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miércoles, 25 de marzo de 2026

La época de las «desapariciones» no empezó con Videla, sino con Perón; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«Durante los últimos tres años, más de 2.000 argentinos han muerto como resultado de la violencia política. El mayor número de estas muertes fueron causadas por terroristas de izquierda y derecha. Los terroristas de izquierda en particular hicieron de la policía, los oficiales del ejército y otros funcionarios del gobierno uno de sus principales objetivos. Los terroristas de derecha, en cambio, han dirigido su fuego contra estudiantes de izquierda, dirigentes sindicales, congresistas y personas simpatizantes de las causas de izquierda en general. Del lado del gobierno, hay evidencia que indica que, frente a la violencia subversiva a gran escala, la policía y los oficiales del ejército han recurrido en ocasiones a ejecuciones extralegales, detenciones y encarcelamientos durante largos períodos y torturas a presuntos terroristas. (...) En cuanto a la libertad de expresión, el gobierno federal ha cerrado en los últimos tres años casi una veintena de publicaciones de extrema izquierda y derecha del espectro político». (CIA; Aerograma A-32 de la Embajada en Argentina al Departamento de Estado, Buenos Aires, 9 de marzo de 1976)

El gobierno peronista, en sus distintos mandatos, ya practicaba las desapariciones con todo aquel que se dijera comunista o mínimamente contrario a sus postulados. Véase el «caso Bravo», referido a Ernesto Mario Bravo, quién fue secuestrado y torturado en 1951; el caso de Juan Ingalinella, secuestrado y asesinado en 1955, o el abogado comunista Guillermo Kehoe, tiroteado por las bandas peronistas en 1964. En el primer gobierno peronista ya existía la llamada «Sección Especial», un cuerpo encargado de la represión concreta del comunismo, como orgullosamente proclamaban en sus discursos. Las campañas de propaganda anticomunista no tenían nada que envidiar a las del maccarthysmo en EEUU o a las del franquismo en España. Recomendamos el visionado de los vídeos anticomunistas de la época peronista recogidos en el documental de Eduardo Meilij: «Permiso para pensar» de 1989.

jueves, 22 de junio de 2023

La base económica capitalista del sistema peronista y el mito de la «planificación» económica; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«Para quien se inicia en el estudio económico e histórico desde el marxismo, el caso de Perón puede resultarle complejo de entender, dado que ciertas medidas económicas de este copiaron, nominalmente, a las del socialismo, particularmente a la Unión Soviética. Estas medidas del peronismo fueron sus «Planes Quinquenales» y nacionalizaciones, que si uno no atiende a los hechos reales que subyacen a tales medidas y sus consecuencias, podría confundirlas fácilmente con medidas progresistas y racionales. Sin embargo, como veremos, estas medidas no fueron más allá de los límites de la economía capitalista. En este capítulo expondremos los mitos de la planificación económica peronista, poniendo al desnudo su carácter de clase capitalista, y compararemos esta «planificación» con las medidas socialistas en la Unión Soviética, de modo que no quede lugar a dudas al lector sobre la diferencia entre los dos sistemas.

Por ejemplo, si seguimos el caso de las nacionalizaciones, lo cierto es que estas, por sí mismas, no nos dicen nada de su carácter; pues este va a depender de los intereses con los que se realiza dicha nacionalización. Es decir, ¿qué clase impulsa y dirige la nacionalización? ¿Qué propósitos persigue la intervención estatal en la economía? La historia está llena de ejemplos de cómo la nacionalización de empresas y sectores económicos se realiza por los propios intereses de la burguesía, y en esto el peronismo es uno de esos ejemplos cuyas políticas no fueron en beneficio de la clase obrera, como se ha querido inducir a pensar, sino todo lo contrario. De hecho, medidas como la nacionalización de empresas se hicieron bajo la lógica de políticas burguesas ya planteadas de forma previa a la llegada al poder del peronismo. 

A principios del siglo XX, la burguesía argentina ya había intentado aprovechar los años de bonanza y la buena coyuntura internacional para trazar planes que pasaban por una cierta industrialización, creación de «viviendas populares» y expansión de la educación. El objetivo de estos planes era aumentar su cuota de mercado y reducir la dependencia de las mercancías procedentes de los imperialismos occidentales, así como calmar y atraer a las capas trabajadoras más empobrecidas, alejándolas del comunismo y asegurando la formación de la futura mano de obra. Veamos algunos ejemplos de esto:

martes, 14 de febrero de 2023

¿Era Perón un representante del fascismo a la argentina?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


«El justicialismo y el falangismo son la misma cosa separados solo por el espacio por eso me halagan sus palabras de falangista que, para nosotros, suenan a camaradería». (Juan Domingo Perón; Carta a Rafael García Serrano, 21 de diciembre de 1963)

¿Era Perón fascista? Bueno, para empezar a desglosar la pregunta del millón habría que responder antes a lo siguiente: ¿qué podemos considerar fascismo? Para ello, el lector debe remitirse a otro artículo donde nos explayamos sobre el tema. Véase el capítulo: «Aclaraciones sobre el fascismo desde un auténtico punto de vista marxista-leninista» (2017).

En cualquier caso, Perón, en una autobiografía, no tendría ningún problema en mostrar su admiración por las figuras y obras fascistas:

«No me hubiera perdonado nunca al llegar a viejo, el haber estado en Italia y no haber conocido a un hombre tan grande como Mussolini. Me hizo la impresión de un coloso cuando me recibió en el Palacio Venecia. No puede decirse que fuera yo un bisoño y que sintiera timidez ante los grandes hombres. Ya había conocido a muchos. Además, mi italiano era tan perfecto como mi castellano. Entré directamente en su despacho donde estaba él escribiendo; levantó la vista hacia mí con atención y vino a saludarme. Yo le dije que, conocedor de su gigantesca obra, no me hubiera ido contento a mi país sin haber estrechado su mano. (…) Hasta la ascensión de Mussolini al poder, la nación iba por un lado y el trabajador por otro. (…). Yo ya conocía la doctrina del nacionalsocialismo. Había leído muchos libros acerca de Hitler. Había leído no solo en castellano, sino en italiano Mein Kampf». (Torcuato Luca de Tena, Juan Domingo Perón, Luis Calvo, Estebán Peicovich; Yo, Juan Domingo Perón: relato autobiográfico, 1976)

Como ya dijimos, Ibarguren, el ideólogo del golpe de Estado de Uriburu, otro admirador confeso de Mussolini y Hitler, se adhirió tiempo después al peronismo como propagandista. Véase la obra de Carlos Ibarguren: «El sistema económico de la revolución» (1946). De las variadas dictaduras militares que asolaron Argentina en el siglo XX, ninguna se acercaba remotamente a la «pureza» de los esquemas de los movimientos fascistas de Europa, pero si hubo un movimiento cercano a la idiosincrasia fascista este fue, sin duda, el peronismo. La admiración de Perón hacia el fascismo no solo fue manifiesta ni quedó en una simple simpatía, sino que su doctrina cumplía con varios de los rasgos fundamentales del fascismo tanto en lo relativo al papel de los sindicatos, su forma de concebir el pensamiento religioso, la relación entre masas y líder como su admiración por la violencia irracional, su hondo anticomunismo, su orgulloso chovinismo nacional, etcétera. Véase el capítulo: «Los reaccionarios orígenes del peronismo» (2021).

Los peronistas de «izquierda» y otros «marxistas» han tratado de salvar a su ídolo argumentando que Perón no podía ser fascista o amigo de estos, ¿por qué? Según ellos, porque era imposible que en Argentina hubiera fascismo, ya que esta denominación no correspondía al nivel de desarrollo de las fuerzas productivas del país sudamericano. Sin embargo, estos «grandes teóricos sobre el fascismo» deberían revisar la propia historia del siglo XX, ya que no era necesario que un país alcanzara una cuota máxima de concentración económica, de monopolismo, para que una figura política fuese fascista y tomase el poder. Estos esquemáticos y amantes de la teoría menchevique de las fuerzas productivas deberían observar los gobiernos fascistas o semifascistas que se establecieron en España o en cualquiera de los países de Europa del Este, como Polonia antes de la Segunda Guerra Mundial, los cuales no solo dependían en parte del capital extranjero, sino que incluso tenían rasgos semifeudales. Por lo demás, también harían bien en saber que Argentina no era precisamente un país atrasado, sino uno de los países con mayor auge económico a principios del siglo XX. Esto corrobora que los conocimientos históricos y económicos de estos analistas son escasos cuando no directamente nulos.

Otros aluden a que el peronismo no podía representar las aspiraciones del fascismo en Argentina porque, por un lado, algunos sectores tradicionales no fascistas se unieron a él, mientras otros se oponían directamente al fascismo, haciendo al peronismo un movimiento heterogéneo e incluso antifascista. Además, argumentan que el justicialismo o peronismo no se reconocía de forma abierta como un movimiento fascista. Sin embargo, olvidan que precisamente la mayoría de movimientos fascistas de la época también absorbieron a figuras y escisiones de todo tipo: antiguos monárquicos, católicos, socialistas, radicales, liberales o comunistas, del mismo modo que pasaron de la admiración al progresivo distanciamiento del «fascio» italiano, no queriendo aparecer ante sus huestes como una mera copia de un referente que, si bien admiraban, no dejaba de ser un modelo extranjero. Ergo, dar este tipo de explicaciones es ignorar cómo se ha configurado el fascismo y cómo se ha desarrollado para acceder –o mantenerse– en el poder:

jueves, 10 de junio de 2021

La responsabilidad del Partido Comunista de Argentina en el ascenso del peronismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

[Post publicado originalmente en 2021. Reeditado en 2025]

«En lenguaje político, el término «izquierda» y «derecha» se utilizaban respectivamente para mostrar una posición más progresista o conservadora respecto a una ideología o postura concreta. Dentro del marxismo el binomio «izquierda» o «derecha» también se ha utilizado, pero ha de saberse el qué se está a la izquierda o derecha y respecto a qué, por ejemplo, la socialdemocracia estaría más a la izquierda que el liberalismo, pero más a la derecha que el anarquismo. Esto no son sino conceptos del lenguaje, herramientas que nos ayudan a comprender mejor ciertas realidades. Así, cuando desde el marxismo, por ejemplo, se habla de desviación de «izquierda» o de «derecha», normalmente se refiere a algo que se escora fuera del marxismo y su eje central. Generalmente, cuando se habla de «desviaciones derechistas» nos referimos a concesiones ideológicas hacia el enemigo, a su adaptación, a pecar de una relajación de la disciplina individual o de grupo. Por contra, cuando hablamos de «desviaciones izquierdistas» solemos referirnos a maximalismos de o todo o nada, a cuando se intenta encajar mecánicamente una situación del pasado con una actual que no tiene nada que ver, a no saber calibrar nuestras fuerzas y las del contrario, etc. Es cierto que la primera se suele identificar con el reformismo y el posibilismo político, mientras la segunda casa mejor con el anarquismo y el aventurerismo. Pero huelga decir que quien conozca al anarquismo sabrá lo poco disciplinado que es, así como cualquiera que sepa cómo se las gastan en las filas reformistas reconocerá que el exceso de optimismo bien puede ser una de sus señas perfectamente. Conclusión: ningún movimiento político es plenamente de «izquierda» o «derecha» en lo ideológico; ningún grupo pseudomarxista sufre solo de desviaciones «izquierdistas» o «derechistas», aunque, como en todo, se tiende más hacia uno u otro». (Equipo de Bitácora (M-L); Fundamentos y propósitos, 2021)

Una vez analizado lo que ha sido y es el peronismo, ¿significa que debemos pasar a apoyar y reivindicar automáticamente la línea conductora del Partido Comunista de Argentina (PCA) en cualquiera de sus etapas? En absoluto. Precisamente este es un partido que hay que examinar y «coger con pinzas» observando sus posicionamientos históricos, que en muchas cuestiones son más que cuestionables. Por mucho que profesase su adhesión a la Internacional Comunista (IC) y jurase fidelidad a los principios del marxismo-leninismo, la línea del PCA siempre fue de dudosa certeza, algo que, en ocasiones, porque no reconocerlo, también puede decirse de la IC. Esto es precisamente lo que nos diferencia a nosotros de los trotskistas, maoístas o peronistas. Nosotros no creemos que la autocrítica personal o la objeción hacia el líder predilecto sea como tirar piedras a nuestro propio tejado, un pecado que suponga la directa excomunión, sino que, muy por el contrario, es una obligación innegociable si de verdad deseamos hacer algo medianamente productivo para la causa. 

En este documento no señalaremos los avances o retrocesos que supuso el PCA en relación con las viejas organizaciones obreras de Argentina, sino que nos centraremos en sus errores más manifiestos, sobre todo, en relación con el peronismo. Esto debe ser así, pues debemos ser implacables con un partido como este: uno que como podremos comprobar sin trampa ni cartón sufrió graves deficiencias y nunca logró bolchevizarse. De hecho, a diferencia de otras secciones de la IC, dudosamente se puede decir que haya un «periodo dorado» de este partido argentino, lo que ya predice qué nos vamos a encontrar de aquí en adelante. Asimismo, intentaremos no perder de vista el contexto internacional en el movimiento comunista para intentar explicar al lector que lo que le ocurrió al PCA lamentablemente fue más común de lo que se puede creer a priori.

jueves, 11 de marzo de 2021

El asistencialismo, demagogia y el culto al líder como pilares fundamentales del régimen peronista; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


«Un hito característico el peronismo fue el aprobar el voto femenino, pero relegando a la mujer al hogar y a la devoción por Perón:

«El primer objetivo de un movimiento femenino que quiera hacer bien a la mujer… que no aspire a cambiarlas en hombres, debe ser el hogar. Nacimos para constituir hogares. No para la calle». (Eva Perón; La razón de mi vida, 1951)

Es curioso que el feminismo argentino contemporáneo reivindique la política del justicialismo de Perón Evita, ya que, por ejemplo, en el último gobierno de Perón:

«A inicios de 1974 Perón puso importantes límites al acceso de la pastilla anticonceptiva: pasó a regularse su comercialización, exigiendo para su venta una receta por triplicado, y se suspendió su distribución. Los consultorios de Planificación Familiar que funcionaban en los hospitales fueron cerrados, prohibiendo las actividades vinculadas con el control de la natalidad en los espacios públicos. Esto estaba en línea con la encíclica Humanae Vitae lanzada en 1968 por el Papa Pablo VI que prohibía el uso de anticonceptivos. Incluso las vertientes más «de izquierda» de la Iglesia como el movimiento de curas tercermundistas que radicalizó su accionar en los 70, tuvieron una posición conservadora en relación a los derechos de las mujeres». (Izquierda Diario; Peronismo y feminismo en la historia: mitos y verdades, 4 de marzo de 2020)

Una de las claves para mantener el apoyo popular al peronismo fue la Fundación Eva Perón. Fundada en 1948, ésta constituyó la base del asistencialismo en Argentina –en el caso de Eva, bajo la falsa modestia tan típica del cristianismo, en especial del jesuita–, siendo este uno de los puntos que unen al peronismo con su populismo:

«¿Qué es el populismo? Si nos plegamos a sus raíces etimológicas tendríamos que comprenderlo como relativo a pueblo; pero resulta evidente que los términos evolucionan en su contenido y significado y se alejan de sus raíces. Dicho esto, y a efectos de este espacio, populismo es aquella «estrategia» en el marco del ejercicio del poder –como gobernante o como opositor– bajo la dictadura de la burguesía ya sea en su forma democrático burguesa o en su forma fascista que es indisoluble a la demagogia, el pragmatismo y el oportunismo. Su función principal es enmascarar el verdadero sentido de las políticas que tienen por objeto el fortalecimiento de la clase en el poder pero justificadas en un «pretendido bien superior»; por ejemplo y el más común: «el bien general del pueblo»; dicho de otro modo, su objetivo es la alienación de las masas.

Vale decir que el populismo no es una característica exclusiva de la izquierda burguesa –revisionista, reformista, etc.–, sino de todo el espectro político burgués, su cara visible es el asistencialismo-caritativo; por ejemplo: el ultraderechista Álvaro Uribe desarrolló en Colombia programas de asistencia escolar, merienda escolar, programas de vivienda, etc., al tiempo que profundizaba el vaciamiento de contenido de los derechos económico-políticos a través de la extinción de los derechos laborales, etc. El mismo procedimiento emplean los gobernantes de izquierda burguesa en Latinoamérica que engañan a los pueblos diciendo que ese asistencialismo es un embrión del socialismo, cuando se trata del capitalismo de siempre. Lo esencial a comprender es que esta estrategia, allá donde se ejerce, tiene como finalidad aminorar las «condiciones objetivas» que conduzcan a procesos revolucionarios proletarios; al tiempo que con la propaganda reducen las «condiciones subjetivas». Es decir, es un mecanismo destinado a prolongar artificialmente al capitalismo en crisis, no obstante, a veces se desarrolla con objetivos meramente cosméticos, los ejemplos más oportunos son los «programas sociales» de las entidades empresariales monopólicas. El fascismo también ha utilizado de forma constante el populismo, sobre todo desde la oposición política –a veces sirviendo como trampolín al poder–. Lo ha hecho apoyándose en casos de corruptelas del gobierno burgués de turno –jurando que ellos acabarían con esa corrupción–, de humillaciones nacionales de la Patria por otras potencias –jurando restablecer ante el pueblo el «honor nacional»–, pretendiendo sentir repulsa por los «abusos de las clases altas» –clamando su fin– y queriéndose proclamar siempre como una «tercera vía» entre los «abusos de las clases altas» hacia el pueblo y el radicalismo y ateísmo del marxismo que quiere destruir a las clases altas como tal –hablamos de «clases altas» y no de clases explotadoras, siguiendo el hilo de que los fascistas no reconocen los análisis marxistas sobre la plusvalía y no ven explotación en el sistema capitalista–, elementos que desembocan en engañar a las masas trabajadoras, distraerlas y desviarlas de la revolución». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico: Populismo, 2015)

¿Qué decir de la propaganda peronista? Es imposible no mencionar las frases ridículas que formaban parte del temario impartido en las escuelas, como «Mama y Papa nos aman, Perón y Evita nos aman», «¡La vida por Perón!» o el «¡Perón y todos de pie, carajo!» que aún a día de hoy quedaron alojados en la «memoria colectiva».

martes, 2 de marzo de 2021

El peronismo como caballo de troya de la burguesía para desactivar el movimiento obrero; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


«Como Perón reconocía, su objetivo económico y, por tanto, político no era otro que desactivar las luchas del movimiento obrero que, en cierta medida, ya empezaban a notar la influencia de los comunistas y otros grupos «subversivos» del orden:

«Yo llamo a la reflexión a los señores para que piensen en manos de quien estaban las masas obreras y cuál podía ser el porvenir de esas masas, que en un crecido porcentaje estaban en manos de los comunistas. (...) Un objetivo inmediato del gobierno ha de ser asegurar la tranquilidad social del país, evitando por todos los medios un posible cataclismo de esta naturaleza [la revolución], ya que si se produjera de nada valdrían las riquezas acumuladas, los bienes poseídos, ni los campos, ni los ganados». (Juan Domingo Perón; Discurso de la bolsa de comercio, 25 de agosto de 1944)

El «gran Coronel Perón» enseñó al público de la bolsa de comercio un inolvidable manual sobre cómo ha de ganarse la oligarquía financiera a la clase obrera para neutralizar sus inclinaciones revolucionarias:

«Se ha dicho señores, que soy un enemigo de los capitales y si ustedes observan lo que les acabo de decir, no encontrarán ningún defensor, diríamos, más decidido que yo, porque sé que la defensa de los intereses de los hombres de negocios, de los industriales, de los comerciantes, es la defensa del mismo Estado. No se asusten de mi sindicalismo, nunca mejor que ahora estará seguro el capitalismo, ya que también lo soy, porque tengo estancia y en ella operarios. (...) Lo que quiero es organizar estatalmente a los trabajadores para que el Estado los dirija y les marque rumbos, de esa manera se neutralizarán en su seno las corrientes ideológicas y revolucionarias que pueden poner en peligro nuestra sociedad capitalista de posguerra. Por eso creo que si yo fuera dueño de una fábrica no me costaría ganarme el afecto de mis obreros con una obra social realizada con inteligencia. Muchas veces se logra con el médico que va a casa de un obrero que tiene un hijo enfermo; con un pequeño regalo en un día particular; o el patrón que pasa y palmea amablemente a sus hombres y les habla de cuando en cuando, así como lo hacemos nosotros con nuestros soldados». (Juan Domingo Perón; Discurso de la bolsa de comercio, 25 de agosto de 1944)

¡Burgueses del mundo, aprendan! ¡Es más fácil manejar a los obreros y hacer que no dejen de producir otorgándoles ciertos derechos, que cometer el torpe error de despreciarlos en público, siendo tozudos y desatendiendo sus reivindicaciones económicas! Con esto, Perón venía a decir a la burguesía, que si actuaba con astucia, y gracias a unas cuantas migajas, podría obtener la paz social, pues el proletariado estaría contento, sumiso, por lo que apoyaría su política e incrementaría la producción, incluso querría a los líderes burgueses. Obviamente estos cálculos no eran del todo correctos, puesto que como veremos más adelante, otorgar dichas concesiones depende del contexto político-económico nacional e internacional, crea tiranteces entre el gobierno y las capas de la burguesía que siempre buscan el máximo beneficio, y además media el trabajo de los revolucionarios para desmontar la insuficiencia e hipocresía de dichas reformas. Pero, por el momento, el peronismo contaba con una coyuntura internacional favorable, un superávit económico tras su papel de proveedor durante la guerra y, además, podía contar con la tranquilidad de ver que ni los comunistas, anarquistas o socialistas tenían intención o poder como para alterar la paz social seriamente.

viernes, 19 de febrero de 2021

El peronismo pese a su discurso «revolucionario» fue el gobierno de la patronal; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«En el ámbito interno, lo más llamativo fue que el gobierno reaccionario argentino, surgido del golpe de Estado del 4 de junio de 1943, se atrevió a disolver los sindicatos como el CGT Nº2 –dominado por socialistas y comunistas–, permitiendo mantener a la sindical más afín a la patronal, la CGT N.º 1, y estableciéndose los primeros nexos entre el régimen militar y una sindical única, base de lo que luego sería el peronismo, caracterizado por el fuerte control del sindicato único y la represión de las disidencias. 

«El PC caracterizó el golpe, en el momento, como pro-fascista y reaccionario. La embestida anticomunista del gobierno se evidenció de inmediato, a los días se produjo el cierre del diario La Hora y luego de una reunión del ministro del Interior con los dirigentes socialistas de la CGT Nº2, Francisco Pérez Leirós y Ángel Borlenghi, con quienes compartían la dirección, se ordenó su disolución. A ello sobrevino la detención de los principales dirigentes sindicales comunistas entre los que se encontraron José Peter, Pedro Chiarante, Luis Fiori, Salvador Dell´Aquila y Jorge Michellón. Las declaraciones del ministro del Interior Gilbert sobre la destrucción de las organizaciones comunistas y el decreto de reglamentación de las asociaciones profesionales posibilitaron por un lado, que el gobierno se hiciera con el control de los sindicatos y, por otro lado, que la ahora única CGT pudiese absorber a todo el gremialismo». (Diego Ceruso y Silvana Staltari; El Partido Comunista argentino y su estrategia sindical entre 1943 y 1946, 2018)

El cargo más importante para Perón en este gobierno fue, sin duda, la Secretaría de Trabajo de la Nación, desde la que impulsó alguna de las reivindicaciones históricas del sindicalismo argentino para ganarse su confianza, configurando el clásico discurso de que, más allá de las ideologías, hay que tratar de buscar el equilibrio entre las partes para lograr un bienestar social de los ciudadanos de la nación; es decir, basaba su discurso en el reformismo, en un cristianismo social mezclado con el sindicalismo amarillo patronal:

«Pienso que el problema se resuelve de una sola manera: obrando conscientemente para buscar una perfecta regulación entre las clases trabajadoras, medias y capitalistas, procurando una armonización perfecta de fuerzas, donde la riqueza no se vea perjudicada, propendiendo por todos los medios a crear un bienestar social, sin el cual la fortuna es un verdadero fenómeno de espejismo que puede romperse de un momento a otro. Una riqueza sin estabilidad social puede ser poderosa, pero será siempre frágil, y ese es el peligro que, viéndolo, trata de evitar por todos los medios la Secretaría de Trabajo y Previsión. (...) Hasta ahora estos problemas han sido encarados por una verdadera lucha. Yo no creo que la solución de los problemas sociales esté en seguir la lucha entre el capital y el trabajo. Ya hace más de sesenta años, cuando las teorías del sindicalismo socialista comenzaron a producir sus frutos en esa lucha, opiniones extraordinariamente autorizadas, como la de Mazzini y la de León XIII, proclamaron nuevas doctrinas, con las cuales debía desaparecer esa lucha inútil». (Juan Domingo Perón; Discurso de la bolsa de comercio, 25 de agosto de 1944)

sábado, 6 de febrero de 2021

Los orígenes y prestamos reaccionarios del peronismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

[Post originalmente publicado en 2021. Reeditado en 2025]

«Su estilo de gobierno, muy a la manera del típico caudillo, con un sabor añadido que recuerda a Italia o España, por lo que [a los trabajadores] no les dio motivo de alivio. Sin embargo, los trabajadores encontraron en Perón un campeón, y estaban dispuestos a perdonar su estilo dictatorial.

Perón añadió otro ingrediente: la veneración mística y casi religiosa de su esposa Evita. Fue la Suma Sacerdotisa del peronismo durante su vida con Perón, y se convirtió en santa en la religión del peronismo después de su muerte en 1952. Si bien la imagen de Perón comenzó a desvanecerse en sus últimos años de gobierno, la de ella permaneció intacta.

Para el momento de su derrocamiento en 1955, Perón había polarizado al pueblo argentino. Muchos lo odiaban y lo injuriaban, otros lo adoraban. Una sucesión de gobiernos que siguió, sufriendo en parte de sus errores económicos y excluyendo sistemáticamente a sus seguidores de la política, hizo que la era de Perón luciera cada vez más buena. Así, algunos se olvidaron poco a poco de los excesos de Perón en la nostalgia de los buenos tiempos de su gobierno y en la veneración del hombre mismo.

Ha evolucionado desde sus inicios fascistas hasta convertirse en un movimiento que encarna una variedad de filosofías, algunas de las cuales recuerdan a los primeros días, pero la mayoría de naturaleza más izquierdista. (...) Una ideología más pragmática que precisa. (...) Afirma ser anticomunista, pero muchos de sus miembros jóvenes tienen cierto matiz marxista-leninista. Afirma que no es fascista, sin embargo, entre los adherentes más antiguos hay una corriente significativa de fanatismo ultranacionalista de derecha. Unido a esta vaga filosofía política está el misticismo religioso del movimiento y la adulación de Perón, que le otorga un cierto aura de infalibilidad». (CIA; Memorándum: Peronismo en el poder, Washington, 21 de junio de 1973)

Antes que nada, empecemos por el principio. ¿De dónde proviene el peronismo? Juan Domingo Perón, aún con el rango de capitán en el ejército argentino, había colaborado con tesón en el golpe militar del 6 se septiembre de 1930, este que vendría a derrocar el gobierno de la Unión Cívica Radical (UCR) de Hipólito Yrigoyen. Para ser justos, este gobierno estaba inmerso en una recesión mundial, era golpeado por los escándalos de corrupción y pese a las promesas de «soberanía nacional», Argentina seguía anclada en una dependencia externa cada vez mayor del imperialismo británico y estadounidense. Esto condujo al desencantamiento progresivo de los trabajadores con el radicalismo, que además tuvieron que sufrir la feroz represión cuando se atrevían a levantar la voz. Sobre esto último, no solo nos estamos refiriendo a episodios conocidos mundialmente como la Semana trágica de 1919, sino también a las milicias del radicalismo del Klan, incluso la permisión del gobierno a la actuación de las milicias paramilitares ultrarreacionarias, como la Liga patriótica, que causaban verdaderos estragos entre comunistas, socialistas y anarquistas. Yrigoyen era la prueba palpable de la bancarrota del reformismo de la «burguesía progresista».  

miércoles, 25 de abril de 2018

Peronismo, la quintaesencia del populismo, el falso antiimperialismo y del anticomunismo por antonomasia; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«El estudio del peronismo es casi una asignatura obligada para todos los revolucionarios ya que fue la quintaesencia del populismo, el falso antiimperialismo y el anticomunismo. Tarea verdaderamente hercúlea en Argentina, ya que es una cuestión todavía muy arraigada entre la sociedad aún dividida en peronistas y antiperonistas, una tarea que entre los trabajadores todavía está muy pendiente gracias a las ilusiones y conciliaciones que los pretendidos «revolucionarios» argentinos tuvieron con el peronismo hasta sus últimos coletazos –véase el caso de Montoneros, FAR, PRT y otros– con su seguidismo e ilusión con algunos sectores del peronismo en diferentes etapas; y por supuesto también este problema del peronismo ha sido causado debido a la ineficacia de los revolucionarios antiperonistas a la hora enfrentarse al mismo, no siendo capaces de explicar metódicamente su carácter de forma que lo entendiesen los trabajadores. Todo esto fueron consecuencias normales objetivamente hablando, debido a la falta de figuras y organizaciones marxista-leninistas de peso, como pasó y pasa actualmente en otros tantos países con muchas otras tantas cuestiones y mitos.

Tengamos en cuenta que el peronismo ha tenido y sigue irradiando una influencia directa en los movimientos latinoamericanos del siglo XXI. Hemos visto desde Cristina Fernández de Kirchner, Fidel Castro, Hugo Chávez hasta pasando por Macri como gente que se han presentado como peronistas. La base ecléctica y demagógica del peronismo puede ser vista como una especie de maoísmo, donde la «izquierda» y derecha burguesa en Argentina y fuera de ella puede reivindicar y utilizar su discurso indistintamente. He aquí una anécdota que explica el eclecticismo y a la vez la influencia del fenómeno peronista:

«Los 70 años del peronismo se dividen en dos partes exactas: 35 años en el gobierno y 35 años en la oposición. De ellos, 18 años de proscripción y resistencia y 7 en democracia. De los últimos 32 años de democracia, el peronismo gobernó 23; de los seis últimos presidentes, cuatro fueron peronistas. Pero además, hubo siempre varios peronismos, que fueron sedimentando década tras década. Hubo un peronismo «histórico» y tradicionalista, que se combinó –y confrontó- con otro «revolucionario». En los años 60 y 70 esta coexistencia estalló con violencia, con situaciones de verdadera guerra civil. Hubo luego un peronismo «renovador», de tinte socialcristiano, y otro populista que derivó con Menem en neoliberal. Finalmente, el componente populista viró hacia el nacionalismo estatalista con Néstor y Cristina Kirchner. Cada uno de ellos engendró su propia oposición, dentro y fuera de sus amplios perímetros. Hubo así, en cada etapa, un peronismo que se opuso a los peronismos en el poder, de tal modo que ante cada declinación de unos siempre hubo otros que se dispusieron a sucederlos disputando la representación del «verdadero peronismo». Como lo señaló uno de sus principales historiadores, Juan Carlos Torre, «en el peronismo hay un alma permanente y un corazón contingente». De tal modo, el famoso apotegma de Perón, respondiendo a una inquietud periodística mantiene su actualidad: «¿General, cómo se divide el panorama político argentino? Mire, hay un 30% de radicales, lo que Uds. entienden por liberales. Un 30% de conservadores y otro tanto de socialistas. Pero, General, ¿y dónde están los peronistas? ¡Ah, no, peronistas son todos!». (Fabián Bosoer; El 17 de octubre de 1945, 2015)

Nosotros pretenderemos refutar al peronismo contraponiendo su discurso con la práctica, y sobre todo, aclarando todas las cuestiones desde la óptica marxista.

Entre tanto por este panorama, ¿qué servicio «internacionalista» nos brinda el el «Movimiento Político de Resistencia» respecto a esta cuestión tan interesante y apremiante para el movimiento obrero? Pues como siempre hacer un seguidismo a la propaganda de turno, en este caso la peronista, como no podía ser de otro modo. 

«Sin ninguna duda, el gobierno de Perón significó una auténtica revolución, y la importancia de la misma quedó de resalto, cuando la delegación argentina que viajó a la URSS. (...) Pero, ¿qué clase de revolución era esa? Era una revolución burguesa que había desplazado a la vieja y parasitaria oligarquía rural vinculada a los frigoríficos ingleses y al negocio de la carne. Esos frigoríficos manejaban el principal renglón de la economía nacional, y fueron nacionalizados, y en la provincia de Buenos Aires, se crearon los frigoríficos regionales, que pertenecían al estado provincial, y que estaban gestionados por el ministerio de asuntos agrarios como medida de protección a los pequeños ganaderos. Pero, ¿dónde estaba la «izquierda» argentina durante los gobiernos de Perón? Estaba enfrentada al gobierno peronista en un ejercicio de torpeza y ceguera absoluta. La clase obrera estaba masivamente apoyando a Perón y su gobierno y el Partido Comunista Argentino acusaba a Perón de fascista, aplicando categorías impropias de un país dependiente como era Argentina en esos tiempos. Mientras tanto, por la red ferroviaria nacional circulaban trenes arrastrados por las locomotoras soviéticas que llevaban en su frente una estrella roja, que era un emblema de la URSS. Ese era el gobierno fascista de Perón». (Movimiento Político de Resistencia; El proyecto antimperialista de Perón y sus relaciones con la URSS, 9 de enero de 2018)

Lo que nos quedaba por ver de estos señores «revolucionarios»: de los creadores de «Rusia es un bastión antiimperialista» y «Putin no es nacionalista burgués» como vimos [aquí], la nueva película producida por los restos del PCE (r) es seguir el cuento de que «Peron era antiimperialista» y su llegada al poder y sus reformas suponían una aproximación hacia la «revolución» que solo debía ser impulsada para que pudiera ser profundizada. ¡Claro que sí señores! ¡La revolución justicialista como decían los peronistas de izquierda más ilusos! Ahora se entienden todas las vacilaciones que los restos del PCE (r) y sus simpatizantes tienen sobre otras experiencias nacionalistas-burguesas y tercermundistas como el chavismo, el castrismo o el maoísmo, a los cuales siempre han aplaudido sin el más mínimo criticismo, calificándolo de antiimperialista pese a su dependencia y sumisión a todos los imperialismos habidos y por haber.

Aquí se tipifica que Perón y el peronismo era todo eso porque: a) se realizaron nacionalizaciones; b) la delegación fue recibida por Stalin; c) la delegación logró comerciar con la URSS; d) el peronismo no podía ser un movimiento fascista o filofascista porque Argentina no tenía un alto nivel de desarrollo; e) gran parte de la clase obrera seguía a Perón.

Estos clásicos mitos del peronismo sumados a otros nuevos con un tinte pseudorevolucionario contenidos en este extracto que ha publicado el PCE (r), merecen una amplia explicación. Intentaremos que la explicación sea lo más ordenada posible, desglosando los temas en su íntima conexión.