
«El estudio del peronismo es casi una asignatura obligada para todos los revolucionarios ya que fue la quintaesencia del populismo, el falso antiimperialismo y el anticomunismo. Tarea verdaderamente hercúlea en Argentina, ya que es una cuestión todavía muy arraigada entre la sociedad aún dividida en peronistas y antiperonistas, una tarea que entre los trabajadores todavía está muy pendiente gracias a las ilusiones y conciliaciones que los pretendidos «revolucionarios» argentinos tuvieron con el peronismo hasta sus últimos coletazos –véase el caso de Montoneros, FAR, PRT y otros– con su seguidismo e ilusión con algunos sectores del peronismo en diferentes etapas; y por supuesto también este problema del peronismo ha sido causado debido a la ineficacia de los revolucionarios antiperonistas a la hora enfrentarse al mismo, no siendo capaces de explicar metódicamente su carácter de forma que lo entendiesen los trabajadores. Todo esto fueron consecuencias normales objetivamente hablando, debido a la falta de figuras y organizaciones marxista-leninistas de peso, como pasó y pasa actualmente en otros tantos países con muchas otras tantas cuestiones y mitos.
Tengamos en cuenta que el peronismo ha tenido y sigue irradiando una influencia directa en los movimientos latinoamericanos del siglo XXI. Hemos visto desde Cristina Fernández de Kirchner, Fidel Castro, Hugo Chávez hasta pasando por Macri como gente que se han presentado como peronistas. La base ecléctica y demagógica del peronismo puede ser vista como una especie de maoísmo, donde la «izquierda» y derecha burguesa en Argentina y fuera de ella puede reivindicar y utilizar su discurso indistintamente. He aquí una anécdota que explica el eclecticismo y a la vez la influencia del fenómeno peronista:
«Los 70 años del peronismo se dividen en dos partes exactas: 35 años en el gobierno y 35 años en la oposición. De ellos, 18 años de proscripción y resistencia y 7 en democracia. De los últimos 32 años de democracia, el peronismo gobernó 23; de los seis últimos presidentes, cuatro fueron peronistas. Pero además, hubo siempre varios peronismos, que fueron sedimentando década tras década. Hubo un peronismo «histórico» y tradicionalista, que se combinó –y confrontó- con otro «revolucionario». En los años 60 y 70 esta coexistencia estalló con violencia, con situaciones de verdadera guerra civil. Hubo luego un peronismo «renovador», de tinte socialcristiano, y otro populista que derivó con Menem en neoliberal. Finalmente, el componente populista viró hacia el nacionalismo estatalista con Néstor y Cristina Kirchner. Cada uno de ellos engendró su propia oposición, dentro y fuera de sus amplios perímetros. Hubo así, en cada etapa, un peronismo que se opuso a los peronismos en el poder, de tal modo que ante cada declinación de unos siempre hubo otros que se dispusieron a sucederlos disputando la representación del «verdadero peronismo». Como lo señaló uno de sus principales historiadores, Juan Carlos Torre, «en el peronismo hay un alma permanente y un corazón contingente». De tal modo, el famoso apotegma de Perón, respondiendo a una inquietud periodística mantiene su actualidad: «¿General, cómo se divide el panorama político argentino? Mire, hay un 30% de radicales, lo que Uds. entienden por liberales. Un 30% de conservadores y otro tanto de socialistas. Pero, General, ¿y dónde están los peronistas? ¡Ah, no, peronistas son todos!». (Fabián Bosoer; El 17 de octubre de 1945, 2015)
Nosotros pretenderemos refutar al peronismo contraponiendo su discurso con la práctica, y sobre todo, aclarando todas las cuestiones desde la óptica marxista.
Entre tanto por este panorama, ¿qué servicio «internacionalista» nos brinda el el «Movimiento Político de Resistencia» respecto a esta cuestión tan interesante y apremiante para el movimiento obrero? Pues como siempre hacer un seguidismo a la propaganda de turno, en este caso la peronista, como no podía ser de otro modo.
«Sin ninguna duda, el gobierno de Perón significó una auténtica revolución, y la importancia de la misma quedó de resalto, cuando la delegación argentina que viajó a la URSS. (...) Pero, ¿qué clase de revolución era esa? Era una revolución burguesa que había desplazado a la vieja y parasitaria oligarquía rural vinculada a los frigoríficos ingleses y al negocio de la carne. Esos frigoríficos manejaban el principal renglón de la economía nacional, y fueron nacionalizados, y en la provincia de Buenos Aires, se crearon los frigoríficos regionales, que pertenecían al estado provincial, y que estaban gestionados por el ministerio de asuntos agrarios como medida de protección a los pequeños ganaderos. Pero, ¿dónde estaba la «izquierda» argentina durante los gobiernos de Perón? Estaba enfrentada al gobierno peronista en un ejercicio de torpeza y ceguera absoluta. La clase obrera estaba masivamente apoyando a Perón y su gobierno y el Partido Comunista Argentino acusaba a Perón de fascista, aplicando categorías impropias de un país dependiente como era Argentina en esos tiempos. Mientras tanto, por la red ferroviaria nacional circulaban trenes arrastrados por las locomotoras soviéticas que llevaban en su frente una estrella roja, que era un emblema de la URSS. Ese era el gobierno fascista de Perón». (Movimiento Político de Resistencia; El proyecto antimperialista de Perón y sus relaciones con la URSS, 9 de enero de 2018)
Lo que nos quedaba por ver de estos señores «revolucionarios»: de los creadores de «Rusia es un bastión antiimperialista» y «Putin no es nacionalista burgués» como vimos [aquí], la nueva película producida por los restos del PCE (r) es seguir el cuento de que «Peron era antiimperialista» y su llegada al poder y sus reformas suponían una aproximación hacia la «revolución» que solo debía ser impulsada para que pudiera ser profundizada. ¡Claro que sí señores! ¡La revolución justicialista como decían los peronistas de izquierda más ilusos! Ahora se entienden todas las vacilaciones que los restos del PCE (r) y sus simpatizantes tienen sobre otras experiencias nacionalistas-burguesas y tercermundistas como el chavismo, el castrismo o el maoísmo, a los cuales siempre han aplaudido sin el más mínimo criticismo, calificándolo de antiimperialista pese a su dependencia y sumisión a todos los imperialismos habidos y por haber.
Aquí se tipifica que Perón y el peronismo era todo eso porque: a) se realizaron nacionalizaciones; b) la delegación fue recibida por Stalin; c) la delegación logró comerciar con la URSS; d) el peronismo no podía ser un movimiento fascista o filofascista porque Argentina no tenía un alto nivel de desarrollo; e) gran parte de la clase obrera seguía a Perón.
Estos clásicos mitos del peronismo sumados a otros nuevos con un tinte pseudorevolucionario contenidos en este extracto que ha publicado el PCE (r), merecen una amplia explicación. Intentaremos que la explicación sea lo más ordenada posible, desglosando los temas en su íntima conexión.