jueves, 31 de mayo de 2018

Sobre la teoría de los pueblos elegidos para emancipar a la humanidad


«
Así escribía Marx en 1877. A la sazón había en Rusia dos gobiernos: el del zar y el del comité ejecutivo secreto de los conspiradores terroristas [11]. El poder de este segundo Gobierno, el secreto, iba en ascenso cada día. El derrocamiento del zarismo parecía inminente; la revolución en Rusia debía privar a toda la reacción europea de su más poderoso puntal, de su gran ejército de reserva, y dar así un fuerte impulso al movimiento político del Occidente, creando para él, además, unas condiciones de lucha incomparablemente más propicias. No es de extrañar, por tanto, que Marx, en su carta, aconseje a los rusos que no se apresuren con su salto al capitalismo.

La revolución rusa no se produjo. El zarismo ha triunfado sobre el terrorismo, el cual, en el momento presente ha empujado a todas las clases pudientes y «amigas del orden» a que se abracen con el zarismo. Y a lo largo de los 17 años transcurridos desde que fue escrita esta carta de Marx, tanto el desarrollo del capitalisino como la desintegración de la comunidad campesina en Rusia han progresado enormemente. ¿Cómo están las cosas hoy, en 1894?

Dado que el viejo despotismo zarista continuaba inmutable después de las derrotas sufridas en la guerra de Crimea y del suicidio de Nicolás I, no quedaba más que un solo camino: pasar lo más pronto posible a la industria capitalista. Acabaron con el ejército las vastas extensiones del Imperio, las largas marchas hacia el teatro de operaciones; era preciso superar estas distancias mediante la construcción de una red de ferrocarriles estratégicos. Pero, los ferrocarriles implican la creación de una industria capitalista y revolucionan la agricultura primitiva. Por una parte, los productos agrícolas de las regiones más apartadas del país entran en contacto directo con el mercado mundial; por otra, no se puede construir y explotar una amplia red ferroviaria sin disponer de una industria nacional capaz de suministrar rieles, locomotoras, vagones, etc. Pero es imposible crear una rama de la gran industria sin poner en marcha, a la vez, todo el sistema; la industria textil, de tipo relativamente moderno, que ya había arraigado en las provincias de Moscú y de Vladímir, así como en el territorio del Báltico, recibió un nuevo impulso. Siguió a la construcción de ferrocarriles y fábricas la ampliación de los bancos y la fundación de otros nuevos; el que los campesinos se vieran libres de la servidumbre engendraba la libertad de desplazamiento; cabía esperar que una parte considerable de esos campesinos se viese libre también de toda posesión de tierras. Así, en un breve período se colocaron en Rusia las bases del modo de producción capitalista. Pero, al propio tiempo, se dio con el hacha en las raíces de la comunidad campesina rusa.

Es inútil lamentarlo ahora. Si, después de la guerra de Crimea, el despotismo zarista hubiese sido sustituido con la dominación parlamentaria directa de la nobleza y la burocracia, ese proceso hubiera sido, posiblemente, algo más lento; si el poder hubiese sido tomado por la burguesía naciente, el proceso se hubiera acelerado indudablemente. En aquellas condiciones no había otra solución. Cuando en Francia existía el Segundo Imperio, cuando en Inglaterra prosperaba la industria capitalista, no se podía exigir que Rusia se lanzase de cabeza, a partir de la comunidad campesina, a realizar desde arriba experimentos de socialismo de Estado. Algo debía pasar. Y pasó lo que era posible en semejantes condiciones; lo mismo que siempre y en todas partes en los países de producción mercantil, los hombres actuaron, en la mayoría de los casos, sólo de modo semiconsciente o mecánicamente, sin darse cuenta de lo que hacían.

Mientras tanto sobrevino un período nuevo, inaugurado por Alemania, un período de revoluciones por arriba, un período de rápido crecimiento del socialismo en todos los países europeos. Rusia ha tomado parte en el movimiento general. Como era de esperar, aquí este movimiento ha adquirido la forma de asalto resuelto, con el fin de derrocar el despotismo zarista, con el fin de conquistar la libertad de desarrollo intelectual y político de la nación. La fe en la fuerza milagrosa de la comunidad campesina, de cuyo seno puede y debe venir el renacimiento social fe de la que no estaba exento del todo, como vemos, el propio Chernyshevski, esa fe ha hecho lo suyo, al estimular el entusiasmo y la energía de los heroicos combatientes rusos de vanguardia. A estos hombres, unos cuantos cientos, cuya abnegación y valor hicieron que el absolutismo zarista llegase a pensar en una capitulación eventual y en las condiciones de la misma, a estos hombres no les pediremos cuentas por haber considerado que su pueblo ruso era el pueblo elegido de la revolución social. Pero no tenemos por qué compartir con ellos su ilusión. El tiempo de los pueblos elegidos ha pasado para siempre». (Friedrich Engels; Acerca de la cuestión social en Rusia, 1894)

Anotaciones de la edición:

[11]  Por lo visto trátase de los órganos dirigentes de las organizaciones populistas «Zemliá y Voliav («Tierra y Libertad») (desde el otoño de 1876 hasta el de 1879) y «Naródnaya Volia» («Libertad del Pueblo») (desde agosto de 1879 hasta marzo de 1881); esta última proclamó el terrorismo como principal medio de lucha política.

Anotaciones de Bitácora (M-L):

Esta cita de Engels junto a comentarios similares de sus obras hacen tirar por la borda toda la adhesión a la teoría hegeliana de los «pueblos sin historia» con la que el nacionalismo alemán pretendía justificar su expansión y primacía en detrimento de otros pueblos. Esto tiene una importancia cardinal en el marxismo a la hora de diferenciarlo del hegealismo, ya que recordemos Marx y Engels estuvieron influenciados por tal corriente en su juventud, no por casualidad cualquiera puede consultar los epítetos ridículos de ambos genios opinando sobre los nórdicos, latinos o eslavos cuando estaban influenciados por el hegealismo, que en esta cuestión no puede decirse que se diferencie nada del nacionalismo más ramplón de la época. 

La historia ha demostrado que diversos pueblos igual que han tenido un brillante bagaje en un pasado lejano pueden volver a tenerlo, y otros que nunca lo tuvieron pueden constituir grandes aportes a la humanidad, siendo la teoría hegeliana un fraude, como Marx y Engels finalmente vieron no sin razón. Los propios Marx y Engels se apartaron de estas teorías que habían adquirido en un principio al partir precisamente de la rama del hegealismo de izquierda. Esto puede verse claramente desde sus primeros artículos hasta los artículos de la década de 60 del siglo XIX: se puede vislumbrar en concreto en el cambio de opiniones en la cuestión nacional en Polonia, Irlanda a la cual ahora lejos de ser reticentes daban un apoyo consciente, en el interés en el estudio de la historia de otros países como España y en la indagación de sus virtudes históricas, en la cuestión de Alsacia-Lorena y Shleswig posicionándose a favor de un referéndum entre la población o en las investigaciones histórico-sociales y la valoración positiva del potencial revolucionario de Rusia, posiciones que marcían su propio pensamiento patriota e internacionalista de los siguientes revolucionarios como Lenin.

Todos los pseudomarxistas que por ejemplo en la actualidad pretenden que los rusos son el pueblo elegido para la próxima revolución por el mero hecho de haber escrito una página gloriosa para la humanidad en un momento determinado de la historia, son idealistas, románticos, mecanicistas pero no marxistas. No hablemos ya de aquellos rusófilos que creen que de las ruinas de lo que una vez fue antaño el socialismo en Rusia hoy existe algún atavismo de socialismo en la mafia que es hoy el capitalismo de la Rusia de Putin, esas criaturas no merecen más que nuestra pena.

La ciencia real, en cuanto a relación social «del hombre al hombre»


«La comunidad del hombre con el hombre es el primer principio y criterio de la verdad y la universalidad. La misma certeza de la existencia de otras cosas fuera de mí está mediada para mí por la certeza de la existencia de otro hombre fuera de mí. De lo que yo veo solo, dudo; únicamente cuando otro también lo ve, es ello cierto. (...) La verdad no existe en el pensar, no existe en el saber para sí. La verdad es únicamente la totalidad de la vida y de la esencia humanas. El hombre particular para sí no tiene la esencia del hombre ni en sí como ser moral, ni en sí como ser pensante. La esencia del hombre reside únicamente en la comunidad, en la unidad del hombre con el hombre: una unidad que, empero, no reposa sino en la realidad de la diferencia entre el Yo y el Tú. La soledad es finitud y limitación; la comunidad es libertad e infinitud. El filósofo absoluto, a imagen de L'état c'est moi del monarca absoluto y de l'être c'est moi del Dios absoluto, decía o al menos pensaba –de sí en tanto que pensador, no en tanto que hombre–: la vérité c'est moi. El filósofo humano dice, por el contrario: también en el pensar, también como filósofo, soy hombre entre los hombres». (Ludwig Feuerbach; Principios de la filosofía del futuro, 1843)

lunes, 28 de mayo de 2018

Jorge Guillermo Federico Hegel (1770-1831); Mark Rosental y Pavel Yudin, 1946


«Gran filósofo idealista y dialéctico alemán. Según el sistema del idealismo objetivo –o absoluto– de Hegel, el fundamento del mundo es una cierta «idea absoluta» objetiva que existe antes de la aparición de la Naturaleza y del hombre. La «idea absoluta», por su naturaleza, es un principio activo: sin embargo, su actividad sólo puede ser expresada en el raciocinio, en el autoconocimiento. La naturaleza dialéctica de la idea constituye el impulso hacia su actividad, a su autoconocimiento. La «idea absoluta» es en sí misma contradictoria, se mueve y cambia, se niega y se transforma en su contrario. En el proceso de su autodesarrollo dialéctico, la «idea absoluta» atraviesa tres etapas fundamentales. La primera es la lógica, cuando la «idea absoluta» actúa todavía en su existencia «premundial», de «pre-naturaleza» en el «elemento del raciocinio puro». En esta fase, la «idea absoluta» se manifiesta como un sistema de conceptos-categorías lógicos, como un sistema de lógica. En la segunda etapa, la «idea absoluta» se transforma en Naturaleza, que es el «otro ser de la idea absoluta». La Naturaleza según Hegel, no se desarrolla en el tiempo, sino que sólo varía eternamente en el espacio. El grado superior del autodesarrollo de la idea es el «espíritu absoluto». En esta tercera etapa, la «idea absoluta» niega la Naturaleza y vuelve a sí misma; su desarrollo se efectúa de nuevo en el terreno del raciocinio, pero ya del raciocinio humano. En esta etapa incluye Hegel el grado de la conciencia individual, el de la conciencia social y el grado máximo cuando la idea en forma de religión, de arte y filosofía llega al final de su autoconocimiento. Hegel estima que la filosofía es una «ciencia absoluta» y considera a su propia filosofía como el grado definitivo del autodesarrollo de la idea. Tal es el sistema filosófico idealista de Hegel. Lo valioso en la filosofía idealista hegeliana es el método dialéctico que la impregna; la afirmación de que la idea se desarrolla sobre la base de contradicciones dialécticas, que en el desarrollo se efectúa el tránsito de los cambios cuantitativos a cambios cualitativos, que la verdad es concreta, que el proceso de desarrollo de la sociedad humana se realiza de acuerdo a leyes y no en virtud del arbitrio del individuo. Sin embargo, la dialéctica hegeliana no está separada de su sistema idealista, sino íntimamente ligada con él. De aquí nació en la filosofía hegeliana una profunda contradicción entre el método y el sistema que la desgarraba. Mientras que su método dialéctico afirmaba que el proceso del desarrollo del conocimiento es infinito, su sistema idealista llevó a Hegel a declarar su filosofía como el final de todo desarrollo y como la verdad, definitiva, acabada de una vez para siempre. El método dialéctico afirmaba que todo se desarrolla de manera dialéctica, y el sistema representaba la Naturaleza como la negación de la dialéctica. Hegel fue el ideólogo de la burguesía alemana de principios del siglo XIX, progresista por las tareas que ante ella se habían planteado, pero pusilánime e inconsecuente, buscando el compromiso con el feudalismo. En gran parte debido a eso, no obstante su genial dialéctica, Hegel declaró la monarquía feudal prusiana como la última y superior etapa del desarrollo de la sociedad humana. La dialéctica hegeliana, a consecuencia de su carácter idealista, está por mucho, desfigurada, mutilada, cubierta de una corteza idealista, del «hegelianismo». Marx y Engels, al crear su doctrina filosófica, el materialismo dialéctico, no tomaron la dialéctica hegeliana tal como fue creada por Hegel, sino que la reelaboraron, poniéndola del todo «sobre los pies». «Caracterizando su método dialéctico, Marx y Engels se remiten, con frecuencia, a Hegel, como al filósofo que formuló los rasgos fundamentales de la dialéctica. Pero esto no quiere decir que la dialéctica de Marx y Engels sea idéntica a la dialéctica hegeliana. En realidad Marx y Engels sólo tomaron de la dialéctica de Hegel su ‘médula racional’, desechando la corteza idealista hegeliana y desarrollando la dialéctica para darle una forma científica actual. «Mi método dialéctico –dice Marx– no sólo es fundamentalmente distinto del método de Hegel, sino que es, en todo y por todo, su reverso. Para Hegel, el proceso del pensamiento al que él convierte bajo el nombre de idea, en sujeto con vida propia, es el demiurgo –creador– de la realidad y ésta, la simple forma externa en que toma cuerpo. Para mí, lo ideal no es, por el contrario, más que lo material traducido y transpuesto a la cabeza del hombre». Las obras principales de Hegel son: Fenomenología del Espíritu, 1807; Ciencia de la Lógica, 1812-1816; Enciclopedia de ciencias filosóficas; Lógica; Filosofía de la Naturaleza; Filosofía del Espíritu, 1817; Líneas fundamentales de la Filosofía del Derecho o Derecho Natural y Ciencia del Estado, 1821. Ediciones póstumas: Lecciones sobre Historia de la Filosofía, 1833-1836; Lecciones sobre Filosofía de la Historia, 1837; Lecciones sobre Estética», 1836-1838». (Mark Rosental y Pavel YudinDiccionario filosófico marxista, 1946)

sábado, 26 de mayo de 2018

Los comunistas amamos la vida, los comunistas amamos la libertad, los comunistas amamos el trabajo creador, los comunistas amamos la paz, los comunistas amamos a nuestro pueblo


