«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 17 de enero de 2017

José Díaz y el problema nacional; Joan Comorera, 1942

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«La clase obrera, claro, tiene una concepción propia de la cuestión nacional, una concepción opuesta, inconciliable a la del reaccionario nacionalismo burgués. Nosotros profesamos la teoría nacional staliniana, los principios básicos son: el problema nacional es inseparable de la lucha por el aniquilamiento de la explotación capitalista; el derecho de autodeterminación de los pueblos es inalienable; la nación, en ejercicio democrático de su derecho, puede constituirse en Estado separado, puede unirse a uno u otro Estado, puede federarse con el Estado al que históricamente pertenece, y el respeto de esta voluntad nacional libremente expresada es obligatorio; todos los pueblos son iguales en derechos y los pueblos más avanzados tienen el deber de ayudar a los más atrasados a elevarse al mismo nivel; la unión libre de los pueblos iguales en derechos elimina toda posibilidad de opresión nacional, pone la nación al servicio de la humanidad y asegura la convivencia fraternal de los pueblos, la construcción de una vida pacífica, de bienestar progresivo y de libertad verdadera». (Joan Comorera; Carta abierta a Reyes Bertal, 1948)». (Joan Comorera; José Díaz y el problema nacional, 1942)


Introducción de Bitácora «(M-L)»

Este documento fue un tributo al por entonces recién fallecido –1942– José Díaz, Secretario General del Partido Comunista de España (PCE). El autor, Joan Comorera, comunista catalán, quiso recalcar el gran trato de José Díaz al pueblo catalán, y su compresión como marxista-leninista, respecto a la cuestión nacional.

Este artículo sería la verificación, una vez más, del acierto de la línea política del PCE y José Díaz antes, durante y después la Guerra Civil Española. En tanto, es en sí un recordatorio –a sus sucesores– para no olvidar este punto. También en este escrito se recordará un poco el nacimiento del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC), el cual tuvo un gran papel en la lucha antifascista desde 1936 a 1939; se aborda desde cómo se formó, en qué contexto; y sobre todo porque a diferencia de otros lugares, ya había logrado la agrupación de todos los partidos donde estaban disgregados los obreros catalanes bajo las normas marxista-leninistas, es decir, ya se había constituido el partido único del proletariado.

José Díaz tuvo mucha implicación en la reorganización del partido tras la fallida revolución de octubre de 1934, y en explicar a los camaradas catalanes la nueva táctica del VIIº Congreso de la Komintern de 1935, por entonces el PCE alineado a la misma. Si bien, hay que tener en cuenta el auxilio de José Díaz a los catalanes y esencialmente a su dirigente, Joan Comorera, éste último es quién tiene el mérito de haber conducido a tal partido, de pertrechar al partido no en una amalgama de ideas sino en la ideología marxista-leninista, inclusive en la tratamiento de la cuestión nacional catalana. Podríamos decir que su mayor mérito fue conducir a su pueblo –muy influenciado entonces por el nacionalismo burgués y el anarquismo– a través del PSUC en la lucha antifascista, tarea que cumplió de modo ejemplar tanto durante la guerra como después de la misma lo que permitió aumentar enormemente el prestigio de su partido y del marxismo-leninismo como fuerza conductora.

Precisamente Joan Comorera, sería una de las grandes figuras que defendieron el legado de José Díaz sobre la cuestión del problema de las nacionalidades. Sus escritos sobre Cataluña, sobre todo los publicados después de la guerra, emanan del mismo pensamiento que el del comunista sevillano:

«La clase obrera, claro, tiene una concepción propia de la cuestión nacional, una concepción opuesta, inconciliable a la del reaccionario nacionalismo burgués. Nosotros profesamos la teoría nacional staliniana, los principios básicos son: el problema nacional es inseparable de la lucha por el aniquilamiento de la explotación capitalista; el derecho de autodeterminación de los pueblos es inalienable; la nación, en ejercicio democrático de su derecho, puede constituirse en Estado separado, puede unirse a uno u otro Estado, puede federarse con el Estado al que históricamente pertenece, y el respeto de esta voluntad nacional libremente expresada es obligatorio; todos los pueblos son iguales en derechos y los pueblos más avanzados tienen el deber de ayudar a los más atrasados a elevarse al mismo nivel; la unión libre de los pueblos iguales en derechos elimina toda posibilidad de opresión nacional, pone la nación al servicio de la humanidad y asegura la convivencia fraternal de los pueblos, la construcción de una vida pacífica, de bienestar progresivo y de libertad verdadera». (Joan Comorera; Carta abierta a Reyes Bertal, 1948)

De hecho, el actual vació ideológico y las nulas perspectivas de clase por parte de los actuales partidos catalanes sobre la cuestión nacional pueden ser contraargumentadas con la siguiente reflexión del catalán:

«La separación por la separación es una idea reaccionaria, ya que en nuestro caso concreto, Cataluña, constituyéndose en un Estado independiente, saldría de una órbita de explotación nacional para caer dentro de otra igual o peor. (…) La separación por la separación no resuelve el problema nacional, porqué la continuidad del imperialismo comporta la opresión nacional, progresiva, incluso de aquellas naciones que un día fueron independientes y soberanas». (Joan Comorera; Carta abierta a Reyes Bertal, 1948)

La simpatía entre José Díaz y Joan Comorera era mutua:

«Nuestro camarada Comorera (Grandes aplausos y vivas al camarada Comorera). Jefe querido de nuestro partido hermano del pueblo catalán, como justo homenaje de nuestro partido a su política de unidad entre las fuerzas socialistas y comunistas». (José Díaz; Por la unidad, hacia la victoria: Informe pronunciado en el Pleno del Comité Central del Partido Comunista de España celebrado en Valencia, 5 al 8 de marzo de 1937)

Tras la muerte de José Díaz, el PCE quedó a cargo de una panda de aduladores, sentimentalistas, arribistas y chaqueteros dirigidos por Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri, y a causa de ello, y a diferencia de otros países, el revisionismo se coronó de modo temprano en los años 40. Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri no respetaron el estatus del Partido Socialista Unificado de Cataluña, y demandaron su absorción la cual se hizo oficial en 1954, con ello demostraron la poca consideración con las enseñanzas de su predecesor José Díaz respecto al PSUC y a la cuestión nacional. Finalmente el engendro revisionista en que fue convertido el PSUC se autodisolvería en 1987. Joan Comorera se opuso a este proceso, así como a los planteamientos revisionistas del binomio Carrillo-Ibárruri que dio pie a la estrategia de la «reconciliación nacional» que no era sino que la renuncia a la «lucha de clases» y a su agudización: la «dictadura del proletariado»:

«Nosotros, los obreros revolucionarios, los campesinos, los pequeño burgueses, los intelectuales progresistas, todos los patriotas, somos una parte integrante del campo antiimperialista y democrático, y nuestro deber es luchar para liberar al Estado español de las castas y las clases que lo monopolizan, hemos de dar término a la revolución democrática española. (...) Y entendamos, porque hoy, hasta Franco se califica de demócrata, no podemos dejarnos deslumbrar por la democracia formal. Debemos querer la forma y el contenido de la democracia. Hemos de arrancar las raíces de las castas parásitas, tenemos que dejar fuera del territorio al capital monopolista extranjero, tenemos que liquidar a los monopolios [nacionales] internos, que son sus cómplices e instrumentos. Debemos nacionalizar el suelo, el subsuelo, tenemos que nacionalizar bancos y seguros, transportes y otros servicios públicos, la gran industria y el comercio. Hemos de liquidar el parasitismo terrateniente y entregar la tierra a los campesinos que la trabajan, hemos de asegurar una vida digna y libre de la opresión económica explotadora a la pequeña burguesía y los campesinos medios. Debemos crear un verdadero Ejército Popular, un auténtico orden público popular, un régimen de igualdad absoluta entre los sexos y que asegure a la juventud y a la infancia una perspectiva ilimitada de progreso y bienestar. Debemos limpiar el Estado de los agentes y de los instrumentos de las castas y los capitalistas. Debemos reestructurar el Estado español, para que en la línea federativa, obtengan la realización plena los derechos nacionales Cataluña, Euskadi y Galicia. Y para consolidar la revolución democrática, desarrollar y marchar hacia el socialismo, debemos exigir que el nuevo Estado español, surgido de la revolución española, sea dirigido por la clase obrera y las masas populares». (Joan Comorera; Nuestro problema no comienza ni acaba en la persona de Franco: Carta Abierta a J. Navarro i Costabella, noviembre de 1948)

Sería pues a partir de 1949, con el objetivo de absorber el PSUC e imposibilitar extender la línea política marxista-leninista de Comorera, que el PCE de Carrillo-Ibárruri empezará una campaña de intrigas, sobornos, asesinatos y traiciones que acabarían con la expulsión de Comorera y sus seguidores bajo los epítetos de nacionalista, fraccionalista, e incluso de ser la versión titoista catalana, pese a que sus escritos y su visión de la cuestión nacional demostraban todo lo contrario, y Joan Comorera denunciara constantemente a Tito como un traidor chovinista. Sobra decir, que obviamente tales acusaciones eran una mera excusa del «carrillismo» para hacerse con el control del PSUC y eliminar cualquier oposición a sus propósitos.

Joan Comorera no abandonaría el marxismo-leninismo y seguiría escribiendo tras su expulsión; finalmente fue detenido en 1954, como muchos otros comunistas que operaban dentro de España, por la policía franquista cuando trabajaba para la reorganización de los comunistas en Cataluña.

Vale decir que el legado de Joan Comorera ha pervivido en la memoria de los marxista-leninistas, el legado de Carrillo-Ibárruri en cambio no lo quieren ni sus vástagos de lo vergonzante que resulta.

Notas:

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Los variados y pintorescos orígenes de Bandera Roja y sus nocivas influencias; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


«Bandera Roja (BR) es un partido político nacido en 1970. Sus militantes, como Rafael Vanegas, venían en su mayoría del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), un partido fundado en 1960 influenciado sobre todo por el revisionismo cubano y las tesis foquistas, este a su vez era una escisión de Acción Democrática, partido clásico del bipartidismo en Venezuela durante todo el siglo XX. Otros de los miembros de BR, como Carlos Betancourt, venían del Partido Comunista de Venezuela (PCV) conocido por mantener tesis browderistas en los años 30, del «revisionismo del socialismo del siglo XXI» en la actualidad; así como por su simpatía, amistad y «adecuamiento» con las tesis del revisionismo cubano y soviético.

Al igual que en Colombia, Perú, Argentina y otros países de la región. En Venezuela, debido a los regímenes imperantes, partidos como el PCV o el MIR se veían casi obligados a mantener una praxis de lucha armada –en concreto guerrillera–, tratándose casi de una cuestión de sobrevivir. Debido a las tradiciones y corrientes de moda y al desconocimiento del marxismo, esta violencia armada adolecía en la mayoría de los casos de la falta de un partido marxista-leninista de vanguardia que dirigiese a la guerrilla, no tomaba en cuenta las condiciones objetivas y subjetivas, a veces falta de influencia en las masa se cimentaba sobre el voluntarismo que acaba en putschismo o en terrorismo sin relación con las masas, se focalizaba solamente la lucha en el campo o sólo en la cuidad, y así un sucesivo etcétera de desviaciones. A consecuencia de los cambios políticos, y del propio carácter vacilante y oportunista de estos partidos, siempre aprovecharon cualquier oportunidad para retractarse del uso de la violencia y reenfocar su estrategia y fuerzas al parlamentarismo y el legalismo burgués, aceptando la democracia burguesa y sus medios como «vía pacífica al socialismo», una fórmula del revisionismo de tipo reformista que opera a favor de la burguesía y por tanto del capitalismo:

«La importancia de destacar este aspecto de la vida política revolucionaria está en que permite desenmascarar a los revisionistas y socialreformistas PCV y MIR, quienes luego de llamar a las armas en 1960, ya en 1965 levantan las tesis de que la lucha armada no tenía vigencia en el país y comenzaron a dar los pasos para obtener su legalización renegando del correcto y justo camino revolucionario de la lucha armada y de la experiencia histórica que esta lucha representa positivamente para la revolución. Los dirigentes traidores del PCV-MIR impregnados de la influencia pequeño burguesa manejaron una concepción exclusivamente militar y cuyo propósito era provocar bajo el estímulo de las guerrillas urbanas y rurales los alzamientos de cuarteles, despreciando a las masas a abrigar ilusiones en un camino que se inspiraba en el golpe militar de oficiales considerados como demócratas y patriotas. De manera que otra no podía ser la conclusión de una lucha que llevaba al Movimiento Popular a un rumbo que nada tiene de revolucionario y que colocaba al proletariado a la cola de la burguesía, quebrándole sus ímpetus de combatividad y luchas». (Bandera Roja; Entrevista Concedida a la Revista CAUSA ML por Una Delegación del Comité Político Nacional del Partido Bandera Roja de Venezuela, 1979)

En los miembros de Bandera Roja, al haber militado en uno o varios partidos revisionistas, muchos de ellos aún mantenían unos conceptos, tesis y enfoques herencia de aquellas organizaciones:

«Al producirse la división del MIR por los efectos de la dura lucha ideológica librada en su seno contra el oportunismo y el revisionismo, los sectores marxista-leninistas quedaron con la dirección del Frente Guerrillero Antonio José de Sucre, de cuyo núcleo nace nuestro partido. De manera que Bandera Roja se forma partiendo de un frente armado en el preciso momento cuando se levantaban las tesis aventurero-foquistas en América Latina por parte de los revisionistas cubanos, quienes contraponen el «foco guerrillero» a toda posibilidad del partido marxista-leninista para dirigir la guerra revolucionaria de masas; colocando el aspecto militar por encima del político, donde el accionar de la vanguardia militar aislada de las masas y supuestamente bajo el influjo voluntarista conduciría a las masas explotadas a una lucha revolucionaria. La fundación del Partido Bandera Roja echa por tierra en el plano teórico y práctico las concepciones foquistas-revisionistas porque ellas se sustentaban en bases antimarxistas. Era inevitable, y hoy es un problema comprensible, que por la fuerte represión ejercida por la reacción burguesa contra el movimiento revolucionario en general, se hiciera presente en nuestro Partido la inestabilidad de dirección, lo cual limitó el desarrollo en profundidad del trabajo teórico para poder atender las inmediatas exigencias organizativas planteadas. A esto se agregan las limitaciones teóricas, nuestro aislamiento de la clase obrera; cosas que permitieron que en el Partido anidaran concepciones erróneas que para enfrentar el reformismo reinante en el país levantaran banderas foquistas, intentando desarrollar una línea aventurera y sectaria. Eran la reminiscencia del foquismo que despreciaba la acción política de las masas y la adecuación de nuestra táctica a la situación concreta del período que nos tocaba enfrentar». (Bandera Roja; Entrevista Concedida a la Revista CAUSA ML por Una Delegación del Comité Político Nacional del Partido Bandera Roja de Venezuela, 1979)

Fruto de esto Bandera Roja sufrió y vio manifestarse en su seno muchas de estas tendencias, creándose los primeros conflictos fraccionalistas:

«Esta concepción se combatía internamente hasta que se perfiló como fracción e intentó mediante un complot tomar la dirección del Partido en marzo de 1976, cuando se desarrollaba el IV Pleno Nacional de Cuadros del Partido. En esta ocasión fueron desenmascarados como una camarilla que negaba la concepción del partido leninista, además en el plano estratégico, táctico y en la caracterización de la revolución venezolana planteaban tesis opuestas a la realidad del país y a los postulados definidos por el Partido desde su fundación. Esta lucha ideológica interna culminó con la expulsión de los fraccionalistas. Ella sirvió para fortalecernos y profundizar en la formación integral marxista-leninista del Partido; consolidó la unidad entre la dirección y la base; permitió combatir otras tendencias expresadas en el sectarismo, afirmó los principios de la comprensión y correcta aplicación del centralismo democrático despertando un franco sentido crítico, autocrítico a todos los niveles y acerando la democracia y la disciplina, al mismo tiempo que se combatió el espíritu de fracción. Al expulsar a los fraccionalistas el Partido perdió su Frente Guerrillero Antonio José de Sucre el cual estaba bajo la dirección de esa fracción. El IV Pleno Nacional de Cuadros, máximo organismo consultivo de nuestro Partido, trazó la tarea de reconstruir nuestro ejército lo que logramos un año después. El cumplimiento de esta tarea ha sido una importante victoria político-militar que permitió movilizar interna y externamente con todas sus fuerzas la capacidad, con la experiencia y la convicción marxista-leninista del Partido y su vinculación con las masas campesinas. Hoy tenemos el Frente Guerrillero Américo Silva (FAS) que ha seguido dando continuidad a nuestra política militar. A grandes rasgos y expresado aquí de manera muy apretada hemos intentado señalar algunos elementos que explican nuestra contribución en el combate contra el revisionismo y el foquismo en nuestro país». (Bandera Roja; Entrevista Concedida a la Revista CAUSA ML por Una Delegación del Comité Político Nacional del Partido Bandera Roja de Venezuela, 1979)

Como vemos, el nacer con la influencia del revisionismo cubano, le valió a Bandera Roja una práctica foquista inicial, una polémica interna y después una expulsión con la consecuencia de que ese grupo expulsado se llevó tras de sí al brazo armado del partido. Casi nada. Esto nos evidencia lo importante que es desde la fundación de un partido estar libre de todo mito nacional o internacional revisionista:

«Es por ello, que si uno quiere ser consecuentes a la hora de «bolchevizar» cualquier estructura, no se puede eludir responsabilidades ideológicas. Llega por tanto a ser ridículo querer eclécticamente unir figuras tan dispares como Marx y Bakunin, Engels y Lassalle, Lenin y Rosa Luxemburgo, Iósif Stalin y León Trotski, o Enver Hoxha y Mao Zedong, y ponerlos a todos sobre la base de que «todos eran grandes revolucionarios» de los que «se pueden extraer cosas buenas», o equiparar los presuntos errores cometidos por los primeros a los errores de gran calado de los segundos, que obviamente no son errores casuales, sino errores graves y continuos que tocan los principios más elementales del tesoro de la teoría y praxis de nuestra doctrina. El comunista que acepta el materialismo dialéctico como tal, debe tener un pensamiento crítico científico y a consecuencia de ello, tampoco debe cubrir los errores de las figuras a estudiar; sean estas marxistas o no, no debe de hacer esto por más que guarde un sentimentalismo hacia esa figura para llegar al núcleo de la verdad histórica y objetiva. Es por ello que quién realiza tal acción de idealizar a las figuras que tiene en simpatía y disimula u oculta sus errores cae en el antimarxismo. Quién hace esto cae en el idealismo; pues idealiza positivamente a esa figura en su cabeza, estigmatiza al resto y evita ponerla en evidencia, y en la metafísica; a la hora de separar y ocultar su teoría errónea y no compararla con el marxismo-leninismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Diferencias entre unidad entre marxista-leninistas y la unión ecléctica de pretendidos o simpatizantes de dicha doctrina, 2013)

En realidad, pese a las negativas consecuencias que Bandera Roja sufrió durante 1970-1976 por la influencia del revisionismo cubano, esta influencia nunca se barrió por completo –como veremos más adelante–, algo que recae como responsabilidad directa sobre sus líderes, bien por desconocimiento real de la doctrina marxista-leninista o por cobardía de enfrentarse a estos mitos de moda.

Sin salirnos del contexto, debemos apuntar que por aquel entonces el partido ya había perdido a gran parte de sus cuadros más importantes: Américo Silva, caído en combate en 1972, Jesús Márquez Finol, caído en combate en 1975, Vicente Contreras Duque, caído en combate en 1977, Tito González Heredia, asesinado en 1977. Como hecho: si miramos en el pasado de otras organizaciones de la época el resultado es similar. Esto demuestra «como se las gastaba» la burguesía y toda la reacción venezolana en el trato no solamente a los partidos y dirigentes marxista-leninistas, sino a cualquier revolucionario:

«Muchos destacados combatientes del movimiento marxista-leninista han sido bárbaramente asesinados por los criminales fascistas que están gobernando en muchos países, han muerto bajo la tortura policial, o siguen languideciendo en las oscuras mazmorras de la reacción. A través de su determinación, su coraje, su elevado espíritu de abnegación y su devoción a la gran causa del proletariado, se han convertido en brillantes faros para la lucha de las masas trabajadoras que trabajaban para la liberación nacional y social. (...) Su intachable imagen y vida revolucionaria vivirá en los corazones de todos los verdaderos patriotas y comunistas como un alto ejemplo de inspiración, de llamada a las armas en la lucha contra la burguesía sanguinaria y la reacción». (Enver Hoxha; Informe en el VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1976)

Estas bajas estarían en el núcleo de los desarrollos «zigzageantes» del partido en los años siguientes, ya que cuando los cuadros se estaban templando acaban presos o asesinados, lo que imposibilitaba que el partido tuviera unos líderes fuertes y formados ideológicamente; esto además facilitaba la inclusión en la organización de elementos ajenos a lo que debe ser un partido marxista-leninista: refiriéndonos a oportunistas, arribistas, sentimentalistas, provocadores y demás». (Equipo de Bitácora (M-L); Bandera Roja y MVTC: Un repaso histórico a las posiciones ultraoportunistas de Bandera Roja, y una exégesis sobre la deserción del MVTC y su disolución en Bandera Roja, Enero 2017)

La «orgullosa» promoción de la religión en Corea del Norte; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


«¿Cómo es tratada la cuestión religiosa en Corea del Norte? Muy sencillo, del mismo modo que otros revisionistas: ignorando la transformación ideológica de las masas trabajadoras, igual, por ejemplo, que hacen sus homólogos cubanos en la otra punta del mundo revisionista, que dan coba al cristianismo católico en su sociedad tras años y años de supuesto poder revolucionario, bajo un partido también supuestamente comunista. Corea del Norte y su pueblo, sufre la misma inoperancia de los revisionistas en este campo.

Los revisionistas coreanos llegan incluso a proclamar, que para que uno pueda entender su régimen, debemos entender las religiones que han imperado durante siglos allí:

«Para entender a Corea del Norte es necesario tener nociones de budismo, confucionismo y cultura tradicional, ya que el ideario político no contradice sino que está influenciado por esa sabiduría ancestral». (Boltxe; entrevista a Alejandro Cao de Benós, 23 de enero de 2013)

¿Se imaginan a Lenin proclamando que para entender a la Unión Soviética socialista debemos comprender los «aportes» del cristianismo ortodoxo; o a Enver Hoxha que para entender a la Albania socialista debemos entender al Islam?

El revisionismo coreano, vira al revisionismo chino, y como él, adoptaría en su día la idea de que al perpetuar la religión, tendría una herramienta que le haría más fácil controlar a las masas trabajadoras sin que cuestionaran el poder político recién adquirido:

«La religión había creado en China su propio culto, el culto del budismo, y ligándolo al culto de «Zhung Guo», desarrollaba y propagaba entre los chinos las teorías de Confucio. El budismo y el confucianismo suscitaron la xenofobia, al mismo tiempo que la megalomanía, por todo lo que era propio de los chinos, del «Zhung Guo». Todo estaba penetrado por esas concepciones religiosas y éticas. (...) Después del triunfo de la revolución, la cultura china no tuvo un desarrollo vigoroso, ni se procedió a depurarla de las viejas teorías regresivas y reaccionarias; no se echaron bases sólidas para conseguir una cultura nacional y revolucionaria. (...) Toda la cultura china estaba, y lo continúa estando, en las tenazas de la vieja cultura confuciana. Lo que los maoístas llaman «cultura revolucionaria». (Enver Hoxha; ¿Donde estaba y a donde va China?: Reflexiones sobre China, Tomo II, 1 de abril de 1976)

Es obvio, que estas ideas megalómanas, xenofóbicas, chovinistas, machistas, y demás que existen en Corea del Norte condensadas en la idea del «Juche» son consecuencia directa de la no eliminación de los remanentes ideológicos de las diferentes religiones y sus ideas reaccionarias. El proclamar que el «pensamiento «Juche» es la síntesis de la ideología progresista del la historia actual», que «el viento del Pacífico orienta la rueda de la historia», que «los coreanos son la única nación con pureza de sangre que descendiente del primer hombre», que «en Corea del Norte las masas se reúnen en torno al partido y al líder, siendo el primero la madre y el segundo el padre, y que el padre es el cabeza de familia en la sociedad», son la consecuencia directa de que Kim Il Sung y secuaces conscientemente no hayan eliminado la religión, a sabiendas de que esta iba a jugar un rol cardinal en la labor de engañar a las masas e implantar el «pensamiento «Juche».

