thomas Piketty que asesora al PSOE y a Podemos a la vez:

«El otro gran referente «robado» a los socialistas ha sido el economista francés Thomas Piketty. Iglesias pudo anotarse el tanto de contar con el autor de «El capital en el siglo XXI» como asesor para su programa económico, pero el economista no dudó en asegurar un día más tarde en una entrevista a El Mundo que continuaría su relación con el PSOE: «Hablaré con los dos». (ABC; Pablo Iglesias: a la caza del votante socialista, 22 de septiembre de 2015)

Podemos como en muchas otras cosas, sigue los pasos de SYRIZA. Alexis Tsipras también recurrió a viejos militantes o asesores del PASOK –el PSOE griego– como Yanis Varoufakis, y los resultados son conocidos por todos: nada cambió en Grecia. Podemos reclutó a los socialdemócratas Vicenç Navarro y Juan Torres para articular su programa económico:

«Que Navarro y Torres se convirtieran en los autores del programa económico de Podemos es una expresión explícita del hecho de que la discusión económica está incrustado dentro de un marco abiertamente burgués. La discusión se lleva a cabo en el plano del keynesianismo y del neoliberalismo, se navega pues, de forma segura en el sistema de coordenadas de la economía burguesa. La tela reformista ha rechazado finalmente las nociones marxistas y, como consecuencia, rechaza abiertamente la socialización de los medios de producción, reduciendo cualquier discusión relacionada con el socialismo a la redistribución de la renta y el bienestar sobre la base del modo de producción capitalista. En este sentido, se puede argumentar con seguridad que el programa económico de Podemos está incrustado en una línea descendente del desarrollo con respecto al revisionismo, del que partía. También se puede argumentar que el programa económico de Podemos tiene un gran parecido al presentado por el PSOE durante la década de los 80, en momentos de una grave crisis económica y con las ambigüedades inherentes a la transición española en el fondo. A pesar de su fraseología, que ha sido descrita como ni de derechas ni de izquierdas, Podemos se presenta con un programa económico burgués característico de la socialdemocracia. No olvidemos que las reformas económicas implementadas por la socialdemocracia española fueron las mismas que permitieron a España la integración en la Unión Europea como un socio menor, lo que llevó a la destrucción sistemática de la industria pesada y la infraestructura correspondiente. Podemos ahora invoca un programa económico basado en postulados keynesianos, pero ahora, sobre la base de un sistema bien definido de las relaciones económicas de dependencia con respecto a los países industrializados de la Unión Europea. Podemos, junto con Syriza, son inflexibles sobre permanecer en la Unión Europea. Por las razones que sean, parecen convencidos de que una retirada de la Unión Económica Europea equivaldría a una catástrofe. Nos quedamos no sólo con un programa socialdemócrata clásico, pero con un sistema de declaraciones llenas de ilusiones y delirios sobre la democratización de las estructuras políticas y económicas europeas. El nivel de desintegración en el pensamiento económico es tan avanzado que muy poco se deja lugar a la terminología de Marx en el discurso. Desafortunadamente, esta evolución responde a una lógica perversa que está lejos del azar». (Rafael Martínez; El reformismo de Podemos y el renacimiento del keynesianismo, 2015)

Además pidió consejo a los socialdemócratas nórdicos de cómo se gestiona un gobierno y su política exterior europea, renegó de la reivindicación e influencia del chavismo –no porque sea muy diferente a ellos sino por el carácter polémico de sus discursos y su mala fama en España–, calmaron a los bancos e inversores sobre sus ideales económicos hasta convertir poco a poco a Pablo Iglesias en una suerte de versión de Felipe González y a Podemos en el nuevo PSOE. Al final fue así: todo el ruido inicial que hizo Podemos contra la casta y el PSOE para nada, para acabar reivindicando abiertamente la intención de ocupar el hueco dejado por el PSOE porque este ya no defiende, o mejor dicho, no puede defender el Estado de bienestar y la socialdemocracia:

«Sin embargo, esa centralidad no tiene por qué coincidir con lo que en el pasado se llamó «centro ideológico» y que sólo puede explicarse en un contexto en el que conservadores y socialdemócratas pueden diferenciar sus propuestas. Hoy, por el contrario, la centralidad está marcada por lo que señalaba ZP; un proyecto económico redistributivo frente al dogmatismo de la austeridad. (...) Insistir en esa explicación y asumir sin complejos que nuestro estilo irreverente funciona bien con nuestras propuestas económicas de defensa del Estado del bienestar y los derechos sociales, es llevar la disputa política al terreno que nos es favorable». (El Público; La centralidad no es el centro, 20 de abril de 2015)

El llamado por los socialdemócratas «Estado del bienestar» no es otra cosa sino que un modelo keynesiano engañoso basado en la «sociedad de consumo» y en aprovechar los momentos de respiro entre crisis y crisis. Es decir el fin de Podemos es el mismo objetivo fetiche del mundo keynesiano: reformar el capitalismo, intentar hacerlo más benévolo, algo que como se sabe es un fraude. Finalmente rememoremos como Pablo Iglesias también rompió su promesa de no apoyar cualquier programa de gobierno que no fuese con él de presidente:

«Podemos no entrará a formar parte de un gobierno presidido por otro partido político, ni aceptará ser vicepresidente del líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Pedro Sánchez, o cualquier otro candidato a las próximas elecciones generales». (Pablo Iglesias; Declaraciones a Europa Press, 26 de julio de 2015)

Pero en un intento patético planteó un acuerdo de gobierno con el PSOE, rebajando el programa ya de por sí rebajado, para que el PSOE gobernara con él como vicepresidente:

«Pablo Iglesias ha faltado a su palabra de participar en un gobierno en el que él no fuese presidente como afirmó en julio de 2015. (...) El hombre que decía venir a acabar con la política de acuerdos y pactos vergonzosos entre partidos en detrimento del pueblo, que iba a acabar con el bipartidismo PP-PSOE, con la «casta» que estos representaban y que daban lugar a todos los problemas de España, ahora intenta darle la mano al PSOE y formar gobierno con el a cualquier precio. (...) La cuestión versa tal que así: Esta serie de reformas del hipotético gobierno PSOE-Podemos en temas como el del salario, ¿resolverá la precariedad el aumento ínfimo de salario? ¿Cambiará acaso el funcionamiento del sistema asalariado del capitalismo de donde nace la descompensación entre el nivel de vida y el salario? En sanidad, ¿Se resolverá el estado deficiente de la sanidad? ¿Se dará fin al vergonzoso copago de los productos farmacéuticos? En derechos labores, ¿se resolverá el hecho de que los españoles se jubilen a los 67? ¿Se derogará las últimas leyes laborales de PP y PSOE?. Sobre la elección de los representantes políticos: ¿habrá un sistema electoral justo que derogue la financiación de los bancos privados a los partidos o el sistema D'Hondt de votaciones? Sobre el tema catalán, ¿se resolverá el problema de las nacionalidades? ¿Se permitirá el derecho a la libre autodeterminación? A todas estas preguntas –algunas inscritas y aceptables para un reformista burgués– se responde en el programa con un: NO». (Introducción de Bitácora (M-L) al documento de El Confidencial: «Podemos defiende una batería de «cesiones» para acercarse al PSOE y alejar a C's» de 2016, 10 de abril de 2016)

d) Podemos nació del espíritu del 15M, bajo una concepción espontaneista, hippie y semianarquista en torno a la noción política, donde se instaba a ser políticamente incorrecto y se rechazaba incluso constituirse como partido. Se apostaba por la movilización y protesta pacífica y las acampadas –sin idea de organizarse y gobernar–. En sus inicios, ya registrado como partido, se pudo ver como sus líderes negaron que fuera un partido político, insistían en que se trataba de un movimiento ciudadano que daba voz a la ciudadanía «desde abajo»:

«Monedero comenzaba su intervención declarando que Podemos «no es un partido», sino un puente que se construye «desde abajo». Para reforzar este planteamiento, han intervenido Ana Castaño, participante en la marea blanca por la sanidad pública en Madrid, y Teresa Rodríguez, delegada del sindicato USTEA en Andalucía y vinculada a IA, que será la responsable de participación ciudadana. Rodríguez ha querido hacer un llamamiento «a la gente que lucha» para que no lo haga sólo en las calles, sino también «en donde las clases dominantes están cómodas», en la política institucional». (Diagonal; Esto no se acaba en mayo: se abre otro ciclo, 17 de enero de 2014)

Que no iban a caer en los placeres del parlamentarismo y creer que sentarse allí era lo más importante:

«Esto no es un partido ni un nuevo producto, es una iniciativa que propone la participación de la gente. No buscamos concretamente sentarnos en el Parlamento Europeo, sino buscar un método de participación ciudadana», ha subrayado». (El Mundo; Podemos, nuevo proyecto político para «convertir la indignación en cambio», 17 de enero de 2017)


Poco después de fundar el partido y de hablar de no caer en el parlamentarismo burgués Pablo Iglesia reniega de tal postura y se dice valedor de que el parlamento burgués debía de ser la fuente de toda transformación:

«Nosotros aprendimos en Madrid y Valencia que las cosas se cambian desde las instituciones, esa idiotez que decíamos cuando éramos de extrema izquierda de que las cosas se cambian en la calle y no en las instituciones es mentira». (Pablo Iglesias; Cambio político en España por Pablo Iglesias: cursos de verano UCM de El Escorial, 4 de julio de 2016)

La demagogia por tanto ha sido el hilo conductor de los dirigentes de Podemos. Con todo esto se ha demostrado que quieren ser la «neocasta», que los nuevos partidos –Podemos y Ciudadanos– quieren ocupar el puesto de los partidos tradicionales –PP, PSOE, IU–, que sus métodos e intereses son los mismos salvo algunos matices. Ninguno de estos partidos representa a las clases trabajadoras. Los marxista-leninistas dijeron sobre el parlamento burgués y de los que sufrían el cretinismo parlamentario como Pablo Iglesias:

