jueves, 30 de agosto de 2018

¿Dónde está la unidad de tareas y aspiraciones acerca de las cuales las feministas tienen tanto que decir?


«Las feministas buscan la igualdad en el marco de la sociedad de clases existente, de ninguna manera atacan la base de esta sociedad. Luchan por privilegios para ellas mismas, sin poner en entredicho las prerrogativas y privilegios existentes. No acusamos a las representantes del movimiento de mujeres burgués de no entender el asunto, su visión de las cosas mana inevitablemente de su posición de clase.

En primer lugar debemos preguntarnos si un movimiento unitario sólo de mujeres es posible en una sociedad basada en las contradicciones de clase. El hecho de que las mujeres que participan en el movimiento de liberación no representan a una masa homogénea es evidente para cualquier observador imparcial.

El mundo de las mujeres está dividido –al igual que lo está el de los hombres– en dos bandos. Los intereses y aspiraciones de un grupo de mujeres les acercan a la clase burguesa, mientras que el otro grupo tiene estrechas conexiones con el proletariado, y sus demandas de liberación abarcan una solución completa a la cuestión de la mujer. Así, aunque ambos bandos siguen el lema general de la «liberación de la mujer», sus objetivos e intereses son diferentes. Cada uno de los grupos inconscientemente parte de los intereses de su propia clase, lo que da un colorido específico de clase a los objetivos y tareas que se fija para sí mismo.

lunes, 27 de agosto de 2018

Los intentos de exculpar toda responsabilidad de ciertos sujetos apelando a que son «productos del sistema capitalista»


«Para nosotros, los juicios y sentencias de la jurisprudencia burguesa no pueden ser referencia, como tampoco podemos hacer juicios generalizados hacia bandas armadas o grupos políticos que nos causen –o no– especial simpatía. Por fuerza de principios, en un futuro régimen socialista, no se podría aplicar una justicia colectiva haciendo que paguen justos por pecadores. El pretender juzgar de forma generalizada a todo un colectivo es algo más cercano a la jurisprudencia del feminismo que a la del marxismo. En cambio, el Estado socialista deberá atender cada caso individualmente, puesto que es imposible meter en el mismo saco a alguien que colocaba bombas de forma indiscriminada, que a quien, a lo sumo, guardó alguna vez un panfleto de dicha banda armada, más aun teniendo en cuenta que el nuevo régimen deberá dar una oportunidad a quienes de verdad deseen aportar a la colectividad.  

Para el primer caso, si en estos elementos se descartase una enfermedad mental, habría que evaluar si existe un hondo arrepentimiento y una consciencia de su labor contrarrevolucionaria en el pasado. De otro modo, jamás podrán convivir en una sociedad socialista.

Al contrario, las personas que no hayan perpetrado delitos de sangre contra los trabajadores pero que hayan estado influidos por estos grupos deberán recibir un trabajo de educación política para ser recuperados a la causa lo más pronto posible. 

La cuestión es, ¿quién es productivo en el presente para la causa del comunismo? ¿Quién puede aportar algo de valor para la nueva sociedad que se ha de construir? No se trata tanto de redimir los pecados individuales para ganarse el cielo, sino para ganarse el respeto de nuestros congéneres, para tener derecho a vivir en sociedad en la nueva colectividad. Se trata de darnos cuenta de hasta qué punto hemos estado equivocados en acepciones reformistas o anarquistas, por qué son inservibles tanto para derrocar al capitalismo como para construir un mundo nuevo que lo supere. Se trata de redimirnos ante una sociedad que, para muchos, brindará una segunda oportunidad, que nos abrazará sin recelos, porque comprende que todos cometemos errores y pecados de juventud.

En resumen, en una futura sociedad socialista, estas bandas no serían conmemoradas sin criticismo alguno como «luchadores contra el sistema» que «se opusieron al capitalismo». Esto sería absurdo, y dicho estatus es imposible, dado que varios de estos grupos hasta ahora no solo se han dedicado a contribuir a la criminalización de la lucha armada con su aventurerismo y terrorismo indiscriminados, sino que, además, se han caracterizado por calumniar, amenazar y perseguir a los partidos marxista-leninistas –y otros– que se oponían a su discurso y actuar. Otra cosa distinta, como decimos, es la militancia de base, a la que, como a la de cualquier sindicato, partido o asociación política de cualquier tipo, habría que explicarle las cosas con paciencia y teniendo en cuenta sus orígenes. Y es que, aunque no sea fácil, los marxistas deben intentar separar de las filas de estos grupos a todo elemento honesto que haya sido irradiado por estas tendencias.

La historia ha demostrado que los elementos recalcitrantes de estas corrientes, ante la incapacidad de asimilar la teoría y a causa de su inestabilidad pequeño burguesa, acaban siendo un obstáculo para la revolución e incluso terminan por ir contra ella una vez establecido el poder revolucionario. Ejemplo de ello fueron los eseristas de izquierda, que, tras una breve alianza con los bolcheviques, dieron la espalda a la revolución y acabaron atentando contra ellos, siendo famoso el atentado contra Lenin en 1918, así como el asesinato logrado contra algunos dirigentes bolcheviques. Varios de sus líderes serían jugados públicamente en 1922. ¿Puede descartarse que esto vuelva a ocurrir con este tipo de especímenes?

Precisamente la excusa preferida de los grupos lumpenizados ha sido siempre decir que «desde el punto de vista marxista» a los sujetos que ejercen el bandolerismo, tráfico de drogas, robos, estafas, hooliganismo, pandillerismo, negocios de prostitución, etc… no se les puede condenar de ninguna forma porque simplemente son «productos del sistema capitalista», exculpando a los sujetos de cualquier responsabilidad, incluyendo también el tema del terrorismo que presentan como «una reacción desesperada ante el injusto sistema». 

Estos ideólogos hacen verdaderos malabarismos con la influencia capitalista sobre este tipo de sujetos, y justifican todo en base al concepto de «alineación» para dar carpetazo final al tema. Esto que dicen es cierto: son productos del propio sistema y sus deficiencias, son sujetos alienados. Hemos hablado infinidad de veces de la presión ideológico-cultural que se ejerce desde la superestructura sobre los sujetos sociales. Pero cuando se exponen los errores de estos elementos y deciden persistir en ellos, no puede existir compasión posible. 

Hacer la vista gorda sobre este tipo de actitudes en períodos de desorganización y falta de clarividencia ideológica es más peligroso aún. Insistir en un trato amigable, aparcar las diferencias y confiar en una reeducación futura –incluso de sujetos abiertamente recalcitrantes– no deja de ser un ideario liberal del todo estúpido que se acerca más a una premisa cristiana de ejercer el perdón automático sin rencor ni reflexión alguna. Cuando varios elementos que no quieren –o no pueden– rectificar son un claro impedimento para el progreso, ¿quién si no los comunistas deben analizar en profundidad y criticar estas actitudes que perjudican la causa? ¿Se lo dejamos a los liberales burgueses y sus intelectuales para que creen teorías como que todo el proletariado ha degenerado en lumpemproletariado o que el comunismo es igual a ejercer el viejo terrorismo individualista o de un pequeño grupo conspirativo? 

Además, para evidenciar la falsedad de esta teoría que justifica estos actos, solo hay que mirar, una vez más ,el rastro de la historia, observar que dentro de las experiencias históricas donde se ha puesto en pie una sociedad socialista, creándose condiciones económicas propicias para que el sujeto pudiera desarrollar en gran medida sus habilidades físicas y mentales, incluyendo una oportunidad no solo de redimirse en lo moral, sino de vivir dignamente en lo económico, siempre ha habido –y habrá– elementos que han rechazado tomar este camino de reinsertarse-reeducarse, que han preferido seguir con su modo de pensar y actuar contra el sistema socialista. No es casualidad que muchas de estas figuras hayan acabado siendo parte de las filas de la contrarrevolución por su indisciplina, individualismo, egolatría, falta de autocrítica y de escrúpulos. 

Debe concluirse que, por supuesto, las condiciones materiales tienen el peso decisivo cuando se trata de dar a luz estos fenómenos, en esto hemos insistido siempre. Pero no olvidemos la personalidad de cada sujeto y su nivel de fuerza de voluntad para «autotransformarse», ya que no somos elementos pasivos condenados al error. No olvidemos que, en una futura sociedad socialista, el espíritu liberal e individualista, el afán «autojustificador» no le va a valer a nadie de excusa para causar un perjuicio al bien colectivo ni a la propiedad común, no servirá para estar por encima de las leyes populares». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

viernes, 24 de agosto de 2018

Los méritos de Marx y Engels presentando y demostrando la certeza del materialismo histórico


«Karl Marx ha realizado la síntesis del materialismo histórico en forma tan breve como convincente en el prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política, publicado en 1859. Allí dice:

«El resultado general al cual llegué, y que, una vez obtenido, sirvió de hilo conductor a mis estudios, puede resumirse así: En la producción social de su vida los hombres contraen relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a un determinado estadio del desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. La totalidad de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta una superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, su ser social, lo que determina su conciencia. En una cierta etapa de su desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo que tan sólo es una expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se habían movido hasta entonces. Estas relaciones dejan de ser formas que favorecen el desarrollo de las fuerzas productivas y se transforman en trabas de las mismas. Entonces comienza una época de revolución social. Al cambiar la base económica se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura. Al considerar estas revoluciones hay que distinguir siempre entre los cambios materiales en las condiciones de producción económicas, que se pueden comprobar –con la exactitud de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra, las formas ideológicas bajo las cuales los hombres adquieren conciencia de este conflicto y lo resuelven. Así como no nos formamos un juicio acerca de lo que es un individuo por lo que él piensa de sí, tampoco podemos juzgar una de estas épocas de revolución a partir de su conciencia, sino que debemos explicarnos más bien esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. Una formación social no desaparece nunca antes de que se hayan desarrollado todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen relaciones de producción nuevas y superiores antes de que se hayan incubado, en el seno de la propia sociedad antigua, las condiciones materiales de su existencia. Por eso la humanidad siempre se plantea exclusivamente tareas que puede realizar, pues si se observa con más cuidado se encontrará siempre que la tarea sólo surge cuando ya existen, o por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización. A grandes rasgos se puede caracterizar a los modos de producción asiático, antiguo, feudal y moderno burgués como etapas progresivas en la formación económica de la sociedad. Las relaciones de producción burguesas son la última forma antagónica del proceso de producción social, antagónica no en el sentido de un antagonismo individual, sino en el de un antagonismo que surge de las condiciones sociales de vida de los individuos; pero las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa crean al mismo tiempo las condiciones materiales para solucionar este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad humana». (Karl Marx; Contribución a la crítica de la economía política, 1859)

La santificación de las relaciones del imperialismo ruso con Venezuela; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«Veo relaciones mercantiles capitalistas normales y corrientes, salvo que Venezuela y Rusia se buscan mutuamente para de una forma u otra darse cierto apoyo diplomático y romper diversas estrategias agresivas de otras naciones capitalistas que se disputan el mercado mundial». (Manuel Sutherland; Comentarios, 28 de febrero de 2015)

Manuel Sutherland es de aquellos que definen las relaciones entre los países imperialistas y los países de su órbita de influencia político-económica como «relación normal», en base a diversas coyunturas fortuitas, o de contrapeso a otros países desarrollados «agresivos», pero no ve ni denuncia la relación entre dichos países ni la peligrosidad de ellas. En especial, es de aquello que saluda toda unidad entre país imperialista y país dependiente siempre que el país imperialista no sea los Estados Unidos, de aquellos que ve como normal esta relación e incluso estima necesario para los países dependientes el taparse bajo el paraguas de otro imperialismo. Esto desde luego no es un análisis clasista desde el punto de vista de los intereses del proletariado venezolano, e internacional, sino todo lo contrario:

«Los teóricos burgueses, revisionistas y oportunistas tratan las relaciones internacionales como un mecánico, heterogéneo conjunto de Estados que establecen alianzas en base a su desarrollo industrial, a cuestiones geográficas de vecindad o a intereses momentáneos para establecer alianzas. Este punto de vista no científico representa la plataforma de la política exterior de los contrarrevolucionarios y socialimperialistas que desean justificar al imperialismo y el capitalismo internacional. Para camuflar estos objetivos y crear condiciones para el trabajo de su política, los imperialistas, socialimperialistas, los oportunistas y reaccionarios tienen interés en que las fuerzas revolucionarios, los partidos marxista-leninistas, el proletariado y los pueblos no evalúen y consideren los acontecimientos y los fenómenos desde un punto de vista de clase. Sin lugar a dudas, los eventos internacionales, en cualquier campo, en la esfera de la política, económica, militar o social es muy compleja, muy intensa y se manifiesta a menudo en formas que son exclusivas de un país o de una época. Pero para encontrar el camino en el laberinto de un sinnúmero de eventos, del por qué esta o aquella situación o desarrollo, para comprender el funcionamiento de una u otra fuerza política, siempre hay que partir de una concepción materialista de la historia, realizar un análisis marxista-leninista y tomar una posición de principios estrictamente de clase a la hora de evaluar. Este criterio de clases es la única base adecuada para la comprensión y valoración de las relaciones internacionales, que también se trata de determinar si la táctica, la estrategia y la política en el exterior de un partido u otro, de tal o cual país, de tal o cual organización, es correcta». (Radio Tirana; El criterio de clase: La única base para una comprensión adecuada y una correcta evaluación de las relaciones internacionales, 1978)

En lo referido al imperialismo ruso y Venezuela, Sutherland lo ve como «un país capitalista no imperialista», y «como un país capitalista pero no violento ni de carácter expansivo»; a partir de ello «santifica» y califica de «relaciones mercantiles normales y corrientes» los lazos económicos entre unos y otros. Demos algunos datos sobre la afable Rusia para refrescar la memoria a Manuel Sutherland de qué país y de qué tipo de empresas o similares son las que operan en Venezuela.

¿Cuál es el nivel de monopolización en Rusia?:

«En la lista Forbes de los monopolios más grandes del mundo 28 son rusos, entre los cuales destacan Gazprom, Lukoil, Rosneft y Sberbank. La economía rusa está altamente concentrada, en muchos sectores los niveles son más elevados que en los EE.UU. y Alemania. Por ejemplo, en 2006 la proporción que los 10 monopolios más grandes de Rusia aportaron al PIB fue del 28,9%, mientras que en los EE.UU. fue del 14,1%. La mayoría de los sectores de la economía como la energía, la ingeniería mecánica, el transporte y la producción de alimentos están monopolizados. En conclusión podemos decir que en Rusia lidiamos con un capitalismo monopolista, altamente concentrado, con una fuerte presencia del Estado. La fusión entre el capital financiero e industrial tuvo lugar con el paso del tiempo. Aunque el Sberbank es uno de los bancos más grandes del mundo, en la economía rusa también desempeñan un papel crucial el VTB-Bank, Alfa Bank y el Banco Raffeinse. En Rusia los grandes monopolios bancarios están estrechamente vinculados o pertenecen a los mismos monopolios industriales. Este es el caso de Gazprom Bank, Uralsib y el banco Promsvjas». (Mehmet İnce; Sobre el imperialismo ruso, 2015)

¿Cuál ha sido la tendencia de Rusia en torno a la exportación de capitales? ¿Le ha servido o no para aumentar su influencia geopolítica?

«A partir del año 2000, la Inversión Extranjera Directa (IED) de los monopolios rusos creció exponencialmente, llegando a unos $406,2 millardos en el 2012 –para 2001 fue de apenas $ 44,2 millardos–. (...) El crecimiento sostenido de la economía nacional y el fortalecimiento relativo de las principales empresas nacionales ha contribuido al rápido aumento en el volumen de inversión, convirtiendo a Rusia  en uno de los principales inversionistas internacionales –sin lugar a dudas uno de los primeros entre los países «emergentes»–. A través de la adquisición de empresas en otros países, los consorcios rusos acceden a nuevas fuentes de recursos, tecnología y mercados, aumentando su competitividad internacional. Una expansión que refuerza la influencia geopolítica de Rusia y refuerza su posición en la economía global. Según datos de la UNCTAD –Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, por sus siglas en inglés–, en la primera mitad de la década del 2000, la inversión extranjera directa aumentó de 3 a 4 veces en comparación con la década anterior, superando los 10 millardos de dólares al año, incrementándose 3 veces respecto al periodo anterior al 2011, donde la participación de capital y las utilidades reinvertidas se elevaron a más de $ 67,2 millardos. En los últimos 3 años, las empresas rusas han sido capaces de duplicar el tamaño de sus activos en el extranjero, así como aumentar el tamaño de sus ingresos más de dos veces y media que sus propios activos. Las empresas rusas emplean a más de 150.000 trabajadores en el extranjero, más del doble que en el 2000. Como resultado, la expansión global acelerada de las principales empresas rusas les ha llevado a asumir las características intrínsecas de las multinacionales globalizadas». (Mehmet İnce; Sobre el imperialismo ruso, 2015)

Si a esto le añadimos algunos datos como el gasto militar de Rusia en años recientes:

«Según el SIPRI en 2015 Rusia aumentó su gasto en defensa un 7,5% y el presupuesto del Ministerio de Defensa alcanzó los 66.400 millones de dólares. (...) Si se tiene en cuenta el porcentaje del PIB, Rusia es uno de los países que más gasta en defensa [comparativa en tasas – Anotación de Bitácora (M-L)]. Supone el 3,5% del PIB en EE UU y en China, el 2,1%, mientras que en Rusia alcanza el 4,5%. El porcentaje de Rusia se sitúa detrás de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes, con un 10,4% y un 5,1%, respectivamente». (Rusia Beyond the Headlines; ¿Cuánto gasta Rusia en defensa y armamento?, 13 de abril de 2016)

martes, 21 de agosto de 2018

Confusión entre exportación de mercancías y exportación de capital; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«La exportación de capitales, es una forma que toma las mercancías, el dinero es una mercancía, la exportación de capital en forma de Inversión Extranjera Directa (IED), es simplemente una inversión en materia prima, maquinaria, y fuerza de trabajo para reproducir capital allende la casa matriz, es una relación mercantil, es un intercambio mercantil». (Manuel Sutherland; Comentarios, 3 de marzo de 2015)

Esto es una equivocación brutal viniendo de un presunto economista de «nivel». Como dijo el marxista-leninista francés Vincent Gouyyse, esto ocurre debido a:

«La idealización de la etapa del capitalismo premonopolista, donde reinaba sin contestación la producción mercantil y donde el rol de los préstamos internacionales era marginal.

Se ignora la diferencia fundamental entre la exportación de mercancías y la exportación de capital es que en el caso de la exportación de mercancías, el plusvalor del capital ya está contenido en la mercancía que ya ha sido incorporada por los obreros del país exportador, mientras que en la exportación de capital, la plusvalía es creada por los obreros del país donde se exporta el capital, que este capital se exporta bajo la forma de un préstamo que sirva para retirar indirectamente un interés –la burguesía indígena lo invertirá dicho préstamo en lo que quiera– o abasteciéndose directamente de medios de producción aportados por el inversor extranjero y creando un plusvalor en tierra indígena: aquí la burguesía indígena sólo servirá de intermediario entre los trabajadores indígenas y el inversor extranjero que será el único responsable de la utilización del capital». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

He aquí explicado porque los economistas pequeño burgueses como Shuterland –que oscilan entre querer ser marxistas pero nadan en las aguas de los autores burgueses– no entienden bien la economía capitalista y sus desarrollos en la etapa imperialista. 

¿Qué más hay que anotar? El rol de la división internacional del trabajo en la exportación de mercancías y capital. Algo que suelen olvidar muchos de los ideólogos del antiimperialismo:

«Sin embargo, hasta en el caso de la producción mercantil «pura», la explotación no está suprimida de ninguna manera. La división del trabajo está en su origen.

Bajo el imperialismo, la exportación de mercancías sirve para que los países imperialistas aseguren su dominación comercial en ciertos segmentos del mercado mundial, es decir, siempre que sea posible la exportación de mercancías de alta tecnología que contienen mayor trabajo acumulado, que es intercambiado por un gran volumen de mercancías indígenas. La exportación de capital, ella, sirve por el contrario para estimular la producción de materias primas necesarias para las metrópolis imperialistas y los bienes de consumo corrientes a menor costo destinados a la exportación hacía las metrópolis imperialistas para mejorar la condición material del proletariado de las metrópolis.

Lo esencial para los países imperialistas es asegurar que los beneficios que se derivan de la exportación de mercancías y de capitales hacia los países dependientes les ayuden a mantener la dependencia económica y política de la burguesía nacional indígena, permitiendo así al imperialismo dictarle órdenes. La exportación de capital significa pues la subordinación de los países dependientes y su sometiendo al sistema imperialista mundial. Lo esencial para el imperialismo es, pues, que la burguesía nacional de los países dependientes satisfaga estas transacciones, que siga siendo una burguesía indígena de tipo compradora que no busque desarrollar los producciones no deseadas por sus ordenantes imperialistas, y en primer lugar producciones que podrían romper estos mecanismos de dependencia, como una industria de producción de medios de producción potente y diversificada que originase un nuevo competidor imperialista y agravara la lucha por los mercados comerciales y financieros». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Pero expliquemos esto de forma más profunda.

Veamos: el dinero es una relación de «valor de cambio». Ahora, convengamos que la exportación de capitales se da a causa de la acumulación de capitales en manos de las «oligarquías financieras» –capital industrial y capital bancario– que redunda en el «relativo capital sobrante» que resulta característico del capitalismo monopólico de la etapa imperialista, y que se exporta en lo fundamental debido a que dentro del país de origen se reduce el margen de inversión y ganancia a causa del incremento de los costos de producción. Es decir, en los países capitalistas desarrollados que cuentan con una oligarquía financiera constituida que luego de eliminar, o casi eliminar a la competencia del interior, y de haber monopolizado los diversos sectores productivos, calcula que seguir invirtiendo en el panorama nacional no puede asegurar ya las ganancias deseadas, en consecuencia tampoco asegura el crecimiento económico fundamentado en el máximo beneficio por lo que entonces decide buscar nuevas oportunidades en el exterior; este es el mecanismo básico por el que los monopolios nacionales se extienden al resto de países para mantener el «máximo beneficio» convirtiéndose en consorcios de explotación multinacionales, porque sencillamente en estos terceros países el margen de ganancia es superior al doméstico debido a los costes, las leyes laborales, la mano de obra entre otros factores.

Entonces lo que se exporta es el sobrante del «capital financiero» y este se expresará en el país de destino en forma de mercancías. Vale decir que la reproducción de ese «capital financiero» no tiene por finalidad reproducir mercancías puesto que su objetivo último es la reproducción del «capital financiero» aunque se valga de la producción mercantil que resulta de la explotación del trabajo y de la fuerza de trabajo como ya expresó Marx en su obra cumbre, pues es el trabajo el único que produce riqueza; y es por lo mismo, que en la etapa imperialista la exportación de capitales va «mutando paulatinamente de la inversión directa a los préstamos» lo que supone la misma explotación para las masas trabajadoras pero teniendo como intermediarios del imperialismo a la burguesía indígena en este caso concreto. Vale decir que la exportación de capital existía en la época capitalista premonopolista pero tenía un papel por completo secundario. No entender cómo nace la necesidad de la exportación de capital es no entender nada del desarrollo histórico económico, y es no entender la propia realidad de nuestros días que tan comúnmente muestra la realidad de este proceso.

Mientras un país dependiente de los imperialismos, neocolonial, por los designios del mercado donde actúa la ley del valor es posible que tenga un excedente de mercancías producidas: seguramente casi en exclusiva en la agricultura, pero cuando lanza al mercado internacional esas mercancías las vende a un precio irrisorio mientras se ve obligada a comprar otras de mayor valor como es el caso de la mercancía industrial que no posee y les son tan necesarias. Por otro lado un país imperialista puede tener un excedente en la producción de mercancías en varias ramas debido a su elevado desarrollo de las fuerzas productivas y su diversificación, cuando lanza sus mercancías –industriales– al mercado se venden a un alto precio por su demanda, gracias a ello puede conseguir un alto beneficio y se asegura la dependencia económica permanente de los países no industrializados que siempre demandaran esa mercancía o su mantenimiento; a su vez, el país imperialista en su propia demanda de materias primas para su industria se satisface de comprar materias primas a precios baratos en el mercado mundial debido a la gran oferta de las mismas por parte de los países no industrializados. 

Mientras en un país dependiente la burguesía en general no suele tener un gran excedente de capital, es algo casi inusual o más bien exclusivo de la burguesía compradora, y de serlo no tiene muchas libertad en donde invertirlo –necesita aprisa ampliar o modernizar sus fuerzas productivas para ponerse a la par de las empresas extranjeras que le hacen la competencia en el país o debe invertirlo en pagar la deuda, etc.– siendo muy rara la capacidad de exportar capitales. Por otro lado en el país imperialista el excedente de capital es mucho más común por su músculo industrial, por su amplio desarrollo de las fuerzas productivas, y suele tener un número de capital «sobrante» tan alto como para sobornar a la «aristocracia obrera», reforzar la militarización de la economía que la burguesía imperialista estima necesaria para intimidar a los países bajo su influencia o enfrentarse a sus competidores, pero sobre todo por su jugosa rentabilidad, así mismo decide colocar ese abultado excedente para exportar dicho capital a países terceros, bien en forma de préstamos, créditos, formando nuevas empresas que operan en dichos países, empresas mixtas concertadas entre los monopolios y la burguesía indígena, etc., y es que esto no podía ser de otra forma, pues como hemos dicho los monopolios son la creación de la oligarquía financiera, es decir del capital bancario que ha sometido al capital industrial y que busca la dominación no solo nacional sino internacional. 

Es más: a veces la exportación de capital del país imperialista va íntimamente ligado a la exportación de mercancías por el país que la recibe, así en multitud de ocasiones, el país deudor, cuando no puede pagar la deuda, paga en materias primas al país imperialista, que como todo el mundo sabe, consume muchas más materias primas que cualquier país dedicado a producir materias primas, porque simplemente consume muchas más. La exportación de capital es un puente mucho más seguro que la exportación de mercancías para que los países imperialistas penetren a través de la economía en la política de los países dependientes. Claro que existen excepciones en los países imperialistas en cuanto a la predominancia de la exportación de capital sobre la exportación de mercancías, esto se ve sobre todo en los países imperialistas emergentes, donde generalmente tienen niveles parejos de exportación e importación de capitales, pero suele ser un fenómeno temporal hasta que su burguesía tiene suficiente potencial para que su país supere la exportación a la importación de capital; otras veces algunos países imperialistas por su mano de obra más barata, por la buena disposición de verter sus productos en los mercados –cosa que sus competidores no pueden igualar sin crear conflictos sociales agudos– tienen un gran nivel de exportación de mercancías que incluso supera los niveles de exportación de capitales, pero eso es muy raro de ver, como es aún más raro de ver por no decir imposible, un país dependiente con más niveles de exportación de capital que de mercancías. La realidad es tozuda.

Podríamos considerar que el capital financiero es la usura llevada a instancias internacionales que cumple un doble propósito: mantener el «máximo beneficio» y a su vez la dependencia económico-política de los países neocolonizados. La usura no aparece en escena sino hasta la aparición de la propiedad, he ahí las constantes luchas de los griegos contra la usura en la etapa esclavista en los momentos de la aparición y consolidación del Estado. Tras las diferentes etapas en la humanidad y los diferentes modelos económicos de explotación, el capitalismo y su etapa imperialista hacen de la usura un modo de vida.

Si uno no comprende esto, ocurrirá que como le ocurre a Sutherland, se alberguen distorsiones sobre las exportaciones de mercancías y de capital, y se desprecie el peligro de la exportación de capitales a terceros países, Sutherland por tanto, pese a que se le llene la boca, no puede ser un consecuente antiimperialista; al revés, con sus teorizaciones juega a favor de los imperialismos, desarma a los pueblos de sus herramientas para analizar y comprender debidamente los acontecimientos internacionales y las relaciones económicas entre los países dependientes e imperialistas, los condena a teorías políticas y económicas igual de ilusorias para los países neocolonizados como pueden ser las teorías del «no alineamiento» o de la búsqueda de un «nuevo orden económico», teorías que niegan el imperialismo según la concepción leninista y lleva a los pueblos a un engaño que perpetua su estatus de oprimidos doblemente: por la burguesía nacional y por la burguesía extranjera. Eso nos lleva al siguiente punto». (Equipo de Bitácora (M-L); Las perlas antileninistas del economista burgués Manuel Shuterland; Una exposición de la vigencia de las tesis leninista sobre el imperialismo, 2018)

viernes, 17 de agosto de 2018

Falseamiento del leninismo: al afirmar que su concepto de imperialismo pone por delante lo político-militar a lo económico; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«En mi criterio, siendo bastante polémico, [Lenin] se aleja de todo el trabajo marxiano en el Capital e inventa una ideología que pone lo político militar por arriba de lo económico». (Manuel Sutherland; Comentarios, 3 de marzo de 2015)

Ya vimos que la caracterización que Lenin da al imperialismo como etapa superior del capitalismo está sedimentada en fenómenos económico-políticos, y claro que hay un componente militarista por parte del imperialismo pero este debe de ser entendido como una consecuencia precisamente de la fenomenología ligada al desarrollo capitalista.  Dicho de otro modo, en el imperialismo encontramos una preponderancia de lo económico-político sobre lo militar. Pero vayamos más atrás, a los «imperialismos precapitalistas», para desmontar esta noción por completo: en la historia de la humanidad se han reconocido dos sociedades en las que la cuestión militar hacía parte del núcleo de su cohesión social, en la que cada ciudadano era comprendido como un soldado y de hecho toda la vida social convergía en ello, una de esta era la «Polis de Esparta» –ciudad Estado–, la otra fue «Hatti» –Imperio Hitita–. En ambos casos, siempre que se fue a la guerra, siempre que se hizo uso de la maquinaria militar, fue por motivaciones económico-políticas específicas y reconocibles –no las abordaremos por no ser objeto de este documento–, a causa de estas motivaciones es que vemos a los espartanos combatiendo contra los persas primero y contra los ateniense después, y a los hititas combatiendo contra los egipcios. Esto demuestra, como ya decíamos, que aún en estas etapas históricas lo militar estaba subordinado a lo económico-político, y nunca ha sido distinto. Lenin demostró por ejemplo que la política colonial del capitalismo en su etapa premonopólica era sensiblemente diferente a la política de su etapa imperialista, señalaba que igualarlos sin más era negar las transformaciones socio-económicas, del mismo modo se mofaba de los que asimilaban el imperialismo británico con el imperio romano porque era lo mismo que no entender nada de historia ni de economía, pues dos sistemas económicos diferentes no podían tener la misma expresión económica, política ni cultural:

«La política colonial y el imperialismo ya existían antes de la fase contemporánea del capitalismo e incluso antes del capitalismo. Roma, basada en la esclavitud, mantuvo una política colonial y practicó el imperialismo. Pero los análisis «generales» sobre el imperialismo que olvidan o ponen en segundo plano la diferencia esencial entre las formaciones socioeconómicas se convierten inevitablemente en trivialidades huecas o en fanfarronerías, como la de comparar «la gran Roma con la Gran Bretaña». Incluso la política colonial capitalista de las fases previas del capitalismo es esencialmente diferente de la política colonial del capital financiero». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916)

Pero Sutherland va más allá, e igual que los eurocomunistas, mediante una mentira flagrante contrapone a Marx con Lenin para luego concluir que este último valiéndose de posiciones idealistas antepone el carácter militar al económico. Claro es que esto solo lo puede decir un ignorante de campeonato o un gran falseador consciente. Rebajar la teoría del leninismo a la mera cuestión militar es un ataque muy pobre, porque cualquiera que se moleste en leer las obras de Lenin verá que eso es una mentira evidente. Ya vimos anteriormente como Lenin define al imperialismo bajo cinco rasgos fundamentales: la concentración de capital, la fusión del capital industrial y bancario dando lugar al capital financiero, el desempeño fundamental de los monopolios en la economía, la exportación de capital siendo primacía a la exportación de mercancías, la formación de multinacionales, el reparto territorial del mundo entre las potencias. ¡¿No es esta una definición que da primacía al aspecto económico sobre el militar?!

jueves, 16 de agosto de 2018

La cuestión cubana es una piedra de toque para distinguir a los individuos con poca formación, a los eclécticos colecciona-mitos, y a los partidos que han degenerado y han rehabilitado el revisionismo


«Algunos «marxistas flexibles» y autodenominados «no dogmáticos» esperan en pleno 2016 «llevar a debate» si Cuba es un país socialista, un país revisionista-capitalista, si Castro es un marxista-leninista o un revisionista, si cumple un rol antiimperialista o es un país neocolonial que mendiga al imperialismo de turno según se tercie; a estos elementos hay que disculparlos pues llegan  más de cuatro décadas tarde, ya que las respuestas están más que claras para todo marxista-leninista desde hace rato; y cuando las pruebas te llevan a conclusiones evidentes e irrefutables no podemos expresarnos con medias tintas, eso se los dejamos a los asustadizos que temen perder credibilidad, lectores, militantes, amigos o familiares por criticar a una figura o un régimen que tiene muchos seguidores o influencia –como es el caso del revisionismo cubano en hispanoamérica–. Pero los marxista-leninistas no proceden así, porque nos avergonzaríamos de nosotros mismos y no mereceríamos tal término, mucho menos vamos a pecar de seguidismo cuando el tema de Cuba ya ha sido desbrozado antes por los marxista-leninistas en décadas anteriores, vamos que no es nada nuevo. Es más, la cuestión cubana es una piedra de toque para distinguir a los individuos con poca formación, a los eclécticos colecciona-mitos, y a los partidos que han degenerado y han rehabilitado a este revisionismo.

Algunos revolucionarios, influidos por la propia propaganda que algunos sectores del castrismo inoculan en el pueblo cubano y al exterior, proclaman que lo que necesita Cuba es una vuelta a los postulados guevaristas en economía para encauzar la vía al socialismo. Falso, el guevarismo, no es sino una variante del revisionismo cubano, y en la economía, pese a tener postulados más acertados que el castrismo, no deja de retomar un fuerte voluntarismo y practicismo que lo aparta sensiblemente del materialismo, algo que resulta evidente –por ejemplo en su teoría del «foquismo»– en sus planteamientos económicos en general –en donde se aprecia que lo fundamental, a pesar de su correcta posición en favor de la preponderancia de la industria pesada, se basa en la voluntad, la conciencia, es decir, subordina la transformación de la estructura económico-política a la transformación prima de la superestructura, y no al contrario–. 

Visto desde una óptica global y en especial en el campo revolucionario; las últimas reformas y línea política de los dirigentes cubanos nos sirve para desenmascararlos fácilmente, sirven para que los revolucionarios del mundo no guarden ni un ápice de piedad al mito del revisionismo cubano, sino para que leyendo este tipo de cosas su repulsa aumente, y tomen en su trabajo distancia de las tesis y concepciones del  castro-guevarismo hasta comprender y condenar finalmente sus lineamientos como lo que son: revisionistas.

Si el pueblo cubano desea acabar con su falta de libertades y derechos político-económicos, si desea dar fin a los abusos de las clases explotadoras, si anhela una economía que mire por el bienestar de los trabajadores y aumente su nivel de vida, si quiere hacer plena una política en la que tomen partida de verdad su gente, si desea una patria verdaderamente independiente del imperialismo, un país afín a una cultura proletaria alejada de un modo de vida y de corrientes artísticas decadentes; es decir, si se desea establecer un verdadero socialismo, debe alejarse de lo que ha sido históricamente el castro-guevarismo y otras corrientes revisionistas. Deberá asimilar y luchar por aplicar el marxismo-leninismo, algo que obviamente no podrá hacer a través del podrido Partido «Comunista» de Cuba, donde dentro de sus corrientes internas –castristas, guevaristas, trotskistas, socialdemócratas, maoístas, socialistas del siglo XXI, etc.– no permiten tal cosa. En consecuencia, su deber es crear una organización propia que le permita llevar una política de clase independiente a la del gobierno revisionista-burgués, porque ningún revolucionario cuerdo esperará que los oportunistas permitan a los revolucionarios establecer su línea ideológica. Los vividores y arribistas no tienen como costumbre abandonar sus privilegios, hay que arrancárselos por la fuerza». (Equipo de Bitácora (M-L); Reflexiones sobre el VIIº Congreso del Partido «Comunista» de Cuba y su línea económica, 13 de agosto de 2016)

Posts relacionados:

[Recopilación de obras, capítulos y reflexiones sobre el revisionismo cubano]

[1] Reflexiones sobre el VIIº Congreso del Partido «Comunista» de Cuba y su línea económica; Equipo de Bitácora (M-L), 2016

[2] Crítica a la entrevista a Abiel Prieto, ex ministro de cultura de Cuba; Equipo de Bitácora (M-L), 2013

[3] ¿Por qué no puede considerarse al «Ché» Guevara como marxista-leninista? He aquí las razones; Equipo de Bitácora (M-L), 2017

[4] Sobre el acercamiento de Cuba y EEUU [Recopilación Documental]; Equipo de Bitácora (M-L), 2014

[5] Crítica a la última broma de Fidel Castro en el 70 aniversario de la victoria soviética sobre el fascismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

[6] Algunas reflexiones sobre los discursos en la VII Cumbre de las Américas; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

[7] La estupidez altiva de los pseudorevolucionarios cuando sacan pecho al decir que fueron instruidos en el «socialismo» cubano; Equipo de Bitácora (M-L), 2013

[8] Cuba: En camino a la completa integración en la economía mundial; Bajo la Bandera del Marxismo, 2015

[9] Crítica al artículo: «La nueva Ley de Inversión Extranjera en Cuba romperá con el bloqueo fuera de EEUU»; Equipo de Bitácora (M-L), 2014

[10] El puño de los comunistas marxista-leninistas debe también golpear enérgicamente el aventurerismo de izquierda, como engendro del revisionismo moderno; Enver Hoxha, 1968

[11] Acerca de las diversas ideas de la revolución y toma de poder a partir del «foquismo» guevarista, o la «guerra popular prolongada» maoísta

[12] Sobre el supuesto intachable e innegable internacionalismo de Cuba

[13] Mauricio Grabois, marxista-leninista brasileño, y sus reflexiones sobre el carácter reaccionario del revisionismo cubano en el plano internacional

[14] El castrismo y su rol según los marxista-leninistas españoles de 1967

[15] Las desesperadas reformas de los revisionistas cubanos, no son sino las mismas desastrosas recetas de los revisionistas húngaros de antaño

[16] Algunos datos de como la vieja y la nueva burguesía concentrada en el Partido «Comunista» de Cuba vive ajena a las dificultades del pueblo cubano

[17] Foto Çami contra de las especulaciones espontaneistas de los revisionistas modernos

[18] El espontaneismo y su lucha contra la teoría marxista-leninista y su partido

[19] El idealismo intrínseco en el pensamiento de Guevara

[20] La mentira del «comercio justo y solidario», el «nuevo orden económico», el «reparto de las riquezas», y otros cuentos del ALBA

[21] No puede autocalificarse de marxista-leninista un partido, cuando los líderes de su dirección apenas conocen su teoría

[22] Sobre las economías de los regímenes revisionistas-capitalistas de los países de «orientación socialista»

[23] Enver Hoxha pretendiendo y refutando las teorías pequeño burguesas de los grupos anarquistas, guevaristas, luxemburguistas de antaño

[24] La esencia reaccionaria de la teoría revisionista soviética de la «orientación socialista»; Nesti Karaguni, 1984

[25] Charla de Enver Hoxha con una delegación peruana sobre algunos aspectos de la revolución.

martes, 14 de agosto de 2018

Las tácticas revisionistas para lograr la aceptación y posterior acuñamiento de su doctrina entre las masas de cara al interior y al exterior


«Podría decirse, que los revisionistas utilizaban pues, dos tácticas, una defensiva y otra ofensiva para lograr la aceptación y posterior acuñamiento de su doctrina entre las masas de cara al interior y de cara al exterior. La primera táctica defensiva era intentar implantar cuidadosamente las bases de su doctrina dentro del partido y en medida de lo posible lograr una aceptación en el exterior, como decíamos estos revisionistas clamaban que su ideología pese a sus componentes claramente heterodoxos no debía ser criticada, pues «pese a todo seguía siendo marxismo-leninismo», los revisionistas ponían como consecuencia de la no aceptación de esta premisa, que el que no aceptar a su «marxismo-leninismo específico», se estaría cayendo en el dogmatismo, en el izquierdismo, en el sectarismo. La segunda táctica, ofensiva, perseguía que una vez consolidada su ideología dentro del propio partido, una vez seducidas la mayoría del partido con los sofismas necesarios, y logrado reunir una cierta simpatía en el exterior, implantar tanto dentro como fuera la idea de que la nueva doctrina era superior a toda doctrina humana precedente, incluyendo el marxismo-leninismo, las consecuencias según estos revisionistas de no acatar esta premisa, sería que quién no lo aceptara caería en el derechismo, en el conservadurismo, en el revisionismo, ya que la nueva doctrina era la «síntesis del pensamiento humano», y el marxismo-leninismo, algo obsoleto, y el apegarse a sus ideas, una muestra al mismo tiempo de dogmatismo y conservadurismo, de ser un reaccionario. Esta ha sido la estrategia de muchos revisionismos, y es el caso del revisionismo chino y del revisionismo coreano». (Equipo de Bitácora (M-L)El revisionismo coreano: desde sus raíces maoístas hasta la institucionalización del «pensamiento Juche», 2015)

lunes, 13 de agosto de 2018

¿Por qué triunfó Georgi Dimitrov ante los verdugos fascistas que pretendían enjuiciarle en 1933?


«¿Por qué triunfó Georgi Dimitrov ante los verdugos fascistas que pretendían enjuiciarle en 1933? Porque pese a estar incomunicado, a pesar de no ser un ilustrado en cuestiones jurídicas, desmontó  las acusaciones y convirtió a los acusadores en acusados, no mendigó su exculpación. Por supuesto no todos los juicios son iguales y no se puede pretender tener una defensa calcada en todos los casos, pero Dimitrov mantuvo unas pautas fundamentales: no dejó de identificarse comunista, no dejó de condenar precisamente el uso del terrorismo individualista para hacer la revolución ante la acusación de los nazis de que los comunistas habían incendiado el Parlamento, subrayó la necesidad para los comunistas de ganarse a la mayoría de la clase obrera para tomar el poder, analizó en base al materialismo dialéctico las causas por las que al régimen nazi le convenía intentar realizar dicha maniobra sobre los comunistas y lo expuso pese a jugarse la pena de muerte, hizo una exposición magistral de que era la ideología nazi y su cariz reaccionario, dejando en ridículo al magistrado y surgiendo toda una campaña de solidaridad que presionaría para que fuese liberado como ocurrió poco después. Mientras que por otro lado Ernst Torgler, diputado alemán, adoptó una defensa pasiva, estuvo más preocupado en su suerte personal, y no desplegó una defensa política general sobre el juicio desde el punto de vista de clase proletario, sino desde el punto de vista estrictamente jurídico y personal, incluso renunció a algunos principios ideológicos falseando la línea oficial del partido, quedando finalmente preso tras su juicio, siendo criticado y expulsado del partido comunista por su postura, dicho sujeto posteriormente fue liberado a cambio de trabajar para la Gestapo e incluso fue parte del ministerio de propaganda nazi, poco después del fin de la época nazi, ingresó en el partido socialdemócrata. He ahí dos muestras de como deben enfrentarse los comunistas ante los medios de represión». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

sábado, 11 de agosto de 2018

Las acusaciones burguesas sobre Marx de que no existe tal primacía de la economía sobre la política


«La primera y honda preocupación del señor Barth es que Marx ha formulado la concepción materialista de la historia de un modo «por desgracia muy indeterminado» y que sólo «ocasionalmente lo explica y fundamenta con algunos pocos ejemplos en sus escritos»; recientemente ha dado una forma aún más drástica a su angustia en un seminario de la burguesía bismarckiana afirmando que la «llamada teoría materialista de la historia es una verdad a medias que Karl Marx habría formulado en horas de irreflexión periodística y que lamentablemente habría incluso intentado fundamentar por medio de pruebas aparentes». Con severa mirada de juez, el señor Barth separa tres escritos de Marx como «puramente científicos», o sea como los únicos dignos de que un docente alemán se ocupe de ellos, a saber, «El capital», la «Miseria de la filosofía», y el esbozo preparatorio de «El capital», el escrito «Contribución a la crítica de la economía política». Todo lo demás es «popular», y en nada incumbe al señor Barth. Del mismo modo, entre los escritos de Engels sólo considera como dignos de su atención el Anti-Dühring y el folleto sobre Feuerbach. El señor Barth se ajusta al principio opuesto cuando enjuicia a Kautsky, al que sólo conoce como «autor de un artículo» en Die Nene Zeit, el «órgano popular de los marxistas» que causa «mucho daño» por su difusión de las «precipitaciones marxistas»; de los «escritos puramente científicos» de Kautsky, el señor Barth nada sabe, o nada quiere saber. La razón por la cual emprende todas estas agudas clasificaciones, podrá ser advertida de inmediato.

En primer lugar, el señor Barth pretende demostrar que no existe «tal primacía de la economía sobre la política». En «El capital», Marx habla del trabajo comunitario inmediatamente socializado en su forma natural, que se encontraría en los umbrales de la historia en todas las culturas, y de relaciones inmediatas de dominio y vasallaje a comienzos de la historia. El término «inmediato» lo dilucida el señor Barth diciendo: «es decir como en Hegel, que no tiene otra explicación ulterior» –acepción de la que en Marx no se encuentra ni la más ligera huella–, y agrega triunfante que Marx no habría explicado la transición de la forma natural del trabajo a las relaciones de dominio y vasallaje. Ahora bien, Marx, en el pasaje de «El capital», donde toca este punto, no tenía la menor intención de emprender tal explicación, aun cuando su intención era darla en conexión con las investigaciones de Morgan en un trabajo especial que luego fue redactado y publicado por Engels –ya que la muerte le impidió a Marx llevar a término su propósito–, más de medio siglo antes de que el señor Barth se diera a la tarea de aniquilar el materialismo histórico.

En la obra de Engels sobre el origen de la familia, etc., se expone detenidamente el desarrollo económico de la sociedad de clases a partir de la sociedad gentilicia, la transición económica del trabajo inmediatamente socializado a las relaciones de dominio y vasallaje; pero la obra de Engels no es «puramente científica» sino popular –y aquí es dable admirar la profundidad de tales clasificaciones–; en ningún momento el señor Barth menciona estos trabajos. Puesto que Marx no «explica» aquellas relaciones de dominio y vasallaje existentes al comienzo de la historia y «que no son pasibles de una explicación ulterior», el señor Barth nos da las suyas y escribe: «Puesto que en aquel tiempo no existía propiedad privada alguna de tierras ni de capital, y por consiguiente tampoco la posibilidad de un sometimiento por la vía económica, para esta esclavitud originaria sólo restan causas políticas, la guerra y el cautiverio». Verdad es que el señor Barth no puede menos que preguntarse si estas expediciones guerreras no han tenido un origen económico, y contesta: «en gran parte, pero no exclusivamente»«según los escritos de los antropólogos», son los motivos religiosos, las ambiciones de un jefe, los sentimientos de venganza, es decir «motivaciones ideológicas», las que provocan las guerras entre los salvajes. Más aún, en vez de examinar al menos en primer término el valor de aquellos testimonios antropológicos, y en segundo término, indagar si detrás de las «motivaciones ideológicas» no se ocultan móviles económicos, el señor Barth sólo hace de pasada la delirante revelación de que la conquista de Asia por Alejandro debe ser atribuida a la «ambición» del rey macedónico y las expediciones de conquista del Islam, al «fervor religioso», arribando a continuación a la triunfal conclusión de que la esclavitud, tanto en las épocas prehistóricas como en las históricas, constituye «en gran parte y en última instancia un producto de la política»«mostrando así que la política determina a la economía y, ciertamente, de la manera más profunda y con la mayor eficacia». Acto seguido comprueba con una extraordinaria perspicacia, pero no sin el auxilio de Rodbertus, que la esclavitud ha sido una «categoría económica importante».

jueves, 9 de agosto de 2018

Negación del proceso de monopolización en la etapa imperialista del capitalismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


««Para mí no existe una etapa monopólica del capitalismo ni mucho menos pre monopólica. (...) No veo nada científico en la teoría del capitalismo monopolista, en mi criterio». (Manuel Sutherland; Comentarios, 3 de marzo de 2015)

Esta barbaridad de Shuterland tampoco es nueva. Otro «experto marxista» nos decía:

«La primera característica es falsa porque los monopolios han existido junto con las pequeñas y medianas empresas desde siempre». (Santiago Armesilla; Reescritos de la disidencia, 2012)

¿Las pequeñas y medianas empresas «han existido desde siempre»? ¿Entonces la propiedad privada sobre los medios de producción y el comercio basado en productores individuales fragmentarios es una ley absoluta de la economía política en cualquiera de sus épocas? Estas absurdeces nos llevan, necesariamente, a dos conclusiones. Primero, Armesilla opina, a modo de un Karl Polanyi de intelecto más escuálido, que la propiedad privada es «intrínseco», algo innato, a la existencia de las sociedades humanas –lo cuál está demostrado como una falsedad. Segundo. La existencia de las pequeñas y medianas empresas, de alguna forma, corrobora que la monopolización no ha alcanzado ningún grado significativo desde el siglo XIX: que «todo sigue igual». Lo cual es todavía más risible como veremos más adelante.

Hacer pasar semejantes alegatos del fijismo y la metafísica por algo cercano a una crítica constructiva y marxista es irrisorio. Demuestra, en su empeño por hacernos creer que nada evoluciona y que todo permanece, que ni siquiera ha centrado la vista al menos por un momento en los datos más recientes relativos a la fusión de grandes empresas y a la dependencia de las pequeñas y medianas empresas respecto a aquéllas. 

Supongamos que su argumento se reduce a afirmar que, aunque exista la concentración progresiva del capital en grandes monopolios, esto no ha afectado en absoluto al carácter del capitalismo y de su política exterior. En este caso seguimos viendo su propuesta como un error peligroso que adormece al proletariado ante las tareas de su época; que impide su comprensión y que se tome partido en nuestras condiciones actuales.

La monopolización, en resumidas cuentas, genera una presión mayor en el mercado externo debido a que, cuando tiene lugar, propicia que el volumen de producción se expanda a ritmos a los que el mercado interno no puede seguir el paso. La mayor productividad acarrea que se generen condiciones donde la reproducción social necesita de muchos más recursos para tener lugar, siendo así que la lucha por las fuentes de materias primas y de mano de obra barata se enardecen como nunca. Asimismo, este mayor volumen de producción ocasiona que el mercado financiero deba expandirse a pasos agigantados para cubrir las operaciones empresariales cada vez más costosas. Estas condiciones son el caldo de cultivo idóneo para que el capital financiero la fusión del capital bancario y del industrial, en palabras de Leninganen un papel cada vez más protagonista en la escena del capitalismo monopolista. Este crecimiento lo sitúa en la punta de lanza de las operaciones del imperialismo; es el capital financiero el que busca esta expansión del mercado para garantizarse la maximización del beneficio; es él, por tanto, el que dicta la política de las potencias imperialistas y el que ocasiona que éstas finalicen el viraje que las lleva desde un dominio militar y colonial de las fuentes de materias primas a un dominio fiduciario de las mismas. La política del capitalismo, por tanto, se transforma en una política neocolonial a causa del avance de la monopolización. Creemos que esto es algo más que significativo y que sí demarca una diferencia entre el capitalismo pre-monopolista y el actual y esto sin adentrarnos en el rol del Estado burgués en todo este proceso; en su transformación de árbitro de los negocios a un capitalista colectivo: un ejemplo más de las sociedades por acciones que brillan en el capitalismo monopolista como estrellas centrales de todo el sistema productivo.

Sea como sea, afirmar que no existe proceso de concentración de la propiedad, monopolización, es desde luego es un tremendo disparate. Ni siquiera José Antonio Primo de Rivera, ideólogo del fascismo español de los años 30, negaba el proceso de monopolización en la sociedad, sabía que negar tal proceso e intentar engañar a la gente no tendría calado ni siquiera entre las masas trabajadoras sin conciencia política, ya que era algo que podía ser visto y comprobado en el día a día por la clase obrera, los intelectuales y los pequeños propietarios. Se sabía por tanto, que hubiera sido perjudicial adoptar como eje la negación del proceso de monopolización para su organización fascista, fijémonos pues a qué niveles de patetismo ha llegado el «marxista» y «reputado economista» Sutherland.

El proceso de monopolización no es estrictamente un fenómeno registrado solamente por Lenin; Marx y Engels ya dejaron constancia que este es un fenómeno implícito del capitalismo, para ello por supuesto se observó la economía burguesa de su época pero también se basaron en lo que exponían y confesaban las propias obras de los pensadores y economistas burgueses como Adam Smith o David Ricardo. En su famosa obra «Manuscritos económicos y filosóficos» de 1843, Marx nos refleja que en el proceso de acumulación del capitalismo el monopolio es un fenómeno característico del capitalismo que sucede como parte de su «curso natural»:

«Como ya sabemos que los precios de monopolio son tan altos como sea posible y que el interés de los capitalistas, incluso desde el punto de vista de la Economía Política común, se opone abiertamente al de la sociedad, puesto que el alza en los beneficios del capital obra como el interés compuesto sobre el precio de las mercancías (Smith, t. I, págs. 199—201), la única protección frente a los capitalistas es la competencia, la cual, según la Economía Política, obra tan benéficamente sobre la elevación del salario como sobre el abaratamiento de las mercancías en favor del público consumidor.

La competencia, sin embargo, sólo es posible mediante la multiplicación de capitales, y esto en muchas manos. El surgimiento de muchos capitalistas sólo es posible mediante una acumulación multilateral, pues el capital, en general, sólo mediante la acumulación surge, y la acumulación multilateral se transforma necesariamente en acumulación unilateral. La acumulación, que bajo el dominio de la propiedad privada es concentración del capital en pocas manos, es una consecuencia necesaria cuando se deja a los capitales seguir su curso natural, y mediante la competencia no hace sino abrirse libre camino esta determinación natural del capital». (Karl Marx; Manuscritos económicos y filosóficos, 1843)

Precisamente Marx explicando a idealistas como Proudhon que no entendían realmente el origen histórico de la monopolización, expresó: