Mostrando entradas con la etiqueta Fascismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fascismo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de marzo de 2026

La época de las «desapariciones» no empezó con Videla, sino con Perón; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«Durante los últimos tres años, más de 2.000 argentinos han muerto como resultado de la violencia política. El mayor número de estas muertes fueron causadas por terroristas de izquierda y derecha. Los terroristas de izquierda en particular hicieron de la policía, los oficiales del ejército y otros funcionarios del gobierno uno de sus principales objetivos. Los terroristas de derecha, en cambio, han dirigido su fuego contra estudiantes de izquierda, dirigentes sindicales, congresistas y personas simpatizantes de las causas de izquierda en general. Del lado del gobierno, hay evidencia que indica que, frente a la violencia subversiva a gran escala, la policía y los oficiales del ejército han recurrido en ocasiones a ejecuciones extralegales, detenciones y encarcelamientos durante largos períodos y torturas a presuntos terroristas. (...) En cuanto a la libertad de expresión, el gobierno federal ha cerrado en los últimos tres años casi una veintena de publicaciones de extrema izquierda y derecha del espectro político». (CIA; Aerograma A-32 de la Embajada en Argentina al Departamento de Estado, Buenos Aires, 9 de marzo de 1976)

El gobierno peronista, en sus distintos mandatos, ya practicaba las desapariciones con todo aquel que se dijera comunista o mínimamente contrario a sus postulados. Véase el «caso Bravo», referido a Ernesto Mario Bravo, quién fue secuestrado y torturado en 1951; el caso de Juan Ingalinella, secuestrado y asesinado en 1955, o el abogado comunista Guillermo Kehoe, tiroteado por las bandas peronistas en 1964. En el primer gobierno peronista ya existía la llamada «Sección Especial», un cuerpo encargado de la represión concreta del comunismo, como orgullosamente proclamaban en sus discursos. Las campañas de propaganda anticomunista no tenían nada que envidiar a las del maccarthysmo en EEUU o a las del franquismo en España. Recomendamos el visionado de los vídeos anticomunistas de la época peronista recogidos en el documental de Eduardo Meilij: «Permiso para pensar» de 1989.

viernes, 10 de octubre de 2025

Dutt y Deborin analizando las propuestas del corporativismo fascista

En esta ocasión traemos al lector una pequeña compilación de dos textos de gran interés y utilidad para estudiar el fascismo, especialmente en lo que se refiere a la propuesta de la sociedad corporativista:

a) Por un lado, el británico Rajani Palme Dutt en su obra «Fascismo y revolución social» (1934) analiza el papel que jugó fascismo en Italia y Alemania −presentándose como una supuesta tercera vía frente al liberalismo y el socialismo− y, a su vez, el papel de este en la defensa del orden burgués y las políticas monopolistas. 

b) Por el otro, el soviético Abraham Deborin, si bien se integró con mayor o menor éxito en la filosofía soviética con el halo permanente de sospecha sobre él y su grupo por su pasado menchevique y algunas teorías inexactas, hay que reconocer que siguió proporcionando producciones de gran valor, como su obra «La ideología del fascismo» (1936). Aquí corroboró que toda la teoría fascista respecto a la cuestión del Estado se resume en la defensa del orden burgués existente, la supeditación de las masas respecto a los caudillos y las «élites» del fascismo, conformadas por los capitalistas y sus ideólogos. 

Obviamente, la obra de Deborin sufrió diferentes reediciones a lo largo de los años, por lo que tras el periodo stalinista algunas frases fueron modificadas o directamente omitidas. Estos cambios, sin duda con la aprobación del propio autor, fueron una constante en el periodo de la «desestalinización» y no perseguían otro objetivo que borrar de la historia de la URSS −tanto para el público autóctono como el extranjero− cualquier referencia a Stalin y su pensamiento. Esto no es una simple especulación nuestra, dicha obra fue traducida al español en 1964 por la editorial Pueblos Unidos partiendo de la versión soviética más actualizada en aquel entonces, y en esta versión no es rastreable el nombre del georgiano, si bien se mantiene alguna cita suya sin mencionar la obra original.

La simpatía posterior de Deborin autor hacia el revisionismo soviético, hizo que intentase revocar sin éxito la «Resolución del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (Bolchevique)» (25 de enero de 1931). Pero esto o su conversión a la filosofía jruschovista no menoscaba la esencia de sus textos previos a 1953, puesto que más allá de inexactitudes o errores, que todos los autores los tienen, sus textos aún siguen siendo aptos para la formación de cuadros. En este caso logró dar en el blanco a la hora de hallar y desmontar el fenómeno demagógico del fascismo. 

Capitalismo, socialismo y Estado corporativo

«El fascismo difiere del socialismo principalmente en esto: que en el Estado Corporativo te dejarán en posesión de tu negocio». (El fascismo llama a los industriales y hombres de negocios; La Semana Fascista, 19-25 de enero de 1934)

El fascismo se esfuerza por presentarse como una tercera alternativa distinta del capitalismo o del socialismo. Ante los trabajadores, el fascismo insiste en que no defiende el capitalismo. Ante los empresarios, el fascismo insiste en que no representa al socialismo. Para su supuesta concepción positiva distinta sigue siendo extremadamente vaga. Sólo después de varios años de existencia el fascismo italiano elaboró la fórmula del «Estado corporativo» para cubrir su objetivo. El fascismo alemán elaboró la fórmula del «nacional-socialismo». Ambas fórmulas pretenden representar la supuesta «tercera alternativa» al capitalismo o al socialismo.

Esta supuesta «tercera alternativa» −el sueño de la ideología pequeñoburguesa desde el desarrollo del capitalismo y la lucha de clases− sigue siendo un mito y nunca podrá ser otra cosa que un mito. De hecho, no es más que una repetición del viejo sueño pequeñoburgués de una sociedad de clases sin contradicciones de clase ni lucha de clases, pero esta vez utilizado para encubrir en realidad el Estado de clases y la supresión de clases más violentamente coercitivos. El «Estado corporativo» es, de hecho, el disfraz transparente del capitalismo moderno, con una desarrollada organización estatal de la industria y la completa supresión de toda organización y derechos independientes de los trabajadores.

viernes, 16 de mayo de 2025

Joan Comorera analizando en 1943 la supuesta «no beligerancia» de Franco y Falange en la Segunda Guerra Mundial

«La crisis profunda del régimen franquista no significa que ya está vencido, que su caída sea inminente, que caerá solo troceado por las propias e insolubles contradicciones internas. ¡No, compañeros! Nunca debemos olvidar que el régimen de Franco y Falange es fascista, que nunca se dará por vencido, que nunca dejará voluntariamente el poder. El régimen de Franco y Falange, como el de Mussolini y el de Hitler, morirá matando. (...)

Desde hace un año, todos los actos y medidas de Franco y Falange no tienen otro objetivo que el de rehacer el bloque descuartizado del régimen. Las declaraciones de Franco en Montserrat, en las que prometió un ensanchamiento del régimen, pidió la colaboración de los sectores derechistas catalanes, dejó entrever la posibilidad de una restauración monárquica; la convocatoria de una caricatura de Corts, traspasando a ellas la facultad legislativa reservada en la estructura teórica del régimen en el Consejo Nacional de Falange; la última crisis gubernamental, con la caída aparente de Serrano Suñer y el nombramiento del General Francisco Gómez-Jordana Sousa, aparentemente menos nazi; la última reorganización del Consejo de Falange con el intento de presentarlo como un símbolo del bloque originario del régimen, por cuanto son miembros designados por Franco, generales, obispos, monárquicos, requetés, que no formaban parte de lo anterior, esfuerzo oficial para poner de manifiesto una unidad inconmovible del régimen que no existe: los rumores de restauración monárquica que se acentúan o debilitan según el buen querer de Franco y Falange. (...)

¡No, compañeros, Franco y Falange no son, ni quieren ser neutrales Franco y Falange son beligerantes del Eje! Oficialmente Franco y Falange son «no beligerantes», como lo fueron Mussolini antes de herir por la espalda a la Francia vencida e Hirohito antes de agredir traicioneramente a los EE. UU. dormidos por apaciguadores y muniqueses. (...)

Sin embargo, en la práctica Franco y Falange han sido y son desde el comienzo de la guerra, beligerantes. Son beligerantes por los actos y por las definiciones oficiales del régimen. La firma del Pacto Antikomintern [el 27 de marzo de 1939] por el General Gómez-Jordana Sousa, presentado hoy cuanto menos nazi que Serrano Suñer, es un acto de beligerancia. La organización oficial de la División Azul [el 26 de junio de 1941], es un acto de beligerancia. El envío coercitivo de obreros españoles a las fábricas de guerra alemanas, es un acto de beligerancia. Comprar víveres, materias primas, combustible en América y por la cuenta de Alemania y con dinero entregado por Hitler a Franco, es un acto de beligerancia. Romper el bloqueo aliado en beneficio de la Alemania hitleriana, es un acto de beligerancia. Poner a disposición de los técnicos alemanes y de los submarinos piratas del Eje Baleares, Canarias y Fernando Poo, los puertos gallegos y andaluces del Atlántico, es un acto de beligerancia. Proveer de combustible en alta mar en los submarinos nazis, es un acto de beligerancia. (...) 

Entregar a los alemanes toda la producción de guerra de los altos hornos y de las minas del norte de España, es un acto de beligerancia. Aceptar el control nazi en los aeródromos, en las comunicaciones, en los transportes de España, es un acto de beligerancia. Que la Gestapo controle los centros vitales de la policía terrorista de Franco, es un acto de beligerancia. Es tan poco neutral Franco, que en el mes de julio propuesto el embajador norteamericano para justiciar las restricciones al envío de petróleo, dijo oficialmente, que eran debidas a:

«Ya temor comprensible de una nación que está en guerra, que los productos esenciales para la contienda, exportados libremente a un país que no está en guerra, sean reexportados a una tercera nación en guerra con la primera».

Es tan poco neutral Franco que el «New York Times», el mes de julio pasado [1943], cuando el VIII ejército británico se retiraba en derrota, denunció que:

«El ministro español de El Cairo colabora de forma importante en los esfuerzos que hace Alemania para sembrar la discordia entre los ingleses y los gobernantes de Egipto».

Es tan poco neutral Franco que en el «New York Post» del último septiembre se afirmó concretamente como:

«Los falangistas, valiéndose de las comunicaciones y valijas diplomáticas, facilitan a la Gestapo toda la información que consiguen sobre los movimientos de los barcos mercantes y de la marina de guerra».

martes, 14 de febrero de 2023

¿Era Perón un representante del fascismo a la argentina?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


«El justicialismo y el falangismo son la misma cosa separados solo por el espacio por eso me halagan sus palabras de falangista que, para nosotros, suenan a camaradería». (Juan Domingo Perón; Carta a Rafael García Serrano, 21 de diciembre de 1963)

¿Era Perón fascista? Bueno, para empezar a desglosar la pregunta del millón habría que responder antes a lo siguiente: ¿qué podemos considerar fascismo? Para ello, el lector debe remitirse a otro artículo donde nos explayamos sobre el tema. Véase el capítulo: «Aclaraciones sobre el fascismo desde un auténtico punto de vista marxista-leninista» (2017).

En cualquier caso, Perón, en una autobiografía, no tendría ningún problema en mostrar su admiración por las figuras y obras fascistas:

«No me hubiera perdonado nunca al llegar a viejo, el haber estado en Italia y no haber conocido a un hombre tan grande como Mussolini. Me hizo la impresión de un coloso cuando me recibió en el Palacio Venecia. No puede decirse que fuera yo un bisoño y que sintiera timidez ante los grandes hombres. Ya había conocido a muchos. Además, mi italiano era tan perfecto como mi castellano. Entré directamente en su despacho donde estaba él escribiendo; levantó la vista hacia mí con atención y vino a saludarme. Yo le dije que, conocedor de su gigantesca obra, no me hubiera ido contento a mi país sin haber estrechado su mano. (…) Hasta la ascensión de Mussolini al poder, la nación iba por un lado y el trabajador por otro. (…). Yo ya conocía la doctrina del nacionalsocialismo. Había leído muchos libros acerca de Hitler. Había leído no solo en castellano, sino en italiano Mein Kampf». (Torcuato Luca de Tena, Juan Domingo Perón, Luis Calvo, Estebán Peicovich; Yo, Juan Domingo Perón: relato autobiográfico, 1976)

Como ya dijimos, Ibarguren, el ideólogo del golpe de Estado de Uriburu, otro admirador confeso de Mussolini y Hitler, se adhirió tiempo después al peronismo como propagandista. Véase la obra de Carlos Ibarguren: «El sistema económico de la revolución» (1946). De las variadas dictaduras militares que asolaron Argentina en el siglo XX, ninguna se acercaba remotamente a la «pureza» de los esquemas de los movimientos fascistas de Europa, pero si hubo un movimiento cercano a la idiosincrasia fascista este fue, sin duda, el peronismo. La admiración de Perón hacia el fascismo no solo fue manifiesta ni quedó en una simple simpatía, sino que su doctrina cumplía con varios de los rasgos fundamentales del fascismo tanto en lo relativo al papel de los sindicatos, su forma de concebir el pensamiento religioso, la relación entre masas y líder como su admiración por la violencia irracional, su hondo anticomunismo, su orgulloso chovinismo nacional, etcétera. Véase el capítulo: «Los reaccionarios orígenes del peronismo» (2021).

Los peronistas de «izquierda» y otros «marxistas» han tratado de salvar a su ídolo argumentando que Perón no podía ser fascista o amigo de estos, ¿por qué? Según ellos, porque era imposible que en Argentina hubiera fascismo, ya que esta denominación no correspondía al nivel de desarrollo de las fuerzas productivas del país sudamericano. Sin embargo, estos «grandes teóricos sobre el fascismo» deberían revisar la propia historia del siglo XX, ya que no era necesario que un país alcanzara una cuota máxima de concentración económica, de monopolismo, para que una figura política fuese fascista y tomase el poder. Estos esquemáticos y amantes de la teoría menchevique de las fuerzas productivas deberían observar los gobiernos fascistas o semifascistas que se establecieron en España o en cualquiera de los países de Europa del Este, como Polonia antes de la Segunda Guerra Mundial, los cuales no solo dependían en parte del capital extranjero, sino que incluso tenían rasgos semifeudales. Por lo demás, también harían bien en saber que Argentina no era precisamente un país atrasado, sino uno de los países con mayor auge económico a principios del siglo XX. Esto corrobora que los conocimientos históricos y económicos de estos analistas son escasos cuando no directamente nulos.

Otros aluden a que el peronismo no podía representar las aspiraciones del fascismo en Argentina porque, por un lado, algunos sectores tradicionales no fascistas se unieron a él, mientras otros se oponían directamente al fascismo, haciendo al peronismo un movimiento heterogéneo e incluso antifascista. Además, argumentan que el justicialismo o peronismo no se reconocía de forma abierta como un movimiento fascista. Sin embargo, olvidan que precisamente la mayoría de movimientos fascistas de la época también absorbieron a figuras y escisiones de todo tipo: antiguos monárquicos, católicos, socialistas, radicales, liberales o comunistas, del mismo modo que pasaron de la admiración al progresivo distanciamiento del «fascio» italiano, no queriendo aparecer ante sus huestes como una mera copia de un referente que, si bien admiraban, no dejaba de ser un modelo extranjero. Ergo, dar este tipo de explicaciones es ignorar cómo se ha configurado el fascismo y cómo se ha desarrollado para acceder –o mantenerse– en el poder:

martes, 13 de diciembre de 2022

Debate sobre el expresionismo en los años 30, ¿sentimentalismo?, ¿un capricho burgués?, ¿un producto fascista?; Equipo de Bitácora (M-L), 2022

«Tomemos la cuestión del expresionismo como ejemplo de los debates que se daban entre los artistas progresistas del siglo XX −entendiendo a estos, como individuos que se acercaban a los marxistas en metodología, compartían objetivos y demás, sin llegar siempre a alcanzarlos−. En esta sección encontraremos los siguientes apartados: a) ¿qué origen, características e intenciones tuvo el expresionismo como corriente artística?; b) ¿por qué los nazis tuvieron un idilio muy especial con el expresionismo?; c) ¿por qué el fascismo alemán e italiano viraron hacia el arte clásico y monumental?; d) ¿qué posiciones tuvieron Lukács y Brecht en el debate sobre el expresionismo? 

Esto será muy interesante ya que extraeremos lecciones muy similares a las que hemos obtenido en otros capítulos, especialmente analizando las polémicas que surgieron frente a nuevos fenómenos como el rock en los años 50, el punk en los 70, el rap en los años 80, o mucho más recientemente, el trap en el siglo XXI. Véase la obra: «La «música urbana», ¿reflejo de una decadencia social?» (2021).

Explicación sobre el origen, características e intenciones del expresionismo

El «expresionismo», como parte de esos «ismos» de las vanguardias nacidas a principios del siglo XX, estuvo determinado −como no podía ser de otra forma− por los estilos que le precedían y por los intereses sociales de su época. En este caso, según el grado en el que se distorsionasen las figuras en la pintura, las notas en la música, los contornos de las esculturas, la lógica de la literatura, etcétera, esta forma expresionista parecía desgarrarse cada vez más de sus predecesores lejanos y cercanos −impresionismo y postimpresionismo− para retomar otros viejos movimientos como el romanticismo o el decadentismo, incluso a las dramáticas pinturas de El Greco, considerado para muchos como un «protoexpresionista». En cuanto a la temática e intenciones de este nuevo estilo, bien vale citar el siguiente extracto de Frederic Ewen, pues lo resume a la perfección:

«El expresionismo es la autobiografía del alma. No fue menos significativa para los expresionistas alemanes la definición del inconsciente que va desde Shopenhauer a Freud. Lo irracional, lo inconsciente, lo reprimido, el mundo de los sueños, son nociones esenciales en las obras de teatro de los expresionistas. (…) La realidad interior es exhibida descarnadamente a través de símbolos; los personajes se vuelven abstractos, ya que son concebidos como universales. El hombre aparece en mayúsculas, como Hermano, Hermana, Madre, Poeta. (…) Ya hacia 1910 Franz Werfel dijo: «Mi único deseo, hombre, es ser amable contigo. (…) Por eso pertenezco a ti y a todos. ¡No te resistas, te lo suplico! Oh, que pronto llegue el tiempo en que los hermanos nos abracemos como hermanos». (…) Theodor Daübler anunció en 1919… «¡El Yo crea el mundo!». (…) Si el Yo es el centro creativo, entonces el Hombre es el objeto del discurso». (Frederic Ewen; Bertolt Brecht: su vida, su obra, su época, 1967)

Como lo comentó el crítico de arte albanés Alfred Uçi en su obra «El laberinto del arte moderno» (1987), los expresionistas desarrollaron su nueva tendencia en lucha contra el impresionismo, desfasado para sus nuevos intereses e inquietudes. Este rechazo al impresionismo venía motivado por la repulsa que sentían hacia el realismo. Por un lado, negaban cualquier intento de ofrecer, aunque fuera aproximadamente, impresiones ópticas naturalistas y, por otro, consideraban que el papel del artista no era lo suficientemente activo en la creación de sus obras:

«Por tanto, la eliminación de estas limitaciones, según los expresionistas, podría hacerse alejándose del realismo, evitando la reflexión con el valor artístico de la vida y siendo arrastrados por la vorágine del subjetivismo. (…) Los estetas expresionistas predicaron que, rompiendo con la tradición impresionista, el foco de la creatividad debería cambiarse del ojo consciente a la fuerza creativa de la imaginación». (Alfred Uçi; El laberinto del arte moderno, 1987)

lunes, 5 de julio de 2021

La Escuela de Gustavo Bueno y su promoción de la religión como «esencia de la españolidad»; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


[Publicado originalmente en 2020 y reeditado en 2021]

«Falange Española no puede considerar la vida como un mero juego de factores económicos. No acepta la interpretación materialista de la historia. Lo espiritual ha sido y es el resorte decisivo en la vida de los hombres y de los pueblos. Aspecto preeminente de lo espiritual es lo religioso. Ningún hombre puede dejar de formularse las eternas preguntas sobre la vida y la muerte, sobre la creación y el más allá. A esas preguntas no se puede contestar con evasivas; hay que contestar con la afirmación o con la negación. España contestó siempre con la afirmación católica. La interpretación católica de la vida es, en primer lugar, la verdadera; pero es, además, históricamente, la española. Por su sentido de catolicidad, de universalidad, ganó España al mar y a la barbarie continentes desconocidos. Los ganó para incorporar a quienes los habitaban a una empresa universal de salvación. Así, pues, toda reconstrucción de España ha de tener un sentido católico». (José Antonio Primo de Rivera; Falange Española número 1, noviembre, 1933)

Después de Falange, parece ser que ahora, gracias al inestimable servicio de Vox y la Escuela de Gustavo Bueno, ellos nos enseñan cuál es y debe de ser la esencia de España –nótese la ironía–:

«España desde su constitución como Imperio –es decir, desde su constitución como sociedad política– ha sido siempre una monarquía. (...) España es una sociedad católica –y no protestante, ni islámica, ni judía, por ejemplo– en cuanto que buena parte de las costumbres de sus habitantes están determinadas por el ceremonial católico». (Santiago Abascal y Gustavo Bueno; En defensa de España. Razones para el patriotismo español, 2008)

Por si alguien quiere seguir riéndose a carcajadas con las ilusiones de estos monaguillos, dejaremos una última cita:

«@armesillaconde: La gente que dice que la religión católica no les influye, pero luego no tienen problemas en irse de puente en festividad religiosa, tienen nombres de santos, o comen jamón y beben vino sin darse cuenta de que esto es producto de la Reconquista contra el Islam. En fin». (Twitter; Santiago Armesilla, 20 de octubre de 2020)

Este es su nivel de razonamiento. Esta es la forma en que este «sujeto», por ser bondadosos, enlaza y conjuga los conceptos que milagrosamente llegan a su masa encefálica. 

¡Los discípulos del señor Bueno no cesan de hacer el ridículo! Preguntamos a Armesilla, ¿acaso el musulmán que se salta su código religioso y consume jamón está cometiendo un acto de conversión al catolicismo? Es infinitamente absurdo creer seriamente que reproducir las herencias totalmente secularizadas de la tradición cristiana —nombres, fiestas y demás— implica «ser católico», ni siquiera «ser católico culturalmente». Es de una chapuza intelectual increíble.

«@armesillaconde: En las religiones no se cree. Se cree en deidades, pero lo positivo –empírico– de las religiones no son los dioses, sino sus instituciones históricas que moldean sociedades enteras». (Twitter; Santiago Armesilla, 19 de octubre de 2020)

Una vez más Armesilla mostrando su antimarxismo: lo que define y moldea una sociedad son las relaciones de producción y el grado de desarrollo de las fuerzas productivas, pero para estos discípulos de Bueno no fueron los intereses de clase los que hicieron que una u otra religión fuera la dominante, sino la religión en sí y sus cualidades «innegablemente positivas» sobre el pueblo. Y claro, si el pueblo español el mejor, también tendrán que tener la máxima religión, ¿para algo Jesús nació en Albacete y no en Nazaret como dice la «Leyenda negra» judeo-británica, no? Armesilla está inmerso en una ardua investigación sobre eso, ya verán. Lo bueno, lo positivo según Armesilla, son las instituciones religiosas, es decir, debemos dar gracias a la Iglesia Católica y el «nacionalcatolicismo» de Franco por su gran labor en «moldear» toda una generación. Qué se lo pregunten a las mujeres revolucionarias que fueron ultrajadas y obligadas a la reeducación de la Sección Femenina de Falange y, para más inri, en muchas ocasiones apartadas de sus hijos. ¡Oh, Dios, damos a ti las gracias!...  ¿por el fascismo?

Esta es la misma gente que defiende la tauromaquia o el catolicismo, porque son «marcas inalterables de España, su esencia». ¿Es esto compatible con el discurrir del pensamiento marxista? Ni de lejos:

«Y no es, ni mucho menos, fortuito que el programa nacional de los socialdemócratas austríacos imponga la obligación de velar por «la conservación y el desarrollo de las particularidades nacionales de los pueblos». ¡Fijaos bien en lo que significaría «conservar» tales «particularidades nacionales» de los tártaros de la Transcaucasia como la autoflagelación en la fiesta del «Shajsei-Vajsei» o «desarrollar» tales «peculiaridades nacionales» de los georgianos como el «derecho de venganza»! Este punto estaría muy en su lugar en un programa rabiosamente burgués-nacionalista». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin; El marxismo y la cuestión nacional, 1913)

jueves, 6 de mayo de 2021

El error infantil de relacionar automáticamente represión con fascismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


[Este capítulo fue escrito originalmente en 2017]

«Uno de los rasgos predilectos de los falsos ilustrados en fascismo es ver fascismo en cada acto de represión, como si la represión no fuera inherente a cualquier Estado democrático-burgués, es decir, a cualquier forma en que se dé la dictadura de la burguesía.

¿Un aumento de represión en la idílica Europa?

En España, desde la introducción de la Ley Mordaza en 2015, efectivamente se han coartado más los derechos y libertades existentes gracias a una variedad de artículos ambiguos que ponen muy fácil que bajo un criterio subjetivo se condene a los acusados. Existen artículos que afectan al derecho de defensa y la presunción de inocencia:

«El artículo 52 regula «el valor probatorio de las declaraciones de los agentes de la autoridad». Y es muy alto. Lo que digan los agentes que hayan presenciado los hechos constituye «base suficiente» para la multa, dice la ley. Es decir, que pesa más la palabra del policía que del afectado, algo que rompe el principio de igualdad procesal. En procesos penales la equidad sí está garantizada porque hay un juez independiente que decide sobre las pruebas». (El Diario.es; Los siete derechos fundamentales que limita la «Ley Mordaza», 30 de junio de 2016)

Artículos que afectan al principio de seguridad jurídica:

«Entre las ambigüedades, por ejemplo, el artículo 36.2: será infracción muy grave –hasta 600.000 euros– «la perturbación de la seguridad ciudadana» en el Congreso, el Senado y las cámaras autonómicas aunque los edificios estén vacíos. ¿Qué es perturbar la seguridad ciudadana? ¿Interrumpir un pleno, protestar a la puerta, cortar la calle, gritar? La ley no lo define. Otra actitud punible es la «falta de respeto y consideración» a un policía. ¿Es eso un insulto, un mal gesto, o solo una agresión? No se determina. También prevé multa para organizadores y promotores de manifestaciones no autorizadas. ¿Incluye ese concepto al que tuitee la convocatoria? ¿Estar en la cabecera de la protesta? La ley añade de remate que se puede considerar promotor por «cualesquiera otros hechos». (El Diario.es; Los siete derechos fundamentales que limita la «Ley Mordaza», 30 de junio de 2016)

martes, 4 de mayo de 2021

Los fascistas, ¿quiénes son ellos?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«Hay naciones que han encontrado dictadores geniales, que han servido para sustituir al Estado; pero esto es inimitable y en España, hoy por hoy, tendremos que esperar a que surja ese genio». (José Antonio Primo de Rivera; «España y la barbarie». Conferencia en el teatro Calderón, de Valladolid, 1935)

«El sistema jerárquico del Falange Española Tradicionalista y de las JONS está in
tegrado por los siguientes elementos y órganos: 1. El Caudillo, jefe nacional del Movimiento; responsable de sus actos ante Dios y la Historia. (...) Toda autoridad o poder viene de Dios». (Formación del espíritu nacional, 1955)

«España es una unidad de destino en lo universal. El servicio a la unidad, grandeza y libertad de la Patria es deber sagrado y tarea colectiva de todos los españoles. (...) La Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación. (...) La participación del pueblo en las tareas legislativas y en las demás funciones de interés general se llevará a cabo a través de la familia, el municipio, el sindicato y demás entidades con representación orgánica que a este fin reconozcan las leyes. Toda organización política de cualquier índole al margen de este sistema representativo será considerada ilegal. (...) Se reconoce al trabajo como origen de jerarquía, deber y honor de los españoles, y a la propiedad privada, en todas sus formas, como derecho condicionado a su función social. La iniciativa privada, fundamento de la actividad económica, deberá ser estimulada, encauzada y, en su caso, suplida por la acción del Estado». (Ley de Principios del Movimiento Nacional, 17 de mayo de 1958)

En 1976 los que habían sido los gestores de estos principios –cada uno bajo su interpretación– terminaron aprobando en las Cortes franquistas la famosa Ley para la Reforma Política, que ponía el primer paso para inmolar el sistema fundado en 1939. Esto forzó a que muchas personas, todavía fieles a los valores del viejo orden, ocultasen sus inclinaciones políticas para adaptarse a los nuevos tiempos democrático-burgueses. Aun hoy existen personas que por diversas razones siguen aspirando a emular los principios básicos de lo que en su día fue el fascismo español. En su mayoría el catecismo ideológico que profesan reproduce, en mayor o menor medida, los nueve puntos que Falange Española anunció al mundo en 1933. Y aunque algunos antifascistas se resistan a creerlo, estos nostálgicos pueden abarcar a todo tipo de personajes imaginables, incluso podemos hallar a seguidores de esta doctrina entre las capas sociales más bajas. Hagamos una breve descripción de estos perfiles que seguro que al lector que resultarán muy familiares. Así que, sin más dilación, comencemos:

a) El empresario fascista 

En España podemos hallar, por ejemplo, del clásico empresario que cambió de chaqueta en la Transición de los 80: este camaleón dejó en el armario su querida camisa azul falangista y –no sin remilgos– se compró la chaqueta de pana socialista. Retiró del salón la foto de José Antonio Primo de Rivera y la puso a buen recaudo en su alcoba –para que así sus nuevos compañeros de militancia no le mirasen mal–. «¿¡Todos tenemos derecho a cambiar, no!?», repite desde entonces constantemente para justificar sus acrobacias políticas. Pongamos que a este sujeto número uno se le conoce en sus círculos como Don Rafael. 

Bien, pues este hoy tiene el valor de presentarse a sí mismo como «demócrata, apolítico, conservador en lo económico» y –en su delirio– hasta se llega a considerar hasta «progresista en lo social». En realidad, todo su alrededor se puede ir al infierno, solo le preocupa que se mantengan un «orden» y una «disciplina» social que a él le permita contar tranquilo sus ganancias, aunque bien es verdad que en el fondo echa de menos poder apretar las tuercas a los trabajadores sin tanta «burocracia» de por medio. ¡Qué tiempo aquellos cuando no eran necesarias tantas florituras para despedir o prolongar la jornada laboral! Está de acuerdo con esos ideólogos que dicen que eso los «derechos laborales» son «pamplinas marxistas» que van en contra de los propios trabajadores y de todos, ¡pues impiden el crecimiento de la economía! O sea, la de su empresa. Vende al mundo exterior que él es un «hombre humilde» que «se ha hecho a sí mismo» aunque haya tenido un camino de rosas junto a una serie de facilidades inimaginables para el común de los mortales. 

Nuestro protagonista, Don Rafael, es más «patriota» que nadie, ¡faltaría más!, por eso lleva la «rojigualda» hasta en los tirantes. Pero, ¡ay amigo! «business is business», su «españolidad» se resquebraja cuando tiene que mover ficha para mantener o aumentar sus beneficios, entonces ordenará a su capataz que comunique que «por motivos de la reciente restructuración de la empresa» el jefe va a «tomar medidas»: arrojar a la calle a varios de sus «compatriotas», reducir las medidas de seguridad, cuando no, directamente mandar la fábrica a alguna recóndita zona de los Cárpatos. La cuenta de Don Rafael en Suiza o Andorra tampoco debe darnos a equívocos, todo eso es por la «comodidad y servicios especiales» que estos países ofrecen, ¡allí sí que saben tratar a un «hombre de bien», aquí deberíamos aprender de su «cortesía»! En resumidas cuentas, en realidad la «Patria» de Don Rafael empieza y acaba en su bolsillo. Pero no pasa nada, porque las migajas y un buen asesor publicitario puede ocultar todo esto con campañas de beneficencia, parte del pueblo incluso le adorará. 

Entre tanto, si es cierto que a veces Don Rafael es filántropo. A ratos le gusta jugar a ser mecenas y financia a unos alegres jóvenes de cabeza rapada que le tratan como un Dios. Para él son su debilidad ya que le recuerdan a sus años de mozo en los campamentos del «Movimiento», y por supuesto, adora recibir todo tipo de halagos, incluso aspira a dirigirlos. Sobre esto, comenta orgulloso a sus amigos: «¡Hay que apoyar a la España sana que forjará el glorioso mañana!».

Don Rafael mima a su hijo, Mateo, que asume sin problemas que es –y será toda la vida– un bohemio o un lumpen sin oficio ni beneficio, aquel que ha decidido que dilapidará gran parte de la herencia familiar simplemente porque puede, cosa que al padre no le preocupa demasiado porque siempre podrá reponer las pérdidas y travesuras del «niño».

jueves, 8 de abril de 2021

¿Por qué la Escuela de Bueno desprecia la historia cultural de otros pueblos?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

William Shakespeare (1564-1616)

«La producción intelectual de una nación se convierte en patrimonio común de todas. La estrechez y el exclusivismo nacionales resultan de día en día más imposibles; de las numerosas literaturas nacionales y locales se forma una literatura universal». (Karl Marx y Friedrich Engels; El manifiesto comunista, 1848)

«La consigna de la democracia obrera no es la «cultura nacional», sino la cultura internacional de la democracia y del movimiento obrero mundial». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Notas críticas sobre la cuestión nacional, 1914)

Antes de continuar, hemos de recordar que el patriotismo mal entendido lleva al nacionalismo, y de este al chovinismo solo hay un paso. ¿Desean un rápido ejemplo ilustrativo? 

«El alemán tiene intimidad con el espíritu del universo. Para él está destinado lo más elevado… Él es el escogido por el espíritu del mundo, durante la lucha del tiempo para trabajar en la eterna construcción de la formación humana». (Friedrich Schiller; Grandeza alemana, 1801)

El nacionalismo, en especial el nacido en los albores del romanticismo, veía en el odio y destrucción hacia el vecino, en el desprecio a su idioma y cultura particular, como uno de los impulsos reafirmadores para la propia nación. Aniquilando lo ajeno revitalizo lo mío. En toda una oda al chovinismo, el poeta alemán Arndt, del siglo XIX, proclamaba:

«Ernst Moritz Arndt: Odio a los extranjeros, odio a los franceses, a su arrogancia, a su vanidad, a su ridiculez, a su idioma, a sus costumbres; sí, odio ardiente a todo lo que venga de ellos; eso es lo que debe unir fraternal y firmemente todo lo alemán y la valentía alemana, la libertad alemana, la cultura alemana, el honor y la justicia alemanes, deben flotar sobre todo y adquirir de nuevo la vieja dignidad y gloria con que nuestros padres irradiaron ante la mayoría de los pueblos de la tierra». (Rudolf Rocker; Nacionalismo y cultura, 1962)

Este también podría decirse que es el grito de guerra de la Escuela de Gustavo Bueno contra Gran Bretaña, la «Pérfida Albión», sin olvidar, claro está, la lucha contra el catalanismo, el galleguismo y el vasquismo.

Jesús G. Maestro, el presunto «experto en temática artística» del oficialismo buenista, repite este tipo de visiones mesiánicas sobre la nación española:

«Por un lado, la literatura española, por otro lado, todas las demás. Cuando hablamos de literatura hablamos de España, es imposible hablar de literatura sin hablar de España». (Jesús G. Maestro; Cómo la Universidad anglosajona posmoderna destruye la literatura española e hispanoamericana, 2018)

Claro, según él, los literatos, filósofos, poetas españoles del siglo XVIII como Jovellanos, Feijoo, Cadalso o Moratín tuvieron la misma transcendencia que Voltaire, Diderot o Rousseau. En el siglo XIX, siempre según Jesús G. Maestro, grandes autores como Espronceda, Zorrilla o Larra tuvieron el mismo eco que Goethe, Hegel, o Fichte. Pero es que la historia de la literatura, que según la RAE es «el arte de la expresión verbal», no es la historia de los autores que a cada uno más le agrada, no es tampoco la historia de quién debería haber destacado más por su progresismo o por su virtuosismo, sino que es la que es. La realidad indica que autores ultrarreaccionarios como Schopenhauer o Nietzsche tuvieron muchísimo más eco que cualquier autor español de ese tiempo. Unamuno y Ortega y Gasset, que eran otros reaccionarios de tomo y lomo, fueron los «filósofos españoles del siglo XX» –de hecho, Bueno no es sino la marca blanca de ambos–. Eso no se puede cambiar, es historia, lo que no quita que el deber de los revolucionarios sea reevaluar y colocar a cada filósofo, político o economista en el escalafón de importancia que le corresponde en la historia de la humanidad, pero desde luego tal ejercicio jamás podrá hacerse dejándose llevar por los sentimentalismos o bajo un prisma nacionalista a riesgo de volver a realizar una selección interesada y artificial de «filósofos transcendentes», como acostumbra hoy y siempre la burguesía nacional y sus prostitutas intelectuales.

lunes, 5 de abril de 2021

De «leyenda negra» a «leyenda blanca» sobre el colonialismo hispano; Equipo Bitácora (M-L), 2021

«La Hispanidad es el conjunto de los pueblos descubiertos, civilizados y evangelizados por España, que tienen un mismo modo de ser. (…) Lo cierto que nunca fue España tan grande como cuando se entregó totalmente a la obra de ganar para la fe y la civilización cristiana a los indios americanos y a los isleños de Oceanía, y se enfrentaba con los protestantes o los turcos, a fin de librar a la Iglesia y a la Cristiandad de tales enemigos». (Formación del espíritu nacional, 1955)

Advertimos al lector que tome asiento y se prepare para la batería de disparates que los nacionalistas pueden llegar a soltar para escurrir el bulto sobre sus referentes y figuras de culto.

Para empezar, ¿qué considera el «buenismo», en boca de Armesilla, un «imperio positivo», un «imperio generador»?

«En el caso de los Imperios Depredadores de la última fase del capitalismo del siglo XIX, entre 1884 y 1900, nos referimos a los Imperios Británico, Alemán, Holandés y el Imperio Colonial Francés –no confundir con el Primer Imperio Francés o Napoleónico, cuyos caracteres eran los propios de un Imperio Generador, pero ya nos referiremos a esto más tarde–, el excedente de capital no se dedicó en ningún momento a elevar el nivel de vida de los habitantes de las colonias ya que eso hubiera mermado considerablemente las ganancias de los capitalistas británicos, alemanes, holandeses y franceses, sino que se dedicó a acrecentar esas ganancias a través de la exportación de capitales a los países atrasados, es decir, les volvían a vender a las colonias el excedente de capital que extraían de las mismas». (Santiago Armesilla; Reescritos de la disidencia, 2012)

Y en el caso del Imperio hispánico, Armesilla reclamaba reivindicar tal imperio alegando la:

«La organización de los caminos como rutas comerciales terrestres que convergían en las Plazas de Armas de las ciudades, la promoción del mestizaje sexual, el otorgamiento de tierras comunales a indios y peninsulares, los más de 150.000 licenciados que salieron de las más de veinte Universidades generadas por el Imperio en América, el establecimiento del Real de a Ocho como moneda-mercancía de cambio universal, e incluso las reducciones jesuíticas de corte socialista». (Santiago Armesilla; Rosa Luxemburgo y España. Escrito para la Razón Comunista, 2019)

Atribuir en el caso del Imperio hispánico o de cualquier otro en cualquier época unas intenciones que no fueran el pillaje, la acumulación de tierras y la fama, es una completa tomadura de pelo, solo posible para un ultranacionalista sin escrúpulos que busca el blanqueamiento del imperio que defiende. 

Ver preocupación por los súbditos en la creación de infraestructuras de las colonias es tan estúpido como querer ver conatos de humanismo en el esclavista romano que daba comida al trabajador de su hacienda, cuando es claro que el único fin con que lo realizaba era el de que su propiedad –el trabajador eslavo–, no se muriese de hambre y pudiese retornar al día siguiente a su jornada laboral, una cuestión de puro interés basado en el beneficio económico. Pero bueno, qué esperar de gente como Bueno que niega hasta el concepto de plusvalor de Marx, o de Armesilla, que niega la teoría imperialista de Lenin.

lunes, 15 de marzo de 2021

El viejo chovinismo: la Escuela de Gustavo Bueno; Equipo de Bitácora (M-L); 2021

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

«¿Es el Imperio español el mayor imperio que hubo jamás en cuanto a qué señor Bueno? ¿Más trascendente en la historia que el Imperio romano? ¿Más extenso que el británico o el mongol? Ni en lo uno ni en lo otro acertaría. ¿Qué nos ofrecen aquí los libros y comentarios de Bueno? Paparruchas de un simio extremadamente territorial que se golpea el pecho sin que nadie sepa por qué. (...) ¡Claro! ¡Todo el mundo quiere ser español! ¿Empezando por los catalanes, vascos y gallegos, verdad? Los ciudadanos de Cuba, Venezuela, Filipinas, y las Islas Marianas ruegan reincorporarse al Imperio hispánico todos los días, mientras los ciudadanos de Laponia se lamentan de no haber disfrutado del privilegio de haber formado parte del «imperio generador» de Felipe II. ¿En qué mundo paralelo vive este ser? Para más ridículo habla de que ser español vendría a proporcionar al sujeto una especie de superpoder que le hace sentirse seguro, pues… le decimos que ciertamente no creemos que esa españolidad haya salvado a nadie cuando los reyes, nobles, obispos, burgueses y todo tipo de parásitos han arrastrado a los trabajadores de la península a guerras, hambre, paro, represión y desolación. Las conclusiones a las que llegan estas personas jamás podrían ser calificadas como productos de una visión pertrechada en el materialismo histórico –naturalmente que ultraderechistas como Jesús G. Maestro están exentos de esta riña–, pues como vamos exponiendo en el presente documento, no se trata de un discurso patriota e internacionalista, sino de la clásica prédica antimarxista que bebe del nacionalismo más subjetivista y distorsionador de la verdad histórica, la cual intenta estirar hasta el máximo un relato engrandecido de lo propio y denigrante de lo ajeno. Por eso se torna tan patético y casposo. (...) Atribuir en el caso del Imperio hispánico o de cualquier otro imperialismo de cualquier época unas intenciones que no fueran el pillaje, la acumulación de tierras y la fama, es una completa tomadura de pelo, solo posible para un ultranacionalista sin escrúpulos y el blanqueamiento del imperio que defiende». (Equipo de Bitácora (M-L); El viejo chovinismo: la Escuela de Gustavo Bueno, 2021)


Preámbulo

¿Qué nos vamos a encontrar en este extenso documento? Principalmente nos centraremos en su visión sobre la cuestión nacional, ya que es verdaderamente la idea que nuclea todo el pensamiento del «materialismo filosófico» de Gustavo Bueno, pero durante la exposición se observará también las bases filosóficas, las recetas económicas, las nociones políticas o las propuestas culturales de esta escuela de sofistas. Consideramos que el combate sin piedad hacia todos los nacionalismos habidos y por haber no es algo opcional sino imprescindible. ¿El motivo? Unos y otros se complementan y retroalimentan para desviar a los trabajadores de su camino de emancipación social: la abolición de las clases sociales. En concreto, en lo tocante al nacionalismo español, la Escuela de Gustavo Bueno ha sido sin ningún género de duda la cuna de muchos de los personajes, libros y argumentarios que han salido de esta bancada, por lo que viene siendo hora de desnudar sus más que evidentes contradicciones. Esta última es una labor ideológica que lamentablemente no hemos visto registrada en ninguno de sus supuestos enemigos ideológicos, al menos no en una profundidad argumentativa y pedagógica que sirva como referencia, y esto es justamente lo que nosotros –sin ninguna falsa modestia– reconocemos que buscamos con el contenido de la presente obra. Al igual que en cualquiera de las otras ocasiones queremos advertir a los sujetos que serán objeto de crítica que a aquí priori no hay ninguna inquina personal: la crítica frontal y demoledora realizada hacia los distintos personajes de turno que irán apareciendo en el texto –Gustavo Bueno, Santiago Armesilla, Pedro Ínsua o Jesús G. Maestro– es solo la excusa, el pretexto idóneo o el marco de referencia para abordar una problemática mucho mayor que transciende a estos personajes, pues solo son unos de tantos representantes de una postura equivocada, de una visión distorsionada del mundo, de un vicio a eliminar.

Aunque en todos y cada uno de los planteamientos de Gustavo Bueno se subyace un vitalismo avasallador e irracional –típico del fascismo del siglo XX–, él intentó conjugar dicho instinto –a todas luces ramplón y reaccionario– con una bonita carcasa filosófica, cuyo fin no era otro que disimular las barbaridades que deseaba implantar. Así, pues, mediante un lenguaje «técnico» y una explicación aparentemente «racional» estuvo mucho mejor pertrechado para relativizar o disimular las opiniones tan polémicas que acostumbraba a lanzar. Pero ahí no acababa este ejercicio maquiavélico: trató de justificar sus complicadas y enmarañadas teorías como algo solo apto para «entendidos», no para el vulgo, según él, incapaz de entender y aceptar su «trascendental filosofía». En el «materialismo filosófico» hay una clara inspiración en autores mundialmente conocidos, pero se nota especialmente la influencia de Ortega y Gasset y Unamuno, quienes no parece casualidad que en su momento hayan sido las fuentes castizas que estimularon el pensamiento falangista en España. Gustavo Bueno creyó preciso que para coronar su empresa debía aspirar a algo más cercano a Hegel que a Unamuno: no bastaba con intentar elaborar reflexiones fragmentarias, chocantes o elocuentes, sino que debía construirse un gran bloque compacto con un argumentario definido, en definitiva, un gran sistema filosófico que causase asombro por la infinidad de temas a abordar y que crease un nuevo lenguaje que le hiciera reconocible ante sus adeptos. No obstante, si por fortuna nuestro amado lector no es una persona fácilmente impresionable, podrá detectar a las primeras de cambio que los representantes de esta escuela no tienen nada de eruditos, a lo sumo son charlatanes profesionales, y la mayor prueba está en que intentan defender lo indefendible con una retórica de secta endogámica, la cual comienza y acaba por un constante ritual de culto a la personalidad hacia su «maestro» que acaba resultando enfermizo. Paradójicamente hablamos de una de las debilidades que también ha adolecido el marxismo y otras doctrinas político-filosóficas en el siglo anterior, pero que ellos, lejos de superar, parecen perpetuar sin complejo alguno. A la vista está también que si tuviesen algún tipo de pretensión popular no utilizarían teorías y conceptos tan sumamente complejos como estúpidos, los cuales no se molestan en adaptar o disimular frente a los trabajadores de a pie.

jueves, 11 de marzo de 2021

El asistencialismo, demagogia y el culto al líder como pilares fundamentales del régimen peronista; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


«Un hito característico el peronismo fue el aprobar el voto femenino, pero relegando a la mujer al hogar y a la devoción por Perón:

«El primer objetivo de un movimiento femenino que quiera hacer bien a la mujer… que no aspire a cambiarlas en hombres, debe ser el hogar. Nacimos para constituir hogares. No para la calle». (Eva Perón; La razón de mi vida, 1951)

Es curioso que el feminismo argentino contemporáneo reivindique la política del justicialismo de Perón Evita, ya que, por ejemplo, en el último gobierno de Perón:

«A inicios de 1974 Perón puso importantes límites al acceso de la pastilla anticonceptiva: pasó a regularse su comercialización, exigiendo para su venta una receta por triplicado, y se suspendió su distribución. Los consultorios de Planificación Familiar que funcionaban en los hospitales fueron cerrados, prohibiendo las actividades vinculadas con el control de la natalidad en los espacios públicos. Esto estaba en línea con la encíclica Humanae Vitae lanzada en 1968 por el Papa Pablo VI que prohibía el uso de anticonceptivos. Incluso las vertientes más «de izquierda» de la Iglesia como el movimiento de curas tercermundistas que radicalizó su accionar en los 70, tuvieron una posición conservadora en relación a los derechos de las mujeres». (Izquierda Diario; Peronismo y feminismo en la historia: mitos y verdades, 4 de marzo de 2020)

Una de las claves para mantener el apoyo popular al peronismo fue la Fundación Eva Perón. Fundada en 1948, ésta constituyó la base del asistencialismo en Argentina –en el caso de Eva, bajo la falsa modestia tan típica del cristianismo, en especial del jesuita–, siendo este uno de los puntos que unen al peronismo con su populismo:

«¿Qué es el populismo? Si nos plegamos a sus raíces etimológicas tendríamos que comprenderlo como relativo a pueblo; pero resulta evidente que los términos evolucionan en su contenido y significado y se alejan de sus raíces. Dicho esto, y a efectos de este espacio, populismo es aquella «estrategia» en el marco del ejercicio del poder –como gobernante o como opositor– bajo la dictadura de la burguesía ya sea en su forma democrático burguesa o en su forma fascista que es indisoluble a la demagogia, el pragmatismo y el oportunismo. Su función principal es enmascarar el verdadero sentido de las políticas que tienen por objeto el fortalecimiento de la clase en el poder pero justificadas en un «pretendido bien superior»; por ejemplo y el más común: «el bien general del pueblo»; dicho de otro modo, su objetivo es la alienación de las masas.

Vale decir que el populismo no es una característica exclusiva de la izquierda burguesa –revisionista, reformista, etc.–, sino de todo el espectro político burgués, su cara visible es el asistencialismo-caritativo; por ejemplo: el ultraderechista Álvaro Uribe desarrolló en Colombia programas de asistencia escolar, merienda escolar, programas de vivienda, etc., al tiempo que profundizaba el vaciamiento de contenido de los derechos económico-políticos a través de la extinción de los derechos laborales, etc. El mismo procedimiento emplean los gobernantes de izquierda burguesa en Latinoamérica que engañan a los pueblos diciendo que ese asistencialismo es un embrión del socialismo, cuando se trata del capitalismo de siempre. Lo esencial a comprender es que esta estrategia, allá donde se ejerce, tiene como finalidad aminorar las «condiciones objetivas» que conduzcan a procesos revolucionarios proletarios; al tiempo que con la propaganda reducen las «condiciones subjetivas». Es decir, es un mecanismo destinado a prolongar artificialmente al capitalismo en crisis, no obstante, a veces se desarrolla con objetivos meramente cosméticos, los ejemplos más oportunos son los «programas sociales» de las entidades empresariales monopólicas. El fascismo también ha utilizado de forma constante el populismo, sobre todo desde la oposición política –a veces sirviendo como trampolín al poder–. Lo ha hecho apoyándose en casos de corruptelas del gobierno burgués de turno –jurando que ellos acabarían con esa corrupción–, de humillaciones nacionales de la Patria por otras potencias –jurando restablecer ante el pueblo el «honor nacional»–, pretendiendo sentir repulsa por los «abusos de las clases altas» –clamando su fin– y queriéndose proclamar siempre como una «tercera vía» entre los «abusos de las clases altas» hacia el pueblo y el radicalismo y ateísmo del marxismo que quiere destruir a las clases altas como tal –hablamos de «clases altas» y no de clases explotadoras, siguiendo el hilo de que los fascistas no reconocen los análisis marxistas sobre la plusvalía y no ven explotación en el sistema capitalista–, elementos que desembocan en engañar a las masas trabajadoras, distraerlas y desviarlas de la revolución». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico: Populismo, 2015)

¿Qué decir de la propaganda peronista? Es imposible no mencionar las frases ridículas que formaban parte del temario impartido en las escuelas, como «Mama y Papa nos aman, Perón y Evita nos aman», «¡La vida por Perón!» o el «¡Perón y todos de pie, carajo!» que aún a día de hoy quedaron alojados en la «memoria colectiva».

martes, 2 de marzo de 2021

El peronismo como caballo de troya de la burguesía para desactivar el movimiento obrero; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


«Como Perón reconocía, su objetivo económico y, por tanto, político no era otro que desactivar las luchas del movimiento obrero que, en cierta medida, ya empezaban a notar la influencia de los comunistas y otros grupos «subversivos» del orden:

«Yo llamo a la reflexión a los señores para que piensen en manos de quien estaban las masas obreras y cuál podía ser el porvenir de esas masas, que en un crecido porcentaje estaban en manos de los comunistas. (...) Un objetivo inmediato del gobierno ha de ser asegurar la tranquilidad social del país, evitando por todos los medios un posible cataclismo de esta naturaleza [la revolución], ya que si se produjera de nada valdrían las riquezas acumuladas, los bienes poseídos, ni los campos, ni los ganados». (Juan Domingo Perón; Discurso de la bolsa de comercio, 25 de agosto de 1944)

El «gran Coronel Perón» enseñó al público de la bolsa de comercio un inolvidable manual sobre cómo ha de ganarse la oligarquía financiera a la clase obrera para neutralizar sus inclinaciones revolucionarias:

«Se ha dicho señores, que soy un enemigo de los capitales y si ustedes observan lo que les acabo de decir, no encontrarán ningún defensor, diríamos, más decidido que yo, porque sé que la defensa de los intereses de los hombres de negocios, de los industriales, de los comerciantes, es la defensa del mismo Estado. No se asusten de mi sindicalismo, nunca mejor que ahora estará seguro el capitalismo, ya que también lo soy, porque tengo estancia y en ella operarios. (...) Lo que quiero es organizar estatalmente a los trabajadores para que el Estado los dirija y les marque rumbos, de esa manera se neutralizarán en su seno las corrientes ideológicas y revolucionarias que pueden poner en peligro nuestra sociedad capitalista de posguerra. Por eso creo que si yo fuera dueño de una fábrica no me costaría ganarme el afecto de mis obreros con una obra social realizada con inteligencia. Muchas veces se logra con el médico que va a casa de un obrero que tiene un hijo enfermo; con un pequeño regalo en un día particular; o el patrón que pasa y palmea amablemente a sus hombres y les habla de cuando en cuando, así como lo hacemos nosotros con nuestros soldados». (Juan Domingo Perón; Discurso de la bolsa de comercio, 25 de agosto de 1944)

¡Burgueses del mundo, aprendan! ¡Es más fácil manejar a los obreros y hacer que no dejen de producir otorgándoles ciertos derechos, que cometer el torpe error de despreciarlos en público, siendo tozudos y desatendiendo sus reivindicaciones económicas! Con esto, Perón venía a decir a la burguesía, que si actuaba con astucia, y gracias a unas cuantas migajas, podría obtener la paz social, pues el proletariado estaría contento, sumiso, por lo que apoyaría su política e incrementaría la producción, incluso querría a los líderes burgueses. Obviamente estos cálculos no eran del todo correctos, puesto que como veremos más adelante, otorgar dichas concesiones depende del contexto político-económico nacional e internacional, crea tiranteces entre el gobierno y las capas de la burguesía que siempre buscan el máximo beneficio, y además media el trabajo de los revolucionarios para desmontar la insuficiencia e hipocresía de dichas reformas. Pero, por el momento, el peronismo contaba con una coyuntura internacional favorable, un superávit económico tras su papel de proveedor durante la guerra y, además, podía contar con la tranquilidad de ver que ni los comunistas, anarquistas o socialistas tenían intención o poder como para alterar la paz social seriamente.

viernes, 19 de febrero de 2021

El peronismo pese a su discurso «revolucionario» fue el gobierno de la patronal; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«En el ámbito interno, lo más llamativo fue que el gobierno reaccionario argentino, surgido del golpe de Estado del 4 de junio de 1943, se atrevió a disolver los sindicatos como el CGT Nº2 –dominado por socialistas y comunistas–, permitiendo mantener a la sindical más afín a la patronal, la CGT N.º 1, y estableciéndose los primeros nexos entre el régimen militar y una sindical única, base de lo que luego sería el peronismo, caracterizado por el fuerte control del sindicato único y la represión de las disidencias. 

«El PC caracterizó el golpe, en el momento, como pro-fascista y reaccionario. La embestida anticomunista del gobierno se evidenció de inmediato, a los días se produjo el cierre del diario La Hora y luego de una reunión del ministro del Interior con los dirigentes socialistas de la CGT Nº2, Francisco Pérez Leirós y Ángel Borlenghi, con quienes compartían la dirección, se ordenó su disolución. A ello sobrevino la detención de los principales dirigentes sindicales comunistas entre los que se encontraron José Peter, Pedro Chiarante, Luis Fiori, Salvador Dell´Aquila y Jorge Michellón. Las declaraciones del ministro del Interior Gilbert sobre la destrucción de las organizaciones comunistas y el decreto de reglamentación de las asociaciones profesionales posibilitaron por un lado, que el gobierno se hiciera con el control de los sindicatos y, por otro lado, que la ahora única CGT pudiese absorber a todo el gremialismo». (Diego Ceruso y Silvana Staltari; El Partido Comunista argentino y su estrategia sindical entre 1943 y 1946, 2018)

El cargo más importante para Perón en este gobierno fue, sin duda, la Secretaría de Trabajo de la Nación, desde la que impulsó alguna de las reivindicaciones históricas del sindicalismo argentino para ganarse su confianza, configurando el clásico discurso de que, más allá de las ideologías, hay que tratar de buscar el equilibrio entre las partes para lograr un bienestar social de los ciudadanos de la nación; es decir, basaba su discurso en el reformismo, en un cristianismo social mezclado con el sindicalismo amarillo patronal:

«Pienso que el problema se resuelve de una sola manera: obrando conscientemente para buscar una perfecta regulación entre las clases trabajadoras, medias y capitalistas, procurando una armonización perfecta de fuerzas, donde la riqueza no se vea perjudicada, propendiendo por todos los medios a crear un bienestar social, sin el cual la fortuna es un verdadero fenómeno de espejismo que puede romperse de un momento a otro. Una riqueza sin estabilidad social puede ser poderosa, pero será siempre frágil, y ese es el peligro que, viéndolo, trata de evitar por todos los medios la Secretaría de Trabajo y Previsión. (...) Hasta ahora estos problemas han sido encarados por una verdadera lucha. Yo no creo que la solución de los problemas sociales esté en seguir la lucha entre el capital y el trabajo. Ya hace más de sesenta años, cuando las teorías del sindicalismo socialista comenzaron a producir sus frutos en esa lucha, opiniones extraordinariamente autorizadas, como la de Mazzini y la de León XIII, proclamaron nuevas doctrinas, con las cuales debía desaparecer esa lucha inútil». (Juan Domingo Perón; Discurso de la bolsa de comercio, 25 de agosto de 1944)

sábado, 6 de febrero de 2021

Los orígenes y prestamos reaccionarios del peronismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

[Post originalmente publicado en 2021. Reeditado en 2025]

«Su estilo de gobierno, muy a la manera del típico caudillo, con un sabor añadido que recuerda a Italia o España, por lo que [a los trabajadores] no les dio motivo de alivio. Sin embargo, los trabajadores encontraron en Perón un campeón, y estaban dispuestos a perdonar su estilo dictatorial.

Perón añadió otro ingrediente: la veneración mística y casi religiosa de su esposa Evita. Fue la Suma Sacerdotisa del peronismo durante su vida con Perón, y se convirtió en santa en la religión del peronismo después de su muerte en 1952. Si bien la imagen de Perón comenzó a desvanecerse en sus últimos años de gobierno, la de ella permaneció intacta.

Para el momento de su derrocamiento en 1955, Perón había polarizado al pueblo argentino. Muchos lo odiaban y lo injuriaban, otros lo adoraban. Una sucesión de gobiernos que siguió, sufriendo en parte de sus errores económicos y excluyendo sistemáticamente a sus seguidores de la política, hizo que la era de Perón luciera cada vez más buena. Así, algunos se olvidaron poco a poco de los excesos de Perón en la nostalgia de los buenos tiempos de su gobierno y en la veneración del hombre mismo.

Ha evolucionado desde sus inicios fascistas hasta convertirse en un movimiento que encarna una variedad de filosofías, algunas de las cuales recuerdan a los primeros días, pero la mayoría de naturaleza más izquierdista. (...) Una ideología más pragmática que precisa. (...) Afirma ser anticomunista, pero muchos de sus miembros jóvenes tienen cierto matiz marxista-leninista. Afirma que no es fascista, sin embargo, entre los adherentes más antiguos hay una corriente significativa de fanatismo ultranacionalista de derecha. Unido a esta vaga filosofía política está el misticismo religioso del movimiento y la adulación de Perón, que le otorga un cierto aura de infalibilidad». (CIA; Memorándum: Peronismo en el poder, Washington, 21 de junio de 1973)

Antes que nada, empecemos por el principio. ¿De dónde proviene el peronismo? Juan Domingo Perón, aún con el rango de capitán en el ejército argentino, había colaborado con tesón en el golpe militar del 6 se septiembre de 1930, este que vendría a derrocar el gobierno de la Unión Cívica Radical (UCR) de Hipólito Yrigoyen. Para ser justos, este gobierno estaba inmerso en una recesión mundial, era golpeado por los escándalos de corrupción y pese a las promesas de «soberanía nacional», Argentina seguía anclada en una dependencia externa cada vez mayor del imperialismo británico y estadounidense. Esto condujo al desencantamiento progresivo de los trabajadores con el radicalismo, que además tuvieron que sufrir la feroz represión cuando se atrevían a levantar la voz. Sobre esto último, no solo nos estamos refiriendo a episodios conocidos mundialmente como la Semana trágica de 1919, sino también a las milicias del radicalismo del Klan, incluso la permisión del gobierno a la actuación de las milicias paramilitares ultrarreacionarias, como la Liga patriótica, que causaban verdaderos estragos entre comunistas, socialistas y anarquistas. Yrigoyen era la prueba palpable de la bancarrota del reformismo de la «burguesía progresista».  

martes, 13 de octubre de 2020

El discurso colonialista de Reconstrucción Comunista en el «Día de la Raza»; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


[Publicado originalmente en 2020 y reeditado en 2021]

«Roberto Vaquero: Ese chovinismo nacional, Jaime, ¿quién lo ha cogido y la intentado imponerlo? Yo creo que fue la dictadura, durante el régimen de Franco, pero a día de hoy está superado, sobre todo en la historiografía». (Formación Obrera; DEBATE - ¿Leyenda Negra española?, 7 de octubre de 2021)

Mientras el señor Vaquero asegura que el chovinismo nacional está superado en el ámbito histórico, él repite una y otra vez los dogmas del mismo confundiéndose con los grupos más reaccionarios. Pero eso lo veremos más adelante, primero comencemos observando qué se conmemora en el famoso 12 de octubre. Como ya explicamos en su día, el nacionalismo español, por sus características propias, tuvo que rechazar las tesis raciales. En cambio, propuso una teoría más sutil –aunque igualmente idealista y estúpida– para justificar sus andanzas:

«Para que nuestro lector compruebe la catadura del veneno nacionalista, veamos la otra cara de la moneda. Comparemos ahora el nacionalismo catalán con otro nacionalismo cavernario, el español, más concretamente el del movimiento fascista de los años 30 y 40.

«Al hablar nosotros de raza, nos referimos a la raza hispana, al genotipo ibérico, que en el momento cronológico presente ha experimentado las más variadas mezclas a causa del contacto y relación con otros pueblos. Desde nuestro punto de vista racista, nos interesan más los valores espirituales de la raza, que nos permitieron civilizar tierras inmensas e influir intelectualmente sobre el mundo. De aquí que nuestro concepto de la raza se confunda casi con el de la «hispanidad». (...) No podemos los españoles hablar de pureza del genotipo racial, menos quizás que otros pueblos, pues las repetidas invasiones que ha experimentado la península han dejado sedimento de variadísimos genotipos. (...) La política racial tiene que actuar en nuestra nación sobre un pueblo de acarreo, aplebeyado cada vez más en las características de su personalidad psicológica, por haber sufrido la nefasta influencia de un círculo filosófico de sectarios, de los krausistas, que se han empeñado en borrar todo rastro de las gloriosas tradiciones españolas. (...) Signos distintivos de los bandos en lucha serán, aristocracia en el pensamiento y sentimiento de los caballeros de la Hispanidad; plebeyez moral en los peones del marxismo. (...) Agradezcamos al filósofo Nietzsche la resurrección de las ideas espartanas acerca del exterminio de los inferiores orgánicos y psíquicos, de los que llama «parásitos de la sociedad». La civilización moderna no admite tan crueles postulados en el orden material, pero en el moral no se arredra en llevar a la práctica medidas incruentas que coloquen a los tarados biológicos en condiciones que imposibiliten su reproducción y transmisión a la progenie de las taras que los afectan». (Antonio Vallejo-Nájera; Eugenesia de la Hispanidad y regeneración de la raza, 1937)

viernes, 2 de octubre de 2020

Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre ideológica; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

«Nosotros cuando hemos comentado que RC no puede tener cabida dentro del antifascismo y debe ser rechazado –como ya ha sido vetado en varios lugares como universidades o agrupaciones antifascistas–, no es porque tenga unas concepciones erradas de cómo combatir al fascismo, ni porque sean unos revisionistas más del montón –ya que esto lo pueden reproducir varias corrientes y grupos–, sino porque han sido denunciado sistemáticamente desde asociaciones vecinales, feministas, organizaciones antifascistas, grupos revisionistas o exmilitantes por haber vertido calumnias y haber acosado hasta el punto de cometer agresiones. Esto no ha sido un episodio anecdótico, un error de algún jefe local, o algún malentendido, sino una constante desde su fundación y breve historia. Por tanto, consideramos que un grupo que pretende conquistar la confianza de los trabajadores a base de la intimidación y el terrorismo hacia otros colectivos o individuos, donde la violencia es su principal carta de presentación como «método de persuasión», no puede ser más que tachado de fascista, se presente bajo las siglas o símbolos que sean». (Equipo de Bitácora (M-L); Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista, 2020)


Preámbulo

Desde 2016 hemos denunciado ideológicamente a la organización Reconstrucción Comunista (RC) por sus múltiples desviaciones, todo con el objetivo de evidenciar ante su militancia y el público en general el carácter antimarxista y oportunista de su cúpula y por ende la agrupación en su conjunto. 

En los últimos años, la dialéctica de los acontecimientos nos ha dejado ver diferentes fenómenos muy interesantes; teniendo que hacer especial hincapié en dos de ellos:

1) La organización cambia de parecer sobre temas ideológicos de importancia con una periodicidad alarmante, a la par que claman al cielo que los «principios vencen». Si sumamos esto a su cíclica pérdida de militantes que dejan tras de sí una serie de testimonios sobre el funcionamiento interno de la organización, podemos llegar a concluir que el número de personas serias a las que son capaces de embaucar no deja de disminuir. Esto es, pues, un excelente indicador de que RC está perdiendo el poco apoyo que alguna vez pudo tener entre los revolucionarios más avanzados. Por ende, la única conclusión lógica que se puede extraer de lo anterior es que a RC solo le queda aspirar a reponer sus pérdidas a partir de «levas masivas» formadas por los elementos más incautos, oportunistas o volubles, ya que sus actitudes no pillan de sorpresa a nadie un poco instruido.

2) Cada vez más militantes y exmilitantes se atreven a alzar la voz contra el líder de esta organización, Roberto Vaquero –alias Juan Mesana–, como se puede corroborar gracias a los testimonios que han salido a la luz. Del mismo modo, más asociaciones antifascistas de todo tipo repudian las actitudes de RC, lo que está haciendo que su presencia en ciertos espacios sea insostenible, pues la mayoría de grupos y organizaciones de izquierda consideran que RC es una organización más cercana a los fascistas de Hogar Social que a los verdaderos comunistas.

La publicación de varias cartas de exmilitantes de RC que habían sido ocultadas a la militancia y al público general desatarán una ola de polémica que clarificará la verdad sobre la historia de RC, a la que asistiremos gustosos como espectadores de lujo. Además, el «Equipo de Bitácora (M-L)» ha podido entrevistar personalmente a varios exmiembros de la organización, cuyas aportaciones, junto a la de las cartas ya citadas, no solo confirman lo dicho en nuestros documentos previos sobre RC, sino que suponen una gran ampliación de la información que podemos aportar. 

Huelga decir que el «Equipo de Bitácora (M-L)» no se hace responsable de las opiniones vertidas por sus entrevistados ni por las cartas en cuestión, sino únicamente por sus propias palabras, que siempre estarán basadas en una crítica ideológica y nunca personal. A nosotros nos es indiferente la persona de Roberto Vaquero, pero no tendremos piedad con el aspirante a político demagogo, ni con el charlatán que pretende vivir a costa de los demás en nombre del comunismo.