«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 31 de agosto de 2016

Exposición de las desviaciones más típicas de los revolucionarios en cuanto al concepto de imperialismo –y sus formas de dominación colonial y neocolonial–



«En la cuestión de la lucha contra el imperialismo, es fundamental preservarse de cometer dos desviaciones. La primera desviación es la desviación reputada «derechista» que consiste en proclamar que el imperialismo puede existir perfectamente sin las guerras coloniales para la apropiación y el reparto de las esferas de influencia. Esta era la tesis de los partidarios de la II Internacional y de Kauktsy. Es por tanto en consecuencia, la desviación que históricamente han combatido principalmente los marxista-leninistas. Sin embargo, lo que era cierto hasta la Segunda Guerra Mundial imperialista, lo es sólo parcialmente desde los años de la posguerra. Si durante las primeras décadas –que marcó el nacimiento y el desarrollo del sistema colonial del imperialismo–, el colonialismo –esclavización económica mantenida por el yugo militar– fue necesario para desarrollar las relaciones de producción burguesas en las coloniales y encadenarlas a las metrópolis imperialistas, una vez desarrolladas éstas, el colonialismo ya no es absolutamente necesario para mantener la dependencia de los países incluidos en la esfera de influencia del imperialismo. Evidentemente, esto no quiere decir, como los kautskistas, los jruschovistas y los defensores camuflados del imperialismo afirman, que el imperialismo ha renunciado –o quiere renunciar– definitivamente a la agresión militar y por tanto a la forma colonial. ¡Afirmar eso sería semejante a afirmar que la burguesía de los Estados democrático-burgueses jamás buscará en periodos de crisis el sustituir las formas democrático-burguesas de gobierno por los métodos fascistas de gobierno! Afirmar esto sería pues aprobar –o al menos seguir el discurso– de los servidores de la política colonial del imperialismo sobre la injerencia «humanitaria» y «democrática» de las potencias imperialistas, y dar el completo consentimiento a la política neocolonial del imperialismo.

A día de hoy, la mayoría de los comunistas que se reclaman así mismos marxista-leninistas, comprenden los fundamentos del imperialismo de manera dogmática, incompleta y superficial concentrando de manera exclusiva el fuego de su crítica en el aspecto colonial de la política imperialista –debido a la herencia del revisionismo y el socialdemocratismo–, en «olvido» de que en la política del imperialismo predomina desde hace varias décadas el dominio neocolonial. Esta tendencia principal no impide de ninguna manera –a imagen de lo que se observa bajo la forma de gobierno democrático-burgués, que siempre acaba expresando las tendencias reaccionarias del imperialismo–, que la dominación del imperialismo y la lucha interimperialista para el reparto de las zonas de influencia lleve a la agresión colonial.

Lo que era verdad durante el periodo de entre guerras donde la política imperialista se expresaba esencialmente bajo su forma colonial, se volvió incompleto y hasta profundamente erróneo cuando el imperialismo decidió sustituir esto por la política de tipo neocolonialista. Los socialdemócratas y los revisionistas también en un momento dado, denunciaban la agresión militar del imperialismo –la mayor parte potencias imperialistas competidoras–, olvidando lo esencial: la política neocolonialista del imperialismo.

No hay que malinterpretar nuestras palabras: que el neocolonialismo es desde hace décadas y hasta día de hoy, la política preferida del imperialismo no quiere decir que se abandone la política colonial o que se tienda cada vez más a abandonarla. Reconocer como dominante la tendencia neocolonial actual del imperialismo significa simplemente comprender que el imperialismo usa también paralelamente al colonialismo otros medios para mantener y extender su dominio en los países dependientes: el neocolonialismo. La burguesía imperialista a veces opta por la forma de dominación colonial, y otras veces la forma de dominación neocolonial dependiendo de si las circunstancias sean más o menos favorables. La exacerbación de las rivalidades interimperialistas juega un papel esencial. En los pequeños países dependientes ricos en recursos  –que presentan por tanto una perspectiva de grandes beneficios–, el imperialismo se inclina más y vacila menos para optar por la política de tipo colonial, mientras que en los países dependientes, más vastos, más poblados y más pobres generalmente es la política neocolonial la que da mejores resultados. Pero una vez más no hay una receta general válida para todos los tiempos: a medida que se endurece la competencia entre los países imperialistas, que la crisis económica se profundiza y que la demanda en materias primas aumenta, los países dependientes que ayer formaban parte de un objetivo estratégico «secundario», de repente pueden convertirse en objetivos importantes, y en cuestión esencial de las rivalidades interimperialistas.

domingo, 28 de agosto de 2016

Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista; Equipo de Bitácora (M-L), 2016

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

«Entonces, que la propiedad pública, estatal o como se quiera llamar, tenga mayor o menor peso en los países capitalistas, no supone que sea una propiedad socialista puesto que la misma está regida por leyes económicas capitalistas, no supone tampoco que sea una propiedad que beneficia a los trabajadores sino que beneficia, mantiene y amplia la dominación económica de la burguesía del país. Aplicase también a los países revisionistas-capitalistas de todo tipo que tengan mayor o menor proporción de «empresas públicas» en su economía». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 2016)


Preámbulo

El siguiente texto es resultado del tronco central de una carta de un miembro del Equipo de Bitácora (M-L) a un ex militante del Partido Comunista de España (marxista-leninista) que estuvo en la organización hasta inicios de los años 70 cuyo nombre no revelaremos. Dicho sujeto sostiene que la restauración del capitalismo en la Unión Soviética se dio hasta 1991, aludiendo pues que los albaneses y otros marxista-leninistas de los 60 y 70 como el PCE (m-l) de la época se equivocaban al hablar de restauración del capitalismo y calificarlo de socialimperialista.

Esta carta tenía como propósito pues, desmontar esa defensa de la Unión Soviética de 1953-1991 como país socialista e internacionalista que gran parte de los seguidores del revisionismo soviético han querido pintar. Hemos reescrito y ampliado notablemente algunas partes para hacerlas entendibles al lector, para hacer que el documento sea más didáctico.

Queremos dejar claro que el motivo de lanzamiento del documento es ese: la repulsa que nos produce encontrarnos con relativa facilidad con apologistas del revisionismo soviético, en parte, por culpa de los marxista-leninistas que no han sabido derribar ese mito.

A esto una demostración:

«La desgracia del movimiento comunista internacional fue que el apego al comunismo era a menudo más sentimental que doctrinal, incluso en vida de Stalin. Y es esta religiosidad la que usan los revisionistas para combatir la teoría y práctica del socialismo científico. Cuando se consideró urgente hacer frente a estas debilidades y aumentar la comprensión del marxismo-leninismo a un alto nivel científico, se encontraron con una gran resistencia pasiva –la indiferencia y la inacción– y activa –con hostilidad– de muchos ejecutivos del aparato del partido, el Estado y la economía. En el resto del movimiento obrero internacional, las desviaciones a menudo también se fueron fraguando poco a poco, ya sea en los partidos comunistas de los países imperialistas –con el socialchovinismo– o de los países dependientes –con el nacionalismo tercermundista–. En la Unión Soviética, los elementos hostiles como los jruschovistas eran ciertamente una minoría, pero estos elementos gozaron del apoyo de muchos elementos inertes. Viacheslav Mólotov fue el tipo de figura con la naturaleza característica de estos elementos inertes cuya comprensión de los nuevos acontecimientos era superficial y por lo tanto eran propensos a mostrarse inestables». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

El comunismo no necesita de gente bien intencionada pero pasiva, cobarde y conformista como Mólotov que obstaculizan la lucha contra oportunistas como Jruschov, sino que necesita de gente formada ideológicamente, fiel, valiente, y comprometida hasta sus últimos días como Hoxha.

Mientras un movimiento o un individuo marxista-leninista no comprenda la máxima básica de que debe pertrecharse del materialismo dialéctico como método para analizar los fenómenos sociales y que esto incluye una exclusión del sentimentalismo para analizar las cuestiones, dicho movimiento o dicho será un revolucionario que simpatiza con el marxismo-leninismo y aplica ciertas cosas de él que le gusta y acepta, pero jamás un marxista-leninista.

Notas

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[2] Todos los documentos del autor en este Blog AQUÍ.

[3] Todos los documentos en PDF editados por el equipo del Blog en el apartado BIBLIOTECA.

La cuestión nacional; Stalin, 1924


Analizaré dos cuestiones fundamentales de este tema: 1) planteamiento de la cuestión; 2) el movimiento de liberación de los pueblos oprimidos y la revolución proletaria.

Planteamiento de la cuestión

Durante los dos últimos decenios, la cuestión nacional ha sufrido una serie de cambios muy importantes. La cuestión nacional del período de la II Internacional y la cuestión nacional del período del leninismo distan mucho de ser lo mismo. No sólo se diferencian profundamente por su extensión, sino por su carácter interno.

Antes, la cuestión nacional no se salía, por lo común, de un estrecho círculo de problemas, relacionados principalmente con las nacionalidades «cultas». Irlandeses, húngaros, polacos, finlandeses, serbios y algunas otras nacionalidades europeas: tal era el conjunto de pueblos sin plenitud de derechos por cuya suerte se interesaban los personajes de la II Internacional. Los pueblos asiáticos y africanos, decenas y centenares de millones de personas, que sufren la opresión nacional en su forma más brutal y más cruel, quedaban generalmente fuera de su horizonte visual. No se decidían a poner en un mismo plano a los blancos y a los negros, a los pueblos «cultos» y a los «incultos». De dos o tres resoluciones vacuas y agridulces, en las que se eludía cuidadosamente el problema de la liberación de las colonias, era todo de lo que podían vanagloriarse los personajes de la II Internacional. Hoy, esa doblez y esas medias tintas en la cuestión nacional deben considerarse suprimidas. El leninismo ha puesto al desnudo esta incongruencia escandalosa, ha demolido la muralla entre los blancos y los negros, entre los europeos y los asiáticos, entre los esclavos «cultos» e «incultos» del imperialismo, y con ello ha vinculado la cuestión nacional al problema de las colonias. Con ello, la cuestión nacional ha dejado de ser una cuestión particular e interna de los Estados para convertirse en una cuestión general e internacional, en la cuestión mundial de liberar del yugo del imperialismo a los pueblos oprimidos de los países dependientes y de las colonias.

Antes, el principio de la autodeterminación de las naciones solía interpretarse desacertadamente, reduciéndolo, con frecuencia, al derecho de las naciones a la autonomía. Algunos líderes de la II Internacional llegaron incluso a convertir el derecho a la autodeterminación en el derecho a la autonomía cultural, es decir, en el derecho de las naciones oprimidas a tener sus propias instituciones culturales, dejando todo el poder político en manos de la nación dominante. Esta circunstancia hacía que la idea de la autodeterminación corriese el riesgo de transformarse, de un arma para luchar contra las anexiones, en un instrumento para justificarlas. Hoy, esta confusión debe considerarse suprimida. El leninismo ha ampliado el concepto de la autodeterminación, interpretándolo como el derecho de los pueblos oprimidos de los países dependientes y de las colonias a la completa separación como el derecho de las naciones a existir como Estados independientes. Con ello, se eliminó la posibilidad de justificar las anexiones mediante la interpretación del derecho a la autodeterminación como derecho a la autonomía. El principio mismo de autodeterminación, que en manos de los socialchovinistas sirvió, indudablemente, durante la guerra imperialista, de instrumento para engañar a las masas, se convirtió, de este modo, en instrumento para desenmascarar todos y cada uno de los apetitos imperialistas y maquinaciones chovinistas, en instrumento de educación política de las masas en el espíritu del internacionalismo.

Antes, la cuestión de las naciones oprimidas solía considerarse como una cuestión puramente jurídica. Los partidos de la II Internacional se contentaban con la proclamación solemne de «la igualdad de derechos de las naciones» y con innumerables declaraciones sobre la «igualdad de las naciones», encubriendo el hecho de que, en el imperialismo, en el que un grupo de naciones –la minoría– vive a expensas de la explotación de otro grupo de naciones, la «igualdad de las naciones» es un escarnio para los pueblos oprimidos. Ahora, esta concepción jurídica burguesa de la cuestión nacional debe considerarse desenmascarada. El leninismo ha hecho descender la cuestión nacional, desde las cumbres de las declaraciones altisonantes, a la tierra, afirmando que las declaraciones sobre la «igualdad de las naciones», si no son respaldadas por el apoyo directo de los partidos proletarios a la lucha de liberación de los pueblos oprimidos, no son más que declaraciones hueras e hipócritas. Con ello, la cuestión de las naciones oprimidas se ha convertido en la cuestión de apoyar, de ayudar, y de ayudar de un modo real y constante, a las naciones oprimidas en su lucha contra el imperialismo, por la verdadera igualdad de las naciones, por su existencia como Estados independientes.

Antes, la cuestión nacional se enfocaba de un modo reformista, como una cuestión aislada, independiente, sin relación alguna con la cuestión general del poder del capital, del derrocamiento del imperialismo, de la revolución proletaria. Se daba tácitamente por supuesto que la victoria del proletariado de Europa era posible sin una alianza directa con el movimiento de liberación de las colonias, que la cuestión nacional y colonial podía resolverse a la chita callando, «de por sí», al margen de la vía magna de la revolución proletaria, sin una lucha revolucionaria contra el imperialismo. Ahora, este punto de vista antirrevolucionario debe considerarse desenmascarado. El leninismo demostró, y la guerra imperialista y la revolución en Rusia lo han corroborado, que el problema nacional sólo puede resolverse en relación con la revolución proletaria y sobre la base de ella; que el camino del triunfo de la revolución en el Occidente pasa a través de la alianza revolucionaria con el movimiento de liberación de las colonias y de los países dependientes contra el imperialismo. La cuestión nacional es una parte de la cuestión general de la revolución proletaria, una parte de la cuestión de la dictadura del proletariado.

La cuestión se plantea así: ¿se han agotado ya las posibilidades revolucionarias que ofrece el movimiento revolucionario de liberación de los países oprimidos o no se han agotado? Y si no se han agotado, ¿hay la esperanza de aprovechar estas posibilidades para la revolución proletaria, de convertir a los países dependientes y a las colonias, de reserva de la burguesía imperialista, en reserva del proletariado revolucionario, en aliado suyo?, ¿hay fundamento para ello?

El leninismo da a esta pregunta una respuesta afirmativa, es decir, reconoce que en el seno del movimiento de liberación nacional de los países oprimidos hay fuerzas revolucionarias y que es posible utilizar esas fuerzas para el derrocamiento del enemigo común, para el derrocamiento del imperialismo. La mecánica del desarrollo del imperialismo, la guerra imperialista y la revolución en Rusia confirman plenamente las conclusiones del leninismo a este respecto. De ahí la necesidad de que el proletariado de las naciones «imperiales» apoye decidida y enérgicamente el movimiento de liberación nacional de los pueblos oprimidos y dependientes.

