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martes, 3 de marzo de 2026

Lenin criticando la negativa izquierdista de Béla Kun de trabajar en los sindicatos


«Ciertamente he llegado en buen momento, en el momento del discurso de Bela Kun. He venido para combatir los puntos de vista de Bela Kun pues sé, con una total certeza, que si Bela Kun abre la boca es para defender a los izquierdistas. Y hubiese querido saber a quién iba a defender. Para el camarada Bela Kun el comunismo consiste en defender a los izquierdistas. Se equivoca. Hay que intervenir muy seriamente contra tal error. Hay que decir abiertamente que si todavía hay oportunistas en el Partido Comunista Francés (PCF) –y estoy seguro que los hay–, los izquierdistas cometen un error deseando mantenerse a la izquierda siguiendo el modelo de su amigo Bela Kun y de algunos camaradas franceses. El camarada Bela Kun considera que únicamente los oportunistas se equivocan pero, en realidad, los izquierdistas también se equivocan. (...) El camarada Bela Kun piensa que ser revolucionario significa defender a los izquierdistas dondequiera y en todo lugar. La preparación de la revolución en Francia, en uno de los países europeos más pujantes, no puede hacerse con cualquier partido.  La conquista de los sindicatos por los comunistas franceses, eso es lo que más me gusta. (...) Cuando miro el magnífico trabajo del PCF, cuando veo todas esas células formadas en los sindicatos y en otras organizaciones, digo: la victoria de la revolución está garantiza en Francia si los izquierdistas no hacen burradas. Y cuando se dice, como lo hace el camarada Bela Kun, que la sangre fría y la disciplina no están justificadas, eso es una burrada en el espíritu de los izquierdistas. He venido para decirles a los camaradas izquierdistas: si seguís tal consejo, mataréis al movimiento revolucionario como lo hizo Marat. No defiendo al PCF, no digo que sea un partido totalmente comunista. (...) Cuando las masas se aproximan a nosotros cada vez más, cuando avanzáis hacia la victoria, es necesario ganar los sindicatos. La mayoría de los sindicatos se prestarán magníficamente a la preparación, y si la obtenemos eso será una muy gran victoria. La democracia burguesa no vale ya nada y los sindicatos están hoy en día dominados por dirigentes burócratas de la Segunda Internacional y Media. En los sindicatos hay que conquistar en primer lugar una mayoría marxista sólida. Y entonces comenzaremos a hacer la revolución no a partir de los llamamientos del 1919 ni con la ayuda de las burradas de las que Bela Kun se ha hecho especialista sino con la lucha contra el oportunismo, contra las burradas que hacen los izquierdistas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Discurso al Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, previo al III Congreso de la Internacional Comunista, 17 de junio de 1921)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

martes, 20 de agosto de 2019

El PCE (m-l) y su tardanza a la hora de corregir los reflejos sectarios en su línea sindical; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«La postura «leninista» sobre la cuestión sindical el tema no deja dudas:

«Pero la lucha contra «la aristocracia obrera» la sostenemos en nombre de las masas obreras y para ponerlas de nuestra parte; la lucha contra los jefes oportunistas y socialchovinistas la sostenemos para ganarnos a la clase obrera. Sería estúpido olvidar esta verdad elementalísima y más que evidente. Pero tal es, precisamente, la estupidez en que incurren los comunistas alemanes «de izquierda», los cuales deducen del carácter reaccionario y contrarrevolucionario de los cabecillas sindicales la conclusión de que es preciso ¡salir de los sindicatos!, ¡renunciar a actuar en ellos!, ¡crear formas de organización obrera nuevas, inventadas! Una estupidez tan imperdonable que equivale al mejor servicio que los comunistas pueden prestar a la burguesía. (...) No actuar en los sindicatos reaccionarios significa abandonar a las masas obreras insuficientemente desarrolladas o atrasadas a la influencia de los líderes reaccionarios, de los agentes de la burguesía, de los obreros aristócratas u «obreros aburguesados». (...) Precisamente la absurda «teoría» de la no participación de los comunistas en los sindicatos reaccionarios prueba del modo más patente con qué irreflexión abordan estos comunistas «de izquierda» el problema de la influencia entre «las masas» y cómo abusan de su griterío acerca de éstas. Para saber ayudar a «las masas» y conquistar su simpatía, su adhesión y su apoyo no hay que temer las dificultades, las cicaterías, las zancadillas, los insultos y las persecuciones por «los jefes» –que, siendo oportunistas y socialchovinistas, están en la mayor parte de los casos relacionados directa o indirectamente con la burguesía y la policía– y se debe actuar sin falta allá donde estén las masas. Hay que saber hacer toda clase de sacrificios y vencer los mayores obstáculos para efectuar una propaganda y una agitación sistemáticas, tenaces, perseverantes y pacientes precisamente en las instituciones, sociedades y asociaciones, por reaccionarias que sean, donde haya masas proletarias o semiproletarias. Y los sindicatos y las cooperativas obreras –estas últimas, por lo menos, en algunos casos– son cabalmente las organizaciones donde están las masas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

