«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 19 de enero de 2018

La descentralización y el cantonalismo como principios político-militares del anarquismo, inservibles para la clase obrera


«El federalismo de los intransigentes y de su apéndice bakuninista consistía, precisamente, en dejar que cada ciudad actuase por su cuenta y declaraba esencial, no su cooperación con las otras ciudades, sino su separación de ellas, con lo cual cerraba el paso a toda posibilidad de una ofensiva general. Lo que en la guerra de los campesinos alemanes y en las insurrecciones alemanas de mayo de 1849 había sido un mal inevitable la atomización y el aislamiento de las fuerzas revolucionarias, que permitió a unas y las mismas tropas del Gobierno ir aplastando un alzamiento tras otro, se proclamaba aquí como el principio de la suprema sabiduría revolucionaria. Bakunin pudo disfrutar de este desagravio. Ya en septiembre de 1870 en sus Lettres à un Français había declarado que el único medio para expulsar de Francia a los prusianos con una lucha revolucionaria consistía en abolir toda dirección centralizada y dejar que cada ciudad, cada aldea, cada municipio, dirigiese la guerra por su cuenta. Si al ejército prusiano, con su dirección única, se oponía el desencadenamiento de las pasiones revolucionarias, el triunfo era seguro. Frente a la inteligencia colectiva del pueblo francés, abandonado por fin de nuevo a sus propios destinos, la inteligencia individual de Moltke se esfumaría. Entonces, los franceses no quisieron entenderlo así; pero en España se obsequió a Bakunin, como hemos visto y aún hemos de ver, con un triunfo resonante. (...) Entretanto, estos megalómanos nos han dado ocasión en España de conocer también su actuación revolucionaria práctica. Veamos cómo llevan a los hechos sus frases ultrarrevolucionarias sobre la anarquía y la autonomía, sobre la abolición de toda autoridad, especialmente la del Estado, y sobre la emancipación inmediata y completa de los obreros». (Friedrich Engels; Los bakuninistas en Acción; Memoria sobre el levantamiento en España en el verano de 1873, 1873)

jueves, 18 de enero de 2018

El rol del partido comunista como instrumento de la dictadura del proletariado


«Nosotros arrancamos del criterio de que el Partido, el Partido Comunista, es el instrumento fundamental de la dictadura del proletariado; de que la dirección que ejerce un solo partido, que no comparte ni puede compartir esa dirección con otros partidos, es la condición básica sin la que resulta inconcebible una dictadura del proletariado más o menos sólida y desarrollada. Por ello consideramos intolerable la existencia de fracciones dentro de nuestro Partido, pues es de por si evidente que la existencia de fracciones organizadas dentro del Partido lleva a la disgregación de éste, como entidad única, en organizaciones paralelas, a la formación de gérmenes y células de un nuevo partido o de nuevos partidos en el país y, por tanto, a la descomposición de la dictadura del proletariado.

Pero la oposición, aún no objetando públicamente nada contra esas tesis, parte en su actividad práctica del criterio de que es necesario debilitar la unidad del Partido, de que es necesaria la libertad de fracciones dentro del Partido, es decir, de que es necesaria la formación de elementos para un nuevo partido. 

De ahí la política escisionista en la labor práctica del bloque de oposición. 

De ahí los alaridos de la oposición acerca del «régimen» en el Partido, que en el fondo reflejan las protestas de los elementos no proletarios del país contra el régimen de dictadura del proletariado. 

De ahí el problema de los dos partidos. Tales son en conjunto, camaradas, nuestras discrepancias con la oposición». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Una vez más sobre la desviación socialdemócrata en el partido; Informe ante el VIIº Pleno ampliado del Comité Ejecutivo de la Komintern, 7 de diciembre de 1926)

martes, 16 de enero de 2018

Algunas de las gestas del PCE durante 1935-1948 comentadas por Enver Hoxha


«En lo que concierne a España, es preciso señalar que las directrices del VIIº Congreso de la Komintern de 1935 tuvieron mayores y mejores resultados que en Francia y en Italia. Su efecto se hizo sentir especialmente en el curso de la guerra civil. En un comienzo los comunistas no participaron en el gobierno del frente popular, sino que le concedieron su apoyo. No obstante, el partido comunista criticaba al gobierno por su falta de determinación y exigía que tomase medidas frente al peligro fascista, contra la actividad que desarrollaban los fascistas, particularmente la casta de los oficiales, que en aquel entonces constituían el peligro inmediato.

El 17 de julio de 1936 estalló el «pronunciamiento» de los generales fascistas. El complot de los fascistas estaba bien coordinado. Habían actuado bajo las narices del gobierno de la izquierda y de las autoridades designadas por un gobierno surgido de la coalición del frente popular. Contra este peligro se alinearon todas las fuerzas antifascistas. En noviembre se creó el gobierno encabezado por Largo Caballero, del que pasaron a formar parte dos ministros comunistas. Así se constituyó un frente común para defender la república, incluso con las armas. El gobierno concedió la autonomía a los vascos, confiscó a favor de los campesinos pobres las tierras de los fascistas y nacionalizó todas las riquezas de éstos.

El partido comunista llamó desde un primer momento a la clase obrera y al pueblo a oponer resistencia. Pero el partido comunista no se contentó con llamamientos, se lanzó a la acción. Los miembros del partido se introdujeron en los cuarteles, lugar donde permanecían los soldados, para aclarar a éstos la situación señalándoles lo que eran los fascistas y la amenaza que constituían para los obreros, los campesinos y el pueblo. De esto, no hubo mejor ejemplo que el de la capital de España, en Madrid, donde el golpe fascista fracasó.

En otras ciudades, el pueblo y en primer lugar la clase obrera atacaron las unidades militares que se habían sublevado contra la república, paralizándolas en su acción. En Asturias, la lucha de los mineros contra las tropas fascistas prosiguió por un mes y esta región permaneció en manos del pueblo. Los fascistas no pasaron. Lo mismo ocurrió en Vascongadas y en muchas otras zonas de España.

En los primeros días de agosto se vio que los generales fascistas caminaban hacia el abismo y su derrota hubiera sido total de no haber acudido de inmediato en su ayuda las tropas de la Italia fascista y de la Alemania nazi y junto a éstas las fuerzas reclutadas en el Marruecos español, así como las enviadas por el Portugal fascista.

En un país donde el ejército estaba bajo el mando de una vieja casta de oficiales reaccionarios, realistas y fascistas, los destinos del país no podían confiarse en aquél, una parte del cual siguió a los generares fascistas y el resto avanzaba hacia su disgregación. Por eso, el partido comunista hizo un llamamiento para la creación de un ejército nuevo, un ejército del pueblo. Los comunistas volcaron sus esfuerzos en la creación de este ejército y en breve lapso de tiempo lograron levantar el conocido como «Vº Regimiento». Sobre la base de este regimiento, que cobró una gran fama en el curso de la Guerra de España, se creó el ejército popular de la república española.

La resuelta actitud del partido comunista frente al ataque fascista, el audaz ejemplo que dio colocándose al frente de las masas para impedir que el fascismo pasara, el ejemplo de sus militantes, el 60 por ciento de los cuales fueron enviados a los diversos frentes de lucha, aumentaron en gran medida la autoridad y el prestigio del partido entre las masas del pueblo.

Un partido crece, gana autoridad y se convierte en dirigente de las masas cuando cuenta con una línea clara y se lanza audazmente a la lucha por llevarla a la práctica. El Partido Comunista de España se convirtió en un partido tal en el curso de la guerra civil. Desde la insurrección fascista en julio de 1936 hasta finales de ese mismo año, el partido comunista triplicó el número de sus miembros. Y, aunque en aquellos días la gente se integraba en el partido para ofrendar su vida, y no para dar su voto en las elecciones, jamás ni nadie, ni el llamado partido comunista de Santiago Carrillo, ni los otros partidos revisionistas, que han abierto sus puertas a todo aquel que quiera ingresar en ellos, laico o religioso, obrero o burgués, podrá hablar de un crecimiento de la autoridad e influencia como las que adquirió el digno Partido Comunista de España durante el período de la guerra civil.

La Guerra de España tocó a su fin a comienzos del año 1939, cuando la dominación de Franco se extendió a todo el territorio nacional En aquella guerra el Partido Comunista de España no escatimó esfuerzos ni energías para derrotar al fascismo. Y si el fascismo venció, fue debido, aparte de los diversos factores internos, en primer lugar a la intervención del fascismo italiano y alemán y a la política capitulacionista de «no intervención» de las potencias occidentales con respecto a los agresores fascistas.

Muchos militantes del Partido Comunista de España inmolaron sus vidas durante la guerra civil. Otros fueron víctimas del terror franquista. Otros miles y miles fueron arrojados a las cárceles donde permanecieron por largos años o murieron en ellas. Después del triunfo de los fascistas, en España reinó el más feroz terror.

Los demócratas españoles, que lograron escapar de los campos de concentración y de los arrestos, tomaron parte en la resistencia francesa donde combatieron heroicamente, mientras que los demócratas españoles que se fueron a la Unión Soviética se integraron en las filas del ejército rojo y muchos de ellos dieron su vida combatiendo al fascismo.

Pese a las condiciones sumamente graves, los comunistas continuaron su lucha guerrillera y la organización de la resistencia también en España. La mayor parte cayeron en manos de la policía franquista y fueron condenados a muerte.

Franco golpeó duramente la vanguardia revolucionaria de la clase obrera y de las masas populares de España y esto tuvo consecuencias negativas para el partido comunista. Al haber desaparecido en la lucha armada y bajo los golpes del terror fascista los elementos más sanos, más preparados ideológicamente, más resueltos y valientes, del Partido Comunista de España, cobró supremacía y ejerció su influencia negativa y destructora el elemento cobarde pequeñoburgués e intelectual como son Santiago Carrillo y compañía. Estos fueron transformando gradualmente al Partido Comunista de España en un partido oportunista y revisionista». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Negociaciones para rendir el brazo armado y buscar la inclusión en el régimen; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«En la historia de las bandas armadas revisionistas es muy común que estos grupos busquen la rendición de la guerrilla, el brazo armado del partido o la organización armada del tipo que sea. Esto ocurre por un cúmulo de razones de ellas: por la falta de una visión clara sobre la toma de poder, por la falta de un programa aglutinador y atractivo para las masas, por giros hacia posturas legalistas y socialdemócratas en la dirección, por la falta de apoyo entre las masas por sus acciones terroristas o como escapatoria para «salvar los muebles» ante una inminente liquidación de la banda armada ante el acoso de las fuerzas de seguridad.

Los GRAPO no fueron la excepción. Ya en 1978 se propuso los famosos cinco puntos:

«En febrero de 1978 ETA propone «un alto el fuego» si el Gobierno acepta negociar la alternativa de la organización KAS. De forma mimética el PCE(r) elabora, en octubre del mismo año, un Programa de negociación de cinco puntos que exige, siguiendo a Lorenzo Castro: amnistía, depuración del aparato de Estado, libertades políticas sin restricción, rechazo de la OTAN y desmantelamiento de las bases extranjeras, disolución del Parlamento y convocatoria de elecciones. La fórmula para intentar imponer la negociación, es la acción violenta». (Consuelo Laiz Castro; La izquierda radical en España durante la transición a la democracia, 1993)

En 1981 se volvió a insinuar lo mismo:

«José María Sánchez Casas, considerado máximo dirigente de los GRAPO, manifestó durante el interrogatorio la voluntad profunda de su organización de abandonar la «lucha armada», en el caso de que se den determinadas condiciones». (ABC; Los GRAPO anuncian su voluntad de «abandonar la lucha armada», 28 de febrero de 1981)

A la llegada del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) al gobierno en 1982, los GRAPO sorprendieron a la opinión pública con el siguiente comunicado:

«Según un panfleto enviado a los medios informativos. Los GRAPO dicen estar dispuesto a un alto el fuego indefinido. Los Grupos de Resistencia Antifascistas Primero de Octubre (GRAPO) han enviado a varios medios informativos un comunicado en el que anuncian que están dispuestos «a llevar a cabo un alto el fuego y a disolverse» si el Gobierno del PSOE cumple ciertas condiciones. Entre las condiciones que los GRAPO ponen al futuro Gobierno socialista figuran «la salida de España de la OTAN, abrir un diálogo con organizaciones guerrilleras, poner en libertad a los presos políticos antifascistas, derogar las leyes represivas, dar solución a las aspiraciones de los pueblos nacionalistas oprimidos por el Estado español, establecer un régimen de verdaderas libertades políticas y sindicales y depurar del aparato del Estado a elementos fascistas». (ABC; Los GRAPO dicen estar dispuestos a un alto el fuego indefinido, 7 de noviembre de 1982)

¡Vaya!, tanto tiempo vendiéndonos la perorata de que «los GRAPO no vende sus principios», que «los GRAPO no se va a acabar hasta que el proletariado consiga sus propósitos que son el desarrollo de la Guerra Popular Prolongada y la transformación de la guerrilla urbana en un verdadero ejército popular que tome el poder», y resultó que en 1982 salieron comunicando que estaban dispuestos a autodisolverse si el PSOE llevaba a cabo unas cuantas reformas aceptables para cualquier régimen democrático-burgués de turno. ¿Y se extrañan que las masas no comprendiesen ni sus atentados ni sus objetivos con estos bandazos? ¿No se suponía que el PSOE era «socialfascista» y que estaba lejos de llevar a cabo cualquier reforma progresista? ¿Entonces a cuento de qué venía ofrecerse la rendición del presunto Ejército Popular de los trabajadores? A oportunismo y desesperación.

Este capítulo fue confirmado años después por Sánchez Casas:

«–¿Ustedes nunca negociaron?

–Hubo un momento en que nos vinieron unos enviados del gobierno.

–¿De qué gobierno?

–Del gobierno socialista, para ver si se querían hablar, si se quería llegar a un acuerdo y tal. Nosotros planteamos muy claramente que no iba a ir un tira y afloja, que habían unas cosas muy concretas, nosotros no íbamos a pedir nada extraordinario, que el partido fuera legalizado, que el partido pudiese actuar libremente, se le exigía eso y la salida paulatina de los presos a la calle. (...) En principio les pareció bien, dijeron que si, que eso podía ser aceptable, tuvimos dos o tres entrevistas y de golpe y porrazo dejaron de aparecer». (Entrevista a José María Sánchez Casas por parte de Jesús Quintero en TV, 1990)

¿Cómo es posible que si desde el PCE (r)/GRAPO se consideraba a España un «país fascista donde no hay ni puede haber ningún resquicio de legalidad para los revolucionarios», que consideren que «en la etapa imperialista no puede haber un abandono del fascismo», y se propusiese negociar con el gobierno reformas democrático-burguesas, el fin de la «lucha armada», la «liberación de los presos» y la legalización del partido? La única explicación es su alto grado de oportunismo. Esto demuestra que el PCE (r) no es consecuente ni siquiera con los análisis surrealistas que el mismo hacía, y proponía incoherencias con su presunto propio pensamiento.

Años después en otras negociaciones se siguió el mismo patrón, incluso jurando que se abandonaría la lucha armada «si se daban las condiciones»:

jueves, 11 de enero de 2018

Enver Hoxha sobre la cuestión de Stalin


«El agua duerme, el enemigo no, sentencia nuestro pueblo. Pobres de los que se duermen. Esto no sucederá con los partidos marxista-leninistas y con ninguno de los revolucionarios, si mantienen afilada la espada de la dictadura del proletariado, la lucha de clases, la vigilancia revolucionaria, si continúan sin cesar la lucha contra el imperialismo, contra el revisionismo moderno, contra los reaccionarios internos y externos.

El enemigo de clase es astuto, brutal, por eso debemos ser severos en extremo, implacables y luchar a vida o muerte con él. El enemigo no perdona, por ello nosotros no sólo no debemos darle cuartel, sino liquidarlo desde sus propias raíces. No debemos alimentar ilusiones respecto al enemigo ni hacerle concesiones. Este ha sido y es el principio que ha guiado y guía a nuestro Partido.

La catástrofe que sobrevino en la Unión Soviética, en los países europeos de democracia popular y en numerosos partidos comunistas y obreros del mundo, no se debe consentir en nuestros países y partidos. Y no sólo no se debe consentir jamás, sino que para nosotros es una tarea vital, una gran tarea internacionalista, junto con los demás partidos marxista-leninistas del mundo, con los grupos revolucionarios marxista-leninistas y todos los marxista-leninistas [1], en unidad de pensamiento marxista-leninista, en unidad de acción revolucionaria, a la cabeza de los pueblos, ascender la corriente luchando, invertir la situación en el movimiento comunista internacional, desenmascarar, para después vencer y desbaratar a los revisionistas y a sus patrones imperialistas.

Desde luego, lo sucedido en la Unión Soviética, independientemente de los métodos putchistas y fascistas utilizados por los revisionistas jruschovistas para usurpar el poder, no fue un fenómeno espontáneo, sino preparado por ellos con tiempo. Esto lo demuestra el hecho de que Jruschov y sus principales colaboradores en el putch, han figurado antes de la muerte de Stalin entre los principales dirigentes que actuaban bajo cuerda, preparaban y esperaban el momento apropiado para una acción a escala amplia y abierta. Es un hecho que estos traidores eran conspiradores curtidos con la experiencia de los diversos contrarrevolucionarios rusos, con la experiencia de los anarquistas, los trotskistas, los bujarinistas y conocían además la experiencia de la revolución y del Partido Bolchevique. No hacían nada por la revolución, contrariamente hacían todo lo posible por minar la revolución y el socialismo, escapando a los golpes de la revolución y de la dictadura del proletariado. En una palabra, eran contrarrevolucionarios y actuaban como gente con dos caras. Por un lado cantaban loas al socialismo, a la revolución, al Partido Comunista Bolchevique, a Lenin y a Stalin y, por otro, preparaban la contrarrevolución.

Ante todos nosotros se plantea la pregunta: ¿Por qué no fueron descubiertos y golpeados a tiempo? Descubrir y golpear en el momento preciso es de decisiva importancia para no permitir que el microbio se multiplique y se fortalezca en un cuerpo afectado por la enfermedad. Es imprescindible hacer un diagnóstico exacto para combatir y eliminar la enfermedad y para impedir que reaparezca y constituya nuevamente un peligro.