«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 31 de julio de 2016

El valor de las «libertades democráticas» en un Estado burgués y el modo de aprovecharlas; Enver Hoxha, 1966


«La burguesía y, junto a ella, los revisionistas modernos, hablan y hacen cálculos sobre las llamadas «libertades democráticas». En efecto, en cada Estado burgués denominado democrático, existen algunas «libertades democráticas» relativas. Decimos relativas, porque no rebasan jamás el límite de la concepción burguesa de la «libertad» y de la «democracia», porque llegan precisamente hasta el punto de no perjudicar los intereses vitales de la burguesía en el poder.

Naturalmente, la clase obrera y los hombres progresistas aprovechan estas condiciones para organizarse, para difundir sus concepciones y su ideología, y preparar el derrocamiento de las clases explotadoras y la toma del poder.

Después de la Segunda Guerra Mundial, en muchos países capitalistas de Europa, como resultado de la victoria sobre el fascismo y del papel desempeñado por los partidos comunistas en la lucha antifascista, estos partidos llegaron incluso a participar en el gobierno –por ejemplo en Francia, en Italia, en Finlandia, etc.–, y hasta tener un gran número de diputados en el parlamento, importantes cargos en el aparato del Estado, e inclusive en el ejército, etc.

Asimismo, en diferentes períodos durante estos últimos 15 años, se crearon condiciones favorables para el partido de la clase obrera y las fuerzas progresistas en algunos países del Medio Oriente, como Irán e Irak, y de América Latina, como Guatemala, Brasil, Ecuador, Venezuela y otros. En Indonesia se creó una situación bastante favorable. El Partido Comunista de Indonesia creció con rapidez, formaba parte del gobierno y ejercía una gran influencia en la política interior y exterior del país, etc.

Pero, también en las condiciones de las «libertades democráticas», se desarrolla una aguda lucha de clases, una lucha a vida o muerte, entre la revolución y la reacción, entre el proletariado y la burguesía. Si el proletariado y su partido se esfuerzan por consolidar sus posiciones, por su parte, la reacción y la burguesía no duermen. Por el contrario, valiéndose del aparato estatal burgués, de la policía y las fuerzas armadas, practicando la corrupción y la subversión, alimentando el oportunismo y las ilusiones reformistas y pacifistas en el seno de la clase obrera, etc., se preparan seriamente para consolidar sus posiciones y desbaratar a las fuerzas revolucionarias.

El desarrollo de los acontecimientos tras la Segunda Guerra Mundial muestra que, en el marco de las «libertades democráticas», la burguesía ha actuado enérgicamente y en diferentes formas para liquidar el movimiento revolucionario de la clase obrera.

Después que la burguesía y la reacción lograron consolidar sus posiciones, expulsaron a los comunistas del gobierno, de los puestos importantes en el aparato del Estado y del ejército, como sucedió en Italia, Francia y Finlandia. En Inglaterra, Austria y otros países, ni siquiera se toleró la presencia de los comunistas en el parlamento, mientras que en Grecia fueron encarcelados y combatidos por la fuerza de las armas.

Cuando la burguesía y la reacción constatan que su poder está amenazado por la fuerza y el prestigio crecientes del partido comunista y del movimiento revolucionario de las masas, juegan su última carta: ponen en acción a las fuerzas armadas, organizan pogromos para aplastar y liquidar al movimiento revolucionario y a los partidos comunistas, como sucedió en Irán e Irak, y, recientemente, con los trágicos acontecimientos de Indonesia. En tales casos la reacción y la burguesía de un país dado han aprovechado directamente también la ayuda de la reacción mundial, incluso el apoyo de sus fuerzas armadas como ha ocurrido en la República Dominicana y otros lugares.

¿Qué conclusiones se pueden sacar de esta experiencia histórica?

Primero, que las llamadas «libertad burguesa» y «libertad democrática» en los países capitalistas no son como para permitir a los partidos comunistas y a los grupos revolucionarios alcanzar sus objetivos. De ningún modo. La burguesía y la reacción toleran la actividad de los revolucionarios mientras no constituya un peligro para el poder de clase de la burguesía. Cuando este poder está en peligro, o cuando la reacción encuentra el momento propicio, sofoca las libertades democráticas, recurre a todos los medios, sin ningún escrúpulo moral ni político, para destruir a las fuerzas revolucionarias. En todos los países en que se ha permitido a los partidos comunistas militar abiertamente, la burguesía y la reacción aprovechan esa situación para conocer toda la actividad, las personas, los métodos de trabajo y de lucha de los partidos marxista-leninistas y de los revolucionarlos, Por eso, los comunistas y sus partidos auténticamente marxistas-leninistas cometerían un error fatal si tuvieran confianza en las «libertades» burguesas que les proporciona la coyuntura, si lo hicieran todo abiertamente y no guardaran el secreto de su organización y de sus planes. Los comunistas deben aprovechar las condiciones del trabajo legal, incluso para desarrollar un amplio trabajo propagandístico y organizativo, pero, al mismo tiempo, deben estar preparados para el trabajo clandestino.

Segundo, las ilusiones oportunistas sobre la «vía pacífica» para la toma del poder son un bluf y representan un gran peligro para el movimiento revolucionario. En apariencia, el Partido Comunista de Indonesia parecía tener el terreno más favorable para alcanzar su objetivo siguiendo esta vía. No obstante, los comunistas indonesios habían declarado más de una vez que no se forjaban ilusiones sobre la «vía pacífica». En su saludo al congreso del Partido Comunista de Nueva Zelanda, la delegación del Comité Central del Partido Comunista de Indonesia confirmaba que:

«Los acontecimientos de Indonesia han demostrado una vez más que no existe ninguna clase dominante, ni fuerza reaccionaria que permita a las fuerzas revolucionarias conquistar la victoria por la «vía pacífica». (Partido Comunista de Indonesia; Saludo del Partido Comunista de Indonesia al XXIº Congreso del Partido Comunista de Nueva Zelanda, 1966)

Los comunistas extraen de los trágicos acontecimientos de Indonesia la enseñanza de que no es suficiente desechar las ilusiones oportunistas sobre la «vía pacífica» y reconocer que la única vía para la toma del poder es la vía revolucionaria de la lucha armada. El partido del proletariado, los marxistas-leninistas y todo revolucionario deben tomar medidas efectivas para preparar la revolución, comenzando por la educación de los comunistas y de las masas en el espíritu militante revolucionario y llegando hasta su preparación concreta para hacer frente a la violencia contrarrevolucionaria de la reacción con la lucha armada revolucionaria de las masas populares.

Tercero, independientemente de las condiciones y de las posiciones favorables que puede disfrutar en un determinado momento, el partido de la clase obrera no debe relajar un solo instante la vigilancia revolucionaria, sobrestimar sus fuerzas y las de sus aliados y subestimar la fuerza del adversario, de la burguesía y la reacción. El Partido Comunista de Indonesia gozaba de una gran influencia en el país, pero parece que sobrestimó en particular la fuerza política de Sukarno y del sector de la burguesía que le apoyaba, y tuvo demasiada confianza en esta fuerza. Al mismo tiempo, parece que subestimó la fuerza de la reacción, en particular de la reacción en el ejército, Al parecer los camaradas indonesios pensaban que el que tenía a Sukarno de su parte, tenía la llave de Indonesia, sin analizar debidamente en qué consistía la fuerza de Sukarno y hasta qué punto esta fuerza era real, particularmente entre el pueblo. Los recientes acontecimientos de Indonesia demostraron claramente que el prestigio y la autoridad de Sukarno no se apoyaba en una base social, económica y política sólida. Los generales reaccionarios lograron neutralizar a Sukarno, e incluso, mientras les convenía, le explotaron para sus fines contrarrevolucionarios.

Cuarto, el partido marxista-leninista y todos los auténticos revolucionarios deben seguir consecuente y resueltamente una línea revolucionaria y luchar audazmente contra el oportunismo y su más sórdida manifestación, el revisionismo moderno, tanto el jruschovista como el titoista. Los oportunistas y los revisionistas modernos han hecho de la lucha por las «libertades» burguesas su bandera y han renunciado a la revolución, preconizan la «vía pacífica» como la única vía para la toma del poder. Precisamente la línea oportunista y revisionista, la influencia de los revisionistas jruschovistas, etc., han transformado a numerosos partidos comunistas, que en el pasado constituían una gran fuerza revolucionaria, en partidos de las reformas sociales, en apéndices y furgones de cola de la burguesía reaccionaria. Esto sucedió con los partidos comunistas de Italia, de Francia, de Finlandia, de Inglaterra, de Austria y otros. La aplicación de la línea oportunista del XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética de los jruschovistas condujo a la catástrofe y a la liquidación al Partido Comunista de Irak, al antiguo Partido Comunista del Brasil, al Partido Comunista de Argelia, etc. El Partido Comunista de Indonesia se opone al revisionismo moderno. Los últimos acontecimientos de Indonesia y el papel de zapa que los revisionistas jruschovistas jugaron allí, demuestran que un verdadero partido revolucionario, fiel al marxismo-leninismo, decidido a llevar audazmente adelante la revolución, debe mantener una actitud bien definida frente al oportunismo, al revisionismo jruschovista y titoista. No basta solidarizarse con la lucha de los marxistas-leninistas contra el revisionismo, es preciso también que el partido luche de manera intransigente y abierta contra la traición revisionista, porque únicamente así pueden los comunistas educarse en un espíritu revolucionario y puede ser preservado el partido de todo peligro de revisionismo. Sin combatir resuelta y consecuentemente contra el oportunismo y el revisionismo jruschovista, no se puede combatir al imperialismo, no se puede combatir a la reacción, no se puede impulsar la causa de la revolución y el socialismo». (Enver HoxhaEl golpe fascista en Indonesia y las enseñanzas que extraen de el los comunistas, 11 de mayo de 1966)

sábado, 30 de julio de 2016

La dictadura del proletariado; Stalin, 1924


«Analizaré tres cuestiones fundamentales de este tema: 1) la dictadura del proletariado como instrumento de la revolución proletaria; 2) la dictadura del proletariado como dominación del proletariado sobre la burguesía; 3) el poder soviético como forma estatal de la dictadura del proletariado.

La dictadura del proletariado como instrumento de la revolución proletaria

La cuestión de la dictadura del proletariado es, ante todo, la cuestión del contenido fundamental de la revolución proletaria. La revolución proletaria, su movimiento, su amplitud, sus conquistas, sólo toman cuerpo a través de la dictadura del proletariado. La dictadura del proletariado es el instrumento de la revolución proletaria, un organismo suyo, su punto de apoyo más importante, llamado a la vida, primero, para aplastar la resistencia de los explotadores derribados y consolidar las conquistas logradas y, segundo, para llevar a término la revolución proletaria, para llevarla hasta el triunfo completo del socialismo. Vencer a la burguesía y derrocar su poder es cosa que la revolución podría hacer también sin la dictadura del proletariado. Pero aplastar la resistencia de la burguesía, sostener la victoria y seguir avanzando hasta el triunfo definitivo del socialismo, la revolución ya no puede si no crea, al llegar a una determinada fase de su desarrollo, un organismo especial, la dictadura del proletariado, que sea su principal apoyo.

Lenin afirmaba:

«La cuestión del poder es la fundamental en toda revolución». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Una de las cuestiones fundamentales de la revolución, 1917)

¿Quiere esto decir que todo queda limitado a la toma del poder, a la conquista del poder? No. La toma del poder no es más que el comienzo. La burguesía, derrocada en un país, sigue siendo todavía durante largo tiempo, por muchas razones, más fuerte que el proletariado que la ha derrocado. Por eso, todo consiste en mantenerse en el poder, en consolidarlo, en hacerlo invencible. ¿Qué se precisa para alcanzar este fin? Se precisa cumplir, por lo menos, las tres tareas principales que se le planteaban a la dictadura del proletariado «al día siguiente» de la victoria: a) vencer la resistencia de los terratenientes y capitalistas derrocados y expropiados por la revolución, aplastar todas y cada una de sus tentativas para restaurar el Poder del capital; b) organizar la edificación de modo que todos los trabajadores se agrupen en torno al proletariado y llevar a cabo esta labor con vistas a preparar la supresión, la destrucción de las clases; c) armar a la revolución, organizar el ejército de la revolución para luchar contra los enemigos exteriores, para luchar contra el imperialismo.

Para llevar a cabo, para cumplir estas tareas, es necesaria la dictadura del proletariado:

«El paso del capitalismo al comunismo lleva toda una época histórica. Mientras esta época histórica no finaliza, los explotadores siguen, inevitablemente abrigando esperanzas de restauración, esperanzas que se convierten en tentativas de restauración. Después de la primera derrota seria los explotadores derrocados, que no esperaban su derrocamiento, que no creían en el, que no aceptaban ni siquiera la idea de el, se lanzan con energía decuplicada, con pasión furiosa, con odio centuplicado, a la lucha por la restitución del «paraíso» que les ha sido arrebatado, por sus familias, que antes disfrutaban de una vida tan regalada y a quienes ahora la «canalla vil» condena a la ruina y a la miseria –o a un trabajo «vil»–. Y tras de los capitalistas explotadores se arrastra una vasta masa de pequeña burguesía, de la que decenios de experiencia histórica en todos los países nos dicen que titubea y vacila, que hoy sigue al proletariado y mañana se asusta de las dificultades de la revolución, se deja llevar del pánico ante la primera derrota o semiderrota de los obreros, se pone nerviosa, se agita, lloriquea, pasa de un campo a otro». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)

La burguesía tiene sus razones para hacer tentativas de restauración, porque después de su derrocamiento sigue siendo, durante mucho tiempo todavía, más fuerte que el proletariado que la derrocó:

«Si los explotadores son derrotados solamente en un país, y éste es, naturalmente, el caso típico, porque la revolución simultánea en varios países constituye una excepción rara, seguirán siendo, no obstante, más fuertes que los explotados». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)

¿En qué consiste la fuerza de la burguesía derrocada?

En primer lugar:

«En la fuerza del capital internacional, en la fuerza y la solidez de los vínculos internacionales de la burguesía». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

En segundo lugar, en que:

«Durante mucho tiempo después de la revolución, los explotadores siguen conservando, inevitablemente, muchas y enormes ventajas efectivas: les queda el dinero –no es posible suprimir el dinero de golpe– y algunos que otros bienes muebles, con frecuencia valiosos; les quedan las relaciones, los hábitos de organización y administración, el conocimiento de todos los «secretos» –costumbres, procedimientos, medios, posibilidades– de la administración; les quedan una instrucción más elevada y su intimidad con el alto personal técnico –que vive y piensa en burgués–; les queda –y esto es muy importante– una experiencia infinitamente superior en lo que respecta al arte militar, etc., etc». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)

En tercer lugar:

«En la fuerza de la costumbre, en la fuerza de la pequeña producción. Porque, desgraciadamente, queda todavía en el mundo mucha, muchísima pequeña producción, y la pequeña producción engendra capitalismo y burguesía constantemente, cada día, cada hora, espontáneamente y en masa». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

domingo, 24 de julio de 2016

A las personas no se las juzga solo por sus declaraciones sino principalmente por sus hechos


«¿Quién, excepto los burócratas incurables, puede fiarse sólo de documentos escritos? ¿Quién, excepto los ratones de biblioteca, no comprende que a los partidos y a los líderes hay que comprobarlos, ante todo, por sus hechos, y no sólo por sus palabras? La historia conoce a no pocos socialistas que suscribían complacidos cualquier resolución revolucionaria, con tal de zafarse de los críticos importunos. Pero esto no significa, ni mucho menos, que llevaran a la práctica estas resoluciones. La historia conoce, además, no pocos socialistas que exigían a voz en grito a los partidos obreros de otros países las acciones más revolucionarias que pueda haber. Pero esto no significa, ni mucho menos, que no cediesen en su partido o en su país ante sus oportunistas, ante su burguesía. ¿No nos enseñó por esto Lenin a comprobar los partidos revolucionarios, las tendencias, a los líderes, no por sus declaraciones y resoluciones, sino por sus hechos?». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Sobre algunas cuestiones de la historia del bolchevismo, 1931)

sábado, 23 de julio de 2016

El leninismo sobre el factor objetivo y el factor subjetivo de la revolución


«El imperialismo dijo Lenin, es la:

«Época en la que, de acuerdo con la conclusión general de los marxistas, las condiciones objetivas para la destrucción del capitalismo están maduras». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La marca rusa de Südekum, 1915)

De importancia crucial fue en estas circunstancias, el papel del factor subjetivo, que Lenin examinó a fondo. En su libro: «¿Qué hacer?» de 1902, y en muchos otros de sus escritos, explicó científicamente la necesidad y la importancia de la teoría y el partido de la clase obrera, señalando enfáticamente que sin  teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario, y que sólo un partido pertrechado de ella, puede desempeñar el papel de vanguardia. Lenin elaboró ​​el papel del factor subjetivo en la lucha vigorosa de los adversarios ideológicos del marxismo. Esto se veía en el desarrollo de la sociedad como un simple proceso de evolución espontánea que se desarrolló sin intervención externa. Ellos argumentaban que el socialismo se establecería de manera gradual y espontánea como consecuencia natural del desarrollo económico, sin lucha de clases, sin revolución socialista, sin la dictadura del proletariado, sin guía del partido marxista. Es mérito histórico de Lenin el haber desenmascarado y pulverizado el oportunismo de los traidores II Internacional. Lenin descubrió por primera vez en la historia en el pensamiento marxista las raíces ideológicas del oportunismo. Demostró que el oportunismo emerge cuando el economicismo y la espontaneidad se predican en el movimiento revolucionario de la clase obrera. Lenin también libró una lucha resuelta contra el subjetivismo y el voluntarismo de los pequeños burgueses y los ideólogos populistas, sindicalistas, trotskistas y oportunistas de «izquierda» oportunistas que negaban el papel y la importancia de las condiciones objetivas, y de hecho basaban todo en la voluntad y la conciencia de las personas. 

En las condiciones actuales, el factor objetivo y el factor subjetivo se plantea como una cuestión en la que existen grandes distorsiones en la teoría y la práctica que suman cuantiosos daños al movimiento revolucionario:

«Actualmente se han reanimado diversas teorías que predican la espontaneidad en el movimiento revolucionario, que menoscaban el papel del factor consciente, que niegan el papel de la teoría y del partido del proletariado». (Enver Hoxha; Informe en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1971) 

Los revisionistas modernos con los soviéticos a su cabeza, en base a sus predecesores los oportunistas de la II Internacional predican la teoría de las fuerzas productivas, el economicismo y el reformismo. Ellos tratan de demostrar que el socialismo crece en el capitalismo actual: que la clase obrera podría transitar al socialismo dentro del orden burgués, que podría a través de reformas, de forma pacífica, darse una evolución al socialismo, que la lucha por el socialismo podría dirigirla un partido no proletario, que el socialismo podría ser construido sobre la base de otra ideología «socialista» no marxista-leninista.

Otros ideólogos de la 
«nueva izquierda» en Latinoamérica y Europa van aún más lejos. Ellos argumentan que sería necesario traer la conciencia socialista en la clase obrera y las masas trabajadoras. Pensarían hacer esto en base a que el papel de vanguardia podría ser jugado por una «minoría activa» que aparecería como «fermento» de la revolución. Afirman que la conciencia y la organización surgen espontáneamente en la batalla. Rechazan la necesidad de un partido de vanguardia, su rol y los principios leninistas en los que se estructura». (Foto Çami; Los factores objetivos y subjetivos de la revolución, 1973)

El espontaneismo y su lucha contra la teoría marxista-leninista y su partido


«La predicación de la espontaneidad, como ideología oportunista en el movimiento obrero, hace su punta de lanza en luchar contra la necesidad de la teoría marxista-leninista y su partido. Los revisionistas modernos están extendiendo la ilusión de que en el capitalismo especialmente en los países desarrollados, la conciencia socialista florece por sí misma del movimiento espontáneo, que el impulso hacia el socialismo arriba espontáneamente del desarrollo de las fuerzas productivas y del cambio del equilibrio de fuerzas en el mundo en detrimento del imperialismo. Que en esas condiciones toda suerte de partidos y organizaciones, desde los partidos burgueses liberales a socialdemócratas, los frentes de liberación nacional o los sindicatos al servicio de la burguesía, pueden ser portadores de los ideales del socialismo y líderes de la transformación socialista de la sociedad. Este punto de vista de los adoradores de la espontaneidad en realidad también tiene algunos representantes de las fuerzas de «izquierda», ya que cualesquiera que sean sus intenciones subjetivas también tienen como objetivos la espontaneidad. Estos niegan la necesidad de la teoría de la conciencia científica, se levantan contra la tesis de Lenin de que sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario, niegan el papel de la vanguardia que está armada con la teoría revolucionaria del marxismo-leninismo, no creen que sea necesario dar programas políticos claros y una estrategia y táctica científica. Dado según ellos solamente importante que comience la revolución y llevarla a cabo. Que lo impulse un partido marxista-leninista u otra fuerza es indiferente para ellos, carece de importancia. Las revoluciones, dicen ellos, se llevaran a cabo por un partido revolucionario o sin él. Significa que no debería haber una ecuación matemática que implique que la vanguardia es el partido marxista-leninista, que la guerrilla puede ser el germen del partido, que el ejército popular constituye el núcleo del partido, y no al revés, etc. Sin embargo la vida muestra también la forma correcta de las conclusiones de Lenin que son, a saber que las predicas sobre la espontaneidad en el movimiento revolucionario, las raíces de derecha y del oportunismo de izquierda. El camarada Enver Hoxha señaló:

«Es ya algo históricamente probado que sin su partido la clase obrera, cualesquiera que sean las condiciones en las que viva y actúe, no se hace por sí misma consciente. Lo que convierte a la clase obrera de una «clase en sí» en una clase para sí es el partido. Naturalmente, la lucha, la acción, templan y ponen a prueba a la clase obrera, a las masas y a los revolucionarios, les enseñan muchas cosas. Pero si falta el partido político con un programa claro, con una estrategia y una táctica científica, la lucha se queda a medio camino o fracasa». (Enver Hoxha; Informe en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1971) 

A partir de las condiciones objetivas o de la propia lucha revolucionaria crea una cierta conciencia socialista revolucionaria. Es en este caso, pero a un nivel muy bajo, esta toma de conciencia es denominada por Lenin como conciencia tradeunionista. Pero la alta conciencia socialista no se forma por sí misma, de manera espontánea, sino sólo por la ciencia marxista-leninista. Esta ciencia es asimilada por la parte más avanzada de la clase que se organiza en el partido del proletariado, pasando a educar luego a toda la clase, estableciendo las metas y aspiraciones revolucionarias y mostrando claramente la forma correcta para lograr estos objetivos, dirigiéndolos en su lucha histórica. El partido es esencial, no sólo para que la conciencia socialista sea transmitida a la clase obrera y las masas trabajadoras y sus acciones estén coordinadas. Es el personal teórico, político, y práctico en todos los campos: en la política, en la ideología, en la economía y en lo militar. Negar el rol dirigente del partido, significa dejar la clase obrera desarmada frente a la burguesía y la reacción. La historia no conoce de ningún caso en que sin el partido comunista de la clase obrera, sin su rol de liderazgo y yendo en contra de los comunistas, la revolución proletaria haya triunfado y el socialismo se haya construido. Sucede que, cuando los partidos comunistas se han debilitado, son los partidos revisionistas y reformistas u otras fuerzas políticas las que se hacen con la dirección de la revolución. Pero ha de saberse, que las revoluciones democráticas o de liberación nacional, sólo se pueden transformar en revoluciones proletarias socialistas cuando es la clase obrera y su partido marxista-leninista las que las dirigen». (Foto Çami; Los factores objetivos y subjetivos de la revolución, 1973)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

[1] La crítica de Enver Hoxha a los ideólogos, organizaciones, partidos y movimientos de tipo espontaneista en el VIº Congreso del VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania de 1971 a la que hace referencia Foto Cami puede verse AQUÍ.

viernes, 22 de julio de 2016

La lucha de Lenin y los bolcheviques contra las vacilaciones mencheviques de Rosa Luxemburgo


«2) Slutski reprocha a Lenin y a los bolcheviques que no apoyaran decidida e irrevocablemente a los izquierdistas en la socialdemocracia alemana, que sólo los apoyaran con serias reservas, que consideraciones de fracción les impidieran apoyar consecuentemente a los izquierdistas. Vosotros queréis discutir contra este reproche propio de un charlatán y falso hasta la médula. Pero ¿qué hay realmente aquí que merezca ser discutido? ¿Acaso no está claro que Slutski maniobra y trata de encubrir, mediante un hipócrita reproche a Lenin y a los bolcheviques, las verdaderas fallas en la posición mantenida por los izquierdistas alemanes? ¿Acaso no está claro que, a menos de traicionar a la clase obrera y a su revolución, los bolcheviques no podían sostener, sin serias reservas, sin una seria crítica de sus errores, a los izquierdistas de Alemania, que vacilaban a cada paso entre el bolchevismo y el menchevismo? Las maniobras fraudulentas hay que condenarlas, y no ponerlas a discusión.

Sí, los bolcheviques apoyaron a los socialdemócratas de izquierda en Alemania con serias reservas, criticando sus errores semimencheviques. Y por esto se les debe felicitar, en vez de hacerles reproches.

¿Hay quien duda de ello?

Recordemos los hechos más conocidos de la historia.

a) En 1903 se advirtieron hondas discrepancias entre los bolcheviques y los mencheviques en Rusia acerca de la condición de miembro del Partido. Con su fórmula, que definía la condición de miembro del Partido, los bolcheviques querían crear, en materia de organización, un freno contra la afluencia de elementos no proletarios al Partido. El peligro de esta afluencia era entonces más que real, dado el carácter democrático-burgués de la revolución rusa. Los mencheviques rusos defendían la posición contraria, que abría de par en par las puertas del Partido a los elementos no proletarios. En vista de la importancia que los problemas de la revolución rusa tenían para el movimiento revolucionario mundial, los socialdemócratas del Occidente de Europa decidieron tomar cartas en el asunto. También lo hicieron los socialdemócratas de izquierda de Alemania, Parvus y Rosa Luxemburgo, entonces líderes de los izquierdistas. ¿Y qué ocurrió? Ambos se pronunciaron en favor de los mencheviques y contra los bolcheviques. Se acusó a los bolcheviques de ultracentralismo y de tendencias blanquistas. Más tarde, estos chabacanos y filisteos epítetos fueron adoptados por los mencheviques y difundidos por el mundo entero.

b) En 1905 se desarrollaron las discrepancias entre bolcheviques y mencheviques en Rusia sobre el carácter de la revolución rusa. Los bolcheviques defendían la idea de la alianza de la clase obrera con los campesinos bajo la hegemonía del proletariado. Los bolcheviques afirmaban que se debía ir hacia la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y de los campesinos, con el fin de pasar inmediatamente de la revolución democrático-burguesa a la revolución socialista, asegurándose el apoyo de los campesinos pobres. Los mencheviques en Rusia rechazaban la idea de la hegemonía del proletariado en la revolución democrático-burguesa. A la política de alianza de la clase obrera con los campesinos, preferían la política de componendas con la burguesía-liberal, y tildaron a la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y de los campesinos de esquema reaccionario blanquista, en pugna con el desarrollo de la revolución burguesa. ¿Qué actitud adoptaron respecto a estas discusiones los izquierdistas de la socialdemocracia alemana, Parvus y Rosa Luxemburgo? Inventaron un esquema utópico y semimenchevique de revolución permanente imagen deformada del esquema marxista de la revolución penetrado hasta la médula por la negación menchevique de la alianza entre la clase obrera y los campesinos, y lo contrapusieron al esquema bolchevique de la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y de los campesinos. Más tarde, este esquema semimenchevique de la revolución permanente fue adoptado por Trotski y en parte por Mártov y convertido en arma de lucha contra el leninismo.

c) En el período de anteguerra, en los partidos de la II Internacional salió a la palestra, como uno de los problemas más actuales, la cuestión nacional y colonial, de las naciones oprimidas y de las colonias, de la liberación de las naciones oprimidas y de las colonias, la cuestión de los medios para luchar contra el imperialismo, de los medios para derrocar el imperialismo. A fin de desarrollar la revolución proletaria y de cercar al imperialismo, los bolcheviques propusieron una política de apoyo al movimiento de liberación de las naciones oprimidas y de las colonias, sobre la base de la autodeterminación de las naciones, y elaboraron el esquema de frente único entre la revolución proletaria de los países avanzados y el movimiento revolucionario de liberación de los pueblos de las colonias y de los países oprimidos. Los oportunistas de todos los países, los social-chovinistas y social-imperialistas de todos los países arremetieron en el acto contra los bolcheviques. Los bolcheviques eran perseguidos como perros rabiosos. ¿Qué actitud adoptaron entonces los socialdemócratas de izquierda en el Occidente? Desarrollaron una teoría semimenchevique acerca del imperialismo, rechazaron el principio de la autodeterminación de las naciones en su concepción marxista hasta la separación y formación de Estados independientes, descartaron la tesis de la gran importancia revolucionaria del movimiento de liberación de las colonias y de los países oprimidos, rechazaron la tesis de la posibilidad de un frente único entre la revolución proletaria y el movimiento de liberación nacional y contrapusieron todo ese galimatías semimenchevique, que es una desestimación completa de la cuestión nacional y colonial, al esquema marxista de los bolcheviques. Es sabido que este galimatías semimenchevique fue recogido después por Trotski y utilizado como arma de lucha contra el leninismo.

Tales son los errores públicos y notorios de los socialdemócratas de izquierda de Alemania.

No hablo ya de otros errores de los izquierdistas alemanes, criticados en los correspondientes artículos de Lenin.

No hablo tampoco de los errores que cometieron al enjuiciar la política de los bolcheviques en el período de la Revolución de Octubre.

¿Qué denotan estos errores de los izquierdistas alemanes, tomados de la historia del período de anteguerra, sino que los socialdemócratas de izquierda, a pesar de su izquierdismo, no se habían liberado aún del bagaje menchevique?

Naturalmente, los izquierdistas en Alemania no tienen sólo en su haber serios errores. También tienen en su haber grandes y serios hechos revolucionarios. Me refiero a sus múltiples méritos y acciones revolucionarias en las cuestiones de política interior y, particularmente, de la lucha electoral, en las cuestiones de la lucha parlamentaria y extraparlamentaria, de la huelga general, de la guerra, de la revolución de 1905 en Rusia, etc. Precisamente por esto, los bolcheviques les tomaban en consideración como izquierdistas y les apoyaban, les empujaban hacia adelante. Pero esto no desmiente, ni puede desmentir que los socialdemócratas de izquierda de Alemania tenían, al mismo tiempo, la contrapartida de múltiples errores políticos y teóricos muy graves; que no se habían liberado aún del lastre menchevique y necesitaban, por lo tanto, la crítica más severa por parte de los bolcheviques.

Juzgad ahora vosotros mismos: ¿Podían Lenin y los bolcheviques apoyar a los socialdemócratas de izquierda del Occidente sin serias reservas, sin una crítica severa de sus errores, a menos de traicionar los intereses de la clase obrera, a menos de traicionar los intereses de la revolución, a menos de traicionar el comunismo?

¿Acaso no está claro que Slutski, al reprochar a Lenin y a los bolcheviques una cosa por la que debería aplaudirles si fuera un bolchevique, se descubre por completo como un semimenchevique, como un trotskista enmascarado?

Slutski hace la suposición de que Lenin y los bolcheviques, al enjuiciar a los izquierdistas del Occidente, se basaban en consideraciones de fracción, de que, en consecuencia, los bolcheviques rusos sacrificaban a los intereses de su fracción la gran causa de la revolución internacional. Huelga demostrar que no puede haber nada más vulgar e infame que esa suposición. No puede haber nada más vulgar, porque hasta los mencheviques rematadamente vulgares comienzan a comprender que la revolución rusa no es un asunto privado de los rusos, que, por el contrario, es la causa de la clase obrera del mundo entero, la causa de la revolución proletaria mundial. No puede haber nada más infame, porque hasta los calumniadores profesionales de la II Internacional comienzan a comprender que el internacionalismo consecuente y revolucionario hasta el fin, que practican los bolcheviques, es un modelo de internacionalismo proletario para los obreros de todos los países.

Sí, los bolcheviques rusos destacaban a primer plano las cuestiones cardinales de la revolución rusa, tales como las concernientes al Partido, a la actitud de los marxistas hacia la revolución democrático-burguesa, a la alianza entre la clase obrera y los campesinos, a la hegemonía del proletariado, a la lucha parlamentaria y extraparlamentaria, a la huelga general, a la transformación de la revolución democrático-burguesa en revolución socialista, a la dictadura del proletariado, al imperialismo, a la autodeterminación de las naciones, al movimiento de liberación de las naciones oprimidas y de las colonias, a la política de apoyo a este movimiento, etc. Planteaban estas cuestiones como piedra de toque en la cual contrastaban la firmeza revolucionaria de los socialdemócratas de izquierda del Occidente. ¿Tenían derecho a ello? Sí. No sólo lo tenían, sino que estaban obligados a obrar de esa forma. Estaban obligados a obrar de esa forma, ya que todas estas cuestiones eran, al mismo tiempo, cuestiones cardinales de la revolución mundial, a cuyas tareas subordinaban los bolcheviques su política, su táctica. Estaban obligados a obrar de esa forma, ya que sólo en estas cuestiones era posible comprobar verdaderamente el revolucionarismo de unos u otros grupos de la II Internacional». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Sobre algunas cuestiones de la historia del bolchevismo, 1931)

Anotación de Bitácora (M-L):

Entre las ideas y errores ideológicos de Rosa luxemburgo encontramos errores tanto derechistas como izquierdistas, entre ellos destacan:

1) La idea de que la sociedad capitalista sólo podría resolver el problema de la acumulación de capital sólo por la expansión en las economías precapitalistas, y que cuando se han absorbido estas áreas, el capitalismo se derrumbaría como un castillo de naipes.

2) La idea de que en la etapa imperialista del capitalismo, no pueden existir guerras de liberación nacional porque entre otras cosas sería ayudar y alentar a las burguesías nacionales y crear desconcierto entre las masas revolucionarias, yendo el contra del derecho de autodeterminación del leninismo.

3) La idea hilando con la anterior de que el derecho a la autodeterminación era contrarrevolucionario, criticando a los bolcheviques por ejercerlo.

4) La desconfianza en el campesinado, que como Trotsky, pensaba que más pronto que tarde terminaría oponiéndose al socialismo, pugnando entonces contra el proletariado intentando derrocar la dictadura del proletariado, negando la teoría leninista de la alianza obrero-campesina y volviendo a los esquemas de que la revolución sólo sería posible en países con alta concentración y número de proletarios.

5) La afirmación hilando con su antietapismo de que era un error por parte de los bolcheviques la incautación de la tierra a los terratenientes y su distribución inmediata a los campesinos pobres, ya que repartir las tierras entre el «contrarrevolucionario» campesinado, haría que éste defendiera su parcela de tierra recién adquirida, e intentaría agredir e incluso derrocar el poder proletario cuando los comunistas intentara llevar la colectivización, llegando a calificar a estos campesinos como un estrato social enemigo del socialismo mucho mayor y más peligroso que los antiguos terratenientes.

6) La idea de que la huelga de las masas de carácter espontáneo era la forma decisiva de la lucha revolucionaria de la clase obrera, que ello era lo determinante para el movimiento de masas.

7) La oposición el centralismo democrático leninista calificándolo de un engendro de burocratismo que degenera la estructura del partido, de método blanquista y ultracentralista, promoviendo en cambio el autonomismo de partido que Lenin tanto combatió.

8) La negación de la posibilidad de la construcción del socialismo en un sólo país que Lenin defendía, abogando por la tesis menchevique-trotskista de la revolución permanente sacado del socialdemócrata alemán Parvus, creyendo que la construcción en un sólo país y en especial en Rusia era imposible sin la ayuda de la revolución triunfante en los países desarrollados.

9) El pensamiento liberal sobre el derecho de la libertad de prensa y la libertad de expresión para todas las tendencias autodenominadas «marxistas» o «socialistas». Condenado la política bolchevique que negaba dicho derecho los grupos como los mencheviques, socialrevolucionarios, anarquistas, etc. que antes durante y después de la Guerra Civil Rusa 1917-1923 se posicionaron de lado de la burguesía –a veces con ayuda de las potencias del extranjero.

10) La creencia de que los bolcheviques no ejercían la dictadura del proletariado sino que se reducía a la «dictadura de los jefes», ignorando el principio leninista de que la dictadura del proletariado se ejerce con el partido de la clase obrera que concentra a los elementos más avanzados de esta clase y que gobierna a través de los soviets y no en detrimento de ellos. 

martes, 19 de julio de 2016

Una vez más sobre la incompatibilidad del socialismo con varios partidos políticos




«En sus ataques contra el Estado de la dictadura del proletariado, como el tipo de democracia más elevada, se ha concentrado sobre todo en el rol de liderazgo e indivisible del partido comunista. Los revisionistas ven la extinción de este rol y la implementación del sistema burgués de varios partidos en el socialismo como un condicionante para el desarrollo de la democracia, como su más alta expresión. Pero es sabido que el número de partidos nunca ha sido ni puede ser  el punto de referencia de si existe democracia. Ni la existencia de muchos partidos, ni la existencia de un solo partido, determina el carácter democrático de un orden social. Hay países capitalistas, burgueses y revisionistas donde existen muchos partidos, y existen otros países como estos donde solo existe un solo partido, y sin embargo el orden sigue siendo antidemocrático en su esencia. El camarada Enver Hoxha comenta que:

«Es superfluo pararse a probar que la participación el poder estatal de varios partidos burgueses, capitalistas, revisionistas y fascistas como sucede en países capitalistas como Estados Unidos y otros, no hace que sus sociedades reaccionarias se transformen en progresistas. Por el contrario, bajo el imperialismo, la democracia se torna a reacción. La sociedad que defiende el orden de explotación y que se apoya en este orden no es una sociedad progresista, ni democrática. Del mismo modo, cuando el poder del Estado está en manos de un solo partido, que no persigue una línea marxista-leninista, que no es el partido del proletariado, nunca podrá dar lugar a la construcción del socialismo. No importa que el partido se denomine así mismo «marxista» o «marxista-leninista». (Enver Hoxha; La democracia proletaria es la genuina democracia, 1978)

En el socialismo, en su período inicial, pueden existir varios partidos políticos. La existencia de estos partidos en este periodo está condicionada por las circunstancias históricas, en las cuales se producen en la transición al socialismo en cualquier país como el hecho de que en este periodo todavía existe la clases explotadoras, el campesinado individual y el estrato de la vieja intelectualidad, que persiguen sus intereses individuales. Debe señalarse que, incluso en estas condiciones el rol principal en el Estado y la sociedad sólo pertenece a un partido el partido comunista de la clase obrera. Sin embargo, si la existencia de estos diversos partidos en este período es inevitable, la sanción no puede justificarse en el último período del socialismo, donde se liquidan las clases explotadoras, la colectivización socialista de la agricultura se lleva a cabo, se forma la nueva intelectualidad, la comunidad de los intereses fundamentales entre la clase obrera y el campesinado cooperativista así como la intelectualidad popular es creada, siendo ya características de la nueva sociedad socialista. En estas condiciones no hay bases socio-económicas objetivas de la existencia de otros partidos políticos.

Acorde a los revisionistas italianos:

«Incluso después de la destrucción de la base económica de la sociedad y la liquidación de su división en clases antagónicas, diferentes intereses seguirán existiendo, tendencias y tradiciones ideológicas, políticas, culturales y religiosas aún conservaran su valor. Con esto se explica la posibilidad de la existencia y el funcionamiento de varios partidos y su reemplazamiento de unos a otros en el gobierno del Estado, incluso en las condiciones del socialista y la renegación democrática de la sociedad». (Problemas de la paz y el socialismo, No. 3, 1979)

¿Pero cuáles son estos intereses diferentes que seguirán existiendo incluso después de la liquidación de las clases antagónicas? Si con esto se está refiriendo a los intereses de las clases trabajadoras y sus extractos, se expresan y son defendidos por el Partido Comunista y por lo tanto no existe la necesidad de otros partidos. En estas condiciones, los otros partidos pueden expresar y defender sólo los intereses de las clases explotadoras derrocados o de los otros enemigos del socialismo, ya que se sabe que los partidos políticos son partido de clase, trabajan para lograr los objetivos de ciertas clases, dirigen su lucha por el poder. Pero, ¿qué tendencias y traiciones preservarán su valor en el socialismo? Si son las tendencias y tradiciones democráticas y progresistas, están muy bien expresadas y defendidas por el Partido Comunista. Entonces, ¿acaso debemos sancionar la ideología y tendencias políticas antimarxista y antisocialistas, las tradiciones culturales reaccionarias y burguesas, e incluso las tendencias y tradiciones del oscurantismo religioso? Esto es precisamente lo que los revisionistas modernos desearían, socavar y perturbar la verdadera sociedad socialista». (Foto Çami; Los problemas del socialismo en la luz de la teoría marxista-leninista y la experiencia histórica del Partido del Trabajo de Albania, 1980)

viernes, 15 de julio de 2016

La clase obrera soviética: despojada de los medios de producción; Veniamin Toçi y Kiço Kapetani, 1973

Este artículo de los autores albaneses Veniamin Toçi y Kiço Kapetani publicado en Albania Today, No 4 (11) de 1973, estaba dedicado a analizar la economía del revisionismo soviético, en especial la cuestión de los medios de producción y su propiedad. Analicemos unas cuestiones:

1) Como dijo Enver Hoxha, la conquista del poder político por elementos revisionistas –y eso incluye una moral y visión económica aburguesada del mundo– no podía tener otro fin que sus manifestaciones en reformas económicas y por ende y por extensión una nueva cultura:

«El cambio de carácter del partido y del Estado, la transformación contrarrevolucionaria en el terreno de la superestructura política e ideológica no podía dejar de conducir al cambio de la base económica del socialismo. Las reformas económicas que han emprendido los jruschovistas, de acuerdo con sus conceptos ideológicos antimarxistas, han conducido a la transformación radical de las relaciones de producción. Han introducido en la economía soviética un sistema de organización y de dirección en el que el objetivo de la producción es el lucro capitalista. El actual Estado soviético, como un capitalista colectivo, administra los medios de producción en nombre y en interés de la nueva burguesía soviética. La propiedad común socialista se ha transformado en un capitalismo de Estado de nuevo tipo». (Enver Hoxha; Informe en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1971)

2) Todas las grandes y pequeñas reformas económicas a partir de 1953 estaban encaminadas a restaurar las leyes de producción capitalistas: todas las «nuevas» teorías económicas estaban encaminadas a hacer pasar como marxista-leninistas las teorías que años antes se combatieron en el mundo comunista. Es decir, por ejemplo: las tesis de Voznesensky o Yaroshenko basadas la promoción de la «ley del valor» como rector en todas las esferas de producción y distribución; basar los planes en torno a los caprichos espontáneos del mercado; la «descentralización económica»; la «autonomía y rentabilidad de las empresas»; la «predominancia del estimulo material al estimulo moral»; la «venta de los medios de producción en las cooperativas»; negar el carácter objetivo de las leyes de la economía política para satisfacer objetivos políticos subjetivos; y un sinfín de tesis similares son las tesis que Jruschov y sucesores implementaron. Es decir las tesis que Stalin en su libro de 1952: «Problemas económicos del socialismo en la Unión Soviética» combate, ¡son las tesis que Jruschov y cia. introdujeron! La reforma de Kosygin de 1965 trajo nuevas teorías y prácticas o institucionalizó algunas que se habían venido practicando desde los años de Jruschov. De hecho el lenguaje puramente capitalista a la hora de tratar la economía los revisionistas soviéticos a partir de entonces sería el rasgo común en sus revistas, informes y demás.

3) Sobre la cuestión de los medios de producción en la URSS capitalista-revisionista y las relaciones de producción hay que decir lo siguiente:

«
La propiedad estatal en la Unión Soviética es una forma de propiedad privada capitalista con un alto nivel de concentración de la producción y del capital. La burguesía revisionista es el verdadero propietario de las empresas estatales y, con la ayuda del estado, que explota a la clase obrera y las masas de todos los trabajadores del país. A través de esta explotación fortalece sus posiciones económicas y, junto con esto, también, consolida su dominación política. (...) Los revisionistas soviéticos declarar que la propiedad del Estado en la Unión Soviética tiene un carácter social. Es comprensible que, en aras de la demagogia que no han abandonado la fraseología marxista-leninista. Pero esto no cambia el contenido de las cosas y fenómenos en lo más mínimo. Karl Marx hizo hincapié en que la cuestión no es quién es el propietario nominal de la empresa estatal, sino de quién se embolsa las ganancias de esta propiedad. ¿Cómo puede tal propiedad, que conserva grandes desigualdad en el campo de la distribución de los bienes materiales entre las diferentes clases y estratos de la sociedad, y que profundiza la desigualdad de este día a día, ser socialista? ¿Puede ser una propiedad socialista, cuando los miembros de la clase de la burguesía revisionista, los directores de las empresas, y otros, tienen el derecho de despedir a los trabajadores a su voluntad, cuando pueden determinar a su gusto la cantidad delos  salarios de los trabajadores y el importe de la ganancia que compartir por sí mismos, cuando tienen el derecho de vender los medios de producción, para desarrollar el juego libre de los precios y las relaciones capitalistas con las otras empresas monopolistas, y así sucesivamente? Es evidente que tal propiedad mantiene la etiqueta socialista sólo por el bien de la demagogia. (...) El carácter y el contenido de la propiedad dependen, en último término, de la naturaleza y del carácter del Estado. (...) Hablando sobre esta cuestión, Karl Marx subrayó que «siempre que las clases ricas siguen en el poder, cualquier nacionalización no representa la abolición de la explotación, sino sólo la alteración de su forma». (...) En el cómputo final, poco le importa a la clase obrera si la propiedad está en manos de los capitalistas individuales o en manos del capital unido en forma de monopolios estatales. En cualquiera de los casos la explotación está presente, ya se trate de la explotación capitalista individual o de una explotación capitalista colectiva». (Aristotel Pano y Kico Kapetani; El carácter capitalista de las relaciones de producción en la Unión Soviética, 1978)

4) Los fenómenos económicos en la Unión Soviética, eran los mismos que en cualquier otro país capitalista: para el momento de la invasión de Checoslovaquia en 1968, o la muerte de Brézhnev en 1982 –por poner unas fechas–, los fenómenos de la política interior y exterior como: la inflación, el desabastecimiento, la militarización de la economía, la deuda, descompensación entre regiones, descompensación entre sectores económicos, destrucción de las fuerzas productivas, desempleo, esquilmación neocolonial de otros países, constantes rectificaciones en el plan, mercado negro, enormes diferenciación salarial entre rangos, invasiones o promoción de golpes en terceros países, etc. eran fenómenos capitalistas implantados en el país que demuestran la restauración del capitalismo y su carácter imperialista. Para nosotros el informe de Enver Hoxha en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania de 1981 es una de las mejores radiografías que existen de los fenómenos capitalistas de la economía soviética en aquella época. 

5) Otro ejemplo de la restauración capitalista sería la manifestación de su política socialimperialista, las teorías de la «soberanía limitada», la «división internacional del trabajo», la «comunidad socialista», los «países de vía no capitalista de desarrollo y orientación socialista» y demás aberraciones antimarxistas no eran producto de una dirigencia inocente que errara en sus formulaciones, sino de unas ideas plasmadas muy conscientemente con el objetivo de servir a sus objetivos imperialistas. Pero ya que no es un tema que se toque en este artículo, lo dejaremos para otra ocasión. 

Debido a la posibilidad de que al lector le queden dudas o se confunda en algunos datos, hemos decidido introducir algunas aclaraciones en siglas o fechas en el artículo sin alterar el contenido del mismo.

El documento:


«Como consecuencia de la gran traición de la camarilla revisionista jruschovista y como consecuencia de la negación y franco abandono de la teoría y la práctica de la revolución y la construcción socialistas por parte de esta camarilla, la Unión Soviética se ha transformado en un Estado burgués de tipo especial. Se ha transformado en una potencia imperialista que sigue una política expansionista y compite con otros países capitalistas por el reparto y la dominación del mundo, por posiciones hegemónicas. Este proceso contrarrevolucionario, que se profundiza continuamente, comenzó con la degeneración burguesa de la superestructura socialista, el Partido y la dictadura del proletariado, con su burocratización y la de sus cuadros. 

Al distorsionar la teoría marxista-leninista de la revolución proletaria y la construcción del socialismo, los revisionistas jruschovistas crearon una gran confusión ideológica y desarmaron a la clase obrera ante la ideología burguesa y reformista. Allanaron el camino a la contrarrevolución ideológica que sirvió de preludio a la contrarrevolución en la política y el orden socio-económico. Las banderas de esta contrarrevolución fueron la «coexistencia pacífica» jruschovista, «el camino pacífico de transición al socialismo»«la transición al socialismo bajo la dirección de un partido no proletario», la exportación de la revolución y el socialismo a través de la «competencia económica» con el capitalismo, «el estado de todo el pueblo», etc. 

La clase obrera y los pueblos revolucionarios del mundo son testigos del curso contrarrevolucionario de la dirección revisionista soviética, en sus políticas interna y exterior. Una nueva expresión de la traición revisionista, y un grave desafío a todos los pueblos del mundo, son los nuevos acuerdos URSS-EEUU, celebrados recientemente entre las dos superpotencias, como resultado de la visita de Brezhnev a los Estados Unidos. Mediante estos acuerdos, las dos partes apuntan a establecer conjuntamente una dictadura contrarrevolucionaria internacional, tomando el destino y el futuro de la humanidad en sus manos, castigando y golpeando las luchas de liberación nacional y las luchas de los pueblos, estrangulando los movimientos obreros y la revolución en todas partes del mundo, utilizando con ese fin tanto la rama de olivo como la violencia militar salvaje. Estos acuerdos demuestran una vez más que, a pesar de las inevitables contradicciones entre ellos, los imperialistas norteamericanos y los socialimperialistas soviéticos se han alineado en un frente común contra los pueblos, apoyando e incitando a unos contra los otros en sus objetivos agresivos y de rapiña. 

La degeneración del poder estatal en la Unión Soviética, el cambio de las funciones internas y externas de la dictadura del proletariado, la liquidación de la propiedad socialista y la degeneración de las relaciones socialistas de producción, el cambio de la composición de clase de la sociedad soviética y la creación de la nueva burguesía revisionista, han expulsado a la clase obrera soviética de la conducción del país, transformándola en una clase explotada.


I


Como resultado de la degeneración burguesa, la clase obrera soviética ha sido privada de su misión histórica como clase en el poder, como la clase hegemónica dirigente. Se le ha relegado a la condición de mera fuerza productiva, en una situación similar a la de la clase obrera de los países capitalistas. En realidad, está siendo constantemente proletarizada, tanto en el sentido político e ideológico como en el económico y social.

En primer lugar, la clase obrera soviética ha sido privada de la ideología revolucionaria, ha sido ideológicamente desarmada. Ya no da dirección ideológica a la vida social del país. Con fines demagógicos, los revisionistas hablan de «desarrollo»«enriquecimiento» y «aplicación creadora» del marxismo-leninismo. Lo hicieron en el 24º Congreso de su partido revisionista y en las manifestaciones posteriores de su vida política y social. Los revisionistas soviéticos han transformado las bases ideológicas, políticas y organizativas del Partido Comunista en su opuesto. Como consecuencia de ello, la clase obrera no sólo se ha quedado sin su propia ideología, sino también sin su vanguardia política – un genuino Partido Comunista. El partido revisionista se ha convertido en un asilo para los elementos burgueses y degenerados, para la aristocracia obrera, para los burócratas y tecnócratas. En el 24º Congreso de su partido, los revisionistas modernos soviéticos anunciaron que el 44.8 por ciento de los efectivos del partido son trabajadores de cuello blanco y sólo el 40.1 por ciento son obreros, cuando los obreros constituyen el 58 por ciento de la población trabajadora del país. De los miembros titulares y suplentes de los comités del partido en los distritos y pueblos es decir, de las organizaciones de base, sólo el 40 por ciento son obreros y campesinos. Esto significa que el 60 por ciento son trabajadores de cuello blanco. Estos datos muestran que el partido revisionista es de hecho el partido de los trabajadores de cuello blanco, un partido de los intelectuales, un partido de los burócratas, y no un verdadero partido de la clase obrera. 

Sin embargo, los revisionistas jruschovistas tratan de preservar la apariencia «obrera» de su partido, manteniendo un número relativamente grande de obreros y campesinos en sus filas, aunque la ley en el partido la dicta la élite burguesa en el poder. Por otro lado, debe tomarse con reserva el porcentaje de obreros, en el sentido de que algunos de ellos son elementos aristocratizados que no representan ni a la clase obrera ni a sus verdaderos intereses ideológicos, políticos, sociales y económicos. 

Por demagogia y engaño, los revisionistas soviéticos siguen conservando el nombre de «partido comunista». Pero, en última instancia, el nombre no define el verdadero carácter de un partido marxista-leninista. Éste se define por las tareas y los objetivos que el partido se fija, por la ideología que asume, por sus políticas interna y exterior, por su composición social y la posición que ocupa en la sociedad y en el sistema de gobierno de la vida socio-económica del país. 

La exclusión de la clase obrera del gobierno de la vida del país se expresa en gran medida en la degeneración del poder del Estado, el cambio de las funciones internas y externas de la dictadura del proletariado y en su composición de clase. Los revisionistas soviéticos han proclamado en voz alta la tesis del llamado Estado de todo el pueblo. En realidad, nos encontramos ante una fantasía, tanto en el contexto interno como externo de la relación entre las fuerzas sociales. El Estado, como categoría histórica, no puede ser otra cosa que una dictadura de la clase en el poder. El Estado capitalista es la dictadura de la gran burguesía monopolista. El Estado socialista es la dictadura del proletariado, la dictadura de la clase obrera. Según las enseñanzas del marxismo-leninismo, este Estado se extinguirá sin que sea necesario transformarlo en «Estado de todo el pueblo». Se extinguirá cuando las clases se extingan y cuando finalmente triunfe el comunismo a escala mundial. 

El poder del Estado en la Unión Soviética está, de hecho, en manos de la burguesía revisionista, en manos de los burócratas y tecnócratas, en manos de los privilegiados, apartado de la clase obrera y los intereses del pueblo trabajador. Esta fue la base para el agrandamiento y la fetichización de los aparatos y de todo lo que proviene de ellos. El Estado soviético está siendo gradualmente desproletarizado, desde el punto de vista de su composición de clase y desde el punto de vista de las funciones internas y externas que ha asumido.