«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 18 de abril de 2014

¿Acaso el fascismo español falangista era realmente una «tercera vía» entre capitalismo y comunismo?; Equipo de Bitácora (M-L), 2014

Nos sorprende el poco interés de los marxista-leninistas en tomar el estudio tanto de las obras del marxista-leninista español José Díaz, como de su figura antagónica de entonces, el falangista José Antonio Primo de Rivera.

Una de las armas favoritas históricas del fascismo español –como de todo fascismo– ha sido la de establecerse y proclamarse como una «tercera vía» entre el marxismo y el liberalismo, entre comunismo y capitalismo, entre clase obrera y burguesía, pretendiendo ser mediador entre el primero y segundo, o como superador de ambos. Al hablar del régimen a establecer se negaba que el Estado fuese el instrumento de represión de una clase dominante sobre el resto, sino que pretendía valerse de su «neutralidad» para conciliar a todas las clases sociales, evitando las fricciones de clase. En este punto cabe observar y resaltar que en este discurso hay un implícito pretendido fin de las ideologías, exactamente el mismo discurso recuperado por el neoliberalismo a efectos de perpetuar artificialmente la explotación capitalista y los modos de producción. Un discurso que ha hecho suyo desde siempre la socialdemocracia así como los revisionistas modernos, poniendo por delante el misticismo idealista de una conjunción de intereses artificiales como la llamada  comunidad de destinos, proponiendo siempre un pragmatismo conciliador para resolver las contradicciones, que una exposición científica del origen de esas contradicciones para resolverlas.

¿Pero era esto cierto? Los marxista-leninistas sabemos al analizar científicamente la sociedad; sabiendo que no es posible en cuestiones –además cardinales– como la administración del Estado, las tesis económicas o la cultura partiendo de una supuesta ideología «neutral» o «tercera vía». Como dijo Lenin:

«No hay término medio –pues la humanidad no ha elaborado ninguna «tercera» ideología, además, en general, en la sociedad desgarrada por las contradicciones de clase nunca puede existir una ideología al margen de las clases ni por encima de las clases–. Por eso, todo lo que sea rebajar la ideología socialista, todo lo que sea separarse de ella significa fortalecer la ideología burguesa». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902) 

Parajódicamente más de uno se percatará a la hora de saber diferenciar entre el discurso de José Antonio al de otras figuras del revisionismo cuando ve a ambos argumentar por ejemplo sobre su presunto anticapitalismo, y es que efectivamente muchos argumentos que perpetúan la explotación del hombre por el hombre –como el fascismo y el revisionismo– parten del mismo tronco demagógico de la unión entre explotados y explotadores, que no es otra cosa que un discurso que actúa como agencia de la burguesía para mitigar la lucha de clases y hacer que nada cambie. 

Aunque esta ideología en su variante española, hiciese gran apología del humanismo y piedad –sobre todo por su influencia católica–, lo cierto es que como todo fascismo contenía una clara vocación imperialista, nacionalista, supremacista, militarista, belicista, como se verá sin trampa ni cartón. En lo filosófico se notará un rechazo abierto del materialismo, ni que decir que para el fascismo los valores idealistas ligados al concepto de nación distorsionado y a una espiritualidad católica como proclama son valores metafísicos, es decir, eternos, inmutables en el tiempo.

En lo económico se hace demagogia con reducir las grandes cuotas de explotación de las grandes empresas y terratenientes, incluso se promueve un intervencionismo de Estado, lo cual no es socialismo, pues recordemos que el capitalismo en su forma estatal ha sido utilizado históricamente desde la configuración misma del propio capitalismo hasta los llamados Estados de bienestar. La burguesía en el poder ha realizado nacionalizaciones no solo durante las etapas fascistas, sino tanto a través de la socialdemocracia como por el llamado neoliberalismo. La clave es que todos estos modelos de gestión económica mantienen intactas las leyes de producción capitalistas como por ejemplo la oferta y demanda, o también llamada ley del valor. Por lo que ni en las democracias burguesas ni en los fascismos se producen un retroceso del proceso de monopolización, sino que siempre se desarrolla su extensión como bien demostró Joan Comorera en sus análisis sobre la deriva económica de los monopolios tanto dentro de la democracia burguesa como dentro del fascismo.

