«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 22 de mayo de 2019

Las elecciones, la amenaza del fascismo, y las posturas de los revisionistas; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Como seguramente sabrá el lector versado sobre la situación económico-política actual de España, al respecto de los procesos electoral sucedidos y por suceder en lo que va de año, hemos asistido a toda una serie de publicaciones, opiniones, sobre el peligro del «ascenso del fascismo». Grupos políticos perfectamente encuadrados en esa tendencia ideológica estén ocupando espacios públicos vía electoral, en lo concreto refiriéndonos a la entrada del partido Vox en el gobierno de Andalucía así como ahora al «Congreso de los Diputados». Un grupo político cuya campaña estaba fundamentada en explotar, aprovechar y cosechar mediante discursos y consignas populistas el hastío ya bastante común surgido a la sombra de corrupción galopante, y de la crisis económica de la que aún no se ha salido, así como la reducción tanto del nivel adquisitivo de la población como del derecho laboral que ha pauperizado a grandes masas de la población. En el mismo sentido, también hemos de abordar el popularizado temor-creencia que auguraba que dicha formación, Vox, quedaría por delante de partidos tradicionales en las elecciones del 28 de abril de 2019, cosa que finalmente no ha sucedido.

Varias de las cuestiones que vamos a comentar lo haremos por encima, ya que algunas de ellas, y en especial las referidas por organizaciones no comunistas o pseudocomunistas, han sido expuestas en demasía en este medio. De todos modos siempre que sea preciso, dejaremos los enlaces para que el lector que lo desee pueda profundizar.

Veamos algunos puntos.

[Nota: Algunos datos y citas, han sido introducidas a posteriori, para completar el artículo].

1. Un análisis de los resultados electorales del 28 de abril de 2019

Para ponernos en situación debemos de atender al hecho que las elecciones del 28 de abril de 2019 fueron convocadas a causa de la incapacidad de Pedro Sánchez, y del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), para sacar adelante los presupuestos del año próximo; algo bastante predecible si consideramos que se encontraba gobernando en minoría, y que le arrebató el gobierno al PP de Mariano Rajoy mediante una «vía no electoral» pero constitucional que exigió la colaboración de varios grupos políticos con diferencias programáticas pronunciadas; esto arroja una evidencia clara, la unidad de esas fuerzas políticas solo fue circunstancial y a propósito de la aplicación de la «Moción de Censura» a Rajoy, una vez alcanzado no había nada que pudiera mantenerlas en un propósito común.

Lo primero que hay que observar es la participación: 75,75%, un 9,3% mayor que en las elecciones de 2016. Estas cifras tumban las fantasías de anarquistas y anarcoides disfrazados de comunistas sobre la llamada revolucionarización de las masas y la «presunta completa pérdida de ilusiones sobre el parlamentarismo» con que adornan su propaganda. Y es que si algo han demostrado estas elecciones es la vitalidad del sistema capitalista y sus representantes que se sostienen a pesar de los sonados casos de corrupción e incumplimiento de sus promesas electorales. Además se observa la debilidad manifiesta de la clase obrera y sus organizaciones, ya que no hay ninguna organización ya no marxista sino revolucionaria, que haya logrado representación. Esto será analizado más adelante.

Los resultados en las elecciones son los siguientes, a grandes rasgos.

El sorprendente resultado del PSOE con 28,68% y 123 escaños, supone un amplio ascenso, el cual es difícilmente explicable si tenemos en cuenta que Pedro Sánchez no ha cumplido prácticamente ninguna de sus promesas que esgrimía poco antes de solicitar la «Moción de Censura» contra la Presidencia de Mario Rajoy y el PP. Que en estos meses haya logrado ampliar los apoyos pese a incumplir su programa puede explicarse, en gran medida, por el miedo que ha causado la irrupción de Vox en el gobierno andaluz y sus primeras medidas reaccionarias tomadas desde una posición de poder. Ha habido pues un efecto rebote por el «ascenso del fascismo», Vox, que ha hecho movilizarse al electorado que generalmente se encuentra en el espectro ideológico a la izquierda del PP-C’s y Vox. 

El PSOE también se ha beneficiado del denominado «voto útil» provocado por ese miedo al ascenso de Vox, lo que se tradujo en que haya habido una migración de votantes de formaciones como Podemos en beneficio del PSOE básicamente resultante de la eterna elección del «mal menor», haciendo el fraccionalismo interno en Podemos el resto. Esto también explica los grandes resultados electorales que han cosechado los nacionalismos catalán y vasco, como respuesta al desafío nacionalista-ultracentralista propuesto por Vox que pone en la mira a las autonomías y su poder económico-político.

Sin embargo dentro de esta explicación general y correcta hay otras cuestiones secundarios. Estos aspectos menores, no por ellos más despreciables, se refieren a cómo actuó Pedro Sánchez desde los momentos de la crisis del PSOE en la que, siendo un representante de este partido en el parlamento, se le obligó a dimitir del puesto de secretario general del PSOE por la presión de los llamados barones territoriales.


Una vez el cisma entre «susanistas» apoyos de Susana Díaz, líder del PSOE en Andalucía, comunidad donde hasta ahora era el partido más fuerte y «sanchistas» se saldó con aquél suceso, Sánchez se embarcó en una cruzada por blanquear su imagen como «progresista». Se entrevistó con los militantes de base del PSOE para convencerles de su nueva imagen «campechana» y participó en programas de la televisión haciendo denuncias de cómo «el IBEX-35 controla la política española y me obligó a no pactar con Podemos», etc. virando cada vez más a la izquierda burguesa que al tan vago «centro» que le había acercado a formaciones derechistas como C's.


Los militantes de base del PSOE, incluyendo sus Juventudes, suelen hacer gala de una inocencia inusitada respecto a la imagen que tienen de su partido. Para ellos se trata de un partido que hace gala de valores republicanos y progresistas sin complejo alguno, cuando no puede existir nada más lejos de la realidad. Con todo, Sánchez se ganó su favor y en las primarias del PSOE en mayo de 2017 arrasó con más de 50% de votos en una elección a tres, convirtiéndose nuevamente en su Secretario General y reavivando las ilusiones de la necia izquierda sobre un posible gobierno progresista en la dupla PSOE/Podemos.


El fracaso en Andalucía de Susana Díaz en las elecciones al Parlamento Andaluz de diciembre de 2018, perdiendo el gobierno del PSOE tras décadas de mandato incontestable, hizo que aumentase la confianza de los votantes del PSOE en Sánchez. Ahora supuestamente de izquierdas y habiendo triunfado en su moción de censura contra Mariano Rajoy en mayo, instaurando un mandato provisional pero insulso e inútil. A su vez al gobernar desde junio de 2018 hasta febrero de 2019 sin poder aprobar los presupuestos y forzando así unas nuevas elecciones, fueron parte de las causas que los «socialistas» aludían para explicar que Sánchez no hubiera podido cumplir sus promesas en todos estos meses. Esta traición a sus votantes y simpatizantes, ha servido una vez más a la socialdemocracia en su favor, ya que en un giro maquiavélico no realizan autocrítica sino que piden simplemente pidieron un voto «masivo y «útil» con el pretendido objetivo de «tener suficiente poder para maniobrar» en un «gobierno fuerte» para que ahora las promesas se puedan cumplir íntegramente.

A su vez el PSOE era el mejor candidato para concentrar los votos descontentos, ya que además no se cansa de situarse a medio camino de todos los problemas, intentando satisfacer a todos como la opción más madura, menos extrema. Es por esto que su triunfo en las elecciones del 28A fue aplastante. 


El ascenso al poder del PSOE y su mantenimiento ha sido visto en los medios internacionales como el «milagro de la socialdemocracia». Puesto que como se venía observando, la socialdemocracia se estaba hundiendo a nivel internacional: Así cae el voto socialdemócrata en toda Europa; El Diario.es, 2017.

En cuanto al descalabro del Partido Popular (PP) no sorprende a nadie. Ha tenido un 16,70% y 66 escaños. Dicho partido ha estado inmerso en los casos de corrupción más reseñables tanto en los meses anteriores a las elecciones como en los últimos años. La resolución sobre el caso Gürtel fue la gota que colmó el vaso y dio el pretexto para que el PSOE plantease la «Moción de Censura» que echaría de Moncloa a Rajoy hace 9 meses. Durante los últimos meses se han seguido haciendo públicos más casos de corrupción, lo que sumado al ascenso de Pablo Casado a la dirección del PP, y su reiterado intento de igualar la dureza de su discurso al de Vox con la intención de no perder votos entre los más conservadores, los llevó a descuidar y sacrificar a su parque de votantes más moderados y de hecho mayoritarios, un giro que contó con la bendición de la vieja guardia como es el caso del ex presidente José María Aznar. Incluso, al plantear posibles pactos con Vox para formar gobierno como el ocurrido en el Gobierno de Andalucía ha supuesto que gran parte del electorado no viese diferencia sustancial entre el PP y Vox, o que viese que el PP se acercaba peligrosamente a los lineamientos más ultras con el consecuente rechazo. Estos derechistas «moderados» pasaron a dar su apoyo a Ciudadanos (C’s) que posee un discurso más camaleónico. 

Finalmente, en las elecciones del 28 de abril, como ya hemos planteado la mayoría de los votos del PP han pasado a apoyar a la nueva formación: Ciudadanos (C’s), que pese a que en sus inicios se definía como centro-izquierda, pese a que todos sus miembros venían de formaciones derechistas como UP&D. Hoy todos los analistas y militantes declaran sin discusión lo reconocen como un partido liberal, o más bien encuadrado dentro del neoliberalismo. C’s obtuvo un 15,86% y 57 escaños. Debe decirse que la estrategia de C’s desde su fundación ha sido combatir el fuego con fuego, podemos decir que se ha tratado de un discurso oportunista-pragmático y de coyuntura. A la demagogia del nacionalismo catalán ha respondido con los mitos y demagogia pertinente del nacionalismo español más rancio, el tono combativo en la cuestión catalana y la pose de mantener el legalismo a ultranza le ha dado un plus entre los votantes de cariz chovinista pero no identificados propiamente con posturas fascistas o filo-fascistas, y ha sido el sucesor del PP entre sus votantes y militantes descontentos, incluso se ha beneficiado del transfuguismo del PP poco antes de las elecciones; esto ha sucedido porque se trata de una organización relativamente nueva con el ya mencionado «discurso camaleónico», que no sufre los niveles de desprestigio por corrupción que el PP en un espacio electoral que no disputa el otro partido derechista, Vox.

Tampoco el descenso de Unidas Podemos (UP) con 13,42% y 35 escaños ha sorprendido. Sin duda lo hemos venido anunciando durante los últimos años. Se trata de una combinación basada en que la irrupción del partido en 2014 con un lenguaje «contra el bipartidismo» y «contra la casta», contra la inservible «Constitución de 1978» y su herencia, con un lenguaje centrado en la reforma social que aunaba ciertas esperanzas entre los votantes cansados del bipartidismo y simpatizantes de izquierda sin demasiados conocimientos políticos; pero como era esperable sus promesas no pasaron del discurso acorde a la funcionalidad de un régimen burgués representativo, básicamente se ha dado el previsible agotamiento de las ilusiones de cambio entre sus votantes que han visto como en poco tiempo se ha dado el giro a la derecha, acompañado de los intentos de equiparar el discurso al socialdemocratismo del PSOE. Véase las recientes declaraciones de Carmena adoptando el discurso del banquero, echándole le culpa de los desahucios a los desahuciados por «vivir por encima de sus posibilidades» como si ellos no tuvieran relación con el desempleo, la precariedad, la especulación financiera o de la vivienda, ¡por no hablar de los casos conocidos de estafas manifiestas hacia sus usuarios por evasión fiscal o interés variable!–. Pese a que algunas facciones de Podemos aprovecharon eso para distanciarse de Carmena-Errejón –como ha hecho Iglesías-Serra, lo cierto es que Podemos hace tiempo que inicio las rondas de conversaciones con bancos y fondos de inversión para calmarlos y explicar su modelo socialdemócrata como ya publicamos en su momento. 

Públicamente Pablo Iglesías ha declarado que su programa para las elecciones estaba inspirado en la Constitución de 1978, que su fin era aplicar un legalismo que aplicase los artículos demócratico-liberales de la misma, algo que no solo denota su visión reformista-legalista de respeto al sistema, sino que inocula de ilusiones al electorado, de que hechos como libertad, derecho al trabajo o la vivienda, se pueden conseguir sin lesionar al propio sistema político-económico. La Constitución, como cuerpo jurídico fundamental, no es sino el reflejo y gendarme legal de un sistema concreto, y no al revés. Por tanto para aplicar los artículos de dicha carta maga que actualmente son papel mojado y llevar a cabo muchas otras medidas que pretenden los comunistas y cualquier progresista, uno no puede tratar de tener una postura posibilista sino rupturista.

A esto debe sumarse los fiascos en los «ayuntamientos del cambio» en temas menores y mayores. Véase en Madrid no cumpliéndose las promesas sobre construcción de viviendas, no se han acabado los desahucios ni se ha creado empleo de calidad con Carmena, el no poder parar la delincuencia, la irrupción de los narcopisos o el turismo de mala calidad en Barcelona con Colau, etc., todo ello ha causado una honda desilusión entre sus votantes, los cuales estaban más espoleados por la espontaneidad y el voluntarismo que de una relación programática con dichas figuras y partidos. A eso debe sumarse la permanente y no disimulada lucha entre fracciones que ha dado como fin la salida de prácticamente toda la cúpula inicial del partido formada en el 2014, con especial relevancia la escisión del número dos: Iñigo Errejón, y la conformación de una nueva marca Más Madrid, junto con la independiente Manuela Carmena, quién nunca fue de Podemos pero se aupó a la alcaldía de Madrid gracias a ellos. Es pues, la crónica de una escisión anunciada

Como tercer factor, está la cuestión ética. Desde 2014 hasta hace poco, ha habido una pose de falsa humildad representada principalmente por el cínico Pablo Iglesias, quién hace años criticaba al ex ministro del PP Luis de Guindos diciendo: «¿Entregarías la política económica del país a quien se gasta 600.000 en un ático de lujo?», comentando que los políticos de la «casta» no podían por su tren de vida entender al «ciudadano medio» y sus problemas», alegando «que es peligroso aislar a alguien porque entonces no saben lo que pasa fuera. Este rollo de los políticos que viven en Somosaguas, que viven en chalets, que no saben lo que es coger el transporte público». También añadía que él vivía humildemente en Vallecas y no pensaba moverse de ahí. Por lo que, las noticias de la compra de su piso de 615.000 euros en Galapagar abrió una crisis en el partido por motivos éticos, llevándose hasta la votación y renovando a Iglesias como cabeza de partido antes de las elecciones. Por supuesto los políticos de la izquierda más aburguesada no les interesa nada la ética ni el modo de vida, y aluden a argumentos como que en Podemos son políticos conocidos por dinero o que el lujo e incluso la ostentación como forma de vida es permisible mientras no sea dinero corrupto. Juan Carlos Monedero entre otros, han echado un capote a su líder.

En consonancia, el hecho de que haya cambiado su nombre de Podemos a Unidas Podemos, es la certificación de que dicho grupo posmoderno ha sido asimilado totalmente por la corriente burguesa del feminismo. Por otro lado, el grupo en coalición con Podemos, Izquierda Unida (IU), convertido cada vez más en una fuerza apenas testimonial al borde de la desaparición y de la integración orgánica en Podemos. De hecho, fuimos testigos de la catadura de sus dirigentes cuando IU realizó una consulta a la militancia sobre si deseaba confluir con Podemos o no en las elecciones, saliendo un resultado negativo, pero como sucede en este tipo de partidos revisionistas, la democracia interna no existe, así la dirección de Alberto Garzón forzó la confluencia con Podemos, lo que creemos va a agudizar el descontento y a acelerar la integración en Podemos de IU. 


Este declive paulatino ya los vimos en varias de nuestras publicaciones, especialmente en la última donde analizábamos su evolución ideológica y el recrudecimiento del fraccionalismo: «Las luchas de fracciones en Podemos y su pose ante las masas» de 2017.


Aclaremos desde ya que en nuestra época histórica la izquierda solo puede ser marxista-leninista, proletaria, y que la denominada izquierda, no marxista, la institucionalizada, en realidad forma parte del espectro político de la derecha que en la práctica defiende las posiciones económicas de la burguesía que van desde una comprensión neoliberal hasta la visión socialdemócrata donde se hipertrofia la discriminación positiva y la asistencia de ciertos sectores.

El ascenso de Vox con 10,26% y 24 escaños no ha sido tan alto como algunos medios anunciaban, pero sin duda ha logrado un gran resultado electoral, sobre todo si tenemos en cuenta que dicho grupo no tenía representación anteriormente. Las causas del ascenso son diversas. 

Hechos como la corruptela manifiesta entre los grandes partidos tradicionales como el PP y PSOE durante los últimos años y la incompetencia del sistema político general para procurar estabilidad y progreso como teóricamente garantiza la Constitución de 1978, es siempre el caldo de cultivo donde estas agrupaciones pueden ascender con un discurso áspero y directo, sobre todo si tenemos en cuenta que vivimos en una sociedad política donde el discurso de lo políticamente correcto triunfa. En el caso de Vox lejos de presentarse como antisistema como las viejas organizaciones fascistas, se presenta como el mayor garante del legalismo existente, sobre todo para aprovecharse de ciertos puntos de la Constitución como el art. 155 para intervenir en Cataluña y suprimir el Estatuto de Autonomía de forma permanente –ya que son conscientes que los partidos nacionalistas catalanes no van a cesar en sus empeños–. Esto no significa que en una eventual toma del poder ejecutivo Vox vaya a renegar de forma automática de la Constitución para introducir una visión fascista del Estado, sino que se valdría de ella y sus mecanismos existentes –como los artículos relacionados con el estado de excepción y otros– para suprimir a sus rivales políticos, y en caso de que dicha constitución no sirviese más a sus propósitos, la echarían a la basura como han hecho históricamente todos los fascismos cuando se creían con suficiente fuerza para suprimir la constitución democrático-burguesa, imprimiendo una más acorde a la legalidad fascista.

En el problema de la inmigración y la postura ambivalente de los diversos gobiernos como el PSOE, declarando delante de las cámaras aceptar de forma humanitaria a los inmigrantes y frenando las deportaciones en caliente y en la práctica haciendo lo contrario, creó una postura incoherente donde no se sabe la postura real sobre el tema. Esto aunque no lo parezca también ha contribuido a la demagogia de Vox sobre el tema, sacando a la palestra datos falsos y mitificando al inmigrante como el enemigo de los males endémicos del país. La postura de Vox es clara: los inmigrantes solo serán aceptados siempre y cuando el sistema productivo necesite de mano de obra barata asalariada, en caso contrario no serán bienvenidos. El PP intentó emular y superar a Vox en este punto llamando a cerrar las fronteras y a endurecer la vigilancia y las medidas contra los inmigrantes. También desde Vox se ha hablado de dar prioridad a inmigrantes de cultura hispana o exiliados políticos de regímenes políticos no afines, como medio de propaganda para aparentar ser humanitarios y defensores de la libertad. Esto demuestra que a Vox como partido del gran capital financiero solo le interesa la humanidad y solidaridad con la gente que se ve obligada a dejar su país cuando coinciden con sus intereses económicos o políticos; recordemos que el fascismo tiene entre sus objetivos primarios proteger al capital financiero, ni siquiera la defensa de la nación o de sus camaradas ideológicos es real. En otras ocasiones hemos visto varios artículos con una visión marxista sobre el tema de la emigración.

Por otro lado, en la cuestión de la mujer nos encontramos con la postura tanto del PSOE como de Podemos, que han copiado todos y cada una de las teorías, proclamas y eslóganes idealistas del actual feminismo hegemónico de corte posmoderno, incluso C’s y PP han intentado sumarse al carro del feminismo con el llamado feminismo liberal, coincidiendo las corrientes de unos y otros del llamado «feminismo». Esto ha dejado una puerta abierta a la demagogia en el sentido contrario. El hecho de que Vox sea el único partido que se oponga al feminismo, le ha hecho cosechar muchos votos del colectivo masculino cansado del seguidismo de la izquierda hacia estas teorías y medidas idealistas, que en muchas ocasiones sobrepasan el absurdo, y que no ayudan a los problemas que pretenden resolver. Véase la Ley Integral de Violencia de Género impulsada por el PSOE de Zapatero en 2004, que propone una asimetría legal entre los mismos delitos cometidos entre hombres y mujeres; la Ley Orgánica para la igualdad efectiva de mujeres de 2007, influenciada por las leyes de paridad y discriminación positiva; por no hablar de las demenciales propuestas de reforma del código penal como el «Sólo sí es sí», esto sin incluir toda una ristra de comentarios y teorías que abanderan fuera del ámbito legislativo. El triste hecho de que la lucha contra el feminismo parezca hoy capitaneada por una formación reaccionaria como Vox, que entre otras cosas considera aún la homosexualidad como una enfermedad o niega la posibilidad del aborto considerándolo además pecado, indica en que lugar ha quedado hoy la izquierda, y sobre todo, el retraso de las fuerzas revolucionarias que antaño denunciaban al feminismo como un movimiento burgués. Dejar en manos de Vox un tema tan delicado e importancia como la cuestión de la mujer significaría que se van a combatir unas ideas pseudocientíficas: las de las feministas –que no aciertan a adivinar las causas de la desigualdad entre hombres y mujeres y mucho menos en las recetas para su solución–, con otras todavía más idealistas y retrógradas: la de los fascistas –que están influidos entre otras cosas por una educación católica–. El lector puede ver nuestra postura sobre la cuestión de género en diversos artículos como: «Feminismos, sus errores de planteamiento y otras especies» de 2011.

***

Como apunte final a estos resultados electorales, lo evidente es que el bloque derechista antes representado por el PP se ha fracturado en tres organizaciones diferenciadas que compiten por un mismo grupo de votantes, y que ha provocado tres cosas a saber: el derrumbe de PP como partido unitario de ese espectro ideológico; la consolidación de C’s como la alternativa derechista no fascista, y la irrupción de Vox como representación del fascismo organizado antes estructurado dentro del PP. Lo previsible es que Vox tienda a bajar en influencia una vez pasada la novedad y que a su vez asistamos a una lucha encarnizada por el poder político entre PP y C’s.

Vemos además que hay una fuerte presencia del socialdemocratismo, y a su vez la nula presencia de una fuerza proletaria organizadas; o al menos revolucionaria.

2. ¿Qué características tenía el fascismo fundamentalmente?

Apoyándonos en los profundos análisis de Georgi Dimitrov sobre el fascismo:

Se le puede definir como la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero.

Su advenimiento no es un simple cambio de un gobierno burgués por otro, sino la sustitución de una forma estatal de la dominación de clase de la burguesía –la democracia burguesa– por otra, por la dictadura terrorista abierta.

El fascismo logra atraerse las masas porque especula de forma demagógica con sus necesidades y exigencias más candentes. 

El fascismo no sólo azuza los prejuicios hondamente arraigados en las masas. 

El fascismo especula también con los mejores sentimientos de éstas, con su sentimiento de justicia y, a veces, incluso con sus tradiciones revolucionarias. 

El fascismo actúa al servicio de los intereses de los imperialistas más agresivos, pero ante las masas se presenta bajo la máscara de defensor de la nación ultrajada y apela al sentimiento nacional herido.

El fascismo aspira a la más desenfrenada explotación de las masas, pero se acerca a ellas con una demagogia anticapitalista, muy hábil.

El fascismo entrega al pueblo a la voracidad de los elementos más corrompidos y venales, pero se presenta ante él con la reivindicación de un «gobierno honrado e insobornable».

El fascismo capta, en interés de los sectores más reaccionarios de la burguesía, a las masas decepcionadas que abandonan los viejos partidos burgueses.

Impresiona a estas masas por la violencia de sus ataques contra los gobiernos burgueses, por su actitud irreconciliable frente a los viejos partidos de la burguesía.

Pasado la época de los grandes fascismos en el poder, el saldo que ha dejado, las formas que ha adoptado y sus rasgos, han sido estudiados durante décadas por los historiadores. Rescatemos una definición correcta de un autor no comunista:

«Como antibolchevismo, el fascismo no parece revolucionario, parece más bien un fenómeno típicamente contrarrevolucionario, que toma impulso en la oleada antibolchevique que irrumpe en Europa después de 1917. (...) En el fondo, es esta dimensión contrarrevolucionaria la que constituye el tronco común de los fascismos en Europa, más allá de sus ideologías y de sus trayectos a menudo diferentes. Arno J. Mayer acierta al afirmar que «la contrarrevolución se desarrolló y alcanzó la madurez en toda Europa bajo los rasgos del fascismo» (69). Es en nombre del anticomunismo por lo que el fascismo italiano, el nazismo y el franquismo convergen en un frente común en la guerra civil española. Desde numerosos puntos de vista, el anticomunismo es mucho más fuerte que el antiliberalismo en el fascismo. (...) En Italia en 1922, como en Alemania diez años más tarde, es la convergencia entre el fascismo y las élites tradicionales, de orientación liberal y conservadora, lo que está en el origen de la revolución legal que permite la llegada al poder de Mussolini y Hitler. (...) Los fascismos instauraron, por tanto, regímenes nuevos, destruyendo el Estado de Derecho, el parlamentarismo y la democracia liberal, pero, a excepción de la España franquista, tomaron el poder por vías legales y nunca alteraron la estructura económica de la sociedad. (...) A diferencia de las revoluciones comunistas que modificaron radicalmente las formas de propiedad, los fascismos siempre integraron en su sistema de poder a las antiguas élites económicas, administrativas y militares. Dicho de otra manera, el nacimiento de los regímenes fascistas implica siempre un cierto grado de «ósmosis» entre fascismo, autoritarismo y conservadurismo. Ningún movimiento fascista llegó al poder sin el apoyo, aunque sólo fuese tardío y resignado, por falta de soluciones alternativas, de las elites tradicionales. (…) Mussolini acepta primero erigir su régimen a la sombra de la monarquía de Víctor Manuel III y decide seguidamente lograr un compromiso con la Iglesia católica. (...) Todo el nacionalismo y la extrema derecha franceses, desde el conservadurismo maurrasiano hasta el fascismo, convergen, gracias a un rechazo compartido del parlamentarismo, en el régimen de Vichy, caracterizándolo como una mezcla de conservadurismo y de fascismo. Representativo desde este punto de vista es el caso español, ignorado por nuestros tres historiadores. En España, dos ejes coexisten en el seno del franquismo: por un lado, el nacionalcatolicismo, la ideología conservadora de las elites tradicionales, desde la gran propiedad territorial hasta la Iglesia; por otro, un nacionalismo de orientación explícitamente fascista –secular, modernista, imperialista, «revolucionario» y totalitario– encarnado por Falange. (…) Si se piensa en la coexistencia de Mussolini y del liberal conservador Giovanni Gentile en el fascismo italiano, de Joseph Goebbels y Carl Schmitt en el nazismo o de los carlistas y falangistas en el primer franquismo. Cuando se habla de revolución fascista, se deberían siempre poner grandes comillas, si no corremos el riesgo de ser deslumbrados por el lenguaje y la estética del propio fascismo, incapacitándonos para guardar la necesaria distancia crítica. (…) Conflictos entre autoritarismo conservador y fascismo se produjeron evidentemente en el curso de los años treinta y cuarenta, como lo prueban la caída de Dollfus en Austria, en 1934, la eliminación de la Guardia de Hierro rumana por el general Antonescu, en 1941, o la crisis entre el régimen nazi y una gran parte de la elite militar prusiana revelada por el atentado contra Hitler, en 1944. (…) Una «catolización» de Falange y de una «desfascistización» del franquismo. (…) Estos conflictos no eclipsan los momentos de coincidencia recordados más arriba». (Enzo Traverso; Interpretar el fascismo. Notas sobre George L. Mosse, Zeev Sternhell y Emilio Gentile, 2005)

Así mismo como podremos ver en este mismo estudio, ha habido y seguirá habiendo distorsiones sobre el estudio del fenómeno del fascismo:

«[Sternhell y] su tendencia a reducir el fascismo a su ideología y a capturar su «esencia», en sentido «platónico», en un proceso intelectual aislado de su contexto social, véase hipostasiado en una especie de «arquetipo ideológico» (49), presenta límites considerables. (...) La aproximación de Sternhell se caracteriza no sólo por su indiferencia hacia la mitología y el simbolismo fascistas, sino, más en general, por su rechazo sistemático de toda contribución de la historia social. El fascismo, explica a sus críticos, tiene «razones intelectuales profundas», añadiendo que, para comprenderlo, «la historia social no será de gran ayuda» (50)». (Enzo Traverso; Interpretar el fascismo. Notas sobre George L. Mosse, Zeev Sternhell y Emilio Gentile, 2005)

No por casualidad este tipo de corrientes, son las que se han esforzado en buscar la analogía entre comunismo y fascismo:

«Esto [según Sternhell] sería el resultado de la confluencia y de la fusión de dos tradiciones políticas hasta entonces antinómicas, una de izquierdas y otra de derechas». (Enzo Traverso; Interpretar el fascismo. Notas sobre George L. Mosse, Zeev Sternhell y Emilio Gentile, 2005)

Aunque bien es cierto, que los historiadores más honestos nunca han aceptado esto, por cuestiones básicas:

«La asimilación de fascismo y comunismo en una misma naturaleza es rechazada también por Gentile, que subraya la antítesis radical entre el nacionalismo del primero y el internacionalismo del segundo». (Enzo Traverso; Interpretar el fascismo. Notas sobre George L. Mosse, Zeev Sternhell y Emilio Gentile, 2005)

3. ¿Cómo evolucionó y se mimetizó el fascismo en España ante la muerte de Franco?

«Incluso tras la derrota del bloque del Eje, y los intentos del franquismo de «renovación democrática» de cara al exterior con el Fuero de los españoles de 1945, más allá de esos lavados de cara del régimen, el fascismo español, el llamado «nacionalsindicalismo» de José Antonio Primo de Rivera fue la ideología fundamental adoptada por el franquismo desde 1939 hasta 1975. Así se postuló en la famosa Ley de Principios del Movimiento Nacional de 1958, que era básicamente una adaptación de los 9 puntos de Falange Española creados en 1933. Generalmente quienes evitan exponer esto suelen ser personajes filofranquistas, que intentan embellecer a Franco separándolo de las similitudes con las teorizaciones y prácticas de Primo de Rivera, Hitler o Mussolini para intentar no crear antipatías hacia él. De ahí que se haya definido el franquismo de mil maneras menos como es: un fascismo a la española.

Ramiro Ledesma, líder de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS) que se fusionarían con Falange en 1934 es considerado como otro de los ideólogos fundamentales del fascismo español, incluso como el «ala izquierda y social» del mismo, pero pese a las diferencias ideológicas y sobre todo personales que desarrollaría con Primo de Rivera, tampoco las ideas suponen una diferencia cualitativa, pues en los puntos fundamentales están de acuerdo, para ello dejaremos también las frases de dicha figura. Para ello también dejaremos constancia de referencias sobre esta corriente que se volvió muy crítica con la deriva de J. A. Primo de Rivera durante 1934-1936.

No hace falta comentar también a aquellos «ilustrados», historiadores, analistas políticos, catedráticos y demás figuras del espectro de la «izquierda» –keynesianos, estructuralistas, posmodernos y otros– que en pleno siglo XXI todavía pretenden decirnos que el franco-falangismo no tienen que ver nada con el fascismo, porque según ellos «este rasgo le diferencia de este otro régimen en tal aspecto» o porque «éste otro rasgo está muy pronunciado y no se perfila en estos otros regímenes». Todo no se trata más que de palabrería insulsa, discusiones propias de escolástica moderna para intelectuales aburridos. Estas calificaciones artificiales desorientan y desarman a las masas sobre qué es y no es fascismo, pues el franquismo lo cumple en demasía como para volver a debates estériles». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Acaso el fascismo español falangista era realmente una «tercera vía» entre capitalismo y comunismo?, 2014)

Con la derrota del nazi-fascismo en los eventos de la Segunda Guerra Mundial de 1939-1945, el fascismo español se estrechó con la Iglesia Católica hasta la consolidación del «nacionalcatolicismo», y no es que no se haya dado esa unificación práctica en otros regímenes fascistas, sino que en el caso de España llegó a su completa maduración lo que se ha dado en llamar «fascismo clerical», valga decir que en términos y análisis objetivo y materialista no es más que «fascismo». Aunque en esta etapa tuvo una cierta flexibilización práctica que lo llevó a estrechar relaciones tanto con democracias burguesas occidentales como con regímenes revisionistas.

4. ¿Es Vox un partido fascista? 

Ciertamente cumple varios de estos puntos, y en otros está progresando hacia ese punto –como adoptar una postura aparentemente anticapitalista sobre los problemas de la gente–, en otros todavía es pronto para saber si adoptará tal postura –como el usar la violencia para suprimir a los partidos tradicionales–.

Si uno analiza el programa de Vox para las elecciones del 28 de abril, ciertamente no es el programa de la antigua Falange de los años 30, ni siquiera el de Fuerza Nueva en los 70. Hay mayor moderación. Incluso en las declaraciones rutinarias en prensa encontramos mayor apego a conceptos como el «liberalismo» que a otros eslóganes propiamente fascistas –recordemos que en principio el fascismo se presenta como antagónico al liberalismo y como su superador entre él y el comunismo–. Pero quedarnos ahí sería un simplismo, ya que como hemos comentado en alguna ocasión, en España con el fin del franquismo, muchos de los elementos de las clases explotadoras que habían apoyado al franquismo tuvieron que resguardarse en distintas agrupaciones políticas como la Unión de Centro Democrático (UCD) de Adolfo Suárez, o la Alianza Popular (AP) de Manuel Fraga, transformando o moderando el discurso y su política para tener éxito en el nuevo régimen –bajo la monarquía parlamentaria–. De hecho ambos fueron grandes dirigentes en el franquismo lo que implica que la llamada «Transición», que se hizo a costa de no juzgar y de mantener a los responsables del régimen franquista en los respectivos puestos de poder económico, judicial y político, como ya se había hecho en la «Transición» de la dictadura de Primo de Rivera a la II República. Recordemos que Fraga en concreto, significado con la represión antifranquista fue luego fundador de AP, refundado luego bajo el nombre del actual Partido Popular (PP), que hasta hace nada gobernaba España. 

Posteriormente con «el abandono» de los principales ideales del «movimiento» –franquista–, con esta adaptación, hubo muchos cruces de acusaciones entre antiguos «camaradas». Con los años se dio multitud de agrupaciones de «derecha»: entre abiertos y orgullos franquistas versus viejos franquistas ahora camuflados como «demócratas», surgiendo un problema sobre la militancia que se arrastra y los principios que se dicen defender: por ejemplo tanto el PP como agrupaciones nuevas, como Ciudadanos (C's), se ha presentado como «liberales comprometidos con la democracia [burguesa]» pero se han negado a condenar el franquismo y sus crímenes en multitud de ocasiones en el parlamento, porque saben que en mayor o menor medida arrastran a los nostálgicos del franquismo en sus filas o votos, sobre todo en el caso del PP. 

En cambio los partidos que más trataban de conservar dichos ideales y no quisieron adaptarse y girar aunque sea un poco hacia al liberalismo político se fueron extinguiendo –como Fuerza Nacional–, con lo que se dio pie a otras agrupaciones fascistas o filofascistas como Democracia Nacional (DN), España 2000, y hace poco Hogar Social Madrid (HSM), sin resolver el problema que arrastraban estas organizaciones: el dilema entre reconocer su simpatías o adhesión abierta al franquismo y el problema de tener que ocultarlo en la medida de lo posible, sobre todo de cara a la opinión pública, ya que saben que el franquismo actualmente no es bien aceptado en la mayoría de la población tras 40 años de experiencia, pese a su evidente añoranza entre algunos. Asimismo HSM en su nombre fundacional se denominaba Fundación Ramiro Ledesma (FRL), en honor al famoso dirigente fascista de los años 30, aunque tanto con su antigua denominación como en la actual se niegan a reconocer ante los medios que son fascistas, pese a que es conocida su simbología y distribución de material fascista. No es casualidad que como apuntan los medios el ascenso de Vox haya sido el ocaso de HSM.

Vox pues ha hecho de catalizador organizativo de mucha gente proveniente de estas citadas agrupaciones; de hecho, muchos de sus dirigentes también comparten esta procedencia:

«Vox ha hecho público un comunicado en el que anuncia la «renuncia» del número 7 de su lista por Alcalá de Henares, Jorge Bonito Vera, a presentarse por esta formación de ultraderecha tras conocerse que en el pasado había participado en aquelarres nazis de la Hermandad Aria. La noticia, que pueden leer a continuación, fue desvelada por Antonio Maestre en La Marea. (...) Como otros miembros de Vox, Bonito Vera tiene un pasado militante que intenta ocultar: a finales de los años 90 perteneció a una oscura y secreta organización hitleriana. El ahora número siete de la formación liderada por Santiago Abascal en la localidad complutense fue miembro activo de la organización nazi Hermandad Aria, que surgió recogiendo a varios miembros que habían pertenecido al Círculo Español de Amigos de Europa, CEDADE, tras su disolución en 1995. Un grupo nazi al que también perteneció como alto dirigente el miembro de Vox Parla José María Ruiz Puerta». (Antonio Maestre; Jorge Bonito, de aquelarres nazis en Hermandad Aria al número 7 en las listas de Vox en Alcalá de Henares, 6 de mayo de 2019)

En otra noticia se pude ver que esto no acaba aquí:

«El número uno de Vox en Benidorm, proclamado como tal hace apenas unas horas, se presentó en dos ocasiones como candidato en el Congreso y las Corts Valencianes por el partido neonazi Democracia Nacional». (El diario.es; El nuevo número 1 de Vox en Benidorm estuvo en las listas del partido neonazi Democracia Nacional, 30 de abril de 2019)

De los elementos que entran al congreso, destacamos algunos de ellos, de marcado carácter fascista:

«5) Ignacio Garriga Vaz de Concicao. Odontólogo. Es portavoz del Comité Ejecutivo Nacional del partido. Desde hace varios años escribe tuits el 18 de julio, aniversario del golpe de Estado. En 2018 reprodujo un extracto de la proclama del alzamiento franquista, el cual, según él, está «muy vigente». En 2016, difundió otro en el que «agradecía» a sus abuelos que «en un día como hoy se lanzaran a defender nuestros principios». (...) 6) Agustín Rosety Fernández de Castro. Es uno de los militares retirados que suscribió en agosto un manifiesto que enaltecía al dictador Francisco Franco. Rosety, general de Brigada de Infantería de la Marina, colabora con el obispo de la ciudad, Rafael Zornoza, como delegado episcopal de Fundaciones de la diócesis gaditana. (...) 7) Ricardo Chamorro Delmo. Abogado y delegado en esta provincia de la Fundación Denaes. Ya fue candidato a las elecciones europeas en 1999 por Democracia Nacional y un año más tarde por Plataforma 2000 en las elecciones generales. En 2003 concurrió en la lista municipal de Alsasua –Navarra– por UPN como suplente. (...) 10) Magdalena Margarita Contestí Rosselló. Licenciada en Derecho. Es la vicepresidenta de Relaciones Institucionales de la delegación provincial. También es vicepresidenta de Actúa Baleares, un colectivo que proviene de la asociación de extrema derecha Fundación Círculo Balear (FNCB). En 2018 esta organización y Vox anunciaron una coalición electoral». (El diario.es; Quiénes son los 24 diputados de Vox en el Congreso, 28 de abril de 2019)

El candidato para las europeas es un conocido falangista:

«El Parlamento Europeo tendrá por vez primera un diputado falangista. Vox, la nueva fuerza política que ha irrumpido en el panorama español siguiendo el modelo de la pujante extrema derecha europea, presenta como cabeza de lista a un admirador de José Antonio Primo de Rivera. (...) Este abogado del Estado, número uno de su promoción, nacido en Barcelona en 1975, no es nuevo en política. En 1995 ya se presentó a las elecciones europeas por Falange Española de las JONS y en las generales de 1996 fue candidato de Falange Auténtica por Barcelona. Su admiración por el líder del partido que importó a España las ideas de Mussolini en los años treinta del siglo pasado la ha dejado patente en numerosos escritos. En septiembre de 2012 Buxadé calificaba a José Antonio y a Ernesto Giménez Caballero, uno de los ideólogos del fascismo en España, como «dos almas superiores». En ese mismo artículo, publicado en su blog Lo antiguo es lo nuevo, abominaba de la Constitución democrática española: «Eso es lo que nos ha dejado, ya lo podemos decir, la Constitución de 1978: un pueblo desmantelado». (El País; Jorge Buxadé Villalba: un falangista en el Parlamento Europeo, 10 de mayo de 2019)

Hace poco Javier Ortega Smith para frenar la avalancha de acusaciones contra VOX sobre su carácter fascista, declaró que todo aquel que tuviese un pasado totalitario sería expulsado:

«Madrid, 14 may (EFE).- El secretario general de Vox y candidato a la Alcaldía de Madrid, Javier Ortega Smith, ha garantizado este martes que su partido apartará de sus candidaturas a todas las personas que tengan antecedentes penales o un pasado totalitario». (La Vanguardia; Smith: Vox apartará de sus candidaturas a personas con un pasado totalitario, 14 de mayo de 2019)

Curiosamente días después el periodista Antonio Maestre destapó el propio pasado y presente falangista de Ortega Smith:

«No podemos olvidar el pasado de la Falange, no podemos olvidarnos de aquellos momentos de elaboración de nuestra doctrina, momentos en los que nuestros mejores José Antonio, Onesimo, Ramiro, Julio, crearon la doctrina más joven y grande de Europa». (Javier Ortega Smith; No olvidar, 1986)

¿Se va a autoexpulsar Ortega Smith después de esta revelación? Estamos seguros de que no, ya que debería purgarse a casi la totalidad del partido, pues Vox es un nido de nostálgicos del franquismo y de la camisa azul falangista. Y como sabemos, en los partidos fascistas, al igual que en los revisionistas, solo salen por la puerta de atrás no los elementos más hooligans, no los que dan peor imagen al partido, sino solamente aquellos que no sirven a la cúpula, aquellos que se oponen al mandato del líder.

Ante las excusas de miembros y simpatizantes de VOX que alegaban que este escrito de Ortega Smith de 1986 era «cosa del pasado», se destapó un vídeo reciente de una cena de Ortega Smith y reconocidos miembros fascistas, entre ellos Jaime Alonso el expresidente de la Fundación Francisco Franco, fundación que ahora casualmente dirige el primo de Ortega Smith: Juan Chicharro. En dicha cena el jefe de Vox Ortegta Smith ensalzaría al fascismo exactamente lo mismo que hizo en 1986, ¡incluso con más vehemencia!:

«Noviembre de 2018. En una cena en un restaurante de la zona norte de Madrid capital se reunieron simpatizantes y posibles donantes de Vox para conocer el proyecto de mano del secretario general del partido, es decir, Ortega Smith. Se produce entre el multitudinario acto celebrado en el Palacio de Vistalegre y las elecciones en Andalucía, que supondrían la entrada triunfal de Vox en el Parlamento autonómico. En la mesa presidencial del restaurante, estaban el actual diputado y número 2 de la formación junto a Jaime Alonso, exvicepresidente de la Fundación Nacional Francisco Franco, y el general Chicharro, actual presidente de la fundación en honor al dictador.

Al término de la cena, una mujer se acercó a Javier Ortega Smith y le entregó un ramo de flores rojas y las obras completas de José Antonio Primo de Rivera. Después, Ortega Smith enunció el siguiente discurso de agradecimiento, recogido en un vídeo de más de 10 minutos, al que ha tenido acceso La Marea en exclusiva: «Yo os agradezco este gesto, que lo recojo, pues la verdad, en nombre de todos los que formamos este proyecto político de Vox. Yo os lo confieso, que José Antonio Primo de Rivera para mí es uno de los grandes hombres de la historia, un magnífico abogado, un magnífico patriota, un gran ideólogo político y que en su tiempo supo dar respuesta a las necesidades que se le requerían en aquel momento, que se enfrentó, como nos estamos enfrentando todos, a los enemigos de la patria. Los enemigos de la patria van cambiando de nombre y de formas, pero siempre son los mismos, los que vienen amenazando nuestra unidad y nuestra libertad».

En el vídeo, además, el actual candidato a la alcaldía de Madrid hace una extrapolación de los tiempos de José Antonio Primo de Rivera en su lucha con los enemigos de España a la actualidad:

«Es verdad que decía José Antonio que «bienvenidos los tiempos difíciles, porque serán la depuración de los cobardes [sic]». Y hoy en día esas palabras se pueden llevar a su máxima expresión. Hoy, donde la cobardía impera en todas las instituciones, donde la traición a España está institucionalizada, y donde las palabras honor, lealtad, servicio… es casi os diría que una excepción, es cuando hay que demostrar de verdad que se es español, que se ama España, que se ama la libertad, que estás dispuesto a luchar por tus amigos, por tu familia, por la prosperidad económica de todos los españoles. Y por tanto bienvenidos esos tiempos difíciles que nos han dado la oportunidad a algunos de poder rememorar otras épocas de nuestra historia donde otros tuvieron que dar un paso al frente para que hoy pudiéramos todavía disfrutar de esta gran nación». (Antonio Maestre; Las entusiastas loas de Javier Ortega Smith a Primo de Rivera el pasado noviembre, 2019)

Por supuesto podríamos discutir sobre el carácter ecléctico de Ortega Smith, que equipara ideológicamente y reivindica sin diferencias desde Franco, José Antonio Primo de Rivera o Ramiro Ledesma, figuras con hondas diferencias entre ellos y sus seguidores, pero más allá de la ignorancia de Smith lo que demuestra es que es un retrógrado que se agarra a cualquier figura reaccionaria que le sirva. Esto no es anómalo, históricamente la reacción en España ha visto aunar en su seno desde carlistas a falangistas precisamente como se vio en el decreto de unificación de 1937 donde certificaba la unión de la reacción bajo dirección de Franco. Lo importante aquí es ver cómo de los miembros de VOX tienen de referentes o vienen de militancias fascistas, lo que echa abajo precisamente todas las teorías de aquellos «progres» que califican a VOX como un proyecto de «extrema derecha pero sin elementos ni pretensiones de tipo fascista», incluso calificándolos como algunos hacen de un «partido constitucionalista» más. Porque lo cierto es que con esto queda claro que hay elementos y principios ideológicos fascistas muy marcados que constituyen un peligro.

La última extravagancia de estos «no fascistas», ha sido pedir renombrar a un colegio público como Francisco Franco:


«En respuesta a estas críticas, el candidato suplente de Vox, Oscar García, expresó toda una declaración de intenciones para evitar más confusiones con el nombre en el futuro. De este modo, espetó: «Lo primero que habrá que hacer entonces es proponer el cambio del nombre del colegio por Colegio Público Francisco Franco y así no se le olvida a nadie», en clara alusión a la figura del dictador
». (El Diario.es; Un candidato de Vox quiere renombrar como 'Francisco Franco' el único colegio de su municipio)


En otra ocasión uno de los diputados de Vox por Málaga, que negaba que el franquismo fuese una dictadura –aceptando en este caso a la popular acepción de dictadura como: «Régimen político que, por la fuerza o violencia, concentra todo el poder en una persona o en un grupo u organización y reprime los derechos humanos y las libertades individuales» que da la RAE:

«Entrevistador: La pregunta es muy sencilla: ¿cree que el franquismo es una dictadura sí o no?

Eugenio Moltó: Yo creo que no». (Canal Sur; Entrevista a Eugenio Moltó, 27 de noviembre de 2018)


Debe de ser que olvidó las declaraciones del propio Franco:

«Un estado totalitario armonizará en España el funcionamiento de todas las capacidades y energías del país, en el que, dentro de la Unidad Nacional, el trabajo, estimado como el más ineludible de los deberes, será el único exponente de la voluntad popular. Y merced a él, podrá manifestarse el auténtico sentir del pueblo español a través de aquellos órganos naturales que, como la familia, el municipio, la asociación y la corporación, harán cristalizar en realidades nuestro ideal supremo». (Francisco Franco Bahamonde; Discurso, 1 de abril de 1939)


A todo esto añadía sobre el debate sobre si retirar o no los restos de Franco del Valle de los Cáidos, monumento recordemos, descrito por Franco en 1940 para honrar «nuestra gloriosa cruzada», y construido gracias a la mano de obra esclava de los 20.000 presos antifascistas –falleciendo unos que causó además varios miles de muertos–:

«Entrevistador: ¿Qué haría usted con el cadáver de Franco?

Eugenio Moltó: Dejarlo donde está
». (Canal Sur; Entrevista a Eugenio Moltó, 27 de noviembre de 2018)

Esta visto que con Vox y su impulso, los viejos fascistas se han envalentonado, se atreven a hacer estas declaraciones filofascistas tan plácidamente. Se puede decir que Vox se ha saltado el tema tabú entre la mayoría de la derecha: reconocer la herencia franquista en su ideario.

A todo esto, no podemos dejar de recordar que Vox es el proyecto político propio de su líder Santiago Abascal tras sus sendos fracasos electorales en el PP de Euskadi:

«Santiago Abascal. Hijo del histórico de Alianza Popular Santiago Abascal Escuza, se afilió al PP cuando cumplió los 18 años y comenzó su trayectoria como concejal en Llodio (Álava), donde estuvo dos legislaturas (1999-2007). Entre 2003 y 2004, Abascal fue procurador de las Juntas Generales de Álava y entre 2005 y 2009, diputado del Parlamento Vasco.

Esperanza Aguirre lo eligió en 2010 para dirigir la Agencia de Protección de Datos de la Comunidad, un cargo que ocupó hasta diciembre de 2012 con una remuneración de 276.525 euros. Tras el cierre de la empresa pública para «ahorrar gastos», fue recolocado en la Fundación para el Mecenazgo y Patrocinio Social, una fundación que no tenía actividad y solo contaba con dos empleados, él mismo y un ayudante. Por los ocho meses que ocupó ese puesto hasta que la fundación fue extinguida ingresó alrededor de 55.000 euros brutos.

«En noviembre de 2013 abandonó el partido tras acusar a Rajoy de «traicionar los principios» del PP y censurar su política antiterrorista. Meses después, en enero de 2014, reapareció acompañado de José Antonio Ortega Lara para presentar Vox. Puedes leer su perfil completo aquí». (El diario.es; Quiénes son los 24 diputados de Vox en el Congreso, 28 de abril de 2019)

Esto de nuevo los nexos que ha tenido históricamente el PP con los viejos y nuevos franquistas.

No podemos dejar de recalcar que Santiago Abascal es también producto de las teorizaciones de la Escuela de Gustavo Bueno y la Fundación DENAES, una corriente filosofófica totalmente subjetivista de un fortísimo nacionalismo, filofascista. Véase el capítulo: «El viejo socialchovinismo: la Escuela de Gustavo Bueno» de 2020.

Abascal en su salida del PP de hecho le han seguido otros elementos de su confianza:

«Ignacio Gil Lázaro. Licenciado en Derecho. Tras 33 años como diputado en el Congreso primero con Alianza Popular y después con el PP abandonó la formación conservadora en mayo del 2018. Al marcharse aseguró que tomaba esta decisión por la «deriva» de la formación que presidía Mariano Rajoy. Aunque se justificó con estas declaraciones, en realidad su situación dentro del partido no era fácil porque había perdidos apoyos internos tras la caída en desgracia de Rita Barberá. Tanto en las elecciones de 2015 como en las de 2016 la dirección de los populares valencianos lo dejó fuera de los puestos de salida». (El diario.es; Quiénes son los 24 diputados de Vox en el Congreso, 28 de abril de 2019)

Este partido, con estos elementos, acaba de recibir 2,6 millones por sus resultados electorales, lo que le asegura aumentar la popularización de su demagógico discurso.

«El partido ultraderechista pasará de no obtener ingreso alguno por estos conceptos –no tenían representación parlamentaria– a recibir 2,6 millones de euros por sus gastos electorales y 68.088 euros al mes del Congreso de los Diputados, retribuciones de sus parlamentarios aparte, como en el resto de los casos.

Por conceptos, son 508.023 euros por los 24 escaños; 2,1 millones de euros por los 2,6 millones de votos; 39.491 al mes por los diputados y 28.597 euros mensuales por el grupo parlamentario». (El diario.es; Vox recibe 2,6 millones de subvenciones electorales y el PP pierde más de 5: el 28A cambia la economía de los partidos, 1 de mayo de 2019)

Abascal y sus seguidores, exactamente como su antiguo partido el PP, se han definido como «liberal», en otras ocasiones como «conservadores» o cuando son acusados de «extrema derecha» responden con cinismo que son de «extrema necesidad» para eludir el debate sobre su ideología, lo cual no indica que temen decir lo que son abiertamente.

Ciertamente en este corto periodo de tiempo, hemos podido comprobar en Vox varias declaraciones que, aunque tímidas, con disfraces y matices, apuntan en sus conclusiones a un discurso fascista mal disimulado.


Ha de decirse que algunos de los movimientos fascistas en ciertos momentos determinados no han arengado a ir abiertamente con la intención de destruir el liberalismo y el parlamentarismo, solo dieron ciertos conatos, que fueron convirtiéndose en amenazas cuando notaron auge en su influencia, y que se cumplieron cuando se veían con suficiente poder.

Vox ha dejado caer estas tendencias. Por ejemplo propuso ilegalizar a organizaciones «antinacionales» –que bajo su halo subjetivo incluiría desde partidos independentistas y a «los que ayudan los separatistas como el PSOE y Podemos» y por ende extensible a cualquier revolucionario–:

«2) Ilegalización de los partidos, asociaciones u ONGs que persigan la destrucción de la unidad territorial de la Nación y de su soberanía». (Programa de Vox: 100 medidas para la España viva, 2019)

En otras ocasiones han sido más claros:

«Habría que analizar si tienen derecho estar en el juego político, los que no creen en la unidad de España y quienes no renuncian al marxismo que tanto muertos han dejado», ha espetado Espinosa de los Monteros». (La Sexta; Vox plantea ilegalizar a los partidos «que no creen en la unidad de España o no renuncian al marxismo», 8 de marzo de 2019)

No por casualidad Ramiro Ledesma dijo en su día que el objetivo principal de los fascistas era no combatir tanto a las organizaciones liberales de la burguesía, sino y principalmente, centrarse en destruir el marxismo:


«El sentido combativo del Nacional-Sindicalismo [así se llamaban los fascistas españoles], lo que tiene o pueda tener de ofensiva contra algo, reconoce un único y exclusivo blanco: las organizaciones marxistas. Nada más. Pero es evidente y claro como el sol que el marxismo es invulnerable a todas las arremetidas, menos a una: la violencia fría y sistemática que sobre él se ejerza. (...) El marxismo es, pues, el enemigo. La burguesía liberal-parlamentaria es a su lado una ficción. (...) Al extirpar el marxismo se extirpa la lucha de clases; esto es, la insolidaridad nacional, y se abre paso a la convivencia a que nos obliga sobre todas las cosas nuestro carácter de españoles». (Ramiro Ledesma; El Nacional-Sindicalismo, 13 de enero de 1933)


De hecho el fascismo es profundamente antidemocrático como reconocían sus miembros con las famosas palabras de José Antonio Primo de Rivera de que «Ya es hora de acabar con la idolatría electora», o como cuando expresaba que:


«El sufragio universal es inútil y perjudicial a los pueblos que quieren decidir de su política y de su historia con el voto». (José Antonio Primo de Rivera; La Voz, de Madrid, 14 de febrero de 1936)

Esto nunca deben olvidarse.

¿Pero por qué desde Vox se califica de marxista a Podemos cuando hace tiempo que han reconocido que ellos son socialdemócratas y que no hay salido dentro del sistema de mercado capitalista? Por lo que ya expusimos, por conveniencia:

«
La burguesía sobre todo la más reaccionaria no distingue entre churras y merinas, unas veces le conviene no hacer distinciones, otras no va a contratar en expertos que disciernan si son varaderos comunistas o falsos comunistas, y que para ella, en momentos críticos, no le vale la promesas de los revisionistas, directamente está dispuesta a barrer con escoba de hierro cualquier tendencia mínimamente crítica. Esto depende como decimos de qué tipo de elementos controlen los ministerios, servicios secretos, y demás, pues como se ha visto también, los más audaces, no son tan cortos de miras, y sí están dispuestos a colaborar o incluso ceder el poder a los revisionistas a cambio de ciertas garantías, garantías que el PCI ofreció sin duda, como la no retirada de la OTAN y de la CEE, así como el respeto a la iglesia, monopolios nacionales y multinacionales extranjeras». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)


Esto mismo vale decirse para Podemos u otros, ya que precisamente la burguesía «progre» y de «izquierda», ha aceptado en su seno a Podemos como un partido que «ha entrado en razón» y hasta es calificado ya de «constitucionalista». Es decir, que ha aceptado el estatus político-económico capitalista.


Desde Vox se insta incluso a penar en un futuro el no acatar los que según ellos son «símbolos de la nación»:

«3) Dotar de la máxima protección jurídica a los símbolos de la nación, especialmente la Bandera, el Himno y la Corona. Agravamiento de las penas por las ofensas y ultrajes a España y sus símbolos o emblemas. Ninguna afrenta a ellos debe quedar impune». (Programa de Vox: 100 medidas para la España viva, 2019)

Recordemos a un enfurecido José Antonio Primo de Rivera que arengaba a:

«
Queremos que España recobre resueltamente el sentido universal de su cultura y de su Historia. Y queremos, por último, que si esto ha de lograrse en algún caso por la violencia, no nos detengamos ante la violencia. Porque, ¿quién ha dicho –al hablar de «todo menos la violencia»– que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria». (José Antonio Primo de Rivera; Discurso pronunciado en el Teatro de la Comedia de Madrid, 29 de octubre de 1933)

Desde Vox existe un odio visceral hacia los movimientos regionalistas y separatistas , tipificándolo como uno de los males que aquejan a España. Para remediarlo quieren imponer un modelo ultracentralizado –queriendo abolir el sistema de autonomías–:

En su programa se aboga por suspender la autonomía catalana:

«Suspensión de la autonomía catalana hasta la derrota sin paliativos del golpismo y la depuración de responsabilidades civiles y penales». (Programa de Vox: 100 medidas para la España viva, 2019)

Compárese esto con la visión 
de José Antonio Primo de Rivera y su opinión sobre los nacionalistas catalanes: 

«España es irrevocable. Los españoles podrán decidir acerca de cosas secundarias; pero acerca de la esencia misma de España no tienen nada que decidir. España no es nuestra, como objeto patrimonial; nuestra generación no es dueña absoluta de España; la ha recibido del esfuerzo de Generaciones y generaciones anteriores, y ha de entregarla, como depósito sagrado, a las que la sucedan. Si aprovechara este momento de su paso por la continuidad de los siglos para dividir a España en pedazos, nuestra generación cometería para con las siguientes el más abusivo fraude, la más alevosa traición que es posible imaginar»(Falange Española; núm. 15, 19 de julio de 1934)

Para los fascistas de los años 30 los problemas de España de centralizaban entre otros, en las aspiraciones localistas o separatistas. Por ello se tenía el eslogan de que:

«España ha venido a menos por una triple división: por la división engendrada por los separatismos locales, por la división engendrada entre los partidos y por la división engendrada por la lucha de clases. Cuando España encuentre una empresa colectiva que supere todas esas diferencias, España volverá a ser grande, como en sus mejores tiempos». (José Antonio Primo de Rivera; Entrevista al noticiario Paramount, 1935)

Por ello el fascista español Onésimo Redondo, concluía en una vorágine de ideal racial-centralista en torno a Castilla:

«Salga de Castilla la voz de la sensatez racial que se imponga sobre el magno desconcierto del momento: use de su fuerza unificadora para establecer la justicia y el orden en la nueva España». (Onésimo Redondo; ¡Castilla salva a España!, Libertad, nº 9, 10 de agosto de 1931)

En Vox hemos visto declaraciones belicistas e intervencionistas –como la propuesta de colaborar con EEUU en una invasión a Venezuela–:

«Jaime Bayly: ¿España o los países poderosos de la Europa Libre deberían cooperar con tropas [en Venezuela]?

Iván Espinosa de los Monteros: Yo creo que sí. (…) Aunque creemos en la soberanía de las naciones y en la no intervención. (…) Cuando se produce una situación como las que están mencionando. Cuando hay un opresor que está acabando con su pueblo. (…) Llegará a un punto en que sí, habrá que tomar la última medida [intervención militar].

Jaime Bayly: ¡Que interesante! ¡Saludo, aplaudo tu decisión!». (Entrevista en Jaime Bayly Show, 4 de marzo de 2019)

Habría que preguntar a este señor si en la propia España que no se cumplen los artículos básicos de la propia Constitución, o si más claramente ahora en Francia que han vuelto a estallar verdaderas revueltas, ¿habría que intervenir en nombre de la libertad contra los tiranos que atentan contra los derechos del pueblo y lo reprimen? ¿Habría que hacerlo contra los gobiernos proestadounidenses de Colombia, Israel o con la monarquía teocrática fundamentalista de Arabia Saudí? ¿O solo con aquellos estados gobernados por los que considera rivales ideológicos?

En cualquier caso, se trata de unas declaraciones lacayunas donde las haya que definen las históricas relaciones hispano-estadounidenses siempre en favor de éste último.

Añádase que el fascismo español actual, al igual que el histórico, es profundamente antinacional a pesar de su discurso nacionalista, como se pueden ver en las declaraciones de Iván Espinosa de los Monteros en la entrevista del periodista Jaime Bayly, hablando reiteradamente en favor de EEUU y mostrando su «tranquilidad» por tener a su lado a tan «fiable aliado»:

«Iván Espinosa de los Monteros: Es afortunado que estemos siempre en manos de un país como EE.UU. que tenga que poner esas tropas». (Entrevista en Jaime Bayly Show, 4 de marzo de 2019)

Sencillamente ese pretendido patriotismo es más bien en el caso del fascismo un disfraz, un nacionalismo, del cual tampoco hace que salve a la nación de la servidumbre extranjera. Pues como sabemos el fascismo protege al capital financiero que no se caracteriza precisamente por interesarse por los problemas nacionales sino por vender la patria a un imperialismo más potente como hizo precisamente Franco con el imperialismo estadounidense. 

El falseamiento de la historia de España tirando de la antigua educación nacional-católica del franquismo sobre el mito de la «Reconquista»:

«La historia de 800 años no fue una reconquista continuada y no hubo una colisión constante porque los propios reinos cristianos pactaron en numerosas ocasiones con los musulmanes para defender sus intereses», explica Carlos Ayala, catedrático de Historia Medieval de la Universidad Autónoma de Madrid. Ayala recalca que el nacionalcatolicismo de la época franquista quiso eliminar de un plumazo la historia de Al-Ándalus. «La España actual no se entendería sin todo lo bueno que aportó Al-Ándalus, pero la nueva extrema derecha quiere resucitar a un muerto y hace lo mismo que hizo el franquismo», sostiene este catedrático. (…) «La utilización propagandística de la noción de Reconquista, que tradicionalmente se ha usado con un sentido identitario, transmite una idea de una España forjada contra el islam. Me recuerda a cómo usó Franco esa noción para justificar que había que liberar a nuestro país de rojos, ateos y masones y eso es lo mismo que hace ahora Vox, pero esta vez contra los musulmanes», argumenta Alejandro García Sanjuán, profesor de Historia Medieval de la Universidad de Huelva. «El uso de la Reconquista al servicio de objetivos políticos no se veía desde la época de Franco», afirma el autor de «La conquista islámica de la Península Ibérica y la tergiversación del pasado» (2013)». (El Confidencial; Vox y la Reconquista en las elecciones: «Don Pelayo era un tío con dos huevos», 12 de abril de 2019)

En el fascismo la nación es un tótem aglutinador en que apoya parte de su demagogia, nada más que eso. Pero no se parte de conceptos científicos sino de pseudohistoria y por tanto pseudociencia.

Dentro del discurso contra lo extranjero y su condición servil de lacayo de EE.UU. que ya es una contradicción sobre sus presuntos valores patrióticos, Vox cumple con otra paradoja; el haber sido financiados desde el exterior:


«Los seguidores de un grupo opositor iraní financiaron el 80% de la campaña de las elecciones europeas de Vox de 2014, que costó un millón de euros, según tres fuentes conocedoras de las cuentas de la formación. Desde más de una quincena de países entre los que destacan Alemania, Italia, Suiza, EE UU y Canadá partidarios del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI), una fuerza marxista-islámica en sus orígenes, enviaron durante tres meses 146 donativos a una cuenta de la formación de extrema derecha en España, según revelan las mismas fuentes, por valor de 800.000 euros. El caudal de fondos iraní, revelado por el EL PAÍS el pasado diciembre, llegó a una cuenta de Vox en Madrid después de que Vidal-Quadras anunciara en 2014, vía Twitter donde tiene más de 66.000 seguidores– su intención de aspirar a un escaño en Bruselas bajo la marca de la fuerza ultra, según ha confirmado el propio político. «Algunos de los donantes eran económicamente muy potentes», detalla. Tras el fiasco en las europeas, Vidal-Quadras abandonó el partido». (El País; El exilio iraní financió el 80% de la campaña de Vox de 2014, 13 de enero de 2019)

Por supuesto, desde Vox hay una exaltación fanática de las tradiciones retrógradas como la tauromaquia:

«¿Qué es para ti la tauromaquia y como la vives?

Para mí la tauromaquia es un arte, un arte que tiene que ver de una manera muy estrecha con la identidad de España, y que yo como vasco he visto de una manera emocionante en muchas ocasiones porque ¿dónde se va a escuchar un pasodoble en mi tierra si no era en la plaza de toros? En un mundo donde se querían eliminar todas las señas de España parecía que lo único que entraba por esa rendija de luz pequeña que algunos permitían era todo lo relacionado con la tauromaquia y lo que le rodeaba, la música». (Entrevista en el Burlladero.tv, 4 de mayo de 2015)

Sobre la religión en España se toma como seña de identidad nacional y se insta a «preservar los valores superiores del catolicismo en Europa»:

«Rubén: Sr.Abascal: Con respecto a los católicos, y a la su jerarquía, ¿Cual es la posición de Vox con respecto a la Iglesia, y los proyectos de colaboración conjunta que están dispuestos a fomentar, así como el papel político que ustedes darían a esta Confesión, que es la mayoritaria en España, con respecto a otras como el Islam?

Nuestra identidad y la de toda Europa es cristiana y eso hay que preservarlo porque nuestros valores son superiores y dignifican al hombre. Yo no quiero la islamización de Europa porque va contra lo que somos, contra lo mejor de nosotros. La separación entre Iglesia y Estado es un principio netamente cristiano. El Islam es una ideología política que busca la conquista del Estado». (Entrevista a Santiago Abascal en Infovaticana, 6 de junio de 2016)

Compárese con estas declaraciones:


España contestó siempre con la afirmación católica. La interpretación católica de la vida es, en primer lugar, la verdadera, pero es además, históricamente, la española. Por su sentido de catolicidad, de universalidad, ganó España al mar y a la barbarie continentes desconocidos. Los ganó para incorporar a quienes los habitaban a una empresa universal de salvación. (...) Falange Española considera al hombre como conjunto de un cuerpo y un alma; es decir, como capaz de un destino eterno; como portador de valores eternos». (Falange Española; Puntos iniciales, 7 de diciembre de 1933)


La falacia es obvia. VOX, como el fascismo, simplifica la historia desde el punto de vista de la metafísica idealista: se toma un momento histórico dado para hacerlo pasar por eterno. Europa no es cristiana por alguna gracia mística; lo llegó a ser por obra de un desarrollo histórico donde el cristianismo se propagó por Europa –no de forma pacífica en muchos casos–, arrasando a los pueblos y culturas diferentes de Europa que existían antes de la propagación del cristianismo. Igual ocurre con las tradiciones. Y, ¿qué decir de la «separación de Iglesia y Estado»? ¿Es este principio tan netamente cristiano que no existía en los orígenes del cristianismo o en su máximo apogeo medieval? ¿O es algo histórico que puede ocurrirle a cualquier religión mayoritaria dado el contexto sociohistórico concreto en que semejante sistema se hace posible? ¿Acaso no existe la separación burguesa entre Iglesia y Estado en regímenes musulmanes o con mayoría musulmana o islámica como Albania, Azerbayán, Burkina Faso, Mali, etc.?

Todo esto evidentemente es otra mentira propagandística de Vox encaminada a encandilar a la feligresía cristiana en general y católica en particular, en el orden histórico, la Europa actual, es el resultado de la lucha contra la influencia de la religión en el Estado, aunque esa influencia nunca se disipó del todo, tanto por fuerzas burguesas como por las fuerzas proletarias en su momento; evidentemente que el cristianismo no ha dado valores superiores, sino que como religión, como comprensión idealista del mundo, solo ha dado pie a discriminación y supremacismo que se ha traducido en matanzas, guerras y genocidios de los «otros». Más importante aún, la separación Estado-Iglesia, la propuesta del Estado laico, que algunos liberales e incluso algunos fascistas vestidos de liberales reivindican, no es un concepto cristiano o nacido dentro de las sociedades cristianas como a priori puede parecer por el tratamiento dado a este tema por la historia. De hecho, fue Averroes, el más sabio entre los árabes andalusíes, el primero en plantear la necesidad de separar Estado y religión que sería uno de los elementos por los que luego sería condenado al ostracismo por el islam, esta ideas sería amplificada por los llamados averroístas, y a la larga es reintroducida en Europa a través de los renacentistas, Maquiavelo le daría una forma terminada pero sería hasta la Revolución Francesa que se lleva a la práctica. Esto nos trae otra enseñanza como en otros muchos variados temas, por ejemplo las matemáticas. En cualquier caso, ninguna cultura se desarrolla por si misma hasta alcanzar el punto más elevado de desarrollo económico-político de la humanidad en una época histórica determinada, todas y cada una de las culturas que han ocupado este puesto lo han hecho gracias a que han recuperado para si los desarrollos de culturas precedentes y contemporáneas. En consecuencia, ningún avance social puede ser atribuido a una cultura en particular y mucho menos a una religión, las que habitualmente han jugado un papel retardatario salvo quizá en su origen por la transformación en la superestructura que plantearon entonces.

Por supuesto para Vox, su fin, su programa económico propone el seguir subvencionando a la religión y sus centros de enseñanza.

Sobre la mujer y la cuestión del aborto se decía:

«¿Qué regulación alternativa proponen, el modelo de supuestos que propugnaba Gallardón o la derogación total del aborto?

Sí, queremos la derogación de la ley zapateril, y la aprobación de una nueva ley que se encamine a lograr el deseable objetivo de aborto cero». (Entrevista a Santiago Abascal en Infovaticana, 6 de junio de 2016)

Para entender este tipo de comentarios que beben de un idealismo filosófico aunque de tipo religioso, recomendamos al lector repasar las entradas sobre Religión.

De hecho parte de los elementos tránsfugas del PP a Vox, son los más afines a esta postura:

«Lourdes Méndez Monasterio. Abogada. También fue representante del partido de Pablo Casado durante tres legislaturas, entre los años 2004 y 2016. Además, ocupó el cargo de consejera de Trabajo en el Gobierno autonómico de Ramón Luis Valcárcel entre 2002 y 2004. Sus intervenciones políticas se han centrado en criticar la interrupción voluntaria del embarazo. Esta política rompió en 2015 la disciplina de voto del partido al no posicionarse a favor de la reforma de la ley del aborto promovida por el Gobierno de Mariano Rajoy». (El diario.es; Quiénes son los 24 diputados de Vox en el Congreso, 28 de abril de 2019)

¿No es este el discurso de Vox hoy pero más edulcorado?


Vox ha traído propuestas radicales y absurdas antiinmigración –como construir un muro en Melilla a lo Trump–:

«El presidente de Vox, Santiago Abascal, es partidario de que un muro separe la frontera de Ceuta y Melilla con Marruecos. Y piensa que «quizá» lo debería pagar Marruecos. Mientras se construyen esos muros Abascal propone que sea el ejército el que vigile la frontera, función actualmente encomendada a las fuerzas de seguridad». (Antena 3; Abascal propone un muro como el de Trump en Ceuta y Melilla pagado por Marruecos, 29 de abril de 2019)

Un evidente discurso xenófobo –falseando el número de delitos cometidos por inmigrantes–:

«Hay quienes parecen aferrarse esperanzados a la idea de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. En los últimos días, el líder del partido ultraderechista Vox ha tratado de inocular la idea de que la violencia de género es culpa de los extranjeros. Incluso ha llegado a decir en varias entrevistas –El Norte de Castilla, Intereconomía, EsRadio, El programa de Ana Rosa…– que la mayor parte de las agresiones y asesinatos por violencia machista son a manos de extranjeros y que este dato se oculta. Pero lo cierto es que ambas afirmaciones son falsas: ni la mayor parte de los asesinatos han sido cometidos por extranjeros ni este dato se oculta: es más, cualquier ciudadano puede comprobarlo. Así lo han denunciado desde la plataforma Newtral. Desde esta plataforma han comprobado que «según los datos oficiales, cerca del 70% de los asesinatos por violencia de género de los últimos cinco años fueron cometidos por hombres nacidos en España». Con datos publicados por el Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad, puede verse que en 2017 el 66,7% de los asesinatos fueron cometidos por españoles; en 2016, el 65,3% también fueron cometidos por españoles, en 2015 el 73,3%, etc». (Público; No, la mayoría de asesinatos machistas no son cometidos por extranjeros: el bulo difundido por el líder de Vox, 6 de diciembre de 2018)

En cuanto a la clásica homofobia –en especial hacia la comunidad gay–, se ha rebajado, pero hay resquicios muy evidentes:

«Entrevistadora: ¿Cuál es la postura de su partido en tema del matrimonio gay?

Santiago Abascal: El matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer, pero entendemos que tiene que haber una regulación de las uniones civiles y, por cierto, no nos oponemos a ningún colectivo, porque no creemos en los colectivos…

Entrevistadora: ¿Habla del colectivo LGTB? 

Santiago Abascal: Sí. Y lo digo porque hay muchas personas homosexuales que piensan igual que nosotros. Hay muchas personas homosexuales que están en Vox y piensan lo mismo. Y en cuanto hablan de estas cosas…

Entrevistadora: ¿Que piensan qué?

Santiago Abascal: Bueno, pues que el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer». (Entrevista a Santiago Abascal en Ana Rosa, 8 de diciembre de 2018)

La condición de un homosexual para ingresar en VOX parece ser, pues, tenerle aversión a la idea de querer formar un matrimonio. ¿Cómo sino se explica que nieguen la posibilidad de matrimonio entre personas de un mismo sexo? O eso, o el argumento de Abascal para intentar esquivar las obvias acusaciones de homofobia se reducen al típico bluf de acomplejado de su homofobia de «bueno, yo tengo amigos gay que...». En otra ocasión en un mitin se dijo:

«Somos partidarios de quitar la bandera de los gais y las lesbianas del Casino de Huesca. Porque cada uno, su orientación sexual, en su casa y en su cama»: es parte del discurso de un representante de Vox en Huesca ante los «olés» y los aplausos de los presentes. La formación de Santiago Abascal continúa su cruzada contra los colectivos LGTBI
». (La Sexta; Un representante de Vox en Huesca: «Queremos quitar la bandera gay. La orientación sexual de cada uno en su casa y en su cama», 29 de enero de 2019)


Vox ha llegado a defender las famosas terapias de choque contra la homosexualidad:

«Rocío Monasterio y miembros de los sectores más ultraconservadores de la sociedad madrileña impulsaron un manifiesto en contra de la Ley de Protección Integral contra la LGTBifobia. Sin embargo, quisieron ir más allá y enviaron un escrito al Defensor del Pueblo en el que se solicitaba un recurso de inconstitucionalidad a esta «ley totalitaria» y levantar la prohibición de las «terapias de conversión». (...) Por supuesto, dentro de esta ley se prohíbe la organización de «terapias aversivas», algo que desata las iras de este grupo de ultracatólicos. Por este motivo, en el escrito destacan que este texto atenta directamente contra varios derechos constitucionales. (...) Por tanto, enfatizan que la «sanidad madrileña prohíbe las terapias aversivas o cualquier otro procedimiento que suponga un intento de conversión , anulación o supresión de la orientación sexual o de la identidad de género autopercibida». (El Plural; Monasterio pidió al Defensor del Pueblo que se permitieran las «terapias para gays», 7 de junio de 2019)

Sobra comentar que en estas pretendidas terapias, frecuentemente regentadas por dudosos profesionales, no hay evidencias empíricas de que el sujeto consiga cambiar la orientación sexual ni que la terapia se base en conocimientos y rigor científico de ningún tipo:

Siendo más tajantes, insistian:

«Fernando Paz, el número uno en las listas de Vox al Congreso en la provincia de Albacete, es un escritor que se ha manifestado en varias ocasiones sobre el colectivo homosexual y ha despertado la ira por sus manifestaciones, que se tildan de homófobas. Ayer, en una entrevista concedida al programa «Espejo Público», Paz volvió a hacerlo: sembró la paz.

Paz aseguró que «la familia natural es la unión de un hombre y una mujer». En este sentido, aseguró que «una pareja gay con un niño o una madre soltera que adopta un hijo no es una familia natural».

«Miles de años de experiencia de la humanidad no los borra la iluminación de Zapatero hace diez años», señaló, al tiempo que consideró que «hay una corriente de esterilidad en todo Occidente».

«Si tuviera un hijo gay lo que haría es ayudarle, hay terapias para reconducir su psicología», apuntó en la entrevista. «Yo les quiero educar en mis valores y normas», zanja». (ABC; «Una pareja gay con un niño no es una familia natural. Necesita terapia», 21 de marzo de 2019)

En definitiva, de nuevo intentan ocultar con ciertos marabarismos y sutilezas lo que realmente son: homófobos de toda la vida.

Un inciso introspectivo en el tema económico a tratar ahora. Lejos de lo que dicen algunos falangistas románticos de la actualidad que carecen de conocimientos reales sobre lo que el movimiento falangista, debemos decir unas cosas. Ni Primo de Rivera ni Ramiro Ledesma negaron nunca la propiedad privada como vimos en nuestro artículo: «¿Acaso el fascismo español falangista era realmente una «tercera vía» entre capitalismo y comunismo?» de 2014. Pese a matices más a la derecha o izquierda su modelo era similar al de cualquier liberal o socialdemócrata de la actualidad: intervención estatal cuando fuese preciso, en aras del «bienestar nacional», pero defensa tácita del derecho a la iniciativa privada, incluso debía tácitamente ser promovida por el Estado según los ideólogos del fascismo. Precisamente el fascismo lo que se diferencia de la democracia burguesa es en el coorporativismo: el cual permite a la burguesía suprimir los derechos laborales básicos y tener controlados desde los sindicatos oficiales a los trabajadores con mayor coerción para trabajar en aras del «bienestar nacional». De nuevo hay que recordar también que las relaciones de producción tanto en su forma estatal como privada, no dista de las leyes de producción inherentes al capitalismo, por tanto toda planificación sea en el fascismo o en la democracia burguesa es un bluf, y ese afán de «economía nacional» del fascismo no es sino la economía al servicio de los capitalistas bajo excusas de realizar un «esfuerzo productivo patriótico en conjunto». Es más, las experiencias históricas en Alemania, Italia o España mismo, demostraron la falsedad del fascismo sobre su pretendida limitación de los monopolios capitalistas y su poder que campan a sus anchas en la democracia liberal, lejos de conseguir tal fin, se consiguió la acelerada conformación y consolidación de los monopolios en el país, aumentando su omnipotencia en la vida socio-política del país:

«¿Es posible retornar del capitalismo monopolista en la economía «pastoral agraria», en la manufactura de antes de la Revolución francesa, a los gremios, a las ciudades «libres» y en las regiones feudales de la Edad Media, a fin de salvar las clases medias del sistema de opresión colonial y estrangulamiento financiero , de una proletarización que se ha acelerado desde la advertencia del monopolismo? La respuesta, la encontraremos en la conducta del nazi-fascismo-falangista. Este «ideal» era la médula –teórica– del fascismo de Mussolini, del nacional-socialismo de Hitler, del nacional-sindicalismo de Franco. ¿Qué ha quedado de tanta pamplina llamativa? Conquistado el poder, hicieron exactamente una política contraria: reforzaron los monopolios, es decir, el capitalismo monopolista, hicieron de esto una política oficial y la impusieron con la brutalidad característica del régimen. Pocos meses después de la toma de poder, el 15 de julio de 1933, Hitler dictó la ley de organización forzosa de los cartels. (...) Las nuevas leyes dictadas de 1934 a 1936, aceleraron la cartelización y el reforzamiento de los carteles ya existentes. El resultado de esta política fue que a finales de 1936 el conjunto de los cartels comprendían no menos de las 2/3 partes de la industrias de productos acabados, en comparación con el 40% del total de la industria alemana, el 100% del total de la industria alemana, el 100% de las materias primas de las industrias semifacturadas, y el 50% de la industria de productos acabados, en comparación con el 40% existente a finales de 1933. Mussolini cartelizó por la fuerza la marina mercante, la metalurgia, las fábricas de automóviles, los combustibles líquidos. El 16 de junio de 1932 dictó una ley de cartelización obligatoria en virtud de la que formaron los cárteles de las industrias del algodón, cáñamo, seda y tintes. En España, nunca la oligarquía financiera había sido tan omnipotente como bajo el régimen del traidor Franco. Pero no se puede decir que ésta es una política económica impuesta por el nazi-fascismo-falangismo, que no vale como enjuiciamiento general para el capitalismo monopolista. Lo cierto es que los Gobiernos de los países formalmente demócratas han tenido la misma política. Antes que Hitler, los diferentes gobiernos de la República de Weimar crearon y abonaron los monopolios. Es más: salvaron a muchos de la ruina con subvenciones estatales, es decir, del pueblo alemán». (Joan Comorera; La nación en una nueva etapa histórica, 15 de junio de 1944)

¿Y qué propone Vox en lo económico? En lo económico cabe decir que Vox es:

«De corte rigurosamente neoliberal, en muchos aspectos indistinguible de los de PP o Ciudadanos –reducción del tamaño del Estado, bajadas de impuestos, facilidades a las empresas–, sin rastro alguno de la retórica obrerista de Marine Le Pen, la denuncia de las políticas de austeridad de Matteo Salvini o el proteccionismo comercial de Trump. En realidad, los dirigentes de Vox hablan muy poco de economía, y cuando lo hacen su relato es absolutamente pueril y distractivo: los damnificados de la crisis lo serían en realidad, no de las disfunciones o abusos del mercado y sus agentes, sino de la tributación confiscatoria del Estado, las trabas burocráticas a los emprendedores o el gasto ideológico de las administraciones autonómicas, las asociaciones feministas o las ayudas a los inmigrantes que Vox pide desmantelar, y en el caso de la población rural, de cuya causa Vox hace insistente bandera, de la presión ecologista y animalista sobre sus tradiciones y formas de vida, con especial hincapié en la tauromaquia y la caza». (Jónatham F. Moriche; a variante española, 2019)

En su programa de 2019, Vox ha traído una propuesta económica que beneficia a las élites de las clases explotadoras como es común al resto de partidos burgueses. Pero en concreto su propuesta de aplicarse sería el mayor ataque económico contra el pueblo trabajador de todos los programas existentes en las elecciones, como reconocen todos los economistas minimamente progresistas: reducción de la indemnización por desempleo, exención de impuestos para las rentas más altas, posibilidad para el empresario de contratar a trabajadores saltándose el convenio colectivo, restricciones para el derecho a huelga, privatización absoluta de pensiones, sanidad y educación, liberalización total del suelo, etc. Recomendamos leer íntegramente el artículo del Diario.es: «El programa económico de Vox: limitar el derecho a huelga, pensiones semiprivadas y el desguace del sistema fiscal» de 11 de abril de 2019.

Ciertamente en el modelo económico de Vox, al ser tan estrechamente marcado en lo neoliberal, se diferencia de forma sorpresiva de las viejas teorías y experiencias fascistas. Ya que en estas últimas los ideólogos demandaban que el sector estatal debía tener su peso específico o donde había mayor demagogia de denuncia sobre los bienes nacionales frente al imperialismo económico extranjero, aunque estos dos conceptos en la praxis no se cumpliesen, sobre todo el segundo. Pero en cambio hay grandes coincidencias entre el programa económico de Vox y el de los fascismos clásicos: la idea de «poner en tensión a toda la economía para el bien del servicio nacional», la idea de que para que la producción trabaje como se debe «ha de tomarse medidas» incluso de carácter represivo; lo que supone un control permanente de los trabajadores para que cumplan los planes de la patronal y ahondar su sobreexplotación so pena de sanciones o perder su trabajo. También en la teoría de que «para que la nación prospere económicamente hay que hacer mayor esfuerzos y adaptarnos a las condiciones existentes»; lo que viene a ser devorar los ya de por si reducidos derechos laborales actuales que disponen los trabajadores en favor de medidas beneficiosas para los empresarios, que supondrían depauperar en extremo las condiciones laborales, para agudizar la competencia entre los trabajadores y extremar las facilidades para los empresarios en otorgar trabajos que le supongan una mano de obra barata


Algunos lectores podrán pensar que esto ya ha sucedido o sucede en mayor o menor medida bajo gobernación del PP o del PSOE, que eso ha sucedido siempre, que eso es el capitalismo: atacar los derechos y libertades de los trabajadores y obtener la máxima rentabilidad. Cierto, pero ahora debería pensar en los sonados triunfos obtenidos por los trabajadores en lucha contra estas medidas del capital bajo democracia burguesa como fueron: la Huelga de la Canadiense en 1919, la famosa huelga general de 1988 o las luchas contra los ERE en 1994 del gobierno del PSOE. Incluso sin irnos tan lejos en el tiempo: las victoriosas últimas huelgas de Correos, con los Estibadores, etc. ¿Acaso dichos fenómenos de lucha de clases hubieran transcurrido igual bajo un Estado fascista? ¿No es claro que un gobierno fascista hubiera obstaculizado mucho más estas luchas? ¿No es cierto que estos colectivos incluso podrían haber fracaso ante la dura represión que un gobierno fascista habría ejercido como en los años de Franco?

A diferencia de otras formaciones europeas, Vox no ha tenido mucho énfasis de agitación y trabajo dentro de los barrios obreros para ganarse el voto proletario:

«Los de Vox consiguieron 24 escaños y 2,7 millones de votos, pero su estrategia, que pasaba por hacerse fuerte en Madrid asegurándose el voto de los electores acomodados desencantados con el PP y entrando en los barrios obreros, como ha ocurrido con otras fuerzas de ultraderecha europeas, no acabó de funcionar.

Vox no ha podido conquistar los barrios pudientes madrileños y ha pinchado en las zonas obreras, según se desprende de los resultados oficiales.En el distrito de Retiro, uno de los más prestigiosos de la capital, Vox fue la cuarta fuerza con 11.658 votos, el 14,6%, muy por detrás del PP, que logró 21.539 sufragios, el PSOE y Ciudadanos.

En Salamanca, otra de las zonas acomodadas de la ciudad, los de Abascal quedaron terceros con el 18% de los sufragios, mientras que el PP alcanzó el 32% y rozó los 30.000 votos y los de Albert Rivera lograron el 21,7% de los sufragios. Algo parecido ocurrió en Moncloa Aravaca, también de alto nivel, donde Vox solo pudo situarse en cuarto lugar por detrás del PP de Pablo Casado, del PSOE de Pedro Sánchez y de Cs.

El partido de Abascal tampoco ha conseguido su objetivo de penetrar en los barios obreros de la ciudad. Así, en Puente de Vallecas solo consiguió 9.832 votos, frente a los casi 45.000 que se llevó el PSOE. En Villaverde también fue quinta fuerza con algo más de 7.000 votos. Un resultado que se repitió en San Blas, con 9.900 sufragios, Usera, con 6.402, e incluso en las áreas del centro de la capital como Madrid-Centro (6.638 sufragios) o Arganzuela (10.800).

En los pueblos de la Comunidad de Madrid se produjo un resultado más o menos similar. En las localidades de elevado nivel adquisitivo como Boadilla del Monte, donde ganó Ciudadanos con el 28% de los votos, Vox solo logró la tercera plaza, lo mismo que en Las Rozas, donde alcanzó un 19% de votos, en Mahadahonda o en Pozuelo de Alarcón.

En las ciudades populares, como Getafe o Móstoles, la formación de Abascal fue quinta precedida por el PSOE, el PP, Ciudadanos y Podemos y en Fuenlabrada solo logró el 12% de los votos, pero se hizo con la cuarta plaza al superar al PP, que solo sedujo al 10% de los votantes». (La Vanguardia; Vox no triunfa en el Madrid acomodado y pincha en los barrios obreros, 2 de mayo de 2019)

Los intentos para las municipales de mayo de tornar en un tono obrerista parecen haber acabado en fracaso. Aquellos eslóganes del «Madrid de las pequeñas cosas, de ser «el partido de los que madrugan», o de quejarse porque el centro de la ciudad quiere ser convertido por Podemos/PSOE en un núcleo «para ricos que se pueden pagar coches eléctricos», no han surtido mucho efecto. Los barrios obreros de Madrid o de las ciudades colindantes no tragaron el anzuelo ni parece que vaya a hacerlo según los sondeos y asistencia a los mitines de Vox en dichas zonas. En especial porque no es un discurso trabajado previamente, por tanto torpe y no creíble

También es conocido en el fascismo el populismo que ejerce:

«El fascismo también ha utilizado de forma constante el populismo, sobre todo desde la oposición política –a veces sirviendo como trampolín al poder–. Lo ha hecho apoyándose en casos de corruptelas del gobierno burgués de turno –jurando que ellos acabarían con esa corrupción–, de humillaciones nacionales de la Patria por otras potencias –jurando restablecer ante el pueblo el «honor nacional»–, pretendiendo sentir repulsa por los «abusos de las clases altas» –clamando su fin– y queriéndose proclamar siempre como una «tercer vía» entre los «abusos de las clases altas» hacia el pueblo y el radicalismo y ateísmo del marxismo que quiere destruir a las clases altas como tal –hablamos de «clases altas» y no de clase explotadoras, siguiendo el hilo de que los fascistas no reconocen los análisis marxistas sobre la plusvalía y no ven explotación en el sistema capitalista–, elementos que desembocan en engañar a las masas trabajadoras, distraerlas y desviarlas de la revolución». (Equipo de Bitácora (M-L); Populismo; Terminológico, 2015)

Incluso hemos visto en la evolución del fascismo actual vemos como intentar aunar en su seno a la etnia y cultura gitano-española sin los remilgos de antaño. Ahora intentan acercarse a ellos y animar los ritos y costumbres más reaccionarios para hacerlo pasar como valores que concuerdan con los valores universales de lo que ellos consideran «cultura hispana». Esto supone una propia incongruencia para el pueblo gitano, que históricamente ha sufrido en sus carnes la persecución de su etnia-cultura bajo el franquismo así como en regímenes anteriores, donde se emitían decretos oficiales contra los gitanos.

Esta postura pragmática de Vox de aprovecharse de ciertas costumbres retrógradas de los «patriarcas gitanos» como el concepto de familia patriarcal-católica.

Todo esto confirma la máxima de que:

«Dejando atrás a todas las demás formas de la reacción burguesa, por su cinismo y sus mentiras, el fascismo adapta su demagogia a las particularidades nacionales de cada país e incluso a las particularidades de las diferentes capas sociales dentro de un mismo país». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo: Informe en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 2 de agosto de 1935)

Incluso las mujeres de Vox han salido a la palestra a reivindicar las costumbres caballerescas hacia las mujeres:

«Rocío de Meer intervino en el mitin del partido en Almería. La diputada de la formación de extrema derecha alegó que echa de menos al «genuino caballero español»De Meer ha exaltado los buenos modales de este individuo, educado para ceder el paso y «proteger y cuidar a la mujer». (...) Pero, por si no fuera suficiente, durante su intervención en el mitin de ultraderecha parafraseó un artículo dedicado en 1949 por Camilo José Cela al fundador de la Legión, Millán Astray. Además, leyó también un extracto de un poema del jesuita Ramón Cué, autor de Caudillo triunfador, una exaltación explícita a Francisco Franco». (El Plural; La diputada de Vox que echa de menos a los «caballeros que cuidan a la mujer», 20 de mayo de 2019)


Por si alguien no sabe qué eran las costumbres y affaires del amor caballeresco, léase la magnifica obra de Friedrich Engels: «El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado» de 1884.


Recordemos a estas mujeres que opinaban los «caballeros» fascistas sobre las de su género:


«Ni las matemáticas, ni la geografía, ni la pintura, ni la música –la ciencia o el arte, en fin– deben a la mujer casi nada en su global progreso. (...) Huelga que le diga que no soy partidario de darle el voto a la mujer. (...) No confío en el voto de la mujer. (...) Las mujeres no harán más que redoblar con su voto el voto masculino, con sus defectos; no teniendo, por tanto, el de ellas trascendencia en el camino futuro de España. (...) Cuando la mujer intervenga en la gobernación del Estado, ¿no cree usted que defenderá a sus hijos contra la guerra, evitando que le arrebaten y destruyan lo más preciado de su labor y de su vida? La educación a los hijos en el odio a la guerra. Los haría cobardes solamente. Los hombres necesitan la guerra. Si usted la cree un mal, porque necesitan del mal. De la batalla eterna contra el mal sale el triunfo del bien, dice San Francisco. La guerra es absolutamente precisa e inevitable. La siente el hombre con un imperio intuitivo, atávico, y será en el porvenir lo que fue en el pasado. ¿Los pueblos sin guerra?». (José Antonio Primo de Rivera; La Voz, de Madrid, 14 de febrero de 1936)


Todo esto no es un afán cualquiera, sino el viejo intento de homogenizar la cultura española a un estándar único en el que no hay cabida para la diferenciación; es de hecho el viejo intento por estandarizar la superestructura en puntos que entienden esenciales para la persuasión de las mayorías. Reiteramos lo dicho, el fascismo surge para proteger al capital financiero y al gran capital industrial dado el caso, y claro es que bajo un sistema económico mercantil acabado como el «capitalismo monopólico globalizado» la homogeneidad no solo permite el control de la sociedad con medidas propagandísticas más simples, sino que facilita la explotación económica de las masas a través de proceso productivos simplificados y estandarizados, así también facilita el «expolio» de las masas a través del consumo que aparenta ser amplio pero que objetivamente tiene poca variación, esto no solo ocurre al interior de un Estado como España, sino entre los demás Estados, de tal manera que por ejemplo un mismo producto puede ser introducido en varios mercados sin presentar ninguna variación provocada por la cultura.

Llegando a una conclusión. A niveles de partido, Vox es lo más parecido a un fascismo casi sin careta, pero adaptamos a nuestros días y con su propia idiosincrasia nacional. Pero es que recordemos que la mayoría de partidos fascistas nunca se forjaron de forma unificada y con un discurso claro. Siempre ha habido distintas uniones de grupos más o menos reaccionarios, con tonos populistas más o menos pronunciados, con un discurso obrerista y una especulación con la cuestión nacional más o menos profunda. Algunos incluso rechazando la etiqueta fascista por coyuntura nacional o internacional, o por mero afán de tener una identidad propia y ser originales. El fascismo español histórico a diferencia de otros más sumisos a las modas de Roma y Berlín, pretendía marcar diferencia, quería evitar caer en la «copia servil», a «contranatura» «antinacional» como acusaban por ejemplo al líder fascista Mosley en Inglaterra respecto al fascismo italiano o al nazismo alemán. El fascismo español hubo ciertas reservas hacia el movimiento fascista internacional como se dejó ver en la Conferencia fascista de Montreux de 1934 o en las suspicacias que levantaban el régimen italiano o alemán en ciertas cuestiones para los fascistas españoles. Eso no significa que el fascismo español en su versión «primoriverista» o «ramidoledesmesiaca», fuese diferente al italiano o alemán en esencia, de hecho ellos mismos reconocían que pese a tener diferencias:

«El fascismo no es sólo un movimiento italiano: es un total, universal, sentido de la vida. Italia fue la primera en aplicarlo. Pero ¿no vale fuera de Italia la concepción del Estado como instrumento al servicio de una misión histórica permanente? ¿Ni la visión del trabajo y el capital como piezas integrantes del empeño nacional de la producción? ¿Ni la voluntad de disciplina y de imperio? ¿Ni la superación de las discordias de partido en una apretada, fervorosa, unanimidad nacional? ¿Quién puede decir que esas aspiraciones sólo tienen interés para los italianos?». (José Antonio Primo de Rivera; Al Volver. ¿Moda extranjera el fascismo?; 
La Nación, 23 de octubre de 1933)

Esto no cambió ni siquiera cuando el franquismo viró sensiblemente hacia otro tipo de imagen y eslóganes al término de los años 40 
con la paulatina pérdida de poder de Falange y los intentos de desligarse del nazismo o a principio de los 60 con la irrupción de la tecnocracia, con mayor énfasis en el tono católico que en los principios fascistas de antaño–, no hubo un cambio notoriamente sustancial.

5. ¿Pero acaso el fascismo no tiene debilidades?

Por supuesto que las tiene:

«¿En qué consisten las causas principales de la precariedad de la dictadura fascista? El fascismo, que pretende superar las divergencias y las contradicciones existentes en el campo de la burguesía, viene a agudizar todavía más estas contradicciones. El fascismo intenta establecer su monopolio político, destruyendo por la violencia los demás partidos políticos. Pero la existencia del sistema capitalista, la existencia de diferentes clases, la agudización de las contradicciones de clases conducen inevitablemente a sacudir y derribar el monopolio político del fascismo. (...) Otra de las causas de la precariedad de la dictadura fascista estriba en que el contraste entre la demagogia anticapitalista del fascismo y la política del enriquecimiento más rapaz de la burguesía monopolista permite desenmascarar el fondo de clase del fascismo, quebrantar y reducir su base de masas. (...) Llevando a cabo la política del nacionalismo económico –autarquía– y apropiándose la mayor parte de los ingresos de la nación para la preparación de la guerra, el fascismo socava toda la economía del país y agudiza la guerra económica entre los Estados capitalistas. Imprime a los conflictos, que surgen en el seno de la burguesía, un carácter violento y no pocas veces sangriento, minando así la estabilidad del poder estatal fascista a los ojos del pueblo. Un poder, que asesina a sus propios partidarios, como aconteció en Alemania el 30 de junio del año pasado, un poder como el fascista, contra el cual lucha con las armas en la mano otra parte de la burguesía fascista –putsch nacionalsocialista de Austria, las luchas violentas de distintos grupos fascistas contra los gobiernos fascistas de Polonia, Bulgaria, Finlandia y otros países–, este poder no podrá mantener durante mucho tiempo su autoridad a los ojos de las extensas masas pequeñoburguesas». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 2 de agosto de 1935)

¿Pero significa eso que el auge del fascismo dentro de la democracia burguesa o una vez llega al poder, se descompone él solo por sus propias contradicciones? Para nada:

«Al liquidar los restos de la democracia burguesa y elevar la violencia abierta a sistema de gobierno, el fascismo socava las ilusiones democráticas y la autoridad de la ley a los ojos de las masas trabajadoras. (...) La clase obrera tiene que saber aprovechar las contradicciones y conflictos existentes en el campo de la burguesía, pero no debe hacerse ilusiones de que el fascismo puede asfixiarse por sí solo. Sólo la actividad revolucionaria de la clase obrera». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 2 de agosto de 1935)

Ya entre las filas de Vox se están manifestando el descontento y choques internos debido al funcionamiento caciquil, al nepotismo en los puestos y demás lacras clásicas de los partidos burgueses y fascistas:

«Un manifiesto publicado hoy por varios exdirigentes y miembros de Vox a los que les une «el desengaño con un partido que se convirtió en un chiringuito para mayor «gloria» y sustento de su actual presidente, Santiago Abascal», ha pedido el voto al Partido Popular de Pablo Casado, a quien «verdaderamente teme» la izquierda «desleal».

Los firmantes del texto ocuparon diversos cargos de responsabilidad en Vox vicepresidentes y coordinadores provinciales o de distrito y se unieron a un proyecto «como alternativa al Partido Popular de Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría, en el que muchos vimos la lejanía de sus valores y principios y el incumplimiento de las promesas que nos llevaron a darle una holgada mayoría absoluta en noviembre de 2011».

Sin embargo, aseguran que el desenlace de las elecciones europeas de 2014 «destapó la verdadera cara de Abascal y la de su entonces delfín Iván Espinosa de los Monteros Javier Ortega y Rocío Monasterio no eran nada entonces: quedarse con el partido en el que Alejo Vidal-Quadras los recibió muy generosamente».

Acusan a Abascal de traicionar a los «verdaderos fundadores» de Vox y de haber convertido al partido «en un centro de manipulación y de colocación de familiares y amigos».

De los resultados del 28-A, destacan la necesidad de «hacer una llamada de atención a los buenos españoles» por el «efecto nocivo que ha tenido la dispersión del voto» y «la desatención, por parte de Vox y Ciudadanos, de la invitación que desde la más consolidada de las tres opciones, el Partido Popular, se les hizo antes de cerrar las listas electorales para confluir juntos».

Por todo ello, y con el «único objetivo» de «desear lo mejor para España», piden que «votemos unidos la mejor opción para España: un Partido Popular dirigido por Pablo Casado». Como justificación para ello exponen las declaraciones de Miquel Iceta, líder de los socialistas catalanes, que pidió a Mariano Rajoy que volviera. Según los firmantes, estas declaraciones «demuestran que la izquierda desleal al que verdaderamente teme es a Pablo Casado».

Los firmantes son Ramón Calvo de la Hoz (excoordinador del distrito de Fuencarral-El Pardo), Carlos Eliseo Corrales Bueno (afiliado a Vox desd 2014), Antonio de la Torre Luque (excoordinador provincial de Córdoba), María Concepción Farto Martínez (excoordinadora del distrito de Chamberí), Juan Luis Jara Delgado (ex vicepresidente primero en 2016), Diego López Ordóñez (exsecretario de la Comisión Gestora de Cáceres), Daniel Molina Álvarez (expresidente provincial de Toledo), Francisco de Asís Santos Gómez (excoordinador provincial de Badajoz) y Argimiro Santos Vidal (exsecretario provincial de León)». (La Gaceta; Varios exdirigentes de Vox cargan contra el «chiringuito» de Abascal y piden el voto para el PP, 6 de mayo de 2019)

También, recientemente salió a la luz un audio donde un gran cargo de Vox reprendía sobre aquellos que creían que el partido debía dirigirse por los principios de elección democrática:

«El responsable de campaña de Vox en la provincia de Alicante, Eduardo Martínez Fuster, esgrime en una conversación privada que la formación de extrema derecha «no es un partido democrático ni lo va a ser y al que no le guste que se vaya al club de Ciudadanos o al club de Podemos». (...) En un primer momento, el responsable electoral en Alicante afirma: «Si me tengo que coger e ir a cuatro municipios de la provincia y decir «tú fuera, tú fuera, tú fuera y tú fuera» que aquí se va a poner este coordinador, este coordinador, este coordinador y este coordinador, para que de verdad se den cuenta que el coordinador es la voz y los ojos del CEL [el Comité Electoral] en el municipio». (...) Por último, concluye con otra aseveración polémica: «Este es un partido que quiere subsistir en el tiempo, que está pensando a ocho años y para tener dentro de ocho años unas primarias, primero hace falta pasar por una dictadura, y no hay más». (El Diario.es; El jefe de campaña de Vox en Alicante: «Este no es un partido democrático ni lo va a ser», 18 de abril de 2019)

6. ¿Es posible frenar el fascismo en las urnas de la democracia liberal parlamentaria –es decir, de la democracia burguesa–?

Primero habría que recordar cuales son las causas históricas del triunfo del fascismo:

«¿Cómo y de qué modo ha podido triunfar este enemigo encarnizado? Pudo llegar al poder, ante todo, porque la clase obrera, gracias a la política de colaboración de clase con la burguesía practicada por los jefes de la socialdemocracia, se hallaba escindida, política y orgánicamente desarmada frente a la burguesía que desplegó su ofensiva, siendo por otro lado los partidos comunistas no lo suficientemente fuertes para poner en pie a las masas y conducirlas a la lucha decisiva contra el fascismo, sin la socialdemocracia y contra ella. (...) El fascismo triunfó también porque el proletariado se encontró aislado de sus aliados naturales. El fascismo pudo triunfar porque logró arrastrar consigo a las grandes masas campesinas, gracias a que la socialdemocracia, en nombre de la clase obrera, llevó a cabo una política que era en el fondo anticampesina. (...) El fascismo pudo triunfar también porque logró penetrar en las filas de la juventud, mientras que la socialdemocracia desviaba a la juventud obrera de la lucha de clases, el proletariado revolucionario tampoco desplegó entre la juventud la necesaria labor de educación y no prestó la suficiente atención a la lucha por sus intereses y aspiraciones específicas». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 2 de agosto de 1935)

Por tanto es claro que:

«El impedir la victoria del fascismo depende ante todo de la actitud combativa de la propia clase obrera, de la cohesión de sus fuerzas en un ejército combatiente que luche unido contra la ofensiva del capital y del fascismo. El proletariado, al establecer su unidad de lucha, paralizaría la influencia del fascismo sobre los campesinos, sobre la pequeña burguesía urbana, sobre la juventud y los intelectuales, conseguiría neutralizar a una parte y hacer pasar a su lado a la otra». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 2 de agosto de 1935)

En su momento expusimos que:


«El fascismo con su movimiento político y milicias armadas llega a las instituciones de la democracia burguesa y aplica desde ella un proceso de fascistización –proceso que ya podía haber sido iniciado por otros partidos burgueses forzados por la situación y temiendo por sus intereses–, y de ahí hasta institucionalizar el cambio. Pero no es la única posibilidad, puede que el movimiento fascista a falta de apoyos sociales o flexibilidad táctica en sus alianzas llegue al poder ganándose al ejército y perpetrando un golpe, con el que a partir de una junta militar en el poder intente ganarse un respaldo social a base de promesas y demagogia, o intente darle un mayor toque ideológico y unificador a su proyecto creando un partido que aúne a los golpistas con el fin de seducir mejor a la gente.

Ha de aclararse que históricamente dentro de los países fascistas a veces se ha intentado aplicar las dos variantes de metodología defensiva y ofensiva sin perder la esencia fascista: etapas donde se intentaba aparentar una estructura represiva y coercitiva más relajada, cierta legalidad hacia algunas organizaciones de la oposición, celebración de elecciones, pero también otras etapas con sucesivas ilegalizaciones, mayor índice de coerción, realizados abiertamente para intimidar al pueblo y sus acciones revolucionarias». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)

El ascenso en España del fascismo –liderado por Vox pero en comparsa con otras organizaciones también filofascistas– no depende exactamente de que saque más o menos escaños, ni siquiera de si llega a tener cuotas de poder o no, sino y fundamentalmente, de cómo reacciona la mayoría de población conscientemente antifascista, y en especial la clase obrera. Porque si el movimiento antifascista queda liderado por las organizaciones autodenominadas de «izquierda» como el PSOE o Podemos, el movimiento antifascista contra Vox será ineficaz, incluso puede agudizar su ascenso por los errores en la táctica de dicho movimiento. 

La historia ha demostrado que la única lucha eficaz contra el fascismo está fuera de las instituciones y no dentro de ellas, o mejor dicho está en una combinación de ambas con predominancia de la lucha fuera de las instituciones con el protagonismo de las masas dirigidas por los comunistas. 

Pero parémonos en los dos amplios errores de los oportunistas respecto a las elecciones y sus falsas posiciones.

1) Los que apuestan que todo se decidirá en las elecciones y el reparto de escaños, y las medidas del parlamento.

Criticando el cretinismo parlamentario de las organizaciones revisionistas que viran hacia el reformismo, ya dijimos:

«El parlamento burgués y sus elecciones, responden como tal, a herramientas de defensa de los intereses de la burguesía, sus mecanismos están dispuestos para que los partidos burgueses y de otras clases explotadoras tengan ventaja en tales elecciones al parlamento, sus partidos son apoyados en sus medios de comunicación y financiados por ellos, esta todo conformado precisamente para limitar las posibilidades de victoria del proletariado y las masas populares, de los verdaderos partidos comunistas. Esto tiene su respaldo científico: históricamente se ha comprobado que cuando no ya un partido comunista, sino un partido con ciertas perspectivas progresistas antifeudales, antimonopólicas, anticoloniales [o antifascistas] en su programa, y este llega al poder a través de la vía pacífica y parlamentaria no significa con ello el fin automático del poder político de la burguesía en ese país, ya que la burguesía sigue teniendo grandes cotas de poder político, en los ministerios, en la policía, en el ejército, y los refuerza gracias al poder económico que todavía alberga así como con la superestructura burguesa existente. Cuando tal gobierno progresista perjudica ciertas cotas de poder sobre todo en lo económico de algunas capas de las clases explotadoras locales y extranjeras –desde la gran burguesía extranjera, pasando por los terratenientes, kulaks o la burguesía nacional–, éstas activan todo su poder en el Estado que aún mantiene en sus manos, introducen todo tipo de presiones, incluyendo como recurso el golpe de Estado para derribar a tal gobierno; de hecho, no pocas veces hemos visto fracasar sangrientamente a gobiernos progresistas que simplemente intentaban aplicar desde meras reformas agrarias hasta medidas de nacionalizaciones contra empresas nacionales o extranjeras. Es decir, en el momento en que ciertas clases explotadoras se sienten amenazadas con razón o sin ella, y sientan que está amenazado su poder económico –es el sostén de su poder político y cultural–, estás no vacilaran en romper cualquier legalidad de la sociedad burguesa. Es por ello que los partidos reformistas y revisionistas han ido rebajando cada vez más su programa electoral por miedo a molestar a las capas de la burguesía más reaccionaria, de tal modo que terminan haciendo todo tipo de concesiones; y esta es la razón de que todos estos partidos oportunistas que hablan de «socialismo» y vía parlamentaria, realmente en caso de llegar al poder por vía electoral, lo harían con gran beneplácito de la burguesía, y lo harán como administradores del Estado burgués y no llegarán a tocar realmente el poder económico de la burguesía». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Es Alexis Tsipras el nuevo Enrico Berlinguer?2015)

De algunos de estos esperpentos políticos ya analizamos sus ilusiones electoralistas:

«Si bien es ridículo negarse a trabajar en las organizaciones de masas, mucho más es proclamar que un leve apoyo en votos, tras una alianza con un grupo oportunista, supone un avance en la conciliación de la clase obrera. (...) Como se ha visto la alianza temporal de los viejos brezhnevistas del PCPE con los viejos maoístas del UP. Los irrelevantes 24.000 votos del PCPE en las elecciones de 2011 respecto a los 12.000 de 2008 «no reforzaron» nada, tampoco «creó nuevas condiciones» para nada relevante para el movimiento obrero como anuncia orgullosamente Carmelo Suarez, esto no es posible porque incluso con los esfuerzos por converger con otras formaciones en las elecciones, el PCPE no tiene influencia real en la clase obrera para desatar una leve inquietud en el desarrollo político y en la conciencia general de las masas, en cambio esta maniobra de alianzas y este concepto de las elecciones ayudó crear mayor confusión entre sus propios militantes sobre el cretinismo parlamentario y el eclecticismo ideológico. Esta es la clásica ocasión donde el tópico de una consigna de una desviación izquierdista –el no participar en los movimientos y organizaciones de masas– se funde con los objetivos de una desviación derechista –el basar todo en pedir el voto–». (Equipo de Bitácora (M-L); Crítica al documento: «El PCPE explica el porqué de no participar en la Marcha de la Dignidad», 2014)

Su error es diametralmente opuesto al de otros revisionistas:


«El PCPE como partido netamente electoralista, por supuesto participa en las elecciones, pero un partido así no tiene capacidad para perjudicar o no a la conciencia de los trabajadores [como dicen los anarquistas y los semianarquistas], porque carece de una influencia real entre los trabajadores y menos ante la clase obrera como para tener ese poder de trastocar nada. Si el PCPE opinase A o B sobre las elecciones y su rol, realmente no importaría demasiado pues su discurso no es elaborado, original ni tiene una influencia como para transcender, ya les gustaría a ellos que les prestase atención alguien más allá de su parroquia insulsa de nostálgicos del brezhnevismo. Lo único que han hecho hasta ahora es lo contrario del PCE (r), si éste se pone eufórico por el número de abstenciones que a las próximas elecciones baja, el PCPE en cambio se emociona por cosechar unos pocos votos más». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)

Actualmente la postura reformista con fines determinados: la autodeterminación nacional en el caso de la Candidatura d'Unitat Popular (CUP); o una teoría abstracta e idealista de «socialismo» de varios reductos revisionistas como por ejemplo el PCPE... es abanderada en la actualidad por diversas agrupaciones autodenominadas de «izquierda». 

Muchas de sus cabezas visibles están influidos por la teoría de que al fascismo se le para mediante el voto, mediante la exclusividad y legitimidad de las instituciones, especialmente entre Podemos. Pero precisamente la historia ha demostrado que el ascenso de los fascistas al poder fue facilitado por los mecanismos burocráticos y antidemocráticos de la propia democracia burguesa: Italia en 1923, Alemania en 1933 o Austria en 1934. Y que en todos estos casos. La cuestión determinante no fue el número de votos de la izquierda; pues en Alemania, con las elecciones de noviembre de 1932, el partido nazi con su 33,09% era superado por los partidos de izquierda antifacistas como los socialdemócratas con 20,43% y los comunistas con 16.86%, lo que no evitó que Hitler fuese nombrado canciller por Hindenburg el 30 de enero de 1933 junto con un gabinete que incluía a miembros de partidos nacionalistas y conservadores. A a la hora de la verdad para los antifascistas lo decisivo no fueron el obtener más o menos votos, sino la disposición y capacidad real de resistir al envite fascista, algo para lo que ni socialdemócratas ni comunistas estaban realmente preparados pese a disponer incluso de milicias armadas para defenderse, las cuales no llegaron ni siquiera a utilizar.

En España, ahora algunos incluso han escenificado el eslogan de que el enemigo no es el fascismo o los partidos tradicionales que le ponen en bandeja al fascismo el desplegar su demagogia, sino que ¡el enemigo es quién no vota!:

«Voy a reivindicar el derecho a la preocupación. Lo que tenemos enfrente es una triple derecha que da miedo. Pero el gran enemigo es la abstención», insistió Grandes antes de dar paso al escritor Luisgé Martín». (El diario.es; Decenas de intelectuales piden en un acto el voto para la izquierda a dos días del 28A: «El enemigo es la abstención», 26 de abril de 2019)

Querer hacer sentir culpables a los abstencionistas, es como poco vergonzoso. Ese no es el problema. El enemigo no es la abstención, el enemigo es el enemigo de clase claramente visible e identificable a la «derecha» –Vox, PP, Ciudadanos–, como lo es el que tantas veces ha traicionado a los trabajadores hasta volverse parte de la «derecha» por méritos propios (PSOE), es decir, el traidor de clase, esos que abandonaron el marxismo «oficialmente» en 1978 o los trotskos del 2015 –Podemos–, ese que cada tanto resurge en diversas siglas y se engalana en periodo electoral de promesas sociales, retórica de «izquierdas» mientras busca pactar con los mismos que juraba destruir –como ha hecho tantas veces Podemos/IU–; sin olvidar el papel desmovilizador que cumplen partido revisionistas sin presencia parlamentaria y hasta no hace mucho las bandas armadas. En otros términos, los enemigos de los trabajadores también son aquellos que directa o indirectamente siembran la apatía y desconcierto entre las masas trabajadoras. En mitad de una crisis como la que hemos sido testigo:

«Estos fenómenos de la crisis] arrastra espontáneamente quiérase o no al proletariado hacia la lucha de clases, y los que toman concienciación, hacia inclinaciones anticapitalistas. Otra cosa muy diferente es que a falta de un factor subjetivo como es la organización del proletariado y el estudio de su doctrina marxista-leninista y bajo la presión ideológica constante de la burguesía y sus agentes, no lleguen a buen puerto y el proletariado se desvíe». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)


Nadie puede por tanto, culpar a la gente del hartazgo sobre estas agrupaciones que les han mentido, que han traicionado sus propios programas en más de una ocasión, que les han dejado tirado cuando más necesitaban mantener una posición combativa. No se puede criticar a las masas por haber caído seducidas en brazos de la demagogía fascista cuando uno no hace su trabajo como pretenda organización de los trabajadores. Tampoco se puede criticar el no haber convencido todavía gran parte del electorado apolítico. Porque todo esto precisamente demuestra el fallo en las tácticas de agitación y propaganda de partidos de «izquierda»

Nosotros hemos criticado hasta el hastío las concepciones reformistas y claramente electoralistas de formaciones como el viejo socialdemócratismo del PSOE, del nuevo socialdemocratismo de Podemos, y de agrupaciones minoritarias del revisionismo moderno –PCPE, PCOE y otros–, por lo que no nos extenderemos demasiado en criticar las ilusiones de tipo togliattistas sobre la transición pacífica y parlamentaria al socialismo, el cretinismo parlamentario o el legalismo burgués que este tipo de agrupaciones comparten en mayor o menor medida.

¿Eso significa que los comunistas podemos permitirnos el lujo de despreciar las oportunidades que las elecciones generales, municipales suelen proporcionar? ¿Debemos renunciar a lucha parlamentaria porque existan grupos que creen que las cuestiones vitales se decidirán a través de las instituciones burguesas y están creando falsas ilusiones entre los trabajadores? Por supuesto que no. Pero esto son cuestiones a las que se deberá volver cuando exista un partido comunista serio, organizado y con influencia. Incluso cuando ello ocurra habrá que tener en cuenta si las condiciones no han cambiado que en un país con una ley electoral como el Sistema D'Hondt que perjudica a los pequeños partidos, ni siquiera con la existencia de un partido comunista se podría plantear que la lucha contra el fascismo se decidiría en la lucha parlamentaria por los escaños, simple y llanamente eso sería engañar a la gente. Se entiende pues, que sin la existencia de dicho partido comunista, las cosas se complican aún más, y si miramos las leyes específicas del país como lo que acabamos de ver, mucho más. Este panorama invita aún más a la necesidad de unidad entre comunistas, una tarea pendiente en el caso que nos ocupa. Por tanto más allá de lo que los comunistas no organizados voten o no voten, lo importante es el papel que desarrollen entre el núcleo antifascista en un momento así.

2) Los que en nombre del comunismo abogan por un abstencionismo y que en el fondo se trata de una propuesta anarcoide.

Pero ahora queremos ir al otro extremo sobre la cuestión electoral.

¿Son justificadas las ausencias reiteradas de los grupos revisionistas que se consideran más a la izquierda que los grupos revisionistas que ya hemos citado? No. Ya analizamos las concepciones semianarquistas e izquierdosas de muchos grupos autodenominados comunistas sobre las elecciones en los parlamentos, los sindicatos, y demás, negándose rotundamente a participar y trabajar en ellos, como vimos en el capítulo: «El desprecio del aprovechamiento de los resquicios legales de la democracia burguesa o el fascismo y el nulo trabajo de masas»:

«Hablan de unas elecciones que sí, efectivamente, son pseudodemocráticas, pero como lo son en cualquier país democrático-burgués, en las cuales los partidos proletarios parten con franca desventaja por los motivos que ya sabemos, por tanto no están diseñadas para que el proletariado se haga con el poder, sino para obstruir su expresión a través de los mecanismos de la democracia burguesa como lo son la ley electoral, la división de poderes o las comisiones que supervisan la legalidad y transparencia en la financiación de partidos. ¿Pero por qué pese a todo ponérselo tan fácil a la burguesía? ¿Por qué los comunistas se iban a negar a explicar a las masas dentro del propio parlamento la financiación ilegal de partidos como el PP o el PSOE? ¿Por qué no explicar que partidos como el PCPE o el PCE desde que son financiados por el Estado burgués son más mansos? ¿Por qué no explicar cómo los medios de comunicación embellecen un sistema podrido precisamente porque pertenecen a los grandes empresarios y banqueros que financian a todas estas organizaciones? ¿Por qué no explicar los mecanismos burocráticos y las trampas de la propia legislación electoral burguesa? ¿Por qué no denunciar como se oponen los presuntos partidos de «izquierda» a las medidas progresistas más básicas de vivienda, desempleo o salario o antifascismo? ¿Por qué no denunciar el propio incumplimiento del programa electoral del partido del gobierno de forma sistemática a cada paso en falso? ¿Por qué negarse a que los trabajadores oigan desde el parlamento los privilegios y desmanes de la Iglesia como hizo el propio PCE de José Díaz durante años? ¿Por qué no clamar contra la monarquía como hizo Julien Lahaut? ¿Por qué no luchar contra la represión contra el movimiento obrero y obtener mejores condiciones para su nivel de vida y su libertad de organización como hizo Bebel toda su vida? Simplemente no lo hacen porque no quieren ensuciarse las manos, porque son un charlatanes, unos señoritos, unos abstencionistas políticos de todo lo que sea trabajar con las masas, las elecciones burguesas tiene su parte de falsedad democrática por estos motivos que hemos hablado, pero ellos también son unos farsantes haciéndonos creer que un comunista no tiene nada que hacer en ellas. Los comunistas de ahora que de comunistas tienen bastante poco, deben mirar como trabajaban los miembros la facción parlamentaria del Partido Bolchevique durante el zarismo en la Duma en las peores condiciones de represión. ¿Qué diría Lenin de estos personajes que hablan una y otra vez de no participar en las elecciones porque significa «legitimar al régimen»? Pues que a lo sumo que son herederos de los oztovistas, quienes eran, anarquistas cubiertos de marxistas». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)

Y no, estas cuestiones de denuncia de las instituciones «democráticas» de la burguesía no pueden ser denunciadas desde la lejanía, verbalmente. ¿Quién sino un anarcoide puede ser tan iluso como para creer que no tiene que ensuciarse para que las masas se convenzan de su política? ¿Acaso con afirmar, ya es suficiente como para ganarse el apoyo del pueblo trabajador? Claramente, no.

La única forma válida de denuncia de las instituciones burguesas es la denuncia práctica, en los hechos. Sólo en la experiencia diaria pueden convencerse las masas de una política.

Participar en las elecciones burguesas –cosa que siempre hay que hacer mientras no se tenga la fuerza como para iniciar una revolución socialista– tiene numerosas ventajas. Señalaremos las más importantes:

-Permite entorpecer la labor legal de la política burguesa, votando en contra de presupuestos de guerra, bloqueando –si es posible– la tramitación de leyes reaccionarias, etc.

-Permite obtener un megáfono con el que dirigirse a las masas, al promover leyes que mejoren la situación inmediata de la clase obrera, resultando de esto que la confianza de esta en el Partido Comunista crezca;

-Al promover leyes populares, si son bloqueadas por la reacción parlamentaria o por los propios procedimientos burocráticos confeccionados para realentizar la legislación y dejar un tiempo de reacción a la burguesía, se nos facilita el contexto perfecto para denunciar la existencia de grupos políticos representantes de los capitalistas y burgueses, de la minoría explotadora y parasitaria de la sociedad, así como la misma estructura estatal burguesa;

-Permite, pues, materializar las palabras del programa y los mítines en acciones a la vista de todos;

-Funciona como «barómetro» del nivel de conciencia de la clase obrera, midiendo en votos los apoyos del Partido.

Quienes nieguen todo esto esconden con posturas izquierdistas propias del anarquismo su derechismo en el ámbito organizativo y de trabajo: pues carecen de una organización disciplinada, de trabajo de masas real, de contacto con las masas, y ante eso, para ocultar su incapacidad o léase inutilidad, teorizan bajo una excusa u otra su negativa a participar en estas luchas.

¿Podemos transigir con estos supuestos líderes comunistas en el Reino de Taifas del mundillo revisionista que niegan estos axiomas? ¡Jamás!:

«La crítica –la más violenta, más implacable, más intransigente– debe dirigirse no contra el parlamentarismo o la acción parlamentaria, sino contra los jefes que no saben –y aún más contra los que no quieren– utilizar las elecciones parlamentarias y la tribuna parlamentaria a la manera revolucionaria, a la manera comunista. Sólo esta crítica –unida, naturalmente, a la expulsión de los jefes incapaces y a su sustitución por otros más capaces– constituirá un trabajo revolucionario útil y fecundo que educará a la vez a los «jefes» para que sean dignos de la clase obrera y de las masas trabajadoras». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

Así lo demandan los clásicos del marxismo, así lo manda la famosa resolución de la Internacional Comunista en su IIº Congreso: «El partido comunista y el parlamentarismo» de 1920. Así lo requiere Lenin en su famosa obra: «La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo» de 1918 o en sus alegatos contra Bordiga en la Internacional Comunista durante 1920. Así lo recomendaba Dimitrov tanto en los países fascistas como en los países en peligro de fascitización, como recordó una vez más en su repaso a los aciertos y errores del movimiento comunista en su Informe al Vº Congreso del PCB de 1948. Así lo demuestra la historia del Partido Comunista de España (PCE) tanto en la II República como en los primeros años del franquismo, así lo demuestra la historia del PCE (m-l) durante la Transición durante 1979-1986. ¿Qué más pruebas necesitan estos señores de su total desconocimiento? ¿No es claro que dan la espalda a las tácticas históricas de los comunistas para abrazar la inoperancia y la autosatisfacción tan características de las sectas políticas?

En cambio sabemos que este tipo de grupos pseudorevolucionarios, mantienen el mismo infantilismo que algunos grupos trotskistas y la mayoría de anarquistas, todos ellos además, grupos testimoniales por no decir marginales en la actualidad, sin poder de convocatoria ni influencia entre los trabajadores. Por eso no nos engañemos, esta es la razón real por la que se niegan a presentar sus propias candidaturas en las elecciones generales o municipales –con su nombre, en su defecto bajo una tapadera, o en un frente con otras agrupaciones–. Y es porque aparejado a estos defectos, temen sacar menos votos que otros competidores revisionistas que sí lo hacen –como el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) de Carmelo Suarez y su nueva escisión capitaneada por Astor García el Partido Comunista de los Trabajadores de España (PCTE), o el Partido Comunista Obrero Español (PCOE) entre otros–.

El caso más contradictorio es el de Reconstrucción Comunista (RC) que si bien se considera partido desde hace unos años ha rechazado siempre participar en las elecciones, de hecho su lema en las elecciones del 28 de abril fue de abstención contra «la farsa electoral» según su eslogan. En cambio en un giro inesperado para las elecciones del 26 de mayo ha presentado por ejemplo una candidatura tapadera para el municipio de Sedaví llamado «Candidatura Popular de Sedaví» mientras oficialmente han negado y siguen negando toda participación en cualquier elección. Esto que demuestra que lejos de lo que quiere aparentar, sufre los mismos defectos que los otros grupos comentados: falta de influencia y de claridad sobre el tema electoral, un bucle de contradicciones a lo cual debe sumarse las nuevas deserciones de este partido que confirman lo que ya anunciamos en nuestro documento: «Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista» de 2017. Pero en esto ya nos extenderemos en un nuevo documento.

Como vemos el mundo revisionista sigue naufragando en una lucha de egos pero sin avanzar un ápice, mucho ruido y pocas nueces entre los «partidos comunistas» actuales.


Todos los grupúsculos del revisionismo que se autodenominan «partido comunista» como, los restos del Partido Comunista de España (Reconstituido) y diversos grupos neomaoístas –como los «reconstitucionalistas»–. Si realmente fueran un partido comunista, y si realmente conocieran un mínimo de marxismo, propondrían obstaculizar a la burguesía y frenar el avance del fascismo con su propia candidatura, y en caso de no ser así, valorarían presentarse con otras fuerzas antifascistas, incluso proponer el voto por cualquier formación de izquierda a condición de una crítica despiadada contra su política no marxista, incluyendo entre sus militantes la exposición de sus jefes y las limitaciones de su programa:

«Las campañas electorales deben ser utilizadas para un mayor desarrollo y fortalecimiento del frente de lucha unido del proletariado. Mientras se presentan de manera independiente en las elecciones y desarrollan el programa del Partido Comunista ante las masas, los comunistas deben tratar de establecer un frente unido con los partidos socialdemócratas y los sindicatos también con las organizaciones de campesinos trabajadores, artesanos, etc. 
y hacen todo lo posible para evitar la elección de candidatos reaccionarios y fascistas. Ante el peligro fascista, los comunistas, mientras se reservan la libertad de agitación política y crítica, pueden, en campañas electorales, declarar una plataforma común y un boleto común con el frente antifascista, dependiendo del crecimiento y el éxito del movimiento de frente único y sobre el sistema electoral en funcionamiento». (V. Bystryansky; Estrategia y tácticas de la revolución proletaria, 1936)

De esto, se sobreentiende, que:

«La acción conjunta con los partidos socialdemócratas y sus organizaciones no solo no excluyen, sino que, por el contrario, hacen aún más necesaria la crítica seria y fundada del reformismo, de la socialdemocracia como ideología y práctica de la colaboración de clases con la burguesía, y la exposición paciente de los principios y el programa del comunismo a los trabajadores socialdemócratas. (...) Al tiempo que revela a las masas el significado de los argumentos demagógicos presentados por los líderes socialdemócratas de derecha contra el frente único, al tiempo que intensifica la lucha contra la sección reaccionaria de la socialdemocracia, los comunistas deben establecer la cooperación más estrecha con los socialdemócratas de izquierda, obreros, funcionarios y organizaciones que luchan contra la política reformista y abogan por un frente unido con el Partido Comunista. (...) La actitud hacia la realización práctica del frente único será la principal indicación de la verdadera posición de los diversos grupos entre los socialdemócratas. En la lucha por la realización práctica del frente único, aquellos líderes socialdemócratas que se presentaron como izquierdistas en palabras estar obligado a mostrar por hechos si están realmente listos para luchar contra la burguesía y los socialdemócratas de derecha, o están del lado de la burguesía, es decir, contra la causa de la clase obrera». (V. Bystryansky; Estrategia y tácticas de la revolución proletaria, 1936)

Este último caso, que impone la necesidad de una coalición con grupos y un trabajo paciente con sus bases, implicaría una debilidad tácita de los comunistas, como ocurre en la actualidad donde los comunistas no tienen influencia ya que ni siquiera existe un partido comunista real, sino un gran estanque revisionista con peces grandes y peces pequeños que pelean por hacerse hueco. Por lo que los comunistas de este tipo de países, se ven abocados a agrupar en torno así a los comunistas, a la vez que tratan de realizar labores de agitación y propaganda entre las bases de los socialdemócratas, anarquistas y revisionistas –es decir, pseudocomunistas, sean estos de tendencias reformistas o anarquistas– para tal fin de la lucha antifascista y anticapitalista, siendo el periodo electoral, una oportunidad más para ello.

Resulta más ridículo aquellos abstencionistas ad infinitum que argumentan que realizan boicot electoral –bajo diversas excusas– mientras nos intentan convencer de esto cuando su «partido» realiza una «seria labor de agitación política entre las masas», cuando sus agitaciones no llegan más allá de su círculo de confianza o se basa en la unión con otros grupos marginales. Nos intentan convencer de esto cuando su «partido» realiza una «seria labor de agitación política entre las masas obreras» cuando su «partido» no tiene influencia conocida en ningún núcleo sindical entre los obreros, cuando incluso teorizan que no se debe trabajar en estos sindicatos mayoritarios, que hay que abandonarlos a su suerte. Reducen sus ligazones con las masas a situaciones ocasionales como las charlas, que encima mayoritariamente asisten los que ya están convencidos: sus militantes. A esto lo suman para complementar con la venta de artículos sobre su historia ficticia y sus referentes oportunistas para recaudar fondos, o las prácticas de colectas hacia las capas empobrecidas, que tiene más de asistencialismo y populismo que de trabajo ideológico. Actos que más bien deben de ser auxiliares y no el núcleo de un trabajo de masas, cuando otros, son muchas veces por las fórmulas o metodología, totalmente desechables.

Esto viene a ser común en todos los grupos abstencionistas.

Muchos de estos grupos que consideran que son débiles, y aluden que por ello no se presentan ellos mismos. Eso tampoco sirve de excusa para un partido comunista, ya que si lo es como tal y no un mero club de amigos o nostálgicos, debe presentarse a las elecciones con las candidaturas propias, sin importarle el resultado, que es lo menos importante. Como segunda opción, sobre todo en un proceso de fascistización, sería factible valorar pedir el voto por una formación o una serie de formaciones progresistas para frenar a la reacción en boga, sean estas de notable influencia o no, pero entendamos de una vez que «progresismo» no incluye a las formaciones que han traicionado a las masas trabajadoras en varias ocasiones, que han incumplido su propio programa, como ocurre con el PSOE o Podemos, de otro modo estaríamos colaborando en una traición sabida de antemano. Esto sería factible para una organización comunista real como tal, si lo acompaña de un trabajo para desenmascarar las limitaciones de dicha formación, aunque nosotros creemos que los resultados históricos de esta táctica deja bastante que desear, sobre todo cuando se realiza frente a grandes formaciones y los comunistas son tan débiles en número e ideologciamente. Pero al menos sería factible como táctica temporal hasta acumular las fuerzas necesarias que te permitan poder batirte como partido independiente, aunque para nosotros el partido comunista en cuanto se constituya como tal, debería intentar presentar sus propias candidaturas, y en caso de no obtener una representación suficiente, no apoyar a cualquier candidato o formación que no acepten un mínimo de condiciones esenciales para los temas candentes, como en éste, el antifascismo. El abstencionismo político en cambio, tiene más en común con los comunistas no organizados que con los presuntos comunistas organizados. Obviamente, por miedo a ser tachados de oportunistas se niegan a siquiera teorizar tal cosa. Prefieren mantener su «pureza» –aunque en muchos otros temas son ultraoportunistas, incoherentes y eclécticos–. 

Todo los «frentes» que los líderes de las organizaciones revisionistas dicen levantan con otros grupúsculos oportunistas –que no son sino una unión entre direcciones, no mueven un dedo para establecer un frente desde abajo con las organizaciones antifascistas de todo tipo para frenar al fascismo en los barrios, para establecer medidas concretas de lucha conjunta, para exponer a los falsos líderes antifascistas.


La mayoría de formaciones no les importa la política como tal, son chiringuitos de una camarilla donde buscan reconocimiento personal, y un rédito económico de sus militantes mientras posan como comunistas.

Les importa bien poco que Vox pueda llegar a tener el poder suficiente –por no decir el absoluto– como para reducir total o parcialmente derechos democrático-burgueses, para legalizar y perseguir a cualquier formación que defienda el derecho a autodeterminación o el comunismo como han prometido abiertamente en varias ocasiones. Unas libertades democrático-burguesas que si bien es cierto son limitadas pero que disfrutan. De otra manera no podríamos ver soltar sus demenciales teorías en redes sociales, sus reuniones anunciadas a bombo y platillo y demás, mientras entre tanto manchan el nombre del comunismo a ojos de todos, reduciéndolo a la banalidad de análisis y concepciones absurdas. Esto es claro cuando leemos a los propios fascistas que no se andan con rodeos sobre como sería un verdadero régimen fascista:

«Los que, refiriéndose a Italia, creen que el fascismo está ligado a la vida de Mussolini, no saben lo que es fascismo ni se han molestado en averiguar lo que supone la organización corporativa. (...) Lo que pasó en la Dictadura española [de Primo de Rivera] es que ella misma limitó constantemente su vida y apareció siempre, por propia voluntad, como un Gobierno de temporal cauterio. No hay, pues, que creer, no hay siquiera que pensar, que nosotros perseguimos la implantación de un nuevo ensayo dictatorial, pese a las excelencias del que conocimos. Lo que buscamos nosotros es la conquista plena y definitiva del Estado, no para unos años, sino para siempre. Los últimos partidarios de la democracia, fracasada y en crisis, procuran, con la mala intención que es de suponer y en defensa de los reductos agrietados, llevar el confusionismo al pensamiento de las gentes. Estamos aquí nosotros para impedir el engaño de todos los que no quieran dejarse engañar. Nosotros no propugnamos una dictadura que logre el calafateo del barco que se hunde, que remedie el mal una temporada y que suponga sólo una solución de continuidad en los sistemas y en las prácticas del ruinoso liberalismo. Vamos, por el contrario, a una organización nacional permanente, a un Estado fuerte, reciamente español, con un Poder ejecutivo que gobierne y una Cámara corporativa que encarne las verdaderas realidades nacionales. Que no abogamos por la transitoriedad de una dictadura, sino por el establecimiento y la permanencia de un sistema». (José Antonio Primo de Rivera; El fascio no es un régimen esporádico, 1933)

Esto no hay que olvidarlo. Dimitrov ya nos advertía sobre el origen del desarrollo del fascismo en distintos países y como tendía muchas veces por diferentes cauces:

«El desarrollo del fascismo y la propia dictadura fascista revisten en los distintos países formas diferentes, según las condiciones históricas, sociales y económicas, las particularidades nacionales y la posición internacional de cada país. (...) En unos países, principalmente allí, donde el fascismo no cuenta con una amplia base de masas y donde la lucha entre los distintos grupos en el campo de la propia burguesía fascista es bastante dura, el fascismo no se decide inmediatamente a acabar con el parlamento y permite a los demás partidos burgueses. (...) Donde la burguesía dominante teme el próximo estallido de la revolución, el fascismo establece el monopolio político ilimitado, bien de golpe y porrazo, bien intensificando cada vez más el terror y el ajuste de cuentas con todos los partidos y agrupaciones rivales. (...) La subida del fascismo al poder no es un simple cambio de un gobierno burgués por otro, sino la sustitución de una forma estatal de la dominación de clase de la burguesía –la democracia burguesa– por otra, por la dictadura terrorista abierta. Pasar por alto esta diferencia sería un error grave, que impediría al proletariado revolucionario movilizar a las más amplias capas de los trabajadores de la ciudad y del campo para luchar contra la amenaza de la toma del poder por los fascistas, así como aprovechar las contradicciones existentes en el campo de la propia burguesía. Sin embargo, no menos grave y peligroso es el error de no apreciar suficientemente el significado que tienen para la instauración de la dictadura fascista las medidas reaccionarias de la burguesía que se intensifican actualmente en los países de democracia burguesa, medidas que reprimen las libertades democráticas de los trabajadores, restringen y falsean los derechos del parlamento y agravan las medidas de represión contra el movimiento revolucionario». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 2 de agosto de 1935)

Esto debe de ser aclarado sobre todo cuando algunos grupos caracterizados por el derechismo en sus alianzas y referentes como las CUP nos hablan del «fascismo del Estado Español» porque un régimen democrático-burgués no permite la secesión, lo cual desafortunadamente es normal en toda constitución burguesa, bajo un régimen democrático burgués. Lo mismo que decir para los restos del brézhnevista PCOE, que mientras mantiene una postura ultraderechista en su apología del castrismo, y otras corrientes revisionistas, nos intentan vender en un nuevo giro ultraizquierdista en la cuestión del Estado, incluso han llegado a la conclusión de que como afirman las CUP vivimos bajo un régimen fascista, copiando precisamente las tesis de otro antiguo partido caracterizado por sus bandazos ideológicos que tiene entre sus referentes al maoísmo y al brézhnevismo: el PCE (r). No nos extenderemos más ya que este tipo de desviaciones fueron analizadas en ocasiones de otros análisis en documentos ya citados en el presente texto.

Volviendo a la realidad actual: reducir la lucha contra el fascismo al hecho de si entra o no en las instituciones un grupo afín al fascismo, o a cuantos escaños logra sacar, no es correcto porque ello no es lo principal, ya que esto no determinará el triunfo o no del fascismo, sobre todo en un Estado como el español donde no se dio la pertinente depuración del franquismo, sabiendo que el fascismo se basa generalmente para llegar al poder de la tolerancia o promoción de las instituciones y figuras reaccionarias en el campo judicial, político y militar existente. Pero ignorar que la irrupción de un grupo como Vox y lo que puede suponer su aumento en próximas elecciones, sería un crimen irresponsable para todo hombre que se considere antifascista, ya que precisamente al obtener cada vez más poder podría permitirle presionar desde las instituciones para afianzarse y borrar del mapa político a sus oponentes. 

Es claro que:

«En relación con esto, tampoco debemos pasar por alto la serie de errores cometidos por los partidos comunistas, errores que frenaban nuestra lucha contra el fascismo. En nuestras filas existía un imperdonable menosprecio al peligro fascista. (...) Acordaos de Bulgaria, donde la dirección de nuestro Partido adoptó una posición «neutral», oportunista en el fondo». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 2 de agosto de 1935)

Por no comentar aquellos que viven en mundos de fantasía, donde califican a cualquier gobierno burgués de turno como fascista, donde ven cualquier represión como sinónimo de la evidencia del cariz fascista del gobierno. Esto suele ir ligado a aventurarse a teorizar que el triunfo del fascismo abrirá las puertas a la revolución proletaria:

«Cuando en nacionalsocialismo había llegado a ser un movimiento amenazador de masas en Alemania, había camaradas, para quienes el gobierno de Brüning era ya el de la dictadura fascista y que declaraban ceñudos: «Si el tercer Reich de Hitler llega un día, será solamente un metro y medio bajo tierra y con el poder obrero vencedor encima de él». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 2 de agosto de 1935)

Como hemos dicho infinidad de veces, los revisionistas por lo general suelen ser zotes en cuanto a conocimientos históricos, incluso de su país. Teorizan que el fascismo hace avanzar las contradicciones de clase, la crisis, la miseria de las masas y por ende, automáticamente y por arte de magia logra que las masas deseen pronto batirse por el comunismo. A estas cabezas pensantes debe de ser que no les valió la experiencia del fascismo en la España de Franco para percatarse de que si el fascismo triunfa es porque la agrupación comunista no había hecho durante años anteriores un trabajo lo suficientemente eficaz entre las capas trabajadoras como para neutralizar tanto a la socialdemocracia, como al anarquismo, como al fascismo, como para ganarse a su causa a los trabajadores engañados por estas ideologías. ¡Una labor que bajo el fascismo, es mucho más complicado de realizar y lograr por razones obvias!

Por último, debemos advertir contra aquellos que creen que si Vox saca unos resultados iguales o más decepcionantes que el 28 de abril de 2019 su peligro habrá acabado el 26 de mayo. Ya se propagó esta peligrosa tesis en Alemania cuando en las elecciones federales de noviembre de 1932, donde los nazis no consiguieron el resultado esperado de alcanzar la mayoría absoluta, por lo que la socialdemocracia y los liberales gritaban sobre el triunfo de la «libertad y la democracia» augurando de hecho la próxima y rápida descomposición orgánica de los nazis, el fin del efecto de los nazis entre las masas; unos meses después, con una nueva crisis institucional, los nazis llegarían a controlar el poder absoluto, y el resto es conocido por todos. Así pues, repetir esta experiencia sería de idiotas. La burguesía no arma y financia al fascismo por diversión sino por necesidad, por lo que si lo ve precisa no cesará en su empeño por unos resultados electorales no satisfactorios.

7. ¿Un gobierno PSOE-Podemos satisface los problemas de los trabajadores? ¿Es el socialdemocratismo un aliado fiable en la lucha contra el fascismo? 


a) ¿Cómo resumiríamos el pensamiento socialdemócrata?:

«En el plano interno:

(a) renunciaban tanto al leninismo como al marxismo oficialmente, declarando a ambos como obsoletos e inservibles, optaban por el socialdemocratismo reformista concretizado de los últimos años; (b) fijaban como base central de su pensamiento la «armonía entre clases» en detrimento de la lucha de clases marxista-leninista; (c) negaban la necesidad de la revolución apostando por reformas; dicho de otro modo, renunciaban a la toma del poder a través de la revolución violenta en favor de la vía pacífica a través del parlamento burgués, negando que la violencia revolucionaria de las clases explotadas contra las clases explotadoras sea una evidencia histórica; (d) creían que el Estado no es la herramienta de una clase determinada para imponer su dictadura, sino que es una herramienta para «mitigar las contradicciones entre las clases sociales y armonizarlas», creían que no era necesario derribar y destruir el viejo aparato del Estado burgués para llegar al socialismo, sino que defendían que el aparto del Estado burgués y la democracia burguesa era la democracia de todas las clases sociales y podía dar el socialismo al proletariado aprovechando el sistema parlamentarista burgués, a diferencia del concepto marxista-leninista de que la democracia burguesa es expresión de la dictadura de una clase determinada, la burguesía, y que no existe pues democracia para todos, ni existen medios a través de sus instituciones para transitar al socialismo, debido a que mantiene su poder económico y tal estructura de Estado responde además a salvaguardarlo, por tanto es necesario derribarlo a través de la toma del poder político, crear el nuevo poder de las masas populares; los soviets, y acabar con el poder económico de las clases explotadoras, para que el proletariado ejerza su dictadura, su democracia de clase en alianza con las masas populares; e) pensaban que nacionalizando ciertas empresas, creando una «economía mixta», se podría crear una cierta planificación, «acabar con las crisis del capitalismo», e incluso llamar a tal sociedad «socialista», por otro lado los marxistas-leninistas veían en esto tan solo la creación del capitalismo de Estado –propiedad colectiva de los capitalistas– frente a la abierta propiedad privada –propiedad individualizada de uno o varios capitalistas– y un intento vano de reprimir fallidamente la acción de las leyes capitalistas que por otro lado no se eliminaban y seguían operando dentro de empresas nacionalizadas, no solucionando las crisis económicas; f) teorizaban que el arte, la educación, la música, la literatura, toda la cultura en general era neutral en la sociedad capitalista-burguesa, negando la explicación marxista de que la cultura como parte de la superestructura está determinada por la base económica del Estado que es burgués, en tanto no es ni puede ser neutral; g) rehabilitaron a la religión, y concebían la posibilidad de unir la ideología socialdemócrata y la ideología religiosa y de lograr una sociedad socialista plena sin eliminar la religión, contrariamente a los marxista-leninistas que educaban a sus cuadros en el ateísmo científico, y veían incompatible el marxismo-leninismo y su materialismo-dialéctico con el idealismo-metafísica de la religión, y ligaban la cultura de la sociedad socialista al triunfo del ateísmo sobre la religión en sus miembros; h) en sus partidos no exigían unidad ideológica y de acción, dejando vía libre al eclecticismo ideológica y a las fracciones, tampoco tenían especial interés en mantener una composición social sana, ello les diferenciaba de la línea monolítica, de férrea unidad ideológica del partido marxista-leninista, y de su preocupación por agrupar a los elementos más avanzados del proletariado y del resto de clases populares que mantuvieran una ideología proletaria.

Y en el plano exterior:

(a) Anteponían los intereses nacionales a costa de los intereses internacionalistas, es decir, abandonaron el internacionalismo proletario por el socialchovinismo; b) creían que en esta época del capitalismo era posible un mejor reparto de las riquezas entre países, a diferencia de los marxistas-leninistas que concluían que en la época imperialista del capitalismo, de la monopolización, lejos de ocurrir esto, hacia más voraz a los países capitalistas imperialistas en su carrera por conquistar nuevas tierras, nuevos mercados, etc.; c) creían que la cuestión nacional y colonial era algo secundario o incluso artificial, y apoyaban las teorías chovinistas e imperialistas y de opresión nacional, frente al marxismo, que reconocía este problema y buscaba darle solución». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2015)

¿Qué es lo que lleva a la socialdemocracia a ser tan atractiva para las capas atrasadas y a la vez resulte tan endeble para las capas más concienciadas?:

«Para las capas atrasadas supone un polo intermedio entre el conservadurismo de la derecha y el aparente radicalismo del comunismo. Debido al bajo nivel político y cultural de las masas, es posible simplificar esto hasta estos extremos en casi todas las cuestiones, si a eso le sumamos la escasa memoria política, cuando no la indiferencia hacia la política, tenemos siempre en la socialdemocracia la opción sensata para el nivel político del votante medio. En el caso español, el hecho de que el PSOE haya conseguido adaptarse oportunamente a los movimientos sociales de moda como el movimiento LGTBI o a las variadas ramas del feminismo, suma un gran número de votantes fieles de diversos colectivos en auge, colectivos a los que por supuesto no se discute ni una coma de todas sus teorías y conclusiones ni siquiera cuando se encuentran disparates de tamaño, ya que contradecir públicamente a cualquier de estos movimientos se interpreta desde la cúpula de los grandes partidos socialdemócratas como una «lucha ideológica estéril» que bien puede hacerle perder votos, algo que no se pueden permitir.

Pero entre las cuestiones siempre pendientes, está la cuestión social. Cuando la socialdemocracia está en el poder, comete como viene haciendo desde hace siglos, una evidente política de colaboración de clases lo que le mete de lleno en una contradicción de la cual no puede escapar: ya que dicen defender a los «trabajadores» o a «toda la nación» sin distinción de clases, mientras en la práctica gobiernan en favor de una parte ínfima de ella, esto es, gobiernan en favor de los explotadores y en contra de la mayoría de población: los explotados. Al colocarse en pro de los deseos de los poderosos no solo no resuelve la problemática de la cacareada «justicia social» sino que ahondan las contradicciones del capitalismo y sus tensiones sociales, y por tanto causa un desapego entre los trabajadores de mayor concienciación socio-política. A su vez, con sus actuaciones la socialdemocracia crea condiciones objetivas para que sus opositores –desde anarquistas, conservadores, comunistas hasta fascistas– puedan aprovechar dicho panorama si son hábiles y audaces en la realización de un buen trabajo de persuasión entre las masas. De hecho, cualquier grupo político que pueda realizar un buen trabajo de masas estaría en condiciones de radicalizar y llevar hacia su terreno a las masas trabajadoras descontentas con los socialdemócratas». (Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas de fracciones en Podemos y su pose ante las masas, 2017)

¿Qué diferencia hay para los marxistas y los socialdemócratas sobre la cuestión de las reformas?

Marx ya advirtió ante este tipo de desviaciones que empezaban a surgir entre algunos que no habían comprendido el socialismo científico:

«Para nosotros no es cuestión reformar la propiedad privada, sino abolirla; paliar los antagonismos de clase, sino abolir las clases; mejorar la sociedad existente, sino establecer una nueva». (Karl Marx; Circular del Comité Central a la Liga Comunista, 1850)

La actitud programática en lo económico de los oportunistas de hoy, es la misma que ya en su día Marx denunció irónicamente analizando las insinuaciones del revisionista Bernstein:

«No se renuncia al programa; lo único que se hace es aplazar su realización... por tiempo indefinido. Se acepta el programa, pero esta aceptación no es en realidad para sí mismo, para seguirlo durante la vida de uno, sino únicamente para dejarlo en herencia a los hijos y a los nietos. Y mientras tanto, «todas las fuerzas y todas las energías» se dedican a futilidades sin cuento y a un remiendo miserable del régimen capitalista, para dar la impresión de que se hace algo, sin asustar al mismo tiempo a la burguesía. (...) No debe ser un partido de la clase obrera, no debe despertar el odio de la burguesía ni de nadie. Lo primero que debe hacer es realizar una propaganda enérgica entre la burguesía; en vez de hacer hincapié en objetivos de largo alcance, que asustan a la burguesía y que de todos modos no han de ser conseguidos por nuestra generación, mejor será que concentre todas sus fuerzas y todas sus energías en la aplicación de reformas remendonas pequeñoburguesas, que habrán de convertirse en nuevos refuerzos del viejo régimen social, con lo que, tal vez, la catástrofe final se transformará en un proceso de descomposición que se lleve a cabo lentamente, a pedazos y, en la medida de lo posible, pacíficamente. Esa gente es la misma que, so capa de una febril actividad, no sólo no hace nada ella misma, sino que trata de impedir que, en general, se haga algo más que charlar». (Karl Marx; De la carta circular a A. Bebel, W. Liebknecht, W. Bracke y otros, 1879)

Lenin también desató una lucha sin piedad contra la distorsiones sobre el rol que juegan las reformas:

«A diferencia de los anarquistas, los marxistas admiten la lucha por las reformas, es decir, por mejoras de la situación de los trabajadores que no lesionan el poder, dejándolo como estaba, en manos de la clase dominante. Pero, a la vez, los marxistas combaten con la mayor energía a los reformistas, los cuales circunscriben directa o indirectamente los anhelos y la actividad de la clase obrera a las reformas. El reformismo es una manera que la burguesía tiene de engañar a los obreros, que seguirán siendo esclavos asalariados, pese a algunas mejoras aisladas, mientras subsista el dominio del capital. Cuando la burguesía liberal concede reformas con una mano, siempre las retira con la otra, las reduce a la nada o las utiliza para subyugar a los obreros, para dividirlos en grupos, para eternizar la esclavitud asalariada de los trabajadores. Por eso el reformismo, incluso cuando es totalmente sincero, se transforma de hecho en un instrumento de la burguesía para corromper a los obreros y reducirlos a la impotencia. La experiencia de todos los países muestra que los obreros han salido burlados siempre que se han confiado a los reformistas. Por el contrario, si los obreros han asimilado la doctrina de Marx, es decir, si han comprendido que es inevitable la esclavitud asalariada mientras subsista el dominio del capital, no se dejarán engañar por ninguna reforma burguesa. (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Marxismo y reformismo, 1913)

Los comunistas albaneses, ante el auge del reformismo en el movimiento obrero debido a la hegemonía del revisionismo, recordaron todo esto que acabamos de ver:

«No hay que sobrestimar el rol de las reformas en las condiciones del capitalismo, de ningún modo hay que crear en la clase obrera y las masas trabajadoras ilusiones del tipo que por medio de las reformas se pueden resolver los problemas vitales de los trabajadores, asegurar el mejoramiento radical de sus condiciones de trabajo y vida. Marx argumentó de modo científico en su obra «El Capital» que la acumulación de la pobreza en un polo y de la riqueza en el otro polo era una ley de desarrollo del capital, que la lucha de la clase obrera y los mejoramientos parciales que arranca al capital podían frenar y limitar temporalmente el efecto de la acción de esta ley, pero no pueden destruirla sin haber destruido el capitalismo mismo. Esta tesis se pone en evidencia con los hechos actuales. Por ejemplo durante la última década, Italia ha ampliado aún más la brecha entre el rendimiento del trabajo que ha aumentado dos veces más que los salarios reales de los trabajadores: de hecho, durante los últimos diez años hemos notado la tendencia a mantener, e incluso disminuir la parte de la renta nacional que está destinada a los trabajadores. Si el programa de reformas se separa, se aísla, y se convierte en algo independiente de la lucha general por el derrocamiento por el derrocamiento del capitalismo y el triunfo del socialismo, sobre todo cuando la lucha de reformas se presenta como la vía al socialismo, como es el hecho de la actual dirigencia del PCI, esto lleva a posiciones oportunistas y reformistas del «economismo» de Bernstein, desorienta la lucha de clases obrera, con el pretexto de algunas mejoras y reformas parciales, desviando el objetivo principal: la lucha para derrocar al capitalismo. (...) En la lucha por las reformas no hay que olvidar tampoco la importante enseñanza de Lenin según el cual hay reformas y reformas. Hay unas reformas que los trabajadores, bajo la dirección del partido revolucionario, arrancan por su lucha al capital, lo obligan a batirse en retirada, a hacer concesiones, que son ciertamente reformas en interés de las masas trabajadoras y es por ello que por tales reformas hay que pelear. Pero también existen reformas engañosas que son emprendidas por las clases explotadoras en el poder, a fin de desviar a los trabajadores de la revolución. (...) Esta es la razón por la que la actitud del partido revolucionario de la clase obrera con respecto a las reformas en las condiciones del capitalismo debe ser crítica y reservada». (Zëri i Popullit; A propósito de las tesis concernientes al Xº Congreso del Partido Comunista Italiano, 18 de noviembre de 1962)

Dejando la cuestión de las reformas y sus límites, nos centraremos en otra importante cuestión: el incumplimiento histórico de la socialdemocracia de sus promesas. Pondremos un caso histórico donde Dimitrov exponía las falsas promesas de la socialdemocracia, y explicaba como encarar de cara a su base, la exposición de las mentiras de sus líderes:

«En Bélgica, los jefes del partido socialdemócrata, con Émile Vandervelde a la cabeza, entraron en el gobierno de coalición. Lograron este «éxito» mediante una larga y amplia campaña por dos reivindicaciones principales: 1. derogación de los decretos-leyes especiales y; 2. realización del plan de Man. La primera cuestión es de gran importancia. El gobierno anterior había promulgado en total 150 «decretos-leyes» reaccionarios, que arrojaban cargas extremadamente pesadas sobre las espaldas del pueblo trabajador. Se planteaba el problema de derogarlas inmediatamente. Así lo exigía el partido socialdemócrata. ¿Acaso el nuevo gobierno ha derogado muchos de estos «decretos-leyes»? Ni uno solo. Se ha limitado a atenuar un poco algunos con objeto de suministrar una especie de indemnización «simbólica» para las promesas de gran envergadura. (...) En lo que respecta a la realización del pomposo plan de Man, la cosa tomó para las masas socialdemócratas un cariz inesperado. Los ministros socialdemócratas declararon que, antes de nada, había que superar las crisis económica y realizar tan sólo aquellas partes del plan de Man, que mejorasen la situación de los capitalistas industriales y de los bancos, y que sólo entonces se podría pasar a poner en práctica medidas encaminadas a mejorar la situación de los obreros. (...) Fue implantada una desvalorización del franco belga en un 28% y, mediante esta manipulación, los banqueros han podido apropiarse como trofeos 4.500 millones de francos, a costa de los que viven de un salario y de los ahorros de gente modesta. (...) A base del plan de Man, el gobierno nombró una comisión de control sobre los bancos; ¡pero una comisión compuesta de banqueros que se controlan a sí mismos alegre y despreocupadamente! El plan de Man promete también muchas otras cosas buenas: «reducción de la jornada de trabajo», «normalización de los salarios», «salario mínimo», organización de un sistema completo de «seguros sociales», «extensión de las comodidades mediante la construcción de nuevas viviendas», etc. Son todas ellas reivindicaciones que nosotros, los comunistas, podemos apoyar. (...) ¡Exijamos de los ministros socialdemócratas que cumplan las promesas que han hecho a los obreros! ¡Fundámonos en el frente único para la defensa eficaz de nuestros intereses! ¡Señor ministro Vandervelde: nosotros apoyamos las reivindicaciones contenidas en su plataforma para los obreros, pero declaramos abiertamente: tomamos en serio estas reivindicaciones; ¡queremos hechos y no palabras hueras, y por esta razón agrupamos a cientos de miles de obreros para luchar por estas reivindicaciones! De este modo, los comunistas en los países, donde existen gobiernos socialdemócratas, al aprovechar las reivindicaciones concretas correspondientes, tomadas de las plataformas de los propios partidos socialdemócratas y las promesas electorales de los ministros socialdemócratas, como punto de partida para acciones conjuntas con los partidos y organizaciones socialdemócratas, podrán después desplegar con mayor facilidad una campaña para establecer el frente único, basándose ya en otra serie de reivindicaciones de las masas, que luchan contra la ofensiva del capital, contra el fascismo y la amenaza de guerra. Además, hay que tener presente que, si las acciones conjuntas con los partidos y organizaciones socialdemócratas exigen de los comunistas, en general, una crítica seria, razonada, del socialdemocratismo como ideología y práctica de la colaboración de clases con la burguesía, así como esclarecer infatigablemente y con espíritu de camaradería a los obreros socialdemócratas el programa y las consignas del comunismo, esta tarea es de singular importancia para la lucha del frente único, precisamente en los países donde existen gobiernos socialdemócratas». (Georgi Dimitrov, La clase obrera contra el fascismo: Informe en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 2 de agosto de 1935)

Por tanto, como explica Dimitrov, los comunistas deben desenmascarar a los líderes socialdemócratas o conservadores frente a los trabajadores no solo limitándose a exponer que su programa no es revolucionario, sino que ni siquiera cumplen las reformas más básicas, por lo que si no cumplen tales garantías no son garantía de ningún tipo de bienestar para los trabajadores, ni mucho menos se llegará a un «socialismo a base de sucedidas reformas. Es precisamente esta decepción con el reformismo, su falta de compromiso y sobre todo su ineficacia para paliar los bases del capitalismo, lo que radicaliza a las masas, pero para que tal descontento sea productivo los comunistas deben de organizarse y vincularse con las masas para poder canalizar dicho descontento.

Podríamos hablar del PSOE histórico, de sus programas y promesas electorales no cumplidas. Podríamos citar la vieja postura de Felipe Gónzalez sobre las bases militares yankees, sobre la cuestión del Sáhara o sobre la OTAN... pero los sanchistas nos responderían con que ellos no se pueden hacer responsables de lo que ocurrió hace tantos años, así vayamos al PSOE más reciente, el del propio Sánchez.

El PSOE en estos 9 meses de gobierno, ha incumplido varias de sus promesas realizadas ante sus votantes: abolir la Ley Mordaza, cambiar la última Reforma Laboral del PP, publicar la lista de los amnistiados fiscales por la ley del PP, retirar las medallas a franquistas torturadores como Billy el Niño –concedida precisamente por el socialdemócrata Felipe González–, parar las deportaciones en caliente de inmigrantes, subida de impuestos a grandes compañías, intervenir y regular el precio de la vivienda, la exhumación de Franco del Valle de los Caídos [realizada tardíamente en 24 de octubre de 2019, como método electoralista ante de los comicios y permitiendo todo tipo de honores], etc.

El hecho de que el PSOE haya sacado una gran victoria electoral para lo que se esperaba, no descarta que no vaya a incumplir de nuevo las medidas más progresistas de su programa. Y cuando eso ocurra de nuevo, ante la inexistencia de un partido comunista, es bien sabido a donde irán a parar estas condiciones objetivas de crisis y desastre provocado por la socialdemocracia: bien por la no resolución del desempleo, por una nueva crisis regional o mundial de la cual no pueda escapar, por el incumplimiento de su programa en las tareas más básicas, la no resolución de la problemática nacional o por los factores múltiples que son imaginables. Esto será aprovechado por la derecha –PP, C's o VOX–. 

Insistimos. Entiéndase el ambiente propicio que eso crea para que sea ser aprovechado no solo por los grupos conservadores y liberales democrático-burgueses, sino por el abierto fascismo. Incluso que desde estos grupos no abiertamente fascistas se apoye una fascistización 

La política tibia, cobarde y reformista de los socialdemócratas que se muestra ante el pueblo como «representantes de la clase obrera», de la «izquierda», favorece que las capas intermedias se echen a los brazos del fascismo:

«Los jefes reaccionarios asustaban a los obreros socialistas con este argumento: el programa revolucionario y la política de los comunistas echan a los campesinos y a las capas medias de la ciudad en brazos del fascismo. Que la colaboración de los socialistas con los comunistas no haría más que acentuar este peligro. A esto replicamos: la verdad es todo lo contrario. Es la política de coalición de los partidos socialistas con la burguesía la que echa a los campesinos y a las capas medias de la ciudad en brazos de los demagogos fascistas. ¿Por qué? Porque los socialistas gubernamentales respaldan, apoyan y comparten los ataques de la burguesía contra los campesinos trabajadores y las capas medias de la ciudad, porque con ello se compromete toda la clase obrera a los ojos de estas capas intermedias, porque con ello estas capas medias pierden la fe en la clase obrera, se apartan de ella y se echan fácilmente en brazos del primer aventurero fascista que llega. En cambio, el restablecimiento de la unidad de acción de la clase obrera y la lucha en común no sólo por las reivindicaciones de los obreros, sino también por los intereses de los campesinos trabajadores y de la pequeña burguesía urbana, facilitarían la incorporación de estas capas sociales al movimiento de la clase obrera y la formación de un potente frente popular de todos los trabajadores contra el puñado de bandoleros capitalistas. A la demagogia fascista se la privaría de base con esto». (Klement Gottwald; Por la aplicación acertada de la línea del VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 1936)

Decimos que la pronta o tardía decepción del PSOE ante las masas será aprovechada por la derecha, ya que la otra formación socialdemócrata, Podemos, ha demostrado en su corta vida política no tener capacidad para distanciarse en el discurso y el programa del PSOE en muchas de las cuestiones claves, y como ya advertimos, el fraccionalismo hará el resto para que, desunido y falto de influencias, cada vez pinte menos en la política española. Como anticipaba el antiguo Iglesias de 2015, el gobierno de coalición con el PSOE «le puede hacer mucho daño a Podemos» al ser su cómplice.

Es loable decir que en Europa y concretamente España, el PSOE se ha mostrado como un partido altamente derechizado con el paso de las décadas, que más que socialdemócrata se ha comportado como un partido neoliberal. Es el culpable de la adhesión de España a la OTAN y a la Unión Europea, conocido además por las medidas de desindustrialización, terrorismo de Estado, y conocidos casos de corrupción en los 80 y 90. Para muestra un dato: las mayores huelgas del postfranquismo se han producido durante los gobiernos del PSOE en la era de Felipe González, el cual atacó la sanidad, las pensiones, la educación y los derechos laborales. En 1986, sin ir más lejos, se permitió a EE.UU. hacer uso del espacio soberano del país durante los desarrollos de la operación «El Dorado Canyon» dirigida contra Libia, así como apoyó a la intervención de la OTAN en Yugoslavia durante los 90, sin olvidar la propia participación española sin olvidar la participación en la Guerra del Golfo de 1990. Durante el gobierno de Zapatero el PSOE propició sendas reformas laborales e inyecciones a los bancos con dinero público, así como varios recortes en todos los sectores público, y ha sido cómplice en la mayoría de aventuras del imperialismo mundial, mientras que en otras ocasiones ha mirado hacia el otro lado cuando así convenía. El PSOE no es garantía de defender los intereses populares ni dentro ni fuera del país.

Esta derechización meteórica del PSOE ha sido el reflejo de la tendencia general de la socialdemocracia a nivel mundial durante estas últimas décadas:

«Con el devenir de los años, y los acontecimientos históricos, la socialdemocracia viró hacia la derecha, al tiempo que las diferentes tendencias revisionistas también giraron hacia la derecha, buscando la fusión con la socialdemocracia, eliminado las endebles líneas demarcadoras entre los partidos revisionistas y los socialdemócratas. Pero la socialdemocracia siguió en su deriva ideológica propia acercándose a los postulados capitalistas de moda, así en los últimos años, entrado el siglo XXI, los partidos socialdemócratas han sufrido una agudización del proceso de derechización hasta extremos insospechados; de hecho, estas agrupaciones no llegan a cumplir en sus programas y acciones ni siquiera con los viejos esquemas programáticos de socialdemocratismo de mediados del siglo pasado; de hecho, los partidos socialdemócratas en el poder han liderado gran parte de las medidas más reaccionarias de los gobiernos del mundo, son directos representantes y defensores del gran capital, de la gran burguesía, de la oligarquía más insultante, de la reacción, aliado de los monopolios e imperialismo –cuando no los lideran–; y en grandes ocasiones forman parte de la vanguardia teórico-práctica del capitalismo neoliberal. Incluso, en la actualidad es extremadamente difícil diferenciar a un partido socialdemócrata de un partidos considerado de «derecha», o conservadores, o liberales, o neoliberales, fascistas, etc.

Ante esta perspectiva y los fracasos de sus gobiernos, estas organizaciones han caído en el descrédito y la pérdida de influencia en las masas lo que los ha llevado a una profunda y permanente crisis que se ha traducido en la continua traición de los intereses de las masas trabajadoras. Se ha llegado al punto de que tanto viejos como nuevos socialdemócratas tienen miedo a denominarse como tal porque saben de que están desacreditados antes las masas trabajadoras que son conocedoras de sus traiciones, esto les ha empujado a utilizar eslóganes eclécticos propios del fascismo como: «ni de izquierdistas ni de derechas», pero sus propuestas, y sobre todo su práctica, siguen demostrando que son herederos de la II Internacional, así como integrantes de su reedición, la Internacional Socialista». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2015)

De hecho, para que se entienda el nivel de «fiabilidad», el PSOE ya intentó pactar con Ciudadanos en 2015 para formar gobierno, los mismos que en Andalucía gobiernan de la mano con el PP y Vox para aumentar el precio de las guarderías o derrumbar la Ley de Memoria Histórica. Sería una total ingenuidad confiar en la dirección del derechizado PSOE.

Es ya hora de dejar de considerar, como hace Podemos, al PSOE como un «partido progresista» más allá de las medidas en favor de los trabajadores que en un momento determinado haya promovido bajo la presión popular, como la ley del divorcio o la ley del aborto en los 80, o recientemente la cacareada subida del salario mínimo, que tampoco se equipara a lo esperado con otros países europeos, y que ya está siendo contrarrestada con anuncios de subidas de impuestos. Como decía Lenin, hay reformas y reformas, y las del PSOE no van encaminadas a poner un peldaño más que encamine a la revolución, sino que son reformas destinadas a reforzar el modelo capitalista, a reforzar el llamado modelo de la «sociedad de consumo», el «Estado de bienestar», el «progreso económico», a reforzar los patrones culturales que sirven como analgésicos para la conciencia de clase de los trabajadores.

En resumen, el PSOE ha demostrado sobradamente que es un partido más del gran capital, y que actúa en contra de los intereses populares, y que, en muchas otras ocasiones y cuestiones, simplemente se ve forzado a implementar medidas progresistas acordes a la época, pero esto no tiene especial mérito, es algo que ocurre históricamente con todo gobierno burgués sea del corte que sea: o se actualiza en algunas cuestiones, o hace concesiones incluso contra su opinión, o perece. O igual algunos creen que la burguesía estaba dispuesta a legalizar los sindicatos obreros, el derecho a expresión de los periódicos obreros, la jornada de 8h o el derecho a voto femenino.

Sí... siempre debemos insistir en diferenciar la cúpula, los cuadros intermedios y los militantes de base, sus votantes o simpatizantes, pero sin ser condescendientes.

Si pusiéramos en una balanza las acciones del PSOE, veríamos que en su mayoría ha perjudicado gravemente los intereses populares. No olvidemos que fue un cómplice esencial –junto a otros como el PCE, el PNV o CIU– en la estafa con la que «bombardearon» a las masas de que el nuevo régimen de tipo democrático-burgués que salía del franquismo sin depurar, iba a solucionar sus problemas políticos, nacionales y de clase. Y hoy se pagan las consecuencias de creer dicha promesa.

Ya hemos concluido en no pocas ocasiones que Podemos con su movilización fulgurante hacia la derecha aspira a ocupar el lugar dejado por el PSOE cuando mutó hacia el neoliberalismo en varias ocasiones. Pero lejos de lo que proclamaba Pablo Iglesias en 2015, la cúpula de Podemos ya no pretende el «sorpasso» al PSOE, sino rogar tener algún ministerio a su lado.Todo ello, mientras se ve obligado a vender la bonita historia de que esta «es la única garantía de que el PSOE ejerza una política de izquierdas» que «realmente beneficie a los trabajadores». Es sencillo comprender que un sujeto o colectivo no puede ser garantía de controlar los defectos de otro cuando está manifestando y mutando, reproduciendo defectos análogos. Aunque no fuese así, Podemos tampoco está en una situación de fuerza para forzar ese control sobre el PSOE.

En 2015 Podemos parecía que según las encuestas podía ser la primera fuerza política. ¿Acaso en aquel entonces era garantía de algo para las clases trabajadoras? Solo un necio apolítico, un trabajador con bajo nivel de formación o un veterano oportunista pudieron pensarlo así. El tiempo desenmascaró a estos farsantes:

«Pese a lo que digan los ilusos, Podemos no puede servir para proponer o hacer nada que no se haya visto en otros partidos de corte reformista con sus sonados fracasos [véase lo que ocurrió con sus aliados internacionales de Syriza en el gobierno durante 2015-2019 y la justificación de Podemos a las traiciones hacia el pueblo griego], sus propuestas no se salen de los límites del sistema actual, pero es que ni siquiera cumplirán los aspectos más progresistas de su programa, y ni mucho menos harán otras cosas que sus seguidores fantasean [aunque sus líderes ni quieran oír hablar de ello]. Pongamos unos breves ejemplos de estas ilusiones. Hay quienes dicen que Podemos es un «frente de varias organizaciones y corrientes de izquierda», serviría para «poner freno a los grandes monopolios», que «podría sacarnos de la OTAN» [cuestión que Podemos ya no cuestiona], que «podría proponer sobre la mesa una lucha contra la monárquica corrupta» [algo que Podemos también ha olvidado], que «acercaría a los obreros al comunismo» [ahora se reconocen abiertamente como socialdemócratas]. Esta gente en efecto no conoce ni ha estudiado las obras del comunismo, ni la propia historia del movimiento obrero de su país. Uno de los requisitos básicos para que triunfe un frente anticapitalista, es la existencia de un partido comunista, que si bien puede que no sea vanguardia al inicio, intentará ganarse tal posición por su línea política ante las masas trabajadoras, precisamente apoyándose en los obreros cansados de las bonitas palabras de los reformistas, y de la incapacidad de su dirigencia reformista de romper la colaboración de clase con la burguesía y su sistema, que no los libra de la explotación. Delegar en manos de reformistas y organizaciones de este tipo cuestiones como poner freno a los grandes monopolios y salirse de la OTAN... es un verdadero acto de fe sin respaldo en la historia. Ahí tenemos la actuación del PSOE de González con la OTAN. Lo mismo cabe decir de las promesas del PCE de Carrillo-Ibárruri de luchar contra la monarquía. ¿Tanto tiempo han pasado de estas traiciones para que la gente se deje engañar de nuevo? Más bien habría que decir que se ha hablado muy poco de ellas. Por último, ¿quién va a «enseñar» marxismo al obrero, el partido de Pablo Iglesias que alaba el trotskismo y el «socialismo del siglo XXI» mientras ataca frontalmente el «dogmatismo de Lenin y Stalin»? ¿Una agrupación que rechaza el centralismo democrático en favor del fraccionalismo y el eclecticismo ideológico? Una organización así no solo no va al socialismo, no va con seguridad ni a la vuelta de la esquina. Sigan soñando». (Equipo de Bitácora (M-L); Crítica al artículo: «Podemos» irrumpe con fuerza en el panorama español, 2014)

El pueblo debe aprender a rechazar este tipo de cuentos.

8. ¿Es posible influir sobre el campo antifascista sin un partido comunista constituido y fuerte?

«Los movimientos antifascistas pese a tener grandes inclinaciones progresistas e incluso revolucionarias no son garantía de éxito en la lucha contra el fascismo debido a su carácter ecléctico en lo ideológico: la cuestión antifascista, como la cuestión nacional, de género y otras no tendrá una garantía de éxito sino es conducida desde una perspectiva marxista-leninista. En los frentes antifascistas con otras organizaciones no marxistas, lejos de primar la piedad con los conceptos y prácticas antifascistas antimarxistas, debe prevalecer la crítica a los cabecillas de estas organizaciones, enseñando a su base que conceptos políticos derrotistas, reformistas, utópicos, terroristas, idealistas, pacifistas, skinheads, no tienen nada que ver con un antifascismo consecuente. Que lo único que logra ese antifascismo es bañar a la clase obrera en un charco de sangre». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)

Respondemos tajantemente que no.

Lo primero que tenemos que aclarar de nuevo es lo siguiente:

«La primera obligación de un partido que aspira a ser la vanguardia proletaria es la organización del proletariado; así el objetivo estratégico fundamental en ese fin –y que pasa por la acumulación de fuerzas– no es aunar un buen número de votantes fieles para un mero «contraataque» electoral ni una política de «resistencia» armada como preconizan algunos románticos del guerrillerismo-terrorismo con sus atentados, pues ni ese reformismo ni ese terrorismo llevan al partido a la acumulación real de fuerzas ni a la revolución, sino que nos referimos a trabajar para hacer coincidir las «condiciones objetivas» –que no dependen de nuestra voluntad– con las «subjetivas» para un proceso revolucionario al socialismo; y estas son el fruto de un partido marxista-leninista sólido en pensamiento y acción, con una línea política correcta, que mediante un trabajo de trabajo de masas, logre el aumento del nivel ideológico de las masas y llegue hasta el punto de lograr el autoconvencimiento de esas masas por su propia experiencia de la correcta línea del partido y sus acciones, se vaya viendo una mayor promoción de cuadros probados cada vez con más experiencia y formación, se acumulen y encabecen luchas y experiencias contra las instituciones y sus fuerzas, choques de carácter violento y no violento, y en resumidas cuentas toda una serie de condiciones que puedan hacer desencadenar finalmente la toma de poder y la revolución. Vale decir que el desarrollo de las condiciones subjetivas por tanto, ha de darse también cuando las condiciones objetivas no son propicias, y así estar preparados organizativamente hablando para cuando las condiciones objetivas acaben dándose. De hecho este retraso en la acumulación de fuerzas, esa desorganización del proletariado, es lo que hace que no se avance ni siquiera en luchas menores, lo que ha permitido al capital en crisis, desarrollar todo un enjambre de políticas encaminadas a vaciar de contenido el derecho laboral. Es por ello, que aislando al partido de estos sucesos no puede cumplir la misión de vanguardia, que como organizador de los elementos obreros más conscientes debe ocupar, y se acaba zozobrando en una autosatisfacción de meras consignas». (Equipo de Bitácora (M-L); Crítica al documento: «El PCPE explica el porqué de no participar en la Marcha de la Dignidad», 2014)

Estos requisitos indispensables actualmente no lo cumplen ni uno solo de los autoproclamados partidos comunistas.

Algunos en un intento de cosechar alianzas con fines oportunistas, sacan a relucir sin venir a cuento experiencias históricas como el frente popular de 1936-1939 y proponen también la reedición de otros frentes antifascistas. Por supuesto no citan los errores y deficiencias de los comunistas en las experiencias de dichos frentes, pero olvidan algo aún más importante: la existencia de un partido comunista como tal y con una influencia arraigada, sin el cual es imposible ejercer una influencia sobre el resto de organizaciones –ni siquiera sobre el papel–. 

También hay que dejar claro que los comunistas no aspiran –como propone el anecdótico Partido del Trabajo Democrático (PTD)– a mantener la independencia organizativa, y al mismo tiempo ceder el programa y el discurso para convertirse en el furgón de cola permanente de un partido socialdemócrata [Podemos], a bendecir todas sus decisiones bajo la excusa de que es el «mal menor». El considerarse «críticos» pero no criticar ni contradecir ninguna de las decisiones de mayor calado de la organización socialdemócrata o republicana de turno, conduce a los presuntos comunistas a un callejón sin salida. Es la misma desastrosa táctica que ha hecho el Partido Comunista de Venezuela (PCE) con el chavismo durante dos décadas, cuyos resultados ya sabemos todos.

Tampoco es lícito adoptar la famosa táctica trotskista del «entrismo» en los grupúsculos revisionistas del montón manteniendo una doble militancia y permitiéndose el lujo de no criticar a la dirección «para no ser expulsados y no perder el contacto con las masas». Históricamente hemos visto como cuando estos «posibilistas» desarrollan esta táctica acaban disolviéndose en estas organizaciones inmundas sin pena ni gloría, como ha sucedido a multitud de formaciones trotskistas en el PSOE, IU o ahora en Podemos con los Anticapitalistas. Esto pierde aún más sentido cuando el entrismo se realiza en grupúsculos marginales.

Para los comunistas su propósito es otro, es aspirar a mantener una posición independiente, clara y científica en todas y cada una de las cuestiones básicas, exista o no el partido comunista. El objetivo siempre debe de ser diferenciarse de los pseudocomunistas, para precisamente poder aunar fuerzas con los verdaderos comunistas, para estrechar lazos y superar el primitivismo organizativo existente en todos los países en la actualidad. 

Eso no significa que ante la inexistencia de un partido comunista real los comunistas de hoy no tengan nada que hacer respecto al tema del fascismo en cuestión, que deban quedarse de brazos cruzados.

La tarea de los comunistas respecto al fascismo emergente debe ser intervenir en todo el radio de acción que le sea posible ligarse a las masas, aunque sea escasamente, y desde ahí inocular su visión antifascista, para poder ir acumulando influencia entre las masas. Esto incluye diversas formas: desde el trabajo teórico hasta el influir desde su puesto de trabajo, sindicatos obreros, campesinos y universitarios, aprovechar las reuniones familiares y lazos de amistad, operar en las asociaciones vecinales, y por supuesto no puede descartarse participar en asambleas abiertas de otros partidos u organizaciones políticas sean del signo que sean para hacer oír la voz propia. Hay que aprovechar la cuestión de la urgencia actual del antifascismo, para realizar un trabajo que pueda arrastrar a los elementos más conscientes a un proyecto loable para que precisamente no se tenga que adoptar una posición defensiva sino ofensiva en la cuestión electoral. 

b) Los líderes de Podemos y gente afín teorizan que esta puede ser la oportunidad para que el PSOE gobierne con Podemos, logre una estabilidad político-económica, y de paso se frene al fascismo. Esto es un espejismo.

El socialdemocratismo ha demostrado, tanto en Europa como en América, que en sus diversos intentos de luchar contra el fascismo y la reacción en general, incluso cuando está puesto entre la espada y la pared por su supervivencia, si no es acompañado y dirigido firmemente por los comunistas, rápidamente imprime posturas totalmente utópicas, oportunistas, claudicadoras o simplemente insuficientes para vencer a dicho fenómeno. Además,suele caer preso de teorías fatalistas como el «inevitable triunfo del fascismo» o se trazan estrategias titubeantes basadas en la idea de «no enojar a la bestia fascista» creyendo que complaciendo a los fascistas en sus demandas más «sensatas», se quedarán ahí, que «el mejor ataque hacia el fascismo es ignorarle», lo que solo ayuda a la no refutación de sus mentiras. 

Las promesas de Pedro Sánchez de ilegalizar a los partidos intolerantes como prometía en relación a Vox antes de las elecciones del 28 de abril de 2019, no pueden ser tomadas en serio, sino como una estratagema electoralista; además una ley de este tipo puede ser utilizada por la burguesía «progresista» del PSOE, no solo para eliminar a organizaciones derechistas sino a organizaciones revolucionarias y marxista-leninista bajo la misma premisa de que son individuos y grupos «intolerantes», «antidemocráticos», «anticonstitucionales». Véase lo que ha sucedido y sucede actualmente en países revisionistas sin ir más lejos. Además, las dudas aumentan si tomamos en cuenta que el PSOE fue uno de los culpables de que la transición del franquismo a la monarquía parlamentaria en los 70 se hiciese sin condenar al franquismo, y sin hacer que los franquistas rindieran cuentas por los crímenes cometidos. Incluso si miramos más atrás, varias de las actitudes del PSOE gobernando, no solo fueron en contra de los intereses populares, sino que son la constatación de que se ha constituido como un grupo político que sirve a la burguesía y la representa. No en el sentido de que hayan sido tan fascistas como los fascistas –como decían los comunistas «thälmannianos» de Bullejos–, sino de que sus líderes decían luchar por la «emancipación social del proletariado», por el«socialismo», pero cuando la situación les ponía en aprietos y debían elegir, con sus medidas antipopulares y el ejercicio de acciones represivas contra el pueblo, se comportaban como los gendarmes de la reacción, lo que conectado a otras cuestiones, precisamente dejaban el camino abierto al crecimiento de la demagogia fascista y a la progresiva fascistización del país –véase la crisis republicana-socialista de 1933 o el uso del terrorismo de Estado durante los gobiernos de los 80–. 

Podríamos citar el papel nefasto de la mayoría de líderes socialdemócratas durante la guerra civil de 1936-1939: Caballero, Prieto, Negrín y Besteiro, las posturas antiunitarias y claudicadoras en el campo republicano, las posturas chovinistas frente a la cuestión nacional «prefiriendo el triunfo del fascismo que la desintegración de España», los intentos de cerrar «una paz deshonrosa con Franco», rompiendo la unidad antifascista con el famoso Golpe de Casado de 1939. O como después muchas corrientes del PSOE trataron de adaptarse al franquismo «para intentar hacerlo virar hacia la democracia», mientras por supuesto, en mitad de la Guerra Fría elegían el bando de los EE.UU. en la consiguiente disyuntiva entre comunismo y capitalismo, entre marxismo y liberalismo, etc.

9. ¿Significa eso excluir acciones conjuntas con las bases de diversos movimientos? ¿Es menester rebajar la crítica ideológica a dichos colectivos sensibles al antifascismo en sus bases?

En esta cuestión debemos citar nuevamente a Dimitrov. Sobre todo cuando habla de la lucha contra la fascistización en países gobernados por socialdemócratas, y los problemas que eso crea entre los obreros engañados por el reformismo:

«Los comunistas en los países, donde existen gobiernos socialdemócratas, al aprovechar las reivindicaciones concretas correspondientes, tomadas de las plataformas de los propios partidos socialdemócratas y las promesas electorales de los ministros socialdemócratas, como punto de partida para acciones conjuntas con los partidos y organizaciones socialdemócratas, podrán después desplegar con mayor facilidad una campaña para establecer el frente único, basándose ya en otra serie de reivindicaciones de las masas, que luchan contra la ofensiva del capital, contra el fascismo y la amenaza de guerra. Además, hay que tener presente que, si las acciones conjuntas con los partidos y organizaciones socialdemócratas exigen de los comunistas, en general, una crítica seria, razonada, del socialdemocratismo como ideología y práctica de la colaboración de clases con la burguesía, así como esclarecer infatigablemente y con espíritu de camaradería a los obreros socialdemócratas el programa y las consignas del comunismo, esta tarea es de singular importancia para la lucha del frente único, precisamente en los países donde existen gobiernos socialdemócratas. (...) Hemos asociado y seguiremos asociando la presteza para lanzarnos a la lucha contra el fascismo, conjuntamente con los partidos y organizaciones socialdemócratas, con la lucha irreconciliable contra el socialdemocratismo, como ideología y como práctica de la conciliación con la burguesía, y también, por consiguiente, contra toda penetración de esta ideología en nuestras propias filas». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 2 de agosto de 1935)

Por si no ha quedado claro, revisemos lo que el búlgaro diría dos años después contra algunas distorsiones que se estaban dando entre algunos comunistas sobre esta cuestión:

«Sería ingenuo pensar que la realización de la unidad de acción del proletariado se puede conseguir tratando de ganar a los líderes reaccionarios por el camino de la persuasión, las exhortaciones o los exorcismos. La unidad del proletariado internacional no se puede lograr sin una lucha tenaz de todos sus partidarios contra los enemigos declarados o encubiertos de dicha unidad. A veces se escuchan en las filas de los socialdemócratas voces según las cuales los comunistas, con su crítica abierta y franca respecto de la conducta de los dirigentes de la II Internacional y de la Internacional de Ámsterdam, dificultan la creación de un frente único. ¿Pero acaso puede lograr la creación de un frente único si no se critica de la manera más decidida a quienes no escatiman sus esfuerzos por obstaculizarlo? ¿Qué clase de dirigentes del movimiento obrero seríamos, si no dijésemos abiertamente toda la verdad sobre una cuestión tan importante para toda la clase obrera? Quién pasa por alto u oculta los actos nocivos de los dirigentes reaccionarios en las filas del movimiento obrero, no ayudan a la causa de la unidad de la clase obrera. Quién renuncia –so pretexto de que ello redundaría en favor del frente único proletario– a la lucha contra sus enemigos y a la crítica contra el reformismo que subordina el movimiento obrero a los intereses de la burguesía, presta un mal servicio a la clase obrera. (...) Se equivoca profundamente quien piensa que la lucha por el frente popular nos exime de la obligación de llevar a cabo una lucha por una base de principios y por los intereses esenciales del movimiento obrero, contra las teorías y conceptos hostiles a la clase obrera. Esta lucha no perjudicaría a la causa del frente popular; al contrario, solo podría favorecerla. Algo más. Esta lucha es la premisa necesaria para un despliegue y fortalecimiento reales del frente popular contra el fascismo y la guerra. (...) Al aplicar la política del frente popular contra el fascismo y la guerra, al desplegar acciones conjuntas con los demás partidos y organizaciones de los trabajadores contra el enemigo común, al luchar por sus intereses vitales y por sus derechos democráticos, por la paz y la libertad, los comunistas no pierden de vista la necesidad histórica del derrocamiento del capitalismo ya anacrónico, y de la edificación del socialismo, que lleva aparejada la liberación de la clase obrera y de toda la humanidad. Coordinar de manera justa la política del frente popular con la propaganda del marxismo, con la observación del nivel teórico de los cuadros del movimiento obrero, con la asimilación de la gran doctrina de Marx-Engels-Lenin, como una guía para la acción: eso es lo que tenemos que aprender y enseñar diariamente a nuestros cuadros y a las masas». (Georgi Dimitrov; La unidad del proletariado internacional, imperativo supremo del momento actual, 1 de mayo de 1937)

¿Es un proceso fácil dicha lucha por persuadir a los trabajadores de la política y programa de los comunistas y tejer alianzas en pro de sus objetivos? No solo no lo es por la influencia de los enemigos de clase, sino que los cuadros inexpertos y débiles pueden caer en lo contrario de lo que pretenden: desviarse del camino comunista. Por ello, los comunistas estén organizados bajo su partido, o todavía en un periodo embrionario de círculos deben tener en cuenta, que en todo frente de masas:

«Los comunistas deben incrementar su vigilancia y guardarse del peligro de del oportunismo de derecha, y deben continuar una determinada lucha contra todas estas concretas manifestaciones, teniendo en cuenta el peligro del oportunismo de derecha crecerá donde las tácticas del frente único sean aplicadas. La lucha por el establecimiento del frente único, de la acción conjunta de la clase obrera, alza como necesario que los obreros socialdemócratas se convenzan a través de las lecciones objetivas de la correcta política de los comunistas y la incorrecta política reformista, y que cada partido comunista prosiga una lucha irreconciliable contra cualquier tendencia que rebaje las diferencias de principio entre el comunismo y el reformismo, contra rebajar la crítica de la socialdemocracia como ideología y práctica de colaboración de clases con la burguesía, contra la ilusión de que es posible transitar al socialismo pacíficamente, por métodos legales, contra cualquier realización basada en el automatismo y la espontaneidad, en la organización de la liquidación del fascismo o en la realización del frente único, contra cualquier menosprecio del rol del partido y contra la vacilación en los momentos de decisiva acción». (Internacional Comunista; Resolución final emitida por el VIIº Congreso de la Internacional Comunista respecto al informe de Georgi Dimitrov, 20 de agosto de agosto de 1935)

¿Cuáles serían los puntos principales en los que deberían basarse los comunistas para ir conformando un frente antifascista a nivel genérico en sus radios de influencia?:

«La defensa de los intereses económicos y políticos inmediatos de la clase obrera, y su defensa contra el fascismo ha de ser el punto de partida y el contenido principal del frente único en todos los países capitalistas. (...) Esto significa, en primer lugar, la lucha conjunta por descargar de un modo efectivo las consecuencias de la crisis sobre las espaldas de las clases dominantes, sobre las espaldas de los capitalistas, de los terratenientes, en una palabra, sobre las espaldas de los ricos. Significa, en segundo lugar, la lucha conjunta contra todas las formas de la ofensiva fascista, por la defensa de las conquistas y derechos de los trabajadores, contra la liquidación de las libertades democrático-burguesas. Significa, en tercer lugar, la lucha conjunta contra el peligro cada vez más inminente de la guerra imperialista, lucha que dificultaría la preparación de esta guerra. (...) Naturalmente, los comunistas no pueden, ni deben renunciar, ni por un solo minuto, a su labor propia e independiente de educación comunista, de organización y movilización de las masas. Sin embargo, para asegurar a los obreros el camino hacia la unidad de acción, hay que conseguir sellar al mismo tiempo acuerdos a corto y a largo plazo sobre acciones comunes con los partidos socialdemócratas, los sindicatos reformistas y las demás organizaciones de los trabajadores contra los enemigos de clase del proletariado. En estos pactos, la atención principal debe encaminarse a desencadenar acciones de masas en los distintos lugares, que deberían ser llevadas a cabo por las organizaciones de base mediante acuerdos locales. A la par que cumplimos lealmente las condiciones de todos los acuerdos pactados con ellos, desenmascararemos implacablemente cualquier sabotaje, cometido contra las acciones conjuntas por personas u organizaciones, que tomen parte en el frente único. A cuantos intentos se hagan por frustrar los acuerdos pactados, y estos intentos posiblemente se harán, contestaremos apelando a las masas y continuando infatigablemente la lucha por restablecer la unidad de acción violada». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 2 de agosto de 1935)

Por supuesto, a las sectas de presuntos «comunistas» les temblarán las piernas con solo teorizar el hecho de tener que presentarse en sindicatos amarillos, de tener que persuadir a las bases de las organizaciones reformistas o anarquistas, incluso fascistas. Esto se manifiesta como expusimos en varias ocasiones en los grupos que casualmente rechazan bajo una excusa u otra el presentarse a elecciones municipales o generales. ¿Pero qué se creen que hacían los comunistas para avanzar, solamente agitación y propaganda donde les fuese más cómodo? Craso error:

«En la situación actual, el sectarismo, ese sectarismo engreído, como lo calificamos en nuestro proyecto de resolución, entorpece ante todo nuestra lucha por la realización del frente único; ese sectarismo, satisfecho de su estrechez doctrinaria y de su alejamiento de la vida real de las masas. (...) El sectarismo, para el cual todo es una pequeñez; ese sectarismo engreído no quiere, ni puede comprender que situar a la clase obrera bajo la dirección del partido comunista no se consigue espontáneamente. El papel dirigente del partido comunista en las luchas de la clase obrera hay que conquistarlo. Para esto, no hace falta declamar acerca del papel dirigente de los comunistas, sino que hay que merecer, ganar, conquistar la confianza de las masas obreras con una labor cotidiana de masas y una política justa. Esto sólo se logrará si nosotros, los comunistas, en nuestra labor política tenemos seriamente en cuenta el verdadero nivel de conciencia de clase de las masas, su grado de revolucionarización, si apreciamos seriamente la situación concreta, no a través de nuestros de deseos, sino a través de la realidad. Tenemos que facilitar a las extensas masas, pacientemente, paso a paso, el tránsito a las posiciones del comunismo. (...) La política del frente único se suplantaba frecuentemente por meros llamamientos y por la propaganda abstracta». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 2 de agosto de 1935)

10. Errores históricos en la lucha contra el fascismo

Ya hemos comentados algunos errores que no se deben cometer de nuevo en el campo antifascista. Pero hemos de hablar de algunos más.

¿Es verdad aquello de que llamar fascismo a lo que es Vox es contraproducente?

Uno de los periodistas españoles más activos en su investigación y denuncia de Vox y sus trapos sucios, nos dice:

«El fascismo de nuestro tiempo no es el que se generó en los años 30. Nos ha tocado vivir una nueva conformación de lo primitivo de su ideología, el odio al diferente y la discriminación a la minoría. El autoritarismo propio de aquellos fascismos adopta nuevas formas y lo prioritario es evitar que puedan llegar a tener la suficiente importancia como para implementar sus medidas reaccionarias y antidemocráticas. Vox es lo más parecido que tenemos al fascismo en España y, sin embargo, por eso mismo es contraproducente usar el término en el combate público para evitar que se retroalimente de él». (Antonio Maestre; Manual de Vox para antifascistas emocionales, 9 de diciembre de 2018)


Esto es normal pues hablamos de Antonio Maestre, que cabalga sobre los mitos de la izquierda reformista, y de plató en plató tratar de ser «revolucionario» pero sin salirse de los marcos del sistema, no queriendo asustar al «reputado público» de la Sexta Noche, ni entrar en pleitos con la bancada de tertulianos de «izquierda» del programa, pues lo importante para él es atacar a la derecha, tampoco reflexionar demasiado porqué la autodenominada izquierda está permitiendo el ascenso del fascismo. Infectado de ese espíritu, está imbuido de ese defecto que tanto abunda entre intelectuales que viven en mundos aleados de la realidad: creyendo de verdad que en la cuestión del fascismo, se le puede explicar perfectamente a las masas trabajadoras mediante bonitas metáforas, críticas indirectas a organizaciones o figuras, sacando a la palestra fórmulas abstractas y apelando al humanismo... como métodos eficaces para atacar al fascismo, mientras no se habla claro del carácter del fascismo y del programa antifascista, así como de las inadmisibles concesiones de la izquierda domesticada y constitucionalista. 

Y no. No se trata de hablar como la izquierda domesticada ha aprendido de sus amos capitalistas, sino de hablar como los marxistas entendemos las relaciones sociales y la política. Lejos de ello, los comunistas piensan que a las cosas hay que llamarlas por su nombre, no abusando de eslóganes machacados ni lenguaje pedante, pero siempre argumentando lo que se dice, explicando pacientemente a las masas, y desde un prisma de clase, con una doctrina determinada.

Igual que criticamos cuando se califica de fascismo cuando no lo es, sería un grave error no identificar de forma abierta al fascismo ante las masas cuando efectivamente lo tenemos en frente. Preocuparnos por los epítetos que el fascismo vaya a utilizar contra nosotros: totalitarios, sanguinarios, amorales, impíos, sería igual que preocuparnos por lo que los revisionistas digan de nosotros: iluminados, sectarios, dogmáticos. Al fin y al cabo, como mecanismo de defensa siempre van a utilizar descalificativos y argumentos indemostrables. Por lo que no hay nada que temer. De lo que si tenemos que guardarnos es de que las masas no lleguen a comprendan el peligro que supone el fascismo, de que confundan nuestros discursos con el del socialdemócrata de turno.

Por último, dejaremos algunas de las perlas que vendrían bien en repasar muchos doctrinarios, que se les llena la boca al citar a Dimitrov y a la Internacional Comunista, pero no han entendido la médula de su pensamiento.

Sobre el considerar a todo fascismo:

«En nuestras filas se manifiesta la tendencia a considerar al fascismo de un modo general, sin tener en cuenta las particularidades concretas de los movimientos fascistas en los distintos países, calificando erróneamente como fascismo a todas las medidas reaccionarias de la burguesía, llegando inclusive a catalogar como fascistas a todos los sectores no comunistas. Lo que se conseguía con esto no era fortalecer, sino, por el contrario, debilitar la lucha contra el fascismo». (Georgi Dimitrov; Por la unidad de la clase obrera contra el fascismo; Discurso de resumen en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 13 de agosto de 1935)

Sobre no distinguir y no apreciar las diferencias entre vivir en una democracia burguesa y un fascismo:

«Hoy millones de trabajadores, que viven bajo las condiciones del capitalismo, tienen necesariamente que determinar su actitud ante las formas que adquiere en los diversos países la dominación de la burguesía. Nosotros no somos anarquistas, y no puede en modo alguno sernos indiferente qué régimen político impera en un país dado: si la dictadura burguesa, aunque sea con los derechos y las libertades más restringidos, o la dictadura burguesa, en su forma descarada, fascista. Sin dejar de ser partidarios de la democracia soviética, defenderemos palmo a palmo las condiciones democráticas arrancadas por la clase obrera en años de lucha tenaz, y nos batiremos decididamente por ampliarlas». (Georgi Dimitrov; Por la unidad de la clase obrera contra el fascismo: Discurso resumen ante el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 13 de agosto de 1935)

Sobre creer que los trabajadores cambian de ideología rápidamente:

«No hay que creer que los obreros socialdemócratas que se hallan bajo la influencia de la ideología de la colaboración, inculcada a lo largo de decenas de años, van a abandonar por sí mismos esta ideología bajo la acción de ciertas causas objetivas. No. Es deber nuestro, de los comunistas, ayudarlos a liberarse del paso de la ideología reformista. La explicación de los principios y del programa del comunismo debe realizarse con paciencia y camaradería, y en consonancia con el nivel de desarrollo político de cada obrero socialdemócrata. Nuestra crítica de la socialdemocracia deberá ser más concreta y sistemática. Tendrá que basarse en la experiencia de las propias masas socialdemócratas. Hay que tener presente que, basándose sobre todo en la experiencia de su lucha conjunta y hombro con hombro con los comunistas contra el enemigo de clase, podremos facilitar y acelerar a los obreros socialdemócratas su desarrollo revolucionario. Para que superen las vacilaciones y las dudas, no existe medio más eficaz que su participación en el frente único proletario». (Georgi Dimitrov; Por la unidad de la clase obrera contra el fascismo: Discurso resumen ante el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 13 de agosto de 1935)

Un resumen de las desviaciones thälmannianas:

«En Alemania, fue solamente después de la llegada de Hitler, que los comunistas defendieron la clara consigna de defensa de los sindicatos libres, seguido de los lemas de restaurar los sindicatos libres. (...) Por otra parte, un error igualmente grave como la subestimación del peligro fascista fue el hecho de ver fascismo donde no existía. Este error se debió a que una serie de escritores comunistas dieron una interpretación mecánica de la declaración del VIº Congreso de la Internacional Comunista de 1928 donde se decía que la burguesía se veía obligada cada vez más por recurrir al fascismo. En Alemania, los comunistas durante mucho tiempo mantuvieron el punto de vista que el gobierno socialdemócrata de Hermann Muller estaba trabajando para la fascistización, que el gobierno de Brüning ya era un gobierno de dictadura fascista. Por otra parte, subestimaron el movimiento de Hitler, bajo la suposición de que en un país como Alemania, donde la clase obrera estaba tan altamente organizada, los hitlerianos no podrían hacerse con el poder y que las masas pequeño burguesas que viraron espontáneamente a acudir en masa hacia los hitlerianos, pronto se apartarían de ellos. (...) Estos errores se debieron a la absolutamente falsa concepción de que todos los partidos burgueses son fascistas, que «no hay dos métodos de dominación burguesa» [democracia burguesa y abierta dictadura terrorista fascista - Anotación de Bitácora (M-L)], y que era indecoroso para los comunistas la defensa de la democracia burguesa. Mientras no podamos sustituir la democracia burguesa por la democracia proletaria, por la dictadura del proletariado, el proletariado está interesado en defender todos los derechos de la democracia burguesa para que puedan ser utilizados para preparar a las masas en el derrocamiento del poder capitalismo y lograr la democracia proletaria». (Wilhelm Pieck; Las actividades del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista; Informe en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 26 de julio de 1935)

Esto debe quedar claro». (Equipo de Bitácora (M-L)Las elecciones, la amenaza del fascismo, y las posturas de los revisionistas, 2019)

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