jueves, 10 de junio de 2021

La responsabilidad del Partido Comunista de Argentina en el ascenso del peronismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«En lenguaje político, el término «izquierda» y «derecha» se utilizaban respectivamente para mostrar una posición más progresista o conservadora respecto a una ideología o postura concreta. Dentro del marxismo el binomio «izquierda» o «derecha» también se ha utilizado, pero ha de saberse el qué se está a la izquierda o derecha y respecto a qué, por ejemplo, la socialdemocracia estaría más a la izquierda que el liberalismo, pero más a la derecha que el anarquismo. Esto no son sino conceptos del lenguaje, herramientas que nos ayudan a comprender mejor ciertas realidades. Así, cuando desde el marxismo, por ejemplo, se habla de desviación de «izquierda» o de «derecha», normalmente se refiere a algo que se escora fuera del marxismo y su eje central. Generalmente, cuando se habla de «desviaciones derechistas» nos referimos a concesiones ideológicas hacia el enemigo, a su adaptación, a pecar de una relajación de la disciplina individual o de grupo. Por contra, cuando hablamos de «desviaciones izquierdistas» solemos referirnos a maximalismos de o todo o nada, a cuando se intentar encajar mecánicamente una situación del pasado con una actual que no tienen nada que ver, a no saber calibrar nuestras fuerzas y las del contrario. Es cierto que la primera se suele identificar con el reformismo y el posibilismo político, mientras la segunda casa mejor con el anarquismo y el aventurerismo. Pero huelga decir que quien conozca al anarquismo sabrá lo poco disciplinado que es, así como cualquier que sepa cómo se las gastan en las filas reformistas conocerá que el exceso de optimismo bien puede ser una de sus señas perfectamente. Conclusión: ningún movimiento político es plenamente de «izquierda» o «derecha» en lo ideológico; ningún grupo pseudomarxista sufre solo de desviaciones «izquierdistas» o «derechistas», aunque, como en todo, se tiende más hacia uno u otro». (Equipo de Bitácora (M-L); Fundamentos y propósitos, 2021)

Analizado lo que ha sido y es el peronismo, ¿significa que debemos pasar a apoyar y reivindicar automáticamente la línea conductora del Partido Comunista de Argentina (PCA) en cualquiera de sus etapas? En absoluto. Precisamente este es un partido que hay que examinar y «coger con pinzas» observando sus posicionamientos históricos, que en muchas cuestiones son más que cuestionables. Por mucho que profesase su adhesión a la Internacional Comunista (IC) y jurase fidelidad a los principios del marxismo-leninismo, la línea del PCA siempre fue de dudosa certeza, algo que, en ocasiones, porque no reconocerlo, también puede decirse de la IC. Esto es precisamente lo que nos diferencia a nosotros de los trotskistas, maoístas o peronistas. Nosotros no creemos que la autocrítica personal o la objeción hacia el líder predilecto sea como tirar piedras a nuestro propio tejado, un pecado que suponga la directa excomunión, sino que, muy por el contrario, es una obligación innegociable si de verdad deseamos hacer algo medianamente productivo para la causa. 

En este documento no señalaremos los avances o retrocesos que supuso el PCA en relación a las viejas organizaciones obreras de Argentina, sino que nos centraremos en sus errores más manifiestos, sobre todo, en relación con el peronismo. Esto debe ser así, pues debemos ser implacables con un partido como este: uno que como podremos comprobar sin trampa ni cartón sufrió graves deficiencias y nunca logró bolchevizarse. De hecho, a diferencia de otras secciones de la IC, dudosamente se puede decir que haya un «periodo dorado» de este partido argentino, lo que ya predice qué nos vamos a encontrar de aquí en adelante. Asimismo, intentaremos no perder de vista el contexto internacional en el movimiento comunista para intentar explicar al lector que lo que le ocurrió al PCA lamentablemente fue más común de lo que se puede creer a priori.

martes, 8 de junio de 2021

Notas para la escuela del partido; Elena Ódena; 1981


«A. Generalidades sobre la ideología y la base teórica del Partido

La ideología de todo Partido Comunista –marxista-leninista– es el marxismo-leninismo, cuya base teórica es el materialismo dialéctico y el materialismo histórico.

No vamos a estudiar aquí a fondo los distintos aspectos de nuestra teoría, ya que hay un tema dedicado a ello. Sólo plantearemos las siguientes definiciones generales para que nos sirvan de punto de orientación y referencia al estudiar el papel histórico del Partido, el trabajo de organización y su funcionamiento orgánico.

Sobre el materialismo dialéctico

Lenin define la «dialéctica», como:

«El estudio, en sentido estricto, de las contradicciones contenidas en la misma esencia de los objetos». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Cuadernos Filosóficos, 1915)

El materialismo dialéctico es la concepción filosófica del Partido marxista-leninista. Es la única concepción científica del mundo, que no sólo interpreta el mundo y sus fenómenos, sino que se plantea cómo transformarlo. Es la brújula que muestra al proletariado y a las masas oprimidas el camino de la lucha, la salida de la esclavitud en que los pueblos han vivido y viven desde hace siglos.

Así, en su genial obra sobre el «Materialismo dialéctico y el materialismo histórico», Stalin dice:

«Llámase materialismo dialéctico porque su modo de abordar los fenómenos de la naturaleza, su método de estudiar estos fenómenos y de concebirlos, es dialéctico, y su interpretación de los fenómenos de la naturaleza su modo de enfocarlos, su teoría, materialista». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Materialismo dialéctico y materialismo histórico, 1938)

Y con relación al materialismo histórico, Stalin dice:

«El materialismo histórico es la aplicación de los principios del materialismo dialéctico al estudio de la vida de la sociedad, al estudio de ésta y de su historia. La dialéctica es lo contrario de la metafísica». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Materialismo dialéctico y materialismo histórico, 1938)

La dialéctica es lo contrario de la metafísica

La dialéctica de Hegel fue la primera en presentar el mundo como un proceso. Pero Hegel era idealista. La base de todo lo existente lo veía en el desarrollo espontáneo de una idea absoluta, existente ya antes en la naturaleza y del hombre. El proceso del pensamiento era para Hegel el creador de lo real.

Por el contrario para Marx, lo ideal no es más que lo material traspuesto e interpretado por el cerebro del ser humano, es decir, Marx parte del principio materialista de que sin materia pensante –el cerebro– no puede concebirse la idea. Marx y Engels, liberaron así a la dialéctica hegeliana de su caparazón idealista, creando la dialéctica materialista, que más tarde fue desarrollada en su aplicación a las leyes de la sociedad por Lenin y Stalin.

jueves, 3 de junio de 2021

«Debemos apoyar a China porque pone en entredicho la política occidental», ¿dónde hemos oído esto antes?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


«China y sus aliados están innegablemente en su derecho a querer poner fin a la política colonial occidental. Desde esta perspectiva, defienden no solo sus propios intereses económicos fundamentales que requieren la extensión segura de su esfera de influencia, sino también las legítimas aspiraciones de muchos pueblos de vivir libres de esta espada de Damocles. En esta etapa actual de la historia del desarrollo del capitalismo, China representa, ciertamente, un progreso hacia el desarrollo para muchos países que, durante tanto tiempo, se han mantenido en el más completo atraso económico y en la miseria debido a Occidente, que encarna la reacción... ¡con tintes coloniales y proteccionistas muy pronunciados!». (Vincent Gouysse; China «comunista»: mitos y hechos principales, ¡de Mao a Xi, 2020)

¿Han leído bien? ¡China defiende «las legítimas aspiraciones de muchos pueblos de vivir libres»! El Sr. Gouysse apela a lo mismo que todos los adeptos al «socialismo del siglo XXI». Estos, cuando hablan de la más que discutible política exterior de Cuba, Venezuela o Bolivia, sostienen que, bueno, es cierto, sus «crecientes vínculos» con Rusia o China indican una clara dependencia, ¡pero al menos «entorpecen» la hegemonía estadounidense! Así es cómo el oportunismo presenta que el cambiar de potencia imperialista es un gran «progreso» y «desarrollo» histórico. ¡Aquí quién no se contenta es porque no quiere! 

Aunque las posiciones de las que parte Vincent Gouysse sean distintas a las del ya fallecido Fidel Castro, los postulados del francés, como los del cubano, apuestan por lanzar a los pueblos del mundo a los brazos del imperialismo: 

domingo, 30 de mayo de 2021

En la sociedad capitalista mi fuerza llega hasta donde llega la fuerza del dinero

«Lo que mediante el dinero es para mi, lo que puedo pagar, es decir, lo que el dinero puede comprar, eso soy yo, el poseedor del dinero mismo. Mi fuerza es tan grande como lo sea la fuerza del dinero. Las cualidades del dinero son mis –de su poseedor– cualidades y fuerzas esenciales. Lo que soy y lo que puedo no están determinados en modo alguno por mi individualidad. Soy feo, pero puedo comprarme la mujer más bella. Luego no soy feo, pues el efecto de la fealdad, su fuerza ahuyentadora, es aniquilada por el dinero. Según mi individualidad soy tullido, pero el dinero me procura veinticuatro pies, luego no soy tullido; soy un hombre malo y sin honor, sin conciencia y sin ingenio, pero se honra al dinero, luego también a su poseedor. El dinero es el bien supremo, luego es bueno su poseedor; el dinero me evita, además, la molestia de ser deshonesto, luego se presume que soy honesto; soy estúpido, pero el dinero es el verdadero espíritu de todas las cosas, ¿cómo podría carecer de ingenio su poseedor? El puede, por lo demás, comprarse gentes ingeniosas, ¿y no es quien tiene poder sobre las personas inteligentes más talentoso que el talentoso? ¿Es que no poseo yo, que mediante el dinero puedo todo lo que el corazón humano ansia, todos los poderes humanos? ¿Acaso no transforma mi dinero todas mis carencias en su contrario?

Si el dinero es el vinculo que me liga a la vida humana, que liga a la sociedad, que me liga con la naturaleza y con el hombre, ¿no es el dinero el vínculo de todos los vínculos? ¿No puede él atar y desatar todas las ataduras? ¿No es también por esto el medio general de separación? Es la verdadera moneda divisoria, así como el verdadero medio de unión, la fuerza galvanoquímica de la sociedad.

miércoles, 26 de mayo de 2021

Tanto el abatimiento como la histeria revelan una psicología inservible


«Es la lógica de los intelectuales exaltados e histéricos, incapaces de realizar una labor persistente y tenaz y que no saben aplicar los principios fundamentales de la teoría y la táctica a las circunstancias que han cambiado, no saben efectuar una labor de propaganda, agitación y organización en condiciones que se diferencian mucho de las que hemos vivido hace poco. En vez de centrar todos los esfuerzos en la lucha contra la desorganización filistea, que penetra tanto en las clases altas como en las bajas; en lugar de unir más estrechamente las fuerzas dispersas del partido para defender los principios revolucionarios probados; en lugar de eso, gente desequilibrada, que carece de todo sostén de clase en las masas, arroja por la borda todo lo que aprendió y proclama la «revisión», es decir, el retorno a los trastos viejos, a los métodos artesanales en la labor revolucionaria, a la actividad dispersa de pequeños cenáculos. Ningún heroísmo de estos grupitos e individuos en la lucha terrorista podrá cambiar nada en el hecho de que su actividad como miembros del partido es una expresión de disgregación. Tiene extraordinaria importancia comprender la verdad –confirmada por la experiencia de todos los países que han sufrido las derrotas de la revolución– de que tanto el abatimiento del oportunista como la desesperación del terrorista revelan la misma mentalidad, la misma particularidad de clase, por ejemplo, de la pequeña burguesía. «Todos coinciden en que es vano esperar una insurrección armada en un futuro más o menos próximo». Medítese sobre esta frase categórica y estereotipada. Por lo visto, esa gente jamás se ha parado a pensar en las condiciones objetivas que originan primero una amplia crisis política y después, al agravarse esa crisis, la guerra civil. Esa gente aprendió de memoria la «consigna» de la insurrección armada, sin comprender su significado ni las condiciones en que puede ser aplicada. Por eso reniega con tanta facilidad, ante los primeros reveses de la revolución, de las consignas adoptadas sin reflexionar, a ciegas. Pero si esa gente apreciase el marxismo como la única teoría revolucionaria del siglo XX, si aprendiese de la historia del movimiento revolucionario ruso, percibiría la diferencia que existe entre la fraseología y el desarrollo de las consignas verdaderamente revolucionarias. (...) La situación en Rusia es tal que ningún socialista más o menos reflexivo se atreverá a hacer profecías. (...) La tarea de los socialdemócratas consiste en lograr que las masas lleguen a comprender con claridad esa base económica de la crisis en gestación y en forjar una seria organización de partido, capaz de ayudar al pueblo a asimilar las valiosas enseñanzas de la revolución y de dirigirla en la lucha cuando las fuerzas, hoy en proceso de maduración, estén listas para una nueva «campaña» revolucionaria. Esta respuesta parecerá sin duda «vaga» a quienes encaran las «consignas» no como deducción práctica de un análisis clasista y habida cuenta de determinado momento histórico, sino como talismán dado de una vez para siempre a un partido o a una tendencia. Esas personas no entienden que la incapacidad para ajustar su táctica a distintas situaciones por completo claras o todavía indefinidas, se debe a la falta de educación política y a la estrechez de horizontes». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Algunos rasgos de la disgregación actual, 1908)

lunes, 24 de mayo de 2021

¿Son las leyes naturales eternas? Engels responde


«Las leves naturales eternas van convirtiéndose cada vez más en leyes históricas. El que el agua se mantiene fluida de los 0º a los 100° constituye una ley natural eterna, pero para que pueda cobrar vigencia tienen que concurrir los siguientes factores: 1) el agua; 2) la temperatura dada, y 3) presión normal. En la luna no existe agua, en el sol existen solamente sus elementos: para estos cuerpos celestes no rige, pues, la ley. Las leyes meteorológicas son también leyes eternas, pero solamente para la Tierra o para un planeta de la magnitud, la densidad, la inclinación del eje y la temperatura de la Tierra, y siempre y cuando que tenga una atmósfera hecha de la misma mezcla de oxígeno y nitrógeno y de las mismas cantidades de vapor de agua sujeto a evaporación y precipitación. La luna no tiene atmósfera y la atmósfera del sol está formada por vapores metálicos ardientes; por tanto, la primera carece de meteorología y el segundo tiene una meteorología completamente distinta de la nuestra. Toda nuestra física, nuestra química y nuestra biología oficiales son exclusivamente geocéntricas, sólo están calculadas para la Tierra. Desconocemos aun totalmente las condiciones de la tensión eléctrica y magnética en el sol, en las estrellas fijas y en las nebulosas, e incluso en los planetas de otra densidad que el nuestro. En el sol, debido a la alta temperatura, quedan en suspenso o sólo rigen momentáneamente dentro de los límites de la atmósfera solar las leyes de la combinación química de los elementos, y las combinaciones vuelven a disociarse cuando se acercan al sol. La química del sol apenas está comenzando y es por fuerza totalmente distinta de la química de la Tierra; no echa por tierra ésta, pero es diferente de ella. En las nebulosas tal vez no existan ni siquiera aquellos de los 65 elementos que posiblemente tienen por sí mismos una naturaleza compleja. Si, por tanto, queremos hablar de las leyes naturales universales aplicables por igual a todos los cuerpos –desde la nebulosa hasta el hombre–, sólo podremos referirnos a la ley de la gravedad y tal vez a la versión más general de la teoría de la transformación de la energía, vulgo la teoría mecánica del calor. Pero, al aplicarse de un modo general y consecuente a todos los fenómenos naturales, esta misma teoría se convierte en una exposición histórica de los cambios que van sucediéndose en un sistema del universo desde que nace hasta que desaparece y, por tanto, en una historia en cada una de cuyas fases rigen otras leyes, es decir, otras formas de manifestarse el mismo movimiento universal, lo que quiere decir que lo único absolutamente universal que permanece es el movimiento». (Friedrich Engels; Dialéctica de la naturaleza, 1875)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

«Para nosotros, las llamadas «leyes económicas» no son leyes naturales eternas, sino leyes que surgen y desaparecen históricamente, y el código de la economía política moderna, siempre y cuando que la economía lo refleje objetivamente, es para nosotros el compendio de las leyes y condiciones sin las cuales no puede existir la moderna sociedad burguesa; en una palabra sus condiciones de producción y de cambio, expresadas y resumidas en abstracto. Por tanto, para nosotros, ninguna de estas leyes, en la medida en que exprese relaciones puramente burguesas, es anterior a la sociedad burguesa moderna; aquellas que tenían más o menos vigencia para toda la historia anterior solamente expresan tales relaciones, basadas todas en la dominación y explotación de clase y comunes a los estados sociales correspondientes». (Friedrich Engels; Carta a Albert Lange, 29 marzo 1865)

jueves, 20 de mayo de 2021

Antes de nada, ¿qué se necesita para poder «reunir» y «organizar» a los revolucionarios?

«A nuestro juicio, el punto de partida para la actuación, el primer paso práctico hacia la creación de la organización deseada y, finalmente, el hilo fundamental al que podríamos asirnos para desarrollar, ahondar y ensanchar incesantemente esta organización, debe ser la creación de un periódico político para toda Rusia. (...) Sin él sería imposible desarrollar de un modo sistemático una propaganda y agitación fieles a los principios y extensivas a todos los aspectos, que constituye la tarea constante y fundamental. (...) Nunca se ha sentido con tanta fuerza como ahora la necesidad de completar la agitación dispersa, llevada a cabo por medio de la influencia personal, por medio de hojas locales, de folletos, etc., con la agitación regular y general, que sólo puede hacerse por medio de la prensa periódica. No creo que sea exagerado decir que el grado de frecuencia y regularidad de la publicación –y difusión– de un periódico puede ser la medida más exacta de la solidez con que esté organizada entre nosotros esta rama de nuestra actividad de combate, la primordial y más urgente. (...) Si no sabemos, y mientras no sepamos, coordinar nuestra influencia sobre el pueblo y sobre el gobierno por medio de la palabra impresa, será utópico pensar en la coordinación de otras formas de influencia, más complejas, más difíciles, pero, en cambio, más decisivas. Nuestro movimiento, tanto en el sentido ideológico como en el sentido práctico, en materia de organización, se resiente, sobre todo, de dispersión, de que la inmensa mayoría de los [marxistas] están casi totalmente absorbidos por un trabajo puramente locales, que limita su horizonte, el alcance de su actividad y su aptitud y preparación para la clandestinidad. Precisamente en esta dispersión deben buscarse las más profundas raíces de la inestabilidad de las vacilaciones de que hemos hablado más arriba. Y el primer paso adelante para eliminar estas deficiencias, para convertir los diversos movimientos locales en un solo movimiento de toda Rusia, tiene que ser la publicación de un periódico para toda Rusia. (...) Sin un órgano político, es inconcebible en Europa contemporánea un movimiento que merezca el nombre de movimiento político. Sin él, es absolutamente irrealizable nuestra misión de concentrar todos los elementos de descontento político y de protesta, de fecundar con ellos el movimiento revolucionario del proletariado. (...) La misión del periódico no se limita, sin embargo, a difundir las ideas, educar políticamente y a atraer aliados políticos. El periódico no es sólo un propagandístico colectivo y un agitador colectivo, sino también un organizador colectivo. En este último sentido se le puede comparar con los andamios se levantan alrededor de un edificio en construcción, que señalan sus contornos, facilitan las relaciones entre los distintos sectores, les ayudan a distribuir el trabajo y observar los resultados generales alcanzados por el trabajo organizado. Mediante periódico y en relación con éste, se irá formando por sí misma una organización permanente, que se ocupen no sólo del trabajo local, sino también de la labor general regular, que habitué a sus miembros para seguir atentamente los acontecimientos políticos, a apreciar su significado y su influencia sobre las distintas capas de la población, a elaborar los medios más adecuados para qué el partido revolucionario influya en estos acontecimientos. La sola tarea técnica de asegurar un suministro normal de materiales al periódico y la normalidad de su difusión obliga ya a crear una red de agentes locales del partido único, de agentes que mantengan animadas relaciones entre sí, que conozcan el estado general de las cosas, que se acostumbren a cumplir sistemáticamente las funciones parciales de un trabajo realizado en toda Rusia y que prueben sus fuerzas en la organización de distintas acciones revolucionarios. Esta red de agentes servirá de armazón precisamente para la organización que necesitamos: lo suficientemente grande para abarcar todo el país; lo suficientemente vasta y variada para establecer una rigurosa y detallada división del trabajo; lo suficientemente firme para saber proseguir sin desmayo su labor en todas las circunstancias y en todos los «virajes» y situaciones inesperadas; lo suficientemente flexible para saber, de un lado, rehuir las batallas en campo abierto contra un enemigo que tiene superioridad aplastante de fuerzas, cuando éste concentrar toda su fuerza en un punto, pero sabiendo, de otro lado, aprovecharse de la torpeza de movimientos de este enemigo y lanzarse sobre él en el sitio y en el momento en que menos espere ser atacado». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin¿Por dónde empezar?, 1901)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

«Todo el que hable de «sobreestimación de la ideología», de exageración del papel del elemento consciente, etc., se imagina que el movimiento obrero puro puede de por sí elaborar y elaborará una ideología independiente, tan pronto como los obreros «arranquen su suerte de manos de los dirigentes». Pero esto es un craso error. (...) La historia de todos los países atestigua que la clase obrera, exclusivamente con sus propias fuerzas, sólo está en condiciones de elaborar una conciencia tradeunionista, es decir, la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar del gobierno la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para los obreros, etc. En cambio, la doctrina del socialismo ha surgido de teorías filosóficas, históricas y económicas que han sido elaboradas por representantes instruidos de las clases poseedoras, por los intelectuales. (...) Un revolucionario blandengue, vacilante en los problemas teóricos y de estrechos horizontes, que justifica su inercia con la espontaneidad del movimiento de masas y se asemeja más a un secretario de tradeunión que a un tribuno popular, carente de un plan amplio y audaz que imponga respeto incluso a sus adversarios. (...) En los momentos actuales de subestimación de la importancia de las tareas [marxistas], la «labor política activa» puede iniciarse exclusivamente por una agitación política viva, cosa imposible sin un periódico central para toda Rusia, que aparezca con frecuencia y que se difunda con regularidad. (...) Esta experiencia demuestra que, en nuestras condiciones, los periódicos locales resultan en la mayoría de los casos vacilantes en los principios y faltos de importancia política; en cuanto al consumo de energías revolucionarias, resultan demasiado costosos, e insatisfactorios por completo, desde el punto de vista técnico –me refiero, claro está, no a la técnica tipográfica, sino a la frecuencia y regularidad de la publicación–. (…) Es necesaria en grado sumo la lucha más intransigente contra toda defensa del atraso, contra toda legitimación de la estrechez de miras en este sentido. De la importancia de unificar y de la necesidad de 
«reunir y organizar» habla ahora todo el mundo sin excepción, pero en la mayoría de los casos no se tiene la menor idea concreta de por dónde empezar y cómo llevar a cabo esa unificación. Todos convendrán, por seguro, en que si «unificamos», por ejemplo, los círculos aislados de barrio de una ciudad, harán falta para ello organismos de barrio de una ciudad, harán falta para ello organismos comunes, es decir, no sólo la denominación común de «unión», sino una labor realmente común, un intercambio de publicaciones de experiencia, de fuerzas y distribución de funciones, no ya sólo por barrios, sino por oficios de todos los trabajos urbanos. Todo el mundo convendrá en que un sólido mecanismo conspirativo no cubrirá sus gastos si es que puede emplearse una expresión comercial con los «recursos» se sobreentiende que tanto materiales como personales de un barrio; que en este reducido campo de acción no pueda explayarse el talento de un especialista. Pero lo mismo puede afirmarse de la unión de distintas ciudades, porque incluso el campo de acción de una comarca aislada resulta, y ha resultado ya en la historia de nuestro movimiento. (...) Es de imperiosa e impostergable necesidad ampliar ante todo este campo de acción, crear un nexo real entre las ciudades respaldado en una labor regular y común, porque el fraccionamiento deprime a la gente que «está en el hoyo» –expresión del autor de una carta dirigida a Iskra sin saber lo que pasa en el mundo, de quién aprender, cómo conseguir experiencia y de qué manera satisfacer su deseo de una actividad amplia». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902)

martes, 11 de mayo de 2021

¿Puede ser «el apoyo de los pueblos» un país que viola el derecho de autodeterminación en su casa?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«Para abordar este capítulo referente a la cuestión de Xinjiang, Tibet o Hong Kong, no podemos dejar de mirar hacia el pasado. Así, entenderemos que como se suele decir «de aquellos barros estos lodos».

En los años 30 el Partido Comunista de China (PCCh) a priori destacaba por haber aceptado la visión bolchevique sobre la cuestión nacional, algo sumamente importante en un Estado multinacional como el suyo:

«Lucha por la correcta solución revolucionaria de la cuestión nacional hacia los pueblos no chinos, el PCCh debe tener en cuenta los principales pueblos no chinos –mongoles, khoi, coreanos, tai, nose, mon, etc.– lo que representa la abrumadora mayoría de la población de las regiones periférica de China –Manchuria, Mongolia Interior, Gansu, Guizhou, Yunnan– y las minorías nacionales de los territorios de Guandong, Guangxi, Hunan, provincias occidentales de Sichuan, etc. (…) El PCCh lucha por el derecho a la autodeterminación, hasta la secesión estatal de todos los pueblos no chinos que sufren la opresión por parte de las clases poseedoras chinas y el imperialismo». (Del acta Nº307 de una reunión extraordinaria de la comisión política de la Secretaria del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, Moscú, 21 de abril de 1933)

Antes de continuar, deberíamos hacer un inciso sobre China y la cuestión nacional. La etnia mayoritaria en lo que hoy se conoce como China es –y siempre ha sido– la han, pero no ha sido la única, existiendo otros pueblos. Previamente a que Mao Zedong llegase a la cima de poder, el PCCh había defendido el derecho de autodeterminación hasta sus últimas consecuencias –véase las tesis del VIº Congreso del PCCh de 1928–. En los comunicados de los territorios liberados por los comunistas chinos, la República Soviética de China de 1931-37, no se dejaba lugar a dudas:

«Esto significa que las regiones como Mongolia, Tibet, Sinkiang, Yunnan, Kweichow y otras, en las que la mayoría de la población pertenece a nacionalidades no chinas, las masas trabajadoras de estas nacionalidades tienen derecho a determinar si desean separarse de la República Soviética China y establecer su propio estado independiente o ingresar a una Unión de Repúblicas Soviéticas o formar una región autónoma dentro de la República Soviética China». (Primer Congreso Nacional de la República Soviética de China, 1931)

