martes, 31 de marzo de 2020

El republicanismo abstracto como bandera reconocible del oportunismo de nuestra época; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«La cuestión republicana, como la cuestión de género, la cuestión nacional, la cuestión ecológica, si no se presenta bajo un análisis marxista-leninista y en conexión con la lucha de clases, se acaba en posiciones utópicas, ridículas, cuando no reaccionarias.

Los oportunistas siempre nos hablan de un proyecto político republicano en el que, por supuesto, se evita explicar detalladamente el rol fundamental del partido comunista en la construcción del socialismo en cada campo –político, económico y cultural–. 

Suelen eludir cuestiones como la necesidad del uso de la dictadura del proletariado para la consecución y mantenimiento de esa «república» –tanto en aspectos coercitivos como no coercitivos–. La dictadura del proletariado y todo lo que implica es un concepto que como hacían los eurocomunistas, solo citan para referirse a experiencias históricas o que figura en el programa máximo, pero que esquivan en la agitación diaria y mucho más en los manifiestos concretos con su firma, y así será hasta que como hicieron los eurocomunistas, decidan suprimirlo directamente para quitarse de malentendidos con la burguesía. 

En economía a veces se habla incluso de «socializaciones» de los medios de producción, pero en ningún lado se explica detalladamente que entienden ellos por las leyes fundamentales del socialismo –beneficiándose de dicha indefinición ecléctica para engañar a incautos de todo tipo–, y como ya hemos dicho el socialismo no se construye sin conocimientos y de forma espontánea. Esto es similar a cuando un niño con su grupo de amigos asegura que tiene la intención de construir un transbordador espacial, lo cual eludiendo la más que posible falta de medios económicos y organizativos para llevar tal empresa a cabo, ignoran lo mas importante: que carecen de conocimientos básicos de física, mecánica, informática y matemáticas para ese propósito. Acerca del socialismo, estos grupos políticos no están lejos del deseo infantil y fantasioso de los niños de ir a la luna. Estos grupos tampoco demuestran comprender como opera el capitalismo para poder combatirlo, por lo que este tipo de eslóganes no pueden ser tomados en serio, por eso formulan recetas que nada cambian. 

En cuanto al campo de la cultura, sufren de un humanismo liberal que concibe el socialismo desde un punto de vista pequeño burgués: yendo a remolque del discurso socialdemócrata que vende utopías como la reivindicación de una educación laica, universal y de calidad bajo la democracia burguesa. En esta área se destaca especialmente la bienvenida a cualquier moda decadente en el arte y el modo de vida.

Bien, como sabemos y ya pudimos constatar en la sección: «Un deslizamiento hacia las clásicas desviaciones basadas en un republicanismo pequeño burgués». Entre las desviaciones que el PCE (m-l) empezó a acumular a finales de los 80 se encontraba un giro sobre la cuestión republicana, y un aproximamiento hacia el republicanismo pequeño burgués, que se empezó a hacer enormemente notable desde 1986 y se mantuvo como un punto estrella de la agitación y propaganda del partido hasta su desaparición en 1992.

sábado, 28 de marzo de 2020

Algunas consideraciones sobre el COVID-19 [Coronavirus]; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

«La concepción materialista de la historia también tiene ahora muchos amigos de ésos, para los cuales no es más que un pretexto para no estudiar la historia. (...) En general, la palabra «materialista» sirve, en Alemania, a muchos escritores jóvenes como una simple frase para clasificar sin necesidad de más estudio todo lo habido y por haber; se pega esta etiqueta y se cree poder dar el asunto por concluido. Pero nuestra concepción de la historia es, sobre todo, una guía para el estudio y no una palanca para levantar construcciones a la manera del hegelianismo. Hay que estudiar de nuevo toda la historia, investigar en detalle las condiciones de vida de las diversas formaciones sociales, antes de ponerse a derivar de ellas las ideas políticas, del derecho privado, estéticas, filosóficas, religiosas, etc., que a ellas corresponden. Hasta hoy, en este terreno se ha hecho poco, pues ha sido muy reducido el número de personas que se han puesto seriamente a ello». (Friedrich Engels; Carta a Konrad Schmidt, 5 de agosto de 1880)


«Aprovechando la formación médico-sanitaria y aunada al análisis marxista-leninista, el Equipo de Bitácora estima necesario hacer algunas aclaraciones al respecto sobre la crisis que hoy acontece.

Antes de abordar el tema, hay que entender que como ya dijo Engels:

«Las ciencias naturales modernas han demostrado que los llamados «barrios insalubres», donde están hacinados los obreros, constituyen los focos de origen de las epidemias que invaden nuestras ciudades de cuando en cuando. El cólera, el tifus, la fiebre tifoidea, la viruela y otras enfermedades devastadoras esparcen sus gérmenes en el aire pestilente y en las aguas contaminadas de estos barrios obreros. Aquí no desaparecen casi nunca y se desarrollan en forma de grandes epidemias cada vez que las circunstancias les son propicias. Estas epidemias se extienden entonces a los otros barrios más aireados y más sanos en que habitan los señores capitalistas. La clase capitalista dominante no puede permitirse impunemente el placer de favorecer las enfermedades epidémicas en el seno de la clase obrera, pues sufriría ella misma las consecuencias, ya que el ángel exterminador es tan implacable con los capitalistas como con los obreros». (Friedrich Engels; Contribución al problema de la vivienda, 1873)

Claro es que, dado el actual desarrollo de capitalismo monopólico y la globalización, la nueva variable observable es la velocidad con que una nueva enfermedad contagiosa pasa de afectar a una pequeña zona geográfica a amenazar a todo el planeta e incluso a la sociedad humana en tiempo récord. Y que por lo demás no solo se trata de una crisis sanitaria, sino que trae consigo una crisis económica que podría no tener precedentes, además, si bien de momento hay acceso a productos de primera necesidad, en el momento en que no esté garantizado veremos una creciente inseguridad.

Las teorías conspiranoicas que circulan sobre el COVID-19

«La negación de la presencia de un grano de verdad absoluta en las leyes de la ciencia por parte de la filosofía burguesa moderna tiene como objetivo reemplazar la verdad científica con lo «irracional», la fe, incluso la «fe animal» –instinto–, etc. (...) Todo esto es necesario para que la reacción imperialista pase de contrabando el oscurantismo y el misticismo a la ciencia y convierta la ciencia en un instrumento para la esclavitud espiritual de las masas trabajadoras». (V.P. Tugarinov; Sobre las leyes del mundo objetivo y las leyes de la ciencia, 1952)

Tras nuestra lectura de los informes, discursos y otros documentos hechos públicos de diversas organizaciones respecto a la pandemia del COVID-19 [coronavirus], observamos, una vez más, que gran parte de los políticos, artistas y filósofos, lejos de alejarse de las corrientes pseudocientíficas, secundan y emiten declaraciones que terminan por reproducir y dar por buenas una serie de hipótesis «conspiranoicas» de lo más ridículas, las cuales no solo no aportan claridad al respecto, sino que acaban sembrando más confusión entre el público, si cabe. 

El desconfiado y el charlatán comparten su conformismo agnóstico, les basta con afirmar que «esto» o «aquello» no debe ser discutido por su plausibilidad, porque «el ser humano es suficientemente retorcido» como para hacer esto otro. Bien, el hombre de ciencia, en lugar de arrojarse a la especulación enajenada, en lugar de sumarse a la turba de «expertos» que se dedican a la «opinología», comprobará qué hechos sostienen una teoría –o si estos existen en absoluto–. Lo contrario es embarcarse en la cavilación estéril que, tras días de quebraderos de cabeza, culmina en conclusiones carentes de valor que deben ser arrojadas al contenedor de la especulación. 

«Esta incomprensibilidad no te da derecho a deducir las consecuencias supersticiosas que la teología saca del conocimiento humano; no te da derecho a fantasear en el campo de las causas naturales, porque solamente puedes decir: «Yo no puedo explicar la vida desde estos fenómenos o causas naturales que me son conocidas o desde el modo como ahora me son conocidas»; y no puedes decir sin pretender haber agotado hasta la última gota de océano de la naturaleza que la vida no sea totalmente explicable por medio de la superposición de seres inventados; no te da derecho a hacerte ilusiones y a engañarte a ti mismo y a los demás con una explicación que nada explica; no te da derecho a convertir en «no saber» de las causas naturales y materiales en un «no saber» de dichas causas, a divinizar tu ignorancia, a personalificarla y objetivizarla en un ser que debería sacarte de encima tu ignorancia, pero que en realidad no expresa más que la naturaleza de esa ignorancia tuya, que la ausencia de explicaciones positivas y materiales. (...) En lugar de ser lo suficientemente honesto y humilde como para decir: «No sé el motivo, no puedo explicarlo, me faltan datos, los materiales» tú, con ayuda de la fantasía, conviertes estos defectos, estas negaciones, estas definiciones de tu cabeza en seres positivos, en seres que son inmateriales. (...) La ignorancia se conforma con seres inmateriales, incorpóreos, no naturales, pero su inseparable compañera, la exuberante fantasía, que siempre tiene cosas que hacer únicamente con seres altísimos y supremos y máximos, eleva inmediatamente estas pobres producciones de la ignorancia al rango de seres sobremateriales y sobrenaturales». (Ludwig Feuerbach; La esencia de la religión, 1845)

viernes, 27 de marzo de 2020

La literatura que necesita el pueblo...


«Si nuestra antigua literatura fue en nuestro Siglo de Oro más brillante que sólida, si murió después a manos de la intolerancia religiosa y de la tiranía política, si no pudo renacer sino en andadores franceses, y si se vio atajado por las desgracias de la patria ese mismo impulso extraño, esperemos que dentro de poco podamos echar los cimientos de una literatura nueva, expresión de la sociedad nueva que componemos. (...) He aquí la divisa de la época, he aquí la nuestra, he aquí la medida con que mediremos; en nuestros juicios críticos preguntaremos a un libro: «¿Nos enseñas algo? ¿Nos eres la expresión del progreso humano? ¿Nos eres útil? Pues eres bueno». No reconocemos magisterio literario en ningún país; menos en ningún hombre, menos en ninguna época, porque el gusto es relativo; no reconocemos una escuela exclusivamente buena, porque no hay ninguna absolutamente mala. Ni se crea que asignamos al que quiera seguirnos una tarea más fácil, no. Le instamos al estudio, al conocimiento del hombre; no le bastará como al clásico abrir a Horacio y a Boileau y despreciar a Lope o a Shakespeare; no le será suficiente, como al romántico, colocarse en las banderas de Víctor Hugo y encerrar las reglas con Molière y con Moratín; no, porque en nuestra librería campeará el Ariosto al lado de Virgilio, Racine al lado de Calderón, Molière al lado de Lope; a la par, en una palabra, Shakespeare, Schiller, Goethe, Byron, Víctor Hugo y Corneille, Voltaire, Chateaubriand y Lamartine. (...) Rehusamos, pues, lo que se llama en el día literatura entre nosotros; no queremos esa literatura reducida a las galas del decir, al son de la rima, a entonar sonetos y odas a las circunstancias, que concede todo a la expresión y nada a la idea, sino una literatura hija de la experiencia y de la historia, y faro por tanto del porvenir, estudiosa, analizadora, filosófica, profunda, pensándolo todo, diciéndolo todo en prosa, en verso, al alcance de la multitud ignorante aún, apostólica y de propaganda, enseñando verdades a aquellos a quienes interesa saberlas, mostrando al hombre, no como debe ser, sino como es, para conocerle; literatura en fin, expresión toda de la ciencia de la época, del progreso intelectual del siglo». (Mariano José de Larra; Literatura. Rápida ojeada sobre la historia e índole de la nuestra. Su estado actual. Su porvenir. Profesión de fe, 18 de enero de 1836)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

Pese a las limitaciones del liberalismo-romántico de Larra, esta es una visión progresista y dialéctica sobre la cultura en un hombre de la España de principios del siglo XIX. Esto tampoco quita que ni él ni autores anteriores como Quevedo, Calderón de la Barca, Lope de Vega fuesen profundos creyentes, y dedicasen varias críticas hacia el ateísmo que carecen de toda validez. Pero centrarse en este aspecto sería metafísico y hasta anacrónico, hay que destacar lo positivo y desechar lo negativo. Enver Hoxha hizo un análisis muy lúcido en esta cuestión:


«Hay que situar correctamente a nuestros renacentistas en la época en que vivieron, trabajaron y lucharon, poner de manifiesto sus ideas como producto del desarrollo de la sociedad de aquella época, poner de manifiesto sus objetivos inmediatos y futuros. Si las cosas se plantean así, correctamente, resultará que estas figuras de nuestro Renacimiento eran destacadas personas de ideas progresistas, iluministas revolucionarios, valientes y animados de un amor grande y ardiente por su patria. Lucharon con el fusil y la pluma por la libertad y la independencia del pueblo, por su despertar. Todos éstos son sus aspectos positivos, que son grandes. Todas estas virtudes y características de la época del Renacimiento y de los renacentistas debemos darlas a conocer al pueblo. 

Pero, no debemos olvidar en ningún momento que estos mismos animadores de nuestro Renacimiento tienen sus aspectos negativos que deben ser sometidos a nuestra crítica marxista-leninista. Estas debilidades consisten en sus concepciones filosóficas, que son idealistas. Se trata de un pesado bagaje, de la filosofía de su época, que está en contradicción y en lucha con nuestra ideología.

¿Podemos acaso callar este antagonismo, esta lucha implacable, a muerte, que los marxista-leninistas libramos contra la filosofía idealista, contra la religión y las creencias religiosas? ¿Podemos acaso considerarles intocables, tabús, únicamente porque son renacentistas? ¿Podemos, por una parte, combatir resueltamente la teología, la religión, las iglesias y las mezquitas, los curas y los almuecines y, por la otra, exaltar aquellas partes de la obra de Naim en las que expresa su filosofía bektachiana, o de Mjeda donde trata de la teología cristiana, o de Cajupi donde el autor dice, por ejemplo, que Papa Tomori era el «trono de Dios», etc., y ofrecer todo esto al pueblo como alimento ideológico sólo porque aquéllos son renacentistas, grandes hombres que han sentado las bases del desarrollo de nuestra lengua y han contribuido a su formación, porque sus poesías son hermosas y porque han creado bellas imágenes?

No, como marxistas que somos y en interés del pueblo y del socialismo, debemos combatir estos aspectos negativos. En materia de ideología, podemos hacer concesiones a la poesía o a la lengua La apreciación que Engels hizo de la lengua de Lutero, como base de la lengua literaria alemana, en absoluto impidió evaluar a la luz de la verdad y desenmascarar el papel reaccionario de la Reforma antes y después del levantamiento campesino en Alemania». (Enver Hoxha; Sobre la revolucionarización en la escuela; Discurso pronunciado en la reunión del Buró Político del CC del PTA, 7 de marzo de 1968)

Queda aclarado por tanto, que como comentó Lenin:

«La cultura proletaria no surge de fuente desconocida, no brota del cerebro de los que se llaman especialistas en la materia. Sería absurdo creerlo así. (…) El marxismo adquirió importancia histórica como ideología del proletariado revolucionario debido a que, lejos de desechar las más valiosas conquistas de la época burguesa, aprendió y reelaboró por el contrario, todo lo que había de precioso en el desarrollo más de dos veces milenario del pensamiento y la cultura humanos. Sólo la labor efectuada sobre esta base y en este sentido, animada por la experiencia de la dictadura del proletariado, que es la etapa última de su lucha contra toda explotación, puede ser considerada como el desarrollo de una cultura verdaderamente proletaria». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Las tareas de las ligas juveniles, 1920)

miércoles, 25 de marzo de 2020

Marx sobre los principios sociales del cristianismo


«Los principios sociales del cristianismo han tenido ya dieciocho siglos para desenvolverse, y no necesitan que un consejero municipal prusiano venga ahora a desarrollarlos. Los príncipes sociales del cristianismo justificaron la esclavitud en la antigüedad, glorificaron en la Edad Media la servidumbre de la gleba y se disponen, si es necesario, aunque frunciendo un poco el ceño, a defender la opresión moderna del proletariado. Los principios sociales del cristianismo predican la necesidad de que exista una clase dominante y una clase dominada, contentándose con formular el piadoso deseo de que aquella sea lo más benéfica posible. Los principios sociales del cristianismo dejan la desaparición de todas las infamias para el cielo, justificando con esto la perpetuación de esas mismas infamias sobre la tierra. Los principios sociales del cristianismo ven en todas las maldades de los opresores contra los oprimidos el justo castigo del pecado original y de los demás pecados del hombre o la prueba a que el Señor quiere someter, según sus designios inescrutables, a la humanidad. Los principios sociales del cristianismo predican la cobardía, el desprecio de la propia persona, el envilecimiento, el servilismo, la humildad, todas las virtudes del canalla; el proletariado, que no quiere que se lo trate como canalla, necesita mucho más de su valentía, de su sentimiento de propia estima, de su orgullo y de su independencia, que del pan que se lleva a la boca. Los principios sociales del cristianismo hacen al hombre miedoso y trapacero, y el proletariado es revolucionario». (Karl Marx; El comunismo del Rheinischer Beobachter, 12 de septiembre de 1847)

domingo, 22 de marzo de 2020

Lenin hablando de las epidemias y de las ilusiones de los reformistas


«La intelectualidad burguesa de Occidente, a semejanza de los fabianos ingleses, erige el socialismo municipal en una «corriente» aparte, precisamente porque sueña con la paz social, con la conciliación de las clases, y quiere desviar la atención pública de los problemas fundamentales de todo el régimen económico y de toda la estructura del Estado, haciendo que se concentre en las cuestiones menudas de la administración autónoma local. Es en la esfera de los problemas de este primer género donde las contradicciones de clase son más agudas; como ya hemos indicado, es precisamente esta esfera la que afecta a las bases mismas de la dominación de la burguesía como clase. Por eso, es en este punto precisamente donde la utopía filistea y reaccionaria de la realización parcial del socialismo aparece con singular claridad como una causa perdida. Se traslada la atención a la esfera de las cuestiones menudas de la vida local, no al problema de la dominación de la burguesía como clase, no al problema de los instrumentos principales de esta dominación, sino al problema referente a cómo gastar las migajas arrojadas por la burguesía para «atender a las necesidades de la población». Se comprende que si se destacan estos problemas relacionados con el gasto de sumas insignificantes –en comparación con la masa total de plusvalía y con la suma total de gastos estatales de la burguesía– que la propia burguesa accede a entregar con destino a la sanidad pública –Engels señalaba en «El problema de la vivienda» de 1873 que las epidemias contagiosas en las ciudades asustan a la propia burguesía–, con destino a la instrucción pública –¡la burguesía no puede prescindir de obreros instruidos, capaces de adaptarse al elevado nivel de la técnica!–, etc., en la esfera de problemas tan menudos es posible perorar acerca de la «paz social», de los efectos nocivos de la lucha de clases, etc. ¿De qué lucha de clases se puede hablar aquí, si la propia burguesía gasta dinero para «atender a las necesidades de la población», para sanidad y para instrucción pública? ¿Para qué hace falta la revolución social, si a través de la administración autónoma local se puede ampliar poco a poco y gradualmente la «propiedad colectiva», «socializar» la producción: los tranvías de caballos y los mataderos a que hace referencia tan a propósito el honorable Y. Larin? El oportunismo filisteo de esta «corriente» consiste en que se olvidan los estrechos límites del llamado «socialismo municipal» –de hecho, capitalismo municipal, como dicen con razón los socialdemócratas ingleses, al rebatir a los fabianos–. Se olvidan que, mientras la burguesía domine como clase, no puede permitir que se toque ni siquiera desde el punto de vista «municipal» las verdaderas bases de su dominación; que si la burguesía permite, tolera el «socialismo municipal», es justamente porque éste no toca las bases de su dominación, no lesiona las fuentes serias de su riqueza, abarca exclusivamente la estrecha esfera local de gastos que la propia burguesía entrega a la gestión del «pueblo». Basta conocer siquiera sea un poco el «socialismo municipal» de Occidente para saber que todo intento de los municipios socialistas de salirse un tanto así del marco de la administración habitual, es decir, menuda, mezquina, que no aporta un alivio esencial a los obreros, tocio intento de lesionar un tanto así el capital, motiva siempre, de un modo indefectible, el veto decidido del poder central del Estado burgués. Y nuestros municipalizadores hacen suyo precisamente ese mismo error fundamental, ese oportunismo filisteo de los fabianos, posibilistas y bernstenianos de Europa Occidental». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Programa agrario de la socialdemocracia en la primera revolución rusa de 1905-1907, 1907)

sábado, 21 de marzo de 2020

Sobre la cuestión nacional; ¿es, sin embargo, la separación la solución posible, conveniente, justa?


«¿Es, sin embargo, la separación la solución posible, conveniente, justa? Ateniéndonos a los principios de la teoría nacional leninista-estalinista, no hay nada que discutir: los catalanes tenemos el derecho de hacer de Cataluña un Estado independiente. Por tanto, la clase obrera de Cataluña no puede ser antiseparatista, ni puede opinar que la separación, en cualquier circunstancia, sería una aspiración o realización reaccionarias. ¿Se deduce de esto que la clase obrera de Cataluña es o tiene que ser separatista? ¡En absoluto! Quiere decir que la clase obrera de Cataluña, dada una situación histórica concreta, podría ser e incluso debería ser separatista, sin deformación nacionalista y contra la burguesía nacional. El desarrollo del capitalismo es desigual, nos ha dicho Lenin. Cada país es característico, cada país capitalista es dirigido por una burguesía característica. (...) Por tanto, cada clase obrera nacional debe aprovechar toda coyuntura nacional o internacional para realizar su revolución, independientemente de la situación o de las perspectivas o posibilidades revolucionarias de la clase obrera de un país vecino o lejano. Por tanto, si un conjunto de hechos peninsulares o determinados por una realidad internacional concreta hicieran posible la victoria proletaria en Cataluña, aunque no en los demás países hispánicos, la clase obrera catalana tendría el derecho y el deber de construir un Estado independiente y dispuesto a unirse, a federarse con otros estados populares o socialistas. Y lo mismo ha de decirse de Euskadi, de Galicia y de Castilla. Porque la comunidad de destino de los proletarios es internacional y no estatal, cuando un Estado multinacional practica el genocidio, el aniquilamiento sistemático de las nacionalidades más débiles. Es el caso de España. Y no admitirlo se filisteísmo, como diría Lenin. Lo que no debe ser la clase obrera de Cataluña es separatista por anti-castellanismo. Ciertamente, el pueblo castellano es proclive a maniobras genocidas. Sin embargo, también es la víctima. Porque, de las naciones hispánicas, fue la primera en perder sus libertades y ha sido después y es ahora carne de cañón de un enemigo común y al que, hermanados, tenemos que combatir y vencer. La separación por anti-castellanismo es una concepción burguesa totalmente opuesta a la concepción proletaria del problema nacional. Para la clase obrera de Cataluña, pues, el problema de la separación o no separación no es de principio, si no dialéctico. (Joan Comorera; ¿Es, sin embargo, la separación la solución posible, conveniente, justa?, 1953)

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miércoles, 18 de marzo de 2020

Causas de la derrota de la insurrección de Reval en 1924


«¿Cuáles fueron las causas del fracaso de la Insurrección de Reval? Lo que acaba de ser expuesto acerca de los preparativos y el desarrollo de la insurrección demuestra que, en relación a la organización y a la táctica, los insurrectos cometieron una serie de errores de graves consecuencias. A grandes rasgos, las causas fueron las siguientes:

1) La dirección de la insurrección había sobrestimado el grado de desmoralización de las tropas de la guarnición así como la fuerza de la organización militar del Partido. Para llevar a cabo los objetivos que se proponían, las fuerzas eran manifiestamente insuficientes. Esto es indudable, incluso si la dirección hubiera logrado reunir a todos los hombres inscritos en la organización. La exageración del grado de desmoralización de las tropas consistía en el hecho de que, al enviar nueve hombres al tercer batallón del décimo regimiento, la dirección del Partido pensaba ganarse este batallón en su totalidad, y hacerle tomar parte activa en el derrocamiento del gobierno burgués. Sucedió lo mismo con el grupo de tanques y con el batallón de telegrafistas. Los soldados del tercer batallón, el batallón de telegrafistas y el grupo de tanques simpatizaban indudablemente con el Partido Comunista y eran hostiles a los oficiales y a todo el régimen burgués. Estas unidades hubieran ingresado en las filas de los insurgentes si hubiese habido dentro ellas un sólido núcleo de comunistas, o de la juventud comunista, o incluso un grupo de soldados revolucionarios que hubiesen recibido previamente instrucciones del Partido, o sea un núcleo capaz de resistir a la comandancia reaccionaria. Pero ese no era el caso. En lugar de dirigir toda la acción hacia la participación de los soldados y de los marinos en la insurrección, por unidades enteras o al menos por fracciones constituidas, en lugar de organizar una conveniente agitación política en el ejército, el Partido Comunista había separado a los soldados revolucionarios de sus unidades para unirlos a los grupos de obreros. Era un grave error. Era ingenuo pensar que el batallón del décimo regimiento, sin soldados comunistas, se pasaría activamente al campo de los insurrectos, siguiendo el llamado de nueve obreros desconocidos. Imaginemos la escena: las cinco y cuarto de la madrugada, todo está oscuro; el batallón está durmiendo; un grupito insignificante de hombres, desconocidos por todos, lo despierta y le asegura que la insurrección ha estallado, invitando al batallón a reunirse con los insurgentes. Los soldados no ven esta insurrección; las calles están vacías; no hay obreros. No sabían nada de los preparativos de la insurrección. ¿Qué actitud se podía esperar de ellos? Era de esperar que el batallón se mantuviera neutral hasta mayor Información. La mayoría de los soldados no sabían quién organizaba la revuelta: ¿los obreros o los fascistas? Si algo se podía esperar de este batallón lo cual era probable, puesto que no tomó parte en la acción contra los obreros, y por ello fue parcialmente desarmado, hubiera sido solamente en el caso de que un grupo más numeroso de obreros se hubiera presentado ante él, o de que hubiera habido, en el grupo, comunistas y soldados revolucionarios organizados.

martes, 17 de marzo de 2020

La organización del partido y la literatura del partido; Lenin, 1905


«Las nuevas condiciones que para la labor socialdemócrata se han dado en   Rusia después de la Revolución de Octubre, han puesto en la orden del  día la cuestión de la literatura del partido. La diferencia entre prensa legal   y prensa ilegal, esa triste herencia de la época de servidumbre en la Rusia  autocrática, comienza a desaparecer. Pero aún está muy lejos de haber  desaparecido. El hipócrita gobierno de nuestro Primer Ministro campea aún por sus cabales a tal punto que Izvestia Sovieta Rabochij Dieputátov se imprime «ilegalmente», pero, fuera del baldón que ello significa para nuestro gobierno, fuera del nuevo golpe moral que con ello recibe, nada resulta de las estúpidas tentativas del gobierno de «prohibir» aquello que ni siquiera está en condiciones de impedir. Cuando existía la diferencia entre prensa ilegal y prensa legal, la cuestión de la prensa de partido y prensa no partidista se resolvía de manera muy simple, pero también muy falsa y deformada. Toda la prensa ilegal era de partido, su edición corría por cuenta de las organizaciones y su distribución la hacían los grupos ligados, de un modo u otro, a los grupos de militantes prácticos del partido. Toda la prensa legal era no partidista –dado que el partidismo estaba proscrito–, pero «tendía» hacia éste o aquel partido. Como resultado de ello se daban los casos inevitables de asociaciones deformadas, de «convivencias» anormales, de falsos rótulos; las obligadas reticencias a las que debían recurrir los hombres que deseaban expresar los puntos de vista partidistas, se mezclaban con la incapacidad de profundizar o la cobardía de pensamiento de aquellos que no habían llegado a la altura de esos puntos de vista, de aquellos que, en el fondo, no eran hombres de partido.

lunes, 16 de marzo de 2020

Lenin contra el objetivismo burgués en la historia


«El rasgo principal de los razonamientos del autor, señalado ya desde el comienzo, es su estrecho objetivismo, que se limita a demostrar la inevitabilidad y la necesidad del proceso, y no hace ningún esfuerzo por descubrir en cada fase concreta de este proceso la forma de contradicción de clases que le es inherente; objetivismo que caracteriza el proceso en general pero no, por separado, las clases antagónicas de cuya lucha nace el proceso en cuestión. (...) El objetivista habla de la necesidad de un proceso histórico dado; el materialista hace constar con precisión que existen la formación económico-social dada y las relaciones antagónicas engendradas por ella. Al demostrar la necesidad de una serie dada de hechos, el objetivista siempre corre el riesgo de convertirse en un apologista de estos hechos; el materialista pone al desnudo las contradicciones de clase y, al proceder así, fija ya su posición. El objetivista habla de «tendencias históricas insuperables»; el materialista habla de la clase que «dirige» el régimen económico dado creando determinadas formas de reacción de las otras clases. Como vemos, el materialista es, por una parte, más consecuente que el objetivista y aplica su objetivismo con mayor profundidad y plenitud. No se limita a señalar la necesidad del proceso, sino que determina con exactitud qué formación económico-social es precisamente la que da su contenido a ese proceso, qué clase, precisamente, determina esa necesidad. En el caso dado, por ejemplo, el materialista no se limitaría a hacer constar que hay «tendencias históricas insuperables», sino que señalaría la existencia de ciertas clases que determinan el contenido del régimen dado y excluyen cualquier posibilidad de salida que no sea a través de la acción de los productores mismos. Por otra parte, el materialismo presupone el partidismo, por decirlo así, e impone siempre el deber de defender franca y abiertamente el punto de vista de un grupo social concreto siempre que se enjuicie un acontecimiento». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Contenido económico del populismo y su crítica en el libro del señor Struve; A propósito del libro de P. Struve, Notas críticas acerca del desarrollo económico de Rusia. San Petersburgo, 1894)

sábado, 14 de marzo de 2020

Las diferencias entre la federación burguesa y proletaria


«De todas las uniones federativas existentes, las más características del régimen democrático-burgués son las federaciones norteamericana y suiza. Históricamente se han formado de Estados independientes, a través de la confederación a la federación, con la particularidad de que, en la práctica, se han convertido en Estados unitarios, conservando sólo la forma del federalismo. Todo este proceso de desarrollo de la independencia al unitarismo ha pasado por una serie de actos de violencia, de opresión y de guerras nacionales. Baste recordar la guerra de los Estados norteamericanos del Sur contra los del Norte y la guerra del Sonderbund contra los demás cantones de Suiza. No se puede dejar de señalar que los cantones de Suiza y los Estados de Norteamérica no se estructuraron según el principio nacional, y ni siquiera según el económico, sino de modo enteramente fortuito, en virtud de la ocupación casual de unos territorios u otros por los emigrantes colonos o las comunidades agrícolas. (...) La Federación que se estructura ahora en Rusia ofrece, debe ofrecer, un cuadro completamente distinto. (…) Las regiones que se han perfilado en Rusia son unidades definidas en el sentido de su modo de vida y de la composición nacional. Ucrania, Crimea, Polonia, la Transcaucásica, el Turkestán, la Región Central del Volga, el territorio de Kirguizia, se distinguen del centro, no solo por su ubicación geográfica –¡la periferia!–, sino también como territorios económicos íntegros. (…) No son territorios libres a independientes, sino unidades incrustadas por la fuerza en un organismo político común a toda Rusia, unidades que ahora aspiran a obtener la libertad de acción necesaria, bajo la forma de relaciones federativas o de independencia completa. La historia de la «unión» de estos territorios es una sucesión ininterrumpida de actos de violencia y de opresión por parte de las antiguas autoridades de Rusia. (…) En las federaciones occidentales, la burguesía imperialista es la que dirige la estructuración de la vida del Estado. No hay nada de asombroso en que la «unión» no pudiera prescindir de la violencia. Aquí, en Rusia, por el contrario, es el proletariado, enemigo acérrimo del imperialismo, quien dirige la estructuración política. Por eso en Rusia se puede y se debe establecer el régimen federativo sobre la base de la libre unión. (…) Norteamérica como Suiza, no son ya federaciones: lo fueron en los años 60 del siglo pasado; de hecho, se han convertido en Estados unitarios desde las postrimerías del siglo XIX. (…) La estructuración de Rusia va en el sentido contrario. Aquí el forzoso unitarismo zarista es sustituido por el federalismo voluntario para que, con el transcurso del tiempo, este ceda su puesto a una agrupación, análogamente voluntaria y fraternal, de las masas trabajadoras de todas las naciones y pueblos de Rusia. (…) El federalismo en Rusia está llamado a desempeñar un papel de transición hacia el futuro unitarismo socialista». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin; La organización de la República Federativa de Rusia, 1917)

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jueves, 12 de marzo de 2020

Engels explicando la relación entre filosofía y ciencias naturales...


«Los naturalistas creen liberarse de la filosofía simplemente por ignorarla o hablar mal de ella. Pero, como no pueden lograr nada sin pensar y para pensar hace falta recurrir a las determinaciones del pensamiento y toman estas categorías, sin darse cuenta de ello, de la conciencia usual de las llamadas gentes cultas, dominada por los residuos de filosofías desde hace largo tiempo olvidadas, del poquito de filosofía obligatoriamente aprendido en la Universidad –y que, además de ser puramente fragmentario, constituye un revoltijo de ideas de gentes de las más diversas escuelas y, además, en la mayoría de los casos, de las más malas–, o de la lectura, ayuna de todo crítica y de todo plan sistemático, de obra filosófica de todas clases, resulta que no por ello dejan de hallarse bajo el vasallaje de la filosofía, pero, desgraciadamente, en la mayor parte de los casos, de la peor de todas, y quienes más insultan a la filosofía son esclavos precisamente de los peores residuos vulgarizados de la peor de las filosofías. (...) Pónganse como quieran, los naturalistas se hallan siempre bajo el influjo de la filosofía. Lo que se trata de saber es si quieren dejarse influir por una filosofía mala y en boga o por una forma del pensamiento teórico basada en el conocimiento de la historia del pensamiento y de sus conquistas. ¡Física, guárdate de la metafísica!: pensamiento muy certero, pero en otro sentido. Los naturalistas conceden a la filosofía una vida aparente, al contentarse con los despojos de la vieja metafísica. Solamente cuando la ciencia de la naturaleza y de la historia hayan asimilado la dialéctica, saldrá sobrando y desaparecerá, absorbida por la ciencia positiva, toda la quincalla filosófica, con la excepción de la pura teoría del pensamiento. (...) Toda la naturaleza asequible a nosotros forma un sistema, una concatenación general de cuerpos, entendiendo aquí por cuerpos todas las existencias materiales, desde los astros hasta los átomos, más aún hasta las partículas del éter, de cuanto existe. El hecho de que estos cuerpos aparezcan concatenados lleva ya implícito el que actúan los unos sobre los otros, y en esta su acción mutua consiste precisamente el movimiento. Ya esto, por sí sólo, indica que la materia es inconcebible sin el movimiento. Y si, además, la materia aparece ante nosotros como algo dado, como algo que ni ha sido creado ni puede ser destruido, ello quiere decir que también el movimiento es algo increado e indestructible. Esta conclusión se reveló como irrefutable desde el momento mismo en que el universo se impuso al conocimiento como un sistema, como una concatenación de cuerpos. La conciencia de esto se abrió paso en la filosofía mucho antes de que llegara a dar frutos en las ciencias naturales, y ello explica por qué la filosofía llegó a la conclusión de la increabilidad e indestructibilidad del movimiento unos doscientos años antes que dichas ciencias». (Friedrich Engels; Dialéctica de la naturaleza, 1883)

domingo, 8 de marzo de 2020

Frente único proletario y frente popular antifascista; Georgi Dimitrov, 1935

En el presente capítulo Dimitrov resume las condiciones en las que se puede establecer el frente único del proletariado –es decir las alianzas del proletariado comunista con proletarios de otras organizaciones o incluso sin partido  y el frente popular –la alianza del proletariado comunista con los pequeños campesinos, jornaleros, intelectuales, funcionarios, pequeño burgueses de la ciudad. Esto es de suma importancia viendo las distorsiones que luego se ha hecho de estas dos cuestiones. Como resolución a este discurso se dispuso:

«Los comunistas deben incrementar su vigilancia y guardarse del peligro de del oportunismo de derecha, y deben continuar una determinada lucha contra todas estas concretas manifestaciones, teniendo en cuenta el peligro del oportunismo de derecha crecerá donde las tácticas del frente único sean aplicadas. La lucha por el establecimiento del frente único, de la acción conjunta de la clase obrera, alza como necesario que los obreros socialdemócratas se convenzan a través de las lecciones objetivas de la correcta política de los comunistas y la incorrecta política reformista, y que cada partido comunista prosiga  una lucha irreconciliable contra cualquier tendencia que rebaje las diferencias de principio entre el comunismo y el reformismo, contra rebajar la crítica de la socialdemocracia como ideología y práctica de colaboración de clases con la burguesía, contra la ilusión de que es posible transitar al socialismo pacíficamente, por métodos legales, contra cualquier realización basada en el automatismo y la espontaneidad, en la organización de la liquidación del fascismo o en la realización del frente único, contra cualquier menosprecio del rol del partido y contra la vacilación en los momentos de decisiva acción». (Internacional Comunista; Resolución final emitida por el VIIº Congreso de la Internacional Comunista respecto al informe de Georgi Dimitrov, 20 de agosto de agosto de 1935)

El documento:


«Algunos camaradas se quiebran en vano la cabeza, dándole vueltas a esta pregunta: ¿por dónde empezar, por el frente único del proletariado o por el frente popular antifascista?

Unos dicen: no se puede proceder a crear el frente popular antifascista antes de organizar un sólido frente único del proletariado.

Pero como  en una serie de países el establecimiento del frente único proletario tropieza con la resistencia de los sectores reaccionarios de la socialdemocracia, es mejor –razonan otros– empezar de una vez por el frente popular y sobre esa base desarrollar luego el frente único de la clase obrera.

Pero en una serie de países la formación del frente único del proletariado y el frente popular antifascista se hallan enlazados por la dialéctica viva de la lucha de clases, se entretejen, se convierten el uno en el otro, en el proceso de la lucha práctica contra el fascismo, y no se hallan separados, ni mucho menos, por una muralla china.

sábado, 7 de marzo de 2020

Hoxha contra el Che Guevara: refutando el izquierdismo armado

«Ustedes conocen mejor que nosotros estas teorías, el peligro que representan y los perjuicios que ocasionan. Che Guevara, por ejemplo, fue asesinado. Esto naturalmente puede ocurrir, porque un revolucionario puede ser asesinado. Pero Che Guevara fue víctima de sus propios puntos de vista no marxista-leninistas [1].

¿Quién era Che Guevara? Cuando hablamos de Guevara, pensamos también, en algún otro que se hace pasar por marxista y, en mi opinión, comparado con éste, Guevara era hombre sobrio de palabras. Era un rebelde, un revolucionario pero no un marxista-leninista como se pretende presentarlo. Puede ser que me equivoque, como latinoamericanos ustedes conocen mejor a Che Guevara, pero estimo que si fue un combatiente de izquierda. Su izquierdismo es un izquierdismo burgués y pequeño burgués, entrelazado con algunas ideas progresistas pero al mismo tiempo también anarquistas, lo que a fin de cuentas conduce al aventurerismo.

Los puntos de vista de Che Guevara y de algún otro que se hace pasar por marxista y «padre» de estas ideas, jamás han tenido ni tienen nada que ver con el marxismo-leninismo [2]. Asimismo Guevara ha tenido, por así decirlo, algunos «éclaircies» en la adopción de algunos principios del marxismo-leninismo, pero que aún no habían llegado a ser su concepción filosófica del mundo [3], de modo que le impulsaran a realizar actos verdaderamente revolucionarios.

No podemos decir que Che Guevara y sus compañeros fuesen cobardes. ¡No, en absoluto! Por el contrario eran valerosos. También hay burgueses valientes. Pero héroes, revolucionarios proletarios, hombres valientes verdaderamente grandes son únicamente los que se guían por los principios filosóficos marxista-leninistas y se ponen en cuerpo y alma al servicio del proletariado mundial y de la liberación de los pueblos del yugo imperialista, feudal, etc.

Hemos defendido la revolución cubana porque estaba dirigida contra el imperialismo estadounidense. Como marxista-leninistas, detengámonos un momento para analizar esta, revolución y las ideas que la inspiraron. La revolución cubana no se inició sobre la base del marxismo-leninismo ni se desarrolló según las leyes de la revolución proletaria [4], por las cuales se rige un partido marxista-leninista [5]. Tampoco después de la liberación del país, Fidel Castro se encauzó por el camino marxista-leninista, sino que por el contrario, continuó inspirándose en las ideas liberales. Es un hecho, y nadie puede negarlo, que los integrantes de esta revolución empuñaron las armas y ganaron las montañas, pero también es un hecho incontestable que no lucharon como marxista-leninistas. Eran combatientes libertadores que se levantaron en lucha contra la camarilla de Batista y la vencieron, precisamente porque ésta constituía un eslabón débil del capitalismo. Batista era un dócil lacayo del imperialismo que oprimía al pueblo cubano, y éste se levantó en lucha contra esta camarilla y contra el imperialismo yanqui y los derrotó.

En nuestra opinión, la teoría de que la revolución la hacen unos cuantos «héroes», representa un peligro para el marxismo-leninismo [6], particularmente para los países de Latinoamérica. En su continente del Sur existen grandes tradiciones revolucionarias, pero, como acabamos de señalar, también hay otras que son revolucionarias en apariencia, pero que en realidad no siguen la verdadera línea de la revolución. ¡Cualquier putsch que se perpetra allí es considerado como una revolución! Pero jamás un putsch puede ser una revolución, porque el lugar de la camarilla derrocada pasa a ocuparlo otra, es decir que todo sigue igual que antes. A los núcleos de las corrientes antimarxistas que existen aún en el seno de los viejos partidos, partidos que se han puesto al servicio de la contrarrevolución, se ha sumado en la actualidad otra corriente a la que calificamos de aventurerismo de izquierda.

Esta corriente, así como el otro engendro de la burguesía, el revisionismo moderno, representan grandes peligros para los pueblos, por tanto también para los países de Latinoamérica. El revisionismo moderno, cuidadosamente enmascarado, es un gran peligro para los pueblos y los revolucionarios. Según los países lleva diferentes máscaras. También el castrismo en Latinoamérica, disfrazado con el marxismo-leninismo, conduce a la gente, incluso a revolucionarios, al aventurerismo de izquierda [7]. En apariencia, esta corriente está en contradicción con el revisionismo moderno. Los ideológicamente inmaduros lo creen así, pero la verdad es otra. Lejos de estar en oposición con los revisionistas modernos, los castristas se han puesto enteramente a su servicio. El camino de cada uno de ellos converge en un mismo punto.

La cuestión es que, donde los revisionistas soviéticos no logran impedir que las masas de la clase obrera y del pueblo hagan la revolución, precisamente allí entra en acción esa corriente y mediante un putsch destruye lo que los revisionistas no pudieron destruir por medio de la evolución. Los revisionistas soviéticos y todas las camarillas traidoras que encabezan los partidos revisionistas, preconizan la evolución, la coexistencia y todas esas teorías antimarxistas que conocemos. El aventurerismo de izquierda, por la fraseología que utiliza parece más revolucionario, porque ¡predica la lucha armada! Pero, ¿qué es lo que entiende por lucha armada? Naturalmente los putschs. El marxismo-leninismo nos enseña que sólo dando pasos mesurados y seguros, y únicamente apoyándose con firmeza en los principios de la teoría marxista-leninista y haciendo que las masas adquieran conciencia, es posible conquistar éxitos en la preparación y el desencadenamiento de la insurrección armada, y no caer jamás en el aventurerismo.

Los autores de la teoría de que el «motor pequeño» pone en movimiento el «motor grande», pretenden hacer creer que están por la lucha armada, pero en realidad están en contra de ella y trabajan para desacreditarla. El ejemplo de Che Guevara y su trágico fin, la difusión y aplicación de esta teoría por otros que se dicen marxistas, pero que están en contra de las luchas de gran envergadura, masivas y populares, son hechos públicamente conocidos que refutan sus prédicas. ¡Guardémonos del pueblo porque puede traicionarnos, delatamos a la policía; formemos guerrillas «salvajes» y aisladas que –supuestamente– sean desconocidas por el enemigo y éste no desate el terror contra el pueblo! Estas y muchas otras teorías disolventes, que ustedes conocen bien, son difundidas por ellos. Atacar al enemigo con estas guerrillas «salvajes», combatirlo con ellas, etc., sin que el partido marxista-leninista asuma la dirección de esta lucha ¿puede haber aquí algo de marxismo-leninismo? Por el contrario. Estas teorías antimarxistas y antileninistas sólo pueden ocasionar fracasos al marxismo-leninismo y a la revolución, tal como fracasó en Bolivia la empresa de Che Guevara [8].

Esa corriente está desacredita las tesis sobre la insurrección armada. ¡Qué graves perjuicios ocasiona a la revolución! Con la muerte de Che Guevara las masas sencillas infectadas de las influencias que ejercen sobre ellas las concepciones anarquistas pensarán que ¡ya no hay quien las dirija para liberarse! O bien puede surgir un nuevo grupo de personas como el de Che Guevara y echarse a las montañas «para hacer la revolución». Es posible que las masas que esperan mucho de ellas, ansiosas de luchar contra la burguesía, se dejen engañar y les sigan. Y entonces ¿qué ocurriría? Ocurriría lo que para nosotros es evidente. Dado que estas personas no constituyen, la vanguardia de la clase obrera ni se guían por los luminosos principios del marxismo-leninismo, se encontrarán con la incomprensión de las amplias masas y tarde o temprano fracasarán, pero junto con ello se desacreditará ante las masas la verdadera lucha, la lucha armada, porque estas la mirarán con desconfianza. Debemos preparar a las masas política, e ideológicamente y convencerlas por medio de su experiencia práctica. Por todas estas razones afirmamos que la teoría frenante y reaccionaria que se propaga por Latinoamérica sobre la revolución es un engendro del revisionismo moderno y debe ser desenmascarada por los marxista-leninistas.

Hay dirigentes en algún Estado de Latinoamérica que subrepticiamente dicen alguna palabra «en contra» de la Unión Soviética, pero nosotros no podemos considerar que se oponen a ella. Se trata, por un lado, de presiones y chantajes para obtener algún beneficio y, por otro, de métodos para engañar a los ingenuos. Si los pregoneros de estas teorías no prestasen servicios a los soviéticos en sus planes de expansión imperialista-revisionista, les suspenderían todas las ayudas. Nosotros conocemos de sobra a los soviéticos, y si no han hecho esto, es precisamente porque esa gente les sirve, y les sirve bien. Por esta razón los revisionistas soviéticos continúan concediéndoles ayudas y sustentándoles.

Es tarea de todos los marxista-leninistas denunciar esta corriente antimarxista, cuyos pregoneros se autodenominan marxista-leninistas y utilizan los términos marxistas únicamente como una máscara, sin la cual estarían perdidos. Debemos arrancarles esa máscara y esto lo lograremos únicamente mediante una lucha organizada y por la vía marxista-leninista, como hacen ustedes, camaradas del Ecuador, y otros camaradas». (Enver HoxhaEl puño de los comunistas marxista-leninistas debe también golpear enérgicamente el aventurerismo de izquierda, como engendro del revisionismo moderno, 1968)

jueves, 5 de marzo de 2020

De la aplicación del internacionalismo a la reconciliación con el revisionismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


[Nota: Recomendamos la lectura de este capítulo en conexión con el capítulo: «Elena Ódena sobre el falso internacionalismo de los oportunistas alemanes Koch y Eggers» de 2020.]

«Solo hay un internacionalismo proletario verdadero: consiste en trabajar con abnegación por el desarrollo del movimiento revolucionario y de la lucha revolucionaria en el propio país y apoyar –con la propaganda, la simpatía y la ayuda material– esta misma lucha, esta misma línea y sólo ella en todos los países sin excepción». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Las tareas del proletariado en nuestra revolución, 10 abril de 1917)

¿Por qué el internacionalismo proletario?

En el IIº Congreso del Partido Comunista de España (marxista-leninista) de 1977, en un tono combativo se dice:

«Si decimos que nuestra lucha no se puede en ningún caso ver desligada del contexto histórico mundial en el que vivimos, entonces, cae por su propio peso que no podemos permanecer indiferentes a lo que sucede en otros países, y menos aún, a cómo avanzan y se fortalecen nuestros partidos hermanos y las posiciones que toman algunos que, llamándose marxista-leninistas, están cayendo de forma clara y descarada en un oportunismo que no es más que la continuación, con otras formas y con otra terminología, pero idéntica esencia, del revisionismo jruschoviano que tuvimos que combatir en los años sesenta. (…) Nuestras relaciones, entrevistas y discusiones con otros partidos y fuerzas marxista-leninistas, fueran en base a la aplicación consecuente y concreta del internacionalismo proletario, el cual es un principio inalienable del marxismo-leninismo. Jamás hemos consentido salimos de este principio que es esencial y que ningún partido auténticamente marxista-leninista puede relegar, abandonar o descuidar. Ahora bien, debemos distinguir entre los partidos y fuerzas que consideran el internacionalismo proletario de una forma activa, que lo aplican y lo defienden, de aquellos que hablan mucho de internacionalismo, pero todo se queda en eso, en verborrea, en fraseología hueca. (...) Por ello, hemos trazado una línea de acción que, en esencia, es la siguiente: 1) Unirnos estrechamente con los partidos que mantienen posiciones consecuentemente marxista-leninistas y, sobre la base de los principios, defenderlos contra los ataques de los oportunistas. 2) Elaborar tácticas concretas para profundizar las discusiones con los que vacilan, con los que todavía no tienen las cosas claras. Es de rigor la prudencia en estos casos, pero sin perder de vista que un exceso de prudencia cuando se plantean cuestiones de principios, puede llevar al oportunismo, o, como dicen los camaradas albaneses, puede cambiar el vino tinto en aguado. Trabajar con paciencia hacia ellos y procurar atraerlos a posiciones correctas, pero sobre la base de afirmar claramente nuestros principios. 3) Golpear, desenmascarar y combatir a los renegados del marxismo-leninismo, a los que ya son claramente revisionistas de nuevo cuño». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

En el IVº Congreso del PCE (m-l) de 1984 se diría:

martes, 3 de marzo de 2020

El PCE (m-l)... de querer ser un «partido bolchevique» a emular a un «partido menchevique» (1986-1992); Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Un todavía revolucionario PCE (m-l) recordaba:

«No podemos olvidar que actuamos y trabajamos en una sociedad burguesa –después de cuarenta años del más negro fascismo– que inevitablemente influye en ella concepciones, forma de vida y de pensar. La ideología burguesa o pequeñoburguesa, producto de la sociedad en la que vivimos o luchamos conseguimos eliminarla en lo fundamental dentro de nuestras filas, pero también en algunos casos acaba por prevalecer, crea desmoralización, pesimismo, vacilaciones, etc. Los elementos en los que se dan estos casos, suelen acabar abandonando las filas del partido con cualquier pretexto para autojustificarse; otros lanzan ataques y tratan de crear fracciones –como la intentona trotskista de 1966, los derechistas liquidacionistas de 1976 y los mencheviques sarnosos de 1981–. Por eso insistimos en la necesidad de la vigilancia revolucionaria en lo ideológico, político y organizativo». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IVº Congreso del PCE (m-l), 1984)

La historia y la experiencia revolucionaria han demostrado una cosa muy clara respecto al concepto de partido de la clase obrera:

«La historia del partido bolchevique nos enseña, ante todo, que el triunfo de la revolución proletaria, el triunfo de la dictadura del proletariado es imposible sin un partido revolucionario del proletariado, libre de oportunismo, intransigente frente a los oportunistas y capituladores, y revolucionario frente a la burguesía y al poder de su Estado. (...) En su lucha contra los bolcheviques, todos los mencheviques, sin distinción de matices, desde Axelrod y Martinov hasta Martov y Trotski, se servían invariablemente de armas sacadas del arsenal de los socialdemócratas del Occidente de Europa. Querían poseer en Rusia un partido como, por ejemplo, el Partido Socialdemócrata Alemán o el francés. Y luchaban contra los bolcheviques, precisamente porque presentían en ellos algo nuevo, insólito, distinto de la socialdemocracia occidental. ¿Y qué eran, por aquel entonces, los partidos socialdemócratas de Occidente? Una mezcla, un conglomerado de elementos marxistas y oportunistas, de amigos y enemigos de la revolución, de partidarios y adversarios de la causa del partido, con una conciliación ideológica gradual de los primeros con los segundos y una sumisión gradual y efectiva de aquéllos a éstos. Conciliación con los oportunistas, con los traidores a la revolución, ¿en nombre de qué?, preguntaban los bolcheviques a los socialdemócratas de la Europa occidental. En nombre de «la paz dentro del partido», en nombre de la «unidad», se les contestaba. ¿La unidad con quién, con los oportunistas? Sí, contestaban aquéllos; con los oportunistas. Era evidente que partidos así no podían ser partidos revolucionarios. Los bolcheviques no podían por menos de observar que, después de la muerte de Engels, los partidos socialdemócratas de la Europa Occidental habían comenzado a degenerar de partidos de la revolución social en partidos de «reformas sociales», y que todos ellos se habían convertido ya, como organizaciones, de fuerzas dirigentes en simples apéndices de sus propios grupos parlamentarios». (Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética; Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1938)

La postura sobre la cuestión nacional y los marxistas-leninistas; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Este capítulo es un inciso necesario en el grueso del texto, presentado a modo de contextualización del problema del tratamiento de la cuestión nacional por las fuerzas progresistas en España desde el siglo XIX hasta hoy día. Hemos visto necesario desviarnos de la temática estrictamente referida al PCE (m-l), mas con el único objetivo de comprender mejor sus posturas en el contexto teórico español que abarca desde el siglo XIX hasta hoy día. Pedimos al lector su comprensión en este punto.

En España encontramos a Francisco Pi y Margall (1824-1901), que desarrolló su obra durante la segunda mitad del siglo XIX y que se postula como una de las figuras de mayor estudio y sensibilidad sobre la cuestión nacional en cuanto a entender la variada idiosincrasia que existe en lo que hoy se conoce como España. Pero Pi y Margall pese a su honradez, humanismo y alto pensamiento progresista para su tiempo –preocupado incluso, como decía Engels por la cuestión obrera y social–, no podemos decir que fuese un socialista de tipo materialista-dialéctico, pues pese a su autodenominación como socialista nunca pasó de ser un socialista utópico a lo sumo. Pi i Margall, un total desconocido en la actualidad, sin duda se sitúa en la historia como el exponente más brillante del socialismo utópico español. Los pensadores de las numerosas escuelas utópicas que poblaban España desde la década de 1840 habían dejado de lado la cuestión nacional, haciendose eco del nacionalismo, de ideas semireligiosas, legalistas, de conciliación entre clases, etc. Entre los socialistas utópicos más destacados antes de la obra de Pi i Margall encontramos a Joaquín de Abreu, liberal-fourierista, Sixto Cámara, proudhoniano defensor del «iberismo» –la unión nacional entre Portugal y España–, los «icarianos» –Abdón Terradas, Narciso Monturiol, etc.–, que tenían una predisposición mesiánica y hablaban de entablar un viaje al estilo del «arca de Noé» hacia la «tierra prometida, Icaria» para librar al pueblo de sus males y, por último, Fernando Garrido, cuyo pensamiento es el más similar de entre todos los utópicos a aquél de Pi i Margall, pero sin desarrollarlo con la misma claridad, fuerza y espíritu revolucionario. El pensamiento de Pi i Margall, pese a contener las limitaciones filosóficas y políticas que conllevaba haber sido el primero en romper con las tradiciones reaccionarias implícitas en el socialismo utópico español hasta entonces, nos legó infinidad de reflexiones que vale la pena repasar en la actualidad, sobre todo en torno a la propia cuestión nacional:

domingo, 1 de marzo de 2020

Stalin sobre el nacionalismo ruso y periférico en la URSS


«Ahora bien, hallar la clave para la solución acertada de la cuestión nacional no significa todavía resolverla total y definitivamente, ni aplicar íntegramente esta solución en el terreno práctico concreto. Para aplicar con acierto el programa nacional planteado por la Revolución de Octubre, es preciso, además, vencer los obstáculos heredados de la etapa ya pasada de opresión nacional y que no pueden ser eliminados en poco tiempo, de golpe. Esta herencia consiste, en primer lugar, en las supervivencias del chovinismo de Gran Potencia, que es un reflejo de la pasada situación de privilegio de los grandes rusos. (...) Esta herencia consiste, en segundo lugar, en la desigualdad de hecho, es decir, en la desigualdad económica-cultural de las nacionalidades de la Unión de Repúblicas. La igualdad de derecho de las naciones, conseguida por la Revolución de Octubre, es una gran conquista de los pueblos; pero por sí sola no resuelve toda la cuestión nacional. Una serie de repúblicas y de pueblos que no han pasado o casi no han pasado por el desarrollo capitalista, que carecen o casi carecen de un proletariado propio y que, como resultado de esto, han quedado rezagados en los terrenos económico y cultural, no se hallan en condiciones de aprovechar íntegramente los derechos y las posibilidades que se les ofrecen con la igualdad de derechos de las naciones, y sin una ayuda exterior efectiva y prolongada no están en condiciones de elevarse al grado superior de desarrollo y alcanzar de este modo a las nacionalidades que se les han adelantado. Las causas de esta desigualdad existente de hecho no sólo residen en la historia de estos pueblos, sino también en la política del zarismo y de la burguesía rusa, que aspiraban a convertir las regiones de la periferia en regiones dedicadas exclusivamente a la obtención de materias primas y explotadas por las regiones centrales, desarrolladas en el sentido industrial. (…) Es un proceso prolongado, que requiere una lucha tenaz e insistente contra todas las supervivencias de la opresión nacional y de la esclavitud colonial. Pero tiene que ser superada a toda costa. Y sólo puedo ser superada mediante una ayuda efectiva y prolongada del proletariado ruso a los pueblos atrasados de la Unión, para conseguir su prosperidad económica y cultural. De otra manera, no se puede contar con el establecimiento de una colaboración firme y acertada entre los pueblos dentro del marco de un solo Estado federal. Por eso, la segunda tarea inmediata de nuestro Partido consiste en luchar para poner fin a la desigualdad existente de hecho entre las nacionalidades, y elevar el nivel cultural y económico de los pueblos atrasados. Esta herencia consiste, por último, en las supervivencias nacionalistas en toda una serie de pueblos que han sufrido el pesado yugo de la opresión nacional y que no han podido librarse todavía del recuerdo de los viejos agravios nacionales, En la práctica, estas supervivencias hallan su expresión en cierto apartamiento nacional y en la falta de una confianza plena de los pueblos antes oprimidos hacia las medidas que emanan de los rusos. Sin embargo, en ciertas repúblicas integradas por varias nacionalidades, este nacionalismo defensivo se convierte no pocas veces en nacionalismo ofensivo, en un chovinismo rabioso de la nacionalidad más fuerte, dirigido contra las nacionalidades más débiles de dichas repúblicas. El chovinismo georgiano –en Georgia–, contra los armenios, osainos, adzharianos y abjasianos; el chovinismo azerbaidzhano –en el Azerbaidzhán– contra los armenios, y el chovinismo uzbeko –en Bujará y Joresm– contra los turcomanos y los kirguíses». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Los factores nacionales en la edificación del partido y del Estado, 1921)