«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 24 de mayo de 2020

El marxista-leninista debe expresar su opinión no en base a opiniones sentimentales, sino en base a un análisis científico


«El materialismo es el único método científico que garantiza que la teoría revolucionaria exprese el proceso real, porque requiere que nos centremos en el estudio concreto de los hechos, de todas las formas de lucha de clases e implica que nos involucremos en un trabajo teórico con el único propósito de servir a la causa revolucionaria, de propagar los resultados entre los trabajadores y ayudarlos a su organización. Es el movimiento real, mediante el estudio, mediante el análisis concreto, que descubrimos las propias leyes de su desarrollo revolucionario, fundamento de la estrategia y tácticas del partido proletario; y no a través de fórmulas preparadas, dogmas o sentimientos. Esto significa que los comunistas deben romper definitivamente con el llamado «marxista-leninista» y sus prejuicios, poner fin a la polémica sobre palabras, opiniones a favor o en contra sin fundamento científico, negarse a tomar posiciones sin previo análisis concreto. (…) El objetivo de los comunistas es llevar a cabo la acción revolucionaria hasta el término de su victoria. Para ello se debe adquirir un pensamiento revolucionario que no ocurre milagrosamente sino que debe ser desarrollado científicamente. Este pensamiento no tiene nada que ver con el sentimentalismo pequeño burgués y la cohorte de prejuicios que a él acompañan. Es únicamente asimilando el marxismo-leninismo y aplicándolo científicamente que se puede a llegar a obtener este pensamiento, lo que supone colocarse bajo el punto de vista materialista-dialéctico, en la cosmovisión del proletariado y de su misión histórica, suponiendo considerar al marxismo-leninismo como una ciencia». (L’emancipation; La demarcación entre marxismo-leninismo y oportunismo, 1979)

sábado, 23 de mayo de 2020

Para entender el surgimiento del movimiento nacional catalán hay que entender la historia de España; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Hagamos unas breves anotaciones sobre el actual proceso soberanista de Cataluña, conocido en Cataluña como «procés». 

Los nacionalistas españoles niegan las características intrínsecas de Cataluña: desprecian su cultura y sus costumbres, desconocen la antigüedad de su idioma y las pruebas antiquísimas de sus primeros escritos formales del siglo XI, negando su época de auge y esplendor en el siglo XV, y su renacimiento en el siglo XIX, atreviéndose a calificarlo algunos como un «dialecto vulgar y exagerado» del castellano; desconocen las claras diferencias histórico-económicas de Cataluña respecto al desarrollo de Castilla en la conformación de la propiedad de la tierra, las sucesivas luchas campesinas que crearon una Cataluña casi libre del latifundio con un mar de pequeños propietarios, algo que contrasta con zonas del resto de España con grandes extensiones de latifundio y terratenientes como Extremadura o Andalucía; y niegan su zona territorial histórica la cual gran parte ha sido usada como moneda de cambio para pagar a los países extranjeros como fue el caso del Rosellón o han sido integradas en Aragón y Valencia sin tener en cuenta la opinión de la población. 

Efectivamente, como tantos otros nacionalismos forjados durante largo tiempo y consolidados al albor del siglo XIX, el nacionalismo catalán nació bajo una idea romántica de una larga tradición e historia heroica, con el concepto de nación como una «comunidad de destinos» de todos sus ciudadanos. Con el fin de hacer cuadrar los sueños del chovinismo nacional, hay autores que afirman que la nación catalana existe desde épocas medievales, lo cual no solo es antimarxista por hablar de naciones en la Edad Media, sino que todo discurso similar es sumamente tendencioso. Hay que entender de una vez que la historia medieval –y sus formaciones políticas– solo ayuda a entender el desarrollo y encaje posterior, pero no es algo lineal ni determinante para entender todo lo que pasó siglos después, pues sobre todo, este tipo de teorías carecen de sentido cuanto más ignoran lo que ocurrió en siglos posteriores de la Edad Moderna y por encima de ella la Edad Contemporánea, por ser los siglos decisivos en la conformación del capitalismo y por tanto, del concepto de nación moderna. Ciertamente, en el caso de España, si miramos la Edad Media, veremos como al final de ella es la hegemonía de Castilla la que lidera los procesos de conquista y los intentos de unificación del resto de reinos en lo que hoy se conoce como España, intentando poco a poco establecer una homogeneidad, aunque no tendría el éxito esperado, como sabemos. No se puede anticipar ni ligar demasiado el surgimiento posterior del nacionalismo catalán mirando a una época como la medieval o su final, ya que la propia Cataluña entró en un periodo de decadencia económica que precisamente le impediría defenderse de forma eficaz ante sus competidores económicos y políticos: castellanos y genoveses. Lo que en cambio contrasta con el florecer económico y el despertar nacional posterior que veremos en Cataluña sobre todo en el siglo XIX. Véase como ejemplo complementario el caso italiano: donde el Reino de Piamonte lleva a cabo la unificación de Italia que se certifica finalmente en 1871, pero, ¿qué tiene que ver el panorama de dicho reino hegemónico con lo que ocurría en la época medieval e inmediatamente posterior, siendo Italia un conjunto de pujantes repúblicas como la de Florencia, Milán o Venecia, que fueron pereciendo ante el empuje de nuevos reinos italianos bajo dominio francés o español? Es absolutamente un paralelismo mecánico, que demuestra los límites de las comparativas entre edades diversas con fenómenos totalmente diferentes.

viernes, 22 de mayo de 2020

El obrero no es más auténtico por su incultura ni puede estar nunca orgulloso de ello; el socialismo requiere de formación


«Hombres deseosos de edificar y dirigir la edificación del socialismo nos sobran, tanto en el dominio de la agricultura como en el de la industria. Pero hombres que no sepan edificar y dirigir tenemos vergonzosamente pocos. En cambio, en este terreno, la ignorancia es infinita. Es más, hay entre nosotros gente dispuesta a ensalzar nuestra incultura. Si eres analfabeto o escribes con faltas y te jactas de tu atraso, eres un obrero «auténtico», y se te deben honores y respeto. Si has vencido tu incultura, si has estudiado, si has dominado la ciencia, eres un extraño, te has «apartado» de las masas, has dejado de ser obrero. Creo que no adelantaremos ni un paso mientras no extirpemos esa barbarie y ese salvajismo, ese criterio bárbaro respecto a la ciencia y la gente culta. La clase obrera no puede ser verdadera dueña y señora del país si no logra salir de la incultura, si no consigue crear sus propios intelectuales, si no domina la ciencia y no sabe gobernar la economía basándose en la ciencia. (...) La valentía y la audacia son hoy tan necesarias como antes, pero con valentía y audacia a secas no se puede ir muy lejos. (...) Para edificar, hay que saber, hay que dominar la ciencia. Y para saber, hay que estudiar. Hay que estudiar tenazmente, con paciencia. Hay que aprender de todos, de los enemigos y de los amigos. (...) Nosotros no podemos limitarnos ahora a formar cuadros comunistas en general, cuadros bolcheviques en general, que sepan charlar de todo un poco. El diletantismo y la omnisapiencia son ahora cadenas para nosotros. Ahora necesitamos grupos enteros, centenares, millares de nuevos cuadros bolcheviques que puedan ser verdaderos entendidos en las más diversas ramas del saber». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Discurso en el VIIIº Congreso de la UJCL de la URSS, 1928)

martes, 19 de mayo de 2020

Los conceptos de nación de los nacionalismos vs el marxismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Dependiendo del nacionalismo que observemos, cada uno utiliza un pseudoargumento para justificar su historia, su racismo, sus tradiciones reaccionarias, sus anhelos de conquista y sus imposiciones a otros pueblos.

Entre los nacionalismos siempre podemos ver teorías idealistas raciales, las cuales rozan lo místico. Y es que hablar de pureza racial de cualquier pueblo solo puede hacerlo o un desconocedor de la historia y asimilación de los pueblos, o un nacionalista fanático. 

