miércoles, 31 de octubre de 2018

Reunión tripartita Stalin, Hoxha y Zachariadis en 1950

Sin duda la Guerra Civil Griega (1946-1949) es otro capítulo histórico muy importante olvidado por los presuntos marxista-leninsitas de la actualidad, lo que ha llevado que toda la historiografía del tema esté basada en análisis socialdemócratas, trotskistas, anarquistas y demás, pero en cualquier caso abiertamente antistalinistas en su totalidad. Las desviaciones del Partido Comunista Griego durante la Segunda Guerra Mundial son evidentes, cayendo en un derechismo manifestado en ponerse al servicio del imperialismo inglés para liberar el país del nazismo firmando el Pacto de Caserta en 1944 que ponía a todas las fuerzas griegas bajo mando británico, y en las esperanzas de un tránsito pacífico al socialismo en la posguerra –como reflejan sus documentosTras la exigencia británica de desarmar a la resistencia se dieron los llamados eventos de diciembre de 1944 Dekemvriana  en griego donde los patriotas griegos fueron derrotados por los monárquicos y británicos en una lucha de casi un mes, como resultado se firmaría el Pacto de Varkiza de 1945 entre el líder de los comunistas Santos y el Ministro Sofianopoulos que incluía un desarme total solo para los ejércitos comunistas en promesa de unas próximas elecciones libres bajo supervisión británica claroA partir de entonces se desató el terror blanco sin pudor, véase la obra de Wilfred G. Burchett: «Democracias populares» de 1951 que narra tales eventos. Ya bajo la dirección de Zachariadis, el partido en 1946 corrige gran parte de sus errores oportunistas, plantea una línea revolucionaria con la necesidad de una lucha tanto por métodos legales como ilegales para combatir la ocupación británica y el monarco-fascismo griego movilizando a gran parte de los comunistas y patriotas griegos. Pero debido a la falta de cuadros con sólidos conocimientos y a las pérdidas sufridas por los errores anteriores, esto fue un intento voluntarista más que otra cosa, cometiéndose además graves errores en el ámbito militar-político que impidieron la victoria sobre las colosales fuerzas enemigas, sin ignorar a la postre la total intervención estadounidense en 1947. Pese a sus errores, y en determinados momentos de tozudez y falta de autocrítica, Zachariadis tendría el honor de ser uno de los elementos que tras la muerte de Stalin se opondría al camino de Jruschov y sus ideas, cayendo en desgracia por ello, demostrando que pese a todo resultaba ser un revolucionario honesto, algo que después de 1953 no abundaría en la mayoría de direcciones comunistas.

En otra ocasión con documentos históricos en mano, retomaremos el tema para desmitificar muchos de los mitos de la Guerra Civil Griega que la historiografia burguesa y revisionista ha promovido. Recordemos que el tema griego fue comentado brevemente en nuestra obra: «La crítica al revisionismo en la Iº Conferencia de la Kominform de 1947» de 2015.

El documento:



CONFRONTACIÓN EN PRESENCIA DE STALIN SOBRE LOS DESACUERDOS DE PRINCIPIO ENTRE LA DIRECCIÓN DEL PARTIDO DEL TRABAJO DE ALBANIA Y LOS DIRIGENTES DEL PARTIDO COMUNISTA DE GRECIA. PARTICIPAN STALIN, MOLOTOV, MALENKOV, ENVER HOXHA, MEHMET SHEHU, NIKO ZACHARIADHIS Y MICHO PARTSALIDIS. SOBRE LA ESTRATEGIA Y LA TÁCTICA DEL EJÉRCITO DEMOCRÁTICO GRIEGO. VARKIZA. LA TÁCTICA DE LA DEFENSA PASIVA ES LA MADRE DE LA DERROTA. ¿POR QUÉ LAS DERROTAS DE VITSI Y DE GRAMOZ? EL PAPEL DIRIGENTE DEL PARTIDO EN EL EJERCITO. EL LUGAR Y EL PAPEL DEL COMISARIO. NIKO ZAZHARIADHIS EXPONE SU PUNTO DE VISTA. LA APRECIACIÓN DE STALIN.

Enero de 1950

Durante la conversación que tuve con el camarada Stalin en Sujumi, en Noviembre de 1949, me preguntó cuándo podíamos tener un encuentro con los representantes del Partido Comunista de Grecia con el fin de aclarar los desacuerdos de principio que existían entre nosotros y los dirigentes de ese partido. Pensamos que podría ser en el mes de enero, y después de que los camaradas griegos aprobaran la fecha, ésta quedó fijada. El encuentro tuvo lugar en el Kremlin a comienzos de enero de 1950, Se hallaban presentes por parte soviética el camarada Stalin, Molotov, Malenkov y otros funcionarios del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética. Nuestro Partido estaba representado por mí y por Mehmet Shehu, y por el Partido Comunista de Grecia asistían los camaradas Niko Zachariadhis y Micho Partsalidis. La reunión tuvo lugar en el despacho de Stalin.

Stalin, sencillo y amable, como de costumbre, se levantó de su escritorio y salió a recibirnos, se acercó sonriente y nos fue estrechando la mano a cada uno de los presentes. Inició la reunión preguntándome:

-Camarada Hoxha, ¿que tiene que decir en relación a los camaradas del Partido Comunista de Grecia?

Al mismo tiempo se dirigió a los camaradas griegos diciéndoles:

-Dejen que hablen primero los camaradas albaneses, luego viene su turno para que expresen sus opiniones sobre lo dicho.

Tomando la palabra dije:

lunes, 29 de octubre de 2018

Sobre los parlamentos y las constituciones burguesas


«Ni siquiera el mejor de los parlamentos burgueses o la mejor de las constituciones burguesas son nada más que «instrumentos de opresión de los proletarios por la burguesía» –como muy justamente afirmara Lenin en su obra «La revolución y el renegado Kautsky» de 1918– y que ninguna constitución, por sí sola, ha asegurado nunca para el pueblo las promesas de democracia, libertad y justicia con que generalmente adorna la burguesía sus textos constitucionales. Quede claro también que el poder efectivo lo ejerce la burguesía desde el aparato del Estado, desde su dominio y control de las finanzas, de toda la economía del ejército, de su aparato represivo y policial, etc. El Parlamento y la Constitución no son más que jarrones de flores para adornar su podrido y maloliente sistema, lo que no excluye que siempre que sea posible y convenga a los intereses del pueblo y la revolución los partidos y las fuerzas revolucionarias los utilicen para desenmascarar a la reacción y difundir la política revolucionaria y azuzar el proceso de la lucha de clases. Actualmente en la coyuntura de España. (…) Las fuerzas democráticas y revolucionarias, y nuestro partido en primer término, están a la cabeza de las luchas populares por los derechos democráticos sin condiciones, con el fin de poder utilizar cuantos más medios sean posibles para desarrollar la lucha de clases. (…) Por imponer el derecho de asociación y manifestación sin condiciones, es preciso promover una amplia campaña para la disolución de los cuerpos represivos legados por la dictadura franquista y la prohibición de las organizaciones y bandas fascistas, así como también para denunciar las provocaciones de los grupos terroristas de distinto signo manipulados o montados por los distintos servicios especiales del aparato político-policiaco de la monarquía». (Elena Ódena; ¡Por el derecho de asociación sin condiciones para las organizaciones republicanas y para nuestro partido y el FRAP!, 1978)

domingo, 28 de octubre de 2018

La descripción del cristianismo y la mujer según Bebel


«Los judíos actuaron de modo opuesto a los hábitos de los romanos de la época imperial en el sentido de dejar que cada vez aumentasen más el celibato y la falta de hijos. Cierto, la judía no tenía derecho a elegir, el padre decidía quién iba a ser su marido, pero el matrimonio era un deber que ella cumplía fielmente. El Talmud aconseja lo siguiente: «Cuando tu hija alcance la edad casadera, regálale la libertad a uno de tus esclavos y cásala con él». Asimismo, los judíos cumplían lealmente el mandamiento de su Dios: «Fructificad y multiplicaos». Conforme a esto, y a pesar de todas las persecuciones y represiones, se han multiplicado profusamente, son los enemigos jurados del malthusianismo.

Ya Tácito decía de ellos: «Entre ellos reina una tenaz cohesión y una pronta generosidad, pero un odio hostil hacia todos los demás. Nunca comen ni duermen con enemigos, y aunque son sumamente inclinados a la sensualidad, se abstienen de cohabitar con extranjeras... Sin embargo, procuran el aumento del pueblo. Pues matar a uno de los descendientes es un pecado para ellos, y tienen por inmortales las almas de quienes mueren en la batalla o son ejecutados. De ahí el amor a la procreación y el desprecio a la muerte». Tácito odiaba y detestaba a los judíos porque, despreciando la religión de sus padres, acumulaban bienes y tesoros. Les llama las «personas peores», un «pueblo detestable» [1].

Al desenfreno se opuso el otro extremo, la más rigurosa abstinencia. Igual que antes el desenfreno, también el ascetismo tomó ahora formas religiosas. Un fanatismo exaltado hacia propaganda de él. La disipación y sensualidad ilimitadas de las clases dominantes guardaba el más vivo contraste con la penuria y la miseria de los millones y millones que la Roma conquistadora arrastraba como esclavos a Italia desde todos los países del mundo entonces conocido. Entre ellos había también numerosas mujeres que, separadas del hogar, de los padres y del marido, y arrancadas de los hijos, sentían del modo más profundo la miseria y ansiaban redención. Gran número de mujeres romanas, asqueadas de lo que pasaba a su alrededor, se hallaba en un estado de ánimo parecido. Cualquier cambio de su situación lo veían con buenos ojos. Un anhelo profundo de cambio, de redención, prendió en amplias capas de la población, y el redentor parecía acercarse. La conquista del reino judío y de Jerusalén por los romanos tuvo por consecuencia la destrucción de la independencia nacional y engendró entre las sectas ascéticas de aquel país visionarios que predicaban el advenimiento de un nuevo reino, que traería la libertad y la felicidad para todos.

Llegó Cristo y surgió el cristianismo. Este encarnaba la oposición contra el materialismo bestial que reinaba entre los grandes y ricos del imperio romano, representaba la rebelión contra el desprecio y la opresión de las masas. Mas como provenía del judaismo, que solo conocía la falta de derechos de la mujer, y, presa de la noción bíblica de que ella era la causante de todo mal, predicaba el desprecio de la mujer, la abstinencia y destrucción de la carne, que tanto pecaba en aquellos tiempos, indicando con sus expresiones de doble sentido un reino futuro que unos interpretaban como celestial y otros como terrenal, que traería libertad y justicia para todos. Con estas doctrinas, el cristianismo encontró suelo fértil en el cenagal del imperio romano. La mujer, como todos los miserables, esperando la liberación y redención de su situación, se unió fervorosa y prontamente a él. Hasta hoy día no ha habido en el mundo ningún gran movimiento significativo en el que no se hayan destacado también las mujeres como combatientes y mártires. Quienes encomian el cristianismo como un gran logro cultural no debieran olvidar que es precisamente a la mujer a la que debe una gran parte de sus éxitos. Su proselitismo desempeñó un papel importante tanto en el imperio romano como entre los pueblos bárbaros de la Edad Media. Con frecuencia fue a través de ellas como se convirtieron al cristianismo los más poderosos. Así, por ejemplo, fue Clotilde la que indujo a Clodoveo, rey de los francos, a que aceptase el cristianismo. Fueron Berta, reina de Kent, y Gisela, reina de Hungría, las que introdujeron el cristianismo en sus países. A la influencia de las mujeres se debe la conversión de muchos grandes. Pero el cristianismo recompensó malamente a la mujer. Contiene en sus doctrinas el mismo desprecio por la mujer que todas la religiones orientales. Le ordena ser la sierva obediente del hombre, y todavía hoy tiene que prometerle obediencia ante el altar.

Oigamos lo que dicen la Biblia y el cristianismo acerca de la mujer y el matrimonio.

sábado, 27 de octubre de 2018

La postura del Partido Comunista y el Estado Socialista frente al intelectual y su producción artística


«Cuando nos pongamos a escribir para el pueblo debemos ser conscientes de que hacemos un gran servicio, pero el pueblo quiere que seamos modestos. Asimismo debemos comprender que el Partido y el Poder han creado las imprentas y la prensa, no para publicar cualquier trivialidad, que se le antoje escribir a alguien, incluso si se trata de una persona de experiencia que en el pasado tuvo una buena producción, pero que ahora se ha agotado y produce cosas sin valor. Los críticos, las editoriales y otras instituciones deben someterlo todo a un análisis crítico, sin favoritismos –porque desgraciadamente también se cae en favoritismos–. (...) Tampoco la prensa debe ser utilizada como hacen algunos, que por suerte son pocos, como negocio financiero o para difundir la confusión ideológica u obras vacías. Hay elementos pequeño burgueses que pugnan por ocupar los primeros puestos y que con su bagaje carente de formación ideológica y política o pequeño burgués, adulteran las ideas del proletariado. (...) Si a alguien le gusta producir cosas que no sirvan a nadie, erróneas e insulsas, no tiene por qué quejarse del Partido, éste no las hará publicar ni poner a la venta. El que quiera, puede continuar produciendo para su propio estante y no le molestaremos hasta que no se vuelva socialmente peligroso. Al igual que para las demás cuestiones, tampoco para la literatura y el arte que se desarrollan en nuestro país existen dos morales, sino una sola, la moral proletaria de la clase obrera. Las ideas expresadas en las obras deben ajustarse a esta moral. Una obra carente de ideas y despojada de dicha moral, puede ser que tenga un cierto valor, en algún caso y para algunas personas. Desde el punto de vista de la maestría artística, pero no pueden tener valor alguno desde el punto de vista ideológico social. Por eso debemos tener siempre presente que el mantenimiento de una actitud correcta en la literatura y el arte es parte integrante de la lucha política que desarrolla nuestro Partido marxista-leninista en completa unidad de pensamiento y de acción con su pueblo». (Enver Hoxha; Que la literatura y el arte sirven para forjar la conciencia de clase para la construcción del socialismo; Discurso de clausura pronunciado en el XVº Pleno del CC del PTA, 28 de octubre de 1965)

Anotación de Bitácora (M-L):

Como ejemplo de esto véase:

«Por ejemplo Néstor Kohan nos viene a decir que Georg Lukács fue un intelectual ampliamente criticado por sus obras en la Unión Soviética, por lo cual era marginado, o que incluso sus obras no eran publicadas, lo cual es normal, debido a las teorías que escribía. Ni el Estado del proletariado ni los partidos comunistas del mundo tienen porqué gastar un centavo en promocionar obras que no valen el coste en producirlas ya que le son extraños. Y esto es algo que los intelectuales de partido y apartidistas más individualistas nunca han llegado a entender, que el gobierno revolucionario o el partido comunista que está luchando contra el capital nacional e internacional no está para hacer de mecenas y financiar sus aventuras doctrinales sino contribuyen a la causa del pueblo, a sus luchas cotidianas. Esto toma más significación si cabe cuando hablamos de los artistas como músicos, poetas, pintores etcétera, que se suelen desviar fácilmente por la temática personal, por contarnos sus sensibilidades y diversos affaires de intelectual que muchas veces son ajenos a la sociedad general, y a la clase obrera en particular». (Equipo de Bitácora (M-L); Las sandeces de Kohan y Lukács sobre la figura de Hegel y su evaluación en la filosofía de la URSS, 15 de septiembre de 2018)

jueves, 25 de octubre de 2018

Toda ideología tiene su base material de la base económica, incluyendo la religiosa


«Las ideologías aún más elevadas, es decir, las que se alejan todavía más de la base material, de la base económica, adoptan la forma de filosofía y de religión. Aquí, la concatenación de las ideas con sus condiciones materiales de existencia aparece cada vez más embrollada, cada vez más oscurecida por la interposición de eslabones intermedios. Pero, no obstante, existe. Todo el período del Renacimiento, desde mediados del siglo XV, fue en esencia un producto de las ciudades y por tanto de la burguesía, y lo mismo cabe decir de la filosofía, desde entonces renaciente; su contenido no era, en sustancia, más que la expresión filosófica de las ideas correspondientes al proceso de desarrollo de la pequeña y mediana burguesía hacia la gran burguesía. Esto se ve con bastante claridad en los ingleses y franceses del siglo pasado, muchos de los cuales tenían tanto de economistas como de filósofos, y también hemos podido comprobarlo más arriba en la escuela hegeliana.

Detengámonos, sin embargo, un momento en la religión, por ser éste el campo que más alejado y más desligado parece estar de la vida material. La religión nació, en una época muy primitiva, de las ideas confusas, selváticas, que los hombres se formaban acerca de su propia naturaleza y de la naturaleza exterior que los rodeaba. Pero toda ideología, una vez que surge, se desarrolla en conexión con el material de ideas dado, desarrollándolo y transformándolo a su vez; de otro modo no sería una ideología, es decir, una labor sobre ideas concebidas como entidades con propia sustantividad, con un desarrollo independiente y sometidas tan sólo a sus leyes propias. Estos hombres ignoran forzosamente que las condiciones materiales de la vida del hombre, en cuya cabeza se desarrolla este proceso ideológico, son las que determinan, en última instancia, la marcha de tal proceso, pues si no lo ignorasen, se habría acabado toda la ideología. Por tanto, estas representaciones religiosas primitivas, comunes casi siempre a todo un grupo de pueblos afines, se desarrollan, al deshacerse el grupo, de un modo peculiar en cada pueblo, según las condiciones de vida que le son dadas; y este proceso ha sido puesto de manifiesto en detalle por la mitología comparada en una serie de grupos de pueblos, principalmente en el grupo ario el llamado grupo indo-europeo–. Los dioses, moldeados de este modo en cada pueblo, eran dioses nacionales, cuyo reino no pasaba de las fronteras del territorio que estaban llamados a proteger, ya que del otro lado había otros dioses indiscutibles que llevaban la batuta. Estos dioses sólo podían seguir viviendo en la mente de los hombres mientras existiese su nación, y morían al mismo tiempo que ella. Este ocaso de las antiguas nacionalidades lo trajo el Imperio romano mundial, y no vamos a estudiar aquí las condiciones económicas que determinaron el origen de éste. Caducaron los viejos dioses nacionales, e incluso los romanos, que habían sido cortados simplemente por el patrón de los reducidos horizontes de la ciudad de Roma; la necesidad de complementar el imperio mundial con una religión mundial se revela con claridad en los esfuerzos que se hacían por levantar altares e imponer acatamiento, en Roma, junto a los dioses propios, a todos los dioses extranjeros un poco respetables. Pero una nueva religión mundial no se fabrica así, por decreto imperial. La nueva religión mundial, el cristianismo, había ido naciendo calladamente, mientras tanto, de una mezcla de la teología oriental universalizada, sobre todo de la judía, y de la filosofía griega vulgarizada, principalmente de la estoica. Qué aspecto presentaba en sus orígenes esta religión, es lo que hay que investigar pacientemente, pues su faz oficial, tal como nos la transmite la tradición sólo es la que se ha presentado como religión del Estado, después de adaptada para este fin por el Concilio de Nicea [5]. Pero el simple hecho de que ya a los 250 años de existencia se la erigiese en religión del Estado demuestra que era la religión que cuadraba a las circunstancias de los tiempos. En la Edad Media, a medida que el feudalismo se desarrollaba, el cristianismo asumía la forma de una religión adecuada a este régimen, con su correspondiente jerarquía feudal. Y al aparecer la burguesía, se desarrolló frente al catolicismo feudal la herejía protestante, que tuvo sus orígenes en el Sur de Francia, con los albigenses [6], coincidiendo con el apogeo de las ciudades de aquella región. La Edad Media anexionó a la teología, convirtió en apéndices suyos, todas las demás formas ideológicas: la filosofía, la política, la jurisprudencia. Con ello, obligaba a todo movimiento social y político a revestir una forma teológica; a los espíritus de las masas, cebados exlusivamente con religión, no había más remedio que presentarles sus propios intereses vestidos con ropaje religioso, si se quería levantar una gran tormenta. Y como la burguesía, que crea en las ciudades desde el primer momento un apéndice de plebeyos desposeídos, jornaleros y servidores de todo género, que no pertenecían a ningún estamento social reconocido y que eran los precursores del proletariado moderno, también la herejía protestante se desdobla muy pronto en un ala burguesa-moderada y en otra plebeya-revolucionaria, execrada por los mismos herejes burgueses.

miércoles, 24 de octubre de 2018

Las migraciones y el capitalismo; OCTE, 2018


«1. Breve introducción

¿Cómo se relaciona el capitalismo con el problema migratorio? ¿Por qué se agrava esta cuestión en las épocas en que la lucha de clases pasa a los enfrentamientos abiertos entre el proletariado y las masas, por una parte, y los reaccionarios y burgueses por otra? En este artículo nos proponemos dar respuesta a estas cuestiones, desarrollando una visión marxista-leninista acerca del fenómeno migratorio y haciéndolo en un formato breve y accesible.

2. El fenómeno migratorio y el capitalismo

Primero: ¿qué es la migración? Una definición sencilla consiste en aclarar que se trata de desplazamientos de población de un punto a otro del planeta. Si se ve desde la óptica del punto que recibe a esa población, se habla de inmigración, y si se ve desde la óptica del punto que «emite» esa población migrante, se habla de emigración.

La migración es un hecho que lleva sucediéndose a lo largo de la historia, en mayor o menor medida, tanto a escala internacional (de un país a otro) como a escala nacional (de una ciudad o región a otra). Muchos de los procesos migratorios, pese a sus diferencias, tienen, sin embargo, una misma base, y esta es el antagonismo entre el campo y la ciudad: la huida de la fuerza de trabajo desde las ramas de la economía más miserables (y, con ello, la huida de los pueblos que se dedican mayoritariamente a estas ramas) hasta desembocar en las más prósperas (y, con ello, desembocando en las ciudades que albergan estas ramas).

lunes, 22 de octubre de 2018

Negación de Brasil como imperialismo y potencia regional; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«También [niego] afirmar que Brasil es un sub imperialismo regional, porque empresas de ahí, invierten en Paraguay, Uruguay, etc. (…) Son relaciones mercantiles de intercambio donde se busca la maximización de la ganancia de la manera más breve y fácil». (Manuel Sutherland; Comentarios, 3 de marzo de 2015)

Esta es otra afirmación que puede dejar perplejo a cualquiera, sobre todo si vive en Latinoamérica y con unas nociones básicas de economía política marxista.

Todo el mundo sabe que Brasil fue una antigua colonia portuguesa, a principios del siglo XX era un país dependiente de los imperialismos occidentales, en especial del imperialismo británico –herencia que recibía del antiguo influjo de Gran Bretaña que había convertido a Portugal casi en su protectorado–. El país –como algunos de sus vecinos: Argentina por ejemplo– pese a las grandes riquezas existentes, debido a la sumisión en la división internacional del trabajo y la especialización económica, apenas se dedicaba a ciertos productos como el café. Después de la Primera Guerra Mundial, el número de inversiones de los imperialistas estadounidenses superó a la de los británicos, muchas de estas inversiones crearon –como no podía ser de otra forma– una industria ligera que daría gran rentabilidad económica a los inversores:

«Brasil era un país agrícola exportador de café. Las primeras industrias fueron creadas, como en otros países de la región, a comienzos del siglo XX por inmigrantes europeos y unos pocos propietarios agrícolas. Con el debilitamiento de las oligarquías agropecuarias el Estado potenció el nacimiento de grandes empresas ligadas a la explotación de los recursos naturales: Companhia Siderúrgica Nacional –creada en 1941–, Vale do Rio Doce –1942– y Petrobras –1953–. Las tres son hijas del Estado Novo. Luego de la crisis mundial de 1929 se desarrolló el proceso de sustitución de importaciones que redundó en el crecimiento de la industria. Hacia la década de 1970 comenzaron las exportaciones de textiles y calzado. En paralelo, Brasil se convirtió en un fuerte receptor de inversiones extranjeras de Estados Unidos y Europa que se focalizaron en las industrias de bienes de consumo duraderos –automóviles y electrodomésticos– de la mano de empresas como Ford, GM, Volkswagen, Whirlpool, Scania, Volvo y Mercedes Benz entre las más destacadas. Con el régimen militar crecieron las empresas constructoras nacionales –Odebrecht, Camargo Correa y Andrade Gutierrez–, se creó en 1969 la empresa aeroespacial Embraer y la industria petroquímica en base a la alianza entre el Estado, capitales privados y extranjeros». (Raúl Zibechi; Brasil potencia: Entre la integración regional y un nuevo imperialismo, 2012)

Después del golpe militar de 1964, se decidió al año siguiente suprimir todos los partidos excepto dos el ARENA y el MDB, los detenidos y ejecutados de forma extrajudicial era el pan de cada día. Con el régimen acusado por la crisis Geisel anunció en 1974 la relajación del nivel de censura y represión del régimen para calmar a la oposición, esto abrió una brecha que permitía aprovechar los nuevos aunque pequeños cauces legales abiertos. En 1979 se permitió la participación electoral de nuevos partidos que empezarían a rivalizar por cuotas de poder. En esta coyuntura la oposición crecía exponencialmente pese al cambio de leyes electorales, y al terror en las calles. Y aunque la economía se había modernizado y estabilizado comparado con los países de alrededor, las masas no veían reflejados esos avances en su nivel de vida, por lo que las protestas y la conflictividad social continuarían hasta nuestros días.

Esto significa que Brasil no es hasta los años 70 cuando se empieza a conformar en serio la idea de su proyecto político imperialista, y siempre bajo la tutela,  alianza y ayuda del imperialismo estadounidense; de hecho, sin EEUU no habría podido darse esta evolución o bien habría tardado muchas décadas en el propósito de desarrollar sus fuerzas productivas que le permitieran consolidar ese proyecto imperialista:

viernes, 19 de octubre de 2018

El trotskismo boliviano, y sus concepciones sobre el ejército burgués y la revolución


«El trotskismo con su literatura repetitiva y palabrería insultante, también por su parte pretedió dividir al movimiento obrero, atacando al Comité Ejecutivo de la la Central Obrera Boliviana (COB). Sin embargo, caracterizado como está en nuestro medio, todas sus peroratas cayeron en el vacío.

En nuestro país, el trotskismo, cuyo aventurerismo y maximalismo es índice de que está huérfano de apoyo popular, plantea la toma del poder en todo tiempo y lugar, con la peregrina idea de que al influjo de la movilización gruesos sectores de las fuerzas armadas secundarán la acción obrera, le proveerán de armas y la toma de poder sería una realidad.

Esta concepción idealista niega el rol del partido de la clase obrera de conductor y guía de la insurrección, reduciendo dicho papel «únicamente (a) lanzar esta consigna, pero no (de) imponer desde el exterior la necesidad misma de ser gobierno, (puesto) que esto es resultado de un particular proceso interno que tiene lugar en las masas», según su dirigente Lora (Boletín Masas, Núm. XXX). Este increíble texto mucho más cercano de Hegel que de Marx, ignora la relación dialéctica entre el partido y las masas y atribuye al desarrollo de la conciencia para la toma del poder a un particular proceso –voluntarista de las masas.

De ahí concluye el trotskismo en la necesidad de que sea un cierto sector del Ejército el que brinde el apoyo logístico a la insurrección armada popular, afirmando además que por su origen de clase los oficiales, clases y soldados del Ejército todos ellos salidos del pueblo, por esta situación, todos ellos se volcarán en favor de la clase obrera y determinarán el triunfo de la insurrección armada de las clases oprimidas.

Los oficiales, clases y soldados responden a una jerarquía que dentro del Ejército es inculcada, respetada y castigada cuando alguien pretende violarla. Los mandos superiores son los que deciden, y las órdenes, como ellos afirman, no se discuten, sino que se cumplen. De haber sido cierta la tesis trotskista que comentamos, las diferentes situaciones revolucionarias que se han presentado en nuestro país habrían dado lugar a tantas insurrecciones armadas y el pueblo y su clase obrera, en estos momentos, ya estaría en posesión del poder. Si el trotskismo quiere recurrir a la experiencia de la insurrección armada de 1952, no debe olvidarse de que en ese entonces hubo un partido, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), que hegemonizó todo el proceso de la insurrección popular.

Además, hay razones sobradas para que los oficiales, clases y soldados de las fuerzas armadas estén divorciadas del pueblo; su condición de casta privilegiada que es antagónica a la situación e intereses de la clase obrera. De ahí que la labor voluntarista del trotskismo se estrelle contra la pared y no deje de ser un discurso lírico ajeno no sólo a nuestra realidad sino a la experiencia histórica de todos los pueblos». (Partido Comunista de Bolivia (marxista-leninista); Las gloriosas jornadas de marzo. El desafío histórico del proletariado minero y los trabajadores bolivianos frente a la burguesía y el imperialismo; Publicado en «Teoría y práctica», Nº5, 1985)

Anotación de Bitácora (M-L):

Ya dijimos una vez:

«1) El proletariado no puede dejar de tener su cuerpo militar bien para defenderse en las condiciones donde todavía no ha tomado el poder y porque debe ir curtiéndose en lo militar y preparar la toma de poder;

2) La participación dentro de los límites de la democracia burguesa no puede dar el anhelo al cambio político, económico y cultura que desea el proletariado, debe demoler toda la maquinaria del Estado burgués –el parlamento, los cuerpos represivos, las leyes burguesas, etc.– y crear un poder popular propio con su propio ejército popular, cambio al que la burguesía no estará dispuesta a contemplar de brazos cruzados ni de forma pacífica;

3) Cualquier reforma política que consiga el proletariado y las masas trabajadoras en el marco de la democracia burguesa debe ser una victoria de concienciación, un impulso para la revolución, que tomará en sus manos el poder político, y dependiendo del contexto y al ritmo debido, todos los medios de producción acabando con el capitalismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Una reflexión necesaria sobre las FARC-EP, los acuerdos de paz y la historia de las guerrillas en Colombia, 2016) 

Apúntese que otra desviación sobre el tema igual de errónea es creer como algunos ultraizquierdistas que dentro de los cuerpos represivos son un todo homogéneo ultrareaccionario, donde no existen elementos del pueblo con unas mínimas inclinaciones progresistas, o peor aún que en el caso de ser unos reaccionarios todos y cada uno de ellos: que no se debe realizar un trabajo entre ellos para desmoralizarlos y neutralizarlos y que por tanto había que abandonar toda agitación entre ellos. He aquí porqué de nuevo el rol del partido comunista es indispensable. Véase el post: Los comunistas y su trabajo dentro de los cuerpos represivos.

La canonización de lo divino para la religión, han sido aquellas cosas provechosas en lo socio-económico para el ser humano


«La esencia divina que se pueda manifestar en la naturaleza no es otra cosa que la naturaleza misma que se manifiesta, se muestra y se impone al hombre como un ente divino. Los aztecas tenían, entre otros muchos dioses, también a un dios [1] de la sal. Este dios de la sal nos desvela de forma patente la esencia del dios de la naturaleza en general. La sal –sal gema– representa para nosotros en sus diversas utilizaciones de tipo económico, medicinal y tecnológico, el aspecto útil y beneficioso de la naturaleza que tan señalado ha sido por los teístas. En la impresión que nos produce en los ojos y en el ánimo por sus colores, su esplendor y su transparencia, representa para nosotros la belleza; por su estructura y forma cristalina representa la armonía y la simetría; al estar formada por elementos opuestos puede representar para nosotros la conexión de los elementos de la naturaleza formando un todo, una conexión que los teístas han tomado siempre por una prueba irrefutable de la existencia de un regente de la naturaleza distinto a ella porque precisamente son los elementos y las sustancias opuestas las que se atraen entre sí y se unen sin ninguna intervención externa. Pero entonces, ¿qué es el dios de la sal? ¿Es quizás el dios cuya esfera, cuyo existir, cuya revelación, cuya virtud y cuyas propiedades están contenidas en sal? Pues no se trata más que de la sal misma, la sal por cuyas propiedades y por cuya virtud se le aparece al hombre como un ente divino, es decir, beneficioso, espléndido, precioso y admirable. Homero califica expresamente a la sal de «divina». Así pues, al igual que el dios de la sal no es más que la impresión y la expresión de la divinidad o de la naturaleza divina de la sal, también el dios del mundo, o de la naturaleza en general, es únicamente la impresión y expresión de la divinidad de la naturaleza». (Ludwig Feuerbach; La esencia de la religión, 1845)

Anotaciones de Ludwig Feuerbach:

[1] O, más exactamente una diosa, pero ahora eso da lo mismo.

Anotaciones de Bitácora (M-L):

La religión no deja de ser un reflejo de las condiciones materiales. Esto se refleja en que la mayoría de dioses conforme avanza la sociedad van adquiriendo cada vez más formas antropomórficas es decir, que tiene forma o apariencia humana, alejándose del culto prehistórico de objetos inanimados. Incluso si profundizamos un poco no es mero azar que posteriormente los dioses etíopes fueran representados con la tez negra a semejanza de sus adoradores, o que en el arte íbero aparezca el toro, animal fundamental de su entorno y economía.

Pero incluso si nos retrotraemos a la adoración de objetos inanimados «simples» a nuestros ojos como las piedras no nos debe parecer descabellada tal culto para aquel entonces, porque efectivamente tenían una importancia clave para su época. A ejemplo el canto callado fue el primer instrumento fabricado por los antepasados del hombre, un hito en la historia de las especies, pues nadie salvo el ser humano ha logrado producir un instrumento propio. Los animales como por ejemplo el mono puede valerse de palos o piedras para llegar a alimentos o defenderse pero jamás han fabricado sus propios instrumentos. El sílex fue el elemento estrella de la Edad de Piedra por su uso polifacético. Pensemos que las piedras eran un instrumento de avance tecnológico de la época como podría serlo la rueda o la pólvora mucho después, era un nexo de unión y a la vez enajenación de la naturaleza, pues por un lado acercaba al ser humano a la posibilidad de interactuar más activamente con la naturaleza sin tanto miedo ni desconfianza al medio, pero por otro empezaba el «peligroso» camino de las creaciones artificiales que distanciarían al ser humano de la naturaleza en milenios posteriores. La adoración de este tipo de elementos como objetos divinos está más que justificado.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Clara Zetkin y los recuerdos de sus conversaciones con Lenin sobre arte y cultura general


«Lenin nos encontró a las tres mujeres hablando de arte y de cuestiones de cultura y educación. Yo expresaba en aquel mismo instante mi admiración entusiasta por la labor titánica de cultura de los bolcheviques, por la fermentación y la agitación de las fuerzas creadoras que pugnaban por abrir al arte y a la cultura nuevos caminos. Pero, al hacerlo, no ocultaba mi impresión de que en todo aquello había mucho, muchísimo de vago e inseguro, de tanteo y experimentación y de que, con la pugna apasionada por encontrar nuevo contenido, nuevas formas, nuevos caminos de vida cultural, se mezclaba también algo de «snobismo» cultural y artístico a la moda occidental. Lenin intervino en la conversación inmediatamente y con toda vivacidad. 

«Ese despertar, esa plétora de fuerza que luchan por dar a la Rusia soviética un nuevo arte y una nueva cultura –dijo Lenin está bien, muy bien. El ritmo tempestuoso de esta evolución es natural y conveniente. La Rusia soviética quiere y debe recobrar el tiempo perdido durante siglos. Esa fermentación caótica, esa búsqueda febril de nuevas fórmulas y soluciones, ese «Hosanna» que hoy se canta a determinadas tendencias artísticas y espirituales, para mañana cantarles el «Crucifícalas»: todo eso es inevitable. 

La revolución desencadena todas las fuerzas contenidas y las sacas del fondo a la superficie. Para poner un ejemplo. Piense usted en la presión que ejercieron sobre el desarrollo de nuestra pintura, de nuestra escultura y arquitectura, las modas y los caprichos de la corte zarista y los gustos y las preferencias de los señores aristócratas y burgueses. En una sociedad basada en la propiedad privada, el artista produce artículos para el mercado, y necesita compradores. Nuestra revolución ha librado a los artistas del peso de este prosaico estado de cosas. Ha convertido al Estado soviético en su protector y cliente. Todo artista y todo el que se tenga por artista se cree, y tiene razón, con derecho a crear libremente con arreglo a su ideal, sin preocuparse de que lo que crea sirva o no para algo. Ahí tiene usted el porqué de toda esa fermentación, de todos esos experimentos, de todo ese caos.

Pero, naturalmente, nosotros somos comunistas. No podemos cruzarnos de brazos y dejar que el caos fermente como le apetezca. Tenemos que encauzar también, clara y conscientemente, esta evolución, procurando moldear y dirigir sus resultados. Y en esto sí que no estamos todavía, ni mucho menos, a la altura de las circunstancias. Somos demasiado «iconoclastas». Hay que conservar lo bello y tomarlo por modelo, empalmar con ello, aunque sea «viejo», ¿Por qué volverse de espaldas a lo que es realmente bello y repudiarlo definitivamente como punto de arranque para seguir evolucionando por el mero hecho de ser «viejos? ¿Y por qué adorar a lo nuevo como a un dios al que se debe obediencia sólo por ser «nuevo»? Esto es un absurdo, un puro absurdo. Por lo demás, aquí hay también mucho de «snobismo» convencional y de respeto a la moda artística de Occidente. Inconscientemente, claro está. Somos buenos revolucionarios, pero nos creemos obligados a demostrar que estamos al «nivel de la cultura contemporánea». Yo tengo el valor de aparecer como un «bárbaro». No acierto a considerar como las revelaciones más altas del genio artístico el expresionismo, el futurismo, el cubismo, y todos esos ismos. No los comprendo. No me producen la menor emoción». 

Yo no pude por menos de confesar que tampoco poseía el órgano adecuado para comprender que la forma de expresión artística de un alma apasionada fuese un triángulo en vez de una nariz, ni concebía que el impulso de realizaciones revolucionarias convirtiese el cuerpo del hombre en un saco informe puesto sobre dos zancos y con dos tenedores de cinco púas por brazos. Lenin se echó a reír con todas sus ganas. 

«Si, querida Clara; no hay duda que somos ya viejos. Nos contentaremos con seguir siendo jóvenes, por ahora, en la revolución y conseguir marchando en la vanguardia revolucionaria. Con el nuevo arte, ya no podemos, no hacemos más que renquear detrás de él. 

Pero prosiguió Lenin lo que interesa no es nuestra opinión acerca del arte. Ni interesa tampoco lo que dé el arte a unos cuantos cientos o a unos cuantos miles, en un pueblo que cuenta tantos millones como el nuestro. El arte es para el pueblo. Debe clavar sus raíces más profundas en las grandes masas trabajadoras. Debe ser comprendido y amado por éstas. Debe unirlas y levantarlas en sus sentimientos, en sus ideas y en su voluntad. Debe sacar y educar artistas en ellas. No podemos alimentar a una minoría con bizcocho dulce y hasta refinado, mientras las masas obreras y campesinas carecen de pan negro. Y no digo esto, como se comprende, en el sentido literal de la palabra, sino también en un sentido figurado. No perdamos nunca de vista a los obreros y a los campesinos. Aprendamos a administrar y a calcular con la vista puesta en ellos, sin excluir tampoco el arte y la cultura. 

Para que el arte pueda llegar al pueblo y el pueblo al arte, lo primero que tenemos que hacer es levantar nuestro nivel general de educación y de cultura. Se entusiasma usted ante la inmensa obra cultural que hemos realizado desde que estamos en el Poder. Y es verdad; sin jactancia, podemos decir que en este respecto hemos hecho mucho, muchísimo. No nos hemos limitado a cortar cabezas, como nos achacan los mencheviques de todos los países y sus Kautskys; también hemos llevado a ellas la luz. A muchas. Pero «muchas», si las medimos por el pasado y por los pecados de las clases y pandillas que antes gobernaban nuestro país. Ante nosotros se alza, grande, gigantesca, la necesidad de educación y de cultura despertada y espoleada por nosotros en los obreros y en los campesinos. No sólo en Petrogrado y en Moscú, en los centros industriales, sino también en el campo, en las aldeas. Y hay que tener en cuenta que somos un pueblo pobre, un pueblo de mendigos.

Querámoslo o no, la mayoría de los viejos resultan, culturalmente, sacrificados, desheredados. Es cierto que desplegamos una lucha verdaderamente tenaz contra el analfabetismo. Fundamos bibliotecas y «chozas de lectura» en las pequeñas ciudades y las aldeas. Organizamos cursos de la más diversa especie. Organizamos buenas representaciones teatrales y buenos conciertos, enviamos al campo «cruzadas culturales» y «exposiciones volantes». Pero, repito, que todo esto significa muy poco comparado con los muchos millones de seres que carecen hasta de los conocimientos más elementales, de la cultura más primitiva. Mientras que en Moscú se entusiasmarán esta noche unas diez mil personas, y mañana otras diez mil, asistiendo a brillantes representaciones teatrales, grita clamorosamente la apetencia de millones de seres por poseer el arte de deletrear, de escribir su nombre, de saber sumar, grita clamando por cultura, clamando por saber que la tierra es una bola y no un disco, que el mundo se gobierna por leyes naturales y no por brujas y encantadores, aliados al Padre celestial».

«No se queje usted tan amargamente del analfabetismo, camarada Lenin —intervine yo—; pues, seguramente, que hasta cierto punto ha servido para facilitar la revolución. Gracias a él, el cerebro de los obreros y los campesinos no se ha visto atascado y apestado de ideas y concepciones burguesas. En esos cerebros, la propaganda y la agitación caen en tierra virgen. Es más fácil sembrar y cosechar en tierra como esa que no donde antes de labrar hay que desarraigar toda una selva de prejuicios»

«Sí, es exacto —replicó Lenin—; pero sólo hasta cierto punto; mejor dicho, dentro de una cierta etapa de lucha. El analfabetismo era perfectamente compatible con la lucha por la conquista del Poder, con la necesidad de destruir la vieja máquina del Estado. Pero, ¿acaso nosotros destruimos por el sólo gusto de destruir? No; destruimos para construir otra cosa mejor. Y el analfabetismo se concilia mal, no se concilia, en modo alguno, en la obra constructiva. Y esta obra ha de ser, según Marx, realizada por los propios obreros, y también por los campesinos, añado yo, si quieren emanciparse. Nuestro régimen soviético facilita estas tareas. Gracias a él, miles de trabajadores aprenden a laborar constructivamente en los diversos Soviets y órganos soviéticos. Son hombres y mujeres «en lo mejor de la vida», como ustedes suelen decir. Se trata, por tanto, y esto es lo que interesa, de gentes que, en su mayoría, se han criado bajo el antiguo régimen y, por consiguiente, sin educación y sin cultura. Hoy, estos hombres pugnan apasionadamente por alcanzar la cultura y la educación que no les dieron. Nosotros nos esforzamos cuanto podemos por incorporar a la labor de los Soviets a nuevos hombres y nuevas mujeres educándolos de este modo práctica y teóricamente. Pero, a pesar de todos nuestros esfuerzos, la necesidad de elementos administrativos y constructivos dista mucho de estar cubierta. Esto nos obliga a emplear a burócratas a la antigua usanza, y nos encontramos con un burocratismo gremial. Yo lo odio de todo corazón. No al burócrata individual, que puede ser un hombre muy útil. Odio al sistema, pues lo paraliza y corrompe todo de arriba a abajo. Pero para vencer y desterrar el burocratismo, no hay más que un camino decisivo: llevar a las grandes masas del pueblo la enseñanza y la cultura». (Clara Zetkin; Recuerdos sobre Lenin, 1925)

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lunes, 15 de octubre de 2018

No hay, ni puede haber, un «marxismo heterodoxo» salvo para los revisionistas eclécticos; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«Soy heterodoxo y considero que la unidad obrera, por la lucha por el socialismo debe incluir de cierta forma a muchos factores y corrientes en sus coincidencias, y debe tener la serenidad de discutir sus diferencias. Por ejemplo, he ido a dar varias charlas y conferencias con Marea Socialista también, y otras organizaciones». (Manuel Sutherland; Declaraciones, 16 de enero de 2017)

Es completamente estúpido denominarse heterodoxo si uno se considera un hombre de ciencia, es de una ignorancia supina hablar de varias corrientes del socialismo científico, pues socialismo científico solo puede haber y hay uno:

«Las tesis teóricas de los comunistas no se basan en modo alguno en ideas y principios inventados o descubiertos por tal o cual reformador del mundo. No son sino la expresión de conjunto de las condiciones reales de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico que se está desarrollando ante nuestros ojos». (Karl Marx y Friedrich Engels; El manifiesto del partido comunista, 1848)

La propia dialéctica de los acontecimientos ha demostrado en la práctica que corriente es verdaderamente científica y cual no:

«Hoy no hay necesidad de que se inventen nuevos «socialismos», ni de que se copien los llamados socialismos de los revisionistas modernos, como el soviético, yugoslavo, chino y otros, que de socialismo solo tienen el nombre. Qué es el socialismo, qué representa y realiza, cómo se logra y se construye la sociedad socialista, no son cosas desconocidas. Existe una teoría y una práctica del socialismo científico. Esa teoría nos la enseñan Marx, Engels, Lenin y Stalin. Su práctica la encontramos en la rica experiencia de la construcción del socialismo en la Unión Soviética del tiempo de Lenin y Stalin, la encontramos hoy también en Albania, donde la nueva sociedad se edifica según las enseñanzas del marxismo-leninismo. Claro está que el socialismo, como ha dicho Lenin, tendrá diferentes fisonomías y sus propias peculiaridades en diferentes países, lo que se deriva de las condiciones socio-económicas, del camino a través del que se desarrolla la revolución, de las tradiciones, de las circunstancias internacionales, etc., pero los principios básicos y las leyes generales del socialismo permanecen inalterables y son indispensables para todos los países. (...) La claridad en esta cuestión y el establecimiento de una neta línea de demarcación entre el socialismo auténtico y el pseudosocialismo, revisten una importancia capital para el desarrollo con éxito de la lucha de la clase obrera y de las masas trabajadoras. Sin tener una clara imagen de la sociedad socialista y sin atenerse a sus principios y leyes generales, la revolución se queda a mitad de camino. Es posible llevar a cabo la revolución, pero cuando falta la verdadera perspectiva socialista, puede desviarse y resultar inútiles la lucha y los sacrificios realizados por su triunfo». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

Expliquemos una vez más que es y en que descansa el marxismo-leninismo:

«El marxismo como ciencia no es un sistema de ideas congeladas inmutables, sino un sistema de pensamiento que se desarrolla históricamente. Sin embargo, mientras que la evolución continúa, el marxismo sigue siendo un sistema único y autónomo, como resultado del cual tiene una única interpretación correcta, en virtud de su esencia científica. De la misma manera los fenómenos de la naturaleza y sus leyes de desarrollo son estudiados por tales ramas de las ciencias naturales como la química, la biología, la física, etc., los fenómenos sociales son estudiados e interpretados por la ciencia marxista. Por la misma razón por la que sólo existe una posible interpretación científica de los fenómenos de la naturaleza, existiendo una ciencia de la química, la biología, la física, y no dos o más ciencias de la química, la biología y la física, solo existe pues, un sistema científico único que es capaz de estudiar e interpretar los fenómenos sociales. Los principios del marxismo-leninismo no son postulados acerca de las leyes que rigen la sociedad y la historia por los siglos de los siglos. Son el resultado de un esfuerzo titánico para generalizar el conocimiento sobre los fenómenos sociales y que mejor reflejan su esencia. Por tanto, estos principios no son verdades eternas, la quintaesencia del pensamiento humano, concebido por las mentes de los genios. Los principios del marxismo-leninismo no preceden a la historia propia; sino que son un producto de la historia misma y que se derivan de esta última, son un reflejo de las leyes objetivas que rigen la realidad. Los principios del marxismo-leninismo no son un conocimiento místico de los ancianos, sino la mínima expresión de una ciencia en toda regla, cuyo objetivo final es comprender los procesos sociales con el propósito de cambiar la sociedad». (Rafael Martínez; Sobre el Manual de Economía Política de Shanghái, 2004)

Históricamente los autodenominados «marxistas heterodoxos» no eran sino personajes que negaban el marxismo bajo premisas del idealismo, pragmatismo, escepticismo o relativismo, y por supuesto, siempre bajo una alta dosis de oportunismo político:

«No hace falta mencionar tampoco a ese tipo de pretendidos marxistas que bajo el idealismo o el escepticismo dicen que el marxismo-leninismo –con la andadura que tiene a estas alturas– no tiene paradigma a seguir, que no puede diferenciarse lo que es o no es marxista, que tesis que está dentro de sus patrones o cuáles no, en consecuencia de este tipo de pensamiento, este tipo de marxista-leninistas no consideran al marxismo-leninismo como una ciencia: ellos no pueden ser marxista-leninistas. Rebajarse a las declaraciones formales sobre la unión de todas las «corrientes comunistas» es la forma más descarada de oportunismo, ya que corriente solo hay una; marxismo-leninismo, comunismo, socialismo científico, o como quiera decorarse a la hora de nombrarse, y estipula claramente con su teoría y práctica que figura está y quién no está dentro de esta corriente, que principios y axiomas y cuáles conforman la doctrina y cuáles no, otro caso totalmente diferente sería, que el individuo no encuentre patrón a seguir dentro de la teoría marxista-leninista sobre un caso concreto, ni sepa descifrarlo con las herramientas que el marxismo-leninista proporciona gracias al materialismo-dialéctico, en este tipo de casos los errores que pueden emanar de una situación extraordinaria pueden ser perdonables los errores, ya que la dialéctica de los fenómenos nos pone ante nuevos retos y nos pondrá ante otros inimaginables, otra cosa diferente es como decimos, errar bajo teorizaciones conscientes quebrantando axiomas conocidos sin aportar prueba de porqué se atenta contra él, mucho más imperdonable es cuando se hace esto cargando con la fanfarronería que la «neoteoría» creada es mejora y superior a cualquier exposición del marxismo-leninismo en dicho tema». (Equipo de Bitácora (M-L); Diferencias entre unidad entre marxista-leninistas y la unión ecléctica de pretendidos o simpatizantes de dicha doctrina, 2013)

sábado, 13 de octubre de 2018

El porvenir de la religión según Bebel


«Con la religión ocurre lo mismo que con el Estado. No se «abolirá», no «se suprimirá a Dios», «a la gente no se le arrancará la religión del corazón», como se dice en los discursos tontos con que se ataca a los socialdemócratas ateos. La socialdemocracia deja esos absurdos a los ideólogos burgueses, que ensayaron esos métodos en la revolución francesa y, naturalmente, tuvieron un triste fracaso. Las organizaciones religiosas y, con ellas, las iglesias, desaparecerán gradualmente, sin ataques violentos y sin represión de las opiniones.

La religión es el reflejo transcendente del estado social del momento. A medida que avanza el desarrollo humano, que se transforma la sociedad, se transforma también la religión, es, como dice Marx, el deseo de felicidad ilusoria del pueblo, que brota de un estado social que necesita de la ilusión [1], pero desparece tan pronto como penetra en las masas el conocimiento de la felicidad verdadera y la posibilidad de realizarla. En interés propio, las clases dominantes aspiran a impedir este conocimiento, y, por eso, pretenden conservar la religión como medio de su dominación, actitud que se expresa de un modo evidente en la conocida frase: «La religión debe conservarse para el pueblo». Este negocio desempeña una función oficial importante en la sociedad basada en el dominio de clases. Se forma una casta que se encarga de esta función y emplea toda su sagacidad en conservar y ampliar la institución, porque con ello aumenta su propio poderío y prestigio.

Al principio fetichismo, en el estadio cultural más bajo, en las relaciones sociales primitivas, la religión se convierte en politeísmo en el desarrollo superior, monoteísmo en la cultura más avanzada aún. No son los dioses los que crean al hombre, son los hombres los que se hacen los dioses, a Dios. «Tomándose a sí mismo –al hombre por imagen, lo creó a Dios como modelo», y no viceversa. El monoteísmo se ha disuelto ya en un panteísmo que todo lo abarca y penetra, y cada día se volatiliza más y más. Las ciencias naturales convirtieron en un mito la doctrina de la creación de la tierra en seis días; la Astronomía, las Matemáticas y la Física han convertido el cielo en una estructura de aire, las estrellas de la bóveda celeste, donde tienen su trono los ángeles, en estrellas fijas y planetas, cuya naturaleza excluye toda vida de ángel.

La clase dominante, que ve amenazada su existencia, se aferra a la religión como sostén de la autoridad, como ha hecho hasta ahora toda clase dirigente [2]. La burguesía misma no cree en anda, y con toda su evolución, con la ciencia moderna nacida en su seno, ha destruido la fe en la religión y toda autoridad. Su fe es solo aparente, y la Iglesia acepta la ayuda de la falsa amiga porque ella misma está necesitada de ayuda. «La religión es necesaria para el pueblo».

Para la nueva sociedad no existen ningunas reservas mentales. Su bandera es el incesante progreso humano y la ciencia verdadera. Si alguien tiene todavía necesidades religiosas, puede satisfacerlas con sus semejantes. La sociedad no se preocupa de eso. También el sacerdote tiene que trabajar para vivir, y como así aprende, también para él llegará el día en que reconozca que lo supremo es: ser hombre.

Las buenas costumbres y la moral existen también sin religión; solo los imbéciles y los farsantes pueden sostener lo contrario. Las buenas costumbres y la moral son la expresión de conceptos que regulan las relaciones de los hombres entre sí y sus acciones, la religión comprende las relaciones de los hombres con seres sobrenaturales. Mas lo mismo que la religión, también los conceptos sobre la moral brotan del correspondiente estado moral de los hombres [3]. El caníbal considera la antropofagia como algo muy moral; los griegos y romanos consideraban moral la esclavitud, el señor feudal de la Edad Media, la servidumbre de la gleba y el vasallaje; al capitalista moderno le parece altamente moral la relación entre salario y trabajo, la explotación de las mujeres y la desmoralización de los niños por el trabajo asalariado [4]. Cuatro estadios sociales y cuatro conceptos de la moral, pero en ninguno de ellos impera el concepto supremo de moral. El más alto estado moral es aquél en donde los hombres se enfrentan como seres libres e iguales, en donde el principio: «No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan a ti», rige todas las relaciones humanas. En la Edad Media regía el árbol genealógico, en el presente decide su propiedad, en el futuro regirá el hombre como hombre. Y el futuro pertenece al socialismo». (August Bebel; La mujer y el socialismo, 1879)

miércoles, 10 de octubre de 2018

¿Reformas o revolución?


«Hablando de la sociedad, se dice: ¿Hay que proceder por reformas o hacer la revolución? Se discute para saber si, para transformar la sociedad capitalista en una sociedad socialista, se llegará a ese objetivo mediante reformas sucesivas o por una transformación brusca: la revolución. Ante este problema, recordemos lo que ya habíamos estudiado. Toda transformación es el resultado de una lucha de fuerzas opuestas. Si una cosa evoluciona, es porque contiene en ella su contrario, ya que cada cosa es una unidad de contrarios. Se comprueba la disputa de los contrarios y la transformación de la cosa en su contrario. ¿Cómo se efectúa esta transformación? Este es el nuevo problema que se plantea. Se puede pensar que esta transformación se efectúa poco a poco, a través de una serie de pequeñas transformaciones, que la manzana verde se transforma en una manzana madura mediante una serie de pequeños cambios progresivos. Del mismo modo, mucha gente piensa que la sociedad se transforma poco a poco y que el resultado de una serie de esas pequeñas transformaciones será la transformación de la sociedad capitalista en sociedad socialista. Estas pequeñas transformaciones son las reformas, y será su totalidad, la suma de los pequeños cambios graduales, lo que nos dará una sociedad nueva. Esta es la teoría que se llama el reformismo. Se llama reformistas a los partidos de estas teorías no porque reclamen reformas, sino porque piensan que las reformas bastan, y que al acumularse deben transformar insensiblemente la sociedad. Examinemos si es verdad. 1. La argumentación política. Si observamos los hechos, es decir, lo que ha pasado en los otros países, veremos que, allí donde se ha ensayado este sistema, no ha tenido éxito. La transformación de la sociedad capitalista –su destrucción– ha tenido éxito en un sólo país: la U.R.S.S., y comprobamos que no ha sido mediante una serie de reformas, sino por la revolución. 2. La argumentacion histórica. ¿Es cierto que, de una manera general, las cosas se transforman por pequeños cambios, por reformas?

Veamos siempre los hechos. Si examinamos los cambios históricos, veremos que no se producen indefinidamente, que no son continuos. Llega un momento en que, en lugar de pequeños cambios, el cambio se produce mediante un salto brusco. En la historia de las sociedades, los acontecimientos notables que comprobamos son cambios bruscos, revoluciones.

En nuestros días, aún aquellos que no conocen la dialéctica saben que en la historia se han producido cambios violentos; sin embargo, hasta el siglo XVII se creía que «la naturaleza no da saltos»; no se querían ver los cambios bruscos en la continuidad de los cambios. Pero la ciencia intervino y demostró en los hechos que se producían cambios bruscamente. La Revolución Francesa de 1789 abrió aún más los ojos: era en sí misma un ejemplo evidente de total ruptura con el pasado. Y se llegó a comprender que todas las etapas decisivas de la Historia habían sido trastornos importantes,. bruscos, repentinos. Por ejemplo: de amistosas que eran, las relaciones entre tal y cual Estado se volvían más frías, luego tirantes, se envenenaban, adquirían un carácter de hostilidad y, repentinamente, era la guerra, brusca ruptura en la continuidad de los acontecimientos. O también: en Alemania, después de la guerra de 1914-18, hubo un ascenso gradual del fascismo, y luego, un día Hitler tomó el poder: Alemania entró en una nueva fase histórica. Hoy, aquellos que niegan estos cambios bruscos pretenden que son accidentes, es decir, una cosa que ocurre y que hubiera podido no ocurrir. Así se explican las revoluciones en la historia de las sociedades: «Son accidentes». Se explita, por ejemplo, que la caída de Luis XVI y la Revolución Francesa ocurrieron porque Luis XVI era un hombre débil y blando: «Si hubiera sido un hombre enérgico, no hubiéramos tenido la Revolución». Hasta se lee que si no hubiera prolongado su comida en Varennes, no lo hubieran arrestado y el curso de la historia hubiera, cambiado. Por lo tanto, se dice, la Revolución Francesa es un accidente. Por el contrario, la dialéctica reconoce que las revoluciones son necesidades. Hay muchos cambios continuos, pero al acumularse terminan por producir cambios bruscos. 3. La argumentación científica. Tomemos el ejemplo del agua. Partiendo de 0° y haciendo subir la temperatura del agua a 1º, 2º, 3º hasta 98°, el cambio es continuo. Pero ¿puede continuar así indefinidamente? Llegamos hasta 99°, pero a los 100º tenemos un cambio brusco: el agua se transforma en vapor.

Si, a la inversa, de 99° descendemos hasta 1º, tendremos de nuevo un cambio continuo, pero no podremos descender así indefinidamente, porque a 0°, el agua se transforma en hielo. De lº a 99°, el agua sigue siendo siempre el agua; sólo su temperatura cambia. Esto es lo que se llama un cambio cuantitativo, que responde a la pregunta «¿cuánto?», es decir, «¿cuánto calor en el agua?». Cuando el agua se transforma en hielo o en vapor, tenemos un cambio cualitativo, un cambio de calidad. Ya no es agua, se ha transformado en hielo o en vapor. Cuando la cosa no cambia de naturaleza tenemos un cambio cuantitativo, (en el ejemplo del agua, tenemos un cambio de grados de calor, pero no de naturaleza). Cuando cambia de naturaleza, cuando la cosa se convierte en otra cosa, el cambio es cualitativo. Por consiguiente, vemos que la evolución de las cosas no puede ser indefinidamente cuantitativa; al transformarse las cosas experimentan, finalmente, un cambio cualitativo. La cantidad se transforma en calidad. Esta es una ley general. Pero, como siempre, no hay que atenerse únicamente a esta fórmula abstracta. En el libro de Engels, AntiDühring, en el capítulo «Dialéctica, cantidad y calidad», se encontrará un gran número de ejemplos que harán comprender que, en todo como en las ciencias de la naturaleza, se verifica la exactitud de la ley, según la cual en ciertos grados del cambio cuantitativo se produce repentinamente una conversión cualitativa. He aquí un nuevo ejemplo, citado por H. Wallon en el tomo VIII de la Enciclopedia Francesa –donde se remite a Engels–: la energía nerviosa acumulada en un niño provoca la risa, pero si continúa aumentando, la risa se transforma en crisis de lágrimas; así, cuando los niños se excitan y ríen demasiado, terminan por llorar.

Daremos un último ejemplo bastante conocido: el del hombre que presenta su candidatura a un cargo cualquiera. Si hacen falta 4.500 votos para obtener la mayoría absoluta, el candidato no es elegido con 4.499 votos, sigue siendo lo que es: un candidato. Con un voto más, este cambio cuantitativo determina un cambio cualitativo, puesto que el candidato que era se convierte en un electo. Esta ley nos aporta la solución del problema: reforma o revolución. Los reformistas nos dicen: «Ustedes pretenden cosas imposibles que sólo ocurren por accidente; ¡son utopistas!». Pero por esta ley, se ve claramente quiénes son los que sueñan con cosas imposibles. El estudio de los fenómenos de la naturaleza y de la ciencia nos muestra que los cambios no son indefinidamente continuos, sino que en un cierto momento el cambio se vuelve brusco. No lo afirmamos nosotros arbitrariamente: ¡lo afirman la ciencia, la naturaleza, la realidad! Entonces puede preguntarse: ¿qué papel desempeñamos nosotros en estas transformaciones bruscas? Vamos a responder a esta pregunta y a desarrollar este problema mediante la aplicación de la dialéctica a la Historia. Hemos llegado a una parte muy célebre del materialismo dialéctico: el materialismo histórico». (Georges Politzer; Principios elementales de la filosofía, 1949)