Esto no significa, por supuesto, que el proletariado deba apoyar todo movimiento nacional, siempre y en todas partes, en todos y en cada uno de los casos concretos. De lo que se trata es de apoyar los movimientos nacionales encaminados a debilitar al imperialismo, a derrocarlo, y no a reforzarlo y mantenerlo. Hay casos en que los movimientos nacionales de determinados países oprimidos chocan con los intereses del desarrollo del movimiento proletario. Cae de su peso que en esos casos ni siquiera puede hablarse de apoyo. La cuestión de los derechos de las naciones no es una cuestión aislada, independiente, sino una parte de la cuestión general de la revolución proletaria, una parte supeditada al todo y que debe ser enfocada desde el punto de vista del todo. En los años 40 del siglo pasado, Marx defendía el movimiento nacional de los polacos y de los húngaros contra el movimiento nacional de los checos y de los sudeslavos. ¿Por qué? Porque los checos y los sudeslavos eran por aquel entonces «pueblos reaccionarios», «puestos avanzados de Rusia» en Europa, puestos avanzados del absolutismo, mientras que los polacos y los húngaros eran «pueblos revolucionarios», que luchaban contra el absolutismo. Porque apoyar el movimiento nacional de los checos y de los sudeslavos significaba entonces apoyar indirectamente al zarismo, el enemigo más peligroso del movimiento revolucionario de Europa:

«Las distintas reivindicaciones de la democracia, incluyendo la de la autodeterminación, no son algo absoluto, sino una partícula de todo el movimiento democrático –hoy, socialista– mundial. Puede suceder que, en un caso dado, una partícula se halle en contradicción con el todo; entonces, hay que desecharla». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Balance de la discusión sobre la autodeterminación, 1916)

miércoles, 24 de agosto de 2016

Sobre los distintos tipos de violencia


«Existen, y siempre ha sido así, como nadie puede ignorar, distintas clases de violencia y de lucha armada, cuya naturaleza y objetivos son diametralmente opuestos. Así, la violencia y la lucha armada que utiliza el poder reaccionario de las clases explotadoras contra el pueblo, en general, nada tiene que ver con la violencia que en determinados momentos y circunstancias ha de utilizar el pueblo explotado y oprimido para defender sus derechos y conquistar la libertad, la justicia y la independencia nacional.

Los hechos y la historia, tanto a nivel internacional como a escala nacional, han demostrado de la manera más contundente que la ideología fascista –aplicada por Hitler, Mussolini, Franco, entre otros– se basa en la práctica de una feroz violencia cotidiana contra la inmensa mayoría del pueblo y, en particular, contra la clase obrera y los intelectuales y demócratas que luchan junto al pueblo, y ello con el fin de defender y tratar de conservar los privilegios de clase de una ínfima minoría explotadora. Pero el fascismo, la violencia fascista, no es algo que caiga del cielo ni que surja por casualidad ni por causas desconocidas, como pretenden los defensores interesados de la «democracia burguesa». El fascismo que siempre utiliza la violencia más brutal para hacerse con el poder –recordemos la subida al poder de Hitler y Mussolini y más tarde la del mismo Franco–, es la expresión más feroz de los intereses capitalistas, de la burguesía y del imperialismo que, en determinadas circunstancias necesita utilizar la violencia y hasta desencadenar la guerra civil, asesinar, montar toda clase de provocaciones para tratar de frenar o aplastar la lucha revolucionaria de las clases explotadas y oprimidas. En esos momentos, la gran burguesía y el imperialismo, pese a sus hipócritas declaraciones de defender la democracia y los derechos humanos, siempre apoyan a los sectores fascistas, ya que se trata de defender y conservar por todos los medios incluida la violencia y la lucha armada y hasta la guerra, sus intereses de clase y evitar la victoria de la lucha popular y revolucionaria.

Pero la burguesía, incluso cuando aplica formas de poder «democráticas», pretende que la violencia sólo la practican los extremistas de izquierda, los revolucionarios peligrosos, los comunistas, y tratan de ocultar la violencia y las agresiones armadas constantes que el poder de la burguesía y del imperialismo ejerce de diversas formas y en distinto grado –según la necesitan– contra el pueblo en general, tanto contra sus propios pueblos, como contra los de otros países y territorios.

Lenin tiene mil veces razón cuando, tras afirmar que:

«Los comunistas se oponen a la violencia ejercida contra los hombres». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)

Precisa, sin embargo, que:

«Exceptuando a los anarquistas cristianos y a los discípulos de Tolstoi, nadie ha deducido todavía de ello –de esa afirmación general– que el socialismo se oponga a la violencia revolucionaria». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)

Por tanto añade:

«Hablar de violencia en general, sin distinguir las condiciones que diferencian la violencia revolucionaria, es equipararse a un filisteo que niega la revolución, o bien engañarse a uno mismo y engañar a los demás con sofismas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)

Actualmente y en lo que a España concretamente se refiere, la reacción en el poder, continuadora del franquismo, pretende cubrir con un espeso manto de confusión y engaños, la cuestión de quién ejerce la violencia, en qué condiciones y con qué fines.

Todos sabemos que durante más de cuarenta años, y tras una sangrienta guerra civil desencadenada por ellas mismas, las clases reaccionarias y fascistas, que aún detentan el poder, han practicado una violencia sin límites contra el pueblo. Actualmente, necesitan, para sus fines, utilizar métodos de violencia más encubierta y cubrirse con una fachada democrática y legalista, dejando en segundo plano las formas más descaradas de violencia y represión, pero sin modificar su naturaleza violenta ni el fondo reaccionario y represivo de su política.

Ante la nueva situación y el auge del movimiento obrero y popular y para evitar que las fuerzas revolucionarias y la clase obrera, en primer lugar, recurran a su propia violencia de clase para enfrentarse al poder y a la violencia reaccionaria, servicios especiales y de intoxicación ideológica utilizan grupos parapoliciacos y aventureros con etiquetas y siglas de revolucionarios de izquierdas, que nada tienen que ver con la verdadera lucha revolucionaria ni con los intereses populares; montan actos violentos provocadores y criminales antipopulares, para así desprestigiar y hacer condenar la violencia revolucionaria y la lucha popular en general.

Es esta una vieja estratagema utilizada en todo momento por los gobiernos reaccionarios en dificultades, para, al mismo tiempo, lanzar nuevas medidas represivas y violentas contra el pueblo en lucha. En los actuales momentos estamos viviendo en nuestro país una de esas situaciones y la mayor parte de los acontecimientos violentos que han tenido lugar durante los dos últimos años así lo confirman». (Elena Ódena; El marxismo, la lucha armada y la violencia revolucionaria y las guerras, 1979)

Sobre los orígenes del Movimiento de Países No Alineados; arma para mantener la explotación neocolonial al igual que las teorías de los «países del sur», los «países en vías de desarrollo» o los «países del tercer mundo»

Líderes nacionalista-burgueses de la Conferencia en Bandung de 1955 fundadora de de los países «no alineados» 

«Los economistas e ideólogos pequeño burgueses gustan en apelar a los «países del sur», los «países en vías de desarrollo» o bien los «países del tercer mundo» a los países englobados en la esfera neocolonial del imperialismo. Las denominaciones varían según las sensibilidades, yendo de la derecha –es decir partidarios declarados del imperialismo–, a la «extrema izquierda» –es decir los neocolonialistas vergonzosos y la pequeña burguesía radical–. ¡En la misma lógica mistificadora y para ocultar las relaciones de dependencia entre los centros imperialista y sus zonas de influencia, los países imperialistas para ellos, son renombrado como «países del norte» o países «industrializados» y desarrollados»! El fondo común de estas terminologías es correr un tupido velo con el fin de enmascarar el carácter de las relaciones económicas y políticas entre estos dos grupos de países. En el seno del movimiento comunista internacional, la victoria de los revisionistas soviéticos no fue algo sin incidencia, ya que provocó la sustitución de una terminología burguesa por encima de las clases en detrimento de la terminología marxista. Así para un marxista, es evidente que el mundo está dividido en dos campos: el mundo capitalista y el mundo socialista. Existen ciertas contradicciones en el mundo capitalista entre los países imperialistas y los países dependientes –coloniales y semicoloniales–, pero esto no altera en causa su carácter burgués común. Por el contrario, para los revisionistas soviéticos el mundo estuvo dividido en tres campos: «los países socialistas», los «países capitalistas», y los «países en vías de desarrollo». Véase para ello la obra del revisionista soviético Y. Jiline: «Problemas actuales del movimiento comunista» de 1972.

El carácter de clase de este tercer mundo es eludido de manera evidente: los países dependientes, coloniales y semicoloniales, desaparecían en provecho de país «países en vías de desarrollo». ¡Gracias a esta alquimia léxica, la explotación cede tan milagrosamente el sitio a la cooperación! ¡He aquí cómo los revisionistas sustituyen al marxismo-leninismo en una forma apenas modificada por el kautskismo! Esta desviación teórica servía evidentemente las finalidades estratégicas del imperialismo en general y de socialimperialismo soviético en particular, el cual procuraba halagar a las camarillas burguesa-compradoras «no alineadas» de los países dependientes con el fin de le atraérselos.

