«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 18 de septiembre de 2019

La cuestión nacional no es una cuestión académica


«Partiendo del hecho de que en el momento presente no existe un serio movimiento popular por la independencia entre los croatas y los eslovenos, Semic llega a la conclusión de que el problema del derecho de las naciones a la separación es una cuestión académica y, en todo caso, no de actualidad. Naturalmente, eso es erróneo. Aun admitiendo que este problema no sea de actualidad en el momento presente, sin embargo, puede convertirse en un problema de mucha actualidad si comienza la guerra o cuando ésta comience, si la revolución se desencadena en Europa o cuando se desencadene. (...) En 1912, cuando nosotros, los marxistas rusos, estábamos trazando el primer proyecto de programa nacional; todavía no teníamos en ninguna de las regiones periféricas del Imperio Ruso un movimiento importante en favor de la independencia. Sin embargo, consideramos preciso incluir en nuestro programa el punto referente al derecho de las naciones a la autodeterminación, es decir, al derecho de cada nacionalidad a separarse y a llevar una vida estatal independiente. ¿Por qué? Porque no sólo partíamos de lo que existía ya plasmado a la sazón, sino de lo que se estaba desarrollando dentro del sistema general de las relaciones internacionales y se avecinaba; es decir, nosotros no teníamos sólo en cuenta en aquel entonces lo presente, sino también lo futuro. Y sabíamos que si cualquier nacionalidad exigía la separación, los marxistas rusos lucharían por conseguir que se le asegurase el derecho a la separación». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; En torno a la cuestión nacional en Yugoslavia, 25 de abril de 1925) 

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martes, 17 de septiembre de 2019

Lenin comentando a Kollontai en 1915 su opinión sobre el trotskismo y sobre las guerras...


«Estimada A. M.: Nos ha alegrado mucho la declaración de los noruegos y los esfuerzos realizados por usted en cuanto a los suecos. ¡Sería endiabladamente importante lograr una declaración internacional conjunta de los marxistas de izquierdas. Una declaración de principios es lo más importante y, por el momento, lo único posible.

A mi criterio, tanto Roland-Holst como Rakovski –¿vio su folleto en francés?– y como Trotski son todos «kautskistas», los más dañinos, en el sentido de que todos ellos, en diferente forma, son partidarios de la unidad con los oportunistas, todos, en diferente forma, embellecen el oportunismo, y todos ellos –de diferente forma– predican el eclecticismo en vez del marxismo revolucionario. 

Creo que su crítica del proyecto de declaración no muestra –si no me equivoco serias diferencias entre nosotros. Considero erróneo en teoría y perjudicial en la práctica, no hacer una distinción entre tipos de guerra. No podemos estar en contra de las guerras de liberación nacional. Usted cita el ejemplo de Servia. Pero si los servíos estuvieran solos contra Austria, ¿no estaríamos acaso en favor de ellos? 

El fondo del asunto ahora es la lucha entre las grandes potencias por el nuevo reparto de colonias y por el sometimiento de las pequeñas potencias. 

¿Una guerra de la India, Persia, China, eto., contra Inglaterra o Rusia? ¿No estaríamos nosotros en favor de la India contra Inglaterra, etc.? Llamar a esto «guerra civil» es inexacto, es una exageración evidente. Es sumamente perjudicial extender mucho el concepto de guerra civil, porque empaña la esencia del problema: una guerra de los trabajadores asalariados contra los capitalistas de un Estado determinado. 

Al parecer, son precisamente los escandinavos los que están cayendo en un pacifismo pequeñoburgués –y provinciano, kleinstaatisch–, al negar «la guerra» en general. Eso no es marxista. Hay que combatirlo, lo mismo que su repudio a la milicia». (Vladimir Ilich Uliánov, LeninCarta a A. M. Kollontai, 4 de agosto de 1915) 

domingo, 15 de septiembre de 2019

El espontaneísmo y los peligros que entraña


«1) Lenin señaló que el desviar a la clase obrera de la lucha política general contra el zarismo, reduciendo su misión en la lucha económica contra los patronos y el gobierno y dejando en pie e indemnes a unos y otros, significaba condenar a los obreros a eterna esclavitud. La lucha económica de los obreros contra los patronos y el gobierno es una lucha de tipo tradeunionista por lograr mejores condiciones de venta de la fuerza de trabajo a los capitalistas, pero los obreros no quieren luchar solamente por mejorar las condiciones de venta de su fuerza de trabajo, sino que quieren luchar también para destruir el mismo sistema capitalista, que los condena a la necesidad de vender a los capitalistas su fuerza de trabajo y de someterse a la explotación. (…) 2) Lenin señaló que el ensalzar el proceso espontáneo del movimiento obrero y el negar el papel dirigente del Partido, reduciendo su misión a la de mero registrador de los acontecimientos, significaba: predicar el «seguidismo» –ir «a remolque» de los acontecimientos–, predicar que el Partido debía marchar a la zaga del proceso espontáneo; convertirse en una fuerza pasiva del movimiento, apta solamente para contemplar el proceso espontáneo y abandonarse a su desarrollo automático. Preconizar esto equivalía a preconizar la destrucción del Partido, es decir, a dejar a la clase obrera sin partido o, lo que es lo mismo, a desarmar a la clase obrera. Y desarmar a la clase obrera en un momento en que se alzaban ante ella enemigos tan poderosos como el zarismo, armado con todos los medios de lucha, y la burguesía, organizada a la moderna y dotada de su propio partido que la dirigía en la lucha contra la clase obrera, equivalía a traicionar al proletariado. 3) Lenin señaló que el prosternarse ante el movimiento obrero espontáneo y rebajar el papel del elemento consciente, el papel de la conciencia socialista, de la teoría socialista, significaba, en primer lugar, burlarse de los obreros, que tienden hacia la conciencia como la planta hacia la luz, y en segundo lugar, desprestigiar a los ojos del Partido la teoría, es decir, el arma gracias a la cual el Partido tiene conciencia del presente y prevé el futuro, y en tercer lugar, hundirse total y definitivamente en la charca del oportunismo. (…) 4) Lenin señaló que los «economistas» engañaban a la clase obrera al afirmar que el movimiento espontáneo del proletariado podía engendrar una ideología socialista, pues en realidad ésta no brota del movimiento espontáneo, sino de la ciencia. Al negar la necesidad de inculcar en la clase obrera una conciencia socialista, los «economistas» allanaban el camino a la ideología burguesa, ayudándola a infiltrarse, a penetrar en la clase obrera, y por consiguiente, enterraban la idea de la fusión del movimiento obrero con el socialismo y prestaban un servicio a la burguesía». (Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética; Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1938)

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La teoría; Stalin, 1924

La teoría de la «espontaneidad» en la edificación socialista ; Stalin, 1929

El terrorismo espontaneista de los GRAPO; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


El clásico caso de organización de guerrilla espontánea, ecléctica y con fraccionalismos; Equipo de Bitácora (M-L), 2016

El espontaneismo y su lucha contra la teoría marxista-leninista y su partido

El leninismo sobre el factor objetivo y el factor subjetivo de la revolución

jueves, 12 de septiembre de 2019

La resolución de la cuestión nacional dentro de los regímenes democrático-burgueses son la excepción no la regla


«Semic quería decir con ello que Lenin consideraba la cuestión nacional un problema constitucional, es decir, no un problema de la revolución, sino un problema que debía ser resuelto con una reforma. Esto es completamente falso. Lenin no padeció nunca, ni podía padecer, ilusiones constitucionales. Basta examinar sus obras para convencerse de ello. (...) En la URSS también tenemos una Constitución, que refleja una determinada solución del problema nacional. Sin embargo, esta Constitución no ha nacido como fruto de un acuerdo con la burguesía, sino como fruto de la revolución triunfante. (...)  Acerca del programa nacional. El punto de partida del programa nacional debe ser la tesis relativa a la revolución soviética en Yugoslavia, la tesis de que, sin el derrocamiento de la burguesía y la victoria de la revolución, el problema nacional no puede ser resuelto de un modo más o menos satisfactorio. Naturalmente, puede haber excepciones. Una excepción de éstas se dio, por ejemplo, antes de la guerra, cuando Noruega se separó de Suecia, cosa de la que Lenin habla detalladamente en uno de sus artículos. Pero esto sucedió antes de la guerra y con una coincidencia excepcional de circunstancias favorables. Después de la guerra, y sobre todo después del triunfo de la revolución soviética en Rusia, difícilmente pueden darse casos como ése. De todas formas, las probabilidades para ello son ahora tan pocas, que pueden considerarse nulas. Pero, si es así, está claro que no podemos trazar el programa basándolo en magnitudes de valor nulo. Por eso, la tesis de la revolución debe ser el punto de partida del programa nacional». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; En torno a la cuestión nacional en Yugoslavia, 25 de abril de 1925)

domingo, 8 de septiembre de 2019

Un deslizamiento hacia las clásicas desviaciones basadas en un republicanismo pequeño burgués; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Ya que no nos gusta hablar por hablar, para demostrar el cambio significativo en la línea política del Partido Comunista de España (marxista-leninista) sobre todo a partir de 1986. En este apartado compararemos las ideas políticas de Joan Comorera, líder del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) durante 1936-1949 con el liderazgo de Elena Ódena en el Partido Comunista de España (marxista-leninista) durante 1964-1985, para comprobar una síntesis en muchas de las cuestiones.

Joan Comorera, esgrimiría tesis criticando a los autores de especulaciones ambiguas sobre la «república» y la «democracia», pedía una aclaración en torno a la dirección de las fuerzas que debía dirigir el nuevo régimen, así como sus bases político-económicas en lo programático: