«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

lunes, 26 de octubre de 2020

Lo que los chovinistas ocultan sobre Marx y su pensamiento sobre la India

«Hasta ahora, las clases gobernantes de la Gran Bretaña sólo han estado interesadas en el progreso de la India de un modo accidental, transitorio y a título de excepción. La aristocracia quería conquistarla, la plutocracia saquearla, y la burguesía industrial ansiaba someterla con el bajo precio de sus mercancías. Pero ahora la situación ha cambiado. La burguesía industrial ha descubierto que sus intereses vitales reclaman la transformación de la India en un país productor, y que para ello es preciso ante todo proporcionarle medios de riego y vías de comunicación interior. Los industriales se proponen cubrir la India con una red de ferrocarriles. Y lo harán; con lo que se obtendrán resultados inapreciables. (...) Todo cuanto se vea obligada a hacer en la India la burguesía inglesa no emancipará a las masas populares ni mejorará sustancialmente su condición social, pues tanto lo uno como lo otro no sólo depende del desarrollo de las fuerzas productivas, sino de su apropiación por el pueblo. Pero lo que sí no dejará de hacer la burguesía es sentar las premisas materiales necesarias para la realización de ambas empresas. ¿Acaso la burguesía ha hecho nunca algo más? ¿Cuándo ha realizado algún progreso sin arrastrar a individuos aislados y a pueblos enteros por la sangre y el lodo, la miseria y la degradación Los hindúes no podrán recoger los frutos de los nuevos elementos de la sociedad, que ha sembrado entre ellos la burguesía británica, mientras en la misma Gran Bretaña las actuales clases gobernantes no sean desalojadas por el proletariado industrial, o mientras los propios hindúes no sean lo bastante fuertes para acabar de una vez y para siempre con el yugo británico. En todo caso, podemos estar seguros de ver en un futuro más o menos lejano la regeneración de este interesante y gran país». (Karl Marx; Futuros resultados de la dominación británica en la India, 1853)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

«Es difícil decir cómo se desarrollará este proceso. La India quizás haga una revolución, es incluso probable, y, como el proletariado que se emancipa no puede mantener guerras coloniales, habrá que resignarse a ello; eso no sucederá, evidentemente sin destrucciones, pero son inherentes a toda revolución. Lo mismo puede ocurrir en otros sitios, en Argelia y Egipto, por ejemplo, lo que sería, por cierto, para nosotros, lo mejor. Tendremos bastante que hacer en nuestro país. Una cosa es segura; el proletariado victorioso no puede imponer la felicidad a ningún pueblo extranjero sin comprometer su propia victoria. Bien entendido, esto no excluye, en absoluto, las guerras defensivas de diverso género». (Friedrich Engels; Carta a Karl Kautsky, 12 de septiembre de 1882)

jueves, 22 de octubre de 2020

El trasnochado programa político de RC; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

«Reconstrucción Comunista (RC) se caracterizaba por criticar las ilusiones del republicanismo pequeño burgués de partidos como el PCE (m-l) o, en su día, de Podemos, pero hoy ha caído en eso que juró combatir, no pudiendo cumplir ni dicha promesa, como ocurre con tantas otras de las que hace.

Su nuevo programa es un intento de amoldarse al republicanismo 

En torno a 2017 desde RC se intentó montar un nuevo frente fantasma, el Frente Republicano (FR). Esta vez para ver la intención era ver si así rascaban algún «republicano de izquierda» nostálgico, o a ver si podían convencer a algún otro de las filas de otras organizaciones revisionistas, aquellas cuya carta de presentación es este republicanismo pequeño burgués del que ahora hablaremos. 

Entre sus 6 propuestas ambiguas, destacamos cuatro de ellas por lo ridículas que suenan en el contexto:

«Establecimiento de una república federal, popular y encaminada al socialismo. (…) Se realizará una reforma agraria, expropiando a los terratenientes. Actualmente debido a los chantajes, integrados habitualmente en subvenciones de la Unión Europea, obligan a dejar campos sin cultivar mientras los campesinos no tienen ni para comer. La reforma será una de las prioridades de la nueva república, fomentando a su vez la creación de cooperativas estatales agrarias. Se acabará con los restos del imperialismo español, se solucionará la cuestión de Canarias, Ceuta y Melilla. A su vez se dejará de intentar establecer relaciones de dependencia con ningún país. Se tomará como prioridad la búsqueda de una solución para la cuestión del Sáhara. Se decretará una amnistía política para todos los presos políticos. Se abolirán todas las leyes que van en contra del progreso y la transformación de la sociedad. Se depurará la policía y el ejército, constituyendo así un nuevo ejército del pueblo y al servicio de este». (Frente Republicano; Programa, 2017)

Para un país como este, el recetar una «república popular y federativa» «encaminada al socialismo» que vaya usted a saber qué es, se puede tipificar como poco de una desviación pequeño burguesa, ya que no corresponde a las etapas de desarrollo de la España capitalista en su etapa imperialista. También el hablar en España en pleno siglo XXI de limitar la reforma agraria a que simplemente acabe con el latifundismo es un buen programa progresista para un partido liberal capitalista del siglo XIX, pero no es lo que se espera de un frente liderado por teóricos comunistas, el cual debe agrupar a los republicanos progresistas y atraerse a los medianos y pequeños campesinos, porque les deja vendidos ante las deudas y la depredación de los monopolios capitalistas. Que se hable de «buscar una solución para los restos del imperialismo», es una enunciación cuanto menos ambigua, ¿a través de qué medios? ¿Se regalará esos territorios a otros Estados, serán independientes automáticamente, se convocará un referéndum en el que los comunistas apoyarán que esos territorios se mantengan dentro? No sabemos cuál es la postura de este esperpéntico «FR», que viene a ser el frente tapadera número mil que monta RC. Por último, la propuesta de «derogar las leyes que van en contra del progreso» es otro vago intento de ir de progresistas sin concretar qué se define como «progresista», algo que un pretendido partido comunista debe enunciar para sacar de la confusión y no esperar que todo el mundo sepa a qué se refieren, aunque bueno, en este caso, ni sus militantes lo saben, ya que es un partido que cambia según sopla el viento. Aquello de decretar amnistía política para todos los presos políticos es la misma cantinela demagógica de siempre. ¿Se consideran «presos políticos» a los que han atentado indiscriminadamente contra los trabajadores? O mejor dicho, ¿un gobierno comunista liberaría a estas personas que son un peligro social? Según lo que expone RC suponemos es un sí rotundo, pues esa ha sido siempre su postura en diferentes publicaciones a favor de las bandas terroristas y sus figuras, algo que ha utilizado para intentar ganarse al público más anarcoide. Lo de depurar la policía y el ejército es una medida cuanto menos insuficiente como se ha visto históricamente en todos los procesos reformistas, algo que deja intacta la estructura del ejército burgués, para pertrechar golpes de Estado y encañonar a los trabajadores cuando la burguesía lo necesita, por tanto, proclamar esto proclamar, como supuesta panacea que abre el camino al socialismo, son ilusiones socialdemócratas, sobre todo, de cara a una organización que no tiene claro sus referentes políticos, que hoy se llama maoísta, mañana «crítica» del mismo sin despegarse de sus teorías y amistades, pasado mañana se declara amante del «socialismo kurdo», etc. 

martes, 20 de octubre de 2020

Cómo trabajó la FAI por la derrota del pueblo; Jesús Rozado, 1940

«El famoso provocador y aventurero anarquista, exconsejero de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) en el gobierno de la generalidad, Diego Abad de Santillán, ha escrito recientemente un libro. Se titula «Por qué perdimos la guerra» de 1940. Pero después de leerlo y penetrar bien en el fondo de su contenido, el título no sólo aparece incompleto, sino, además, incorrecto. Para ser consecuente con todo lo que en él se dice, la denominación más acertada sería la misma que encabeza este artículo: «Cómo trabajó la FAI por la derrota del pueblo»

Nuestra posición teórica y práctica sobre el anarquismo en general y los anarquistas españoles en particular, es de sobra clara y conocida. Hemos considerado siempre al anarquismo como una corriente contrarrevolucionaria en el movimiento obrero, y a los anarquistas de la FAI como una banda de aventureros, provocadores y gentes sin principios. 

Amparándose en la demagogia de sus teorías reaccionarias, sus filas «selectas» eran cubiertas, en gran parte, por elementos degenerados, delincuentes comunes y atracadores de tipo profesional, quienes bajo la protección de una fraseología ultrarrevolucionaria irritante, aprovechándose de la entonces débil formación política de las masas y ocultos tras la mampara de un movimiento obrero sindical –la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) iban a encubrir allí sus delitos vulgares, realizando al servicio de la burguesía y los terratenientes, los hechos más perniciosos en contra de los sagrados intereses del proletariado y de las masas populares. 

viernes, 16 de octubre de 2020

¿Cómo pasará a la historia Raúl Marco? ¿Como un revolucionario consecuente o como un renegado?

«Un oportunista, es un oportunista, esté vivo, muerto o en coma, y así hay que decirlo.

A estos sujetos no hay que ensalzarlos, ni en vida ni en su muerte. Hay que señalar sus defectos, si queremos avanzar del atolladero actual donde el revisionismo hegemoniza todo. 

En cuanto a la demagogia de que «hay que estar con la familia y su dolor», insistimos, no era nuestro «camarada», y quien tiene que guardarle luto y beatificarlo como un mártir del movimiento ecléctico son otros. Esta excusa nos recuerda a cuando falleció Castro en 2016 y repasamos las amistades de este dinosaurio revisionista con la reacción –Franco, Jruschov, Fraga, Videla, entre otros–, pero algunos todavía pedían «comprensión» en «un día señalado». ¿Se imaginan a los revolucionarios pidiendo «respeto» ante el fallecimiento de Jruschov en 1971 o Alia en 2011? Ridículo. Palabrería sentimentalista.

Marx dijo: «La ignorancia nunca ha ayudado a nadie». Esto todavía retumba». (Equipo de Bitácora (M-L); Sobre la muerte del infame Martin Licata, 2018)

«En materia de militancia revolucionaria, no ignoramos que el principio de la unidad a todo precio, es uno de los argumentos que por lo general utilizan de manera deshonesta y cínica los revisionistas españoles para así retener bajo su influencia a no pocos honrados militantes que en el fondo están en desacuerdo con ellos. Ocurre además que esos mismos militantes honrados y algunas personas progresistas de tendencias marxistas, no pueden comprender como dirigentes que han tenido en el pasado una justa y revolucionaria actuación, hayan podido degenerar en revisionistas contrarrevolucionarios. Pero esto no tiene nada de extraño si examinamos el problema de manera científica dejando de lado todo subjetivismo y sentimentalismo acerca de las personas y su pasado, por muy prestigioso que sea». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Revolución Española, Nº1, 1966)

Muchos de los exmilitantes argumentan que los errores que pudiera cometer el viejo PCE (m-l) tienen que ser explicados por la fuerte presión que se ejerció sobre él. ¿Influyó la represión o la presión ideológica en el debilitamiento del partido? Cierto. ¿Puede un partido ampararse en esa excusa? No. Tenemos los ejemplos de represión que sufrió el partido, como vimos en el primer capítulo del presente documento. Claro que la represión influye, pero jamás es decisiva, al revés, debe ser un combustible para defender los principios con más ahínco. ¿Pero acaso estas experiencias les hicieron más consecuentes? Muchos líderes del PCE (m-l) acabaron viviendo de las rentas de un pasado honorable de lucha contra el franquismo y el carrillismo, como Raúl Marco, incluso del halo de haber sido blanco de la represión franquista en sus carnes, como Manuel Blanco Chivite o Pablo Mayoral. Pese a esto, todos ellos traicionaron los principios del partido, aun conociendo sobradamente los axiomas de la doctrina y pese a que fueron testigos de época sobre cómo habían acabado los oportunistas que tomaban tal camino, como Kautsky o el propio Carrillo. No hay excusas posibles.

La lucha entre Raúl Marco y Manuel Chivite a finales de los 80 [*], no fue una lucha entre un grupo de revolucionarios y otro de revisionistas, sino entre dos figuras igualmente oportunistas que usaron a sus fieles para imponer su propia línea revisionista, arrastrando a otra gran parte de la militancia a tomar partido a falta de una propuesta mejor. 

Las andanzas políticas posteriores de Raúl Marco, refundando en 2006 un PCE (m-l) artificial y desprovisto de todo espíritu revolucionario [**] y «sin apriorismos» ideológicos, como él decía, es otra prueba más de que no estamos ante traiciones accidentales.

El chovinismo del maoísmo en cuanto a Mongolia y su soberanía nacional


«Sobre la situación de la República Popular de Mongolia: La República Popular de Mongolia nació en el año 1921. Es un país sin salida al mar que cuenta con un área de 600.000 millas cuadradas con apenas un millón de habitantes, y que se sitúa entre China y la Unión Soviética. Hasta el año 1911, antes de la caída del gobierno dinástico Manchú, se encontraba bajo el control del gobierno feudal y central Manchú de China. En 1911, tras la caída del gobierno dinástico Machú, no había prácticamente ningún tipo de administración centralizada en China y, como consecuencia, al igual que en China, los «señores de la guerra» locales de Mongolia pasaron a ser independientes y a estar dirigidos por diferentes jefes locales. Durante la guerra civil y la guerra contra el ejército blanco ruso en la Rusia asiática, el pueblo mongol, con la ayuda y el apoyo del ejército rojo, logró establecer su propia república en 1921, la cual recibió el nombre de República Popular de Mongolia (RPM). El ejército de la RPM, junto con el ejército rojo soviético, consiguió liberar Manchuria y el noreste de China derrotando al ejército japonés de ocupación en 1945. En 1945, después de la derrota y de la rendición de las tropas japonesas de ocupación y de invasión, Chiang Kai-Shek, en connivencia con el imperialismo estadounidense, se negó a reconocer la RPM como un Estado independiente y soberano, y exigió la inclusión de Mongolia en la República China argumentando que siempre estuvo bajo control chino. A propuesta de Stalin, la conferencia de cuatro potencias acordó determinar la situación de Mongolia a través de un plebiscito del pueblo mongol. El plebiscito se celebró en 1945 y la abrumadora mayoría –más del 97% votó en contra de la inclusión y a favor de la independencia y del estatuto de soberanía de Mongolia. Desde entonces, todos los Estados del mundo han tenido que reconocer a Mongolia como un país independiente y soberano, y a la MPR como un Estado soberano. Chiang Kai-Shek también se vio obligado a reconocer a la MPR como un Estado independiente y soberano formal y oficialmente, pero no llegó a establecer ningún tipo de relación diplomática con la MPR y estuvo tramando un plan perverso para engullirla.