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miércoles, 9 de octubre de 2019

Foquismo; Terminológico, 2019


«Guevara y su teoría del «foco» rompe con la concepción marxista-leninista de revolución y la toma de poder, condensando toda una serie de desviaciones antimarxistas. En dicha teoría Guevara no considera las condiciones objetivas y subjetivas para la revolución en su justa medida, sino que presenta las condiciones objetivas como algo a no tener en cuenta y que de hecho pueden ser reemplazadas por el «foco» –un pequeño grupo de guerrilleros– que las crearía por fuerza. Piensa que cualquier pequeña crisis es igual a una situación revolucionaria, y que una «chispa puede prender la pradera». No comprende la concepción marxista-leninista de la concienciación de las masas –basada en que las masas se convenzan a través de su experiencia práctica–, apostando en cambio por acciones espectaculares sin conexión con las masas que estimulen a las masas para tomar conciencia política –como si la realidad existente ya fuera poco combustible para la revolución–. Niega el rol del proletariado tanto en el control de cualquier expresión militar –como la guerrilla–, como también en la concienciación de las masas, creyendo que ésta solamente avanza a través de acciones militares. Se adhiere a la teoría de que el «pequeño motor» –los guerrilleros foquistas–, a través de estas acciones ponen en marcha al «motor grande» –las masas trabajadoras– para que el engranaje de la revolución se ponga a funcionar. Tiene una afinidad con la creencia anarquista de que la «historia las hacen los héroes», negando el papel de las masas en la revolución, relegándolos a la pasividad o en el mejor caso a un papel secundario, de ahí las tantas guerrillas foquistas y su desconexión con las masas. Así mismo se nota un desprecio por el aprovechamiento del trabajo legal de masas bajo la excusa de que es inservible y de que la burguesía tiende al establecimiento del fascismo. El foquismo peca de la unilateralidad sobre dónde se debe actuar militarmente, buscando las zonas más favorables para la guerrilla que según ellos es la montaña, la selva o el campo, pues según la concepción del foco solamente así podrá evitarse el ser delatados por el pueblo con el que apenas se tienen lazos o evitar que éste sufra represión a causa de la guerrilla –aunque ha habido casos de guerrillas guevaristas urbanas–, esto significaba por lo general una notable desconfianza en las masas y una nula presencia en la zonas neurálgicas de las masas, traducido en que en la práctica la cuidad y el proletariado fueran espectadores o en el mejor de los casos el furgón de cola de los acontecimientos en la teórica pugna por el poder entre el gobierno reaccionario y estos intelectuales guerrilleros. La incapacidad organizativa de estos intelectuales derivaría también en casos en que creían que el terrorismo individual y espectacular serviría de método excitante para las masas». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2019)». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2019)

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Socialfascismo; Terminológico, 2017


«A esto hay que añadir una cuestión que normalmente se suele olvidar dentro del movimiento marxista-leninista: el régimen socialfascista –en este caso liderado por dirigentes oportunistas que dicen luchar por el socialismo, pero revisan los axiomas marxista-leninistas y establecen un régimen capitalista de tipo fascista–. 

En las experiencias en que el socialfascismo se ha hecho con el poder tanto en organizaciones revolucionarias como en gobiernos socialistas, encontramos como causa principal la infiltración de estos elementos y su ideario contrarrevolucionario en períodos de largo tiempo, a la par que otra de las clásicas causas de la desviación de las organizaciones revolucionarias: la relajación de principios y el decrecimiento de la vigilancia revolucionaria, en este caso contra las desviaciones nacionalistas y derechistas, lo que garantiza el afianzamiento de los socialfascistas hasta dar un golpe de gracia a la dirigencia y a las masas adormecidas. 

La burguesía revisionista, cuando accede al poder, generalmente se ha valido de métodos democrático-burgueses de dominación política, pero también muy autoritarios que recuerdan al fascismo clásico, sobre todo cuando necesitaba usurpar y purgar a los dirigentes revolucionarios de un partido marxista-leninista en el poder, o, cuando a su llegada al poder no podía mantener por más tiempo una forma de dominación más liberal y laxa. 

Esta variante se ha valido tanto del uso del monopartidismo, como la URSS de Jruschov o la Cuba de Castro, como del multipartidismo, como la Corea de Kim Il Sung o la China de Mao, siendo este último un multipartidismo que se diferencia del clásico en algo sustancial; y es que los partidos de oposición son tolerados siempre que no pongan en duda al partido gobernante en el poder. Esto significa que, por tanto, no hay cambios de partido en el poder ejecutivo, sino leves cambios de gabinete dirigente donde el resto de partidos pueden rozar el poder con un par de ministros en base a las simpatías que hayan logrado ganar entre los mandamases, en este caso, del «emperador» y su corte. Este poder político cumple con la paradoja que suele permitir asociaciones e ideas altamente reaccionarias, hasta religiosas, pero niega la conformación de asociaciones políticas y la publicidad de las ideas marxista-leninistas porque supondrían poner la primera piedra para el fin de su farsa. En China o Corea del Norte, ocurre una cosa muy curiosa que ya se dio en la antigua Alemania Oriental: es legal ser democratacristiano y tener representación de partidos religiosos y burgueses, pero es ilegal ser marxista-leninista, se arresta y se censura online todo material de este tipo que sea crítico con el gobierno.

Este régimen puede verse en la encrucijada de que, pese a toda la parafernalia que monta sobre el multipartidismo y el lema burgués del «pluralismo político», en realidad todo el mundo detecta que los poderes están concentrados en manos de una junta o de un caudillo. Suele valerse del ejército y favorecer la consolidación de una casta militar para asegurarse su fidelidad, es más, las fracciones burguesas en pugnan recurre a él tanto para resolver luchas de clanes como para reprimir a la clase obrera. A su vez este sistema no puede dejar de tener su reflejo en el resto de campos. Puede observase una fijación por contraer fuertes reivindicaciones territoriales a nivel internacional. También, dependiendo del grado de desarrollo de fuerzas productivas, observamos unas políticas económicas que tienden al belicismo y al socialimperialismo o que, pese a su verborrea, pregona una política entreguista de los recursos, convirtiéndose en una semicolonia más del montón. En el ámbito interno, se santifica la «economía mixta» y se lanza la clásica consigna reformista de que es necesario promover el entendimiento entre la burguesía y los obreros por el bien «bienestar colectivo de la nación», eje de su pensamiento nacionalista. Esta burguesía no solo proviene de la reactivación o rehabilitación de los restos de las viejas clases explotadoras previas a la «revolución nacional», sino también de las prebendas que han obtenido los gobernantes en el nuevo sistema, centrado, por encima de todo, por el sector estatal camuflado como «socialista», aunque opere con todas las leyes fundamentales del capitalismo. En la cultura se da la promoción de una filosofía abiertamente chovinista, mística e incluso racista, con una literatura y el arte enfocado a crear un relato ficticio sobre la historia nacional, alterándola sustancialmente, presentándola en un carácter mítico y fantasioso. 

El término socialfascismo sufrió una severa distorsión, especialmente durante 1929-34, en donde hubo ocasiones en que los comunistas llamaban de forma indiscriminada socialfascista, liberalfascista o anarcofascista a cualquier movimiento no comunista, incluso a sus miembros de base. Podemos calificar y utilizar este término como el de socialchovinista o socialimperialista, eso sí, siempre que sea con precisión. Socialfascista vendría a ser alguien, un movimiento u organización, que se presenta como marxista o cercano a un socialismo utópico, pero cuyas teorías y, sobre todo, sus acciones distan de serlo, adoptando formas de pensar y métodos más propios del fascismo o, en su defecto, colaborando y haciéndole el juego al mismo, no tanto por omisión como por conciencia, pese a toda la simbología y apariencia revolucionaria que pueda tener: el obrerismo populista, camorrismo terrorista, el nacionalismo chovinista, el asistencialismo demagógico y el apoyo sin complejos a las tradiciones y la mitología reaccionaria, estas suelen ser sus tretas y métodos de actuación característicos, pero pueden variar.

Esto no supone que este grupo o individuo mantenga en todos los campos una posición análoga. En España, un ejemplo sería el carrillismo, el cual utilizó sin piedad la calumnia y persecución contra sus competidores y disidentes, optando por llegar hasta al asesinato, y entre tanto, pactaba una salida política con el régimen franquista a la par que su programa político perseguía sin pudor la idea de establecer un régimen democrático-burgués. El carrillismo preparó al partido comunista para ser una máquina electoralista, pero sin abandonar estos métodos gangsteriles, los cuales, ha de decirse, no eran raros en el campo antifascista como forma de dirimir las divergencias. 

Esto indica la complejidad y evolución de los partidos, y la precisión con la que se tiene que hablar de fascismo; no es lo mismo una acción puntual o una coincidencia puntual con el fascismo que el mantener de forma permanente y fundamental una política fascista. En resumen, no es lo mismo tener ramalazos que ser en esencia fascista o socialfascista. Por eso los comunistas deben evitar el catalogar con una simple palabra a un partido, persona o régimen, deben evitar la reiteración de los mismos términos incluso aunque sean justos, dado que es mucho más pertinente una explicación detallada de su fisonomía que la simple síntesis, aunque ésta sea justa en su completud». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2017)

jueves, 7 de septiembre de 2017

Impresionismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«El impresionismo fue una corriente artística que triunfó a finales del siglo XIX, gracias entre otros a Monet, su máximo representante. Como tal, respondía a las ansias de un nuevo estilo burgués en el arte.

Esta corriente tiene raíces en el realismo y en los paisajistas. Conecta con el realismo en cuanto a pintar lo contemporáneo, y con los paisajistas en fijarse especialmente en paisajes que causasen una honda impresión.

No hacían distinción entre bello y feo: para ellos era bello aquello que estuviese bien pintado y tuviese sentido.

No les preocupaba el sujeto histórico, el ser social, sino la anécdota y en concreto el ambiente natural. Su intención era llamar la atención del espectador con una combinación espectacular y original para los sentidos.

Constituyeron la luz como personaje fundamental de sus obras. A consecuencia todo lo corpóreo, formal y táctil se fue diluyendo, habiéndose solamente rasgos parciales, ráfagas de luz, etc.

Los objetos en caso de estar presentes tienen vagas formas. Es una descomunal abstracción, empero opuesto a la abstracción geométrica, algo que en las siguientes corrientes posteriores como el cubismo donde se acentuará aún más.

El expresionismo como corriente vanguardista nacida en el siglo XX en Alemania, sería la evolución de dicha corriente, con la diferencia que en vez de centrarse en el paisajismo y en general en temática naturalista, se centraría mucho más en temas personales, subjetivos». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2017)

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Anarquismo; Terminológico, 2016


«La pequeña burguesía encuadrada en el marco histórico del capitalismo y de los primeros procesos de monopolización, acabaría experimentando diversas crisis cíclicas que ponen en peligro su existencia. De ahí nacen las ideas anarquistas en el siglo XIX como respuesta de la desesperación de la pequeña burguesía en ruinas. Así mismo el anarquismo contará con parte de la intelectualidad disidente de la época que no está de acuerdo con la modernidad política, económica y cultural. El anarquismo se valdrá de estos pensadores, los cuales cuentan con recetas ciertamente utópicas y románticas como alternativas al sistema.

Importante destacar que en lo político el anarquismo no se ocupa de resolver las contradicciones capital-trabajo, entre trabajo intelectual y físico, entre ciudad y campo, etc. Dependiendo de según qué anarquistas, unos no niegan la necesidad de la revolución violenta para derribar el sistema, otros consideran el terrorismo individual como medio para lograr una hipotética situación de colapso del sistema, para otros la extenuación del sistema llegará con una huelga general de trabajadores, la mayoría de anarquistas niegan todo trabajo en los parlamentos burgueses; todo ello denota las grandes dosis de subjetivismo, voluntarismo, aventurerismo y sectarismo en sus métodos políticos.

En cuanto a la organización, o mejor dicho falta de ella, es sinónimo de fracasos anunciados. Precisamente toda la falta de marcos teóricos definidos, toda la inconsistencia doctrinal de la que hacen gala se expresa en una extrema indisciplina y falta de cohesión entre sus filas que resulta hasta ridícula, primando el fraccionalismo, espontaneidad y antiteoricismo. A tenor de lo aquí expresado, ¿quién puede ser anarquista? Pues todo el que se proponga y diga como tal, de hecho no existe por lo general una selección de militantes en una organización anarquista ni hace falta tener conocimientos teóricos de la supuesta doctrina que dicen defender, comportándose en definitiva como una organización burguesa de masas, y no como una de militantes que trabaja por la emancipación de las clases trabajadoras. Con seguir unas cuantas proclamas anarquistas –en boga según la época– como el «odio a los uniformes», «odio a la patria», «odio a las banderas», «odio a los líderes», «odio hacia toda forma de poder», etc. y exponer una concepción ridícula y reaccionaria de los fenómenos de tu alrededor bajo los filtros del antiestatismo, el apoliticismo, la descentralización y sobre todo la «libertad personal» por encima de todo, son «esfuerzos» suficientes para que te estrechen la mano como «camarada».

Todas estas disposiciones políticas son debido a que los anarquistas tienen una comprensión idealista y metafísica de las relaciones de producción del sistema capitalista, en contradicción con la comprensión materialista y dialéctica del marxismo-leninismo, por lo mismo, el anarquismo resulta estéril a la hora de dar respuestas a las contradicciones del capitalismo, y solo puede aspirar a dar soluciones dentro de la dinámica capitalista.

De hecho, el anarquismo pese a lo que digan sus defensores no puede ser una doctrina que pretende superar el capitalismo porque él mismo es una comprensión pequeño burguesa de la relaciones de producción, es una queja de la centralización y el proceso de monopolización del capitalismo que hace que el pequeño burgués –o pequeño propietario– sea absorbido, arruinado o asfixiado por la competencia de los monopolios –de los grandes propietarios–, llegando, en caso de perder su propiedad, a ver su conversión de pequeño burgués a proletario o semiproletario. Por ello el anarquismo pretende una vuelta a la época premonopolista más descentralizada y sin monopolios, por lo que en verdad defiende la pequeña propiedad privada individual o cooperativa de las unidades de producción. En ese sentido, los «anarquistas individuales» –lo veremos más adelante– defienden la completa libertad de la pequeña unidad productiva, lo que por defecto lleva a una economía de corte caótica regida por la ley del valor, el mercantilismo y el máximo beneficio; lo mismo sucede en el caso de los «anarquismos colectivos», con la diferencia que aquí se habla de unidades productivas en forma de cooperativas, incluso con algún régimen de igualdad formal entre sus miembros, pero cuya actividad económica estará determinada por la ley del valor, oferta y demanda, la rentabilidad, y la competencia por cuotas de mercado con otras unidades productivas, dicho de otro modo, es un cooperativismo capitalista como el que se puede ver en cualquier país capitalista actual.

El anarquismo es una corriente que en lo cultural defiende una pretendida «libertad individual por encima de toda autoridad en tanto que manifestación «colectiva», es decir, prima el «interés individual» sobre el «interés colectivo» a toda costa. Se adhiere a un rechazo a ciertos valores de la cultura burguesa como el consumismo, el racismo, el militarismo o el machismo, pero al ser unos nihilistas del axioma de que las relaciones sociales entre las personas –como las relaciones económicas– rigen la cultura y psicología de los hombres no comprenden ni saben cómo acabar con dichos fenómenos culturales, de ahí la negación de la cuestión nacional, o una oposición entre guerras de liberación y guerras imperialistas, o guerras revolucionarias de las contrarrevolucionarias. Se ha solido dar la bienvenida a varias de las peores teorías y costumbres de la sociedad burguesa como el consumo de drogas –como forma de ocio o de evasión de los problemas de la sociedad– o la aceptación de las teorías sexuales que fomentan el concepto burgués «de amor libre» –en el sentido de libertad de despreocuparse de los hijos nacidos de esas relaciones, del adulterio y sus consecuencias psicológicas, etc.–. El hippismo nacido en los 60 se puede considerar la corriente cultural evolución del anarquismo, su versión pacifista.

No obstante, debido a que una de su tesis fundamental es la oposición a toda «autoridad», esto ha dado lugar a múltiples formas de comprensión de este dogma, desde «anarquismos individualistas» hasta formas colectivas del mismo, este es el caso del «anarco-sindicalismo» que se diferencia de los «individualistas» en que hay un colectivo convergiendo en una serie de reivindicaciones de tipo económico por lo que esta combinación resulta atractiva para sectores de trabajadores que carecen de formación ideológico-política. Ambas expresiones, adolecen un fuerte espontaneísmo. Vale decir que los «anarquistas individualistas», más «románticos y «nietzscheanos» si se quiere decir así, están posicionados directamente en un espectro que va desde la derecha a la ultraderecha, siendo el anarcocapitalismo actual su conclusión lógica. Mientras que los «anarquismos grupales» tienden a ser más progresistas, más reivindicativos, más racionales, más «izquierdistas», pero siempre en un sentido pequeño burgués. Estas variadas comprensiones del anarquismo son un efecto secundario de la pugna que siempre han mantenido contra todo «teoricismo», el cual consideran un lastre, un «juego de intelectuales» que no debe opacar la movilización y la «acción directa», que son la savia, la energía vitalista del verdadero «espíritu libre». En realidad, esta alergia a toda base teórica definida nace del hecho de que el anarquismo jamás ha logrado establecer un marco ideológico definido para su doctrina, ya que sus ideas, su endeble músculo teórico, se contradice entre sí constantemente, al tiempo que los pocos conceptos vagos que han sostenido históricamente han chocado con lo que han llevado a la práctica. Así, debido a su falta de eje ideológico, ninguna de sus variantes es una garantía para las clases trabajadoras para defender sus derechos de forma eficiente, mucho menos para su emancipación social.

El anarquismo es pues, una doctrina reaccionaria de la pequeña burguesía, que confunde a la clase obrera desviándola de sus objetivos de clases, y por tanto objetivamente trabaja de manera consciente o inconsciente en favor de la hegemonía de la burguesía, por ende, del capitalismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2016)

jueves, 6 de octubre de 2016

Hippismo; Terminológico, 2016


«Es una corriente nacida en lo albores de los años 60. Nace como un intento –fallido– de escapar a los males del capitalismo como la guerra, el desempleo masivo o las leyes jurídicas opresivas, pero la falta de un tronco filosófico correcto para analizar estos fenómenos desde un prisma científico lleva a esta corriente implantar una metodología insuficiente para combatir estas lacras del capitalismo: promueve la resistencia pasiva como manifestaciones y sentadas pacíficas y/o directamente el aislacionismo de los núcleos de la sociedad creando pequeños reductos aislados antes estos fenómenos.

El hippismo bebe de varias fuentes: desde Rousseau, Proudhon, Bakunin, Freud, Sartre, Marcuse, el budismo el hinduismo, el romanticismo, la psicodelia y un sin fin de influencias filosófico-religiosas.

Se caracteriza por la abogacía de la búsqueda de una «paz y convivencia social» entre los seres humanos, ignorando la problemática de la lucha de clases o considerándolo fenómeno secundario para sus fines. El segundo objetivo que defiende el hippismo es el crear un clima armonioso entre las personas y la naturaleza, pero plantean sin considerar tampoco lo insostenibilidad de dicha tesis ecologista dentro del sistema económico capitalista y sus leyes. A veces incluso se plantea la cuestión ecológista –cuestión de según orden– por delante de la cuestión de la lucha de clases –sin entender que sin la resolución de la cuestión del poder político burgués y la destrucción del sistema económico capitalista no hay posibilidad de plantear esta cuestión con eficacia–. 

En caso de mostrar un mínimo de interés por la política es a través de métodos pacifistas y reformistas. 

En caso de cuestionar el orden económico es para promover un liberalismo y una descentralización económica típica del periodo capitalista premonopolista, teorizando por tanto una vuelta al mercantilismo del artesano, con lo que estos planteamientos se aproximan al anarquismo, o mejor dicho: el hippismo es la versión evolucionada y pacifista del anarquismo. 

De toda esta visión político-económica se concluye que hippies como norma general eludan la cuestión de la toma del poder político o que jamás ponga en duda la validez del régimen económico imperante y muestren un desconocimiento, una apatía o incluso un rechazo del conocimiento e interés en lo económico-político. 

En la cuestión cultural los hippies se destacan por un rechazo a ciertos valores de la cultura burguesa como el consumismo, el racismo, el militarismo o el machismo, pero al ser unos nihilistas del axioma de que las relaciones sociales entre las personas –como las relaciones económicas– rigen la cultura y psicología de los hombres no comprenden cómo acabar con dichos fenómenos culturales. El concepto cultural propio del hippismo es la exaltación de un extremo individualismo y la negación de la cultura con carácter e interés de clase, siendo válidas todas interpretaciones del mundo y todas las costumbres siempre que respeten el amparo a la libertad individual. Se ha solido dar la bienvenida a varias de las peores teorías y costumbres de la sociedad burguesa como el consumo de drogas –como forma de ocio o de evasión de los problemas de la sociedad– o la aceptación de las teorías sexuales que fomentan el concepto burgués «de amor libre» –en el sentido de libertad de despreocuparse de los hijos nacidos de esas relaciones, del adulterio y sus consecuencias psicológicas, etc.–, siendo el hippismo un nudo cultural del mundo ideológico burgués». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2016)

jueves, 29 de enero de 2015

Socialdemocracia; Terminológico, 2015


«El término socialdemócrata es un término que ha evolucionado desde hace siglos, antiguamente se autocalificaban socialdemócratas o socialistas tanto los reformistas –quienes revisaban el marxismo pensando que se podía llegar al socialismo por medio de reformas progresivas de la sociedad capitalista–, como los revolucionarios –que sólo actualizaban las tesis de Marx si la época lo requería, sin alterar la esencia revolucionaria de la doctrina, y seguían manteniendo que la vía revolucionaria era la fundamental–. 

Durante el cisma entre los socialdemócratas revolucionarios encabezados por Lenin y los socialdemócratas socialchovinistas encabezados por Karl Kautsky durante la Primera Guerra Mundial, los primeros rechazaron seguir identificando a sus partidos como socialdemócratas y los denominarían en adelante como partidos comunistas, más tarde también llamados marxista-leninistas para diferenciarse de los nuevos reformistas de su tiempo. A partir de entonces el término socialdemócrata quedaría pues en manos de autodenominados «marxistas» que revisaban a Karl Marx y volvían a los conceptos de los autores reformistas y de otras corrientes ajenas al marxismo, se agruparon en la Internacional Obrera y Socialista de 1923-1939. Posteriormente el término sería usado por los partidos de la Internacional Socialista fundada en 1951. Tras la Segunda Guerra Mundial el mero hecho de que los socialdemócratas contemporáneos hubieran renunciado incluso en sus estatutos de partido al marxismo evidenciaba su alto grado de degeneración. Para aquel entonces se podía reconocer a los socialdemócratas porque:

En el plano interno:

(a) renunciaban tanto al leninismo como al marxismo oficialmente, declarando a ambos como obsoletos e inservibles, optaban por el socialdemocratismo reformista concretizado de los últimos años; (b) fijaban como base central de su pensamiento la «armonía entre clases» en detrimento de la lucha de clases marxista-leninista; (c) negaban la necesidad de la revolución apostando por reformas; dicho de otro modo, renunciaban a la toma del poder a través de la revolución violenta en favor de la vía pacífica a través del parlamento burgués, negando que la violencia revolucionaria de las clases explotadas contra las clases explotadoras sea una evidencia histórica; (d) creían que el Estado no es la herramienta de una clase determinada para imponer su dictadura, sino que es una herramienta para «mitigar las contradicciones entre las clases sociales y armonizarlas», creían que no era necesario derribar y destruir el viejo aparato del Estado burgués para llegar al socialismo, sino que defendían que el aparto del Estado burgués y la democracia burguesa era la democracia de todas las clases sociales y podía dar el socialismo al proletariado aprovechando el sistema parlamentarista burgués, a diferencia del concepto marxista-leninista de que la democracia burguesa es expresión de la dictadura de una clase determinada, la burguesía, y que no existe pues democracia para todos, ni existen medios a través de sus instituciones para transitar al socialismo, debido a que mantiene su poder económico y tal estructura de Estado responde además a salvaguardarlo, por tanto es necesario derribarlo a través de la toma del poder político, crear el nuevo poder de las masas populares; los soviets, y acabar con el poder económico de las clases explotadoras, para que el proletariado ejerza su dictadura, su democracia de clase en alianza con las masas populares; e) pensaban que nacionalizando ciertas empresas, creando una «economía mixta», se podría crear una cierta planificación, «acabar con las crisis del capitalismo», e incluso llamar a tal sociedad «socialista», por otro lado los marxistas-leninistas veían en esto tan solo la creación del capitalismo de Estado –propiedad colectiva de los capitalistas– frente a la abierta propiedad privada –propiedad individualizada de uno o varios capitalistas– y un intento vano de reprimir fallidamente la acción de las leyes capitalistas que por otro lado no se eliminaban y seguían operando dentro de empresas nacionalizadas, no solucionando las crisis económicas; f) teorizaban que el arte, la educación, la música, la literatura, toda la cultura en general era neutral en la sociedad capitalista-burguesa, negando la explicación marxista de que la cultura como parte de la superestructura está determinada por la base económica del Estado que es burgués, en tanto no es ni puede ser neutral; g) rehabilitaron a la religión, y concebían la posibilidad de unir la ideología socialdemócrata y la ideología religiosa y de lograr una sociedad socialista plena sin eliminar la religión, contrariamente a los marxista-leninistas que educaban a sus cuadros en el ateísmo científico, y veían incompatible el marxismo-leninismo y su materialismo-dialéctico con el idealismo-metafísica de la religión, y ligaban la cultura de la sociedad socialista al triunfo del ateísmo sobre la religión en sus miembros; h) en sus partidos no exigían unidad ideológica y de acción, dejando vía libre al eclecticismo ideológica y a las fracciones, tampoco tenían especial interés en mantener una composición social sana, ello les diferenciaba de la línea monolítica, de férrea unidad ideológica del partido marxista-leninista, y de su preocupación por agrupar a los elementos más avanzados del proletariado y del resto de clases populares que mantuvieran una ideología proletaria.

Y en el plano exterior:

(a) Anteponían los intereses nacionales a costa de los intereses internacionalistas, es decir, abandonaron el internacionalismo proletario por el socialchovinismo; b) creían que en esta época del capitalismo era posible un mejor reparto de las riquezas entre países, a diferencia de los marxistas-leninistas que concluían que en la época imperialista del capitalismo, de la monopolización, lejos de ocurrir esto, hacia más voraz a los países capitalistas imperialistas en su carrera por conquistar nuevas tierras, nuevos mercados, etc.; c) creían que la cuestión nacional y colonial era algo secundario o incluso artificial, y apoyaban las teorías chovinistas e imperialistas y de opresión nacional, frente al marxismo, que reconocía este problema y buscaba darle solución.

Esta evolución certificada en los años 50 del siglo XX, corroboraba la justa denuncia hecha décadas antes por los marxistas-leninistas de que la socialdemocracia era el más importante apoyo ideológico y político de la burguesía en el seno del movimiento obrero. Para ya entonces, la socialdemocracia, estaba muy lejos de los años 20 y 30 en que albergaban entre los que se llamaban así y sus partidos a variadas tendencias incluso izquierdistas, putschistas y hasta aventuristas.

Con el devenir de los años, y los acontecimientos históricos, la socialdemocracia viró hacia la derecha, al tiempo que las diferentes tendencias revisionistas también giraron hacia la derecha, buscando la fusión con la socialdemocracia, eliminado las endebles líneas demarcadoras entre los partidos revisionistas y los socialdemócratas. Pero la socialdemocracia siguió en su deriva ideológica propia acercándose a los postulados capitalistas de moda, así en los últimos años, entrado el siglo XXI, los partidos socialdemócratas han sufrido una agudización del proceso de derechización hasta extremos insospechados; de hecho, estas agrupaciones no llegan a cumplir en sus programas y acciones ni siquiera con los viejos esquemas programáticos de socialdemocratismo de mediados del siglo pasado; de hecho, los partidos socialdemócratas en el poder han liderado gran parte de las medidas más reaccionarias de los gobiernos del mundo, son directos representantes y defensores del gran capital, de la gran burguesía, de la oligarquía más insultante, de la reacción, aliado de los monopolios e imperialismo –cuando no los lideran–; y en grandes ocasiones forman parte de la vanguardia teórico-práctica del capitalismo neoliberal. Incluso, en la actualidad es extremadamente difícil diferenciar a un partido socialdemócrata de un partidos considerado de «derecha», o conservadores, o liberales, o neoliberales, fascistas, etc.

Ante esta perspectiva y los fracasos de sus gobiernos, estas organizaciones han caído en el descrédito y la pérdida de influencia en las masas lo que los ha llevado a una profunda y permanente crisis que se ha traducido en la continua traición de los intereses de las masas trabajadoras. Se ha llegado al punto de que tanto viejos como nuevos socialdemócratas tienen miedo a denominarse como tal porque saben de que están desacreditados antes las masas trabajadoras que son conocedoras de sus traiciones, esto les ha empujado a utilizar eslóganes eclécticos propios del fascismo como: «ni de izquierdas ni de derechas», pero sus propuestas, y sobre todo su práctica, siguen demostrando que son herederos de la II Internacional, así como integrantes de su reedición, la Internacional Socialista.

Inmersos en esta realidad, la burguesía es sabedora de que necesita renovar sus bazas ante tanto descontento popular que ha hecho obsoletos a estos viejos partidos, y es esa la razón de que o bien desarrollan «nuevas» corrientes ideológicas para engañar a las masas trabajadoras –como el revisionismo y sus nuevas ramas– o bien aparecen nuevos partidos socialdemócratas con distintas denominaciones que normalmente encubren su naturaleza para que no se les relacione precisamente con el socialdemocratismo de las últimas décadas; estos nuevos partidos tienen en sus programas los esquemas de la socialdemocracia clásica de principios del siglo XX, tienen por tanto un programa algo más progresista que los viejos y oficiales partidos socialdemócratas extremadamente derechizados, algunos de estos nuevos partidos neo-socialdemócratas ya han alcanzado el poder y parece que otros lo harán en breve –muchos de ellos aunque no consideran a sus partidos en sí marxistas, pero sí algunos de sus líderes, retomando pues la época de sus antecesores donde se reivindicaban marxistas pero practicaban una política reformista, siendo pues revisionistas; se dicen marxistas, practican una política socialdemócrata-reformista y deben ser considerados revisionsitas–. Hay que considerar que entre los viejos grandes partidos socialdemócratas y los nuevos partidos socialdemócratas que la burguesía forma, educa y prepara para remplazar a los primeros, existen medianos y pequeños partidos, también con distintos nombres: partido socialdemócrata, de los trabajadores, sindicalismo socialista, socialista, radical-socialista, etc. que parecen alejados del socialdemocratismo más rancio de las últimas décadas, ellos tampoco son la solución a los objetivos inmediatos como los problemas cotidianos ni a los objetivos finales como la revolución socialista, pero en ellos se albergan corrientes más afines a las acciones conjuntas para los marxista-leninistas e individuos mucho más combativos, honrados y factibles de ser aprovechados para la causa del socialismo siempre que se cuenten con el trabajo de una verdadera vanguardia marxista-leninista que les enseñe sus errores. Ahí entraríamos en la cuestión del partido comunista y el frente, pero es otra historia». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2015)

viernes, 23 de enero de 2015

Populismo; Terminológico, 2015


«¿Qué es el populusmo? Si nos plegamos a sus raíces etimológicas tendríamos que comprenderlo como relativo a pueblo; pero resulta evidente que los términos evolucionan en su contenido y significado y se alejan de sus raíces. Dicho esto, y a efectos de este espacio, populismo es aquella «estrategia» en el marco del ejercicio del poder –como gobernante o como opositor– bajo la dictadura de la burguesía ya sea en su forma democrático burguesa o en su forma fascista que es indisoluble a la demagogia, el pragmatismo y el oportunismo. Su función principal es enmascarar el verdadero sentido de las políticas que tienen por objeto el fortalecimiento de la clase en el poder pero justificadas en un «pretendido bien superior»; por ejemplo y el más común: «el bien general del pueblo»; dicho de otro modo, su objetivo es la alienación de las masas.

Vale decir que el populismo no es una característica exclusiva de la izquierda burguesa –revisionista, reformista, etc.–, sino de todo el espectro político burgués, su cara visible es el asistencialismo-caritativo; por ejemplo: el ultraderechista Álvaro Uribe desarrolló en Colombia programas de asistencia escolar, merienda escolar, programas de vivienda, etc., al tiempo que profundizaba el vaciamiento de contenido de los derechos económico-políticos a través de la extinción de los derechos laborales, etc. El mismo procedimiento emplean los gobernantes de izquierda burguesa en Latinoamérica que engañan a los pueblos diciendo que ese asistencialismo es un embrión del socialismo, cuando se trata del capitalismo de siempre. Lo esencial a comprender es que esta estrategia, allá donde se ejerce, tiene como finalidad aminorar las «condiciones objetivas» que conduzcan a procesos revolucionarios proletarios; al tiempo que con la propaganda reducen las «condiciones subjetivas». Es decir, es un mecanismo destinado a prolongar artificialmente al capitalismo en crisis, no obstante, a veces se desarrolla con objetivos meramente cosméticos, los ejemplos más oportunos son los «programas sociales» de las entidades empresariales monopólicas. El fascismo también ha utilizado de forma constante el populismo, sobre todo desde la oposición política –a veces sirviendo como trampolín al poder–. Lo ha hecho apoyándose en casos de corruptelas del gobierno burgués de turno –jurando que ellos acabarían con esa corrupción–, de humillaciones nacionales de la Patria por otras potencias –jurando restablecer ante el pueblo el «honor nacional»–, pretendiendo sentir repulsa por los «abusos de las clases altas» –clamando su fin– y queriéndose proclamar siempre como una «tercera vía» entre los «abusos de las clases altas» hacia el pueblo y el radicalismo y ateísmo del marxismo que quiere destruir a las clases altas como tal –hablamos de «clases altas» y no de clases explotadoras, siguiendo el hilo de que los fascistas no reconocen los análisis marxistas sobre la plusvalía y no ven explotación en el sistema capitalista–, elementos que desembocan en engañar a las masas trabajadoras, distraerlas y desviarlas de la revolución». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2015)

martes, 4 de junio de 2013

Lucha de clases; Terminológico, 2013


«Se trata del conflicto resultante del enfrentamiento de dos clases sociales irreconciliables, que a su vez son expresiones de las fuerzas dialécticas enfrentadas y derivadas de los intereses que resultan de las relaciones de producción, o lo que es lo mismo, del lugar que ocupa cada una en los procesos de producción; por ejemplo: libres contra esclavos, nobles contra plebe, y así hasta este momento en el que se desarrolla el enfrentamiento entre burgueses contra proletarios dentro del sistema capitalista. Resulta evidente pues que entre esas dos realidades dialécticas antagónicas —burgueses y proletarios—, y condicionadas por los procesos productivos, surge una hostilidad derivada de las contradicciones inherentes a los intereses de las clases sociales enfrentadas: explotadores —propietarios de los medios de producción— contra explotados —asalariados—. Se tiene como condición que en la medida que se desarrolle un X sistema, por ejemplo el capitalismo, la nueva clase social —los proletarios en este caso— irán aumentando en masa y convergiendo en intereses hasta que existan las condiciones para un proceso revolucionario, el objetivo de este procesos será inevitablemente eliminar a la clase burguesa —explotadores y vieja clase social— que representa en esta realidad a las fuerzas retardatarias. La lucha de clases es una evidencia histórica íntimamente relacionada con los procesos históricos de cuyo enfrentamiento se nutre la lógica científica del materialismo dialéctico e histórico; y como resultado de esas luchas se alumbran nuevas realidades y así sucesivamente hasta, según propone el marxismo-leninismo, se llegue a la sociedad sin clases o comunismo en la que esa lucha se extinguirá. La lucha de clases quedó seriamente cuestionada en todos los ámbitos —desde filosóficos, pasando por políticos-económicos, e incluso ideológicos— tras la caída del bloque socialista; en su lugar germinó el estructuralismo y el neo-estructuralismo. No obstante estos últimos quedaron sepultado bajo las cenizas del once de septiembre y la guerra contra el terrorismo desencadenada por los neoconservadores en el entendido mundo unipolar; tras lo cual la lucha de clases hasta entonces cuestionada ha sido revitalizada a su máxima expresión. La lucha de clases es un término de origen burgués». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2013)

miércoles, 24 de abril de 2013

Ecosocialismo; Terminológico, 2013


«El ecosocialismo, también conocido como «rojiverdes», es una corriente política nacida de las cenizas del «mayo del 68» que se entiende así misma como «izquierda», condensando ideas del socialismo utópico, del romanticismo, del anarquismo, del socialdemocratismo, del hippismo, del tercermudismo, del altermundismo y de todas esas corrientes ya refutadas por la historia. En variadas ocasiones se ha desarrollado hacia el respaldo del belicismo imperialista; podríamos considerar que forma parte de la «izquierda» proimperialista. Su revisión fundamental consiste en que renuncia a la lucha de clases –eje fundamental del marxismo-leninismo y del socialismo científico– como elemento central de las relaciones sociales establecidas por los modos de producción, tenencia y concentración de los medios de producción procuradas por el capitalismo, y la sustituyen por el problema del daño ambiental; entienden que la principal contradicción del capitalismo no es dentro de la sociedad humana, sino en el seno del medio ambiente, que destruye para procurar el máximo beneficio. Vale apuntar que los ecosocialistas no tienen un estructura ideológica clara debido a la enorme influencia de otras corrientes políticas, así, dentro del mismo, han surgido diversos planteamientos, en algunos casos priman las relaciones sociales a las ambientales, he ahí los rojiverdes o «sandias», pero que no pasan de propuestas cooperativistas dentro del capitalismo o de una lucha solo contra las recetas del neoliberalismo. En general dicen combatir al capitalismo, pero defienden la funcionalidad de la democracia burguesa, expresión de la dictadura de la burguesía; ofrecen unos métodos de actuación contra el poder muy habitualmente bajo métodos pacifistas aunque hay círculos cercanos al anarquismo que proponen una «resistencia» violenta si bien desorganizada. En lo económico presentan la condonación de la deuda como panacea del mundo actual neocolonial sin ver que ella solo es un engranaje más de ese sistema, engranaje que emergió junto la existencia misma de la propiedad y la usura; piensan en la llamada «redistribución de la riqueza» sin esforzarse en ver cuál es la raíz que hace nacer esa desigualdad, creen que en base a la educación pueden llegar a hacer que las empresas potencien por altruismo las energías renovables y que ofrezcan para el bien común y el uso público las patentes en materia tecnológica. A grandes rasgos, el ecosocialismo es una concepción pequeño burguesa, un socialismo pequeño burgués». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2013)

miércoles, 6 de febrero de 2013

Religión


«Son manifestaciones del idealismo filosófico, en tanto, enfrentadas a todas las formas de pensamiento derivadas del materialismo dialéctico; son un conjunto de «ideas», «dogmas», «creencias», «leyendas» y «cuentos populares» que se condensan en un todo mítico cuyos orígenes se remontan a la prehistoria. La realidad la deposita en lo abstracto en donde la verdad, toda la verdad, es revelada por un ente incognoscible, en ellas el «poder pastoral» es el instrumento de dominación final de la sociedad, y se ejerce a través de la manipulación de los sentimientos —amarillismo— razón por la que es útil al poder. En términos académicos las religiones se diferencian del mito únicamente en el hecho de que estas reconocen a un intermediario de ese mito —un escritor—, un «dios». En su conjunto se trata de intentos de comprensión del entorno surgidos en el seno de sociedades esclavistas de la edad de piedra, incluso anteriores a ella, que se caracteriza por una alta endogamia —plagio de ideas entre ellas—, mutabilidad y adaptación a las transformaciones ocurridas en las sociedades humanas, una derivación de la intoxicación de los valores culturales, sociales, y el «sentido común» que le es inherente; muy pronunciado desde el desarrollo del pensamiento científico basado en la objetividad. Las religiones paralizan el pensamiento crítico, y lo someten a la voluntad de lo «sagrado»». (Bitácora (M-L); Terminológico, 2013)

lunes, 28 de enero de 2013

Alienación; Terminológico, 2013


«El marxismo-leninismo la entiende como una deshumanización, desvalorización, inferiorización y negación progresiva de sí mismo, como una expresión de la realidad cultural en la que los sujetos se encuentra inmersos, y determinada por las relaciones sociales existentes que inducen a la deformación de la conciencia individual y colectiva así como a la «objetivación» de los seres humanos por su condición de servidumbre a los bienes que este crea y que otros se apropian —incluida la cultura—; y aunque podemos asumir que su primera expresión es individual, tiene una profunda incidencia en la conciencia colectiva a través de lo que conocemos como «sentido común». Compréndase que la actividad productora no aliena por si misma como pudo haberse entendido, sino que es una característica propia de la actividad productora bajo la aparición propiedad privada y la división del trabajo; de hecho sobra decir que es un fenómeno íntimamente ligado a los procesos de industrialización capitalistas. La manipulación alienadora impide que los sujetos elijan libremente, pues la finalidad de esta es «orientarlos» hacia la posesión del objeto, lo que lo convierte invariablemente en una mercancía perfectamente integrada en los procesos de intercambio. En esta la postrimetría del capitalismo, los sistemas productivos no solo crean productos, sino que fabrican conductas para posibilitar la existencia de la sociedad de consumo que le es inherente, lo que implica la pérdida de las características propias de cada sujeto y del colectivo en favor de una condicionalidad que se ha desplazado hacia la supremacía; por ejemplo: la cultura neoliberal. La alienación económica se vincula a la política, psicológica, cultural, religiosa, etc, es la piedra angular del resto». (Bitácora (M-L); Terminológico, 2013)

domingo, 27 de enero de 2013

Dialéctica; Terminológico, 2013


«En la antigüedad se llamaba dialéctica a la capacidad de descubrir la verdad dejando en evidencia las contradicciones en el discurso y argumentación del contendiente. Tiempo más tarde se denominó así a un método de estudio y comprensión que se basa en la confrontación de las características de una situación o sistema a las contradicciones que este genera en su interior. El contenido dialéctico de alguno de los filosóficos anteriores nunca pudo alcanzar este estricto rigor científico hasta la aparición del marxismo, que conjugaba junto al método dialéctico, el método materialista de análisis. El marxismo tenía su método materialista-dialéctico, que contemplaba a la naturaleza como un mundo interconectado, en él explica que hay un proceso continuo de pugnas y renovación; del mismo modo considera a la naturaleza como algo sujeto a constantes cambios, siempre en movimiento; observa su desarrollo desde el criterio de que las transformaciones parten de la acumulación de unos cambios cualitativos –inadvertidos y graduales–, a cambios radicales, cualitativos, la cantidad así se transforma en calidad; que los objetos y fenómenos siempre cuentan con su lado de caducidad y de desarrollo progresivo–. Todo esto que tiene la intencionalidad de explicar el continuo movimiento de los procesos históricos desde una metodología científica; una de las leyes fundamentales de la dialéctica marxista es la que expone que siempre hay una tesis –afirmación– y la antítesis –negación– para superar las contradicciones establecidas entre ellas mediante la obtención de una «síntesis superadora», lo que ha venido a denominarse como «negación de la negación» de las viejas contradicciones de la realidad, esta nueva síntesis establecerá a su vez nuevas contradicciones, una nueva tesis que habrá de ser superada mediante el mismo método; por ejemplo: para que el capitalismo exista necesita de una tesis –burguesía, clase explotadora propietaria de los medios de producción que se apropia de la plusvalía– y de una antítesis –proletariado, que vende su fuerza de trabajo y a la que extraen la plusvalía–; el resultado de la confrontación de estos dos elementos dará lugar a una síntesis superadora –el socialismo, que presupone la toma de poder del proletariado, eliminará las clases explotadoras y pondrá fin a la explotación asalariada, quedando solo los trabajadores en un nuevo modelo económico de propiedad social–, esta síntesis convertida en nueva tesis tendrá que ser confrontada por una antítesis –las contradicciones que el socialismo genere, por ejemplo la herencia de la anterior sociedad como la diferencia entre el campo y la ciudad, la vieja y nueva burocracia, la concepción patriarcal o el misticismo, la disparidad entre ese sistema y los exteriores y otros fenómenos–, nuevas contradicciones que durante un tiempo serán creadas, agudizadas o mitigadas, pero que deben ser para así obtener una nueva síntesis superadora: el comunismo, que presupone el fin de todas las clases sociales y que, ahora sí, puede dar satisfacción material a todas las exigencias de la sociedad tras haber superado las reminiscencias económicas-culturales de la vieja sociedad». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2013)

viernes, 25 de enero de 2013

Izquierdismo


«En la teoría marxista-leninista se asimila como la tendencia dentro de organizaciones comunistas a exaltar lo subjetivo por encima de lo objetivo, e incluso confundirlos. Esto hace que se pierde de vista la realidad histórica en la que se desenvuelve, confundiendo el ánimo de la vanguardia con el de las masas, sobrestimando la realidad. También se manifiesta en que la vanguardia no tenga paciencia sobre el gradualismo de la evolución ideológica revolucionaria de las masas, y por tanto, no sepa percibir ni canalizar la voluntad revolucionaria de las masas. En esencia, el subjetivismo hace que los «tempos» no sean interpretados apropiadamente llevando al colapso de lo estratégico». (Bitácora (M-L); Terminológico, 2001)

Libertad


«Es conciencia de la realidad objetiva, sus necesidades y posibilidades. Al contrario que el idealismo que considera que la libertad es inherente a la condición humana; el materialismo dialéctico entiende que la libertad no es innata, sino que se ha de desarrollar en la medida de que se va interactuando con el medio y por ende conociéndolo; y en consecuencia adquiriendo conciencia de las necesidad; es decir, la libertad no puede existir si el sujeto, o los sujetos, no tienen conciencia de la necesidad como producto del desarrollo histórico. Sin la conciencia de la necesidad la libertad se convierte en una actividad meramente subjetiva». (Bitácora (M-L); Terminológico, 2013)

jueves, 24 de enero de 2013

Lumpemproletariado; Terminológico, 2013


«El lumpemproletariado –también llamado subproletariado–, es la población ubicada –en lo relativo a la escala social– por debajo del proletariado. Esto se debe a que se encuentra fuera del proceso de producción y, en consecuencia, es socialmente marginada si tenemos en consideración su realidad político-económica. Compone un ejército industrial de reserva creado por el capitalismo e íntimamente ligado a la pauperización de la población; su crecimiento es directamente proporcional a la concentración de capitales o, lo que es lo mismo, lo que en un polo es acumulación de riqueza, en el polo contrario, significa acumulación de miseria, de ignorancia, degradación moral, etc. Este margen funcionará como elemento indispensable para evitar el colapso del sistema, pues los sujetos que componen esta capa social, al verse incapaces de vender su fuerza de trabajo, son empujados a aceptar condiciones laborales que en otras condiciones no aceptarían, convirtiéndose, de facto, en enemigos de su clase y de sus propios intereses. Algunas profesiones que les son características son, por ejemplo, el sicariato, el raterismo, la estafa, el timo, el tráfico –de personas, drogas, armas o bienes–, la delación, el proxenetismo o el mercenariazgo patronal.
 
No son prescindibles o «una secuela indeseada», tal y como el sistema hace suponer, sino que se erigen como pieza fundamental del engranaje funcional del sistema productivo capitalista, constituyendo una de las fuerzas auxiliares que permiten mantener las relaciones sociales inamovibles. La marginalidad es consustancial a la sociedad capitalista. Los hechos anteriores, junto con la alienación de este sector social mediante la cultura, la caridad, la beneficencia, los servicios sociales, etc., hacen que el lumpemproletariado adolezca de conciencia de clase, siendo especialmente vulnerable a los dictados del sistema. Esta, y no otra, es la razón de su acérrima defensa del sistema económico que les explota, así como de su posición contraria al proletariado. Debe de comprenderse que este sector no se caracteriza por su inadaptación, como se cree comúnmente, sino por todo lo contrario: una adaptación absoluta al sistema que ha logrado hacerle aceptar las contradicciones existentes como inherentes a la condición humana.

Hay personas que, sin tener una comprensión de la interacción que hay entre la estructura económica y la superestructura de la sociedad, emiten la opinión de que el lumpen influye a la burguesía en sus pensamientos, en su forma de vida, en sus gustos ideo-estéticos y demás; es por ello que algunos ideólogos ajenos al marxismo teorizaban –y teorizan– sobre la existencia de una «lumpenburguesía». Tal cosa no es cierta, pues este no es más que un término introducido por los denominados «neomarxistas», carente de fundamento. Bajo la luz del marxismo-leninismo, este término se revela como un burdo intento de los revisionistas por hacer creer que hay una burguesía «buena» y otra «mala». Pero, como la historia y la dinámica capitalista han demostrado, la burguesía siempre expresa –y fomenta– esa naturaleza porque siempre busca el «máximo beneficio», que es el pilar fundamental de su sistema: el capitalismo. Para ello se dota de todas las herramientas de dominación política, económica y cultural que estén a su alcance. 

Ha de anotarse que no es el lumpenproletariado el que influencia culturalmente a la burguesía, sino que son los vicios y forma de vida decadente de la burguesía los que influencian al lumpenproletariado. Si esto fuera de otro modo estaríamos invirtiendo, como hacen los revisionistas, la relación causal que se da entre la ideología de una capa social determinada y la superestructura imperante; estaríamos dando total libertad de actuación a la cultura y al pensamiento sin reconocer que a estos preceden la base económica y la clase social que detenta el poder, en este caso, la burguesía. El lumpen, por su posición económica, vive en una esfera social diferente a la de la burguesía. ¿De verdad a alguien se le ocurre comparar el hostil submundo que habita el lumpenproletariado con las comodidades de la vida burguesa? Es cierto, algunos pueden llegar a mantener un nivel de vida aceptable o, incluso, a enriquecerse, bien sea por su talento –cantantes, futbolistas, etcétera–, bien por sus fechorías –véase los famosos gánsteres o los proxenetas que acaban convirtiéndose en grandes y «respetables empresarios» como Al Capone, Pablo Escobar o Daniel el Rojo–. Pero generalmente el lumpen de los bajos fondos no puede reproducir la forma de vida, frívola en extremo, de la burguesía, dictada por el ritmo delirante de la compra de artículos de lujo derivada de la vida rentista-parasitaria. Cuando se trata de «trabajar» –unas veces al servicio de otros, otras por su propia cuenta–, escoge el robo, la calumnia, el chantaje, la intimidación, el soborno, las drogas, la explotación sexual, el tráfico de influencias, el tráfico de armas y otras tantas formas de actuar, legales o ilegales, abiertas o solapadas, que son propias de la burguesía y de su mundo político-económico. Usa esta «razón» –la burguesa– para justificar su forma de pensar y actuar, considerando que debe proceder emulando esas formas como medio para subsistir, además de concluir que esto es lo lógico y normal dentro de una sociedad desigual como la nuestra, que se trata de algo inmanente en la cultura colectiva cuando, en realidad, estos defectos son inherentes a una clase y a un sistema social que se sustenta en un modelo de explotación determinado. El lumpen y su cultura recogen, por tanto, lo peor de la cultura burguesa». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2013)

martes, 22 de enero de 2013

Lumpemburguesía; Terminológico, 2013


«Término introducido por los denominados «neomarxistas». Para el marxismo-leninismo este término se trata de «categorizaciones» e intentos de los revisionistas por hacer creer que hay una burguesía «buena [o menos mala] y otra mala», pero como la historia y la dinámica capitalista ha demostrado la burguesía [las diferentes capas de esta] independientemente del lugar que ocupa en la cadena productiva siempre busca el «máximo beneficio» que es el pilar fundamental de su sistema: el capitalismo, y para conseguirlo se dota de todas las formas de dominación política, económica y cultural posibles para garantizar sus intereses de clase; claro es que esto se traduce en acumulación de capitales en sus manos y en el empobrecimiento cada vez mayor de las clases trabajadoras. En el contexto latinoamericano el término se ha asociado a la «burguesía indígena» que opera por activa o pasiva en favor de potencias extranjeras pero no con la misma motivaciones y aspiración de la «burguesía compradora»; en otros términos, la lumpemburguesía en este contexto se comprende a si misma como una suerte de sirviente-facilitador de la explotación de su país por parte de «burguesías extranjeras», en contra parte: la «burguesía compradora» aspira a encadenar a su nación al mercado internacional pero con la aspiración de hacerlo en condiciones de «presunta igualdad» con otras burguesías bajo las reglas del «libre mercado», aunque en la práctica termina siendo un sirviente-facilitador de la burguesía global impuesto por la división internacional del trabajo en el que el poder se impone desde la «metrópolis». Es importante aclarar que no es el lumpemproletariado quién influencia culturalmente a la burguesía, sino que los vicios y forma de vida decadente de la burguesía influencian al lumpemproletariado, al defender lo contrario se estaría negando, como hacen los revisionistas, la influencia de la ideología en la superestructura, y estaríamos dando libertad total de actuación a la cultura y al pensamiento en nuestro análisis, estaríamos diciendo que los «procesos productivos no condicionan las relaciones sociales» sino que es la superestructura la que tiene «total libertad de actuación» sin reconocer que viene precedido de la base económica y de la clase que detenta el poder: la burguesía; estaríamos pues adoptando posturas de comprensión idealistas en tanto que enfrentadas al marxismo-leninismo. El lumpem y su cultura, recoge por tanto lo peor de la cultura burguesa». (Bitácora (M-L); Terminológico, 2013)

lunes, 14 de enero de 2013

Superlegalidad; Terminológico, 2013


«Es un principio de legitimidad superior a la ley y a la propia constitución empleado por la clase dominante; para aplicarlo invocan el bien del Estado, la nación, o la patria; o lo que es lo mismo, es una intensificación de la validez de determinadas normas o principios respecto de las normas «simples» u «ordinarias» cosechadas gran parte de las veces entre bastidores o en conversaciones privadas de los círculos fácticos, sin ninguna participación de las masas; siendo llevadas posteriormente al parlamento para que el poder legislativo las oficialice, o incluso el ejecutivo. Podemos determinar que se trata de la garantía última de que no se cuestionarán las relaciones y condiciones sociales existentes y con ello al sistema imperante. Por ejemplo: en tiempos de crisis económicas las políticas implementadas se destinan a salvaguardar al sector financiero –lo macroeconómico– en detrimento de las economías familiares –lo microeconómico– invocando la estabilidad económica del país; ejercer el derecho tipificado o no en la constitución del ejército a intervenir para garantizar el orden constitucional puesto en tela de juicio; o como cuando se establecen Leyes de Seguridad Ciudadana que restringen los derechos y libertades bajo excusas de que todo es por garantizar la seguridad y el bien común; contraviniendo en ambos casos leyes fundamentales de las propias Cartas Magnas –constituciones–». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2013)