«Para los comunistas, el parlamento no puede ser actualmente, en ningún caso, el teatro de una lucha por reformas y por el mejoramiento de la situación de la clase obrera, como sucedió en ciertos momentos en la época anterior. El centro de gravedad de la vida política actual está definitivamente fuera del marco del parlamento. Por otra parte, la burguesía está obligada, por sus relaciones con las masas trabajadoras y también a raíz de las relaciones complejas existentes en el seno de las clases burguesas, a hacer aprobar de diversas formas algunas de sus acciones por el parlamento, donde las camarillas se disputan el poder, ponen de manifiesto sus fuerzas y sus debilidades, se comprometen, etc. Por eso el deber histórico inmediato de la clase obrera consiste en arrancar esos aparatos a las clases dirigentes, en romperlos, destruirlos y sustituirlos por los nuevos órganos del poder proletario. Por otra parte el estado mayor revolucionario de la clase obrera está, profundamente interesado en contar, en las instituciones parlamentarias de la burguesía con exploradores que facilitarán su obra de destrucción. Inmediatamente se hace evidente la diferencia esencial entre la táctica de los comunistas que van al parlamento con fines revolucionarios y la del parlamentarismo socialista que comienza por reconocer la estabilidad relativa, la duración indefinida del régimen. El parlamentarismo socialista se plantea como tarea obtener reformas a cualquier precio. Está interesado en que cada conquista sea considerada por las masas como logros del parlamentarismo socialista –Turati, Longuet y cía.–. (...) Esta acción parlamentaria, que consiste sobre todo en usar la tribuna parlamentaria con fines de agitación revolucionaria, en denunciar las maniobras del adversario, en agrupar alrededor de ciertas ideas a las masas que, sobre todo en los países atrasados, consideran a la tribuna parlamentaria con grandes ilusiones democráticas, debe ser totalmente subordinada a los objetivos y a las tareas de la lucha extraparlamentaria de las masas». (Komintern; El partido comunista y el parlamentarismo, 1920)

Actualmente Pablo Iglesias y su grupo han cambiado una vez más de discurso: ahora pretenden convencernos de que hay que volver a la movilización extraparlamentaria en contraposición con Errejón que rechaza tal tesis. Pero realmente en caso de que las bases de Podemos se creyesen esta «vuelta a los orígenes» de los pablistas, la vuelta sería solo utilizada para satisfacer los intereses de una corriente, la cual una vez obtenidos sus fines automáticamente volvería a llamar a la calma, a pedir a las bases que dejen a los diputados podemistas trabajar en el parlamento español sin perturbaciones.

e) La prueba más clara de este volantazo de los pablistas fue concluir una alianza electoral con Izquierda Unida (IU), un partido que Podemos y Pablo Iglesias habían despreciado, del que se habían mofado en repetidas veces por mantener lo que consideraban la «pose simbólica, discursiva y programática obsoleta de la «izquierda folklórica», la cual según ellos no llevaba más que al aislamiento y al fracaso. En una alusión clara a IU dijo:

«El típico izquierdista tristón, aburrido, amargado, la lucidez del pesimismo. No se puede cambiar nada, aquí la gente es imbécil y va a votar a Ciudadanos, pero yo prefiero estar con mi cinco por ciento, mi bandera roja y mi no se qué. Me parece súper respetable, pero a mí dejadme en paz. Nosotros no queremos hacer eso. Queremos ganar. Preocúpate de otra cosa. (...) Me parecen respetables los que se conforman con el 5 por ciento, pero que nos dejen en paz. Siguen viviendo en el pesimismo existencial». (El Público; Pablo Iglesias: «Que se queden con la bandera roja y nos dejen en paz. Yo quiero ganar», 26 de junio de 2015)

Y no nos engañemos, el problema no era solo con el viejo Secretario General Cayo Lara –como podrían defender algunos–, sino también con el actual Secretario General Alberto Garzón. En cuanto a una posible coalición se decía que era imposible, que solo estaban abiertos a la posible incorporación de miembros de IU a Podemos –como pasaría con Tania Sánchez, ex pareja sentimental de Pablo Iglesias que juró no pasarse de bando–:

«Con Izquierda Unida, ¿Quedan opciones de un pacto previo a las elecciones españolas?

Ninguna. Cero. Fin de la cita. Cero. No hay manera de poner otro titular. Dicho esto, ahora explico el porqué. Es verdad que hay gente de buenas intenciones, gente de izquierda que dice, jo…, estáis siempre peleados en la izquierda, porqué no os unís y será más fácil ganar a la derecha. Todos los que dicen esto lo hacen con la mejor intención del mundo. Lo dicen de corazón… Dicen, jo…, imagínate, con Garzón, id juntos. Pero esto no sirve para ganar las elecciones. Un frente de izquierdas, el frente popular, a mucha gente le encantaría irse a la cama por la noche diciendo, caramba, febrero del 36, otra vez juntos. Eso es genial para ciertas ensoñaciones de algunas personas de izquierdas, pero electoralmente no funciona, no serviría. (...)  Una coalición de partidos pensamos que electoralmente no funcionaría. Otra cosa es que nuestra mano esté tendida a todos aquellos que vengan de muchos sitios. Yo encantado de que gente que viene de IU se incorpore a nuestro proyecto y trabaje. Una parte de los dirigentes de Podemos ha militado en el pasado en IU. Pero lo que nos están proponiendo, después de llevar un año diciendo que lo hemos hecho todo mal… si repasas, todo lo que ha dicho Alberto Garzón en el último año es que Podemos lo hacía mal. ¿Por qué te quieres presentar a unas elecciones con alguien que lo ha hecho todo mal? Porque os ha ido mal a vosotros en las autonómicas… Bueno pues entonces no tratéis de proyectar el problema que tenéis vosotros sobre nosotros. (...) Nos están proponiendo: renunciad vosotros a vuestro nombre, renunciamos nosotros al nuestro y ya tenemos un frente de izquierdas. Y lo plantean así, cuando les hemos dicho por activa y por pasiva que el eje izquierda y derecha no es la clave para cambiar las cosas en este país. Si tenemos proyectos políticos distintos, presentémonos con opciones políticas distintas». (El Público; Pablo Iglesias: «Que se queden con la bandera roja y nos dejen en paz. Yo quiero ganar», 26 de junio de 2015)


En realidad Pablo Iglesias cambió de opinión al poco tiempo. Pero fueron por motivos muy mezquinos: esta alianza Podemos-IU atendió a la necesidad de los pablistas de defenderse de los errejonistas, así como por los fracasos electorales: no nos olvidemos que Podemos había pronosticado ganar las elecciones –y se encontró con otra realidad más dura– realizó esta maniobra de alianza Podemos-IU en un intento desesperado de reenganchar el voto de los votantes anclados en el abanico de la «izquierda».

f) En materia internacional: de apoyar en 2014 el abandono de España de la OTAN:

«El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, ha afirmado este lunes que si fuese presidente del Gobierno intentaría sacar a España de la OTAN y romper el convenio de Defensa con Estados Unidos que permite la presencia de militares españoles en las bases de Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla). Así lo ha afirmado en una entrevista en la Cadena Ser recogida por Europa Press en la que ha admitido, no obstante, que sacar a España de la organización atlántica «no es una cosa sencilla». Según ha dicho, le parecería bien un referéndum en el que España decidiera «soberanamente» no estar en la estructura militar aliada». (Liberta Digital; Pablo Iglesias quiere sacar a España de la OTAN, 11 de noviembre de 2014)

A apoyar su permanencia:

«Preguntado por su posición respecto a la OTAN, Iglesias ha respondido que Podemos apuesta por un sistema integral de defensa europeo, al tiempo que ha reconocido que España tiene que cumplir con sus compromisos internacionales y legales. «Sabemos que tenemos que cumplir nuestras obligaciones legales y pensamos que la OTAN tuvo un importante papel en la modernización de las Fuerzas Armadas», ha admitido tras insistir en que hay compromisos internacionales «ineludibles», aunque la OTAN «forma más parte del pasado que del futuro». En este sentido, ha indicado que no le «entusiasma» que haya soldados de EEUU en territorio nacional, pero que es «responsable y pragmático» y «las cosas hay que hacerlas bien». De este modo, ha recalcado que «el futuro se tiene que construir a partir de un sistema de defensa integral europeo», tarea en la que puede tener un papel importante en el partido un exmilitar del prestigio y la experiencia de Julio Rodríguez». (EFE; Podemos ficha al ex Jemad Julio Rodríguez para sus listas al 20D, 4 de noviembre de 2015)

¡¡¡Tratando emular a sus ídolos con su evolución sobre el tema de la participación en la OTAN desde un aparente rechazo pasando por una presunta neutralidad hasta la política pro-activa de apoyo!!!:

«Alexis Tsipras reconoce que no quiere salir de la OTAN, pero que tampoco quiere participar en sus aventuras internacionales como Afganistán o Somalia, ¿acaso se hace el tonto queriendo pensar que la OTAN no intentará involucrar a la Grecia OTANISTA en otros conflictos? Así mismo para Tsipras, que reconoce indirectamente el carácter belicista e imperialista de la OTAN, piensa que salir de la OTAN sería poner en peligro «los intereses vitales griegos en riesgo», para él pues, una organización conocida por su anticomunismo y sus invasiones ilegales a terceros países cuando estos no cumplen los designios de las potencias imperialistas occidentales, una organización ligada estrechamente a las últimas dictaduras militares griegas del siglo XX, no serviría como garante de los intereses griegos fuera del suelo griego, pero sí sería el garante de los intereses griegos en suelo griego, y por tanto no debería salir Grecia de ella, rememora por tanto el argumento de Enrico Berlinguer y los eurocomunistas italianos de que salir de la OTAN «rompería el equilibrio de poder en Europa», solo que Tsipras lo camufla con una frase más nacionalista «dañaría los intereses nacionales». Vemos pues como SYRIZA actúa como el Partido Socialista Obrero Español de Felipe González de los 80, quienes antes de las elecciones generales de 1982 se autoconsideraban como la «izquierda que abanderaba las campañas para el voto por el NO en la entrada de la OTAN», y que a la llegada al poder en 1982, cambiaron de postura y metieron a España en la OTAN votando por el SÍ en 1986». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Es Alexis Tsipras el nuevo Enrico Berlinguer?, 2015)


Podemos se ha apoyado sobre el lema del fin de la austeridad como modelo político-económico de los países de la Unión Europea (UE) la cual creen que puede reformarse y que el Parlamento Europeo sea un instrumento en manos de los trabajadores europeos, aunque como hemos visto más atrás se ha ido renunciando a gran partes de esas reivindicaciones económicas. Podemos como SYRIZA, mantuvo pues desde el principio la idea de que la UE debe reformarse a través del parlamento europeo:

«¿Alguien cree que en la actual democracia burguesa, un partido con planteamiento revolucionario, verdaderamente revolucionario, no sería bloqueado por todos los medios como se ha demostrado históricamente? ¿Alguien cree que el «cambiemos Europa» de Podemos es una posibilidad medianamente real bajo la democracia burguesa? ¿No se observa acaso el discurso reformista que ya elevó a dogma la socialdemocracia? ¿Cuál es el próximo paso, tratar de reformar la OTAN «desde dentro»? ¿Se les ha olvidado que por ejemplo los llamados «verdes» llevan décadas metidos en el Parlamento Europeo gritando esa misma consigna de cambio sin lograr ningún cambio cualitativo? Sino pregúntenle al anarco-trotskista Daniel Cohn-Bendit si se ha logrado tal hito. (...) Compréndase que el Parlamento Europeo no tiene funciones legislativas reales, quién determina los lineamientos económico-políticos de la Unión Europea es el Banco Central Europeo y éste está fuera del control del Parlamento Europeo, en cuanto es el Banco Central Europeo el auténtico centro del poder. Es decir, cualquier integración en el Parlamento Europeo no es más que cosmético, carece de valor de cara a la transformación del sistema». (Equipo de Bitácora (M-L); Crítica al artículo: «Podemos» irrumpe con fuerza en el panorama político español, 27 de mayo de 2014)

En su día, el Partido Comunista Italiano (PCI) de los Berlinguer-Napolinato como el Partido Comunista de España (PCE) de los Carrillo-Pasionaria eran unos convencidos defensores de que la Comunidad Económica Europea, la actual Unión Europea (UE), podía ser convertida en una institución que sirviera a la «Europa de los trabajadores» por medio de la participando en sus instituciones. Esto era una necedad y una muestra de a qué punto habían llegado los eurocomunistas en su traición, esa bandera hoy la recoge Podemos e Izquierda Unida en España como representantes de la «izquierda domesticada»:

«El Mercado Común Europeo y la «Europa unida», esta gran unión de los monopolios capitalistas y de las sociedades multinacionales para explotar a los pueblos y a las masas trabajadoras de Europa y del mundo, son para los eurocomunistas una «realidad» que debe ser admitida. Pero admitir esta «realidad» significa admitir la supresión de la soberanía y de las tradiciones culturales y espirituales de los diversos países europeos en favor de los intereses de los grandes monopolios, la liquidación de la personalidad de los pueblos europeos y su transformación en una masa de oprimidos por las multinacionales, dominadas por el gran capital estadounidense. Las consignas de los eurocomunistas de que su participación en «el parlamento y en los otros organismos de la comunidad europea conducirá a la transformación democrática» y a la creación de una «Europa de los trabajadores», son puro engaño y demagogia. Tal como la sociedad capitalista de cada país no puede transformarse en una sociedad socialista a través del «camino democrático», Europa tampoco puede llegar a ser socialista a través de los discursos que los eurocomunistas pronuncian en las reuniones propagandísticas del parlamento de la «Europa unida». Por eso la actitud de los eurocomunistas hacia el Mercado Común Europeo y la «Europa unida» es una actitud propia de oportunistas y esquiroles, que emana de su línea de reconciliación de clase y de sumisión a la burguesía, y tiende a desorientar a las masas trabajadoras, contener su ímpetu combativo en defensa de sus propios intereses de clase y los de la nación entera». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)


***


Triste y patética evolución ha tenido Podemos en todos los temas importantes.

Así que no existe una traición de los errejonistas. La corriente errejonista solamente partió del discurso y programa de Iglesias-Errejon que había en Podemos desde 2014. Ahora los pablistas en 2017 consideran perjudiciales el haber adoptado esta táctica que borraba cualquier marco teórico diferenciador entre Podemos y los partidos tradicionales en materia de ideales políticas y perspectivas de votantes. Lo creen así porque les estaba dando malos resultados en las encuentras y en lo electoral, pero desde luego los errejonistas no se han salido de la esencia de Podemos. Fue solo a raíz de este bajón de votos y simpatías que el sector pablista reaccionó y empezó creer que debían volver a reivindicarse de nuevo como parte de la «izquierda» y agudizar el discurso alejándose así del sector errejonista que seguía creyendo que el camino de la moderación y derechización era el correcto. De ahí que Pablo Iglesias reconociera que habían cambiado de discurso más de lo aceptable:

«Tal vez cometimos errores en una campaña en la que sonamos menos creíbles que en otros momentos». (Plan 2020: Ganar al Partido Popular; gobernar España, 2017)

Con este proyecto, con el oportunismo como vela, el barco de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón obtuvo el apoyo público de un sin fin de despreciables personajes: desde viejos revisionistas –como Julio Anguita o Manuel Monereo–, artistas revisionistas –como Nega–, el apoyo de ex presidentes del PSOE –como Zapatero– filósofos idealistas y reaccionarios –como Slavoj Žižek o Noam Chomsky–, dignatarios en el poder del «socialismo del siglo XXI» –como Evo Morales o Alexis Tsipras–.

¿Alguien pensaba que teniendo Podemos la bendición de estos personajes iba a poder tener otro camino que no fuese el de la progresiva decepción, burocratización y derechización, y finalmente traición a sus militantes y  votantes?

2) La corrientes de Podemos


Cierto es que la visión política de Iglesias ha ido históricamente en paralelo con la de Íñigo Errejón. Pero también se puede vislumbrar esto en sus andanzas previas a Podemos: las invitaciones del primero al segundo en sus medios, la tesis doctoral del primero donde da las gracias y declara su admiración por el segundo, la publicación de artículos de forma conjunta en el portal ecléctico por excelencia de «Kaos en la red» o la fundación  de Podemos. Pero el partido se ha topado con variadas situaciones escabrosas desde 2014, y ese desarrollo de los diversos obstáculos ha hecho que cada uno adoptará un camino diferente sobre todo a partir de marzo de 2016, no tanto por cuestión de principios –pues ambos se basan en varias filosofías propias variadas sin perspectiva clara y hartamente contradictorias entre sí–, sino por cuestiones tácticas, así como por cuestiones de ambiciones personales.

Las tendencias, corrientes o fracciones cristalizadas a día de hoy en Podemos podríamos decir que son las siguientes:

a) La corriente pablista: es la corriente que actualmente pretende ante sus militantes hacer creer que mantienen la bandera de la «ortodoxia podemistas» o esencia de las ideas con las que nació Podemos –que no fueron pocas, sino un batiburrillo ecléctico interminable–.

La biografía política de su líder Pablo Iglesias es muy larga: ex militante de las juventudes del Partido Comunista de España (PCE); asesor de Izquierda Unida (IU); fundador de la Fundación CEPS que asesoró al gobierno venezolano y boliviano; colaborador del periódico «El Público»; admirador de Trotski; firme defensor y seguidor del «socialismo del siglo XXI» tanto de Chávez, Mújica, como Tsipras. Influenciado por los movimientos antiglobalización, del maoísmo-freudismo de Žižek, del estructuralismo de Foucault, del existencialismo de Sartre, del voluntarismo de Gramsci, y por el postmodernismo. Podríamos seguir horas con sus influencias, pues se sirve de todo lo servible para el momento, y luego también según el momento, lo arroja al fuego. No repasaremos lo que son cada una de las estas ideologías e ideólogos porque son hartamente conocidos o ya han sido expuestos en este medio, para que quien lo necesite lo puede consultar utilizando el buscador del blog.

En cuanto a su tendencia en Vistalegre II, segundo congreso de Podemos: este sector pablista ve con buenos ojos la alianza contraída con IU ya que piensan que sin ella:

«De haber concurrido a las elecciones del 26J en los mismos términos que en 2015, los resultados habrían sido peores». (Plan 2020, ganar al Partido Popular, gobernar España, 2017)


No descarta la fusión con dicha organización bajo la idea  de la construcción de un:

«Bloque político y social, de carácter popular, capaz de anudar a los diferentes sectores sociales que quieren avances». (Plan 2020, ganar al Partido Popular, gobernar España, 2017)

Para así terminar de absorber y asegurar su círculo de influencia sobre los votantes y simpatizantes de IU.

No niegan actualmente la alianza con el PSOE ahora capitaneado por el sector más derechista –mucho menos después de que Pedro Sánchez reconociese que se equivocó en su intransigencia con Podemos y pida una alianza PSOE-Podemos–, pero afirman que en el hipotético caso participarían en un gobierno conjunto en caso de acuerdo con un «programa del cambio», más allá de que el PSOE esté liderado por Pedro Sánchez o Susana Díez. Así lo dijo Pablo Iglesias en su entrevista en Salvados:

«El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, ha afirmado que estaría dispuesto a formar gobierno con el PSOE incluso con Susana Díaz como presidenta, algo que considera como la opción «más chunga», siempre que ambas formaciones alcanzasen un acuerdo programático. «Si hay un acuerdo programático, claro que sí», ha dicho Iglesias en el programa «Salvados» de La Sexta, donde se ha tenido que enfrentar a las preguntas y críticas de cinco votantes de Podemos. «Si estás en política estás para gobernar», ha añadido Iglesias para defender su predisposición a llegar a un acuerdo con el PSOE en un futuro». (El Mundo; Pablo Iglesias afirma que gobernaría con el PSOE incluso con Susana Díez como presidenta, 6 de marzo de 2017)

Por último, vuelve sobre un discurso más radicalizado:

«Así, el secretario general del partido ha reconocido errores en la campaña electoral de Unidos Podemos para el pasado 26-J, dirigida por Íñigo Errejón, y ha rechazado que el partido deba seguir intentando dar imagen de moderación. Además, Iglesias contrapone la moderación discursiva que defiende Errejón con los «discursos beligerantes y destituyentes» que ganan peso en Europa, que «suenan hard y suenan duro». (El Público; Iglesias pide a Podemos volver a su «hipótesis original» y alejarse de la moderación «en las formas», 25 de septiembre de 2016)

Algunas de las figuras más representativas del pablismo hoy en día son: el economista abiertamente socialdemócrata Vicenç Navarro –autor del programa keynesiano de Podemos–, Irene Montero –otra ex de las juventudes del PCE igual que Pablo Iglesias–. Juan Carlos Monedero, conocido difusor de la tesis del precariado y uno de los promotores en España de las «virtudes» de los gobiernos del «socialismo del siglo XXI» en Latinoamérica de los que cobró escandalosos sueldos por su asesoría, Monedero ha actuado con una actitud centrista desde su dimisión en 2014 de los cargos de poder por su decepción por la derechización de Podemos, pero advertimos que su dimisión no era tampoco por una cuestión ideológica de peso, solamente fue víctima de sus actos a la hora de meterse en este tipo de partidos donde cohabitan toda suertes de eclécticos y arribistas como él:

«No hay que ver la dimisión de los cargos de dirección de Monedero equivocadamente; no significa que se haya acabado la «única posibilidad que había de que alguien comandara Podemos para que este deviniera en una organización marxista o mínimamente aceptable para los intereses del proletariado», ¡no!, como decimos, Monedero ha sido víctima de sus propias convicciones, decisiones y desviaciones por meterse en un partido basado en la libre proliferación de principios liberales de organización y de libre eclecticismo ideológico, y en este mar de fuerzas revisionistas ha resultado perdedor en este choque de olas de las distintas tendencias, pero Monedero no es ningún referente marxista del panorama español, no hay que ver más que su reivindicación de Eduardo Galeano –conocido trotskista y antistalinista ahora llorado por los revisionistas–, su asesoría al gobierno venezolano –del socialismo del siglo XXI–, su asesoría al ex coordinador de Izquierda Unida Gaspar Llamazares –más derechista si cabe que el viejo revisionista de Julio Anguita–  o su propagación «machacona» de la teoría de Pablo Iglesias del «precariado» –teoría degenerada que niega al proletariado como tal– demuestran que estamos ante una de las figuras más despreciables del revisionismo contemporáneo español. No dudamos que si este partido u otro de la burguesía le da la oportunidad, le volverán a aupar para seguir trabajando en primer plano en el engaño de las masas trabajadoras». (Equipo de Bitácora (M-L); El desgaste paulatino de la credibilidad de Podemos, 23 de marzo de 2015)

Debido a la polémica abierta entre pablistas y errejonistas Monedero se ha adherido al sector de Pablo Iglesias y ha cargado contra Íñigo Errejón al que acusa:

«El cofundador de Podemos Juan Carlos Monedero se ha lanzado al ataque contra el número dos del partido, Íñigo Errejón, al que acusa de tener una «ambición desmesurada» y querer descabalgar a Pablo Iglesias del liderazgo del partido. En el día en el que se va a confirmar la confrontación en el próximo congreso entre el líder y su número dos en listas diferentes a la dirección, Monedero, afín a Iglesias, ha cargado durísimamente contra el portavoz parlamentario de Podemos y le ha pedido que se postule directamente a la secretaría general. «Errejón está anteponiendo su ambición por encima de cualquier otra cosa», ha asegurado este miércoles en Cuatro. El número dos le ha replicado que «miente» y le ha pedido que no «siembre cizaña» entre él e Iglesias». (El País; Monedero carga contra la «ambición desmesurada» de Errejón: «Quiere mandar», 1 de febrero de 2017)

Otro ejemplo curioso es el de Pablo Echenique –proveniente de Ciudadanos– que hasta hace bien poco era uno de los más críticos con el pablismo, y que ha maniobrado hasta ocupar puestos de poder gracias al pablismo:

«Vistalegre I nadie hubiera pensado que Pablo Echenique sería una de las grandes bazas de Iglesias en su siguiente asamblea. Echenique, que era eurodiputado de Podemos cuando se celebró el congreso fundacional, fue el cabeza de Sumando Podemos, principal oposición a Iglesias, y se convirtió en uno de los principales valedores de la pluralidad, y quien más puso el acento en la horizontalidad del partido. Durante la celebración de votaciones, llegó a retirar su candidatura para el Consejo Ciudadano Estatal –el órgano de dirección–, denunciando el método de votación, por el que se elegían las listas completas con un solo clic, definido por Echenique como un sistema «plancha». «Creemos que es un error el no haber dejado espacios para una mayor pluralidad de opiniones en el seno de Podemos», advertía entonces Echenique, que dos años después se ha pronunciado a favor de la propuesta de Iglesias de unir las votaciones de proyectos y listas. «Cuando hay una candidatura a liderar una formación política, esa candidatura va con un proyecto detrás», ha defendido en esta ocasión. El científico no sólo fue la alternativa al oficialismo a nivel estatal: también fue el único candidato que ganó a nivel regional al equipo avalado por Iglesias, siendo elegido líder de Podemos Aragón. El alza de Echenique llegó en marzo, cuando Iglesias le propuso sustituir a Sergio Pascual, afín a Íñigo Errejón y cesado por el mismo Iglesias, como secretario de Organización. Desde su irrupción en el escenario aragonés, Echenique había sido una figura mediática, una baza que el secretario general quiso aprovechar. Ya como número tres del partido, las relaciones Iglesias-Echenique se han estrechado, llegándose a convertir en uno de los hombres de confianza del actual líder de la formación morada y comiendo terreno al número dos, Íñigo Errejón». (Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, 2017)

Actualmente en la corriente de los pablistas existen muchos elementos que por cuestiones de poder e influencia están en sus filas, cuando el pablismo deje de ser la fuerza imperante, o crean que va a dejar de serlo, el trasfuguismo, el oportunismo, se dejará ver de nuevo.

b) La corriente errejonista: ha sido desde el principio la corriente más moderada en cuanto a planteamientos políticos, la más flexible en materia de programa y votantes, y la más «heterodoxa» comparada con el resto de fracciones. A sus inicios pudo pasar como casi inadvertida porque los pablistas concordaban con casi todas sus propuestas, de hecho, el Iº Congreso de Podemos de 2015, los medios registraban el triunfo de las tesis de Iñigo Errejon:

Errejón fue de aquellos  que empezaron con el autonomismo –variante del anarquismo–, el trotskismo, el movimiento antiglobalización y los enamorados con el «socialismo del siglo XXI» de Evo Morales, Hugo Chávez e incluso el neoperonismo de Cristina Kirchner, y de la «centrabilidad del tablero» de Ernesto Laclau, desde su entrada a Podemos demostró que aspiraba a hacer un Podemos que no solo sujetase cien banderas sino mil banderas ideológicas. Hizo suyo el mensaje de «ganar transversalidad» con el objetivo de intentar que Podemos se abriese a todo tipo de votantes de todas las capas de la población, de ahí su lema «una máquina de guerra electoral».

Sobre el futuro de la organización se presenta un modelo de partido que siendo sinceros con la historia mantiene la esencia de la primera época de Podemos de no posicionarse a la izquierda del tablero, sino «superar la idea de izquierda-derecha», de no ser un partido de polémicas y ruidoso, sino silencioso y ambicioso electoralmente:

«No necesitan «domesticarnos», les basta con arrinconarnos y dejarnos una cómoda y folclórica existencia en la esquina izquierda del tablero, fuera e impotente ante su reconstrucción del sistema político. (...) Podemos no puede «cavar trincheras, protagonizar protestas y endurecerse» para tratar de resistir hasta que haya elecciones. Eso es lo que quieren el PP y el PSOE, a quien «nada ha asustado menos» que «las minorías ruidosas», la «izquierda folclórica e impotente». (Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, 2017)

Mantienen que la coalición electoral con IU no es positiva, que viendo los resultados electorales se demuestra que:

«La confluencia con IU no pareció funcionar». (Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, 2017)

Y ante la posibilidad de la fusión orgánica con IU creen que deben evitarse a toda costa:

«Podemos tiene que mantenerse como organización autónoma e independiente. Estas tareas son moradas y nadie las va a hacer por nosotros». (Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, 2017)

Porque sería sellar su muerte política al encasillarse, pues ven la perspectiva de alianzas con otras organizaciones aunque no se autodenominen como tal:

«Nuestro objetivo es más ambicioso que la unidad de la izquierda, es la unidad popular y ciudadana en la que cabe la izquierda tradicional, pero va mucho más allá». (Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, 2017)

Sobre la postura respecto al PSOE se dice que deben acercarse a él no confrontarlo, y olvidar su pasado –pese a estar lleno de traiciones–, alude que esta postura es más bien del sector de IU o de los pablistas –de herencia de los eurocomunistas y anguitistas–:

«Abordar la relación con el PSOE de manera inteligente y laica ha sido siempre mucho más productivo para Podemos que la negación obsesiva y choque frontal. Esta posición se ha caracterizado por confrontar con el PSOE en los momentos y por las cuestiones menos oportunas, y ha dado alas a los sectores más inmovilistas para atrincherar a su gente frente al cambio político. No es una cuestión ideológica, es una cuestión de habilidad política. La relación de Podemos con el PSOE debe ser hábil, pues no puede desconocer su importancia histórica pero tampoco tomar decisiones en base a su existencia. No puede obviarlo pero tampoco subalternizarse de forma sistemática por definirse en relación a el. La obsesión con el Partido Socialista tiene más que ver con las deudas pendientes de una parte de la izquierda de nuestro país que con las pretensiones y aspiraciones que Podemos debe tener en esta nueva etapa. A Podemos no le toca elegir entre dilemas del pasado, no tiene que decidir entre ser el PCE o ser el PSOE: Podemos nació con una hipótesis que pateaba esos dilemas, a pesar de que desde el 20D las decisiones le hayan hecho escorarse en mayor medida hacia una de esas dos opciones. Si algo nos enseñó el 15-M, es la importancia de librar la batalla contra los privilegiados en un terreno nuevo». (Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, 2017)

Las caras más representativas del sector actual del errejonismo –que puede que con su derrota sigan los cambios de bando– son:

Pero también contamos con Rita Maestre: ex reportera del programa televisivo de Pablo Iglesias «La Tuerka» y representante de a conduce el actual y decadente feminismo burgués. También cuentan con Tania Sánchez: otra ex de Izquierda Unida y antigua pareja sentimental de Pablo Iglesias. Por otro lado tenemos a Luis Alegre, fundador de Podemos, primero de la corriente anticapitalista, luego pablista y ahora se le presenta como cercano a Errejón o más bien pablista pero enemigo de los pablistas, pues ha calificado a los pablistas bajo acusaciones de arribistas y conspiradores, advirtiendo a Pablo Iglesias de ello:

«Puede decirse que esto es lo que está pasando en Podemos. El actual equipo de Pablo Iglesias –que no conserva ya ni a una sola de las personas que le hemos acompañado desde el principio– entró en Podemos con un objetivo que sólo podía conducir a la destrucción del proyecto. Entraron tarde y entraron mal, con la intención de excluir a todos los que no formaran parte de su pandilla. No son más de 4 ó 5 personas, pero suficientes para dar al traste con todo. (...) No voy a negar que, desde mucho antes de que entraran en Podemos Rafa Mayoral, Irene Montero o Juanma del Olmo, ha habido comportamientos desleales contra Pablo. (...) Ahora, ya hay un partido –en guerra, pero un partido–, con sus inercias internas y sus dinámicas institucionales. (...) No querría reprocharme nunca haber estado callado mientras veía cómo un grupo de conspiradores estaba a punto de tomar el control de Podemos. Creo que esto es algo que va a ocurrir casi con seguridad, porque van a lograr parasitar a Pablo hasta destruir al organismo. Estoy seguro de que Pablo se dará cuenta un año o dos después de que le hayan matado los suyos, pero ya será tarde. No creo que este artículo cambie nada. Pero si las tareas imposibles nos paralizaran, no habría llegado nunca el día de montar Podemos. Y eso no va en el carácter de quienes comenzamos esta historia.». (Luis Alegre; ¿Qué está pasando en Podemos?, 2 de febrero de 2017)

c) La corriente de los «anticapitalistas» dirigidos por Miguel Urbán: conocido por su apoyo a las pseudorevoluciones de las «Primaveras Árabes», pero también dicha corriente y sus líderes admiran los principios del pluralismo político, la economía mixta y el no alineamiento del FSLN y su régimen del nepotismo en Nicaragua, el anarquismo de Mayo de 68 de Daniel Cohn-Bendit y la vena estudiantil e infantil del maoísmo de Gauche Prolétarienn, por supuesto idólatras de trotskistas más reconocibles como Ernest Mandel, en cuanto a la cuestión de género recurren como  sus referentes a la feminista burguesa: Simon Beauvoir. E incluso su apoyan como socialista al gobierno del revisionismo cubano. Como se observa: el nivel de eclecticismo es aterrador.

Hay que decir que los anticapitalistas aunque son un sector casi aislado en Podemos, fue fundamental en la fundación del partido reconociendo ellos mismos su rol en la idea de la creación de Podemos. Ideológicamente podríamos decir que es una corriente con una alta influencia de trotskismo, pero lejos de acercarse al trotskismo clásico de antaño y los esquemas propios de su creador, se acerca a la vena del trotskismo más socialdemócrata como se ve hasta en sus referentes.

De sector descontento con las derivas iniciales de Podemos y crítico con Pablo Iglesias, ha pasado a ser un baluarte indispensable para el pablismo en sus luchas contra los errejonistas:

«Podemos Andalucía, Teresa Rodríguez, una de las cabezas visibles de Izquierda Anticapitalista abanderó en la Asamblea de 2014 la principal alternativa a Pablo Iglesias con Sumando Podemos; un proyecto que proponía un sistema más proporcional y una secretaría general coral, formada por varios miembros, en un proyecto con el que querían dar más peso a la participación y descentralizar las varas de mando. Los últimos meses, sin embargo, han hecho que los denominados anticapis acerquen posturas con la línea de Pablo Iglesias, que ganó entonces con su proyecto Claro Que Podemos (CQP). El punto de inflexión definitivo para este acercamiento se ha producido en los últimos meses, con varios procesos autonómicos en Podemos en los que se han hecho evidentes las diferencias entre el secretario general del partido y su número dos, Íñigo Errejón. Este distanciamiento ha desplazado los equilibrios del partido y los anticapitalistas, liderados por la entonces eurodiputada Teresa Rodríguez y el eurodiputado Miguel Urbán, se han hecho necesarios para el pablismo, con quien se alinearon en la batalla por Madrid apoyando a Ramón Espinar para ganar las primarias. Aunque es previsible que para Vistalegre II, los anticapitalistas presenten su propio proyecto, la alianza entre los de Iglesias y los de Urbán ya tienen el precedente madrileño y podrían servir de muro de contención contra el proyecto de Errejón». (El Independiente; Vistalegre I vs. Vistalegre II: diez diferencias dos años después, 10 de diciembre de 2016)

Lo cierto es que el sector pablista utiliza al sector «anticapitalista» para fustigar la supuesta falta pérdida de la esencia de Podemos por culpa de los errejonistas –cuando en realidad en varias ocasiones pablistas y errejonistas han cerrado filas en torno a sus cuotas de poder, han dado volantazos ideológicos y han desoído las reivindicaciones de los «anticapitalistas»–, mientras que los errejonistas han usado a los «anticapitalistas» con el fin de presionar al sector pablista para reivindicar «mayor democracia interna» pese a estar más alejado de sus postulados que los pablistas. Esto vuelve a demostrar que esta es una guerra de arribismos, no de posiciones políticas serias.

Los anticapitalistas apuestan por profundizar la  «descentralización y democratización de Podemos», añadiendo la reivindicación de una persona un cargo, fórmula que de no aplicarse les perjudica por su baja influencia de votos en las elecciones internas de Podemos:

«Para ello, Anticapitalistas plantean la «descentralización de Podemos», tanto organizativa como «financiera», pensando sobre todo en las estructuras municipales, cuyos recursos han sido mínimos desde el principio en beneficio de la estructura central. (...) «Necesitamos democratizar la organización, construir herramientas feministas dentro y fuera, garantizar el debate político en el conjunto de Podemos, vincularnos a la sociedad civil, formar parte de la removilización social, construir desde lo local y tener implantación territorial», apunta el borrador de los documentos presentados. (…) Una persona, un cargo para evitar la acumulación de responsabilidades y para distribuir el poder», asegura el documento organizativo. También plantea que se limite el «número de cargos públicos y contratados en Podemos» en el principal órgano del partido entre asambleas, el Consejo Ciudadano». (El Diario; Anticapitalistas plantea reinventar Podemos en Vistalegre 2 para que no sea «subalterno» del PSOE, 12 de enero de 2017)

Niegan una alianza con el PSOE:

«El PSOE de la gestora es la pata izquierda del régimen que queremos derrotar. Ahora mismo, es nuestro principal antagonista», ha asegurado Urbán». (El Diario; Anticapitalistas plantea reinventar Podemos en Vistalegre 2 para que no sea «subalterno» del PSOE, 12 de enero de 2017)

No se oponen a la absorción de IU o cualquier grupo de la autodenominada «izquierda» –excluyendo a «stalinistas» por supuesto–. Para ellos su modelo de partido es la unión de corrientes y fracciones, por lo tanto no tienen problema, es más ven la incorporación de nuevos grupos a Podemos como una posibilidad para tejer más y mejores alianzas internas que les haga salir de su rol de fracción testimonial, de igual modo que ante la baja influencia intentan potenciar que solo haya un cargo por persona:

«La pluralidad no es un escollo, sino un valor», ha apuntado Rodríguez, quien ha considerado «maravilloso» que haya personas en Podemos que se identifiquen con Errejón, con Iglesias, con Urbán, con Echenique y «con otros acentos, no solo el de Madrid». (...) Anticapitalistas quieren rehacer el partido en Vistalegre 2 tras el «fracaso» de la estrategia que surgió del primer Vistalegre, en otoño de 2014.  Construir «Un Podemos que tras el agotamiento y fracaso de la hipótesis de Vistalegre, se replantee su modelo de organización». La «hipótesis» era poner todos los esfuerzos en ganar las elecciones del 20 de diciembre de 2015 aprovechando la «brecha» abierta en el sistema por la crisis, la respuesta ciudadana y especialmente el 15M». (El Diario; Anticapitalistas plantea reinventar Podemos en Vistalegre 2 para que no sea «subalterno» del PSOE, 12 de enero de 2017)

Entre sus líderes tenemos a algunas caras destacadas en cuanto a relevancia política, como Teresa Rodríguez que lidera el partido en Andalucía, la cual se autodenomina ecologista, trotskista, feminista y mil cosas más:

«Yo dentro de mi patrimonio ideológico está el trotskismo, es decir la gente que en su momento fue la más crítica con la deriva autoritaria de la Unión Soviética, y del marxismo, del pacifismo, del ecologismo, y del feminismo, y de la autonomía en Andalucía, tengo muchas fuentes ideológicas». (Teresa Rodríguez; Entrevista en La Sexta, 19 de marzo de 2015)

De ella dijimos:

«Precisamente Teresa Rodríguez fue miembro del partido socialdemócrata-trotskista Izquierda Anticapitalista –partícipe de la IV Internacional trotskista–, partido que sería la plataforma y columna vertebral de Podemos en su fundación. Este hecho nos recuerda a SYRIZA y su nacimiento, para el cual en su fundación integró al trotskista Izquierda de los Trabajadores Internacionalista (ITI), con la diferencia que este partido no es su columna vertebral para su fundación como si lo fue Izquierda Anticapitalista en Podemos». (Equipo de Bitácora (M-L); El desgaste paulatino de la credibilidad de Podemos, 23 de marzo de 2015)

También hay otras caras famosas del viejo trotskismo, como Jaime Pastor, profesor en la UNED, conocido por sus tesis posmodernas de que lo único nocivo actualmente es el neoliberalismo y que para ello es necesario unas amplias alianzas:

«Tejer espacios de encuentro mestizo de todas las resistencias al neoliberalismo, alianzas de geometría variable y muy horizontales que, empezando por lo local, vayan buscando propuestas comune». (
Diario Público; Doce ideas para intentar remontar, 2011)


Y un ex militante del histórico partido trotskista Liga Comunista Revolucionaria (LCR). Los veteranos ex trotskistas, eco-trotskistas, socialdemócrata-trotskistas como estos y otros muchos más, son las caras visibles de esta corriente.


3) Estas luchas no son sino la consecuencia del modelo de partido ecléctico y fraccionalista

¿Alguien puede creer que con esta mezcolanza ideológica puede haber paz entre las fracciones?  ¿Alguien puede creer que con el existente transfuguismo entre los miembros de las corrientes puede haber un partido estable?

Recordemos que como no hemos cesado de repetir desde sus inicios, Podemos partió de la iniciativa del socialdemócrata-trotskista Izquierda Anticapitalista y de las figuras del 15-M, siendo la mayoría de sus fundadores intelectuales y creando una organización de un carácter ideológico –de variadas influencias– y de organización –de varias fracciones–:

«Quienes componemos IA fuimos promotores fundadores de Podemos, somos Podemos». (Anticapitalistas; Tesis políticas aprobadas por el IIº Congreso de Izquierda Anticapitalista celebrado en Madrid los días 17 y 18 de enero de 2015)

En sus estatutos, no hay una definición clara sobre su ideología, sino una enunciación muy laxa donde casi todo el mundo puede entrar sin exigencia de principios ideológicos:

«La afiliación a PODEMOS será individual previa inscripción por cualquier persona que defienda la democracia, la defensa de todos y cada uno de los derechos contemplados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y acepte los principios y el funcionamiento de PODEMOS». (Podemos; Estatutos del partido político PODEMOS, 2014)

Así mismo, no hay ningún artículo en los estatutos que niegue la formación de fracciones, y los propios líderes vociferan la libertad de corrientes como algo «sano y democrático». Podemos estaba pues condenado a estas riñas internas sobre todo en periodos de crisis:

«Una o varias derrotas podrían activar el buscar culpables y eliminar del mismo modo a varias corrientes internas». (Equipo de Bitácora (M-L); El desgaste paulatino de la credibilidad de Podemos, 2015)

Las tres corrientes en Podemos, quién más, quién menos, beben del trotskismo, y entre los principios reconocibles que el trotskismo alberga están el eclecticismo ideológico y el fraccionalismo como ejemplos según ellos de garantía de «democracia interna»:

«–La falta de un tronco teórico sólido que se evidencia en un eclecticismo atroz, lo que se traduce en que hoy se defiende una cosa y mañana otra por simple cortoplacismo y oportunismo político, además de la falta de principios claramente definidos. Este eclecticismo está en el núcleo de las riñas en las organizaciones trotskistas que dan lugar a continuas disoluciones. Esto convierte al trotskista en sinónimo de «discordia gratuita» y «liquidacionismo». (...) –La promoción de la libertad de fracciones en el partido comunista como se tipificaba en los estatutos de la IV Internacional trotskista y la promoción por sus teóricos del multipartidismo en la nueva sociedad socialista. Ello convierte al trotskista en opositor de la independencia ideológico-organizativa de clase obrera respecto a la influencia burguesa, de nuevo convierte al trotskista en un liquidacionista». (Equipo de Bitácora (M-L); Sobre el falso antitrotskismo, 3 de enero de 2017)

Por supuesto, esto constituye una posición contraria al marxismo-leninismo como acabamos de ver, pues el marxismo-leninismo no presupone el fraccionalismo sino su supresión:

«La disciplina férrea del partido es inconcebible sin la unidad de voluntad, sin la unidad de acción, completa y absoluta, de todos los miembros del partido. Esto no significa, naturalmente, que por ello quede excluida la posibilidad de una lucha de opiniones dentro del partido. Al revés: la disciplina férrea no excluye, sino que presupone la crítica y la lucha de opiniones dentro del partido. Tampoco significa esto, con mayor razón, que la disciplina debe ser «ciega». Al contrario, la disciplina férrea no excluye, sino que presupone la subordinación consciente y voluntaria, pues sólo una disciplina consciente puede ser una disciplina verdaderamente férrea. Pero, una vez terminada la lucha de opiniones, agotada la crítica y adoptado un acuerdo, la unidad de voluntad y la unidad de acción de todos los miembros del partido es condición indispensable sin la cual no se concibe ni un partido unido ni una disciplina férrea dentro del partido. (...) De aquí se desprende que la existencia de fracciones es incompatible con la unidad del partido y con su férrea disciplina. No creo que sea necesario demostrar que la existencia de fracciones lleva a la existencia de diversos organismos centrales y que la existencia de diversas organismos centrales significa la ausencia de un organismo central común en el partido, el quebrantamiento de la unidad de voluntad, el debilitamiento y la descomposición de la disciplina, el debilitamiento y la descomposición de la dictadura. Naturalmente, los partidos de la II Internacional, que combaten la dictadura del proletariado y no quieren llevar a los proletarios a la conquista del poder, pueden permitirse un liberalismo como la libertad de fracciones, porque no necesitan, en absoluto, una disciplina de hierro. Pero los partidos de la Komintern –Internacional Comunista–, que organizan su labor partiendo de las tareas de conquistar y fortalecer la dictadura del proletariado, no pueden admitir ni el «liberalismo» ni la libertad de fracciones». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Los fundamentos del leninismo, 1924)

Pues el fraccionalismo y el eclecticismo ideológico son sinónimos de fracasos como se acaba de ver, y es que esto se ha demostrado históricamente en otras corrientes que se han esforzado en renunciar a los principios marxista-leninistas de unidad ideológica y de acción en el partido:

«Por más esfuerzos que hagan los revisionistas, jamás podrá haber unidad entre ellos. Nunca hasta hoy se ha podido establecer unidad alguna sobre la base de la traición a la revolución y al marxismo- leninismo, o sobre la base de la lucha contra ellos. Y esto es así tanto en lo que se refiere a las relaciones entre diversos partidos revisionistas, como a la unidad entre el seno de cada uno de ellos. Esto ha sido perfectamente confirmado por el último congreso del partido revisionista italiano. Siguiendo el ejemplo de los partidos burgueses especialmente de los partidos socialdemócratas, el partido revisionista italiano se ha dividido en las más diversas fracciones, cada una con su propia plataforma ideológica y política, con sus simpatizantes y sostenedores dentro y fuera del partido y que disputan y pelean entre sí por lograr el predominio y posiciones privilegiadas. En esta situación, la línea y las actitudes del partido tendrán cada vez menos en cuenta la opinión de las masas y de los militantes de base, e irán adaptándose progresivamente a la correlación de fuerzas, a los compromisos y concesiones mutuas entre dichas fracciones». (Enver Hoxha; La integración en la burguesía, nuevo rumbo del XIIº Congreso de los revisionistas italianos, 2 de marzo de 1969)


Evoquemos cual fue el destino de corrientes como el eurocomunismo por este tipo de estructura interna:

«Y es debido a esta política liberal de permisión de «luchas entre clanes» que a gran parte de estos partidos eurocomunistas les suplantaran otras fracciones no eurocomunistas –del tipo que fueran– en la cúpula del partido, claro estaba, que los eurocomunistas intentaban cortar de raíz esto antes de que tal cosa pasara, pero como hemos visto en muchos no pudieron evitar que la Espada de Damocles les pillara de lleno. (...) Mientras el Partido Comunista Italiano de Berlinguer logró mantener a raya a la fracción pro soviética de Armando Cossutta, no sin dificultades, a la muerte de Berlinguer en 1984 empezaría un verdadero caos por el control del partido, poco después, la corriente pro Berlinguer de Achille Occhetto disolvió el partido y fundó el socialdemócrata Partido Democrático de la Izquierda en 1991 mientras que Armando Cossutta respondería fundando el Partido de la Refundación Comunista, ambos partidos de corte extremadamente revisionista. En el caso del Partido Comunista Francés de Georges Marchais jamás tuvo una posición firme sobre nada de calado ya desde la época de Maurice Thorez, e iba reaccionando tarde y dando tumbos en sus posiciones: la posición eurocomunista distante hacia los revisionistas soviéticos de George Marchais en los 70 era la menos distante dentro de los partidos revisionistas occidentales, finalmente en el XXIVº Congreso del Partido Comunista Francés de 1982 se caracterizaría por un giro pro soviético del propio Marchais y el partido, en 1991 Marchais resistiría a los llamados renovadores que querían disolver el partido como había pasado en Italia y oficializar un nuevo partido como socialdemócrata; finalmente cuando en el XXVº Congreso del Partido Comunista Francés de 1994 Georges Marchais abandona el partido, sus sucesores, Robert Hue y siguientes, abandonarían lo que ellos llamaban «los errores y dogmas stalinistas del eurocomunismo de Marchais». En el caso del Partido Comunista de España las diferentes fracciones lograrían poner en aprietos a Carrillo durante muchos años, hasta que a la entrada de los 80 por sus diferentes fracasos en las elecciones generales –que para ellos era lo importante para ver el éxito de la agrupación– Carrillo cediera ante los renovadores de Gerardo Iglesias el puesto de Secretario General en 1982, poco a poco se sucederían más escisiones como la del pro soviético Partido Comunista de los Pueblos de España de Ignacio Gallego en 1984, que era «una más» a la larga lista de escisiones en los 60 y 70, ya para 1985 se vería la propia expulsión de Santiago Carrillo del partido. En 1986 el Partido Comunista de España se integraría en la coalición de partidos que conocemos como Izquierda Unida, una unión de varios partidos de variopinta procedencia donde se respetaba la autonomía de cada partido comandada por Gerardo Iglesias, partido que a día de hoy no se diferencia en su programa de su competidor Podemos, y que siempre ha guardado una estrecha relación de amistad y apoyo a SYRIZA incluyendo la unión de ambos en el Parlamento Europeo bajo el conocido como Partido de la Izquierda Europea». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Es Alexis Tsipras el nuevo Enrico Berlinguer?, 2015)

¿Esto no es esto lo que ha ocurrido en Podemos? ¿Las luchas entre fracciones no ha tenido como resultado el cada vez mayor hastío de la militancia ante la falta de democracia interna en un modelo ya de por sí poco democrático?:

«La participación en las votaciones de la asamblea de Podemos no ha cumplido las expectativas. De los 456.878 inscritos –268.000 considerados activos– han votado en este proceso de vital importancia para determinar el futuro de la formación 155.275 –sin análisis antifraude–». (El Confidencial; Las bases de Podemos censuran a la cúpula y la participación no alcanza las expectativas, 12 de febrero de 2017)

Durante un cierto tiempo los dirigentes de todas las corrientes de Podemos han intentado aparentar que estas divergencias entre ellos eran «normales», que incluso era una muestra de «democracia» frente al resto de organizaciones como PP o PSOE que se esfuerzan más en tapar estas divergencias aunque también existan por su mismo carácter ecléctico y liberal en cuanto a fracciones. Pero lo cierto es que la democracia de una organización no se mide por el número de polémicas estratégico-tácticas entre sus líderes o los abiertos reproches en los medios de comunicación sobre el uso de los recursos y los organismos, eso solo demuestra el caos ideológico y organizativo existente, mucho menos Podemos puede hablar de libertad cuando se ha dejado notar en no pocas ocasiones que la militancia, sus peticiones, no son escuchadas ni tomadas en consideración –lo veremos más adelante–. Pasado un tiempo, viendo las críticas de las bases por esta imagen y que los resultados de las encuestas pronosticaban un descenso en intención de voto, los líderes clamaron por rebajar el nivel de las críticas, o al menos hacerlas en privado, pero la polémica siguió hasta llamarse traidores unos a otros. En una entrevista reciente el propio Pablo Iglesias ha reconocido en una entrevista que:

«Podemos da una imagen patética». (Pablo Iglesias, Espejo Público, 7 febrero de 2017)


Recientemente Pablo Iglesias ha declarado que fue un error exponer los debates internos:

«Pablo Iglesias: Hemos sido enormemente torpes discutiendo por tuits debates internos». (Salvados; Pablo Iglesias frente a sus votantes, 2017)

De nuevo una vuelta de tuerca en el discurso: de pasar a decir que los debates entre los líderes de las fracciones por cosas insignificantes eran buenos, demostración de democracia interna e incluso necesarios, a pasar a decir que era una torpeza que da una imagen patética del partido. Lo cierto es que no se puede tener confianza alguna en las opiniones de los líderes de Podemos.

4) Sobre el ataque de obrerismo de Pablo Iglesias y la vuelta a un lenguaje más radical

Recientemente Pablo Iglesias utiliza de nuevo como en 2014 un lenguaje más radical, más cercano a sus viejas poses de «marxista» para poder alejarse de las tesis de Iñigo Errejón con la intención de aparentar que él sí tiene principios claros y por lo tanto garantía de proyecto. Un ejemplo sencillo: del «sí se puede» al «luchar, crear, poder popular» lema del socialdemócrata chileno Salvador Allende. En realidad ya es tarde para eso y no engaña a nadie con un poco de honestidad y formación política, pero para el votante medio de baja o nula conciencia política y de gran sentimentalismo, todavía le puede suponer el arañar la recuperación de alguna simpatía o voto perdido en el camino.

Pablo Iglesias acostumbra a modelar su discurso dependiendo en donde se encuentre, no queremos decir que no deba hacerlo según el público con el que se encuentre –decir esto sería exceso de puritanismo– pues es menester adaptar el nivel del discurso pero sin perder la esencia de lo que se dice. Otra cosa muy diferente es ver como Pablo Iglesias intenta ganarse a un determinado público con ingentes trucos de manipulación. Iglesias, sabedor del tipo de público presente en un acto, por ejemplo, actúa de forma diferente que si fuese una conferencia retransmitida para toda España. Recurriendo a referentes y términos con los que ellos se pueden sentir identificados, trata de «metérselos en el saco» y prometerles indirectamente que pueden dormir tranquilos «Podemos no se venderá a los poderosos y Pablo Iglesias sigue siendo uno de los vuestros». En una campaña electoral de cientos o miles de votantes o ante los medios de comunicación no usaría un discurso tan a la izquierda, pues sería colocarle en una posición encasillada que él mismo no quiere –aunque solo fuese fraseología–, pero en círculos más cerrados es diferente, y puede asegurarse el voto de parte de su electorado más «radical» –que no pasan de ser socialdemócratas, revisionistas modernos de distintas corrientes cuando no anarquistas–. En una conferencia junto a otras caras visibles del revisionismo, Pablo Iglesias nos viene a decir que Podemos es el defensor de la clase obrera, que rehúye de las pequeñas reformas y que el término «clase media» es un término burgués:

«Apostamos por una noción de transversalidad que se construya en lo popular, porque si la transversalidad se construye en una recomposición del concepto de clase media, en el concepto burgués de clase media no podremos ganar. (...) Cualquiera que defienda a la clase obrera siempre lo va a tener más difícil respecto a quien diga dejemos las cosas como están y hagamos pequeñas reformas. (...) La clase obrera es como Skynet, siempre vuelve». (Pablo Iglesias; Discurso durante la presentación del libro «La clase obrera no va al paraíso» de Nega y Arantxa Tirado, 25 de noviembre de 2016)


Habría que aclarar a este pseudomarxista que tampoco el término pueblo es un término esencialmente marxista sino se define que es «el pueblo», pues recordemos que el revisionista Mao Zedong por ejemplo colocaba a su burguesía nacional en el término «pueblo». Pero Pablo Iglesias nos habla de que hay que reivindicar a la clase obrera y al pueblo y no a la clase media. Perfecto. ¿Y quién ha utilizado ese término en innumerables ocasiones para negar la división de la sociedad entre los grandes o pequeños propietarios y los desposeídos de los medios de producción que vender su fuerza de trabajo? Él mismo, citemos sólo una ocasión de tantas:

«Extremistas y radicales son los que han expulsado a tres millones de ciudadanos de la clase media». (Pablo Iglesias; Discurso en el mitin en Vitoria, 22 de junio de 2016)


No se puede echar de la clase media a los ciudadanos, porque los «ciudadanos» no se dividen en su nivel de ingreso o aspiraciones sino en su estatus social.

Hablado de este repentino «obrerismo»: ¿acaso los votantes de Podemos no se basan en las capas de gran parte de las intelectualidad y la  pequeña burguesía?:

«Tanto si se utilizan las categorías laborales del Instituto Nacional de Estadística (INE) como su clasificación por clases sociales, los documentos del INE certifican una evidente lejanía cultural de la clase obrera hacia las posiciones de Podemos. (...) El 48,7% de los obreros cualificados y el 42,8% de los no cualificados expresan que nunca votarán a Podemos. Porcentajes que son más altos de los que afectan a IU –44% y 41%9– y mucho más que la barrera electoral del PSOE que se sitúa de media en el 35% del electorado obrero. Grado de rechazo que se traduce en una valoración de liderazgo en la que Iglesias sale igualmente perdiendo frente a otras alternativas. El grado de cercanía que expresa la clase obrera respecto al PSOE es doble del que expresa respecto a Podemos. El resultado es que el obrero que busca Pablo Iglesias vota al PSOE –30%– casi tres veces de más que a Podemos –11%–. (...) El obrero que busca Pablo Iglesias no existe o no le vota». (Estrella Digital; El obrero que busca Pablo Iglesias, 27 de noviembre de 2016)

¿No es un partido liderado por intelectualoides –con las cabezas llenas de las ideologías más antiobreras y excéntricas del viejo y del presente– donde no se puede ver ni un solo obrero a la cabeza? ¿Acaso el término también usado por Pablo Iglesias de «casta» o «precariado» no son términos igual de burgueses y estúpidos que niegan la división en clases sociales y el rol hegemónico que la clase obrera debe de jugar en el desarrollo de la lucha de clases? Pablo Iglesias sigue jugando con la memoria y la paciencia de la gente, es un payaso venido a menos, que trata de salvar su barco del naufragio, pues es buen sabedor de como acabaron sus ídolos como Santiago Carrillo cuando rebajaron el discurso y el programa: en el basurero de la historia.

Por último debemos añadir que el obrerismo a ultranza tampoco es una concepción marxista-leninista, de hecho como sabemos, también existe en los países capitalistas un gran número de obreros que bajo la influencia de la burguesía o pequeña burguesía adoptan una psicología y moral ajena a su clase, que son fácilmente engañados por teorías que se autodenominan defensores de sus intereses aunque no lo sean. Esto se llama alineación. Por eso a la hora de testar un individuo es importante por supuesto su origen social, que puesto ocupa en la cadena de producción –pues las condiciones materiales inciden sobre las ideológicas– pero no son totalmente decisivas, además que ha de comprobarse otras cualidades personales. Esto se ve en cómo algunos partidos y sindicatos revisionistas pueden tener un gran número de obreros sin que ellos tengan un nivel de concienciación política óptimo y defienden a un partido que va en contra de sus intereses, y no por ellos pueden decir tal partido que al tener un gran número de obreros es sinónimo de revolucionario o marxista. Se debe analizar a qué clase benefician sus actos y el nivel de formación de dichos obreros.

5) El resultado del IIº Congreso de Podemos de 2017, victoria pablista pero con decepción ultraevidente de las bases


En el IIº Congreso de Podemos celebrado en Vistalegre en febrero de 2017, Pablo Iglesias consiguió en la segunda asamblea del partido un total de 37 de los 62 consejeros en disputa un –59%–, mientras que Errejón logró 23 –37%– y los anticapitalistas, solo dos.

Después de la victoria del sector pablista en el congreso, llegamos a la conclusión que la organización lejos de profundizar su derechización –muy veloz desde su fundación– parece que ha dado un freno, sus líderes actuales han decidido ir al armario a ver si pueden recobrar los disfraces del 2014 para intentar no perder más credibilidad y recuperar a los desengañados.

Por supuesto, para el sector errejonista ha supuesto y supondrá una pérdida de poder en los órganos del partido, y en los órganos electos de poder, que ya se ha evidenciado en el relevo de Errejón por Irene Montero o la propia dimisión de Carolina Bescansa, seguramente uno de los elementos más importante del errejonismo:

«El exportavoz parlamentario de Unidos Podemos Íñigo Errejón será reubicado en la tercera fila del hemiciclo, después de los cambios de responsabilidades producidos en el grupo tras el congreso de Vistalegre II. Su asiento será ocupado por la nueva portavoz, Irene Montero, que ya ocupaba la segunda fila, por detrás de los sillones azules del Gobierno, pero ahora se situará al lado de Pablo Iglesias. La nueva portavoz adjunta, Ione Belarra, ocupará el lugar que antes tenía Montero. La diputada Carolina Bescansa, que ha sido sustituida como secretaria general del grupo por Txema Guijarro, pasará a la cuarta fila, una por detrás de donde se sentaba desde el inicio de la legislatura. Un cambio similar al de Pablo Bustinduy, afín a Íñigo Errejón, que pasa también de sentarse en la tercera fila a hacerlo en la cuarta. Los cambios también afectan a la diputada Tania Sánchez, que se ubicará en el gallinero, la última fila del hemiciclo. A la penúltima fila ha sido relegada además la diputada valenciana Àngela Ballester, del sector errejonista, que había desempeñado funciones como portavoz adjunta, al ser ocupado su actual asiento por Bescansa». (El Confidencial; Errejón quedará relegado a la tercera fila del Congreso y Tania Sánchez, al gallinero 21 de febrero de 2017)


O los cambios en las zonas regionales como Andalucía, donde los anticapitalistas han apoyado esta directriz de reordenar el partido según nociones de «vencedores y vencidos»:

«Aparta a Carmen Lizárraga de la presidencia y a Esperanza Gómez de la coordinación en el Parlamento andaluz. Ambas conservarán sus portavocías. (...) Lizárraga se presentó de forma inesperada a las últimas primarias andaluzas para disputar a Teresa Rodríguez la secretaría general [Andalucía]». (El Confidencial; Rodríguez lleva la purga al Parlamento andaluz y releva a los errejonistas, 2 de marzo de 2017)


Pero puede que en sucesivos meses la profundidad de esta división y la derrota de los errejonistas acarree más consecuencias todavía para ellos. Una nueva crisis en Podemos puede dar alas al proyecto de Errejón en otro momento y ajustar cuentas con los pablistas e incluso elevar a Errejón a la Secretaria General, pero para ello deben aguantar el embiste que ahora se les avecina.

Lo más destacable ha sido las duras quejas vertidas por los militantes de Podemos en diversas redes sociales y medios de comunicación. En una entrevista de Pablo Iglesias en Salvados, donde se reunían varios de sus militantes y simpatizantes, estos dejaron registro de dicho sentir. Sobre las razones de las luchas internas dudan si ya son por motivos ideológicos o de poder:

«Vera Realmente hay un enfrentamiento, una confrontación, ¿pero es de ideología o de poder? porque si es de poder es lo peor que puede pasar». (Salvados; Pablo Iglesias frente a sus votantes, 2017)

En torno a las luchas fraccionales y sus consecuencias para la organización, se decía:

«Enrique Pérez: ¿Ha terminado el problema? Porque yo creo que el problema aún no ha terminado. Considero que el partido está herido, tras una batalla cruel. Hay heridas, hay dolor, hay resentimiento, hay compañeros que se han ido o que amenazan con irse». (Salvados; Pablo Iglesias frente a sus votantes, 2017)

Respecto a la ilusión que el partido despertaba en 2014 con la que despierta ahora:

«Jorge Torres: Erais un hilo de esperanza muy grande que se ha convertido en una linternilla». (Salvados; Pablo Iglesias frente a sus votantes, 2017)

Sobre las viejas propuestas políticas de Podemos y los cambios de programa:

«Vera: He pensado en no volver a votarlos porque la educación y la sanidad no se recuperan de la ilusión». (Salvados; Pablo Iglesias frente a sus votantes, 2017)

De nuevo las comparativas de Podemos con el camino seguido por el PSOE:

«Noelia: El principal error del PSOE fue desconectar de la gente, espero que Podemos no lo haga». (Salvados; Pablo Iglesias frente a sus votantes, 2017)

Como hemos venido adelantado, el futuro de Podemos ha quedado seriamente dañado por culpa de sus propias idas y venidas en el discurso y el programa:

«El patetismo que alcanza esta organización en su viaje por embaucar a la gente para que le vote ya no deja indiferente a nadie. Y no somos pocos los que nos alegramos por: ver cómo se confirman los análisis anticipados al respecto sobre la tendencia revisionista pro reformismo burgués de Podemos, y como el desgaste de la organización ha ido repercutiendo en una población que empieza a no ser indiferente ante la demagogia desplegada por Pablo Iglesias y su séquito de embaucadores; otros en cambio empiezan a mostrar un serio enfado por haber creído en esa mentira cosechada por los medios de (in)comunicación de masas, y empiezan a repudiar a tal organización como el que en su día lo hizo desde el principio; otros, en relación a los últimos acontecimientos empiezan a ver a la organización con serias dudas, y ya no creen en sus bonitas palabras ni en sus figuras, ni siquiera en que tengan buenas intenciones los altos jefes del partido a la hora de hacer política; a otros les faltan kilómetros en la geografía española para huir del espantoso ridículo de afirmar –como autodenominados «comunistas»– que se debía apoyar tal formación revisionista porque «serían revolucionarios y un verdadero cambio en el sistema», ahora simplemente guardan silencio al saberse en ridículo antes la colosal estupidez de su llamamiento». (Equipo de Bitácora (M-L); El desgaste paulatino de la credibilidad de Podemos,  23 de marzo de 2015)

Además:

«Solo un cambio de los acontecimientos nacionales podría hacer remontar el vuelo a Podemos, aunque ya han tenido varias ocasiones y las han desaprovechado, su modelo de partido y las ambiciones de sus líderes casi imposibilitan esa idea». (Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas de fracciones en Podemos y su pose ante las masas, 2017)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

Recomendamos algunos posts en orden cronológico de Bitácora (M-L) sobre Podemos para entender la evolución de la organización desde lo más reciente a lo más tardío:

Keynesianismo en el programa económico de Podemos; Rafael Martínez, 2015

Podemos defiende una batería de «cesiones» para acercarse al PSOE y alejar a C's; El Confidencial, 2016

Y cuanto más se acercan las elecciones generales, Podemos recula más y más en su programa y discurso [Recopilación de documentos]; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

La segunda «bajada de pantalones» de SYRIZA y la respuesta espontánea del pueblo griego [Recopilación documental]; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

El desgaste paulatino de la credibilidad de Podemos; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

¿Es Alexis Tsipras el nuevo Enrico Berlinguer?; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

Crítica al artículo:Terrorismo mediático contra Pablo Iglesias Turrión; Equipo de Bitácora (M-L); 2014

¿Es Podemos un partido diferente a Izquierda Unida? En absoluto; Sobre el programa de las nacionalizaciones; Equipo de Bitácora (M-L), 2014

Crítica al artículo: «Podemos» irrumpe con fuerza en el panorama político español; Equipo de Bitácora (M-L), 2014

1 comentario:

  1. (Estrella Digital; El obrero que busca Pablo Iglesias, 27 de noviembre de 2017) creo que aqui se equivocaron y debiera ser 2016 el año.

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