jueves, 13 de enero de 2022

¿Se puede considerar al trap como un «realismo» consecuente?; Equipo de Bitácora (M-L), 2022

«Ernesto Castro: La tesis hegeliana de que todo lo real es racional para mí va a misa». (Relatos Sonoros; Con Javier Blánquez y Ernesto Castro: Trap, música y filosofía en tiempos de crisis, 2020)

Actualmente, se teme la crítica hacia el trap, hay un pésimo intento de justificarlo bajo la premisa: «Si ha triunfado, es que algo bueno tiene y trae». Un reduccionismo tan simple que en política sería como decir: «Si Hitler llegó al poder es que algo bueno tenía y traía al pueblo alemán». ¿Pero qué podemos decir sobre esto? En el sentido más estrictamente funcional y pragmático, en efecto, Hitler hizo las cosas lo suficientemente bien como para llegar al poder: un poco de demagogia anticapitalista, mezclado con carisma, buena oratoria y agresividad contra la oposición, pero, ¿se puede decir que «traía cosas buenas al pueblo alemán»? Del trap se dice que su mejor virtud es que «refleja la esencia del barrio». ¿No es esto insultar a la gente del propio barrio? Los periódicos del extranjero comentaban la súbita subida al poder de Hitler con la idea de que éste supo «captar la esencia del pueblo alemán mejor que nadie». ¿Qué se pretendía decir con eso? ¡¿Qué el pueblo alemán era imperialista, racista, antisemita e irracional por naturaleza?! Como se ve, a veces, sin quererlo, las alabanzas son crueles.

Aclaraciones necesarias sobre el «realismo»

Según la RAE el realismo» es una: «Forma de ver las cosas sin idealizarlas». El trap está muy lejos de ser «realista» en este sentido. Se caracteriza por hacer una fotografía de la podredumbre actual, o peor, de alabar lo peor del género humano bajo todo tipo de baratijas filosóficas. Esto es lo que algunos llaman «realismo sucio». Pero no sabe ni el origen ni el porvenir que puede haber en ese «mundo sucio». Sus expresiones de indignación son inofensivas para los pilares sobre los cuales se sustentan las cosas. ¿Es esto nuevo? En absoluto, ya en su día Gueorgui Pléjanov se esforzó por recordarnos que esto es algo muy recurrente:

«Los parnasianos y los primeros realistas franceses −los Goncourt, Flaubert y otros− también sentían un desprecio infinito por la sociedad burguesa que les rodeaba. También ellos lanzaban constantemente improperios contra los odiados «burgueses». Y si publicaban sus obras, no era, según decían, para un público vasto, sino tan sólo para unos cuantos elegidos, «para amigos ignorados», como decía Flaubert en una de sus cartas. Según ellos, sólo un escritor de mediano talento podía agradar al gran público. Leconte de Lisle creía que el gran éxito de un escritor era un signo de su inferioridad intelectual. Huelga decir que los parnasianos, al igual que los románticos, eran partidarios incondicionales de la teoría del arte por el arte». (Gueorgui Pléjanov; El arte y la vida social, 1913)

Además de lo dicho hasta aquí, asumimos que desde una óptica revolucionaria:

«El arte realista es arte combativo. Lucha contra visiones erróneas de la realidad e impulsos que se oponen a los intereses reales de la humanidad. Hace posibles formas correctas de pensar y potencia los impulsos productivos». (Bertolt Brecht; Sobre el socialismo, 1954; Extraído del libro de Juan José Gómez; Crítica, tendencia y propaganda; Textos sobre arte y comunismo, 1917-1954, 2004)

Un criterio que, por supuesto, no siguen los traperos, que tienen poco de combativos, y que no luchan para nada contra los impulsos que se oponen a los intereses de la humanidad −más bien los fomentan−. En realidad, el «realismo sucio» del trap recuerda demasiado al naturalismo de los intelectuales del siglo XIX:

«El naturalismo se había metido en un callejón sin salida y que lo único que le quedaba por hacer era contar una vez más los amores de la tendera con el tabernero de la esquina. [Haciendo que] se perdiese todo interés y se hiciese aburrida y hasta repelente. (…) Todo podía llegar a ser objeto de su estudio, hasta la sífilis, como decía Huysmans. Sin embargo, el movimiento obrero contemporáneo era inaccesible para él. (…) Pero esa falta de simpatía por los objetos observados y representados, ocasionó muy pronto, como no podía por menos de suceder, una pérdida de interés por esa existencia». (Gueorgui Pléjanov; El arte y la vida social, 1913)

En arte el «formalismo» lo podemos definir como el afán de darle suma importancia a la técnica a la hora de escribir en un lenguaje bonito o sobrecargado, realizar escalas instrumentales muy virtuosas o pintar haciendo que el color y la luz destaquen por encima del resto. ¿Es esto incompatible con una obra buena? En absoluto, pero cuando acaba teniendo más protagonismo que la esencia a transmitir de la obra, que la narración y mensaje, se invierte la importancia entre contenido y forma. A veces se piensa que el formalismo solo acontece en este aspecto, pero no es así, también ocurre al revés. Mismamente, en una canción de música, también se puede cometer formalismo cuando el artista, una vez tiene la intención de hacer una obra de compromiso social, finalmente acaba contentándose con darle un aspecto «revolucionario» en lo superficial, en cambio se despreocupa precisamente de otorgarle una forma digna a esa letra que acompaña esa canción, de rimar bien y de ligar con sentido la historia que está queriendo contar, cuando cree, que por decir palabras altisonantes y «ultrarrevolucionarias» ya ha cumplido con el «contenido» ideológico de la pieza. Aquí de nuevo el auto incurre en la equivocación de importarle más la exterioridad que la esencia contenida en dicha lírica.

martes, 4 de enero de 2022

¿Fueron Marx y Engels dos «críticos contemplativos»?; Equipo de Bitácora (M-L), 2022


«En la noche de densa oscuridad que envuelve a la más remota antigüedad tan distante de nosotros, brilla la luz eterna, infalible de una verdad más allá de toda duda: el mundo de la sociedad civil ciertamente ha sido hecho por los hombres, por lo que se puede y se debe encontrar sus principios dentro de las modificaciones de nuestra propia mente humana». (Giambattista Vico; La ciencia nueva, 1744)

En esta sección comprobaremos cómo si bien los periodistas burgueses acusan a Marx y Engels de ser unos «revolucionarios de pacotilla», la «Línea de la Reconstitución» (LR) no es menos y se suma a este coro de la calumnia para lanzar infamias muy parecidas, solo que, eso sí, asegurando que lo hacen desde lo más hondo de su «camaradería» y en pro del progreso de la humanidad. Lamentan comunicarnos que la pareja nunca sobrepasó la «crítica contemplativa», que ambos sufrieron de una falta de consecuencia típica de la vieja filosofía; en definitiva, que no tuvieron un compromiso real con la causa emancipadora. Esto, como bien iremos comprobando en los siguientes capítulos, tiene una relación directa con la estrechez de mente de la «LR» sobre lo que es la teoría y la práctica −y su íntima conexión−. Por nuestra parte, esta apología de Marx y Engels no significa que nosotros mismos no pongamos en la picota las meteduras de pata o las inexactitudes del dúo alemán, como ya hemos hecho en otras ocasiones. Esto, como se podrá comprobar también más adelante, es totalmente imprescindible si deseamos romper con ese halo de Marx y Engels como figuras inmaculadas, para desvelar ese manto de misticismo creado donde «siempre estuvieron en lo cierto», donde nunca se equivocaron o si lo hicieron fue «por causas ajenas a sus genios». Pero ser autocríticos y poner las cosas en orden no significa darle un cheque en blanco al enemigo para distorsionar la historia arbitrariamente. He ahí porque decidimos realizar la labor que a continuación presentamos.

¿Eran los trabajos de Marx de 1844-45 idealistas, una «crítica contemplativa»?

Para empezar, comenzaremos exponiendo como los miembros de la «Línea de la Reconstitución» (LR) se creyeron la división artificial de Louis Althusser entre el «joven Marx» y el «Marx maduro», solo que, a diferencia de este, a los «reconstitucionalistas» les repele el Marx de 1844:

«[Las ideas de su obra] Manuscritos que pretendía sustituir el trabajo alienado por el trabajo libre es, pues, absurda, idealista». (Partido Comunista Revolucionario (Estado Español); La Forja, Nº33, 2005)

¿De qué propuesta de «trabajo libre» habla Marx, acaso el «amor feuerbachiano»? No sabemos si tienen mala comprensión lectora o quizás leyeron alguna edición extraña de Pekín que les ha hecho llegar el mensaje original de Marx distorsionado, pero esto no es lo que proponía el autor ni por asomo, y salvo alguna licencia conceptual de Feuerbach, no se halla nada de lo que ellos denuncian. Ya en 1844 se subrayaba que no podía haber emancipación religiosa sin emancipación económica, la cual pasaba inevitablemente por:

«La superación  la propiedad privada es por ello, la emancipación plena de todos los sentidos y cualidades humanos; pero es esta emancipación precisamente porque todos estos sentidos y cualidades se han hecho humanos, tanto en sentido objetivo como subjetivo. El ojo se ha hecho un ojo humano, así como su objeto se ha hecho un objeto social, humano, creado por el hombre para el hombre. Los sentidos se han hecho así inmediatamente teóricos en su práctica. (…) Del mismo modo que el ateísmo, en cuanto superación de Dios, es el devenir del humanismo teórico, el comunismo, en cuanto superación de la propiedad privada, es la reivindicación de la vida humana real como propiedad de sí misma, es el devenir del humanismo práctico, o dicho de otra forma, el ateísmo es el humanismo conciliado consigo mismo mediante la superación de la religión; el comunismo es el humanismo conciliado consigo mismo mediante la superación de la propiedad privada». (Karl Marx; Manuscritos económicos y filosóficos, 1844)

Aquí Marx tan solo expone en profundidad los mismos conceptos que también andaba teorizando aún en su etapa de redactor para la literatura de los «Anales franco-alemanes» −los corchetes son nuestros−:

«La crítica [de la religión] ha deshojado las flores imaginarias de la cadena, no para que el hombre arrastre la cadena que no consuela más, que no está embellecida por la fantasía, sino para que arroje de sí esa esclavitud y recoja la flor viviente». (Karl Marx; Critica de la filosofía del derecho de Hegel, 1844)

sábado, 1 de enero de 2022

Sobre la nueva corriente maoísta de moda: los «reconstitucionalistas»; Equipo de Bitácora (M-L), 2022

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

«Si bien es cierto que, a diferencia del siglo XIX, en el que las jornadas laborales superaban las doce horas, en la actualidad el tiempo de trabajo se ha reducido a las ocho horas –siempre en el papel, está claro–, a lo que debemos sumar toda la serie de tareas y preocupaciones que se generan tanto en el hogar como en el círculo social. La evolución del trabajo en la etapa de los grandes monopolios y las grandes cadenas de montaje derivó, como sabemos, en un sinfín de trabajos cada vez más sencillos, pero a cada cual más tediosamente mecánico. En tiempos de «precarización laboral», al trabajador se le obliga a imbuirse en el maravilloso mundo de los empleos temporales y a la media jornada, al pluriempleo; bien como complemento para su trabajo fijo de 8h o como concatenación de varios pequeños trabajos para sumar un sustento que le permita la subsistencia. (...) Todo esto convierte al trabajador manual en un ser de gran penumbra espiritual, falto de ánimo y autoestima, que debe abstraerse y contentarse pensando que debe «aguantar» en pos de un fin mayor: pagar la hipoteca de la casa, la comida y la vestimenta familiar; en suma, sobrevivir. (...) Pensar tal y como hacen los «reconstitucionalistas», que todo esto no tiene demasiada importancia porque vivimos en plena era digital donde podemos optar a un acceso a la información cien veces mayor, que se han conquistado una serie de derechos o hay acceso a un nivel cultural mayor que hace siglos, es poco menos que una broma, la constatación de la estulticia de su pensamiento, del maremágnum de ignorancia que portan. La mayoría de asalariados que vuelven a casa exhaustos del trabajo no van a decidir espontáneamente indagar sobre qué es eso del marxismo, y los que tienen tal inquietud apenas tienen el tiempo y la vitalidad que quisieran para dedicarle a su formación; el cansancio agota su cuerpo y apaga su espíritu. Por otra parte, el sistema capitalista se ha encargado también de que tengan a su acceso múltiples distracciones banales, actividades de ocio que alejan aún más al trabajador promedio de la teoría revolucionaria. Pensar lo contrario es vivir en una realidad paralela, la cual indica o bien que nunca han experimentado tal sensación o bien que simplemente no saben distinguir entre su mundo subjetivo y el de millones de personas». (Equipo de Bitácora (M-L); Sobre la nueva corriente maoísta de moda: los «reconstitucionalistas», 2022)


[Obra editada originalmente en 2017, reeditada en 2022]

Preámbulo

«En estos apuntes me he propuesto como tarea indagar qué es lo que ha hecho desvariar a esas gentes que predican, bajo el nombre de marxismo, algo increíblemente caótico, confuso y reaccionario». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Materialismo y empiriocriticismo, 1908)

Esta tendencia, que llamamos «reconstitucionalista», quizás sea la más caricaturesca del maoísmo. Se podría decir que son algo así como la personificación real de aquellos jóvenes ficticios que protagonizaban la película de Jean-Luc Godard: «La Chinoise» (1967), quienes causaban la mofa a diestro y siniestro achacando a sus adversarios los mismos defectos que ellos profesaban. Estos creían ciegamente en Mao Zedong sin pararse a analizar nada en lo más mínimo, dedicaban sus tardes a aprenderse y recitar las poéticas citas arregladas del Libro Rojo de Mao como si de profetisas del Oráculo de Delfos se tratasen. Insistían sobre la necesidad de «superar el dogmatismo de la época de Stalin», sentencia a la cual habían llegado no en base a material de primera mano y estudios propios, sino a través de repetir mecánicamente la propaganda de la «Revolución Cultural» y los intelectuales del «Mayo del 68». Hablamos de unos muchachos acomodados que a menudo charlaban entre ellos sobre la idea de cometer atentados terroristas contra los representantes de la universidad o contra los dirigentes del imperialismo, que se comunicaban en un lenguaje indescifrable para las masas… como si todo esto fuera el súmmum de ser revolucionario. Para desgracia nuestra, los maoístas modernos de esta rama llamada «reconstitucionalista» no son personajes ficticios, sino gente de carne y hueso. 

