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domingo, 7 de marzo de 2021

¿Vivimos en un patriarcado?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«Con el feminismo como factor aglutinador, surgen diversos movimientos socio-políticos y filosóficos que se han convertido en moda, logrando imponer sus debates y terminología a la sociedad. «Hetero-patriarcado», «micromachismos», «cultura de la violación», «brecha salarial», «techo de cristal», «violencia de género», «espacios seguros» son términos que a todos nos resultan conocidos, sepamos o no sobre feminismo. El contenido que tienen todos estos conceptos o la connotación que le agrega el feminismo desde su lógica dan como resultado la inoculación de toda una serie de perjuicios y confusiones ideológicas entre la población, y esto, como ocurre con toda corriente de moda, acaba afectando también a los elementos que, a priori, gozan de una mayor formación política, los sectores más conscientes de la población. Esta situación, salvando las distancias, es reminiscente a la de los años 60, momento en que el maoísmo era tendencia en universidades, tertulias y movimientos políticos. Claro que, después de la sucesión de escándalos y grandes polémicas ideológicas, el maoísmo perdió suficiente vigor como para seguir captando la atención en general –y, sobre todo, para engañar a las capas más avanzadas–. Pero lo valiente era haberlo combatido cuando sus picos de popularidad estaban en alza, cuando, podemos decir, era la corriente mayoritaria entre algunos movimientos políticos de la población. Lo mismo ocurre con el feminismo. Por eso es hoy, y no mañana, cuando toca combatir a esta ideología.

El feminismo centra su discurso en el «patriarcado». Pero, al igual que muchos antifascistas con el «fascismo», o muchos nacionalistas con la «nación», no saben de lo que hablan, no tienen una definición científica, empíricamente constatable y de fácil comprensión para el público general. Lo único que hacen es lanzar fórmulas abstractas y místicas, conceptos producidos en masa e introducidos a toda prisa, como ocurriría en la cadena de montaje de una fábrica donde se trabaja a destajo. Esta falta de formación ideológica que tienen los miembros de estos movimientos es notable. Y la verdad es que no podemos esperar menos, porque en las organizaciones políticas, se centren en lo que se centren –nacionalismo, feminismo, reformismo, anarquismo, o todo ello a la vez–, lo que exigen aquí los «directores de producción» –los jefes de estas organizaciones– es poner en circulación rápidamente «mercancías» que inunden rápidamente el mercado, aunque no sean de calidad. Por eso no se preocupan de sus prestaciones –que en este caso sería la formación y desempeño del militante medio frente al público consumidor–. ¡Qué le vamos a hacer! Así operan ellos, es su naturaleza pequeño burguesa. Piensan que si no producen y lanzan tal «producto» en cadena –el militante incapacitado para toda tarea seria de agitación y propaganda– otro producto de la competencia –un militante de otra organización– será comprado y fidelizado por el consumidor –el público no politizado– en el mercado de las ideas políticas. La falta de originalidad y la precariedad de su producto merma sus ganancias, hace que el público no fidelizado siga comprando su mismo producto de siempre sin interesarse por el suyo –por ejemplo, la feminista sigue siendo feminista porque no ve nada atractivo en el antifeminismo que le ofrecen–, todo porque estos «artesanos» de la política no saben explicar las bonanzas y ventajas de su artículo si es que las tuviese –que en el caso de estos movimientos es algo dudoso–. De hecho, estos cuentistas son famosos por la «publicidad engañosa» hacia los trabajadores, y su confusión de ideas vendría a ser una «obsolescencia programada» que les condena a la ruina y escisión continua.

Mucha gente nacida en los años 80, a falta de un partido marxista-leninista que pusiera los puntos sobre las íes, se ha tragado sin problemas los diversos mitos cocinados desde las instituciones políticas y las universidades burguesas. Aquí tenemos de todo. Está, por ejemplo, el famoso discurso que asegura que «el feminismo no tiene nada que ver con una lucha de sexos», sino que defiende «la igualdad de hombres y mujeres». Otros, pese a considerar al feminismo como una rama «transversal» en lo político-filosófico, piensan seriamente que sus intereses multiclasistas y su eclecticismo ideológico son perfectamente conjugables con los lineamientos fundamentales tan definidos que tiene el marxismo. Los hay que plantean que «las marxistas del siglo XIX eran las feministas de hoy», adoptando el famoso «feminismo de clase» en el que funden feminismo y marxismo como si se tratase de una misma cosa. Por último, existen los oportunistas que conocen sobradamente que «feminismo y marxismo tienen diferencias irreconciliables», pero opinan que «es imposible ganar la batalla cultural» al feminismo y, por tanto, deberíamos plegarnos ante sus términos y no enfrentarlo frontalmente pudiendo así ganarnos mejor la atención de sus huestes. ¿Es todo esto cierto estas concepciones o estrategias respecto al feminismo? La respuesta corta es no. La respuesta larga la tiene el lector en el documento que brindamos a continuación.

Concepción espiritual y juegos de palabras idealistas para justificar el «sistema patriarcal»

Comencemos con cómo describía una antropóloga feminista al supuesto «patriarcado» que hoy regiría España:

«La universalización del «yo» masculino es uno de los fundamentos de la dominación patriarcal. Su masculinidad hegemónica afirma su objetividad. El hombre se presenta como término neutro, objetivo, sujeto universal fagocitando a la mujer. En el proceso de formación de dicho orden, el hombre ha construido un mundo narcisista creado a su propia imagen. (...) El concepto de virilidad y el linaje entronca con el concepto de «Honor» versus «Virginidad en la mujer». La mayoría de crímenes contra la mujer tienen este origen. Un problema actual y universal como son el maltrato a las mujeres y los crímenes de «honor» no se resolverán definitivamente sin extirpar antes la raíz del núcleo que lo genera. (...) A través de las «supervivencias culturales» esta subordinación de las mujeres se ve como natural y se torna, por tanto, invisible». (Dolors Reguant; Explicación abreviada del patriarcado, 2014)

¿«Honor», «linajes», «virtud de la virginidad»? Reguant de verdad cree que la sociedad actual sigue correspondiéndose con la del cantar del Mío Cid. Esto es solo una pequeña muestra de las propuestas del feminismo. En España, los partidos políticos Unidas Podemos, PSOE, BNG, Bildu, CUP y también gran parte de las pequeñas organizaciones pseudomarxistas –los revisionistas– sostienen la idea de que existe un sistema «patriarcal» que se sustenta de «forma estructural». Ahora, resulta bastante cómico que sean incapaces de demostrarlo apoyándose en leyes, instituciones jurídicas, ni declaraciones del gobierno –pues la mayoría simpatizan y miman al movimiento feminista–, con lo cual esta declaración no deja de ser una mera expresión vacía, un acto de fe idealista y voluntarista, casi similar a las tesis «conspiranoicas» sobre las sociedades secretas que controlan el sistema desde las sombras.

domingo, 14 de febrero de 2021

Clara Zektin sobre la incompatibilidad del marxismo y el feminismo

«El 28 y 29 de marzo se celebró en Berlín un congreso de feministas burguesas con el propósito de establecer una federación de asociaciones de mujeres sin ánimo de lucro en Alemania. Nuestros lectores saben que el feminismo burgués y el movimiento de las mujeres proletarias son dos movimientos sociales fundamentalmente diferentes, de modo que el último puede decir al primero con completa justificación: 

«Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos» (Isaías 55:8-9)

No tenemos por lo tanto ningún motivo para informar en este momento sobre dicho Congreso, y ello tanto menos, puesto que el programa en base al cual se fundó la Asociación es muy vago y falto de contenido, y no va más allá de frases generales acerca de la «cooperación organizada de las asociaciones de mujeres para preservar los más altos valores de la familia, para combatir la ignorancia y la injusticia», etc., etc.

Las sufragistas solo tuvieron un animado debate sobre la posición a adoptar por la nueva Asociación ante la socialdemocracia. La gran mayoría de las oradoras se manifestó en contra de la inclusión de «asociaciones abiertamente socialdemocráticas». La justificación de dicha posición «No queremos asustar al resto de los elementos y queremos desterrar la política de la Asociación», es en sí misma indiferente, pero característica de la naturaleza incolora, sumisa y lloriqueante del feminismo alemán. ¡Mientras que las feministas burguesas luchan en todos los demás países con toda energía precisamente para la concesión de la igualdad política, en Alemania ni siquiera se atreven a ocuparse oficialmente de política!

jueves, 31 de diciembre de 2020

El feminismo gubernamental, la cuestión del pin parental y el clásico seguidismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

«A los marxistas no les importa en absoluto las zarandajas del actual sistema legislativo burgués. Desconfían de sus bonitas declaraciones sobre la «defensa de los derechos humanos», la importancia de «educar en valores», etc. Todo radica en analizar los hechos claros, palpables. 