Esto incluso ocurre en el nacionalismo oprimido como respuesta para conformar su arsenal teórico justificativo:

«¿No sabemos, por otra parte, por experiencia histórica, que en el seno de las naciones oprimidas se desarrolla paralelamente al resurgimiento nacional el chovinismo local, ese chovinismo provocado por los excesos imperialistas y por la táctica de los capitalistas nacionales que en esta división, en este recelo y odio encuentran uno de sus mejores puntos de apoyo para acrecentar su poder y su riqueza, su dominio político?». (Joan Comorera; El problema de las nacionalidades en España, 1942)

Así el nacionalismo catalán, en los albores de su resurgimiento, nos decía:

«Desde los más remotos tiempos de la historia, una gran variedad de razas diferentes echaron raíces en nuestra península, pero sin llegar nunca a fusionarse. En época posterior se constituyeron dos grupos: el castellano y el vasco-aragonés o pirenaico. Ahora bien, el carácter y los rasgos de ambos son diametralmente opuestos. (...) El grupo central-meridional, por la influencia de la sangre semita que se debe a la invasión árabe, se distingue por su espíritu soñador (...) El grupo pirenaico, procede de razas primitivas, se manifiesta como mucho más positivo. Su ingenio analítico y recio, como su territorio, va directo al fondo de las cosas, sin pararse en las formas. (...) La suerte o fatalidad nos llevó al descubrimiento de América. Esta conquista y esta asimilación afirmaron más aún la preponderancia del grupo centro-meridional. Nuestra sangre, nuestra vida entera fueron transportadas al nuevo mundo, y mientras gastábamos allí todas nuestras fuerzas hasta desfallecer. (...) Orgullosos de nuestra expansión colonial y de nuestras riquezas recién adquiridas, e ignorantes al mismo tiempo de nuestra debilidad interior, nos dejamos remolcar por el grupo castellano. (...) El grupo centro-meridional no ha conservado de sus brillantes cualidades más que el espíritu de absorción, de reglamentación, de dominio. (...) El grupo pirenaico ha perdido toda su influencia sobre la marcha de los asuntos. Pero su decadencia es de otro estilo, ya que allí imperan la rudeza, los apetitos terrenales, el egoísmo celoso. Y es que los catalanes y los vascos son los trabajadores de España». (Valentín Almirall; España tal y como es, 1886)

Aquí, como observaremos después, hay desde un inicio un orgullo por la conquista catalana del Mediterráneo y también de ciertas andanzas particulares por América junto a castellanos. Pero el discurso se centra siempre en el origen ario o no de la raza que reivindican frente a la no pureza de sus vecinos:

«En España, la población puede dividirse en dos razas. La aria –celta, grecolatina, goda– o sea del Ebro al Pirineo; y la que ocupa del Ebro al Estrecho, que, en su mayor parte, no es aria sino semita, presemita y aun mongólica [gitana] (…) Nosotros, que somos indogermánicos, de origen y de corazón, no podemos sufrir la preponderancia de tales elementos de razas inferiores». (Pompeu Gener; Heregías, 1887)

lunes, 18 de mayo de 2020

Los méritos del pasado no pueden evitar el castigar los errores presentes


«Yo se que al encender la furia de las masas trabajadoras contra las deformaciones burocráticas de nuestras organizaciones hay que meterse a veces con algunos de nuestros camaradas que tienen méritos contraídos en el pasado, pero que ahora padecen la dolencia del burocratismo. ¿Mas acaso puede eso detener nuestra labor de organización del control desde abajo? Creo que ni puede ni debe. Por los viejos méritos hay que inclinarse ante ellos, pero por sus errores y su burocratismo actual podría dárseles un buen estacazo. ¿Se puede, acaso, proceder de otro modo? ¿Por qué no hacerlo, si lo exigen los intereses de la causa? Se habla de critica desde arriba, de crítica por parte de la Inspección Obrera y Campesina, del Comité Central de nuestro Partido, etc. Todo eso, naturalmente, está bien. Pero dista mucho de ser suficiente. Es más, hoy lo principal no consiste, ni mucho menos, en eso. Lo principal consiste hoy en levantar una vasta ola de critica desde abajo contra el burocratismo en general y contra los defectos de nuestro trabajo en particular. Solo organizando una doble presión, desde arriba y desde abajo, solo desplazando el centro de gravedad a la critica desde abajo se podrá contar con el éxito en la lucha por extirpar el burocratismo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Discurso en el VIIIº Congreso de la UJCL de la URSS, 1928)». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Discurso en el VIIIº Congreso de la UJCL de la URSS, 1928)