«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

lunes, 21 de enero de 2019

Las enseñanzas de Stalin, guía luminoso para los comunistas españoles; José Díaz, 1940

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«Nuestro partido gozaba de autoridad y del apoyo de amplias masas. Y esto es natural puesto que el pueblo vio el valor y el heroísmo de los comunistas durante los inolvidables días de la defensa de Madrid, de Teruel y de las batallas del Ebro. El pueblo vio que el partido no se limitaba a corregir directivas y enseñanzas, sino que enseñaba el camino con el ejemplo. El PCE supo cómo comunicar su espíritu de autosacrificio y heroísmo a las masas. Durante las luchas ininterrumpidas, el PCE siempre mantuvo estrechos lazos con las masas. Por eso el PCE era amado por el pueblo español y continúa siéndolo. El PCE siguió una línea política justa durante la guerra nacional revolucionaria. Pero también cometió errores. El error principal de nuestro partido fue que frente a la amenaza de rebelión contrarrevolucionaria en Madrid –5 a 6 de marzo de 1939–, no la dio a conocer a las masas, y que no actuó tan enérgica y resueltamente cuando la rebelión ya estaba en marcha, tal como la situación difícil lo requería. Pero el partido siempre reconoció sus errores honradamente y esto contribuyó a fortalecer su prestigio y unión con las masas». (José Díaz; Las enseñanzas de Stalin, guía luminoso para los comunistas españoles, 1940)


Introducción de Bitácora (M-L)

En nuestra época, como ya expresamos, el legado del revolucionario sevillano José Díaz ha sido olvidado tanto por sus detractores como por sus pretendidos admiradores.

En este medio ya trajimos uno de sus documentos más importantes, su discurso en el VIIº Congreso de la Komintern de 1935, titulado: «Las luchas del proletariado español y las tareas del PCE», que a pesar de su notable importancia es desconocido para casi todo el público.

Más conocidas son los diferentes artículos y discursos de José Díaz concentrados en su compilación: «Tres años de lucha», publicado en 1947, el cual cuenta con una introducción de Santiago Carrillo, que en su versión de 1978 ya deja ver su verborrea eurocomunista haciendo notar diferencias fundamentales con el pensamiento del autor de la obra en cuestión.

En cuanto al presente documento de Díaz, es un breve artículo-reflexión sobre la influencia de Stalin en el pensamiento de los comunistas españoles de aquel entonces. Famosas fueron las palabras de éste último sobre el problema español al iniciarse la guerra civil.

«Al ayudar en lo posible a las masas revolucionarias de España, los trabajadores de la Unión Soviética no hacen más que cumplir con su deber. Se dan cuenta de que el liberar a España de la opresión de los reaccionarios fascistas no es asunto privativo de los españoles, sino la causa común de toda la humanidad avanzada y progresista». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Carta al Comité Central del Partido Comunista de España, 15 de octubre de 1936)

Esta obra de Díaz, puede encuadrarse junto a su otro artículo: «Lecciones de la guerra del pueblo español (1936-1939)» de 1940. Ambas pueden denominarse como uno de los pocos estudios que intentó hacer el Partido Comunista de España (PCE) de la transcendencia de la Guerra Civil Española, y de analizar las virtudes y defectos del partido en la misma. Recordemos que el PCE no abundaba de teóricos en exceso, el propio José Díaz sin ser un teórico per se, realizó este trabajo padeciendo una grave enfermedad y seguramente sacrificó parte de su salud en aras de realizar estos análisis y arrojar algo de luz ante la incapacidad manifiesta del resto de sus compañeros, que poco o nada aportaron a esta cuestión en los años venideros a la posguerra, y que se dedicaban más a eludir responsabilidades o a cargar las culpas en base a reticencias personales. Los otros trabajos de relevancia que cabe citar desde una óptica revolucionaria serían los escritos de Joan Comorera presentados ante la Komintern como su informe «La presencia de Cataluña en la guerra por la independencia» de 1939.

domingo, 20 de enero de 2019

La importancia del control del cumplimiento en las decisiones organizativas adoptadas



«La falta de responsabilidad personal, de control sistemático de las tareas y el temor a la autocrítica es origen de grandes dificultades en el trabajo de organización del Partido. Esas dificultades no se pueden vencer con resoluciones y disposiciones «generales». Esas dificultades se vencen elevando el nivel del trabajo de organización al nivel de dirección política. Como decía Lenin «Lo principal del trabajo de organización es la selección de hombres y mujeres y el control del cumplimiento de las decisiones adoptadas».

Con un buen control del cumplimiento de las decisiones adoptadas, los fallos y los errores serían en la mayoría de los casos evitados, o menores.

Uno de nuestros fallos habituales es la falta de control sistemático y riguroso de la ejecución de las tareas. Para asegurar ese control es necesario, entre otras cosas, que todas las organizaciones del Partido –es decir todos los comités del Partido a los distintos niveles– eleven informes periódicos sobre su actividad. Asimismo la dirección central deberá comunicar regularmente a las organizaciones del Partido todo lo concerniente a su actividad.

Sin ese control sistemático y riguroso de la ejecución de las tareas –acordadas en común y encomendadas por un órgano superior– nuestra organización de Partido nadará en el liberalismo, en la dejadez y desidia, la placidez inactiva y caerá en el liberalismo.

Asegurar el control de la ejecución de las tareas va ligado a redoblar nuestro sentido de la eficacia. El sentido de la eficacia está en la base del trabajo organizativo, sólo vinculando el sentido de la eficacia a la fidelidad, a los principios, se puede forjar un buen militante y un buen cuadro que combine la teoría con la práctica. De otro lado, sólo con un riguroso y eficiente control de la ejecución de las tareas es posible acrecentar el sentido de responsabilidad de los camaradas. Sin ese sentido de la responsabilidad no se puede implantar ni una cohesión monolítica ni una disciplina férrea ni una unidad de voluntad de todo el Partido, sino que se cae en el individualismo del obrar por cuenta propia.

Para que el control de las tareas cumpla sus fines son necesarias dos condiciones por lo menos: que el control sea sistemático y no episódico. Que el control del cumplimiento en todos los eslabones de las organizaciones del Partido esté dirigido por camaradas con suficiente autoridad, por los dirigentes mismos.

Las células y comités del Partido deben planificar sus tareas y fijarse objetivos concretos basados en las orientaciones políticas y en las tareas generales del Partido». (Elena Ódena; Notas para la escuela del partido, 1981)

viernes, 18 de enero de 2019

Las propuestas del errejonismo desde 2017


«La corriente errejonista: ha sido desde el principio la corriente más moderada en cuanto a planteamientos políticos, la más flexible en materia de programa y votantes, y la más «heterodoxa» comparada con el resto de fracciones. A sus inicios pudo pasar como casi inadvertida porque los pablistas concordaban con casi todas sus propuestas, de hecho, el Iº Congreso de Podemos de 2015, los medios registraban el triunfo de las tesis de Iñigo Errejon:

Errejón fue de aquellos  que empezaron con el autonomismo –variante del anarquismo–, el trotskismo, el movimiento antiglobalización y los enamorados con el «socialismo del siglo XXI» de Evo Morales, Hugo Chávez e incluso el neoperonismo de Cristina Kirchner, y de la «centrabilidad del tablero» de Ernesto Laclau, desde su entrada a Podemos demostró que aspiraba a hacer un Podemos que no solo sujetase cien banderas sino mil banderas ideológicas. Hizo suyo el mensaje de «ganar transversalidad» con el objetivo de intentar que Podemos se abriese a todo tipo de votantes de todas las capas de la población, de ahí su lema «una máquina de guerra electoral».

Sobre el futuro de la organización se presenta un modelo de partido que siendo sinceros con la historia mantiene la esencia de la primera época de Podemos de no posicionarse a la izquierda del tablero, sino «superar la idea de izquierda-derecha», de no ser un partido de polémicas y ruidoso, sino silencioso y ambicioso electoralmente:

«No necesitan «domesticarnos», les basta con arrinconarnos y dejarnos una cómoda y folclórica existencia en la esquina izquierda del tablero, fuera e impotente ante su reconstrucción del sistema político. (...) Podemos no puede «cavar trincheras, protagonizar protestas y endurecerse» para tratar de resistir hasta que haya elecciones. Eso es lo que quieren el PP y el PSOE, a quien «nada ha asustado menos» que «las minorías ruidosas», la «izquierda folclórica e impotente». (Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, 2017)

