miércoles, 30 de agosto de 2017

Sobre el cosmopolitismo


«Segundo: ¿Cómo explicaríamos al lector novel que es la tendencia del cosmopolitismo?

Una definición que nos podría servir es esta:

«La ideología del cosmopolitismo surge de la misma manera de la producción de la sociedad burguesa. El cosmopolitismo es la negación del patriotismo, su opuesto. Aboga por la apatía absoluta hacia el destino de la Patria. El cosmopolitismo niega la existencia de las obligaciones morales o civiles de las personas a su nación y patria. La burguesía predica el principio de que el dinero no tiene patria, y que, donde quiera que sea uno puede «hacer dinero», donde quiera uno puede «tener un negocio rentable», aunque no sea su tierra natal. Aquí está la villanía que el cosmopolitismo burgués se llama en ocultar, disfrazar, «ennoblecer» la ideología antipatriótica del burgués-empresario sin raíces, el tendero y el comerciante viajero». (F. Chernov; El cosmopolitismo burgués y su papel reaccionario, 1949)

Y se explica correctamente como el cosmopolitismo burgués y el nihilismo nacional y la cuestión nacional, era una forma ideológica que para el imperialismo servía para anular las luchas de liberación nacional en los países coloniales y semicoloniales, o minar la unidad y estabilidad de los países socialistas intentando restaurar el orden burgués y capitalista:

«El cosmopolitismo burgués moderno es la expresión ideológica de las agresivas políticas imperialistas de la burguesía reaccionaria y de los grandes poderes capitalistas, dirigidas hacia el establecimiento de la dominación mundial. La lucha por la dominación del mundo para la explotación del mundo por un puñado de monopolios capitalistas es algo natural e inevitablemente que resulta de la desigualdad en el desarrollo económico y político del capitalismo en la época del imperialismo. Esta posición leninista muestra los lazos indisolubles de la lucha revolucionaria por el socialismo con la defensa de la soberanía nacional de las naciones. El imperialismo es inseparable de la represión de la soberanía nacional de los pueblos y la opresión nacional monstruosa. En las políticas de la más severa explotación de las naciones oprimidas, en las aspiraciones expansionistas, la burguesía imperialista esconde las primeras fuentes de cosmopolitismo burgués predicando el nihilismo nacional». (F. Chernov; El cosmopolitismo burgués y su papel reaccionario, 1949)

En especial el imperialismo estadounidense era el que más se hacía eco de estas tácticas, de hecho popularizo eslóganes que intentan abolir la cuestión de clase alegando que simplemente debemos considerarnos como «ciudadanos del mundo» y hablando de la necesidad de un «gobierno universal» –bajo su liderazgo por supuesto–. Estos eran métodos encubiertos para lograr sus fines hegemonistas. Términos que no suenan muy lejos de los que hoy utiliza la
burguesía en el caso de la Unión Europea o con el fenómeno de la globalización. Vale apuntar que la ruptura de la «frontera nacional» que procura la burguesía en estos casos está enfocada casi exclusivamente a la libre circulación de capitales y de mercancías; esto demuestra que ese cosmopolitismo solo persigue un afán económico-político de dominación de los pueblos:

«El imperialismo estadounidense, en las condiciones actuales, se revela como el pretendiente para dominar el mundo. Esto explica el hecho de que los ideólogos del imperialismo estadounidense emergen hoy como propagandistas violentos del cosmopolitismo. El presente cosmopolitismo burgués ha sido elegido por el imperialismo estadounidense como arma de lucha ideológica para la dominación mundial. Con la ayuda de la propaganda cosmopolita de América, el imperialismo estadounidense dirige la preparación ideológica para el cumplimiento de su expansionista, aspiraciones agresivas. La ideología del cosmopolitismo burgués sirve como cubierta conveniente para la actividad subversiva de espías y saboteadores, trabajando, a instancias de los servicios de inteligencia extranjeros. Bajo la apariencia de la fraseología cosmopolita, en falsos eslóganes sobre la lucha contra el «egoísmo nacionalista», se oculta la cara brutal de los incitadores de una nueva guerra, que tratan de lograr la «fantástica» idea de la dominación estadounidense sobre el mundo. Desde los círculos imperialistas estadounidenses actuales se desata la propaganda por una «ciudadanía mundial» y un «gobierno universal». (F. Chernov; El cosmopolitismo burgués y su papel reaccionario, 1949)

Tampoco hay que engañarse, como ya dejamos ver, este cosmopolitismo que se vendía en la propaganda imperialista en la gran mayoría de ocasiones solo era un arma que cubría la esencia nacionalista, chovinista y racista de muchos de los dirigentes reaccionarios de las clases explotadoras:

«Alimentado por los planes agresivos anglo-estadounidenses para la dominación del mundo, hoy en día el cosmopolitismo no es más que el lado sórdido del desenfrenado nacionalismo burgués y racismo anglo-estadounidense. El cosmopolitismo y el nacionalismo no son opuestos, sino que no son más que dos caras de la misma ideología burguesa imperialista. El cosmopolitismo siempre fue y no es más que una pantalla, un disfraz para el nacionalismo». (F. Chernov; El cosmopolitismo burgués y su papel reaccionario, 1949)

Si atendemos la visión de los marxista-leninistas polacos sobre estas desviaciones veremos que plantearon correctamente la necesidad –en la cuestión de la cultura nacional– de una lucha simultanea contra el nihilismo nacional y contra el cosmopolitismo. Esto se hacía del todo necesario cuando los partidos comunistas llegaban al poder y querían dotar a las masas de una nueva cultura proletaria:

«Exponiendo la peligrosidad de la desviación derechista y nacionalista en el partido, el Pleno del Comité Central del partido de abril también se refirió a su efecto nocivo sobre el frente cultural: una actitud liberal y ecléctica entorno a las cuestiones del desarrollo cultural y la influencia de la ideología burguesa hostil sobre la literatura y el arte y la falta de resistencia sobre estas tendencias nocivas y peligrosas. (...) La lucha por una cultura nacional en su forma y contenido socialista, hay que llevar a cabo un profundo cambio en la perspectiva política e ideológica de nuestros intelectuales, ayudándolos a liberarse de la herencia ideológica perniciosa. Debemos exponer la naturaleza reaccionaria y decadente de la degeneración de la cultura en  el mundo imperialista y descubrir una nueva forma de expresar en el arte, el comienzo de una vida nueva y socialista. (...) El partido se enfrenta a la tarea de luchar por una nueva cultura estrechamente unida a la vida y la lucha de la clase obrera, infundida con el espíritu del internacionalismo proletario, del genuino patriotismo y el amor por la patria y, en contraste con el cosmopolitismo y el nihilismo un profundo amor por el patrimonio cultural progresista de nuestro pueblo». (Jerzy Albrecht; Sobre el frente cultural polaco, 1949)

El grandísimo marxista-leninista polaco, Bolesław Bierut, explicaba que:

«En nuestro país el cosmopolitismo en la cultura se expresa por una subestimación de los logros culturales en nuestra cultura popular, por rechazar nuestras propias tradiciones progresistas e insistir en el culto a la cultura capitalista decadente y sus diversas perversiones, y a menudo, por una admiración servil hacia la ciencia, la literatura y arte estadounidense. En nuestro país la lucha contra el cosmopolitismo, el nihilismo y este culto hacia todo lo extranjero va de la mano con la lucha contra el nacionalismo y el chovinismo, que hasta ahora eran las principales expresiones de la ideología antiproletaria». (Bolesław Bierut, Discurso en el Pleno del Comité Central del Partido Unificado Obrero Polaco, 20 de abril de 1949)

El internacionalismo proletario de los marxista-leninistas se conjuga con el patriotismo proletario, pero jamás con el nacionalismo ni el cosmopolitismo:

«El internacionalismo proletario presupone la existencia de la nación. El cosmopolitismo presupone el menosprecio de la nación. El internacionalismo es la mejor arma de la clase obrera. El cosmopolitismo es la mejor arma del capitalismo monopolista, la más potente y Aspira en consecuencia, a la dominación mundial. El patriotismo es la expresión natural del internacionalismo proletario. El nacionalismo es la expresión natural de los monopolistas. Lenin ha dicho que un mal patriota no puede ser un buen internacionalista. Los yankees como Foster Dulles afirman que los pueblos europeos han de abandonar el concepto «anacrónico» de soberanía, ahora que Estados Unidos ha acentuado el nacionalismo agresivo, exclusivista, chovinista: he aquí la doble cara del cosmopolitismo». (Joan Comorera; El internacionalismo proletario, 1952) (Equipo de Bitácora (M-L)Las purgas en el Partido Comunista de Checoslovaquia de los años 50, 4 de octubre de 2015)

Clase «en sí» y clase «para sí»; Mark Rosental y Pavel Yudin, 1946


«Marx y Engels, en el Manifiesto del Partido Comunista, hablan de la evolución del proletariado: de clase «en sí» en clase «para sí». Las nociones de «en sí» y «para sí» reflejan las diversas fases de maduración del proletariado, del crecimiento de su autoconciencia como una fuerza política independiente. Hubo necesidad de toda una etapa histórica para que el proletariado pudiera adquirir conciencia de sus intereses como irreconciliablemente contrapuestos a los del capital. Ejemplos de la historia, tales como el movimiento ludista en Inglaterra, cuando los obreros, indignados por la cruel explotación, destrozaban la maquinaria sin saber distinguir entre la maquinaria como tal y su aplicación capitalista como instrumento de explotación, demuestran que el proletariado no llegó a adquirir de golpe su conciencia de clase. «Al principio son obreros aislados; luego los de una fábrica, luego los de toda una rama de trabajo quienes se enfrentan en una localidad con el burgués que personalmente los explota». (Marx). En esta fase los obreros no luchan aún contra los capitalistas como clase. El proletariado no se había elevado hasta comprender sus tareas generales de clase, todavía representa una clase «en sí». «En esta primera etapa los obreros forman una masa diseminada por todo el país y desunida por la concurrencia». (Marx). La transición del proletariado a la fase siguiente, superior, de su autoconciencia de clase se realiza sobre la base del desarrollo del propio capitalismo. Con el incremento de los talleres y de las fábricas, aumenta numéricamente el proletariado, su organización, su cohesión, su experiencia de la lucha de clases. De la lucha contra capitalistas individuales, sus patronos directos, los obreros pasan a la lucha contra la clase de los capitalistas en general y contra su Estado. El crecimiento de la autoconciencia del proletariado se efectúa en el proceso de la lucha práctica contra los capitalistas y halla su expresión máxima en la organización del partido político del proletariado, el Partido Comunista, vanguardia combatiente de la clase obrera. El proletariado cobra conciencia de su misión histórica y se transforma en una clase «para sí». (Mark Rosental y Pavel YudinDiccionario filosófico marxista, 1946)

domingo, 27 de agosto de 2017

El internacionalismo proletario es un principio vacio si es ejercido a base de seguidismo


«Pero el internacionalismo proletario sería un principio vacío de todo contenido y efectividad si al mismo tiempo los distintos partidos no aplican a fondo, como cuestión básica, el principio de basarse en sus propias fuerzas en todos los terrenos de su actividad ideológica, política, organizativa, económica, etc. Todo partido, como cuestión de principios, debe combatir el seguidismo y oportunismo y calibrar y confirmar por él mismo la justeza o la idoneidad de tal o cual principio, política, o consigna concreta; esa es una manifestación más de internacionalismo. La experiencia del seguidismo de los distintos partidos revisionistas a los dictados del XX y XXII congresos revisionistas del PCUS, son elocuentes al respecto». (Elena Ódena; La lucha contra el revisionismo y el oportunismo en la nueva situación mundial, 1980)

jueves, 24 de agosto de 2017

Apoyo del PCE(r) a la China socialimperialista de Deng Xiaoping; Equipo de Bitácora (M-L), 2017



«El apoyo y la publicidad del PCE (r) a la China revisionista-capitalista no ocurrieron solamente durante la época de Mao Zedong, sino también tras la llegada de Hua Kuo-feng y Deng Xiaoping:

«Para nosotros China es un gran país socialista y su Partido Comunista un gran Partido revolucionario. No podemos aceptar que se haya producido un nuevo «retroceso» del socialismo, porque eso está en contra de la verdad histórica y de nuestros propios sentimientos y aspiraciones». (Manuel Pérez Martínez, «Arenas»; En la encrucijada, Publicado en Bandera Roja, 2ª época-año IV – nº 33, marzo de 1978)

Para este bastardo revisionista ni siquiera cuando la alianza sino-estadounidense y el socialimperialismo de China eran aún más evidentes, era menester rectificar su posición ultraoportunista. 

Idealismo; Mark Rosental y Pavel Yudin, 1946


«Idealismo.  — El idealismo es una de las dos tendencias fundamentales en filosofía, que en la solución del problema sobre la relación entre el ser y el pensar por oposición al materialismo, considera primario la conciencia, el espíritu, negando que éstos sean un producto de la materia. El idealismo considera el mundo como la encarnación de una «conciencia», de una «idea absoluta», de un «espíritu universal». El idealismo afirma que «sólo nuestra conciencia tiene una existencia real y que el mundo material, el ser, la naturaleza, sólo existen en nuestra conciencia, en nuestras sensaciones, en nuestras percepciones, en nuestras ideas» (Stalin). La tendencia idealista en filosofía se divide en dos principales variantes. El idealismo subjetivo toma como base las sensaciones, las percepciones, la conciencia de la persona individual, del sujeto. Esta variante del idealismo está relacionada, ante todo, con el nombre del filósofo inglés Berkeley [ver], quien consideraba que los objetos sólo existen en las sensaciones, como un complejo de sensaciones, negando la existencia de los objetos reales, independientes del hombre, así como que actúen sobre nuestros órganos de los sentidos y provoquen en nosotros determinadas sensaciones. Este punto de vista conduce inevitablemente al solipsismo [ver], es decir, a reconocer que sólo existe el sujeto que percibe. Todo lo demás es sólo el resultado de la actividad de su conciencia. La prueba más evidente contra esta filosofía, como en general contra toda filosofía idealista, es la práctica humana, que a cada paso viene convenciendo al hombre de que hay que distinguir entre la ilusión y la realidad, entre el «complejo de sensaciones» que nace en el sueño, y el «complejo de sensaciones» creado por los objetos que realmente existen y que obran sobre nuestros órganos de los sentidos. A diferencia del idealismo subjetivo, el idealismo objetivo toma como fundamento, no la conciencia personal, no la conciencia subjetiva, sino la conciencia impersonal, objetiva, la conciencia en general: la razón universal, la voluntad universal, etc., que existen, a juicio de los idealistas objetivos, en forma autónoma, independientemente del hombre. El idealismo está ligado muy íntimamente con la religión y conduce, en una forma u otra, a la idea de Dios. El idealismo tiene sus raíces en la división de clases de la sociedad, así como en el propio proceso del conocimiento. Señalando que el idealismo es un clericalismo, subrayando, a la vez, que el «idealismo filosófico es –«más bien» y «además»– el camino hacia el clericalismo a través de uno de los matices del infinitamente completo –dialéctico– conocimiento del hombre», Lenin pone al descubierto las raíces gnoseológicas del idealismo. En el propio conocimiento, en el proceso de la generalización de los fenómenos, existe la posibilidad de que la conciencia se separe, se aleje de la realidad; la posibilidad de convertir –y además una conversión imperceptible, inconsciente para el hombre– los conceptos generales en un ente absoluto, separado de la materia y divinizado. Los conceptos y las ideas abstractos que descubren lo general en los fenómenos son convertidos por el idealismo objetivo en la base de todo lo existente; el mundo real, objetivo que nos circunda es transformado, desde este punto de vista, en el segundo ser del concepto, de la idea, su copia pálida e inexacta. Para el idealista objetivo, los conceptos, las ideas, no son el producto de las síntesis en el conocimiento de los objetos realmente existentes. Por el contrario, estos objetos sólo existen por cuanto existen sus conceptos e ideas. Así, por ejemplo, sintetizando las manzanas, peras, fresas y almendras realmente existentes en el concepto de «fruta», el idealismo objetivo considera este concepto –«fruta»– abstraído de la realidad objetiva, como el fundamento de la propia existencia de estas manzanas, peras, fresas y almendras. Como consecuencia, dice Marx, obtenemos «frutas que brotaron, no del suelo material, sino del éter de nuestro cerebro». Esta posibilidad de deificar los conceptos se debe a determinadas condiciones sociales, como son: la separación entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, la aparición de las clases y de la explotación. La interpretación idealista de los fenómenos de la Naturaleza fue desarrollada como norma por los ideólogos de las clases reaccionarias o por los de las clases que llegaban a compromisos con ellas. Los representantes más antiguos del idealismo filosófico fueron, con algunas excepciones, los pitagóricos. En sus doctrinas, que representaban la organización política de la aristocracia griega, en lucha activa contra la democracia, los pitagóricas desarrollaban la teoría idealista de los números como fundamento y esencia de la existencia. El representante más destacado del idealismo griego antiguo fue Platón [ver], quien declaró que el mundo verdadero es el suprasensorial, de las ideas, y el mundo de las cosas reales es el de las sombras, el mundo de los pálidos reflejos de las ideas. En la sociedad feudal predominaba la escolástica idealista que convirtió la filosofía en sirviente de la teología. Durante el período de la desintegración del feudalismo y el desarrollo de las relaciones burguesas, de la burguesía revolucionaria de los países avanzados –Inglaterra, Holanda– surgen muchos filósofos materialistas –Bacon, Spinoza, etc.–, frente a los cuales, durante la época del afianzamiento de las relaciones capitalistas en Inglaterra, reaccionan el idealismo subjetivo de Berkeley y el agnosticismo de Hume. La burguesía alemana del siglo XVII y de principios del XVIII, interesada en desarrollar las relaciones burguesas, pero al mismo tiempo vinculada muy estrechamente al feudalismo, con el cual establecía un compromiso, inspiró al filósofo idealista Leibnitz [ver]. En el siglo XVIII y en la primera mitad del XIX aparece en Alemania la filosofía idealista clásica –Kant, Fichte, Schelling, Hegel– que refleja el carácter de compromiso de la burguesía alemana de esa época: por un lado, sus sueños revolucionarios y, por el otro, su impotencia para realizar la revolución burguesa a causa del exiguo desarrollo de las relaciones económicas y la dispersión política de Alemania. Los representantes del idealismo clásico alemán no sólo absorbieron en su filosofía mucho de lo más valioso que había en el desarrollo de la ciencia, sino que, en forma idealista, emitieron toda una serie de pensamientos geniales que presagiaban los descubrimientos de las ciencias naturales del siglo XIX –la filosofía de la naturaleza de Kant y de Schelling–. La culminación del idealismo filosófico alemán fue la filosofía de Hegel, que, sobre la base del idealismo objetivo, por vez primera, vio el mundo como un proceso, es decir, en movimiento, mutación y desarrollo continuos e intentaba indagar la conexión mutua interna de este movimiento y desarrollo. «La mistificación que ha padecido la dialéctica en manos de Hegel, no ha impedido, ni mucho menos, que fuera precisamente Hegel el primero que diera un cuadro cabal y consciente de sus formas generales del movimiento» (Marx). Hegel fue el último representante de una filosofía idealista en la que, a pesar del idealismo, hay momentos valiosos, progresistas. Después de Marx y Engels –creadores del materialismo dialéctico, la concepción filosófica del mundo y el método filosófico del proletariado revolucionario–, la filosofía burguesa degenera, copiando de los sistemas idealistas del pasado las ideas más reaccionarias, anticientíficas y místicas. Un carácter particularmente reaccionario adopta la filosofía burguesa durante la época del imperialismo. La filosofía idealista reaccionaria burguesa llega a convertirse en bandera del revisionismo y del oportunismo. Defendiendo la idea de la colaboración de clases, luchando contra la idea de la revolución proletaria, el revisionismo arroja del marxismo la dialéctica materialista, tratando de conciliar eclécticamente la doctrina de Marx con cualquier filosofía idealista. Sólo en la URSS, donde el único sistema imperante es el de la economía socialista, donde fue suprimida la explotación del hombre por el hombre, donde son superados los contrastes entre el trabajo intelectual y el manual, es posible un incontenible progreso del desarrollo de la producción y de la ciencia, creándose las condiciones y premisas para la extinción definitiva de la concepción idealista del mundo. En la interpretación de los fenómenos sociales, todos los filósofos anteriores a Marx y Engels tomaban como punto de partida el idealismo, la afirmación de que la historia se reduce al progreso de las ideas y que el motor fundamental de la historia son los hombres ilustrados, los «héroes», que crean la historia sin el pueblo. Estas mismas posiciones idealistas las ocupaban también los populistas rusos –Lavrov, Mijailovski– y en ellas permanece hasta hoy la ciencia burguesa. Hasta los materialistas anteriores a Marx, caían en el idealismo cuando trataban de dar una interpretación de los fenómenos sociales. Marx y Engels expulsaron el idealismo también de este último refugio. Sólo el marxismo señaló el verdadero fundamento de la sociedad, descubriendo que la base de las ideas son las condiciones materiales de la vida. El marxismo creó, por primera vez, una concepción consecuentemente materialista del mundo, hostil al idealismo hasta el fin». (Mark Rosental y Pavel YudinDiccionario filosófico marxista, 1946)

sábado, 19 de agosto de 2017

Ataque del PCE (r) a los marxista-leninistas que combatían el mito del maoísmo; Equipo de Bitácora (M-L), 2017



«Hoy resulta muy fácil ponerse a atacar el Pensamiento Mao Zedong como lo hacen por poner otro ejemplo, los albaneses. Es más difícil, y sobre todo más comprometido, ponerse a defender la verdad. (...) El imperialismo, la Iglesia y la reacción en general de los países capitalistas tratan de explotar a su favor las contradicciones que existen dentro del campo socialista y del Movimiento Comunista Internacional, pero eso no va a alterar el carácter científico, proletario y revolucionario del Pensamiento Mao Zedong; tampoco va a impedir que los comunistas salgamos en su defensa». (Partido Comunista de España (reconstituido); Temas de formación marxista-leninista, 1989)

Por supuesto que para finales de los 80 resultaba «muy fácil» atacar al maoísmo, y es que existían multitud de documentación disponible, oficial y no oficial, de primera mano y de terceros, para estudiar la obra teórica y práctica de Mao Zedong. Claro que, para partidos como el PCE (r) que habían construido su partido en torno a la ideología maoísta, preferían seguir mirando hacia otro lado, haciendo como que el mito no se había destapado.

El PCE (r) del infame Arenas cubrió de calumnias al Partido Comunista de España (marxista-leninista) liderado por Elena Ódena, publicando un vergonzoso artículo llamado: «La dirección falangista del llamado PCE (m-l) al descubierto», Bandera Roja, núm. 26, agosto de 1977. Esto era una ignominia que se evidenciaba con el hecho de que la OMLE no levantó una sola célula en España hasta 1970, que mientras el PCE (m-l) llevaba nada más y nada menos que once años a la vanguardia de la lucha contra el franquismo y el carrillismo, cuando el mismo año en que sus militantes eran asesinados bajo el frente del FRAP, el PCE (r) se constituía como partido. ¿A este personaje es el que los actuales revisionistas modernos piden «respeto» cuando él se pasó su juventud difamando a los veteranos marxista-leninistas? Arenas ha sido un poliagente gratuito de los diversos imperialismos y revisionismos modernos. Nadie en su sano juicio guardaría respeto a tal calaña.

El PCE (r) a nivel internacional también ha profesado un odio visceral a los marxista-leninistas albaneses del Partido del Trabajo de Albania (PTA) por ser los responsables de echar abajo a su ídolo de barro, el revisionista chino Mao Zedong.

¿Pero fue fácil desenmascarar al maoísmo? Llevó su tiempo. Si bien los primeros textos de los marxista-leninistas soviéticos o de la Internacional Comunista pueden servirnos para entender los inicios del revisionismo chino, en esta época el revisionismo chino no se atrevió a salir abiertamente con sus eslóganes ni sus actos más antimarxistas, digamos que era la época en que más intentaba pasar desapercibido por su miedo a ser denunciado como la versión asiática del titoísmo, como el propio Mao Zedong confesaría en 1956 ante la delegación yugoslava durante el VIIº Congreso del PCCh de 1956. Cuando el revisionismo chino empezó a mostrarse sin complejos fue tras la muerte de Stalin en marzo de 1953, ahí los chinos se mostraron sin pudor tanto en su teoría como en sus actos. ¿Hubo errores a la hora de destapar el maoísmo? ¿Pudo hacerse antes? Sin dudas:

«Tampoco podemos pasar por alto que hecho de que muchos partidos marxista-leninistas incluido el Partido del Trabajo de Albania tuvieron demasiada paciencia e hicieron demasiadas concesiones durante el proceso cuando ya conocían varios de estos hechos. En el caso de los marxista-leninistas soviéticos y albaneses, el hecho de haber detectado algunas desviaciones –aunque no todas– desde un inicio tan temprano, tendrían que haberles puesto en alerta y ser más cautos y duros –como luego fueron los albaneses en su etapa final cuando eran conscientes de muchas más cosas–. En general muchas figuras y partidos marxista-leninistas pecaron claramente de regalar hacia los revisionistas chinos en sus reuniones entre delegaciones, cartas entre partidos y declaraciones de felicitaciones en ocasiones aniversarios, epítetos de un carácter exaltado, exagerado y formal donde se daba una idea distorsionada del partido y la dirección china, lo que ayudaba a los revisionistas chinos en sus fines propagandísticos de país socialista e internacionalista, de «gran partido marxista-leninista», y de Mao Zedong y sus actos como una «gran figura marxista-leninista». Incluso cuando se colaboraba en esto dejándose llevar por los formalismos de la diplomacia no tiene justificación alguna; los marxista-leninistas deben ser conscientes en todo momento de qué dicen y hacia quién. Al igual que cuando se hacía esto en gran parte de las veces sin conocer –o al menos muy poco– la realidad que se decía exaltar, tampoco sirve para estar libre de error; pues un marxista-leninista no emite conclusiones precipitadas sin estar enterado de lo que habla. En resumidas cuentas los marxista-leninistas no se deben precipitar nunca y dejarse llevar regalando este tipo de epítetos, mucho menos al conocer ya ciertas desviaciones en una figura o partido; no se debe elevar nunca por los cielos lo que no se conoce bajo términos generales, sino solo hablar de lo concreto que se conocen y con total seguridad La propaganda y la historiografía revisionista ya ha tipificado dentro del comunismo a suficientes figuras, países y partidos históricos antimarxistas, los marxista-leninistas no debemos engordar la lista de falsos mitos, sino sopesar las cosas sabiendo donde se pisa. Los marxista-leninistas de la época deberían haber investigado más a fondo la historia del Partido Comunista de China (PCCh), sus actos recientes, y deberían haber valorado a sus figuras y a su país en su justa medida, jamás por encima, para luego tener que arrepentirse de lo escrito o dicho. Estos errores –mezcla de seguidismo, formalismo, sentimentalismo, cobardía, etc.– fueron unos errores colectivos de todos los individuos y partidos marxista-leninistas que costó muy caro a todo el movimiento marxista-leninista internacional, ya que dio alas y tiempo al revisionismo chino a consolidar su influencia e influenció gravemente a los partidos marxista-leninistas, e incluso como ya sabemos, su tardía exposición hizo que muchos partidos no pudieran superar ya los defectos de esta herencia, y acabaran naufragando. ¡¡Que grandes beneficios hubiera tenido el movimiento marxista-leninista si el revisionismo chino hubiera sido investigado y expuesto desde los epítetos mencheviques, browderistas y proestadounidenses de Mao Zedong en los años 30!!». (Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas de los marxista-leninistas contra el maoísmo: el caballo de Troya del revisionismo durante los 60 y 70 en el movimiento marxista-leninista, 1 de noviembre de 2016)

El lector ya puede acceder a los análisis sobre los errores del PTA y el PCE (m-l) respecto al maoísmo:

-Las relaciones entre el PCE (m-l) y el PTA y la caída del socialismo albanés; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

-El PCE (m-l) y su tardía desmaoización; Equipo de Bitácora (M-L), 2019

Pese a permitir errores de calado frente al carácter oportunista del maoísmo, quienes mejor aprovecharon esto y realizaron un análisis completo y exacto del origen y evolución del revisionismo chino fueron los marxista-leninistas albaneses, que avanzaron de forma dialéctica sus criticas hasta reunir suficiente material y hechos para concluir que el maoísmo era una variante más del revisionismo moderno. Tanto en el inicio de las críticas en los años 60 como en el final de la exposición del revisionismo chino a nivel mundial en los años 80, los marxista-leninistas albaneses fueron los que más méritos cosecharon tanto por número de materiales como por su calidad. En especial hay que decir que las obras de Enver Hoxha fueron de una relevancia especial, fundamental, para desmontar al revisionismo chino a escala mundial:

«La publicación del libro: «El imperialismo y la revolución» de 1978, así como otras como: «Reflexiones sobre China» de 1979, estuvieron determinadas por la directa aparición en escena de una peligrosa variante de revisionismo, el revisionismo chino. (...) La publicación del libro: «El imperialismo y la revolución» tuvo un gran eco en la opinión pública mundial. Dicho libro se convirtió en objeto de cientos de comentarios y conoció de numerosas publicaciones en diversos países y variadas lenguas del mundo. Fue altamente apreciado por los auténticos marxista-leninistas de todos los continentes, por varias organizaciones y movimientos revolucionarios, especialmente en América Latina, África y Asia. Junto algunas otras obras del camarada Enver Hoxha y otros documentos de nuestro partido, el libro: «El imperialismo y la revolución» jugó un rol primordial, en tanto que base ideológica y teórica de la nueva diferenciación que se operó entre las filas del comunismo mundial y revolucionario tras la aparición abierta del revisionismo chino y su denuncia. Esta diferenciación condujo a la creación de nuevos partidos marxista-leninistas y a la purificación de las influencias negativas del maoísmo entre los ya existentes. A este respecto, el libro del camarada Enver Hoxha fue especialmente importante para disipar las ilusiones difundidas por los revisionistas chinos en torno al «pensamiento Mao Zedong», al que supuestamente denominaron el marxismo-leninismo de nuestro tiempo y la fase superior de su desarrollo». (Agim Popa; Obra de gran valor todavía actual para la causa de la clase obrera y de los pueblos amantes de la libertad; A ocasión del décimo aniversario de la publicación del libro del camarada Enver Hoxha «El imperialismo y la revolución», 1985)

Oficialmente, en el IIIº Pleno del Comité Central del 1978, el PCE (m-l) condenó sin tapujos el maoísmo como doctrina revisionista:

«El Pleno del Comité Central (CC) ha abordado igualmente el problema planteado hoy por el «pensamiento Mao Zedong», manifestándose unánimemente en contra y considerándolo contrario al marxismo-leninismo.

A este respecto el CC llega a la conclusión de que Mao tiene la mayor responsabilidad en el camino emprendido por China, camino que se inició años antes de su muerte, camino que él mismo dirigió y alentó.


El Pleno del CC considera que la lucha contra el revisionismo chino, a nivel mundial, está ya lanzada y que el papel de Mao dentro del mismo es fundamental. Nuestro partido creyó también, como muchos otros, que Mao era un marxista-leninista. Incluso en nuestro IIº Congreso de 1977, cuando se refutó la «teoría de los tres mundos», tratamos de desligarle de tan nefastas posiciones. Hoy, a medida que hemos profundizado y analizado tanto la citada teoría, como los planteamientos políticos y prácticos de Mao, la evidencia se ha impuesto. Mao es tan revisionista como sus herederos». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Resolución general del IIIº Pleno del PCE (m-l), 1978)

En efecto, los partidos marxista-leninistas que estudiaron la línea de China y las obras de Mao, y que además tuvieron acceso a los análisis del Partido de Albania, sacaron sus conclusiones:

«Hubo otros partidos que son el ejemplo perfecto de cómo se debía realizar la completa autocrítica de los errores pasados influenciados por el revisionismo chino, ejemplos de una predisposición para analizar a dicha corriente revisionista para solventar las posibles reminiscencias. Así fue el caso del Partido Comunista de Alemania/Marxista-Leninista liderado por Ernst Aust, quién en su VIº Congreso de 1978 hizo un análisis exhaustivo del maoísmo como corriente revisionismo y su influencia en el partido y en el panorama exterior de la lucha de clases. Esto hizo que la dirección exigiera un examen de conciencia a todos los miembros del partido incluidos los del Comité Central, para vislumbrar en qué grado se había estado influenciado por esta corriente, para ver qué directivas del partido habían sido infectadas por este revisionismo, e incluso para analizar y debatir si la línea ideológica del partido con la que se fundó el partido estuvo fundada sobre bases sanas o no, en definitiva un trabajo profundo de autocrítica para reconocer y llevar a cabo sin miedo alguno las rectificaciones pertinentes en caso de ser necesarias, como exige el marxismo-leninismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas de los marxista-leninistas contra el maoísmo: el caballo de Troya del revisionismo durante los 60 y 70 en el movimiento marxista-leninista, 1 de noviembre de 2016)

Algunos maoístas creen de manera realmente estúpida y antihistórica que la crítica del Partido del Trabajo de Albania (PTA) al Partido Comunista de China (PCCh) sale de la nada tras la muerte de Mao en 1976. Acusan a Hoxha de «oportunismo». Pero nada más lejos de la realidad, hay varias pruebas documentadas de la postura crítica de Albania respecto a China. Expongamos algunos ejemplos:

1) En las primeras visitas y entrevistas entre chinos y albaneses en los años 50, los primeros inciden continuamente en los llamados errores de Stalin, basándose en los esquemas jruschovistas o inventándose otros propios para exaltar la figura de Mao. Además exigen la rehabilitación del titoismo precisamente bajo la idea de que Stalin se equivocó, los albaneses se niegan a aceptar tal pensamiento. Así mismo se rechazan conceptos liberales de los chinos como «que se abran cien flores y compitan cien escuelas de pensamiento».

2) En junio de 1962 Albania criticaría el concepto oportunista de China sobre formar un «frente antiimperialista» con el revisionismo soviético contra el imperialismo estadounidense. Se señalaría que una dirección que no cumplía un rol progresista en el interior no era garantía de poder hacerlo en el exterior, precisamente esa idea era inútil cuando el jruschovismo había presentado el acercamiento al imperialismo como eje de su política exterior.

3) En la Carta del CC del PTA al CC del PCCh del 10 de septiembre de 1964 se advierte el error de presentar reivindicaciones territoriales en la lucha ideológica contra el revisionismo soviético. Los albaneses pedían centrarse en derrotar a las camarillas que habían usurpado el poder.

4) El 14 de octubre de 1964 tras la caída de Jruschov, la dirección china manda una delegación a Moscú para reconciliarse con la nueva dirección encabezada por Brézhnev. Chou En-lai invita el 29 de octubre a Albania a que se sume a la fiesta, pero Tirana se niega y afirma que con la caída de Jruschov no se han liquidado la línea, la política, las raíces socio-económicas del revisionismo, como se refleja en la Carta del CC del PTA al CC del PCCh del 5 de noviembre de 1964.

lunes, 14 de agosto de 2017

El PCE (r) y su apoyo a la política interior y exterior de la URSS revisionista y socialimperialista; Equipo de Bitácora (M-L), 2016


«El Partido Comunista de España (reconstituido) pasó de ser en 1977 un fanático maoísta tercermundista que centraba toda su propaganda contra la URSS, a poco después ser a partir de 1978 un ferviente apologista del socialimperialismo soviético y su política exterior. Increíble pero cierto. De decir que este país jugaba el papel «pirata, chantajista y agresor» e incluso «principal peligro de la humanidad», a considerar a este país capitalista y su doctrina exterior socialimperialista como una corriente «revolucionaria» y «progresista». Así tal cual:

«Ante nosotros se nos ha presentado las siguientes alternativas: en primer lugar compartir la concepción de los «tres mundos» que vienen defendiendo otros partidos, lo cual nos llevaría de una forma u otra a participar junto al imperialismo y la burguesía en la cruzada contra la URSS y otros países. Está claro que esto no lo podíamos hacer, entre otras muchas razones porque no está probada la «agresividad» de la URSS y si, en cambio, su ayuda, el apoyo decidido a la lucha de liberación nacional de los pueblos. Para nosotros esto se inscribe dentro de la corriente revolucionaria y progresista mundial, independientemente de las ideas que puedan albergar algunas personas». (Partido Comunista de España (reconstituido); En la encrucijada, Número 33, marzo de 1978)

El PCE (r) en su fundación se presentaba como revolucionarios antijruschovistas, pero como ya expresamos, tanto la fundación de la OMLE en 1970 como el PCE (r) en 1975, denotaban que sus líderes llegaron muy tarde para posicionarse en la polémica contra el jruschovismo. Pese a todo, el PCE (r) proclamaba ser más antijruschovista que nadie en 1975, pero lo cierto es que no habían roto con sus raíces y se constituyeron estrictamente bajo otro revisionismo como era el maoísmo, por lo cual no estaban en condiciones de refutar al jruschovismo, por eso, al poco tiempo manifestaban una conciliación ideológica con su política.

En un abrir y cerrar de ojos se posicionó con las tesis clásicas de los partidos jruschovistas de todo el mundo. Podríamos citar a cualquier partido hispano: como el PCPE o el PCOE, pero elijamos como caso ejemplificativo este:

«El general Perón va a comprender lo que ha dicho Fidel Castro: Que no hay dos imperialismos, hay uno solo, enemigo del país. Y el otro, que él le llama imperialismo, es el gran amigo de todos los países del mundo: se llama Unión Soviética y mundo socialista». (Fernando Nadra; Un año de gobierno peronista, 1974)

A finales de los 70 el PCE (r) estaba de acuerdo en cuestiones de política exterior con los puntos de vista de un partido tan degenerando como el Partido Comunista de Argentina, aquel partido bien conocido por sus políticas ultraoportunistas y lacayunas respecto al Kremlin que llegaron incluso a plantear la idea de una «salida cívico-militar» al gobierno peronista de Cámpora, lo que les conduciría a apoyar el criminal golpe militar de 1976 bajo la creencia que Videla-Viola eran unos «patriotas progresistas», básicamente por sus buenas relaciones con la URSS socialimperialista. Unas relaciones que también se harían extensibles a la Cuba de Castro, cubriéndose mutuamente en la arena internacional, llegando al punto de que Castro invitara a Videla a la Conferencia de los No Alineados celebrada en la Habana en 1979.

«La política exterior es la prolongación de la política interior y las dos juntas la expresión concentrada de las relaciones económicas existentes en un país». No puede haber un país capitalista con una línea exterior progresista basada en el internacionalismo proletario, esto es algo incongruente a todas luces.

El proceso de restauración del capitalismo en la URSS con sus particularidades solamente podía dar una línea exterior socialimperialista:

«Mientras en la Yugoslavia de Tito al poco de tomar el poder y desenmascararse así mismo con la abierta promoción de sus políticas alejadas del marxismo, consiguió no solamente desviar a Yugoslavia de la construcción del socialismo, sino que impidió la industrialización del país, entonces más temprano que tarde como país no industrializado se condenó a una vida político-económica neocolonialista, a sufrir dependencia de los precios del mercado capitalista y a endeudarse con los créditos del exterior. En cambio la URSS que toma Jruschov es un país industrializado y la segunda potencia mundial del momento. Obviamente se ve que no fue el mismo caso de regresión y contrarrevolución el soviético que el yugoslavo –y aun así el caso soviético también acabó con que paulatinamente fuera subyugada económicamente a los imperialistas occidentales mucho antes de su caída–, es ahí el hecho de que diferencia a la URSS de Yugoslavia: en la URSS los revisionistas tomarían el poder e implantarían sus ideas burguesas con un nivel de las fuerzas productivas mayor y esto no dejaba otra consecuencia posible que transformar al país en un país socialimperialista. (...) El lector debe comprender en estos casos históricos todos los factores de forma dialéctica: analizando por supuesto el papel de las ideas –de los líderes y su voluntad– pero sin ignorar la base material –fuerzas productivas del país y los resultados a nivel económico de cada época–, si hace esto comprenderá fácilmente los desarrollos dados en estos países y no sólo su regresión, sino porque ocuparon uno u otro rol políticamente y económicamente. Así debe proceder también con los temas de actualidad, no solo de los países capitalistas imperialistas o dependientes, sino de los socialimperialistas o dependientes bajo teorizaciones revisionistas, de otra forma es imposible entender de forma científica la geopolítica». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 28 de agosto de 2016)

Las aberraciones teóricas de los ideólogos del revisionismo soviético en esta materia no eran casuales:

«Las teorías soviéticas de la «soberanía limitada», la «división internacional del trabajo», la «comunidad socialista», los «países de vía no capitalista de desarrollo y orientación socialista» y demás aberraciones antimarxistas en el campo político, económico y cultural no eran producto de una dirigencia inocente que errara en sus formulaciones, sino de unas ideas plasmadas muy conscientemente con el objetivo de servir a sus objetivos imperialistas. Esto se ve claramente cuando se profundiza en los resultados de la puesta en práctica: en la teoría político-militar la «soberanía limitada» y la «comunidad socialista» tenían el objetivo de justificar la intervención militar en los países neocolonializados por el revisionismo soviético como fue el caso de Checoslovaquia, la teoría económica de la «división socialista del trabajo» donde se niega la industrialización de los países dependientes y se les condena a la producción de monocultivos como es el caso de Cuba, la teoría de los «países de vía no capitalista de desarrollo y orientación socialista» tenía por objetivo aceptar a cualquier país dependiente como país «en vía al socialismo» siempre que esos países se integraran en el engranaje político, económico y militar de la URSS o al menos en uno de estos tres aspectos». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 28 de agosto de 2016)



-Pr. Hasan Banja y Lulëzim Hana: «La degeneración del COMECOM en una organización capitalista» de 1984

Jruschov, Brézhnev y sus sucesores aplicaron una política chovinista interna y externa, pero ese nacionalismo que se creía «superior» y con derecho de pisotear al resto de pueblos no evitó conducir a la URSS hacia la pérdida de su propia soberanía nacional. En un lapso breve de tiempo la integración de la URSS en el bloque capitalista mundial era un hecho, y en concreto se podía constatar una progresiva dependencia con el imperialismo estadounidense. Para 1991, cuando la URSS se desintegra formalmente como unión de repúblicas, se debía 81.000 millones. 

En el ámbito interno se promovió un auge cultural del chovinismo ruso acompañado de una asimilación forzosa. La idea de los revisionistas fue reestructurar la URSS y promover una división del trabajo en favor de Rusia y en detrimento de las repúblicas no rusas. Este programa acrecentó las diferencias entre regiones y como era normal afloraron los viejos rencores, explosionando el problema nacional a finales de los 80. Para estudiar la cuestión nacional internas del revisionismo soviético véase:

-Bujar Hoxha: «La cuestión nacional y el revisionismo» de 1974


Sin renunciar a su base maoísta, el PCE (r) se convirtió en un partido brezhnevista más de la escena revisionista.

Todo esto demuestra que las lisonjas que el PCE (r) da ahora mismo al imperialismo ruso son el reflejo de las que ya otorgaba al socialimperialismo soviético en su momento.

El patetismo ideológico del PCE (r) alcanzó su cenit cuando llegaron a apoyar a la Perestroika de Gorbachov:

«Como se sabe, nuestro partido ha saludado y viene apoyando la Perestroika, pero no podemos suscribir todos los planteamientos económicos, políticos e ideológicos que sirviéndose de ella, viene haciendo el revisionismo y la burguesía para destruir la obra revolucionaria y desacreditar al comunismo». (Manuel Pérez Martínez, «Arenas»; Informe en el Pleno del Comité Central, 1988)

Estos postulados coincidían con el de la mayoría de viejos partidos comunistas degenerados:

«Vivimos la época también signada hoy por la profunda transformación que se está realizando dentro de la revolución: la perestroika en la URSS. Al recuperar más cabalmente al leninismo en la construcción de la sociedad socialista, y al apuntar a superar enérgicamente retrasos e insuficiencias serias producidas por el stalinismo y el burocratismo, nos muestra al socialismo real con sus contradicciones tal como es. Es un ejemplo de vitalidad del marxismo-leninismo, y de la capacidad autocrítica de los revolucionarios soviéticos que apelan al pueblo y a su acción creadora para superar las dificultades. La Perestroika es más socialismo y más democracia. Es un proceso que vigoriza al movimiento comunista y revolucionario, impulsa la lucha de los pueblos y desarrolla el pensamiento marxista-leninista. Retoma del lado del socialismo la iniciativa histórica». (Partido Comunista de Argentina; Materiales del XI congreso de la FJC, 1988) 

domingo, 13 de agosto de 2017

Breve explicación de Bitácora (M-L) sobre el revisionismo soviético y su historia; Equipo de Bitácora (M-L), 2016


«El revisionismo. Desde que se hizo con el poder en la Unión Soviética impulsó la tendencia a la revisión de los principios del marxismo-leninismo a nivel mundial, casi cada partido comunista fue arrastrado hasta una renuncia explícita a los principios teóricos del marxismo-leninismo, al tiempo de que se arrastraba a cada Estado socialista a la plena restauración capitalista.

En el caso concreto del revisionismo soviético –que emergió a la muerte de Iósif Stalin, cuya cabeza visible fue Nikita Jruschov en el Partido Comunista de la Unión Soviética– se podría tomar como punto de partida cronológico y oficial el infausto XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética de 1956; pero lo justo sería investigar la política interior como las irregularidades sobre los nuevos nombramiento de cargos –aprovechando para anular las últimas decisiones tomadas por el PCUS con Stalin en vida tras su muerte–, las disputas entre los dirigentes –como el caso de Beria y Jruschov– y las tendencias hacía la reforma económica de la dirigencia soviética a la muerte de Iósif Stalin –la acción de descentralizar la planificación y dar más poder a los ministerios, vender la maquinaría del Estado a los koljóses en el campo– o la blandenguería hacía las nuevas corrientes en las artes de Occidente, la política exterior reflejada en el acercamiento de Jruschov a Tito en 1954, la forma irregular con que se anularon las resoluciones de la Kominform sobre el revisionismo yugoslavo, la rehabilitación de desviacionistas purgados en el PCUS y las exigencias de Jruschov a otras dirigencias comunistas de rehabilitación de desviacionistas que luego promocionaría para dirigir dichos partidos–, la supresión de las recomendaciones de Stalin para el «Manual de economía política» finalmente publicado en 1955 –con la introducción de un apoyo a las tesis concretas del revisionismo chino y yugoslavo–, son muestras claras de que el revisionismo soviético es previo a dicho congreso de 1956, y que el periodo de 1953 a 1956 está lleno de una abierta actividad hostil antimarxista de la mayoría de los líderes del PCUS, y que el XXº Congreso del PCUS de 1956 fue sólo la confirmación de que las fuerzas que comandaban realmente al partido ya no eran marxista-leninistas.

Tras este congreso, el revisionismo soviético con Nikita Jruschov primero, y Leonid Brézhnev y sucesores después, introdujeron la institucionalización de la teoría del «Estado y partido de todo el pueblo», igual que unas sucesivas reformas económicas que se centraban en la descentralización y la utilización de la ley del valor como método para regular la economía soviética tanto en producción, intercambio como distribución de productos, volviendo a las tesis del revisionista Nikolái Voznesensky sobre «máxima rentabilidad» a la vez que se recuperaba su teoría de la negación de la objetividad de las leyes económicas socialistas, por supuesto para reforzar todo esto se creó una cultura aburguesada para defender el nuevo régimen; en política exterior el disolver la Kominform para agrado de Tito, o las viejas teorías socialdemócratas del «tránsito pacífico al socialismo», la distorsión de la teoría leninista sobre «la coexistencia pacífica entre regímenes capitalistas y socialistas», o la invención de teorías como los países de «orientación socialista y vía no capitalista», eran la carta de presentación del revisionismo soviético, aquí, inventaría además teorías como la teoría de la «soberanía limitada» o la «división socialista internacional del trabajo», que demostraban el hecho de que la Unión Soviética, había dejado de ser un país socialista, que era ahora capitalista y abiertamente socialimperialista, y que tenía bajo su control, a muchos países revisionistas-capitalistas que giraban en torno a su política a través de sus organismos económicos –Consejo de Ayuda Mutua Económica– y militares –el Tratado de Varsovia– como era el caso de Polonia, Checoslovaquia, Hungría etc. Todo esto hacía de este revisionismo, un colosal problema para el marxismo-leninismo.

Hemos de comprender que el revisionismo soviético influyó profundamente en muchísimos movimientos de liberación nacional desarrollados durante el siglo XX, e incluso gozaron de amplia influencia en movimientos que finalmente se hicieron con el poder en Asia, América, África; estos fueron o bien inconscientemente engañados por la demagogia del discurso «antiimperialista y socialista» de los revisionistas soviéticos o bien fueron seducidos conscientemente por los créditos del socialimperialismo soviético: en estos casos encontramos desde las guerrillas del Movimiento Popular de Liberación de Angola hasta luego gobiernos constituidos como el de Etiopía. Vale decir que la etiqueta de experimentos como la de los países del «socialismo árabe» no eran sino extensión de la tristemente célebre teoría revisionista de los países «no capitalistas de orientación socialista». Por tanto, es necesario estudiar, comprender, y sacar justas conclusiones sobre lo que supusieron para las luchas de liberación nacional y las luchas por la revolución socialista las teorías de los socialimperialistas soviéticos que eran endulzadas con fraseología revolucionaria y lanzadas a los Estados emergentes, sobre todo de África y Asia. Comprender como las teorías de: la «comunidad socialista»; la «división socialista del trabajo»; la «soberanía limitada»; la «integración económica socialista»; la «vía no capitalista de desarrollo»; la de los países de «orientación socialista», y como influyeron y se establecieron al amparo de estas teorías regímenes como los de Etiopía, Angola, Yemen del Sur, Benín; que en su mayoría acabarían o bien por la fuerza o bien por iniciativa propia cambiando su régimen acorde a los parámetros de las democracias burguesas occidentales tras el derrumbe del propio socialimperialismo soviético en 1991. En otros casos como es el de Libia o Siria; también sucumbieron ante el revisionismo y terminaron estableciendo teorías antimarxistas que moldearían a partir de 1991 en el afán de aproximarse a los imperialismos de occidentales, manteniendo sin embargo la fraseología pseudorevolucionaria para mantener envilecidos a sus respectivos pueblos». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

***

Por supuesto hay muchos más detalles para indagar y demostrar el carácter capitalista y socialimperialista de la Unión Soviética, con el tiempo iremos reeditando la obra para introducir aspectos que quizás puedan ser de notable importancia, pero en general estos temas creemos que es más que suficiente para que el lector pueda hacerse una idea y defienda esta justa conclusión frente a los apologistas del revisionismo soviético». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 2016)

Documentos para el estudio de la restauración del capitalismo y el carácter socialimperialista de la URSS; Equipo de Bitácora (M-L), 2016


«Los albaneses si bien en algunos documentos –sobre todo iniciales– no explicaron a veces del todo bien el proceso de restauración del capitalismo muy concretamente ni tan sencillamente como debiera sobre todo a finales de los 50, eso pronto cambio y para los 60 los artículos dejan bien clara como se había dado esa transformación económica al capitalismo. En los 60 es entendible que no era fácil de entender para los revolucionarios del mundo una transformación tan traumática como esa, pero a día de hoy este proceso está más que claro y explicado con la pila de documentos marxista-leninistas –en especial de los albaneses–, explicándose de hecho todo aspecto de la política, economía y cultura soviética a partir de 1953, donde uno se hace una fácil idea de todo el proceso. Existen como decimos multitud de documentos –trabajos incluso de autores no marxistas– sobre el proceso económico en la URSS y sus manifestaciones económicas internas y externas:







sábado, 12 de agosto de 2017

El pueblo albanés y su contribución en la lucha antifascista en la Segunda Guerra Mundial


«En proporción con la población y su pequeño territorio, el pueblo albanés insurrecto se destacó como uno de los miembros más activos de la coalición antifascista mundial. En ese período, en Albania, de cada 14,3 habitantes uno combatió con las armas en la mano al ocupante. El pueblo armado y el Ejército de Liberación Nacional Albanés, con 70 mil guerrilleros, organizado en brigadas, divisiones y cuerpos de ejército, inmovilizaron en la lucha, dentro de su territorio, a 15 divisiones italianas y alemanas causando al enemigo considerables daños: fueron muertos alrededor de 27.000 enemigos, heridos más de 21.000; fueron hechos prisioneros 20.800. Fueron destruidos o capturados 2.110 tanques y vehículos blindados, 1.331 cañones y morteros, 1.934 camiones y gran cantidad de municiones y de material militar.

Dañando gravemente al enemigo en toda Albania, nuestro pueblo inmovilizó a cientos de miles de soldados de los ejércitos nazi fascistas y no permitió que el Mando del Wehrmacht enviara estas tropas al frente del Este, sobre todo en las situaciones en que dicho frente necesitaba sin cesar de los numerosos ejércitos del Eje y de los países ocupados por éste. El pueblo albanés no sólo no permitió que ninguna unidad de mercenarios, aunque pequeña, fuera al frente soviético o a algún otro frente en el extranjero, sino que con su heroica lucha ayudó directamente a la lucha antifascista de los pueblos de Europa y sobre todo de los Balcanes.

El pueblo albanés saboteó el ataque de la Italia fascista contra el pueblo griego, y las fuerzas albanesas, encuadradas en el ejército italiano, no aceptaron participar en la agresión. Asimismo nuestro pueblo golpeó al ejército fascista italiano en su retaguardia en territorio albanés.

Por orden del Comandante en Jefe del Ejército de Liberación Nacional durante los años 1942-4945, más de 20 mil combatientes de nuestro Ejército, atravesaron las fronteras estatales y lucharon con heroísmo por la liberación de los pueblos de Yugoslavia. En estas batallas dieron la vida cientos de hijos e hijas, combatientes del pueblo albanés. De esta manera Albania, con su heroica lucha coronada con la victoria dentro y fuera del país, se convirtió en uno de los miembros más activos de la coalición antifascista mundial de los pueblos.

La activa contribución del pueblo albanés a la Lucha Antifascista Mundial se demuestra claramente también en los grandes sacrificios y pérdidas que sufrió en esta guerra. El territorio albanés fue hollado por más de 700 mil soldados fascistas, quienes con sangre y fuego perpetraron crueldades sin par. Como consecuencia, en comparación con la población de 1 millón de habitantes y con el territorio, Albania ocupa uno de los primeros puestos en cuanto a las pérdidas humanas y en valor material durante la Segunda Guerra Mundial. El pequeño pueblo albanés dio 28 mil mártires.

Si se calculan también los heridos, el 7,3 por ciento de la población quedó mutilada por la guerra. Decenas de miles de personas fueron encarceladas o recluidas en los campos de concentración en Alemania y en distintos países ocupados por ella. Si se incluyen también los valores materiales destruidos, casi cada familia albanesa sufrió daños de los ocupantes italianos y alemanes; el 21 por ciento de las casas en aldeas y ciudades fueron incendiadas o destruidas; más de una tercera parte del ganado fue aniquilado por los ejércitos ocupantes.

En el otoño de 1944, en plena retirada, el ejército alemán destruyó los principales puentes del país y numerosas obras económicas importantes. Informando sobre estos bárbaros actos, el mando de las tropas alemanas del Sureste afirmaba que únicamente con la destrucción de los puentes «Albania fue llevada decenas de años atrás».

Es un hecho innegable que Albania es el único país en Europa que fue liberado con sus propias fuerzas, sin la intervención directa del Ejército Rojo o de otro ejército». (Albania Nueva; El pueblo albanés, activo participante en la coalición antifascista mundial, 1985)

martes, 8 de agosto de 2017

La no publicación de los documentos de los partidos: característica común de las organizaciones revisionistas; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«El Partido Comunista de China (PCCh) se caracterizó por amputar y reeditar constantemente las obras de Mao Zedong a fin de adaptar su obra de modo oportunista a las diferentes épocas, o para la reproducción de su imagen en el extranjero:

«Es arduamente conocido que el revisionismo chino tiende a manipular sus obras para cubrir sus vergüenzas. Uno de los casos más conocidos es el informe al VIIº Congreso del Partido Comunista de China de 1945 de Mao Zedong, llamado: «La lucha por la nueva China», con posterioridad reeditado y censurado en sus partes más browderistas con motivo de su inclusión en el tomo IV de Obras Escogidas, en que fue titulado: «Sobre el gobierno de coalición». Otro punto sería la obra «Resoluciones sobre algunas cuestiones de la historia del partido». (...) Este tipo de cambios, censura y reediciones en sus obras fue algo reconocido por los revisionistas chinos en la introducción de las Obras Escogidas de Mao Zedong. (...) Esta pose de fidelidad a Stalin, al marxismo-leninismo, dejando las críticas en formas indirectas o en pequeños círculos, duraría solo hasta la muerte del líder soviético. (...) Este ocultamiento apropósito de los sentimientos de Mao hacía Stalin [se comprueba] con los testimonios escrito del líder revisionista chino a la muerte de Stalin». (Equipo de Bitácora (M-L); Mentiras y calumnias de la historiografía burguesa-revisionista de Mao Zedong y el revisionismo chino sobre Stalin, 2014)

Téngase en cuenta que los revisionistas chinos sólo publicaron, en 1951, las obras de Mao Zedong hasta el tomo IV, estas publicaciones cubren sus obras de 1926 hasta 1949. El tomo V, publicado en 1977, cubre el periodo de 1949 a 1957, este tomo fue publicado bajo mandato de Deng Xiaoping y Hua Kuo-feng, aunque por ciertas recopilaciones ya se conocían partes de estas obras. No es casualidad que esta dupla, Deng-Hua, publicara en 1977 el V volumen de las Obras Escogidas de Mao Zedong; pues lo hicieron a sabiendas de que su contenido les era altamente beneficioso en cuanto a justificar sus derivas presentes y futuras.

Para entender el maoísmo y el desarrollo del maoísmo en Europa, hay que tener en cuenta que la mayoría de las obras de Mao Zedong no fueron publicadas en Europa en vida de Stalin, lo que dificultaba su estudio y la comprensión de su carácter revisionista.

En 1951 fue publicado su tomo I de las Obras Escogidas de Mao Zedong en la Unión Soviética. Las obras llevaban siendo revisadas años por Mao Zedong previamente, y luego el filósofo soviético Yudin le asistió para corregir sus errores antimarxistas y así darle un toque más académico. En 1953 se publicaron el tomo III y IV respectivamente, que ocupan los escritos de 1941-1945 y 1945-1949 respectivamente, fue entonces cuando los jruschovistas dieron mucha publicidad a sus textos:

Las presiones económico-políticas de los socialimperialistas chinos en Albania


«Nos preguntamos cómo desde 1978 y a día de hoy también, existe gente que se autodenomina marxista-leninista, y puede llegar a ver «supervivencias de socialismo» en China. Si las mistificaciones socializantes del «Pensamiento Mao Zedong» todavía podían seguir funcionando para China siendo un Estado de «nueva democracia», es decir, un Estado nacionalista-burgués económicamente débil, una vez se vieron abiertamente las ambiciones imperialistas de China, se volvió a demostrar que no podía existir la «tercera vía» sobre la base de producción de mercancías: al igual que en la sociedad burguesa se produce a cada instante la diferenciación social de los elementos pequeño burgueses, una minoría uniéndose a las filas de la gran burguesía, y una mayoría al proletariado, del mismo modo en la economía mundial de los países burgueses se produce una diferenciación, los países más débiles que llegan a proletarizar a su población, los más poderosos llegan a acumular y tomar su lugar entre los explotadores.

Una señal irrefutable del triunfo de la burguesía imperialista china, fueron los cambios que se operaron en el carácter de las relaciones entre Pekín y Tirana.

De la misma manera que los revisionistas titoistas y jruschovistas habían previsto hacer de Albania un país dependiente, cuya economía estaría basada en la agricultura y cuya industria estaría limitada a la producción de materias primas y bienes de consumo, del mismo modo los revisionistas chinos no iban a tardar en demostrar que no pretendían ayudar a un país socialista hermano, sino someter a Albania, o por lo menos impedir su desarrollo económico independiente:

«Los líderes chinos en su intención de dejar a Albania privada de una industria pesada y hacer de ella un país económicamente dependiente del suyo, se obstinaban en sostener la idea de que la República Popular de Albania no se hallaba en situación de construir ni de poner en funcionamiento las nuevas unidades industriales que China le abastecía. Es por eso que la creación de instituciones de la industria pesada en Albania con el apoyo de China se reunieron con muchas dificultades que fueron superadas gracias a los esfuerzos incansables de los trabajadores y especialistas albaneses». (Partido del Trabajo de Albania; Historia de la construcción socialista en Albania, 1988)

A finales de los años 60 cuando la construcción de unidades enteras de las industrias albanesas de producción de medios de producción se convirtieron en noticia, los revisionistas chinos trataron de persuadir a los líderes albaneses de no construir ciertas obras industriales en el dominio de la energía, la metalurgia ferrosa y no ferrosa así como de las construcciones mecánicas. Estas obras debían formar la columna vertebral de la industria pesada albanesa.

Tras el fracaso de sus presiones, los revisionistas chinos establecieron un bloqueo económico contra la Albania socialista de manera fragante durante 1971-1975, primero no cumpliendo con los acuerdos comerciales acordados, y a continuación, retrasando el envío de equipos para la construcción de estas obras claves, y finalmente recurriendo al sabotaje a través de sus expertos. 

Sobre el término socialimperialista y su acuñamiento por parte de los albaneses; Equipo de Bitácora (M-L), 2016


«Lenin utilizó varias veces el término socialimperialista para los miembros de la II Internacional que apoyaban, colaboraban e incluso abanderaban las políticas imperialistas de sus países.

Los marxista-leninistas albaneses acuñaron el término socialimperialista en los años 60 para designar a un país como la URSS, que decía ser socialista e internacionalista pero que en su práctica era capitalista y con un desarrollo económico y puesta en escena internacional imperialista. Término lógico y simple de entender para lector a estas alturas del documento viendo lo visto sobre la esencia de la estructura económica de dicho país.

Para los defensores del revisionismo soviético de los 60, 70 u los 80, el capitalismo no se había restaurado en la URSS, ¡y que el hecho de llamarlo socialimperialista era si cabe un error más grave!

Muchos de ellos afirman también que la calificación de socialimperialista es un epíteto que los albaneses copiaron a los chinos, algo que demuestra un comentario ignorante, falto de conocimiento histórico.

Los albaneses en todos los fenómenos tras la muerte de Stalin y antes de esto también, han tenido sus propios análisis y conclusiones sobre los fenómenos internacionales –aunque estas les pusieran en minoría y ante problemas–: (1) he ahí la denuncia del titoismo a los soviéticos –antes de que fuera desenmascarado a nivel internacional en la Kominform–; (2) su opinión sobre las tesis del XXº Congreso del PCUS de 1956 –contrario a la mayoría de partidos–; (3) los análisis de los sucesos de Hungría –opiniones y conclusiones que iban en contra de China y la URSS y la mayoría de partidos–.

Y en lo referente a China: (4) análisis y conclusiones contrarias a la teoría china del frente antiimperialista junto a los revisionistas soviéticos; (5) crítica a las ilusiones sobre el ascenso de Brézhnev al poder, (6) críticas muy duras a la Revolución Cultural en China, (7) críticas al viaje de Nixon a China y la prueba del acercamiento sino-estadounidenses con el Comunicado de Shanghái, (8) o la teorización de los tres mundos.

Queda demostrado con estos sucesos, que solo un historiador burgués-revisionista, bien por ignorancia o claros objetivos interesados diría que los albaneses eran unos seguidistas. La base para calificar a la URSS con ese apelativo tenía su raíz en los análisis que los albaneses, como hemos visto hasta aquí, realizaron por sí mismos.

En cuanto a los revisionistas chinos y su crítica a la URSS, existen muchos filomaoístas que actualmente pretenden relacionar la lucha de los marxista-leninistas contra el revisionismo soviético con la figura Mao, un mito ya hace décadas desmontado.

También mucho filomaoísta trata de pasar al maoísmo como marxismo-leninismo, quienes presentan la teoría de que existe una etapa marxista-leninista de Mao –que incluiría una lucha coherente contra el revisionismo soviético– que hay períodos en que las teorías y prácticas de Mao deben de ser reivindicadas como marxista-leninistas, algo que como decimos, gracias a la documentación disponible, es un intento burdo pues no existe ningún periodo ni campo en el que el líder chino no haya revisado el marxismo-leninismo: cuestión de partido, etapas de la revolución, filosofía, economía, cuestión cultural y lucha ideológica, etc.; la categorización de marxista-leninista del revisionista chino solo pueden ser sostenido por maoístas y filomaoístas disfrazados de marxista-leninistas. Teorías de diversa índole que solo sirven para reforzar el mito del revisionismo chino, aunque a estas alturas como decíamos no tengan ya ningún sustento existiendo tanto documento que desmonte tales afirmaciones.

Los chinos a la hora de tratar con el revisionismo soviético fueron unos oportunistas, vacilantes, centristas, etc.:

«Su «antirevisionismo» hacia los jruschovistas no ese basa en la ideología marxista-leninista. Ellos no luchan frente al revisionismo soviético sobre estos principios. Al contrario, para los chinos, todo lo que se declare antisoviético es bueno, y se puede marchar con él, independientemente de que estos elementos antisoviéticos sean; los revisionistas titoistas, traidores al marxismo-leninismo, agentes de los estadounidenses, los revisionistas rumanos, que poseen lazos con el imperialismo estadounidense, la reacción europea u otra reacción burguesa. Para ganarte la simpatía de los chinos, solo necesitas ser antisoviético. Este camino antimaxista está llevando a China a un callejón sin salida, a un curso donde sino rectifican, les lleva a la traición». (Enver Hoxha; Bajo una línea antimarxista; Reflexiones sobre China, Tomo II, 27 de julio de 1971)

Ya lo expusimos con ejemplos más arriba.

Los marxista-leninistas albaneses fueron extrayendo las últimas conclusiones respecto al revisionismo chino y su naturaleza real. El Comité Central del Partido del Trabajo de Albania enviaría sucesivas cartas al Comité Central del Partido Comunista de China: como la de 1962 –sobre el concepto oportunista de formar un frente antiimperialista con el revisionismo soviético–, la de 1964 –advirtiendo el error de presentar reivindicaciones territoriales en la lucha ideológica contra el revisionismo soviética–, la de 1971 –sobre la reconciliación del revisionismo chino con el imperialismo estadounidense– o la de 1978 –haciendo un resumen del desarrollo de las divergencias sino-albanesas y exponiendo los sabotajes económicos chinos desde inicio de los 70 a causa de la no aceptación de la política exterior china–. En todas estas cartas se ve como de modo camaraderil los albaneses van desbrozando el camino oportunista que los chinos estaban tomando, pero los revisionistas chinos jamás respondieron a las cartas y las críticas, y conforme a ello, y a la continuación de políticas oportunistas, los marxista-leninistas fueron sacando conclusiones.

Toda crítica china contra el revisionismo soviético ha estado basada en la copia de los argumentos y documentos de los albaneses, los chinos siempre han ido a la zaga de los albaneses en este sentido, y cuando acertaban en la crítica a los soviética –fuera copia de una crítica y postura de los albaneses o no– casualmente los chinos estaban acusando a los soviéticos de cosas que ellos mismos habían cometido durante los 40, que hacían en los 50 y 60 o que iban a hacer a partir de los 70. No hace falta explayarnos cuales son estas cosas que todos saben a estas alturas, igualmente existe toda una documentación facilitada por nuestro equipo para revisar la historia del revisionismo chino por si el lector no sabe a que nos referimos. Entonces desde una óptica objetiva no es muy serio que los chinos utilizaran el término revisionista, oportunista o socialimperialista para referirse a los soviéticos, ya que ellos mismos no tenían autoridad moral para ello, cuando ellos seguían el mismo camino». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 2016)