Anotar que como ya se ha repetido mil veces, la influencia de autores ultrarreacionarios como Nietzsche, Kierkegaard, Unamuno, Hegel, Ortega y Gasset, se hacen notar en los conceptos de moral, bondad, libertad, nación, militarismo, individualidad de los ideólogos del fascismo español.

Pese a hablar mil veces de «justicia social para todos» dentro de la nación, el legado ideológico de José Antonio –como era normal– se acopló al régimen fascista del franquismo con ciertas variaciones, pero en este periodo de la historia española 1939-1974 lejos de aliviarse los problemas del capitalismo como decía la propaganda falangista, las clases explotadoras se sirvieron de esta ideología para suprimir por la fuerza los derechos y libertades antes obtenidos por las masas trabajadoras teniendo vía libre para enriquecerse a mansalva. Es de anotar como el franquismo abrió las puertas al imperialismo estadounidense, que establecería sus bases militares y sus multinacionales, agudizando aún más si cabe las condiciones de explotación de los pueblos de España. Esto último tira por la borda toda palabrería sobre el patriotismo de los fascistas, comprobándose que su patriotismo en realidad es una ideología que se basa en las clases parasitarias, la cultura reaccionaria y en la ayuda de los imperialismos extranjeros como concepto de nación:

«¿Qué España representan ellos? Sobre este asunto, hay que hacer claridad. (...) No es posible que continúen engañando a estas masas, utilizando la bandera del patriotismo, los que prostituyen a nuestro país, los que condenan al hambre al pueblo, los que someten al yugo de la opresión al noventa por ciento de la población, los que dominan por el terror. ¿Patriotas ellos? ¡No! Las masas populares, vosotros, obreros y antifascistas en general, sois los patriotas, los que queréis a vuestro país libre de parásitos y opresores; pero los que os explotan no, ni son españoles, ni son defensores de los intereses del país, ni tienen derecho a vivir en la España de la cultura y del trabajo». (José Díaz; La España revolucionaria; Discurso pronunciado en el Salón Guerrero, de Madrid, 9 de febrero de 1936)

Es por todo ello que como se dijo, el fascismo es un poder precario por sus contradicciones indisolubles entre su discurso, y los hechos que pone sobre la mesa: 

«El fascismo aspira a la más desenfrenada explotación de las masas, pero se acerca a ellas con una demagogia anticapitalista muy hábil, explotando el profundo odio de los trabajadores contra la burguesía rapaz, contra los bancos, los trusts y los magnates financieros y lanzando las consignas más seductoras para el momento dado, para las masas que no han alcanzado una madurez política; en Alemania: «nuestro Estado no es un Estado capitalista, sino un Estado corporativo»; en el Japón: «por un Japón sin explotadores»; en los Estados Unidos: «por el reparto de las riquezas», etc. (...) [Pero] Otra de las causas de la precariedad de la dictadura fascista estriba en que el contraste entre la demagogia anticapitalista del fascismo y la política del enriquecimiento más rapaz de la burguesía monopolista permite desenmascarar el fondo de clase del fascismo, quebrantar y reducir su base de masas». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo: Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

Al franquismo se le ha intentado tachar «de régimen sin ideología», de «autoritarismo conservador», de «régimen autoritario»«régimen totalitario», de «dictadura sincrética» y una inifinidad de terminología vacía que en realidad quiere desligar al franquismo de su esencia fascista, y hablamos por fascismo como:

«La dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero. (...) La subida del fascismo al poder no es un simple cambio de un gobierno burgués por otro, sino la sustitución de una forma estatal de la dominación de clase de la burguesía la democracia burguesa por otra, por la dictadura terrorista abierta». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo: Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935) 

Más allá del intento de lavado de cara, lo cierto es que el fascismo español llamado «nacionalsindicalismo» de J.A. Primo de Rivera fue la ideología adoptada por el franquismo. El fascismo fue la ideología fundamental del régimen franquista como se postuló en la famosa Ley de Principios del Movimiento Nacional de 1958, que era básicamente una adaptación de los 9 puntos de Falange Española creados en 1933. Generalmente quién evita exponer esto suelen ser personajes filofranquistas, que intentan embellecer a Franco separándolo de las similitudes con las teorizaciones y prácticas de Primo de Rivera, Hitler o Mussolini para intentar no crear antipatías hacia él. De ahí que se haya definido el franquismo de mil maneras menos como es: un fascismo a la española.