Sobre Mongolia

Pero a partir de 1936 la nueva política maoísta sobre las fronteras rechazaba el derecho de autodeterminación que antaño había abanderado el PCCh: 

«Cuando la revolución popular» haya salido victoriosa en China, la República de Mongolia Exterior pasará a ser automáticamente una parte de la Federación China por voluntad propia. Los pueblos mahometano y tibetano también formarán repúblicas autónomas unidas a la federación china». (Edgar Snow: Estrella roja sobre China, 1937)

martes, 4 de mayo de 2021

Los fascistas. ¿Quiénes son ellos?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«Hay naciones que han encontrado dictadores geniales, que han servido para sustituir al Estado; pero esto es inimitable y en España, hoy por hoy, tendremos que esperar a que surja ese genio». (José Antonio Primo de Rivera; «España y la barbarie». Conferencia en el teatro Calderón, de Valladolid, 1935)

«El sistema jerárquico del Falange Española Tradicionalista y de las JONS está in
tegrado por los siguientes elementos y órganos: 1. El Caudillo, jefe nacional del Movimiento; responsable de sus actos ante Dios y la Historia. (...) Toda autoridad o poder viene de Dios». (Formación del espíritu nacional, 1955)

«España es una unidad de destino en lo universal. El servicio a la unidad, grandeza y libertad de la Patria es deber sagrado y tarea colectiva de todos los españoles. (...) La Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación. (...) La participación del pueblo en las tareas legislativas y en las demás funciones de interés general se llevará a cabo a través de la familia, el municipio, el sindicato y demás entidades con representación orgánica que a este fin reconozcan las leyes. Toda organización política de cualquier índole al margen de este sistema representativo será considerada ilegal. (...) Se reconoce al trabajo como origen de jerarquía, deber y honor de los españoles, y a la propiedad privada, en todas sus formas, como derecho condicionado a su función social. La iniciativa privada, fundamento de la actividad económica, deberá ser estimulada, encauzada y, en su caso, suplida por la acción del Estado». (Ley de Principios del Movimiento Nacional, 17 de mayo de 1958)

En 1976 los que habían sido los gestores de estos principios –cada uno bajo su interpretación– terminaron aprobando en las Cortes franquistas la famosa Ley para la Reforma Política, que ponía el primer paso para inmolar el sistema fundado en 1939. Esto forzó a que muchas personas, todavía fieles a los valores del viejo orden, ocultasen sus inclinaciones políticas para adaptarse a los nuevos tiempos democrático-burgueses. Aun hoy existen personas que por diversas razones siguen aspirando a emular los principios básicos de lo que en su día fue el fascismo español. En su mayoría el catecismo ideológico que profesan reproduce, en mayor o menor medida, los nueve puntos que Falange Española anunció al mundo en 1933. Y aunque algunos antifascistas se resistan a creerlo, estos nostálgicos pueden abarcar a todo tipo de personajes imaginables, incluso podemos hallar a seguidores de esta doctrina entre las capas sociales más bajasHagamos una breve descripción de estos perfiles que seguro que al lector que resultarán muy familiares. Así que, sin más dilación, comencemos:

a) El empresario fascista 

En España podemos hallar, por ejemplo, del clásico empresario que cambió de chaqueta en la Transición de los 80: este camaleón dejó en el armario su querida camisa azul falangista y –no sin remilgos– se compró la chaqueta de pana socialista. Retiró del salón la foto de José Antonio Primo de Rivera y la puso a buen recaudo en su alcoba –para que así sus nuevos compañeros de militancia no le mirasen mal–. «¿¡Todos tenemos derecho a cambiar, no!?», repite desde entonces constantemente para justificar sus acrobacias políticas. Pongamos que a este sujeto número uno se le conoce en sus círculos como Don Rafael. 

Bien, pues este hoy tiene el valor de presentarse a sí mismo como «demócrata, apolítico, conservador en lo económico» y –en su delirio– hasta se llega a considerar hasta «progresista en lo social». En realidad, todo su alrededor se puede ir al infierno, solo le preocupa que se mantengan un «orden» y una «disciplina» social que a él le permita contar tranquilo sus ganancias, aunque bien es verdad que en el fondo echa de menos poder apretar las tuercas a los trabajadores sin tanta «burocracia» de por medio. ¡Qué tiempo aquellos cuando no eran necesarias tantas florituras para despedir o prolongar la jornada laboral! Está de acuerdo con esos ideólogos que dicen que eso los «derechos laborales» son «pamplinas marxistas» que van en contra de los propios trabajadores y de todos, ¡pues impiden el crecimiento de la economía! O sea, la de su empresa. Vende al mundo exterior que él es un «hombre humilde» que «se ha hecho a sí mismo» aunque haya tenido un camino de rosas junto a una serie de facilidades inimaginables para el común de los mortales. 

Nuestro protagonista, Don Rafael, es más «patriota» que nadie, ¡faltaría más!, por eso lleva la «rojigualda» hasta en los tirantes. Pero, ¡ay amigo! «business is business», su «españolidad» se resquebraja cuando tiene que mover ficha para mantener o aumentar sus beneficios, entonces ordenará a su capataz que comunique que «por motivos de la reciente restructuración de la empresa» el jefe va a «tomar medidas»: arrojar a la calle a varios de sus «compatriotas», reducir las medidas de seguridad, cuando no, directamente mandar la fábrica a alguna recóndita zona de los Cárpatos. La cuenta de Don Rafael en Suiza o Andorra tampoco debe darnos a equívocos, todo eso es por la «comodidad y servicios especiales» que estos países ofrecen, ¡allí sí que saben tratar a un «hombre de bien», aquí deberíamos aprender de su «cortesía»! En resumidas cuentas, en realidad la «Patria» de Don Rafael empieza y acaba en su bolsillo. Pero no pasa nada, porque las migajas y un buen asesor publicitario puede ocultar todo esto con campañas de beneficencia, parte del pueblo incluso le adorará. 

Entre tanto, si es cierto que a veces Don Rafael es filántropo. A ratos le gusta jugar a ser mecenas y financia a unos alegres jóvenes de cabeza rapada que le tratan como un Dios. Para él son su debilidad ya que le recuerdan a sus años de mozo en los campamentos del «Movimiento», y por supuesto, adora recibir todo tipo de halagos, incluso aspira a dirigirlos. Sobre esto, comenta orgulloso a sus amigos: «¡Hay que apoyar a la España sana que forjará el glorioso mañana!».

Don Rafael mima a su hijo, Mateo, que asume sin problemas que es –y será toda la vida– un bohemio o un lumpen sin oficio ni beneficio, aquel que ha decidido que dilapidará gran parte de la herencia familiar simplemente porque puede, cosa que al padre no le preocupa demasiado porque siempre podrá reponer las pérdidas y travesuras del «niño».

jueves, 29 de abril de 2021

La cuestión educativa y el liberalismo de la «izquierda»; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

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«Preguntar–y dar respuesta– sobre los fenómenos naturales o sociales es el deber de todo revolucionario. La pregunta implica que el individuo reconoce sus dudas y debilidades, sí, pero también su voluntad de saber, su aspiración a forjar una defensa o ataque consciente sobre algo o alguien. La respuesta bien articulada es la prueba de que el sujeto ha hecho un trabajo previo, que ha adquirido una competencia que le permite demostrar que no actúa por inercia o por creencias tradicionales de dudoso sostén. Puesto que nuestro conocer es finito, las preguntas y dudas son algo que recorrerán la vida del individuo mientras esta dure. A esto deberíamos añadir una nota, una cuestión que los «nietzscheanos» parecen olvidar los sobre los «genios»: el sujeto puede ser netamente superior a otro u otros en un campo específico, pero, ¿significa esto que no puede equivocarse en su tema fetiche? ¿Significa que no existen otros sabios que puedan contradecirle? Inevitablemente, el que es especialista en uno o varios campos es ignorante en muchos otros, dado que la capacidad de conocimiento para el ser humano en una sola vida es limitada. Por tanto, este «astro», por mucho que alumbre a sus satélites, siempre necesitará «la luz de otro astro» en otro campo». (Equipo de Bitácora (M-L); La cuestión educativa y el liberalismo de la «izquierda», 2021)


Preámbulo

«La investigación ha de tender a asimilarse en detalle la materia investigada, a analizar sus diversas normas de desarrollo y a descubrir sus nexos internos. Sólo después de coronada esta labor, puede el investigador proceder a exponer adecuadamente el movimiento real». (Karl Marx; El capital, 1867)

Durante febrero de 2020 tuvimos la «fortuna» de asistir a un bochornoso debate educativo sobre el llamado «pin parental» en la escuela pública. Hubo cruce de ideas tanto de la derecha tradicional como de su presunta «rival» la «izquierda» burguesa que sobrepasó lo cómico, contando, para variar, con un nivel paupérrimo de argumentación desde ambas bancadas. Meses después, en diciembre de ese mismo año, el debate fue reabierto por la cuestión de la nueva ley de educación, la Ley Celaá, impulsada por el gobierno del PSOE-Unidas Podemos y llamada así por la Ministra de Educación, la socialista Isabel Celaá. Llegados aquí cabe preguntarse varias cuestiones en relación con estos debates y otros anexos:

1) ¿Qué aspectos tiene la nueva ley educativa? 

2) ¿Acaso existe un rigor científico en la educación actual? 

3) ¿Es o puede ser neutral la educación, sin sesgos ideológicos de ningún tipo? 

4) ¿Qué papel juegan el feminismo y el posmodernismo en los centros educativos? 

5) ¿Es el pin parental un método nuevo y extraordinario en la educación española? 

6) ¿Se puede confiar en un gobierno burgués para mejorar la educación o defender la ciencia? 

7) ¿Por qué modelo deben apostar los marxistas en el tema educativo en la nueva sociedad que ha de venir? 

8) ¿Qué aciertos y errores hubo en la experiencia educativa soviética? 

miércoles, 28 de abril de 2021

Un trabajo de idéntico contenido puede ser productivo e improductivo

«Lo que constituye el valor de uso específico del trabajo productivo para el capital no es su carácter útil determinado, como tampoco las cualidades útiles particulares del producto en el que se objetiva, sino su carácter de elemento creador de valor de cambio –plusvalía. El proceso capitalista de producción no es meramente producción de mercancías. Es un proceso que absorbe trabajo impago, que toma a los medios de producción en medios para succionar trabajo impago. De lo que precede resulta que ser trabajo productivo es una determinación de aquel trabajo que en sí y para sí no tiene absolutamente nada que ver con el contenido determinado del trabajo, con su utilidad particular o el valor de uso peculiar en el que se manifiesta. Por ende un trabajo de idéntico contenido puede ser productivo e improductivo. Milton, pongamos por caso, que escribió «El paraíso perdido» (1667), era un trabajador improductivo. Al contrario, el escritor que proporciona trabajo como de fábrica a su librero, es un trabajador productivo. Milton produjo «El paraíso perdido» tal como un gusano produce seda, como manifestación de su naturaleza. Más adelante vendió el producto por 5£ y de esta suerte se convirtió en comerciante. Pero el literato proletario de Leipzig, que produce libros por ejemplo compendios de economía política por encargo de su librero, está cerca de ser un trabajador productivo, por cuanto su producción está subsumida en el capital y no se lleva a cabo sino para valorizarlo. Una cantante que canta como un pájaro es una trabajadora improductiva. En la medida en que vende su canto, es una asalariada o una comerciante. Pero la misma cantante, contratada por un empresario que la hace cantar para ganar dinero, es una trabajadora productiva, pues produce directamente capital. Un maestro de escuela que enseña a otros no es un trabajador productivo. Pero un maestro de escuela que es contratado con otros para valorizar mediante su trabajo el dinero del empresario de la institución que trafica con el conocimiento, es un trabajador productivo. Aun así, la mayor parte de estos trabajadores, desde el punto de vista de la forma, apenas se subsumen formalmente en el capital: pertenecen a las formas de transición. En suma, los trabajos que sólo se disfrutan como servicios no se transforman en productos separables de los trabajadores y por lo tanto existentes independientemente de ellos como mercancías autónomas–, y aunque se les puede explotar de manera directamente capitalista, constituyen magnitudes insignificantes si se les compara con la masa de la producción capitalista. Por ello se debe hacer caso omiso de esos trabajos y tratarlos solamente a propósito del trabajo asalariado, bajo la categoría de trabajo asalariado que no es al mismo tiempo trabajo productivo». (Karl Marx; El Capital Libro I, Capítulo VI, Inédito, 1867)

jueves, 22 de abril de 2021

El proletariado solo es progresista cuando tiene conciencia de su papel revolucionario


«En lugar de acudir a la lucha abierta, directa y basada en principios, contra las tesis fundamentales del socialismo, en nombre de la absoluta intangibilidad de la propiedad privada y de la libertad de la competencia, la burguesía de Europa y América, representada por sus ideólogos y políticos, acude, cada vez con mayor frecuencia, a la defensa de las llamadas reformas sociales, oponiéndolas a la idea de la revolución s0cial. No se trata ya de liberalismo contra socialismo, sino de reformismo contra la revolución socialista: ésta es la fórmula de la burguesía instruida y «avanzada» de nuestros días. Y cuanto más elevado es el nivel de desarrollo del capitalismo en un país, cuanto más puro es el dominio de la burguesía, cuanto mayores son las libertades políticas, tanto más amplio es el terreno para la aplicación de la «novísima» consigna burguesa: reformas contra la revolución, remiend0s parciales el régimen que sucumbe, a fin de dividir y debilitar a la clase obrera, a fin de mantener el poder de la burguesía contra el derrocamiento revolucionario de este poder. (...) Las tareas del proletariado dimanan de esta situación de forma completa y absolutamente definida. El proletariado –como la única clase revolucionaria hasta el fin en la sociedad contemporánea–, debe ser el dirigente, mantener la hegemonía en la lucha de todo el pueblo por la revolución democrática completa, en la lucha de todos los trabajadores y explotados contra los opresores y explotadores. El proletariado es revolucionario sólo cuando tiene conciencia de esta idea de la hegemonía y la realiza. El proletario que adquirió conciencia de esta tarea es un esclavo alzado contra la esclavitud. El proletario, que no tiene conciencia de la idea de la hegemonía de su clase o que reniega de esta idea, es un esclavo que no comprende la condición de esclavo en que se encuentra; en el mejor de los casos, es un esclavo que lucha por mejorar su situación de tal, pero no por el derrocamiento de la esclavitud. De aquí se deduce que la famosa fórmula de uno de los jóvenes líderes de nuestro reformismo, el señor Levitski, de la revista Nassha Zariá, quien declaró que la socialdemocracia rusa «no debe pretender a la hegemonía, sino a ser un partido de clase», es una fórmula del más consecuente reformismo. Más aún, es la fórmula de la apostasía completa. Afirmar: «no debe pretender a la hegemonía, sino a ser un partido «de clase», significa pasarse al lado de la burguesía, al lado de los liberales. (...) Pero la renuncia a la idea de la hegemonía es la variedad más burda del reformismo en las filas de la socialdemocracia rusa, por lo que no todos los liquidadores se deciden a manifestar abiertamente sus ideas en forma tan determinada. Algunos de ellos –como el señor Mártov– intentan incluso, burlándose de la verdad, negar la ligazón que existe entre la renuncia a la hegemonía y el liquidacionismo. (...) Predicar a los obreros: «hegemonía, no; partido de clase, sí», significa traicionar, en favor de los liberales, la causa del proletariado, significa predicar la sustitución de la política obrera socialdemócrata por una política obrera liberal. (...) El auge del movimiento proletario atrae inevitablemente a las filas de sus partidarios a cierto número de elementos pequeño burgueses, esclavos de la ideología burguesía, los cuales se van liberando de ella con dificultad y que siempre vuelven, una y, otra vez, a caer en sus redes. No es posible ni siquiera imaginarse la revolución social del proletariado sin esta lucha sin hacer en vísperas de esta revolución sin ese preciso deslindamiento de principios. (...) Sin la completa ruptura, en el curso de esta revolución, entre los elementos oportunistas, pequeño burgueses y los elementos proletarios, revolucionarios, de la nueva fuerza histórica». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El reformismo en el seno de la socialdemocracia rusa, 1911)

domingo, 18 de abril de 2021

El giro nacionalista en la evaluación soviética de las figuras históricas; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«Las anotaciones anteriores [*] de Stalin, Zhdánov y Kirov emitidas en 1934 sobre el campo de la historia advertían del peligro de ignorar el pasado colonialista del zarismo ruso y la opresión que ejerció sobre otros pueblos.  Véase el capítulo: «La aparición del bolchevismo y su trato de la cuestión nacional» de 2020.

Sin embargo, en 1937 hubo un cambio, e inexplicablemente se pasó al extremo contrario, ahora se pasó a revisar la historia con una profunda condescendencia hacia las aventuras del zarismo:

«Los autores no ven ningún papel positivo en las acciones de Bogdán Jmelnitski en el siglo XVII, en su lucha contra la ocupación de Ucrania por parte de los señores de Polonia y la Turquía del Sultán. El hecho de la transición de Georgia, digamos, a finales del siglo XVIII al protectorado de Rusia, así como el hecho de la transición de Ucrania al dominio ruso, son vistos por los autores como un mal absoluto, sin ninguna conexión con las condiciones históricas específicas de la época. Los autores no ven que Georgia tenía entonces la alternativa de ser engullida por la Persia del Sha y la Turquía del Sultán o convertirse en un protectorado ruso, al igual que Ucrania tenía la alternativa de ser engullida por el dominio de los señores de Polonia y la Turquía del Sultán, o caer bajo el dominio ruso. No ven que la segunda perspectiva era, sin embargo, el mal menor». (Enseñanza de la historia. Resolución del jurado de la comisión gubernamental para el concurso del mejor libro de texto para los grados 3 y 4 de la Historia de la URSS, 1937)

Es decir, para una comisión del gobierno, el levantamiento de 1668 del cosaco Jmelnitski era algo a celebrar porque fue contra el dominio de la Mancomunidad de Polonia-Lituania. Al mismo tiempo, la absorción de ucranianos y georgianos por Rusia en los siglos XVIII y XIX, fue una «buena noticia» para los pobladores. ¡Debían elegir por cuál de los lobos querían ser despiezados! Lo cierto es que las Guerra del Cáucaso (1817-1864) indicaron lo contrario: hubo una feroz resistencia georgiana, armenia y azerí al nuevo mandato ruso, esos pueblos no deseaban ser absorbidos.

