lunes, 27 de julio de 2020

Marx y Engels describiendo a los «conspiradores profesionales» del siglo XIX


«La situación social de esta clase es la que determina todo su carácter de principio a fin. La conspiración proletaria por sí misma les proporciona unos medios de subsistencia muy limitados e inseguros. En consecuencia, están continuamente obligados a echar mano de la «caja» de la conspiración. Algunos de ellos también entran en conflicto directo con la sociedad civil como tal y comparecen ante los tribunales de policía con un mayor o menor grado de dignidad. Sus precarios sustentos, que dependen en algunos casos más del azar que de las actividades que llevan a cabo, sus irregulares vidas cuyos únicos puertos de escala fijos son las tabernas de los comerciantes de vin –los lugares donde se reúnen los conspiradores–, sus inevitables encuentros con todo tipo de gente dudosa, los coloca en una categoría social que en París se conoce como la bohemia. Estos democráticos bohemios de origen proletario –también hay democráticos bohemios de origen burgués, unos democráticos holgazanes y pilares de los bares– son, por lo tanto, trabajadores que han renunciado a sus trabajos y que, como consecuencia, se han vuelto disolutos, o personajes que han surgido del lumprenproletariado y que traen consigo todos los hábitos disolutos de dicha clase en su nuevo modo de vida. En estas circunstancias, uno puede entender cómo unos pocos exconvictos son los que se encuentran implicados en, prácticamente, todos los juicios por conspiración.

domingo, 19 de julio de 2020

¿Por qué debe implementarse la especialización de los revolucionarios?


«Hacen falta hombres para actividades de todo género, y cuanto mayor sea el rigor con que se especialicen los revolucionarios en diversas funciones de la acción revolucionaria, cuanto mayor sea el rigor con que ideen métodos clandestinos y medidas de protección de su labor, cuanto mayor sea la abnegación con que se sumerjan en un trabajo modesto, anónimo y parcial, tanto más asegurada estará toda la obra y tanto más difícil les será a los gendarmes y espías descubrir a los revolucionarios. (...) Las diversas funciones de la labor revolucionaria son infinitamente variadas: hacen falta agitadores legales que sepan hablar entre los obreros de tal manera que sea imposible procesarlos por ello, que sepan decir sólo a, dejando que otros digan b y c. Hacen falta distribuidores de publicaciones y octavillas. Hacen falta organizadores de círculos y grupos obreros. Hacen falta corresponsales en todas las fábricas y empresas, que informen de cuanto, ocurra. Hacen falta hombres que vigilen a los espías y provocadores. Hacen falta organizadores de domicilios clandestinos. Hacen falta enlaces para la entrega de publicaciones, para la transmisión de encargos y para establecer contactos de todo tipo. Hacen falta recaudadores de fondos. Hacen falta agentes entre los intelectuales y funcionarios públicos que estén relacionados con los obreros, con la vida de las fábricas, con la administración –con la policía, la inspección fabril, etc.–. Hacen falta hombres para enlazar con distintas ciudades de Rusia y de otros países. Hacen falta hombres para organizar procedimientos diversos de reproducción mecánica de publicaciones de toda clase. Hacen falta hombres para guardar publicaciones y otras cosas, etc., etc. Cuanto más fraccionada y pequeña sea la función que asuma una persona o un grupo, tanto mayores serán las probabilidades de que pueda organizarla de una manera bien meditada y garantizarla al máximo contra el fracaso, de examinar todos los pormenores de la clandestinidad, empleando todos los medios imaginables para burlar la vigilancia de los gendarmes y desorientarlos; tanto más seguro será el éxito de la obra; tanto más difícil les resultará a la policía y a los gendarmes vigilar a un revolucionario y descubrir sus vínculos con la -organización; tanto más fácil será para el partido revolucionario sustituir con otros, sin daño para la causa, a los agentes y miembros caídos. Sabemos que esta especialización es una cosa muy difícil; difícil, porque requiere del hombre la mayor firmeza y la mayor abnegación, porque requiere consagrar todas las energías a un trabajo anónimo, monótono, desligado de los camaradas y que subordina toda la vida del revolucionario a una reglamentación seca y rigurosa. Pero sólo en estas condiciones lograron los adalides de la práctica revolucionaria en Rusia ejecutar las empresas más grandiosas. (...) Al proponer semejante esquema de actividad a nuestros nuevos camaradas, exponemos unos preceptos a los que nos ha llevado una larga experiencia, profundamente convencidos de que este sistema garantiza al máximo el éxito de la labor revolucionaria». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Las tareas de los socialdemócratas rusos, 1897)

jueves, 16 de julio de 2020

El reclutamiento y promoción solo pueden ser a base de meritocracia


«Sobre la experiencia de todo el partido, pienso que existe una concepción hasta cierto punto burocrática y esquemática en torno a estos problemas clave del partido. Cuando admitimos mujeres en el partido, no lo hacemos simplemente para decir: «Mira, en nuestro partido hay también mujeres», sino porque ellas constituyen la mitad de nuestra sociedad y su nivel en todos los aspectos se ha elevado tanto, que merecen ser miembros del partido. Aquí radica la concepción justa y científica del problema. O cuando se dice que la aplastante mayoría, el porcentaje más alto entre los miembros del partido deben constituirlo los obreros, esto significa que la clase obrera dirige. Y necesariamente debemos aplicar este principio, sin discusión alguna. Pero la cuestión es que se comprenda científicamente. En el partido no debemos admitir a los obreros por ser obreros, sino porque lo merezcan. Digo esto, porque hay una categoría de obreros, que son obreros de nombre, pero que en su trabajo y conducta dejan mucho que desear. Por eso la actitud del obrero, acerca del cual se discute para que ingrese al partido, hay que verla con mucha atención, ver cómo trabaja para aplicar las directrices del partido, sus orientaciones sobre la productividad y los costos de producción, sobre la disciplina, etc., ver si trabaja en realidad de tal manera que sea ejemplo para todos. Así pues, un problema clave como es el de las admisiones en el partido, por ejemplo, no hay que considerarlo únicamente sobre la base de algunas cifras». (Enver Hoxha; El trabajo del partido hay que concebirlo como ciencia y llevarlo científicamente; Extractos de una conversación con miembro del Buró del Comité Regional del partido y algunos cuadros de la región de Korça, 1980)

sábado, 11 de julio de 2020

Cuba, Venezuela y Nicargua como sedes del trotskismo actual...


«Para algunos otros, la lucha contra el trotskismo presupone –lo reconozcan o no– la única lucha ideológica lícita contra el revisionismo –como demuestra su praxis–, suelen ignorar e incluso condenar la lucha de los marxista-leninistas contra el resto de corrientes revisionistas que no sea estrictamente esa. Y de hecho, se llega a la contradicción extrema de criticar al trotskismo, sus tesis, autores y movimientos, cuando a la vez apoyan a corrientes, figuras y regímenes enormemente influenciados por el trotskismo.

De ahí que por ejemplo que veamos a los hooligans del revisionismo cubano hablar contra el trotskismo sin saber remotamente sus fundamentos, pero aún así calificando las opiniones y posiciones de los verdaderos marxista-leninistas como «análisis trotskistas», cuando lo cierto es que el único trotskismo que se estimula es el de «su» régimen castrista, el cual es conocido por recibir y publicitar a autores trotskistas como Eduardo Galeano, Santiago Alba Rico, Marta Harnecker, Atilio Borón, Néstor Kohan, Ignacio Ramonet o Celia Hart; llegando al extremo de financiar directamente al trotskismo y sus representantes como hace la editorial Ciencias Políticas, que publica libros de análisis trotskistas con introducciones de Alan Woods, entrevistas en Granma, así como charlas a través de instituciones como el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP). 

Para nuestros amigos revisionistas esto quizás sea una sorpresa, pero para los que estamos informados esto ya no nos resulta extraño, ya que han existido reconocidos trotskistas dentro del gobierno cubano y sus instituciones, como fue el caso del ex Ministro de Cultura cubano Abiel Prieto [1] o el caso de Frank García Hernández, Investigador del Instituto Cubano de Investigación Cultural. 

En Nicaragua tenemos como paradigma al señor Daniel Ortega o al también infame Carlos Fonseca Terán, que reivindican sin sonrojo a Trotski, Bujarin o Tito en varias de sus obras conocidas [2]. Lo mismo cabe decir de Venezuela y el populismo chavista [3]. En todos estos países el trotskismo no solo es saludado sino que su propaganda es difundida ampliamente con apoyo gubernamental. Es más, salvando las distancias con países como Argentina donde la influencia del trotskismo siempre ha sido notable por sus organizaciones, se puede concluir que el trotskismo no recibe tal apoyo propagandístico y mucho menos de gobierno en ninguna otra parte.

Ha habido un claro esfuerzo por ganarse el favor de la «izquierda» domesticada de Europa y Latinoamérica, esa intelectualidad aburguesada y mercenaria que cambia de referentes según sople el viento pero que sin duda tiene cierta influencia en lugares como las universidades. Ahora... nadie puede pensar que esto ha sido algo altruista, sino una operación premeditada de los gobiernos latinoamericanos. Hemos visto como los Juan Carlos Monedero, Iñigo Errejón o Pablo Iglesias han disfrutado sido asesores de gobierno, han colaborado en diversos «estudios para la región» cobrando notorias sumas de las arcas públicas de dichos países, un nepotismo tan legal como moralmente repudiable. A cambio se comprometieron desde sus medios de comunicación y círculos de influencia a colaborar en el blanqueamiento de estos «gobierno del cambio», algo que se ha hecho sistemáticamente desde los «grandes medios» y los «medios alternativos».

Los servicios prestados del castrismo haciael trotskismo han sido bien recompensados. Pondremos solo un ejemplo palpable... en España, si miramos al grupo trotskista por antonomasia de hoy, Izquierda Anticapitalista, defiende como todos los grupos antitrotskistas de Europa la «dinámica antiimperialista, y el carácter nacional, popular, socialista de la revolución de 1959» (sic), otros grupos trotskistas incluso han hablado de «socialismo», lo que indica una vez más que las difusas y oportunistas acepciones del castrismo sobre lo que es una «revolución», «socialismo», «pueblo» o «antiimperialismo» son similares al trotskismo. 

En este mismo país, varios de los grupos que se dicen antitrotskistas, tienen una visión similar sobre Cuba... desde el todavía eurocomunista PCE [4], su escisión brezhnevista: el PCOE [5], otra vieja escisión brezhnevista del PCE: el PCPE [5], la escisión del PCPE: RC [6], la maoísta IC [7], sin olvidar el castrismo-guevarismo del refundado PCE (m-l) [8], que salvo el nombre no tiene nada que ver con el antiguo, algunos incluso hacen actos específicos en defensa de Cuba. No sin razón, algunos de estos grupos defienden pensamientos trotskistas oportunistas como la idea de que puede existir un Estado políticamente proletario bajo una economía socialista bajo una dirección capitaneada por revisionistas en el partido dirigente.

Como se ve una vez más, el revisionismo se ahoga en su mar de contradicciones». (Equipo de Bitácora (M-L); Sobre el falso antitrotskismo, 3 de enero de 2017)

Algunas notas sobre el nacionalismo de izquierda catalán; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Ahora hagamos una profunda radiografía de las organizaciones presuntamente más a la izquierda en Cataluña.

Candidatura de Unidad Popular (CUP)

Es lo más similar al «partido» que existe en la izquierda independentista, sólo que funciona a la inversa. Las organizaciones que veremos a continuación tienen capacidad de voto en la CUP, y las diferentes líneas ideológicas de las mismas confluyen en el seno de la organización. Por ende, la CUP, su ejecutiva y sus militantes de base ejercen un control ideológico y de dirección mínimo sobre el resto de organizaciones, siendo que, a la hora de tomar decisiones cruciales, se suelen imponer las líneas de las demás organizaciones por encima de las del propio partido. Esto ha llevado a la CUP a tomar decisiones que podríamos calificar, como mínimo, de dudosas. 

[Nota: El caso paradigmático es la votación interna en que se decidió si el partido se presentaría a las elecciones generales el 10 de noviembre de 2019. Con tal de evitar que ganara el «no» la votación fue «a puerta cerrada», es decir, contando únicamente con las bases y «cuadros» de la CUP, e impidiendo votar a las demás organizaciones. Como esto va en contra de los propios estatutos del partido, la votación se realizó sin avisar a las demás organizaciones que deberían haber participado. La mayoría de organizaciones de la izquierda independentista estaban en contra de presentarse a las elecciones generales del 10-N. La justificación, sin embargo, no surgió de un análisis de la correlación de fuerzas con conclusiones negativas. Las reservas de la izquierda independentista se debían a que presentarse a las elecciones generales era, en realidad, legitimar un estado que, en su imaginario, está perdiendo cada vez más poder en Cataluña.] 

Así que, en resumidas cuentas, tenemos que más que un partido director, la CUP es el punto de convergencia teórico y práctico de toda la izquierda independentista, incapaz de asumir el control, incapaz de establecer una línea y operando, las más de las veces, ya no como un partido burgués, sino como un frente de masas. 

Coordinadora Obrera Sindical (COS) 

Es, de los dos sindicatos que forman parte de la izquierda independentista, el más cercano a Endavant. Es un sindicato minoritario, pero suele adquirir posiciones más radicales, siendo más cercano en sus posiciones a CNT y CGT que a UGT y CCOO. Tiene una presencia notable entre los trabajadores de Transportes Metropolitanos de Barcelona y, muy especialmente, en el Cuerpo de Bomberos. 

miércoles, 8 de julio de 2020

¿Existe una «vía masculina» revolucionaria, y una «vía femenina» reformista de hacer política como asegura Pablo Iglesias?


[Post publicado originalmente en 2017]

«@MonederoJC: Llevamos mucho tiempo recordando que necesitamos una matria. La patria de «patrimonio», los bienes vinculados al pater familias– reclama la virilidad del patriarcado. La patria te lleva a la guerra, te hace desfilar. La matria te cuida y responsabiliza. @Yolanda_Diaz_acierta». (Twitter; Juan Carlos Monedero, 17 jul. 2021)

Aprovechando la ola del feminismo, esta «nueva izquierda» afirma ser partidaria de una «noción femenina de las cosas», tanto para las más cotidianas como las más importantes, bien sea para necesidades materiales como para las de mayor índole espiritual. Una de las ideas más estúpidas que ha calado hondamente entre las filas de Podemos –hasta convertirla en un dogma visible– ha sido el aceptar una teoría social repleta de misticismo sobre el papel benévolo que casi siempre habría jugado la mujer en la historia, y no solo eso, sino que también habrían descubierto, en su profundo saber histórico, la «especial sensibilidad» para conocer y sentir (sic) de la mujer. Según aseveran, desligados de las «antiguas creencias y ataduras», esta es la «nueva óptica moderna» desde la cual debemos observar todo si queremos transformar el mundo y a nosotros mismos. De esa forma, pareciera que la mujer en abstracto, como ser inmaculado, tuviera un «sexto sentido» para abordar las cosas de la vida, uno el cual quién sabe por qué razón el varón no logró desarrollar nunca, siendo este último casi que un lamentable error en las postrimerías de la «Biblia del Feminismo». Entre tanto, este «movimiento transversal» hace mucho que izó velas y ha surcado los mares rebosando sapiencia por doquier. De su largo trayecto aseguran haber logrado traernos como «botín» las mejores virtudes desarrolladas por el ser humano a lo largo de su dilatado periplo por La Tierra, y creen, ¡faltaría más!, que esto ha sido gracias al ingenio y bondad de la mujer, por lo que se han esforzado por esquivar en todo momento el mal encarado oleaje de la «ciencia patriarcal», etiqueta que ponen a cualquier movimiento, teoría o personaje que contradiga sus filias ideológicas y sus figuras fetiche. Esta, en resumidas cuentas, es su visión del mundo, aunque el lector podrá encontrar más información en otros lugares de nuestro medio. Véase el capítulo: «¿Vivimos en un patriarcado?» de 2021.

Así pues, desean vendernos que el feminismo de hoy, en su versión moderna y desarrollada, sería para nosotros, los hombres y mujeres errantes del viejo «mundo patriarcal», la única solución para redimirnos de nuestros pecados como especie. El problema es que, como ya intuirá el lector, estos teóricos de la reforma social de corte feminista ni siquiera se ponen de acuerdo sobre qué quieren construir si se diesen todo un cúmulo de casualidades y/o desastres que los llevasen a la cabeza del poder, solo se dedican a idealizar a una parte de la población –la femenina– para sacar rédito político y económico personal de ello. Pero esto da igual, porque para eso está el bendito marketing, para que los «marineros» de todo tipo –nos referimos a los individuos ingenuos, aquellos con ganas de vivir cualquier aventura política excitante o simplemente quienes, desesperados, están dispuestos a hacer lo que sea por un jornal– no duden en subirse a este «barco» que claramente hace aguas. En suma, el feminismo ha trazado todo tipo de estratagemas inteligentes y estúpidas para recibir atención, como prometer una y otra vez que, si su «navío» alguna vez lograse hacerse con el «dominio de los mares», la capacidad de transformación que reuniría en torno a sí sería imparable, una fuerza de la Madre Naturaleza simplemente devastadora para el rancio statu quo. Y, aunque parezca una broma, también aseguran que gracias al feminismo –y el dominio de las mujeres en diversos campos de importancia–, por fin se acabarán las guerras, el hambre, los asesinatos, los robos, las violaciones... sentimientos como el egoísmo, la envidia o la ira se desvanecerían... cambiaría el mundo tal y como lo conocemos –hasta el punto de que más que hacerlo irreconocible, sería irreal–. Esto es doblemente curioso ya que el feminismo, aunque en realidad no ataca nunca la raíz de estos problemas, las relaciones de producción que predispone este ambiente del que se quejan amargamente, pareciera que sin hacerse cargo de esto último decretase a la vez borrar toda posibilidad de que hasta en la mejor de las circunstancias futuras no pudieran reaparecer estos fenómenos negativos. El magnetismo y seducción de esta idea sobre las mentes más débiles es total, ¡ya que se vende como la panacea de las panaceas sin explicar nada en profundidad!

Sobrepasando lo caricaturesco, presentan la capacidad del feminismo como excelsa, cuando pese a la amplia publicidad positiva que recibe por la financiación burguesa en Occidente todavía causa bastante recelo entre gran parte de la población; y peor aún, se dan golpes en el pecho, como si sus ministras, en muchas ocasiones las más zopencas en un gabinete de mediocres, bastasen para imponerse y fueran algún día a sorprendernos con un desempeño mágico en el gobierno, dándole la vuelta a la realidad como a un calcetín. De esta forma, como si existiesen y pudiesen reunir en su mano todos los objetos sobrenaturales de la mitología clásica: la «Piedra Filosofal», el «Santo Grial», la «Espada del Rey Arturo» y la «Educación en Valores Ético-Cívicos», nuestras «empoderadas ministras», como portadoras de estos objetos mágicos o de estos ideales tan nobles, estarían en posesión de la «verdad», la «justicia» y la «razón», brindando un «nuevo porvenir», por fin, a los «nuevos ciudadanos feministas» de esta nueva «era morada de la humanidad» que recién comienza toda una serie de satisfacciones jamás alcanzadas. Pero del dicho al hecho hay un trecho, y lo cierto es que lo único que ofrecen son: o bien zarandajas místicas, derechos ya adquiridos, o estériles sentimientos bienintencionados que pretenderían resolverían todos los problemas del mundo, pero eso sí, siempre desde el constitucionalismo, no vayamos a caer en intentonas tan cavernícolamente «patriarcales» como pudiera ser el transgredir las leyes del juego imperante. Lo más humorístico es que, pese a vivir en los mundos de Narnia, nuestros politicastros de la «izquierda domesticada», que jamás ha logrado gobernar sin bajarse los pantalones y arruinar la confianza de sus seguidores, creen que están en posición de darnos lecciones al resto sobre realismo político, burlándose, encima, de los demás. ¿Creen que exageramos? Pasen y vean.

Comencemos desde el principio. En 2013, un Pablo Iglesias mucho más jovial y menos mediático, el demagogo que no todos conocían antes de llegar a conformar Podemos, describía de esta forma jocosa la situación política de la «izquierda española». Atentos:

«Hay elementos que muestran una crisis del régimen, y eso se tendría que notar de alguna manera en las elecciones. (...) Esto se puede enfrentar de dos maneras. Y empiezo con las provocaciones». (Pablo Iglesias; Discurso en la Universidad de Verano de Izquierda Anticapitalista en Segovia, 2013)

Parodiando el camino del militante «radical de izquierda», comentaba:

«Empiezo con las provocaciones, esto se puede afrontar de dos maneras, uno puede ir a las elecciones de una manera masculina, con cojones. Esto implica decir que le decimos al poder aquí estamos yo y mis pelotas frente a ti. Y eso quiere decir que para mí la representación no implica ningún compromiso, que el tuyo es un parlamento burgués de mierda que representa los intereses de clase, como decía Engels, el Estado es la institución que permite ser políticamente dominante a la clase económicamente dominante, y yo no pacto con vosotros, eh, en todo caso voy a ir a liara (...) Yo voy en camiseta a las instituciones y voy ahí a montar el pollo, eso lo tenemos que tener claro. (...) «No cometerás actos impuros», decía el sexto mandamiento de los católicos, [para la izquierda radical es] no pactaras con los social-liberales [PSOE], con fuerzas nacionalistas conservadoras como CIU o el PNV. En ese sentido no nos gusta lo que hace IU en el gobierno de Andalucía, que se ha convertido el partido de los recortes, indistinguible del PSOE. No nos gusta lo que hace ERC, apoyando a un gobierno protroika como el de CiU. A la izquierda abertzale… les tenemos respeto porque tienen presos, pero no nos gusta que pacten en una diputación con el PSOE, no nos gusta que tengan un diputado en el Congreso Estatal que es miembro del Opus Dei. No nos gusta que votaran los presupuestos al PNV, no nos gusta que el BNG gobernase en la Comunidad Autónoma de Galicia con el PSOE. Eso no nos gusta, son traidores, y están comprometidos con la pata izquierda del régimen y esos elementos estratégicos no nos convencen. (...) Gobernar cuando tengamos el 51% de los votos, antes es caer en las redes de captación del enemigo de clase. (...) No se puede pactar para gobernar. (...) La gente se va a dar cuenta que, por una parte, los de IU son unos traidores y que por otra los partidos del régimen no responden a sus intereses. Es cuestión de meses, que la gente se dé cuenta que solo una organización anticapitalista puede resolver sus problemas. (...) La clave del poder no está en las instituciones, aquí está en nuestra pelota, está en la calle. Nosotros hacemos política masculina, con cojones. (...) Se que la mayoría que estáis aquí vivís de alquiler o vivís de hipoteca, compañeros, hay que vivir ocupando, hay que arriesgar, tenéis que transformar vuestra vida en una experiencia revolucionaria. (...) No podemos entrar en esa lógica mercantil en la que compras y te vedes. (...) Por supuesto, si nos pegan, no vamos a ir a un juzgado o a un cuartel de la guardia civil, esa institución burguesa que protege los intereses de la clase dominante, nosotros hacemos política masculina, con cojones. (...) Hay que practicar la gimnasia revolucionaria, una cosa que decía García Oliver [dirigente anarquista]. (…) Seguro que sabréis fabricar cócteles de los que incendian y de los que explotan, sabéis hacer barricadas. (...) Os estaréis entrenando porque se acerca una crisis terminal del capitalismo y tendremos que estar preparados para tomar las armas». (Pablo Iglesias; Discurso en la Universidad de Verano de Izquierda Anticapitalista en Segovia, 2013)

Después añadiría otra postura, la de la «izquierda cabal», la femenina, la que por supuesto, él dice abanderar:

«Cualquiera que se identificase con la caricatura que he representado no sólo sería un psicópata, sería un subnormal profundo. (...) Caricaturas aparte. (...) Hay otra manera de ver política que es más femenina. Las mujeres son las que históricamente han tenido que asumir eso que conocemos como reproducción social mientras los hombres trabajaban en la fábrica ellas tenían que hacer cuentas con la miseria y alimentar las bocas de los niños y garantizar la reproducción social. Cuando vemos a esos héroes vestidos de azul en forma de mineros o de trabajadores de los astilleros, se nos olvida que las que están haciendo las cuentas para llegar a fin de mes son mujeres que tienen que lidiar continuamente con la realidad, que es muy difícil, y la realidad revela continuamente nuestra debilidad, no tiene momentos tan épicos. Es asumir que a hostias perdemos. (...) La feminidad política implica reconocer que el Estado es un instrumento complejo, lleno de contradicciones. (...) Esto no se soluciona con actitudes masculinas». (Pablo Iglesias; Discurso en la Universidad de Verano de Izquierda Anticapitalista en Segovia, 2013)

Para empezar, aquí Pablo Iglesias cae en un dualismo infantil, el mismo que han estereotipado los intelectuales machistas durante decenios, solo que él lo invierte para agradar al público feminista en boga. Presenta a los hombres como seres inherentemente irracionales, irreflexivos por naturaleza, y a las mujeres como seres audaces pero ponderados en sus acciones. Trasladándolo a la política, cree que la «vía revolucionaria» es masculina: torpe, tosca, inútil. Mientras la «vía reformista» es un camino femenino: inteligente, sensato, útil. Más allá de la sensibilidad y particularidades de cada sexo, desde luego, la historia no solo ha refutado los «roles de género» marcados y cerrados, sino que socialmente, cada día se desvanecen más y más. Por otro lado, el materialismo histórico ya demostró que, aunque hombres y mujeres proletarios difieran o pudieran diferir en varias cuestiones, tienen los mismos intereses de clase:

«Las feministas buscan la igualdad en el marco de la sociedad de clases existente, de ninguna manera atacan la base de esta sociedad. Luchan por privilegios para ellas mismas, sin poner en entredicho las prerrogativas y privilegios existentes. No acusamos a las representantes del movimiento de mujeres burgués de no entender el asunto, su visión de las cosas mana inevitablemente de su posición de clase. (...) Las feministas ven a los hombres como el principal enemigo, por los hombres que se han apropiado injustamente de todos los derechos y privilegios para sí mismos, dejando a las mujeres solamente cadenas y obligaciones. Para ellas, la victoria se gana cuando un privilegio que antes disfrutaba exclusivamente el sexo masculino se concede al «sexo débil». Las mujeres trabajadoras tienen una postura diferente. Ellas no ven a los hombres como el enemigo y el opresor, por el contrario, piensan en los hombres como sus compañeros, que comparten con ellas la monotonía de la rutina diaria y luchan con ellas por un futuro mejor. La mujer y su compañero masculino son esclavizados por las mismas condiciones sociales, las mismas odiadas cadenas del capitalismo oprimen su voluntad y les privan de los placeres y encantos de la vida. (...) Observad cómo la literatura feminista es rica en búsquedas de nuevos estilos de unión del hombre y la mujer y de audaces esfuerzos encaminados a la «igualdad moral» entre los sexos. ¿No es cierto que, mientras en el terreno de la liberación económica las burguesas se sitúan en la cola del ejército de millones de proletarias que allanan la senda a la «mujer nueva», en la lucha por resolver el problema de la familia los reconocimientos son para las feministas?». (Aleksandra Kolontái; Los fundamentos sociales de la cuestión femenina, 1907)

Esta cita es una bofetada rápida a los postulados feministas de Podemos y similares. La mujer trabajadora comprende a poco que reflexione que nada tiene que ver su interés de clase con el de personajes actuales de la política, como Irene Montero o Tania Sánchez, no solo porque sean mujeres acomodadas y aburguesadas, sino porque con sus teorías feministas suponen que están planteando teorías pseudocientíficas donde sustituyen la lucha de clases por la lucha de sexos, por ende, ellas mismas hacen que se coloquen automáticamente al otro lado de la barricada, alejándose tanto de las mujeres como de los hombres proletarios.

Pero hay algo más importante que el tiempo ha demostrado también como falso: la capacidad de la vía reformista para alcanzar las metas de sus líderes. El reformismo de la «izquierda» no transforma el sistema ni lo pretende, es más, solo genera frustración y decepción en sus gobernados, y tarde o temprano, acaba cediendo el poder a la derecha tradicional si los revolucionarios no ponen una alternativa sobre la mesa.

Ninguna organización comunista que se precie ha propagado la idea de que estar inmerso en el pago de una hipoteca o un alquiler supone un acto «contrarrevolucionario», «reaccionario», «pequeño burgués»... de nuevo es un cliché que solo podría aplicarse a algunos movimientos anarquistas. Los fundadores del comunismo, socialismo científico o como se quiera llamar no confundieron jamás la propiedad personal de la vivienda con la propiedad de los medios de producción. Esto se explica en varias obras de Marx y Engels como, por ejemplo: «El Manifiesto Comunista» de 1848.

Por otro lado, la radiografía que Pablo Iglesia hace de los «revolucionarios» quizás se aplicable a algunos grupos anarquistas. ¿Por qué decimos esto? Los comunistas, que siempre han tenido de referentes a los bolcheviques, saben que jamás deben rechazar sin más los compromisos políticos con otras fuerzas políticas, pero como bien explicó Lenin, esos compromisos deben elevar la conciencia revolucionaria del pueblo, deben evitar atar de pies y manos a la organización que aspira a transformar esa sociedad. Por ejemplo, los comunistas nunca deben aceptar un pacto que le obligue a censurar la crítica hacia sus «aliados» y ocultar su postura política. Esto se explica en varias obras de Lenin como: «La revolución proletaria y el renegado Kautsky» de 1918 o «La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo» de 1920.

Los comunistas criticaron boicot parlamentario intransigente de los anarquistas, y se instó a participar en ellos hasta el momento de la revolución misma. Entre tanto, la táctica comunista en los parlamentos burgueses siempre ha sido denunciar el propio sistema desde sus bancadas, jamás caer en la ilusión de que la clase obrera tomará el poder cuando exista un 51% de votos. Primero; porque son conscientes de que ninguna elección bajo la democracia permite a los trabajadores unas elecciones «justas»; segundo, porque aunque los comunistas pudiesen llegar a ser la primera fuerza política, la burguesía apelaría a sus leyes constitucionales y a que están atentando o poniendo en peligro sus fundamentos para desbancarles; y en último lugar, si esto no fuese aceptado por los comunistas, las élites tradicionales orquestarían un golpe de Estado para, teóricamente claro, «restablecer el orden y la legalidad». Los comunistas fueron partidarios de crear un poder más democrático, los soviets, que debían sustituir el viejo parlamentarismo y sus límites burocráticos. Véase: «El desprecio del aprovechamiento de los resquicios legales de la democracia burguesa o el fascismo y el nulo trabajo de masa» de 2017.

Del mismo modo, cuando Pablo Iglesias caricaturiza la lucha callejera para contraponerla a su pacifismo pequeño burgués, hay que decir que los bolcheviques fueron muy francos con dicha cuestión: el pueblo debe aprender por sí mismo a defenderse, a tomar experiencia, al menos si algún día quiere mandar políticamente, pero no debe caer nunca ni en el aventurerismo ni el terrorismo individual, dado que las más de las veces ofrecen más consecuencias negativas que positivas, sobre todo, si se repasa la forma en que los grupos espontaneístas la han tratado de aplicar siempreVéase: «Un repaso a la metodología de las bandas terroristas y sus resultados» de 2017.

Por último, como dijo Lenin, «No somos blanquistas, no somos partidarios de la conquista del poder por una minoría», en ese ritmo de la concienciación de la clase obrera sobre sus intereses de clase, así como la adhesión del resto de las capas trabajadoras hacia la causa del comunismo, es decir, la supresión de las clases sociales y otros axiomas bien conocidos del materialismo histórico, debe pasar sí o sí por romper ideológicamente y orgánicamente con los partidos tradicionales de izquierda y derecha, y esto jamás puede ser plasmado de forma simplista como fruto de unos meses, como pretende hacernos creer Pablo Iglesias que nosotros sostenemos. Esto, como se ha comprobado hasta la saciedad, jamás ocurre de forma súbita salvo contadas excepciones, como grandes crisis, y aun así dependen del factor humano para que sea aprovechado debidamente, algo que también ha escaseado históricamente hablando. Los «factores» que actúan en estas crisis y cambios del estado de ánimo de las masas son múltiples y actúan de forma recíproca, en realidad habría un sin fin de «factores» que nombrarlos a todos sería perdernos en un ejercicio inútil. Uno o varios de ellos y por ende el todo de la situación puede que se agudice según marchen los acontecimientos y sobre todo algo que parece olvidarse, también en esto inciden el cómo de fidedignamente sepan interpretarlos la formación de vanguardia como para incidir en ellos. Sea como fuere, en medio de una situación revolucionaria, la historia ha mostrado que no se logra convencer más que a la mayoría de la clase obrera y a parte de la pequeña burguesía y extractos intermedios, neutralizando a otra pequeña parte de ellos. La otra parte irá detrás de los partidos tradicionales. Esto fue explicado extensamente por Stalin en «Fundamentos del leninismo» de 1924.

¿Qué podemos concluir? Que la exposición del Sr. Iglesias no se puede aplicar a los movimientos revolucionarios de índole comunista, ya que este, al menos según lo que mandan sus cánones y no la hilarante mente de este posmoderno, siempre ha dado pruebas de oponerse frontalmente a muchos de los conceptos de los que él se mofa. En resumen, Pablo Iglesias hacía una caricatura de los movimientos que él consideraba como radicales, pero más bien solo estaba haciendo una exposición de los peores defectos de las organizaciones anarquistas, antiglobalización y también de los grupos revisionistas semianarquistas, pretendiendo hacer extensible dichos defectos infantiles a los comunistas de verdad para meterlos en el mismo saco y denigrarlos. El fin de todo esto era justificar mejor ante el público, su visión reformista que a no mucho tardar se plasmaría en Podemos. 

Como nota curiosa, y para demostrar la hipocresía de este señor, debemos añadir que aunque 
en 2013 Pablo Iglesias se burlase de algunos de estos «movimientos radicales» de la «izquierda» con «exceso de testosterona», él siempre ha compartido una afinidad a estos grupos. Ejemplos hay de sobra. 1) De sus ideas antigobalización y toda su visión timorata y condescendiente –heredera del tercermundismo– en geopolítica provenía el justificar como «antiimperialismo» e incluso «ejemplos del progreso actual» a gobiernos como el ecuatoriano, nicaragüense, venezolano, iraní, cubano o boliviano; pese a que estos regímenes mantuvieran mil vínculos con los bloques imperialistas, sus leyes fuesen homófobas, discriminasen a la mujer o incluso oficialmente fuesen Estados confesionales. 2) Durante años también adoptó, como Juan Carlos Monedero, el guion de la «izquierda abertzale» en la justificación del terrorismo indiscriminado de ETA hacia toda la población trabajadora que rehuía sus planteamientos, considerándolo simplemente como «daños colaterales» del «conflicto vasco». 3) En lo organizativo se esforzó por crear la ilusión que Podemos era algo diferente, una «organización horizontal» ¡que novedad!–, con total «libertad de fracciones e ideologías» –¡lo nunca visto!–, algo, que según él, era imprescindible creaba todo un «modelo alternativo» para prevenir el exceso de acumulación del poder, corruptelas y separación del pueblo que se había dado en las experiencias del «centralismo democrático» comunista, modelo idóneo para crear dictadores, todo, eso sí, mientras en su propia formación morada imponía un modelo unipersonal y de total vasallaje, ¡suprimiendo uno tras otro los estatutos y normas éticas que ellos mismos antes veían como «innegociables»! 4) Por no hablar ya de los testimonios y la fama que tuvieron el Sr. Iglesias y el Sr. Monedero en sus épocas como docentes, quienes dejaron no pocas anécdotas entre el alumnado de la Universidad Complutense, teniendo que sufrir las féminas de su clase la «suerte» de compartir con ellos diversos «escarceos» que ponen muy en duda que en algún momento esta gente haya tenido algún interés real en luchar contra el sexismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas de fracciones en Podemos y su pose ante las masas, 2017)

domingo, 5 de julio de 2020

Carta de Cese de militancia del Partido Comunista de España (marxista-leninista) en Elche; 2020

El siguiente anexo es una carta que nos han hecho llegar un militante de Elche durante finales de junio de 2020. En ella se relata lo que supuso para él la documentación de Bitácora (M-L) para conocer la historia del viejo PCE (m-l) y para confirmar la deriva revisionista de la organización que hoy porta sus siglas. 

Siempre es interesante conocer y exponer al público cómo actúan en privado las organizaciones revisionistas a todos los niveles: nacional, regional y local, y en este caso la carta es sumamente interesante por ciertos detalles particulares sobre la forma de proceder de su antigua dirección. 

Como ya advertimos, por el propio carácter ecléctico de este tipo de organizaciones, el fraccionalismo y la escisión son fenómenos asegurados, nuestra crítica muestra al público su podredumbre interna y agudiza lo que ya es un hecho. 

Como ya ocurrió con otros documentos similares como pudo ser en su momento el referido al PCE (r) o a RC, se confirma una vez más que la crítica argumentada y científica siempre tiene eco entre los elementos honestos, los verdaderos destinatarios de nuestro trabajo. Pero como sabemos, salir de ese tipo de organizaciones retardarias es el primer paso, pero no el único:

«No queremos que se nos malinterprete en esta cuestión. No estamos diciendo que los elementos que hayan militado parte o gran parte de su vida en organizaciones revisionistas están condenados de por vida. No, el haber mantenido posturas ajenas al marxismo o el haber militado en organizaciones no marxistas es un proceso lógico que puede ocurrir en el desarrollo dialéctico de la vida, formación y maduración de un revolucionario desde sus inicios hasta que toma consciencia real y total de las cosas, y de ello dependen varios factores como el origen social, el contexto cultural del individuo, el ambiente en que se desarrolla, y los rasgos de personalidad que porta, que puede hacer que ese viraje sea más corto o más largo, tenga más ziz zags o menos. Pero tampoco nos equivoquemos, el mero hecho de separarse de un partido revisionista no significa que seas un verdadero marxista-leninista. Tal elemento debe realizar una autocrítica y examinar las razones de su salida; y si es motivada por razones de incompatibilidad ideológica debe preguntarse por qué ha militado entonces en esa organización; en caso de darse cuenta de esa incompatibilidad ideológica tiempo después de entrar a militar en dicho partido revisionista, entonces debe exponer qué es lo que ha llevado a dicho elemento a discrepar de la línea política revisionista de su partido; si finalmente se ha comprendido y expuesto correctamente el carácter revisionista de su vieja organización, debe demostrar en la práctica que no tolerará caer en el mismo lodazal de nuevo; del mismo modo que no debe obsesionarse ni dejarse deslumbrar con las desviaciones y corriente revisionista de su vieja organización, sino también estudiar y comprender el resto de desviaciones y corrientes revisionistas, así como ser consecuentes y exponerlas en igual medida». (Equipo de Bitácora (M-L); Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista, 2017)

En consecuencia:

«Por ello es del todo estúpido teorizar que los comunistas deben absorber automáticamente las escisiones que se dan y se seguirán dando en estas agrupaciones. Todo lo contrario: se debe tener especial cuidado, ya que la mayoría de sujetos que abandonan estas organizaciones lo hacen por cuestiones personales o por cuestiones ideológicas mínimas que no le llevan a una ruptura plena con el lugar de donde proceden. (…) Esto significa que, si realmente han roto con ellas por cuestiones de principios ideológicos, tendrán que autocriticarse sin sentimentalismos que valgan y adherirse, finalmente, a la línea comunista sin excusas de ningún tipo. Si no es así, solo podemos decir que no pasarán nunca de ser, a lo sumo, meros simpatizantes y, quizá, de aliados en alguna cuestión determinada de los comunistas, pero nada más». (Equipo de Bitácora (M-L); Ensayo sobre el auge y caída del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 2020)

Nota: Hemos reformulado el estilo estético de su escritura a nuestro formato.

El documento:


«Antes de desarrollar los motivos de mi salida de la Juventud Comunista de España (marxista-leninista) y el Partido Comunista de España (marxista-leninista), me gustaría recalcar que estos son puramente ideológicos. Quien me conoce sabe de sobra que no soy alguien a quien le mueva el ego ni el interés personal. Además, el camino fácil habría sido, evidentemente, hacerme un hueco en el partido y no romper mi status quo personal, teniendo en cuenta que durante mi militancia he podido conocer a personas que además de camaradas considero amigos.

No obstante, en sintonía con mis principios, que no son otros que los del marxismo-leninismo, considero que el PCE (m-l) se halla en la actualidad completamente alejado de lo que un día fue, habiendo abandonado hace tiempo –antes incluso de su refundación formal–, el campo del comunismo para adentrarse en el del revisionismo. 

Esta no es una decisión tomada de la noche a la mañana. Llevaba arrastrando dudas y contradicciones sobre la línea del partido desde hace más de un año. Aunque bien es cierto, y con total humildad y autocrítica, que tanto mis carencias formativas como el seguidismo y el amiguismo, me impedían dar el paso. Sin embargo, en los últimos meses estas contradicciones se han ido agudizando, llevándome a las conclusiones que motivan mi salida y que a continuación detallaré. He de subrayar la importancia que me supuso estos meses la lectura de los capítulos del documento del Equipo de Bitácora Marxista-Leninista: Ensayo sobre el auge y caída del PCE (m-l) de 2020, tanto para esclarecer las dudas que arrastraba como para darme cuenta de otros errores que no sólo desconocía, sino que en muchos casos profesaba. Aquí se expone una radiografía de más de 900 páginas, tanto del viejo PCE (m-l) como del actual, por lo que sobra decir que no existe una documentación tan exhaustiva del partido en ningún otro lado.

Cuando entré a la JCE (m-l), hace alrededor de tres años, no lo hice como consecuencia de un análisis político bien meditado. Por el contrario, esto ocurrió a raíz de una manifestación, donde nos «engacharon» a mi grupo de amigos y a mí. En aquel momento, mi formación política era prácticamente nula, por lo que hasta que esta no fue elevándose, no pude darme cuenta de que estaba en el lugar equivocado. Cabe decir, también, que mi crecimiento ideológico no ha sido, en esencia, fruto de las formaciones realizadas en mi célula, si no a través del aprendizaje individual. En mis aproximadamente 3 años de militancia, las formaciones han sido muy débiles, tanto por la cantidad como por la calidad. Apenas hemos avanzado y profundizado fuera de las obras más básicas, ni de estas formaciones se extraían conclusiones sólidas y realmente aplicables. Eran tratadas como algo prácticamente formal. De hecho, desde el pasado verano hasta el día de hoy, con suerte habremos tratado 2 pequeñas obras fuera de los documentos internos. Al respecto, asumo mi parte de responsabilidad mientras he sido militante, en cuanto a no haber sabido mejorar notablemente las formaciones de mi célula, pero lo fundamental aquí es que desde el Partido se debería llevar un control exhaustivo de las formaciones, carencias ideológicas –colectivas e individuales–, exigir rendir cuentas, etc., y esto es totalmente inexistente por parte del PCE (m-l), haciendo notar su nulo interés por lo ideológico y los principios.

Ha sido la lectura de las obras de Hoxha, Ódena, Lenin, etc., así como de los documentos del antiguo PCE (m-l) y de los artículos de Bitácora M-L, como ya he comentado, lo que me ha permitido avanzar. Obras que desde el partido se tapan, ignoran o se desvirtúan completamente.

Me gustaría hacer hincapié, por último antes de comenzar, en que las críticas que desarrollaré a continuación van dirigidas contra la cúpula del partido, que ha impuesto su línea. Soy perfectamente consciente de que hay un gran número de militantes honestos en el PCE (m-l), y más concretamente en su Juventud, que por unos motivos u otros se mantienen en la organización. Contra los primeros y por los segundos escribo esta carta.

sábado, 4 de julio de 2020

El oportunismo siempre parlotea de forma laxa y general, el marxismo expone con precisión concreta


«Los mencheviques y bundistas, que lamentablemente fueron apoyados por Trotski, quien no pertenece a ninguna fracción, lucharon con encono contra la inclusión de tales problemas en el temario del Congreso de Londres del POSDR. El ala oportunista de nuestro Partido, así como de otros partidos socialdemócratas, postulaba para el congreso un orden del día «práctico» y «concreto». Huía de los problemas «generales y amplios». Olvidaba que, en definitiva, una amplia política de principios es la única política práctica en realidad. (...) Los mencheviques no hacen crítica socialista de los partidos burgueses, pues calificar de democráticos burgueses a todos los partidos no proletarios de oposición no significa hacer crítica socialista ni mucho menos. Si ustedes no han mostrado los intereses de qué clases y en particular cuáles de los intereses predominantes en ese momento determinan la naturaleza de los distintos partidos y su política, entonces no han aplicado el marxismo en la práctica, han abandonado en la práctica la teoría de la lucha de clases. Entonces la expresión «democrático burgués» no es en boca de ustedes más que una platónica manifestación de respeto al marxismo, puesto que no relacionan su empleo con la identificación de cierto tipa ad liberalismo o democratismo con ciertos intereses egoístas de determinados sectores de la burguesía. (...) En efecto, ¡no es el término «democracia burguesa» lo que asusta a los liberales! Los asusta que se denuncie ante el pueblo a qué intereses materiales de qué clases poseedoras concretamente se reducen sus programas y frases liberales. Esto es lo esencial, y no el término «democracia burguesa»No aplica la doctrina de la lucha de clases quien se protege constantemente –como con el signo de la cruz– con el término «democracia burguesa», sino quien demuestra en los hechos en que se manifiesta concretamente el carácter burgués de un partido determinado. (...) Si el concepto de «democracia burguesa» sólo implica la condena de los extremismos del oportunismo y el revolucionarismo, entonces este concepto rebaja la doctrina marxista al ni el de una adocenada frase liberal. Al liberal no le asusta semejante utilización del concepto, pues, repetimos, no teme a los términos, sino al hecho. Puede aceptar un término que le es desagradable y «huele a marxismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Actitud hacia los partidos burgueses, 1907)