Pasando a limpio, después de más de medio siglo de régimen revisionista, los norcoreanos reconocen que no han hecho ningún trabajo destacable en cuanto a promoción del ateísmo y visión científica del mundo, siendo la dirigencia beneficiada de esta ignorancia que las masas trabajadoras adquieren a través de la religión:

«Los partidarios de Kim Il Sung van aún más lejos con su fiebre anticomunista, ellos felizmente declaran que «existe libertad de creencia y práctica religiosa», en particular de la religión budista, que hasta a día de hoy ha influido considerablemente en Corea del Norte, principalmente en las clases explotadas y oprimidas. El budismo es una «teoría» totalmente falsa, reaccionaria, anticomunista, que extensamente ha sido utilizada por las clases explotadoras asiáticas para explicar y justificar la deplorable vida y las miserables condiciones de trabajo a través de la invención de historias sobre supuestas «vidas pasadas» que determinarían la situación de cada persona en la vida presente». (Internacional Comunista Stalinista-Hoxhista; ¡Abajo el revisionismo coreano!, 2013)

Desde el nacimiento del marxismo, sus ideólogos han sido claro respecto al papel de la religión y sus consecuencias directas en la conciencia de la clase obrera. Lenin tampoco auguró ninguna duda sobre el carácter de la religión, y su tóxica influencia ideológica en la conciencia de las masas:

«La religión es una de las formas de opresión espiritual que gravita por doquiera sobre las masas abrumadas por el trabajo incesante en bien de otros, por la pobreza y la privación. La impotencia de todos los explotados en su lucha contra los explotadores, origina inevitablemente la creencia de una vida mejor, después de la muerte, del mismo modo que la impotencia del salvaje en su lucha con la naturaleza, da origen a la creencia en los dioses, los diablos, los milagros, etc. La religión enseña a aquellos que se debaten toda su vida en la pobreza a que sean resignados y pacientes en este mundo, y los consuela con la esperanza de la recompensa en el cielo. En cuanto a los que viven del trabajo ajeno, la religión les enseña a ser «caritativos», suministrándoles así un justificativo a su explotación y, por decirlo así, un billete barato para el cielo. «La religión es el opio del pueblo». La religión es una especie de tóxico espiritual en el que los esclavos del capital ahogan su conciencia y adormecen su anhelo de una existencia humana decente». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Socialismo y religión, 1905)

Las esperanzas de la guerrilla de acceso del poder reciclándose en la democracia burguesa parlamentarista; Equipo de Bitácora (M-L), 2016


«Las FARC-EP, como otras guerrillas de su país, han intentado desde hace décadas acercar posturas a los respectivos gobiernos colombianos a través de diversos medios. El más sonado fueron las negociaciones que llevaron a las promesas de reformas y al altos el fuego de 1984–, negociaciones para la dejada de armas y su integración política –que incluían la creación de la organización legal de la Unión Patriótica en 1985–, pero el resultado siempre ha sido el mismo:

«Las «buenas intenciones» de Belisario Betancur y su Comisión de Paz, no bastaron para que el Régimen adoptara una posición consecuente con lo pactado en La Uribe. La confabulación del militarismo con los sectores más regresivos del Establecimiento puso en marcha sin sonrojo la «guerra sucia» conjugada en una operación exterminio que apuntó contra la Unión Patriótica y el Partido Comunista Colombiano en principio, para luego extenderse a todos los sectores de izquierda, al movimiento sindical, a dirigentes liberales y conservadores progresistas, a defensores de derechos humanos y, en fin, a representantes y voceros populares, contando sin duda con la complicidad inocultable del Presiente Betancur Cuartas». (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo (FARC-EP); El dialogo como alternativa de paz: una constante en la política de las FARC-EP, 29 de julio de 2007)

Llegados al siglo XXI dicha guerrilla inició una serie de negociaciones con el gobierno de Uribe en 2012 que se han prolongado hasta el actual gobierno de Santos. En los recientes comunicados de las negociaciones, se llegó al acuerdo de que:

«El Gobierno Nacional y las FARC-EP expresan su compromiso de contribuir al surgimiento de una nueva cultura que proscriba la utilización de las armas en el ejercicio de la política y de trabajar conjuntamente por lograr un consenso nacional en el que todos los sectores políticos, económicos y sociales, nos comprometamos con un ejercicio de la política en el que primen los valores de la democracia, el libre juego de las ideas y el debate civilizado; en el que no haya espacio para la intolerancia y la persecución por razones políticas. Dicho compromiso hace parte de las garantías de no repetición de los hechos que contribuyeron al enfrentamiento armado entre los colombianos por razones políticas. (...) Desarrollará un modelo de garantías de derechos ciudadanos y protección para los movimientos y partidos políticos, incluyendo el movimiento o partido político que surja del tránsito de las FARC-EP a la vida civil, organizaciones sociales, de derechos humanos y las comunidades en los territorios». (Acuerdo sobre cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo y dejación de las armas entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP, 23 de junio de 2016)

La guerrilla insiste especialmente que «ahora las condiciones están dadas para dejar las armas y garantizar al pueblo un ejercicio libre para cumplir sus anhelos». La cantinela que estamos hartos de oír de este tipo de grupos en este tipo de negociaciones. ¿Acaso ha cambiado algo la «médula» del gobierno o del sistema político colombiano que indique que esas condiciones están dadas? ¿No son los «falsos positivos» y «fosas comunes» de la era Uribe-Santos la evidencia fehaciente de que tales condiciones son inexistentes? La realidad muestra que no hay nada de nuevo en Colombia, pero las FARC-EP no tienen otro remedio que seguir con este falso argumento para justificarse antes sus miembros y simpatizantes, tanto domésticos e internacionales. Lo cierto es que las únicas «condiciones dadas» que han visto los líderes del FARC-EP han sido que han visto la oportunidad de firmar un acuerdo lo suficientemente generoso como para salir de su difícil situación de estancamiento y recesión que vienen sufriendo los últimos años, un compromiso lo suficientemente bueno antes de que la situación empeore y fuese demasiado tarde para negociar y el gobierno exigiese una rendición incondicional.

En una de las declaraciones de su líder Timochenko, dicen que ya aceptan todas las «reglas» del régimen en cuanto a participación política:

«Tenemos claro algo: nosotros no nos vamos a desmovilizar, nos vamos a movilizar políticamente. Vamos a dejar las armas a un lado y vamos a meternos en la lucha política, en las reglas del juego que tiene el régimen, a partir de que se implemente lo que se ha acordado en la mesa, para que se abra un poco ese espacio». (Semana; Entrevista a Timochenko, 30 de enero de 2016)

Preciosas declaraciones. Eso incluye una aceptación tácita del legalismo burgués. Recordemos a los dirigentes de las FARC-EP unas palabras que demuestran una evidencia histórica en cuanto a las llamadas «libertades democráticas» de la democracia burguesa, a la posibilidad del «tránsito pacífico al socialismo» en ella, a las ilusiones parlamentaristas para tal camino y otras tesis que han manejado:

«La burguesía y, junto a ella, los revisionistas modernos, hablan y hacen cálculos sobre las llamadas «libertades democráticas». En efecto, en cada Estado burgués denominado democrático, existen algunas «libertades democráticas» relativas. Decimos relativas, porque no rebasan jamás el límite de la concepción burguesa de la «libertad» y de la «democracia», porque llegan precisamente hasta el punto de no perjudicar los intereses vitales de la burguesía en el poder. Naturalmente, la clase obrera y los hombres progresistas aprovechan estas condiciones para organizarse, para difundir sus concepciones y su ideología, y preparar el derrocamiento de las clases explotadoras y la toma del poder. (...) Pero, también en las condiciones de las «libertades democráticas», se desarrolla una aguda lucha de clases, una lucha a vida o muerte, entre la revolución y la reacción, entre el proletariado y la burguesía. Si el proletariado y su partido se esfuerzan por consolidar sus posiciones, por su parte, la reacción y la burguesía no duermen. Por el contrario, valiéndose del aparato estatal burgués, de la policía y las fuerzas armadas, practicando la corrupción y la subversión, alimentando el oportunismo y las ilusiones reformistas y pacifistas en el seno de la clase obrera, etc., se preparan seriamente para consolidar sus posiciones y desbaratar a las fuerzas revolucionarias. (…) Cuando la burguesía y la reacción constatan que su poder está amenazado por la fuerza y el prestigio crecientes del partido comunista y del movimiento revolucionario de las masas, juegan su última carta: ponen en acción a las fuerzas armadas, organizan pogromos para aplastar y liquidar al movimiento revolucionario y a los partidos comunistas, como sucedió en Irán e Irak, y, recientemente, con los trágicos acontecimientos de Indonesia. En tales casos la reacción y la burguesía de un país dado han aprovechado directamente también la ayuda de la reacción mundial, incluso el apoyo de sus fuerzas armadas como ha ocurrido en la República Dominicana y otros lugares». (Enver Hoxha; El golpe fascista en Indonesia y las enseñanzas que extraen de él los comunistas, 11 de mayo de 1966)

Entonces ha de entenderse estos axiomas sobre las llamadas «libertades» y «derechos» en una democracia burguesa, ponemos esto a vista a propósito para que el lector se familiarice con estos principios marxista-leninistas y los tenga presente en sus actividades, pero no guardamos esperanza en que los líderes de las FARC-EP rectifiquen, sabemos que a ellos estos principios les son indiferentes, ya hace décadas que nadan en la charca del reformismo y no van a salir de ella.

En relación con esto y las llamadas «reglas del régimen» en el sistema electoral y las herramientas del poder político burgués como el parlamento, debemos decir también que:

«El parlamento burgués y sus elecciones, responden como tal, a herramientas de defensa de los intereses de la burguesía, sus mecanismos están dispuestos para que los partidos burgueses y de otras clases explotadoras tengan ventaja en tales elecciones al parlamento, sus partidos son apoyados en sus medios de comunicación y financiados por ellos, esta todo conformado precisamente para limitar las posibilidades de victoria del proletariado y las masas populares, de los verdaderos partidos comunistas. Esto tiene su respaldo científico: históricamente se ha comprobado que cuando no ya un partido comunista, sino un partido con ciertas perspectivas progresistas antifeudales, antimonopólicas, anticoloniales en su programa, y este llega al poder a través de la vía pacífica y parlamentaria no significa con ello el fin automático del poder político de la burguesía en ese país, ya que la burguesía sigue teniendo grandes cotas de poder político, en los ministerios, en la policía, en el ejército, y los refuerza gracias al poder económico que todavía alberga así como con la superestructura burguesa existente. Cuando tal gobierno progresista perjudica ciertas cotas de poder sobre todo en lo económico de algunas capas de las clases explotadoras locales y extranjeras –desde la gran burguesía extranjera, pasando por los terratenientes, kulaks o la burguesía nacional–, éstas activan todo su poder en el Estado que aún mantiene en sus manos, introducen todo tipo de presiones, incluyendo como recurso el golpe de Estado para derribar a tal gobierno; de hecho, no pocas veces hemos visto fracasar sangrientamente a gobiernos progresistas que simplemente intentaban aplicar desde meras reformas agrarias hasta medidas de nacionalizaciones contra empresas nacionales o extranjeras. Es decir, en el momento en que ciertas clases explotadoras se sienten amenazadas con razón o sin ella, y sientan que está amenazado su poder económico –es el sostén de su poder político y cultural–, estás no vacilaran en romper cualquier legalidad de la sociedad burguesa. Es por ello que los partidos reformistas y revisionistas han ido rebajando cada vez más su programa electoral por miedo a molestar a las capas de la burguesía más reaccionaria, de tal modo que terminan haciendo todo tipo de concesiones; y esta es la razón de que todos estos partidos oportunistas que hablan de «socialismo» y vía parlamentaria, realmente en caso de llegar al poder por vía electoral, lo harían con gran beneplácito de la burguesía, y lo harán como administradores del Estado burgués y no llegarán a tocar realmente el poder económico de la burguesía». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Es Alexis Tsipras el nuevo Enrico Berlinguer?, 2015)

Quién no entienda esto caerá tarde o temprano, como las FARC-EP, en una visión reformista del Estado, la lucha de clases, el socialismo etc. ¿Quiere decir esto que los marxista-leninistas negamos la lucha y participación en los parlamentos burgueses? Nadie que conozca algo de marxismo-leninismo diría tal cosa, seríamos izquierdistas sin cerebro como el holandés Anton Pannekoek y otros anarquistas que se disfrazaban de marxistas:

«Naturalmente, nosotros no estamos ni podemos estar en contra de la utilización del parlamento burgués a favor de los intereses de la clase obrera y su lucha. Sabemos que Lenin previno contra la «enfermedad infantil del comunismo», contra el extremismo «izquierdista» que negaba la imperiosa necesidad de la utilización del parlamento por los partidos comunistas para defender los intereses de la clase obrera, para desenmascarar a la burguesía y su poder, la falsedad de la democracia burguesa y para imponer a la burguesía medidas determinadas a favor de los trabajadores, etc. Sobre todo, en el periodo actual, cuando la burguesía ha rechazado la bandera de los derechos y libertades democráticas, esta bandera debe ser recogida por los comunistas. En las condiciones actuales de agravación excesiva de las contradicciones entre los grandes monopolios de una parte, y de todas las capas de la población, de otra parte, grandes posibilidades han sido creadas para la amplia utilización del Parlamento para llevar de manera vasta una lucha democrática y antimonopólica. Es por eso que, la lucha en el Parlamento y fuera de el, es sin duda, una tarea importante de los partidos comunistas en los países capitalistas de régimen democrático-burgués. Pero es indispensable, que luchando por la democracia y los derechos democráticos para los trabajadores, luchando por la utilización del Parlamento para los fines e intereses de la clase obrera, se realice entre las masas un trabajo de explicación contra la creación de ilusiones parlamentaristas peligrosas, para denunciar la falsedad de la misma democracia burguesa en las repúblicas burguesas más «democráticas», la falsedad del parlamentarismo burgués, para educar a las masas en un espíritu revolucionario de derogación de la falsa democracia burguesa y de su sustitución por la dictadura del proletariado, que es la verdadera democracia para las amplias masas del pueblo». (Zëri i Popullit; A propósito de las tesis concernientes al Xº Congreso del Partido Comunista Italiano, 18 de noviembre de 1962)

Este tipo de reivindicaciones ilusas que ahora vuelven a traer a escena las FARC-EP –y que en el pasado otras guerrillas protagonizaron– donde se olvidan el carácter de esa «democracia pura» que hablan y de ese Estado –creyendo que es neutral y está por encima de las clases–, es la clásica visión reformista y pacifista que ya hemos oído tantas veces. Pero es claro para cualquier marxista-leninista cuando ve este tipo de reivindicaciones reformistas:

1) El proletariado no puede dejar de tener su cuerpo militar bien para defenderse en las condiciones donde todavía no ha tomado el poder y porque debe ir curtiéndose en lo militar y preparar la toma de poder;

2) La participación dentro de los límites de la democracia burguesa no puede dar el anhelo al cambio político, económico y cultura que desea el proletariado, debe demoler toda la maquinaria del Estado burgués –el parlamento, los cuerpos represivos, las leyes burguesas, etc.– y crear un poder popular propio con su propio ejército popular, cambio al que la burguesía no estará dispuesta a contemplar de brazos cruzados ni de forma pacífica;

3) Cualquier reforma política que consiga el proletariado y las masas trabajadoras en el marco de la democracia burguesa debe ser una victoria de concienciación, un impulso para la revolución, que tomará en sus manos el poder político, y dependiendo del contexto y al ritmo debido todos los medios de producción acabando con el capitalismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Una reflexión necesaria sobre las FARC-EP, los acuerdos de paz y la historia de las guerrillas en Colombia, 2016)

Respuesta al camarada Aleksandr Ilich Notkin; Stalin, 1952


21 de abril de 1952
Stalin

Camarada Notkin:

No me he apresurado a contestarle, porque no considero urgentes las cuestiones planteadas por Ud. y con mayor motivo cuando hay otras cuestiones, de carácter urgente, que, como es lógico, me han tenido apartado de su carta.

Contesto por puntos.

Primer punto

En las «observaciones» figura la conocida tesis de que la sociedad no es impotente frente a las leyes de la ciencia y que el hombre, una vez ha llegado a conocer las leyes económicas, puede utilizarlas en interés de la sociedad. Ud. afirma que esta tesis no puede hacerse extensiva a otras formaciones sociales, que sólo puede regir en el socialismo y en el comunismo, y que el carácter espontáneo de los procesos económicos bajo el capitalismo, por ejemplo, no permite a la sociedad utilizar las leyes económicas en interés de la sociedad.

Eso no es cierto. En la época de la revolución burguesa, en Francia, por ejemplo, la burguesía empleó contra el feudalismo la conocida ley de la armonía obligatoria de las relaciones de producción con el carácter de las fuerzas productivas, dio al traste con las relaciones de producción feudales y creó unas relaciones de producción nuevas, las relaciones de producción burguesas, poniendo esas relaciones de producción en correspondencia con el carácter de las fuerzas productivas, que se habían desarrollado en las entrañas del régimen feudal. La burguesía no hizo eso porque tuviera dotes especiales, sino porque estaba vitalmente interesada en ello. Los feudales ofrecieron resistencia no porque fueran torpes, sino porque estaban vitalmente interesados en impedir la realización de esa ley.

Lo mismo debe decirse de la revolución socialista en nuestro país. La clase obrera utilizó la ley de la armonía obligatoria entre las relaciones de producción y el carácter de las fuerzas productivas, derrocó las relaciones de producción burguesas, creó unas relaciones de producción nuevas, las relaciones de producción socialista, y las puso en correspondencia con el carácter de las fuerzas productivas. La clase obrera pudo hacer eso no porque tuviese dotes especiales, sino porque estaba vitalmente interesada en ello. La burguesía, que había dejado de ser la fuerza progresiva que fuera en los albores de la revolución burguesa y se había convertido ya en una fuerza contrarrevolucionaria, se resistió por todos los medios a que esta ley fuese realizada, y no se resistió porque le faltase organización ni porque el carácter espontáneo de los procesos económicos la empujase a ello, sino, sobre todo, porque estaba vitalmente interesada en impedir la aplicación de esa ley.

Por consiguiente:

a) La utilización de los procesos económicos y de las leyes económicas en interés de la sociedad no sólo tiene lugar, en una u otra medida, en el socialismo y en el comunismo, sino también en las otras formaciones.

b) La utilización de las leyes económicas en la sociedad de clases tiene siempre y en todas partes un fondo de clase, con la particularidad de que el abanderado de la utilización de las leyes económicas en interés de la sociedad es siempre y en todas partes la clase avanzada, mientras que las clases llamadas a desaparecer se resisten a ello.

Aquí la diferencia entre el proletariado, de una parte, y de otra, las demás clases que en el transcurso de la historia han realizado revoluciones en las relaciones de producción, consiste en que los intereses de clase del proletariado se funden con los intereses de la aplastante mayoría de la sociedad, pues la revolución del proletariado no significa la liquidación de esta o aquella forma de explotación, sino la liquidación de toda explotación, mientras que las revoluciones de las otras clases, al liquidar solamente esta o aquella forma de explotación, no iban más allá del estrecho marco de sus intereses de clase, que se hallaban en contradicción con los intereses de la mayoría de la sociedad.

En las «observaciones» se habla del fondo de clase de la utilización de las leyes económicas en interés de la sociedad. Allí se dice, que «a diferencia de las leyes de las Ciencias Naturales, en las que el descubrimiento y la aplicación de una nueva ley casi no encuentra obstáculos, en la esfera económica el descubrimiento y la aplicación de una nueva ley, como ella afecta a los intereses de las fuerzas sociales llamadas a desaparecer, choca con la resistencia tenacísima de esas fuerzas». No obstante, Ud. no ha prestado atención a ello.

Segundo punto

Ud. afirma que la completa armonía entre las relaciones de producción y el carácter de las fuerzas productivas puede conseguirse únicamente en el socialismo y en el comunismo, y que en las demás formaciones sólo puede darse una armonía incompleta.

Eso no es cierto. En la época que siguió a la revolución burguesa, cuando la burguesía destruyó las relaciones de producción feudales y estableció las relaciones de producción burguesas, hubo innegablemente períodos en que las relaciones de producción burguesas armonizaban plenamente con el carácter de las fuerzas productivas. El capitalismo no hubiera podido, en caso contrario, desarrollarse con la rapidez con que se desarrolló después de la revolución burguesa.

Prosigamos. Las palabras «completa armonía» no deben ser comprendidas en sentido absoluto. No deben ser comprendidas en el sentido de que en el socialismo no existe ningún retraso de las relaciones de producción con respecto al desarrollo de las fuerzas productivas. Las fuerzas productivas son las fuerzas más dinámicas y más revolucionarias de la producción. Y marchan, en el socialismo también, indiscutiblemente, delante de las relaciones de producción. Sólo después de algún tiempo las relaciones de producción se transforman, adaptándose al carácter de las fuerzas productivas.

¿Cómo deben ser comprendidas en tal caso las palabras «completa armonía»? Deben ser comprendidas en el sentido de que en el socialismo, como regla, no se producen conflictos entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas, en el sentido de que la sociedad puede hacer, a su debido tiempo, que las relaciones de producción, que van a la zaga, se pongan en correspondencia con el carácter de las fuerzas productivas. La sociedad socialista puede hacer eso porque en ella no existen clases llamadas a desaparecer, clases que puedan organizar una resistencia. Naturalmente, en el socialismo habrá también fuerzas atrasadas, inertes, que no comprendan la necesidad de los cambios en las relaciones de producción; pero no será difícil, claro está, vencerlas sin llegar a conflictos.

Tercer punto

De sus razonamientos dimana que los medios de producción, y sobre todo los instrumentos de producción fabricados por nuestras empresas nacionalizadas, son considerados por Ud. como mercancías.

¿Se puede considerar que los medios de producción sean en nuestro régimen socialista mercancías? Yo pienso que no, de ninguna manera.

La mercancía es un producto de la producción que se vende a cualquier comprador, con la particularidad de que, al efectuarse la venta, el propietario de la mercancía pierde el derecho de propiedad sobre ella, y el comprador se convierte en propietario de la misma y puede revenderla, empeñarla, dejar que se pudra. ¿Se puede definir así los medios de producción? Claro que no. En primer lugar, los medios de producción no se «venden» a cualquier comprador, no se «venden» ni siquiera a los koljóses; son distribuidos por el Estado entre sus empresas solamente. En segundo lugar, el Estado, dueño de los medios de producción, al entregárselos a una u otra empresa, no pierde, ni mucho menos, el derecho de propiedad sobre esos medios de producción; por el contrario, lo conserva plenamente. En tercer lugar, los directores de las empresas, al recibir del Estado medios de producción, no sólo no se convierten en propietarios de esos medios, sino que, por el contrario, son confirmados como mandatarios del Estado Soviético para dirigir el empleo de los medios de producción, de acuerdo con los planes establecidos por el Estado.