«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

sábado, 22 de febrero de 2020

Bertolt Brecht hablando de la forma y el contenido


«Yo mismo nunca fui expresionista, pero jueces artísticos como este me irritan. En este debate impera mucha confusión sobre el formalismo. Algunos dicen: simplemente cambia la forma, pero no el contenido. Otros tienen la impresión de que lo que haces es lo mismo que renunciar al contenido en favor de la forma; en particular de la forma convencional. Y muchos aún no han percibido una cosa: ante las exigencias siempre nuevas del mundo social en transformación, el mantener las antiguas formas convencionales también es formalismo. ¿Podemos los subversivos realmente ir contra la experimentación? ¿Qué, «no deberíamos haber tomado las armas»? Sería mejor explicar las desventajas de un putsch mediante la explicación de las ventajas de la revolución. Pero no las ventajas de la evolución. Convertir al realismo a una cuestión formal, vincularlo a una, solo a una forma –y a una forma antigua, además significa esterilizarlo. La escritura realista no es un problema formal. Tenemos que eliminar todos los aspectos formales que nos impiden entender profundamente la causalidad social; todos los aspectos formales que nos ayuden a entender en profundidad la causalidad social deben ser bienvenidos. Si queremos hablar con el pueblo, tenemos que ser comprendidos por el pueblo. Pero esto tampoco es una simple cuestión de forma. El pueblo no entiende solo las formas del pasado. Marx, Engels y Lenin recurrieron a formas muy nuevas de revelar la causalidad social al pueblo. En comparación con Bismarck, Lenin habló no solo de diferentes cosas, sino también de diferentes maneras. Lo que quería no era hablar de la manera antigua, ni de una forma nueva. Habló apropiadamente. Los errores y las equivocaciones de los futuristas son evidentes. Colocaron un pepino gigante sobre un cubo gigante, lo pintaron todo de rojo y lo llamaron Retrato de Lenin. Lo que querían era: que Lenin no debiera parecerse a nada que se haya visto antes. Se suponía que el cuadro no debía recordar a nada malo de los viejos tiempos. Por desgracia tampoco recordaba a Lenin. Esto es terrible. Pero no por eso le da la razón a los artistas cuyos cuadros sí recuerdan a Lenin, aunque su forma de pintar en nada recuerda la forma de luchar de Lenin. Esto también es evidente. Debemos luchar contra el formalismo como realistas y como socialistas». (Bertolt Brecht; Sobre el debate sobre el expresionismo, 1938)

viernes, 14 de febrero de 2020

Engels advirtiéndonos contra la vulgarización del materialismo histórico


«También en la Volks-Tribüne ha habido una discusión acerca de si la distribución de los productos en la sociedad futura se hará de acuerdo con la cantidad de trabajo o de otra manera. La cuestión ha sido enfocada desde un punto de vista muy «materialista», en oposición a ciertas frases idealistas sobre la justicia. Pero, por extraño que esto parezca, a nadie se le ocurrió pensar en que el modo de distribución depende esencialmente de la cantidad de productos a distribuir, y que esta cantidad varía, naturalmente, con el progreso de la producción y de la organización social y que, por tanto, tiene que cambiar también el modo de distribución. Sin embargo, para todos los que han participado en la discusión, la «sociedad socialista» no es algo que cambia y progresa continuamente, sino algo estable, algo fijo de una vez para siempre, por lo que también debe tener un modo de distribución fijo de una vez para siempre. Razonablemente, lo único que se puede hacer es: 1) tratar de descubrir el modo de distribución que se haya de aplicar al principio, y 2) tratar de establecer la tendencia general que habrá de seguir el desarrollo ulterior. Pero acerca de esto no encuentro ni una sola palabra en toda la discusión.

En general, la palabra «materialista» sirve, en Alemania, a muchos escritores jóvenes como una simple frase para clasificar sin necesidad de más estudio todo lo habido y por haber; se pega esta etiqueta y se cree poder dar el asunto por concluido. Pero nuestra concepción de la historia es, sobre todo, una guía para el estudio y no una palanca para levantar construcciones a la manera del hegelianismo. Hay que estudiar de nuevo toda la historia, investigar en detalle las condiciones de vida de las diversas formaciones sociales, antes de ponerse a derivar de ellas las ideas políticas, del Derecho privado, estéticas, filosóficas, religiosas, etc., que a ellas corresponden. Hasta hoy, en este terreno se ha hecho poco, pues ha sido muy reducido el número de personas que se han puesto seriamente a ello. Aquí necesitamos masas que nos ayuden; el campo es infinitamente grande, y quien desee trabajar seriamente, puede conseguir mucho y distinguirse. Pero, en vez de hacerlo así, hay demasiados alemanes jóvenes a quienes las frases sobre el materialismo histórico –todo puede ser convertido en frase sólo les sirven para erigir a toda prisa un sistema con sus conocimientos históricos, relativamente escasos pues la historia económica está todavía en mantillas, y pavonearse luego, muy ufanos de su hazaña. Y entonces es cuando puede aparecer un Barth cualquiera, para dedicarse a lo que, por lo menos en su medio, ha sido reducido a la categoría de una frase huera». (Friedrich Engels; Carta a Konrad Schmidt, 5 de agosto de 1880)

domingo, 9 de febrero de 2020

La antigua lucha sin cuartel contra el revisionismo internacional no tiene nada que ver con el actual PCE (m-l); Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Engels dejó patente su preocupación por la tendencia entre los supuestos militantes del socialismo científico de sobredimensionar cualquier movimiento político a la categoría de revolución, en especial los revolucionarios latinos:

«Nosotros, los socialistas de Europa Occidental, no deberíamos picar tan fácilmente el anzuelo como los felás egipcios o... todos los latinos. ¡Cosa rara! Los revolucionarios latinos se quejan de haber hecho siempre las revoluciones en provecho de otros... por la simple razón de que se dejan deslumbrar siempre por la palabra  «revolución». (Friedrich Engels; Carta a Eduard Bernstein, 22 de febrero de 1882)

Se sabe de sobra que esto era consecuencia de un oportunismo y/o de una falta de formación ideológica seria.

Hoy parece que esta tendencia no se ha superado, y bajo la hegemonía del revisionismo, es una plaga a nivel mundial.

Los revolucionarios albaneses dirían en su momento dirían:

«La polémica contra los renegados sobre los principios del marxismo-leninismo de uno u otro país no es una injerencia en los asuntos internos, ni supone provocar la escisión en la unidad, sino que supone el camino abierto de la lucha de clases para la exposición del revisionismo, para la defensa del marxismo-leninismo y el fortalecimiento del internacionalismo proletario. Esto ayuda a los comunistas y revolucionarios a distinguir la verdad de la falsedad, ya que se actúa de manera abierta y se llama a las cosas por su nombre. La polémica abierta no deja a los revisionistas un solo momento en paz e impide la realización de su trabajo traicionero. (...) Los partidos marxistas-leninistas llevan en la teoría y la práctica de una lucha aguda e implacable para el fortalecimiento del internacionalismo proletario, contra cualquier distorsión revisionista. Sólo de esta manera, basada en el marxismo-leninismo, la causa de la clase obrera, la revolución y el socialismo puede ser llevada a la victoria». (Leonora Simo; El internacionalismo proletario se fortalecerá en la lucha contra las concepciones y prácticas revisionistas, 1978)

Haremos una breve comparativa entre el internacionalismo proletario del PCE (m-l) de 1964-1985 con el PCE (m-l) refundado en 2006.

a) El PCE (m-l) de 1964-1985 y su concepto de internacionalismo proletario 

En el antiguo Partido Comunista de España (marxista-leninista) intentó ser siempre consecuente con la salvaguardia de los principios del marxismo-leninismo y ejerció la crítica a todo tipo de revisionismo internacional, fuese cual fuese el pelaje. 

Es de resaltar su crítica durante décadas al revisionismo soviético:

«Planteaba también Jruschov, en su vergonzoso informe, la posibilidad de la transición pacífica al socialismo por vía parlamentaria, pronunciándose contra toda forma de lucha revolucionaria, aduciendo falsos argumentos acerca de los cambios intervenidos desde la Revolución de Octubre, que justificarían el abandono de uno de los principios esenciales –y prácticamente inalterables– del marxismo-leninismo; a saber, de la necesidad de la violencia para derrocar el poder capitalista y acabar con el imperialismo agresivo. Fue también en el XX Congreso del PCUS donde se definió la llamada «coexistencia pacífica», traicionando el espíritu leninista de la misma, y convirtiéndola en «línea general» de la política exterior de los países socialistas y del movimiento comunista mundial, lo que significaba, en esencia, la cooperación de clases en escala internacional, el capitulacionismo ante el imperialismo y la traición al internacionalismo proletario. Bajo cubierta de la llamada «lucha contra el culto de la personalidad», Jruschov proponía, en esencia, adjudicarse carta blanca para justificar por adelantado los ataques contra los verdaderos marxista-leninistas, con objeto de que payasos y charlatanes como él, pudieran actuar y adquirir autoridad como dirigentes y ejercer su influencia en los partidos hermanos. (...) Jruschov, que pretendió enterrar el prestigio de Stalin y los principios revolucionarios del socialismo científico, abrió en el XX Congreso el foso en el que él mismo ha sido ya enterrado políticamente y en el que igualmente serán enterrados sus sucesores y todos los revisionistas contemporáneos que les apoyan, entre los que se encuentra en primerísima fila Santiago Carrillo». (Elena Ódena; Febrero de 1956: Celebración del XX Congreso del PCUS, 1966)

miércoles, 5 de febrero de 2020

La necesidad para los comunistas de desenmascarar y diferenciarse de los revisionistas...


«Es absolutamente esencial que la exposición del revisionismo y sus partidos, deba llevarse a cabo con sus formas, métodos y políticas dados, aunque el desenmascaramiento se produzca mediante artículos de periódico y discursos, pero esto debe ir siempre acompañado de acciones que faciliten al proletariado vislumbrar la distinción existente entre su partido marxista-leninista y los partidos revisionistas y socialdemócratas, no sólo porque sus objetivos políticos e ideológicos difieran entre sí, sino especialmente porque el partido del proletariado lucha por poner en práctica sus objetivos y, de este modo, fortalecerá sus filas con elementos capaces que serán admitidos como miembros del partido. (...) Ciertamente, en algunos países se dan ocasiones en que no apreciamos grupos o partidos marxista-leninistas que se distingan a sí mismos por sus acciones políticas ni por denunciar las manifestaciones, oposición y las protestas que realiza la clase obrera a instancias de la socialdemocracia y del revisionismo moderno. Tales acciones despertarían el interés de los trabajadores que percibirían como las acciones de los marxista-leninistas entran en conflicto con los eslóganes coreados por los revisionistas y la socialdemocracia en las huelgas y manifestaciones». (Enver Hoxha; El movimiento marxista-leninista y la crisis mundial del capitalismo, agosto de 1979)

viernes, 31 de enero de 2020

No hay ciencia que pueda desarrollarse y prosperar sin lucha de opiniones, sin libertad de crítica...



«Pregunta: ¿Ha procedido acertadamente Pravda al abrir una libre discusión sobre los problemas de la lingüística?

Stalin: Sí, ha procedido acertadamente.

En qué dirección serán resueltos los problemas de la lingüística se verá claro al final de la discusión. Pero ya ahora se puede decir que la discusión ha sido muy provechosa.

La discusión ha puesto en claro, ante todo, que en las instituciones lingüísticas, tanto en el centro como en las repúblicas, imperaba un régimen impropio de la Ciencia, impropio en los hombres de ciencia. La menor crítica de la situación en la lingüística soviética, incluso los más tímidos asomos de crítica de la llamada «nueva doctrina» en la lingüística, eran perseguidos y sofocados por los círculos lingüísticos dirigentes. Valiosos trabajadores e investigadores eran destituidos de sus cargos o rebajados a puestos de menor importancia por abordar críticamente la herencia de N.Y. Marr o expresar la menor desaprobación de su teoría. Se elevaba a los altos cargos a lingüistas, no por el índice de trabajo sino porque aceptaban incondicionalmente la doctrina de N.Y. Marr.

Todo el mundo reconoce que no hay ciencia que pueda desarrollarse y prosperar sin lucha de opiniones, sin libertad de crítica. Pero esta regla universalmente reconocida era ignorada y pisoteada sin contemplaciones. Se formó un grupo cerrado de dirigentes infalibles que, poniéndose a salvo de toda posible crítica, hacía ley de sus caprichos y arbitrariedades.

Un ejemplo: el llamado «Curso de Bakú» –las conferencias pronunciadas por N.Y. Marr en Bakú, que el autor mismo declaró defectuoso y prohibió reeditar, ha sido, no obstante, reeditado por disposición de la casta de dirigentes el camarada Meschanínov los llama «discípulos» de N.Y. Marr) e incluido, sin hacer ninguna salvedad, entre los libros de texto recomendados a los estudiantes. Eso quiere decir que se ha engañado a los estudiantes, haciendo pasar por un libro de texto de pleno valor un «Curso» reconocido como defectuoso. Si yo no estuviera convencido de la honradez del camarada Meschanínov y de otros lingüistas, diría que semejante proceder equivale a un sabotaje.

¿Cómo ha podido ocurrir eso? Ha ocurrido porque el régimen a lo Arakchéev implantado en la lingüística fomenta la irresponsabilidad y estimula tales arbitrariedades.

La discusión ha resultado muy provechosa, ante todo, porque ha sacado a la luz ese régimen a lo Arakchéev y lo ha pulverizado.

Pero el provecho reportado por la discusión no acaba ahí. La discusión no sólo ha demolido el viejo régimen imperante en la lingüística, sino que, además, ha puesto de manifiesto la increíble confusión de ideas que reina, en los problemas más importantes de la lingüística, entre los círculos dirigentes de esta rama de la ciencia. Antes de comenzar la discusión, los «discípulos» de N.Y. Marr callaban, silenciando que las cosas no marchaban bien en la lingüística. Pero, una vez comenzada la discusión, se hizo imposible callar y tuvieron que pronunciarse en la prensa. Y ¿qué ha resultado? Ha resultado que en la doctrina de N.Y. Marr hay muchas lagunas, errores, problemas sin precisar y tesis insuficientemente elaboradas. ¿Por qué se pregunta uno los «discípulos» de N.Y. Marr no han hablado de ello hasta después de abierta la discusión? ¿Por qué no se han preocupado de ello antes? ¿Por qué no lo dijeron a su debido tiempo, franca y honradamente, como corresponde a los hombres de ciencia?». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; El marxismo y los problemas de la lingüística, 1950)