No nos detendremos con la teoría del «mal menor», ya que más adelante volverá a salir. Pero a partir de aquí debemos prestar atención, pues todos los pasos en falso que se darían en materia histórico-nacional no serían casuales, sino que una y otra vez volverían sobre esta visión. Gracias a la válvula de oxígeno del gobierno, nos encontraremos con que un «revivido» nacionalismo ruso utilizaría esta fórmula del «mal menor» para camuflar la rusificación histórica del resto de pueblos, intentando, de paso, repetirlo ahora, como quedaría reflejado en las violentas discusiones que hubo en campos como la historia o la filosofía sobre la transcendencia de Rusia en el mundo y celebrando la «fortuna» y el «progreso» alcanzado por estos pueblos al haber sido anexionados por el zarismo.

Esto nos lleva a la siguiente cuestión que deseábamos abordar: los nacionalistas –algunos travestidos de «rojo»– como el Sr. Armesilla o el Sr. Roberto Vaquero, quienes intentan acreditar su filia por personajes pasados que nada tienen que ver con las aspiraciones del pueblo trabajador y sus mejores tradiciones revolucionarias. Estos, haciéndose eco de los fallos y posiciones falsas de otros comunistas, los cuales, en algún momento de su vida, incurrieron en desviaciones nacionalistas, intentan justificar lo injustificable ¡Pero ellos son los que luego juran a todas horas que a diferencia del resto no se mueven por otros intereses que no sea la verdad objetiva! ¡Que la crítica hacia sus ídolos y la autocrítica está presente en las sectas que lideran! ¿Cómo no íbamos a creer las soflamas de tan honestos muchachos? Véase el capítulo: «¿Qué pretenden los nacionalistas al reivindicar o manipular ciertos personajes históricos?» de 2021.

sábado, 10 de abril de 2021

¿Cuál es la relación entre el capital y la jornada laboral del asalariado?

«El capitalista ha comprado la fuerza de trabajo por su valor diario. Le pertenece el valor de uso de la misma durante una jornada laboral. Ha obtenido el derecho, pues, de hacer que el obrero trabaje para él durante un día. ¿Pero qué es una jornada laboral? En todo caso, menos de un día natural de vida. ¿Y cuánto menos? El capitalista tiene su opinión sobre esa última Thule, el límite necesario de la jornada laboral. Como capitalista, no es más que capital personificado. Su alma es el alma del capital. Pero el capital tiene un solo impulso vital, el impulso de valorizarse, de crear plusvalor, de absorber, con su parte constante, los medios de producción, la mayor masa posible de plustrabajo. El capital es trabajo muerto que sólo se reanima, a la manera de un vampiro, al chupar trabajo vivo, y que vive tanto más cuanto más trabajo vivo chupa. El tiempo durante el cual trabaja el obrero es el tiempo durante el cual el capitalista consume la fuerza de trabajo que ha adquirido. (...) El capitalista, pues, se remite a la ley del intercambio mercantil. Al igual que cualquier otro comprador, procura extraer la mayor utilidad posible del valor de uso que tiene su mercancía. La variación de la jornada laboral oscila pues dentro de límites físicos y sociales. Unos y otros son, sin embargo, de naturaleza muy elástica y permiten la libertad de movimientos. Encontramos, así, jornadas laborales de 8, 10, 12, 14, 16, 18 horas, o sea de las extensiones más disímiles. (...) Ni qué decir tiene, por de pronto, que el obrero a lo largo de su vida no es otra cosa que fuerza de trabajo, y que en consecuencia todo su tiempo disponible es, según la naturaleza y el derecho, tiempo de trabajo, perteneciente por tanto a la autovalorización del capital. Tiempo para la educación humana, para el desenvolvimiento intelectual, para el desempeño de funciones sociales, para el trato social, para el libre juego de las fuerzas vitales físicas y espirituales, e incluso para santificar el domingo y esto en el país de los celosos guardadores del descanso dominical. Pero en su desmesurado y ciego impulso, en su hambruna canina de plustrabajo, el capital no sólo transgrede los límites morales, sino también las barreras máximas puramente físicas de la jornada laboral. Usurpa el tiempo necesario para el crecimiento, el desarrollo y el mantenimiento de la salud corporal. Roba el tiempo que se requiere para el consumo de aire fresco y luz del sol. Escamotea tiempo de las comidas y, cuando puede, las incorpora al proceso de producción mismo, de tal manera que al obrero se le echa comida como si él fuera un medio de producción más, como a la caldera carbón y a la maquinaria grasa o aceite. Reduce el sueño saludable necesario para concentrar, renovar y reanimar la energía vital a las horas de sopor que sean indispensables para revivir un organismo absolutamente agotado. En vez de que la conservación normal de la fuerza de trabajo constituya el límite de la jornada laboral, es, a la inversa, el mayor gasto diario posible de la fuerza de trabajo, por morbosamente violento y penoso que sea ese gasto, lo que determina los límites del tiempo que para su descanso resta al obrero. El capital no pregunta por la duración de la vida de la fuerza de trabajo. Lo que le interesa es únicamente qué máximo de fuerza de trabajo se puede movilizar en una jornada laboral. Alcanza este objetivo reduciendo la duración de la fuerza de trabajo, así como un agricultor codicioso obtiene del suelo un rendimiento acrecentado aniquilando su fertilidad». (Karl Marx; El Capital, Tomo I, 1867)

jueves, 8 de abril de 2021

¿Por qué la Escuela de Bueno desprecia la historia cultural de otros pueblos?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

William Shakespeare (1564-1616)

«La producción intelectual de una nación se convierte en patrimonio común de todas. La estrechez y el exclusivismo nacionales resultan de día en día más imposibles; de las numerosas literaturas nacionales y locales se forma una literatura universal». (Karl Marx y Friedrich Engels; El manifiesto comunista, 1848)

«La consigna de la democracia obrera no es la «cultura nacional», sino la cultura internacional de la democracia y del movimiento obrero mundial». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Notas críticas sobre la cuestión nacional, 1914)

Antes de continuar, hemos de recordar que el patriotismo mal entendido lleva al nacionalismo, y de este al chovinismo solo hay un paso. ¿Desean un rápido ejemplo ilustrativo? 

«El alemán tiene intimidad con el espíritu del universo. Para él está destinado lo más elevado… Él es el escogido por el espíritu del mundo, durante la lucha del tiempo para trabajar en la eterna construcción de la formación humana». (Friedrich Schiller; Grandeza alemana, 1801)

El nacionalismo, en especial el nacido en los albores del romanticismo, veía en el odio y destrucción hacia el vecino, en el desprecio a su idioma y cultura particular, como uno de los impulsos reafirmadores para la propia nación. Aniquilando lo ajeno revitalizo lo mío. En toda una oda al chovinismo, el poeta alemán Arndt, del siglo XIX, proclamaba:

«Ernst Moritz Arndt: Odio a los extranjeros, odio a los franceses, a su arrogancia, a su vanidad, a su ridiculez, a su idioma, a sus costumbres; sí, odio ardiente a todo lo que venga de ellos; eso es lo que debe unir fraternal y firmemente todo lo alemán y la valentía alemana, la libertad alemana, la cultura alemana, el honor y la justicia alemanes, deben flotar sobre todo y adquirir de nuevo la vieja dignidad y gloria con que nuestros padres irradiaron ante la mayoría de los pueblos de la tierra». (Rudolf Rocker; Nacionalismo y cultura, 1962)

Este también podría decirse que es el grito de guerra de la Escuela de Gustavo Bueno contra Gran Bretaña, la «Pérfida Albión», sin olvidar, claro está, la lucha contra el catalanismo, el galleguismo y el vasquismo.

Jesús G. Maestro, el presunto «experto en temática artística» del oficialismo buenista, repite este tipo de visiones mesiánicas sobre la nación española:

«Por un lado, la literatura española, por otro lado, todas las demás. Cuando hablamos de literatura hablamos de España, es imposible hablar de literatura sin hablar de España». (Jesús G. Maestro; Cómo la Universidad anglosajona posmoderna destruye la literatura española e hispanoamericana, 2018)

Claro, según él, los literatos, filósofos, poetas españoles del siglo XVIII como Jovellanos, Feijoo, Cadalso o Moratín tuvieron la misma transcendencia que Voltaire, Diderot o Rousseau. En el siglo XIX, siempre según Jesús G. Maestro, grandes autores como Espronceda, Zorrilla o Larra tuvieron el mismo eco que Goethe, Hegel, o Fichte. Pero es que la historia de la literatura, que según la RAE es «el arte de la expresión verbal», no es la historia de los autores que a cada uno más le agrada, no es tampoco la historia de quién debería haber destacado más por su progresismo o por su virtuosismo, sino que es la que es. La realidad indica que autores ultrarreaccionarios como Schopenhauer o Nietzsche tuvieron muchísimo más eco que cualquier autor español de ese tiempo. Unamuno y Ortega y Gasset, que eran otros reaccionarios de tomo y lomo, fueron los «filósofos españoles del siglo XX» –de hecho, Bueno no es sino la marca blanca de ambos–. Eso no se puede cambiar, es historia, lo que no quita que el deber de los revolucionarios sea reevaluar y colocar a cada filósofo, político o economista en el escalafón de importancia que le corresponde en la historia de la humanidad, pero desde luego tal ejercicio jamás podrá hacerse dejándose llevar por los sentimentalismos o bajo un prisma nacionalista a riesgo de volver a realizar una selección interesada y artificial de «filósofos transcendentes», como acostumbra hoy y siempre la burguesía nacional y sus prostitutas intelectuales.

lunes, 5 de abril de 2021

De «leyenda negra» a «leyenda blanca» sobre el colonialismo hispano; Equipo Bitácora (M-L), 2021

«La Hispanidad es el conjunto de los pueblos descubiertos, civilizados y evangelizados por España, que tienen un mismo modo de ser. (…) Lo cierto que nunca fue España tan grande como cuando se entregó totalmente a la obra de ganar para la fe y la civilización cristiana a los indios americanos y a los isleños de Oceanía, y se enfrentaba con los protestantes o los turcos, a fin de librar a la Iglesia y a la Cristiandad de tales enemigos». (Formación del espíritu nacional, 1955)

Advertimos al lector que tome asiento y se prepare para la batería de disparates que los nacionalistas pueden llegar a soltar para escurrir el bulto sobre sus referentes y figuras de culto.

Para empezar, ¿qué considera el «buenismo», en boca de Armesilla, un «imperio positivo», un «imperio generador»?

«En el caso de los Imperios Depredadores de la última fase del capitalismo del siglo XIX, entre 1884 y 1900, nos referimos a los Imperios Británico, Alemán, Holandés y el Imperio Colonial Francés –no confundir con el Primer Imperio Francés o Napoleónico, cuyos caracteres eran los propios de un Imperio Generador, pero ya nos referiremos a esto más tarde–, el excedente de capital no se dedicó en ningún momento a elevar el nivel de vida de los habitantes de las colonias ya que eso hubiera mermado considerablemente las ganancias de los capitalistas británicos, alemanes, holandeses y franceses, sino que se dedicó a acrecentar esas ganancias a través de la exportación de capitales a los países atrasados, es decir, les volvían a vender a las colonias el excedente de capital que extraían de las mismas». (Santiago Armesilla; Reescritos de la disidencia, 2012)

Y en el caso del Imperio hispánico, Armesilla reclamaba reivindicar tal imperio alegando la:

«La organización de los caminos como rutas comerciales terrestres que convergían en las Plazas de Armas de las ciudades, la promoción del mestizaje sexual, el otorgamiento de tierras comunales a indios y peninsulares, los más de 150.000 licenciados que salieron de las más de veinte Universidades generadas por el Imperio en América, el establecimiento del Real de a Ocho como moneda-mercancía de cambio universal, e incluso las reducciones jesuíticas de corte socialista». (Santiago Armesilla; Rosa Luxemburgo y España. Escrito para la Razón Comunista, 2019)

Atribuir en el caso del Imperio hispánico o de cualquier otro en cualquier época unas intenciones que no fueran el pillaje, la acumulación de tierras y la fama, es una completa tomadura de pelo, solo posible para un ultranacionalista sin escrúpulos que busca el blanqueamiento del imperio que defiende. 

Ver preocupación por los súbditos en la creación de infraestructuras de las colonias es tan estúpido como querer ver conatos de humanismo en el esclavista romano que daba comida al trabajador de su hacienda, cuando es claro que el único fin con que lo realizaba era el de que su propiedad –el trabajador eslavo–, no se muriese de hambre y pudiese retornar al día siguiente a su jornada laboral, una cuestión de puro interés basado en el beneficio económico. Pero bueno, qué esperar de gente como Bueno que niega hasta el concepto de plusvalor de Marx, o de Armesilla, que niega la teoría imperialista de Lenin.

sábado, 27 de marzo de 2021

Si el hombre es formado por las circunstancias, se deben formar humanamente las circunstancias


«El discípulo directo y el intérprete francés de Locke, Condillac, dirigió inmediatamente el sensualismo de Locke contra la metafísica del siglo XVII. Demostró que los francesas habían rechazado con razón esta metafísica como una simple elucubración de la imaginación y de los prejuicios teológicos. Hizo aparecer una refutación de los sistemas de Descartes, Spinoza, Leibniz y Malebranche. En su obra «Ensayo sobre el origen de los conocimientos humanos», Condillac desarrolló el pensamiento de Locke y demostró que no sólo el alma sino también los sentidos, no sólo el arte de hacer ideas sino también el arte de las sensaciones sensibles, son cuestión de la experiencia y de la costumbre. Todo el desarrollo de los hombres depende, por lo tanto, de la educación y de las circunstancias exteriores. Condillac no fue suplantado en las escuelas francesas sino por la filosofía ecléctica. (...) Cuando se estudia las teorías del materialismo sobre la bondad natural y la igual inteligencia de los hombres, sobre la omnipotencia de la educación, de la experiencia, de la costumbre, sobre la influencia de las circunstancias exteriores en los hombres, sobre la alta importancia de la industria, sobre la justicia del placer, etc. No hace falta una sagacidad extraordinaria para descubrir lo que las une necesariamente al comunismo y al socialismo. Si el hombre obtiene del mundo sensible y de la experiencia sobre el mundo sensible todo conocimiento, sensación, etc., conviene entonces organizar el mundo empírico de tal manera que el hombre se asimile cuanto encuentre en él de verdaderamente humano, que él mismo se conozca como hombre. Si el interés bien entendido es el principio de toda moral, conviene que el interés particular del hombre se confunda con el interés humano. Si el hombre no es libre en el sentido materialista de la palabra, esto es, si es libre no por la fuerza negativa de evitar esto o aquello, sino por la fuerza positiva de hacer valer su verdadera individualidad, no conviene castigar los crímenes en el individuo, sino destruir los focos antisociales donde nacen los crímenes y dar a cada cual el espacio social necesario para el desenvolvimiento esencial de su vida. Si el hombre es formado por las circunstancias, se deben formar humanamente las circunstancias. Si el hombre es sociable por naturaleza, es en la sociedad donde desarrolla su verdadera naturaleza, y la fuerza de su naturaleza debe medirse por la fuerza de la sociedad y no por la fuerza del individuo particular». (Karl Marx y Friedrich Engels; La sagrada familia, 1845)

martes, 23 de marzo de 2021

¿Qué errores históricos debemos evitar en la cuestión educativa?; Equipo de Bitácora, 2021


«[Marx] se entregó al desarrollo intelectual de la clase obrera que, con casi total seguridad, sería resultado de la acción combinada y la discusión mutua. Los propios eventos y vicisitudes de la lucha contra el capital, las derrotas incluso más que las victorias, no pudieron evitar recordar a los hombres la insuficiencia de sus panaceas preferidas, y pavimentar el camino para una comprensión más completa de las verdaderas condiciones de la emancipación de la clase trabajadora». (Friedrich Engels; Prólogo a la edición rusa del Manifiesto Comunista, 1882)

Casi ni sería necesario detenernos en explicar los éxitos de la experiencia soviética y su modelo educativo, ya que sus hitos están escritos con páginas doradas en la historia de la humanidad:

«El derecho de los trabajadores a tener acceso a todos los conocimientos y el deber del Estado de hacer efectivo el acceso a una educación completa y gratuita de estos». (Constitución de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, 1918)

Lo primero a destacar fueron las enormes campañas contra el analfabetismo de los años 20. En un lapso de diez años 1917-27 se enseñó a leer y escribir en torno a unos 10 millones de personas. Para 1936 se había logrado alfabetizar a nada más y nada menos que 40 millones de personas, dejando de ser un problema para finales de la década. En 1925 el coste nacional de la educación alcanzó el 12,36% del presupuesto nacional, en 1930 alcanzaría el 13,37%. Pero lo más importante: si en 1914 el número de escuelas primarias era de 104.610 y poco más de 7 millones de alumnos, en 1927 alcanzaron las 108.424 escuelas y casi 10 millones de alumnos. El número de profesores aumentó de 222.974 en 1922 a unos casi 400.000 en 1930. Por primera vez, se establecieron escuelas que enseñaban en el idioma nativo de las distintas repúblicas, consolidándose en escrito muchos idiomas que jamás habían tenido reglamentación oficial. 

domingo, 21 de marzo de 2021

El peso de la educación, la tradición y la de costumbre sobre el obrero

«No basta con que las condiciones de trabajo cristalicen en uno de los polos como capital y en el polo contrario como hombres que no tienen nada que vender más que su fuerza de trabajo. Ni basta tampoco con obligar a éstos a venderse voluntariamente. En el transcurso de la producción capitalista, se va formando una clase obrera que, a fuerza de educación, de tradición, de costumbre, se somete a las exigencias de este régimen de producción como a las más lógicas leyes naturales. La organización del proceso capitalista de producción ya desarrollado vence todas las resistencias; la creación constante de una superpoblación relativa mantiene la ley de la oferta y la demanda de trabajo y, por ello, el salario a tono con las necesidades de crecimiento del capital, y la presión sorda de las condiciones económicas sella el poder de mando del capitalista sobre el obrero. Todavía se emplea, de vez en cuando, la violencia directa, extraeconómica; pero sólo en casos excepcionales. Dentro de la marcha natural de las cosas, ya puede dejarse al obrero a merced de las «leyes naturales de la producción», es decir, puesto en dependencia del capital, dependencia que las propias condiciones de producción engendran, garantizan y perpetúan». (Karl MarxEl capital, Tomo I, 1867)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

lunes, 15 de marzo de 2021

El viejo chovinismo: la Escuela de Gustavo Bueno; Equipo de Bitácora (M-L); , 2021)

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«¿Es el Imperio español el mayor imperio que hubo jamás en cuanto a qué señor Bueno? ¿Más trascendente en la historia que el Imperio romano? ¿Más extenso que el británico o el mongol? Ni en lo uno ni en lo otro acertaría. ¿Qué nos ofrecen aquí los libros y comentarios de Bueno? Paparruchas de un simio extremadamente territorial que se golpea el pecho sin que nadie sepa por qué. (...) ¡Claro! ¡Todo el mundo quiere ser español! ¿Empezando por los catalanes, vascos y gallegos, verdad? Los ciudadanos de Cuba, Venezuela, Filipinas, y las Islas Marianas ruegan reincorporarse al Imperio hispánico todos los días, mientras los ciudadanos de Laponia se lamentan de no haber disfrutado del privilegio de haber formado parte del «imperio generador» de Felipe II. ¿En qué mundo paralelo vive este ser? Para más ridículo habla de que ser español vendría a proporcionar al sujeto una especie de superpoder que le hace sentirse seguro, pues… le decimos que ciertamente no creemos que esa españolidad haya salvado a nadie cuando los reyes, nobles, obispos, burgueses y todo tipo de parásitos han arrastrado a los trabajadores de la península a guerras, hambre, paro, represión y desolación. Las conclusiones a las que llegan estas personas jamás podrían ser calificadas como productos de una visión pertrechada en el materialismo histórico –naturalmente que ultraderechistas como Jesús G. Maestro están exentos de esta riña–, pues como vamos exponiendo en el presente documento, no se trata de un discurso patriota e internacionalista, sino de la clásica prédica antimarxista que bebe del nacionalismo más subjetivista y distorsionador de la verdad histórica, la cual intenta estirar hasta el máximo un relato engrandecido de lo propio y denigrante de lo ajeno. Por eso se torna tan patético y casposo. (...) Atribuir en el caso del Imperio hispánico o de cualquier otro imperialismo de cualquier época unas intenciones que no fueran el pillaje, la acumulación de tierras y la fama, es una completa tomadura de pelo, solo posible para un ultranacionalista sin escrúpulos y el blanqueamiento del imperio que defiende». (Equipo de Bitácora (M-L); El viejo chovinismo: la Escuela de Gustavo Bueno, 2021)


Preámbulo

En este documento nos centraremos en su visión sobre la cuestión nacional, ya que es verdaderamente la idea que nuclea todo el pensamiento buenista, pero durante la exposición se verá claramente las bases filosóficas, las propuestas económicas, políticas y culturales de esta escuela de sofistas.

Consideramos que el combate sin piedad hacia todos los nacionalismos no es algo opcional sino imprescindible. ¿El motivo? Unos y otros se complementan y retroalimentan para desviar a la clase obrera de su camino de emancipación social. En el caso concreto del nacionalismo español, desde hace años, la Escuela de Gustavo Bueno ha sido la cuna de los chovinistas de esta bancada, por lo que viene siendo hora de desnudar sus más que evidentes contradicciones. Muchos de sus adeptos son orgullosos seguidores de sus tesis porque se reconocen como nacionalistas, pero algunos otros tienen la desvergüenza de autodenominarse «marxistas» o influenciados por dicha corriente. He aquí la importancia de refutar este mito que ha calado hondo entre el revisionismo patrio, esto es, los elementos que se hacen pasar por marxistas. Aunque su influencia es ínfima entre los verdaderos revolucionarios, los argumentos de la Escuela de Gustavo Bueno sí han permeado entre parte de la población, no tanto por su propio esfuerzo ni su alcance, sino porque recuperan el legado de del nacionalismo español decimonónico o los viejos dogmas del falangismo asimilados por la población durante décadas. En consecuencia, su discurso puede tener repercusión entre las capas de trabajadores más atrasados, el joven vitalista y entre la intelectualidad conservadora. Esta escuela filosófica, a veces, se dice «ni de izquierdas ni de derechas», otras, se presenta como valedora y superadora de los «límites del marxismo», sea como sea sus planteamientos son tan sumamente reaccionarios y excéntricos que se refutan a sí mismos. Eso no quita que deba hacerse un esfuerzo en desenmascarar su demagogia y su hipocresía, sus intentos de establecerse como quinta columna bajo cualquier excusa plausible, como puede ser «combatir el supremacismo del nacionalismo catalán» u otras aparentemente inocentes como el traer «un sano amor a la tierra, su cultura y sus gentes». 

Si bien los planteamientos de esta escuela reproducen un vitalismo avasallador e irracional tan clásico del fascismo de principios del siglo XX, lo que Gustavo Bueno intentó es conjugar ese instinto, a todas luces reaccionario, con una explicación aparentemente racional, una bonita carcasa filosófica, una sistematización de sus ideas, para ello se saldrá tanto de Ortega y Gasset como de Unamuno como bien veremos. Los representantes de esta filosofía buenista no tienen nada de eruditos, son charlatanes profesionales que intentan defender lo indefendible con una retórica de secta endogámica, la cual comienza y acaba por un constante culto a la personalidad totalmente enfermizo, precisamente, una de las debilidades que también ha adolecido el marxismo y otras doctrinas político-filosóficas en el siglo anterior, pero que lejos de superar perpetúan sin complejo. 

A la vista está que si tuviesen pretensiones populares no utilizarían teorías y conceptos tan sumamente complejos como estúpidos para los trabajadores de a pie. La burguesía española siempre ha estado muy complacida con estos mercenarios académicos, la Escuela de Gustavo Bueno le sirve –en el sentido de vasallaje y en el sentido de utilidad– para confundir y seducir a los jóvenes universitarios o para sumar a sus filas a los profesores más derechistas, es por ello que financia sus asociaciones con dinero público y privado para mantener ese nicho seguro. Pero, seamos francos, el poder necesita algo menos frívolo y más cercano a las masas como para hacer que el obrero consuma el narcótico nacionalista. Recordemos que un buen propagandista no es aquel que convence a quienes ya están convencidos, sino aquel que persuade a quienes todavía dudan o son abiertamente hostiles. Por ello, una corriente ideológica más centrada en propagar y emular las epopeyas de un imperio colonial pasado que en plantear planes eficaces para solucionar los atolladeros de la política burguesa presente, nunca puede resultar útil del todo. Cumplirá un gran papel en las universidades y será un gran pasatiempo para distraer a los exaltados, nostálgicos y similares, pero nunca será la plataforma idónea para embaucar en masa al trabajador medio del siglo XXI. 

En conclusión, la Escuela de Gustavo Bueno tiene un techo de crecimiento muy evidente. Entiéndase que personas cuya mayor emoción es disfrazarse de un soldado de los tercios y que tiene como insignias de referencia a reaccionarios de siglos pasados, no solo es anacrónico sino completamente freak para cualquier persona con dos dedos de frente, sepa de política o no. De ahí que el capitalismo patrio, aunque les agradece sus esfuerzos, prefiere apostar su dinero por otras corrientes políticas de mayores garantías. Puestos a elegir, le gusta más sus clásicos políticos que salen a escena vestidos de corbata, con discursos fáciles y emocionales; no a gente extraña que habla de «imperios generadores», «dialécticas de Estados», «izquierdas definidas» y chorradas de ese estilo que un trabajador de Amazon, Repsol o Zara no capta ni tiende tiempo de detenerse en tratar de comprender. El capital se fía más de los políticos modernos que en sus redes sociales sonríen, cocinan, toman café y hacen alpinismo para aparentar cotidianidad, eso tiene gancho, crea afinidad con la masa social; todo lo contrario de las redes sociales de los buenistas que respiran más folclore que una zarzuela, engalanándose con imágenes de conquistadores y exploradores castellanos muertos hace siglos que hoy el ciudadano medio ni conoce. La pregunta es, ¿en serio no se dan cuenta de su bufonada teórica y estética? ¿Son así de imbéciles? Misterios sin resolver.

Notas 

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