Es cómico el papel que algunos autodenominados «marxistas» están jugando, practicando el seguidismo clásico a la producción teórica de la pequeña burguesía radicalizada, más concretamente a la corriente del feminismo. 

El embelesamiento sobre el feminismo lleva hoy a la «izquierda» y los «revolucionarios» a que digan cosas tan sorprendentes como la que sigue a continuación:

«El 14 de enero se me impidió participar en un debate del PCPV sobre «Patriarcado», alegando que era exclusivamente para mujeres, cosa que se anunció a última hora. Por ello, expongo aquí las reflexiones que no pude exponer allí. (...) Propugnar un Feminismo «de clase» puede significar querer trazar una línea divisoria dentro del movimiento feminista que no ayudaría a su expansión. Pero lo más grave es que puede significar también pretender trazar una línea divisoria dentro de la clase trabajadora. Y es importante combatir cualquier intento de dividir a la clase trabajadora, sea por criterios nacionales, generacionales, de lugar de nacimiento o de género». (Rafael Pla López; ¿Feminismo de «clase» o «de la clase»? 2018)

Este «aliado» del feminismo que confiesa ser ninguneado por sus «compañeras» en los «espacios no mixtos», agradece tal trato mezclando feminismo con marxismo –eso sí, bajo el disfraz de que es un «feminismo de clase»–, pero además disuelve al proletariado entre las clases sociales en general llamándola a todas ellas como «clases trabajadoras». Para finalizar este despropósito, propone que el marxismo adopte este «feminismo de clase» pero que a su vez no se sea sectario y no exija que plante su propia visión y reivindicaciones sobre los problemas que aquejan a la «mujer trabajadora», porque eso puede «reducir su base social». En resumen: ¡«Que se abran cien flores y compitan cien escuelas de pensamiento»! ¿Se imaginan lo que podría salir de juntar esta novedosa «visión plural» e «interclasista» sobre la problemática ecológica o de género? Bueno, qué decir, ahí tenemos en Europa años de actividad de Los Verdes, Syriza o Unidas Podemos y las decepciones que causan su politiqueo. 

Trasladado esto al reciente debate sobre el pin parental en la educación –en torno a si la educación era cuestión del gobierno o de los padres–, este tipo de agrupaciones no dudaban, por supuesto, en defender a capa y espada al gobierno feminista. ¡Faltaría más!

«¿Cuál es el contenido real que se pretende censurar a través del modelo de control parental? Y este no es otro que una educación que nos ayuda a ser más libres y que nos impulsa a la igualdad en lo referente al feminismo y los derechos LGTBI. (...) Limitar el desarrollo del discurso igualitario que hay dentro del movimiento feminista». (República en Marcha; ¿Por qué la censura parental es contraria a los intereses de la clase obrera?, 2020)

Dejando de lado las cuestiones legales vigentes, los marxistas se oponen tajantemente a que el feminismo –o cualquier otra ideología anticientífica– tenga mano para introducir su ideología tanto en las actividades oficiales del centro como en las complementarias, tanto en educación sexual-afectiva como en lo tocante a la historia de la mujer. No hay más vuelta de hoja.

Hay que dejar claro que el feminismo no puede conjugarse con el marxismo, porque el segundo busca la abolición de clases mientras que el primero siempre ha sido un movimiento burgués –como denunciaban las propias marxistas–, uno que hoy cuenta con miles de ramificaciones y tendencias ideológicas, a cada cual más excéntrica y rimbombante. Véase el capítulo: «Comunistas» subiéndose al carro de moda: el feminismo» de 2020.

Incluso el vago concepto de «socialismo» que puedan tener las agrupaciones feministas o, en su defecto, las organizaciones influenciadas por el mismo, no dejará de ser un socialismo antagónico al marxista, exactamente como ocurre con los grupos revisionistas. 

«Las feministas declaran estar del lado de la reforma social, y algunas de ellas incluso dicen estar a favor del socialismo –en un futuro lejano, por supuesto– pero no tienen la intención de luchar entre las filas de la clase obrera para conseguir estos objetivos. Las mejores de ellas creen, con ingenua sinceridad, que una vez que los asientos de los diputados estén a su alcance serán capaces de curar las llagas sociales que se han formado, en su opinión, debido a que los hombres, con su egoísmo inherente, han sido los dueños de la situación. A pesar de las buenas intenciones de grupos individuales de feministas hacia el proletariado, siempre que se ha planteado la cuestión de la lucha de clases han dejado el campo de batalla con temor. Reconocen que no quieren interferir en causas ajenas, y prefieren retirarse a su liberalismo burgués que les es tan cómodamente familiar». (Aleksandra Kolontái; Los fundamentos sociales de la cuestión femenina, 1907)

Entender esto no significa que se deba refutar al feminismo en base al mero insulto ni tampoco con un lenguaje rebuscado que nada puede aclarar. Hay que aceptar el nivel ideológico generalizado y en consecuencia hablar de forma que la gente pueda entender el abismo que separa al feminismo del marxismo.

domingo, 22 de noviembre de 2020

Sobre la teoría feminista de la paridad; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Vale decir que la teoría de la «paridad», abanderada por diversas ramas del feminismo, promueve un equilibrio obligado en el número de hombres y mujeres en temas como puestos de poder, lo cual supone una «discriminación positiva» bajo la excusa de que así es como se resolverá la desigualdad entre el hombre y la mujer en la participación en la política, la incorporación al tejido productivo o el acceso a la cultura. Pero las leyes de paridad solo son una muestra de caridad de la burguesía hacia la mujer que quedan muy bien de cara a la galería, igual que ocurre cuando la burguesía agita la bandera y el espíritu de la beneficencia hacia los pobres, pero no resuelve nada, pues es un parche, una solución superficial que deja intacto el problema que origina la desigualdad de la mujer en ciertas ocasiones.

Colocar sin más a una mujer en un cargo por el mero hecho de ser mujer es un acto que puede suponer que dicho elemento finalmente desempeñe de forma correcta y hasta notablemente su función en el cargo, pero ello no borrará el hecho de que en el momento de su selección se puso por delante su sexo en detrimento de su habilidad. Por otro lado, en esta situación también puede darse el caso de que se ponga en un aprieto a un sujeto femenino no cualificado, abriendo la posibilidad a un mal desempeño, que será producido no porque la mujer sea una inútil, sino porque simplemente no estaba preparada, porque en este caso el motivo sexual fue el requisito principal para su selección, siendo su formación requerida un aspecto de segundo orden. Esto supone, además, denegar el acceso a otra persona más cualificada solo por el hecho de tener otro sexo, discriminación que aleja a los sistemas democrático-burgueses de la tan cacareada «meritocracia» que dicen que es signo de «salud democrática». Lo mismo cabe decir sobre el delegar puestos en favor de una «visibilización del movimiento LGTB» o en favor de la «racialización» de los puestos administrativos o políticos, cuestiones tan de moda hoy.

martes, 3 de noviembre de 2020

El movimiento nacionalista kurdo, sus desviaciones anarco-feministas, sus vínculos con los imperialismos y el silencio cómplice de los oportunistas; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

«La propaganda a favor del nacionalismo kurdo

¿Qué es actualmente el movimiento nacional kurdo? Más allá de hacer un repaso de la historia sobre la opresión nacional de los kurdos, de los planteamientos políticos de sus variados grupos y de lo que sostenían en el pasado, que sería un total enredo, centrémonos mejor en vislumbrar lo que Reconstrucción Comunista (RC) apoya en la actualidad.

Las desviaciones ideológicas del movimiento nacional kurdo se han agudizado en las últimas décadas sin lugar a dudas. Son ciertamente muy evidentes sus postulados anarco-ecologistas:

«El PKK ha declarado que no busca crear un Estado kurdo. En vez de eso, inspirado en parte por la visión de la ecologista social y anarquista Murray Bookchin, ha adoptado la visión del «municipalismo libertario», llamando a los kurdos crear comunidades libres y autogobernada, basadas en los principios de la democracia directa, que irían juntas más allá de las fronteras nacionales. (...) En este sentido, proponer, la lucha kurda podría convertirse en un modelo para un movimiento mundial hacia una democracia genuina, una economía cooperativa y la disolución gradual de la burocracia Estado-nación. Desde 2005 el PKK, inspirado en la estrategia de los rebeldes zapatistas en Chiapas, declaró el alto al fuego unilateral con el Estado turco y comenzó a concentrar sus esfuerzos en desarrollar estructuras democráticas en los territorios que ya controlaban. Algunos han cuestionado cómo de serio es realmente todo esto. Claramente, quedan elementos autoritarios». (Descontrol; La revolución ignorada, 2015)

¿No recuerda esto a las reivindicaciones de movimientos nacionalistas y anarcoides como las presentadas por la Candidatura de Unidad Popular (CUP) en Cataluña –aquella por la que el famoso ecléctico anarco-comunista Hasél pedía el voto–? Sea como sea, he aquí conceptos económicos como la autogestión, tan cacareados entre el revisionismo titoísta, castrista, sandinista o el actual socialismo del siglo XXI, un concepto anarco-sindicalista ampliamente refutado por el marxismo-leninismo:

jueves, 16 de julio de 2020

El reclutamiento y promoción solo pueden ser a base de meritocracia


«Sobre la experiencia de todo el partido, pienso que existe una concepción hasta cierto punto burocrática y esquemática en torno a estos problemas clave del partido. Cuando admitimos mujeres en el partido, no lo hacemos simplemente para decir: «Mira, en nuestro partido hay también mujeres», sino porque ellas constituyen la mitad de nuestra sociedad y su nivel en todos los aspectos se ha elevado tanto, que merecen ser miembros del partido. Aquí radica la concepción justa y científica del problema. O cuando se dice que la aplastante mayoría, el porcentaje más alto entre los miembros del partido deben constituirlo los obreros, esto significa que la clase obrera dirige. Y necesariamente debemos aplicar este principio, sin discusión alguna. Pero la cuestión es que se comprenda científicamente. En el partido no debemos admitir a los obreros por ser obreros, sino porque lo merezcan. Digo esto, porque hay una categoría de obreros, que son obreros de nombre, pero que en su trabajo y conducta dejan mucho que desear. Por eso la actitud del obrero, acerca del cual se discute para que ingrese al partido, hay que verla con mucha atención, ver cómo trabaja para aplicar las directrices del partido, sus orientaciones sobre la productividad y los costos de producción, sobre la disciplina, etc., ver si trabaja en realidad de tal manera que sea ejemplo para todos. Así pues, un problema clave como es el de las admisiones en el partido, por ejemplo, no hay que considerarlo únicamente sobre la base de algunas cifras». (Enver Hoxha; El trabajo del partido hay que concebirlo como ciencia y llevarlo científicamente; Extractos de una conversación con miembro del Buró del Comité Regional del partido y algunos cuadros de la región de Korça, 1980)

miércoles, 8 de julio de 2020

¿Existe una «vía masculina» revolucionaria, y una «vía femenina» reformista de hacer política como asegura Pablo Iglesias?


[Post publicado originalmente en 2017]

«@MonederoJC: Llevamos mucho tiempo recordando que necesitamos una matria. La patria –de «patrimonio», los bienes vinculados al pater familias– reclama la virilidad del patriarcado. La patria te lleva a la guerra, te hace desfilar. La matria te cuida y responsabiliza. @Yolanda_Diaz_acierta». (Twitter; Juan Carlos Monedero, 17 jul. 2021)

Aprovechando la ola del feminismo, esta «nueva izquierda» afirma ser partidaria de una «noción femenina de las cosas», tanto para las más cotidianas como las más importantes, bien sea para necesidades materiales como para las de mayor índole espiritual. Una de las ideas más estúpidas que ha calado hondamente entre las filas de Podemos –hasta convertirla en un dogma visible– ha sido el aceptar una teoría social repleta de misticismo sobre el papel benévolo que casi siempre habría jugado la mujer en la historia, y no solo eso, sino que también habrían descubierto, en su profundo saber histórico, la «especial sensibilidad» para conocer y sentir (sic) de la mujer. Según aseveran, desligados de las «antiguas creencias y ataduras», esta es la «nueva óptica moderna» desde la cual debemos observar todo si queremos transformar el mundo y a nosotros mismos. De esa forma, pareciera que la mujer en abstracto, como ser inmaculado, tuviera un «sexto sentido» para abordar las cosas de la vida, uno el cual quién sabe por qué razón el varón no logró desarrollar nunca, siendo este último casi que un lamentable error en las postrimerías de la «Biblia del Feminismo». Entre tanto, este «movimiento transversal» hace mucho que izó velas y ha surcado los mares rebosando sapiencia por doquier. De su largo trayecto aseguran haber logrado traernos como «botín» las mejores virtudes desarrolladas por el ser humano a lo largo de su dilatado periplo por La Tierra, y creen, ¡faltaría más!, que esto ha sido gracias al ingenio y bondad de la mujer, por lo que se han esforzado por esquivar en todo momento el mal encarado oleaje de la «ciencia patriarcal», etiqueta que ponen a cualquier movimiento, teoría o personaje que contradiga sus filias ideológicas y sus figuras fetiche. Esta, en resumidas cuentas, es su visión del mundo, aunque el lector podrá encontrar más información en otros lugares de nuestro medio. Véase el capítulo: «¿Vivimos en un patriarcado?» de 2021.

jueves, 27 de febrero de 2020

«Comunistas» subiéndose al carro de moda: el feminismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Parafraseando a Fourier, Marx dijo:

«El grado de emancipación femenina determina naturalmente la emancipación general». (Karl Marx y Friedrich Engels; La sagrada familia, 1844)

Las posiciones políticas del Partido Comunista de España (marxista-leninista) de 1964-1985 sobre la mujer estuvieron inspiradas claramente en las nociones marxistas sobre el tema:

martes, 28 de enero de 2020

Bebel exponiendo el cinismo de la teoría feminista del «techo de cristal»...


«Lo más notable de estas aspiraciones es que no transcienden el marco del orden social actual. No se plantea la cuestión de si se ha realizado en general algo esencial y radical para la situación de las mujeres. Apoyarse en el orden social burgués, es decir, capitalista, se considera la igualdad de derechos burgués entre el hombre y la mujer como solución definitiva de la cuestión. Uno no es consciente o se engaña en el sentido de que, por lo que se refiere a la libre admisión de la mujer a las profesiones industriales y comerciales, este objetivo se ha alcanzado realmente, y por parte de las clases dominantes recibe el más vigoroso impulso en su propio interés. Pero en las circunstancias dadas, la admisión de las mujeres a todas las actividades industriales ha de tener el efecto de que se acentúe cada vez más la lucha competitiva de las fuerzas del trabajo, y el resultado final es: disminución de los ingresos para la fuerza de trabajo femenina y masculina. (...) Es evidente que esta no puede ser la solución correcta. (...) A la gran mayoría de las mujeres les es indiferente que unos cuantos miles de sus compañeras pertenecientes a las capas mejor situadas de la sociedad lleguen a la enseñanza superior, a la práctica de la medicina o a una carrera científica o administrativa cualquiera. Ello no altera en nada la situación general del sexo. (...) El mundo femenino está especialmente interesado en combatir hombro con hombro con el mundo masculino proletario por todas las normas e instituciones que protegen a la mujer de la degeneración física y moral y le garantizan sus facultades de madre y educadora de los hijos. La proletaria tiene también en común con sus compañeros masculinos de clase y destino la lucha por la transformación radical de la sociedad, a fin de establecer una situación que facilite la completa independencia económica y espiritual de los dos sexos mediante las correspondientes instituciones sociales. Así que no solo se trata de realizar la igualdad de derechos de la mujer con el hombre en el terreno del orden social existente, lo cual constituye el objetivo del movimiento femenino burgués, sino, más aún, de eliminar todas las barreras que hacen que el hombre dependa del hombre, y, por tanto, también un sexo del otro. Esta solución de la cuestión femenina va vinculada a la solución de la cuestión social (...) Todos los socialistas debieran estar de acuerdo con las ideas fundamentales expuestas aquí. Pero no podemos decir lo mismo respecto a la manera en que pensamos realizar los objetivos finales, es decir, cómo deben de ser las medidas e instituciones individuales que fundamentan la pretendida independencia e igualdad de derechos». (August Bebel; La mujer y el socialismo, 1879)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

Véase otras exposiciones marxistas similares:


«Entonces, ¿es realmente posible hablar de las feministas como las pioneras en el camino hacia el trabajo de las mujeres, cuando en cada país cientos de miles de mujeres proletarias habían inundado las fábricas y los talleres, apoderándose de una rama de la industria tras otra, antes de que el movimiento de las mujeres burguesas ni siquiera hubiera nacido? (...) Nos resulta difícil señalar un solo hecho en la historia de la lucha de las mujeres proletarias por mejorar sus condiciones materiales en el que el movimiento feminista, en general, haya contribuido significativamente. Cualquiera que sea lo que las mujeres proletarias hayan conseguido para mejorar sus niveles de vida es el resultado de los esfuerzos de la clase trabajadora en general, y de ellas mismas en particular. La historia de la lucha de las mujeres trabajadoras por mejorar sus condiciones laborales y por una vida más digna es la historia de la lucha del proletariado por su liberación. ¿Qué fuerza a los propietarios de las fábricas a aumentar el precio del trabajo, a reducir horas e introducir mejores condiciones de trabajo, si no el temor a una grave explosión de insatisfacción del proletariado? ¿Qué, si no el miedo a los «conflictos laborales», persuade al gobierno de establecer una legislación para limitar la explotación del trabajo por el capital?». (Alejandra Kollontai; Los fundamentos sociales de la cuestión femenina, 1907)

martes, 13 de agosto de 2019

Aceptamos plenamente las particularidades naturales de cada sexo


«Dejando a los estudiosos burgueses absortos en el debate de la cuestión de la superioridad de un sexo sobre el otro, o en el peso de los cerebros y en la comparación de la estructura psicológica de hombres y mujeres, los seguidores del materialismo histórico aceptan plenamente las particularidades naturales de cada sexo y demandan sólo que cada persona, sea hombre o mujer, tenga una oportunidad real para su más completa y libre autodeterminación, y la mayor capacidad para el desarrollo y aplicación de todas sus aptitudes naturales. Los seguidores del materialismo histórico rechazan la existencia de una cuestión de la mujer específica separada de la cuestión social general de nuestros días. Tras la subordinación de la mujer se esconden factores económicos específicos, las características naturales han sido un factor secundario en este proceso. Sólo la desaparición completa de estos factores, sólo la evolución de aquellas fuerzas que en algún momento del pasado dieron lugar a la subordinación de la mujer, serán capaces de influir y de hacer que cambie la posición social que ocupa actualmente de forma fundamental. En otras palabras, las mujeres pueden llegar a ser verdaderamente libres e iguales sólo en un mundo organizado mediante nuevas líneas sociales y productivas». (Aleksandra Kolontái; Los fundamentos sociales de la cuestión femenina, 1907)

jueves, 1 de agosto de 2019

Sobre el feminismo que se declara en favor del socialismo...


«¿No pueden las mujeres de ambos bandos sociales, por el bien de sus aspiraciones políticas comunes, superar las barreras del antagonismo de clase que las separan? ¿No serán capaces seguramente de librar una lucha común contra las fuerzas hostiles que los las rodean? La división entre la burguesía y el proletariado es tan inevitable como otras cuestiones que nos atañen, pero en el caso de este asunto particular las feministas creen que las mujeres de las distintas clases sociales no tienen diferencias.

Las feministas continúan volviendo a estos argumentos con amargura y desconcierto, viendo nociones preconcebidas de lealtad partidista en la negativa de las representantes de la clase trabajadora a unir sus fuerzas con ellas en la lucha por los derechos políticos de las mujeres. ¿Es realmente éste el caso? ¿Existe una identificación total de las aspiraciones políticas o, en este caso, al igual que en todos los demás, el antagonismo la creación de un ejército de mujeres indivisible, por encima de las clases? Tenemos que responder a esta cuestión antes de que podamos definir las tácticas que las mujeres proletarias utilizarán para obtener derechos políticos para su sexo.

Las feministas declaran estar del lado de la reforma social, y algunas de ellas incluso dicen estar a favor del socialismo –en un futuro lejano, por supuesto– pero no tienen la intención de luchar entre las filas de la clase obrera para conseguir estos objetivos. Las mejores de ellas creen, con ingenua sinceridad, que una vez que los asientos de los diputados estén a su alcance serán capaces de curar las llagas sociales que se han formado, en su opinión, debido a que los hombres, con su egoísmo inherente, han sido los dueños de la situación. A pesar de las buenas intenciones de grupos individuales de feministas hacia el proletariado, siempre que se ha planteado la cuestión de la lucha de clases han dejado el campo de batalla con temor. Reconocen que no quieren interferir en causas ajenas, y prefieren retirarse a su liberalismo burgués que les es tan cómodamente familiar.

jueves, 30 de agosto de 2018

¿Dónde está la unidad de tareas y aspiraciones acerca de las cuales las feministas tienen tanto que decir?


«Las feministas buscan la igualdad en el marco de la sociedad de clases existente, de ninguna manera atacan la base de esta sociedad. Luchan por privilegios para ellas mismas, sin poner en entredicho las prerrogativas y privilegios existentes. No acusamos a las representantes del movimiento de mujeres burgués de no entender el asunto, su visión de las cosas mana inevitablemente de su posición de clase.

En primer lugar debemos preguntarnos si un movimiento unitario sólo de mujeres es posible en una sociedad basada en las contradicciones de clase. El hecho de que las mujeres que participan en el movimiento de liberación no representan a una masa homogénea es evidente para cualquier observador imparcial.

El mundo de las mujeres está dividido –al igual que lo está el de los hombres– en dos bandos. Los intereses y aspiraciones de un grupo de mujeres les acercan a la clase burguesa, mientras que el otro grupo tiene estrechas conexiones con el proletariado, y sus demandas de liberación abarcan una solución completa a la cuestión de la mujer. Así, aunque ambos bandos siguen el lema general de la «liberación de la mujer», sus objetivos e intereses son diferentes. Cada uno de los grupos inconscientemente parte de los intereses de su propia clase, lo que da un colorido específico de clase a los objetivos y tareas que se fija para sí mismo.

jueves, 28 de septiembre de 2017

La falsa pose en la cuestión de género: la misoginia y el machismo operante en Reconstrucción Comunista; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«Reconstrucción Comunista (RC) ha sido un nido de adolescentes aburguesados, inadaptados, skinheads, drogadictos y todo tipo de lumpens de distinta naturaleza, y como tal, era seguro que arrastrasen una cultura fuertemente patriarcal. Su líder Roberto Vaquero es la misoginia y el machismo personificado. Su forma de pensar y actuar ha influenciado directamente a los militantes de la organización tanto masculinos como femeninos. No menos importante es en esto los diversos casos de maltratos psicológico y físico entre parejas dentro de RC, siendo su postura conciliadora con los maltratadores un refuerzo en el pensamiento patriarcal generalizado dentro de la organización.

1) El caso del brigadista que viajó a Rojava Paco Arcadio y su ex pareja es bien notorio, en el cual la víctima acabó denunciando en público los malos tratos sufridos y la negativa de este a cambiar sus actitudes ni realizar una autocrítica pese a las promesas de Reconstrucción Comunista (RC). Fue un caso realmente impactante por el que muchos empezamos a abrir los ojos sobre la línea que RC tenía sobre las cuestiones de género:

jueves, 27 de julio de 2017

Los ideólogos de la iglesia y la burguesía hablando sobre la mujer

Tomás de Aquino, Napoleón, Nietzsche y Freud

«Disculpad si me alejo algo del tema que tratamos, pero lo hago expresamente, para entrar en él. El sistema capitalista de la sagrada propiedad privada, de la explotación del hombre por el hombre, de la esclavitud económica» y espiritual del hombre, ha pesado sobre todos, pero, especialmente y con mayor brutalidad, sobre la mujer. La mujer fue la primera esclava, lo era ya antes, de que el esclavismo apareciera en la humanidad. Durante toda la historia, sin entrar en la prehistoria, ya sea en la época de la civilización helénica, en la romana, en el medioevo, en la época del Renacimiento, en la moderna, o en la «refinada civilización» contemporánea burguesa, la mujer ha sido y es el ser humano más esclavizado, oprimido, explotado y desudado en todos los sentidos. Las leyes, las costumbres, religión, el sexo, masculino la oprimen la mantienen bajo su yugo.

«El primer antagonismo de clases en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer, en la monogamia, y la primera opresión clasista coincide con la esclavitud del sexo femenino por el masculino». (Friedrich Engels; El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, 1884)

«Descubrí que la mujer es más amarga que la muerte», dice en alguna parte el Eclesiastes. San Juan Crisostomo tenía otra opinión. Decía: «Entre las bestias, más feroces, no hay otra más dañina que la mujer». Santo Tomás de Aquino, el teólogo filósofo, uno de los filósofos dominantes del oscurantismo medieval, pensaba y profetizaba que: «El destino de la mujer es vivir bajo el yugo del hombre», y por último, para terminar con estas citas bárbaras. «La naturaleza ha hecho a las mujeres nuestras esclavas», ha dicho Napoleón.

martes, 21 de marzo de 2017

Frente a la ideología reaccionaria burguesa, los marxista-leninistas oponemos nuestros principios de la igualdad total entre el hombre y la mujer


«En general, esta actitud reaccionaria y discriminatoria hacia la mujer va acompañada de la prédica en todo momento y lugar de que la mujer fue creada por Dios para obedecer, obedecer al marido, obedecer sumisamente al patrón, obedecer a la autoridad. Contra esta actitud oscurantista con relación a la mujer, Lenin dijo: 

«Esta exclusividad, tendente a confinar a la mujer en su casa, la priva de ver más allá de su hogar, de participar activamente en la producción social y en los asuntos políticos, de los cuales dependen al fin y al cabo su felicidad y la de sus hijos». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; Una gran iniciativa, 1919) 

Y Engels por su parte señaló que: 

«La emancipación de la mujer exige, como primera condición la incorporación de todo el sexo femenino en el trabajo productivo social». (Friedrich Engels; El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado, 1884)

Dada la importancia del problema de la mujer en nuestro país y la urgente necesidad de que ésta, que en la sociedad española constituye aproximadamente la mitad de la población, se incorpore más ampliamente a la lucha contra la dictadura y por su propia emancipación, así como que los mismos militantes adopten una actitud correcta y revolucionaria frente a este problema, creemos importante recordar algunas cuestiones históricas que nos permitan abordar el problema de la mujer sobre la base de los principios de la lucha de clases y de la lucha por el socialismo.

Corresponde a Engels el incomparable mérito de haber descubierto y analizado sobre la base de datos aún escasos en su época, el verdadero origen de la opresión que la mujer sufre desde hace miles de años. En vez de las consideraciones tradicionales y superficiales sobre la mujer, su psicología particular, sus debilidades o cualidades, que normalmente se utilizan para justificar su opresión, Engels ha dado una explicación económica que es la única que nos permite estudiar de manera racional todos los problemas relativos a la opresión de la mujer, a su posición inferior en la sociedad y a su liberación. Fue también Engels quien indicó con gran claridad la relación que existe entre la condición de la mujer y la aparición de las clases, motivada por el desarrollo de la propiedad privada. A este respecto Engels dice: 

«La primera oposición de clase que se manifiesta en la historia, coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en el matrimonio conyugal, y la primera opresión de clase, con la opresión del sexo femenino por el sexo masculino». (Friedrich Engels; El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado, 1884)

En efecto, puede hoy afirmarse que la familia conyugal ha nacido de las contradicciones económicas que aparecen en el momento en que el trabajo se ha hecho más productivo, es decir, ésta ha nacido de la propiedad privada y se ha consolidado con ella, al mismo tiempo que se precisaban en toda la sociedad los antagonismos de clase. Por consiguiente los conflictos y las luchas que se desarrollan en el seno de la sociedad han de reflejarse, y de hecho se reflejan, en la oposición existente inicialmente entre los hombres y las mujeres en el seno del matrimonio conyugal. La noción de la inferioridad de la mujer se explica fundamentalmente por el hecho de que desde el momento en que los hombres obtienen su supremacía, han impuesto la idea de que las mujeres son de una naturaleza distinta, que poseen por naturaleza caracteres distintos y que sus capacidades son normalmente inferiores. A este respecto no podemos dejar de señalar el papel determinante que en la era cristiana ha jugado la «Santa Madre Iglesia», cuyos fundadores sostenían incluso la idea de que la mujer era un ser intermedio entre el hombre y el animal, un ser impuro e inferior en todos los órdenes.

Todas las clases opresoras tratan de justificar su opresión imponiendo la idea de que el ser oprimido es inferior. Así tenemos el caso de la política racista que trata de justificar la inferioridad de los pueblos de color, para mejor asegurarse su explotación y opresión. Otro tanto ocurre con la mujer utilizada hoy por el capitalismo como mano de obra barata y como reserva en la producción. Ahora bien, como la clase dominante, en este caso la burguesía capitalista e imperialista, es la clase que impone su ideología al conjunto de la sociedad, la noción de la inferioridad de la mujer también existe entre la clase obrera, e incluso entre no pocas mujeres.

Frente a la ideología reaccionaria burguesa, los marxista-leninistas oponemos nuestros principios de la igualdad total entre el hombre y la mujer y rechazamos de plano toda idea de discriminación hacia la mujer y de considerarla como un ser inferior. Afirmamos a este respecto:

1. Que la subordinación de la mujer no se basa en una inferioridad congénita, sino que es la consecuencia histórica de un hecho económico, es decir, del desarrollo de la productividad del trabajo y el acaparamiento por los hombres de las principales riquezas creadas por esta productividad acrecentada.

2. Que el desarrollo de la propiedad privada monopolizada por los hombres, ha hecho posible el reforzamiento hasta el extremo de la autoridad del marido en la familia y ha convertido a la mujer prácticamente en una esclava doméstica, totalmente sometida a los deseos y a la voluntad del marido.

3. Que dada la estructura familiar basada en la transmisión de la propiedad privada, no existe esperanza alguna bajo el régimen capitalista de que la mujer se libere totalmente, ya que los hombres de las clases dirigentes tienen sus intereses de clase ligados a esa estructura familiar.

4. Que la degradación de la familia actualmente, ha comenzado con el desarrollo de la gran industria que ha arrancado a la mujer de la servidumbre doméstica para imponerla otras nuevas.

5. Que la incorporación de la mujer a determinadas actividades y funciones reservadas hasta el presente a los hombres, anuncia su eventual independencia económica y ya en algunos países les ha permitido cierto grado de igualdad jurídica con los hombres.

6. Que el modo cómo las mujeres desempeñan las funciones sociales y profesionales demuestra que sus capacidades intelectuales, su poder de decisión y su espíritu de organización, no son en modo alguno inferiores a los hombres. En España, al igual que en otros países capitalistas, la mujer trabajadora sólo se verá liberada de su condición de ser inferior y de su doble opresión –explotación y opresión del hombre–, con la implantación de un régimen socialista. Denunciando la actitud de engaño de la burguesía hacia la mujer, Lenin señaló en el año 1919 que: 

«La democracia burguesa es la democracia de las frases pomposas, de la palabrería solemne, de las promesas rimbombantes, de las consignas grandilocuentes de la libertad e igualdad, pero en la práctica todo eso oculta la falta de libertad y la desigualdad de la mujer, la falta de libertad y la desigualdad de los trabajadores y de los explotados». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; El Poder Soviético y la situación de la mujer, 6 de noviembre de 1919)

Y al mismo tiempo, Lenin señalaba todo cuanto un régimen socialista hace por la liberación real de la mujer: 

«Observad la situación de la mujer. Ningún partido democrático del mundo, en ninguna de las repúblicas más avanzadas, se ha hecho en este aspecto en decenas de años ni la centésima parte de lo que hemos hecho nosotros en el primer año de nuestro Poder. No hemos dejado piedra sobre piedra, en el sentido literal de la palabra, de las vergonzosas leyes que establecían la desigualdad de la mujer, que oponían obstáculos al divorcio y que exigían para él requisitos odiosos». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; Una gran iniciativa, 1919) (Elena Ódena; La mujer española y la lucha contra la dictadura franquista, 1967)

viernes, 16 de septiembre de 2016

Sobre la «cuestión sexual»: entrevista de Clara Zetkin a Lenin en 1920


«Lenin me había hablado muchas veces del problema de la mujer. Se veía que atribuía una importancia muy grande al movimiento femenino, como parte esencial, en ocasiones incluso decisiva, del movimiento de las masas. Huelga decir que, para él, la plena equiparación social de la mujer con el hombre era un principio inconmovible, y que ningún comunista podía ni siquiera discutir. Fue en el gran despacho de Lenin en el Kremlin donde, en el otoño de 1920, tuvimos la primera conversación un poco larga acerca de este tema. Lenin estaba sentado en su mesa de escribir, que, cubierta de papeles y de libros, hablaba de estudio y de trabajo, sin que reinase en ella ningún «desorden genial».

—Tenemos que crear a todo trance un fuerte movimiento femenino internacional sobre una base teórica clara –dijo Lenin, encauzando la conversación después de las palabras de saludo–. Sin teoría marxista no puede haber una buena actuación práctica, esto es evidente. Nosotros, los comunistas, necesitamos también de una gran pureza de principios en esta cuestión. Tenemos que distinguirnos nítidamente de todos los demás partidos. Desgraciadamente, nuestro segundo congreso internacional ha fallado en el modo de plantear el problema de la mujer. Planteó el problema, pero sin llegar a tomar una posición ante el. El asunto se halla todavía en poder de una comisión. Esta se encargará de redactar una proposición, tesis, líneas directrices. Sin embargo, hasta hoy no ha hecho gran cosa. Es necesario que usted eche una mano.

Lo que Lenin me decía lo había oído ya por otro conducto, manifestando mi asombro ante ello. Estaba entusiasmada de todo lo que las mujeres rusas habían aportado a la revolución y de lo que todavía aportaban para defenderla y sacarla adelante. El partido bolchevique me parecía también un partido modelo, el partido modelo por excelencia, en lo tocante a la posición y actuación de la mujer dentro de el. Este partido aportaba, por sí solo, elementos valiosos, disciplinados y expertos y un gran ejemplo histórico al movimiento femenino comunista internacional.

—Sí; eso es cierto, y es magnífico y está muy bien –dijo Lenin, con una sonrisa silenciosa, apenas esbozada–. En Petrogrado, aquí, en Moscú, en las ciudades y centros industriales y en el campo, las proletarias se han portado maravillosamente en la revolución. Sin ellas, no habríamos triunfado. O habríamos triunfado a duras penas. Yo lo creo así. No puede usted imaginarse lo valientes que fueron y lo valientes que están siendo todavía. Represéntese usted todas las penalidades y privaciones que soportan estas mujeres. Y las soportan porque quieren que los Soviets salgan adelante, porque quieren la libertad, el comunismo. Sí; nuestras proletarias son unas magníficas luchadoras de clase. Merecen que se las admire y se las quiera. Por lo demás, hay que reconocer que también las damas de la «democracia constitucional» demostraron en Petrogrado mucha más valentía contra nosotros que los hombrecillos terratenientes. Eso es verdad. En el partido, tenemos camaradas de confianza, inteligentes e incansables para la acción. Con ellas, hemos podido cubrir no pocos puestos importantes en los Soviets y Comités ejecutivos, en los comisariados del pueblo y en las oficinas públicas. Algunas trabajan día y noche en el partido o entre las masas de los proletarios y los campesinos y en el Ejército rojo. Esto, para nosotros, tiene mucha importancia. Y lo tiene también para las mujeres del mundo entero, pues demuestra la capacidad de la mujer, la gran importancia que tiene su valor para la sociedad. La primera dictadura del proletariado está siendo su verdadero campeón en la lucha por la plena equiparación social de la mujer. Desarraiga más prejuicios que muchos volúmenes de literatura feminista. Pero, a pesar de todo y con todo, todavía no existe un movimiento femenino comunista internacional, y es necesario crearlo a todo trance. Es necesario entregarse inmediatamente a esta tarea. Sin esto, la labor de nuestra Internacional y de sus partidos no es ni será nunca lo que debe ser. Y hay que conseguir que lo sea, pues lo exige la revolución. Cuénteme usted en qué situación está la labor comunista en el extranjero».

Le informé acerca de esto, todo lo bien que podía hacerlo, dada la mala e irregular articulación que por aquel entonces existía en los partidos afiliados a la III Internacional. Lenin escuchaba mis palabras atentamente, con el cuerpo un poco inclinado hacia adelante, sin asomo de cansancio, de impaciencia o de hastío, siguiendo con reconcentrado interés hasta los detalles más secundarios. No he conocido a nadie que escuchase mejor que él ni que mejor ordenase lo escuchado, sacando de ello las conclusiones generales. Así lo denotaban las preguntas rápidas y siempre muy concretas con que interrumpía de vez en cuando los informes y el modo certero con que volvía después sobre este o aquel detalle de la conversación. Lenin tomaba algunas notas rápidas.

Como era natural, analicé con especial detenimiento la situación alemana. Expuse a Lenin la insistencia con que Rosa Luxemburgo planteaba la necesidad de ganar para las luchas revolucionarias a las grandes masas femeninas. Al fundarse el partido comunista, acuciaba porque se lanzase un periódico para la mujer. Cuando Leo Jogiches, en la última entrevista que tuvimos –dos días antes de que le asesinasen– discutió conmigo las tareas inmediatas del partido y me encomendó algunos trabajos, figuraba entre éstos un plan para la organización de la labor entre las mujeres trabajadoras. En su primera conferencia clandestina, el partido se había ocupado de este asunto. Las agitadoras y dirigentes que antes de la guerra y durante ésta se habían destacado como mujeres disciplinadas y expertas dentro del movimiento, se habían quedado casi sin excepción dentro de la socialdemocracia, reteniendo con ellas a las proletarias más inquietas. No obstante, se había logrado reunir ya un pequeño núcleo de camaradas muy enérgicas y dispuestas a todos los sacrificios, tomaban parte en todos los trabajos y en todas las luchas del partido. Este núcleo de mujeres se había puesto ya a organizar la actuación sistemática entre las proletarias. Naturalmente, estaba todo en sus comienzos todavía; pero eran ya, desde luego, comienzos muy prometedores.

—No está mal, nada mal –dijo Lenin–. La energía, la capacidad de sacrificio y el entusiasmo de las camaradas, su valentía y su habilidad en tiempos clandestinos abren una buena perspectiva sobre la labor futura. Son elementos muy valiosos para el desarrollo del partido y su robustecimiento, para su capacidad de atracción sobre las masas y para planear y desarrollar acciones. Pero, ¿qué tal andan las camaradas y los camaradas en punto a claridad y a disciplina en cuanto a principios? Esto tiene una importancia fundamental para el trabajo entre las masas. Influye enormemente sobre lo que pasa entre las masas, saber lo que las atrae y entusiasma. De momento, no recuerdo quién fue el que dijo que «para hacer grandes cosas hay que entusiasmarse». Nosotros y los trabajadores del mundo entero tenemos todavía, realmente, grandes cosas que hacer. Veamos, pues, ¿qué es lo que entusiasma a esas camaradas, a las mujeres proletarias de Alemania? ¿Cómo andan de conciencia proletaria de clase? ¿Concentran su interés, su actuación, en las reivindicaciones políticas de la hora? ¿Cuál es el eje de sus pensamientos?

Acerca de esto, he oído contar cosas muy curiosas a algunos camaradas rusos y alemanes. Voy a decirle a usted una. Me han contado, por ejemplo, que una comunista muy inteligente de Hamburgo edita un periódico para las prostitutas, y quiere organizar a éstas en la lucha revolucionaria. Rosa sentía y obraba humanamente como comunista cuando, en un artículo, salió en defensa de unas prostitutas a quienes no sé qué trasgresión cometida contra las ordenanzas de policía por las que se rige el ejercicio de su triste profesión, habían llevado a la cárcel. Estos seres son víctimas de la sociedad burguesa, dignas de lástima por dos conceptos. Son víctimas de su maldito régimen de propiedad y son además víctimas de su maldita hipocresía moral. Esto es evidente, y sólo un hombre zafio y miope puede no verlo. Pero una cosa es comprender esto y otra cosa muy distinta querer organizar a las prostitutas –¿cómo diré yo?– gremialmente como una tropa revolucionaria aparte, editando para ellas un periódico industrial. ¿Es que en Alemania no quedan ya obreras industriales que organizar, para quienes editar un periódico, a quienes atraer a nuestras luchas? Se trata, evidentemente, de un brote enfermizo. Esto me recuerda demasiado aquella moda literaria que convertía poéticamente a cada prostituta en una santa de los altares. También aquí era sana la raíz: un sentimiento de solidaridad social, de rebeldía contra la hipocresía virtuosa de los honorables burgueses. Pero este sentimiento sano degeneraba y se corrompía en manifestaciones burguesas. Por lo demás, también a nosotros nos va a plantear más de un problema difícil el asunto de la prostitución. Hay que tender a incorporar a las prostitutas al trabajo productivo, a la economía social. Pero esto es difícil y complicado de conseguir en el estado actual de nuestra economía y bajo todo el conjunto de circunstancias actuales. Ahí tiene usted un fragmento del problema de la mujer que se presenta ante nosotros después de la conquista del poder por el proletariado y que reclama una solución práctica. En la Rusia soviética, esto nos dará todavía mucho que hacer. Pero, volvamos al caso especial de Alemania. El partido no puede, ni mucho menos, cruzarse de brazos ante esos desaguisados que cometen sus individuos. Esto crea confusión y dispersa fuerza. Y usted, vamos a ver, ¿qué ha hecho por impedir estas cosas?

miércoles, 11 de marzo de 2015

La cuestión del género y la clase social; Gazeta de Antropología Marxista-Leninista, 2015

Aprovechamos el pasado 8 de marzo, el «día internacional de la mujer trabajadora» para publicar el siguiente artículo de uno de nuestros colaboradores de este medio, quién recientemente también ha creado su propio medio de difusión llamado: «Gazeta de Antropología Marxista-Leninista», el cual como su propio nombre indica tendrá una relación con la antropología pero por supuesto siempre desde la óptica marxista-leninista. En este caso nos regala unas reflexiones sobre la cuestión de la mujer y la lucha de clases; enseñándonos que en nuestras sociedades de estructura y superestructuras burguesas y capitalistas lo que prima, existe y hay que profundizar para su evolución progresiva no es la lucha de sexos sino la lucha de clases y dentro de esta unas costumbres, unos clichés y unas desorientaciones de parte de las clases reaccionarias para azuzar lo primero: la lucha de sexos en detrimento de la lucha de clases.

Del mismo modo se explica que como se ha demostrado en otras ocasiones históricas, sin dar respuesta a la lucha de clases la mujer no puede lograr la igualación en derechos y libertades con el hombre que tan justamente anhelan:

«¿Cuál era el camino que establecían los comunistas para las mujeres?  Dijeron que existían dos condiciones básicas para la emancipación de la mujer. La primera es que ellas debían ser liberadas de la esclavitud asalariada. Como se pide a todos los trabajadores, sin esto, las mujeres todavía se enfrentan a la opresión de clase y a todos los males del capitalismo: la inseguridad, el desempleo, la inflación, las guerras imperialistas, la servidumbre doméstica, la falta de atención pública para sus hijos, etc. (...) La segunda condición previa es que las mujeres se involucraran en el trabajo social productivo». (Partido del Trabajo de Albania; La nueva Albania; Un país pequeño, una gran contribución, 1984)

El documento:


Con motivo del día de la mujer ayer día 8 de marzo, el análisis de la cuestión del género se nos vino de nuevo a las cabezas. La correcta definición de ésta cuestión a la hora de actuar realmente de manera revolucionaria ante ello es fundamental hoy día en la época del imeprialismo; del capitalismo en putrefacción. Ésto no se reduce a una mera cuestión antropológica: la cuestión antropológica no es nada si no es guiada por la ciencia máxima del único fenómeno absoluto; el cambio. Ésta herramienta no es otra más que el marxismo-leninismo.

Numerosos son los discursos “progresistas” que se las dan como tales debido al influjo del feminismo. Pero, ¿qué es el feminismo? Es una corriente de pensamiento originada por las condiciones materiales de la aplicación del régimen de patriarcado heredado de la Edad Media (y heredado del esclavismo por ésta, y de las jefaturas -donde surge éste patriarcado- por éste, etc…) a la producción capitalista. Se fundamenta en la meta de conseguir igualdad entre hombres y mujeres, abstractos de su carácter de clase. Por ende, la defensa de las consignas feministas corresponde al paquete de medidas típicos de una revolución democrático-burguesa. Nada tiene que ver con la revolución socialista el simplemente atrancarse en éste paquete: hay que ir más allá.

Verdaderamente, existe una desorientación general en la cuestión del género, ya que siempre, los filósofos y la intelectualidad defensora del interés de clase de la burguesía, han querido suplantar la dicotomía fundamental de la sociedad (la lucha de clases) por una “lucha de los sexos” que en los casos en que se da, es un simple complemento a la explotación del trabajo por el capital en la producción capitalista diaria, aumentando la tasa de plusvalía bruta que se extrae a los trabajadores y trabajadoras en el caso de éstas segundas. Es por tanto, en la división imperialista del trabajo, totalmente normal ver que éste patriarcado resulte una realidad aplastante en los países puramente productores y algo que simplemente se puede intuir con esfuerzo en los países metrópoli (sobre todo en los que tienden a ser paraísos fiscales), y que aparece “a medio gas” en países dedicados fundamentalmente a servicios que no son directamente financieros o de gestión de los circuitos mundiales del capital (siendo lo primero el rasgo característico de los “países capitalistas medios” y ésto último algo que corresponde a la metrópoli según el “esquema” científico del imperialismo desarrollado por Lenin a raíz de las ideas de Marx y Engels y que enriquecieron Stalin y Hoxha).

Para los primeros casos mencionados de países (los puramente productores), hay que dejar bien claro que:

“Disgregando la vieja familia, liberando a la mujer y al niño de la autoridad del padre y del marido, la gran industria [moderna, capitalista - Anotación de A. S.] trabaja por la aparición de una nueva familia, en la que la mujer dejará de ser una esclava [en el núcleo familiar - Anotación de A. S.] […]. Puesto que Marx aporta a las mujeres el anuncio de su liberación ineluctable, acarreada por la del proletariado. Marx parte del mundo real y del movimiento dialéctico de la historia. La contradicción del trabajo colectivo en las fábricas y de la apropiación individual entraña la rebelión de las fuerzas productivas [de su actor protagonista del desarrollo potencial futuro; el proletariado - Anotación de A. S.] contra la propiedad capitalista. El régimen de la libre empresa y del beneficio engendra al proletariado, hoy enemigo suyo y mañana su enterrador: el proletariado, compuesto por hombres y mujeres que no pueden emanciparse sin emancipar al mismo tiempo a todas las capas de la sociedad [y de su clase - Anotación de A. S.] […] Participación en la producción; liberación de la explotación capitalista, tales son las dos fases de la emancipación femenina. Con la abolición de la dictadura del capital, la suerte de la mujer se encontrará reglada. La victoria de la obrera emancipará a todas las mujeres de sus obstáculos, pondrá fin a la inferioridad jurídica, política, económica: puesto que las tutelas, las sujeciones, las servidumbres domésticas impuestas al sexo femenino por la sociedad burguesa no desaparecerán más que con ella”. (Freville, J; Introducción a “La mujer y el comunismo”, 1951)

Pero nos surge una duda “antropológica”: ¿por qué es más exclusivo el patriarcado para los primeros casos de países?

La respuesta es más bien simple: porque aglutinan la producción mundial en su mayoría. Habría, sin embargo, que introducir en éste grupo de países donde el patriarcado es una realidad abismal, como herramienta preferida utilizada por la producción capitalista [1] para amplificar su efecto sobre la clase obrera, a los países metrópoli que acarrean una base industrial poderosa, como EEUU, China y Rusia, donde casualmente esas diferencias de género están más acusadas (se demuestra además que las diferencias de salario según el género se acusan en aquéllos países que caen en la competencia internacional [2])  . No hace falta probar más que con datos obvios que la mujer trabajadora es la única que sufre este tipo de desigualdades salariales que llevan a ésta situación, ya que es la única sometida a las leyes del salario. El capital, la ganancia, sin embargo, no entiende de género pues no tiene conciencia (a diferencia del burgués, que fija el salario según las fluctuaciones de la oferta y demanda de fuerza de trabajo, determinada por el desarrollo de la competencia capitalista) y le da igual quién lo extraiga del trabajo ajeno y lo acumule; además no puede determinarse por estándares más que por la competencia y en ésta triunfan los burgueses más hábiles con la vara para con sus obreros y obreras, y con el talonario para con las instituciones del Estado, sean del género que sean éstos burgueses [3].

No es de extrañar que la burguesía pretenda hacer pasar por “liberador de la mujer” un discurso no de clase sino de género: ¿acaso la mujer burguesa sigue explotada o ha sido explotada? ¿Se conseguirá algo que no sea maximizar la opresión de la mujer y el hombre trabajadores si se le otorgan más derechos a la mujer burguesa -o al hombre burgués, aunque no sea el caso del estado de la cuestión-? ¿Acabará acaso la explotación de proletarios y proletarias por burgueses y burguesas -y así la esclavización de la mujer y del hombre como proletarios- sin acabar con el capitalismo; si sólo se le equiparan los salarios? El trabajo seguirá siendo trabajo asalariado; compra-venta de la fuerza de trabajo, ergo la mujer, aunque con las mismas normas que los hombres en esa república democrática que equipare salarios, vería por el propio desarrollo de la competencia capitalista en todos sus niveles (que van de la mano entre sí) su salario, junto al de su camarada varón proletario, descender paulatinamente. Más aún: en las clases pequeño burguesas, donde la depauperación es muy acusada, la proletarizacióna afectará y atizará a ambos sexos sin miramientos y con el equidistante palo verde del derecho burgués. ¿No se prueba acaso que la única liberación posible para la mujer -y para el hombre- es su liberación de clase, la destrucción del capitalismo; ejercer hasta las últimas consecuencias el interés de clase del proletariado?

Se suele decir que la única forma de aproximarse a grupos silenciados es pertenecer a esos mismos grupos. Se dice en consecuencia desde el feminismo (teoría burguesa de la emancipación femenina, como decíamos al principio, en contraposición a la única ciencia válida para ésta: el leninismo) más radical y pequeñoburgués que sólo la mujer puede emancipar a la mujer. Pero sin embargo, no es la mujer como tal, abstracta de su carácter de clase, mecánicamente homogeneizada, la que se transmuta como colectivo silenciado: es la mujer trabajadora como fundamento composicional básico del proletariado: es el proletariado el que se libera a sí mismo, conociendo la realidad, organizando sus elementos conscientes y provocando el movimiento de la masa mediante la concienciación de ésta misma (con su consecuente abandono de su carácter como “masa”), y atrayéndose a las “masas” explotadas de clases no proletarias (semiproletarias) para poder garantizar su triunfo, el triunfo de los intereses del proletariado que por la depauperación se convierten en intereses “de la sociedad” (v. Marx, Karl; “Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, 1843 capítulo VI; “El proletariado”). Tal es el ridiculismo al que caen las teorías burguesas cuando quieren penetrar en el movimiento obrero y desorganizarlo. Lo mismo va dirigido hacia el revisionismo cual misil hacia su testa. Igual para el nacionalismo y el chovinismo (formas de revisionismo, como por ejemplo ocurre con el maoísmo): todos ellos quieren desviar la atención de la clase obrera de la fuente de su sufrimiento; la explotación, tanto a nivel nacional como internacional (véase “teoría de los tres mundos” del revisionismo maoísta).

Además, es bien absurdo que para analizar bien un grupo se ha de pertenecer a éste sí o sí: no son pocos los grandes teóricos y prácticos, héroes podríamos decir (que no son nada sin el pueblo, que de verdad es el único capaz del movimiento de la historia relegando a los héroes a un segundo plano), clásicos del marxismo, que no encuentran su origen de clase en el proletariado. Más aún: difícil es para un proletario permitirse un gasto en materiales de lectura de tales proporciones (aunque es también común que grandísimos cuadros comunistas han emanado directamente de esta clase).

Esos “héroes” normalmente son miembros de la intelectualidad, de su fracción que se pone al servicio completo y bajo la subordinación total y absoluta de ella a los intereses de la clase obrera. La intelectualidad no es una clase, como recuerdan Lenin y Hoxha, sino más bien un grupo de pensadores sometidos a los intereses de según qué clase (como no puede ser de otro modo al existir bajo unas condiciones materiales de división social en clases), y sirven a ésta. Con el desarrollo de la construcción socialista, como prueban Stalin y sobre todo Jozsef Revai (leninista húngaro dedicado al análisis de la cultura), la intelectualidad se funde con la clase obrera: es la clase obrera propietaria de los medios de producción cultural e intelectual, debido y en consecuencia a que se convierte en poseedora de los medios de producción material (parafraseando a Marx).

Volviendo al tema que nos ocupa, sería tan absurdo pensar que la mujer burguesa fuese a liberar a la mujer proletaria tanto como no comprender la posición de ambas en las relaciones de producción actuales.

Engels nos recuerda el estado de la cuestión de la liberación de la mujer haciendo un paralelismo con la cuestión de las consignas democráticoburguesas:

“La república democrática no suprime el antagonismo entre las dos clases; al contrario, no hace más que suministrar el terreno en que llega a su máxima expresión la lucha por resolver dicho antagonismo. De igual modo, el carácter particular del predominio del hombre sobre la mujer en la familia moderna, así como la necesidad y la manera de establecer la igualdad social efectiva de ambos, sólo se manifestarán con toda nitidez cuando el hombre y la mujer tengan, según la ley, derechos absolutamente iguales. Entonces se verá que la liberación de la mujer exige [como el paso previo mencionado en la cita de Freville - Anotación de A. S.], como primera condición, la reincorporación de todo el sexo femenino a la producción social, lo que a su vez requiere que se suprima la familia individual como unidad económica de la sociedad”. (Engels, Friedrich; “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, 1884, en “La mujer y el comunismo”, 1951, p. 53)

Otro tanto ocurre con la cuestión de la etnia de pertenencia. Cuando la clase obrera centra sus esfuerzos en algo que nada tenga que ver con su emancipación de clase, como la emancipación de una etnia o género sin más, se estará condenando a mantener las condiciones de la propiedad privada sobre los medios de producción y, por ende, su esclavismo, su miseria, su explotación. Todos los intentos de reformismo están condenados ya que:

“En general, la forma del cambio de los productos corresponde a la forma de la producción. Modificad esta última, y como consecuencia se modificará la primera. Por eso, en la historia de la sociedad vemos que el modo de cambiar los productos es regulado por el modo de producirlos. El intercambio individual corresponde también a un modo de producción determinado, que, a su vez, responde al antagonismo de clases. No puede existir, pues, intercambio individual sin antagonismos de clases. Pero la conciencia del buen burgués se niega a reconocer este hecho evidente. Como burgués, no puede por menos de ver en estas relaciones antagónicas unas relaciones basadas en la armonía y en la justicia eterna, que no permite a nadie velar por sus intereses a costa del prójimo. A juicio del burgués, el intercambio individual puede subsistir sin antagonismo de clases: para el estos dos fenómenos no guardan la menor relación entre sí. El intercambio individual, tal como se lo figura el burgués, tiene muy poca afinidad con el intercambio individual tal como se practica. El señor Bray convierte la ilusión del buen burgués en el ideal que él quisiera ver realizado. Depurando el intercambio individual, eliminando todos los elementos antagónicos que en él se encierran, cree encontrar una relación “igualitaria”, que quisiera instaurar en la sociedad. El señor Bray no ve que esta relación igualitaria, este ideal correctivo, que él quisiera aplicar en el mundo, no es sino el reflejo del mundo actual, y que, por tanto, es totalmente imposible reconstituir la sociedad sobre una base que no es más que una sombra embellecida de esta misma sociedad. A medida que la sombra toma cuerpo, se comprueba que este cuerpo, lejos de ser la transfiguración soñada, es el cuerpo actual de la sociedad”. (Marx, Karl; “Miseria de la filosofía”, 1847, capítulo I, epígrade II, ed. marxists.org)

Conclusión:

“La República de los Soviets de Rusia, por contra, ha barrido de un solo golpe, sin excepción, todos los restos jurídicos de la inferioridad de la mujer y asegurado de golpe la igualdad más completa por ley para la mujer”. (Lenin, Vladimir; “Para el día internacional de las mujeres”, 1920, en “La mujer y el comunismo”, 1951,  p. 88)

“Ningún gran movimiento de oprimidos, en la historia de la humanidad, se ha desarrollado sin la participación de las mujeres trabajadoras. Las mujeres trabajadoras, las más oprimidas de entre todos los oprimidos, nunca se han quedado ni han podido quedarse aparte del gran camino del movimiento liberador. El movimiento liberador de los esclavos empujó, como se sabe, hacia adelante a cientos y miles de grandes mártires y heroínas. En las filas de los luchadores por la liberación de siervos, había decenas de miles de mujeres trabajadoras. No es sorprendente que el movimiento revolucionario de la clase obrera, el más potente de todos los movimientos liberadores de las masas oprimidas, haya atraído hacia sí a millones de mujeres trabajadoras. El Día Internacional de las Mujeres es el testimonio de la invencibilidad y el presagio de un gran futuro del movimiento liberador de la clase obrera.” (Stalin, Iósif; “Por el día internacional de las mujeres”, 1925, en “La mujer y el comunismo”, 1951, p. 64)