«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

jueves, 9 de marzo de 2017

Sobre el llamado «proceso de paz» y la conocida «reconciliación nacional»; Equipo de Bitácora (M-L), 2016


«Desde el momento en que las FARC-EP aceptan integrarse en las reglas y juego de la democracia burguesa colombiana, están obligados a aceptar que oficialmente desde la propaganda del gobierno pinte su lucha y la de otros colectivos contra los diferentes gobiernos colombianos como una lucha en que «no hay que buscar culpables» ya que ambos son «bandos iguales» en cuanto a errores, proclamando la manida paz «sin vencedores ni vencidos», al estilo del discurso carrillista sobre la Guerra Civil durante la Transición en España, o al estilo del discurso orteguista-frentista de la Reconciliación Nacional en Nicaragua. Con esto se tapará el carácter de clase de los bandos en estos conflictos, por qué luchaban y las acciones de cada uno de ellos. Sea una revolución anticolonial, antifeudal, socialista, o del tipo que sea, los marxista-leninistas debemos comprender que estos discursos unitaristas que se lanzan y que abogan por olvidar las diferencias de los bandos en pugna, sus reivindicaciones y acciones, solo ayudan a que un bando o ambos se «vayan de rositas» en este conflicto, y se borre en la conciencia colectiva las causas del conflicto y las fechorías cometidas. Esto como decimos se incluye tanto en conflictos burguesía-proletariado como burguesía imperialista-burguesía nacional indígena, etc., hay que poner siempre las cosas en su sitio.

De hecho esta línea de hipocresía y conciliación es la que ya vimos desde el inicio de las negociaciones de 2012:

«La reconciliación es elemento de vital importancia recordado en la declaración, donde Timoleón Jiménez llamó a los soldados, marinos, pilotos de la fuerza aérea, policías y organismos de seguridad e inteligencia del Estado, a enraizar la reconciliación como sustento para un país que fije su horizonte hacia otro tipo de sociedad. Así, indicó que «las rivalidades y rencores deben pasar a ser cosa del pasado. Hoy, más que nunca, lamentamos tanta muerte y dolor ocasionados por la guerra. Hoy, más que nunca, queremos abrazarlos como compatriotas, y comenzar a trabajar unidos por la nueva Colombia». Un mensaje claramente esperanzador para nuestras generaciones venideras». (Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP); acabó la guerra, 29 de agosto de 2016)

¡Es decir las FARC-EP llaman «compatriotas» a los promotores del paramilitarismo, a sus propios verdugos, y más importante a los mismos causantes del sufrimiento y la muerte de miles personas inocentes, están dispuestos a construir una Colombia de la mano de este tipo de «compatriotas»! Esto no es una posición marxista-leninista. José Díaz expresó al respecto de esta postura oportunista:

«¿Qué España representan ellos? Sobre este asunto, hay que hacer claridad. (...) No es posible que continúen engañando a estas masas, utilizando la bandera del patriotismo, los que prostituyen a nuestro país, los que condenan al hambre al pueblo, los que someten al yugo de la opresión al noventa por ciento de la población, los que dominan por el terror. ¿Patriotas ellos? ¡No! Las masas populares, vosotros, obreros y antifascistas en general, sois los patriotas, los que queréis a vuestro país libre de parásitos y opresores; pero los que os explotan no, ni son españoles, ni son defensores de los intereses del país, ni tienen derecho a vivir en la España de la cultura y del trabajo». (José Díaz; La España revolucionaria: Discurso pronunciado en el Salón Guerrero, de Madrid, 9 de febrero de 1936)

El gobierno colombiano obligará a la nueva organización política que nazca de las FARC-EP a que en sus comunicados y línea general proclame toda esta línea de «reconciliación nacional» como requisito de muestra de su «buena voluntad». Y algunos lectores dirán: ¿y qué quiere decir «reconciliación nacional» que tanto oímos últimamente? ¡Fácil! Que más allá de algún que otro cabeza de turco y alguna pantomima de actos, y compensaciones: todas las torturas, todo los bombardeos indiscriminados, todas las fuerzas paramilitares usadas para acallar a uno u otro colectivo que protestaba o se levantaba en armas, toda la asistencia estadounidense en montar estos dispositivos; todos los atropellos que atentaban hasta la misma constitución burguesa colombiana, todo el terrorismo de Estado, toda la «guerra sucia» que los gobiernos colombianos han ejercido durante décadas tanto contra las FARC-EP como contra otras organizaciones y civiles, simplemente quedarán en el olvido, no habrá responsables, que la mayoría no serán juzgados ni las víctimas, en su mayoría, serán indemnizadas. Significa también que muchos de estos verdugos odiados por el pueblo serán ensalzados como «adalides de la paz y la democracia», se le dedicaran calles, y se dirá hipócritamente que así debe de ser por la «reconciliación nacional» y por el bien de la «democracia y la paz en Colombia». ¡Como decimos el modelo nicaragüense o español de «reconciliación nacional» les será de gran ayuda con toda seguridad!

Esta pomposa propaganda sobre la «paz» está empezando a suceder de forma imparable en todos los medios de comunicación nacionales e internacionales. Recordemos que se anuncia esto en un país que destaca por ser uno de los países con mayor cantidad de fosas comunes:

«Las escabrosas confesiones de paramilitares y desmovilizados de la guerra colombiana han permitido la exhumación de 1.700 cadáveres en los últimos dos años, pero los desaparecidos enterrados o arrojados a los ríos superan los 10.000. Éstas son cifras ofrecidas a EFE por la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía de Colombia, muy inferiores a las que ofrecen algunas Organizaciones No Gubernamentales que elevan los desaparecidos a 30.000 en las últimas décadas. La sistemática desaparición de personas es uno de los grandes dramas del conflicto colombiano, que se extiende por más de cuatro décadas y que tuvo una escalada sin precedentes con la aparición de los escuadrones de la muerte en los años ochenta del siglo pasado». (El Confidencial; Colombia se vuelca en la búsqueda de 10.000 enterrados en fosas comunes, 28 de noviembre de 2008)

De mayor número de amenazas, desplazamientos y asesinatos de sindicalistas:

«Ahí, a pocos metros de la refinería de petróleo más grande de Colombia, reposan los restos de dos de los casi 3.000 sindicalistas asesinados en el país desde 1977 hasta la fecha, junto a los de un compañero muerto cuando aún no se empezaba a llevar la cuenta. (...) Pero, ¿sigue siendo Colombia el país más peligroso del mundo para ser sindicalista? Lori Wallach, la directora del Observatorio de Comercio global de la ONG estadounidense Public Citizen, no tiene ninguna duda: «Colombia es el país más mortífero para los sindicalistas», afirmó en un artículo publicado hace un par de semanas en el Hufftington Post». (BBC; Colombia: el país más peligroso para ser sindicalista, 1 de mayo de 2013)

Y de mayor represión y asesinato contra los movimientos políticos legales:

«No sólo el sindicalismo es una actividad de riesgo en Colombia: también lo es ser periodista, oponerse a proyectos mineros o dedicarse a la política. A quienes todavía se preguntan por qué aquí la izquierda nunca gana unas elecciones, conviene recordarles que alrededor de 5.000 personas fueron desaparecidas y muertas desde los años 80 por pertenecer a Unión Patriótica, una fuerza política surgida del proceso de negociación con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a mediados de los 80. Un auténtico exterminio perpetrado en total impunidad; por eso algunos investigadores, entre ellos el congresista Iván Cepeda, pretenden que esos crímenes se juzguen como genocidio por motivaciones políticas». (El Confidencial; Colombia no es país para sindicalistas, 18 de febrero de 2015)

¡Pero tranquilos el estrechamiento de manos entre Timochenko y Santos, y el larguísimo documento final entre las FARC-EP y el Gobierno lleno de buenas palabras, de promesas de reformas democráticas sumado a los grandes epítetos sobre un cambio pero bajo la ambigüedad de que nadie sabe cómo se realizara ese cambio, garantizan de sobra que todas las causas de estos atropellos desaparezcan, faltaría más! Y como el referéndum y el NO han tumbado esta trama, seguro que el próximo memorándum de paz llevado a referéndum tendrá más veces las palabras «paz», «democracia», «libertad», para que sea más creíble, que el fin de los conflictos y los problemas va a llegar a Colombia de la mano de Santos-Timochenko y sus promesas». (Equipo de Bitácora (M-L); Una reflexión necesaria sobre las FARC-EP, los acuerdos de paz y la historia de las guerrillas en Colombia, 2016)

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