Nos resulta especialmente graciosa esta nueva moda neomaoísta. ¿Qué es este movimiento que se presentó en su día como superador de los errores del Partido Comunista de España (reconstituido)? Una unión de diferentes grupos con inclinaciones maoístas que emergió desde varios afluentes: desde la disidencia maoísta dentro del prorruso Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) hasta pasar por la escisión que sufrió el propio PCE (r) en los años 90 (La Forja, Nº21, 2001). Varias de estas tendencias descontentas se agruparon entre 1994-06 en el Partido Comunista Revolucionario (PCR) y su órgano de expresión «La Forja». Aunque su proyecto de «reconstitución del partido» fracasó estrepitosamente, desafortunadamente no desaparecieron de la escena. Aunque más fragmentada, esta tendencia se empezó a reagrupar y volvió a publicar bajo expresiones varias: Nueva Praxis (NP), Revolución o Barbarie (RyB), y el Movimiento Anti-Imperialista (MAI). Más tarde, decidieron repetir la historia fundiéndose en un órgano teórico de expresión, «Línea Proletaria» (LR), formando en conjunto el órgano político «Comité por la Reconstitución» (CxR). Pero parece que la «lucha de dos líneas» maoísta no tardó en hacer efecto y hubo varias escisiones como la de Unión Proletaria (UP), cuya notoriedad ha sido y es, también, nula. ¿Qué sorpresa, verdad? 

El lector no debe aterrorizarse si generalmente se pierde con las teorías y expresiones de esta gente, le garantizamos que durante el presente documento recordaremos una y otra vez lo que supone esta sopa de siglas y aclararemos las expresiones barrocas que acostumbran a utilizar para marear la perdiz. Comenzando por el plato fuerte: ¿qué proponen para revertir la deplorable situación en la que estamos? De forma idealista achacan toda equivocación o mal resultado histórico al «agotamiento del Ciclo de Octubre» −coletilla que usarán hasta en la sopa, a modo de cabeza de turco−. A decir verdad, estos señores han venido sufriendo una miopía severa durante décadas a causa de empecinarse en portar unas lentes filosóficas mal graduadas, lo que a la hora de analizar los procesos históricos se ha visto reflejado en un estudio confuso, borroso, deviniendo, por lo tanto, en especulaciones sobre lo que se tiene delante. Esta y no otra es la razón por la que siempre tratan de salvar la situación trayendo a colación machaconamente este eslogan sobre las «limitaciones» del «Ciclo de Octubre», su «Deus ex maquina» preferido, como si con ello se explicasen los interrogantes o equivocaciones de las experiencias desde 1917 hasta hoy; como si esto bastase para sustituir el estudio pormenorizado a base de datos, argumentos y pruebas factuales. Para ellos, en realidad, todo grupo político estuvo y está «poco maoizado», y junto a esto, ninguno ha comprendido ni sabido aplicar los «grandes aportes» del gran «Presidente Gonzalo»; de esta forma dan carpetazo al asunto, prometiendo, eso sí, «futuros estudios» sobre el tema particular, estudios que, como es obvio, jamás llegan. 

En cierto modo, se consideran por encima del bien y del mal, creen de forma idealista que hay que superar los «falsos debates y denominaciones» tales como «marxismo-leninismo» y «maoísmo» −como si esto no fuese producto de una lucha histórica entre ideologías diametralmente opuestas−. Esta es una estrategia para cazar a los más incautos, por lo cual a ratos simulan quitarse el ropaje maoísta, ¡pero solo para considerarse a sí mismos como su superación! Esto último, evidentemente, es un truco de ilusionismo, ya que son maoístas disfrazados y no hace falta ser un genio para detectarlo: todas sus experiencias y figuras de máxima referencia en cuanto a su desviada idea de la revolución proceden de ahí. 

El problema clave en formaciones como el PCE (r) −y otros que acostumbran a criticar, como el PCTE− reside no en reproducir los límites del «Ciclo de Octubre abierto en 1917 hasta hoy», como tanto argumentan los «reconstitucionalistas», sino en ignorar todas y cada una de las leyes sociales que brindan las experiencias históricas −y sea esto de forma consciente o no, para el caso nos es indiferente−. Este es el motivo principal por el que zigzaguean hacia el anarquismo o el reformismo, hacia el sectarismo o hacia el liberalismo, de la misma forma que ocurre con ellos, los «reconstitucionalistas». ¿Pero cómo es que surgieron estos extraños seres? Resumiéndolo mucho, son fruto del estancamiento y desmoralización en los 80 de ciertos partidos oportunistas, los mismos que tiempo después se aprovecharon de las debilidades de sus agrupaciones, que conocían de primera mano, para arrancar a sus viejos camaradas un poco de influencia, ¿de qué forma? Valiéndose de obviedades argumentales tipo: «Las limitaciones del PCE (r) se encuentran en su economicismo, espontaneísmo, terrorismo y falta de ligazón con las masas». Y, efectivamente, aquí no les faltaba ni un ápice de razón, pero fracasaron en su diagnóstico sobre el origen de estas graves desviaciones: el maoísmo de los años 70 exportado a tierras hispanas −eso sí, con un toque aún más quijotesco−. Véase la obra: «Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO» de 2017.

Entonces, ¿qué es lo que propone esta corriente para romper con los «viejos esquemas», fallos y limitaciones, reales o ficticios, que señalan con tanto clamor al resto? Nada nuevo, un poco de Mao, otro poco de Gonzalo y un pelín de Lukács sin que se note. Es más, recuerdan a una escisión de los eseristas sobre los que Lenin bromeó por prometer al público ruso una notable «revisión de los desatinos del movimiento revolucionario», aunque al final estos simpáticos seres estuvieran repitiéndolos uno a uno desde sus inicios:

«En realidad, no se trata, ni puede tratarse, de ninguna revisión de la teoría, pues el nuevo periódico no muestra concepción teórica alguna. Lo único que hace es repetir en mil tonos distintos las exhortaciones al terrorismo y adaptar de una manera torpe, inhábil e ingenua sus opiniones sobre la revolución, sobre el movimiento de masas, sobre la significación de los partidos en general, etc.; a este método, supuestamente nuevo, pero en realidad viejo, viejísimo. La sorprendente pobreza de ese bagaje «teórico» salta a la vista cuando se lo compara con las grandilocuentes promesas de revisión, crítica y creación». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Algunos rasgos de la disgregación actual, 1908)

En realidad, como ocurre otras tantas veces, el adversario aquí presente y sus desatinos solo son una buena excusa para que nosotros podamos aclarar y desarrollar varios temas importantes desde una óptica correcta: 

1) ¿Fueron Marx y Engels «filósofos contemplativos»? ¿Existe una base ideológica identificable, se puede mantener una «pureza» absoluta en su aplicación? ¿Es el marxismo un sistema «dogmático» y «desfasado» que ha fracasado? ¿Con qué lenguaje debemos expresarnos hacia el resto de personas politizadas y no politizadas? ¿Pueden explicarse las bases del materialismo histórico y dialéctico sin el uso de sus palabras específicas? ¿Por qué se ha generalizado tanto la división artificial entre teoría y praxis? ¿Existen panaceas para garantizar el carácter marxista-leninista de los partidos y gobiernos revolucionarios?;

2) ¿Puede avanzar la ciencia bajo égida burguesa? ¿Cuál es la relación entre filosofía y ciencia, son aliadas o enemigas? ¿Es el marxismo una variante del «positivismo»? ¿Cuál es la teoría del conocimiento del materialismo histórico-dialéctico? ¿Cuál es el criterio para conocer la verdad objetiva, es el progreso relativo o absoluto? ¿Son las leyes sociales y naturales algo eterno? ¿Ha coqueteado el marxismo con el positivismo u otra corriente similar? ¿Ha venido el posmodernismo para salvarnos de las falsas promesas de las anteriores filosofías? 

3) ¿Cuál es la estructura partidista que se necesita hoy, qué funciones y obligaciones tiene que tener su órgano de expresión? ¿En qué consiste el «obrerismo» como desviación, y su contraparte el «intelectualismo»? ¿Se pueden «suprimir las jerarquías», surgen éstas naturalmente y son todas «legítimas»? ¿Por qué el espontaneísmo es una de las mejores formas de no salir nunca del atolladero?;

4) ¿No es la «lucha de dos líneas» en el partido garantía de riñas, fraccionalismo y escisiones constantes? ¿Cuáles son los mitos y las limitaciones que esconde la famosa «Guerra Popular Prolongada»? ¿Qué postura adopta el revisionismo moderno en la cuestión sindical y electoral? ¿Por qué el tercermundismo es la marca y seña del oportunismo en la política exterior? ¿Qué diferencias hay entre fascismo y democracia burguesa? ¿Por qué es importante derrumbar las teorías fatalistas sobre el «colapso inminente del capitalismo»? ¿Estamos ante un proceso de «disolución de las naciones»? ¿Le debe importar al marxismo la patria, o es cosmopolita? ¿Puede existir «opresión nacional» en el capitalismo tardío? ¿Por qué hay una idealización hacia los saqueos, el argot y la estética lumpen? Estas y muchas más incógnitas deben ser aclaradas. Esta obra, por tanto, no es tanto un ataque gratuito a los «reconstitucionalistas», sino el pretexto perfecto para aclarar muchas nociones totalmente erradas que, ciertamente, esta gente arrastra.  

Advertimos de la posibilidad de que, en ocasiones, no nos extenderemos en refutar cada una de las nociones originarias del maoísmo, pues otras veces las hemos venido desgranando en detalle, pero sí mostraremos que más allá de habladurías, estos «reconstitucionalistas» mantienen las mismas posturas. En otros casos sí será obligatorio volver a ello para desglosar el tema concreto que sea pertinente. Como sabemos que no todo lector está familiarizado con los rasgos básicos del revisionismo chino, para aquel que vaya a hincarle el diente a este documento sin tener ningún conocimiento sobre él, le adjuntaremos dos enlaces más que suficientes para comenzar.



Notas 

[1] Lectura y descarga del PDF [AQUÍ] en Scrib o [AQUÍ] en Mega.

[2] Para consultar todos los documentos en PDF editados por el Equipo de Bitácora (M-L) pinche [AQUÍ].

domingo, 26 de diciembre de 2021

¿Por qué Bertolt Brecht pensaba que había que superar el heroísmo y la tragedia del teatro clásico?


«Para Schopenhauer, el poder de la tragedia y su catarsis consiste en persuadir al espectador acerca de la necesidad de resignarse ante un mundo dominado por fuerzas irracionales −la voluntad− y aceptar el sufrimiento, porque se halla en la naturaleza del universo −el reconocimiento de que ni el mundo ni la vida nos pueden satisfacer por completo, y que por consiguiente no vale la pena comprometernos−. A partir de allí, aconseja una aceptación del mundo tal como es. La vida es una tragedia. (...) Para Hegel, la «resolución trágica» implica el hecho de que «la justicia eterna es operativa... de una forma según la cual se restablece la sustancia ética y la unidad en y junto a la perdición del individuo que interrumpe su reposo». Una vez más, la «racionalidad del destino» se hace presente. La razón eterna de Hegel triunfa, ya que «el Destino retrotrae la personalidad hasta sus límites y la quiebra por completo cuando ha crecido con arrogancia». Las contradicciones son «anuladas»; el carácter trágico despierta nuestro «temor» cuando contemplamos «el poder de la moral violentada», y nuestra «compasión» cuando contemplamos las consecuencias de su propio accionar. Una vez más, las emociones del espectador se reconcilian con el «orden mundial racional y justo». (...) Sobre los héroes y el heroísmo Brecht tiene cosas importantes que decir. El heroísmo se encuentra donde se lo busque y según se lo mire. Desde admitirse que desde su posición estratégica −como materialista dialéctico− la tragedia desaparece, mejor dicho: la tragedia existe, pero no los temas trágicos. Al ver al mundo en un proceso de constante cambio, donde el hombre interviene para moldearlo en un sentido social constructivo, no puede considerarlo como algo definitivamente trágico. Para la tragedia, el hombre se encuentra en una lucha ineluctable contra fuerzas transcendentes. Por lo general, son consideradas irracionales e inalterables, y terminan por destruir los esfuerzos y objetivos del hombre, aunque a menudo sirvan para desplegar su grandeza. Estas fuerzas presumiblemente castigan la hubris del hombre, su excesivo orgullo frente a un universo justo. O simplemente lo castigan por «existir», una existencia que se ha convertido en un pecado original o en algún tipo de violación a la ley natural o al orden divino. Al ser esta la naturaleza de la tragedia, Brecht sostiene que no puede describir adecuadamente al mundo tal como es en la actualidad. Podemos redefinir la tragedia y su representación de la «visión trágica de la vida» como la forma de arte dramático que muestra la búsqueda frustrada de la libertad en un mundo que no es libre. Para el marxismo, se trata de un mundo de transición; y la tragedia también representa formas y actitudes de transición relacionadas con el periodo particular en el cual se produce o expresa. Al ser los conflictos esenciales a la vida, la tragedia permite comprender mejor los grandes valores de la naturaleza y el heroísmo del hombre. Pero a medida que este va desvelando la naturaleza de aquellos poderes que supuestamente lo frustran y lo destruyen, y en la medida en que convierte a los dioses inmortales en fuerzas naturales para posteriormente controlarlas, la tragedia como tal desaparece, aunque no suceda lo mismo con las situaciones trágicas. En una época como la nuestra, en la que el viejo combate contra lo nuevo, seguirán existiendo desilusiones, derrotas y desastres». (Frederic Ewen; Bertolt Brecht: su vida, su obra, su época, 1967)

miércoles, 22 de diciembre de 2021

El trap, un narcótico más para los nihilistas de siempre; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«Como era de esperar el aumento de fenómenos como el pluriempleo, la precarización o el desempleo −y con estos, el de la alienación sobre el pueblo y especialmente entre la juventud− han facilitado que muchos individuos se identifiquen fácilmente con sentimientos de desesperanza sobre su situación personal. Una reacción no sorprendente han sido las clásicas actitudes que pueden ser calificadas como evasivas o individualistas, pesimistas o descorazonadoras. En este caso, dentro de la «música urbana», el trap lejos de ser una manifestación artística que cause la «revolucionarización» del oyente, parece haber venido para aplastar con su apatía toda perspectiva de futuro al grito de «¡Tonto el último!». En plena consecuencia con su extremo pragmatismo, se recomienda al sujeto que para sobrellevar el infausto viaje de la nada hacia la nada, lo mejor es dejarse llevar en una vorágine de excesos y confusión, un espectáculo tan dantesco como peligroso. En una de sus variantes, el trap triunfante lo único que ofrece es el canto del nuevo rico, aquel que presume de haber salido del pozo mientras se ríe de los que se quedaron a medio camino. Aquí mostraremos muy brevemente los conceptos y hábitos de amistad, sexo, amor o consumo, los cuales no son ni mucho menos originales, sino una especie de prestamismos culturales de todos los movimientos previos. Véase el capítulo: «¿Es el movimiento trap una innovación espiritual o estética?» de 2021.

