«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 17 de diciembre de 2017

La teoría de que el terrorismo vence las ilusiones reformistas; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«El PCE (r) creía que con las acciones de los GRAPO, estaba abriendo los ojos a los obreros y el resto de masas trabajadoras sobre el carácter del reformismo:

«Ese salto cualitativo se concreta en que el movimiento de masas se ha liberado de toda ilusión reformista y no espera nada de los de arriba; sólo confía en su lucha, en su fuerza y en su unidad; y está resistiendo en todas partes. (...)  Lo cierto es que hoy es imposible paralizar nuestra actividad político-militar a pesar de cualquier éxito policial aislado. (...) Lo cierto, en definitiva, es que el Partido y la guerrilla son un hecho, que su influencia política es inmensa, que van a desarrollarse inevitablemente y que son la garantía de que ya en ningún momento se vaya a producir la desmoralización ni la paralización del movimiento». (Partido Comunista de España (Reconstituido); Declaración del Comité Central del PCE (r), 1984)

Esta teoría del PCE (r) también es profundamente antimarxista y antileninista. La vida ha demostrado desde hace siglos que el terrorismo de este tipo no ayuda a organizar a los obreros ni ayuda a su concienciación política consiguiendo alejarlos de las ideas reformistas como pretenden hacernos creer:

«Los socialistas revolucionarios, al preconizar en su programa el terrorismo y difundirlo como medio de lucha política en su forma actual, causan un daño gravísimo al movimiento, destruyendo los nexos indisolubles entre la labor socialista y la masa de la clase revolucionaria. Ninguna afirmación verbal, ningún juramento pueden refutar el hecho incontrovertible de que el terrorismo actual, tal como lo aplican y lo predican los socialistas revolucionarios, no tiene la menor relación con el trabajo entre las masas, ni está en contacto con ellas; que para llevar a cabo actos terroristas una organización de partido distrae a nuestras fuerzas organizativas, ya de por sí muy escasas, de su difícil tarea de organizar un partido obrero revolucionario, tarea que dista mucho de esta ya lograda; que en la práctica, el terrorismo de los socialistas revolucionarios no es otra cosa que el combate individual, método que ha sido enteramente condenado por la experiencia histórica. Hasta los socialistas extranjeros comienzan a desconcertarse ante esa estrepitosa propaganda del terrorismo que realizan a hora nuestros socialistas revolucionarios. Y entre las masas obreras rusas esta propaganda siembra la nociva ilusión de que el terrorismo «Obliga a la gente a pensar políticamente, aunque sea contra su voluntad». (Revolutsiónaia Rossía, num. 7) De que el terrorismo «es más capaz de convertir a miles de personas en revolucionarios y de inculcarles el sentido de sus actos, que meses y meses de propaganda verbal», de que se puede «infundir nuevas energías a los que vacilan, a los desalentados, a los que se sienten derrotados por el lamentable desenlace de muchas manifestaciones» (ibíd.), etc. Estas nocivas ilusiones sólo pueden conducir a un rápido desengaño y debilitar la labor destinada a preparar el asalto de las masas contra la autocracia». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Por qué la socialdemocracia debe declarar una guerra resuelta sin cuartel a los socialistas-revolucionarios?, 1902)

Al revés, el terrorismo es resultado desesperado de la intelectualidad pequeña burguesía ante la falta de capacidades de organizar a los obreros, y que lejos de organizar desorganiza y posterga la revolución:

«Por muchas montañas de papel que escriban los socialistas-revolucionarios, asegurando que con su prédica del terrorismo no relegan ni desorganizan la labor entre las masas, no podrán refutar con torrentes de palabras el hecho de que precisamente la octavilla citada expresa con exactitud la verdadera psicología del terrorista contemporáneo. (...) Y como esto es así, también es evidente que los actuales terroristas son verdaderos «economistas» al revés, ya que caen en el extremo opuesto, tan insensato como el otro. Exhortar al terrorismo, a que individuos sueltos y grupos que no se conocen entre sí organicen atentados contra ministros en momentos cuando los revolucionarios carecen de fuerzas y medios suficientes para dirigir a las masas, que se ponen ya en pie, significa de por sí, no solo interrumpir la labor entre las masas, sino desorganizarla de manera directa». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Aventurerismo revolucionario, 1902)

¿Qué el PCE (r) proclamara que las masas se desharían de las ilusiones reformistas a golpe de atentados conspirativos no es acaso una prueba de sectarismo en la incomprensión del trabajo de masas y el grado de revolucionización de las mismas?

«El sectarismo se manifiesta especialmente en la apreciación exagerada de la revolucionización de las masas, en la apreciación exagerada del ritmo, con que se apartan de las posiciones del reformismo, en el intento de saltar las etapas difíciles y los problemas complicados del movimiento. Los métodos de dirección de las masas se sustituían frecuentemente en la práctica por los métodos de dirección de un grupo cerrado de partido». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

El PCE (r) en uno de sus análisis triunfalistas totalmente por encima de la realidad se atrevía a decir que gracias a sus acciones el PSOE jamás volvería a gobernar:

«Pero también está claro que el engaño de los pesoístas no va a volver a repetirse nunca más». (Partido Comunista de España (Reconstituido); Declaración del Comité Central del PCE (r), 1984)

Era una demencia proclamar que se estaba logrando vencer al reformismo cuando los dos mayores sindicatos eran CC.OO. y UGT, dominados por el PCE y el PSOE respectivamente. Era una temeridad decir que se estaba logrando vencer al reformismo cuando precisamente en 1982 el PSOE había obtenido mayoría absoluta con 48,11% de votos y 202 de los 350 escaños, datos que en 1986 aunque menores no haría perder la mayoría absoluta volviendo a ganar esta vez con 44,06% de los votos ocupando 184 escaños. La historia de nuevo dejó en ridículo las previsiones triunfalistas del PCE (r), pues el PSOE siguió gobernando nada más y nada menos que hasta 1996, y tras un breve lapso de tiempo volvería a gobernar de 2004 a 2011 bajo la dirección de Zapatero. Y actualmente por desgracia, según sondeos es la única fuerza para disputarle el liderazgo al PP.

El uso del terrorismo individual o en pequeños comandos sin relación con las masas refuerza indirectamente al reformismo y el miedo a la revolución. Conlleva a que las fuerzas políticas inestables apoyen la aprobación de presupuestos miliares y leyes antiterroristas que gran parte de las veces son usadas para criminalizar a los verdaderos marxista-leninistas, para no solo equiparar la violencia revolucionaria de las masas con el terrorismo, sino para relacionarlo con cualquier acción: desde las demandas económicas más básicas a las luchas más complejas y violentas del ámbito económico-político. La burguesía usa el terrorismo de todo este tipo de bandas para decirle a los trabajadores que si siguen así las cosas tendrán pérdidas, que se verá obligada a despedirles o a bajarles el sueldo, que la única salida es que se instaurare un régimen más autoritario, y que ellos, en beneficio del orden y la seguridad de todos, tendrán que hacer sacrificios y perder los pocos privilegios y libertades que tienen, incluso que deben apoyarlo por su bien:

«Ni el anarquismo, ni el terrorismo, ni el bandidismo, que están cobrando vastas proporciones en los países capitalistas y revisionistas, tienen nada en común con la revolución. Los hechos de cada día comprueban que los grupos anarquistas, terroristas y de bandidos están siendo utilizados por la reacción como una justificación y una arma a la vez para preparar e implantar la dictadura fascista, para amedrentar a la pequeña burguesía y convertirla en instrumento y en terreno abonado para el fascismo, para paralizar a la clase obrera y mantenerla encadenada al capitalismo, bajo la amenaza de perder las pocas migajas que le ha «concedido» la burguesía». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980) (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

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