La «stalinista» tampoco:

«En primer lugar, en el Occidente es imposible conquistar las masas de millones de obreros sin conquistar previamente los sindicatos, y, en segundo lugar, es imposible conquistar los sindicatos sin trabajar dentro de ellos y sin fortalecer allí la influencia propia. Por eso se debe conceder especial atención al trabajo de nuestros camaradas en los sindicatos. Por ahora, nada más. No se enfade conmigo por mi sinceridad y aspereza. Hoy vamos a ver, con qué facilidad el oportunismo trotskizante le encanta inventar todo tipo de chismes y hacer revaluaciones históricas basadas en el único fundamento que la mente calenturienta de sus autores». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Carta al camarada Me-rt, 28 de noviembre de 1925)


La historia de la Internacional Comunista –Komintern– dejó más que patente la necesidad de luchar contra esta desviación, subrayando la necesidad de acabar por una vez por toda con:

«La oportunista o sectaria, subestimación o descuido del tremendamente importante trabajo con los sindicatos reformistas». (Komintern; Extractos de las tesis del XIº Pleno del Comité Ejecutivo de la Komintern sobre las tareas de las secciones de la Komintern, 1931)

Por ello instó siempre a:

«Una lucha decidida contra las desviaciones oportunistas de «izquierda» que se expresan en la «teoría» izquierdista de que los obreros organizados en los sindicatos reformistas representan una masa uniforme reaccionaria, contra la subestimación izquierdista-sectaria de la táctica del frente único, contra el establecimiento de la idea de que los sindicatos reformistas son «escuelas del capitalismo», contra la actitud sectaria al trabajo dentro de los sindicatos reformistas». (Komintern; Extractos de la resolución del XIIº Pleno del Comité Ejecutivo de la Komintern, 1932)

¿Esto fue exclusivo de la «Komintern después de Lenin» y es una «alteración del leninismo» como podría alegar algún trotskista-maoísta? Ni mucho menos, estas directrices estaban inspiradas por la Komintern de la época de Lenin. En el IIº Congreso de la Komintern de 1920 se decía: 

«En lo que respecta a los sindicatos, «los comunistas deben ingresar en ellos para convertirlos en formaciones de combate contra el capitalismo y escuelas de comunistas». La salida de los comunistas de los sindicatos tendría como resultado que las masas quedasen en manos de los jefes oportunistas que colaboran con la burguesía». (Komintern; Tesis, manifiestos y resoluciones adoptados por los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, 1919-1923)

Pero no nos engañemos. La postura de contentarse con decir que los «sindicatos están en crisis» y quedarse de brazos cruzados porque su afiliación ha decaído, es un crimen imperdonable:

«Muchos de nuestros camaradas, pasando por alto la gravitación de los obreros hacia los sindicatos y ante las dificultades que ofrecía el trabajo de los sindicatos adheridos a Amsterdam, no se detenían en esta complicada tarea. Hablaban invariablemente de la crisis orgánica de los sindicatos de Amsterdam, de que los obreros abandonaban los sindicatos y perdían de vista cómo éstos, después de un cierto descenso al comienzo de la crisis económica mundial, empezaron a crecer de nuevo. (…) En los países, donde existen pequeños sindicatos rojos, les recomendamos que procuren ingresar en los grandes sindicatos reformistas, exigiendo la libertad para sostener sus opiniones propias, el ingreso de los miembros expulsados; y en los países, donde existen paralelamente grandes sindicatos rojos y reformistas, recomendamos que exijan la convocatoria de un Congreso de unificación sobre la plataforma de la lucha contra la ofensiva del capital y la salvaguardia de la democracia sindical. Hay que afirmar, del modo más categórico, que el obrero comunista, el obrero revolucionario, que no pertenece al sindicato de masas de su oficio, que no lucha por convertir este sindicato reformista en una verdadera organización sindical de clase, que no lucha por la unidad del movimiento sindical sobre la base de la lucha de clases, no cumple con su deber proletario primordial». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

Desde sus inicios hubo un alarde de optimismo inusitado desde el Partido Comunista de España (marxista-leninista): en las publicaciones de los primeros años se había anunciado como superado el sindicalismo reformista de CC.OO. y anunciaba su próximo perecimiento por el empuje de las fuerzas revolucionarias:

«Las CC.OO. son hoy, pues, un cuerpo burocrático sin perspectivas y agonizante al que sólo infunde un soplo de vida en algunos sectores de la falta de organizaciones sindicales revolucionarias que encuadren a los obreros que se incorporan a la lucha, y la falta de visión y el oportunismo político de grupos de diverso matiz que, aterrorizados por la falta de confianza en sí mismos y en la clase obrera y sin poder concebir como va a continuar el movimiento obrero a la desaparición de las CC.OO., se aferran a ellas desesperadamente tratando de reanimarlas y repitiendo, obsesionados por el miedo, que son las más numerosas, la única forma de lucha, que es el reformismo es muy fuerte aún y demás desvaríos con los que lo único que se consigue es rendir a Carrillo y a la oligarquía un servicio de primer orden, confundir a la clase obrera y retrasar el desmoronamiento definitivo del reformismo. (…) El reformismo organizado ha sido ya ampliamente superado por la vanguardia del movimiento obrero español y ya sólo resta que las organizaciones de vanguardia, apoyadas por las masas, acabemos de derribarlo». («Emancipación»; Órgano de la Coordinadora Nacional de la O.S.O; Enterremos las agonizantes Comisiones Obreras; Extraído del documento: «Formas y variedades del revisionismo moderno en España: «Komunistak» (actualmente M.C.E.)», 1972)

Una declaración fantasmagórica. Que el PCE (m-l) se proclamase vanguardia del movimiento obrero era una ilusión cuando no había superado al revisionista Partido Comunista de España (PCE) en militantes ni en influencia; pero aún más absurdo era proclamar en lo sindical la muerte de las CC.OO y el ascenso del sindicato del partido: la Oposición Sindical Obrera (OSO). Los años no tardarían en demostrar que pese a la insistencia de la cúpula que repetiría este guión de forma infinita, esta debacle no iba a ocurrir y CC.OO. se consolidaba como un sindicato amarillista de influencia entre la clase obrera.

viernes, 9 de noviembre de 2018

El marxismo es claro respecto a los objetivos de la clase obrera, su fin es la toma de poder, pero mientras no se pueda lanzar a tal propósito tiene labores que cumplir


«El movimiento político de la clase obrera tiene como último objetivo, claro está, la conquista del poder político para la clase obrera y a este fin es necesario, naturalmente, que la organización previa de la clase obrera, nacida en su propia lucha económica, haya alcanzado cierto grado de desarrollo.

Pero, por otra parte, todo movimiento en el que la clase obrera actúa como clase contra las clases dominantes y trata de forzarlas «presionando desde fuera», es un movimiento político. Por ejemplo, la tentativa de obligar mediante huelgas a capitalistas aislados a reducir la jornada de trabajo en determinada fábrica o rama de la industria es un movimiento puramente económico; por el contrario, el movimiento con vistas a obligar a que se decrete la ley de la jornada de ocho horas, etc., es un movimiento político. Así pues, de los movimientos económicos separados de los obreros nace en todas partes un movimiento político, es decir, un movimiento de la clase, cuyo objeto es que se dé satisfacción a sus intereses en forma general, es decir, en forma que sea compulsoria para toda la sociedad. Si bien es cierto que estos movimientos presuponen cierta organización previa, no es menos cierto que representan un medio para desarrollar esta organización.

Allí donde la clase obrera no ha desarrollado su organización lo bastante para emprender una ofensiva resuelta contra el poder colectivo, es decir, contra el poder político de las clases dominantes, se debe, por lo menos, prepararla para ello mediante una agitación constante contra la política de las clases dominantes y adoptando una actitud hostil hacia ese poder. En caso contrario, la clase obrera será un juguete en sus manos». (Karl Marx; Carta a Friedrich Bolte, 23 de noviembre de 1871)

lunes, 25 de diciembre de 2017

Stalin sobre la labor de los comunistas occidentales en los sindicatos reaccionarios


«Si se pregunta a las amplias masas de Alemania o del resto de Europa qué organización es para ellas más afín, el Partido o los sindicatos, responderán sin duda que los sindicatos les son más afines que el Partido. Bueno o malo, esto es un hecho: los trabajadores sin-partido de Europa ven en los sindicatos sus principales fortalezas, que les ayudan a luchar contra los capitalistas –salario, jornada, seguros, etc.–, mientras que el Partido es para ellos algo auxiliar y secundario, si bien preciso. Eso explica que las amplias masas obreras vean en la lucha directa que los «ultraizquierdistas» mantienen desde fuera contra los sindicatos actuales una lucha contra sus principales fortalezas, que ellos construyeron durante decenas de años y que ahora «los comunistas» quieren destruir. No tener en cuenta esta particularidad, significa hundir el movimiento comunista del Occidente. Pero de ahí se desprenden dos conclusiones: en primer lugar, en el Occidente es imposible conquistar las masas de millones de obreros sin conquistar previamente los sindicatos, y, en segundo lugar, es imposible conquistar los sindicatos sin trabajar dentro de ellos y sin fortalecer allí la influencia propia. Por eso se debe conceder especial atención al trabajo de nuestros camaradas en los sindicatos. Por ahora, nada más. No se enfade conmigo por mi sinceridad y aspereza. Hoy vamos a ver, con qué facilidad el oportunismo trotskizante le encanta inventar todo tipo de chismes y hacer revaluaciones históricas basadas en el único fundamento que la mente calenturienta de sus autores». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Carta al camarada Me-rt, 28 de noviembre de 1925)

Anotación de Bitácora (M-L):

jueves, 21 de diciembre de 2017

El anarquismo según la Komintern –Internacional Comunista– de 1928

Piotr Kropotkin 
«El anarquismo, cuyos representantes más notorios Kropotkin, Jean Grave y otros– durante la guerra de 1914-1918, se pasaron traidoramente al lado de la burguesía imperialista, niega la necesidad de las organizaciones proletarias vastas, centralizadas y disciplinadas y, con ello, condena a la clase obrera a la impotencia ante las poderosas organizaciones del capital. Al predicar el terror individual, aparta al proletariado de los métodos de organización y de lucha de masas; al rechazar la dictadura del proletariado en nombre de una «libertad» abstracta, priva a este último del arma mas afilada de que puede disponer contra la burguesía, de su ejército, de todos sus órganos represivos. Alejado de todo movimiento de masas en los centros principales de la lucha proletaria, el anarquismo se convierte cada vez más en una secta. Con su táctica, con sus actos y, particularmente, con su actitud hostil a la dictadura de la clase obrera en la URSS, objetivamente se incorpora al frente único de las fuerzas antirrevolucionarias

El sindicalismo «revolucionario», muchos de cuyos ideólogos, en los momentos más críticos del periodo de guerra, se pasaron al campo de los contrarrevolucionarios «antiparlamentarios» de tipo fascista o se convirtieron en pacíficos reformistas de tipo socialdemocrático, como los anarquistas, con su negación de la lucha política particularmente del parlamentarismo revolucionario y de la dictadura revolucionaria del proletariado, con su propaganda en favor de la descentralización corporativa en el movimiento obrero en general, con su actitud negativa con respecto al partido del proletariado y la necesidad de la insurrección y su estimación exagerada de la huelga general táctica de los «brazos caídos», dificulta donde tiene alguna influencia la evolución revolucionaria de las masas obreras. Sus ataques a la URSS, consecuencia de su negación de la dictadura del proletariado en general, lo colocan, en este aspecto, en el mismo terreno que la socialdemocracia». (Komintern; Programa de la Komintern adoptado en el VIº Congreso, 1 de septiembre de 1928)

viernes, 13 de octubre de 2017

La teoría trotskista del doble poder, contraria a la guerra popular y la dictadura del proletariado


«La sustitución del Estado burgués por el Estado proletario, es imposible sin urna revolución violenta». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El Estado y la revolución, 1917)

En los momentos actuales, al mismo tiempo que el revisionismo moderno se esfuerza por adormecer a las nasas trabajadoras con ilusiones acerca de la posibilidad del paso pacífico y la conquista del socialismo por medios pacíficos y la vía parlamentaria, que desnaturaliza por completo las enseñanzas de Marx y Engels acerca de la necesidad de destruir el aparato estatal burgués mediante la violencia revolucionaria, y también las de Lenin, Stalin. (...) Los neotrotskistas de «Unidad» P.C.I. y de otros grupos trotskistas, esgrimen de manera general la teoría del «doble poder», con la que tratan de hacer creer a las masas trabajadoras y a otros sectores populares –como el estudiantado revolucionario, por ejemplo–, que cualquier comité de fábrica, cualquier organización sindical, constituye un elemento de «doble poder» –de poder obrero o popular–. Ante esta mistificación acerca del papel y de los mecanismos y medios de dominio del Estado capitalista, conviene aclarar algunas cuestiones elementales acerca del papel del Estado burgués en tanto que instrumento dominación de la burguesía y también acerca de la dictadura del proletariado como forma de Estado popular revolucionario. Es preciso para ello remitirnos a las experiencias de gran valor científico que sobre esta importante cuestión de la función del Estado y de sus mecanismos sacaron Marx y Engels al analizar la experiencia de la Comuna de París, experiencias que Lenin a su vez estudia y actualiza, en su importante obra «El Estado y la Revolución». Estos valiosos escritos (...) ponen en relieve de manera inequívoca el principio de la necesidad de la destrucción mediante la violencia revolucionaria –la lucha armada popular– del aparato del Estado burgués, y de que sólo tras haber destruido de ese modo el poder estatal de la reacción, puede crearse el Estado proletario, la dictadura del proletariado en su forma pura y compartida con otras capas no proletarias –bajo la dirección de la clase obrera en alianza con el campesinado–.

La teoría de Trotski del «doble poder» tergiversa algunos escritos de Lenin en vísperas de la Revolución rusa de 1917. A este respecto, Lenin dijo concretamente:

«Las armas están ahora en manos de los soldados y de los obreros y no en manos de los capitalistas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Tareas del proletariado en nuestra revolución, 23 de abril de 2017)

Y precisa para que no hubiera lugar a dudas:

«Esta situación ha entrelazado, formando un todo, de dictaduras: la dictadura de la burguesía.(...) y la del proletariado y los campesinos, el soviet (...) que se apoya indudablemente en la mayoría absoluta del pueblo, en los obreros y soldados armados». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Tareas del proletariado en nuestra revolución, 23 de abril de 2017)

Vemos, pues, como esa situación sólo puede darse de manera transitoria una vez que las masas revolucionarias están armadas y en una situación de revolución abierta. Pero Lenin precisaba, no obstante, que esa cualidad era algo «excepcional», «extraordinariamente peregrino» y que ese «entrelazamiento» no está en condicionas de sostenerse mucho tiempo. Es de señalar, además que, dos meses antes que Lenin escribiera estas líneas –abril de 1917–, las masas populares se habían sublevado y se habían apoderado de las armas, y que el Estado, burgués estaba prácticamente en descomposición y quebrantado al máximo como consecuencia de la guerra interimperialista.

Actualmente, la teoría del «doble poder» constituye uno de los aspectos más importantes de las distintas corrientes trotskistas, que, como vemos, es un punto de entronque con las concepciones pacifistas de los socialdemócratas y de los revisionistas modernos, ya que todos ellos coinciden en no plantearse la necesidad de preparar a las masas revolucionarias para la lucha armada, para la guerra popular, sino que pretenden que, o bien a través del parlamentarismo, o la huelga general pacífica, o mediante organización del doble poder basado en los sindicatos, o comités obreros, se puede llegar a conquistar el poder e implantar el socialismo. No es esta una afirmación gratuita por nuestra parte. Remitimos a nuestros lectores a las publicaciones de los revisionistas carrillistas, –Mundo «Obrero», en particular– de los últimos años, y también a los panfletos que de vez en cuando sacan a la luz el grupo «Unidad»-P.C.I., Acción Comunista , y también algunos elementos trotskistas del P.L.P. y otros –F.O.C. etc.–.