«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 9 de agosto de 2020

Los marxista-leninistas de 1984 sobre el internacionalismo proletario


«En la actual situación mundial tiene particular importancia la aplicación del internacionalismo proletario activo. La solidaridad fraternal de la clase obrera de los diversos países es necesaria para que el proletariado en su lucha contra la explotación capitalista en cada país, alcance la victoria en su lucha revolucionaria. (...) Una de las principales tareas de los marxista-leninistas y de las fuerzas progresistas del mundo entero es la denuncia y la lucha resuelta, irreconciliable y sin cuartel contra el revisionismo, tanto en el terreno ideológico como en el político. Cualquier debilitamiento en esta lucha de principios, bajo cualquier pretexto, conduce inevitablemente al aumento de la fuerza del revisionismo, y daña considerablemente la causa revolucionaria. (...) El internacionalismo proletario significa que cada partido marxista-leninista, debe preocuparse no solamente por el desarrollo de la revolución en su propio país, sino por el desarrollo de la revolución en el mundo entero. No solamente debe velar por la pureza del marxismo-leninismo en sus filas, sino también en el movimiento comunista marxista-leninista internacional, cada partido debe dar a los demás partidos su máxima ayuda ideológica, política y material, y debe esforzarse particularmente por dar ayuda a aquellos partidos hermanos que están más necesitados. (...) Asimismo se plantea la tarea de la defensa de la patria socialista, hoy por hoy representada por Albania. Esta es una necesidad y una obligación que debemos cumplir, pero entendiéndola recíprocamente. Igualmente, el internacionalismo proletario exige que la patria socialista cumpla sus deberes internacionalistas de cara a los demás partidos en la práctica. (...) Debe manifestarse la solidaridad hacia los pueblos que son víctimas de la opresión y represión por parte de sus respectivos gobiernos fascistas y reaccionarios. (...) Cuya práctica debe consistir, en primer lugar, en difundir y apoyar las justas luchas de los pueblos contra sus opresores y explotadores, así como contra toda suerte de crímenes del imperialismo contra los pueblos, combatiendo toda actitud localista, independentista o nacionalista. (...) Debe combatirse tanto el independentismo como el seguidismo. Cada partido debe de ser independiente para definir su propia línea y táctica con arreglo a las condiciones concretas de su país, pero la independencia de un partido está limitada por los principios internacionalistas del marxismo-leninismo, que son y deben ser comunes a todos. (...) Igualmente es una cuestión de principio, combatir el seguidismo respecto a otro partido o partidos, ya que ello refleja insuficiencia teórica y de análisis, constituyendo en cualquier caso el seguidismo una de las raíces y manifestaciones del revisionismo. (...) La ayuda internacionalista entre partidos debe entenderse y practicarse de forma organizada y centralizada en la medida de lo posible, y no dejarla a la improvisación o la iniciativa aislada de cada partido. En este sentido es necesario que los auténticos partidos comunistas combatan el espontaneísmo, el indiferentismo, las «zonas de influencias», el cantonalismo y el grupismo que se oponen a la concepción organizada, comunista, del internacionalismo proletario. (...) Esforzarse en unir y estrechar los lazos y las relaciones con los demás partidos mediante reuniones bilaterales y multilaterales, sobre la base de los principios; coordinarse con la máxima amplitud y representabilidad posible a nivel internacional para intercambiar opiniones, experiencias, informaciones, así como conjuntar análisis y posiciones sobre cuestiones de actualidad, en aras de un mejor conocimiento mutuo, de una mayor eficacia, de fortalecer la línea revolucionaria, de estrechar la colaboración entre los destacamentos del movimiento comunista mundial y dar pasos concretos para trazar una línea general para el movimiento que lleve a los partidos hacia la unidad internacionalista organizada. (...) En las relaciones entre partidos debe desecharse también la práctica de reuniones formalistas, superficiales y protocolarias, y debe establecerse el principio de la crítica y la autocrítica comunista entre los partidos hermanos, contrastando los planteamientos de cada partido con su práctica real, sin temor y sin inhibiciones cuando se trata de dilucidar cuestiones de principio». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IVº Congreso del PCE (m-l), 1984)

viernes, 7 de agosto de 2020

¿Por qué los comunistas no son partidarios de las frases grandilocuentes?


«No tememos indicar abiertamente los errores, las debilidades y las deficiencias en nuestras filas, porque somos un partido revolucionario que sabe que puede desarrollarse, crecer y cumplir con sus tareas a condición de renunciar a todo lo que obstaculiza su desarrollo como partido revolucionario. (...) Camaradas, nosotros eliminamos adrede del informe y de las resoluciones del congreso las frases altisonantes en cuanto a las perspectivas revolucionarias. Pero no porque tengamos razones menos optimistas que antes, para apreciar el ritmo de desarrollo revolucionario, sino porque queremos proteger a nuestros partidos de toda inclinación a sustituir la actividad bolchevique por frases revolucionarias o disputas estériles sobre valoración de la perspectiva. A la vez que llevamos a cabo una lucha decidida contra toda tentativa de basarse en la espontaneidad, consideramos y tenemos en cuenta el proceso de desarrollo de la revolución, no como observadores, sino como participantes activos en dicho proceso. Como somos un partido revolucionario, como cumplimos en cada etapa del movimiento las tareas de interés para la revolución y que corresponden a las condiciones concretas de la etapa dada, y tenemos clara noción del nivel político de las amplias masas trabajadoras, aceleramos de la mejor manera la creación de las premisas subjetivas necesarias para el triunfo de la revolución proletaria». (Georgi Dimitrov; Los actuales gobernantes de los países capitalistas son transitorios, el verdadero dueño del mundo es el proletariado; Discurso de clausura en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 20 de agosto de 1935)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

La esencia del pensamiento de Dimitrov en este párrafo, se podría condensar en la famosa frase de Marx:

«Tomar las cosas tal como son, es decir defender la causa de la revolución de modo que corresponde a las circunstancias». (Karl Marx; Carta a Kugelmann, 23 de agosto de 1866)

jueves, 6 de agosto de 2020

El proceso objetivo del desarrollo es tal que no es posible avanzar sin marchar hacia el socialismo


«Nuestros eseristas y mencheviques enfocan el problema del socialismo de manera doctrinaria, desde el punto de vista de una doctrina aprendida de memoria y mal asimilada. Presentan el socialismo como un lejano, desconocido y nebuloso futuro. Pero el socialismo asoma ya por todas las ventanas del capitalismo moderno; el socialismo se perfila en forma directa, práctica, en toda medida importante que constituye un paso adelante sobre la base de este capitalismo moderno. (...) Los pseudomarxistas al servicio de la burguesía, a los que se han sumado los eseristas, discurren de ese modo, no comprenden –como lo demuestra un análisis de las bases teóricas de su opinión– qué es el imperialismo, qué son los  monopolios capitalistas, qué es el Estado, qué es la democracia revolucionaria. Porque si se comprende eso no puede dejar de reconocerse que es imposible avanzar sin marchar hacia el socialismo. Todo el mundo habla del imperialismo. Pero el imperialismo no es otra cosa que el capitalismo monopolista.  (...) En Rusia el capitalismo se ha transformado en capitalismo monopolista. (...) ¿Y qué es el Estado? Es la organización de la clase dominante. (...) O bien en interés de los terratenientes y los capitalistas, en cuyo caso no tendremos un Estado democrático revolucionario, sino un Estado burocrático reaccionario, es decir, una república imperialista; o bien en interés de la democracia revolucionaria y entonces es un paso hacia el socialismo. (...) No cabe término medio. El proceso objetivo del desarrollo es tal que no es posible avanzar partiendo de los monopolios –cuyo número, papel e importancia han sido decuplicados por la guerra– sin marchar hacia el socialismo. (...) Es imposible avanzar sin marchar hacia el socialismo, sin dar pasos hacia él –pasos condicionados y determinados por el nivel técnico y cultural–. (...) O bien tenemos que ser demócratas revolucionarios en los hechos, en cuyo caso no debemos temer dar ningún paso hacia el socialismo. O bien tememos dar los pasos hacia el socialismo, los condenamos, al estilo de Plejanov, Dan  y Chernov, alegando que nuestra revolución es una revolución burguesa, que no se puede «implantar» el socialismo, etc., etc., en cuyo caso nos deslizamos fatalmente hacia el nivel de Kerensky, Miliukov y Kornilov, es decir, hacia la represión burocrática reaccionaria de las aspiraciones «democráticas revolucionarias» de las masas obreras y campesinas. No hay término medio. Y en esto reside la contradicción fundamental de nuestra revolución». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La catastrofe que nos amenaza y cómo luchar contra ella, 1917)

lunes, 27 de julio de 2020

Marx y Engels describiendo a los «conspiradores profesionales» del siglo XIX


«La situación social de esta clase es la determina todo su carácter de principio a fin. La conspiración proletaria por sí misma les proporciona unos medios de subsistencia muy limitados e inseguros. En consecuencia, están continuamente obligados a echar mano de la «caja» de la conspiración. Algunos de ellos también entran en conflicto directo con la sociedad civil como tal y comparecen ante los tribunales de policía con un mayor o menor grado de dignidad. Sus precarios sustentos, que dependen en algunos casos más del azar que de las actividades que llevan a cabo, sus irregulares vidas cuyos únicos puertos de escala fijos son las tabernas de los comerciantes de vin –los lugares donde se reúnen los conspiradores –, sus inevitables encuentros con todo tipo de gente dudosa, los coloca en una categoría social que en París se conoce como la bohemia. Estos democráticos bohemios de origen proletario –también hay democráticos bohemios de origen burgués, unos democráticos holgazanes y pilares de los bares– son, por lo tanto, trabajadores que han renunciado a sus trabajos y que, como consecuencia, se han vuelto disolutos, o personajes que han surgido del lumprenproletariado y que traen consigo todos los hábitos disolutos de dicha clase en su nuevo modo de vida. En estas circunstancias, uno puede entender cómo unos pocos exconvictos son los que se encuentran implicados en, prácticamente, todos los juicio por conspiración.

miércoles, 22 de julio de 2020

Tanto el abatimiento del oportunista como la desesperación del terrorista revelan la misma mentalidad inservible para el revolucionario


«Es la lógica de los intelectuales exaltados e histéricos, incapaces de realizar una labor persistente y tenaz y que no saben aplicar los principios fundamentales de la teoría y la táctica a las circunstancias que han cambiado, no saben efectuar una labor de propaganda, agitación y organización en condiciones que se diferencian mucho de las que hemos vivido hace poco. En vez de centrar todos los esfuerzos en la lucha contra la desorganización filistea, que penetra tanto en las clases altas como en las bajas; en lugar de unir más estrechamente las fuerzas dispersas del partido para defender los principios revolucionarios probados; en lugar de eso, gente desequilibrada, que carece de todo sostén de clase en las masas, arroja por la borda todo lo que aprendió y proclama la «revisión», es decir, el retorno a los trastos viejos, a los métodos artesanales en la labor revolucionaria, a la actividad dispersa de pequeños cenáculos. Ningún heroísmo de estos grupitos e individuos en la lucha terrorista podrá cambiar nada en el hecho de que su actividad como miembros del partido es una expresión de disgregación. Tiene extraordinaria importancia comprender la verdad –confirmada por la experiencia de todos los países que han sufrido las derrotas de la revolución– de que tanto el abatimiento del oportunista como la desesperación del terrorista revelan la misma mentalidad, la misma particularidad de clase, por ejemplo, de la pequeña burguesía. «Todos coinciden en que es vano esperar una insurrección armada en un futuro más o menos próximo». Medítese sobre esta frase categórica y estereotipada. Por lo visto, esa gente jamás se ha parado a pensar en las condiciones objetivas que originan primero una amplia crisis política y después, al agravarse esa crisis, la guerra civil. Esa gente aprendió de memoria la «consigna» de la insurrección armada, sin comprender su significado ni las condiciones en que puede ser aplicada. Por eso reniega con tanta facilidad, ante los primeros reveses de la revolución, de las consignas adoptadas sin reflexionar, a ciegas. Pero si esa: gente apreciase el marxismo como la única teoría revolucionaria del siglo XX, si aprendiese de la historia del movimiento revolucionario ruso, percibiría la diferencia que existe entre la fraseología y el desarrollo de las consignas verdaderamente revolucionarias. (...) La situación en Rusia es tal que ningún socialista más o menos reflexivo se atreverá a hacer profecías. (...) La tarea de los socialdemócratas consiste en lograr que las masas lleguen a comprender con claridad esa base económica de la crisis en gestación y en forjar una seria organización de partido, capaz de ayudar al pueblo a asimilar las valiosas enseñanzas de la revolución y de dirigirla en la lucha cuando las fuerzas, hoy en proceso de maduración, estén listas para una nueva «campaña» revolucionaria. Esta respuesta parecerá sin duda «vaga» a quienes encaran las «consignas» no como deducción práctica de un análisis clasista y habida cuenta de determinado momento histórico, sino como talismán dado de una vez para siempre a un partido o a una tendencia. Esas personas no entienden que la incapacidad para ajustar su táctica a distintas situaciones por completo claras o todavía indefinidas, se debe a la falta de educación política y a la estrechez de horizontes». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Algunos rasgos de la disgregación actual, 1908)