«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

lunes, 11 de diciembre de 2017

El más inmediato antecesor ideológico del fascismo fue Nietzsche


«El más inmediato antecesor ideológico del fascismo fue el filósofo alemán Nietzsche. En las obras de Nietzsche se mantiene la más repugnante actitud, una actitud despreciativo-señorial, esclavista-capitalista, ante el pueblo. Según este filósofo, «la humanidad es, indudablemente, más bien un medio que un fin, la humanidad es, simplemente, un material de experimentación, la escoria de un gigantesco fracaso, un campo de escombros». Nietzsche se refiere con desprecio a la masa trabajadora, a los que él llama «los demasiados», y considera como natural, normal y justificada la situación de esclavitud que les está reservada en las condiciones del capitalismo. La fantasía demencial de este filósofo le hizo concebir el ideal del «superhombre», de la bestia humana, situada «más allá del bien y del mal», que conculcaba la moral de la mayoría y marchaba derecha hacia su meta egoísta, hacia el poder por entre incendios y ríos de sangre. El principio fundamental del «superhombre» era la voluntad de poder, y a la luz de él todo se hallaba justificado. Esta fanática y cruel «filosofía» nietzscheana, unida a su teoría racista, fue elevada al rango de ideología oficial del Estado por Hitler y sus secuaces.

La teoría racista del fascismo y la idea fascista del «Führer» se hallan íntimamente relacionadas entre sí y se complementan mutuamente. La teoría racista, sin que pueda apoyarse para ello en fundamento alguno, divide a los pueblos en «superiores» e «inferiores» y afirma que la mayoría de los pueblos sólo son aptos para abonar el «suelo de la civilización» y se hallan incapacitados para una obra de creación histórica propia e independiente, para la creación de valores culturales. Al mismo tiempo, los racistas dividen, a su vez, la raza «superior» inventada por ellos en representantes de primera clase, «de pura sangre», de la raza, en la «élite» y en representantes «de menor cuantía», «inferiores», entre los que ellos cuentan las masas populares. La «élite» la encabeza el Führer, dotado de poderes ilimitados para decidir acerca de la suerte de los pueblos. Esta ideología basada en el odio a la humanidad sirvió al hitlerismo de guía y justificación de su barbarie y de sus bestialidades, de su política de exterminio de millones de seres y de destrucción de miles de aldeas y ciudades». (Academia de las Ciencias de la Unión Soviética; Materialismo histórico, 1950)

Anotación de Bitácora (M-L):

La versión de 1950 de este documento tiene ciertas diferencias cuando se compara con su reedición de 1954, bajo la excusa de hacerlo más breve y reformular mejor algunas expresiones, censuran algunos párrafos enteros, pero en otras ocasiones algunos axiomas marxistas se mantienen mientras coexisten con declaraciones antagónicas añadidas para la nueva versión. Esto demuestra que los manuales soviéticos efectivamente sufrieron una remodelación  que en algunos puntos hace cualitativamente sustancial la diferencia entre sus versiones «stalinistas» y sus reediciones posteriores a 1953.

viernes, 8 de diciembre de 2017

La teoría de que el movimiento obrero necesita los atentados del terrorismo como estímulo; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«En los estudios de Marx y Engels sobre Rusia y las fuerzas políticas en pugna, se dejo bastante claro que lo que en el siglo XIX el trabajo que estaban realizando los populistas –antecesores de los eseristas– no era precisamente estimular a las gentes para vencer al zarismo, sino que sus acciones terroristas precisamente habían agrupado en torno a él a las clases sociales que no necesariamente estaban interesadas en su continuación:

«Así escribía Marx en 1877. A la sazón había en Rusia dos gobiernos: el del zar y el del comité ejecutivo [ispolnítelnyi komitet] secreto de los conspiradores terroristas. (…) La revolución rusa no se produjo. El zarismo ha triunfado sobre el terrorismo, el cual, en el momento presente ha empujado a todas las clases pudientes y «amigas del orden» a que se abracen con el zarismo». (Friedrich Engels; Acerca de la cuestión social en Rusia, 1894)

Lenin aconsejó a los revolucionarios suizos que según la experiencia de los bolcheviques la lucha por el socialismo debía emitirse en una propaganda que combatiera sistemáticamente tanto el pacifismo de los oportunistas como el terrorismo de los aventureros anarquistas, que se debía educar a las masas en el uso de la violencia revolucionaria, pero siempre involucrando al pueblo en ese desempeño, para llegado el momento, poder ejercer una insurrección armada llevada a cabo por las amplias masas concienciadas, algo que es muy diferente a los pequeños comandos terroristas que actúan a su libre albedrío fuera de la lucha de las masas y alejados del grado de concienciación:

Engels hablando del modelo organizacional de Bakunin


«Bakunin, que hasta 1868 había intrigado contra la Internacional, ingresó en ella después del fracaso sufrido en Berna, en Congreso de la Paz, inmediatamente se puso a conspirar desde dentro contra el Consejo General. Bakunin tiene una teoría original, que es una mezcolanza de proudhonismo y comunismo. Por cierto, el punto básico de su proudhonismo es la idea de que el mal más grave, con el que hay que acabar, no es el capital, no es, por tanto, el antagonismo de clase que el desarrollo social crea entre los capitalistas y los obreros asalariados, sino el Estado. Mientras la gran masa de obreros socialdemócratas comparte nuestro punto de vista de que el poder del Estado no es más que una organización adoptada por las clases dominantes –los terratenientes y los capitalistas– para proteger sus privilegios sociales, Bakunin afirma que el Estado es el creador del capital, que el capitalista posee su capital únicamente por obra y gracia del Estado. Y puesto que el Estado es, por tanto, el mal principal, hay que acabar ante todo con él, y entonces el capital hincará el pico por sí solo. Nosotros, en cambio, sostenemos lo contrario: acabar con el capital, que es la concentración de todos los medios de producción en manos de unos pocos, y el Estado se derrumbará por sí solo. La diferencia entre los dos puntos de vista es fundamental: la abolición del Estado sin una revolución social previa es un absurdo; la abolición del capital es precisamente la revolución social e implica un cambio en todo el modo de producción. Pero como para Bakunin el Esado representa el mal principal, no se debe hacer nada que pueda mantener la existencia del Estado, tanto si es una república, como una monarquía o cualquier otra forma de Estado. De aquí, la necesidad de abstenerse por completo de toda política. Cualquier acto político, sobre todo la participación en las elecciones, es una traición a los principios. Hay que hacer propaganda, desacreditar al Estado, organizarse; y cuando se haya conquistado a todos los obreros, es decir, a la mayoría, se liquidan los organismos estatales, se suprime el Estado y se le sustituye por la organización de la Internacional. Este gran acto, que marca el comienzo del reino milenario, se llama liquidación social.

Todo suena a algo muy radical, y es tan sencillo que puede ser aprendido de memoria en cinco minutos. He aquí la razón de que la teoría bakuninista haya encontrado tan pronto una acogida favorable en Italia y en España entre los jóvenes abogados, doctores y otros doctrinarios. Pero las masas obreras jamás aceptarán la idea de que los asuntos públicos de sus respectivos países no son a la vez sus propios asuntos; los obreros son políticos activos por naturaleza, y quien les proponga abandonar la política se verá, tarde o temprano, abandonado por ellos. Predicar a los obreros la abstención política en todas las circunstancias equivale a ponerlos en manos de los curas o de los republicanos burgueses.

La Internacional, según Bakunin, no ha sido creada para la lucha política, sino para ocupar el lugar de la vieja organización del Estado tan pronto como se lleve a cabo la liquidación social, y por eso debe parecerse lo más posible a la sociedad futura, tal como la concibe el ideal bakuninista. En esta sociedad no habrá, ante todo, autoridad alguna, pues la autoridad, que equivale al Estado, es el mal absoluto. No se nos dice nada, naturalmente, acerca de cómo se las van a arreglar estos señores para hacer funcionar las fábricas y los ferrocarriles y gobernar los barcos, sin una voluntad que decida en última instancia y sin una dirección única. Cesa también la autoridad de la mayoría sobre la minoría. Cada individuo y cada comunidad son autónomos, pero Bakunin vuelve a guardar silencio acerca de cómo puede existir una sociedad, integrada aunque sólo sea por dos individuos, sin que cada uno de ellos no renuncie a parte de su autonomía.

Pues bien; también la Internacional debe ser estructurada según este modelo. Cada sección es autónoma y también cada individuo dentro de la sección. ¡Al diablo las resoluciones de Basilea [1], que confieren al Consejo General una autoridad perniciosa y para él mismo desmoralizadora! Aun en el caso de que esa autoridad se confiera voluntariamente, debe ser abolida ¡precisamente porque es autoridad!

Aquí tiene usted en pocas palabras los puntos principales de esta superchería. Pero, ¿quiénes son los autores de las resoluciones de Basilea? ¡El propio señor Bakunin y consortes!». (Friedrich Engels; Carta a Theodor Cuno, 24 de enero de 1872)

Anotaciones de Engels:

Trátase de las resoluciones del Congreso de Basilea (véase la nota 105) sobre problemas de organización, que ampliaban las atribuciones del Consejo General.-

miércoles, 6 de diciembre de 2017

La continua directriz en RC de cerrar filas ante los errores y justificarlos bajo burdas excusas; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«
La falta de autocrítica está en el núcleo de las causas que han llevado a que la ya de por sí poca militancia haya abandonado Reconstrucción Comunista (RC) en masa:

«El problema no radica en que el SG y yo mantengamos diferencias ideológicas con respecto al feminismo de clase, la raíz del problema son las contradicciones personales del camarada R y su nula capacidad de autocrítica en este tema. No basta con conocer la teoría, hay que ser consecuente con lo que se proclama». (Javier M., exmiembro de Reconstrucción Comunista; Carta de salida de militancia, 31 de julio de 2015)

Es más, como se señala a continuación en otra carta de otro exmilitante que abandonó por voluntad propia, la política a seguir de Roberto Vaquero y su camarilla ha sido siempre la de que ante un error, contraatacar con calumnias, invenciones y tergiversaciones muy burdas que desvíen la cuestión. Todo conflicto político lo reducen a una cuestión de «traidores» en caso de ser una crítica interna, y a «delatores de la policía» de ser una crítica externa:

«Ante los recientes problemas de fracciones y de salidas de gente, tanto de partido como de juventud, se ha tendido hacia el simplismo y la unilateralidad en el análisis de los conflictos, reduciéndolos a simples traiciones al partido. Evidentemente que una persona que actúe de manera abiertamente hostil contra el partido sea considerado como enemigo político y sea tratado como tal –las medidas al respecto irán acordes a la realidad material del momento–; es decir, no se critica el considerar a ciertas personas como enemigos políticos, sino el velar las posibles contradicciones y los fallos que se hayan podido cometer so pretexto de tratarse de conflictos con traidores. Esto puede provocar una cerrazón a la autocrítica y al avance del partido, en definitiva. Así mismo, la problemática se agudiza al pretender solventar estos conflictos a nivel interno apelando casi en exclusividad a la «fidelidad al partido», una fidelidad que si no viene acompañada de una autocrítica y un correcto tratamiento de las cuestiones políticas –y de una rendición de cuentas, en el caso de que competa a la militancia y fuese necesario–, se transforma en dogma.

Prueba de esto es la especial insistencia que se ha tenido respecto a que los camaradas borren a los enemigos políticos de las redes sociales, prohibiendo el mantener ningún contacto con ciertas personas. Esto conlleva el pretender extirpar las influencias burguesas o reaccionarias mediante el «aislamiento» de estas, en vez de mediante la confrontación ideológica, manteniendo una actitud seria frente a los problemas políticos, lo cual no deja de ser un absurdo». (P. R., exmiembro de Reconstrucción Comunista; Carta de cese a la militancia, 29 de octubre de 2015)

martes, 5 de diciembre de 2017

La clase obrera catalana debe comprender y asimilar el principio básico de la teoría nacional leninista

Fragmento en el que Comorera critica las desviaciones nacionalistas

«La clase obrera catalana ha de comprender y asimilar el principio básico de la teoría nacional de Lenin y Stalin: «El problema nacional y colonial es parte indisoluble del problema general de la revolución proletaria». De este principio se deduce lo que ha de guiar la acción: el principio del derecho preeminente de la clase obrera. Mientras que la liberación de la clase obrera liberará, automáticamente, necesariamente, la nación.

Noruega, antes de la Primera  Guerra Mundial; Finlandia, Estonia, Lituania, Polonia, Hungría, Checoslocaquia, Albania e Irlanda después de ella; Islandia, Siria, Líbano, India, Pakistan, Birmania, Indonesia y Ceilan después de la Segunda Guerra Mundial, se constituyeron como Estados separados, más o menos independientes políticamente. La clase obrera, sin embargo, de estos países no se ha liberó de la explotación capitalista, porque una revolución estrictamente nacional solo elimina y en aparte, la burguesía del Estado opresor, colonizador, y entre tanto, la burguesía nacional y el capital monopolista internacional continúan oprimiendo y explotando a la clase obrera.

En el proceso general de la revolución proletaria, una revolución estrictamente nacional o institucional es solo una etapa. Con todo, una etapa positiva, pero como tal un elemento de distracción, de dispersión de fuerzas, de confusiones teóricas y prácticas: un elemento perturbador que, con el solo hecho de existir, ofrece a la burguesía nacional la oportunidad de actitudes y actos populares que no ponen en peligro inmediato sus intereses y seguridad de clase dirigente, dominante.

Un año antes de acabar la Primera Guerra Mundial, triunfa la Revolución Socialista de Octubre. La clase obrera rusa, dirigida por el partido de Lenin, toma por asalto el Estado del ex imperio zarista. Y por primera vez en la historia, la clase obrera comienza a construir una sociedad sin clases, sin explotación del hombre por el hombre, los pueblos débiles pueblos fuertes. Y, automáticamente, necesariamente Stalin ha demostrado que la solución del problema nacional asegura y consolida la revolución socialista, la inmensa presión de pueblos que fue el imperio zarista y la república burguesa de Kerenski, se transformó en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), unión voluntaria de naciones y grupos étnicos con igualdad de derechos. Las naciones asiáticas y los numerosísimos grupos étnicos de Rusia estaban en franco y rápido proceso de extinción, por cuanto el zarismo y sus sucesores practicaban una política sistemática de exterminio de los grupos nacionales y étnicos, de rusificación intransigente y violenta, como la que ahora práctica el farnquismo contra Cataluña, Euskadi y Galicia, política de genocidio y de castellanización por la fuerza. Con la victoria de la clase obrera rusa, las naciones y los grupos étnicos renacieron y han realizado en menos de 35 años progresos incalculables, casi impredecibles por su vastitud y profundidad. Se han reconstruidos los idiomas nacionales idiomas que se transmitían de generación en generación por vía oral, y las escuelas nacionales y étnicas han liquidado el analfabetismo secular y los institutos y universidad en lengua nacional y étnica han forjado la camada de sabios, profesores, maestros, profesionales, técnicos, obreros y campesinos altamente cualificados que, a la vanguardia y con la masa trabajadora, dirigen y construyen su nación. En la historia de la humanidad no se pueden citar ejemplos iguales o ilustradamente similares: este es el «milagro» de nuestro tiempo, el salto prodigioso de una masa humana esclava y desesperada, ignorante y torturada, supersticiosa y alcoholizada, en línea de extinción, de unas tierras saqueadas y esterilizadas por los señores feudales, a la vida plena y libra de repúblicas federadas, de repúblicas autónomas, con gobierno propio, con cultura, economía y justicia propias, con ejércitos propios y relaciones exteriores propios de las más evolucionadas, con un nivel de vida en ascensión vertiginosa.

El derecho predominante de la clase obrera no quiere decir, en cambio que esta deba de ser indiferente con la cuestión nacional». (Joan Comorera; La teoría nacional del leninismo; Publicado en Treball (Comorerista), 1952)