Esta desviación, subtendida por los diseños maoístas de «nueva democracia» será renombrada como teoría de los «tres mundos» por los socialimperialistas chinos. Es este el marco en el que nos tenemos que retrotraer para ver el movimiento de los «no alineados».

En abril de 1955 se reunieron en Bandung en Indonesia, la Conferencia de solidaridad afroasiática que reagrupaba en un inicio a los jefes de Gobierno de 29 países asiáticos y africanos: Nehru, Chou En-lai, Nasser, Sukarno y Tito, cogiéndose de la mano, pusieron las bases del «no alineamiento». China, India, Pakistan, Indonesia y Argelia formaban parte de los pilares fuertes de esta conferencia que prefiguraba las ideas tercermundistas que los revisionistas chinos abiertamente desarrollarían en los años 70, ya cuando se ilustrarían las ambiciones de los pseudocomunistas chinos que procuraban desempeñar un papel de primer plano en el seno de los «no alineados» que representaban una buena parte del «segundo mundo». La Albania socialista se negó evidentemente a participar en esta conferencia. Jamás cesó de denunciar el no alineamiento y las teorías tercermundistas revisionistas-burguesas y otras teorías reaccionarias al servicio del sistema imperialista. Como ejemplo de esta denuncia véase por ejemplo la obra de Enver Hoxha: «La política del «no alineamiento», una política construida sobre un castillo de arena» de 1980; la obra de Enver Hoxha: «El imperialismo y la revolución» de 1978; o la obra de Llambro Filo‬: «La «vía no capitalista de desarrollo» y la «orientación socialista», «teorías» que sabotean la revolución y abren las vías a la expansión neocolonialista» de 1985.

jueves, 18 de agosto de 2016

La distinción entre la revolución antiimperialista socialista del proletariado y la revolución anticolonial de la burguesía nacional


«Los marxista-leninistas nos negamos a aceptar ciegamente toda pretendida «revolución antiimperialista» –sobre todo cuando se queda acantonada en su etapa anticolonial–, como una «revolución socialista».

La transformación de la primera a la segunda no es ni mecánica, ni automática, por la simple razón de que en los países coloniales, una parte de la burguesía nacional está interesada en el derrocamiento del yugo imperialista y es conducida así a apoyar, ve dirigir –de manera más o menos consecuente según la situación– el combate de las capas populares por la libertad del yugo del capital extranjero y la fracción de la burguesía nativa relacionada con este, pudiendo sacar beneficio de una mayor por la nueva situación. Por eso el hecho de atacar a los capitalistas extranjeros y no significa que todos los explotadores nacionales hayan desaparecido. ¡Ténganse cuidado pues, de no confundir la revolución democrático-burguesa contra el imperialismo de la revolución socialista!

La primera puede acompañarse de medidas radicales –puritarnismo revolucionario, nacionalizaciones burguesas de los sectores que antes pertenecían al capital extranjero–, en la lucha contra el feudalismo y el embargo del capital extranjero en la economía, preservando las posiciones económicas de la pequeña y mediana burguesía nacional de la cuidad y el campo.

Sobre la cuestión nacional y colonial, Stalin había defendido de modo muy justo que la revolución democrático-burguesa anticolonial era una revolución hecha a favor de las masas campesinas y a favor de la burguesía indígena contra los terratenientes, los vestigios de feudalismo y la burguesía compradora. Esta revolución pretende pues destruir las relaciones precapitalistas y coloniales de producción que mantienen la economía de estos países en un estado de atraso extremo  –en un país extranjero el capital extranjero desarrolla sólo algunas ramas de la producción, haciendo caso omiso del desarrollo del mercado nacional indígena–, a fin de liberar el desarrollo de las fuerzas productivas, pero sobre la vía de la introducción y el desarrollo de las relaciones capitalistas de producción.

Tal tipo de revolución, que se apoya en la creación de un mercado nacional, beneficia a la burguesía nacional que se refuerza, y también en menor medida a las masas trabajadoras de estos países: a medida que aumente la productividad de trabajo, la burguesía nacional podrá conceder algunas mejoras de las condiciones materiales de los trabajadores, en una medida siempre muy inferior al crecimiento de sus beneficios: la reducción de la pobreza, bajo el capitalismo, solo puede ser relativa y no absoluta. ¡Y siempre que la riqueza de los trabajadores aumente, significará que la de la burguesía estará creciendo mucho más rápido! Además, bajo el capitalismo, la mejora de las condiciones materiales de los trabajadores en cualquier país solo es posible cuando el poder relativo, es decir, la tasa de ganancia de «su» burguesía aumenta en comparación con la de otras burguesías competidoras. En los países dependientes, la expropiación de la burguesía compradora también redistribuye la riqueza más equitativamente pero esto no constituye ningún tipo de socialismo: la formación de Estados burgueses centralizados sucede dentro del desarrollo de la economía mundial y de la internacionalización de los medios de producción, donde la burguesía imperialista intenta poner frenos al libre desarrollo de la industria de producción de medios de producción.

La revolución antiimperialista –socialista– pone el acento sobre la independencia económica como condición para el mantenimiento de la independencia política y se caracteriza por la prioridad consagrada a la industria de medios de producción, mientras que la revolución anticolonial –democrática-burguesa– espera aprovechar de una mejor –o «más equitativa»– integración en la división internacional del trabajo. Como marxistas, nos negamos pues a asimilar toda medida de nacionalización como socialismo, sea en países imperialistas o en países dependientes. Las nacionalizaciones pueden tener un carácter socialista solamente si se acompaña de la expropiación sin indemnización de la burguesía en conjunto, imperialista como nacional –compradora como patriótica–.

martes, 16 de agosto de 2016

Algunos datos sobre la deuda y el capital extranjero en Corea del Norte

Kim Jong Il y Ju Jintao en 2006

«En marzo de 2005 China y Corea del Norte firmaron un «acuerdo de promoción y protección de las inversiones» y en diciembre del mismo año ambos gobiernos decidieron prospectar en común importantes yacimientos de petróleos offshore en el Mar Amarillo estimados en 800 millones de toneladas. Durante los años 1960-1980 Corea del Norte importaba petróleo soviético, obligada por la división internacional del trabajo.

Estimamos esencial pararnos un instante en Corea del Norte y sus relaciones de producción internacionales, antes de pasar a las relaciones comerciales y financieras entre el imperialismo chino y los países del «tercer mundo».

Del mismo modo que China envía en la actualidad a obreros a trabajar en ciertos países de Europa del Este, Corea del Norte envía a obreros a trabajar a Rusia. En 2004, la región de Vladivostok registró la entrada de 262.000 nacionales chinos y de 13.000 nacionales norcoreanos. En los últimos años, un promedio de 10.00 trabajadores norcoreanos, bajo un visado de trabajo, cruzan la frontera anualmente.

Estas prácticas son antiguas para Corea del Norte, pues ya enviaba trabajadores emigrantes como medio de satisfacer la deuda contraída frente a la Unión Soviética socialimperialista: en respuesta al acuerdo concluido entre Kim Il Sung y Brezhnev en 1966, eran de una media entre 15.000 a 20.000 trabajadores emigrantes quienes trabajaban anualmente en la región de Vladivostok, sobre las obras de construcción y deforestación, es decir trabajadores que empleados en los sectores más ávidos de mano de obra barata y donde las condiciones de trabajo eran más penosas. Sin embargo la deuda exterior norcoreana nunca fue reabsorbida: la dawisación de Corea del Norte lo impidió, y en 1991 la deuda exterior contraída frente a la Unión Soviética socialimperialista llegaba a los 8 mil millones de dólares.

Si hasta los años 60 el desarrollo económico de Corea del Norte fue importante, el mismo fue severamente más despacio desde la segunda mitad de los 70, como en la mayoría de países burgueses-revisionistas que sintieron duramente las consecuencias de la crisis de 1973. Numerosos son los economistas burgueses que hablan de las «reformas económicas» llevadas a cabo por Corea del Norte en los 80, de China en 1978, de Vietnam en 1986, de Cuba en 1992 o de la Unión Soviética revisionista en 1991. Todas ellas son idénticas en el fondo: ¡no sólo únicamente la integración en la división internacional del trabajo en el dominio de la producción mercantil, sino la mayor apertura al capital extranjero!

Según las estadísticas chinas, el flujo de Inversión Extranjera Directa china hacia Corea del Norte ha pasado de 1,1 a 14,1 millones de dólares entre 2003 y 2004. En 2006, Kim Jong Il y Ju Jintao hablaron con entusiasmo de los «éxitos» en la «cooperación mutuamente beneficiosa de la economía y en el dominio del comercio». Ju Jintao aseguraba su apoyo a los norcoreanos en su búsqueda de un «camino de desarrollo conforme a la realidad de su país», y Kim Jong Il a cambio alabó la «modernización socialista de características chinas», añadiendo que:

«El sorprendente desarrollo que se comprueba en el vasto territorio chino es el resultado de la acción del Partido Comunista de China que propuso las nuevas líneas y políticas, conformes a la realidad de su país». (Xinhua, 19/01/2006)

Estudiando a Corea del Norte, la revista del gran capital Challengues titulaba recientemente que era «un país stalinista realmente atractivo», remarcando:

«El coste invencible de la mano de obra norcoreana de calidad». (Challenges, n°52, octobre 2006)

Aludiendo que el salario medio de un obrero norcoreano era cuatro veces menor que el de un obrero chino. Estando en antípodas de la construcción de la Albania socialista, la constitución democrático-burguesa norcoreana estipula que:

«El Estado fomenta la gestión empresarial colectiva y la producción cooperada de los organismos, empresas y organizaciones de nuestro país con personas naturales y jurídicas extranjeras, así como el establecimiento y gestión de diversas empresas en la zona económica especial». (Constitución de Corea del Norte, 1972, revisada por última vez en 1998)

Es evidente para un marxista-leninista que:

«Los capitalistas en ningún caso dan créditos para construir el socialismo, sino para destruirlo. Por consiguiente, un verdadero país socialista nunca acepta créditos, cualquiera que sea su forma, de un país capitalista, burgués o revisionista». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

El 2 de abril de 2007 el periódico Libération titulaba: «En la madriguera del capitalismo en Corea del Norte», con un reportaje sobre la zona económica especial de Kaesong, un vasto parque industrial que fue empezado a construirse en 2003 a algunos kilómetros de la frontera con Corea del Sur. Los promotores norcoreanos prevén que la zona franca de Kaesong se extenderá sobre 16.000 hectáreas en 2012 cuando serán implantadas 1.800 empresas extranjeras que emplearan a 350.000 obreros, producirá anualmente 0,6 mil millones de dólares en Corea del Norte. A principios de 2007, 15 empresas surcoreanas se implantaron ya y hacían trabajar a 11.000 norcoreanos. En Kaesong, los dirigentes norcoreanos atraen a los potenciales inversores con el interés de una implantación de: 

«Bajos impuestos, salarios bajos, garantías contra el riesgo de pérdida o confiscación». (Libération; En la madriguera del capitalismo en Corea del Norte, 2 de abril de 2007)

El capital y la tecnología son exclusivamente surcoreanos y las empresas se limitan a la industria ligera. Como el nivel del salario es mucho menor que en Corea del Sur, los bienes de consumo fabricados –ropa, utensilios, relojes, cosméticos, etc.– han pasado en Corea del Sur bajo la etiqueta de «Hecho en Corea». Corea del Norte después de ir a remolque bajo las cadenas del socialimperialismo soviético con la división «socialista» internacional del trabajo, hoy en día está transformándose en un país dependiente no sólo en lo comercial sino también de las inversiones: un régimen burgués-comprador clásico.

Los imperialistas chinos y surcoreanos se reparten hoy Corea del Norte, el imperialismo surcoreano pretende convertirla en un taller del que saque beneficios que sirvan para reforzar sus posiciones imperialistas regionales y para atenuar la lucha de clases del proletariado surcoreano. Es evidente que defender el régimen comprador de Kim Jon Il, como un régimen «socialista» es más contrarrevolucionario que nunca. Es continuar desacreditando el comunismo y convertir a éste en un espantapájaro para el proletariado internacional:

«Entre capitalismo y comunismo, liberalismo y estatismo, el enclave se desarrolla entre la contradicción». (Libération; En la madriguera del capitalismo en Corea del Norte, 2 de abril de 2007)

Puede haber contradicción para los que toman por el «socialismo» y hasta por el «stalinismo», pero no para nosotros cuando solamente es un sistema político burgués-revisionista de tipo comprador.

Durante más de tres décadas, Corea del Norte fue integrada en la zona de influencia del socialimperialismo soviético, a la caída de la Unión Soviética su situación se agravó las dificultades económicas ya existentes como le pasó a Cuba: después de descender un 45% durante el periodo 1990-1998, el PIB de Corea del Norte sólo recuperó un 90% del PIB que tenía en 1990.

En 1996 la deuda exterior norcoreana fue de 12 mil millones de dólares. Las cosas no pintan como pensar que esto va a arreglarse, ya que por el solo año 2004, el déficit de la balanza comercial exterior norcoreana se instalaba 0,9 mil millones de dólares, esto es un valor igual al 3/4 de sus exportaciones, una situación bastante comparable a la de Cuba. Desde el año 2000, Corea del Norte ha ampliado su relación con China y la Rusia de Putin. 

La parte de China en el total del comercio exterior norcoreano pasó del 20 al 37% durante el período 1995-2004, mientras que el volumen total del comercio exterior norcoreano aumentaba el 52% durante mismo período.

Si la parte comercial de Corea del Sur se mantuvo alrededor del 18%, la de Japón, en cambio bajó mucho pasando del 19 al 7%. Sin embargo, en 2005-2006, Japón no fue el único en sufrir la competencia de China en Corea del Norte: el imperialismo surcoreano también comenzó a sufrir esto hasta el punto de que:

«El auge del comercio entre Pekín y Pyongyang inquieta a Seúl». (Figaro; 7 de abril de 2006) 

Si antes China exportaba sobre todo cereales y petróleo hacia Corea del Norte, estos últimos años son los productos electrónicos, las máquinas de herramienta y los bienes de consumo lo que ocupan el primer sitio. Por su parte, Corea del Norte exporta acero, cinc y la antracita hacia China». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

sábado, 13 de agosto de 2016

Reflexiones sobre el VIIº Congreso del Partido «Comunista» de Cuba y su línea económica; Equipo de Bitácora (M-L), 2016

Imagen del VIIº Congreso del Partido Comunista de Cuba, celebrado del 16 al 19 de abril de 2016

¿Ha habido algo «nuevo» en economía que haya sido proclamado el VIIº Congreso del «Partido Comunista» de Cuba? No.

Analicemos sus puntos más importantes y veremos que no hay nada nuevo, que solo se trata de la profundización de un camino emprendido tiempo atrás:

1) Desde finales de los 80 Cuba permitió la entrada de capital extranjero para equilibrar su balanza comercial deficitaria, en base a esto ha ido reformando su ley de inversiones en 1995 y más adelante. Actualmente si bien no está neocolonizada por el capital estadounidense, sí lo está por otros imperialismos, veamos unos datos simplemente de hace 10 años:

«A fines del año 2000 habían 392 asociaciones económicas con capital extranjero, ubicadas en su mayor parte en minería, prospección-extracción de petróleo, turismo, industria –ligera, alimentaria y sideromecánica– y construcción. En los últimos años se han incorporado nuevas ramas a la inversión extranjera, entre  las que se encuentran la industria energética, del gas, sector financiero, comercialización de tabacos y la gestión del suministro de agua a la ciudad, también se han aprobado importantes negocios para el desarrollo hotelero, la industria del cemento, la aviación civil e industrias para fabricación de pinturas y omnibus. Los capitales provienen de más de 46 países entre los que se resaltan, España, Canadá, Italia, Inglaterra y Francia. Alrededor del 50 % de los proyectos corresponde a Países de la Unión Europea». (Roberto Villas Bôas y Mário Sanchez; Tecnologías limpias en las industrias extractivas minero-metalúrgica y petrolera, 2006)

Muchos de los admiradores del modelo cubano, argumentaban que esto era algo temporal, que en cuanto se repusiera de la crisis económica que se arrastraba de los 90 y cuando el modelo se actualizara, en Cuba paulatinamente se iría eliminando la presencia de compañías imperialistas. Pero actualmente no solo se ha mantenimiento sino que se ha profundizado la tendencia hacia la promoción de la «inversión extranjera» para «alcanzar el crecimiento requerido»:

«En efecto, en la economía cubana actual se alcanzó una tasa de crecimiento de solo 2,7% en los últimos cinco años, cuando se requiere un ritmo estable superior al 5% anual, lo cual demanda a su vez una tasa de inversión superior al 20%. Sin embargo, el país no posee una capacidad de ahorro interno suficiente –la tasa de inversión en relación al PIB ha promediado solo alrededor del 10% en los últimos años-, por lo que resulta indispensable incrementar la inversión extranjera directa para alcanzar el crecimiento previsto». (Cubadebate; Los Lineamientos para la Política Económica y Social y su evolución 2011-2016, 14 de abril de 2016)

Durante el congreso se ha recalcado la importancia que ha tenido la nueva Ley de inversión extranjera directa de 2014 para facilitar la entrada de capital de los imperialismos. Recordemos esta ley y algunos de sus nuevos epítetos que contiene:

«La nueva ley reduce del 30% al 15% los impuestos sobre las ganancias de los inversores extranjeros y ofrece mayor protección legal. Para la mayoría de ellos se establecerá también una moratoria tributaria para un período ocho años». (Actualidad Russia Today; La nueva Ley de Inversión Extranjera en Cuba romperá con el bloqueo fuera de EE.UU, 29 de marzo de 2014)

Otra cuestión a conocer es saber cómo funciona esta ley y como el gobierno cubano se aprovecha de ella para exprimir un poco más a los trabajadores cubanos:

«La Ley de Inversión Extranjera estipula que la contratación de mano de obra cubana se debe realizar a través de empresas contratistas constituidas por el Estado cubano, que son las que aportan la mano de obra según los requerimientos de las empresas extranjeras. Estas empresas contratistas, denominadas «entidades empleadoras», reciben el pago por el 
«servicio» que los trabajadores cubanos brindan a las empresas extranjeras, y de esa suma global, el Estado cubano paga los salarios a los trabajadores. De la misma forma ocurre en el caso de los servicios médicos, donde la «Comercializadora Servicios Médicos Cubanos S.A. del MINSAP» recibe el pago por los servicios médicos y a su vez paga a médicos, enfermeras y auxiliares. Obviamente, los contratos entre el Estado cubano y los trabajadores cubanos son contratos de sujeción, en los cuales los trabajadores sólo pueden aceptar sin poner condiciones. Además, es conocido que el Estado cubano cobra una cantidad mucho mayor a la que paga en definitiva al trabajador. Pese a ello, las empresas extranjeras encuentran que la mano de obra cubana es muy barata y permite niveles de rentabilidad bastante altos. El monopolio de la contratación de mano de obra y la prohibición del contrato directo entre empleador-empleado le permite al Estado cubano apropiarse de una parte sustancial de los salarios de los trabajadores. En el caso de trabajadores calificados y profesionales, esta parte es mucho mayor. Aún así estos salarios son superiores a los que cualquier trabajador puede obtener trabajando para las empresas estatales». (Bajo la Bandera del Marxismo; Cuba: En camino a la completa integración en la economía mundial, 2015)

Los revisionistas cubanos dependen tanto de la inversión extranjera para cubrir las pérdidas de su desastroso modelo económico que se han llegado a definir en los documentos referidos al VIIº Congreso a la inversión extranjera como parte esencial para el desarrollo del país y en particular de los sectores estratégicos:

«Concebir la inversión extranjera directa como parte esencial de la estrategia de desarrollo del país y en particular, de los sectores definidos como estratégicos». (Partido Comunista de Cuba; Conceptuación del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista, 2016)

Cualquier marxista-leninista entiende de esto que:

«Después del año 1991 bajo el agravamiento del déficit de la balanza comercial exterior y el aumento de las inversiones extranjeras directas, Cuba devino a ser un país comprador-burgués clásico donde una parte creciente de la economía es propiedad directa del capital extranjero. En estas condiciones, luchar por «salvaguadar» o «reforzar» el «socialismo cubano» es solamente una lucha vista a mistificar a los trabajadores cubanos sobre este «socialismo», que tan solo es un reformismo burgués en crisis bajo una apariencia de independencia cuando todo indica una dominación económica de tipo compradora». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

2) En el caso cubano, la necesidad de capital extranjero es inherente con la necesidad de ampliar el comercio, una pescadilla que se muerde la cola y que es igual de perjudicial para la soberanía nacional: al tener baja productividad y una economía no diversificada, necesita del comercio para obtener ciertos productos, al importar tantos productos, tiene una balanza comercial deficitaria, en tanto, necesita pedir más créditos e inversiones extranjeras para compensar esto, agravando más aún la situación:

«En el año 2013, las exportaciones de bienes apenas llegaron a cubrir el 35% de las importaciones de bienes, dejando una brecha comercial muy grande, al igual que en años anteriores. Cuba compra más de lo que vende en el mercado internacional. Y no puede prescindir de lo que compra en el exterior[17] sin afectar sensiblemente la marcha de su economía: cada vez que se ha visto obligada a recortar sus importaciones por falta de divisas
, el resultado ha sido una reducción de la producción y una menor disponibilidad de productos para el consumo de la población. El crecimiento de su economía depende del comercio exterior, porque la estructura de la economía cubana es dependiente de alimentos, insumos, bienes intermedios y bienes de capital producidos en el extranjero. (...) Cuba es un país que no ha logrado producir internamente lo suficiente para garantizar el consumo de su población; su atrasada economía no produce los bienes intermedios y bienes de capital que aseguren el funcionamiento de su economía, y tampoco tiene la capacidad para darle un mayor valor agregado a los pocos bienes que vende al exterior. Mientras muchos países dependientes latinoamericanos, en cierta etapa de su historia, adoptaron políticas de «sustitución de importaciones», la Cuba «socialista» no realizó ningún esfuerzo notable en ese sentido. Actualmente, los discursos oficiales invocan a avanzar en la sustitución de importaciones[11], mas todo apunta a que este proceso estará principalmente en las manos del emergente sector privado –sector «no estatal» según la renuencia cubana a llamar las cosas por su nombre. Por esa razón, el comercio internacional es de vital importancia para Cuba, porque hasta el momento es el medio principal por el que puede adquirir productos para el consumo de su población, principalmente alimentos, y también adquirir los bienes necesarios para que su industria y agricultura puedan seguir produciendo[12]. (...) En los últimos tiempos, los principales socios comerciales de Cuba han sido y son Venezuela, China y España». (Bandera del Marxismo; Cuba: En camino a la completa integración en la economía mundial, 2015)

Esta ampliación del comercio ha sido la máxima de todos los países capitalistas incluidos los revisionistas. Algo que no tiene nada que ver con las experiencias socialistas –como la URSS de Stalin o la Albania de Enver Hoxha–:

«El muy pequeño volumen de comercio exterior de la URSS de los años 1930-1940 testifica elocuentemente que el excedente trabajo sirvió bien para mejorar la herramienta productiva y satisfacer las necesidades de los trabajadores, a diferencia de los países burgueses-revisionistas donde la producción de mercado encuentra poco interés en aumentar el nivel de los salarios, sino que prefiere producir para la exportación o invertir en el extranjero. (...) En la Albania socialista, las exportaciones representaron una pequeña parte de su producto social». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Esto no debe confundirse con las teorías que propagan y siguen propagando algunos sobre el comercio:

«Confiar en sus propias fortalezas no significa desarrollo «autárquico» o «no comerciar» solo los imperialistas y sus lacayos puede afirmar esto, pero hay que privilegiar el factor interno y garantizar que las importaciones nunca cuestionen la independencia económica, garantizar que estas importaciones ayuden a crear una industria que produzca medios de producción y no a sustituirla». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Pero como sabemos este no es el modelo de Cuba, ya que no han intentado ni van a intentar salir del atolladero en el que se encuentran.

Es bastante gracioso el conocido cliché que sueltan los procubanos al afirmar con desdén, «pero la URSS y Albania cayeron, hoy en cambio sobrevive Cuba». Pero hay que decirles bien alto: ¿sobrevive el qué en Cuba? ¿Qué modelo socio-económico? Que nosotros sepamos el modelo del turismo de lujo, el cuentapropismo, las evidentes diferenciación de clases cada vez más abultada y la baja productividad. ¿Acaso ha existido alguna vez un partido comunista real que pueda revertir este proceso? No, ha sido una mezcla artificial de liberales, jruschovistas, socialdemócratas y ahora allí anidan hasta trotskistas abiertos. ¿Acaso las leyes de producción socialistas han imperado en Cuba alguna vez? No, precisamente se basaron en el modelo económico que recomendaron los sepultureros del legado de Lenin y Stalin que habían llevado a la URSS a la restauración del capitalismo, al socialimperialismo y a la progresiva dependencia del imperialismo. ¿De qué sirve a un régimen «sobrevivir»? De nada si es en base a convertir el país en un paraíso para las multinacionales extranjeras y un infierno para los trabajadores, que no tienen perspectiva de mejora. ¿No se ha demostrado ya que Cuba nunca ha desarrollado una independencia económica?En efecto, desde su enrolamiento en la división internacional del trabajo que por tanto la esclaviza al atraso y la dependencia– Cuba ha padecido y padecerá estos defectos incurables, porque así es la lógica de los países capitalistas neocolonizados.

Lo que recalcó Enver Hoxha en la Albania para 1981, es que incluso un país con un gran atraso en las fuerzas productivas, puede desarrollar una industrialización y ser un país libre de deudas:

«La conquista de la independencia económica junto a la política, la garantía de la defensa del país por nuestro propio pueblo, la educación y el temple de las masas trabajadoras en la ideología marxista-leninista, son los firmes e inconmovibles pilares sobre los que se levanta nuestra fortaleza socialista, son los rasgos fundamentales que caracterizan a un Estado verdaderamente socialista. Estas realizaciones, tomadas en su conjunto, constituyen a su vez la experiencia histórica del socialismo en Albania. La experiencia de Albania muestra que también un país pequeño, con una base material-técnica atrasada, puede alcanzar un desarrollo económico y cultural muy rápido y multilateral, puede garantizar su independencia y hacer frente a los ataques del capitalismo y del imperialismo mundial, cuando está dirigido por un auténtico partido marxista-leninista, cuando está dispuesto a luchar hasta el fin por sus ideales y cuando tiene confianza en que puede realizarlos». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

Por supuesto en las experiencias socialistas si se sustituye la persuasión, la educación, la agitación y movilización por el simple ordeno y mando, se producirán inevitablemente bajadas en la producción y absentismo laboral; si se suprime la iniciativa, la crítica, se elevan las diferencias salariales, se convertirán los órganos de poder en órganos paralizantes de una gran burocracia y una emergente burguesía; si se sustituyen la planificación en base a las leyes económicas del socialismo por leyes económicas del capitalismo como la ley del valor para la producción y distribución, la economía será espontánea y basada en la máxima rentabilidad, la planificación será meramente orientadora y desembocará en que lograr esta soberanía económica en lo externo será imposible, y en lo interno estará todo dado para una restauración capitalista.

¿No es cierto que precisamente el camino de confiar en el aumento del comercio y la entrada del capital extranjero fueron las recetas económicas que llevaron a la ruina tanto a la URSS de Jruschov como a la Albania de Ramiz Alia?


No menos cierto que este es el modelo jruschovista que directamente adoptó Cuba desde sus inicios como hemos visto en nuestros documentos.

3) El nuevo congreso habló de promover intentos de renegociación de las deudas –que alcanza a cerca del 30% del PIB– y de la consecución de nuevos créditos en «mejores condiciones»:

«Alcanzar ese incremento en la inversión foránea resulta imposible si no se pagan las deudas vencidas y se retoman nuevos créditos en mejores condiciones, por lo que resulta indispensable restaurar primero la confianza de los acreedores en el país liquidando hasta donde sea posible esos adeudos, que se consideraban por analistas internacionales en torno al 27% de la deuda total, la que a su vez en el 2011 se estimaba en 22.716 millones de dólares –un 32,4% del PIB–. (...) Mediante este proceso se logra –por un lado- la condonación de una proporción significativa de deuda vencida y –por otro lado- la incorporación de menores adeudos a partir de lo renegociado, al tiempo que se añaden los compromisos de pago por los nuevos créditos obtenidos en mejores condiciones. A partir de este proceso se aprecia que la deuda estimada en 2015 llegaba a 24 108 millones de dólares –un 28,7% del PIB-, con un servicio planificado a pagar de 5.661 millones –6,7% del PIB– y unas reservas internacionales calculadas en 11.603 millones. (...) Pasando rápidamente revista a lo ocurrido, en 2013-2015 se dieron pasos acelerados en esa dirección. Así se acordó la cancelación del 90% de la deuda con la antigua URSS, que según cifras rusas, alcanzaba los 35.000 millones de dólares, pactándose el pago restante a 10 años en condiciones favorables; también en 2014 se renegoció  la deuda con México por 487 millones de dólares, que se canceló en un 70% con facilidades para su pago durante 10 años; finalmente en diciembre de 2015 se renegoció la deuda con el Club de París por 11.100 millones de dólares, la que se condonó en un 70%, con un pago restante durante 18 años en cuotas gradualmente crecientes. Otras cancelaciones de adeudos bilaterales se han venido negociado también con Francia y España». (Cubadebate; Los Lineamientos para la Política Económica y Social y su evolución 2011-2016, 14 de abril de 2016)

jueves, 11 de agosto de 2016

Problemas económicos del socialismo en la URSS; Stalin, 1952

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

«Se dice que la producción mercantil deberá en todas las condiciones conducir, y que conducirá inevitablemente, al capitalismo. Eso no es cierto. Eso no ocurre siempre ni en todas las condiciones. No se puede identificar la producción mercantil con la producción capitalista. Son dos cosas distintas. La producción capitalista es la forma superior de la producción mercantil. La producción mercantil únicamente conduce al capitalismo si existe la propiedad privada sobre los medios de producción, si la fuerza de trabajo aparece en el mercado como una mercancía que el capitalista puede comprar y explotar en el proceso de la producción, si, por consiguiente, rige en el país el sistema de la explotación de los obreros asalariados por los capitalistas. La producción capitalista comienza allí donde los medios de producción están concentrados en manos privadas, y los obreros que no poseen medios de producción, se ven constreñidos a vender su fuerza de trabajo como una mercancía. Sin eso no hay producción capitalista». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Problemas económicos del socialismo en la Unión Soviética, 1952)


Introducción de Bitácora (M-L)

Continuando con la edición de documentos enfocados en la economía política socialista, en esta ocasión ponemos a vuestra disposición la que por mucho tiempo fue entendida como una obra maestra de la economía política marxista-leninista, y considerada como una de las últimas más notables obras de Stalin en el campo teórico.

En este documento se exponen las que han de ser consideradas las leyes generales de la economía política marxista-leninista. Así mismo en estas líneas se diseccionarán los fundamentales problemas a los que se ha de enfrentar la economía en la construcción del socialismo, y se exponen los principios sobre los cuales ha de descansar la solución de los mismos. Vemos por ello necesaria la promoción de esta obra, junto a otros documentos de economía de Stalin como el compilado: «Cinco conversaciones con los economistas soviéticos» que recoge entrevistas y opiniones sobre temas concretos de economía entre los años 1941-1952.

La vigencia de esta obra fue incuestionable en todos los países socialistas y en el resto de partidos comunistas del mundo. ¿Pero a qué motivos responde la redacción de esta obra?:

1) La poca educación económica de los cuadros y la necesidad de un manual de economía política.

Stalin criticó en varias reuniones de los años 50 el insuficiente nivel en general de formación de los cuadros comunistas incluyendo teóricos y economistas, y no solamente aludía esta situación a los países donde los comunistas no estaban en el poder y tenían poca influencia, sino que se refería en particular a los países donde los partidos comunistas ejercían el poder, incluyendo a la Unión Soviética:

«Nuestros cuadros no tienen una educación económica profunda». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Actas de la discusión, 22 de febrero de 1950)

Mientras que Stalin veía:

«Es necesario que nuestros cuadros tengan un profundo conocimiento de la teoría marxista». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Actas de la discusión, 24 de abril de 1950)

Y defendía que era necesario que dicha formación ideológica no se aprendiera de forma dogmática a través de terceros o a simple «golpe de citaciones», sino en base a un estudio más profundo y tomando las obras de los clásicos de primera mano. Decía que esta profunda educación era necesaria ya que de otra manera:

«Si esto sigue de esta manera, la gente pronto podría degenerar». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Actas de la discusión, 24 de abril de 1950)

Por todo esto, Stalin comentaría la publicación del futuro «Manual de economía política» era necesaria:

«Debido al insuficiente nivel de desarrollo marxista de la mayoría de los partidos comunistas de los demás países, un manual así sería también de gran utilidad a los cuadros comunistas no jóvenes de esos países». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Problemas económicos del socialismo en la Unión Soviética, 1 de febrero de 1952)

Stalin tenía pues, razón de combatir como enemigos, a los que presentándose como autoridades teóricas autorizadas del marxismo-leninismo, carecían de una preparación teórica válida, mientras caían en claros errores antimarxistas y se mostraban incapaces de comprender y corregir sus errores.

2) La necesidad de refutar teorías revisionistas.

Esta obra económica fue un duro golpe a los revisionistas de la Unión Soviética donde expresaban una creciente tendencia hacia la conciliación con el imperialismo, el relajamiento de la vigilancia y la autosatisfacción, como también fue un ataque contra los revisionistas de los países de las democracias populares donde algunos elementos expresaban tendencias de integración del kulak y la exageración de las particularidades nacionales. Los marxista-leninistas de las democracias populares –como Klement Gottwald, Bolesław Bierut y Enver Hoxha– reconocieron en la tribuna del XIXº Congreso del PCUS celebrado poco meses después, que la publicación de la obra Stalin había dado un:

«Servicio de inestimable importancia para todos los partidos comunistas en el poder». (François Fejtő; Historia de las democracias populares, Tomo I: La era de Stalin 1945-1952, 1992)

El peso teórico de esta obra en la Unión Soviética fue de importancia cardinal hasta mediados de 1953, cuando se aplicaron las reformas económicas de Jruschov que entraban en contradicciones con el contenido de la obra y el marxismo-leninismo, poco después la obra empezó a desaparecer debido a la censura impuesta tras el aciago XXº Congreso del PCUS de 1956, dejando que sólo aparecieran citas de la misma cuando la obra era criticada por los economistas revisionistas jruschovistas. En el panorama internacional, el resto de revisionismos hicieron algo similar, de ser una obra ampliamente reconocida y que por supuesto formalmente era promocionada por muchos elementos oportunistas y revisionistas –todavía no destapados– antes de 1953, dicha misma obra pasó a ser blanco de crítica de los revisionistas para poder así implantar sus teorías revisionistas. Así es como sucedió por ejemplo en la China con la conocida crítica de Mao Zedong a esta obra. Sobra decir que las críticas que unos y otros revisionistas brindaron en una y otra parte del mundo: jruschovistas, maoístas, titoistas y otros se diferenciaban poco en su forma, además de compartir un contenido de similar corte antimarxista.

Entendiendo el contexto de la publicación de esta obra, esta viene precedida de una confrontación directa de Stalin contra las manifestaciones revisionistas cuyas teorías económicas incorporaban las bases que posibilitaban la degeneración ideológica de los cuadros y la restauración del capitalismo en la Unión Soviética. Esta obra se lanzaba pues tras la implacable lucha de Stalin en el interior contra las tesis revisionistas del soviético Voznesensky, o la lucha en el exterior contra las teorizaciones de Tito en Yugoslavia; recuperando ambos autores las tesis de Bujarin en la economía, tesis que precisamente Stalin ya había refutado en los años 30. Las ideas revisionistas a la que nos referimos son las que promovían «ley del valor» como rector en todas las esferas inclusive haciendo que la planificación económica girara en torno a ésta, la «descentralización económica», la «autonomía y rentabilidad de las empresas», la «predominancia del estimulo material al estimulo moral», la «venta de los medios de producción en las cooperativas», negar el carácter objetivo de las leyes de la economía política para satisfacer objetivos políticos subjetivos, y un sinfín de tesis similares que los revisionistas previos a la edición de esta obra, también los posteriores, siempre han hecho parte de su cuerpo teórico-práctico. Un ejemplo:

«La ley más elemental que rige los costos de producción y distribución de bienes es la ley del valor. (...) En la economía socialista de la ley del valor significa la necesidad de calcular y planificar en términos de dinero el costo de producción. (...) El plan del Estado en la Unión Soviética como sistema económico hace uso de la ley del valor para establecer las proporciones necesarias en la producción y distribución del trabajo social y el producto social. (...) La ley del valor opera no sólo en la producción, sino también en el intercambio de productos. En los precios en la economía socialista también son otro campo de la expresión monetaria del valor del producto, o su coste de producción y, en última instancia, de la cantidad de trabajo socialmente necesario invertido en su producción. (...) La ley del valor opera también en la distribución del trabajo mismo entre las distintas ramas de la economía nacional de la Unión Soviética. (...) Las siguientes características distintivas deben tenerse en cuenta en cuanto a la planificación y organización de la producción en empresas industriales soviéticas durante el período de economía de guerra: la contabilidad de costes estricta, la ganancia y la pérdida contable, y reducción de los costes de producción. (...) Para lograr un nivel importante de la producción, es importante crear un sistema de premios de incentivo personal para elevar la producción. (...) El socialismo científico no niega la importancia en la economía socialista de la ley de valor, de los precios de mercado, de las ganancias y pérdidas en la contabilidad. (...) En cuanto a la contabilidad de pérdidas y ganancias que se representan en la economía soviética, no sólo no es contraria al sistema socialista de economía, sino que sirve como un estímulo importante para el desarrollo de la producción socialista, en la medida en que contribuye al crecimiento de las ganancias». (Alexander Voznesensky; La economía de guerra de la Unión Soviética durante la Gran Guerra; 1947)

En una sección de esta obra se critica los errados conceptos sobre la ley del valor o la negación de las leyes objetivas en la economía. Se trata de párrafos dedicados a las teorías de Voznesensky, no se le nombra, pero se sabe que se refiere a él porque meses antes habían tenido agrias discusiones al respecto, las respuestas de Stalin a otros economistas en esta obra también responde a seguidores abiertos o encubiertos de estas teorías.

Se comprende que el ejercicio de Stalin para combatir las ideas económicas burguesas y pequeño burguesas de los revisionistas en el movimiento comunista es titánico, y que dicha obra no es una mera enunciación de ideas subjetivas, sino una lucha para defender la ideología proletaria y su proyecto de emancipación hasta la construcción de la sociedad sin clases de todo elemento que pretenda distorsionar estos principios, siendo esta obra un tesoro teórico vaya.

Notas

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