«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Materialismo dialéctico y religión; el conflicto permanente; Equipo de Bitácora (M-L), 2011


El Materialismo Dialéctico e Histórico como ciencia fundamental en la que se originan las ideas político-económicas más avanzadas de emancipación, en cuanto son el ingrediente necesario para la consecución de formas superiores de relaciones sociales, y de hecho las que dominan la vanguardia del pensamiento objetivo encaminado a subvertir la realidad envolvente derivada del idealismo propio, inherente e instrumentalizado por el capitalismo –y todos los sistemas de dominación anteriores diseñado al efecto por las clases dominantes–, ya no solo como elemento determinista, sino y especialmente, como instrumento de dominación de la voluntad colectiva que se revela como enemigo fundamental de la dominación detentada por los grupos de poder ubicados por encima de la soberanía de los Estados.

Debe de atenderse que a lo largo de la historia, todos aquellos sistemas caracterizados por la acumulación de los medios de producción en unas pocas manos han requerido de las religiones como elemento de persuasión para lograr mantener y prolongar las relaciones sociales derivadas de esa forma de tenencia de los medios de producción; para ello se valen de la conquista hegemónica de los valores culturales sociales en el pasado realizada a través del colonialismo, del papel sumamente importante de la religión, y otros; hoy en día destaca el papel que desempeñan los medios de comunicación de masas, el consumismo, las filosofías como la postmodernidad, el neocolonialismo; aunque vale decir que son agregados, puesto que el colonialismo puro y el rol de la religión aún tienen vigencia, solo hay que ver a Latinoamérica y el papel de la religión dentro de las agrupaciones políticas.

Ese daño generalizado que causa la religión nace de ese «sentido común» que en gran medida está determinado por lo que la sociedad entiende como bueno o malo, es decir, del dualismo religioso que coloniza el pensamiento y que intoxica los procesos del razonamiento desde edades tempranas. De hecho, esta influencia es la que explica en última instancia el porqué sujetos con una gran preparación educativa, que les hace disponer de los elementos para cuestionar los dogmas religiosos, siguen atrapados por los mismos.

En nuestro caso –Nicaragua– el cristianismo llegó por la espada, se quedó por las armas y se perpetuó por la toma de los valores culturales iniciada por la inquisición misma; es así que nuestras creencias no son más que la realidad tangible de la prolongación de la colonización del pensamiento de la que no nos hemos liberado.

Las religiones se basan en la negación de la razón en favor de la supremacía de la fe –el dogma que todo lo explica sin explicar absolutamente nada–. Recordemos que las religiones en general, son formas de dominación cuya lógica discurre inversamente al materialismo histórico, o lo que es lo mismo, su «lógica» –por decirlo de alguna manera– es que la realidad material fluye desde el ideal –dios–; que al ser aceptada como una cuestión inobjetable se acepta implícitamente que somos esclavos de un orden superior que desconocemos y al que está subordinada la materia; entiéndase que «la relación con dios» fue determinada por sociedades esclavistas de la edad de piedra y esa es la razón última de que esa relación sea en condiciones de amo-siervo, amo-esclavo. Además, la forma en que entienden discurre la realidad hace que la misma no pueda ser estudiada, entendida, explicada, transformada o revolucionada; para esta lógica deísta la material es insustancial, carente de procesos activos y condicionales. He allí la gran utilidad de la fe para los poderosos.

El objetivo de esa sumisión a lo intangible, es evitar el pensamiento crítico y objetivo, base fundamental de nuestra ideología, pues recordemos que el socialismo, materialista requiere de la conquista de los valores culturales desplazados por la religión que debe debe de ser entendida como uno de los pasos fundamentales para la construcción de la sociedad sin clases como ya apuntaron los grandes teóricos del marxismo; más cuando la religión busca ponernos al servicio y bajo la voluntad de quienes son entendidos como intermediarios de lo terrestre ante lo divino, y que resultan en órgano de dominación empleada por los explotadores en contra de los pueblos.

Es importante destacar que el materialismo filosófico no niega la existencia de dios, pues este existe, pero es una existencia dentro de las ideas, es decir dios es una idea resultante de la actividad materia, de la humanidad en este caso, pero en modo alguno se trata de un sujeto creador. En ese sentido, al tratarse de una idea fundamentada en la «fe», encaminada a llenar los vacíos de la incomprensión del entorno, difícilmente será desterrada del ideario colectivo sin prestar debida lucha en contra de la misma. Así, hace parte de nuestros deberes marxista-leninistas disponer y poner los medios necesarios al alcance de las masas para que cada sujeto sea capaz de llegar a sus propias conclusiones dentro del ateísmo desde la objetividad que emana del pensamiento crítico.

En el sentido socio-político, las religiones judeocristianas son en sí mismas organizaciones fascistoides, antidemocráticas, intrínsecamente totalitarias, como tales deben de ser combatidas; pues es su funcionalidad hacer del hombre esclavo de dogmas ubicados fuera de la razón, y no cabe su reforma para la obtención de nuevos formas de entenderlas, pues su elemento fundamental siempre estará ubicado fuera de la lógica del pensamiento objetivo; sin olvidar que la finalidad última es la de disipar la voluntad revolucionaria y emancipadora propia de los empobrecidos y explotados, y con ello conseguir la inamovilidad del orden de distribución establecido; esta frase explica ese propósito:

«A dios, lo que es de dios; al césar lo que es del césar». (La Biblia)

Pedro Madrigal Reyes

Nota: este artículo si bien es fruto del trabajo personal del camarada Pedro en aquellos días, el Equipo de Bitácora (M-L) en la actualidad subraya todos sus pensamientos.

1 comentario:

«¡Pedimos que se evite el insulto y el subjetivismo!»