Mantienen que la coalición electoral con IU no es positiva, que viendo los resultados electorales se demuestra que:

«La confluencia con IU no pareció funcionar». (Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, 2017)

Y ante la posibilidad de la fusión orgánica con IU creen que deben evitarse a toda costa:

«Podemos tiene que mantenerse como organización autónoma e independiente. Estas tareas son moradas y nadie las va a hacer por nosotros». (Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, 2017)

Porque sería sellar su muerte política al encasillarse, pues ven la perspectiva de alianzas con otras organizaciones aunque no se autodenominen como tal:

«Nuestro objetivo es más ambicioso que la unidad de la izquierda, es la unidad popular y ciudadana en la que cabe la izquierda tradicional, pero va mucho más allá». (Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, 2017)

Sobre la postura respecto al PSOE se dice que deben acercarse a él no confrontarlo, y olvidar su pasado –pese a estar lleno de traiciones–, alude que esta postura es más bien del sector de IU o de los pablistas –de herencia de los eurocomunistas y anguitistas–:

«Abordar la relación con el PSOE de manera inteligente y laica ha sido siempre mucho más productivo para Podemos que la negación obsesiva y choque frontal. Esta posición se ha caracterizado por confrontar con el PSOE en los momentos y por las cuestiones menos oportunas, y ha dado alas a los sectores más inmovilistas para atrincherar a su gente frente al cambio político. No es una cuestión ideológica, es una cuestión de habilidad política. La relación de Podemos con el PSOE debe ser hábil, pues no puede desconocer su importancia histórica pero tampoco tomar decisiones en base a su existencia. No puede obviarlo pero tampoco subalternizarse de forma sistemática por definirse en relación a el. La obsesión con el Partido Socialista tiene más que ver con las deudas pendientes de una parte de la izquierda de nuestro país que con las pretensiones y aspiraciones que Podemos debe tener en esta nueva etapa. A Podemos no le toca elegir entre dilemas del pasado, no tiene que decidir entre ser el PCE o ser el PSOE: Podemos nació con una hipótesis que pateaba esos dilemas, a pesar de que desde el 20D las decisiones le hayan hecho escorarse en mayor medida hacia una de esas dos opciones. Si algo nos enseñó el 15-M, es la importancia de librar la batalla contra los privilegiados en un terreno nuevo». (Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, 2017)

Las caras más representativas del sector actual del errejonismo –que puede que con su derrota sigan los cambios de bando– son:

Pero también contamos con Rita Maestre: ex reportera del programa televisivo de Pablo Iglesias «La Tuerka» y representante de a conduce el actual y decadente feminismo burgués. También cuentan con Tania Sánchez: otra ex de Izquierda Unida y antigua pareja sentimental de Pablo Iglesias. Por otro lado tenemos a Luis Alegre, fundador de Podemos, primero de la corriente anticapitalista, luego pablista y ahora se le presenta como cercano a Errejón o más bien pablista pero enemigo de los pablistas, pues ha calificado a los pablistas bajo acusaciones de arribistas y conspiradores, advirtiendo a Pablo Iglesias de ello:

«Puede decirse que esto es lo que está pasando en Podemos. El actual equipo de Pablo Iglesias –que no conserva ya ni a una sola de las personas que le hemos acompañado desde el principio– entró en Podemos con un objetivo que sólo podía conducir a la destrucción del proyecto. Entraron tarde y entraron mal, con la intención de excluir a todos los que no formaran parte de su pandilla. No son más de 4 ó 5 personas, pero suficientes para dar al traste con todo. (...) No voy a negar que, desde mucho antes de que entraran en Podemos Rafa Mayoral, Irene Montero o Juanma del Olmo, ha habido comportamientos desleales contra Pablo. (...) Ahora, ya hay un partido –en guerra, pero un partido–, con sus inercias internas y sus dinámicas institucionales. (...) No querría reprocharme nunca haber estado callado mientras veía cómo un grupo de conspiradores estaba a punto de tomar el control de Podemos. Creo que esto es algo que va a ocurrir casi con seguridad, porque van a lograr parasitar a Pablo hasta destruir al organismo. Estoy seguro de que Pablo se dará cuenta un año o dos después de que le hayan matado los suyos, pero ya será tarde. No creo que este artículo cambie nada. Pero si las tareas imposibles nos paralizaran, no habría llegado nunca el día de montar Podemos. Y eso no va en el carácter de quienes comenzamos esta historia». (Luis Alegre; ¿Qué está pasando en Podemos?, 2 de febrero de 2017)

lunes, 14 de enero de 2019

Sobre la convivencia entre los diversos pueblos hispánicos

Artículo de Joan Comorera publicado en «Nuestra Bandera» en 1943

«Los problemas nacionales de España no son una ficción, son una realidad viva. Las monarquías austríaca y borbónica, las dos de origen extranjero y anti-españolas, quisieron crear a sangre y fuego, una España falsa, «unificada». La República encontró el verdadero cauce histórico, y con su política de autonomías político-administrativas, inició la etapa fecunda de reconstrucción de una España una y diversa, realmente unida por la libre voluntad de sus componentes. Franco y Falange han destruido la obra de la República, han pretendido, agravando al infinito los métodos terroristas de las monarquías austriaca y borbónica, exterminar todo espíritu, sentimiento o manifestación de tipa nacional en Cataluña, Euzkadi y Galicia. ¿Es que esos republicanos del alboroto, valiéndose de pretextos baladíes, se preparan ya para una República bastarda, que en vez de recoger su propia herencia para desarrollarla consecuente y valientemente, renieguen de ella para seguir las huellas sangrientas de los, austriacos, de los borbones y de los franquistas? 

Es preciso hablar claro, porque con las palabras y los actos de hoy, forjamos el mañana de una España recobrada. 

El terror franquista no ha liquidado los problemas nacionales de España. Los ha exacerbado. El hecho de que los pueblos catalán, vasco y gallego hayan relegado a un segundo plano sus reivindicaciones nacionales, para presentar un sólido frente único español a Hitler y a su quisling Franco, no quiere decir, ni mucho menos, que las hayan abandonado. El hecho de que los Partidos y organizaciones fundamentales de Cataluña no presentemos hoy a las fuerzas republicanas españolas ninguna cuestión de principio de tipo nacional, no quiere decir, ni mucho menos, que hayamos hecho abandono de nuestros programas. Los Partidos y organizaciones fundamentales de Cataluña, no son separatistas, pero todos tienen en su programa el principio de la autodeterminación. El movimiento nacional en Cataluña ha llegado a su plena madurez, porque es la clase obrera la que se ha incorporado a ella de manera resuelta y definitiva, porque es la clase obrera la que ha tomado en sus manos la bandera nacional, la que quiere resolver y resolverá este problema, no con el criterio anquilosado y reaccionario nacionalista, sino reafirmando su adhesión a los principies del internacionalismo proletario. Con esta realidad hay que contar hoy y mañana. Si algunos republicanos españoles, algunos pseudo-socialistas españoles, pretendiesen, después de la inevitable victoria sobre el nazi-fascismo y su apéndice falangista, con palabras nuevas y propósitos y métodos viejos, continuar una política de asimilación violenta que la experiencia de siglos ha demostrado cuan absurda y criminal es, cuan sustantivamente anti-española así se condenarían ellos mismos a la destrucción más completa. Porque los problemas que nos esperan en una España recobrada, no se resolverán con chistes malos, ni con vociferaciones de tertulias subsidiadas, ni por hombres incapaces de sacarse las telarañas del cerebro. Porque los obreros españoles, en la práctica consecuente del internacionalismo proletario, han encontrado ya el camino de la «convivencia», dejando el de la «conllevancia» a pedantes, parásitos y reaccionarios. 

Ortega y Gasset, hizo un daño atroz a la República, a España, cuando afirmó que los pueblos hispanos estaban, condenados a «conllevarse». Efectivamente, los pueblos hispanos se han «conllevado» bajo las corrompidas monarquías austríaca y borbónica. Volverían a «conllevarse», quizás, si ciertos políticos, que nada han aprendido antes y en el curso de la guerra, que no se han corregido en la excesiva comodidad de su emigración, sí esos discípulos de Ortega y Gasset, filósofo traductor al servicio de Franco y de Falange, tuvieran campo libre para repetir errores conocidos y agravarlos con nuevos ensañamientos. A la «conllevancia» de parásitos y aventureros, de demócratas aparentes y reaccionarios verdaderos, nuestros pueblos oponen su vehemente voluntad de «convivencia». Los pueblos de España han «convivido» cuando la República promulgó la Constitución de 1931, cuando los admirables obreros madrileños dieron la gran paliza a los «isidristas» catalanes que fueron a Madrid a pedir el guillotinamiento de la Generalidad de Cataluña, cuando el 6 de octubre de 1934 los catalanes se levantaron contra los filo-fascistas, cuando las juventudes catalanas corrieron a defender Madrid en las jornadas de gloria imperecedera de noviembre de 1936, cuando las juventudes castellanas vinieron al Ebro a defender a Cataluña y con ella a la República y la independencia de España. Los pueblos de España «conviven» hoy en la lucha sin cuartel contra Franco y sus pistoleros falangistas, contra Hitler y sus bandas de asesinos, mezclando su dolor y su sangre generosa por amor a un mismo ideal de una España libre, independiente, democrática, de pueblos fraternalmente unidos. Esta es y esta será su voluntad inquebrantable, pese a los separatistas del otro lado del Ebro, más poderosos que los nuestros, porque se apoyaban y apoyan en los intereses seculares de las castas parasitarias animan todas por los austriacos y los borbones, por el régimen terrorista franquista. 

No son mejores unos que otros. 

Nuestros separatistas –nos referimos a los auténticos, no a los provocadores–, están también en la pendiente reaccionaria. No planteamos con relación a ellos ninguna cuestión de principio. La idea separatistas es tan legítima como cualquier otra, en un régimen democrático y para los demócratas verdaderos. Los republicanos españoles están en su derecho al combatir la idea separatista, como lo estamos nosotros al proclamarnos no-separatistas. Pero la idea separatista no se combate con anatemas ni excomuniones, con reacciones a lo Poyo Villanova o con la pistola del falangista. No se combate oponiendo la voluntad del más fuerte a la voluntad del más débil. Se combate con el ejercicio pleno y sin reservas de la democracia. Cataluña, Euzkadi y Galicia, tienen el derecho indiscutible a ejercer su derecho de autodeterminación. Los demócratas españoles deben admitir este ejercicio libre del derecho de autodeterminación, no desconociendo que ello implica el derecho a separarse, a constituirse en Estados independientes. Es así como, rompiendo con un pasado de oprobio, siendo demócratas consecuentes, forjaremos una España unida, liquidaremos el separatismo de ambos lados del Ebro. Es así como ha surgido, desde el punto de vista nacional, la invencible y gloriosa Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas». (Joan Comorera; Los separatistas de uno y el otro lado del Ebro; Conferencia pronunciada en México, 1943)

Los intentetos de desligar al franquismo del fascismo

Franco, Hitler y Mussolini

«Entre los círculos intelectuales de la «izquierda» como Podemos se ha vuelto a poner de moda el reflexionar si algunas de las experiencias fueron fascismo o no. Véase las discusiones en el programa de Pablo Iglésias llamado Fort Apache.

Al franquismo se le ha intentado tachar «de régimen sin ideología», de «autoritarismo conservador», de «régimen autoritario», «régimen totalitario», de «dictadura sincrética» y una inifinidad de terminología vacía que en realidad quiere desligar al franquismo de su esencia fascista.

Más allá del intento de lavado de cara, lo cierto es que el fascismo español llamado «nacionalsindicalismo» de José Antonio Primo de Rivera, condensado en el partido Falange Española de las Juntas Ofensivas Nacional Sindicalista (FE de las JONS) fue la ideología adoptada por el franquismo, partido que en 1937 se fusionó con los carlistas de Comunión Tradicionalista (CT) dando lugar al partido único del régimen franquista: Falange Española Tradicionalista y de las Juntas Ofensivas Nacional Sindicalista (FET y de las JONS), también llamado Movimiento Nacional, al cual se sumaron a la fuerza los militares sin partido o las corrientes más extremistas del catolicismo. Más allá de las guerras internas entre las llamadas familias del régimen y más allá de los intentos del franquismo de barnizar su imagen radical en el momento de la derrota de los países fascistas en la Segunda Guerra Mundial, el fascismo fue la ideología fundamental del régimen franquista como se postuló en los artículos de la famosa Ley de Principios del Movimiento Nacional de 1958, que era básicamente una adaptación de algunos de los 9 puntos fundamentales de Falange Española creados en 1933. Véase nuestro documento «¿Acaso el fascismo español falangista era realmente una «tercera vía» entre capitalismo y comunismo?» de 2014. De igual modo los cargos y las materias relacionadas con la cuestión ideológica del movimiento siempre estuvieron bajo manos de los falangistas, incluso en el último periodo de decadencia, algo que no se suele mencionar.

Generalmente quién evita exponer esta documentación y estos clarividentes hechos históricos suelen ser personajes filofranquistas, que intentan embellecer a Franco separándolo de las similitudes con las teorizaciones y prácticas de Primo de Rivera, Hitler o Mussolini, para intentar no crear antipatías hacia él, sabiendo que el público los relaciona al fascismo y las consiguientes connotaciones negativas. De ahí que se haya definido el franquismo de mil maneras menos como es: un fascismo a la española.

¿Qué características tenía el fascismo fundamentalmente según Dimitrov?:

1) Se le puede definir como la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero.

2) Su advenimiento no es un simple cambio de un gobierno burgués por otro, sino la sustitución de una forma estatal de la dominación de clase de la burguesía –la democracia burguesa– por otra, por la dictadura terrorista abierta.

3) El fascismo logra atraerse las masas porque especula de forma demagógica con sus necesidades y exigencias más candentes. 

4) El fascismo no sólo azuza los prejuicios hondamente arraigados en las masas. 

5) El fascismo especula también con los mejores sentimientos de éstas, con su sentimiento de justicia y, a veces, incluso con sus tradiciones revolucionarias. 

6) El fascismo actúa al servicio de los intereses de los imperialistas más agresivos, pero ante las masas se presenta bajo la máscara de defensor de la nación ultrajada y apela al sentimiento nacional herido.

7) El fascismo aspira a la más desenfrenada explotación de las masas, pero se acerca a ellas con una demagogia anticapitalista, muy hábil.

8) El fascismo entrega al pueblo a la voracidad de los elementos más corrompidos y venales, pero se presenta ante él con la reivindicación de un «gobierno honrado e insobornable».

9) El fascismo capta, en interés de los sectores más reaccionarios de la burguesía, a las masas decepcionadas que abandonan los viejos partidos burgueses.

10) Impresiona a estas masas por la violencia de sus ataques contra los gobiernos burgueses, por su actitud irreconciliable frente a los viejos partidos de la burguesía.

¿Y que era el franquismo y las corrientes que dominaban en lo ideológico el régimen? Esto mismo. 

No hace falta comentar también a aquellos «ilustrados», historiadores, analistas políticos, catedráticos y demás figuras del espectro de la «izquierda» –keynesianos, estructuralistas, posmodernos y otros– que en pleno siglo XXI todavía pretenden decirnos que el franquismo, franco-falangismo o como quieran llamar al periodo de 1939-1975 no tienen que ver nada con el fascismo, porque según ellos «este rasgo le diferencia de este otro régimen en tal aspecto» o porque «éste otro rasgo está muy pronunciado y no se perfila en estos otros regímenes». Todo no se trata más que de palabrería insulsa, discusiones propias de escolástica moderna para intelectuales aburridos. Estas calificaciones artificiales desorientan y desarman a las masas sobre que es y no es fascismo, pues el franquismo lo cumple en demasía como para volver a debates estériles. 

Por tanto hay que entender de una vez que:

«Dejando atrás a todas las demás formas de la reacción burguesa, por su cinismo y sus mentiras, el fascismo adapta su demagogia a las particularidades nacionales de cada país e incluso a las particularidades de las diferentes capas sociales dentro de un mismo país». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo: Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

Tampoco hay que descuidar la necesidad de poner en tela de juicio las teorías de los ideólogos semianarquistas como se ha venido haciendo en este documento [con el PCE (r)], los cuales, dominados por la metafísica que creen que todo régimen que reprime es automáticamente tachado de fascista –¡como si en la democracia burguesa no se reprimiese!–, mención especial a aquellos que también creen que una vez instaurado el fascismo la burguesía no puede marchar hacia la democracia burguesa para salir de su crisis institucional –así lo creen pese a que se ha demostrado lo contrario en infinidad de países en las últimas décadas–. Estos señores comparten sin duda con los propios fascistas la falta del conocimiento y escaso dominio de la dialéctica». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)