«Los comunistas amamos la vida. Por eso, deseando allanar el camino hacia una vida realmente libre, plena y radiante, no vacilamos en sacrificamos, pues la vida de rodillas, la vida encadenada, esclavizada, humillada, no es verdadera vida, sino una existencia vegetativa, indigna del hombre. Los comunistas amamos al hombre; por eso no titubeamos en obrar en contra de nuestros propios y mezquinos intereses personales, para que el hombre libre, sano y radiante pueda obtener, al fin, un puesto digno de él bajo el sol. Los comunistas amamos la libertad. Por eso no vacilamos ni por un momento en sometemos a la disciplina más severa de nuestro partido, a la alta disciplina del ejército del camarada Lenin, con el fin de alcanzar la libertad para la humanidad entera. Los comunistas amamos el trabajo creador, el futuro creador de la humanidad; por eso no titubeamos en destruir aquello –pero solamente aquello– que se alza como un obstáculo en el camino de los grandes energías creadoras del hombre. Los comunistas amamos la paz; por eso luchamos. Luchamos contra todas las causas que engendran la guerra, luchamos por una organización del mundo en que no pueda haber criminales capaces de lanzar a millones de seres a la muerte. Los comunistas amamos a nuestro pueblo. Sabemos que la humanidad no podrá ser libre mientras haya un solo pueblo sometido al yugo de otro. Y no escatimamos ni nuestras fuerzas ni nuestra propia vida en la lucha por la total liberación de nuestro pueblo, para que éste, como igual entre iguales, viva libre entre los pueblos libres del mundo». (Julius Fučík; ¿Por qué amamos a nuestro pueblo?; Colección póstuma de artículos, 1948)

jueves, 24 de mayo de 2018

El realismo socialista como método creador de la época del socialismo

«El conocimiento romperá las cadenas de la esclavitud»

«La premisa filosófica del realismo socialista está contenida en la tesis de Lenin de que:

«La conciencia humana constituye un reflejo de la realidad circundante». 

Al referirse a esta tesis Stalin dice: 

«Es necesario buscar las fuentes de la configuración espiritual de la vida de la sociedad, el origen de las ideas sociales, las teorías sociales, las concepciones políticas e instituciones políticas, no en las mismas ideas, teorías, convicciones o instituciones políticas, sino en las condiciones materiales de vida de la sociedad, en la existencia social, cuyo reflejo son estas ideas, teorías y concepciones». 

El arte del realismo socialista es pues un método creador, que basándose en la actitud cognoscente hacia los fenómenos del mundo, encuentra en la tesis de Stalin antes mencionada, la premisa fundamental de todo proceso de configuración artística.

El objeto de la creación artística es el mundo real y la existencia social. El sujeto es el hombre, que se distingue no sólo por su capacidad de reproducir en su cerebro la realidad existente real y objetivamente, sino también de dar forma a las síntesis del fenómeno investigado y vivido artísticamente.

De esta manera, el realismo socialista, contrariamente al realismo crítico, no sólo investiga el fenómeno y lo asimila, no sólo reproduce lo conocido y lleva a cabo un análisis crítico, no sólo interpreta el mundo, sino que yendo a las observaciones sintetizadas que analizan los fenómenos en su transformación y desarrollo, confiere al fenómeno artístico un sentido ideológico.

El realismo socialista parte pues del principio de la unidad dialéctica del contenido y la forma. Dialéctica quiere decir que la unidad del contenido y la forma es una unidad ideológica, una unidad de la idea y de la capacidad creadora del artista al servicio de una idea determinada, pero no es una identificación en el sentido de la influencia ejercida en el espectador, puesto que esta identificación casi nunca se presenta en forma acabada, sino que es la finalidad, la meta perseguida.

En estas condiciones es evidente que la concepción materialista del mundo parte del principio de los medios de expresión realistas. Al basarse en la cognoscibilidad objetiva de la verdad del fenómeno, no es posible interpretar el mundo existente realmente en forma irracional y abstracta, sino única y exclusivamente conviertiendo nuestra vivencia artística en forma acorde con un mundo configurado real y objetivamente. Repito que no se trata aquí de una copia naturalista surgida de la observación superficial de un detalle, sino de una imagen vivida individualmente y meditada ideológicamente, gracias a la cual deducimos las características típicas y por lo tanto universales del fenómeno.

Por eso el realismo socialista, al revalorizar en forma creadora toda la gran herencia de las escuelas realistas del pasado, hace suyos asimismo, los principios básicos del idioma artístico realista, enriqueciéndolo y dando por este camino un nuevo paso hacia adelante.

Este paso hacia adelante lo constituye ante todo el principio de percibir los fenómenos en su desarrollo, en su transformación, desde la observación cuantitativa hasta la cualitativa, desde la fragmentaria hasta la sintetizada, desde la observación analítica, hasta la síntesis ideológica del fenómeno. Por Lo tanto, el realismo socialista arma al artista con el método de pensamiento del sector más avanzado del pueblo: la clase obrera; le brinda una perspectiva de percepción, inaccesible hasta ahora a artista alguno de épocas pasadas.

Al plantear de esta manera el problema del método creador del realismo socialista, debemos responder a las objeciones que formulan tan a menudo, tanto los formalistas, como los marxistas que siguen viviendo aún en la neblina mental del Prolekult [1] y la Rapp [2]. 


Si aceptáis, declaraban esos pseudomarxistas, el principio de la unidad de contenido y forma, ¿cómo podéis expresar las nuevas concepciones artísticas con ayuda de las viejas formas, aun de las realistas? Eso equivale a pretender solucionar las necesidades contemporáneas de locomoción por medio de la diligencia, o las necesidades urbanísticas modernas por medio de las clásicas construcciones de la antigua Grecia. Por eso, sostienen, el idioma artístico del Renacimiento no es útil para nosotros, al igual que los trajes de las damas de la corte de aquel entonces son inútiles para la mujer contemporánea que trabaja. Debemos aprender a reproducir el nuevo contenido con ayuda de un idoma moderno, que hoy expresa ideas hostiles, pero que en cuanto a medios formales, es un paso indiscutible hacia adelante y si no hoy, mañana se convertirá en comprensible para las amplias masas.

¿En qué consiste el error básico de este razonamiento? Ante todo en la confusión de los conceptos fundamentales: los principios básicos del idioma artístico, que de un modo universal y realista al máximo aproximan la impresión de la imagen a una obra de arte configurada artísticamente; principios que constituyen esa parte de la conciencia social que no se transforma cada vez en el sentido cualitativo, junto con la transformación de la subestructura, y el problema de las concepciones artísticas que aparecen como parte integrante de la superstructura en la unidad dialéctica con la estructuración formal del idioma artístico, con su estilo que cambia y se diferencia, no sólo a través del las épocas, sino que lo estructura individualmente todo gran artista. 


«El idioma dice Stalin es un medio, un instrumento, con cuya ayuda los hombres se comunican entre sí, intercambian ideas y logran el entendimiento mutuo». 

En este sentido:«El primer error, dice Stalin, consiste en que nuestros compañeros confunden el idioma con la superestructura»

Stalin se refiere, por supuesto, al idioma en el sentido literal de la palabra. Es indudable, sin embargo, que los principios básicos del idioma artístico —su sintaxis peculiar, su construcción y gramática— sirven al hombre como instrumento para los mismos procesos del pensamiento, en el conocimiento de los fenómenos del mundo circundante, que el idioma hablado. 

Además Stalin, al referirse a los errores de Marr en lingüística, dice textualmente que Marr [3] fue acaso solamente un simplificador y un vulgarizador del marxismo del tipo de las gentes del Proleíkult o la Rapp. De este modo fueron colocados en el mismo plano los discípulos de Marr y los de la Rapp, quienes sostenían, y siguen sosteniendo aún hoy, que cada época destruye, no sólo los viejos contenidos y concepciones ideológicas, sino también los principios básicos del idioma artístico, y de esa manera llegan a la tesis antes mencionada, que niega la posibilidad de aprendizaje de la tradición progresista del pasado y de aprovechamiento de los principios del idioma realista en la época del socialismo. 

Zhdánov, en su artículo acerca de la música, dice claramente que no se trata, ni mucho menos, de imitar el estilo a la melodía de Chaikovski, Rimski Korsakov o Musorkski:

«Sino de volver a los principios de los grandes realistas en música, que son el punto de partida de todo idioma realista. El realismo socialista debe enriquecer e intensificar estos principios vertiendo en ellos un nuevo contenido y creando un estilo propio, rasgos propios de la época, más espléndidos y perfectos que todas las conquistas de las épocas anteriores; pero esto en nada afecta la necesidad de revalorizar y asimilar los principios básicos del idioma artístico de los grandes realistas».

Por eso, agregaremos por nuestra parte, no es posible crear un arte socialista rechazando los principios básicos del idioma artístico realista que se hallan en la raíz de toda creación artística la perspectiva y la simetría en la plástica, la escala en la música, etc.. Semejante teoría nihilista es extraña a toda época de progreso y tanto más extraña a la época del socialismo.

En contraposición a los principios del idioma artístico, el del estilo es un problema de expresión artística, condicionado no sólo por la ideología, 
sino también por los rasgos individuales de cada autor. Fue distinto el estilo de la armonía de Chaikovski y distinto el de Chopin, pese a que operaban con los mismos principios del idioma realista de la música.

Por eso el problema de la lucha por el arte del realismo socialista es un problema de lucha por un nuevo contenido, expresado por medio del idioma artístico realista, cuyos principios básicos alcanzaron magnífico desarrollo en la época del Renacimiento, se perfeccionaron en la de la Ilustración y en el siglo XIX, y siguen perfeccionándose hoy en la época del socialismo, sirviendo los fines de una época nueva, basándose en un nuevo y más perfecto método creador.

De ahí que aun cuando la unidad dialéctica de contenido y forma plantea, sin duda, el surgimiento del arte socialista 
nuevo no sólo ideológicamente, sino también en cuanto a su expresión formal–, ello no significa por supuesto la aceptación por nuestra parte de la falsa teoría de los epígonos de la burguesía sobre nuevos principios del idioma artístico de cada época los intentos cubistas de destruir los principios de la perspectiva, o los de Hindemith de destruir los principios de la tonalidad en la música. Por el contrario, el nuevo estilo de nuestra época surge de las experiencias y de los principios del idioma artístico estructurado de manera más perfecta por la corriente realista en el arte. Ahora, partiendo de esta premisa, podemos referirnos a la función de la forma en el arte socialista, que será, cuanto más perfecta y precisa, tanto más comunicativa; tanto mejor permitirá a los artistas realizar las tareas de ingenieros de almas humanas y educadores ideológicos y artísticos del pueblo.

Así como el materialismo dialéctico constituyó un nuevo e importante paso hacia adelante, un salto cualitativo en relación con el materialismo de la Ilustración, así el realismo socialista es a su vez un salto cualitativo hacia adelante en relación con el realismo crítico, y constituye no sólo su revelación y superación clasista, sino que enseña al mismo tiempo a los artistas a percibir los fenómenos en su desarrollo, en movimiento y permite lograr la síntesis típica de la corriente del desarrollo de nuestra época.

El aceptar los principios del método creador del realismo socialista no nos libera sin embargo del deber de definir la relación de la forma con el contenido, que constituyendo con la forma una unidad ideológica dialéctica, no es una identificación ni en el sentido conceptual, ni en el funcional. Al contrario, podemos y debemos hablar de la función propia de la forma en el arte del realismo socialista. Porque una obra de arte no existe sin hallar para el verdadero contenido material la configuración ideológica y formal que le es propia. La perfección de la expresión formal es pues la condición necesaria para que una idea, un pensamiento, una vivencia artística, se conviertan en obra de arte. Y viceversa, la forma, o un conjunto de formas, no puede de por sí constituir una obra de arte si no expresa una idea determinada. Por encima de la fuerza, la verdad emocional de una obra de arte decide la verdad de las ideas materializadas en su configuración formal, que aproxima al máximo al receptor al contenido de la idea.

Por eso, al recordar la función de la forma como conductora del contenido ideológico, se puede y se debe hablar de la investigación y perfeccionamiento de la forma, sin olvidar, por supuesto, los principios del idioma artístico, sin cuyo dominio ninguna idea puede materializarse en obra de arte. De este modo, sin negar ni por un instante el significado de la forma como configuración ideológica y artística para el contenido de la imagen, y definiendo el contenido de la imagen por condiciones históricas de la época debemos definir los objetivos del arte en la etapa actual de nuestro desarrollo
». (Wlodzimierz Sokorski; Problemas del realismo socialista, 1952)

Anotaciones de la edición:

[1] 
Proletkult: Cultura Proletaria, movimiento literario surgido en la U.R.S.S. en 1918, que trabajó en favor de una Cultura espiritual independiente. 

[2] 
Rapp: Asociación Rusa de Escritores Proletarios (1923), cuya revista En el puesto, mantenía una posición despectiva hacia la herencia cultural y propugnaba el rompimiento con la cultura del pasado.

[3] Marr: Especialista soviético en lingüística.

miércoles, 23 de mayo de 2018

El marxismo, una filosofía científica del proletariado


«A este error está estrechamente ligada la forma no marxista con que el manual trata la historia de la filosofía como una sustitución progresiva de una escuela por la otra. La aparición del marxismo como filosofía científica del proletariado da fin al período antiguo de la historia de la filosofía, cuando la filosofía era una ocupación de solitarios, patrimonio de escuelas compuestas por un pequeño número de filósofos y de discípulos, sin comunicación con el exterior, desligados de la vida y del pueblo, extraños al pueblo.

El internacionalismo en el arte no surge de empequeñecer y empobrecer el arte nacional


«El internacionalismo en el arte no surge de empequeñecer y empobrecer el arte nacional; sino que brota allí donde éste florece. Olvidar esta verdad significar perder la línea de directriz, perder la propia fisonomía, convertirse en un cosmopolita sin nacionalidad. (...) Sólo un pueblo que tiene muy desarrollada su propia cultura musical puede apreciar las riquezas musicales de otras naciones. Es imposible ser un internacionalista en la música ni en nada sin ser un verdadero amante de la Patria. Pues que la base del internacionalismo estriba en el respeto a los demás pueblos, no cabe ser un internacionalista sin respetar y amar a su propio pueblo». (Andréi Zhdánov; Sobre la música; Discurso de clausura en una Conferencia de Trabajadores de la Música Soviética, 1948)

jueves, 17 de mayo de 2018

El peligro de las modas y el arte revisionista; Equipo de Bitácora (M-L), 2017

Juan Carlos Monedero y Pablo Hasél

«La juventud no debe seguir a los viejos y nuevos aventureros, ni a los oportunistas de buenas palabras, ni dejarse seducir por las modas decadentes, sino que debe formarse ideológicamente, templarse en la lucha y preparar la revolución.

Junto con el fenómeno del 15M y la irrupción del reformismo de Podemos, desde hace unos años con el crecimiento de lugares de Internet como Youtube, han proliferado diferentes adolescentes, y no tan adolescentes, que se hicieron famosos entre el público juvenil por sus consignas musicales aparentemente «comunistas», «revolucionarias», etc. Todo esto ha sido posible porque estos nuevos referentes han recogido con gusto la bandera de los viejos y nuevos partidos revisionistas. Algunos son más radicales que otros, se contraponen los unos a los otros, pero coinciden en gran infinidad de cosas y cumplen el mismo rol desorientador en lo ideológico y en lo organizativo, sobre todo proviniendo de esta capa de artistas, donde los niveles de pose y formalismos con la causa revolucionaria, llega a cotas insospechadas, creyendo la gran mayoría que ser un gran revolucionario es sinónimo de abundante simbología y repetir eslóganes, incluso que la revolución se prepara a base de repetir estas fórmulas estereotipadas en su música, en vez de trabajar por desbrozar los mitos que han aceptado. 

Entre todo este tinglado, querríamos destacar que tenemos varios casos de diferentes grupos musicales de ideologías entremezcladas, pero todas ellas pseudomarxistas:

a) Los Chikos del Maíz. Un grupo de rap que lo mismo declaran su simpatía en sus canciones a los GRAPO, RAF, ETA, que rinden pleitesía a Izquierda Unida, Podemos, Syriza, Cuba, Venezuela y a casi cualquier cosa. Lo gracioso es que mientras dicen ser comunistas difunden el clásico cliché del rap de un modo de vida gansteril, repleto de constantes referencias que indican un enorgullecimiento por tener mucho dinero y ser presuntamente personajes afamados, vestir ropa cara y consumir drogas cual empresario exitoso ávido de disfrutar su magnanimidad.

b) Los Monstruitos. Que musicalmente son un atentado sonoro, desde luego no destacan por la profesionalización y la técnica a la hora de tocar sus instrumentos, siendo más una mezcla de ruido y gritos primitivos que otra cosa. En sus letras lo mismo reivindican a Guevara, a Kim Il Sung, a Mao Zedong que a Enver Hoxha y usan abundantes letras con insultos y bromas antitrotskistas sin tener noción real de que es el trotskismo, lo que es una muestra de ese falso antitrotskismo tan común, en resumen son inherentes a defender un eclecticismo ciertamente atroz.

c) IRA. Un grupo de música de feministas pequeño burguesas, mezclan rap con reggaetón y música electrónica. Se declaran «feministas y antifascistas». A falta de calidad en sus letras buscan llamar la atención por su radicalidad, por sus groserías y lenguaje explícito, siendo una especie de variante del naturalismo. Portan una estética punk, choni, gansteril, skinhead, llenas de tatuajes y piercings a mansalva, peinados estrambóticos, tacones imposibles y todo tipo de parafernalia. En sus videos salen de botellón y fumando, en paños menores, besándose y haciendo «twerking» –restregándose entre sí–, con una stripper en una barra americana y en general todo un ambiente que presenta una imagen hipersexualizada y promiscua de la mujer, como curiosidad, cuando cantan intentan poner una voz ronca para aparentar dureza –o es consecuencia de las drogas, no sabemos–. Su único disco se llama «Arte y terrorismo», lo que indican que más que comunistas son una variante anarquista del chonismo. Desde luego su rap es una música de la que figuras como Ulrike Meinhof o Simone de Beauvoir estarían orgullosas, pero que produce risa y vergüenza a comunistas y cualquier persona progresista. En pocas palabras: una estética, una forma de hablar y de pensar lumperizado. ¡Y es normal, porque Pablo Hasél y Roberto Vaquero son tendencia entre el mundillo revisionista!

d) También nos encontramos con el caso de Pablo Hasél. El rapero catalán al que ya hemos nombrado durante el documento por sus innumerables quijotadas. Su marca de presentación es haberse convertido en el trovador oficial de la ridícula corte del desaparecido reino del PCE (r)/GRAPO. Pero también sus letras le hacen famoso por defender a otras marcas como el revisionismo cubano –«Un ejemplo para siempre»– o la RAF –«El nieto de Andreas Baader»– algo en lo que todos estos grupos coinciden sin discusión. Lo cierto es que no hay mucho que diferencie a Hasél de los anteriores grupos ideológicamente, salvo porque con Pablo Iglesias pasó de la amistad al odio. ¿De dónde nace esta mezcolanza extraña de apoyar desde el castrismo o al juche hasta las bandas terroristas como ETA o la RAF? Simplemente de un eclecticismo extremo, cultivado a la sombra de la falta de claridad ideológica que produce leer al PCE (r), que lejos de aclarar enturbia la mente respecto a lo que es y no es comunismo. Esto no ha dejado de tener una influencia directa entre el necio Hasél por ejemplo, y éste a su vez ha influenciado a otros raperos, adolescentes y no tan adolescentes, como Valtonyc o Siker [*].

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¿Significa que el rap es un género musical para el lumpemproletariado como algunos han dicho en multitud de ocasiones? Ni mucho menos. El rap como tal musicalmente es lo suficientemente dinámico como para no pecar de formalismo, y en la letra de sus autores generalmente hay compromiso social e incluso político. Las evidentes tendencias hacia el uso meramente comercial del género, hacia la glorificación de las actitudes gansteriles, o el llenar sus letras de apología al revisionismo, son solo la consecuencia del mal enfoque que dan algunos elementos a un género musical que puede ser totalmente válido para el proletariado y su causa.

El rap, como cualquier otro género de música, ha sido hegemonizado y utilizado por el capitalismo –pues la cultura la controla el sistema económico-político existente–. Eso es cierto, pero eso no significa que sea un género de música inservible para el proletariado y las clases trabajadoras, ni que haya existido corrientes que se resistan a esa dominación: recordemos que en el capitalismo existe por un lado la cultura dominante y sus variantes, y por otro la contracultura popular de los intelectuales al servicio del pueblo o que al menos eso pretenden –aunque mucha de esa cultura no se pueda consolidar sin la toma del poder, y su desarrollo se quede a medio camino–.

martes, 15 de mayo de 2018

La posición leninista sobre la cultura


«VLADIMIR Illich Lenin fue el fundador y dirigente del primer Estado soviético del mundo. Bajo la dirección de Lenin, el pueblo soviético comenzó a construir la nueva sociedad socialista, la nueva cultura socialista. Lenin concedía importancia extraordinaria a la cultura en la edificación de la sociedad socialista y dio ejemplo de excepcional solicitud por el desarrollo de la ciencia, del arte y de la literatura. Lenin enseñaba que no se podría construir el comunismo sin haber dominado todos los conocimientos modernos, sin haber asimilado todas las conquistas de la humanidad en la esfera cultural. Mucho antes de la Revolución de Octubre de 1917, Lenin expresó claramente en varios trabajos suyos la actitud del pensamiento social más avanzado hacia el arte, y desarrolló una doctrina armónica y consecuente sobre el papel de la literatura en la vida social y sobre el papel del escritor, del pintor y del artista en la lucha de clases.

El negacionismo del cambio climático y la influencia del hombre en él; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«Hemos presenciado como los teóricosa del Partido Comunista de España (reconstituido) fallan a la hora de distinguir o reconocer que es y que no es terrorismo, fascismo, oportunismo y demás conceptos. En el mismo sentido, en lo referente al «cambio climático» no nos decepcionan y saltan a la palestra ideólogos del resto de esta formación con las clásicas teorías negacionistas del cambio climático que no tienen nada que envidiar a las de los mayores ideólogos del denominado neoliberalismo moderno.

En su «medio no oficial» donde publican toda su bazofia expresan:

«Cambios climáticos ha habido toda la puta vida. A ver si lo que va a haber es lo contrario y nos están engañando: enfriamiento global. Algo que cierta agricultura agradece como el espárrago, al igual que el tomate precisa de calor en verano, al menos en las huertas naturales. Hace algunos años, no muchos, nevó en el desierto del Sahara argelino. ¿Increíble? No, por cierto. Pero sí noticiable, porque es más excepcional que habitual y, sin embargo, no se dijo apenas nada cuando, curiosamente, vendría -la noticia- de perlas a los defensores del terrorífico «cambio climático». También nevó en 2005 en Melilla. Y en los valles de Kenia y no solamente en las montañas nevadas del Kilimanjaro. ¿Diremos que es la mano del hombre la que daña y destroza la Naturaleza? Para mí tengo que es la rapiña del capitalismo, fundamentalmente, básicamente, quien lo hace que, encima, nos quiere acojonar con inventos como el «cambio climático» mientras la crisis galopa y corta el viento». (Movimiento Político de Resistencia; ¡Jodé, qué caló!, 4 de julio de 2015)

Este artículo ridículo ha sido escrito por Olarieta o al menos ha sido escrito por otro bajo sus mismas ideas. Véase las mismas tesis pseudocientíficas que Olarieta expone en su artículo: «El enfriamiento global» de 2009, para comprobar que el pensamiento y la forma de escribir es calcada. Sinceramente, sabíamos que Olarieta suele salir con estupideces pero no imaginábamos que esas estupideces fueran colosales.

Con este lenguaje de tasca nos pretenden vender que no existe el llamado «cambio climático» bajo varios sofismas:

a) El primer argumento que se utiliza es que ha habido «cambios climáticos ha habido toda la puta vida», con lo que parece ser que se ignora entre cambios climáticos producidos debido a causas internas o externas al planeta y el actual cambio climático que se produce debido por encima de todo a la actividad humana y a su abuso de los recursos de la naturaleza. Los cambios climáticos más conocidos son: el que sufrieron en la época de «Pangea» I y II; en la etapa de la desaparición de los dinosaurios –hace 65 millones de años–; en el óptimo climático medieval –que duró desde el siglo X hasta el siglo XIV–, o en la pequeña edad de hielo –que abarcó desde comienzos del siglo XIV hasta mediados del XIX–, pero lo esencial es que ninguno de los cambios climáticos de estas épocas sucedió a causas exactamente iguales a las del cambio climático que hoy vivimos. En los dos primeros casos queda descartado toda analogía y responsabilidad del hombre por la inexistencia del homo sapiens, y en los otros dos casos pese a la existencia del hombre, la incipiente industria y otras actividades económicas no tenían unos niveles en que pudiesen influir en el medio ambiente hasta los puntos que hablamos. En cambio el actual cambio climático sí se debe a causas directamente relacionadas con las actividades humanas. Desde el año 1990 –y viene sucediendo desde los años 50– la temperatura media del clima terrestre no ha dejado de aumentar. Unos cambios tan repentinos y rápidos que nada tiene que ver en comparación con otros cambios históricos.

¿Por qué ocurre? Tras la revolución industrial se implementó un modelo que potenciaba aún más el derroche de recursos dentro de la lógica del crecimiento económico constante y máximo beneficio propio del capitalismo, esto abarcó la explotación intensiva de los seres vivos –flora y fauna– acompañada de un uso creciente y exponencial de «combustibles fósiles»; todo ello sostenido por la moral proporcionada por la reforma cristiano-protestante, recordemos que la moral capitalista se impulsa por el protestantismo cuyo primer paso fue quitar la carga de pecado que tenía el ejercicio de la «usura», basando su idea en que «el hombre es el centro de la creación, por tanto tiene a libre disposición los recursos, si tienes éxito en los negocios es porque has sido elegido por Dios, y que en caso de agotamiento dios proveerá soluciones acorde». Las nuevas tecnologías requerían de un gran aporte de energía: se cambió la leña por el carbón y el petróleo. Los combustibles fósiles se empezaron a gastar más rápido de lo que se generan –no son renovables–. Algunos de los impactos más importantes fueron los monocultivos con empleo de plaguicidas y fertilizantes, que aumentan la deforestación, la contaminación y la erosión, o el hacinamiento de la población en las grandes ciudades, que dificulta el aporte de recursos y el tratamiento de los residuos, y aumenta las enfermedades, de hecho los marxistas del siglo XIX ya analizaron en su época muchos de estos problemas y plantearon soluciones lejos de utopías como las actuales. Lejos de ser casualidad, bajo el capitalismo este panorama era y es totalmente normal, pues el capitalismo solo busca la rentabilidad a cualquier coste, inclusive obtener superganancias en detrimento del ecosistema natural, no se detiene ante nada, ni siquiera ante una posible perspectiva de un planeta inhabitable en próximas décadas o decenios.

sábado, 12 de mayo de 2018

Los escritores burgueses y sobre lo que escriben


«¿Qué puede escribir el escritor burgués, con qué puede soñar, qué entusiasmo puede arrebatar sus pensamientos, y de dónde podrá extraer ese entusiasmo, si es cierto que el obrero, en los países capitalistas, no tiene ninguna seguridad del mañana, si no sabe si tendrá trabajo al día siguiente, si el campesino no sabe si mañana labrará su pedazo de tierra o si será arrojado de él por la crisis capitalista, si el trabajador intelectual se ve hoy sin trabajo y no sabe si lo tendrá mañana? 

¿Qué puede escribir él escritor burgués, qué entusiasmo puede animarle, si es lo cierto que el mundo, de un día al otro, puede ser nuevamente precipitado al abismo de una nueva guerra imperialista? 

La situación actual de la literatura burguesa es tal, que no puede ya crear grandes obras. La decadencia y la corrupción de la literatura burguesa, que dimanan de la decadencia y la corrupción del régimen capitalista, se presentan como el rasgo característico, como la particularidad característica del estado de la cultura burguesa y de la literatura burguesa en el tiempo presente. Han pasado para siempre los tiempos en que la literatura burguesa, al reflejar las victorias de la sociedad burguesa sobre el feudalismo, podía crear las grandes obras que señalan el período del impulso inicial y la primera expansión del capitalismo. Actualmente, lo que se observa es la degeneración general de sus temas y de sus talentos, de sus autores y de sus personajes. 

Obseso por un terror mortal a la revolución proletaria, el fascismo se abalanza contra la cultura, hace retroceder a la humanidad a los períodos más bárbaros y más siniestros de la historia, quema en hogueras y aniquila salvajemente las producciones de los espíritus más elevados. El desencadenamiento del misticismo y del clericalismo y la apetencia de pornografía son características de la decadencia y la corrupción de la cultura burguesa. Las celebridades de la literatura burguesa, de esa literatura burguesa que ha vendido, su pluma al capital, son hoy los ladrones, los soplones, los prostituidos, los bribones. Todo esto es característico de aquella parte de la literatura burguesa que se esfuerza por ocultar la corrupción de la sociedad burguesa, que se empeña en vano en demostrar que no ha pasado nada, que todo marcha del mejor modo en el reino de Dinamarca, y que nada se está pudriendo en la sociedad capitalista. Los representantes de la literatura burguesa que perciben con mayor acuidad la realidad de ese estado de cosas, se dejan llevar del pesimismo de la incertidumbre del mañana, de la atracción de las tinieblas; preconizan el pesimismo como teoría y práctica artísticas. Y solamente un reducido número de escritores, más honrados y perspicaces, tratan de buscar una salida por otros caminos, en otras direcciones, y de ligar su suerte a la del proletariado y de su lucha revolucionaria. 

El proletariado de los países capitalistas está formando ya el ejército de sus escritores, de sus artistas, de esos escritores revolucionarios a curvos representantes nos sentimos muy felices de saludar hoy en el Primer Congreso de Escritores Soviéticos. La falange de escritores revolucionarios en los países capitalistas no es todavía muy amplia, pero se extiende y se extenderá de día en día, a medida que se acentúa la lucha de clases y que crecen las fuerzas de la revolución proletaria mundial.

Creemos firmemente que la decena de camaradas extranjeros que están aquí presentes constituyen el núcleo y el germen del poderoso ejército de escritores proletarios que la revolución proletaria mundial habrá de crear más allá de nuestras fronteras». (Andreí Zhdánov; Sobre la literatura Discurso pronunciado en el Primer Congreso de Escritores Soviéticos, 17 de agosto de 1934)

miércoles, 9 de mayo de 2018

Sobre la nueva corriente maoísta de moda: los «reconstitucionalistas»; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«Nos resulta especialmente graciosa esta nueva moda maoísta de los «reconstitucionalistas». ¿Qué es este movimiento que se presenta como superador de los errores del Partido Comunista de España (reconstituido)? Una unión de diferentes grupos con inclinaciones maoístas que va desde la escisión que sufrió el propio PCE (r) en los años 90 hasta los disidentes maoístas del brezhnevista Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE). Estos grupos se manifestaron online, como Nueva Praxis, Revolución o Barbarie y el Movimiento Antiimperialista Internacional (MAI), hasta que decidieron fundirse en un solo órgano teórico, «Línea Proletaria», y formar parte conjunta del presunto órgano político «Comité por la Reconstitución». Parece que la «lucha de dos líneas» maoísta no ha tardado en hacer efecto, pues ya han empezado a escindirse y disgregarse rápidamente. ¿Qué sorpresa, verdad?

Los reconstitucionalistas se ganaron a otras organizaciones maoístas en el momento de su decadencia mediante obviedades como que las limitaciones del PCE (r) se encuentran en su economicismo, espontaneísmo, terrorismo y falta de ligazón con las masas. Y, efectivamente, aquí no les falta razón, pero fracasan en en su diagnóstico sobre el origen de estas desviaciones. En su fanatismo maoísta lo achacan todo a «las limitaciones del ciclo de Octubre» –que iría desde 1917 hasta hoy–. Para los reconstitucionalistas, en realidad, todo grupo está poco maoizado, elevándose ellos por encima de estos presuntos fallos históricos de los «marxistas, leninistas, stalinistas, dimitrovistas y hoxhistas», incluso presentándose a ratos no como maoístas, sino también como superadores de los errores del maoísmo. Esto, evidentemente, es una broma de mal gusto. Como mucho, y si así lo prefieren, los podemos calificar como «maoístas disfrazados», ya que todas las experiencias y figuras que tienen como referencia y panacea para su desviada idea de revolución lo son. En nuestra firme opinión, el problema en grupos como el PCE (r) reside, más bien, en no haber asimilado nada del «ciclo de Octubre abierto en 1917», del que si alguien pudo haber asimilado los axiomas del marxismo-leninismo ellos no fueron, desde luego, los maoístas. Dicho de otro modo, un maoísta no puede ser comunista. 

¿Qué propone esta corriente que rompa los viejos esquemas? Realmente nada. 

Es más, recuerdan a una escisión de los eseristas con los que Lenin bromeó por prometer una notable «revisión de los errores del movimiento revolucionario» para acabar repitiéndolos:

«En realidad, no se trata, ni puede tratarse, de ninguna revisión de la teoría, pues el nuevo periódico no muestra concepción teórica alguna. Lo único que hace es repetir en mil tonos distintos las exhortaciones al terrorismo y adaptar de una manera torpe, inhábil e ingenua sus opiniones sobre la revolución, sobre el movimiento de masas, sobre la significación de los partidos en general, etc., a este método, supuestamente nuevo, pero en realidad viejo, viejísimo. La sorprendente pobreza de ese bagaje «teórico» salta a la vista cuando se lo compara con las grandilocuentes promesas de revisión, crítica y creación». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Algunos rasgos de la disgregación actual, 1908)

Esta corriente quizás sea la más caricaturesca del maoísmo. Se podría decir algo así como que son la personificación real de aquellos jóvenes ficticios que protagonizaban la película de Jean-Luc Godard: «La Chinoise», lanzada en 1967, los cuales creían en Mao a base de fe ciega, sin pararse a analizar nada en lo más mínimo, achacando a sus adversarios los mismos defectos que ellos profesaban. Sí, aquellos jóvenes que aprendían como loros las citas arregladas y poéticas del Libro Rojo de Mao como si del Oráculo de Delfos se tratase. Aquellos que repetían constantemente aquello de «superar el dogmatismo de la época de Stalin», uno que solo habían conocido a través de la propaganda aprendida de la «Revolución Cultural». Unos jovencitos acomodados que charlaban a menudo entre ellos de la necesidad de cometer atentados terroristas en las universidades o contra los representantes del imperialismo, que hablaban en un lenguaje indescifrable para las masas como si esto fuera el summum de lo revolucionario. Para desgracia nuestra, los maoístas modernos de esta rama llamada reconstitucionalista no son personajes de humor, sino gente de carne y hueso.

No nos extenderemos en refutar cada una de sus características, pues las hemos venido desgranando en detalle durante el documento. Sin embargo, para el lector despistado y para aquel que ha hincado el diente en este capítulo sin leer los demás, adjuntamos los enlaces correspondientes. En especial remitimos al lector a obras que sintetizan brevemente el carácter del maoísmo:



Marx ya denunció a aquellos tipejos que asoman la cabeza de tanto en tanto y, como predicadores que anuncian en un lenguaje rimbombante para aparentar sapiencia, intentan propalar ideas peregrinas:

«Quiero denunciar al señor Grun, de Paris. Pretende haber aclarado los axiomas más importantes de la ciencia alemana. (…) Este hombre más que un caballero de industria literaria, es una especie de charlatán que quiere hacer comercio con las ideas modernas. Pretende ocultar su ignorancia con frases pomposas y arrogantes, pero no ha conseguido más que ponerse en ridículo con su galimatías». (Karl Marx; Carta a Proudhon, 5 de mayo de 1846)

martes, 8 de mayo de 2018

Una descripción de las teorías y las políticas internacionales del socialimperialismo soviético a la luz de los marxista-leninistas españoles de los 70



«La pretendida ayuda de los socialimperialistas soviéticos a los países de América Latina, Asia, África y otras partes del mundo, tiene fundamentalmente por objeto colocar a los países de todos los continentes bajo su influencia y dominio, y se disputan las zonas intermedias de influencia con el imperialismo estadounidense, al igual que cualquier otra potencia imperialista.

En todos los terrenos, los cabecillas y la clase burocrática que ha usurpado el poder en la Unión Soviética, imitan por todos los medios a los yanquis y a todos los reaccionarios del mundo. Eso es así en sus relaciones internacionales, en arte, literatura, en el modo de vida, en el enfoque del desarrollo de las ciencias modernas, al servicio de la propaganda espectacular y no al servicio de los intereses del pueblo y del conjunto de la humanidad. En el terreno de la economía, hace ya tiempo que las empresas soviéticas y la agricultura aplican métodos de trabajo, retribución, organización y gestión netamente capitalistas. De igual nodo, su política exterior, su actividad comercial, internacional se basa también en métodos y principios de carácter imperialista, de explotación y rapiña aprovechándose de la situación de desigualdad y debilidad de los pueblos que aceptan su «ayuda y colaboración».

Al igual que los imperialistas estadounidenses y otros, las socialimperialistas soviéticos se dedican al tráfico de armas, es decir a la venta mercenaria de armamentos, a la concesión de préstanos con elevados intereses y condiciones humillantes, lo que nada tiene que ver con la ayuda a los pueblos que luchan por su libertad e independencia. Pero a quien vende armas y ayuda facilitan los socialimperialistas soviéticos es a los gobiernos ultrarreaccionarios, como son el de Indonesia, Grecia, Irán, Brasil, sin olvidar España. No podemos dejar de señalar que mediante un acuerdo «marítimo»  –cuyas cláusulas dispositivas no son conocidas, la Unión Soviética ha instalado en nuestro país, en los Islas Canarias, importantes bases navales pesqueras oficialmente, donde operan varias flotillas do unas trescientas unidades.

Todo esto demuestra de manera irrefutable que los socialimperialistas soviéticos siguen empleando toda una teminología de carácter marxista y hasta leninista para mejor en cubrir su traición al marxismo-leninismo y a la causa de la revolución proletaria» y seguir engañando a las nasas soviéticas y a los pueblos del mundo entero.

Los socialimperialistas soviéticos han puesto en pie toda una serie de «teorías», acerca de la «seguridad colectiva» y de la «soberanía limitada», que en realidad equivalen a las tesis de cosmopolitismo y supranacionalidad que también enarbolan los inperialistas yanquis para justificar el saqueo y la explotación de los países más débiles por parte de los más fuertes y desarrollados.

Así pues con motivo de la agresión militar de la Unión Soviética contra Checoslovquia, los cabecillas revisionistas del Kremlin han pretendido hacer creer a los pueblos del mundo y al pueblo y al ejército soviéticos que esa agresión era necesaria para salvaguardar el socialismo en Checoslovaquia y proteger al conjunto de los Países del Este. Pero ¿qué lección de salvaguardia del socialismo puede dar los dirigentes revisionistas soviéticos, cuando hace ya tiempo que ellos mismos han destruido las bases económicas, políticas e ideológicas de la Dictadura del Proletariado en la misma Unión Soviética?

Tras las engaños y formulas de «soberanía nacional limitada», la «ayuda en los países del tercer mundo», etc. se esconden los intereses de carácter imperialista de los nuevos zares del Kremlin. Al haberse transformado en capitalistas las mismas bases económicas del Estado soviético, se han transformado también el contenido de su política exterior y de sus relaciones internacionales. Estas tienen en los momentos actuales el carácter netamente colonialista como lo afiman sus relaciones impositivas y desiguales con los países del Este de Europa bajo dirección revisionista y también las condiciones draconianas y el modo de «ayuda» y «colaboración» que presta a los países subdesarrollados y de economía débil.

Ademas la llanada «política de soberanía limitada», los socialimperialistas soviéticos, pretenden, al igual que sus compinches y contrincantes yanquis, aplicar en los países bajo su influencia, el principio de la división internacional del trabajo, esto es, que los países ya desarrollados desde el punto de vista industrial, científico y técnico continúen desarrollando su potencial industrial y tecnológico, y que aquellos que aún no han desarrollado su industria y técnica modernas, continúen dedicándose a la extracción de materias primas, a la apicultura, a la industria fabril productos da la industria ligera y artesanal como calzados, muebles, cueros, envasado de hortalizas y frutas, etc., ya que según ellos, no es necesario que todos los países cuenten con una industria pesada propia y con una ciencia y técnicas avanzadas propias. Basta, según los nuevos zares del Kremlin y también los imperialistas yanquis, que algunas naciones poderosas cuantas menos mejor, dispongan de una industria superpotente y supermoderna y que por consiguiente esas naciones poderosas y desarrolladas deben también de poder disponer las riquezas naturales del resto del mundo para poder acelerar su propio desarrollo industrial y tecnológico». (Partido Comunista de España (marxista-leninistas); Cuadernos marxista-leninistas, suplemento a «Revolución Española»; El leninismo y nuestra lucha actual, 1970)