¿Qué referencias tiene el trapero promedio y a qué aspira?

Para entender el pensamiento del trapero común, lo mejor será observar cuáles son sus iconos de referencia, y para ello no podemos sino recurrir a PXXR GVNG, la banda icónica que ha popularizado el género en España:

«Scarface, Carlito, Casino pirris / Moviendo nieve for real, perico pirris / Hablan de putas, de carros, en barrios pirris. (...) Crecí pobre like a Chapo, o-o-oh / Gané rango like a capo, o-o-oh / Tengo al pueblo como Pablo, o-o-oh (...) Solo quiero cosas que coloquen / Me suda la polla, voy a morir joven». (PXXR GVNG; La Familia, 2015)

¿A qué aspira entonces el «trapero vulgaris»? Pues, aunque no sea muy novedoso, a intentar emular las biografías de gánsteres, narcos y kinkis −reales o ficticios−, ¿la razón? En muchísimos casos pueden contener escenas muy similares a vivencias de los artistas. Esperan hacer carrera para intentar ser el próximo Pablo Escobar y engatusar al pueblo presentándose como el «nuevo salvador», ese noble hombre que «regalaba» al barrio un campo de fútbol a cambio de atracos, matones a sueldo, soplones y coches-bomba cada semana, a la par que arruinaba a toda una generación con la droga. Un trato justo, ¿no? Bien, ¿y qué ocurre si esto nunca llega a culminarse? Bueno, si las ambiciones del trapero no pueden ser completadas y no se convierte en el próximo capo, lo que quedará entonces, según sus palabras, es «vivir rápido y morir joven», a ser posible por sobredosis en un bar de estriptis. ¡Un final también muy inesperado!

martes, 14 de diciembre de 2021

Engels sobre los jóvenes hegelianos y cómo creían «destruir» la política con su filosofía

«Antes de hablar del propio libro de Stirner, ya mencionado, deberemos trasladarnos al «viejo país romántico» y a los tiempos olvidados en que este libro vio la luz. Mientras que la burguesía prusiana, aprovechándose de las dificultades financieras del gobierno, empezaba a conquistar el poder político, en ese mismo momento, al lado del movimiento constitucional burgués, fue ampliándose de día en día el movimiento comunista entre el proletariado. Los elementos burgueses de la sociedad, que necesitaban aún el apoyo del proletariado para lograr sus propios fines, se vieron obligados en todas partes a hacerse pasar por partidarios de cualquier variedad del socialismo; el partido conservador y feudal tuvo también que hacer promesas al proletariado. A la par con la lucha del burgués y del campesino contra la nobleza feudal y la burocracia, la lucha de los proletarios contra el burgués; y, entre ellos, toda una serie de grupos socialistas intermedios que abarcan todas las variedades de socialismo: el socialismo reaccionario, el socialismo pequeñoburgués, el socialismo burgués. Y toda esta lucha, todas estas aspiraciones, se veían aplastadas, no podían manifestarse por la opresión de la violencia reinante, la censura, la prohibición de asociaciones y de reuniones. Tal era la situación de los partidos cuando la filosofía alemana festejaba sus mezquinos triunfos postreros. La censura obligó desde el primer momento a todos los elementos un tanto indeseables a elegir el modo de expresión más abstracto posible; este modo de expresión lo proporcionaba la tradición filosófica alemana, que había llegado precisamente entonces a la completa descomposición de la escuela hegeliana. La lucha contra la religión continuaba todavía. Cuanto más difícil resultaba sostener en prensa la lucha política contra el poder existente, con tan mayor celo se hacía bajo la forma de lucha religiosa y filosófica. La filosofía alemana, en su aspecto más diluido pasó a ser patrimonio común de los «instruidos», y cuanto más se convertía en patrimonio común, tanto más desleídas, incoherentes e insípidas se hacían las opiniones de los filósofos y tanto mayor era el prestigio que esta confusión insipidez les creaban entre el público «instruido».

El embrollo existente en las cabezas de los «instruidos» era espantoso y cada día mayor. Se trataba de una verdadera mezcolanza de ideas de origen alemán, francés, inglés, antiguo, medieval y moderno. La confusión era tanto mayor por cuanto todas las ideas se tomaban sólo de segunda, tercera y cuarta mano, debido a lo cual circulaban tan desfiguradas que era imposible reconocerlas. Compartían esta suerte no sólo los pensamientos de los liberales y socialistas franceses e ingleses, sino incluso las ideas de los alemanes como Hegel, por ejemplo. Toda la literatura de aquellos tiempos −en particular, como vemos, el libro de Stirner brinda innumerables testimonios de ello−, y la literatura alemana contemporánea padece hasta ahora fuertemente consecuencias de todo eso. 

Con esta confusión, las ficticias batallas filosóficas pasaban por un reflejo de batallas verdaderas. Cada «nuevo viraje» en filosofía atraía la atención general de los «instruidos», que en Alemania se componen de incontables cabezas ociosas, candidatos a cargos de jueces y profesor, teólogos frustrados, médicos y literatos dedicados a otros menesteres etc. Para esa gente cada «nuevo viraje» significaba la superación y la liquidación definitiva de un peldaño determinado del desarrollo histórico. Bastaba, por ejemplo, con que un filósofo hiciera cualquier crítica del liberalismo burgués para que este último fuese considerado ya muerto, suprimido del desarrollo histórico y destruido también en la práctica. Lo mismo ocurría con el republicanismo, el socialismo, etc. Hasta qué punto habían sido efectivamente «destruidos», «superados» y «liquidados» estos peldaños del desarrollo se descubrió más tarde, durante la revolución, cuando pasaron a desempeñar el papel principal, mientras que se dio ya al olvido a sus destructores filosóficos.

La confusión de las formas y del contenido, la vulgaridad altanera y el absurdo grandilocuente, la trivialidad indescriptible y la miseria dialéctica, peculiares de esta filosofía alemana en su última fase, superan todo lo aparecido en cualquier momento en este terreno. Só1o puede compararse con ello la credulidad de la gente que toma en serio todo eso y lo considera la última novedad, «algo nunca visto». (Friedrich Engels; La consigna de abolición del estado y los «amigos de la anarquía» alemanes, 1850)

martes, 7 de diciembre de 2021

Las terribles consecuencias de rehabilitar la política exterior zarista en el campo histórico soviético; Equipo de Bitácora (M-L) de 2021

«En la URSS de los años 40 la cuestión de evaluar el legado nacional ruso −y, a su vez, su relación con el resto de pueblos vecinos− siguió siendo una cuestión muy peliaguda para gran parte de los historiadores. En esta ocasión lo que nos importa remarcar es que en no pocas ocasiones se sustituía el prisma de clase y el entendimiento dialéctico de la historia por enfoques variopintos, los cuales se desviaban hacia un extremo u otro: existían rusos que, sintiendo culpabilidad de los crímenes de sus antepasados, adoptaban una posición nihilista y autoflageladora hacia todo lo que tuviera que ver con el pasado; otros solo tomaban en cuenta las viejas fuentes ya desacreditadas y tenían ciertamente un acomplejamiento respecto a Occidente; y, por supuesto, también los había que no veían problema alguno en tomar como fuentes a los historiadores zaristas, sin el menor filtro, reproduciendo guiones que podrían ser firmados por los guardias blancos exiliados. A su vez, en las repúblicas no rusas, existían tendencias similares: como hacer responsables a los rusos actuales de lo que hicieron sus ancestros, recuperar las leyendas e historias de los nacionalistas de su país, recordar con orgullo sus épocas imperiales y las invasiones a terceros, dejando en segundo lugar −o incluso ignorando− los importantes conflictos sociales de la época. Nosotros nos centraremos sobre todo en el primer bloque, ya que es el que dinamitó una unidad y cooperación de los pueblos de la URSS en base a la igualdad y confianza mutua.

Por supuesto, con esto no queremos decir que no hubiera comunistas de los pies a la cabeza, quienes adoptaban una postura patriota pero ante todo internacionalista y combatía a unos y otros, pero esto tampoco significa que en muchas ocasiones no adolecieran de problemas parecidos en sus investigaciones, como podía ser mala selección de fuentes o hacer concesiones a una u otra tendencia, bien fuera por cuestiones de ingenuidad o a causa de rencillas personales. Eliminar este último factor humano sentimental: la codicia, la pasión, los celos, la ambición, es una equivocación tan común como reduccionista, porque si bien no puede nunca desempeñar un papel decisivo −y está ligado a las necesidades materiales del sujeto−, borrarlas significa convertir a los profesionales de los campos del saber en meros robots que ni sienten ni padecen, en víctimas del atraso de los conocimientos de la época o del ambiente político generalizado. Marx lo expresó de la siguiente manera:

«Desde luego, sería muy cómodo hacer la historia universal si la lucha se pudiese emprender sólo en condiciones infaliblemente favorables. De otra parte, la historia tendría un carácter muy místico si las «casualidades» no desempeñasen ningún papel. Como es natural, las casualidades forman parte del curso general del desarrollo y son compensadas por otras casualidades. Pero la aceleración o la lentitud del desarrollo dependen en grado considerable de estas «casualidades», entre las que figura el carácter de los hombres que encabezan el movimiento al iniciarse éste». (Karl Marx; Carta a Ludwig Kugelmann, 17 de abril de 1871)