«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 24 de agosto de 2016

Sobre los distintos tipos de violencia


«Existen, y siempre ha sido así, como nadie puede ignorar, distintas clases de violencia y de lucha armada, cuya naturaleza y objetivos son diametralmente opuestos. Así, la violencia y la lucha armada que utiliza el poder reaccionario de las clases explotadoras contra el pueblo, en general, nada tiene que ver con la violencia que en determinados momentos y circunstancias ha de utilizar el pueblo explotado y oprimido para defender sus derechos y conquistar la libertad, la justicia y la independencia nacional.

Los hechos y la historia, tanto a nivel internacional como a escala nacional, han demostrado de la manera más contundente que la ideología fascista –aplicada por Hitler, Mussolini, Franco, entre otros– se basa en la práctica de una feroz violencia cotidiana contra la inmensa mayoría del pueblo y, en particular, contra la clase obrera y los intelectuales y demócratas que luchan junto al pueblo, y ello con el fin de defender y tratar de conservar los privilegios de clase de una ínfima minoría explotadora. Pero el fascismo, la violencia fascista, no es algo que caiga del cielo ni que surja por casualidad ni por causas desconocidas, como pretenden los defensores interesados de la «democracia burguesa». El fascismo que siempre utiliza la violencia más brutal para hacerse con el poder –recordemos la subida al poder de Hitler y Mussolini y más tarde la del mismo Franco–, es la expresión más feroz de los intereses capitalistas, de la burguesía y del imperialismo que, en determinadas circunstancias necesita utilizar la violencia y hasta desencadenar la guerra civil, asesinar, montar toda clase de provocaciones para tratar de frenar o aplastar la lucha revolucionaria de las clases explotadas y oprimidas. En esos momentos, la gran burguesía y el imperialismo, pese a sus hipócritas declaraciones de defender la democracia y los derechos humanos, siempre apoyan a los sectores fascistas, ya que se trata de defender y conservar por todos los medios incluida la violencia y la lucha armada y hasta la guerra, sus intereses de clase y evitar la victoria de la lucha popular y revolucionaria.

Pero la burguesía, incluso cuando aplica formas de poder «democráticas», pretende que la violencia sólo la practican los extremistas de izquierda, los revolucionarios peligrosos, los comunistas, y tratan de ocultar la violencia y las agresiones armadas constantes que el poder de la burguesía y del imperialismo ejerce de diversas formas y en distinto grado –según la necesitan– contra el pueblo en general, tanto contra sus propios pueblos, como contra los de otros países y territorios.

Lenin tiene mil veces razón cuando, tras afirmar que:

«Los comunistas se oponen a la violencia ejercida contra los hombres». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)

Precisa, sin embargo, que:

«Exceptuando a los anarquistas cristianos y a los discípulos de Tolstoi, nadie ha deducido todavía de ello –de esa afirmación general– que el socialismo se oponga a la violencia revolucionaria». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)

Por tanto añade:

«Hablar de violencia en general, sin distinguir las condiciones que diferencian la violencia revolucionaria, es equipararse a un filisteo que niega la revolución, o bien engañarse a uno mismo y engañar a los demás con sofismas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)

Actualmente y en lo que a España concretamente se refiere, la reacción en el poder, continuadora del franquismo, pretende cubrir con un espeso manto de confusión y engaños, la cuestión de quién ejerce la violencia, en qué condiciones y con qué fines.

Todos sabemos que durante más de cuarenta años, y tras una sangrienta guerra civil desencadenada por ellas mismas, las clases reaccionarias y fascistas, que aún detentan el poder, han practicado una violencia sin límites contra el pueblo. Actualmente, necesitan, para sus fines, utilizar métodos de violencia más encubierta y cubrirse con una fachada democrática y legalista, dejando en segundo plano las formas más descaradas de violencia y represión, pero sin modificar su naturaleza violenta ni el fondo reaccionario y represivo de su política.

Ante la nueva situación y el auge del movimiento obrero y popular y para evitar que las fuerzas revolucionarias y la clase obrera, en primer lugar, recurran a su propia violencia de clase para enfrentarse al poder y a la violencia reaccionaria, servicios especiales y de intoxicación ideológica utilizan grupos parapoliciacos y aventureros con etiquetas y siglas de revolucionarios de izquierdas, que nada tienen que ver con la verdadera lucha revolucionaria ni con los intereses populares; montan actos violentos provocadores y criminales antipopulares, para así desprestigiar y hacer condenar la violencia revolucionaria y la lucha popular en general.

Es esta una vieja estratagema utilizada en todo momento por los gobiernos reaccionarios en dificultades, para, al mismo tiempo, lanzar nuevas medidas represivas y violentas contra el pueblo en lucha. En los actuales momentos estamos viviendo en nuestro país una de esas situaciones y la mayor parte de los acontecimientos violentos que han tenido lugar durante los dos últimos años así lo confirman». (Elena Ódena; El marxismo, la lucha armada y la violencia revolucionaria y las guerras, 1979)

Sobre los orígenes del Movimiento de Países No Alineados; arma para mantener la explotación neocolonial al igual que las teorías de los «países del sur», los «países en vías de desarrollo» o los «países del tercer mundo»

Líderes nacionalista-burgueses de la Conferencia en Bandung de 1955 fundadora de de los países «no alineados» 

«Los economistas e ideólogos pequeño burgueses gustan en apelar a los «países del sur», los «países en vías de desarrollo» o bien los «países del tercer mundo» a los países englobados en la esfera neocolonial del imperialismo. Las denominaciones varían según las sensibilidades, yendo de la derecha –es decir partidarios declarados del imperialismo–, a la «extrema izquierda» –es decir los neocolonialistas vergonzosos y la pequeña burguesía radical–. ¡En la misma lógica mistificadora y para ocultar las relaciones de dependencia entre los centros imperialista y sus zonas de influencia, los países imperialistas para ellos, son renombrado como «países del norte» o países «industrializados» y desarrollados»! El fondo común de estas terminologías es correr un tupido velo con el fin de enmascarar el carácter de las relaciones económicas y políticas entre estos dos grupos de países. En el seno del movimiento comunista internacional, la victoria de los revisionistas soviéticos no fue algo sin incidencia, ya que provocó la sustitución de una terminología burguesa por encima de las clases en detrimento de la terminología marxista. Así para un marxista, es evidente que el mundo está dividido en dos campos: el mundo capitalista y el mundo socialista. Existen ciertas contradicciones en el mundo capitalista entre los países imperialistas y los países dependientes –coloniales y semicoloniales–, pero esto no altera en causa su carácter burgués común. Por el contrario, para los revisionistas soviéticos el mundo estuvo dividido en tres campos: «los países socialistas», los «países capitalistas», y los «países en vías de desarrollo». Véase para ello la obra del revisionista soviético Y. Jiline: «Problemas actuales del movimiento comunista» de 1972.

El carácter de clase de este tercer mundo es eludido de manera evidente: los países dependientes, coloniales y semicoloniales, desaparecían en provecho de país «países en vías de desarrollo». ¡Gracias a esta alquimia léxica, la explotación cede tan milagrosamente el sitio a la cooperación! ¡He aquí cómo los revisionistas sustituyen al marxismo-leninismo en una forma apenas modificada por el kautskismo! Esta desviación teórica servía evidentemente las finalidades estratégicas del imperialismo en general y de socialimperialismo soviético en particular, el cual procuraba halagar a las camarillas burguesa-compradoras «no alineadas» de los países dependientes con el fin de le atraérselos.

Esta desviación, subtendida por los diseños maoístas de «nueva democracia» será renombrada como teoría de los «tres mundos» por los socialimperialistas chinos. Es este el marco en el que nos tenemos que retrotraer para ver el movimiento de los «no alineados».

En abril de 1955 se reunieron en Bandung en Indonesia, la Conferencia de solidaridad afroasiática que reagrupaba en un inicio a los jefes de Gobierno de 29 países asiáticos y africanos: Nehru, Chou En-lai, Nasser, Sukarno y Tito, cogiéndose de la mano, pusieron las bases del «no alineamiento». China, India, Pakistan, Indonesia y Argelia formaban parte de los pilares fuertes de esta conferencia que prefiguraba las ideas tercermundistas que los revisionistas chinos abiertamente desarrollarían en los años 70, ya cuando se ilustrarían las ambiciones de los pseudocomunistas chinos que procuraban desempeñar un papel de primer plano en el seno de los «no alineados» que representaban una buena parte del «segundo mundo». La Albania socialista se negó evidentemente a participar en esta conferencia. Jamás cesó de denunciar el no alineamiento y las teorías tercermundistas revisionistas-burguesas y otras teorías reaccionarias al servicio del sistema imperialista. Como ejemplo de esta denuncia véase por ejemplo la obra de Enver Hoxha: «La política del «no alineamiento», una política construida sobre un castillo de arena» de 1980; la obra de Enver Hoxha: «El imperialismo y la revolución» de 1978; o la obra de Llambro Filo‬: «La «vía no capitalista de desarrollo» y la «orientación socialista», «teorías» que sabotean la revolución y abren las vías a la expansión neocolonialista» de 1985.

jueves, 18 de agosto de 2016

La distinción entre la revolución antiimperialista socialista del proletariado y la revolución anticolonial de la burguesía


«Los marxista-leninistas nos negamos a aceptar ciegamente toda pretendida «revolución antiimperialista» –sobre todo cuando se queda acantonada en su etapa anticolonial–, como una «revolución socialista».

La transformación de la primera a la segunda no es ni mecánica, ni automática, por la simple razón de que en los países coloniales, una parte de la burguesía nacional está interesada en el derrocamiento del yugo imperialista y es conducida así a apoyar, ve dirigir –de manera más o menos consecuente según la situación– el combate de las capas populares por la libertad del yugo del capital extranjero y la fracción de la burguesía nativa relacionada con este, pudiendo sacar beneficio de una mayor por la nueva situación. Por eso el hecho de atacar a los capitalistas extranjeros y no significa que todos los explotadores nacionales hayan desaparecido. ¡Ténganse cuidado pues, de no confundir la revolución democrático-burguesa contra el imperialismo de la revolución socialista!

La primera puede acompañarse de medidas radicales –puritarnismo revolucionario, nacionalizaciones burguesas de los sectores que antes pertenecían al capital extranjero–, en la lucha contra el feudalismo y el embargo del capital extranjero en la economía, preservando las posiciones económicas de la pequeña y mediana burguesía nacional de la cuidad y el campo.

Sobre la cuestión nacional y colonial, Stalin había defendido de modo muy justo que la revolución democrático-burguesa anticolonial era una revolución hecha a favor de las masas campesinas y a favor de la burguesía indígena contra los terratenientes, los vestigios de feudalismo y la burguesía compradora. Esta revolución pretende pues destruir las relaciones precapitalistas y coloniales de producción que mantienen la economía de estos países en un estado de atraso extremo  –en un país extranjero el capital extranjero desarrolla sólo algunas ramas de la producción, haciendo caso omiso del desarrollo del mercado nacional indígena–, a fin de liberar el desarrollo de las fuerzas productivas, pero sobre la vía de la introducción y el desarrollo de las relaciones capitalistas de producción.

Tal tipo de revolución, que se apoya en la creación de un mercado nacional, beneficia a la burguesía nacional que se refuerza, y también en menor medida a las masas trabajadoras de estos países: a medida que aumente la productividad de trabajo, la burguesía nacional podrá conceder algunas mejoras de las condiciones materiales de los trabajadores, en una medida siempre muy inferior al crecimiento de sus beneficios: la reducción de la pobreza, bajo el capitalismo, solo puede ser relativa y no absoluta. ¡Y siempre que la riqueza de los trabajadores aumente, significará que la de la burguesía estará creciendo mucho más rápido! Además, bajo el capitalismo, la mejora de las condiciones materiales de los trabajadores en cualquier país solo es posible cuando el poder relativo, es decir, la tasa de ganancia de «su» burguesía aumenta en comparación con la de otras burguesías competidoras. En los países dependientes, la expropiación de la burguesía compradora también redistribuye la riqueza más equitativamente pero esto no constituye ningún tipo de socialismo: la formación de Estados burgueses centralizados sucede dentro del desarrollo de la economía mundial y de la internacionalización de los medios de producción, donde la burguesía imperialista intenta poner frenos al libre desarrollo de la industria de producción de medios de producción.

La revolución antiimperialista –socialista– pone el acento sobre la independencia económica como condición para el mantenimiento de la independencia política y se caracteriza por la prioridad consagrada a la industria de medios de producción, mientras que la revolución anticolonial –democrática-burguesa– espera aprovechar de una mejor –o «más equitativa»– integración en la división internacional del trabajo. Como marxistas, nos negamos pues a asimilar toda medida de nacionalización como socialismo, sea en países imperialistas o en países dependientes. Las nacionalizaciones pueden tener un carácter socialista solamente si se acompaña de la expropiación sin indemnización de la burguesía en conjunto, imperialista como nacional –compradora como patriótica–.

martes, 16 de agosto de 2016

Algunos datos sobre la deuda y el capital extranjero en Corea del Norte

Kim Jong Il y Ju Jintao en 2006

«En marzo de 2005 China y Corea del Norte firmaron un «acuerdo de promoción y protección de las inversiones» y en diciembre del mismo año ambos gobiernos decidieron prospectar en común importantes yacimientos de petróleos offshore en el Mar Amarillo estimados en 800 millones de toneladas. Durante los años 1960-1980 Corea del Norte importaba petróleo soviético, obligada por la división internacional del trabajo.

Estimamos esencial pararnos un instante en Corea del Norte y sus relaciones de producción internacionales, antes de pasar a las relaciones comerciales y financieras entre el imperialismo chino y los países del «tercer mundo».

Del mismo modo que China envía en la actualidad a obreros a trabajar en ciertos países de Europa del Este, Corea del Norte envía a obreros a trabajar a Rusia. En 2004, la región de Vladivostok registró la entrada de 262.000 nacionales chinos y de 13.000 nacionales norcoreanos. En los últimos años, un promedio de 10.00 trabajadores norcoreanos, bajo un visado de trabajo, cruzan la frontera anualmente.

Estas prácticas son antiguas para Corea del Norte, pues ya enviaba trabajadores emigrantes como medio de satisfacer la deuda contraída frente a la Unión Soviética socialimperialista: en respuesta al acuerdo concluido entre Kim Il Sung y Brezhnev en 1966, eran de una media entre 15.000 a 20.000 trabajadores emigrantes quienes trabajaban anualmente en la región de Vladivostok, sobre las obras de construcción y deforestación, es decir trabajadores que empleados en los sectores más ávidos de mano de obra barata y donde las condiciones de trabajo eran más penosas. Sin embargo la deuda exterior norcoreana nunca fue reabsorbida: la dawisación de Corea del Norte lo impidió, y en 1991 la deuda exterior contraída frente a la Unión Soviética socialimperialista llegaba a los 8 mil millones de dólares.

Si hasta los años 60 el desarrollo económico de Corea del Norte fue importante, el mismo fue severamente más despacio desde la segunda mitad de los 70, como en la mayoría de países burgueses-revisionistas que sintieron duramente las consecuencias de la crisis de 1973. Numerosos son los economistas burgueses que hablan de las «reformas económicas» llevadas a cabo por Corea del Norte en los 80, de China en 1978, de Vietnam en 1986, de Cuba en 1992 o de la Unión Soviética revisionista en 1991. Todas ellas son idénticas en el fondo: ¡no sólo únicamente la integración en la división internacional del trabajo en el dominio de la producción mercantil, sino la mayor apertura al capital extranjero!

Según las estadísticas chinas, el flujo de Inversión Extranjera Directa china hacia Corea del Norte ha pasado de 1,1 a 14,1 millones de dólares entre 2003 y 2004. En 2006, Kim Jong Il y Ju Jintao hablaron con entusiasmo de los «éxitos» en la «cooperación mutuamente beneficiosa de la economía y en el dominio del comercio». Ju Jintao aseguraba su apoyo a los norcoreanos en su búsqueda de un «camino de desarrollo conforme a la realidad de su país», y Kim Jong Il a cambio alabó la «modernización socialista de características chinas», añadiendo que:

«El sorprendente desarrollo que se comprueba en el vasto territorio chino es el resultado de la acción del Partido Comunista de China que propuso las nuevas líneas y políticas, conformes a la realidad de su país». (Xinhua, 19/01/2006)

Estudiando a Corea del Norte, la revista del gran capital Challengues titulaba recientemente que era «un país stalinista realmente atractivo», remarcando:

«El coste invencible de la mano de obra norcoreana de calidad». (Challenges, n°52, octobre 2006)

Aludiendo que el salario medio de un obrero norcoreano era cuatro veces menor que el de un obrero chino. Estando en antípodas de la construcción de la Albania socialista, la constitución democrático-burguesa norcoreana estipula que:

«El Estado fomenta la gestión empresarial colectiva y la producción cooperada de los organismos, empresas y organizaciones de nuestro país con personas naturales y jurídicas extranjeras, así como el establecimiento y gestión de diversas empresas en la zona económica especial». (Constitución de Corea del Norte, 1972, revisada por última vez en 1998)

Es evidente para un marxista-leninista que:

«Los capitalistas en ningún caso dan créditos para construir el socialismo, sino para destruirlo. Por consiguiente, un verdadero país socialista nunca acepta créditos, cualquiera que sea su forma, de un país capitalista, burgués o revisionista». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

El 2 de abril de 2007 el periódico Libération titulaba: «En la madriguera del capitalismo en Corea del Norte», con un reportaje sobre la zona económica especial de Kaesong, un vasto parque industrial que fue empezado a construirse en 2003 a algunos kilómetros de la frontera con Corea del Sur. Los promotores norcoreanos prevén que la zona franca de Kaesong se extenderá sobre 16.000 hectáreas en 2012 cuando serán implantadas 1.800 empresas extranjeras que emplearan a 350.000 obreros, producirá anualmente 0,6 mil millones de dólares en Corea del Norte. A principios de 2007, 15 empresas surcoreanas se implantaron ya y hacían trabajar a 11.000 norcoreanos. En Kaesong, los dirigentes norcoreanos atraen a los potenciales inversores con el interés de una implantación de: 

«Bajos impuestos, salarios bajos, garantías contra el riesgo de pérdida o confiscación». (Libération; En la madriguera del capitalismo en Corea del Norte, 2 de abril de 2007)

El capital y la tecnología son exclusivamente surcoreanos y las empresas se limitan a la industria ligera. Como el nivel del salario es mucho menor que en Corea del Sur, los bienes de consumo fabricados –ropa, utensilios, relojes, cosméticos, etc.– han pasado en Corea del Sur bajo la etiqueta de «Hecho en Corea». Corea del Norte después de ir a remolque bajo las cadenas del socialimperialismo soviético con la división «socialista» internacional del trabajo, hoy en día está transformándose en un país dependiente no sólo en lo comercial sino también de las inversiones: un régimen burgués-comprador clásico.

Los imperialistas chinos y surcoreanos se reparten hoy Corea del Norte, el imperialismo surcoreano pretende convertirla en un taller del que saque beneficios que sirvan para reforzar sus posiciones imperialistas regionales y para atenuar la lucha de clases del proletariado surcoreano. Es evidente que defender el régimen comprador de Kim Jon Il, como un régimen «socialista» es más contrarrevolucionario que nunca. Es continuar desacreditando el comunismo y convertir a éste en un espantapájaro para el proletariado internacional:

«Entre capitalismo y comunismo, liberalismo y estatismo, el enclave se desarrolla entre la contradicción». (Libération; En la madriguera del capitalismo en Corea del Norte, 2 de abril de 2007)

Puede haber contradicción para los que toman por el «socialismo» y hasta por el «stalinismo», pero no para nosotros cuando solamente es un sistema político burgués-revisionista de tipo comprador.

Durante más de tres décadas, Corea del Norte fue integrada en la zona de influencia del socialimperialismo soviético, a la caída de la Unión Soviética su situación se agravó las dificultades económicas ya existentes como le pasó a Cuba: después de descender un 45% durante el periodo 1990-1998, el PIB de Corea del Norte sólo recuperó un 90% del PIB que tenía en 1990.

En 1996 la deuda exterior norcoreana fue de 12 mil millones de dólares. Las cosas no pintan como pensar que esto va a arreglarse, ya que por el solo año 2004, el déficit de la balanza comercial exterior norcoreana se instalaba 0,9 mil millones de dólares, esto es un valor igual al 3/4 de sus exportaciones, una situación bastante comparable a la de Cuba. Desde el año 2000, Corea del Norte ha ampliado su relación con China y la Rusia de Putin. 

La parte de China en el total del comercio exterior norcoreano pasó del 20 al 37% durante el período 1995-2004, mientras que el volumen total del comercio exterior norcoreano aumentaba el 52% durante mismo período.

Si la parte comercial de Corea del Sur se mantuvo alrededor del 18%, la de Japón, en cambio bajó mucho pasando del 19 al 7%. Sin embargo, en 2005-2006, Japón no fue el único en sufrir la competencia de China en Corea del Norte: el imperialismo surcoreano también comenzó a sufrir esto hasta el punto de que:

«El auge del comercio entre Pekín y Pyongyang inquieta a Seúl». (Figaro; 7 de abril de 2006) 

Si antes China exportaba sobre todo cereales y petróleo hacia Corea del Norte, estos últimos años son los productos electrónicos, las máquinas de herramienta y los bienes de consumo lo que ocupan el primer sitio. Por su parte, Corea del Norte exporta acero, cinc y la antracita hacia China». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

sábado, 13 de agosto de 2016

Reflexiones sobre el VIIº Congreso del Partido «Comunista» de Cuba y su línea económica; Equipo de Bitácora (M-L), 2016

Imagen del VIIº Congreso del Partido Comunista de Cuba, celebrado del 16 al 19 de abril de 2016

¿Ha habido algo «nuevo» en economía que haya sido proclamado el VIIº Congreso del «Partido Comunista» de Cuba? No.

Analicemos sus puntos más importantes y veremos que no hay nada nuevo, que solo se trata de la profundización de un camino emprendido tiempo atrás:

1) Desde finales de los 80 Cuba permitió la entrada de capital extranjero para equilibrar su balanza comercial deficitaria, en base a esto a ido reformando su ley de inversiones en 1995 y más adelante. Actualmente si bien no está neocolonizada por el capital estadounidense, sí lo está por otros imperialismos, veamos unos datos simplemente de hace 10 años:

«A fines del año 2000 habían 392 asociaciones económicas con capital extranjero, ubicadas en su mayor parte en minería, prospección-extracción de petróleo, turismo, industria –ligera, alimentaria y sideromecánica– y construcción. En los últimos años se han incorporado nuevas ramas a la inversión extranjera, entre  las que se encuentran la industria energética, del gas, sector financiero, comercialización de tabacos y la gestión del suministro de agua a la ciudad, también se han aprobado importantes negocios para el desarrollo hotelero, la industria del cemento, la aviación civil e industrias para fabricación de pinturas y omnibus. Los capitales provienen de más de 46 países entre los que se resaltan, España, Canadá, Italia, Inglaterra y Francia. Alrededor del 50 % de los proyectos corresponde a Países de la Unión Europea». (Roberto Villas Bôas y Mário Sanchez; Tecnologías limpias en las industrias extractivas minero-metalúrgica y petrolera, 2006)

Muchos de los admiradores del modelo cubano, argumentaban que esto era algo temporal, que en cuanto se repusiera de la crisis económica que se arrastraba de los 90 y cuando el modelo se actualizara, en Cuba paulatinamente se iría eliminando la presencia de compañías imperialistas. Pero actualmente no solo se ha mantenimiento sino que se ha profundizado la tendencia hacia la promoción de la «inversión extranjera» para «alcanzar el crecimiento requerido»:

«En efecto, en la economía cubana actual se alcanzó una tasa de crecimiento de solo 2,7% en los últimos cinco años, cuando se requiere un ritmo estable superior al 5% anual, lo cual demanda a su vez una tasa de inversión superior al 20%. Sin embargo, el país no posee una capacidad de ahorro interno suficiente –la tasa de inversión en relación al PIB ha promediado solo alrededor del 10% en los últimos años-, por lo que resulta indispensable incrementar la inversión extranjera directa para alcanzar el crecimiento previsto». (Cubadebate; Los Lineamientos para la Política Económica y Social y su evolución 2011-2016, 14 de abril de 2016)

Durante el congreso se ha recalcado la importancia que ha tenido la nueva Ley de inversión extranjera directa de 2014 para facilitar la entrada de capital de los imperialismos. Recordemos esta ley y algunos de sus nuevos epítetos que contiene:

«La nueva ley reduce del 30% al 15% los impuestos sobre las ganancias de los inversores extranjeros y ofrece mayor protección legal. Para la mayoría de ellos se establecerá también una moratoria tributaria para un período ocho años». (Actualidad Russia Today; La nueva Ley de Inversión Extranjera en Cuba romperá con el bloqueo fuera de EE.UU, 29 de marzo de 2014)

Otra cuestión a conocer es saber cómo funciona esta ley y como el gobierno cubano se aprovecha de ella para exprimir un poco más a los trabajadores cubanos:

«La Ley de Inversión Extranjera estipula que la contratación de mano de obra cubana se debe realizar a través de empresas contratistas constituidas por el Estado cubano, que son las que aportan la mano de obra según los requerimientos de las empresas extranjeras. Estas empresas contratistas, denominadas «entidades empleadoras», reciben el pago por el 
«servicio» que los trabajadores cubanos brindan a las empresas extranjeras, y de esa suma global, el Estado cubano paga los salarios a los trabajadores. De la misma forma ocurre en el caso de los servicios médicos, donde la «Comercializadora Servicios Médicos Cubanos S.A. del MINSAP» recibe el pago por los servicios médicos y a su vez paga a médicos, enfermeras y auxiliares. Obviamente, los contratos entre el Estado cubano y los trabajadores cubanos son contratos de sujeción, en los cuales los trabajadores sólo pueden aceptar sin poner condiciones. Además, es conocido que el Estado cubano cobra una cantidad mucho mayor a la que paga en definitiva al trabajador. Pese a ello, las empresas extranjeras encuentran que la mano de obra cubana es muy barata y permite niveles de rentabilidad bastante altos. El monopolio de la contratación de mano de obra y la prohibición del contrato directo entre empleador-empleado le permite al Estado cubano apropiarse de una parte sustancial de los salarios de los trabajadores. En el caso de trabajadores calificados y profesionales, esta parte es mucho mayor. Aún así estos salarios son superiores a los que cualquier trabajador puede obtener trabajando para las empresas estatales». (Bajo la Bandera del Marxismo; Cuba: En camino a la completa integración en la economía mundial, 2015)

Los revisionistas cubanos dependen tanto de la inversión extranjera para cubrir las pérdidas de su desastroso modelo económico que se han llegado a definir en los documentos referidos al VIIº Congreso a la inversión extranjera como parte esencial para el desarrollo del país y en particular de los sectores estratégicos:

«Concebir la inversión extranjera directa como parte esencial de la estrategia de desarrollo del país y en particular, de los sectores definidos como estratégicos». (Partido Comunista de Cuba; Conceptuación del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista, 2016)

Cualquier marxista-leninista entiende de esto que:

«Después del año 1991 bajo el agravamiento del déficit de la balanza comercial exterior y el aumento de las inversiones extranjeras directas, Cuba devino a ser un país comprador-burgués clásico donde una parte creciente de la economía es propiedad directa del capital extranjero. En estas condiciones, luchar por «salvaguadar» o «reforzar» el «socialismo cubano» es solamente una lucha vista a mistificar a los trabajadores cubanos sobre este «socialismo», que tan solo es un reformismo burgués en crisis bajo una apariencia de independencia cuando todo indica una dominación económica de tipo compradora». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

2) Promover intentos de renegociación de las deudas –que alcanza a cerca del 30% del PIB– y de la consecución de nuevos créditos en «mejores condiciones»:

«Alcanzar ese incremento en la inversión foránea resulta imposible si no se pagan las deudas vencidas y se retoman nuevos créditos en mejores condiciones, por lo que resulta indispensable restaurar primero la confianza de los acreedores en el país liquidando hasta donde sea posible esos adeudos, que se consideraban por analistas internacionales en torno al 27% de la deuda total, la que a su vez en el 2011 se estimaba en 22.716 millones de dólares –un 32,4% del PIB–. (...) Mediante este proceso se logra –por un lado- la condonación de una proporción significativa de deuda vencida y –por otro lado- la incorporación de menores adeudos a partir de lo renegociado, al tiempo que se añaden los compromisos de pago por los nuevos créditos obtenidos en mejores condiciones. A partir de este proceso se aprecia que la deuda estimada en 2015 llegaba a 24 108 millones de dólares –un 28,7% del PIB-, con un servicio planificado a pagar de 5.661 millones –6,7% del PIB– y unas reservas internacionales calculadas en 11.603 millones. (...) Pasando rápidamente revista a lo ocurrido, en 2013-2015 se dieron pasos acelerados en esa dirección. Así se acordó la cancelación del 90% de la deuda con la antigua URSS, que según cifras rusas, alcanzaba los 35.000 millones de dólares, pactándose el pago restante a 10 años en condiciones favorables; también en 2014 se renegoció  la deuda con México por 487 millones de dólares, que se canceló en un 70% con facilidades para su pago durante 10 años; finalmente en diciembre de 2015 se renegoció la deuda con el Club de París por 11.100 millones de dólares, la que se condonó en un 70%, con un pago restante durante 18 años en cuotas gradualmente crecientes. Otras cancelaciones de adeudos bilaterales se han venido negociado también con Francia y España». (Cubadebate; Los Lineamientos para la Política Económica y Social y su evolución 2011-2016, 14 de abril de 2016)