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martes, 5 de mayo de 2020

Conatos en el PCE (m-l) de indiferencia en la posición sobre la cultura y la necesidad de imprimirle un sello de clase; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Muchos revisionistas o revolucionarios con ciertas deficiencias en la formación ideológica aluden a que «no existe cultura proletaria como tal», que «no existen pautas para configurar tal cosa». Otros utilizan la variante especulando y afirmando que «la cultura es algo neutra y por tanto todas las clases deben participar con su cosmovisión en la nueva cultura progresista y socialista». Estos puntos de vista coinciden con lo que en su momento defendía el revisionismo eurocomunista, en especial con el revisionismo francés. El Partido Comunista Francés (PCF) siempre simpatizó y se rodeó de un círculo de intelectuales que a las primeras de cambio sucumbieron a la presión de la ideología burguesa y renegaron del marxismo-leninismo, otros directamente nunca llegaron a ser marxistas –hablamos de los André Malraux, Pablo Picasso, André Stil, Louis Aragon, Sartre–. Estos autores acabaron clamando por la «completa liberación en el arte y la cultura», bajo falacias ya conocidas como que «Marx no se interesaba en absoluto por el arte o que era un ignorante en esta materia», o que Lenin «habría preconizado la libertad absoluta de creación». De ahí se explica que más que la adhesión al realismo socialista, propagando una cultura proletaria, estos hombres practicaban más bien el famoso eslogan liberal burgués del revisionismo chino: «Que se abran cien flores y compitan cien escuelas de pensamiento». 

Como acertadamente resume Enver Hoxha:

«Estos elementos han tenido como objetivo separar el arte y la literatura de la política y la ideología, naturalmente de la política proletaria y de la ideología marxista». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Siempre hemos recordado que hacer una excepción en cualquier campo sobre la lucha de clases que enfrenta al proletariado contra la burguesía es el gesto más notable de oportunismo.

Claro es también, que todas las corrientes burguesas y pequeño burguesas que inundan el arte, centran su base, parten, quiérase o no, del idealismo filosófico, encontrando en el caso del arte, en este caso, representación de dichas ideas:

«Todas ellas tienen una base filosófica común que es el idealismo con sus infinitas sutilezas. Esta es la esencia también de las corrientes que, a primera vista, aparecen como protestas de izquierda, radicales, contra la sociedad oficial burguesa, contra su cultura y su moral». (Enver Hoxha; Profundicemos la lucha ideológica contra las manifestaciones extrañas al socialismo y contra las actitudes liberales ante ellas, 1973)

lunes, 19 de noviembre de 2018

El futuro del arte y la literatura en la sociedad socialista según Bebel


«Cuando la sociedad nueva haya educado a los jóvenes hasta la mayoría de edad, cada cual se encargará luego de seguir su propia formación. Cada uno hará lo que su inclinación y sus disposiciones le dicten. Unos se dedicaran a una rama de las cada vez más brillantes ciencias naturales: antropología, zoología, botánica, mineralogía, geología, física, química, prehistoria, etc.; otros a las ciencias del espíritu, a la linguística, al arte, etc. Unos se harán, por pasión, músicos, otros pintores, escultores, actores. En el futuro no habrá ni gremios de artistas, ni de sabios ni de obreros manuales. Millares de talentos magníficos, hasta entonces reprimidos, se desarrollarán y darán a conocer su sabiduría y sus facultades cuando se presente la oportunidad. Ya no habrá ningunos músicos, actores, artistas ni sabios de profesión, sino por entusiasmo, por talento y por genio. Y lo que ellos rindan excederá a lo que actualmente se produce en estos campos, lo mismo que los productos técnicos, industriales y agrícolas de la sociedad futura superarán a los de ahora. Surgirá para las ciencias y las artes una era como jamás ha conocido el mundo, y sus creaciones estarán en concordancia con ella.

Nada menos que Richard Wagner imaginó ya en 1850, en su obra Kunst und Revolution [Arte y revolución], el renacimiento que experimentaría el arte una vez que existiesen condiciones dignas del hombre. Es una obra curiosa porque apareció inmediatamente después de una revolución fracasada en la que Wagner había participado. Wagner predice lo que traerá el futuro; se dirige directamente a la clase obrera, que tendrá que ayudar a los artistas a fundar el verdadero arte. Entre otras cosas, decía lo siguiente: «Cuando para los hombres libres del porvenir, el ganar el sustento ya no sea el de la vida, sino cuando, por el contrario, con el advenimiento de una nueva fe, o, mejor aún, ciencia, la obtención del sustento esté asegurada mediante una actividad natural correspondiente, en suma, cuando la industria no sea ya nuestra dueña sino nuestra sierva, entonces el objeto de la vida será la alegría de vivir, y aspirar a que, mediante la educación, nuestros hijos sean capaces y hábiles para gozar realmente de esta dicha. La educación, basada en el ejercicio de la fuerza y el cuidado de la belleza corporal, será puramente artística por afecto tranquilo al hijo y por amor a la prosperidad de su belleza, y cada persona será de algún modo un verdadero artista. La diversidad de las inclinaciones naturales hará que las más variadas direcciones alcancen una riqueza insospechada». He aquí un pensamiento socialista que coincide absolutamente con nuestra exposición.

