«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

jueves, 21 de diciembre de 2017

El anarquismo según la Komintern –Internacional Comunsita– de 1928

Piotr Kropotkin 
«El anarquismo, cuyos representantes más notorios Kropotkin, Jean Grave y otros– durante la guerra de 1914-1918, se pasaron traidoramente al lado de la burguesía imperialista, niega la necesidad de las organizaciones proletarias vastas, centralizadas y disciplinadas y, con ello, condena a la clase obrera a la impotencia ante las poderosas organizaciones del capital. Al predicar el terror individual, aparta al proletariado de los métodos de organización y de lucha de masas; al rechazar la dictadura del proletariado en nombre de una «libertad» abstracta, priva a este último del arma mas afilada de que puede disponer contra la burguesía, de su ejército, de todos sus órganos represivos. Alejado de todo movimiento de masas en los centros principales de la lucha proletaria, el anarquismo se convierte cada vez más en una secta. Con su táctica, con sus actos y, particularmente, con su actitud hostil a la dictadura de la clase obrera en la URSS, objetivamente se incorpora al frente único de las fuerzas antirrevolucionarias

El sindicalismo «revolucionario», muchos de cuyos ideólogos, en los momentos más críticos del periodo de guerra, se pasaron al campo de los contrarrevolucionarios «antiparlamentarios» de tipo fascista o se convirtieron en pacíficos reformistas de tipo socialdemocrático, como los anarquistas, con su negación de la lucha política particularmente del parlamentarismo revolucionario y de la dictadura revolucionaria del proletariado, con su propaganda en favor de la descentralización corporativa en el movimiento obrero en general, con su actitud negativa con respecto al partido del proletariado y la necesidad de la insurrección y su estimación exagerada de la huelga general táctica de los «brazos caídos», dificulta donde tiene alguna influencia la evolución revolucionaria de las masas obreras. Sus ataques a la URSS, consecuencia de su negación de la dictadura del proletariado en general, lo colocan, en este aspecto, en el mismo terreno que la socialdemocracia». (Komintern; Programa de la Komintern adoptado en el VIº Congreso, 1 de septiembre de 1928)

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