«Los comunistas amamos la vida. Por eso, deseando allanar el camino hacia una vida realmente libre, plena y radiante, no vacilamos en sacrificamos, pues la vida de rodillas, la vida encadenada, esclavizada, humillada, no es verdadera vida, sino una existencia vegetativa, indigna del hombre. Los comunistas amamos al hombre; por eso no titubeamos en obrar en contra de nuestros propios y mezquinos intereses personales, para que el hombre libre, sano y radiante pueda obtener, al fin, un puesto digno de él bajo el sol. Los comunistas amamos la libertad. Por eso no vacilamos ni por un momento en sometemos a la disciplina más severa de nuestro partido, a la alta disciplina del ejército del camarada Lenin, con el fin de alcanzar la libertad para la humanidad entera. Los comunistas amamos el trabajo creador, el futuro creador de la humanidad; por eso no titubeamos en destruir aquello –pero solamente aquello– que se alza como un obstáculo en el camino de los grandes energías creadoras del hombre. Los comunistas amamos la paz; por eso luchamos. Luchamos contra todas las causas que engendran la guerra, luchamos por una organización del mundo en que no pueda haber criminales capaces de lanzar a millones de seres a la muerte. Los comunistas amamos a nuestro pueblo. Sabemos que la humanidad no podrá ser libre mientras haya un solo pueblo sometido al yugo de otro. Y no escatimamos ni nuestras fuerzas ni nuestra propia vida en la lucha por la total liberación de nuestro pueblo, para que éste, como igual entre iguales, viva libre entre los pueblos libres del mundo». (Julius Fučík; ¿Por qué amamos a nuestro pueblo?; Colección póstuma de artículos, 1948)
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sábado, 26 de mayo de 2018
sábado, 20 de mayo de 2017
¿Quiénes son los patriotas?
«Camaradas: hay una bandera que está en manos de nuestros enemigos, que ellos tratan de utilizar contra nosotros y que es preciso arrebatarles de las manos: la de que votando por ellos se vota por España. ¿Qué España representan ellos? Sobre este asunto, hay que hacer claridad. Cuando la reacción, cuando el fascismo no puede demostrar con hechos prácticos que ha mejorado en lo más mínimo las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera y de las masas campesinas –porque las ha empeorado–, y no solamente las de los trabajadores manuales, sino las de los empleados, de la pequeña burguesía, de los campesinos, incluso de la burguesía media; cuando en nada se ha mejorado –sino, repito, empeorado– la situación de estas masas populares; de una manera abstracta, para cazar incautos, se dice, se grita en los carteles, en los mítines: votando por nosotros, votáis por España, votáis por la patria. Este argumento, que penetra sobre todo en las capas de la pequeña burguesía, de la burguesía media, gentes que aman a su patria y a su hogar, hay que analizarlo y demostrar que quienes aman verdaderamente a su país, somos nosotros, y que somos nosotros los que vamos a probarlo con hechos, pues no es posible que continúen engañando a estas masas, utilizando la bandera del patriotismo, los que prostituyen a nuestro país, los que condenan al hambre al pueblo, los que someten al yugo de la opresión al noventa por ciento de la población, los que dominan por el terror. ¿Patriotas ellos? ¡No! Las masas populares, vosotros, obreros y antifascistas en general, sois los patriotas, los que queréis a vuestro país libre de parásitos y opresores; pero los que os explotan no, ni son españoles, ni son defensores de los intereses del país, ni tienen derecho a vivir en la España de la cultura y del trabajo». (Prolongados aplausos). (José Díaz; La España revolucionaria; Discurso pronunciado en el Salón Guerrero, de Madrid, 9 de febrero de 1936)
martes, 7 de febrero de 2017
El racismo, como otra arma para el nacionalismo burgués
«El nacionalismo tiene su origen en la premisa falsa y reaccionaria de que los pueblos están divididos en razas superiores e inferiores, «perfectas» e «imperfectas», y que las razas «superiores» deben dominar a las otras.
Una forma especialmente detestable y odiosa de nacionalismo burgués es el racismo, que divide a los pueblos en gobernantes «natos» y esclavos. Todos saben que el racismo fue la ideología oficial de los fascistas alemanes e italianos y de los militaristas japoneses. Los bandidos fascistas proclamaron abiertamente el derecho de la raza «superior» a esclavizar y exterminar a otros pueblos.
El racismo sirvió a los hitleristas como justificación de sus planes salvajes para conseguir la dominación del mundo. Es característico, sin embargo, que mientras de palabra declaraban al pueblo alemán como la raza «superior», de hecho, lo consideraban simplemente como carne de cañón para lograr los objetivos de rapiña de los monopolistas alemanes.
La ideología del racismo ahora ha sido inscrita en la bandera de los nuevos contendientes por la supremacía mundial: los imperialistas anglo-estadounidenses. La banda corrupta de políticos y científicos al servicio de los jefes de Wall Street y la City exaltan la superioridad imaginaria de la raza anglosajona sobre los demás pueblos.
Bajo la bandera del nacionalismo, los imperialistas traman conspiraciones contra la libertad y la independencia de los pueblos, organizan guerras de rapiña, inflaman conflictos nacionales entre los trabajadores, y saquean y oprimen a los pueblos coloniales. El nacionalismo es al arma viciada que utiliza la burguesía en su aplicación del viejo principio de los esclavistas «divide y vencerás». (S. Titarenko; Patriotismo e internacionalismo, 1950)
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S. Titarenko
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