En el futuro, la vida social será cada vez más pública. Esta tendencia la vemos del modo más claro en la posición de la mujer, enteramente cambiada en comparación con épocas anteriores. La vida doméstica se limitará a lo estrictamente preciso, mientras que la necesidad de sociabilidad tendrá el mas vasto campo ante sí. Grandes locales de reunión para conferencias y debates y para discutir todos los asuntos públicos, sobre los que en el futuro decidirá soberanamente la colectividad, comedores, salas de juegos y de lectura, bibliotecas, salas de conciertos y teatros, museos, gimnasios y campos de deportes, parques, paseos, baños públicos, establecimientos de educación e instrucción de toda especie, laboratorios, etc., todo ello equipado de la mejor manera posible, ofrecerán al arte y a la ciencia, y a toda clase de esparcimiento las mejores oportunidades para producir lo máximo. También responderán a las máximas exigencias los establecimientos para el cuidado de los enfermos y ancianos.

¡Qué mezquina nos parecerá nuestra época, antes tan alabada! Esta adulación por el favor y el sol de los de arriba, estos sentimientos serviles, de perro, esta lucha celosa de unos contra otros por el puesto preferido, llevada a cabo con los medios más odiosos y más bajos; y al mismo tiempo, opresión de las verdaderas convicciones, ocultación de las buenas cualidades, que podrían disgustar a los poderosos, castración del carácter, doblez de ideas y sentimientos –estas cualidades, que podrían calificarse en pocas palabras de cobardía e hipocresía, resultan cada día más repugnantes. Lo que enaltece y ennoblece al hombre, la dignidad personal, la independencia e incorruptibilidad de las convicciones, suelen ser en las condiciones actuales errores y debilidades. A menudo, estas cualidades arruinan a su portador, si es que no puede reprimirlas. Muchos no sienten su propio envilecimiento porque están acostumbrados a él. El perro encuentra muy natural tener un amo que le dé a probar el látigo cuando está de mal humor.

domingo, 4 de noviembre de 2018

La tendencia al irracionalismo o al racionalismo en las artes burguesas


«Otro aspecto del marco estético burgués-revisionista, es el irracionalismo de su visión del mundo. Tratando la estética y el arte modernista. El camarada Enver Hoxha dice: 

«En este irracionalismo literario y artístico ilimitado, la burguesía emplea las más diversas formas y medios más diversos, para que los «talentos» de este pensamiento irracional sean capaces con su pluma y otros procesos,  de presentar las cosas de manera que engañen a tantas personas como les sea posible y hacer de la literatura y las artes un medio de contaminar total o parcial de las mentes, sin olvidar nunca su objetivo final, que es corromper las conciencias y desorientar a las masas». (Enver Hoxha; Informes y discursos, 1967-1968)

Un gran número de esteticistas burgueses y revisionistas han sostenido durante siglos que el arte se ha agotado al reflejar el pensamiento y la verdad, lo que se denomina la esencia, y que, para recuperar su propio valor estético, debe liberarse del pensamiento, la racionalidad, la lógica y devenir en irracional. La «emancipación» del arte de lo racional es considerada por la estética burguesa revisionista como un camino de salvación para los artistas, quienes de este modo subordinan el acto creativo a la influencia de una fuerza natural, del instinto. Privándolo de cualquier carácter ideológico. Es por esta razón que apoyan el primitivismo, la infancia en el arte, porque según ellos, el hombre primitivo, los niños, están menos socializados, están liberados de los «superestratos» de los prejuicios sociales e ideológicos. La estética burguesa presenta a sus ídolos como niños que miran el mundo y lo reflejan en sus obras con ingenuidad, con una sinceridad y pureza propias de la infancia, sin compromisos ideológicos.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Clara Zetkin sobre sus conversaciones con Lenin sobre arte y educación


«Lenin nos encontró a las tres mujeres hablando de arte y de cuestiones de cultura y educación. Yo expresaba en aquel mismo instante mi admiración entusiasta por la labor titánica de cultura de los bolcheviques, por la fermentación y la agitación de las fuerzas creadoras que pugnaban por abrir al arte y a la cultura nuevos caminos. Pero, al hacerlo, no ocultaba mi impresión de que en todo aquello había mucho, muchísimo de vago e inseguro, de tanteo y experimentación y de que, con la pugna apasionada por encontrar nuevo contenido, nuevas formas, nuevos caminos de vida cultural, se mezclaba también algo de «snobismo» cultural y artístico a la moda occidental. Lenin intervino en la conversación inmediatamente y con toda vivacidad. 

«Ese despertar, esa plétora de fuerza que luchan por dar a la Rusia soviética un nuevo arte y una nueva cultura –dijo Lenin está bien, muy bien. El ritmo tempestuoso de esta evolución es natural y conveniente. La Rusia soviética quiere y debe recobrar el tiempo perdido durante siglos. Esa fermentación caótica, esa búsqueda febril de nuevas fórmulas y soluciones, ese «Hosanna» que hoy se canta a determinadas tendencias artísticas y espirituales, para mañana cantarles el «Crucifícalas»: todo eso es inevitable. 

La revolución desencadena todas las fuerzas contenidas y las sacas del fondo a la superficie. Para poner un ejemplo. Piense usted en la presión que ejercieron sobre el desarrollo de nuestra pintura, de nuestra escultura y arquitectura, las modas y los caprichos de la corte zarista y los gustos y las preferencias de los señores aristócratas y burgueses. En una sociedad basada en la propiedad privada, el artista produce artículos para el mercado, y necesita compradores. Nuestra revolución ha librado a los artistas del peso de este prosaico estado de cosas. Ha convertido al Estado soviético en su protector y cliente. Todo artista y todo el que se tenga por artista se cree, y tiene razón, con derecho a crear libremente con arreglo a su ideal, sin preocuparse de que lo que crea sirva o no para algo. Ahí tiene usted el porqué de toda esa fermentación, de todos esos experimentos, de todo ese caos.

Pero, naturalmente, nosotros somos comunistas. No podemos cruzarnos de brazos y dejar que el caos fermente como le apetezca. Tenemos que encauzar también, clara y conscientemente, esta evolución, procurando moldear y dirigir sus resultados. Y en esto sí que no estamos todavía, ni mucho menos, a la altura de las circunstancias. Somos demasiado «iconoclastas». Hay que conservar lo bello y tomarlo por modelo, empalmar con ello, aunque sea «viejo», ¿Por qué volverse de espaldas a lo que es realmente bello y repudiarlo definitivamente como punto de arranque para seguir evolucionando por el mero hecho de ser «viejos? ¿Y por qué adorar a lo nuevo como a un dios al que se debe obediencia sólo por ser «nuevo»? Esto es un absurdo, un puro absurdo. Por lo demás, aquí hay también mucho de «snobismo» convencional y de respeto a la moda artística de Occidente. Inconscientemente, claro está. Somos buenos revolucionarios, pero nos creemos obligados a demostrar que estamos al «nivel de la cultura contemporánea». Yo tengo el valor de aparecer como un «bárbaro». No acierto a considerar como las revelaciones más altas del genio artístico el expresionismo, el futurismo, el cubismo, y todos esos ismos. No los comprendo. No me producen la menor emoción». 

Yo no pude por menos de confesar que tampoco poseía el órgano adecuado para comprender que la forma de expresión artística de un alma apasionada fuese un triángulo en vez de una nariz, ni concebía que el impulso de realizaciones revolucionarias convirtiese el cuerpo del hombre en un saco informe puesto sobre dos zancos y con dos tenedores de cinco púas por brazos. Lenin se echó a reír con todas sus ganas. 

«Si, querida Clara; no hay duda que somos ya viejos. Nos contentaremos con seguir siendo jóvenes, por ahora, en la revolución y conseguir marchando en la vanguardia revolucionaria. Con el nuevo arte, ya no podemos, no hacemos más que renquear detrás de él. 

Pero prosiguió Lenin lo que interesa no es nuestra opinión acerca del arte. Ni interesa tampoco lo que dé el arte a unos cuantos cientos o a unos cuantos miles, en un pueblo que cuenta tantos millones como el nuestro. El arte es para el pueblo. Debe clavar sus raíces más profundas en las grandes masas trabajadoras. Debe ser comprendido y amado por éstas. Debe unirlas y levantarlas en sus sentimientos, en sus ideas y en su voluntad. Debe sacar y educar artistas en ellas. No podemos alimentar a una minoría con bizcocho dulce y hasta refinado, mientras las masas obreras y campesinas carecen de pan negro. Y no digo esto, como se comprende, en el sentido literal de la palabra, sino también en un sentido figurado. No perdamos nunca de vista a los obreros y a los campesinos. Aprendamos a administrar y a calcular con la vista puesta en ellos, sin excluir tampoco el arte y la cultura. 

Para que el arte pueda llegar al pueblo y el pueblo al arte, lo primero que tenemos que hacer es levantar nuestro nivel general de educación y de cultura. Se entusiasma usted ante la inmensa obra cultural que hemos realizado desde que estamos en el Poder. Y es verdad; sin jactancia, podemos decir que en este respecto hemos hecho mucho, muchísimo. No nos hemos limitado a cortar cabezas, como nos achacan los mencheviques de todos los países y sus Kautskys; también hemos llevado a ellas la luz. A muchas. Pero «muchas», si las medimos por el pasado y por los pecados de las clases y pandillas que antes gobernaban nuestro país. Ante nosotros se alza, grande, gigantesca, la necesidad de educación y de cultura despertada y espoleada por nosotros en los obreros y en los campesinos. No sólo en Petrogrado y en Moscú, en los centros industriales, sino también en el campo, en las aldeas. Y hay que tener en cuenta que somos un pueblo pobre, un pueblo de mendigos.

Querámoslo o no, la mayoría de los viejos resultan, culturalmente, sacrificados, desheredados. Es cierto que desplegamos una lucha verdaderamente tenaz contra el analfabetismo. Fundamos bibliotecas y «chozas de lectura» en las pequeñas ciudades y las aldeas. Organizamos cursos de la más diversa especie. Organizamos buenas representaciones teatrales y buenos conciertos, enviamos al campo «cruzadas culturales» y «exposiciones volantes». Pero, repito, que todo esto significa muy poco comparado con los muchos millones de seres que carecen hasta de los conocimientos más elementales, de la cultura más primitiva. Mientras que en Moscú se entusiasmarán esta noche unas diez mil personas, y mañana otras diez mil, asistiendo a brillantes representaciones teatrales, grita clamorosamente la apetencia de millones de seres por poseer el arte de deletrear, de escribir su nombre, de saber sumar, grita clamando por cultura, clamando por saber que la tierra es una bola y no un disco, que el mundo se gobierna por leyes naturales y no por brujas y encantadores, aliados al Padre celestial».

«No se queje usted tan amargamente del analfabetismo, camarada Lenin —intervine yo—; pues, seguramente, que hasta cierto punto ha servido para facilitar la revolución. Gracias a él, el cerebro de los obreros y los campesinos no se ha visto atascado y apestado de ideas y concepciones burguesas. En esos cerebros, la propaganda y la agitación caen en tierra virgen. Es más fácil sembrar y cosechar en tierra como esa que no donde antes de labrar hay que desarraigar toda una selva de prejuicios»

«Sí, es exacto —replicó Lenin—; pero sólo hasta cierto punto; mejor dicho, dentro de una cierta etapa de lucha. El analfabetismo era perfectamente compatible con la lucha por la conquista del Poder, con la necesidad de destruir la vieja máquina del Estado. Pero, ¿acaso nosotros destruimos por el sólo gusto de destruir? No; destruimos para construir otra cosa mejor. Y el analfabetismo se concilia mal, no se concilia, en modo alguno, en la obra constructiva. Y esta obra ha de ser, según Marx, realizada por los propios obreros, y también por los campesinos, añado yo, si quieren emanciparse. Nuestro régimen soviético facilita estas tareas. Gracias a él, miles de trabajadores aprenden a laborar constructivamente en los diversos Soviets y órganos soviéticos. Son hombres y mujeres «en lo mejor de la vida», como ustedes suelen decir. Se trata, por tanto, y esto es lo que interesa, de gentes que, en su mayoría, se han criado bajo el antiguo régimen y, por consiguiente, sin educación y sin cultura. Hoy, estos hombres pugnan apasionadamente por alcanzar la cultura y la educación que no les dieron. Nosotros nos esforzamos cuanto podemos por incorporar a la labor de los Soviets a nuevos hombres y nuevas mujeres educándolos de este modo práctica y teóricamente. Pero, a pesar de todos nuestros esfuerzos, la necesidad de elementos administrativos y constructivos dista mucho de estar cubierta. Esto nos obliga a emplear a burócratas a la antigua usanza, y nos encontramos con un burocratismo gremial. Yo lo odio de todo corazón. No al burócrata individual, que puede ser un hombre muy útil. Odio al sistema, pues lo paraliza y corrompe todo de arriba a abajo. Pero para vencer y desterrar el burocratismo, no hay más que un camino decisivo: llevar a las grandes masas del pueblo la enseñanza y la cultura». (Clara ZetkinRecuerdos sobre Lenin, 1925)

jueves, 7 de septiembre de 2017

Impresionismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«El impresionismo fue una corriente artística que triunfó a finales del siglo XIX, gracias entre otros a Monet, su máximo representante. Como tal, respondía a las ansias de un nuevo estilo burgués en el arte.

Esta corriente tiene raíces en el realismo y en los paisajistas. Conecta con el realismo en cuanto a pintar lo contemporáneo, y con los paisajistas en fijarse especialmente en paisajes que causasen una honda impresión.

No hacían distinción entre bello y feo: para ellos era bello aquello que estuviese bien pintado y tuviese sentido.

No les preocupaba el sujeto histórico, el ser social, sino la anécdota y en concreto el ambiente natural. Su intención era llamar la atención del espectador con una combinación espectacular y original para los sentidos.

Constituyeron la luz como personaje fundamental de sus obras. A consecuencia todo lo corpóreo, formal y táctil se fue diluyendo, habiéndose solamente rasgos parciales, ráfagas de luz, etc.

Los objetos en caso de estar presentes tienen vagas formas. Es una descomunal abstracción, empero opuesto a la abstracción geométrica, algo que en las siguientes corrientes posteriores como el cubismo donde se acentuará aún más.

El expresionismo como corriente vanguardista nacida en el siglo XX en Alemania, sería la evolución de dicha corriente, con la diferencia que en vez de centrarse en el paisajismo y en general en temática naturalista, se centraría mucho más en temas personales, subjetivos». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2017)

miércoles, 14 de junio de 2017

Arte; Mark Rosental y Pavel Yudin, 1940


«ARTE, (literatura, Arquitectura, Escultura, Pintura, Música, Teatro, Cine). — El arte es una de las formas de la conciencia social. Su particularidad característica consiste en reflejar, reproducir la realidad mediante imágenes sensoriales. El arte, como toda ideología, es determinado en última Instancia por las Condiciones materiales de la vida social. En la sociedad de clases, el arte sirve de expresión a los intereses de las diversas clases y es un arma .ideológica en la lucha de clases. El desarrollo del arte en la sociedad de clases antagónicas se efectúa de manera extraordinariamente contradictoria y desigual. Por ejemplo, la sociedad burguesa, a pesar de su nivel superior de desarrollo en la producción con respecto a la sociedad antigua, sin embargo, favorece mucho menos que ésta el desarrollo del arte. «La producción capitalista, escribía Marx, es enemiga de algunas ramas de la producción espiritual, tales como el arte y la poesía». Por eso, bajo el capitalismo, el arte puede desarrollarse en una u otra forma, sólo entrando continuamente en contradicción con las clases dominantes. La mayoría de los grandes artistas que pertenecen a las clases explotadoras y que aspiran a dar una imagen auténtica, realista, de la realidad, en sus creaciones, entran en contradicción con las ideas y los intereses de sus clases –Pushkin, Gogol, Tolstoi y otros–. Una parte de ellos se pasa a las posiciones de las clases avanzadas y oprimidas. Con la aparición del proletariado revolucionario en el escenario histórico, con la agudización de la lucha de clases, el arte burgués se hace cada vez más falso e hipócrita. Bajo el imperialismo, el arte burgués experimenta una degeneración definitiva. En la lucha contra la ideología burguesa reaccionaria, el arte proletario se desarrolla en el seno mismo del viejo régimen –como decía Gorki–. El arte alcanza su florecimiento bajo la dictadura del proletariado, en la época del socialismo. El arte del proletariado es decididamente de clase y de partido, y se forma en la lucha por la sociedad comunista. Al mismo tiempo, es un arte auténticamente popular, puesto que es creado por el pueblo, sirve a su causa y se nutre de sus pensamientos y de sus sentimientos. El arte socialista, por ser una nueva fase en la evolución histórica del arte, no puede desarrollarse más que asimilando y utilizando críticamente todo lo valioso que la cultura humana ha creado a lo largo de su evolución de muchos siglos. El método fundamental del arte soviético es el realismo socialista, método que permite realizar profunda y verazmente la vida social, formar una conciencia de la vida desde el punto de vista de los objetivos socialistas del proletariado y emplear el arte como un poderoso instrumento de educación comunista de los trabajadores»(Mark Rosental y Pavel YudinDiccionario filosófico marxista, 1940)