«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

jueves, 21 de septiembre de 2017

Apoyo del PCE(r) a modelos de partido brezhnevistas-tercermundistas; Equipo de Bitácora (M-L), 2016



«En otros países, como ha quedado expresado, las organizaciones guerrilleras cumplen la función de destacamento avanzado de lucha, pero también a través de ellas se intenta la formación del partido proletariado. (...) En el curso de la lucha armada, o tras su culminación con la toma de poder –casos de Cuba, Angola y Nicaragua– se ha construido el partido marxista-leninista». (Partido Comunista de España (reconstituido); Temas de formación marxista-leninista, 1989)

He aquí las simpatías y apoyo del PCE (r) a régimen tercermundistas que posaron de socialistas. ¿Acaso Cuba, Angola o Nicaragua crearon el partido marxista-leninista o es que sencillamente se lo sacaron de la chistera? Para empezar pongamos en contexto al lector, como era el actuar de los revisionistas en estos países que llegaban al poder sin un partido de nuevo tipo.

El prototipo del partido prosoviético en dichos países eran directamente partidos burgueses y pequeño burgueses presentados desde el exterior como afines al socialismo –como el Partido Baath [ó Baaz] en Irak, Siria o Egipto–. También encontramos la aglomeración de varias organizaciones y clases en un frente, y el establecimiento de este frente como presunta plataforma desde la que nace el partido marxista-leninista o que asumirá el papel de vanguardia concerniente a un partido proletario –véase el Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua o el Movimiento Popular para la Liberación de Angola en Angola–. Se denuncia que la dirigencia de un partido que se considere marxista-leninista –como unión de los elementos más conscientes y avanzados del proletariado–, no puede tener en su máxima dirección a elementos que de la noche a la mañana dicen estudiar y aceptar el marxismo-leninismo –véase Fidel Castro en Cuba, Daniel Ortega en Nicaragua o António Agostinho Neto en Angola–. Añádase la variante de formar partidos a partir de los golpes de Estado en el ejército –véase el Partido de los Trabajadores de Etiopía, la Unión Socialista Árabe en Libia, el Partido Democrático Popular de Afganistán, o el caso de Burkina Faso en donde nunca se llegó siquiera a fundar un partido, siendo comandado el proceso por una junta militar–.

Entonces ¿Cómo fue la conformación del Partido Comunista de Cuba?:

«Para empezar, lejos de existir un partido comunista en Cuba, se fusionaron distintos partidos antimarxistas para conformar un pseudopartido comunista. Veamos, oficialmente se fundó el actual Partido Comunista de Cuba en 1965, o lo que es lo mismo, seis años después de la toma de poder por la guerrilla del Movimiento 26 de julio; y éste partido vino a ser la unión del: Movimiento 26 de julio de Fidel, del Partido Socialista Popular de Blas Roca, y el Directorio Revolucionario 13 de marzo de Faure Chomón. Cierto es que de estas tres organizaciones, al triunfo de la revolución cubana de 1959, solo se reivindicaba como «comunista» el Partido Socialista Popular, quién había desarrollado una más que discutible «lucha» contra Fulgencio Batista, a quién coyunturalmente habían apoyado o combatido, tal partido ideológicamente naufragaba entre el revisionismo browderista y el revisionismo jruschovista en auge por entonces. Posteriormente, con el partido conformado y unificado, hubo una purga contra gran parte de los viejos elementos del Partido Socialista Popular pero no significaba que el partido de la nada se convirtiera por ello en marxista-leninista, ni siquiera que se deshiciera de la influencia jruschovista que el propio Fidel Castro llevaría a sus espaldas toda su vida. Queda claro por tanto, que no pudo existir ni existe una base marxista-leninista en tal partido; que bajo tal eclecticismo no ha existido ni existe una sólida unidad ideológica en el Partido Comunista de Cuba que además ha incubado múltiples tendencias de corte reformista-socialdemócrata, trotskista, anarquista, etc., facciones que se han permitido y permiten siempre que no cuestionen a la dirección en sí, una táctica muy clásica de los revisionistas que persigue obtener el apoyo de quién sea y como sea si tales individuos sirven para el propósito indicado». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 1 de septiembre de 2013)

Efectivamente para 1989 el PCE (r) seguía a pies puntillas las tesis tardías de los revisionistas soviéticos sobre el partido. Un modelo flexible donde era el todo vale. Estas recetas fueron tomadas como modelo de partido de los países de «orientación socialista» donde incluían precisamente a Angola y Nicaragua.

¿Por qué se caracterizaban estos partidos?

Primero. La creencia de que el partido debe partir de un frente:

«Además, algunos partidos políticos de «orientación socialista» se han formado como resultado de la reorganización interna de los frentes antiimperialistas, otros sobre la base de la colaboración y los acuerdos entre los demócratas revolucionarios y los llamados comunistas, es decir que estos partidos se han formado como resultado de la transformación de los frentes antiimperialistas en partidos, o como resultado de la coalición de diversas corrientes. Es evidente, según esto, que ninguno de ellos se ha formado, constituido ni funciona sobre bases ideológicas y organizativas marxista-leninistas. Estos partidos como antes el frente antiimperialista, están integrados por individuos de diversas ideologías y que representan fuerzas políticas y sociales distintas». (Nesti Karaguni; La esencia reaccionaria de la teoría revisionista soviética de la «orientación socialista», 1984)

Segundo. La creencia que sus líderes pese a no albergar conocimientos sobre marxismo-leninismo podían dirigir un partido que se pretendía marxista-leninista:

«Los hegemonistas soviéticos no escatiman los elogios más desenfrenados a los gobernantes de los nuevos Estados nacionales que de una u otra forma están atados al carro de la política de la Unión Soviética. Llegan al extremo de considerar a estos gobernantes como: «Revolucionarios destacados». (Vaprosi fillosoti; Nº.2, 1983) Que: «Se esfuerzan por asimilar la teoría del socialismo científico». (Vaprosi fillosoti; Nº.2, 1983) ¡Como si la revolución pasara por enseñar el marxismo leninismo a su líder!». (Nesti Karaguni; La esencia reaccionaria de la teoría revisionista soviética de la «orientación socialista», 1984) 

viernes, 15 de septiembre de 2017

Sobre el carácter que deben tomar las discusiones

Enver Hoxha junto a Saturnino Paredes

«En el curso de la depuración revolucionaria del partido, vosotros, a nuestro conocimiento, habéis aplicado ciertas formas de trabajo revolucionarias, marxistas leninistas, que no sólo son justas para vosotros que estáis trabajando a preparar la revolución, sino que son hasta indispensables para nosotros quienes triunfamos y estamos ahora profundizando ese fortalecimiento. La revolución languidece si no se toma medidas para prevenir estos fenómenos, si no procede en la revolucionarización continúa del partido. Pienso en particular en las tendencias de algunos de sus camaradas que, por lo que hemos oído, tienden a dirigir interminables discusiones en las organizaciones de base, olvidando los problemas esenciales del partido. Los debates impregnados de un espíritu mórbido no proceden de sentimientos y de ideas realistas verdaderamente marxistas leninistas, sino de sentimientos e ideas subjetivistas. El criticismo que parte de declaraciones poco saludables nunca es constructivo, por el contrario, desmoralizan a los revolucionarios y obstaculizan la revolución. Este fenómeno, aunque raro, también ocurre en algunas de las organizaciones de base de nuestro partido, donde también hay algún elemento que otorga más importancia a las cuestiones secundarias y los problemas personales. Así, cuando alguien comete un error la discusión en la organización de base del partido no versa sobre este error, sino sobre los «bellos ojos» de este o aquel, cuando las discusiones prosiguen sin cesar de reunión en reunión y en un espíritu malsano, los grandes problemas esenciales de la organización entonces son descuidados forzosamente, los comunistas riñen entre ellos y se dividen en grupos y en camarillas. Cuando estos grupos o camarillas se presentan en principio quizás parezca que no tengan una naturaleza política, sino un carácter personal, porque ellos no se presentan al principio en contra del partido directamente. Sin embargo, yendo persona contra persona la discusión ya no se basa en principios, y los desacuerdos tienden a ampliarse, debilitando o poniendo en peligro al partido. Así pues, la organización básica del partido se divide en dos, los esfuerzos del partido para resolver los problemas que le preocupan comienza a disminuir, la gente solo está ocupada con los problemas personales y las discusiones sin importancia, mientras problemas esenciales se descuidan y la organización se debilita.

El partido nos enseña que las deficiencias y errores no deben permitirse en nuestras filas. Tan pronto como sean descubiertos ellos deben ser criticados y corregidos al tiempo de prevenir que ellos se extiendan hasta el punto de que se cree un cisma». (Enver Hoxha; Los objetivos se consiguen a través de acciones y no de discusiones estériles; De una conversación con el Secretario General del Partido Comunista de Perú Saturnino Paredes Macedo, 12 de julio de 1969)

El apoyo del PCE(r) a los nacionalismos pequeño burgueses; Equipo de Bitácora (M-L), 2016


«ETA cumplía el rasgo de ser una banda terrorista de visión nacionalista pequeño burguesa. Aquí el PCE (r) también mantuvo una postura basada en el seguidismo total, incluso llegando a pedir el voto por sus organizaciones legales:

«A raíz de la detención de la Mesa Nacional de Herri Batasuna, surgió entre nosotros la propuesta de apoyar en las próximas elecciones a dicha coalición a fin de mostrar la solidaridad activa de la clase obrera respecto al MLNV y poder contrarrestar al mismo tiempo, en la medida de nuestras posibilidades, la nueva ofensiva terrorista emprendida por el Estado español contra el pueblo vasco. Pues bien, de todos es conocida cuál es la posición del PCE (r) respecto a las elecciones organizadas por el régimen, nuestra táctica boicoteísta, encaminada a aislarlo todavía más; ahora bien, en unas circunstancias como las que acabo de describir, el voto favorable a H. B. contribuiría a ese aislamiento y a una mayor confluencia de las fuerzas populares. (...) Ateniéndonos, además, al hecho de que el MLNV no suele hacer una utilización oportunista de su participación en las instituciones, nosotros deberíamos apoyarles, y hacerlo, además, de manera consecuente, sin poner por nuestra parte ninguna condición». (Informe Político presentado por el camarada M.P.M. (Arenas) al Pleno del Comité Central, junio de 1997, publicado en Resistencia núm. 36, junio de 1997)

¡Por supuesto Herri Batasuna no utilizaba las elecciones con propósitos oportunistas, claro que no! Un grupo infecto de ideas tercermundistas, nacionalistas, chovinistas, y socialdemócratas solo intentaba concertar mezquinas alianzas con la derecha nacionalista y católica del Partido Nacionalista Vasco (PNV) el cual había demostrado ser un traidor a los intereses del proletariado vasco desde hacía décadas:

«El que Herri Batasuna esté promoviendo una alianza o algo semejante con el PNV y otras fuerzas políticas de la gran burguesía vasca, no ha de llevarnos a regatearle ningún apoyo». (Informe Político presentado por el camarada M.P.M. (Arenas) al Pleno del Comité Central, junio de 1997, publicado en Resistencia núm. 36, junio de 1997)

La postura del PCE (r) sobre ETA no es sino el resultado de su incapacidad de aunar fuerzas y apoyos en Euskadi, por lo cual creyeron que no podían hacer otra cosa que actuar como comparsa para ganar simpatías. Por supuesto para el PCE (r) hubiera sido una labor muy tenaz y angustiosa realizar su propio análisis respecto a ETA y tomar una postura marxista al respecto, pero comprendedles, ellos son más de seguidismo a ultranza, por eso no son marxista-leninistas sino sujetos que creen ser marxista-leninistas; y en efecto, son otra cosa: maoístas para ser exactos. Los desarrollos de ETA y su partido afín Herri Batasuna son bien conocidos, yendo a la deriva en programas irreales y sin una conexión real con las masas, finalmente los restos de estas organizaciones derrotadas se han ido integrando en partidos como Bildu y Sortu, de aún mayor calado reformista y oportunista que las de entonces, y que andan lejos de haber logrado la hegemonía en Euskadi pese al mayor número de concesiones.

¿No es esta la misma situación que se ve hoy repetida en Cataluña donde el PCE (r) y sus apologistas apoyan públicamente a la Candidatura d'Unitat Popular (CUP) y al proceso en que resulta de aliado con los restos de Convergència i Unió (CiU), partido corrupto de la burguesía catalana nacionalista conocido por sus medidas antipopulares y por traficar con los intereses nacionales? Claro que es lo mismo. Repiten el mismo error que cometieron en los 80 con Herri Batasuna.

Hagamos unas breves anotaciones sobre el actual proceso soberanista de Cataluña, conocido en Cataluña como «procés». Tras la aprobación del Estatuto de Cataluña de 1979 que venía a ser la restitución del Estatuto de la II República. Durante el gobierno tripartito (2003-2010) PSOE-ERC-ICV-EUiA el Parlament de Cataluña aprobó en 2005 un nuevo Estatuto, refrendado por Madrid. En 2006 CIU y PSOE encabezaron una nueva reforma del Estatuto de Autonomía, de nuevo con la aprobación masiva del Parlament. En 2010 a propuesta del PP y con el apoyo de otros grupos, el Tribunal Constitucional Sentenciaba que el Estatuto de Autonomía de Cataluña de 2006 era inconstitucional, anulándolo. Como respuesta, los grupos independentistas celebraron consultas no oficiales sobre la independencia de Cataluña. A partir de entonces en Cataluña se lucha por ver quién lleva la batuta del independentismo. En 2017 el Presidente Puigdemont ha anunciado que el 1 de octubre de 2017 tiene intención de que se celebre el referéndum bajo la pregunta si se desea un Estado catalán independiente y republicano.

¿Pero quiénes de esas fuerzas actuales que lideran el proceso independentista?

Su principal fuerza es la antigua «Convergència i Unió» (CIU) una fuerza soberanista pero no independentista, dirigida desde la «Transición» por el nacionalista liberal Jordi Pujol, quién jugó un papel determinante en mantenimiento de la estabilidad de la joven democracia burguesa española posfranquista. Sería solamente ya en los recientes sucesos y bajo el liderazgo del también famoso corrupto Artur Mas que CIU empezaría a hablar de independencia. El cambio repentino de CIU en la cuestión de apoyar un regionalismo a un independentismo corresponde al oportunismo puro y duro, un as en la manga para desviar las atenciones de las gestiones gubernamentales de CIU y la burguesía catalana. Los casos de corrupción son incontables: Banca Catalana, Caso ITV, Caso Palau, Caso 3%, Operación Clotilde, etc. Tras los fiascos electorales y estos sonados casos de corrupción recientes de Pujol-Mas el partido se refundó en 2016 bajo la denominación Partido Demócrata Europeo Catalán (PDeCAT), siendo aún oficialmente Artus Mas el líder de la formación, mientras que el actual Presidente de Cataluña es otro militante: Carles Puigdemont. Eso indica que el PDeCAT no quiere deshacerse de sus cadáveres ni aunque le suponga autoperjudicarse.

La aliada pero rival del PDeCAT por liderar el proceso independentista es Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), que ha sido siempre una fuerza nacionalista y pequeño burguesa que reivindicaba el derecho de autodeterminación y que contó con algunos méritos históricos progresistas durante los años 30 y 40, pero que en lo sucesivo de la posguerra demostró verse nucleado y liderado ya totalmente por elementos de la propia burguesía catalana. En las últimas décadas la ERC del oportunista Josep-Lluís Carod-Rovira ha sido la mejor muleta tanto para el PSOE como para CIU en los diversos gobiernos catalanes en coalición, responsable directo pues, de la política capitalista catalana y de sus fraudes. Desde 2015 ERC se agrupa con CIU –actualmente PDeCAT– y otras organizaciones en la coalición nacionalista e independentista «Junts pel Sí», obteniendo un 39,9% en las elecciones al Parlament de 2015. Su actual líder es Oriol Junqueras que no desmerece nada a la política oportunista de sus predecesores como Rovira.

Desde los 80 contamos con la Candidatura de Unidad Popular (CUP) dirigida por David Fernández, que ha venido a ocupar la bandera pequeño burguesa abandonada por ERC, de fuertes rasgos nacionalistas que apuestan por un separatismo a ultranza, en los últimos cinco años ha tenido mayor presencia electoral obteniendo un 8,21% en las elecciones al Parlament de 2015. La CUP rechazó ir en coalición con Junts pel Sí. Más tarde cedió dos de sus votos para que la coalición Junts pel Sí aprobase sus presupuestos, en palabras de sus dirigentes «Es un sí condicionado. Es un sí al referéndum».

El proceso capitaneado por el PDeCAT/ERC-CUP aspira a dos objetivos según el escenario: por un lado, en caso de éxito, a la independencia y a la estructuración de un Estado burgués; por el otro, la no independencia, pero conquistando mayores competencias para el gobierno autonómico, especialmente en materia fiscal –dada las actuaciones creemos que este es el objetivo primario–. Es precisamente por esta razón que el nacionalismo español actúa impidiendo la consulta, su objetivo es que no se lleve a cabo para no verse obligado a: o bien tener que dar concesiones al gobierno autonómico como último «soborno»; o bien tener que llamar a una consulta vinculante.

El nacionalismo catalán independentista en desarrollo, que es de mayoritario carácter burgués, imperialista, resulta tan peligroso y supremacista como el nacionalismo español burgués que no quiere tal independencia por motivos económicos obvios de una región tan productiva y de alto valor industrial y terciario. Para ello el nacionalismo español piensa no permitir nunca la celebración del referéndum independentista o hacer de forma global consultando a todo el conjunto de la población española, no solo a la catalana.

Ambos nacionalismos son responsables directos del deterioro en materia de derechos civiles, laborales y sociales sufridos por la clase obrera catalana y española dado el caso; por ejemplo: la policía autonómica fue enviada por los independentistas de derecha burguesa en la Generalitat a reprimir a los independentistas pequeño burgueses de «izquierda» que ocupaban las plazas, también está el caso de los suicidados en los CIE's catalanes, además del vaciamiento de contenido de la Seguridad Social por los entes autonómicos; y en materia de relaciones internacionales cada uno se ha aproximado a Estados imperialistas para respaldar sus intereses: los nacionalistas españoles se aproximaron a los EE. UU. y los nacionalistas catalanes se han aproximado a Israel con quién han firmado convenios de cooperación en materia militar y educativa pretendiendo obtener el apoyo estadounidense vía sionismo, y por cuanto «tapándose la nariz y los ojos» ante los crímenes que sufren los palestinos, tampoco podemos pasar por alto que uno de los factores nacionalistas catalanes, el Fútbol Club Barcelona, tiene relación comercial publicitaria con la monarquía árabe absolutista feudal de Qatar involucrada en el origen y expansión de la guerra en Oriente Medio, y tristemente célebre por sus ataques contra los derechos humanos fundamentales especialmente de los foráneos. Vale recordar que el nacionalismo catalán tiene un comportamiento que de tan frecuente es un cliché, según sus intereses borra toda contradicción, y es así como vemos a la derecha burguesa entablando unidad con la izquierda burguesa de cara a los próximos comicios; en ese sentido no podemos olvidar que en el pasado el nacionalismo catalán de derecha burguesa jugó un papel determinante en la construcción del Estado español posfranquista, y en tales hechos fue determinante en la aceptación de la herencia de la jurisprudencia franquista en todo lo concerniente al Estado: así como en la imposición de la monarquía parlamentaria. Dicho de otro modo: el Estado español actual es una construcción de todos los nacionalistas españoles incluido el nacionalismo catalán y vasco.

Efectivamente como decía el marxista-leninista catalán Joan Comorera no se puede ser «demócrata en el interior y neofascista en el exterior», no se puede resolver ni el problema nacional ni resolver las tareas democrático-burguesas ni socialistas «si se está a su vez al servicio de los imperialismos» que «pretenden dominar y esclavizar al mundo entero», es decir no se pueden conseguir estas tareas de la revolución en el ámbito nacional «si no se lucha a muerte contra la fuerza que sostiene y prolonga su vida miserable: el imperialismo». Como hemos declarado mil veces; la línea en la política exterior es el reflejo de la política interior, y tienen una interconexión dialéctica innegable, por tanto un partido que en su línea exterior apoya al imperialismo no tiene capacidad teórica –por que no entiende el carácter del imperialismo ni cómo combatirlo– ni práctica de recuperar la soberanía del país y mucho menos de construir el socialismo –porque dicha fuerza política seguirá sometido a los imperialismos o se tendrá un mismo proyecto imperialista–.

La CUP, como otros colectivos, se presenta bajo el esquema «independencia, socialismo, feminismo» y a veces hasta reivindican el marxismo. No obstante, aquí hay dos eslóganes que evidencia que no estamos ante una organización marxista, y en el eslogan que acierta no se atienden a los que entienden los marxistas por ese concepto. Echemos un ojo con profundidad.

martes, 12 de septiembre de 2017

Los trágicos acontecimientos de Chile, enseñanza para los revolucionarios de todo el mundo; Enver Hoxha, 1973



«La tormenta contrarrevolucionaria en Chile continúa azotando furiosamente a las masas trabajadoras, a los patriotas y a los combatientes de ese país. Las fuerzas de derecha, que llegaron al poder por medio del golpe de Estado del 11 de septiembre, están imponiendo semejante terror que hasta los hitlerianos les envidiarían. La gente es asesinada y masacrada en plena calle, en los centros de trabajo, en todas partes, sin juicio y bajo cualquier pretexto. Incluso los estadios deportivos han sido transformados en campos de concentración. Está siendo pisoteada la cultura progresista y son quemados en las plazas, al estilo nazi, los libros marxistas. Los partidos democráticos, los sindicatos y las organizaciones democráticas han sido declarados fuera de ley, y un obscurantismo medieval envuelve a todo el país. Aparecen en la primera línea del escenario político las fuerzas más tenebrosas, los ultrarreaccionarios fanáticos, los agentes del imperialismo estadounidense. Las libertades democráticas, que el pueblo había conquistado con su lucha y con su sangre, desaparecieron en un solo día.  

Los acontecimientos de Chile afectan no sólo al pueblo chileno, sino a todas las fuerzas revolucionarias, progresistas y amantes de la paz en el mundo, por ello, corresponde extraer lecciones de ellos no sólo a los revolucionarios y a los trabajadores de Chile, sino también a los de los demás países. Aquí, naturalmente, no se trata de analizar los detalles y las circunstancias de simple carácter nacional, o bien los actos específicos de la revolución chilena, las deficiencias y los errores que no rebasan su marco interno. Nos referimos a aquellas leyes generales que ninguna revolución puede soslayar y que, por el contrario, toda revolución está obligada a aplicar. Se trata de enfocar y de apreciar a la luz de los acontecimientos chilenos los puntos de vista correctos y los erróneos en la cuestión de la teoría y de la práctica de la revolución, de verificar cuáles son tesis revolucionarias y cuáles oportunistas, de establecer cuáles son las posiciones y actuaciones que contribuyen a la revolución y cuáles a la contrarrevolución.  

Hay que decir en primer lugar que el período en que el gobierno de Allende permaneció en el poder no es un período que pueda ser fácilmente borrado de la vida del pueblo chileno, así como de toda la historia de América Latina. Constituyéndose en intérprete de las reivindicaciones y los anhelos de las amplias masas populares, el gobierno de la Unidad Popular emprendió una serie de medidas y puso en práctica una serie de reformas, encaminadas a la consolidación de la libertad y de la independencia del país, al desarrollo independiente de su economía.  

El gobierno de Allende golpeó duramente tanto a la oligarquía nacional como a los monopolios estadounidenses que tenían en sus manos todas las llaves y hacían la ley en el país. El inspirador de esta línea progresista y antiimperialista fue el presidente Salvador Allende, una de las figuras más nobles que América Latina ha dado al mundo, eminente patriota y combatiente demócrata. Bajo su dirección el pueblo chileno luchó por la realización de la reforma agraria, luchó por la nacionalización de las compañías extranjeras, luchó por la democratización de la vida del país y por arrancar a Chile de la influencia estadounidense. Allende apoyó enérgicamente los movimientos antiimperialistas de liberación en América Latina y convirtió su país en refugio para todos los combatientes por la libertad perseguidos por los reaccionarios y las juntas militares de América del Sur. Respaldó sin reservas los movimientos de liberación y antiimperialistas de los pueblos y se solidarizó consecuentemente con la lucha que libran los pueblos vietnamita, camboyano, palestino y otros.  

¿Podían los latifundistas chilenos perdonar a Allende esta línea y esta actividad, viendo que su tierra era distribuida a los campesinos pobres? ¿Podían soportarle los fabricantes de Santiago que habían sido expulsados de las fábricas al ser nacionalizadas? ¿O bien las compañías estadounidenses, que perdieron su poderío? Era seguro, que estos se confabularían un día para derrocarlo y restablecer sus privilegios perdidos. Pero aquí se plantea una pregunta lógica: ¿sentía Allende la atmósfera que le rodeaba, se daba cuenta de los complots que se tramaban contra su gobierno? Por supuesto que sí. La reacción actuaba abiertamente. Asesinaba a ministros, a funcionarios de los partidos gubernamentales y a simples empleados. A instigación de la reacción y bajo su dirección fueron organizadas las huelgas contrarrevolucionarias de los transportistas, de los comerciantes, los médicos y otras capas pequeñoburguesas. La reacción finalmente, incluso probó su fuerza con un golpe de Estado militar llevado a cabo en junio, pero que no alcanzó su objetivo. Fueron descubiertos algunos planes de la CIA para derrocar el gobierno legítimo.  

Estas embestidas de la reacción interna y externa debían haber sido suficientes para hacer sonar la alarma y para meditar bien las cosas. Deberían haber sido suficientes para poner en práctica la gran ley de toda revolución, es decir oponer a la violencia contrarrevolucionaria la violencia revolucionaria. Pero el presidente Allende no hizo nada, ni siquiera se movió. Desde luego, él no puede ser acusado de carencia de ideales. Amaba con toda su alma la causa por la que luchaba y estaba firmemente convencido de su justeza. No le faltaba valor personal y estaba resuelto a llegar, como efectivamente llegó, incluso, hasta el sacrificio supremo. Pero su tragedia radica en que confiaba en el recurso a la razón para convencer a las fuerzas reaccionarias de que renunciaran a su actividad y cedieran por las buenas sus antiguas posiciones y privilegios.  

En Chile se pensaba que las más o menos viejas tradiciones democráticas, el parlamento, la actividad legal de los partidos políticos, la existencia de una prensa libre, etc. representaban un obstáculo insuperable para cualquier fuerza reaccionaria que intentara adueñarse del poder por medio de la violencia. Pero la realidad confirmó lo contrario. El golpe de Estado de las fuerzas de derecha probó que la burguesía tolera algunas libertades en tanto que no resulten lesionados sus intereses esenciales, y que cuando ve éstos amenazados, entonces no tiene en cuenta ética alguna.

Las fuerzas revolucionarias y progresistas de Chile han sufrido ahora una derrota, que, aunque bastante grave, es también pasajera. Se puede derrocar un gobierno constitucional, se puede asesinar a miles de personas y crear decenas de campos de concentración. Pero el ansia de libertad, el espíritu rebelde de un pueblo no pueden ser asesinados ni encarcelados. El pueblo resiste y eso demuestra que las masas trabajadoras no se conforman con la derrota, que están resueltas a extraer enseñanzas de ella y a continuar avanzando por el camino revolucionario. La lucha de liberación contra la reacción y el imperialismo tiene sus zigzags y sus altibajos. No cabe duda de que el pueblo chileno, que tantas pruebas de elevado patriotismo ha dado, que ha manifestado tanto amor a la libertad y a la justicia, que tanto odia al imperialismo y la reacción, sabrá movilizar sus fuerzas, luchar medida por medida contra sus enemigos y garantizar la victoria definitiva.  

martes, 5 de septiembre de 2017

Aclaraciones pertinentes sobre el atentado terrorista en Barcelona y sobre el rol del islam [Recopilación documental]; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«El bombardeo de mentiras y ocultamiento de la prensa al respecto de las causas del atentado en Barcelona y del rol de la religión musulmana, tienen como objetivo la manipulación. Veamos punto por punto lo más importante a clarificar.

1) Tras los atentados del 17 de agosto de 2017 ha sido realmente bochornoso ver cómo los medios de comunicación burgueses hablan de este fenómeno. No buscan entender cuáles pueden ser los motivos que llevan a jóvenes menores de 25 años a radicalizarse y cometer un acto así, pasan de lejos por cuestiones elementales tales como: la inadaptación, el desempleo, la frustración, la discriminación, la falta de oportunidades, y un largo etc. que resultan de las relaciones capitalistas de producción que imperan y dan lugar a la exclusión, y que por lo demás redunda en el autoaislamiento subjetivo y cultural que se condensa en un proceso de «guetificación» que sufre buena parte de la inmigración y población musulmana, algo que se expresa en el sentimiento de «ellos y nosotros» en uno y otro lado. 

Tampoco se analiza qué argumentos pueden vender los imanes «salafistas» para convencer a estos jóvenes para que desarrollen una ideología antioccidental que muchas veces se solapa al «takfirismo» –es una corriente fundamentalista del islam que acusa a otros musulmanes de herejía al no tener una lectura fundamental y por tanto de enemigos de Alá y el islam–; que los lleva en definitiva a perpetrar atentados contra objetivos civiles. También pasa desapercibido para esos medios la colaboración de España en las aventuras de Irak o libia, o los vínculos con Israel y EE.UU.; los dos países que más daño causan a los pueblos musulmanes hoy en día, y que de hecho están en el punto de origen del «yihadismo moderno», cuestión que si analizamos concluiremos que da argumentos de sobra a los fundamentalistas para nutrir su propaganda de un «islam sitiado» y a la defensiva ante la embestida del «cruzado occidental».

La hipocresía de la prensa occidental llega al punto de que los atentados de París, por ejemplo, fueron publicitados a todas horas, mientras atentados de mucha mayor magnitud ocurren cada poco tiempo en otros países menos «populares» sin que tengan cobertura alguna, y de hecho la mayoría de ellos se dan en países de población musulmana. Así el yihadismo lejos de lo que se cree, ha atentado desde 2000 al 2014 en un 87% de países de mayoría musulmana, no de mayoría cristiana ni judía; de hecho sépase como punto interesante no ha habido un solo atentado de ISIS contra Israel lo cual no puede ser una mera casualidad ya que ambos mantienen cordiales relaciones. Estos atentados han causado nada más y nada menos que más de 72.000 víctimas mortales, 63.000 de ellos en países donde el islam es la religión mayoritaria como decíamos: Irak han tenido un 7% de los atentados con 16.000 muertos aproximadamente; Afganistán un 4% con 14.000 muertos; Argelia un 2% con 2.300 muertos, Somalia un 1,5% con 3.600 muertos; Pakistán 1,4% con 7.2000 muertos; Nigeria un 1,2% con 10.000 muertos, etc. Datos irrefutables que desmontan la propaganda fascista de grupos como Hogar Social sobre el origen y el fin de estos atentados, pues los ocurridos en los países de Europa Occidental sólo constituyen un 0,1% de los 15. 818 atentados desde entonces. Durante la última década no hay por tanto un acoso a Europa como se dicen desde los medios fascistas. Ni siquiera con el recrudecimiento de los atentados en Europa con los sucesos de Berlín, Bruselas, Niza, París, y demás mofifica el hecho de que se está muy lejos de igualar lo que sufren los países africanos o asiáticos con el yihadismo. Otro dato: en 2017 de las 10.000 víctimas en los 939 atentados, un 95% se produjeron en países de mayoría musulmana. ISIS pretende atentar en esas zonas musulmanas porque a sus ojos son gobiernos traidores de la doctrina del Islam.

España y la doble moral de su gobierno es tal que es uno de los mayores exportadores de armas del mundo –la séptima potencia mundial–, y lo hace tanto a países de los que se queja de «falta de libertades democráticas» –Egipto o Venezuela– como de otros de los cuales ni se molesta en denunciar esa falta de derechos mientras simplemente se llenan los bolsillos con los negocios y beneficios de la industria armamentística –Turquía, Marruecos o Arabia Saudí–.

Como anotación los métodos del yihadismo en Europa han evolucionado desde un uso de arma blanca, pasando por explosivos hasta el uso de vehículos, lo que indica que para perpetrar un atentado masivo no hace falta métodos sofisticados ni conocimientos especiales, y que como otros terrorismos de la historia es muy fácil de sembrar el pánico si se desea, más cuando por cuestiones de fanatismo religioso y la idea de una vida llena de lujos y placeres en el paraíso, los yihadistas a diferencia de anteriores terroristas, no están dispuestos a ser hechos presos sino a dar la vida en el sentido literal, incluso con atentados suicidas. Véase este caso donde los terroristas después de los atentados portaban chalecos-bomba falsos con el objetivo de ser abatidos tras cometer la masacre. Según dicen los analistas en próximos años los ataques yihadisas se podrían centrar en ataques informáticos y a recintos como centrales nucleares.

viernes, 1 de septiembre de 2017

El apoyo del PCE(r) a las bandas terroristas; Equipo de Bitácora (M-L), 2016


«Precisamente, la RAF en Alemania declaraba sentirse inspirada en los Tupamaros. La RAF era aliada de los GRAPO, pese a sus leves divergencias siempre mantuvieron grandes relaciones, y como los GRAPO reconocían era un grupo con el que se sentían identificados. ¡Faltaría más!:

«¿Qué tipo de relaciones mantienen con otras organizaciones europeas como el IRA o la RAF de Alemania?

Bueno, los medios de comunicación han estado especulando durante estos años sobre las supuestas relaciones de los GRAPO con otras organizaciones revolucionarias de Europa. ¿Qué podemos decir sobre estas especulaciones? Con el IRA no mantenemos ningún tipo de relaciones, aunque comprendemos y apoyamos su justa lucha nacional. ¿Con la RAF y otras organizaciones antifascistas e internacionalistas? pues que nos sentimos mucho más identificados, no hay por qué negarlo». (Entrevista a miembros de los GRAPO, 1990)

La RAF fue otro grupo denunciado por los marxista-leninistas alemanes por cometer las mismas desviaciones típicas de «bandas armadas»:

«Como comenzó todo esto es bien conocido. En la Alemania Occidental de 1972 querían comenzar la lucha armada, fiel a sus modelos a seguir: «Mao, Fidel, Giáp, Marighella», siendo la mayoría de ellos intelectuales provenientes en su mayoría del movimiento estudiantil revolucionario de finales de los años 60 que albergaban un odio justificado al imperialismo, los crímenes de guerra del imperialismo estadounidense en Vietnam y la dominación brutal del capitalismo. Se veían a sí mismos como una élite revolucionaria, que propagaba la guerrilla urbana según el modelo de América Latina –en ausencia de una situación revolucionario y negando estar bajo dirección de un partido marxista-leninista– por lo que estaban fracasando antes de empezar a luchar. Esto no dice nada de su valentía personal, de su compromiso revolucionario pero sí de su juicio político. (...) Desde el principio, el partido –contrariamente a lo que a propósito mentirosamente ha difundido la prensa de Alemania Occidental– se ha distanciado de la RAF, por sus llamadas teorías: del uso del terrorismo expresado en intentos de asesinatos políticos sin conexión, de forma ajena con la lucha revolucionaria de las masas; de su blanquismo, que espera que la abolición para la humanidad de la esclavitud asalariada con la lucha de clase del proletariado es a través de la conspiración de una pequeña minoría de intelectuales; de su teoría del «impulso externo», la pequeña rueda de intelectuales revolucionarios que impulsa a la rueda grande, la clase obrera, para que funcione el engranaje; que establece que la clase obrera y los demás trabajadores, ya que son incapaces de elevarse a la lucha revolucionaria deben ser estimulados a través de acciones espectaculares; de su negación de la necesidad del partido marxista-leninista de vanguardia del proletariado y otras teorías oportunistas más. (…) El límite entre un revolucionario pequeño burgués y un contrarrevolucionario pequeño burgués obviamente se alcanza, cuando sus acciones, sus ataques, su terror, se vuelven contra el pueblo. (...) La historia de la RAF es un ejemplo clásico de la desesperanza de terrorismo pequeño burgués, como su principio revolucionario acaba en acciones contrarrevolucionarias». (Equipo de Bitácora (M-L); Recopilación de citas de Ernst Aust sobre la cuestión alemana y sobre el revisionismo alemán, 15 de enero de 2016)

¿Por qué teorías se caracterizaban las RAF? Sabemos que tenían una visión tercermundista de la lucha internacional. Una de las organizaciones maoístas españolas, que admiran a las RAF, reconoce:

«La RAF tiene claro que el frente de batalla está entre las metrópolis y las periferias, entre los países imperialistas y los países imperializados –el llamado Tercer mundo–. En su concepción, son los habitantes de las periferias y no los de los centros quienes están llamados a llevar a cabo la revolución proletaria mundial y a terminar con el sistema de intercambio imperialista saqueador de plusvalía. Los combatientes de la RAF se ven a sí mismos únicamente como partisanos «que operan tras las líneas enemigas». (Iniciativa Comunista; La fracción del Ejército Rojo, 2016)

¿Y en qué capa de la sociedad fijaba sus esperanzas como vanguardia de la revolución? En un alegato maoísta de la época de la Revolución Cultural, decían:

«En la República Federal y Berlín Occidental, corresponde al movimiento estudiantil: su lucha en las calles, sus incendios, su uso de la violencia, su entusiasmo, también, por lo tanto, sus exageraciones y su ignorancia, en definitiva: su praxis, reconstruir el marxismo-leninismo como teoría política, al menos en la conciencia de la intelectualidad, sin la cual no se pueden aprehender los hechos políticos, económicos e ideológicos y el modo en que aparecen, sin la cual no se pueden describir sus conexiones internas y externas». (Fracción del Ejército Rojo (RAF); Concepción de la guerrilla urbana, 1971)

Niegan así el papel predominante del proletariado en nuestra época. Precisamente suponemos que para los admiradores de las RAF el hecho de que estos intelectuales, pequeño burgueses y lumpens, fuesen seguidores de una de las corrientes revisionistas del momento como la Escuela de Frankfurt, conocidos por su negación de las leyes objetivas y de la previsión del futuro. O que fueran afines a tesis como las de Herbert Marcuse que negaban el proletariado en pro del estudiantado, es un «detalle» sin más relevancia. Igual que se tome como referentes el foquismo de Guevara, el propio guevarismo urbano de Marighella o el guerrillerismo espotaneista de Débray como estrategia militar, tampoco parece importarle mucho a los defensores de las RAF. «¡Total pegan tiros, al menos hacen algo! ¿Al menos no son pacifistas verdad?» Ese es la línea de defensa de estos pobres diablos.

Entre las RAF también eran famosos por figuras como el guevarista-maoísta Ulrike Meinhof, conocida por sus comentarios antistalinistas que le hacían el juego a la URSS socialimperialista a la que apoyaban:

«Lo poquísimo que habían conseguido los intentos stalinistas de politización mediante la agitación y la propaganda. La ingenuidad con la cual se hablaba antes de la invasión de un socialismo democrático de nuevo tipo, de compromiso con la Iglesia, de política antiimperialista, de una nueva formulación del marxismo, sin decir material y exactamente en qué pensaba (...) Es probablemente un producto de la despolitización masiva por obra de la política stalinista». (Ulrike Meinhof; Der Schock muß aufgearbeitet werden; Publicado en «Konkret», 10/1968)

¿Que opinara el castro-maoísta de Hasél cuando se entere de estas declaraciones de su musa? Callará o desviará el tema como acostumbra cuando le dejan en evidencia.

¿Quién era el culpable de la degeneración del Partido Comunista Checoslovaco y la invasión socialimperialista de la Unión Soviética de Brézhnev, y sus satélites, de 1968? ¡Por supuesto de Stalin que había fallecido en 1953! [Nótese el sarcasmo]. Esta crítica en realidad se nota de lejos que es una reproducción de la que hicieron en su momento los autores de la Escuela de Frankfurt, que acusaban a los regímenes capitalistas como socialistas de poner la técnica por delante de los ideales, de obsesionarse con los fines sin preguntarse si los medios son lícitos, de no prestar atención a la educación en valores humanistas, o de dar una educación en pro del pragmatismo. Por supuesto eso evidencia que «no conocían nada» de la teoría marxista sobre cómo concibe este la cultura, el trabajo, el humanismo, y demás cuestiones en las cuales el marxismo está muy lejos de un frio pensamiento insensible, de un modelo de sociedad de productores autómatas sin ideales e intereses, precisamente al socialismo no le beneficia ese tipo de modelo con ese tipo de personas porque unos trabajadores sin inclinaciones e intereses, sin cultura, sin la vigilancia revolucionaria no pueden sostener el democratismo proletario, es presa fácil de la influencia ideológica de la vieja sociedad y de la presión ideológica del exterior. En la URSS de Stalin, que es la figura que más demoniza esta pandilla de demagogos, se hizo hincapié en conocer de forma profunda los fundamentos de la economía más allá de superficialidades para que la propiedad colectiva no sufra robos ni sea usurpada. Instó a que los productores se implicaran en la vida política y pusieran en su sitio a los burócratas, a que se los criticase y se condenara su mala gestión y se votara en su contra incluso si eran miembros del partido comunista. Exhortó a condenar la vanidad y el intelectualismo teniendo paciencia con la gente que no sabía emitir una crítica completa e implacable por miedo, ausencia de conocimiento o falta de costumbre, aclarando que debe rescatarse la esencia positiva de la crítica camaraderil, y animarles a que siga hablando y señalando errores por el bien de todos. Otro caso que demuestra ese carácter del marxismo-leninismo es el de Albania; en esta experiencia socialista sus líderes comunistas se interesaban por la cuestión medioambiental desde la óptica marxista, pero también de la necesidad de eliminar el formalismo y el compadrazgo en las reuniones y tomas de decisiones, de acabar con la herencia patriarcal o el misticismo religioso, amortiguar la desigualdad entre las diferentes regiones del país, entre el campo y ciudad, de promover que el intelectual y el gobernante no se quedasen anquilosados en sus tareas y ayudasen en labores de la producción físicas durante al menos una temporada una vez al año, había una preocupación y se actuaba en consecuencia para no caer en la desproporcionada diferencia entre salarios que crease una capa de privilegiados separados del resto, donde se fustigaba el desinterés y el espíritu de delegar en terceros las cuestiones políticas que te incumben a ti y tú familia; reminiscencias heredadas de la sociedad anterior. Esto demuestra que lo que han propagado los intelectuales pseudomarxistas de estas escuelas aburguesadas no tiene nada que ver con la realidad.

Otra cosa muy diferente es lo que ocurría en los países revisionistas-capitalistas donde la propiedad sobre los medios de producción fue establecida o restablecida, donde las diferencias salariales y de clase se ahondaban, donde la diferencia entre trabajo físico e intelectual se ampliaban, donde el burocratismo abarcaba todo el sistema, en cuya cultura el egoísmo, la avaricia, el indiferentismo, el idealismo religioso, la cultura decadente y las drogas se propagaban como la peste, en especial entre la juventud. Muchos de los autores de la Escuela de Frankfurt al evaluar la URSS no hacen diferencia entre la época de Lenin y Stalin, y la época de Jruschov y Brézhnev, ni sus sucesores lo hacen a la hora de evaluar la Albania de Enver Hoxha a la etapa final con Ramiz Alia, no ven un cambio cualitativo de un periodo a otro, sino que lo tratan como un todo uniforme, algo que precisamente hace casi cualquier historiador burgués para endosar errores de la etapa revisionista-capitalista a la etapa socialista, esa es una de las razones por las que sus críticas son desechables desde ese momento y por completo.

¿A qué nos recuerdan estas declaraciones de Ulrike? ¿Y las declaraciones de la banda trotsko-guevaristas del MIR de Chile?

«Nació en pleno periodo stalinista, cuando las libertades se hacían aparecer como antagónicas con el socialismo, cuando se reducía el socialismo a la planificación de la economía y al aumento de la producción en toneladas de acero, cuando ejercía el poder una capa de funcionarios y militares, la burocracia y no la clase obrera y el campesinado». (MIR; El MIR y los sucesos en Checoslovaquia, 1968)

¿No nos suena estas palabras a Mao Zedong, a Jruschov, a Tito?

¿Era acaso esto verdad? ¿Los «stalinistas» checoslovacos no proporcionaron una formación ideológica a su partido y su población? Tal parece que estos zopencos no han leído ningún texto de los «stalinistas» de la época como Klement Gottwald, Josef Horn, Alexej Čepička o Václav Kopecký para permitirse afirmar esas barbaridades, ni mucho menos los materiales del Partido Comunista de Checoslovaquia (PCCh) de aquel momento. ¿No será más bien culpa de los antistalinistas como Gustáv Husák, Ludvík Svoboda que habían sido expulsados o degradados del partido y luego readmitidos por los jruschovistas checoslovacos tras la muerte de Gottwald? ¿No fueron los jruschovistas los que eliminaron cualquier línea de demarcación entre sus teorías políticas, económicas y culturales revisionistas con las de la socialdemocracia?

A los maoístas, trotskistas, anarquistas, castro-guevaristas eso les da igual, la culpa siempre será de Stalin, para nosotros mejor, pues traza una línea objetiva entre marxista-leninistas de los farsantes:

«A pesar de todas las disputas y desacuerdos los revisionistas de distintas especies coinciden en desacreditar y calumniar a Stalin, desde los soviéticos, eurocomunistas, titoistas, maoístas, trotskistas, anarquistas, espontaneistas, etc. Encontramos en ello aquí un frente común con los imperialistas, los fascistas y la reacción mundial. En este sentido, la actitud en torno a Stalin es una cuestión fundamental, un criterio, una línea de demarcación que separa a los verdaderos marxista-leninistas de los revisionistas y oportunistas de todos los matices, los verdaderos revolucionarios de los contrarrevolucionarios. Si defendemos a Stalin, defendemos al marxismo-leninismo, las tradiciones revolucionarias del Octubre Rojo de 1917 y la experiencia del primer Estado socialista fundado por Lenin y Stalin de hace 30 años. Nuestro compromiso con el Camarada Stalin no debe ser sólo un servicio de palabra. Honremos mejor a Stalin, aprendiendo de él. Aprendiendo de sus ricas experiencias sobre la lucha de clases, su espíritu revolucionario de lucha, su compromiso marxista-leninista, sus métodos de trabajo, etc. Adquiramos su capacidad de mirar al marxismo-leninismo no como dogma sino como guía de acción». (Equipo de Bitácora (M-L); Recopilación de citas de Ernst Aust sobre la cuestión alemana y sobre el revisionismo alemán, 15 de enero de 2016)». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

miércoles, 30 de agosto de 2017

Sobre el cosmopolitismo


«Segundo: ¿Cómo explicaríamos al lector novel que es la tendencia del cosmopolitismo?

Una definición que nos podría servir es esta:

«La ideología del cosmopolitismo surge de la misma manera de la producción de la sociedad burguesa. El cosmopolitismo es la negación del patriotismo, su opuesto. Aboga por la apatía absoluta hacia el destino de la Patria. El cosmopolitismo niega la existencia de las obligaciones morales o civiles de las personas a su nación y patria. La burguesía predica el principio de que el dinero no tiene patria, y que, donde quiera que sea uno puede «hacer dinero», donde quiera uno puede «tener un negocio rentable», aunque no sea su tierra natal. Aquí está la villanía que el cosmopolitismo burgués se llama en ocultar, disfrazar, «ennoblecer» la ideología antipatriótica del burgués-empresario sin raíces, el tendero y el comerciante viajero». (F. Chernov; El cosmopolitismo burgués y su papel reaccionario, 1949)

Y se explica correctamente como el cosmopolitismo burgués y el nihilismo nacional y la cuestión nacional, era una forma ideológica que para el imperialismo servía para anular las luchas de liberación nacional en los países coloniales y semicoloniales, o minar la unidad y estabilidad de los países socialistas intentando restaurar el orden burgués y capitalista:

«El cosmopolitismo burgués moderno es la expresión ideológica de las agresivas políticas imperialistas de la burguesía reaccionaria y de los grandes poderes capitalistas, dirigidas hacia el establecimiento de la dominación mundial. La lucha por la dominación del mundo para la explotación del mundo por un puñado de monopolios capitalistas es algo natural e inevitablemente que resulta de la desigualdad en el desarrollo económico y político del capitalismo en la época del imperialismo. Esta posición leninista muestra los lazos indisolubles de la lucha revolucionaria por el socialismo con la defensa de la soberanía nacional de las naciones. El imperialismo es inseparable de la represión de la soberanía nacional de los pueblos y la opresión nacional monstruosa. En las políticas de la más severa explotación de las naciones oprimidas, en las aspiraciones expansionistas, la burguesía imperialista esconde las primeras fuentes de cosmopolitismo burgués predicando el nihilismo nacional». (F. Chernov; El cosmopolitismo burgués y su papel reaccionario, 1949)

En especial el imperialismo estadounidense era el que más se hacía eco de estas tácticas, de hecho popularizo eslóganes que intentan abolir la cuestión de clase alegando que simplemente debemos considerarnos como «ciudadanos del mundo» y hablando de la necesidad de un «gobierno universal» –bajo su liderazgo por supuesto–. Estos eran métodos encubiertos para lograr sus fines hegemonistas. Términos que no suenan muy lejos de los que hoy utiliza la
burguesía en el caso de la Unión Europea o con el fenómeno de la globalización. Vale apuntar que la ruptura de la «frontera nacional» que procura la burguesía en estos casos está enfocada casi exclusivamente a la libre circulación de capitales y de mercancías; esto demuestra que ese cosmopolitismo solo persigue un afán económico-político de dominación de los pueblos:

«El imperialismo estadounidense, en las condiciones actuales, se revela como el pretendiente para dominar el mundo. Esto explica el hecho de que los ideólogos del imperialismo estadounidense emergen hoy como propagandistas violentos del cosmopolitismo. El presente cosmopolitismo burgués ha sido elegido por el imperialismo estadounidense como arma de lucha ideológica para la dominación mundial. Con la ayuda de la propaganda cosmopolita de América, el imperialismo estadounidense dirige la preparación ideológica para el cumplimiento de su expansionista, aspiraciones agresivas. La ideología del cosmopolitismo burgués sirve como cubierta conveniente para la actividad subversiva de espías y saboteadores, trabajando, a instancias de los servicios de inteligencia extranjeros. Bajo la apariencia de la fraseología cosmopolita, en falsos eslóganes sobre la lucha contra el «egoísmo nacionalista», se oculta la cara brutal de los incitadores de una nueva guerra, que tratan de lograr la «fantástica» idea de la dominación estadounidense sobre el mundo. Desde los círculos imperialistas estadounidenses actuales se desata la propaganda por una «ciudadanía mundial» y un «gobierno universal». (F. Chernov; El cosmopolitismo burgués y su papel reaccionario, 1949)

Tampoco hay que engañarse, como ya dejamos ver, este cosmopolitismo que se vendía en la propaganda imperialista en la gran mayoría de ocasiones solo era un arma que cubría la esencia nacionalista, chovinista y racista de muchos de los dirigentes reaccionarios de las clases explotadoras:

«Alimentado por los planes agresivos anglo-estadounidenses para la dominación del mundo, hoy en día el cosmopolitismo no es más que el lado sórdido del desenfrenado nacionalismo burgués y racismo anglo-estadounidense. El cosmopolitismo y el nacionalismo no son opuestos, sino que no son más que dos caras de la misma ideología burguesa imperialista. El cosmopolitismo siempre fue y no es más que una pantalla, un disfraz para el nacionalismo». (F. Chernov; El cosmopolitismo burgués y su papel reaccionario, 1949)

Si atendemos la visión de los marxista-leninistas polacos sobre estas desviaciones veremos que plantearon correctamente la necesidad –en la cuestión de la cultura nacional– de una lucha simultanea contra el nihilismo nacional y contra el cosmopolitismo. Esto se hacía del todo necesario cuando los partidos comunistas llegaban al poder y querían dotar a las masas de una nueva cultura proletaria:

«Exponiendo la peligrosidad de la desviación derechista y nacionalista en el partido, el Pleno del Comité Central del partido de abril también se refirió a su efecto nocivo sobre el frente cultural: una actitud liberal y ecléctica entorno a las cuestiones del desarrollo cultural y la influencia de la ideología burguesa hostil sobre la literatura y el arte y la falta de resistencia sobre estas tendencias nocivas y peligrosas. (...) La lucha por una cultura nacional en su forma y contenido socialista, hay que llevar a cabo un profundo cambio en la perspectiva política e ideológica de nuestros intelectuales, ayudándolos a liberarse de la herencia ideológica perniciosa. Debemos exponer la naturaleza reaccionaria y decadente de la degeneración de la cultura en  el mundo imperialista y descubrir una nueva forma de expresar en el arte, el comienzo de una vida nueva y socialista. (...) El partido se enfrenta a la tarea de luchar por una nueva cultura estrechamente unida a la vida y la lucha de la clase obrera, infundida con el espíritu del internacionalismo proletario, del genuino patriotismo y el amor por la patria y, en contraste con el cosmopolitismo y el nihilismo un profundo amor por el patrimonio cultural progresista de nuestro pueblo». (Jerzy Albrecht; Sobre el frente cultural polaco, 1949)

El grandísimo marxista-leninista polaco, Bolesław Bierut, explicaba que:

«En nuestro país el cosmopolitismo en la cultura se expresa por una subestimación de los logros culturales en nuestra cultura popular, por rechazar nuestras propias tradiciones progresistas e insistir en el culto a la cultura capitalista decadente y sus diversas perversiones, y a menudo, por una admiración servil hacia la ciencia, la literatura y arte estadounidense. En nuestro país la lucha contra el cosmopolitismo, el nihilismo y este culto hacia todo lo extranjero va de la mano con la lucha contra el nacionalismo y el chovinismo, que hasta ahora eran las principales expresiones de la ideología antiproletaria». (Bolesław Bierut, Discurso en el Pleno del Comité Central del Partido Unificado Obrero Polaco, 20 de abril de 1949)

El internacionalismo proletario de los marxista-leninistas se conjuga con el patriotismo proletario, pero jamás con el nacionalismo ni el cosmopolitismo:

«El internacionalismo proletario presupone la existencia de la nación. El cosmopolitismo presupone el menosprecio de la nación. El internacionalismo es la mejor arma de la clase obrera. El cosmopolitismo es la mejor arma del capitalismo monopolista, la más potente y Aspira en consecuencia, a la dominación mundial. El patriotismo es la expresión natural del internacionalismo proletario. El nacionalismo es la expresión natural de los monopolistas. Lenin ha dicho que un mal patriota no puede ser un buen internacionalista. Los yankees como Foster Dulles afirman que los pueblos europeos han de abandonar el concepto «anacrónico» de soberanía, ahora que Estados Unidos ha acentuado el nacionalismo agresivo, exclusivista, chovinista: he aquí la doble cara del cosmopolitismo». (Joan Comorera; El internacionalismo proletario, 1952) (Equipo de Bitácora (M-L)Las purgas en el Partido Comunista de Checoslovaquia de los años 50, 4 de octubre de 2015)

Clase «en sí» y clase «para sí»; Mark Rosental y Pavel Yudin, 1946


«Marx y Engels, en el Manifiesto del Partido Comunista, hablan de la evolución del proletariado: de clase «en sí» en clase «para sí». Las nociones de «en sí» y «para sí» reflejan las diversas fases de maduración del proletariado, del crecimiento de su autoconciencia como una fuerza política independiente. Hubo necesidad de toda una etapa histórica para que el proletariado pudiera adquirir conciencia de sus intereses como irreconciliablemente contrapuestos a los del capital. Ejemplos de la historia, tales como el movimiento ludista en Inglaterra, cuando los obreros, indignados por la cruel explotación, destrozaban la maquinaria sin saber distinguir entre la maquinaria como tal y su aplicación capitalista como instrumento de explotación, demuestran que el proletariado no llegó a adquirir de golpe su conciencia de clase. «Al principio son obreros aislados; luego los de una fábrica, luego los de toda una rama de trabajo quienes se enfrentan en una localidad con el burgués que personalmente los explota». (Marx). En esta fase los obreros no luchan aún contra los capitalistas como clase. El proletariado no se había elevado hasta comprender sus tareas generales de clase, todavía representa una clase «en sí». «En esta primera etapa los obreros forman una masa diseminada por todo el país y desunida por la concurrencia». (Marx). La transición del proletariado a la fase siguiente, superior, de su autoconciencia de clase se realiza sobre la base del desarrollo del propio capitalismo. Con el incremento de los talleres y de las fábricas, aumenta numéricamente el proletariado, su organización, su cohesión, su experiencia de la lucha de clases. De la lucha contra capitalistas individuales, sus patronos directos, los obreros pasan a la lucha contra la clase de los capitalistas en general y contra su Estado. El crecimiento de la autoconciencia del proletariado se efectúa en el proceso de la lucha práctica contra los capitalistas y halla su expresión máxima en la organización del partido político del proletariado, el Partido Comunista, vanguardia combatiente de la clase obrera. El proletariado cobra conciencia de su misión histórica y se transforma en una clase «para sí». (Mark Rosental y Pavel YudinDiccionario filosófico marxista, 1946)

domingo, 27 de agosto de 2017

El internacionalismo proletario es un principio vacio si es ejercido a base de seguidismo


«Pero el internacionalismo proletario sería un principio vacío de todo contenido y efectividad si al mismo tiempo los distintos partidos no aplican a fondo, como cuestión básica, el principio de basarse en sus propias fuerzas en todos los terrenos de su actividad ideológica, política, organizativa, económica, etc. Todo partido, como cuestión de principios, debe combatir el seguidismo y oportunismo y calibrar y confirmar por él mismo la justeza o la idoneidad de tal o cual principio, política, o consigna concreta; esa es una manifestación más de internacionalismo. La experiencia del seguidismo de los distintos partidos revisionistas a los dictados del XX y XXII congresos revisionistas del PCUS, son elocuentes al respecto». (Elena Ódena; La lucha contra el revisionismo y el oportunismo en la nueva situación mundial, 1980)

jueves, 24 de agosto de 2017

Apoyo del PCE(r) a la China socialimperialista de Deng Xiaoping; Equipo de Bitácora (M-L), 2016



«El apoyo y la publicidad del PCE (r) a la China revisionista-capitalista no ocurrieron solamente durante la época de Mao Zedong, sino también tras la llegada de Hua Kuo-feng y Deng Xiaoping:

«Para nosotros China es un gran país socialista y su Partido Comunista un gran Partido revolucionario. No podemos aceptar que se haya producido un nuevo «retroceso» del socialismo, porque eso está en contra de la verdad histórica y de nuestros propios sentimientos y aspiraciones». (Manuel Pérez Martínez, «Arenas»; En la encrucijada, Publicado en Bandera Roja, 2ª época-año IV – nº 33, marzo de 1978)

Para este bastardo revisionista ni siquiera después de una década, cuando la alianza sino-estadounidense y el socialimperialismo de China eran aún más evidentes, era menester rectificar esta posición.

Poco más tarde, ya en los 80 y con una China consolidada en su posición socialimperialista en el mundo, se diría de las reformas de aquellos años:

«Visto desde este punto, los errores y desviaciones actuales chinas, a pesar de la gravedad que han alcanzado, han sido un mal menor, un riesgo calculado que corren conscientemente los chinos con el fin de evitar otros males mayores». (Partido Comunista de España (reconstituido); Temas de formación marxista-leninista, 1989)

Estas decadentes palabras del PCE (r) en apoyo a Deng Xiaoping nos recuerdan a la posición del famoso líder revisionista Ludo Martens del Partido del Trabajo de Bélgica (PTB). Que tras posicionarse a favor de China en la polémica sino-albanesa, más tarde abanderó el eclecticismo creando en 1995 la teoría de que los comunistas más allá de ser procubanos, proalbaneses, prochinos, prosoviéticos debían juntarse en un solo partidos olvidando sus divergencias. Publicitó a los regímenes capitalistas-revisionistas de Cuba, China y Corea del Norte entre otros. En los 90 todavía decía:

«Hoy, todavía existe el riesgo de que la agitación contrarrevolucionaria vuelva a empezar y todavía existe el peligro de que la línea revisionista y procapitalista se haga con la dirección del Partido Comunista de China». (Ludo Martens; De Tian'anmen a Timișoara, 1994)

Afirmar que China era socialista era una necedad en los 50 y lo era en los 90:

«¿Cómo podemos colocar la etiqueta de «socialista» a un país donde la explotación del proletariado –urbano y emigrante– alcanza grados extremos, un país donde en los campos el campesinado agravado de impuestos comete fraudes masivamente –a finales de los 80, cuando 95 millones de hectáreas fueron declaras cultivadas, un censo aéreo encontraba sin embargo 144 millones de hectáreas– un país donde la escuela es sólo gratuita para la población urbana, un país donde decenas de millones de inmigrantes rurales cuyas rentas son insuficientes son forzados a complementar su renta con la ayuda de empleos no agrícolas, ver la integración de las olas de éxodo rural sin que estos puedan estar acompañados de sus familias, un país donde el papel de usurero es jugado y potentado por el Partido Comunista de China? Aquí es incluso, más palpable los defectos persistente de la antigua sociedad». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Que pese a ciertas recetas económicas de dudosa esencia había que apoyar a China para curar las enfermedades del socialismo (sic):

«A veces, se nos objeta que el Partido Comunista chino ha cometido errores y fallos. Esto es una evidencia. Pero, ¿cuáles son las conclusiones que se sacan de esta constatación? Ponerse del lado de la contrarrevolución y del revisionismo, ¿es ésa la cura para las enfermedades del socialismo?». (Ludo Martens; Tian An Men 1989: de la deriva revisionista a la revuelta contrarrevolucionaria, 1991)

Esto también era una estupidez:

«¡No! Los revisionistas chinos no cometieron ningún «fallo», fueron fieles a sus concepciones revisionistas y chovinistas, las cuales simplemente adaptaron a la nueva situación internacional. Las «enfermedades del socialismo» que alude no son más que el producto del poder de los revisionistas. Por lo tanto apoyarlos, si es fusionarse con el imperialismo y el revisionismo. Ya que los revisionistas no van a mover un dedo por el socialismo ni van a curar las «enfermedades» que el país revisionista-burgués enfrenta». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Los revisionistas siempre utilizan la misma excusa para defender a sus admirados regímenes: «nosotros apoyamos a x para no hacerle el juego al imperialismo»; pero:

¿Y no se hace acaso el juego al revisionismo, a la burguesía de dicho país capitalista-revisionista? ¿No está dicho régimen ligado a ese mismo imperialismo o a otros? ¿No depende de sus créditos e inversiones? ¿No se traiciona al proletariado de esos países cuando se apoya a una dirección revisionista? ¿No se entorpece su emancipación de la explotación a la que son sometidos?

En nuestros días es todavía más criminal salir con estas excusas sobre China cuando es un país socialimperialista que ha iniciado guerras de castigo contra terceros, tiene constantes reivindicaciones territoriales con choques fronterizos, un discurso chovinista y expansionista, realiza contantes operaciones de chantaje y soborno a las camarillas de los países neocoloniales, tiene bases militares en el extranjero y es uno de los mayores inversores de capital del mundo, especialmente en los países africanos y latinoamericanos.

Los maoístas que en los 70 y actualmente intentan hacer una diferencia cualitativa entre Mao Zedong con Hua Kuo-feng y Deng Xiaoping, son elementos que plantean este sofisma porque se resisten a admitir que las políticas del segundo y tercero son herencia del primero, y si lo hiciesen, tendrían que denunciar por coherencia al primero como el culpable de toda la línea revisionista del Partido Comunista de China (PCCh) desde 1935. A veces los dirigentes de los partidos prochinos efectivamente no tenían ninguna intención de investigar y conocer la verdad sobre el alcance de los errores de Mao, pero otros sabían de estos hechos a ciencia cierta y del nexo entre Mao y los sucesores a su muerte, pero prefirieron ignorarlo, algo normal según su lógica, ya que haber reconocido que Mao era culpable de la línea revisionista del PCCh mientras ellos mismos habían girado en torno a esas teorías, hubiera supuesto reconocer que todo o la mayoría de la línea del partido de los últimos años estaba equivocada, y ya sabemos que los antimarxistas no son muy amigos de la autocrítica.

Pero la verdad es tozuda. Cualquiera que eche un vistazo a las teorías de Hua-Deng, podrá ver sin mucho esfuerzo que son las mismas teorías de su mentor Mao, para ello véase nuestro documento: «Hua Kuo-feng y Deng Xiaoping; adalides del legado del revisionismo chino» del 27 de abril de 2014». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

Idealismo; Mark Rosental y Pavel Yudin, 1946


«Idealismo.  — El idealismo es una de las dos tendencias fundamentales en filosofía, que en la solución del problema sobre la relación entre el ser y el pensar por oposición al materialismo, considera primario la conciencia, el espíritu, negando que éstos sean un producto de la materia. El idealismo considera el mundo como la encarnación de una «conciencia», de una «idea absoluta», de un «espíritu universal». El idealismo afirma que «sólo nuestra conciencia tiene una existencia real y que el mundo material, el ser, la naturaleza, sólo existen en nuestra conciencia, en nuestras sensaciones, en nuestras percepciones, en nuestras ideas» (Stalin). La tendencia idealista en filosofía se divide en dos principales variantes. El idealismo subjetivo toma como base las sensaciones, las percepciones, la conciencia de la persona individual, del sujeto. Esta variante del idealismo está relacionada, ante todo, con el nombre del filósofo inglés Berkeley [ver], quien consideraba que los objetos sólo existen en las sensaciones, como un complejo de sensaciones, negando la existencia de los objetos reales, independientes del hombre, así como que actúen sobre nuestros órganos de los sentidos y provoquen en nosotros determinadas sensaciones. Este punto de vista conduce inevitablemente al solipsismo [ver], es decir, a reconocer que sólo existe el sujeto que percibe. Todo lo demás es sólo el resultado de la actividad de su conciencia. La prueba más evidente contra esta filosofía, como en general contra toda filosofía idealista, es la práctica humana, que a cada paso viene convenciendo al hombre de que hay que distinguir entre la ilusión y la realidad, entre el «complejo de sensaciones» que nace en el sueño, y el «complejo de sensaciones» creado por los objetos que realmente existen y que obran sobre nuestros órganos de los sentidos. A diferencia del idealismo subjetivo, el idealismo objetivo toma como fundamento, no la conciencia personal, no la conciencia subjetiva, sino la conciencia impersonal, objetiva, la conciencia en general: la razón universal, la voluntad universal, etc., que existen, a juicio de los idealistas objetivos, en forma autónoma, independientemente del hombre. El idealismo está ligado muy íntimamente con la religión y conduce, en una forma u otra, a la idea de Dios. El idealismo tiene sus raíces en la división de clases de la sociedad, así como en el propio proceso del conocimiento. Señalando que el idealismo es un clericalismo, subrayando, a la vez, que el «idealismo filosófico es –«más bien» y «además»– el camino hacia el clericalismo a través de uno de los matices del infinitamente completo –dialéctico– conocimiento del hombre», Lenin pone al descubierto las raíces gnoseológicas del idealismo. En el propio conocimiento, en el proceso de la generalización de los fenómenos, existe la posibilidad de que la conciencia se separe, se aleje de la realidad; la posibilidad de convertir –y además una conversión imperceptible, inconsciente para el hombre– los conceptos generales en un ente absoluto, separado de la materia y divinizado. Los conceptos y las ideas abstractos que descubren lo general en los fenómenos son convertidos por el idealismo objetivo en la base de todo lo existente; el mundo real, objetivo que nos circunda es transformado, desde este punto de vista, en el segundo ser del concepto, de la idea, su copia pálida e inexacta. Para el idealista objetivo, los conceptos, las ideas, no son el producto de las síntesis en el conocimiento de los objetos realmente existentes. Por el contrario, estos objetos sólo existen por cuanto existen sus conceptos e ideas. Así, por ejemplo, sintetizando las manzanas, peras, fresas y almendras realmente existentes en el concepto de «fruta», el idealismo objetivo considera este concepto –«fruta»– abstraído de la realidad objetiva, como el fundamento de la propia existencia de estas manzanas, peras, fresas y almendras. Como consecuencia, dice Marx, obtenemos «frutas que brotaron, no del suelo material, sino del éter de nuestro cerebro». Esta posibilidad de deificar los conceptos se debe a determinadas condiciones sociales, como son: la separación entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, la aparición de las clases y de la explotación. La interpretación idealista de los fenómenos de la Naturaleza fue desarrollada como norma por los ideólogos de las clases reaccionarias o por los de las clases que llegaban a compromisos con ellas. Los representantes más antiguos del idealismo filosófico fueron, con algunas excepciones, los pitagóricos. En sus doctrinas, que representaban la organización política de la aristocracia griega, en lucha activa contra la democracia, los pitagóricas desarrollaban la teoría idealista de los números como fundamento y esencia de la existencia. El representante más destacado del idealismo griego antiguo fue Platón [ver], quien declaró que el mundo verdadero es el suprasensorial, de las ideas, y el mundo de las cosas reales es el de las sombras, el mundo de los pálidos reflejos de las ideas. En la sociedad feudal predominaba la escolástica idealista que convirtió la filosofía en sirviente de la teología. Durante el período de la desintegración del feudalismo y el desarrollo de las relaciones burguesas, de la burguesía revolucionaria de los países avanzados –Inglaterra, Holanda– surgen muchos filósofos materialistas –Bacon, Spinoza, etc.–, frente a los cuales, durante la época del afianzamiento de las relaciones capitalistas en Inglaterra, reaccionan el idealismo subjetivo de Berkeley y el agnosticismo de Hume. La burguesía alemana del siglo XVII y de principios del XVIII, interesada en desarrollar las relaciones burguesas, pero al mismo tiempo vinculada muy estrechamente al feudalismo, con el cual establecía un compromiso, inspiró al filósofo idealista Leibnitz [ver]. En el siglo XVIII y en la primera mitad del XIX aparece en Alemania la filosofía idealista clásica –Kant, Fichte, Schelling, Hegel– que refleja el carácter de compromiso de la burguesía alemana de esa época: por un lado, sus sueños revolucionarios y, por el otro, su impotencia para realizar la revolución burguesa a causa del exiguo desarrollo de las relaciones económicas y la dispersión política de Alemania. Los representantes del idealismo clásico alemán no sólo absorbieron en su filosofía mucho de lo más valioso que había en el desarrollo de la ciencia, sino que, en forma idealista, emitieron toda una serie de pensamientos geniales que presagiaban los descubrimientos de las ciencias naturales del siglo XIX –la filosofía de la naturaleza de Kant y de Schelling–. La culminación del idealismo filosófico alemán fue la filosofía de Hegel, que, sobre la base del idealismo objetivo, por vez primera, vio el mundo como un proceso, es decir, en movimiento, mutación y desarrollo continuos e intentaba indagar la conexión mutua interna de este movimiento y desarrollo. «La mistificación que ha padecido la dialéctica en manos de Hegel, no ha impedido, ni mucho menos, que fuera precisamente Hegel el primero que diera un cuadro cabal y consciente de sus formas generales del movimiento» (Marx). Hegel fue el último representante de una filosofía idealista en la que, a pesar del idealismo, hay momentos valiosos, progresistas. Después de Marx y Engels –creadores del materialismo dialéctico, la concepción filosófica del mundo y el método filosófico del proletariado revolucionario–, la filosofía burguesa degenera, copiando de los sistemas idealistas del pasado las ideas más reaccionarias, anticientíficas y místicas. Un carácter particularmente reaccionario adopta la filosofía burguesa durante la época del imperialismo. La filosofía idealista reaccionaria burguesa llega a convertirse en bandera del revisionismo y del oportunismo. Defendiendo la idea de la colaboración de clases, luchando contra la idea de la revolución proletaria, el revisionismo arroja del marxismo la dialéctica materialista, tratando de conciliar eclécticamente la doctrina de Marx con cualquier filosofía idealista. Sólo en la URSS, donde el único sistema imperante es el de la economía socialista, donde fue suprimida la explotación del hombre por el hombre, donde son superados los contrastes entre el trabajo intelectual y el manual, es posible un incontenible progreso del desarrollo de la producción y de la ciencia, creándose las condiciones y premisas para la extinción definitiva de la concepción idealista del mundo. En la interpretación de los fenómenos sociales, todos los filósofos anteriores a Marx y Engels tomaban como punto de partida el idealismo, la afirmación de que la historia se reduce al progreso de las ideas y que el motor fundamental de la historia son los hombres ilustrados, los «héroes», que crean la historia sin el pueblo. Estas mismas posiciones idealistas las ocupaban también los populistas rusos –Lavrov, Mijailovski– y en ellas permanece hasta hoy la ciencia burguesa. Hasta los materialistas anteriores a Marx, caían en el idealismo cuando trataban de dar una interpretación de los fenómenos sociales. Marx y Engels expulsaron el idealismo también de este último refugio. Sólo el marxismo señaló el verdadero fundamento de la sociedad, descubriendo que la base de las ideas son las condiciones materiales de la vida. El marxismo creó, por primera vez, una concepción consecuentemente materialista del mundo, hostil al idealismo hasta el fin». (Mark Rosental y Pavel YudinDiccionario filosófico marxista, 1946)