«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

jueves, 21 de junio de 2018

La filosofía en la Alemania nazi; V. J. Mc Gill, 1942

Max Scheller, Martin Heidegger, Carl Schmidtt y Søren Kierkegaard
«Escuelas y movimientos

Antes de Hitler, Alemania era el foco filosófico dél mundo. Producía mucha más literatura y ejercía más influencia que ningún otro país. Desde el advenimiento de Hitler la cantidad de la producción continúa siendo impresionante, pero la calidad ha descendido catastróficamente. Casi no han sido publicados libros importantes y los movimientos más significativos fueron destruidos o asfixiados. Primero los escritores marxistas y otros influidos por el marxismo y aún aquellos intelectuales vinculados a los sindicatos o al movimiento liberal reformista, fueron perseguidos y silenciados. Más tarde la persecución se extendió. Aun las escuelas filosóficas apartadas de la política sufrieron las consecuencias.

Así el positivismo lógico, o el empirismo lógico, como se le llama ahora huyó de Berlín en 1933, de Viena en 1938, de Praga en 1939 y de Varsovia en 1938-39. Los nazis se opusieron al positivismo lógico alegando que era internacionalista, indiferente u hostil a los propósitos de la Nueva Alemania, que muchos de sus propugnadores eran judíos y que el positivismo estrecho no era capaz de comprender la profundidad de conceptos nazis tales como raza, volk pueblo o nación, cultura nacional, ciencia nacional, etc. Sin duda los positivistas lógicos que se ocupan extensamente en buscar definiciones exactas y en el análisis de los significados, irritaban a los nazis. Si por ejemplo «la raza nórdica» significa «todos los individuos que tienen ciertas propiedades mensurables o ciertas normas definidas de conducta», comienza a resultar dudoso si el término tiene algún sentido y, según progresa el análisis, puede considerarse que el concepto de raza nórdica no exista en lo absoluto. Pero hasta ese extremo es lo más lejos que llegan los positivismos lógicos. Con pocas y dudosas excepciones son incapaces de mostrar los intereses económicos clasistas que se esconden tras esos pomposos absurdos nazis y, por consiguiente, ayudan muy poco a la lucha contra el fascismo en Alemania o en los demás países.

miércoles, 20 de junio de 2018

Contra la vulgarización de la consigna de la autocrítica


«La consigna de autocrítica no puede considerarse algo efímero y de corta duración. La autocrítica es un método particular, el método bolchevique de educación de los cuadros del Partido, y de la clase obrera en general, en el espíritu del desarrollo revolucionario. Marx hablaba ya de la autocrítica como de un método de fortalecimiento de la revolución proletaria. Por lo que se refiere a la autocrítica en nuestro Partido, su comienzo se remonta a la aparición del bolchevismo en nuestro país, a los primeros días del nacimiento del bolchevismo como corriente revolucionaria independiente en el movimiento obrero.

Es sabido que ya en la primavera de 1904, cuando el bolchevismo no constituía aún un partido político independiente y trabajaba con los mencheviques en el seno de un mismo partido socialdemócrata, Lenin llamaba al Partido a ejercer la «autocrítica, poniendo despiadadamente al descubierto sus propias deficiencias». He aquí lo que Lenin decía entonces en su folleto «Un paso adelante, dos pasos atrás»:

«Ellos [es decir, los adversarios de los marxistas- S.] observan con muecas de alegría maligna nuestras discusiones; procurarán, naturalmente, entresacar para sus fines algunos pasajes aislados de mi folleto, consagrado a los defectos y deficiencias de nuestro Partido. Los socialdemócratas rusos están ya lo bastante fogueados en el combate para no dejarse turbar por semejantes alfilerazos y para continuar, pese a ellos, su labor de autocrítica, poniendo despiadadamente al descubierto sus propias deficiencias , que de un modo necesario e inevitable serán enmendadas por el desarrollo del movimiento obrero, ¡Y que prueben los señores adversarios a describimos un cuadro de la situación verdadera de sus «partidos» que se parezca, aunque sea de lejos, al que brindan las actas de nuestro IIº Congreso!». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Un paso adelante, dos pasos atrás, 1904) 

Por eso no tienen ninguna razón los camaradas que piensan que la autocrítica es un fenómeno efímero, una moda pasajera como todas las modas. En realidad, la autocrítica es un arma inalienable y en continua acción del arsenal del bolchevismo, vinculada indisolublemente con la naturaleza misma del bolchevismo, con su espíritu revolucionario.

A veces dicen que la autocrítica es buena para un partido que no está en el Poder aún y «nada tiene que perder», pero que es peligrosa y nociva para un partido que se encuentra ya en el Poder y se halla rodeado de fuerzas enemigas, que pueden aprovechar contra él sus debilidades puestas al desnudo.

Eso es erróneo. ¡Absolutamente erróneo! Al contrario, precisamente porque el bolchevismo ha llegado al Poder, precisamente porque a los bolcheviques pueden subírseles a la cabeza los éxitos de nuestra edificación, precisamente porque los bolcheviques pueden no advertir sus debilidades y, de este modo, facilitar la obra de sus enemigos, la autocrítica es necesaria sobre todo ahora, sobre todo después de la toma del Poder.

La autocrítica persigue el fin de poner al desnudo y eliminar nuestros errores, nuestras debilidades. ¿No es evidente, acaso, que en las condiciones de la dictadura del proletariado la autocrítica sólo puede facilitar la lucha del bolchevismo contra los enemigos de la clase obrera? Lenin tenía en cuenta estas particularidades de la situación después de la toma del Poder por los bolcheviques cuando decía en su folleto «La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo», escrito en abril-mayo de 1920:

«La actitud de un partido político ante sus errores es uno de los criterios más importantes y más seguros para juzgar de la seriedad de ese partido y del cumplimiento efectivo de sus deberes hacia su clase y hacia las masas trabajadoras. Reconocer abiertamente los errores , poner al descubierto sus causas, analizar la situación que los ha engendrado y discutir atentamente los medios de corregirlos: eso es lo que caracteriza a un partido serio; en eso consiste el cumplimiento de sus deberes; eso es educar e instruir a la clase, y después a las masas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

Lenin tenía mil veces razón cuando decía en el XIº Congreso del Partido, en marzo de 1922:

«El proletariado no teme confesar que en la revolución hay cosas que le han salido maravillosamente y cosas que le han salido mal. Todos los partidos revolucionarios que se han hundido hasta ahora, han corrido esa suerte por haberse dejado llevar del engreimiento, por no haber sabido ver en qué consistía su fuerza, por miedo a hablar de sus debilidades. Pero nosotros no nos hundiremos, porque no tenemos miedo a hablar de nuestras debilidades y aprenderemos a vencerla». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Informe en el XIº Congreso del P.C. (bolchvique) de R., 1922)

La conclusión es una: sin autocrítica no hay educación acertada del Partido, de la clase, de las masas; sin educación acertada del Partido, de la clase, de las masas, no hay bolchevismo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Contra la vulgarización de la consigna de la autocrítica,  26 de junio de 1928)

¿Qué es la lógica?


«Se dice que la «lógica» es el arte de pensar bien. Pensar conforme a la verdad es pensar según las reglas de la lógica.

¿Cuáles son estas reglas? Hay tres grandes reglas principales, que son:

1. El principio de identidad. Ya hemos visto que consiste en que una cosa es idéntica a sí misma, no cambia –el caballo es el caballo–.

2. El principio de no contradicción. Una cosa no puede ser al mismo tiempo ella y su contrario. Hay que elegir –la vida no puede ser la vida y la muerte–.

3. Principio del tercero excluido. O exclusión del tercer caso, lo que quiere decir: entre dos posibilidades contradictorias no hay lugar para una tercera. Hay que elegir entre la vida y la muerte, no hay tercera posibilidad.

Luego, ser lógico es pensar bien. No es pensar bien olvidarse de aplicar estas tres reglas.

Volvemos a encontrar en esto, principios que hemos estudiado y que provienen de la concepción metafísica.

Lógica y metafísica están, por consiguiente, íntimamente vinculadas. La lógica es un instrumento, un método de razonamiento que procede clasificando cada cosa de una manera bien determinada; que obliga, por lo tanto, a ver las cosas como idénticas a ellas mismas, que en seguida nos pone en la obligación de elegir, de decir sí o no, y en conclusión que excluye, entre dos casos la vida y la muerte, por ejemplo, una tercera posibilidad.

Cuando se dice:

«Todos los hombres son mortales; este camarada es un hombre; por lo tanto es mortal», tenemos lo que se llama un silogismo. Razonando así hemos determinado el lugar del camarada, hemos hecho una clasificación.

La tendencia de nuestro espíritu, cuando encontramos a un hombre o una cosa, es pensar: ¿dónde hay que clasificarlo? Nuestro espíritu sólo se plantea ese problema. Vemos las cosas como círculos o cajas de diferentes dimensiones, y nuestra preocupación consiste en hacer entrar esos círculos y esas cajas unos en otros y en cierto orden

En nuestro ejemplo, determinamos primero un gran círculo que contiene a TODOS los mortales; en seguida, un círculo más pequeño que contiene a TODOS los hombres; y en seguida sólo ESTE camarada.

Si queremos clasificarlos, haremos entrar los círculos unos en otros, siguiendo una cierta «lógica».

La concepción metafísica está construida, por tanto, con la lógica y el silogismo. Un silogismo es un grupo de tres frases; las dos primeras se llaman premisas, lo que quiere decir «colocadas antes», y la tercera frase es la conclusión. Otro ejemplo: «en la Unión Soviética, antes de la última Constitución, existía la dictadura del proletariado. La dictadura es la dictadura. En la URSS hay dictadura. Luego, no hay ninguna diferencia entre la URSS, Italia y Alemania, países de dictadura».

Aquí no se analiza para qué es la dictadura, lo mismo que cuando se elogia la democracia burguesa no se dice para que está hecha esa democracia.

Así se llega a plantear los problemas, a ver las cosas y el mundo social a través de círculos separados y a hacer entrar los círculos unos en otros.

Estas son cuestiones teóricas, pero que producen una manera de obrar en la práctica. Así podemos citar ese desdichado ejemplo de la Alemania de 1919 en donde la socialdemocracia, para conservar la democracia, mató la dictadura del proletariado sin ver que procediendo así dejaba subsistir el capitalismo y abría camino al nazismo.

Ver las cosas separadamente y estudiarlas así, es lo que hicieron la zoología y la biología hasta el momento en que se descubrió y comprendió la evolución en los animales y en las plantas. Antes se clasificaba a todos los seres pensando en su identidad, en que todas las cosas siempre habían sido como eran.

En efecto... hasta fines del siglo pasado las Ciencias Naturales fueron predominantemente ciencias colectoras, ciencias de objetos hechos». (Georges Politzer; Principios elementales de la filosofía, 1949)

lunes, 18 de junio de 2018

La revolución socialista: El único camino del progreso social; Zija Xholi, 1977



«El VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania de 1976, el histórico informe del camarada Enver Hoxha y todos sus otros documentos, constituyen un profundo análisis científico de principios –lleno de conclusiones revolucionarias– de las condiciones en las que se desarrollan la construcción del socialismo en nuestro país y el actual movimiento comunista y obrero del mundo en su conjunto. Una de estas conclusiones es la tesis de que «el mundo está en una etapa en que la cuestión de la revolución y la liberación nacional de los pueblos no es sólo una aspiración y una perspectiva, sino también un problema planteado que espera solución».

En sus trabajos teóricos, Marx y Engels hicieron un análisis de los mecanismos internos de la sociedad capitalista, ahondaron en sus secretos más profundos y descubrieron que el orden capitalista se mueve de manera irrevocable hacia su destrucción, que esta destrucción será la obra del proletariado que llevará a cabo la revolución socialista y establecerá su propia dictadura. El desarrollo de la historia ha confirmado plenamente esta conclusión de Marx. El capitalismo muy pronto reveló sus males incurables. Rápidamente se convirtió en un escenario de feroces batallas de clase por la revolución, por el establecimiento del poder estatal proletario.

Las nuevas características que el capitalismo adquirió con su transición al imperialismo hicieron aún más profundas todas las contradicciones internas irreconciliables del capitalismo, convirtieron al capitalismo en un sistema agonizante y en descomposición, en un orden que está en vísperas de la revolución. «El imperialismo, dijo Lenin, es la antesala de la revolución social del proletariado. A partir de 1917 esto ha sido confirmado a escala mundial».

El análisis del imperialismo de Lenin conserva toda su fuerza y validez, su previsión de que la revolución social del proletariado es la única alternativa se conserva inconmovible en la actualidad. Día a día, el mundo del capital y la burguesía trae malas noticias, muchos signos abiertos o indirectos, que hablan de la creciente gravedad de todas las contradicciones básicas del imperialismo: entre los todopoderosos monopolios y las masas trabajadoras, entre el imperialismo y los pueblos oprimidos, y entre los propios imperialistas. Ellos dan testimonio de la profundización de la crisis general que se ha apoderado de todos los aspectos de la sociedad burguesa-revisionista, ya sean económicos y políticos o ideológicos y culturales, de toda su base y superestructura.

El cierre y la quiebra de cientos de miles de fábricas y plantas en todos los países capitalistas sin excepción y, sobre esta base, el creciente desempleo crónico de millones y millones de trabajadores –más de 100 millones en la actualidad–; el aumento del costo de vida, que aumenta no sólo cada año sino cada mes y cada día; la anarquía de la producción, que adquiere cada vez mayores proporciones; la crisis monetaria y cambiaria, en la que todo el sistema de pagos e intercambios empieza a tambalearse; muestran con mayor claridad que el sistema capitalista basado en el poder absoluto de los insaciables monopolios es incapaz de administrar las fuerzas productivas de la sociedad, que las destruye en masa, privando a la sociedad de cualquier posibilidad de desarrollo. El sistema capitalista sigue siendo lo que siempre ha sido, un sistema de explotación del hombre por el hombre, un sistema de enorme miseria y pobreza, un sistema que cobra millones y millones de vidas. Por su propia existencia, el imperialismo convierte al proletariado en una fuerza de oposición, le empuja inevitablemente hacia la revolución, no le deja otro camino de salvación que no sea levantarse contra el sistema y establecer mediante la violencia su propia dictadura, la dictadura del proletariado.

La otra contradicción típica del capitalismo, también, la contradicción entre las potencias imperialistas por el reparto y el nuevo reparto del mundo, se ha vuelto más feroz que nunca. Hoy en día, estas superpotencias, el imperialismo norteamericano y el socialimperialismo soviético, se enfrentan entre sí con un salvajismo sin precedentes. Con su política de expansión y hegemonía, su frenética carrera armamentista para equiparse con las armas más poderosas, se han convertido en un peligro permanente, una amenaza cotidiana a la libertad y a la seguridad de muchos pueblos, grandes y pequeños, distantes o cercanos, en todos los continentes. Mientras existan, ningún imperialismo puede renunciar a su tendencia agresiva. La agresión es la naturaleza misma del imperialismo. Con la presión que ejercen sobre los pueblos, con las conspiraciones que urden cada día contra su libertad e independencia, con la nueva guerra mundial que están preparando activamente, el imperialismo norteamericano y el socialimperialismo soviético se han convertido en los principales enemigos de los pueblos. En estas circunstancias, los pueblos no tienen otra alternativa que lanzarse a la lucha de liberación, el proletariado no tiene más remedio que levantarse en una revolución violenta y establecer su poder estatal. El triunfo sobre la burguesía de su propio país es también la condición principal para que el proletariado pueda hacer frente a la amenaza planteada por las dos superpotencias. La burguesía de los distintos países está vinculada de una manera u otra con tal o cual superpotencia. Esto hace que sea absolutamente necesario que el proletariado, que avanza hacia la revolución, mientras lucha contra su propia burguesía, no deba olvidar el peligro proveniente de las superpotencias; y mientras lucha contra la amenaza planteada por las superpotencias, no debe olvidar a su propia burguesía que le oprime y explota. La lucha contra su propia burguesía y la lucha contra la amenaza de las superpotencias no constituyen dos problemas distintos, sino dos aspectos de un mismo problema, que sólo la revolución del proletariado y su poder estatal puede resolver de una vez por todas.

sábado, 16 de junio de 2018

Albania socialista: Ejemplo vivo para la juventud revolucionaria; Juventud Comunista de España (marxista-leninista), 1984

El siguiente artículo está sacado de las juventudes del Partido Comunista de España (marxista-leninista) liderado por la inolvidable Elena Ódena. Basándose en una visita de una delegación a la Albania de Enver Hoxha en 1981, sacaron el siguiente documento en 1984. 

Este tipo de documentos eran muy importantes por entonces para popularizar entre las masas populares otros modelos políticos, económicos y culturales más allá de los conocidos por la prensa burguesa de España. En concreto hablamos de la experiencia socialista albanesa, la cual, pese a su posterior fracaso a finales de los 80, constituyó una fuente inestimable de avances y lecciones a tomar en cuenta, algo que hoy, parece retomar su lugar entre los marxista-leninistas que se vuelven a interesar por la experiencia albanesa. Los revolucionarios precisamente deben analizar las causas de sus aciertos y fracasos, pues recordemos que como se anunciaba aquí, Albania fue el último país en sufrir la regresión revisionista, algo que no se podía decir del resto, pues la mayoría de países liderados por partidos comunistas en el poder ya habían sufrido a partir de 1953 con la muerte de Stalin, o incluso antes, liderados por líderes que pese a posar de marxistas eran más bien tercermundistas –nacionalistas y socialdemócratas

Sobre los aspectos específicos de la revolución albanesa de 1944 y sus luchas contra el revisionismo general desatado a partir de 1953. Véase la obra de Jim Washington«El socialismo no puede construirse en alianza con la burguesía» de 1980.

Otro aspecto que debería analizarse en profundidad –y que nosotros haremos próximamente– es el papel de la juventud en la contrarrevolución sufrida en los países socialistas. Quizás era cierto que en inicios de los años 80 la juventud albanesa cerrase filas con la política marxista-leninista del partido, pero esto es algo que no ocurrió después: no cerrando el paso a las tendencias liberales de Ramiz Alia dentro del partido comunista e incluso impulsando varios de los actos más reaccionarios. Precisamente es muy interesante recordar como hicimos hace poco, gran parte de las advertencias que Enver Hoxha legó a los miembros de su partido para años venideros y evitar los errores que luego se cometieron: «Las advertencias de Enver Hoxha en su último congreso del Partido del Trabajo de Albania de 1981».

Recordemos por último, que conforme el propio partido albanés fue degenerando a la muerte de Enver Hoxha, al mismo tiempo el PCE (m-l) tras la muerte de Ódena sufrió un proceso igual o más vertiginoso, véase la obra: «Sobre la adquisición de las obras de Elena Ódena y unas comparativas pertinentes sobre el actual PCE (m-l) y el antiguo» de 2016.

El documento:


«En agosto de 1981 una delegación de la Juventud Comunista de España (marxista-leninista) [JCE (marxista-leninista)] ha visitado Albania, el único país socialista existente hoy en el mundo.

Pudimos ver allí un pueblo y una juventud cuya forma de vida no se parece en nada a la nuestra porque han sabido, bajo la dirección del Partido del Trabajo de Albania (PTA) cuyo cuarenta aniversario celebramos este año, liberarse del yugo capitalista. Pudimos ver una juventud libre, valiente y heroica que estudia, trabaja y se prepara en todos los terrenos para seguir construyendo y defendiendo su patria socialista.

Hemos pensado que para todos nosotros, los jóvenes revolucionarios, que odiamos el fascismo y al imperialismo, como nuestros hermanos albaneses, pero que aún no tenemos como tienen ellos una patria libre y socialista que defender, sino que conquistar, podría sernos muy útil conocer su ejemplo vivo y concreto.

Contribuir un poco a ese objetivo es el fin con el que publicamos este pequeño folleto.

«Somos un país pequeño y un pueblo pequeño, y hemos sufrido enormemente, pero también hemos luchado mucho. Nadie nos ha regalado la libertad de que gozamos hoy, sino que la hemos conquistado con sangre». (Enver Hoxha; Discurso pronunciado en la Conferencia de Moscú, 1960)

En efecto, toda la historia de Albania es una continua lucha, cargada de valentía y heroísmo, por conquistar la libertad. Albania es un pequeño país de 28.748 Km. cuadrados y unos 2.500.000 habitantes. Su reducida extensión nunca les ha hecho temer las dificultades, ni ceder ante ellas, ni plegarse a la voluntad de los «poderosos».

La historia reciente de Albania no puede separarse de la historia del PTA. El sólo hecho de su nacimiento es ya de por sí un acto heroico. En 1.941 nada parecía frenar el avance de las tropas nazi-fascistas. En noviembre llegan a las puertas de la capital del único estado socialista de aquella época: la URSS de Stalin. Hitler proclamaba solemnemente el fin del comunismo. Y sin embargo, en esa situación que parecía empujar al pesimismo, el 8 de Noviembre de 1941, en Tirana, ocupada por los fascistas italianos, se funda el Partido Comunista de Albania, que después pasaría a llamarse PTA. El camarada Enver Hoxha es elegido responsable del Comité Central. Unos días después, también en Tirana, el 28 de noviembre, se funda la organización de la Juventud Comunista de Albania y es elegido como responsable político el camarada Quemal Stafa, de 21 años, miembro también del Comité Central del P.C. de Albania. Este camarada moriría poco después, el 5 de mayo de 1942 en un choque armado con los fascistas. Desde entonces en esa fecha se conmemora el Día de los Mártires de la Patria.

A partir de su fundación, el P.C. de Albania comenzó una inmensa labor de organización, tanto en lo referente a la lucha armada contra el invasor, construyendo los destacamentos guerrilleros y el Ejército de Liberación Nacional, como a la organización y unidad del pueblo en general en el frente único de Liberación Nacional.

Tras heroicos esfuerzos de todo el pueblo y, en particular, de la juventud en el que participaron y murieron como héroes, incluso, numerosos niños menores de 14 años se consiguió la completa liberación de la patria el 30 de noviembre de 1944.

Antes de la guerra, Albania era uno de los países más pobres de Europa. Además, la guerra la dejó prácticamente arruinada. Pero el pueblo albanés demostró una vez más su heroísmo. Firmemente dirigido por el PTA, que había sabido ganarse completamente su confianza y su respeto durante la lucha de liberación, afrontó con entusiasmo todos los esfuerzos que, en esas condiciones, les exigía la construcción del socialismo.