Ramiro Ledesma, líder de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS) que se fusionarían con Falange en 1934 es considerado como otro de los ideólogos fundamentales del fascismo español, incluso como el «ala izquierda y social» del mismo, pero pese a las diferencias ideológicas y sobre todo personales que desarrollaría con Primo de Rivera, tampoco las ideas  suponen una diferencia cualitativa, pues en los puntos fundamentales están de acuerdo, para ello dejaremos también las frases de dicha figura. Para ello también dejaremos constancia de referencias sobre esta corriente que se volvió muy crítica con la deriva de J. A. Primo de Rivera durante 1934-1936.

No hace falta comentar también a aquellos «ilustrados», historiadores, analistas políticos, catedráticos y demás figuras del espectro de la «izquierda» –keynesianos, estructuralistas, posmodernos y otros que en pleno siglo XXI todavía pretenden decirnos que el franco-falangismo no tienen que ver nada con el fascismo, porque según ellos «este rasgo le diferencia de este otro régimen en tal aspecto» o porque «éste otro rasgo está muy pronunciado y no se perfila en estos otros regímenes». Todo no se trata más que de palabrería insulsa, discusiones propias de escolástica moderna para intelectuales aburridos. Estas calificaciones artificiales desorientan y desarman a las masas sobre que es y no es fascismo, pues el franquismo lo cumple en demasía como para volver a debates estériles. Por tanto hay que entender de una vez que:

«Dejando atrás a todas las demás formas de la reacción burguesa, por su cinismo y sus mentiras, el fascismo adapta su demagogia a las particularidades nacionales de cada país e incluso a las particularidades de las diferentes capas sociales dentro de un mismo país». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo: Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

Tampoco hay que descuidar la necesidad de poner en tela de juicio las teorías de los ideólogos semianarquistas, los cuales, dominados por la metafísica que creen que todo régimen que reprime es automáticamente tachado de fascista –¡como si la democracia burguesa no se reprimiese!, mención especial a aquellos que también creen que una vez instaurado el fascismo la burguesía no puede marchar hacia la democracia burguesa para salir de su crisis institucional así lo creen pese a que se ha demostrado lo contrario en infinidad de países en las últimas décadas. Estos señores comparten sin duda con los propios fascistas la falta del conocimiento y dominio de la dialéctica.

El documento:

Retrato de José Antonio Primo de Rivera, líder de Falange Española de las JONS (1934-1936)

«Hay que desconfiar de todo lo que por esos mundos de Dios se llama moral. La moral no debe existir en los terrenos del espíritu. (...) La moral es una palabra vacua. (...) Todos sabemos lo que es «la bondad», una de las manifestaciones de la debilidad del hombre. Afirmo que el «hombre bueno» es una especie de «hazmerreír» en la sociedad de todos los tiempos. La «bondad» es la mayor parte de las veces timidez, falta de carácter y cobardía. Otras veces, es un exagerado amor al prójimo, amor que si lo sintieran todos los hombres engendrarían el más desastroso nihililismo». (Ramiro Ledesma; El Quijote y nuestro tiempo, 1924)

«Todo contribuye en esta clase de pensadores a reafirmar su proyección íntegra hacia los objetos que les interesan de modo exclusivo. Kierkegaard es, como filósofo, el hombre que no encuentra con categoría de realidad, sino la vibración íntima de su yo al hallazgo de unas cuestiones que le son tradicionalmente dadas. Como ese hallazgo se verifica en lo hondo de la subjetividad. (...) El concepto de la angustia es un ensayo finísimo, quizá donde aparecen más completas las dotes gigantes de Kierkegaard. Pues no es posible contribuir con más esfuerzo dialéctico que el que aquí se utiliza a exponer con claridad intelectual un problema. Al par que esto, Kierkegaard persigue y logra hacer que la cuestión debatida permanezca en la altura jerárquica que le es propia, sin descender y desnaturalizarse en aspectos de rango inferior. Únase también la capacidad poética desplegada, tan frecuente y rica en Kierkegaard, que eleva el libro a primor literario. Se aporta aquí asimismo una valiosísima investigación sobre el hecho psíquico de la angustia, que es hoy de interés precioso. Pues esta angustia que Kierkegaard delimita y analiza, es ese mismo concepto a que Heidegger refiere con frecuencia sus afanes metafísicos. Así, este trabajo magnífico del solitario danés significa también una actualidad en la filosofía que hoy se hace. Es, por tanto, un libro en la orden del día, con casi categoría de imprescindible». (Ramiro Ledesma; Sören Kierkegaard. El concepto de la angustia, 1930)

«El espíritu ascético, hispano, de eficacia luchadora y activa, que brota de la pluma de Unamuno, es el mismo que hoy en Europa sostiene el entusiasmo de cientos de miles de hombres, armas en mano frente a los viejos tópicos y las viejas inepcias. Es el espíritu que nosotros quisiéramos ver triunfante aquí, para batir toda la tontería suelta que por ahí andan buscando resquicios cobardes que la hagan dueña de los mandos.

Contra esta tontería usurpadora, Unamuno dice:

«Hay que contestar con insultos, con pedradas, con gritos de pasión, con botes de lanza. No hay que razonar con ellos. Si tratas de razonar frente a sus razones, estás perdido.

Mira, amigo: si quieres cumplir con tu misión y servir a tu patria, es preciso que te hagas odioso a los muchachos sensibles, que no ven el universo sino a través de los ojos de su novia. O algo peor aún. Que tus palabras sean estridentes y agrias a sus oídos».

Nosotros desafiamos a Europa para que nos diga si entre sus escritores, entre sus hombres de espíritu, a quienes tiene como antecedentes inmediatos de sus gestas actuales, hay nada de tan ajustada emoción y de tan preciosa grandeza como estas frases de Unamuno, escritas, repetimos, en 1908.. (Ramiro Ledesma; Grandezas de Unamuno, 1931)

«La lucha de clases sólo puede desaparecer cuando un poder superior someta a ambas a una articulación nueva, presentando unos fines distintos a los fines de clase como los propios y característicos de la colectividad popular. (...) Las corporaciones, los sindicatos, son fuentes de autoridad y crean autoridad, aunque no la ejerzan por sí, tarea que corresponde a los poderes ejecutivos robustos. Pues sobre los sindicatos o entidades colectivas, tanto correspondientes a las industrias como a las explotaciones agrarias, se encuentra la articulación suprema de la economía, en relación directa con todos los demás altos intereses del pueblo». (Ramiro Ledesma; Frente al marxismo, 6-VI-1931)

«Pedimos y queremos la suplantación del régimen parlamentario, o, por lo menos, que sean limitadas las funciones del Parlamento por la decisión suprema de un Poder más alto». (Ramiro Ledesma; Nuestras afirmaciones, 1931)

«Necesitamos atmósfera revolucionaria para asegurar la unidad nacional, extirpando los localismos perturbadores. Para realizar el destino imperial y católico de nuestra raza. Para reducir a la impotencia a las organizaciones marxistas. Para imponer un sindicalismo económico que refrene el extravío burgués, someta a líneas de eficacia la producción nacional y asegure la justicia distributiva». (Ramiro Ledesma; Creación de las JONS, Nuestro frente: declaración ante la patria en ruinas, 3-X-1931)

«4.° Es un imperativo de nuestra época la superación radical, teórica y práctica del marxismo.

5.° Frente a la sociedad y al Estado comunista oponemos los valores jerárquicos, la idea nacional y la eficacia económica.

6.° Afirmación de los valores hispánicos.

7.° Difusión imperial de nuestra cultura». (Ramiro Ledesma; Nuestra dogmática, 1933)

«Sentido Nacional. Sentido del Estado.—Incorporamos a la política de España un propósito firme de vincular a la existencia del Estado los valores de Unidad de Imperio de la Patria. No puede olvidar español alguno que aquí, en la Península, nació la concepción moderna del Estado. Fuimos, con Isabel y Fernando, la primera nación del mundo que ligó e identificó el Estado con el ser mismo nacional, uniendo sus destinos de un modo indisoluble y permanente».  (Ramiro Ledesma; Sentido nacional, Junio de 1933)

«España es, ante todo, una unidad de destino. (...) España, que existe como realidad distinta y superior, ha de tener sus fines propios. Son esos fines: 1° La permanencia en su unidad. 2° El resurgimiento de su vitalidad interna. 3° La participación, con voz preeminente, en las empresas espirituales del mundo».  (Falange Española; Puntos iniciales, 7 de diciembre de 1933)

«Aspecto preeminente de lo espiritual es lo religioso. Ningún hombre puede dejar de formularse las eternas preguntas sobre la vida y la muerte, sobre la creación y el más allá. A esas preguntas no se puede contestar con evasivas: hay que contestar con la afirmación o con la negación. España contestó siempre con la afirmación católica. La interpretación católica de la vida es, en primer lugar, la verdadera, pero es además, históricamente, la española. Por su sentido de catolicidad, de universalidad, ganó España al mar y a la barbarie continentes desconocidos. Los ganó para incorporar a quienes los habitaban a una empresa universal de salvación. (...) Falange Española considera al hombre como conjunto de un cuerpo y un alma; es decir, como capaz de un destino eterno; como portador de valores eternos».  (Falange Española; Puntos iniciales, 7 de diciembre de 1933)

«La lucha de clases ignora la unidad de la Patria porque rompe la idea de la producción nacional como conjunto. (...) Para nadie la libertad de perturbar, de envenenar, de azuzar las pasiones, de socavar los cimientos de toda duradera organización política. Estos fundamentos son: la autoridad, la jerarquía y el orden».  (Falange Española; Puntos iniciales, 7 de diciembre de 1933)

«Nosotros queremos que el Estado sea siempre instrumento al servicio de un destino histórico, al servicio de una misión histórica de unidad: encontramos que el Estado se porta bien si cree en ese total destino histórico, si considera al pueblo como una integridad de aspiraciones, y por eso nosotros no somos partidarios ni  de la dictadura de izquierdas ni de la de derechas, ni siquiera de las derechas y las izquierdas, porque entendemos que un pueblo es eso: una integridad de destino, de esfuerzo, de sacrificio y de lucha, que ha de mirarse entera y que entera avanza en la Historia y entera ha de servirse».  (José Antonio Primo de Rivera; Sobre el concepto del Estado; Discurso pronunciado en el Parlamento, 19 de diciembre de 1933)

«La formación de un nuevo Estado gremial, sindical, corporativo, conciliador de la Producción y del Trabajo y con seriedad bastante en su estructuración y en sus masas para contener el avance de las propagandas y de los procedimientos disolventes que, a nuestro juicio, representa el marxismo en todas sus formas, según se está comprobando, desgraciadamente, en España».  (José Antonio Primo de Rivera; Una nota de «El fascio», 19 de diciembre de 1933)

«Mientras en Roma se firma el Tratado de Letrán, aquí tachamos de anticatólico al fascismo. Al fascismo que en Italia, después de noventa años de masonería liberal, ha restablecido en las escuelas el crucifijo y la enseñanza religiosa. Comprendo la inquietud en países protestantes donde pudiera haber pugna entre la tradición religiosa nacional y el fervor católico de una minoría. Pero en España ¿a qué puede conducir la exaltación de lo genuino nacional sino a encontrar las constantes católicas de nuestra misión en el mundo?». (José Antonio Primo de Rivera; «La violencia y la justicia». Carta a Julián Pemartín, 1933)

«El movimiento de hoy, que no es de partido, sino que es un movimiento, casi podríamos decir un antipartido, sépase desde ahora, no es de derechas ni de izquierdas. Porque en el fondo, la derecha es la aspiración a mantener una organización económica, aunque sea injusta, y la izquierda es, en el fondo, el deseo de subvertir una organización económica, aunque al subvertiría se arrastren muchas cosas buenas. Luego, esto se decora en unos y otros con una serie de consideraciones espirituales. Sepan todos los que nos escuchan de buena fe que estas consideraciones espirituales caben todas en nuestro movimiento; pero que nuestro movimiento por nada atará sus destinos al interés de grupo o al interés de clase que anida bajo la división superficial de derechas e izquierdas». (José Antonio Primo de Rivera; Discurso pronunciado en el Teatro de la Comedia de Madrid, el día 29 de octubre de 1933)

«La Patria es una unidad total, en que se integran todos los individuos y todas las clases; la Patria no puede estar en manos de la clase más fuerte ni del partido mejor organizado. La Patria es una síntesis trascendente, una síntesis indivisible, con fines propios que cumplir; y nosotros lo que queremos es que el movimiento de este día, y el Estado que cree, sea el instrumento eficaz, autoritario, al servicio de una unidad indiscutible, de esa unidad permanente, de esa unidad irrevocable que se llama Patria». (José Antonio Primo de Rivera; Discurso pronunciado en el Teatro de la Comedia de Madrid, el día 29 de octubre de 1933)

«Falange Española no puede considerar la vida como un mero juego de factores económicos. No acepta la interpretación materialista de la historia. Lo espiritual ha sido y es el resorte decisivo en la vida de los hombres y de los pueblos. Aspecto preeminente de lo espiritual es lo religioso. Ningún hombre puede dejar de formularse las eternas preguntas sobre la vida y la muerte, sobre la creación y el más allá. A esas preguntas no se puede contestar con evasivas; hay que contestar con la afirmación o con la negación. España contestó siempre con la afirmación católica. La interpretación católica de la vida es, en primer lugar, la verdadera; pero es además, históricamente, la española. Por su sentido de catolicidad, de universalidad, ganó España al mar y a la barbarie continentes desconocidos. Los ganó para incorporar a quienes los habitaban a una empresa universal de salvación. Así, pues, toda reconstrucción de España ha de tener un sentido católico». (José Antonio Primo de Rivera; Falange Española número 1, noviembre, 1933)

«El Nacional-Sindicalismo se inspira, pues, en varias certidumbres. Su táctica no es la lucha inmediata contra el Estado. En nuestro tiempo una lucha así, para no recaer en candores infantiles, requiere unas cuantas victorias previas. Por ejemplo: la conquista de la calle, constituir de hecho la esperanza y la protección del pueblo. El sentido combativo del Nacional-Sindicalismo, lo que tiene o pueda tener de ofensiva contra algo, reconoce un único y exclusivo blanco: las organizaciones marxistas. Nada más. Pero es evidente y claro como el sol que el marxismo es invulnerable a todas las arremetidas, menos a una: la violencia fría y sistemática que sobre él se ejerza. Violencia legítima, porque el marxismo es asimismo violencia sobre y contra la sociedad nacional.

El marxismo es, pues, el enemigo. La burguesía liberalparlamentaria es a su lado una ficción. El papel y la responsabilidad de ésta es, si acaso, servir al marxismo un éxito fácil. Facilitar la victoria marxista.


Pero el nacionalsindicalismo no tiene sólo finalidades destructoras. Responde a una necesidad social y política, y su primer bagaje es, por tanto, constructivo. Le alimenta la gran ambición de articular una nueva sociedad nacional y de hacer posible en ella y por ella el resurgimiento de la Patria española. Al extirpar el marxismo se extirpa la lucha de clases; esto es, la insolidaridad nacional, y se abre paso a la convivencia a que nos obliga sobre todas las cosas nuestro carácter de españoles». (Ramiro Ledesma; El Nacional-Sindicalismo, 13 de enero de 1933)

«Ninguna revolución produce resultados estables si no alumbra a su César. Sólo él es capaz de adivinar el curso soterrado bajo el clamor efímero de la masa.

El jefe no obedece al pueblo: debe servirlo pues es otra cosa bien distinta; servirlo es ordenar el ejercicio del mando hacia el bien del pueblo, procurando el bien del pueblo regido, aunque el mismo pueblo desconozca cuál es su bien.

Los jefes pueden equivocarse porque son humanos; por la misma razón pueden equivocarse los llamados a obedecer cuando juzgan que los jefes se equivocan. Con la diferencia de que, en este caso, al error personal, tan posible como en el jefe y mucho más probable, se añade el desorden que representa la negativa o la resistencia a obedecer.

Ya es hora de acabar con la idolatría electoral. Las muchedumbres son falibles como los individuos, y generalmente yerran más. La verdad es la verdad aunque tenga cien votos–. Lo que hace falta es buscar con ahínco la verdad, creer en ella e imponerla, contra los menos o contra los más»(Arriba, diario de la Falange Española de las JONS, 4 de julio de 1935)

«Necesitamos dos cosas: una nación y una justicia social. No tendremos nación mientras cada uno de nosotros se considere portador de un interés distinto: de un interés de grupo o de bandería. No tendremos justicia social mientras cada una de las clases, en régimen de lucha, quiera imponer a las otras su dominación, Por eso, ni el liberalismo ni el socialismo son capaces de depararnos las dos cosas que nos hacen falta»(José Antonio Primo de Rivera«Luz nueva en España»Artículo no publicado y destinado a Patria Sindicalista, de Zaragoza, 1934)

«Queráis o no queráis, militares de España, en unos años en que el ejército guarda las únicas esencias y los únicos usos íntegramente reveladores de una permanencia histórica, al ejército le va a corresponder, una vez más, la tarea de reemplazar al Estado inexistente». (José Antonio Primo de Rivera; «Carta a un militar español», 1934)«No hay más que dos maneras serias de vivir: la manera religiosa y la manera militar o, si queréis, una sola, porque no hay religión que no sea una milicia ni milicia que no esté caldeada por un sentimiento religioso; y es la hora ya de que comprendamos que con ese sentido religioso y militar de la vida tiene que restaurarse España». (José Antonio Primo de Rivera; parlamento. «Doctrina de la revolución española», 1934)«Nuestro Estado será un instrumento totalitario al servicio de la integridad patria. Todos los españoles participarán en él a través de su función familiar, municipal y sindical. Nadie participará a través de los partidos políticos. Se abolirá implacablemente el sistema de los partidos políticos con todas sus consecuencias: sufragio inorgánico, representación por bandos en lucha y parlamento del tipo conocido». (José Antonio Primo de Rivera; Norma programatica de Falange, 1934)

«El Estado nacionalsindicalista permitirá toda iniciativa privada compatible con el interés colectivo, y aun protegerá y estimulará las beneficiosas»(José Antonio Primo de Rivera; Norma programática de Falange, 1934)

«Nuestro régimen hará radicalmente imposible la lucha de clases, por cuanto todos los que cooperan a la producción constituyen en él una totalidad orgánica»(José Antonio Primo de Rivera; Norma programática de Falange, 1934)

«Tenemos voluntad de imperio. Afirmamos que la plenitud histórica de España es el imperio. Reclamamos para España un puesto preeminente en Europa. No soportamos ni el aislamiento internacional ni la mediatización extranjera. Respecto de los países de Hispanoamérica, tendemos a la unificación de cultura, de intereses económicos y de poder. España alega su condición de eje espiritual del mundo hispánico como título de preeminencia en las empresas universales». (José Antonio Primo de Rivera; Norma programática de Falange, 1934)

«Tampoco somos feministas. No entendemos que la manera de respetar a la mujer consista en sustraerla a su magnífico destino y entregarla a funciones varoniles. A mí siempre me ha dado tristeza ver a la mujer en ejercicios de hombre, toda afanada y desquiciada en una rivalidad donde lleva –entre la morbosa complacencia de los competidores masculinos- todas las de perder. El verdadero feminismo no debiera consistir en querer para las mujeres las funciones que hoy se estiman superiores, sino en rodear cada vez de mayor dignidad humana y social a las funciones femeninas. (...)


Los movimientos espirituales, del individuo o de la multitud, responden siempre a una de estas dos palabras: el egoísmo y la abnegación. El egoísmo busca el logro directo de las satisfacciones sensuales; la abnegación renuncia a las satisfacciones sensuales en homenaje a un orden superior. Pues bien: si hubiera que asignar a los sexos una primacía en la sujeción de esas dos palancas, es evidente que la del egoísmo correspondería al hombre y la de la abnegación a la mujer. El hombre –siento muchachos contribuir con esta confesión a rebajar un poco el pedestal donde acaso lo teníais puesto- es torrencialmente egoísta; en cambio la mujer, casi siempre, acepta una vida de sumisión, de servicio, de ofrenda abnegada a una tarea».  (José Antonio Primo de Rivera; Discurso en Don Benito, 28 de abril de 1935)

«Hay naciones que han encontrado dictadores geniales, que han servido para sustituir al Estado; pero esto es inimitable y en España, hoy por hoy, tendremos que esperar a que surja ese genio».  (José Antonio Primo de Rivera; «España y la barbarie». Conferencia en el teatro Calderón, de Valladolid, 1935)

«La monarquía española había sido el instrumento histórico de ejecución de uno de los más grandes sentidos universales. Había fundado y sostenido un imperio, y lo había fundado y sostenido, cabalmente, por lo que constituía su fundamental virtud; por representar la unidad de mando. Sin la unidad de mando no se va a parte alguna. Pero la monarquía dejó de ser unidad de mando hacía bastante tiempo: en Felipe III, el rey ya no mandaba; el rey seguía siendo el signo aparente, mas el ejercicio del poder decayó en manos de validos, en manos de ministros: de Lerma, de Olivares, de Aranda, de Godoy». (José Antonio Primo de RiveraDiscurso sobre la Revolución Española. Cine Madrid, de Madrid, 1935)

«Por eso nuestro régimen será. (...) Implacablemente anticapitalista, implacablemente anticomunista». (José Antonio Primo de Rivera; Discurso sobre la Revolución Española. Cine Madrid, de Madrid, 1935)

«Tenemos una fe resuelta en que están vivas todas las fuentes genuinas de España. España ha venido a menos por una triple división: por la división engendrada por los separatismos locales, por la división engendrada entre los partidos y por la división engendrada por la lucha de clases. Cuando España encuentre una empresa colectiva que supere todas esas diferencias, España volverá a ser grande, como en sus mejores tiempos».  (José Antonio Primo de Rivera; Entrevista al noticiario Paramount, 1935)

«El fascismo es la forma política y social mediante la que la pequeña propiedad, las clases medias y los proletarios más generosos y humanos luchan contra el gran capitalismo en su grado último de evolución: el capitalismo financiero y monopolista. Esa lucha no supone retroceso ni oposición a los avances técnicos, que son la base de la economía moderna; es decir, no supone la atomización de la economía frente al progreso técnico de los monopolios, como pudiera creerse. Pues el fascismo supera a la vez esa defensa de las economías privadas más modestas, con el descubrimiento de una categoría económica superior: la economía nacional, que no es la suma de todas las economías privadas, ni siquiera su resultante, sino, sencillamente, la economía entera organizada con vistas a que la nación misma, el Estado nacional, realice y cumpla sus fines».  (Ramiro Ledesma; El fascismo, como hecho o fenómeno mundial, noviembre de 1935)

«España es una unidad de destino en lo universal. El servicio a la unidad, grandeza y libertad de la Patria es deber sagrado y tarea colectiva de todos los españoles»(Ley de Principios del Movimiento Nacional, 17 de mayo de 1958)

«La Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación»(Ley de Principios del Movimiento Nacional, 17 de mayo de 1958)

«España, raíz de una gran familia de pueblos, con los que se siente indisolublemente hermanada. Aspira a la instauración de la justicia y de la paz entre las naciones»(Ley de Principios del Movimiento Nacional, 17 de mayo de 1958)

«Las entidades naturales de la vida social, familia, municipio y sindicato, son estructuras básicas de la comunidad nacional. Las instituciones y corporaciones de otro carácter que satisfagan, exigencias sociales de interés general deberán ser amparadas para que puedan participar eficazmente en el perfeccionamiento de los fines de la comunidad nacional. (...) La participación del pueblo en las tareas legislativas y en las demás funciones de interés general se llevará a cabo a través de la familia, el municipio, el sindicato y demás entidades con representación orgánica que a este fin reconozcan las leyes. Toda organización política de cualquier índole al margen de este sistema representativo será considerada ilegal»(Ley de Principios del Movimiento Nacional, 17 de mayo de 1958)

«Se reconoce al trabajo corno origen de jerarquía, deber y honor de los españoles, y a la propiedad privada, en todas sus formas, como derecho condicionado a su función social. La iniciativa privada, fundamento de la actividad económica, deberá ser estimulada, encauzada y, en su caso, suplida por la acción del Estado»(Ley de Principios del Movimiento Nacional, 17 de mayo de 1958)


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