lunes, 28 de junio de 2021

La «izquierda» retrógrada y la «izquierda» posmoderna frente al colectivo LGTB; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


[Documento publicado originalmente en 2020. Reeditado en 2021]

«En lenguaje político, el término «izquierda» y «derecha» se utilizaban respectivamente para mostrar una posición más progresista o conservadora respecto a una ideología o postura concreta. Dentro del marxismo el binomio «izquierda» o «derecha» también se ha utilizado, pero ha de saberse el qué se está a la izquierda o derecha y respecto a qué, por ejemplo, la socialdemocracia estaría más a la izquierda que el liberalismo, pero más a la derecha que el anarquismo. Esto no son sino conceptos del lenguaje, herramientas que nos ayudan a comprender mejor ciertas realidades. Así, cuando desde el marxismo, por ejemplo, se habla de desviación de «izquierda» o de «derecha», normalmente se refiere a algo que se escora fuera del marxismo y su eje central. Generalmente, cuando se habla de «desviaciones derechistas» nos referimos a concesiones ideológicas hacia el enemigo, a su adaptación, a pecar de una relajación de la disciplina individual o de grupo. Por contra, cuando hablamos de «desviaciones izquierdistas» solemos referirnos a maximalismos de o todo o nada, a cuando se intentar encajar mecánicamente una situación del pasado con una actual que no tienen nada que ver, a no saber calibrar nuestras fuerzas y las del contrario. Es cierto que la primera se suele identificar con el reformismo y el posibilismo político, mientras la segunda casa mejor con el anarquismo y el aventurerismo. Huelga decir que quien conozca al anarquismo sabrá lo poco disciplinado que es, así como cualquier que sepa cómo se las gastan en las filas reformistas conocerá que el exceso de optimismo bien puede ser una de sus señas perfectamente. Conclusión: ningún movimiento político es plenamente de «izquierda» o «derecha» en lo ideológico; ningún grupo pseudomarxista sufre solo de desviaciones «izquierdistas» o «derechistas», aunque, como en todo, se tiende más hacia uno u otro. 

Al marxismo, como ideología abanderada de los movimientos obreros del siglo XIX se la englobó rápidamente con los movimientos políticos de izquierda. Nosotros no traficamos ni especulamos por lo que ha de considerarse «izquierda» en nuestra época. Si identificamos el término «izquierda», como también se ha venido haciendo históricamente, como sinónimo de progreso, y a este, como superación de la sociedad actual, hay que ser concisos en el análisis para no dar lugar a equívocos, puesto que no podemos caer en el juego de otras corrientes antimarxistas conocidas por su cariz conciliador. Para los nuestros, la única «izquierda» verdadera, la única «izquierda» revolucionaria, que está con la clase obrera y el resto de las capas trabajadoras y útiles de la sociedad, la única corriente que además representa sus intereses de forma real –científica–, y honesta –sin ocultar sus errores–, es el marxismo, socialismo científico o como guste, el nombre es lo de menos. Y este tiene un nudo troncal muy definido que no puede ser disimulado. La cuestión es, pues, aprender a distinguir su esencia de su interesada adulteración. 

Es esta doctrina y no otra la única capaz de presentar una alternativa real y seria. Dado que no puede haber dos verdades, el ser humano que quiera emanciparse a sí mismo y a los suyos del sistema capitalista no podrá adoptar dos ideologías para tal fin
». (Equipo de Bitácora (M-L); Fundamentos y propósitos, 2020)

Siendo consecuentes, si ligamos el término izquierda a lo revolucionario, al progreso, y esto es el marxismo, ninguna «izquierda» que contenga en su seno pensamientos retrógrados y posmodernos puede ser una verdadera izquierda. Pero antes de continuar deberíamos aclarar algo que se olvida con demasiada facilidad. 

martes, 22 de junio de 2021

La grandeza de Herzen, revolucionario ruso del siglo XIX


«Las opiniones históricas de Herzen fueron un componente importante de su cosmovisión. A lo largo de su vida consciente y actividad revolucionaria, Herzen mostró un interés inquebrantable por el estudio de la historia. En la erudición histórica avanzada, al iluminar el pasado desde una perspectiva revolucionaria, vio un medio poderoso para exponer teorías reaccionarias y fundamentar puntos de vista políticos progresistas. Consideró que la tarea más importante de dicha ciencia era la divulgación de las leyes del desarrollo social, cuyo conocimiento debía proporcionar la previsión histórica, tan necesaria en la lucha revolucionaria. «Al tomar consciencia del pasado, aclaramos el presente; al profundizar en el significado del pasado, revelamos el significado del futuro; al mirar hacia atrás, damos un paso adelante». (...) Entre las condiciones esenciales para la resolución de estas tareas, Herzen se refirió al dominio de los historiadores de la teoría filosófica. Donde no hay filosofía como ciencia, no puede haber una filosofía de la historia sólida y coherente, por muy brillantes y luminosas que sean las opiniones individuales expresadas por unos y otros». La teoría filosófica, creía Herzen, está diseñada para salvar al historiador de una simple fotografía de los hechos históricos, debe dirigir su atención a revelar el significado interno de los acontecimientos del pasado, a descubrir detrás de los hechos dispersos y aleatorios de la necesidad histórica. (...) El mérito excepcional de Belinsky y Herzen es que iniciaron la búsqueda de tal teoría; el desarrollo de su cosmovisión procedió en una tensa lucha con representantes de la ideología monárquica oficial, así como con los eslavófilos y luego con los «occidentalizadores», representantes del liberalismo terrateniente-burgués en Rusia. (...) El desarrollo de los problemas históricos de Herzen se dirigió en los años 40 principalmente contra los apologistas de la reaccionaria Rusia Nicolás –Pogodin, Shevyrev–, así como contra los eslavófilos, que interpretaron pervertidamente la cuestión de las formas de un mayor desarrollo del pueblo ruso. Los eslavófilos propusieron un programa reaccionario diseñado para fortalecer el dominio económico y político de la nobleza. Se esforzaron por reactivar las relaciones sociales de la «Rus prepetrina», supuestamente basadas en los principios de paz y armonía entre el pueblo y las autoridades, entre campesinos y terratenientes, con la antigüedad patriarcal idealizada. Los eslavófilos negaban el progreso histórico, defendían las teorías anticientíficas del idealista alemán Schelling; después de él, redujeron el desarrollo histórico de los pueblos individuales a la revelación del místico «espíritu del pueblo». (...) Al evaluar los resultados de la política interior y exterior de Catalina II, Herzen escribió que ella, al igual que Pedro el Grande, sacrificó «todo y, sobre todo, la felicidad del pueblo para crear un imperio ruso, organizar un Estado fuerte y hacerlo europeo». El fuerte imperio se sostuvo sobre los sufrimientos de millones de las masas del pueblo, entregado a la servidumbre desesperada de la nobleza, un confiable pilar del poder imperial. Como resultado, se desarrolló un contraste entre las dos Rusias; la Rusia terrateniente autocrática dominante, por un lado, y la Rusia del pueblo, campesina y oprimida, por el otro. «Estas son dos Rusias», escribió Herzen en 1860, «de las cuales una no es el pueblo, sino sólo el gobierno, y la otra es el pueblo, pero empujada fuera de la ley y entregada a la fuerza de trabajo». No había nada en común entre la noble Rusia y la Rusia campesina, declaró Herzen, «por un lado el robo y el desprecio, por otro, el sufrimiento y la desconfianza». (...) También es cierto que Herzen enfatizó la independencia del desarrollo de cada nación. Señaló que la creatividad histórica de los pueblos no estaba en absoluto subordinada al objetivo de revelar varios aspectos del místico «absoluto» o «espíritu del pueblo», como creían Hegel y Schelling, los liberales burgueses o los eslavófilos. Herzen se opuso resueltamente a la división de los pueblos en «históricos» y «no históricos». En los años 50-60 del siglo XIX, Herzen, enojado, se alzó en armas contra las «teorías» racistas de los alemanes y otros chovinistas. «No hay nación que haya pasado a la historia, que pueda considerarse una manada de animales», señaló en 1851, «así como no hay nación que merezca ser llamada asamblea de los elegidos». Revelando sus propias opiniones sobre la cuestión nacional, Herzen escribió: «Estamos por encima de la sensibilidad zoológica y somos muy indiferentes a la cuestión de la pureza racial, lo que no nos impide ser plenamente eslavos». El gran demócrata ruso siempre se ha opuesto resueltamente a la persecución de los eslavos como raza «inferior». «Nunca hemos sido nacionalistas ni panslavistas», dijo, «pero la injusticia hacia los eslavos siempre nos ha parecido atroz». Al mismo tiempo, Herzen criticó las distorsiones cosmopolitas en el campo de la historia, enfatizó la necesidad del desarrollo integral de una cultura nacional independiente de cada pueblo. Herzen era partidario de la amistad entre los pueblos. Hizo un llamado a los pueblos a la ayuda mutua fraternal en la lucha contra la opresión social y nacional. Una viva expresión de estas convicciones de Herzen fue su llamamiento al pueblo ruso para que apoyara la lucha del pueblo polaco contra el zarismo en 1863. Al prestar sincera asistencia a la causa de la liberación nacional polaca, Herzen, en palabras de Lenin, «salvó el honor de la democracia rusa». (...) Herzen adquirió una comprensión más profunda del papel de las masas en la historia, realizando un estudio crítico de la historiografía noble-burguesa, que se distinguía por exageraciones extremas del papel del individuo en la historia, llevándole a una solución más correcta de este problema. Pensaba que «la personalidad es una fuerza viva, un fermento poderoso, cuyo efecto no siempre se destruye ni siquiera con la muerte», pero al mismo tiempo enfatizaba cada vez más definitivamente la dependencia de las actividades de los grandes personajes de las condiciones históricas. «La personalidad», escribió Herzen, «es creada por el entorno y los eventos». Precisamente señaló que «los genios casi siempre se encuentran cuando se los necesita». (V. E. Illeritsky; Opiniones históricas de Alexander Ivanovich Herzen, 1952)

jueves, 10 de junio de 2021

La responsabilidad del Partido Comunista de Argentina en el ascenso del peronismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«En lenguaje político, el término «izquierda» y «derecha» se utilizaban respectivamente para mostrar una posición más progresista o conservadora respecto a una ideología o postura concreta. Dentro del marxismo el binomio «izquierda» o «derecha» también se ha utilizado, pero ha de saberse el qué se está a la izquierda o derecha y respecto a qué, por ejemplo, la socialdemocracia estaría más a la izquierda que el liberalismo, pero más a la derecha que el anarquismo. Esto no son sino conceptos del lenguaje, herramientas que nos ayudan a comprender mejor ciertas realidades. Así, cuando desde el marxismo, por ejemplo, se habla de desviación de «izquierda» o de «derecha», normalmente se refiere a algo que se escora fuera del marxismo y su eje central. Generalmente, cuando se habla de «desviaciones derechistas» nos referimos a concesiones ideológicas hacia el enemigo, a su adaptación, a pecar de una relajación de la disciplina individual o de grupo. Por contra, cuando hablamos de «desviaciones izquierdistas» solemos referirnos a maximalismos de o todo o nada, a cuando se intentar encajar mecánicamente una situación del pasado con una actual que no tienen nada que ver, a no saber calibrar nuestras fuerzas y las del contrario. Es cierto que la primera se suele identificar con el reformismo y el posibilismo político, mientras la segunda casa mejor con el anarquismo y el aventurerismo. Pero huelga decir que quien conozca al anarquismo sabrá lo poco disciplinado que es, así como cualquier que sepa cómo se las gastan en las filas reformistas conocerá que el exceso de optimismo bien puede ser una de sus señas perfectamente. Conclusión: ningún movimiento político es plenamente de «izquierda» o «derecha» en lo ideológico; ningún grupo pseudomarxista sufre solo de desviaciones «izquierdistas» o «derechistas», aunque, como en todo, se tiende más hacia uno u otro». (Equipo de Bitácora (M-L); Fundamentos y propósitos, 2021)

Analizado lo que ha sido y es el peronismo, ¿significa que debemos pasar a apoyar y reivindicar automáticamente la línea conductora del Partido Comunista de Argentina (PCA) en cualquiera de sus etapas? En absoluto. Precisamente este es un partido que hay que examinar y «coger con pinzas» observando sus posicionamientos históricos, que en muchas cuestiones son más que cuestionables. Por mucho que profesase su adhesión a la Internacional Comunista (IC) y jurase fidelidad a los principios del marxismo-leninismo, la línea del PCA siempre fue de dudosa certeza, algo que, en ocasiones, porque no reconocerlo, también puede decirse de la IC. Esto es precisamente lo que nos diferencia a nosotros de los trotskistas, maoístas o peronistas. Nosotros no creemos que la autocrítica personal o la objeción hacia el líder predilecto sea como tirar piedras a nuestro propio tejado, un pecado que suponga la directa excomunión, sino que, muy por el contrario, es una obligación innegociable si de verdad deseamos hacer algo medianamente productivo para la causa. 

En este documento no señalaremos los avances o retrocesos que supuso el PCA en relación a las viejas organizaciones obreras de Argentina, sino que nos centraremos en sus errores más manifiestos, sobre todo, en relación con el peronismo. Esto debe ser así, pues debemos ser implacables con un partido como este: uno que como podremos comprobar sin trampa ni cartón sufrió graves deficiencias y nunca logró bolchevizarse. De hecho, a diferencia de otras secciones de la IC, dudosamente se puede decir que haya un «periodo dorado» de este partido argentino, lo que ya predice qué nos vamos a encontrar de aquí en adelante. Asimismo, intentaremos no perder de vista el contexto internacional en el movimiento comunista para intentar explicar al lector que lo que le ocurrió al PCA lamentablemente fue más común de lo que se puede creer a priori.

martes, 8 de junio de 2021

Notas para la escuela del partido; Elena Ódena; 1981


«A. Generalidades sobre la ideología y la base teórica del Partido

La ideología de todo Partido Comunista –marxista-leninista– es el marxismo-leninismo, cuya base teórica es el materialismo dialéctico y el materialismo histórico.

No vamos a estudiar aquí a fondo los distintos aspectos de nuestra teoría, ya que hay un tema dedicado a ello. Sólo plantearemos las siguientes definiciones generales para que nos sirvan de punto de orientación y referencia al estudiar el papel histórico del Partido, el trabajo de organización y su funcionamiento orgánico.

Sobre el materialismo dialéctico

Lenin define la «dialéctica», como:

«El estudio, en sentido estricto, de las contradicciones contenidas en la misma esencia de los objetos». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Cuadernos Filosóficos, 1915)

El materialismo dialéctico es la concepción filosófica del Partido marxista-leninista. Es la única concepción científica del mundo, que no sólo interpreta el mundo y sus fenómenos, sino que se plantea cómo transformarlo. Es la brújula que muestra al proletariado y a las masas oprimidas el camino de la lucha, la salida de la esclavitud en que los pueblos han vivido y viven desde hace siglos.

Así, en su genial obra sobre el «Materialismo dialéctico y el materialismo histórico», Stalin dice:

«Llámase materialismo dialéctico porque su modo de abordar los fenómenos de la naturaleza, su método de estudiar estos fenómenos y de concebirlos, es dialéctico, y su interpretación de los fenómenos de la naturaleza su modo de enfocarlos, su teoría, materialista». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Materialismo dialéctico y materialismo histórico, 1938)

Y con relación al materialismo histórico, Stalin dice:

«El materialismo histórico es la aplicación de los principios del materialismo dialéctico al estudio de la vida de la sociedad, al estudio de ésta y de su historia. La dialéctica es lo contrario de la metafísica». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Materialismo dialéctico y materialismo histórico, 1938)

La dialéctica es lo contrario de la metafísica

La dialéctica de Hegel fue la primera en presentar el mundo como un proceso. Pero Hegel era idealista. La base de todo lo existente lo veía en el desarrollo espontáneo de una idea absoluta, existente ya antes en la naturaleza y del hombre. El proceso del pensamiento era para Hegel el creador de lo real.

Por el contrario para Marx, lo ideal no es más que lo material traspuesto e interpretado por el cerebro del ser humano, es decir, Marx parte del principio materialista de que sin materia pensante –el cerebro– no puede concebirse la idea. Marx y Engels, liberaron así a la dialéctica hegeliana de su caparazón idealista, creando la dialéctica materialista, que más tarde fue desarrollada en su aplicación a las leyes de la sociedad por Lenin y Stalin.

jueves, 3 de junio de 2021

«Debemos apoyar a China porque pone en entredicho la política occidental», ¿dónde hemos oído esto antes?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


[Publicado originalmente en 2020. Reeditado en 2022]

«En esta sección analizaremos cómo el «tercermundismo» sigue siendo una baza muy utilizada por los gobiernos tanto de las potencias imperialistas como de los países dependientes. En segundo lugar, observaremos cómo esta desviación es una enfermedad muy extendida entre los grupos de «izquierda». En tercer lugar, expondremos cómo para muchos militantes antiimperialistas solo hay un único imperialismo que les preocupe: el de Washington. Por último, desmontaremos la teoría catastrofista que suelen utilizar los prochinos para que se apoye su política en terceros países.

¿Qué es el «tercermundismo» y por qué China lo sigue utilizando?

«China intenta penetrar en los países del «tercer mundo» y ocupar un «lugar al sol». (...) A medida que China se desarrolle económica y militarmente, intentará cada vez más penetrar en los países pequeños y menos desarrollados y dominarlos a través de sus exportaciones de capitales». (Enver Hoxha; Imperialismo y revolución, 1978)

Xi Jinping se pasea por los foros internacionales lanzando los clásicos discursos «tercermundistas» de toda la vida para intentar ganarse a los incautos. Atentos porque el cinismo de esta gente es increíble:

«Necesitamos cerrar la brecha del desarrollo y revitalizar el desarrollo mundial. El proceso de desarrollo global está sufriendo una grave interrupción, lo que implica problemas más destacados, como una brecha Norte-Sur cada vez mayor, trayectorias de recuperación divergentes, fallas en el desarrollo y una brecha tecnológica. (…) El camino correcto para la humanidad es el desarrollo pacífico y la cooperación en la que todos ganan». (Xi Jinping; Discurso en el Foro Económico, 17 de enero de 2022)

¡Qué bonito discurso, Presidente! ¡Qué pena que China incumpla día y noche sus promesas de «coexistencia pacífica», «comercio justo», «compromiso climático» y todo lo demás! ¿No os recuerda esto a los discursos de Kennedy, Carter o Clinton? En verdad, este tipo de promesas son recurrentes en estos foros internacionales, donde la potencia intenta presentarse ante el mundo como el garante de la paz, como el hermano mayor altruista, etcétera. Véase la obra: «Algunas reflexiones sobre los discursos en la VII Cumbre de las Américas» de 2015.

El llamado «tercermundismo» ha sido siempre la marca del revisionismo, en cualquiera de sus expresiones. Hoy, el tercermundismo sigue presente en la política exterior no solo del revisionismo, es decir, de quienes se intentan hacer pasar por marxistas de alguna manera u otra, sino que es el sello de la mayoría de gobiernos del mundo, puesto que existen una gran cantidad de teorías análogas que defienden lo mismo en lo fundamental: el «Movimiento de los Países No Alineados», «Nuevo Orden económico», el diálogo Norte-Sur», etc. Véase la obra: «La teoría de los «tres mundos» y la política exterior contrarrevolucionaria de Mao» de 2017.

Dicho esto, ha de entender la relación que circunda a todo este entramado:

a) Cuando la administración de las potencias imperialistas proponen a los gobiernos de los países que esquilman económicamente la búsqueda conjunta de un «nuevo orden económico», solo lo hacen para echarle un cable a sus socios, quienes saben que están ahogados en un mar de problemas con deudas, especulación financiera, corrupción y desbalances comerciales; por tanto, a su vez buscan coordinarse con sus homólogos para embaucar con promesas a los asalariados de estas zonas, hastiados de sufrir una explotación perpetua en beneficio de las camarillas locales y las empresas extranjeras. b) Del mismo modo, cuando los países capitalistas dependientes de las grandes potencias abogan públicamente por contraer un «nuevo orden económico», traducimos que están implorando a sus aliados que aflojen el nudo que les subyuga, que necesitan como el comer un mejor reparto de los mercados, más moratorias en los pagos, armas de última generación para reprimir las protestas internas, etcétera, en suma, todo lo que sea necesario para que el régimen no colapse; en verdad, como mucho están amenazando a sus socios con que si no son capaces de satisfacer sus demandas terminarán cambiando de bloque imperialista. c) Existen también otros muchos movimientos y jefes políticos que, si bien también están comprometidos y buscan la aprobación de las potencias extranjeras, tratan de adoptar una «estoica posición» de «rebeldía» de cara a la galería, ¿por qué? Para neutralizar a sus competidores, para calmar los ánimos de las masas trabajadoras, en definitiva, para intentar recalar todos los apoyos posibles y construir su relato como «valerosos antiimperialistas» que exigen el «fin de las injusticias históricas» y la inmediata puesta en marcha de un «nuevo orden económico», aunque sin ánimo real de ir a la refriega llegada la hora. d) Por último, hay otros gabinetes de gobierno que, como representantes de la burguesía de un país capitalista en auge, aprovechan este tipo de consignas demagógicas del «nuevo orden económico» para buscar que su nación «ocupe el lugar de honor que se merece» entre las potencias regionales o mundiales, es decir, para implementar un chantaje económico e injerencia política que antes denunciaban como abusivo o intolerable cuando lo practicaban otros. En resumidas cuentas, estas teorías, en cualquiera de sus variantes son falsas y mezquinas de arriba a abajo, ya que, como los revolucionarios saben, el único «nuevo orden económico» posible que dará solución a los problemas intrínsecos y recurrentes del capitalismo es su sustitución por el sistema económico socialista, fin.

Si asumimos que ha de darse el internacionalismo −y no cualquier tipo de internacionalismo, sino el proletario que mandan los cánones marxista-leninistas−, el continuar alimentando estas nociones y discursos «tercermundistas» supone contribuir −de una manera u otra− a la perpetuación de una expresión ideológica nacionalista; supone ser −se quiera o no− el furgón de cola de la burguesía nacional de tu país natal, la cual jugará −según le toque en cada momento− el papel de dominadora o dependiente en el gran escenario global. Bajo tales preceptos, a lo máximo que se podrá aspirar políticamente es a ser un actor secundario en un precioso proyecto internacional de falsas sonrisas y cínica solidaridad entre burguesías regionales, pero nadie en su sano juicio desearía participar en tal estafa. Si alguien cree que exageramos, puede repasar lo ocurrido con los ensayos de esta élite de «reformadores sociales» con el «panafricanismo», el «socialismo árabe» o, más reciente, el «socialismo del siglo XXI». Todos ellos, debido a su disparidad de intereses y los vínculos contraídos y/o mantenidos con el imperialismo extranjero, jamás pasaron de conformar una unidad formal y efímera. Esto es normal, porque cada productor capitalista tiene intereses competitivos contrapuestos con otros a nivel mundial, y en cuanto ve ocasión de sacar tajada, traiciona los intereses formales de esa «comunidad» aliándose con el mejor postor, que normalmente suele ser una potencia imperialista con una gran chequera o muchos misiles. En el común de los casos estos «héroes antiimperialistas» acaban actuando como agentes del imperialismo de turno, del cual difunden día y noche su propaganda sobre las «excelsas bondades» que supone colaborar con tan «compresivos amigos», aunque opriman y masacren a infinidad de pueblos, empezando por el propio. Una vez el imperialismo decide que estos elementos ya no les son funcionales para sus intereses, se deshace de ellos con los mismos métodos cuestionables, por lo que las más de las veces acaban derrocados por el mismo director que antes había decidido que iba a ser el protagonista de la tragicomedia, cerrándose el telón de una función que nos podríamos haber ahorrado.


El caso de Vincent Gouysse demuestra que esta sigue siendo una enfermedad muy extendida

«Aquellos que olvidan o relegan la contradicción proletariado-burguesía y centran sus análisis únicamente en la situación internacional. Lo que les lleva a considerar que ciertos países que tienen contradicciones con el imperialismo y/o el socialimperialismo se debe apoyar a esos gobiernos en detrimento de su propio pueblo y proletariado, y del desarrollo revolucionario. Porque una cosa es tratar de agudizar las contradicciones de los países oprimidos o dependientes con sus opresores y dominadores, y otra, es por arte de dicha política, condenar al proletariado y al pueblo a seguir siendo esclavos de su burguesía, en muchos casos con rasgos y características feudales. (…) Hay que terminar con los análisis simplistas, maniqueístas que tanto han imperado en el movimiento y que son una resultante de la nefasta «teoría de los tres mundos», muy denunciada verbalmente, pero poco combatida en la práctica, y que aún colea en algunos partidos». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IVº Congreso del PCE (m-l), 1984)

Algunos espetarán: «¡Esto ya lo sabemos! No es complicado de entender, no decimos que estemos inmunizados, pero, ¿quién puede creerse esos cuentos del «tercermundismo» o el «no alineamiento» a estas alturas?», pues, para desgracia nuestra, no es tan extraño esos comportamientos y regresiones hacia estas nociones que deberían estar superadas, y el señor Vincent Gouysse es el mejor ejemplo reciente:

«China y sus aliados están innegablemente en su derecho a querer poner fin a la política colonial occidental. Desde esta perspectiva, defienden no solo sus propios intereses económicos fundamentales que requieren la extensión segura de su esfera de influencia, sino también las legítimas aspiraciones de muchos pueblos de vivir libres de esta espada de Damocles. En esta etapa actual de la historia del desarrollo del capitalismo, China representa, ciertamente, un progreso hacia el desarrollo para muchos países que, durante tanto tiempo, se han mantenido en el más completo atraso económico y en la miseria debido a Occidente, que encarna la reacción... ¡con tintes coloniales y proteccionistas muy pronunciados!». (Vincent Gouysse; China «comunista»: mitos y hechos principales, ¡de Mao a Xi, 2020)

¿Han leído bien? ¡China defiende «las legítimas aspiraciones de muchos pueblos de vivir libres»! El Sr. Gouysse apela a lo mismo que todos los adeptos al «socialismo del siglo XXI». Estos, cuando hablan de la más que discutible política exterior de Cuba, Venezuela o Bolivia, sostienen que, bueno, es cierto, sus «crecientes vínculos» con Rusia o China indican una clara dependencia, ¡pero al menos «entorpecen» la hegemonía estadounidense! Así es cómo el oportunismo presenta que el cambiar de potencia imperialista es un gran «progreso» y «desarrollo» histórico. ¡Aquí quién no se contenta es porque no quiere! 

Aunque las posiciones de las que parte Vincent Gouysse sean levemente distintas a las del ya fallecido Fidel Castro, tanto los postulados del francés, como los del cubano, apuestan por lanzar a los pueblos del mundo a los brazos del imperialismo: