«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 21 de marzo de 2017

El carácter revisionista y capitalista de las relaciones de producción de Corea del Norte; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


«En Corea del Norte, por tanto, el Partido del Trabajo de Corea (PTC) no tocó el poder económico de la burguesía nacional.

¿Pero acaso la estructura económica del país era igual a la de cualquier otro país capitalista? Obviamente no, ningún país capitalista tiene exactamente las mismas características que otro, dependiendo de la historia del país, del nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, y de las fuerzas políticas que gobiernen, la fisonomía de la economía tiene una u otras características, pero en el caso de un país como Corea del Norte se le añade el hecho que es un país capitalista en el cual sus políticos intentan hacer creer a su pueblo, y al resto de países, que tienen una economía socialista.

Según el desarrollo de la política económica ejercida por los dirigentes revisionistas en el poder desde 1945, podemos ver como Corea del Norte expone un desarrollo económico muy parecido al de mucho de los países capitalistas-revisionistas ya extintos y al de otros todavía presentes como Cuba, Vietnam o China.

En una etapa inicial se promovió la propiedad privada –como vimos en sus escritos sobre la «democracia progresista»–. Después de la Guerra de Corea 1950-1953 teorizó que había que conformar un sector estatal y cooperativista –siempre bajos las leyes de producción capitalistas– que sería el teórico sector socialista.

En una segunda etapa se fue promoviendo medidas de integración de la burguesía nacional de la ciudad y el campo en el plano de las empresas estatales mediante su paso inicial en empresas cooperativistas.

Veamos algunos ejemplos del trato a la burguesía urbana según los mismos revisionistas coreanos:

«Tenemos la intención de llevar a cabo la revolución para eliminar los elementos capitalistas en el Norte no expropiando a los capitalistas comerciantes y fabricantes, pero transformándolos en líneas socialistas dibujándolos en diversas formas de economía cooperativa». (Kim Il Sung; Sobre la naturaleza de la Revolución en nuestro país en la etapa actual y la dirección básica del Primer Plan Quinquenal, 29 de noviembre de 1954)

Otro:

«Nuestro partido debe formar un frente unido sólido con los empresarios y comerciantes. Varios métodos se pueden aplicar en la reducción de las prácticas de explotación de los empresarios y comerciantes. Pero no vamos a tratar de confiscar sus propiedades». (Kim Il Sung; Sobre el fortalecimiento del frente de trabajo: Discurso de cierre en la VIIº Reunión Plenaria del Comité central del Partido del Trabajo de Corea, 18 de diciembre de 1953)

Y ahora algunos ejemplos del trato y medidas a la burguesía rural:

«En la cooperativización agrícola el principio de voluntariedad se aplicó no solo a los campesinos medios, sino para todos los sectores de la población rural, incluyendo los campesinos ricos». (Kim Il Sung; Informe sobre la labor del Comité Central en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Corea, 9 de noviembre de 1961)

Otro:

«Los campesinos ricos fueron remodelados en trabajadores socialistas a través de la restricción de sus tendencias negativas y una educación con paciencia, en lugar de su expropiación. El principio de voluntariedad se mantuvo estrictamente hasta la fase final. (...) La cooperación agrícola dio fin en agosto de 1958». (Kim Han Gil; Historia moderna de Corea, 1979)

Exactamente eran las mismas teorías revisionistas que los marxista-leninistas soviéticos habían denunciado en 1948 sobre los métodos bujarinistas de Tito en Yugoslavia:

«En el Partido Comunista de Yugoslavia el espíritu de la política de la lucha de clases está ausente. El aumento del número de los elementos capitalistas tanto en el campo como en la ciudad prosigue rápidamente, y la dirección del Partido no toma medidas para limitar a estos elementos. El Partido Comunista de Yugoslavia se adormece con la podrida teoría oportunista de la integración pacífica de los elementos capitalistas en el socialismo, tomada prestado de Bernstein, Vollmar, Bujarin». (Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética; Carta del CC del PC(b)US al camarada Tito y otros miembros del CC del Partido Comunista de Yugoslavia; 27 de marzo, 1948)

E igual que la denuncia  que Kao Kang, eminente marxista-leninista, opuso en China durante 1953-1954, comparando estos métodos de «integración pacifica de las clases explotadoras» en el socialismo a las teorías revisionistas de Bujarin en la Unión Soviética:

«En toda esta política, Kao Kang fue el único en discordia. Cuando los otros expresaron su apoyo incondicional al método pacífico, él permaneció en silencio. Mientras que él no dijo nada, su silencio fue percibido en el Partido Comunista de China correctamente como un desacuerdo. Mao Zedong, según una fuente oral autorizada, sintió que Kao Kang era un izquierdista sobre este tema, pero optó por no enfrentarse a él. En vez sin embargo, Mao probó a enviar a Li Weihan, que había trabajado con Kao Kang durante los años 30, para persuadirle de las virtudes de tal política heterodoxa. Kao Kang muy a diferencia de lo que esperaba obtener Mao Zedong de esa conversación, no atendió a los argumentos presentados pese hacer un esfuerzo en escuchar a Li Weihan, e irónicamente intentó revelar la ignorancia teórica del grupo que apoyaba tal política, comentó a Li Weihan; «¿Has oído hablar algo de la oposición derechista en la Unión Soviética? ¿No estás al tanto que Bujarin fue el que abogaba por el tránsito pacífico al socialismo?». (Políticas en la corte de Mao Zedong; Kao Kang y el fraccionalismo de mediados de los 50, 1990)

Este panorama de desarrollo hacía que se mezclara el crecimiento de la vieja burguesía con el de la nueva burguesía: la primera, la vieja burguesía, mantuvo y expandió su poder económico –bien manteniendo la propiedad privada sobre los medios de producción o bajo las cooperativas y su trato especial en ellas que permitía igualmente la extracción de la plusvalía–, la segunda, la nueva burguesía, se fue conformándose a través de la nueva propiedad estatal –capitalismo de Estado– gracias a leyes que imponía sus privilegios en cuanto a estímulos materiales de salarios, bonos, rentas por ser antiguo propietario y demás.

La creación de un sector estatal y cooperativo en Corea del Norte sólo podía calificarse de un sector capitalista más, es decir, un tipo de propiedad colectiva, donde la vieja y nueva burguesía hace de ese sector, su sector de dominio económico y expansión, pero en formas más disfrazadas. Tomemos un ejemplo histórico que el lector reconocerá de inmediato: en la Unión Soviética capitalista-revisionista existía un capitalismo monopolista de Estado, es decir las empresas de tipo estatal dominaban el sector económico por delante del sector cooperativista y de la abierta propiedad privada. ¿Cuáles eran los rasgos de los medios de producción y las relaciones de producción allí?:

«La propiedad estatal en la Unión Soviética es una forma de propiedad privada capitalista con un alto nivel de concentración de la producción y del capital. La burguesía revisionista es el verdadero propietario de las empresas estatales y, con la ayuda del Estado, que explota a la clase obrera y las masas de todos los trabajadores del país. A través de esta explotación fortalece sus posiciones económicas y, junto con esto, también, consolida su dominación política». (Aristotel Pano y Kico Kapetani; El carácter capitalista de las relaciones de producción en la Unión Soviética, 1978)

Aquí en este punto hay pseudomarxistas que aluden que esta economía no era capitalista «porque las empresas públicas ocupaban la mayoría en el sistema económico». ¿Hay acaso un razonamiento más ignorante y antimarxista?

«Los revisionistas soviéticos declarar que la propiedad del Estado en la Unión Soviética tiene un carácter social. Es comprensible que, en aras de la demagogia que no han abandonado la fraseología marxista-leninista. Pero esto no cambia el contenido de las cosas y fenómenos en lo más mínimo. Karl Marx hizo hincapié en que la cuestión no es quién es el propietario nominal de la empresa estatal, sino de quién se embolsa las ganancias de esta propiedad. ¿Cómo puede tal propiedad, que conserva grandes desigualdad en el campo de la distribución de los bienes materiales entre las diferentes clases y estratos de la sociedad, y que profundiza la desigualdad de este día a día, ser socialista? ¿Puede ser una propiedad socialista, cuando los miembros de la clase de la burguesía revisionista, los directores de las empresas, y otros, tienen el derecho de despedir a los trabajadores a su voluntad, cuando pueden determinar a su gusto la cantidad de los salarios de los trabajadores y el importe de la ganancia que compartir por sí mismos, cuando tienen el derecho de vender los medios de producción, para desarrollar el juego libre de los precios y las relaciones capitalistas con las otras empresas monopolistas, y así sucesivamente? Es evidente que tal propiedad mantiene la etiqueta socialista sólo por el bien de la demagogia. (...) El carácter y el contenido de la propiedad dependen, en último término, de la naturaleza y del carácter del Estado. (...) Hablando sobre esta cuestión, Karl Marx subrayó que «siempre que las clases ricas siguen en el poder, cualquier nacionalización no representa la abolición de la explotación, sino sólo la alteración de su forma». (...) En el cómputo final, poco le importa a la clase obrera si la propiedad está en manos de los capitalistas individuales o en manos del capital unido en forma de monopolios estatales. En cualquiera de los casos la explotación está presente, ya se trate de la explotación capitalista individual o de una explotación capitalista colectiva». (Aristotel Pano y Kico Kapetani; El carácter capitalista de las relaciones de producción en la Unión Soviética, 1978)

¿Y es que acaso si los Estados Unidos de Obama nacionalizara/estatizara la mayoría de sus empresas dejaría de ser un país imperialista o seguiría siendo un país capitalista con un amplio capitalismo monopolista de Estado? ¿Dejaría de dominar la burguesía estadounidense o es el capitalismo de Estado una forma de dominación colectiva de la burguesía? ¿Acaso la socialdemocracia nórdica cuando creaba un sector estatal que ocupaba gran parte de su economía estaban creando socialismo o creaban capitalismo de Estado porque esas empresas se regían por métodos y leyes capitalistas? La respuesta para todo marxista en estas preguntas es siempre la segunda opción por supuesto.

Entiéndase entonces que:

«El marxismo-leninismo nos enseña que el contenido del sector del Estado en la economía depende directamente de la naturaleza del poder político. Este sector sirve a los intereses de las fuerzas de clase en el poder. En los países donde domina la burguesía nacional, el sector del Estado representa una forma de ejercicio de la propiedad capitalista sobre los medios de producción. Vemos actuar allí todas las leyes y todas las relaciones capitalistas de producción y de reparto de los bienes materiales, la opresión y de explotación de las masas trabajadoras. No puede aportar ningún cambio al lugar que ocupan las clases en el sistema de la producción social. Al contrario, tiene por objetivo el fortalecimiento de las posiciones de clase políticas y económicas de la burguesía». (Llambro Filo; La «vía no capitalista de desarrollo» y la «orientación socialista», «teorías» que sabotean la revolución y abren las vías a la expansión neocolonialista, 1985)

Por mucho que en Corea del Norte, la propaganda intente dar un barniz «socialista» a su economía, las consecuencias prácticas capitalistas en las relaciones de producción de su economía son evidentes. Y es algo que se ve en cualquier país que se maneje con teorías económicas revisionistas, es algo inevitable, aunque intenten aparentar lo contrario:

«Privar a la clase obrera de los medios de producción trajo como consecuencia su separación de la gestión efectiva de la economía y la producción. Con la reforma económica, los revisionistas jruschovistas reemplazaron el sistema de planificación socialista de la economía con un sistema «flexible» de planificación, otorgando completa autonomía a las empresas, para que actúen de manera irrestricta en los campos de la producción, la distribución, la acumulación de capital, las inversiones, etc. El otorgamiento a los directivos de las empresas del derecho de usar, administrar y vender los productos fabricados, etc., los derechos que se les confirió en el ámbito de las relaciones de intercambio y distribución de productos, muestran claramente el uso personal de la propiedad capitalista y del producto del trabajo en las empresas económicas de la Unión Soviética. En esto radica la fuente de competencia por la máxima ganancia posible, que se ha extendido por todas las empresas económicas del país. De ahí se derivan la escasez de algunos productos básicos en un área o distrito del país y su excedente en otras áreas y distritos, y también el fenómeno de que el mismo producto de la misma calidad se venda a precios diferentes dentro de un mismo mercado. En el proceso de degeneración de la propiedad, los revisionistas soviéticos han realizado cambios importantes en los criterios de constitución de las empresas económicas, en lo referente a sus características económicas y jurídicas, a sus relaciones con el mecanismo de la reproducción de la producción social, y a su distribución geográfica. Han creado asociaciones monopólicas de tipo capitalista en la industria, la agricultura, el transporte y en otras ramas de la economía; asociaciones que continuamente se tragan a las pequeñas y medianas empresas y que dan lugar a grandes desplazamientos de reservas de mano de obra y suministros. Un factor motivador de este proceso espontáneo es el aseguramiento de la ganancia capitalista. Que la clase obrera está privada de la propiedad de los medios de producción se puede ver también muy claramente en las formas en que se utilizan los fondos creados en la empresa. Se calcula que el 80-85 por ciento de los fondos para estímulo material van a los bolsillos de los directivos. Según las estadísticas oficiales, en los últimos 4-5 años, al personal técnico-ingenieril se le ha dado, en promedio, 12 veces más bonificaciones mensuales que a los obreros, y a los trabajadores de cuello blanco, 6-7 veces más que a los obreros». (Veniamin Toçi y Kiço Kapetani; La clase obrera soviética: Despojada de los medios de producción, 1973)

Entonces, que la propiedad pública, estatal o como se quiera llamar, tenga mayor o menor peso en los países capitalistas, no supone que sea una propiedad socialista puesto que la misma está regida por leyes económicas capitalistas, no supone tampoco que sea una propiedad que beneficia a los trabajadores sino que beneficia, mantiene y amplia la dominación económica de la burguesía del país. Aplicase también a los países revisionistas-capitalistas de todo tipo que tengan mayor o menor proporción de «empresas públicas» en su economía:

«Por consiguiente en la Unión Soviética socialimperialista, en China, en Yugoslavia y en otros lugares actúan con fuerza las leyes, las categorías y los fenómenos socio-económicos clásicos de la producción capitalista. En lugar de la planificación centralizada, del trabajo y de la producción a escala de toda la sociedad, el centralismo burocrático de tipo monopolista combinado al liberalismo económico en la base, la descentralización, el desarrollo cíclico, la competencia, el libre juego de precios bajo la ley del valor actúan en estos países». (Priamo Bollano; Crítica a ciertas teorías burguesas y revisionistas sobre el lugar y el papel de las relaciones monetario-mercantiles en el socialismo, 1986)

Por supuesto, la estructura económica de Corea del Norte pese a hablar muchas veces de que tenían un modelo original y nacional, lo cierto era que al estar englobado en la división «socialista» internacional del trabajo promovida por la Unión Soviética socialimperialista, no pudo escapar a una estructuración económica neocolonial y dependiente, lo que influyó en los mecanismos de gestión y planificación que viraban en orden de lo que Moscú exigía a los países englobados en sus cadenas de créditos, dependencia comercial y demás:

«Este «modelo» tiene como trato fundamental la descentralización continua de la economía, la gestión capitalista según los imperativos del mercado y la entera independencia de las empresas, las cuales tienen como objetivo aumentar cueste lo que cueste y por todos los medios los beneficios de la burguesía. Aquí, las empresas son animadas a competir con vistas a asegurarse el máximo provecho, según el mecanismo de la ley de la oferta y la demanda y el libre juego de precios sobre el mercado. (...) Lejos de satisfacer las necesidades de los trabajadores, la ganancia es la única fuerza motriz en la producción de los países revisionistas. La búsqueda del beneficio es omnipotente. Todo funciona, es dirigido y se establece sobre una base comercial. (...) La adopción y aplicación de los conceptos teóricos revisionistas antimarxistas del socialismo de mercado en la Unión Soviética, China, Yugoslavia, Polonia o Hungría, representa actualmente, igual que en otros países capitalistas, un grupo de empresas capitalistas aisladas, cada una con una libertad total de acción. Cada una de ellas decide por sí misma el volumen y la estructura de la producción, tienen derecho de comprar y vender libremente no sólo en el mercado interno, sino también en el mercado internacional capitalista, los medios de producción, materias primas y los productos que necesite y fijan libremente los precios teniendo en cuenta la coyuntura del mercado, de la oferta y la demanda». (Priamo Bollano; Crítica a ciertas teorías burguesas y revisionistas sobre el lugar y el papel de las relaciones monetario-mercantiles en el socialismo, 1986)

Pongamos otro ejemplo sencillo que demuestra el carácter capitalista de las relaciones de producción en Corea del Norte. Observemos según sus dirigentes la actuación de la ley del valor, o los medios de producción en las empresas estatales y cooperativas. En Corea del Norte siguiendo el ejemplo de sus homólogos revisionistas, la ley del valor regula las interacciones entre la propiedad estatal y la propiedad colectiva de las cooperativas. Y los medios de producción como tractores, máquinas, etc. son consideradas mercancías salidas de las empresas estatales que se podían vender e intercambiar de acuerdo a la ley del valor entre las empresas cooperativas:

«En el caso de que los medios de producción fabricados bajo propiedad estatal pasen a ser propiedad cooperativa, como en el caso contrario, en que los medios de producción manufacturados en la propiedad cooperativa pasen a ser tenencia estatal, todos son mercancías y por eso en ambos casos rige la ley del valor». (Kim Il Sung; Sobre algunos problemas teóricos de la economía socialista, 1969)

Esto responde claramente a la lógica capitalista que quedó registrada en el lamentable: «Manual de economía política de Shanghái» de 1974:

«Vamos a empezar la discusión con una de las conclusiones más importantes extraídas en el famoso manual: «El desdoblamiento de cooperación socialista requiere una extensión del estilo de trabajo comunista, una firme adhesión a los principios socialistas, una observancia voluntaria de las políticas fiscales y la aplicación decidida de las distintas políticas económicas proletarias. Por lo tanto, en las relaciones de cooperación entre las empresas estatales y las empresas colectivas, en todo, entre las empresas del Estado, entre las empresas colectivas, entre sectores y entre regiones, debe observarse el principio del intercambio equivalente y precios justos». (ibíd., p. 297) Dicha sentencia hace hincapié en algo que no representa nada más que la conocida «ley del valor», o también llamada «ley del intercambio equivalente». La declaración es explícita: la ley del valor regula el intercambio de trabajo entre los objetos de producción en la sociedad de transición, ya sea entre empresas estatales y propiedad colectiva, o entre las empresas de propiedad estatal». (Rafael Martínez; Sobre el manual de economía política de Shanghái, 2006)

Bajo esa premisa de teoría económica, los revisionistas pensaban que se desarrollaban las fuerzas productivas en el campo, ellos tenían la:

«La creencia de que el proceso de elevación de la propiedad colectiva a nivel de la propiedad social se produce por medio del desarrollo de las fuerzas productivas en el campo, ¿y cómo se producirá este desarrollo? Según siempre su visión; bajo la base de intercambio mercantil y del intercambio de los principales medios de producción de la propiedad colectiva –como podrían ser los tractores por ejemplo–». (Rafael Martínez; Sobre el manual de economía política de Shanghái, 2006)

Los revisionistas coreanos no implementaron técnicas que no se hubieran implementado ya en la Unión Soviética de Jruschov o la China de Mao Zedong:

«El hecho de que los medios de producción fueran propiedad de las granjas colectivas en China no es casualidad, ya que no es invento de los economistas chinos. Muy por el contrario, el sistema de estaciones de maquinaria y tractores por el cual fueron vendidos los medios de producción del Estado a las granjas colectivas, fue un sistema que Jruschov convirtió en un nuevo modelo «estándar» para las políticas de colectivización de todos los países revisionistas. El Gran Salto Adelante siguió una política similar y por ello liquidó el embrión del Sistema de estaciones de Maquinaria y Tractores que existía en China durante los años del Primer Plan Quinquenal». (Rafael Martínez; Sobre el manual de economía política de Shanghái, 2006)

Como vemos en el camino económico seguido también hubo hueco para las teorías y conceptos de su viejo padre ideológico: el revisionismo chino:

«En esencia, todos los procesos y todas las metamorfosis que la economía china ha experimentado en su camino de desarrollo capitalista muestra que tanto en la teoría como en la práctica, los revisionistas chinos se han escudado bajo las conocidas tesis oportunistas para oponerse a las tesis marxista-leninistas: han preferido siempre; «la integración gradual de la economía capitalista en la economía socialista», negación del principio de la absoluta necesidad de la «expropiación de la burguesía por el proletariado y la socialización de los medios de producción», han dejado paso a las leyes capitalistas de espontaneidad, anarquía y competencia capitalista disfrazadas bajo el lema de «el desarrollo de la economía a pasos», ignorando la «ley del desarrollo armónico proporcional de la economía», se han precipitado y han introducido la tesis revisionista sobre la «ventaja de los créditos, los préstamos y la tecnología avanzada» abriendo paso a los grandes monopolios de los países capitalistas desarrollados, sin prestar atención «al principio socialista de la autosuficiencia», etc. De esta manera, como el camarada Enver Hoxha señaló, nunca los revisionistas chinos, en ningún momento histórico, pusieron su economía en el camino del desarrollo socialista. El ruido que han hecho y continúan haciendo acerca de los «grandes» resultados que alegan que han logrado en el campo de la construcción del socialismo no es otra cosa sino que forma parte de su propaganda astuta para hacerse pasar por revolucionarios a fin de implantar de modo más sencillo su pérfido trabajo, obra que siempre va e irá en detrimento de los intereses vitales del proletariado y las masas trabajadoras de China, como los celosos servidores de la burguesía capitalista que son». (Tomor Cerova; Los procesos de desarrollo capitalista de la economía china, 1980)

La diferencia entre el ruido que hacen los dirigentes de la Corea del Norte capitalista-revisionista y el de los dirigentes de la China imperialista-revisionista en el desarrollo de las dos burguesías radica en que: mientras los primeros se limitan a reclamar atención a su modelo económico para que sea aceptado como revolucionario y poder engañar mejor así a sus propias masas trabajadoras y recalar apoyos del exterior, los segundos también buscan la aprobación de otros revisionistas sobre lo socialista y revolucionaria que es su economía, pero con miras, sobre todo, a su ambición imperialista, es decir, a que este modelo pueda ser aceptado por los líderes de los países semicoloniales, y que no vean un peligro para su soberanía política y económica en el modelo imperialista chino. Pero esta es una diferencia que no altera la esencia capitalista y revisionista de ambos regímenes, sino una diferencia normal debido a que Corea del Norte es un país dependiente y neocolonizado, y China una potencia socialimperialista.

Corea del Norte como todo país capitalista-revisionista afectado por la crisis de 1973, enfatizó más el comercio exterior y los créditos y préstamos como medio para salvar las pérdidas:

«Si hasta los años 60 el desarrollo económico de Corea del Norte fue importante, el mismo fue severamente más despacio desde la segunda mitad de los 70, como en la mayoría de países burgueses-revisionistas que sintieron duramente las consecuencias de la crisis de 1973. Numerosos son los economistas burgueses que hablan de las «reformas económicas» llevadas a cabo por Corea del Norte en los 80, de China en 1978, de Vietnam en 1986, de Cuba en 1992 o de la Unión Soviética revisionista en 1991. Todas ellas son idénticas en el fondo: ¡no sólo únicamente la integración en la división internacional del trabajo en el dominio de la producción mercantil, sino la mayor apertura al capital extranjero!». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

A partir de entonces se crearon como en Cuba «zonas especiales» para empresas mixtas y absorción de inversiones y tecnologías.

«El 2 de abril de 2007 el periódico Libération titulaba: «En la madriguera del capitalismo en Corea del Norte», con un reportaje sobre la zona económica especial de Kaesong, un vasto parque industrial que fue empezado a construirse en 2003 a algunos kilómetros de la frontera con Corea del Sur. Los promotores norcoreanos prevén que la zona franca de Kaesong se extenderá sobre 16.000 hectáreas en 2012 cuando serán implantadas 1.800 empresas extranjeras que emplearan a 350.000 obreros, producirá anualmente 0,6 mil millones de dólares en Corea del Norte. A principios de 2007, 15 empresas surcoreanas se implantaron ya y hacían trabajar a 11.000 norcoreanos. En Kaesong, los dirigentes norcoreanos atraen a los potenciales inversores con el interés de una implantación de «bajos impuestos, salarios bajos, garantías contra el riesgo de pérdida o confiscación». El capital y la tecnología son exclusivamente surcoreanos y las empresas se limitan a la industria ligera. Como el nivel del salario es mucho menor que en Corea del Sur, los bienes de consumo fabricados –ropa, utensilios, relojes, cosméticos, etc.– han pasado en Corea del Sur bajo la etiqueta de «Hecho en Corea». Corea del Norte después de ir a remolque bajo las cadenas del socialimperialismo soviético con la división «socialista» internacional del trabajo, hoy en día está transformándose en un país dependiente no sólo en lo comercial sino también de las inversiones: un régimen burgués-comprador clásico. Los imperialistas chinos y surcoreanos se reparten hoy Corea del Norte, el imperialismo surcoreano pretende convertirla en un taller del que saque beneficios que sirvan para reforzar sus posiciones imperialistas regionales y para atenuar la lucha de clases del proletariado surcoreano». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Para todo marxista-leninista y en realidad para cualquier revolucionario antiimperialista, queda claro pues, que:

«Es evidente que defender el régimen comprador de Kim Jon Il, como un régimen «socialista» es más contrarrevolucionario que nunca. Es continuar desacreditando el comunismo y convertir a éste en un espantapájaros para el proletariado internacional». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Podemos decir que en Corea del Norte, las relaciones de producción capitalistas, como en China, Vietnam, Cuba y otros, no es que sufrieran en algún momento una regresión del socialismo al capitalismo, sino que directamente nunca se ha llegado a establecer las relaciones de producción socialistas». (Equipo de Bitácora (M-L)El revisionismo coreano: desde sus raíces maoístas hasta la institucionalización del «Pensamiento Juche», 2015)

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