martes, 14 de marzo de 2017

¿Por qué no puede considerarse al «Che» Guevara como marxista-leninista? He aquí las razones; Equipo de Bitácora (M-L), 2017

Guevara y Tito durante la visita del primero a Yugoslavia

«El pensamiento idealista de Guevara es de un fuerte voluntarismo-practicismo que lo aparta sensiblemente del materialismo-dialéctico en todas las cuestiones.

El foquismo es una de las teorías estrellas del guevarismo. Muchos grupos han aceptado que la teoría y práctica militar de Guevara es un modelo a imitar, pero lejos de conocer sus rasgos, han hecho un seguidismo ciego de un mito. ¿Qué es el foquismo desde el punto de vista marxista? La concepción militar del aventurerismo armado.


La consideración del papel objetivo y subjetivo en la revolución


«Hemos defendido la revolución cubana porque estaba dirigida contra el imperialismo estadounidense. Como marxista-leninistas, detengámonos un momento para analizar esta, revolución y las ideas que la inspiraron. La revolución cubana no se inició sobre la base del marxismo-leninismo ni se desarrolló según las leyes de la revolución proletaria, por las cuales se rige un partido marxista-leninista. Tampoco después de la liberación del país, Fidel Castro se encauzó por el camino marxista-leninista, sino que por el contrario, continuó inspirándose en las ideas liberales. Es un hecho, y nadie puede negarlo, que los integrantes de esta revolución empuñaron las armas y ganaron las montañas, pero también es un hecho incontestable que no lucharon como marxista-leninistas. Eran combatientes libertadores que se levantaron en lucha contra la camarilla de Batista y la vencieron, precisamente porque ésta constituía un eslabón débil del capitalismo. Batista era un dócil lacayo del imperialismo que oprimía al pueblo cubano, y éste se levantó en lucha contra esta camarilla y contra el imperialismo yanqui y los derrotó». (Enver Hoxha; El puño de los comunistas marxista-leninistas debe también golpear enérgicamente el aventurerismo de izquierda, como engendro del revisionismo moderno, 1968)


A los guevaristas que toman el ejemplo del Che en Cuba como «prueba de que el foquismo funciona», habría que recordarles que el Che en 1956 no tenía sistematizadas sus ideas militares que luego algunos llamarían «foquismo», es decir, a sus planteamientos de cómo tomar el poder militarmente. El jefe de la expedición del Movimiento 26 de julio era Castro, que en aquellos años era un abogado liberal anticomunista y favorable a EEUU y sus inversiones en la isla.


También habría que decir que el triunfo del Movimiento 26 de julio no es la confirmación de que las tesis leninistas sobre las condiciones objetivas y subjetivas no sean ciertas, sino la corroboración de las mismas, propia si uno estudia su contexto detenidamente.

Como dice Hoxha, hubo una serie de guerrillas y opositores entre ellas la de Castro que operó en el eslabón más débil del imperialismo Cuba–, siendo por ejemplo el Partido Revolucionario Cubano Auténtico el principal perjudicado del golpe de Batista en 1952, yendo inevitablemente a la oposición contra Batista. Castro y su movimiento también se beneficiaron del hecho de que los antiguos aliados del régimen como el  propio Partido Socialista Popular (Comunista), que llegaría a tener miembros en el gabinete de Batista, acabaron luego siendo forzados a combatirle.


En 1958 el propio gobierno estadounidense no apoyaba más a su marioneta similar a lo que paso con Noriega en 1989: impuso un embargo militar a Batista, y como sabemos, en 1959 en medio de conspiraciones de sus propios militares y revueltas populares espontáneas, EEUU decidió quitarle el apoyo... las tropas de Batista podían seguir combatiendo pero al igual que en 1979 en Nicaragua, sin el apoyo externo oficial y sin su cabeza de referencia en el país, siendo un ejército desmoralizado pero no derrotado, ni mucho menos. Simplemente:


«El colapso del ejército de Batista fue un fenómeno mucho más político y psicológico que una derrota ante una fuerza enemiga superior». (Theodore Draper; Castrismo: teoría y práctica, 1965)


Esto demuestra que la guerra contra Batista no fue una guerra en la que EEUU pusiera todo de su parte para mantener a su aliado como ha hecho en otros lugares, sino que más bien deseaba dejarlo caer por lo costoso que era a su bolsillo e imagen. En 1957 Robert Hill, entonces responsable de las relaciones del Departamento de Estado de EE. UU. en el Congreso, le dijo a Earl Smith –el recién nombrado embajador de Estados Unidos en Cuba– que:


«Estás asignado a Cuba para presidir la caída de Batista. La decisión ha hecho que Batista tenga que irse». (Hugh Thomas, La Revolución Cubana, 1986)


Pero temía la inestabilidad de quién llegase a gobernar después, y no se fiaba de que el nuevo gobierno protegiese sus inversiones, aunque Castro se esforzó en ello...


«No tenemos planes para la expropiación o nacionalización de las inversiones extranjeras aquí. Las inversiones extranjeras siempre serán bienvenidas y seguras aquí». (Fidel Castro; Porqué peleamos, Publicado en Coronet, febrero de 1958)


«No soy comunista por tres razones, y te lo digo para tu tranquilidad espiritual. Primero, porque el comunismo es la dictadura de una sola clase y yo he luchado toda mi vida contra las dictaduras y no voy a caer en una dictadura del proletariado. La segunda razón, porque el comunismo significa odio y luchas de clases y yo estoy en contra completamente de esa filosofía. Y la tercera porque el comunismo lucha contra Dios y la Iglesia». (Fidel Castro; En entrevista con el periodista Ignacio Rasco, abril de 1959)


«Castro le dijo a una audiencia de televisión el 2 de abril que iba a los Estados Unidos para obtener créditos». (Hugh Thomas, La Revolución Cubana, 1986)


Pese a todo, la intransigencia y desconfianza de los EEUU de Eisenhower-Nixon llevó –en lo que algunos califican del peor error de la diplomacia exterior del siglo XX a rechazar los términos conciliadores que Castro ofrecía, donde el líder guerrillero garantizaba sus explotaciones, pidió créditos y diversas ayudas económicas para la isla, e incluso pidió intensificar un programa anticomunista para América Latina. Como sabemos, finalmente Castro ofrecería sus servicios al socialimperialismo soviético de Jruschov, el resto es historia, hoy es uno de los países más endeudados de América con el imperialismo europeo y pretende buscar las ayudas de EEUU. Véase nuestra obra: «Reflexiones sobre el VIIº Congreso del Partido «Comunista» de Cuba y su línea económica» de 2016.


Cabe anotar que hubo más grupos militares durante la «revolución cubana», como el Directorio Revolucionario 13 de marzo, o el Segundo Frente Nacional del Escambray, que entró en la Habana antes que el grupo castro-guevarista. El primero se uniría posteriormente al artificial Partido Comunista de Cuba (PCC) y el segundo sería uno de los opositores del régimen con ayuda estadounidense.


Este tipo de factores conjuntos que hicieron posible el derrocamiento de Batista en una situación muy especial, nunca fueron comprendidos por Guevara, que lejos de estudiar la experiencia y sintetizarla, formuló una serie de ideas voluntaristas-idealistas condensadas en su teoría del «foco», donde creía que podía reproducir mecánicamente el proceso militar cubano en otros lugares. El resultado de «exportar la revolución» creando diversos «focos» de guerrillas es bien conocido aunque algunos de sus admiradores lo desconozcan: 


-La guerrilla cubana en Panamá liderada por César Vega [1959];

-La guerrilla del Movimiento Revolucionario 14 de Junio en República Dominicana [1959]
-La guerrilla cubana que zarpó de Baracoa a Haití [1959];
-El Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre en Guatemala [1960];
-La guerrilla del Frente de Liberación Nacional en Nicaragua en la zona de Matagalpa [1962];
-El Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP) en Argentina [1963];
-El Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Colombia  [1965];
-La guerrilla del Comité Nacional de Liberación (CNL) en el Congo [1964];
-La guerrilla urbana del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en Chile [1965] y luego con el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) [1983];
-La guerrilla urbana del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLNT) en Uruguay [1965];
-El Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en Perú [1965];
-La guerrilla de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional [1962] y luego la guerrilla de Luben Petkoff  en Venezuela [1966];
-El Movimiento Nacionalista Revolucionario (MCR) [1966] y después la guerrilla Acción Libertadora Nacional (ALN) en Brasil [1967];
-La guerrilla del Ejército de Liberación de Bolivia (ELB) en la zona de Ñancahuazú [1967];
-La guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en el Salvador [1980].

En todas esas expediciones los castro-guevaristas se dieron de bruces con la realidad, en la mayoría de casos la guerrilla indígena fue entrenada, financiada y preparada por el régimen cubano, incluso en algunos casos, los cubanos eran una notable mayoría dentro de ella. Casi todas fueron liquidadas rápidamente tras entrar en acción salvo algunas excepciones, donde las guerrillas se mantendrían a la defensiva durante años hasta terminar desapareciendo por la represión o por pactos con el gobierno de turno.

Posteriormente hubo otros movimientos que reivindicaban el guevarismo como ETA en Euskadi [1969], l
as RAF en Alemania [1970] o las Brigadas Rojas en Italia [1970] que tuvieron idéntica suerte militar. Véase el capítulo: «Un repaso a la metodología de las bandas terroristas y sus resultados» de 2017.


El propio FSLN de Nicaragua es ejemplo de ello, un grupo inclinado al espontaneísmo en el momento idóneo de apogeo, en el cual a través de reveses continuos, se ven obligados a abandonar el foquismo guevarista de los 60 por sus enormes bajas, poco después también renegarían de la «GPP» maoísta, apelando a técnicas y métodos militares más lógicos. Aun así, años después sus líderes reconocían que en su momento no tenían ni idea de lo que hacían, que hasta el último momento seguían considerando al pueblo como «auxiliar» de la guerrilla, y pese a ello, llegaron al poder en 1979 también en coalición con otros grupos no sandinistas–, pero por supuesto, los sandinistas ni hicieron la revolución socialista, ni supieron combatir a los grupos somocistas que EEUU lanzaba continuamente, claudicando y entregando el poder pacíficamente en 1990. Véase el capítulo: «Análisis de la estrategia militar del FSLN y su evolución» de 2015.


El caso sandinista es otra prueba de que en determinadas circunstancias nacionales e internacionales, incluso pese a los fallos y visión militar, un grupo revolucionario con grandes fallos estratégicos en el ámbito militar puede verse en la posibilidad de llegar al poder. Esto también se ha visto con los golpes de Estado en los países que salían de la experiencia colonial, pero esto precisamente mostraba que eran grupos que no se apoyaban en las masas, y que una vez en el poder, el pueblo generalmente se les echaba encima, incluso acababan derrocados.


«Che Guevara fue víctima de sus propios puntos de vista no marxista-leninistas. (...) Era un rebelde, un revolucionario, pero no un marxista-leninista como se pretende presentarlo. (...) Estimo que sí fue un combatiente de izquierda. Su izquierdismo es un izquierdismo burgués y pequeño burgués, entrelazado con algunas ideas progresistas pero al mismo tiempo también anarquistas, lo que a fin de cuentas conduce al aventurerismo. (...) No podemos decir que Che Guevara y sus compañeros fuesen cobardes. ¡No, en absoluto! Por el contrario, eran valerosos. También hay burgueses valientes. Pero héroes, revolucionarios proletarios, hombres valientes verdaderamente grandes son únicamente los que se guían por los principios filosóficos marxista-leninistas y se ponen en cuerpo y alma al servicio del proletariado mundial y de la liberación de los pueblos del yugo imperialista, feudal, etc. (...) [Pero] los puntos de vista de Che Guevara y de algún otro que se hace pasar por marxista y «padre» de estas ideas, jamás han tenido ni tienen nada que ver con el marxismo-leninismo». (Enver Hoxha; El puño de los comunistas marxista-leninistas debe también golpear enérgicamente el aventurerismo de izquierda, como engendro del revisionismo moderno, 1968)


Como Enver Hoxha comenta, el «Che» Guevara «fue víctima de sus propios puntos de vista» sobre la manera de proceder para tomar el poder y construir el socialismo. 


El bolchevismo explicaba así las condiciones objetivas –que no dependen de la voluntad de las personas– y subjetivas –las que sí dependen de la voluntad de las personas– que se tienen que dar para que una situación revolucionaria desemboque en una revolución:


«A un marxista no le cabe duda de que la revolución es imposible sin una situación revolucionaria; además, no toda situación revolucionaria desemboca en una revolución. ¿Cuáles son, en términos generales, los síntomas distintivos de una situación revolucionaria? Seguramente no incurrimos en error si señalamos estos tres síntomas principales: 1) La imposibilidad para las clases dominantes de mantener inmutable su dominación; tal o cual crisis de las «alturas», una crisis en la política de la clase dominante que abre una grieta por la que irrumpen el descontento y la indignación de las clases oprimidas. Para que estalle la revolución no suele bastar con que «los de abajo no quieran», sino que hace falta, además, que «los de arriba no puedan» seguir viviendo como hasta entonces. 2) Una agravación, fuera de lo común, de la miseria y de los sufrimientos de las clases oprimidas. 3) Una intensificación considerable, por estas causas, de la actividad de las masas, que en tiempos de «paz» se dejan expoliar tranquilamente, pero que en épocas turbulentas son empujadas, tanto por toda la situación de crisis, como por los mismos «de arriba», a una acción histórica independiente». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La bancarrota de la II Internacional, 1915)


El famoso líder ruso añadiría:


«Sin estos cambios objetivos, no sólo independientes de la voluntad de los distintos grupos y partidos, sino también de la voluntad de las diferentes clases, la revolución es, por regla general, imposible. El conjunto de estos cambios objetivos es precisamente lo que se denomina situación revolucionaria. Esta situación se dio en 1905 en Rusia y en todas las épocas revolucionarias en Occidente; pero también existió en la década del 60 del siglo pasado en Alemania, en 1859-1861 y en 1879-1880 en Rusia, a pesar de lo cual no hubo revolución en esos casos. ¿Por qué? Porque no toda situación revolucionaria origina una revolución, sino tan sólo la situación en que a los cambios objetivos arriba enumerados se agrega un cambio subjetivo, a saber: la capacidad de la clase revolucionaria de llevar a cabo acciones revolucionarias de masas lo suficiente fuertes para romper –o quebrantar– el viejo gobierno, que nunca, ni siquiera en las épocas de crisis, «caerá» si no se le «hace caer». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La bancarrota de la II Internacional, 1915)


En cambio, Guevara rompe con esta concepción marxista-leninista, y a la hora de crear su teoría del «foco» defiende que el foco guerrillero asilado, creado por un puñado de guerrilleros aventureros, puede crear una «chispa que incendie el prado», y produzca por tanto una reacción general de toda la población trabajadora, o sea puede estimular las condiciones objetivas pese a que estas no dependen de la voluntad de los propios guerrilleros:

«No siempre hay que esperar a que se den todas las condiciones para la revolución; el foco insurreccional puede crearlas». (Ernesto «Che» Guevara; La guerra de guerrillas, 1960)

En una poco conocida visita a Albania, sus divergencias con la dirección de ese país eran evidentes en cuanto al factor del partido comunista en la toma de poder y dirección de la revolución. Un testigo del encuentro, Zeqi Agolli, relató:

«[Mehmet Shehu]: «Explica a continuación: «Sin concienciar a las masas populares de la necesidad del cambio y sin la claridad política y determinación revolucionaria de la dirección revolucionaria, la unidad dialéctica del factor externo e interno, no se puede pensar siquiera en un la posible victoria de los pueblos oprimidos». (...) El Che Guevara enfatizó que no debemos perder demasiado tiempo con los partidos políticos, simplemente sean revolucionarios. Agregó: «Donde haya dictaduras fascistas, especialmente en América Latina, se deben crear fuegos, es decir, focos. Y esto se debe hacer en las zonas periféricas y de ahí deben comenzar los ataques. La gente nos entenderá, nos apoyará y hará para unirse a nosotros». (Arkivalajmeve.com; Zeqi Agolli: En los años 60, el Che Guevara estaba en la oficina de Mehmet Shehu, 2012)

Los resultados de intentar crear estos focos que permitieran revertir la situación, se pueden ver en las aventuras de Guevara en el Congo y en Bolivia, y se puede comprobar en sus propios escritos, a modo de ejemplos, las consecuencias de lanzarse a la lucha armada sin sopesar las condiciones, error que se repite en la experiencia de muchas guerrillas guevaristas. 

Con razón, los albaneses tuvieron que dedicar tiempo y escritos para refutar las teorías guevaristas:


«La predicación de la espontaneidad, como ideología oportunista en el movimiento obrero, hace su punta de lanza en luchar contra la necesidad de la teoría marxista-leninista y su partido. Los revisionistas modernos están extendiendo la ilusión de que en el capitalismo especialmente en los países desarrollados, la conciencia socialista florece por sí misma del movimiento espontáneo, que el impulso hacia el socialismo arriba espontáneamente del desarrollo de las fuerzas productivas y del cambio del equilibrio de fuerzas en el mundo en detrimento del imperialismo. Que en esas condiciones toda suerte de partidos y organizaciones, desde los partidos burgueses liberales a socialdemócratas, los frentes de liberación nacional o los sindicatos al servicio de la burguesía, pueden ser portadores de los ideales del socialismo y líderes de la transformación socialista de la sociedad. Este punto de vista de los adoradores de la espontaneidad en realidad también tiene algunos representantes de las fuerzas de «izquierda», ya que cualesquiera que sean sus intenciones subjetivas también tienen como objetivos la espontaneidad. Estos niegan la necesidad de la teoría de la conciencia científica, se levantan contra la tesis de Lenin de que sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario, niegan el papel de la vanguardia que está armada con la teoría revolucionaria del marxismo-leninismo, no creen que sea necesario dar programas políticos claros y una estrategia y táctica científica. Dado según ellos solamente importante que comience la revolución y llevarla a cabo. Que lo impulse un partido marxista-leninista u otra fuerza es indiferente para ellos, carece de importancia. Las revoluciones, dicen ellos, se llevarán a cabo por un partido revolucionario o sin él. Significa que no debería haber una ecuación matemática que implique que la vanguardia es el partido marxista-leninista, que la guerrilla puede ser el germen del partido, que el ejército popular constituye el núcleo del partido, y no al revés, etc. (...) A partir de las condiciones objetivas o de la propia lucha revolucionaria crea una cierta conciencia socialista revolucionaria. Es en este caso, pero a un nivel muy bajo, esta toma de conciencia es denominada por Lenin como conciencia tradeunionista. Pero la alta conciencia socialista no se forma por sí misma, de manera espontánea, sino sólo por la ciencia marxista-leninista. Esta ciencia es asimilada por la parte más avanzada de la clase que se organiza en el partido del proletariado, pasando a educar luego a toda la clase, estableciendo las metas y aspiraciones revolucionarias y mostrando claramente la forma correcta para lograr estos objetivos, dirigiéndolos en su lucha histórica. El partido es esencial, no sólo para que la conciencia socialista sea transmitida a la clase obrera y las masas trabajadoras y sus acciones estén coordinadas. Es el personal teórico, político, y práctico en todos los campos: en la política, en la ideología, en la economía y en lo militar. Negar el rol dirigente del partido, significa dejar la clase obrera desarmada frente a la burguesía y la reacción. La historia no conoce de ningún caso en que sin el partido comunista de la clase obrera, sin su rol de liderazgo y yendo en contra de los comunistas, la revolución proletaria haya triunfado y el socialismo se haya construido. Sucede que, cuando los partidos comunistas se han debilitado, son los partidos revisionistas y reformistas u otras fuerzas políticas las que se hacen con la dirección de la revolución. Pero ha de saberse, que las revoluciones democráticas o de liberación nacional, sólo se pueden transformar en revoluciones proletarias socialistas cuando es la clase obrera y su partido marxista-leninista las que las dirigen». (Foto Çami; Los factores objetivos y subjetivos de la revolución, 1973)


Esto es algo a lo que se han apegado todos los marxista-leninistas a la hora de aplicar la lucha de clases, que es el motor de la historia. Eso incluye que dentro de esta lucha de clases se dé por supuesto la toma de poder, que es el derrocamiento de una clase por otra en el Estado:


«¿Cuál debería ser la relación entre el factor subjetivo y el factor objetivo en la lucha de clases? El partido debe seguir una política revolucionaria en una lucha de clases construida sobre la base de su profundo conocimiento y aplicación de las leyes y las condiciones objetivas de esta lucha, debemos educar a las masas en una elevada conciencia socialista debemos preparar y organizar la lucha de clases en el nivel más alto posible, debemos librar la lucha con métodos revolucionarios, siempre junto con las masas, y mediante la autoridad de nuestro liderazgo aplicar sobre la base de las leyes y las condiciones objetivas. Cualquier soporte y acto no conforme con las leyes y condiciones objetivas derivarán inevitablemente, en actos de terrorismo o aventurerismo, en confusión o miedo, hay que tener siempre presente que la pérdida del rumbo en la lucha, la pasividad, o peor aún, la capitulación frente a la presión de los enemigos o las dificultades impuestas por las condiciones naturales de ese momento y sus directos obstáculos, son golpes mortales a la revolución, porque la derrota en la lucha de clases y la revolución, hacen posible que las fuerzas reaccionarias imperialistas, y el revisionismo ganen esta lucha a muerte. Para evitar este aciago desenlace en la política de la lucha de clase, el liderazgo que abandera a ésta se debe elevar sobre la base científica de las leyes y las condiciones objetivas, deberá plantear la visión revolucionaria de futuro ante sus militantes con gran determinación y coraje, sabiendo maniobrar con la habilidad y la madurez del proletariado, manteniendo siempre la iniciativa en la lucha, esto es lo único que puede conducir a la victoria sobre los enemigos de clase y viejos reaccionarios de todo pelaje. La lucha de clases es una lucha a vida o muerte entre el socialismo y el capitalismo, y, como tal, se libra de manera objetiva y con fiereza durante todo el período de transición al comunismo». (Nexhmije Hoxha; Algunas cuestiones fundamentales de la política revolucionaria del Partido del Trabajo de Albania sobre el desarrollo de la lucha de clases, 1977)


Rescatamos esta interesante crítica de los marxista-leninistas brasileños del viejo Partido Comunista de Brasil (PCdoB): «Estudio crítica acerca de la violencia revolucionaria» de 1983.


El rol de los revolucionarios y el papel de las masas

A diferencia de lo que ocurre con muchos sentimentalistas que idolatran a estos grupos armados, a Enver Hoxha no le temblaría la mano a la hora de criticar las teorías antimarxistas «izquierdistas» sobre la revolución y la toma de poder que en aquellos momentos abundaban en todo el mundo. De hecho, en el VIº Congreso del PTA de 1971 dedicó una buena parte a desmontar a las teorías antimarxistas que vanguardizaban varios movimientos, pero sobre todo el guevarismo.

La teoría de que «la historia la hacen los héroes» –negando el papel de las masas en la revolución–:

«Mucha gente, entre la cual se cuentan revolucionarios sinceros, al haber rechazado el camino reformista de los revisionistas y haberlo criticado, han abrazado otros conceptos erróneos sobre la revolución y sus vías de desarrollo. Esto se relaciona con su posición de clase pequeño burguesa, con la ausencia de la debida formación ideológica marxista-leninista y con las influencias que ejercen sobre ellos los puntos de vista anarquistas, trotskistas y golpistas. Algunos de ellos conciben la revolución como un golpe militar, como obra de unos cuantos «héroes». (Enver Hoxha; Informe en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1971)


Pero esta solo era una teoría que acompañaba a otras como la de que el «motor pequeño», que era el foco de la guerrilla, ponía en funcionamiento el «gran motor», que era el proletariado –eludiendo las condiciones objetivas y subjetivas de la revolución–:

«Sobrestiman y absolutizan el papel de la «actividad subjetiva», y piensan que la situación revolucionaria, como condición para el estallido de la revolución, puede ser creada artificialmente por las «acciones enérgicas» de un grupo de combatientes que sirve como «pequeño motor» que pone en movimiento al «gran motor» de las masas. Según ellos el potencial revolucionario de las masas en la sociedad capitalista está en todo momento a punto de estallar, basta un impulso exterior, basta que se cree un foco guerrillero para que las masas lo sigan automáticamente». (Enver Hoxha; Informe en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1971)

De que no era necesario analizar las condiciones objetivas, que éstas se podían crear por el foco y sus guerrilleros –ignorando un análisis científico de la situación y de las leyes mismas de la revolución–:

«La lucha armada de un grupo de revolucionarios profesionales sólo puede ejercer influencia en el ímpetu de las masas cuando se coordina con otros objetivos políticos, sociales, psicológicos que determinan el surgimiento de la situación revolucionaria y cuando se apoya en las amplias masas del pueblo y goza de su simpatía y respaldo activos. De lo contrario, como demuestra la dolorosa experiencia en algunos países de Latinoamérica, la acción de la minoría armada, por heroica y abnegada que sea, choca con la incomprensión de las masas, se aísla de ellas y sufre derrotas. Las revoluciones maduran en la situación misma, en tanto que su victoria o su derrota depende, de la situación y del papel del factor subjetivo. Este factor no puede representarlo un solo grupo, por más consciente que sea de la necesidad de la revolución. La revolución es obra de las masas. Sin su convencimiento, preparación, movilización y organización, ninguna revolución podrá triunfar. El factor subjetivo no se prepara únicamente mediante las acciones de un «foco» guerrillero, ni tampoco tan sólo con agitación y propaganda. Para ello, como nos enseña Lenin y la vida misma, es indispensable que las masas se convenzan a través de su experiencia práctica». (Enver Hoxha; Informe en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1971)

O la teoría de que «para preparar la revolución sólo es importante el trabajo clandestino» –negando el trabajo legal en la sociedad burguesa y en las organizaciones de masas–:

«El concepto sobre el papel decisivo de la minoría armada va acompañado también de los puntos de vista de que la lucha debe desarrollarse únicamente en el campo o sólo en la ciudad, de que se debe atener únicamente a la lucha armada y a la actividad clandestina. Ha adquirido también una amplia difusión la tesis trotskista que considera la revolución como un acto repentino y la huelga general política como la única forma de llevarla a cabo. El orientarse por la lucha armada no significa en lo más mínimo renunciar a todas las demás formas de lucha, no quiere decir concentrarse en el campo y abandonar la lucha en la ciudad viceversa, tampoco significa proponerse conseguir el objetivo final –la toma del poder– abandonando la «lucha pequeña» por las reivindicaciones inmediatas, económicas, políticas y sociales de los trabajadores, no quiere decir velar sólo por la organización de las fuerzas armadas y descuidar el trabajo entre las masas y dentro de sus organizaciones, trabajar y luchar únicamente en la clandestinidad y renunciar a aprovechar las posibilidades de actividad legal y semilegal, etc. Preparar la revolución no es cuestión de un día es una labor multilateral y compleja. Para ello se ha de trabajar y luchar en todas las direcciones y con todas las formas, combinándolas correctamente y cambiándolas a tenor de los cambios de la situación, pero siempre supeditándolas al logro del objetivo final». (Enver Hoxha; Informe en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1971)


Sobre el concepto de partido y de revolución:


«Los autores de la teoría de que el «motor pequeño» pone en movimiento el «motor grande», pretenden hacer creer que están por la lucha armada, pero en realidad están en contra de ella y trabajan para desacreditarla. El ejemplo de Che Guevara y su trágico fin, la difusión y aplicación de esta teoría por otros que se dicen marxistas, pero que están en contra de las luchas de gran envergadura, masivas y populares, son hechos públicamente conocidos que refutan sus prédicas. ¡Guardémonos del pueblo porque puede traicionarnos, delatamos a la policía; formemos guerrillas «salvajes» y aisladas que –supuestamente– sean desconocidas por el enemigo y éste no desate el terror contra el pueblo! Estas y muchas otras teorías disolventes, que ustedes conocen bien, son difundidas por ellos. Atacar al enemigo con estas guerrillas «salvajes», combatirlo con ellas, etc., sin que el partido marxista-leninista asuma la dirección de esta lucha ¿puede haber aquí algo de marxismo-leninismo? Por el contrario. Estas teorías antimarxistas y antileninistas sólo pueden ocasionar fracasos al marxismo-leninismo y a la revolución, tal como fracasó en Bolivia la empresa de Che Guevara». (Enver Hoxha; El puño de los comunistas marxista-leninistas debe también golpear enérgicamente el aventurerismo de izquierda, como engendro del revisionismo moderno, 1968)


En el manual jruschovista de 1963, tomando de referencia las afirmaciones de los viejos manuales de la época de Stalin, se afirma de forma hipócrita: 

«Para que triunfe la revolución socialista, es necesario que exista un proletariado revolucionario y su vanguardia, unida en un partido político, y que en el país haya un aliado serio de la clase obrera, representada por los campesinos, capaz de seguir al proletariado en la lucha decisiva contra el imperialismo
». (Manual de economía política de la URSS, 1963) 


 Guevara contradice este axioma y proclama que:


«Los casos de China, Vietnam y Cuba ilustran lo incorrecto de esta tesis. En los dos primeros casos la participación del proletariado fue nula o pobre, en Cuba no dirigió la lucha el partido de la clase obrera sino un movimiento policlasista que se radicalizó luego de la toma de poder político». (Ernesto Che Guevara; Apuntes críticos a la economía política, 1964)


Esta teoría de Guevara ha influenciado a todos los movimientos tercermundistas posteriores. 


Para empezar, habría que ver cómo fue la conformación del Partido Comunista de Cuba:


«Lejos de existir un partido comunista en Cuba, se fusionaron distintos partidos antimarxistas para conformar un pseudopartido comunista. Veamos, oficialmente se fundó el actual Partido Comunista de Cuba en 1965, o lo que es lo mismo, seis años después de la toma de poder por la guerrilla del Movimiento 26 de julio; y este partido vino a ser la unión del: Movimiento 26 de julio de Fidel, del Partido Socialista Popular de Blas Roca, y el Directorio Revolucionario 13 de marzo de Faure Chomón. Cierto es que, de estas tres organizaciones, al triunfo de la revolución cubana de 1959, solo se reivindicaba como «comunista» el Partido Socialista Popular, quien había desarrollado una más que discutible «lucha» contra Fulgencio Batista, a quien coyunturalmente habían apoyado o combatido. Tal partido ideológicamente naufragaba entre el revisionismo browderista y el revisionismo jruschovista en auge por entonces. Posteriormente, con el partido conformado y unificado, hubo una purga contra gran parte de los viejos elementos del Partido Socialista Popular pero no significaba que el partido de la nada se convirtiera por ello en marxista-leninista, ni siquiera que se deshiciera de la influencia jruschovista que el propio Fidel Castro llevaría a sus espaldas toda su vida. Queda claro, por tanto, que no pudo existir ni existe una base marxista-leninista en tal partido; que bajo tal eclecticismo no ha existido ni existe una sólida unidad ideológica en el Partido Comunista de Cuba que además ha incubado múltiples tendencias de corte reformista-socialdemócrata, trotskista, anarquista, etc., facciones que se han permitido y permiten siempre que no cuestionen a la dirección en sí, una táctica muy clásica de los revisionistas que persigue obtener el apoyo de quien sea y como sea si tales individuos sirven para el propósito indicado». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 1 de septiembre de 2013)


Después, habría que comprobar si con el paso del tiempo se ha visto o no que estas revoluciones que cita el Che tendieron al socialismo o no. Hoy, cualquiera que sea objetivo puede constatar que dichos países ya eran revisionistas en el momento en que él en 1964 escribía esas líneas. En la actualidad, cada día se muestra más y mejor que el capitalismo es la esencia fundamental de su fisonomía, pero esto era algo que ya fue denunciado por otros revolucionarios en su momento:


«La lucha armada y la violencia cuando está dirigida por sectores nacionalistas y burgueses y no por el partido del proletariado, desemboca cuando triunfa, en regímenes de carácter burgués y no en una revolución socialista. Tal ha sido, por ejemplo, el caso en el pasado de diversos países de África del Norte y de Asia. Sólo bajo la dirección de la clase obrera y de su partido de clase puede la lucha armada y la violencia desembocar en una revolución de carácter socialista y poner fin al poder de cualquier sector de la burguesía, abriendo así el camino del socialismo hacia la sociedad comunista». (Elena Ódena; El marxismo, la lucha armada y la violencia revolucionaria y las guerras, 1979)


Esa vacilación y oportunismo es lo que ha posibilitado, por ejemplo: que en la actualidad haya un grupo importante de trotskistas en la dirigencia; aunque no supone una sorpresa puesto que el Partido Comunista de Cuba ha estado dando cobertura a conocidos trotskistas desde ya hace mucho tiempo: Marta Harnecker, Eduardo Galeano, Ignacio Ramonet, Santiago Alba Rico –estos dos incluso son propagandistas de la OTAN–, etc. Tan bajo han caído que se han permitido aceptar la etiqueta de «marxistas» que los revisionistas del «socialistas del siglo XXI» se autocolocan.


El caso de Cuba es similar al de otros muchos países –africanos, asiáticos y demás– en donde la dirigencia que obtiene el poder recibe tarde o temprano las «ayudas» de la Unión Soviética revisionista, y el país que da la «ayuda» como el que la recibe, asegura en su propaganda que el nuevo gobierno «va rumbo al socialismo», creando, si hace falta, un partido con nombres revolucionarios y declarando que sus líderes ahora aceptan el marxismo-leninismo, una estupidez supina.

El «Che» Guevara fue seguramente el principal defensor de que el líder del partido fuera Fidel Castro, quien como todos sabían y él mismo había declarado en Estados Unidos, no era comunista. Para quien lo desconozca, el Fidel Castro de su juventud, era un conocido enemigo ideológico de los estudiantes de izquierda, y el propio Castro solo se lanza en brazos del campo revisionista cuando su intento de aproximación al imperialismo estadounidense se quedó en eso. Guevara a su vez fue cabeza visible en la unificación mecánica de los partidos no comunistas en el resultante Partido Comunista de Cuba; y como reconocería, para forjar este nuevo partido se fijó en la experiencia de los manuales soviéticos revisionistas como los de Kuusinen, y en la experiencia de los otros partidos comunistas ya degenerados por el revisionismo:


«Este pequeño libro está destinado a iniciar a los militantes del Partido, en el amplio y riquísimo acervo de las ideas marxistas-leninistas. La elección de los temas es simple y efectiva. Se trata de un capítulo del Manual de marxismo-leninismo de Otto V. Kuusinen y de una serie de discursos de Fidel Castro. La selección es buena porque en el capítulo del Manual de marxismo-leninismo se sintetiza la experiencia de los partidos hermanos y se da un esquema general de lo que debe ser y cómo debe actuar un partido marxista-leninista, y en la sucesión de discursos del compañero Fidel se ve desfilar la historia política de nuestros países a través de las palabras en algunos casos autobiográficos, del dirigente de la revolución». (Ernesto «Che» Guevara; El partido marxista-leninista, 1963)


¡Nótese el detalle de que Guevara propone, para conformar un partido marxista-leninista, estudiar los manuales jruschovistas de revisionistas como Otto Kuusinen! Y más importante: se ignoraba adrede que todo el articulado de reglas y apariencia de la democracia interna de los jruschovistas era un verdadero bluf.

Como era normal, estos líderes una vez llegados al poder no podían convertirse en «marxista-leninistas» de la noche a la mañana como ellos vendían. ¿Pero por qué se caracterizaban estos grupos una vez en el poder?

Primero. La creencia de que el partido debe partir de un frente:


«Además, algunos partidos políticos de «orientación socialista» se han formado como resultado de la reorganización interna de los frentes antiimperialistas, otros sobre la base de la colaboración y los acuerdos entre los demócratas revolucionarios y los llamados comunistas, es decir que estos partidos se han formado como resultado de la transformación de los frentes antiimperialistas en partidos, o como resultado de la coalición de diversas corrientes. Es evidente, según esto, que ninguno de ellos se ha formado, constituido ni funciona sobre bases ideológicas y organizativas marxista-leninistas. Estos partidos como antes el frente antiimperialista, están integrados por individuos de diversas ideologías y que representan fuerzas políticas y sociales distintas». (Nesti Karaguni; La esencia reaccionaria de la teoría revisionista soviética de la «orientación socialista», 1984)


Segundo. La creencia de que sus líderes pese a no albergar conocimientos sobre marxismo-leninismo podían dirigir un partido que se pretendía marxista-leninista:


«Los hegemonistas soviéticos no escatiman los elogios más desenfrenados a los gobernantes de los nuevos Estados nacionales que de una u otra forma están atados al carro de la política de la Unión Soviética. Llegan al extremo de considerar a estos gobernantes como: «Revolucionarios destacados». (Vaprosi fillosoti; Nº.2, 1983) Que: «Se esfuerzan por asimilar la teoría del socialismo científico». (Vaprosi fillosoti; Nº.2, 1983) ¡Como si la revolución pasara por enseñar el marxismo leninismo a su líder!». (Nesti Karaguni; La esencia reaccionaria de la teoría revisionista soviética de la «orientación socialista», 1984)


Tercero. La creencia de que la intelectualidad, la burguesía nacional, la pequeña burguesía u otras capas sociales pueden ser dirigentes de movimientos consecuentes que lleven al socialismo:


«Al mismo tiempo tratan de «probar» que la preparación de las premisas y la «transición gradual al socialismo» de los países, calificados de «orientación socialista» será obra no del proletariado y bajo su dirección, sino de aquellas fuerzas –frentes– que dirigieron la lucha por la liberación y la independencia nacionales, o de aquellas fuerzas que actualmente se encuentran en el poder, sin que sea necesario un nuevo alineamiento de las fuerzas de clase y sin dirigir el rigor del combate y los golpes revolucionarios contra la burguesía, porque, según los revisionistas soviéticos, una parte considerable de la burguesía de estos países habría asumido tendencias socialistas, habría abrazado la «vía del desarrollo socialista» y tendría la posibilidad de desempeñar también el papel dirigente en este importante proceso de desarrollo y progreso. (...) El marxismo-leninismo nos enseña y la práctica ha confirmado plenamente que la burguesía, al estar relacionada con la explotación capitalista y siendo la protagonista de esta explotación, no solo no puede tener ni tiene tendencia socialista alguna, por lo que no puede ser tratada como fuerza motriz del proceso de transición al socialismo y mucho menos como fuerza dirigente de este proceso, sino que además, objetivamente se alinea al frente de los enemigos de la revolución y del socialismo, inclusive a lo largo del desarrollo de la revolución de liberación, democrática y antiimperialista, debido a sus propias posiciones económicas y de clase. Se caracteriza por sus vacilaciones y sus compromisos con el imperialismo y la reacción interna, y por lo tanto no está en condiciones de llevarla hasta el fin. Tampoco pueden jugar el papel dirigente de la revolución las capas de la pequeña burguesía, puesto que tienen exigencias limitadas, individualistas, están bajo la influencia de la ideología anticientífica y dan bandazos ora a la «derecha», ora a la «izquierda», deslizándose hacia el oportunismo y el aventurerismo. Tampoco las capas de la intelectualidad pueden ser una fuerza independiente, porque proceden de diversas clases, por naturaleza son vacilantes política e ideológicamente y tampoco pueden desempeñar un papel dirigente en la revolución». (Nesti Karaguni; La esencia reaccionaria de la teoría revisionista soviética de la «orientación socialista», 1984)


Enver Hoxha volvió a repetir sobre las «teorías» castro-guevaristas:


«De lo que sabemos, leyendo las «teorías» de Castro y otros como él sobre el partido, la lucha armada, el rol del campesinado y la confianza que debe tener en él, vemos que todas estas «teorías» no son para nada marxistas. Leyendo el cuaderno de Guevara el cual ha sido publicado en Cuba nosotros nos alzamos la cuestión: ¿qué clase de marxista puede vivir como un salvaje en la sierra y organizar el trabajo en secreto de las masas, en las cuales él no confía? (...) «¿Por qué necesitamos el partido?», «Lo primero de todo es que tengamos un ejército», dice Fidel Castro. El lenguaje usado en algunos de los discursos de él muestra que nunca ha sido un marxista. ¿Pero cómo se va a mantener el ejército del pueblo sin el liderazgo del partido? Hubo un ejército en Albania en tiempos del ex-Rey Zog, pero este era débil y reaccionario, mientras nuestro ejército de hoy es fuerte y un ejército del pueblo precisamente porque es guiado por un partido marxista-leninista. En pocas palabras, es por esto que los conceptos de Castro sobre el rol del ejército no son marxistas». (Enver Hoxha; Para alcanzarse los objetivos se necesitan acciones revolucionarias y no discusiones estériles; Entrevista con el Secretario General del Partido Comunista del Perú, Saturnino Paredes Macedo, (Extractos), 12 de julio 1969)


El subjetivismo y terrorismo en las concepciones militares

En más de una ocasión el propio Guevara manifestó pensamientos de dudosa moralidad. Pensamientos que fácilmente recuerdan al existencialismo de algunas mentes que sencillamente se pueden tachar de sádicos y psicópatas:


«La noche, replegada al contacto de sus palabras, me tomaba nuevamente, confundiéndome en su ser; pero pese a sus palabras ahora sabía... sabía que en el momento en que el gran espíritu rector dé el tajo enorme que divida toda la humanidad en sólo dos fracciones antagónicas, estaré con el pueblo, y sé porque lo veo impreso en la noche que yo, el ecléctico disector de doctrinas y psicoanalista de dogmas, aullando como poseído, asaltaré las barricadas o trincheras, teñiré en sangre mi arma y, loco de furia, degollaré a cuanto vencido caiga entre mis manos. Y veo, como si un cansancio enorme derribara mi reciente exaltación, cómo caigo inmolado a la auténtica revolución estandarizadora de voluntades, pronunciando el «mea culpa», ejemplarizante. Ya siento mis narices dilatadas, saboreando el acre olor de pólvora y de sangre, de muerte enemiga; ya crispo mi cuerpo, listo a la pelea y preparo mi ser como a un sagrado recinto para que en él resuene con vibraciones nuevas y nuevas esperanzas el aullido bestial del proletariado triunfante». (Ernesto Che Guevara; Diarios de motocicleta [publicado póstumamente], 1993)

Marcos Bravo, dirigente del movimiento 26 de julio, en su libro confiesa sobre la captura de un chaval:


«No he matado a nadie, comandante. Acabo de llegar aquí. Soy hijo único, mi madre es una viuda y me incorporé al ejército por el salario, para enviárselo a ella todos los meses…. ¡No me mate!» «¡No me mate! ¿por qué? Respondió el Che». El joven soldado fue atado delante de la fosa recientemente cavada y fusilado». (Marcos Bravo; La Otra Cara Del Che, un sepulcro blanqueado, 2003)


Guevara tras ejecutar a Aristidio, un guía campesino acusado de traición, anotaba:

«Si realmente era lo suficientemente culpable como para merecer la muerte
». (Ernesto Che Guevara; Pasajes de la guerra revolucionaria [pupublicado póstumamente en 1985])


En el libro de Jon Lee Anderson se cita otra anotación de Guevara sobre dicho episodio, donde, ante las dudas de dicha culpabilidad, diría presuntamente:


«La situación era incómoda para la gente y él, de modo que acabé el problema dándole en la sien derecha un tiro de pistola [calibre] 32, con orificio de salida en el temporal derecho. Boqueó un rato y quedó muerto. Al proceder a requisarle las pertenencias no podía sacarle el reloj amarrado con una cadena al cinturón, entonces él me dijo con una voz sin temblar muy lejos del miedo:  «Arráncala, chico, total…. Eso hice y sus pertenencias pasaron a mi poder». (Jon Lee Anderson; Che Guevara, una vida revolucionaria, 2006) 


En otro libro, encontramos una conversación que también muestra el carácter de Guevara sobre cómo organizar los aparatos de represión sin garantía alguna para los acusados:


«Hay que trabajar de noche [le dice a Duque Estrada]. (...) El hombre ofrece menos resistencia de noche que de día. En la calma nocturna la resistencia moral se debilita. Haz los interrogatorios de noche. No hace falta hacer muchas averiguaciones para fusilar a uno. Lo que hay que saber es sí es necesario fusilarlo. Nada más. Debe dársele siempre al reo la posibilidad de hacer sus descargos antes de fusilarlo. Y esto quiere decir, entiéndeme bien, que debe siempre fusilarse al reo, sin importar cuáles hayan sido sus descargos. No hay que equivocarse en esto. Nuestra misión no consiste en dar garantías procesales a nadie, sino en hacer la revolución, y debemos empezar por las garantías procesales mismas». (Luis Ortega; ¡Yo soy el Che!, 1970)


Sobre la crisis de los misiles de 1962, confesaría a un periodista simpatizante de Cuba que, si de él dependiese, hubiera comenzado una ofensiva con los misiles soviéticos que apuntaban a Estados Unidos, un pensamiento muy de moda entre el maoísmo de la época:


«Sam Russel, corresponsal del diario socialista Daily Worker, entrevistó a Guevara unas semanas después de la crisis y lo halló aún echando chispas por la traición soviética. (...) Guevara dijo que, de haber controlado los misiles, Cuba los hubiera disparado. El Che despertó sentimientos contradictorios en Russel: era «un personaje cordial que desde el principio me cayó muy bien... evidentemente un hombre de gran inteligencia, pero con sus desvaríos sobre los misiles me pareció que estaba chiflado». (Jon Lee Anderson; Che Guevara, una vida revolucionaria, 2006) 

Poco después Guevara confesaría públicamente que esta había sido su intención:


«Lo que afirmamos es que tenemos que caminar por el sendero de la iluminación, aun cuando este cueste millones de víctimas atómicas». (Ernesto Che Guevara; Táctica y estrategia de la revolución, 1962)


Es comprensible que alguien de carácter tan subjetivo como Guevara, que desataba un terror muchas veces indiscriminado, con unos conceptos de revolución más propios de un bakuninista o un jacobino que de un marxista, no podía estar capacitado para llevar a cabo o supervisar labores de represión sin que eso conllevase un descrédito para las fuerzas gubernamentales.

Las desviaciones de Guevaras no son nada extraño en América Latina:

«Una de las más perniciosas herencias que arrastra consigo el movimiento político latinoamericano es la tradición de los golpes de Estado, de los «cuartelazos» y de los putchs. Los trotskistas enarbolan esta herencia y la visten con el ropaje de «ideología» y de «ideología izquierdista» influenciando a dirigentes populares a sectores democráticos e induciéndolos a buscar en el putch una salida en los momentos álgidos. Esta práctica, esta teoría del putchismo, ha constituido en todo momento una miserable provocación. Sobre putchs fracasados unos tras otros, muchos de ellos ahogados en sangre, los radicales argentinos, los apristas peruanos, los batllistas uruguayos, han perdido posiciones, han dejado el camino abierto a la relación, han facilitado la penetración y el avance del fascismo. Exactamente lo mismo puede aseverarse del terrorismo individual, otra de las prácticas criminales del trotskismo. Putchismo y terrorismo que solo sirven para afirmar la reacción, para ayudar a destrozar las resistencias del pueblo, para justificar las más bárbaras represiones». (Internacional Comunista; La lucha contra la quinta columna del fascismo en América Latina, 31 de marzo de 1938)

El guevarismo sería una de tantass corrientes de los años 60 y 70 que tendría el dudoso honor de recoger esta «herencia». El PRT-EP de Santucho sería el ejemplo perfecto de esta síntesis entre guevarismo y trotskismo, con los añadidos particulares histórico-nacionales del golpismo sudamericano. No por azar Enver Hoxha recomendó a los latianoamericanos que:

«En lo que atañe a la tradición combativa de los pueblos de Latinoamérica, en ella predomina el aspecto positivo, revolucionario, que constituye un factor muy importante y que hace falta utilizar lo mejor y más ampliamente posible en la preparación y el desarrollo de la revolución, dando a esta tradición un nuevo contenido, desprovisto de los elementos negativos propios de las prácticas de los pistoleros y foquistas. (...) No sólo tienen el deber de hacer frente a la actividad diversionista y escisioncita de los oportunistas y los revisionistas de diverso pelaje, sino también de liberarse de las influencias pequeño burguesas que se reflejan en algunas concepciones y prácticas golpistas, foquistas, aventureras, que se han convertido en una cierta tradición, pero que no tienen nada en común con la verdadera revolución, por el contrario la perjudican enormemente. Pero esta cuestión requiere un tratamiento cuidadoso. (...) Los partidos marxista-leninistas, dedicando la debida atención a esta cuestión, deben, de una parte, hacer que las masas se convenzan por su propia experiencia de que las acciones revolucionarias tienen un carácter totalmente diferente de los actos terroristas y anarquistas y, de otra parte, luchar para separar de las filas de los grupos terroristas y anarquistas a los elementos revolucionarios que han caído en su trampa, para separados de los fascistas y los agentes secretos de la burguesía infiltrados en dichos grupos». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

¿Alguien puede dudar hoy de estas aseveraciones?

Los conceptos económicos de Guevara

Para entender sus concepciones económicas veamos sus desviaciones en la economía, os presentamos una crítica que Rafael Martínez le dedicó, obra que recomendamos con insistencia para entender el pensamiento económico de Guevara:

«Los errores de Guevara en la economía política se pueden clasificar en dos grupos: el idealismo y el mecanicismo. (...) El idealismo está presente en toda la obra de Guevara durante toda su vida hasta su último trabajo publicado: «El hombre y el socialismo en Cuba» de 1965. Guevara conduce a proclamar la conciencia y la educación como principales en relación con el estudio de las relaciones de producción en la economía de transición, incluyendo la construcción del comunismo. Impresionado por las primeras obras filosóficas del joven Karl Marx, Guevara afirma: 

«La palabra conciencia es subrayada por considerarla básica en el planteamiento del problema; Marx pensaba en la liberación del hombre y veía al comunismo como la solución de las contradicciones que produjeron su enajenación, pero como un acto consciente. Vale decir, no puede verse el comunismo meramente como el resultado de contradicciones de clase en una sociedad de alto desarrollo, que fueran a resolverse en una etapa de transición para alcanzar la cumbre; el hombre es el actor consciente de la historia. Sin esta conciencia, que engloba la de su ser social, no puede haber comunismo». (Ernesto «Che» Guevara; La planificación socialista, su significado, 1964) 


El papel de la conciencia y la educación se hace hincapié de forma ubicua por Guevara en sus obras económicas como el factor principal en la transición hacia formas superiores de organización económica. En el sistema de Guevara la economía política de Guevara deja de ser una disciplina independiente, el carácter objetivo de las leyes económicas de la sociedad de transición es secundario a la formación cultural del hombre nuevo. Las leyes económicas del socialismo, como las del capitalismo, existen y evolucionan con el desarrollo de las fuerzas productivas y las condiciones históricas, a veces incluso de forma independiente del nivel de conciencia de las masas. De hecho, en ciertas situaciones históricas, las masas en su conjunto siguen sin ser conscientes de la esencia económica de ambas, de la revolución y contrarrevolución. El papel de la conciencia y la educación, sin duda, juegan un papel fundamental en la construcción de la nueva sociedad. Sin embargo, la economía política sigue siendo una disciplina independiente y el estudio de las leyes objetivas que la rigen a ella sigue siendo un esfuerzo titánico. Sólo el análisis científico y la síntesis de las relaciones de producción pueden hacer posible el desarrollo económico sostenido necesario para la construcción de las sociedades socialistas y comunistas. En oposición al capitalismo, en el curso de la transición al socialismo, se dan las condiciones objetivas y subjetivas para que las masas participan conscientemente en la construcción y el análisis científico y la síntesis de la construcción socialista. Está claro que la participación más consciente y activa de la clase obrera en la construcción socialista, más sólidos son los fundamentos de la formación socialista. Es claro también, que cuanto más consciente es la clase obrera acerca de la esencia de la transformación económica, más robusto es el desarrollo económico y la menos influyentes son las fuerzas de la contrarrevolución». (Rafael Martínez; Che Guevara y la economía política del socialismo, 2005)

Más de lo mismo:

«El desarrollo económico en el socialismo y el desarrollo de la conciencia y la cultura socialista son dos fenómenos que van de la mano. Generalización sobre la base de la historia de la Unión Soviética que indica que la conciencia y la cultura socialista requieren una base material, sin la cual no se puede promover el desarrollo económico y el desarrollo de la conciencia. Sin embargo, de acuerdo a Guevara la conciencia y la educación socialista se supone que son los principales motores del desarrollo económico en el socialismo: 

«Las esperanzas en nuestro sistema van apuntadas hacia el futuro, hacia un desarrollo más acelerado de la conciencia y, a través de la conciencia, de las fuerzas productivas». (Ernesto «Che» Guevara; La planificación socialista, su significado, 1964) 


En el sistema de Guevara, el desarrollo económico socialista no es realmente el motor de la conciencia, sino a la inversa, la conciencia es la fuente de desarrollo económico socialista. El idealismo del «Che» Guevara se vuelve voluntarista. En este sentido, el idealismo del «Che» se puede comparar con los puntos de vista idealistas de Mao Zedong en economía política, a pesar de que Guevara muestra una postura mucho más progresista con respecto a las relaciones monetario-mercantiles que el último». (Rafael Martínez; Che Guevara y la economía política del socialismo, 2005) 


Guevara consideraba que los regímenes revisionistas subdesarrollados hacían bien en enrolarse dentro de la división internacional del trabajo:

«Será muy distinto el desarrollo de un país con tendencia a la autarquía de otro que se revuelva a aprovechar una correcta división internacional del trabajo China y Cuba por ejemplo, pero todos ellos pueden ser armónicos para conseguir el fin propuesto
». (Ernesto Che Guevara; Apuntes críticos a la economía política, 1964)


Las consecuencias de dicho camino hoy pueden ser constatadas: Cuba se endeudó con el socialimperialismo soviético primero, y a la caída de éste, con los imperialismos occidentales. China adoptó el camino de la alianza con el imperialismo estadounidense para hacerse un hueco como potencia capitalista regional en Asia, y ahora, a nivel mundial.


Con este tipo de comentarios Guevara mostraba estar a años luz de comprender esta cuestión económica:


«¡Evidentemente, no vamos a pedir a Polonia que deje de producir limones, ni que Cuba abandone totalmente la producción azucarera! En este sentido, subsistirá una cierta forma de división internacional del trabajo, hasta bajo el comunismo, en tanto que siga existiendo como inevitablemente existirán, sociedades humanas diseminadas bajo diferentes climas. Pero si inevitablemente se mantiene alguna forma de división internacional del trabajo en el campo de la producción de ciertos bienes de consumo, todos los países socialistas, sin embargo, deben ser capaces de producir por sí mismos los medios esenciales de trabajo necesarios para que su economía marche hacia adelante, es decir el equipo industrial pesado, muy poco dependientes del entorno geográfico y climático, que asegure una economía socialista que pueda avanzar en todos los dominios esencialmente contando con sus propias fuerzas, y no comprando de manera inmutable los medios de producción a otros países, sean estos terceros socialistas o no socialistas: además el hecho de no acostumbrar a los trabajadores a depender de la ayuda exterior puede movilizarlos en las tareas de la edificación de la economía y de la sociedad socialista, sin citar que la alta composición orgánica y la industria de producción de medios de producción cuya fabricación es reservada para los países económicamente más poderosos, es un motor inevitable del endeudamiento de los países más débiles económicamente. ¿Cuánto cuesta que un país atrasado tenga que vender toneladas de azúcar o de mineral de hierro para adquirir tractores, una fábrica de productos de tractores con una mano de obra altamente cualificada y muy dispendiosa? ¿No vale la pena que mejor compre los equipos que le permitan edificar una industria de construcciones mecánicas que sea capaz de producir todos los equipos industriales?


Para evitar este desequilibrio comercial que existe aun cuando los bienes son vendidos estrictamente por su valor, tendría que ser la productividad de trabajo y la remuneración de trabajo las mismas en ambos países. Sin embargo, esta igualdad no es posible si un país económicamente se retrasa sobre el otro en cuestión, ya que ese retraso depende de la cantidad de riquezas producidas por cabeza. Para alcanzar y recortar este retraso, hay que pues aumentar rápidamente y en grandes proporciones el nivel de producción por cabeza. Pero querer extenderlo así por la vía exclusiva de los intercambios comerciales, como los hacen los nacionalistas-burgueses y los revisionistas, es imposible: hay que comprar demasiadas fábricas y máquinas agrícolas que las exportaciones que están limitadas a causa de la débil productividad de trabajo, no bastan para cubrir. ¡Y durante este tiempo, el nivel de vida aumenta más rápidamente incomparablemente en los países que gozan de estos productos de exportación que los países atrasados producen a bajo coste! La solución a este arduo problema, el único vínculo que puede ayudar a romper este círculo vicioso, es la construcción de una industria de producción de medios de producción, este es el «nudo gordiano» del problema y sin el cual ninguna de las tareas fundamentales de la construcción económico-social del socialismo pueden ser completadas». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)


Relacionándolo con la lucha antirrevisionista en lo económico: incluso cuando Guevara trazase críticas que darían en el blanco, lejos de llegar a conclusiones lógicas y obvias, sigue siendo condescendiente con la naturaleza capitalista de los regímenes del revisionismo, con los cuales siempre mantuvo buenas palabras en público:


«Contra lo que pudiera pensarse a primera vista, en un país que es declaradamente comunista, aunque manteniendo ciertas características especiales de independencia nacional, Yugoslavia no ha colectivizado su tierra sino en un quince por ciento. (...) Todas las colectividades de Yugoslavia, ya sean campesinas u obreras industriales, se guían por el principio de lo que ellos llaman la autogestión. Dentro de un plan general, bien definido en cuanto a sus alcances, pero no en cuanto a su desarrollo particular, las empresas luchan entre ellas dentro del mercado nacional como una entidad privada capitalista. Se podría decir a grandes rasgos, caricaturizando bastante, que la característica de la sociedad yugoslava es la de un capitalismo empresarial con una distribución socialista de las ganancias, es decir, tomando cada empresa, no como un grupo de obreros sino como una unidad, esta empresa funcionaría aproximadamente dentro de un sistema capitalista, obedeciendo las leyes de la oferta y la demanda y entablando una lucha violenta por los precios y la calidad con sus similares; realizando lo que en economía se llama la libre concurrencia. Pero no debemos nunca perder de vista que las ganancias totales de esa empresa se van a distribuir, no en la forma desproporcionada de una empresa capitalista, sino entre los obreros y empleados del núcleo industrial.
 (...) Un comunismo que se aleja de la ortodoxia expresada en los libros comunes, para adquirir una serie de características propias; peligroso, porque la competencia entre empresas dedicadas a la producción de los mismos artículos, introduciría factores de desvirtuación de lo que presumiblemente sea el espíritu socialista». (Ernesto «Che» Guevara; Yugoslavia, un pueblo que lucha por sus ideales, 26 de noviembre de 1959)


Aquí, pese a la descripción clara de la naturaleza de la economía yugoslava, como puede ser el hecho de que existe la abierta propiedad en el campo tras más de 15 años de pseudorevolución –y por tanto no existe la construcción del socialismo, pues el socialismo se construye en campo y ciudad–, no concluye que es una economía capitalista. Pese a ver él mismo la esencia capitalista de la autogestión económica titoísta, no concluye como reflexión final que se trataba de una economía capitalista al uso. Se debe añadir, además, que en este documento oculta o evade un hecho incontestable: que la economía yugoslava era una economía semicolonial dependiente que estaba trabada por grandes deudas con países y organismos occidentales, camino que Cuba imitaría y ampliaría enormemente.


Veamos otra crítica de carácter económico a Yugoslavia, en este caso sobre el uso de la ley del valor en una sociedad en teoría socialista, y como a pesar de esto Guevara sigue sin concluir que ese régimen allí existente era un régimen capitalista-revisionista. Tampoco el hecho de que Yugoslavia fuera el espejo donde se miraban los países revisionistas-capitalistas a partir de 1953, le dice nada especial a tener en cuenta, solamente señala que dichas reformas serían consecuencias de la mayor competitividad de los países occidentales:


«En Yugoslavia funciona la ley del valor, y cada día funciona más. Y, por ejemplo, aquella cosa tan interesante, yo no sé si ustedes siguen bien la política internacional, pero aquella cosa tan interesante que el compañero Jruschov había dicho en Yugoslavia, que incluso mandó gente a estudiar y qué se yo. Pues eso que él vio en Yugoslavia y que le pareció tan interesante, en Estados Unidos está mucho más desarrollado porque es capitalista. Entonces, ¿qué es lo que pasa? Hay una serie de problemas de esos que son sumamente interesantes y que hay que estudiarlos a fondo y leer muchas cosas para ir dándose cuenta de los problemas. (...) ¿Aberraciones que se producen en qué? Bueno, ustedes van a ver. En Yugoslavia hay la ley del valor; en Yugoslavia se cierran fábricas por incosteables; en Yugoslavia hay delegados de Suiza y Holanda que buscan mano de obra ociosa y se la llevan a su país a trabajar en qué condiciones, en las condiciones de un país imperialista con la mano de obra extranjera, donde hay toda una serie de reglamentos y regulaciones para que sea la última cosa. Ahí van esos compañeros yugoslavos a trabajar como agricultores o como obreros a esos países donde escasea la mano de obra y expuestos por supuesto a quedar en cualquier momento en la calle. Prácticamente son, en ese sentido, portorriqueños en Estados Unidos. Ahora, eso sucede en Yugoslavia. En Polonia, se va por el camino yugoslavo, claro, se retira toda una serie de colectivización, se vuelve a la propiedad privada de la tierra, se establecen toda una serie de sistemas cambiarios especiales, se tiene contacto con los Estados Unidos. En Checoslovaquia y en Alemania ya se empieza a estudiar también el sistema yugoslavo para aplicarlo. Entonces tenemos que ya hay una serie de países que están todos cambiando de rumbo, ¿frente a qué? Frente a una realidad que no se puede desconocer, y es que, a pesar de que no se diga, el bloque occidental de países europeos está avanzando a ritmos superiores al bloque de la democracia popular. ¿Por qué? Ahí, en vez de ir al fondo de ese por qué, que hubiera de resolver el problema, se ha dado una respuesta superficial y entonces se trata el mercado, reforzar el mercado, empezar la ley del valor, reforzar el estímulo material. Todo el mundo, todo lo que sea estímulo material, todos los directores ganan cada vez más. Hay que ver el último proyecto de la RDA, la importancia que tiene la gestión del director, es decir, en la retribución la gestión del director. Todo eso está sucediendo por fallas de principios que no son suficientemente analizadas». (Ernesto «Che» Guevara; Apuntes críticos a la economía política: Polémicas en un viaje a Moscú, Fragmento de la reunión bimestral en el Ministerio de Industrias, 5 de diciembre de 1964)


En el manual jruschovista se proclaman las tesis triunfalistas de que:


«Ya no hay en el mundo fuerzas capaces de restaurar el capitalismo en nuestro país, de hacer derrumbar el campo socialista. El peligro de la restauración del capitalismo en la URSS ha sido eliminado». (Manual de economía política de la URSS, 1963) 


Guevara responde que esto es una:


«Afirmación que puede ser objeto de discusión». (Ernesto «Che» Guevara; Apuntes críticos a la economía política: Polémicas en un viaje a Moscú, Fragmento de la reunión bimestral en el Ministerio de Industrias, 5 de diciembre de 1964)

¡¿Puede ser objeto de discusión?! Esta declaración contradice lo que afirmaban los anteriores documentos soviéticos de 1917-1953:


«El triunfo de la desviación de derecha en los Partidos Comunistas de los países capitalistas supondría la derrota ideológica de los Partidos Comunistas y un fortalecimiento enorme de la socialdemocracia. ¿Y qué es un fortalecimiento enorme de la socialdemocracia? Es reforzar y robustecer el capitalismo, pues la socialdemocracia es el sostén fundamental del capitalismo dentro de la clase obrera. (...) El triunfo de la desviación de derecha en nuestro Partido supondría un fortalecimiento enorme de los elementos capitalistas en nuestro país. ¿Y qué significa fortalecer los elementos capitalistas en nuestro país? Significa debilitar la dictadura del proletariado y acrecer las posibilidades de restauración del capitalismo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Preguntas y respuestas, 1925)


Más ejemplos:


«Los intentos de elementos hostiles para organizar el robo en masa y el robo de bienes públicos fueron quebrados; sin embargo, la necesidad de proteger vigilantemente el dominio público se mantuvo y seguirá existiendo mientras existan vestigios de capitalismo en la economía y en la mente de las personas, mientras exista un entorno capitalista que busque revivir estos vestigios y usarlos para sus propios fines». (Partido Comunista de la URSS; Materialismo histórico, 1950)


Último:


«Las contradicciones antagónicas también aparecen en el campo de la ideología. La ideología burguesa y la ideología socialista son irreconciliables. (…) El pueblo soviético en su lucha por una transición gradual del socialismo al comunismo tiene que luchar contra los agentes burgueses que están siendo enviados a nuestro país. (...) El pueblo soviético también tiene que luchar contra las personas ideológicamente inestables infectadas con prejuicios nacionalistas, contra los portadores de puntos de vista y morales, contra los arribistas y degenerados, contra los saqueadores de la propiedad socialista, y contra los diversos restos de capitalismo en la mente de algunas personas. Por lo tanto, la vigilancia política constante y alta es la cualidad que todo el pueblo soviético necesita. (...) La crítica y la autocrítica desarrollan la iniciativa de los constructores de una sociedad comunista y aumentan la vigilancia con respecto a fenómenos ajenos y hostiles a la sociedad soviética en la teoría y la práctica». (Partido Comunista de la Unión Soviética; Sobre el materialismo dialéctico, 1953)


Por encima de todo, que Guevara aceptase esa tesis jruschovista como discutible era una mofa ante la realidad de la URSS de los 60, donde precisamente se había restaurado el capitalismo. Era un oprobio ante la propia clase obrera de la URSS, y ante todos los marxista-leninistas internacionalistas que estaban luchando en aquel momento contra el revisionismo de Jruschov y Brézhnev.


Más adelante Guevara añade:


«Las últimas resoluciones económicas de la URSS se asemejan a las que tomó Yugoslavia cuando eligió el camino que la llevaría a un retorno gradual hacia el capitalismo. El tiempo dirá si es un accidente pasajero o entraña una definida corriente de retroceso». (Ernesto «Che» Guevara; Apuntes críticos a la economía política, 1964)


Ojo de nuevo a la sutileza en un escrito que no es público sino personal, califica a Yugoslavia de un país que ha sufrido un retorno gradual hacia el capitalismo, e ilusamente sobre Jruschov y su equipo esgrime: «El tiempo dirá si es un accidente pasajero o entraña una definida corriente de retroceso». Guevara no consideraba justo denunciar públicamente el régimen de Tito como traidor al socialismo y guardaba esperanzas en ver hasta qué punto el régimen jruschovista seguía el camino titoísta. Este es el antirrevisionista que hoy algunos reivindican.


Los escritos de los comunistas de los años 50 criticando dicho sistema titoísta dan buena fe de ello con argumentos muy claros. Incluso los periodistas occidentales anotaban la heterodoxia de la economía titoista: «Yugoslavia; las reformas y nueva orientación a partir de 1948 vistas por la historiografía burguesa» de 2014.


¿Cómo es posible que no hiciera tal observación para concluir y denunciar lo obvio sin rodeos? ¿Si Guevara era realmente un defensor de Stalin y un marxista-leninista ejemplar como dicen algunos, por qué no se fijó en la lucha del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética y la Kominform contra el revisionismo yugoslavo? ¿Cómo pudo ignorar una polémica que de nuevo se pondría sobre la mesa en la época jruschovista con la ola de reconciliaciones del revisionismo rumano, chino, coreano, etc. con la Yugoslavia de Tito? ¿Cómo pudo no denunciar la ola de antistalinismo que había en la URSS y otros países? La respuesta es simple: Guevara nunca fue un stalinista.


Lejos de ser un «stalinista» en lo económico como han teorizado algunos, Guevara en sus escritos personales pensaba no solo que Stalin era un dogmático, sino que culpaba a Lenin de los fenómenos regresivos en la URSS de los 60:


«Al dogmatismo intransigente de la época de Stalin ha sucedido un pragmatismo inconsistente. Y, lo que es trágico, esto no se refiere sólo a un campo determinado de la ciencia; sucede en todos los aspectos de la vida de los pueblos socialistas, creando perturbaciones ya enormemente dañinas pero cuyos resultados son incalculables. En el curso de nuestra práctica y de nuestra investigación teórica llegamos a descubrir un gran culpable con nombre y apellido: Vladimir Ilich Lenin». (Ernesto Che Guevara; Apuntes críticos a la economía política, 1964)


Con esto se puede concluir varias cosas:


a) Guevara, no comprende la necesidad de la NEP. Niega la propia historia que demostró que de ella los elementos socialistas pudieran prevalecer y vencer a los elementos capitalistas.

«Hay que poner al descubierto el error de quienes conciben la NEP como un repliegue y solamente como un repliegue. La realidad es que, ya al implantar la nueva política económica, Lenin decía de ella que no se reducía a un repliegue, sino que, al mismo tiempo, era la preparación para una nueva ofensiva decisiva contra los elementos capitalistas de la ciudad y del campo. Hay que poner al descubierto el error de quienes piensan que la NEP sólo sirve para mantener los vínculos entre la ciudad y el campo. Los vínculos que nosotros necesitamos entre la ciudad y el campo no pueden ser de cualquier clase, sino vínculos que aseguren el triunfo del socialismo. Si mantenemos la NEP, es porque sirve a la causa del socialismo. Y cuando deje de cumplir esta misión, la mandaremos «al diablo». Lenin dijo que la NEP se había implantado en serio y para mucho tiempo. Pero jamás dijo que se implantase para siempre». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; En torno a las cuestiones de la política agraria de la Unión Soviética, 1929) 


b) Guevara reproduciendo el arsenal de mentiras del jruschovismo, califica la economía política de Stalin de «dogmática», con lo que significaba indirectamente soltar tales epítetos.


«En el ámbito económico los jruschovistas declararon como errónea e incorrecta la línea y los métodos de desarrollo y gestión de la economía socialista en todas las ramas, especialmente en la agricultura, rechazando las directivas de Stalin sobre la mejora y desarrollo de las relaciones socialistas de producción en el histórico período de la transición del socialismo al comunismo, y luego bajo el pretexto de superar el «estancamiento» económico y las supuestas dificultades creadas como resultado de la línea «dogmática» de Stalin, se procedió a emprender una serie de «reformas», que allanó el camino a la progresiva degeneración del orden económico socialista e introducir el funcionamiento incontrolado de las leyes económicas del capitalismo». (Enver Hoxha; La demagogia de los revisionistas soviéticos no oculta su rostro traidor; Publicado en el periódico Zëri i Popullit, 10 de enero de 1969)


c) Guevara solo ve 
«pragmatismo» pero no revisionismo en las políticas económicas de Jruschov y políticos similares, no concluye nunca que existe una total restauración económica del capitalismo, no entiende, por tanto, la transcendencia de las reformas que se habían ido produciendo desde 1953 de la mano de los revisionistas soviéticos. 


«El cambio de carácter del partido y del Estado, la transformación contrarrevolucionaria en el terreno de la superestructura política e ideológica no podía dejar de conducir al cambio de la base económica del socialismo. Las reformas económicas que han emprendido los jruschovistas, de acuerdo con sus conceptos ideológicos antimarxistas, han conducido a la transformación radical de las relaciones de producción. Han introducido en la economía soviética un sistema de organización y de dirección en el que el objetivo de la producción es el lucro capitalista. El actual Estado soviético, como un capitalista colectivo, administra los medios de producción en nombre y en interés de la nueva burguesía soviética. La propiedad común socialista se ha transformado en un capitalismo de Estado de nuevo tipo». (Enver Hoxha; Informe en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1971) 


Como demostramos en otros documentos, este tipo de reformas no eran sino la aplicación de las teorías económicas como las de Bujarin, Varga o Voznesensky, que Stalin había combatido personalmente. Véase nuestra obra: «Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista» de 2016.


El concepto de antiimperialismo de Guevara


«Esta vez mis temores se han cumplido, al parecer, y cayó tu odiado enemigo de tantos años. (...) Te confieso con toda sinceridad que la caída de Perón me amargó profundamente, no por él, por lo que significa para toda América, pues mal que te pese y a pesar de la claudicación forzosa de los últimos tiempos, Argentina era el paladín de todos los que pensamos que el enemigo está en el norte. (...) El Partido Comunista, con el tiempo, será puesto fuera de circulación». (Ernesto Che Guevara; Carta a su madre, 24 de septiembre de 1955)


Esto da a entender que el Che Guevara no quería ver la represión que Perón había desatado durante sus dos primeros gobiernos contra los comunistas y no comunistas, tampoco quería ver los acuerdos con las empresas estadounidenses ni los créditos del gobierno estadounidense, ni que los gobiernos proestadounidenses eran los lugares de destino para Perón durante 1955-1973. Ni siquiera el exilio de Perón en la España de Franco parece decirle algo a este soñador tercermundista. Pero esto es normal ya que Guevara mismo no era capaz de ver el proceso contrarrevolucionario desatado por el jruschovismo, el maoísmo y el titoísmo. Así que como se suele decir, al pan, pan y al vino, vino. Todas estas figuras internacionales que avalaron de una u otra forma al peronismo como una especie de antiimperialismo, lo hicieron por profunda ignorancia o por apoyar el mismo cuento oportunista del tercermundismo que ellos practicaban. El ejemplo mismo es Allende o Castro avalando a Perón, y viceversa.

Véase el capítulo: «Peronismo, la quintaesencia del populismo, el falso antiimperialismo y del anticomunismo por antonomasia» de 2020.


La concepción moral y cultural de Guevara


En Guevara existía un racismo muy evidente que se rastrea desde los años 50. Lo siguiente, aunque no sea muy conocido, ha sido publicado sacado de los propios archivos cubanos:


«Los negros, los mismos magníficos ejemplares de la raza africana que han mantenido su pureza racial gracias al poco apego que le tienen al baño, han visto invadidos sus reales por un nuevo ejemplar de esclavo: el portugués. Y las dos viejas razas han iniciado una dura vida en común poblada de rencillas y pequeñeces de toda índole. El desprecio y la pobreza los une en la lucha cotidiana, pero el diferente modo de encarar la vida los separa completamente; el negro indolente y soñador, se gasta sus pesitos en cualquier frivolidad o en «pegar unos palos», el europeo tiene una tradición de trabajo y de ahorro que lo persigue hasta este rincón de América y lo impulsa a progresar, aun independientemente de sus propias aspiraciones individuales». (Ernesto Che Guevara; Diarios de motocicleta, 1952)

Sobre los indios argentinos diría:

«En este tipo de trenes hay una tercera clase destinada a los indios de la región; el vagón de que se valen es uno simple de transportar ganado de la Argentina, sólo que es mucho más agradable el olor a excremento de vaca, que el de su similar humano». (Ernesto Che Guevara; Diarios de motocicleta, 1952)

No parece que después cambiase esas concepciones, como denunciaron testigos de la época.


En una ocasión, llegó a decir sin miramientos que su objetivo era:


«En el Perú y Bolivia utilizaremos a la indiada para promover la revolución, de esos hay miles y son fácilmente reemplazables». (Ernesto Che Guevara; Diarios de motocicleta, 1952)


Dejando patente sus prejuicios hacia los judíos, registró:


«El primer golpeado fue el alcalde, un tal Cohén, de quien nos habían dicho que era judío pero buen tipo; que era judío no cabía duda, lo problemático es que fuera buen tipo». (Ernesto Che Guevara; Diarios de motocicleta, 1952)


Así como prejuicios hacia los homosexuales:


«Por la noche hubo una fiesta familiar que trajo como consecuencia una seria pelea con el señor Lezama Beltrán, espíritu aniñado e introvertido que probablemente fuera invertido también. El pobre hombre estaba borracho y desesperado porque no lo invitaban a la fiesta, de modo que empezó a insultar y vociferar hasta que le hincharon un ojo y le dieron una paliza extra. El episodio nos dolía algo porque el pobre hombre, fuera de ser un pervertido sexual y un latero de primera, se portó bien con nosotros y nos regaló 10 soles a cada uno». (Ernesto Che Guevara; Diarios de motocicleta, 1952)


En Costa Rica, anotó en un tono despreciativo:


«Yo me quede afuera con una negrita que me había levantado, Socorro, más puta que las gallinas, con 16 años a cuesta». (Ernesto Che Guevara; Otra Vez, 1952)

El machismo inherente y su modo de vida aburguesado, también es claro:


«¡La isla de Pascua! La imaginación detiene su vuelo ascendente y que va dando vueltas en torno a ella: «Allí tener un 'novio' blanco es un honor para ellas»«Allí, trabajar, qué esperanza, las mujeres hacen todo, uno come, duerme y las tiene contentas». Ese lugar maravilloso donde el clima es ideal, las mujeres ideales, la comida ideal, el trabajo ideal (en su beatífica inexistencia). Qué importa quedarse un año allí, qué importan estudios, sueldos, familia, etc. Desde un escaparate una enorme langosta de mar nos guiña un ojo, y desde las cuatro lechugas que le sirven de lecho nos dice con todo su cuerpo: «Soy de la isla de Pascua; allí donde está el clima ideal, las mujeres ideales». (Ernesto Che Guevara; Diarios de motocicleta, 1952)


Existen toda una serie de cartas de su juventud y su concepción liberal del sexo.


Todas estas cuestiones han sido omitidas en la película de Walter Salles«Diario de motocicleta» de 2005.


En otros puntos como en el tema de la cultura, Guevara repite las tesis de los revisionistas yugoslavos, soviéticos, chinos, e incluso la que años después repetirían los eurocomunistas –sobre todo franceses–. Tras su viaje a Yugoslavia anotaría que:


«Mayor libertad existe en las artes, donde al lado de magníficas realizaciones realistas, en pinturas por ejemplo, hemos visto salas enteras de representantes de las últimas escuelas del arte moderno sobre las que no expreso opinión alguna porque, simplemente, no las entiendo; el mensaje que presumiblemente tienen no está al alcance de mi percepción». (Ernesto «Che» Guevara; Yugoslavia, un pueblo que lucha por sus ideales, 26 de noviembre de 1959)


Es decir, para él, el realismo socialista es limitado, y por ello no puede ser establecido como punto de partida para la línea del partido comunista y el país socialista:

«Pero, ¿por qué pretender buscar en las formas congeladas del realismo socialista la única receta válida? No se puede oponer al realismo socialista «la libertad», porque ésta no existe todavía, no existirá hasta el completo desarrollo de la sociedad nueva; pero no se pretenda condenar a todas las formas de arte posteriores a la primera mitad del siglo XIX desde el trono pontificio del realismo a ultranza, pues se caería en un error proudhoniano de retorno al pasado, poniéndole camisa de fuerza a la expresión artística del hombre que nace y se construye hoy». (Ernesto «Che» Guevara; El socialismo y el hombre nuevo, 1965)


Hay que añadir, además, el contexto en que se hacían estas afirmaciones: una época en que los diferentes partidos comunistas del mundo rechazaban el realismo socialista por «la libertad en las artes». El realismo socialista es el marxismo-leninismo en la cultura, dicho con otras palabras, el realismo socialista es el resumen de la expresión cultural de lo más progresista del ser humano hasta nuestros días, tomando de la historia del arte lo más progresista de cada tiempo bajo la lente marxista. Cuando Guevara declara que el realismo socialista es una «forma congelada», no entiende, que como toda rama del marxismo-leninismo, el realismo socialista, se nutre de los avances sociales de la humanidad, ergo nunca se estanca:


«Nosotros los bolcheviques, no rechazamos la herencia cultural. Al contrario, asimilamos, con espíritu crítico, la herencia cultural de todos los pueblos y de todas las épocas, para tomar de ella todo cuanto puede inspirar a los trabajadores de la sociedad soviética grande acciones en los terrenos del trabajo, de la ciencia y la cultura». (Andréi Zhdánov; Sobre la literatura, la música y la filosofía, 1950)


Es obvio que un Estado socialista no debería prohibir por decreto tendencias artístico-literarias, como es igual de obvio también que la línea del partido y el gobierno no pueden ser más que monolíticos, y en esa línea la «única receta válida» es el realismo socialista, que será la que se promoverá entonces para el discurrir cultural de la población. El realismo socialista más allá de la forma que adopte nunca puede dejar de luchar contra las tendencias antiproletarias viejas o nuevas, pues el realismo socialista debe servir como método de persuasión para crear una nueva cultura en el período de lucha de clases desde la sociedad socialista a la comunista, es una lucha ideológica reflejada en el arte:

«El realismo socialista. Esto quiere decir, en primer término, conocer la vida a fin de poder representarla verídicamente en las obras de arte; representarla no de manera escolástica, muerta, no simplemente cómo realidad objetiva sino representar la realidad en su desarrollo revolucionario. Y también, la verdad y el carácter histórico concreto de la representación artística deben aunarse a la tarea de transformación ideológica y de educación de los trabajadores en el espíritu del socialismo. Nuestra literatura soviética no teme, ser acusada de tendenciosa. Sí; la literatura soviética es tendenciosa, porque no hay ni puede haber, en época de lucha de clases, literatura que no sea literatura de clase, que no sea tendenciosa, que sea apolítica». (Andréi Zhdánov; Sobre la literatura, la música y la filosofía, 1950)


Todo esto que acabamos de expresar: 1) la evolución del realismo socialista acorde a la síntesis progresista y dialéctica que alberga; 2) su desarrollo sin que eso signifique permisividad con las tendencias burguesas modernas; 3) la línea del partido y el Estado en la evaluación de la literatura y el arte de acuerdo con la visión científica del mundo, para dotar a la población de la sociedad socialista de una cultura libre de reminiscencias burguesas, etc., se resume en esta cita:


«Nuestra crítica, así como nuestra literatura y arte deben guiarse siempre por los principios del método del realismo socialista, que son el fruto de la experiencia mundial del arte revolucionario del proletariado, han sido elaborados por la estética marxista-leninista y confirmados por la práctica literaria y artística de nuestro país. Estos principios son inconmovibles y la fidelidad a ellos es indispensable, porque de lo contrario corremos el peligro de ser presa de las influencias extrañas y de alejarnos de las tradiciones revolucionarias. La innovación no implica la violación de los principios, sino por el contrario su justa aplicación». (Enver Hoxha; Profundicemos la lucha ideológica contra las manifestaciones extrañas al socialismo y contra las actitudes liberales ante ellas, 1973)


Para saber más sobre el realismo socialista, recomendamos la lectura del siguiente capítulo: «Conatos de indiferencia en la posición sobre la cultura y la necesidad de imprimirle un sello de clase» de 2020.

¿Conclusión?

Solo un necio diría que estamos ante un marxista-leninista, no señores, estamos ante uno de los mayores revisionistas mitificados y reivindicados por desconocimiento, el icono pop del tercermundismo para ser más exactos; el rebelde amoral que huye de toda disciplina y vínculo con las masas obreras.


Todo sujeto que labra un camino de aprendizaje, tarde o temprano tiene que acabar enfrentando los mitos que había asimilado. Nosotros mismos hace años aceptábamos por desconocimiento a Guevara como una figura con la que simpatizar, incluso le tomábamos como algo diferente del revisionismo cubano, esto era normal. Solo a través de un camino de estudio autónomo es que pudimos darnos cuenta de este mito, que como tantos otros, se hace añicos en cuanto se investiga. Ya en artículos precedentes, 
criticábamos a Guevara como parte del andamiaje que sostenía el régimen castrista actual. Véase nuestra obra«El revisionismo del socialismo del siglo XXI» de 2013.

Esto es normal, bajo la hegemonía del revisionismo en el movimiento obrero, muchos marxista-leninistas vendrán con mitos como el de Tito, Guevara, Castro, Mao y otros, el problema no es venir de ahí, es no superarlos una vez se tiene la información debida.


Enver Hoxha ya sentenció en su día que Ernesto «Che» Guevara no era una figura que pueda calificarse de marxista-leninista. Aunque esto es correcto, ningún marxista-leninista debería apoyar esta conclusión por seguidismo, sino realizar su propio análisis y sacar sus propias conclusiones. Nosotros apoyamos tal sentencia con contundencia, lo hacemos debido a que se demuestra que existe una pila de cuestiones que distancian a Guevara, y el guevarismo, de los principios del marxismo-leninismo y sus figuras centrales. En esta ocasión explicaremos alguna de las razones más significativas sobre esta cuestión de las que podemos reflexionar.


1) Algunos esquemáticos, sentimentalistas y metafísicos piensan que si una figura, Guevara en este caso, o un movimiento toma las armas automáticamente se hace representante de la clase obrera y de su ideología: el marxismo-leninismo. Existen pocos pensamientos más ignorantes en cuanto a esto. Históricamente movimientos políticos representantes de la burguesía tomaron las armas contra la nobleza. ¿Y qué decir de los movimientos políticos representantes de la pequeña burguesía que se han alzado en armas millones de veces, contra la nobleza, contra la burguesía, y en menor medida –pero también sucedió– contra el proletariado? Hay multitud de recientes ejemplos históricos de movimientos de la burguesía nacional o pequeño burgueses de países coloniales o semicoloniales que luchando contra gobiernos títeres del extranjero o gobiernos colonialistas han llegado al poder. Muchos de estos movimientos decían ser marxista-leninistas o estar a medio camino del marxismo-leninismo y el liberalismo, de estar en la búsqueda de una tercera vía –véase las corrientes del tercermundismo y el no alineamiento–, pero todos acabaron cediendo a la burguesía nacional y extranjera. Por lo tanto: tomar las armas no te hace automáticamente marxista-leninista.

2) Guevara no se preocupó de la creación de un partido antes de 1959 sino únicamente de la creación de la guerrilla, y tras la toma de poder, cuando las circunstancias obligaron a la dirección cubana a crear artificialmente un partido –para facilitar la gobernabilidad y la pose comunista– no aprovechó la ocasión para apoyar la creación de un verdadero partido marxista-leninista de nuevo tipo que estuviera libre de toda tendencia revisionista, sino que como otros oportunistas se conformó con unir mecánicamente a toda tendencia antibatistiana. De hecho, como muestran sus obras, en la construcción del partido se basó en los manuales de los revisionistas soviéticos y exigió que más allá de las tendencias que se iban a juntar, o de los lineamientos ideológicos, lo esencial era que no se discutiera la dirección de Fidel Castro; en tanto, no sólo ayudó a la creación de un partido ecléctico ideológicamente, lleno de facciones, sino que ayudó a sentar las bases del culto a la personalidad, la mistificación sobre las figuras de la revolución y el mito de la «dirigencia infalible».


3) La llamada «defensa» de Guevara de la imagen de Iósif Stalin no es cierta, de hecho otros conocidos revisionistas se han apoyado en algún momento en la imagen de Stalin como fueron Kim Il Sung, Mao Zedong, Santiago Carrillo o Gheorghiu-Dej, pero luego jamás aplicaban en la práctica sus enseñanzas, y finalmente rechazaban no solo su praxis sino también su teoría la cual sustituían por su propia «nueva» e «innovadora» teoría «superadora». En ese sentido, Guevara en muchas cuestiones decía seguir la obra de Stalin, pero hacía lo mismo: la prueba es que apoyó los planteamientos de los sepultureros políticos de Stalin, de sus más férreos detractores, y en otras ocasiones él mismo se opuso a las posiciones de Stalin en temas fundamentales que abarcan desde el rol del partido comunista, el rol de vanguardia del proletariado, la consideración de las condiciones objetivas y subjetivas, la toma del poder, el realismo socialista, etc. Así que la supuesta defensa de Stalin, los discursos de Guevara sobre la defensa de su obra, no sirve como pretexto de que era un buen marxista-leninista, porque tal defensa de Stalin en realidad está vacía de contenido pues en esencia se trata de una defensa superficial y oportunista.


4) Guevara nunca llevó a cabo una denuncia pública y completa del revisionismo soviético ni de sus teorías ni de sus prácticas oportunistas y socialimperialistas. Jamás vimos una denuncia de los largos epítetos revisionistas y tesis contrarrevolucionarias del XXº Congreso del PCUS de 1956, ni del XXIº Congreso de 1959, ni del XXIIº Congreso de 1961, ni del XXIIIº Congreso de 1966, ni el de otros partidos revisionistas, pese a que él mismo fuera testigo de la época de cómo por ejemplo estas tesis revisionistas estaban desmontando el carácter revolucionario de los partidos comunistas de África, América, Europa y Asia. Las críticas de Guevara hacia los líderes soviéticos no se diferenciaban en exceso de las de otros líderes del bloque revisionista soviético, ya que o bien  no se centraba en temas de importancia o directamente en las conclusiones de esos temas importantes no llegaba a la verdad ni revelaba la evidencia del verdadero carácter oportunista de los revisionistas soviéticos al fabricar esas teorías. A pesar de realizar algunas críticas a estas figuras revisionistas siempre siguió considerando como marxista-leninistas a las dirigencias del bloque revisionista soviético a pesar de que en las cuestiones político-económico-culturales mostraran precisamente ser enemigos del marxismo-leninismo y por tanto del proletariado.


5) Guevara tampoco fue capaz de comprender el cariz burgués y nacionalista de otros revisionismos como el chino, coreano, vietnamita, yugoslavo, rumano, polaco, húngaro, etc. Incluso al contrario: se dedicó a alabar enormemente a dichos países como países «socialistas», y a sus partidos y dirigentes como «marxista-leninistas», a aprobar su «vía específica al socialismo», lo que le facilitaría a la dirigencia castrista continuar años después de la muerte de Guevara con sus lazos de amistad y sumisión ante el revisionismo moderno –en especial frente al bloque del revisionismo soviético–, ya que precisamente escudándose en la postura guevarista sobre el tema profundizaban estos lazos. Para Guevara no parecía relevante o digno de hacerse según qué preguntas el hecho de que elementos como Gomułka, Kádár o Tito –elementos que habían sido fustigados como peligrosos revisionistas en los años de Stalin por todo el movimiento marxista-leninista– ahora fuesen los líderes de los partidos de aquellos países que insultaban a Stalin y enlodaban la bandera del marxismo-leninismo.


6) Guevara y su teoría del «foco» rompe con la concepción marxista-leninista de revolución y la toma de poder, condensando toda una serie de desviaciones antimarxistas. En dicha teoría Guevara no considera las condiciones objetivas y subjetivas para la revolución en su justa medida, sino que presenta las condiciones objetivas como algo a no tener en cuenta y que de hecho pueden ser reemplazadas por el «foco» –un pequeño grupo multiclasista de guerrilleros– que las crearía por fuerza. Piensa que cualquier pequeña crisis es igual a una situación revolucionaria, y que una «chispa puede prender la pradera». No comprende la concepción marxista-leninista de la concienciación de las masas –basada en que las masas se convenzan a través de su experiencia práctica–, apostando en cambio por acciones espectaculares sin conexión con las masas que estimulen a las masas para tomar conciencia política –como si la realidad existente ya fuera poco combustible para la revolución–. Niega el rol del proletariado tanto en el control del partido comunista de cualquier expresión militar –como la guerrilla–, como también niega el rol del partido comunista en la concienciación de las masas creyendo que ésta solamente avanza a través de acciones militares. Se adhiere a la teoría de que el «pequeño motor» –los guerrilleros foquistas–, a través de estas acciones pone en marcha al «motor grande» –las masas trabajadoras– para que el engranaje de la revolución se ponga a funcionar. Tiene una afinidad con la creencia anarquista de que la «historia las hacen los héroes», negando el de la mayoría de las masas en la revolución, relegándolos a la pasividad o en el mejor caso a un papel secundario, de ahí los casos de las guerrillas foquistas y su desconexión con las masas. Así mismo se nota un desprecio por el aprovechamiento del trabajo legal bajo la excusa de la tendencia natural de la burguesía a protegerse mediante el establecimiento del fascismo. El foquismo tiende a la unilateralidad sobre dónde se debe actuar militarmente, buscando las zonas más favorables para la guerrilla que según ellos es la montaña, la selva o el campo, pues según la concepción del foco solamente así podrá debe evitarse el ser delatados por el pueblo con el que apenas se tienen lazos o evitar que éste sufra represión a causa de la guerrilla, esto significaba una notable desconfianza en las masas, se traduce en que en la práctica la cuidad y el proletariado fueran espectadores o en el mejor de los casos el furgón de cola de los acontecimientos de pugna por el poder.


7) Guevara jamás entendió el papel reservado por la historia en esta época al proletariado –inclusive en los países coloniales y semicoloniales–; cometió la vieja desviación, clásica de revisionismos como el yugoslavo y chino, de promocionar al campesinado en detrimento de la clase obrera. De hecho, en sus tesis llega a borrar completamente la noción de una vanguardia de clase proletaria, y la sustituye por un grupo de voluntaristas como ya afirmamos, un puñado de héroes multiclasistas básicamente surgido de las filas de la burguesía y la pequeña burguesía «progre». Aunque como muchos revisionistas en ciertas ocasiones reivindica teóricamente el papel de la clase obrera, sus teorías como el foquismo, el no alineamiento o el tercermundismo son reflejo de esta idea donde la clase proletaria queda relegada en favor de un análisis no clasista o donde otras clases toman el protagonismo.


8) Guevara y su apoyo a teorías internacionales como el «no alineamiento», al «tercermundismo», y a sus regímenes –muchas veces presentándolos como socialistas–, creó una gran confusión en los movimientos revolucionarios del mundo, y de paso, sirvió a los intereses del revisionismo soviético, chino, yugoslavo y otros que utilizaban estas teorías y denominaciones para sus propios fines de dominación neocolonial sobre otros pueblos o de disimular ese estatus de país subyugado. Por supuesto, no solo a los países socialimperialistas sino al resto de imperialismos también le beneficiaba que vagaran por el mundo estas denominaciones ajenas al marxismo-leninismo sobre el carácter de clase de estos regímenes y las relaciones de producción de sus sistemas económicos, ya que también podían infiltrarse en los movimientos de liberación nacional bajo estas etiquetas que distorsionaban la lucha de clases. Gracias a estas teorías guevaristas, Cuba fue de hecho uno de los líderes del Movimiento de los Países No Alineados, e incluso el anfitrión de sus eventos años después, sirviendo de gramófono del socialimperialismo soviético para atraer a otras víctimas al redil. Guevara puso la primera piedra en este circo para mantener a los países neocoloniales engañados y subyugados.


9) Guevara no fue capaz de criticar y llegar a sentenciar la médula capitalista de las teorías económicas revisionistas del momento: bien fuera la teoría yugoslava de la «autogestión», la teoría china de «tomar a la agricultura como base de la economía», o las propias teorías socialimperialistas soviéticas de la «división internacional del trabajo», no por casualidad Cuba adaptaría todas ellas en mayor o menor medida. En aquellos años estas teorías se habían implementado en Cuba, y a día de hoy, son la receta económica del revisionismo cubano. También actualmente se comete la desviación guevarista de que en la pretendida transformación económica para Guevara prime más las ideas antes que las condiciones materiales –negar estudio de las leyes objetivas de la economía política–, algo que es aún más burdo cuando esas ideas tampoco son revolucionarias sino revisionistas, y que recuerda a la teoría maoísta de la «revolución en el mando».


10) Guevara calificó, como cualquier revisionista de la época, que el realismo socialista tenía «limitaciones» y que era «dogmático», y se mostró «gratamente sorprendido» por la afluencia de corrientes burguesas en el arte, literatura y otros campos a países revisionistas-capitalistas como Yugoslavia, donde las obras de los enemigos del marxismo-leninismo, y de Stalin, como Sartre era gratamente alabadas. Recordemos que Guevara se codeaba con ideólogos como Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir quienes dominaban el aspecto cultural burgués del momento. Esto indica sin ninguna duda que en la cuestión cultural Guevara cayó en la desviación típica de una laxitud respecto a aplicar la lucha de clases contra las corrientes que expresaban el pensamiento, moral y forma de vida no proletario, corrientes que precisamente en países capitalistas-revisionistas como la Yugoslavia o la Unión Soviética tanto promocionaban con fervor para enmascarar más fácil su política revisionista. De igual modo, debido a la no compresión de Guevara de la relación entre la base económica y la superestructura le lleva a cometer graves fallos antimarxista en sus tesis sobre la cultura, sobre la creación del «hombre nuevo», pues de nuevo parte de una vana ilusión de transformación voluntarista cuando la realidad indicaba que en Cuba las formas de la base económica no habían sido alteradas por la política revisionista llevada en el frente político y económico, siendo imposible que la nueva cultura del régimen fuera en pro de los intereses del proletariado, siendo su leve alteración –que no se sale del marco burgués anterior– de nuevo un elemento reforzador para las formas burguesas-revisionistas de dominación.


11) Guevara hizo caso omiso a los partidos marxista-leninistas como el Partido del Trabajo de Albania (PTA), que eran la punta de lanza en la lucha antirevisionista, una conclusión lógica a la que no llegó pese a autocalificarse de marxista-leninista y defensor del legado de Marx, Engels, Lenin y Stalin, en especial viendose que este tipo de partidos marxista-leninistas eran los únicos que no habían dedicado críticas burguesas y revisionistas a Stalin, o que luchaban consecuentemente contra los fenómenos negativos que él decía ver en los países del bloque revisionista que Guevara aún calificaba de «países socialistas» y de «partidos marxista-leninistas». Es decir Guevara visitó, se acercó y entabló amistad durante toda su vida con los partidos y figuras revisionistas de carácter socialimperialista, socialfascista, nacionalista, tercermundista; con los falsos defensores de Stalin o con los abiertos antistalinistas, pero no se molestó en conocer la lucha que los partidos marxista-leninistas estaban llevando a cabo contra la traición de Jruschov, ni se molestó en visitar ni conocer la realidad de Albania, único país que tras la muerte de Stalin no se sumó al coro de revisión de los principios ideológicos y reformas económicas, el único país que mantuvo una aplicación marxista-leninista como la de la Unión Soviética de Lenin y Stalin.


El internacionalismo proletario incluye una contribución a nivel global a la defensa y salvaguardia del marxismo-leninismo, sus figuras y los países socialistas y partido marxista-leninistas, y una exposición del revisionismo, sus figuras y sus regímenes capitalistas y partidos revisionistas, algo que Guevara desde luego nunca realizó por cobardía, seguidismo o sentimentalismo.


12) Como ya hemos expresado, el pensamiento filosófico de Guevara aplicado a cualquier campo sufre de un fuerte idealismo y metafísica intrínsecos, que se ve traducido en grandes dosis de voluntarismo y practicismo inconsciente que lo aparta sensiblemente del materialismo y la dialéctica, algo que resulta evidente no solamente en los planteamientos de toma del poder del foquismo, o en sus planteamientos económicos, sino también en la política en general, donde siempre da predominancia al espontaneismo sobre el estudio concienzudo y científico de la situación y la rigurosa aplicación práctica de los principios marxista-leninista.


13) Posteriormente, y sobre todo tras el eco de la muerte del «Che» Guevara en 1967, en Europa y Latinoamérica se empezaron a formar grupos armados de indudable inspiración guevarista tanto por sus nociones y métodos, como la inspiración confesa de los mismos.


Esta comprensión anarquista de «como hacer la revolución», de sus fuerzas motrices, este pragmatismo y desprecio por los conocimientos teóricos, precisamente serían los rasgos que convierten a Guevara en una figura atractiva y de dimensiones internacionales en mano de las figuras anarquistas, trotskistas, maoístas y demás corrientes salidas del «mayo del 68». Ello hace que sea un referente idóneo para los pequeño burgueses y sus diferentes corrientes políticas que ven en sus conceptos y acciones un modelo de justificación.


¿Cómo se explica esta influencia del guevarismo en estos grupos? Es fácil.


1) Tras el XXº Congreso del PCUS de 1956, el jruschovismo abrió la caja de pandora, una tendencia centrífuga recorrió los antiguos partidos comunistas: de repente se desató la difusión y reactivación de viejas y nuevas tendencias revisionistas como el titoísmo o el togliattismo o el titoísmo, que competían entre sí. Ello derivó en varios fracasos y decepciones para las militancias de estos partidos, lo que de nuevo inspiraba buscar acciones más enérgicas y decididas entre sus elementos revolucionarios.

2) El marxismo-leninismo, que había logrado durante años neutralizar a las corrientes ideológicas pequeño burguesas como el trotskismo o el anarquismo, persuadiendo a los trabajadores de la inconsistencia teórica y de la práctica ineficaz de estos movimientos para superar el capitalismo, pero esto se revirtió con la llegada del jruschovismo. Este se valdría de muchos de los argumentos de estas corrientes para criticar el stalinismo y por ende, el marxismo-leninismo. Como se puede comprender, al usurpar los jruschovistas la cabeza de los viejos partidos comunistas, los marxista-leninistas de los años 60 perdían la capacidad de combatir con la misma eficacia a estas corrientes desde posiciones de fuerza: ya no contaban con partidos de gran influencia y financiación, tampoco con un amplio campo socialista, en muchas ocasiones tocaba comenzar casi de cero. Aprovechando ese momento, el trotskismo y el anarquismo se revitalizarían, y en algunos casos, se mezclarían con los nuevos movimientos guevaristas. Muchas de estas amalgamas se ofrecerían como una variante más contra el jruschovismo, aunque en muchos puntos coincidían con él, incluso tejían alianzas con sus agrupaciones.

3) Si el jruschovismo era mismo como una variente del oportunismo reformista, estaba claro que la propia socialdemocracia, si bien seguía sosteniendose y contaba con un apoyo seguro, en muchos países había sufrido un gran descrédito en por sus posicionamientos pusilánimes frente al fascismo, así como por sus medidas gubernamentales antipopulares, con el consiguiente efecto de que entre los trabajadores más combativos su imagen quedó altamente deteriorada, razón por la que mucha gente buscaba corrientes más radicalizadas en sus planteamientos, y a falta de un factor subjetivo de fuerza entre marxista-leninistas, estos elementos caían preso de las corrientes de moda como el guevarismo.

4) Debido a la incapacidad de los propios marxista-leninistas de detectar y cortar en seco el revisionismo, sufrieron no solo el triunfo del jruschovismo en los viejos partidos comunistas, sino que ante la avalancha demagógica de muchas corrientes que se presentaban a su izquierda, los marxista-leninistas tampoco supieron marcar distancia, en algunos casos, muchos cuadros rechazaban al jruschovismo por instinto, pero no sabían refutarlo teoricamente con mesura, incluso compartían los planteamientos del anarquismo, el trotskismo o el guevarismo por mero desconocimiento, por lo que hasta después de un tiempo, no empezaron a criticarlo debidamente. 

Los posteriores movimientos guevaristas tendrían sus características específicas, pero sin desligarse de lo fundamental de Guevara. Debido a sus influencias filosóficas, no analizarían correctamente el carácter político-económico de un régimen político-económico, lo que tuvo sus consecuencias directas en confundir regímenes revisionistas con socialistas, a veces sabiendo de sus desviaciones pero apoyándolo bajo la teoría del mal menor, también confundiendo un régimen democrático-burgués con uno fascista, por el mero hecho de reprimir a revolucionarios, una vieja desviación infantil común a los anarquistas, thälmannianos, y trotskistas. La imposibilidad de acertar a analizar el carácter de un régimen llevó a que el guevarismo plantease programas irreales. Junto a sus desviaciones que despreciaban las condiciones objetivas de la revolución, el rol del partido, el aprovechamiento de las libertades legales para preparar la revolución, llevaron a una línea política no acorde a la realidad, ficticia. Con ello acaba cayendo en consecuencia en posiciones voluntaristas, de franco aventurerismo y terrorismo. Algunos para adaptar el guevarismo a su zona crearían el concepto de guerrilla urbana y operarían por su carácter intelectual y pequeño burgués urbano en la ciudad. Como respuesta a la persecución del régimen y ante la incapacidad de ganarse a las masas trabajadoras, los grupos guevaristas tuvieron un claro apego al terrorismo sin conexión con las masas, creyendo que el carácter reaccionario y represivo bastaba para justificar su metodología anarcoide. En la mayoría de las agrupaciones guevaristas o filoguevaristas no existía un partido que dirigiera a estas guerrillas, algunos decían que estaban pensando en la creación del partido comunista, o en el mejor de los casos si existían estos partidos pero no tenían ninguna influencia real sobre sus brazos armados: siendo estos autónomos o mandandando estos sobre el partido; pero como decíamos, lo normal en estas organizaciones era que las «guerrillas» dirigieran la política del resto de organizaciones con las que estaban conectadas, incluyendo organizaciones de masas y partidos que eran militantes de estas organizaciones armadas o simplemente simpatizantes de ellas. Estas organizaciones acabaron siendo liquidadas por los respectivos gobiernos por sus incapacidades de realizar un programa atractivo acorde a las necesidades del momento –cuando algunos no tenían ni objetivos políticos claros o reales– y algunos de ellos acabaron integrándose en la democracia burguesa sin rechistar.

En general el guevarismo por sus propias particularidades ideológicas eclécticas, ha inspirado toda una suerte de movimientos políticos con influencia guevarista de infinitas variables: (1) guerrillas rurales cuyo núcleo central era el guevarismo, (2) guerrillas urbanas cuyo núcleo central era el guevarismo, (3) partidos brézhnevistas-guevaristas, (4) organizaciones trotskistas-guevaristas, (5) las bandas armadas tercermundistas-guevaristas, (6) las bandas armadas nacionalistas-guevaristas, (7) los partidos no alienados-guevaristas, (8) los autodenominados partidos «marxista-leninistas» que en realidad son expresiones guevaristas-maoístas, (9) los eurocomunistas-guevaristas y (10) desde hace unos años los movimientos guevaristas-socialistas del siglo XXI. Todos estos grupos se aprovechan de uno u otro concepto de Guevara para apropiárselo, cuando no directamente se basan en unos conceptos reales de Guevara y alteran otros para tal fin de obtener las simpatías del mito. Muchos grupos comparten gran parte de los rasgos específicos del otro así que podrían meterse en las otras subramas del guevarismo.


Como ejemplo de los primeros grupos tenemos al EGP en Argentina o el ELN en Colombia; como segundo ejemplo tendríamos a los Tupamaros en Uruguay, el ALN en Brasil o el FPMR de Chile; como tercer ejemplo tendríamos al PCV en Venezuela en los 60 o el actual PCPE en España; como cuarto ejemplo al al PRT-ERP en Argentina, IA en España o el MIR en Chile; como quinto ejemplo a las RAF en Alemania, las Fuerzas Populares 25 de Abril en Portugal o las Brigadas Rojas en Italia; como sexto ejemplo a ETA en Euskadi; como séptimo ejemplo al FSLN en Nicaragua; como octavo ejemplo al PRML en Argentina, a RC y el PCE(r) en España o al PC (Acción Proletaria) en Chile; como noveno ejemplo al PCE en España o el PCI en su día en Italia; como décimo ejemplo al PSUV y el PCV en Venezuela o el PCCE en Argentina.


Solamente los revisionistas o los revolucionarios sin la suficiente formación ideológica pueden publicitar a Guevara y hacerlo eje central o auxiliar de sus tesis.

14) Algunos revolucionarios, influidos por la propia propaganda y mitos que algunos sectores del castrismo inoculan en el pueblo cubano y al exterior, proclaman que lo que necesita cuba es una vuelta a los postulados guevaristas en economía para encauzar la vía al socialismo. Falso, el guevarismo, no es sino una variante del revisionismo cubano.


Entonces si el pueblo cubano desea acabar con su falta de libertades y derechos político-económicos, con los privilegios y abusos de las clases explotadoras, si anhela una economía que mire por el bienestar de los trabajadores y aumente su nivel de vida, si desea una Patria verdaderamente independiente del imperialismo y bajo el socialismo, una cultura proletaria alejada de corrientes decadentes; es decir, si desea establecer el socialismo debe de alejarse del castro-guevarismo y otras corrientes revisionistas, asimilar y luchar por aplicar el marxismo-leninismo, algo que obviamente no podrá hacer a través del podrido Partido «Comunista» de Cuba (P«C»C) cuyas corrientes internas –castristas, guevaristas, trotskistas, socialdemócratas, maoístas, socialistas del siglo XXI, etc.– no permiten a los verdaderos marxista-leninistas desarrollar su trabajo y función. El deber del pueblo cubano es crear un partido propio y una política de clase independiente a la del gobierno revisionista-burgués, porque ningún revolucionario cuerdo puede esperar que un partido lleno de oportunistas y arribistas le permita a los elementos sanos establecer su línea proletaria, revolucionaria, conforme el marxismo-leninismo.


Con toda la información existente los elementos que actualmente ocultan o dificultan la exposición y crítica del guevarismo como una variante del revisionismo cubano, es porque no son verdaderos marxista-leninistas, sino revisionistas abiertos o emboscados.



15) Sabemos que el mito de Guevara, como el de algunos otros ha sido inflado de forma exacerbada por la historiografía revisionista-burguesa. Sabemos que además existen algunos insanos elementos que inoculan la teoría de que mitos tan fuertes «no deberían ser golpeados por el momento» e incluso algunos otros que niegan la influencia del guevarismo en la actualidad, la cual como hemos visto en mayor o menor medida está en todas las organizaciones revisionistas de la actualidad. Dejarse seducir por estas teorías cobardes y derrotistas sería lo mismo que dejar que el mito siguiese vivo.

Como dijimos en su momento:

«Cada país tiene estos mitos por influjo interno o exterior entorno a movimientos pasados, regímenes exteriores o figuras históricas que no son puestas en su debido lugar, que son sobrestimado e incluso considerados referentes. Entendemos que no son mitos que vayan a desaparecer de la noche a la mañana porque han sido creados en la mente colectiva a través de un largo trabajo de propaganda agitada machaconamente, pero lo que no es permisible es que los llamados marxista-leninistas contribuyan a agrandar estos mitos en las masas, ya que si es que son verdaderamente la verdadera vanguardia del proletariado de su país, pondrán estos temas bajo el prisma de clase, y bajo un análisis certero se dará fin a falsos conceptos sobre estos temas. Y es que los marxista-leninistas [de cada lugar] deben preguntarse seriamente: ¿si no hacen ellos mismos este quién lo hará?


Todos los países tienen en la mentalidad colectiva de los trabajadores muchos mitos arraigados, inclusive de grupos y figuras pseudocomunistas nacionales, es necesario desmontar estos mitos ya que de otro modo se quedan incrustados en la mente de los trabajadores e identifican erradamente conceptos como: lucha de clases, libertad, democracia, violencia, revolución, socialismo, marxismo, o comunismo y otros con experiencias erradas de grupos antimarxistas y el concepto que estos le daban. Es decir que si es importante explicar las mentiras de la llamada «derecha» de que «no existe alternativa al capitalismo», o desmontar teorías falsas sobre las causas de la crisis, no es menos importante desmontar las mentiras y mitos de la falsa «izquierda», que hace que los trabajadores adopten posiciones erradas creyendo que ciertos conceptos y poses son las correctas por desconocimiento o bajo la resignación que es a lo máximo que pueden aspirar según les enseñan estos embusteros.


La refutación de los programas, proclamas y mitos de las organizaciones políticas que sean: desde los de la derecha filofascista y más rancia, hasta la de los grupos semianarquistas aventureros y terroristas, no suponen un gran trabajo para los marxista-leninistas, que gracias a su método científico saben analizar correctamente sus fenómenos, su origen y causas. Es menester ponerse a sacar conclusiones de todo esto, pero también es menester que una vez sacadas las conclusiones se pase a explicar y desmontar con paciencia, en un lenguaje entendible, todo esto a las masas trabajadoras». (Equipo de Bitácora (M-L)Una reflexión necesaria sobre las FARC-EP, los acuerdos de paz y la historia de las guerrillas en Colombia, 2016)


Eso es todo». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Por qué no puede considerarse al «Che» Guevara como marxista-leninista? He aquí las razones, 2017)

Anotaciones de Bitácora (M-L):


He aquí una serie de obras, capítulos y reflexiones de autores marxista-leninistas sobre Guevara o el guevarismo para estudiar sus desviaciones teórico-prácticas:

1) Obras:


Enver Hoxha; El puño de los comunistas marxista-leninistas debe también golpear enérgicamente el aventurerismo de izquierda, como engendro del revisionismo moderno,  1968


2) Capítulos de obras:


Equipo de Bitácora (M-L); La estupidez altiva de los pseudorevolucionarios cuando sacan pecho al decir que fueron instruidos en el «socialismo» cubano, 2013

Equipo de Bitácora (M-L); ¿Qué nos enseña una vez más las experiencias históricas sobre la «guerra popular prolongada» maoísta y el «foco» guevarista?, 2015


3) Reflexiones:


El carácter de las bandas armadas guevaristas y filoguevaristas de los años 60 y 70 en Europa


El idealismo intrínseco en el pensamiento de Guevara


Enver Hoxha pretendiendo y refutando las teorías pequeño burguesas de los grupos anarquistas, guevaristas, luxemburguistas de antaño


Acerca de las diversas ideas de la revolución y toma de poder a partir del «foquismo» guevarista, o la «guerra popular prolongada» maoísta


El leninismo sobre el factor objetivo y el factor subjetivo de la revolución


El espontaneismo y su lucha contra la teoría marxista-leninista y su partido

Foto Çami contra las teorías espontaneistas de los oportunistas de derecha e izquierda

Sobre el izquierdismo pequeño burgués y sus grupos

3 comentarios:

  1. Grandísimo el trabajo que están haciendo camaradas. Sigan así; con sus documentos esclarecen el oscurecido panorama del contemporáneo Movimiento Comunista Internacional. Un saludo de un camarada del P.C.T.E.

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  2. Perfecta la entrada. Sólo añadiría que la defensa como "marxista" que hacen muchos revisionistas para con Guevara se basa también en algo que no habéis tratado en el artículo; a saber, la defensa que hizo el "Ché" de la planificación.
    Vendría muy a cuento la cita de Marx según la cuál la propiedad estatal es secundaria respecto a la cuestión primordial de qué relaciones de producción existen en la sociedad y de qué clase detenta el poder.
    La entrevista del "Ché" con el revisionista Mao, publicada por aquéllos gráciles eclécticos de "Crítica Marxista-Leninista", demuestra que aquí el " Ché" volvía a mantener posiciones burguesas. Habla prácticamente de dar compensaciones a los capitalistas por las expropiaciones (!), de forma que estos mantenían su capital y podían adquirir participaciones en las cooperativas cubanas según su inversión de trabajo robado al obrero. Asimismo, la deficiente planificación cubana tenía como único fin satisfacer al socialimperialismo soviético y como único medio la "planificación" típica del cartel, del capitalismo monopolista de Estado.
    Por lo demás, muy buen trabajo en el post. Sólo podría añadir detalles secundarios además de lo que acabo de mencionar.
    Salud!

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  3. «Cada país tiene estos mitos por influjo interno o exterior entorno a movimientos pasados, regímenes exteriores o figuras históricas que no son puestas en su debido lugar, que son sobrestimado e incluso considerados referentes. Entendemos que no son mitos que vayan a desaparecer de la noche a la mañana porque han sido creados en la mente colectiva a través de un largo trabajo de propaganda agitada machaconamente, pero lo que no es permisible es que los llamados marxista-leninistas contribuyan a agrandar estos mitos en las masas, ya que si es que son verdaderamente la verdadera vanguardia del proletariado de su país, pondrán estos temas bajo el prisma de clase, y bajo un análisis certero se dará fin a falsos conceptos sobre estos temas. Y es que los marxista-leninistas [de cada lugar] deben preguntarse seriamente: ¿si no hacen ellos mismos este quién lo hará?
    No creen que con esto queda mal parado Stalin, pues el apelo en su discurso en la plaza roja de 1941 a Aleksandr Nevski, Dmitri Donskói, Kuzmá Minin, Dmitri Pozharski, Aleksandr Suvóro, como inspiracion para el ejercito rojo a pesar de que estos personajes han sido inflados de forma exacerbada por la historiografía burguesa y podria decirse que Stalin inoculo la teoría de que mitos tan fuertes «no deberían ser golpeados por el momento» a pesar de que la refutación de estos mitos, no suponen un gran trabajo para los marxista-leninistas, que gracias a su método científico saben analizar correctamente sus fenómenos, su origen y causas por tanto era menester del partido, que una vez sacadas las conclusiones se pasase a explicar y desmontar con paciencia, en un lenguaje entendible, todo esto a las masas trabajadoras.

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