«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 21 de junio de 2019

Reconstrucción Comunista aspira a ser el nuevo PCE (r); Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«Desde el principio estas organizaciones han mostrado demasiados puntos de coincidencia. Solo la lucha de egos y sobre todo la especial enemistad del Secretario General de Reconstrucción Comunista (RC) Roberto Vaquero con el Partido Comunista de España (reconstituido) Arenas ha impedido que se produzca una amistad o fusión entre estas dos organizaciones revisionistas de marcada tendencia maoísta, aunque en el futuro no podemos descartar alianzas y fusiones. Algo que no sería raro, pues en RC hemos visto contraer varias alianzas con los colectivos maoístas del panorama nacional –KILMETZ u Odio de Clase, viejos exmilitantes del PCE (m-l)– cuando han pretendido que podían ganar ciertas simpatías aunque fuese del público revisionista con menos concienciación. Su estancia en la ICOR es el mayor ejemplo de esa política oportunista de «vender los principios por un plato de lentejas» [1].

Hemos de hacer una introducción antes de ver las similitudes.

Tras unos inicios donde RC hacía propaganda en favor del PCE (r), a después donde se rompieron todas las relaciones y simpatías, la intención de Roberto ha sido desde entonces desbancar al PCE (r) para ocupar su lugar. Más aún, sabemos que no es muy inteligente en sus desarrollos, pero creemos que lo suficiente como saber que los simpatizantes trasnochados del PCE (r) son el mejor público donde pescar nuevos incautos por sus características lumpemproletariado y semianarquistas.

RC nunca llegó a hacer una crítica seria y completa del PCE (r) y sus mitos, sino una ocasional, incompleta y muy endeble para ser tomada como referente. En más de siete años de existencia de RC apenas le ha dedicado un par de artículos de 5 o 10 páginas, lo que denota la poca capacidad de RC para refutar a partidos históricos del revisionismo como el PCE (r). Al respecto, en nuestra obra: «Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO» de 2017, dedicamos al PCE (r) un extenso y contundente análisis soportado con datos, documentos suyos y de terceros, analogías y argumentos de autoridad para desmontarlos como es debido, ya que si fuera por lo que hace RC u otros partidos presuntamente anti-PCE (r), la gente seguiría tragándose su mito sin problemas. ¡No descartamos, que mágicamente RC vuelva a hacer un refrito de nuestra obra y se saque de la chistera un nuevo documento contra el PCE (r)! De estos pobres plagiadores de poca monta nunca se sabe [2]. Volvamos al tema.

Al poco tiempo tuvo que cambiar de táctica respecto al PCE (r), y ese fue uno de los puntos que hizo que RC empezara a renegar a parte de su maoísmo –en la teoría–, creyendo que con ello les sería más fácil luchar contra el PCE (r), intentando desmarcarse y presentarse como «verdaderamente revolucionarios, libres de toda tendencia revisionista», pero aun así, no consiguieron nada de esto, aún así la desmaoización oficial fue también parcial, pues siguieron manteniendo en sus charlas que existe «una época de Mao marxista-leninista», militando en la ICOR y proclamando que los «movimientos maoístas son revolucionarios» y buscando el acercamiento de los maoístas más flexibles dentro del panorama español.

Otra táctica de RC para atraerse a la gente cercana al PCE (r) ha sido su constante apoyo a Rojava como «proceso socialista» –como ya dijimos– con el objeto de captar la atención de la gente del PCE (r) que veía en Donbass las mismas ilusiones «antiimperialistas» y «socializantes» de los tercermundistas confusos. Y también fracasaron. 

Roberto también ha intentado enfrentar a los más maoizados dentro de RC y solo ha logrado como resultado el transfuguismo de esos militantes, haciéndose maoístas de la línea «reconstitucionalistas» [3]. La salida de esos militantes dejaron a su marcha una militancia confusa y con mil dudas sobre el maoísmo, ya que la cúpula no tiene capacidad para confrontarlos y calla cualquier duda que ponga en duda las contradicciones existentes en la presunta lucha contra el maoísmo.  

Así que, como hemos observado, las malas dotes de persuasión de Roberto, y el caciquismo que lleva en vena, ha impedido cualquier acercamiento y persuasión de la gente infectada por el mito del PCE (r), siendo las peleas lo único que hasta ahora han conocido los miembros y seguidores de uno y otro bando.

Pasado un tiempo, pese a su inquina mutua, RC a lo único que va encaminada es a ser una copia, su mala copia, la «marca blanca» del PCE (r). Esta es una paradoja que muchos nos han pedido que analicemos y así haremos. Veamos en que convergen.

La historia de la puesta en escena del PCE (r) en los 70 del siglo pasado, su desgaste en los 80 y 90, y la consiguiente aparición de RC en el nuevo siglo XXI, puede resumirse en que:

«La retirada de un gran charlatán, frecuentemente da ocasión para que aparezca otro de menor cuantía, pero hábil, para vender los productos del otro, bajo una nueva marca». (Friedrich Engels; Anti-Duhring, 1878)

Hay varios rasgos que comparten estas dos organizaciones desde la fundación de cada una, que evidencian que parten del mismo tronco antimarxista.

La filosofía de la Edad Media; O. Trajtenberg, 1942





«La filosofía de la Edad Media.

I

Sobre los escombros de la formación esclavista comienza a formarse en los siglos V y VI en la Europa Occidental la sociedad feudal. Finaliza en la historia europea el período Antiguo y comienza el de la Edad Media. El régimen feudal alcanzó su florecimiento entre los siglos X y XV.

«Bajo el régimen feudal, la base de las relaciones de producción es la propiedad del señor feudal sobre los medios de producción y su propiedad parcial sobre los productores, sobre los siervos, a quienes ya no puede matar, pero a quienes sí puede comprar y vender. A la par con la propiedad feudal, existe la propiedad personal del campesino y del artesano sobre los instrumentos de producción y sobre su hacienda o su industria privada, basada en el trabajo personal. Estas relaciones de producción se hallan, fundamentalmente, en consonancia con el estado de las fuerzas productivas durante este período. El perfeccionamiento progresivo de la fundición y elaboración de metales, la difusión del arado de hierro y del telar, los progresos de la agricultura, de la horticultura, de la viticultura y de la fabricación de aceite; la aparición de las primeras manufacturas junto a los talleres de los artesanos; tales son los rasgos característicos del estado de las fuerzas productivas durante este período.

Las nuevas fuerzas productivas exigen que se deje al trabajador cierta iniciativa en la producción, que sienta cierta inclinación al trabajo y se halle interesado en él. Por eso, el señor feudal prescinde de los esclavos, qué no sienten ningún interés por su trabajo^ ni ponen en él la menor iniciativa, y prefiere entendérselas con los siervos, que tienen su propia hacienda y sus herramientas y se hallan interesados en cierto grado por el trabajo, en la medida necesaria para trabajar la tierra y pagar al señor en especie, con una parte de la cosecha.

Durante este período, la propiedad privada hace nuevos progresos. La explotación sigue siendo casi tan rapaz como bajo la esclavitud, aunque un poco suavizada. La lucha de clases entre los explotadores y los explotados es el rasgo fundamental del feudalismo». (Stalin. Sobre el materialismo dialéctico e histórico. «Cuestiones del leninismo», versión española, Moscú, 1941, págs. 659 y 660)

El nivel de la cultura, particularmente durante los primeros tiempos de la Edad Media, era extremadamente bajo. Pero la Edad Media no fue, de ningún modo, «una simple interrupción en el curso de la historia». Durante el período de la Edad Media, aunque muy lentamente, avanzó el desarrollo económico y político de la sociedad y, en consonancia con ello, también progresó la cultura. El movimiento ideológico de esta época reflejaba la encarnizada lucha de clases de los campesinos y vecinos contra los feudales eclesiásticos y seculares, y también las contradicciones existentes entre los diversos grupos dentro del propio campo de la clase explotadora.

martes, 18 de junio de 2019

El triunfalismo en los análisis y pronósticos del PCE (m-l); Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Sin duda otro de los históricos grandes errores de los partidos comunistas fue el hecho de sobrestimar sus fuerzas, de alardear de éxitos que no son tales, o de pronosticar una crisis insalvable para el régimen que nunca llegaba a ocurrir.

Esto ya fue visto anteriormente con aquellos análisis que sobreestimaban la fuerza del partido y la adhesión de las masas a una línea revolucionaria. Véase el capítulo: «El PCE (m-l) y las acciones armadas del FRAP de 1973-1975».

Pero esta sobreestimación y triunfalismo, también se manifestaría en otras esferas como veremos ahora.

En su momento, el propio PCE (m-l) denunciaba que:

«El izquierdismo se manifiesta además, entre otros aspectos, a través de la fraseología revolucionaria y de su reiterativa utilización, que no es sino una exageración verbal con el fin de ocultar una incomprensión y una mala asimilación del proceso revolucionario». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

¿Pero evitó esto que advertía con tanta vehemencia? Para nada:

«Con el alto porcentaje de votos del pueblo a favor de las candidaturas con etiquetas de izquierda y a favor de las candidaturas republicanas encabezadas por nuestro partido, con una derrota política, por tanto, de las fuerzas monárquicas, se cierra la fase constitucional de la maniobra continuista. Lógicamente debería haber salido fortalecida de este gran esfuerzo de mimetismo parlamentario y democratizante. No ha sido así, sin embargo, todo lo contrario». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

En un documento histórico desconcertante como este, aquí el PCE (m-l) afirmaba que la monarquía y la reacción en general, no salían fortalecidas tras las elecciones generales del 1 de marzo de 1979 y las municipales del 3 de abril de 1979. ¿En que se basaban? No lo sabemos y sinceramente es una conclusión ridícula donde las haya. 

La Unión de Centro Democrático (UCD) de Suarez obtuvo 6.268.593 votos lo que equivalía a un 34,84%, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Felipe González unos 5.469.813 votos que equivalía a un 30,40%, el Partido Comunista de España (PCE) de Santiago Carrillo obtuvo 1.938.487 un 10,77% y Coalición Democrática (CD) de Manuel Fraga 1.088.578 un 6,05%.

En la sección de «otros partidos», se registra a una serie de partidos secundarios en cuanto a votos que entre todos ellos obtuvieron 1.962.990, un 10,93%; aquí se contaban partidos fascistas, nacionalistas, maoístas y también al propio PCE (m-l). La Unión Nacional (UN) de Blas Piñar con 378.964 votos, con el 2,11%. El Partido Nacionalista Vasco (PNV)  de Xabier Arzalluz obtuvo 296.597 votos con un 1,65%. Herri Batasuna (HB) de Francisco Letamendia 172.110 votos, un 0,96%. Convergencia i Unió (CIU) de Jordi Pujol obtuvo 483.353 votos, un 2,69%. El Partido del Trabajo de España (PTE) con 192.798 votos, el 1,07%. La Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT) con 127.517 votos, el 0,71%. Y podríamos seguir.

Entre las candidaturas del PCE (m-l) de coalición bajo Izquierda Republicana (IR), ¡que tan solo obtuvieron 55.000 votos en las generales de marzo de 1979! ¡¡¿Dónde está el triunfo si más del 90% del electorado votó a favor de grupos que habían aceptado la monarquía, la colaboración y la reconciliación nacional como la UCD, el PSOE, el PCE, la CD, CIU, el PNV, la UN, el PTE, la ORT etc.?!!

sábado, 15 de junio de 2019

La teoría feminista de la paridad


«Vale decir que la teoría de la «paridad» abandera por diversas ramas del feminismo promueve un equilibrio obligado en el número de hombres y mujeres en temas como puestos de poder, una «discriminación positiva» bajo la excusa de que así es como se resolverá la desigualdad entre el hombre y la mujer en la participación en la política, la incorporación al tejido productivo o el acceso a la cultura. Pero las leyes de paridad no es sino una muestra de caridad de la burguesía hacia la mujer que queda muy bien de cara a la galería, igual que ocurre cuando la burguesía agita la bandera y el espíritu de la beneficencia hacia los pobres, pero no resuelve nada, es un parche, una solución superficial que deja intacto el problema que origina la desigualdad de la mujer en ciertas ocasiones. 

Colocar sin más a una mujer en un cargo por el mero hecho de ser mujer es un acto que puede suponer que dicho elemento finalmente desempeñe correcta o notablemente su función para el cargo, sin que ello quite que el momento de su selección se puso por delante su sexo en detrimento de su habilidad. Por otro esta situación también puede dar el caso de que se ponga en un aprieto a un sujeto femenino no cualificado abriendo la posibilidad a un futuro mal desempeño que finalmente sucede, un error de desempeño que será producido no porque biológicamente o intelectualmente la mujer sea inútil, sino porque en este caso el motivo sexual fue el requisito principal para su selección, siendo su formación requerida un aspecto de segundo orden. Esto supone además, denegar el acceso a otra persona más cualificada solo por el hecho de tener otro sexo, discriminación que aleja a los sistemas democrático-burgueses de la tan cacareada «meritocracia» que dicen que es signo de «salud democrática».  

Queda claro pues que este tipo de leyes basadas en la paridad solo se fijan en el sexo del individuo no en sus capacidades. Muchas de las sociólogas dirán que no se puede implantar una meritocracia en medio de un sistema que no es democrático o al menos no cien por cien democrático con la mujer, a lo que estamos de acuerdo, pero no estamos de acuerdo con que la solución sea poner una medida draconiana como la «discriminación positiva», que se ha mostrado tan absurda e idealista, como ineficaz. La doctrina comunista no aboga por regalar la igualdad a la mujer en un acto de piedad creyendo que es una criatura inferior, sino que se esfuerza por ver cuál es el estatus de la mujer y donde se halla el problema de la desigualdad, así una vez identificando se lucha por deshacer esa desigualdad a través de transformaciones materiales socio-económicas que brinden una igualdad material real entre hombres y mujeres, no se pierde el tiempo planteando ideas y leyes inútiles que se ocupan de aliviar parte del problema pero dejan intacta la raíz del mismo. Los comunistas son consientes de que no hay que regalar puestos ni a hombres ni a mujeres por cuestiones de sexo, ni de etnia y otros motivos, sino que se debe ofrecer una igualdad de oportunidades para trabajar, formarse intelectualmente y acceder a la cultura, que para ello es necesario que tras la toma de poder político por el proletariado se implante un nuevo modelo económico basado en la propiedad social, para que así finalmente cada individuo pueda optar a diferentes puestos estando realmente en igualdad de oportunidades sin distinción de oportunidades directa o indirecta por sexo o clase como ocurre en el capitalismo. De otra manera si tomásemos como modelo la paridad de puestos burguesa, sin resolver el problema del modelo político-económico del capitalismo, y damos puestos en favor de mujeres en sociedades patriarcales o con reminiscencias del mismo, nos toparemos con el problema de que en caso que un miembro seleccionado por su sexo bajo la paridad ejerza mal su puesto, se estará incurriendo en un perjuicio para la sociedad en general y entorpeciendo indirectamente además, el trabajo encaminado a buscar la igualdad con ese colectivo, porque como consecuencia se retroalimentarán los mitos y prejuicios negativos del patriarcado sobre la imposibilidad de que la mujer gestione bien puestos de responsabilidad.

La teoría de la paridad es una teoría de género más que olvida la cuestión de clase, en sus exposiciones jamás profundiza en las diferencias entre la opresión que sufre una mujer trabajadora y una mujer burguesa, una explotadora y una explotada. De hecho que las trabajadoras hayan adoptado el discurso del feminismo hegemónico –claramente manipulado por intelectuales burguesas– y una de sus mayores preocupaciones reivindicativas sea el llamado «techo de cristal» –y en concreto el referido a optar al mismo número de sillones en los grandes puestos en empresas que los hombres–, evidencia hasta qué punto el feminismo es un movimiento burgués o a lo sumo interclasista, es decir, que arrastra a las mujeres a interesarse, preocuparse e identificarse en la lucha referida a su colectivo sexual, pero a eludir, a suprimir consciente o inconscientemente la cuestión de clase, la lucha de clases que se forja frente a sus ojos.

Todo esto no lo decimos por decir, si miramos las teorías y leyes impulsadas por los socialdemócratas –ahora más bien neoliberales– del PSOE, se dice en su periódico afín:

«Las acciones positivas son medidas a favor de las mujeres, para corregir situaciones patentes de desigualdad respecto a los hombres, que adopta la Administración para hacer efectivo el principio constitucional de igualdad. Obviamente, estas medidas se utilizan en tanto existan las situaciones mencionadas y tienen que ser razonables y proporcionadas en relación con el objetivo. Un ejemplo de acción positiva es la propuesta de cambio, en la Ley de Régimen Electoral General para conseguir una composición equilibrada entre mujeres y hombres en las listas electorales, de forma que las personas de cada sexo no superen el 60%, ni sean menos del 40%». (El País; La ley de igualdad, 14 de septiembre de 2006)

Como vemos aquí se habla de introducir sí o sí a las mujeres en puestos políticos pero poco se dice de cuál es el problema de origen que provoca tal desigualdad. Por esa misma lógica si lo llevásemos al tema de desigualdad económica, ¿no habría que garantizar un 40% de puestos políticos para los que ganasen el salario mínimo? O en tema de exclusión étnico-cultural, ¿no sería lícito también garantizar un mínimo de representación para las minorías étnicas? Como se ve, el discurso se les podría volver en contra con facilidad.

¿Pero al menos los resultados de estas medidas ponen freno a la desigualdad que sufre la mujer en la sociedad? Ni mucho menos. El garantizar puestos para la «mujer» en abstracto, no supone una mejora de la situación económica-cultural de la mujer trabajadora, ni tampoco influye en su participación en la política. Son cuestiones diferentes pero de aparente relación. ¿Acaso para la mujer trabajadora ha supuesto un bienestar en sus derechos laborales o salariales la existencia de mujeres en el PSOE, como Teresa de la Vega, que siendo Vicepresidenta del Gobierno apoyó la reforma laboral de 2010 que vaciaba el listado de derechos de las trabajadoras en favor de los empresarios y las empresarias? ¿La presencia Carmen Chacón ha alejado a las mujeres españolas de la participación de ellas, sus cónyuges e hijos en las guerras y tramas imperialistas españolas que han seguido sucediendo por todo el globo? ¿Se ha solucionado el problema de vivienda para las mujeres casadas y solteras por el hecho de que Beatriz Corredor haya ocupado el puesto referente a esto como es ser Ministra de Vivienda? ¿Acaso Mercedes Cabrera impulsó una visión de la Educación menos aburguesada o logró unas tasas de abandono escolar menos vergonzantes que sus sucesores? ¿No tenemos el mejor ejemplo de disfuncionalidad en Presidentas de Comunidad como Susana Díaz, con hasta un 20% de desempleo, cuyo desempeño está por completo alejado del problema de la mujer y su estatus? Podríamos citar la «grandísima labor» de otras mujeres del PP como Esperanza Aguirre, Dolores Cospedal, Ana Botella, Cristina Cifuentes, Rita Barberá, pero creo que el lector nos ha entendido de sobra.

Todas estas mujeres en parte han sido impulsadas gracias a las llamadas «leyes de igualdad». Y bajo la propaganda en los medios burgueses se ha anunciado que «se ha conseguido una igualdad real entre el hombre y la mujer». La realidad dice que en la práctica han resultado en ser cómplices directas, junto a los hombres del PSOE y de otros partidos, de las legislaciones y políticas de carácter antiobrero y en ocasiones, de claro tinte patriarcal. Solo hay que mirar el hecho de que ninguna de ellas pertenece a la clase obrera, son todas burguesas o en su defecto intelectuales burguesas. Con eso se demuestra que en el caso de la política, la paridad, significa un pacto entre el hombre burgués y la mujer burguesa, pero no la participación ni la inclusión de todo el colectivo femenino en la política, ni el fin de sus penurias y problemas económicos, ni equilibrio en el acceso a la cultura comparada con su homóloga mujer burguesa. Esto nos debe de quedar claro.

Es un hecho pues que la paridad no soluciona nada, que sin un cambio político y económico que destruya la propiedad privada que da luz a la diferenciación social y que sostiene la llamada «cultura patriarcal» no hay solución al problema; y que un autodenominado comunista ejerza esta teoría significa simplemente que está influenciado por teorías del feminismo burgués en la cuestión de género». (Equipo de Bitácora (M-L); Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista, 25 de septiembre de 2017)

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El perfil del militante medio, el trabajo con las distintas capas de la población y la forma de reclutamiento en el PCE (m-l); Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«La composición del partido, la forma de reclutar y el trabajo diario con las masas, son cuestiones muy importantes, que además tienen su incidencia e influyen en otros aspectos como puede ser las alianzas a contraer.

Si ya hemos visto que el PCE (m-l) jamás logró arrebatar al revisionismo carrillista de CCOO ni al socialdemocratismo felipista de UGT el papel predominante, no pudo lograr la hegemonía entre el sindicalismo obrero. Pero no era el único problema al que se enfrentó.

Uno de los mayores problemas a los que tuvo el PCE (m-l) fue el contenido en sí de su militancia.

Cuando el partido comenzó a desarrollarse, más que eco entre la clase obrera, tuvo una influencia reseñable entre la juventud como recogían los servicios secretos franquistas:

«Como ya queda dicho, el PCE (m-l) se ha extendido especialmente en el ámbito estudiantil y algo en el laboral, teniendo su mejor acogida entre la juventud por su radicalismo». (Informe del SECED Sobre el Partido Comunista de España (marxista-leninista), Grupos subversivos, julio de 1974)

Como era normal, esto hacía derivar en fenómenos como los que se relatan:

«Los militantes del PCE (m-l) y de sus organizaciones han dado frecuentes pruebas de falta de formación ideológica, de indisciplina y de desorganización, especialmente entre los elementos jóvenes con espíritu rebelde y deseosos de violencia, componente de muchos comandos ejecutados en contra de la disciplina del partido». (Informe del SECED Sobre el Partido Comunista de España (marxista-leninista), Grupos subversivos, julio de 1974)

Años después se señalaría desde el PCE (m-l) sobre el tema de la juventud en pleno inicio de la década de los 80: