«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 21 de marzo de 2017

Sobre el carácter de clase y la conciencia según los revisionistas coreanos; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

El líder del revisionismo rumano Nicolae Ceaușescu junto al líder del revisionismo coreano Kim Il Sung

«
De acuerdo con los revisionistas coreanos, el origen de clase no influye para nada en la determinación de las ideas de aquellas personas, pero es que además de tal afirmación, no consideran que los ideales de lucha por el socialismo y el comunismo sean los únicos válidos para aglutinar a las masas populares, ¿Cuál es entonces? ¡entonando un discurso sacado de cualquier demócrata burgués y pequeño burgués, se alude al patriotismo!:

«Para distinguir a sus integrantes de los que no lo son se debe tener en cuenta su situación socio-clasista, pero no hay que absolutizarla. La ideología y acción del hombre no sólo son susceptibles de la influencia de esta situación. Si recibe influencias revolucionarias y asimila ideas avanzadas, puede servir a las masas populares, independientemente de su situación socio-clasista. La principal pauta para distinguir a los miembros de las masas populares no es su origen socio-clasista, sino su ideología. La ideología socialista y comunista no es la única que sirve de fundamento ideológico para aglutinar a las personas de todos los sectores y clases en masas populares. Cualquiera que ame al país y el pueblo puede servir a éste y, por consiguiente, ser integrante de las masas populares. Partiendo de esta posición, el gran Líder, camarada Kim Il Sung, impulsó con éxito el proceso revolucionario y constructivo agrupando en sus distintas etapas a todas las personas que tenían la idea de servir a la Patria, al pueblo y a la nación, en una sólida fuerza revolucionaria. Nuestro partido confía en los integrantes de todas las clases y sectores que tienen interés en la revolución, considerándolos acompañantes no temporales sino eternos de la revolución, y los guía por el camino del socialismo y el comunismo». (Kim Jong Il; El socialismo es una ciencia, 1994)

Desmontemos esta barbaridad revisionista con paciencia.

Primero, el origen de clase y posición en la producción, claro que no siempre determinante, pero si en una gran mayoría de ocasiones, sino no sería más que casualidad que los campesinos –nos referimos en concreto a los que explotan la tierra individualmente– guarden más prejuicios pequeño burgueses de vacilación y doble faz como del aventurerismo al desánimo repentino o de costumbres religiosas que la clase obrera, también es normal que los elementos de la intelectualidad –como capa social que se forma a partir de varias clases sociales y por su posición en la sociedad–, guarde más defectos como el burocratismo, liberalismo, altanería o vanidad que la clase obrera. De hecho este origen de clase se palpa incluso entre la propia clase obrera y sus capas:

«Me refiero, en segundo lugar, a la heterogeneidad de la clase obrera, a la existencia de diversas capas dentro de la clase obrera. A mi modo de ver, el proletariado, como clase, podría ser dividido en tres capas. Una capa la compone la masa fundamental del proletariado, su núcleo, su parte permanente; es la masa de proletarios «puros», que rompió hace ya mucho los lazos con la clase de los capitalistas. Esta capa del proletariado es el apoyo más seguro del marxismo. La segunda capa la componen gentes salidas hace poco de clases no proletarias, de los campesinos, de las filas pequeñoburguesas, de los intelectuales. Esas gentes proceden de otras clases, hace poco que han pasado a formar parte del proletariado y llevan a la clase obrera sus hábitos, sus costumbres, sus vacilaciones, sus titubeos. Esta capa ofrece el terreno más propicio para el surgimiento de grupos anarquistas, semianarquistas y «ultraizquierdistas» de toda índole. Finalmente, la tercera capa la compone la aristocracia obrera, la élite de la clase obrera, la parte más acomodada del proletariado, con sus tendencias al compromiso con la burguesía, con su aspiración predominante a adaptarse a los poderosos del mundo, con su afán de «hacer carrera». Esta capa ofrece el terreno más propicio para los reformistas y oportunistas declarados». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Una vez más sobre la desviación socialdemócrata en nuestro partido: Informe en el VIIº Pleno ampliado del Comité Ejecutivo de la Komintern, 7 de diciembre de 1926)

Segundo, el concepto de que para ser parte del «pueblo» tan sólo debes de ser patriota, es rebajar el concepto de pueblo –término ambiguo, que sólo serviría desde la base de que todas las clases sociales trabajadoras se van paulatinamente proletarizando hasta borrar sus diferencias de clase– hacia concepciones burguesas y nacionalistas. Los clásicos del marxismo-leninismo hace tiempo que nos dieron magníficas lecciones sobre los verdaderos peligros de estas desviaciones nacionalistas, e históricamente vimos que el nacionalismo era tan sólo el síntoma, el preludio de renuncia a toda política proletaria e inicio de una próxima contrarrevolución en esos partidos.

Cualquier cita de los marxista-leninistas de los años 40 y 50 en su lucha contra las tendencias nacionalistas-derechistas de los revisionistas, nos sirve para ver los paralelismos entre esos revisionistas de fuerte inspiración nacionalista-burgués de las democracias populares de Europa del Este y los revisionistas de Corea del Norte:

«En su razonamiento, el camarada Gomułka está influenciado por un particularismo nacional, por un espíritu nacional que le limita, que le estrecha el horizonte político y no le permite ver el estrecho lazo que existe en la época actual entre las aspiraciones nacionales y las aspiraciones internacionales; por ello ha acabado en conclusiones políticas falsas y muy perjudiciales en la práctica. De ahí la tendencia, en su valoración del movimiento de la clase obrera polaca, a separar la lucha por la independencia de la lucha del proletariado; de ahí la interpretación errónea de la naturaleza de la democracia popular, y de las transformaciones que se producen y deben producirse en su seno, de ahí también el deslizamiento a posiciones que justifican un «equilibrio» entre la democracia liberal burguesa y la democracia socialista». (Bolesław Bierut; Para lograr la completa eliminación de las desviaciones derechistas y nacionalistas, 1948)

¿Qué nos encontramos aquí? Una situación en que el sujeto revisionista piensa y desliga la lucha por la independencia nacional de la lucha por el proletariado e intenta crear un Estado intermedio entre la democracia burguesa y la democracia proletaria. En Władysław Gomułka nos encontramos la teoría de Kim Il Sung de que es más importante, de que la nueva era consiste en «la época de la independencia, nueva época de la historia» que prima más que la revolución socialista en sí, desligando que esta independencia solo es posible bajo el poder del proletariado y tras la construcción del socialismo, como piensan los marxistas. Por otro lado, también vemos en Władysław Gomułka la teoría de Kim Il Sung de que la «democracia progresista» con explotados y explotadores puede ser un Estado intermedio entre la democracia burguesa y la democracia proletaria, recordemos: «la democracia a la que nosotros aspiramos es fundamentalmente diferente de la de los países capitalistas del Oeste, ni es una copia servil de la de un país socialista. La nuestra es un nuevo tipo de democracia que se ajusta a la realidad de Corea», sabiendo los marxistas que esto no existe mientras las clases explotadoras mantengan su poder político, económico y cultural». (Equipo de Bitácora (M-L)El revisionismo coreano: desde sus raíces maoístas hasta la institucionalización del «Pensamiento Juche», 2015)

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