viernes, 29 de mayo de 2020

Los bandazos del PCE (m-l) sobre la cuestión nacional; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«En los años 60 nacería el Partido Comunista de España (marxista-leninista) precisamente como reacción a la traición de la dirección del PCE Carrillo-Ibárruri a las ideas más básicas del comunismo. Para este nuevo partido la postura inicial sobre la cuestión nacional sería la siguiente:

«España constituye actualmente UNA nación, y no una pluralidad de naciones unidas tan solo por la existencia de un aparato estatal único y centralizado, como equivocadamente creen algunos. Eso no excluye en modo alguno la existencia de una serie de regiones con ciertas particularidades nacionales más o menos acusadas, a las que se denomina nacionalidades». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Acerca del problema de las nacionalidades en España, 1969)

En este documento no se expresa en ningún momento el tono y estilo de la Internacional Comunista, ni del PC de España de José Díaz, ni mucho menos el de las tesis de Comorera y el PSU de Cataluña o Jesús Larrañaga y el PC de Euskadi. En ese documento, no se habla del derecho de estos pueblos a optar por la independencia estatal. Por ello, le pese a quien le pese, el análisis de la cuestión nacional realizado por el PCE (m-l) durante sus tiempos de infancia suponía un atraso evidente para el movimiento obrero. Esto lo decimos por muchos de los viejos dinosaurios del actual PCE (m-l), que pretenderán defender a capa y espada el honor del partido, aunque ellos hayan sido los encargados de defenestrado en mil cuestiones.

Este triste trabajo del PCE (m-l) sobre la cuestión nacional corrió a cargo de Lorenzo Peña como él mismo reconoce:

«El folleto Acerca del problema de las nacionalidades en España, escrito por mí en 1968 –en su primera versión–, fue publicado después –en 1968 o 1969– por las Ediciones Vanguardia Obrera –como un Cuaderno Marxista-Leninista: Suplemento a Revolución Española, Nº 1–. El comité ejecutivo aceptó publicarlo habiéndolo podado y expurgado. Varios fragmentos se eliminaron». (Lorenzo Peña; Amarga juventud: Un ensayo de egohistoria, 2010)

Debe decirse que las concepciones políticas de Lorenzo Peña eran desviaciones que en la mayoría de casos estaban bastante más a la derecha que la línea oficial del partido. Dado que no podía imponer su visión en diversos campos, las desavenencias y la frustración hicieron que abandonase el partido en 1972. De hecho, pronto él mismo navegaría en aguas abiertamente socialdemócratas, y desde entonces se ha dedicado a especulaciones filosóficas, declarándose como un «socialismo no marxista» y profesar un «republicanismo republicano» (sic), como veremos en otro capítulo.

Merece la pena repasar este texto porque hoy existen líneas políticas de partidos revisionistas que han adoptado líneas similares.

jueves, 28 de mayo de 2020

Informe de Iván Kovalev a Stalin [Sobre China], 24 de diciembre de 1949


«Al Camarada I.V. Stalin.

Informándole sobre algunas cuestiones de política y práctica del Comité Central (CC) del Partido Comunista de China (PCCh).

1. Algunos datos sobre la situación económica del país.

Aconsejó a los camaradas chinos que «Prestasen especial atención a la restauración y desarrollo de la industria nacional, incluyendo la industria que se encuentra en manos de la burguesía nacional».

Se debería apuntar que, a este respecto, no se han obtenido resultados sustanciales, exceptuando Manchuria, y el país está atravesando grandes dificultades económicas.

El volumen de producción en las principales ramas de la industria aún está muy por detrás del nivel alcanzado en los años de producción máxima. Así, por ejemplo, la producción de carbón en 1949 ascenderá a solo 33.5 millones de toneladas contra 58.7 millones de toneladas en el año de producción máxima (1942) o el 57%.

En las plantas metalúrgicas de Manchuria, que constituyen la base metalúrgica principal de China, la producción de arrabio no superará las 150-170 mil toneladas o no más del 7% de la capacidad de la planta al nivel de producción máximo (1942) y de la producción acero 120-150 mil toneladas en consecuencia, o no más del 11% de la capacidad de la máquina de fabricación de acero.

La producción de energía eléctrica en las estaciones de electricidad de Manchuria, cuya relación a la capacidad determinada de China es superior al 50%, en 1949 no superará los 1400 millones de kilovatios / hora, o el 31% de la producción máxima de energía eléctrica en 1944.

La situación en otras ramas de la industria no es mejor.

Los ministerios industriales de nueva creación aún no han tomado en sus manos la administración de las empresas estatales, no conocen las capacidades de las plantas, el carácter y el volumen de los productos que fabrican, no han averiguado [el paradero de los] equipos no utilizados, ubicados en los puertos y almacenes y la numeración de varios miles de máquinas –ciudades de Shanghai, Canton, Hankou, etc.–, y no han tomado ninguna medida para establecer el control estatal sobre el trabajo de las empresas capitalistas privadas.

En la agricultura, en 1949, el 40% de la cosecha se destruyó como consecuencia de la sequía y las inundaciones, lo que crea grandes dificultades alimentarias con respecto a la provisión de alimentos para la población, especialmente en las ciudades, y que reduce considerablemente las posibilidades de exportación.

Una mejor situación se materializó con el transporte ferroviario, donde en 1949 se restauraron unos 2.650 km de vías y 1.355 puentes de 13.550 metros, lo que permitió proveer al movimiento de trenes en las carreteras del norte, centro y sur de China, a lo largo del Longitud de 9.700 km, para restaurar el movimiento en las líneas de avance más importantes del Ejército Popular de Liberación, así como para conectar las regiones del norte de China con el centro y el sur de China.

Los comercios al por mayor y al por menor, a excepción de Manchuria, se encuentran casi totalmente en las manos del comerciante privado, repeliendo la capacidad del Estado para ejercer cualquier tipo de influencia sobre la condición del mercado y sobre los precios del mercado, conduciendo a grandes dificultades para abastecer a la población de ciertos bienes, en especial cereales, y creando condiciones favorables para la especulación.

lunes, 25 de mayo de 2020

La evolución del PCE sobre la cuestión nacional (1921-1954); Equipo de Bitácora (M-L), 2020


Un comunista diría:

«La opresión de los rusos blancos y ucranianos en Polonia es el ejemplo más vivo de la espantosa ilegalidad y burla a la que la burguesía de cualquier país capitalista somete a sus nacionalidades menores. En Francia, la burguesía persigue a los alsacianos y los priva de su identidad nacional; lo mismo puede decirse del sur del Tirol y de los eslavos en Italia; de los flamencos y los alemanes en Bélgica; de los catalanes y vascos en España». (A. Rysakoff; La política nacional de la URSS, 1931)

Con el nacimiento del Partido Comunista de España (PCE) en 1921 como una escisión del ala izquierda del PSOE, es cuando los marxistas pensarían que se iba a restablecer una mayor atención al tema. Pero de nuevo una mezcla de inexperiencia, falta de conocimientos y la herencia socialdemócrata hicieron repetir los mismos errores. Esto daría pie a posturas de todo tipo. Heredando parte de los errores terminológicos de otros marxistas, se habla confusamente de nación y nacionalidad. A veces se denominaban a unas zonas con la primera concepción, y al tiempo con la segunda.

Inicialmente en el momento de la proclamación de la II República en 1931, sus declaraciones permutaron desde posiciones que defendían una reivindicación absurda y antimarxista como la inmediata independencia de las regiones con movimientos nacionalistas, hasta poco después deslizarse hacia una subestimación de las reivindicaciones y al propio trabajo en estas zonas, dejando a las masas en mano de las direcciones nacionalistas. Esta última postura, por ejemplo, sería criticada en lo sucesivo por la Internacional Comunista con términos muy duros:

«Como conviene a verdaderos revolucionarios proletarios, aclarar y seguir revelando ulteriormente las causas del retraso del Partido y los errores cometidos, así como tomar medidas enérgicas para poner remedio todo lo más rápida y completamente posible. Hay que asimilar y utilizar cuidadosamente la rica experiencia de la lucha revolucionaria de clases y de la lucha, indisolublemente ligada con ella, del Partido Comunista y sus organizaciones. La causa principal de las faltas del Partido, de la incomprensión del carácter de la revolución, de la incomprensión del papel y de las tareas del proletariado en tanto que dirigente supremo durante la revolución democrático-burguesa, de la incomprensión del papel del Partido Comunista, de la incapacidad de lanzar oportunamente consignas políticas justas para la acción de masas y de llevar hasta las masas las consignas políticas justas, así como de los errores manifestados por la pasividad relativamente grande del Partido, es que el Partido Comunista se hallaba, y desgraciadamente se halla aun, presa del sectarismo y de las tradiciones anarquistas. (...) Estas tendencias y métodos han entorpecido y entorpecen todavía el trabajo de masas del Partido Comunista, su contacto con las masas. (...) El Partido, en su totalidad, y su dirección en particular, no tenían, ni desgraciadamente, aun una línea política justa, pues habían apreciado de un modo inexacto la situación objetiva, el carácter y las particularidades de las contradicciones de clase, el carácter de la revolución en España. Las situaciones políticas concretas eran y son aun apreciadas de un modo inexacto. (...) El Partido Comunista ha manifestado, y sigue en cierta medida manifestando una actitud análoga de desdén, de pasividad sectaria con respecto a los movimientos de emancipación nacional de los catalanes, vascos y gallegos, y un olvido casi total de los marroquíes, cuando ese movimiento, a causa de la traición de los jefes y de su paso al campo del bloque de la burguesía y de los grandes terratenientes, se diferencia, y cuando los elementos obreros y campesinos se convierten en su seno en un factor de considerable importancia. De tal suerte que este movimiento constituye una fuerza que el Partido Comunista debe incorporar al frente general de la lucha por el triunfo de la revolución española». (Internacional Comunista; Una carta desde el Buró del Oeste Europeo de la Internacional Comunista al Partido Comunista de España, 15 de enero de 1932)

domingo, 24 de mayo de 2020

El marxista-leninista debe expresar su opinión no en base a opiniones sentimentales, sino en base a un análisis científico


«El materialismo es el único método científico que garantiza que la teoría revolucionaria exprese el proceso real, porque requiere que nos centremos en el estudio concreto de los hechos, de todas las formas de lucha de clases e implica que nos involucremos en un trabajo teórico con el único propósito de servir a la causa revolucionaria, de propagar los resultados entre los trabajadores y ayudarlos a su organización. Es el movimiento real, mediante el estudio, mediante el análisis concreto, que descubrimos las propias leyes de su desarrollo revolucionario, fundamento de la estrategia y tácticas del partido proletario; y no a través de fórmulas preparadas, dogmas o sentimientos. Esto significa que los comunistas deben romper definitivamente con el llamado «marxista-leninista» y sus prejuicios, poner fin a la polémica sobre palabras, opiniones a favor o en contra sin fundamento científico, negarse a tomar posiciones sin previo análisis concreto. (…) El objetivo de los comunistas es llevar a cabo la acción revolucionaria hasta el término de su victoria. Para ello se debe adquirir un pensamiento revolucionario que no ocurre milagrosamente sino que debe ser desarrollado científicamente. Este pensamiento no tiene nada que ver con el sentimentalismo pequeño burgués y la cohorte de prejuicios que a él acompañan. Es únicamente asimilando el marxismo-leninismo y aplicándolo científicamente que se puede a llegar a obtener este pensamiento, lo que supone colocarse bajo el punto de vista materialista-dialéctico, en la cosmovisión del proletariado y de su misión histórica, suponiendo considerar al marxismo-leninismo como una ciencia». (L’emancipation; La demarcación entre marxismo-leninismo y oportunismo, 1979)

sábado, 23 de mayo de 2020

Para comprender el surgimiento del movimiento nacional catalán hay que conocer la historia de España; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Hagamos unas breves anotaciones sobre el actual proceso soberanista de Cataluña, conocido en Cataluña como «procés». 

Los nacionalistas españoles niegan las características intrínsecas de Cataluña: desprecian su cultura y sus costumbres, desconocen la antigüedad de su idioma y las pruebas antiquísimas de sus primeros escritos formales del siglo XI, negando su época de auge y esplendor en el siglo XV, y su renacimiento en el siglo XIX, atreviéndose a calificarlo algunos como un «dialecto vulgar y exagerado» del castellano; desconocen las claras diferencias histórico-económicas de Cataluña respecto al desarrollo de Castilla en la conformación de la propiedad de la tierra, las sucesivas luchas campesinas que crearon una Cataluña casi libre del latifundio con un mar de pequeños propietarios, algo que contrasta con zonas del resto de España con grandes extensiones de latifundio y terratenientes como Extremadura o Andalucía; y niegan su zona territorial histórica la cual gran parte ha sido usada como moneda de cambio para pagar a los países extranjeros como fue el caso del Rosellón o han sido integradas en Aragón y Valencia sin tener en cuenta la opinión de la población. 

Efectivamente, como tantos otros nacionalismos forjados durante largo tiempo y consolidados al albor del siglo XIX, el nacionalismo catalán nació bajo una idea romántica de una larga tradición e historia heroica, con el concepto de nación como una «comunidad de destinos» de todos sus ciudadanos. Con el fin de hacer cuadrar los sueños del chovinismo nacional, hay autores que afirman que la nación catalana existe desde épocas medievales, lo cual no solo es antimarxista por hablar de naciones en la Edad Media, sino que todo discurso similar es sumamente tendencioso. Hay que entender de una vez que la historia medieval –y sus formaciones políticas– solo ayuda a entender el desarrollo y encaje posterior, pero no es algo lineal ni determinante para entender todo lo que pasó siglos después, pues sobre todo, este tipo de teorías carecen de sentido cuanto más ignoran lo que ocurrió en siglos posteriores de la Edad Moderna y por encima de ella la Edad Contemporánea, por ser los siglos decisivos en la conformación del capitalismo y por tanto, del concepto de nación moderna. Ciertamente, en el caso de España, si miramos la Edad Media, veremos cómo al final de ella es la hegemonía de Castilla la que lidera los procesos de conquista y los intentos de unificación del resto de reinos en lo que hoy se conoce como España, intentando poco a poco establecer una homogeneidad, aunque no tendría el éxito esperado, como sabemos. No se puede anticipar ni ligar demasiado el surgimiento posterior del nacionalismo catalán mirando a una época como la medieval o su final, ya que la propia Cataluña entró en un periodo de decadencia económica que precisamente le impediría defenderse de forma eficaz ante sus competidores económicos y políticos: castellanos y genoveses. Lo que en cambio contrasta con el florecer económico y el despertar nacional posterior que veremos en Cataluña sobre todo en el siglo XIX. Véase como ejemplo complementario el caso italiano: donde el Reino de Piamonte lleva a cabo la unificación de Italia que se certifica finalmente en 1871, pero, ¿qué tiene que ver el panorama de dicho reino hegemónico con lo que ocurría en la época medieval e inmediatamente posterior, siendo Italia un conjunto de pujantes repúblicas como la de Florencia, Milán o Venecia, que fueron pereciendo ante el empuje de nuevos reinos italianos bajo dominio francés o español? Es absolutamente un paralelismo mecánico, que demuestra los límites de las comparativas entre edades diversas con fenómenos totalmente diferentes.

viernes, 22 de mayo de 2020

El obrero no es más auténtico por su incultura ni puede estar nunca orgulloso de ello; el socialismo requiere de formación


«Hombres deseosos de edificar y dirigir la edificación del socialismo nos sobran, tanto en el dominio de la agricultura como en el de la industria. Pero hombres que no sepan edificar y dirigir tenemos vergonzosamente pocos. En cambio, en este terreno, la ignorancia es infinita. Es más, hay entre nosotros gente dispuesta a ensalzar nuestra incultura. Si eres analfabeto o escribes con faltas y te jactas de tu atraso, eres un obrero «auténtico», y se te deben honores y respeto. Si has vencido tu incultura, si has estudiado, si has dominado la ciencia, eres un extraño, te has «apartado» de las masas, has dejado de ser obrero. Creo que no adelantaremos ni un paso mientras no extirpemos esa barbarie y ese salvajismo, ese criterio bárbaro respecto a la ciencia y la gente culta. La clase obrera no puede ser verdadera dueña y señora del país si no logra salir de la incultura, si no consigue crear sus propios intelectuales, si no domina la ciencia y no sabe gobernar la economía basándose en la ciencia. (...) La valentía y la audacia son hoy tan necesarias como antes, pero con valentía y audacia a secas no se puede ir muy lejos. (...) Para edificar, hay que saber, hay que dominar la ciencia. Y para saber, hay que estudiar. Hay que estudiar tenazmente, con paciencia. Hay que aprender de todos, de los enemigos y de los amigos. (...) Nosotros no podemos limitarnos ahora a formar cuadros comunistas en general, cuadros bolcheviques en general, que sepan charlar de todo un poco. El diletantismo y la omnisapiencia son ahora cadenas para nosotros. Ahora necesitamos grupos enteros, centenares, millares de nuevos cuadros bolcheviques que puedan ser verdaderos entendidos en las más diversas ramas del saber». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Discurso en el VIIIº Congreso de la UJCL de la URSS, 1928)

martes, 19 de mayo de 2020

Los conceptos de nación de los nacionalismos vs el marxismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Dependiendo del nacionalismo que observemos, cada uno utiliza un pseudoargumento para justificar su historia, su racismo, sus tradiciones reaccionarias, sus anhelos de conquista y sus imposiciones a otros pueblos.

Entre los nacionalismos siempre podemos ver teorías idealistas raciales, las cuales rozan lo místico. Y es que hablar de pureza racial de cualquier pueblo solo puede hacerlo o un desconocedor de la historia y asimilación de los pueblos, o un nacionalista fanático. 

Esto incluso ocurre en el nacionalismo oprimido como respuesta para conformar su arsenal teórico justificativo:

«¿No sabemos, por otra parte, por experiencia histórica, que en el seno de las naciones oprimidas se desarrolla paralelamente al resurgimiento nacional el chovinismo local, ese chovinismo provocado por los excesos imperialistas y por la táctica de los capitalistas nacionales que en esta división, en este recelo y odio encuentran uno de sus mejores puntos de apoyo para acrecentar su poder y su riqueza, su dominio político?». (Joan Comorera; El problema de las nacionalidades en España, 1942)

Así el nacionalismo catalán, en los albores de su resurgimiento, nos decía:

«Desde los más remotos tiempos de la historia, una gran variedad de razas diferentes echaron raíces en nuestra península, pero sin llegar nunca a fusionarse. En época posterior se constituyeron dos grupos: el castellano y el vasco-aragonés o pirenaico. Ahora bien, el carácter y los rasgos de ambos son diametralmente opuestos. (...) El grupo central-meridional, por la influencia de la sangre semita que se debe a la invasión árabe, se distingue por su espíritu soñador (...) El grupo pirenaico, procede de razas primitivas, se manifiesta como mucho más positivo. Su ingenio analítico y recio, como su territorio, va directo al fondo de las cosas, sin pararse en las formas. (...) La suerte o fatalidad nos llevó al descubrimiento de América. Esta conquista y esta asimilación afirmaron más aún la preponderancia del grupo centro-meridional. Nuestra sangre, nuestra vida entera fueron transportadas al nuevo mundo, y mientras gastábamos allí todas nuestras fuerzas hasta desfallecer. (...) Orgullosos de nuestra expansión colonial y de nuestras riquezas recién adquiridas, e ignorantes al mismo tiempo de nuestra debilidad interior, nos dejamos remolcar por el grupo castellano. (...) El grupo centro-meridional no ha conservado de sus brillantes cualidades más que el espíritu de absorción, de reglamentación, de dominio. (...) El grupo pirenaico ha perdido toda su influencia sobre la marcha de los asuntos. Pero su decadencia es de otro estilo, ya que allí imperan la rudeza, los apetitos terrenales, el egoísmo celoso. Y es que los catalanes y los vascos son los trabajadores de España». (Valentín Almirall; España tal y como es, 1886)

Aquí, como observaremos después, hay desde un inicio un orgullo por la conquista catalana del Mediterráneo y también de ciertas andanzas particulares por América junto a castellanos. Pero el discurso se centra siempre en el origen ario o no de la raza que reivindican frente a la no pureza de sus vecinos:

«En España, la población puede dividirse en dos razas. La aria –celta, grecolatina, goda– o sea del Ebro al Pirineo; y la que ocupa del Ebro al Estrecho, que, en su mayor parte, no es aria sino semita, presemita y aun mongólica [gitana] (…) Nosotros, que somos indogermánicos, de origen y de corazón, no podemos sufrir la preponderancia de tales elementos de razas inferiores». (Pompeu Gener; Heregías, 1887)

lunes, 18 de mayo de 2020

Los méritos del pasado no pueden evitar el castigar los errores presentes


«Yo se que al encender la furia de las masas trabajadoras contra las deformaciones burocráticas de nuestras organizaciones hay que meterse a veces con algunos de nuestros camaradas que tienen méritos contraídos en el pasado, pero que ahora padecen la dolencia del burocratismo. ¿Mas acaso puede eso detener nuestra labor de organización del control desde abajo? Creo que ni puede ni debe. Por los viejos méritos hay que inclinarse ante ellos, pero por sus errores y su burocratismo actual podría dárseles un buen estacazo. ¿Se puede, acaso, proceder de otro modo? ¿Por qué no hacerlo, si lo exigen los intereses de la causa? Se habla de critica desde arriba, de crítica por parte de la Inspección Obrera y Campesina, del Comité Central de nuestro Partido, etc. Todo eso, naturalmente, está bien. Pero dista mucho de ser suficiente. Es más, hoy lo principal no consiste, ni mucho menos, en eso. Lo principal consiste hoy en levantar una vasta ola de critica desde abajo contra el burocratismo en general y contra los defectos de nuestro trabajo en particular. Solo organizando una doble presión, desde arriba y desde abajo, solo desplazando el centro de gravedad a la critica desde abajo se podrá contar con el éxito en la lucha por extirpar el burocratismo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, StalinDiscurso en el VIIIº Congreso de la UJCL de la URSS, 1928)

sábado, 16 de mayo de 2020

Lo que algunos olvidan de Julio Anguita...

Pablo Iglesias y Julio Anguita, alumno y mentor

«Ya hemos hablado del origen de Podemos en su núcleo, pero habría que hablar de la periferia al núcleo fundador. ¿Pero por quienes han estado apadrinados estos líderes?

No cabe duda que Podemos ha venido a ser también la nueva apuesta del revisionismo que estaba en el ostracismo por voluntad o por obligación, ha sido una oportunidad no solo para el trotskismo marginal, sino también para personajes defenestrados.

Este es el caso de Julio Anguita, ex Secretario General del Partido Comunista de España (PCE) y líder de Izquierda Unida (IU) hasta 1998. ¿Y quién era este señor? 

Una parte del revisionismo reivindica eufórica la figura de Anguita como «aquel que restauró el leninismo» y «devolvió la gloria perdida al PCE». Algunos incluso citan como prueba la fusión en 1989 con parte del ala brezhnevista que anteriormente se había escindido del PCE con Ignacio Gallego a la cabeza formando el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE). Pero esto no pasó de ser uniones y desuniones entre viejos dinosaurios del revisionismo, entre agrupaciones ya intrascendentes.

Aquí lo importante es comprende que Anguita jamás vio nada incompatible entre el carrillismo y el leninismo:


«Julio Anguita: Yo leí «Eurocomunismo y Estado» [De Carrillo, publicada en 1977] y entonces no noté allí nada que tuviese entidad propia. A mí el partido me había enseñado que el socialismo es libertad, que luchábamos por la democracia, de modo que «Eurocomunismo y Estado» no venía a contarme nada nuevo». (Juan Andrade Blanco; Atraco a la memoria: Recorrido histórico por la vida de Julio Anguita, 2015)

viernes, 15 de mayo de 2020

La coexistencia pacífica no significa vender los principios ideológicos


«En cuanto a las relaciones de los países socialistas con los países capitalistas, nuestro partido cumple atentamente las ideas de Lenin y Stalin sobre la coexistencia pacífica entre ellos. Las ha defendido, adaptado, desarrollado y concretado aún más en una lucha irreconciliable contra los puntos de vista revisionistas. La política de coexistencia pacífica no abarca todo el contenido de la política exterior de un país socialista y no constituye su principio fundamental, como los revisionistas jruchovistas dan a entender, especulando con el eslogan de coexistencia pacífica para justificar su colaboración con las potencias imperialistas. (...) La política exterior de los países socialistas tiene en el internacionalismo proletario su principio fundamental e incluye, entre sus aspectos principales, la colaboración y la ayuda mutua entre los países socialistas, el apoyo a las luchas de liberación revolucionaria de otros países, la coexistencia pacífica con países de diferentes sistemas sociales, la lucha contra la política imperialista de guerra y agresión. El partido y el camarada Enver Hoxha aplastaron, en el plano ideológico, el concepto reaccionario de los revisionistas jruschovistas sobre la coexistencia pacífica y lo desenmascararon como un esfuerzo para poner a los países del antiguo campo socialista y el movimiento internacional comunista y obrero en el camino del oportunismo y la traición. El camarada Enver Hoxha ha dicho: «Los pueblos y revolucionarios están por la coexistencia pacífica proclamada por Lenin, que nunca puede extenderse a la esfera de la ideología, la lucha de clases, la revolución y las luchas de liberación». (Enver Hoxha; Discursos, 1969-1970) Nuestro partido y el Estado socialista construyen su relaciones con Estados de un sistema social diferente sobre la base de la convivencia pacífica, pero se atienen a la opinión de que esto no se puede lograr rogándole a los imperialistas, o haciendo concesiones de principios políticos e ideológicos. (...) Es mérito de nuestro partido y el camarada Enver Hoxha el exponer y derrotar la teoría de los tres mundos, de los revisionistas chinos, una teoría que exige la renuncia de la revolución, de la lucha contra los regímenes reaccionarios y la lucha de los pueblos oprimidos contra el imperialismo, y que aboga por la alianza del pueblo trabajador con su burguesía así como la alianza de los pueblos oprimidos con sus opresores. (...) Está en orden con nuestros principios que la explotación de las contradicciones entre los enemigos debe servir al soporte y fortalecimiento del movimiento de liberación y revolucionario y no a su debilitamiento y debilitamiento, que debe conducir al despertar activo de las fuerzas revolucionarias, especialmente contra los principales enemigos, y no a los compromisos traicioneros y sin principios con ellos». (Skorat Plaka; La política exterior del PTA y nuestro Estado socialista; una política independiente y de principios, 1983)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

Este artículo parece ser que salió como respuesta a los intentos de algunos elementos de reconciliar al PTA con distintos revisionismos como el rumano. Véase: 
«El PCE (m-l) y la cuestión albanesa» de 2020

domingo, 10 de mayo de 2020

El PSOE y sus diferentes posturas sobre la cuestión nacional en España; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Inicialmente, el marxismo no prendió en España entre las masas obreras, sí lo hizo en cambio el anarquismo:

«Las discrepancias entre marxistas y bakuninistas resultaron insalvables. (…) En el congreso de Zaragoza de la Federación Regional Española reafirmo, apoyado por todas las federaciones, la tesis bakuninistas, y el grupo madrileño de La Emancipacion fue expulsado. (…) En el Congreso de la Internacional de la Haya de 1872, se produjo la escisión definitiva. (…) Esto significaba apartarse de los partidos políticos, y de la vida parlamentaria, incluso de la formación de un partido político estrictamente obrero». (Ángel Bahamonde Magro y Jesús A. Martínez; Historia de España siglo XIX, 2005)

En una carta de Marx confesaba esta predominancia del anarquismo en España, una doctrina que a sus ojos:

«Todo suena a algo muy radical, y es tan sencillo que puede ser aprendido de memoria en cinco minutos. He aquí la razón de que la teoría bakuninista haya encontrado tan pronto una acogida favorable en Italia y en España entre los jóvenes abogados, doctores y otros doctrinarios». (Karl Marx; Carta a Theodor Cuno, 24 de enero de 1872)

Con la fundación del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en 1879 bajo la dirección del por entonces marxista Pablo Iglesias Posse (1850-1925), se creía que la problemática de las diferentes regiones y sus reivindicaciones iba a tenerse en cuenta, que el pretendido partido proletario y marxista resolvería de forma científica esta cuestión, para que al menos sobre el papel, se trabajase sobre un futuro mejor sobre dicha cuestión. Pero esto distaba de la realidad. 

viernes, 8 de mayo de 2020

¿Cuáles son los rasgos característicos de la lengua?


«PREGUNTA. ¿Cuáles son los rasgos característicos de la lengua?

Stalin: La lengua es uno de los fenómenos sociales que actúan mientras existe la sociedad. Nace y se desarrolla con el nacimiento y el desarrollo de la sociedad. Muere cuando muere la sociedad. No hay lengua fuera de la sociedad. Por eso, la lengua y las leyes de su desarrollo solamente pueden ser comprendidas si se estudian en ligazón inseparable con la historia de la sociedad, con la historia del pueblo al que pertenece la lengua estudiada y que es su creador y portador.

La lengua es el medio, el instrumento con el que los hombres se relacionan, intercambian ideas y logran entenderse unos a otros. Directamente ligada al pensamiento, la lengua registra y fija en palabras y en palabras combinadas en oraciones los resultados del trabajo del pensamiento, los progresos de la actividad cognoscitiva del hombre, y, de esta forma, hace posible el intercambio de ideas en la sociedad humana.

El intercambio de ideas constituye una necesidad permanente y vital, ya que sin él sería imposible organizar las acciones conjuntas de los hombres en la lucha contra las fuerzas de la naturaleza, en la lucha por la producción de los bienes materiales indispensables; sería imposible conseguir éxitos en la actividad productora de la sociedad y, por tanto, lo sería también la existencia misma de la producción social. De ahí que sin una lengua comprensible para la sociedad y común a sus componentes, la sociedad tenga que cesar de producir, se desintegre y deje de existir como tal. En este sentido, la lengua, siendo medio de relación, es, al mismo tiempo, un instrumento de lucha y de desarrollo de la sociedad.

Es sabido que todas las palabras de una lengua constituyen, juntas, lo que se llama su vocabulario. Lo principal en el vocabulario de una lengua es su caudal de voces, del que forman parte, como núcleo suyo, todas las palabras raíces. El caudal de voces básico es mucho menos amplio que el vocabulario de la lengua, pero vive mucho tiempo, durante siglos, y suministra a la lengua una base para la formación de nuevas palabras. El vocabulario refleja el estado de la lengua: cuanto más rico y variado es el vocabulario, más rica y desarrollada es la lengua.

martes, 5 de mayo de 2020

Conatos en el PCE (m-l) de indiferencia en la posición sobre la cultura y la necesidad de imprimirle un sello de clase; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Muchos revisionistas o revolucionarios con ciertas deficiencias en la formación ideológica aluden a que «no existe cultura proletaria como tal», que «no existen pautas para configurar tal cosa». Otros utilizan la variante especulando y afirmando que «la cultura es algo neutra y por tanto todas las clases deben participar con su cosmovisión en la nueva cultura progresista y socialista». Estos puntos de vista coinciden con lo que en su momento defendía el revisionismo eurocomunista, en especial con el revisionismo francés. El Partido Comunista Francés (PCF) siempre simpatizó y se rodeó de un círculo de intelectuales que a las primeras de cambio sucumbieron a la presión de la ideología burguesa y renegaron del marxismo-leninismo, otros directamente nunca llegaron a ser marxistas –hablamos de los André Malraux, Pablo Picasso, André Stil, Louis Aragon, Sartre–. Estos autores acabaron clamando por la «completa liberación en el arte y la cultura», bajo falacias ya conocidas como que «Marx no se interesaba en absoluto por el arte o que era un ignorante en esta materia», o que Lenin «habría preconizado la libertad absoluta de creación». De ahí se explica que más que la adhesión al realismo socialista, propagando una cultura proletaria, estos hombres practicaban más bien el famoso eslogan liberal burgués del revisionismo chino: «Que se abran cien flores y compitan cien escuelas de pensamiento». 

Como acertadamente resume Enver Hoxha:

«Estos elementos han tenido como objetivo separar el arte y la literatura de la política y la ideología, naturalmente de la política proletaria y de la ideología marxista». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Siempre hemos recordado que hacer una excepción en cualquier campo sobre la lucha de clases que enfrenta al proletariado contra la burguesía es el gesto más notable de oportunismo.

Claro es también, que todas las corrientes burguesas y pequeño burguesas que inundan el arte, centran su base, parten, quiérase o no, del idealismo filosófico, encontrando en el caso del arte, en este caso, representación de dichas ideas:

«Todas ellas tienen una base filosófica común que es el idealismo con sus infinitas sutilezas. Esta es la esencia también de las corrientes que, a primera vista, aparecen como protestas de izquierda, radicales, contra la sociedad oficial burguesa, contra su cultura y su moral». (Enver Hoxha; Profundicemos la lucha ideológica contra las manifestaciones extrañas al socialismo y contra las actitudes liberales ante ellas, 1973)

Dentro de este idealismo, prima una esencia basada en el individualismo y el subjetivismo:

«Los esteticistas burgueses sacaron sus argumentos teóricos, estéticos y filosóficos de los diversos campos de la filosofía idealista. Recurren al idealismo subjetivo y buscan argumentos filosóficos en apoyo del modernismo. Se apoyan en la idea que el «flujo», el «torrente» de las sensaciones y la experiencia subjetiva humana es el único objetivo del arte. El idealismo subjetivo pretende que el hombre está en contacto sólo con su propia experiencia, que es consciente sólo de esta experiencia, de sus elementos, su experiencia y su percepción, que se deben rechazar todo lo que es ajeno a ellos, de lo contrario tendría que admitir que, más allá de su experiencia, algo que no se puede saber. Para la filosofía del idealismo subjetivo, existe el yo y nada más. Sobre esta base idealista que niega la existencia objetiva del mundo material, muchos esteticistas modernistas consideran el arte como un medio de «autoexpresión» del artista, ignorando por completo el mundo exterior». (Alfred Uçi; La crisis de la estética burguesa-revisionista, 1984)

La relación entre la intelectualidad y el proletariado, la definió genialmente un Kautsky todavía revolucionario:

«En el momento actual presenta de nuevo un vivo interés para nosotros el problema del antagonismo entre los intelectuales y el proletariado. Mis colegas se indignarán en muchos casos al ver que yo reconozco este antagonismo. Pero es que existe de hecho, y la táctica más absurda –tanto aquí, como en otros casos– sería intentar deshacerse de él negando un hecho. Este antagonismo es un antagonismo social, que se manifiesta en las clases, y no en individuos aislados. Lo mismo que un capitalista, un intelectual puede, individualmente, incorporarse de lleno a la lucha de clase del proletariado. Cuando esto sucede, el intelectual cambia asimismo de carácter. En lo que sigue no trataré, principalmente, de este tipo de intelectuales, que siguen constituyendo aún excepciones en su clase. En lo que sigue, cuando no hay una advertencia especial en contra, no entiendo por intelectual sino al intelectual común, que se coloca en el terreno de la sociedad burguesa, representante característico de la clase intelectual. Esta clase se mantiene en cierto antagonismo respecto al proletariado. Este antagonismo es de un tipo distinto al que existe entre el trabajo y el capital. El intelectual no es un capitalista. Es cierto que su nivel de vida es burgués y que se ve obligado a mantener este nivel a menos que se convierta en un vagabundo, pero al mismo tiempo se ve obligado a vender el producto de su trabajo y muchas veces su fuerza de trabajo y sufre con frecuencia la explotación por los capitalistas y cierta humillación social. De este modo, no existe antagonismo económico alguno entre el intelectual y el proletariado. Pero sus condiciones de vida y de trabajo no son proletarias y de aquí resulta cierto antagonismo en su sentir y pensar. El proletario no es nada mientras sigue siendo un individuo aislado. Todas sus fuerzas, toda su capacidad de progreso, todas sus esperanzas y anhelos las extrae de la organización, de su actuación sistemática, en común con sus camaradas. Se siente grande y fuerte cuando constituye una parte de un organismo grande y fuerte. Este organismo es todo para él, y el individuo aislado, en comparación con él, significa muy poco. El proletario lucha con la mayor abnegación, como partícula de una masa anónima, sin vistas a ventajas personales, a gloria personal, cumpliendo con su deber en todos los puestos donde se le coloca, sometiéndose voluntariamente a la disciplina, que penetra todos sus sentimientos, todas sus ideas. Muy distinto es lo que sucede con el intelectual. No lucha aplicando, de un modo u otro, la fuerza, sino con argumentos. Sus armas son sus conocimientos personales, su capacidad personal, sus convicciones personales. Sólo puede hacerse valer merced a sus cualidades personales. Por esto la plena libertad de manifestar su personalidad le parece ser la primera condición de éxito en su trabajo. No sin dificultad se somete a un todo determinado como parte al servicio de este todo, y se somete por necesidad, pero no por inclinación personal. No reconoce la necesidad de la disciplina sino para la masa, pero no para los espíritus selectos. Se incluye a sí mismo, naturalmente, entre los espíritus selectos. (...) La filosofía de Nietzsche, con su culto del superhombre, para el que todo se reduce a asegurarse el pleno desarrollo de su propia personalidad, al que parece vil y despreciable toda sumisión de su persona a cualquier gran fin social, esta filosofía es la verdadera concepción del mundo del intelectual, que le inutiliza en absoluto para tomar parte en la lucha de clase del proletariado. Al lado de Nietzsche, Ibsen es un representante destacado de la concepción del mundo del intelectual, concepción que coincide con su manera de sentir. Su doctor Stockmann –en el drama «Enemigo del pueblo»– no es un socialista, como han pensado muchos, sino un tipo de intelectual que inevitablemente tiene que chocar con el movimiento proletario, y en general con todo movimiento popular, si intenta actuar en él. La razón está en que la base del movimiento proletario, como de todo movimiento democrático, es el respeto a la mayoría de los camaradas. El intelectual típico a lo Stockmann ve en la «compacta mayoría» un monstruo que debe ser derribado. (...) Liebknecht fue ejemplo ideal del intelectual totalmente penetrado de sentimiento proletario, que siendo brillante escritor perdió los rasgos psicológicos específicamente intelectuales, que iba en las filas sin refunfuñar, que trabajaba en todos los puestos a los que se le mandaba, que se había consagrado por entero a nuestra gran causa y despreciaba el lloriqueo blandengue [weiches Gewinsel] sobre lo de ahogar la personalidad, que muchas veces oimos de labios de intelectuales educados en Ibsen y en Nietzsche, cuando suelen quedarse en minoría; fue un ejemplo ideal de los intelectuales que necesita el movimiento socialista. También podemos nombrar aquí a Marx, que nunca trató de ponerse en primer plano y se sometió de un modo ejemplar a la disciplina de partido en la Internacional, donde más de una vez estuvo en minoría». (Karl Kautsky; Franz Mehring, 1903)

Salvando el pequeño desliz terminológico, donde Kautsky debería decirse que las relaciones intelectualidad-proletariado son contradicciones, pero unas que a priori no tienen porque manifestarse de forma antagónica, sin ir más lejos, Lenin utilizaría esta cita en su famosa obra: «Un paso hacia adelante, dos hacia atrás» de 1904 para explicar esta cuestión. 

En las obras de Marx y Engels encontramos varias impresiones sobre el arte y su relación con la cuestión social que desmienten la idea de que defendiesen un «arte neutral» o «por encima de las clases»:

«Usted siente probablemente la necesidad de tomar públicamente partido en este libro, de proclamar ante el mundo entero sus opiniones. Está ya hecho, es pasado, y no necesita usted repetirlo en esa forma. No soy adversario de la poesía de tendencia como tal. El padre de la tragedia, Esquilo, y el padre de la comedia, Aristófanes, fueron los dos vigorosamente poetas de tendencia, lo mismo que Dante y Cervantes, y lo que hay de mejor en La intriga y el amor de Schiller, es que se trata del primer drama político alemán de tendencia. Los rusos y los noruegos modernos, que escriben novelas excelentes, son todos poetas de tendencia. Mas creo que la tendencia debe surgir de la situación y de la acción en sí mismas, sin que esté explícitamente formulada, y el poeta no está obligado a dar hecha al lector la solución histórica futura de los conflictos sociales que describe. Tanto más cuando en las circunstancias actuales la novela se dirige, sobre todo, a los lectores de los medios burgueses, es decir, a medios que no son directamente los nuestros, y entonces, a mi juicio, una novela de tendencia socialista cumple perfectamente su misión cuando, por una pintura fiel de las relaciones reales, destruye las ilusiones convencionales sobre la naturaleza de tales relaciones, quiebra el optimismo del mundo burgués, obliga a dudar de la perennidad del orden existente, incluso si el autor no indica directamente la solución, incluso si, dado el caso, no toma ostensiblemente partido. Su conocimiento exacto y sus descripciones maravillosamente frescas y vivientes del campesinado austriaco y de la «sociedad» vienesa encontrarán aquí una rica materia, y usted ha probado en Stefan que sabe tratar a sus héroes con esa fina ironía que da fe del señorío del poeta sobre su creación». (Friedrich Engels; Carta a Minna Kautsky, 26 de septiembre de 1885)

Queda claro que hoy con el desarrollo de los medios de comunicación oficiales y no oficiales, la novela, el teatro, la poesía, la música de «tendencia» proletaria se sigue encontrando en inferioridad de representación a la hora de producir y competir con los productos artísticos que apoyan el orden establecido, pero es innegable que a diferencia del siglo XIX, hoy existen un millón de oportunidades de hacer llegar ese «arte de tendencia» proletaria a sus interesados, cosa que antaño era imposible tanto por varios factores. Por tanto, el artista que hoy elige no hacer un hacer arte de «tendencia» no será porque disponga de peores condiciones que hace siglos.

El propio Marx ilustró al mundo con una descripción muy fidedigna del escritor y las contradicciones a las cuales se enfrentaba:

«Para defender la libertad de una esfera, e incluso para comprenderla, es necesario captarla en su carácter esencial y no en relaciones exteriores. ¿Pero es acaso fiel a su carácter, actúa de acuerdo con la nobleza de su naturaleza, es libre la prensa que se rebaja a ser una profesión? El escritor tiene por supuesto que ganar dinero para poder vivir y escribir, pero de ninguna manera tiene que existir y escribir para ganar dinero. (...) El escritor no considera de ninguna manera sus trabajos como un medio. Son fines en sí mismos, y tal es así que no son medios para él ni para otros que, si es necesario, sacrificará su existencia a la de ellos, adoptando, como el predicador de la religión, aunque de manera diferente, el principio de «obedecer más a Dios que a los hombres» , e incluyéndo entre los hombres a sí mismo con sus necesidades y deseos humanos. ¿Sería posible, en cambio, que un sastre al que le he encargado un frac se apareciera con una toga romana aduciendo que es más adecuada a la ley eterna de la belleza? La primera libertad de la prensa consiste en no ser una profesión. Al escritor que la rebaja a un medio material le corresponde como pena de esa falta de libertad interior la falta de libertad exterior, la censura, o, mejor dicho, ya su propia existencia es su pena. Por supuesto que la prensa también existe como industria, pero en ese caso no es cuestión del escritor sino del impresor y el librero. De lo que se trata aquí, sin embargo, no es de la libertad profesional de impresores y libreros sino de la libertad de prensa». (Karl Marx; Gaceta Renana, N ° 139, suplemento, 19 de mayo de 1842)

Lenin también expuso en varias ocasiones la situación del artista en el capitalismo:

«La revolución desencadena todas las fuerzas contenidas y las sacas del fondo a la superficie. Para poner un ejemplo. Piense usted en la presión que ejercieron sobre el desarrollo de nuestra pintura, de nuestra escultura y arquitectura, las modas y los caprichos de la corte zarista y los gustos y las preferencias de los señores aristócratas y burgueses. En una sociedad basada en la propiedad privada, el artista produce artículos para el mercado, y necesita compradores. Nuestra revolución ha librado a los artistas del peso de este prosaico estado de cosas. Ha convertido al Estado soviético en su protector y cliente. Todo artista y todo el que se tenga por artista se cree, y tiene razón, con derecho a crear libremente con arreglo a su ideal, sin preocuparse de que lo que crea sirva o no para algo. Ahí tiene usted el porqué de toda esa fermentación, de todos esos experimentos, de todo ese caos. Pero, naturalmente, nosotros somos comunistas. No podemos cruzarnos de brazos y dejar que el caos fermente como le apetezca. Tenemos que encauzar también, clara y conscientemente, esta evolución, procurando moldear y dirigir sus resultados. Y en esto sí que no estamos todavía, ni mucho menos, a la altura de las circunstancias. (...) El arte es para el pueblo. Debe clavar sus raíces más profundas en las grandes masas trabajadoras. Debe ser comprendido y amado por éstas. Debe unirlas y levantarlas en sus sentimientos, en sus ideas y en su voluntad. Debe sacar y educar artistas en ellas». (Clara Zetkin; Recuerdos sobre Lenin, 1925)

lunes, 4 de mayo de 2020

¿Qué es la Escuela de Gustavo Bueno?; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«¿Qué nos vamos a encontrar en este extenso documento? Principalmente nos centraremos en su visión sobre la cuestión nacional, ya que es verdaderamente la idea que nuclea todo el pensamiento del «materialismo filosófico» de Gustavo Bueno, pero durante la exposición se observará también las bases filosóficas, las recetas económicas, las nociones políticas o las propuestas culturales de esta escuela de sofistas. Consideramos que el combate sin piedad hacia todos los nacionalismos habidos y por haber no es algo opcional sino imprescindible. ¿El motivo? Unos y otros se complementan y retroalimentan para desviar a los trabajadores de su camino de emancipación social: la abolición de las clases sociales. En concreto, en lo tocante al nacionalismo español, la Escuela de Gustavo Bueno ha sido sin ningún género de duda la cuna de muchos de los personajes, libros y argumentarios que han salido de esta bancada, por lo que viene siendo hora de desnudar sus más que evidentes contradicciones. Esta última es una labor ideológica que lamentablemente no hemos visto registrada en ninguno de sus supuestos enemigos ideológicos, al menos no en una profundidad argumentativa y pedagógica que sirva como referencia, y esto es justamente lo que nosotros –sin ninguna falsa modestia– reconocemos que buscamos con el contenido de la presente obra. Al igual que en cualquiera de las otras ocasiones queremos advertir a los sujetos que serán objeto de crítica que a aquí priori no hay ninguna inquina personal: la crítica frontal y demoledora realizada hacia los distintos personajes de turno que irán apareciendo en el texto –Gustavo Bueno, Santiago Armesilla, Pedro Ínsua o Jesús G. Maestro– es solo la excusa, el pretexto idóneo o el marco de referencia para abordar una problemática mucho mayor que transciende a estos personajes, pues solo son unos de tantos representantes de una postura equivocada, de una visión distorsionada del mundo, de un vicio a eliminar.

Aunque en todos y cada uno de los planteamientos de Gustavo Bueno se subyace un vitalismo avasallador e irracional –típico del fascismo del siglo XX–, él intentó conjugar dicho instinto –a todas luces ramplón y reaccionario– con una bonita carcasa filosófica, cuyo fin no era otro que disimular las barbaridades que deseaba implantar. Así, pues, mediante un lenguaje «técnico» y una explicación aparentemente «racional» estuvo mucho mejor pertrechado para relativizar o disimular las opiniones tan polémicas que acostumbraba a lanzar. Pero ahí no acababa este ejercicio maquiavélico: trató de justificar sus complicadas y enmarañadas teorías como algo solo apto para «entendidos», no para el vulgo, según él, incapaz de entender y aceptar su «trascendental filosofía». En el «materialismo filosófico» hay una clara inspiración en autores mundialmente conocidos, pero se nota especialmente la influencia de Ortega y Gasset y Unamuno, quienes no parece casualidad que en su momento hayan sido las fuentes castizas que estimularon el pensamiento falangista en España. Gustavo Bueno creyó preciso que para coronar su empresa debía aspirar a algo más cercano a Hegel que a Unamuno: no bastaba con intentar elaborar reflexiones fragmentarias, chocantes o elocuentes, sino que debía construirse un gran bloque compacto con un argumentario definido, en definitiva, un gran sistema filosófico que causase asombro por la infinidad de temas a abordar y que crease un nuevo lenguaje que le hiciera reconocible ante sus adeptos. No obstante, si por fortuna nuestro amado lector no es una persona fácilmente impresionable, podrá detectar a las primeras de cambio que los representantes de esta escuela no tienen nada de eruditos, a lo sumo son charlatanes profesionales, y la mayor prueba está en que intentan defender lo indefendible con una retórica de secta endogámica, la cual comienza y acaba por un constante ritual de culto a la personalidad hacia su «maestro» que acaba resultando enfermizo. Paradójicamente hablamos de una de las debilidades que también ha adolecido el marxismo y otras doctrinas político-filosóficas en el siglo anterior, pero que ellos, lejos de superar, parecen perpetuar sin complejo alguno. A la vista está también que si tuviesen algún tipo de pretensión popular no utilizarían teorías y conceptos tan sumamente complejos como estúpidos, los cuales no se molestan en adaptar o disimular frente a los trabajadores de a pie.

¿Cuál es el perfil de los adeptos a la Escuela de Gustavo Bueno? Muchos de ellos son orgullosos seguidores de las tesis del asturiano y se reconocen como fervorosos nacionalistas españoles, pero algunos otros, como ocurría con el propio Sr. Bueno, tienen la desvergüenza de autodenominarse «marxistas» o al menos prometen estar muy influenciados por dicha corriente… en la práctica no hay nada más lejos de la realidad. Esta escuela filosófica se declara «ni de izquierdas ni de derechas», otras, se presenta como valedora y superadora de los «límites del marxismo», sea como sea, sus planteamientos son tan sumamente reaccionarios y excéntricos que se refutan a sí mismos, pero sin una ordenación y exposición correcta, no todos tendrán esto tan claro. He aquí una de las razones por las que era hora que refutar este mito de Gustavo Bueno como «gran filósofo», uno que, como era de esperar, también ha calado muy hondo entre el revisionismo patrio, y entiéndase que podemos englobar en este bloque a todos aquellos que se hacen pasar por marxistas para introducir luego mejor su mercancía antimarxista, aunque en honor a la verdad existen algunas excepciones donde este es un actuar inconsciente fruto de la ignorancia.  

Si bien su influencia es ínfima entre los verdaderos revolucionarios, los argumentos de la Escuela de Gustavo Bueno sí han permeado entre parte de la población, quizás no tanto por su propio esfuerzo ni su alcance, sino porque recuperan y continúan el legado del nacionalismo español decimonónico y los viejos dogmas del falangismo, asimilados por la población durante siglos. En consecuencia, mientras continúe el sistema actual, siempre hay posibilidad de que este discurso tenga repercusión entre las capas de trabajadores más atrasados, en el joven romántico, y por supuesto, entre la intelectualidad conservadora. Por ello debe realizarse un esfuerzo en desenmascarar su demagogia y su hipocresía, sus intentos de establecerse como quinta columna bajo cualquier excusa aparentemente inocente, como en este caso pudiera ser «combatir el supremacismo del nacionalismo catalán» o «cultivar un sano amor a la tierra, su cultura y sus gentes».  

La burguesía española siempre ha estado muy complacida con las actuaciones de estos mercenarios académicos, y tiene toda lógica puesto que la Escuela de Gustavo Bueno le sirve –en el sentido de vasallaje y en el sentido de utilidad– para confundir y seducir a propios y extraños, es por esta razón y no otra que financia sus asociaciones con dinero público y privado para mantener ese nicho seguro. Pero, seamos francos, el poder necesita algo menos frívolo y más cercano a las masas como para hacer que el trabajador asalariado consuma el narcótico nacionalista. Recordemos que un buen propagandista no es aquel que convence a quienes ya están convencidos, sino aquel que persuade a quienes todavía dudan o son abiertamente hostiles. Por ello, una corriente ideológica más centrada en propagar y emular las epopeyas de un imperio colonial pasado que en plantear planes eficaces para solucionar los atolladeros de la política burguesa presente, nunca puede resultar útil del todo. Cumplirá un gran papel en las universidades y será un gran pasatiempo para distraer a los exaltados, nostálgicos y similares, pero nunca será la plataforma idónea para embaucar en masa a todos esos millones de trabajadores anónimos.

En conclusión, la Escuela de Gustavo Bueno tiene un techo de crecimiento muy evidente. Entiéndase que personas cuya mayor emoción es disfrazarse de un soldado de los tercios y que tiene como insignias de referencia a figuras de la realeza de siglos pasados, no solo es anacrónico y reaccionario, sino completamente freak para cualquier persona con dos dedos de frente, sepa de política o no. Dicho lo cual, el capitalismo nacional, aunque les agradece sus esfuerzos, prefiere apostar mayores cuotas de dinero en otras corrientes políticas de mayores garantías. Puestos a elegir, opta más por los clásicos políticos que salen a escena vestidos de corbata, que manejan discursos fáciles y emocionales; no a gente extraña que habla de «Imperios Generadores», «Dialécticas de Estados», «Izquierdas Indefinidas» y patochadas de ese estilo, algo que para el trabajador medio de Amazon, Repsol o Zara ni capta ni tiende tiempo de detenerse en tratar de comprender de qué demonios le está hablando. En su conjunto los capitalistas se fían más de los políticos modernos que en sus redes sociales sonríen, cocinan, toman café, juegan con el perro o hacen alpinismo para aparentar cotidianidad, eso tiene gancho, crea afinidad con la masa social; todo lo contrario de lo que ocurre con las redes sociales de los gustavobuenistas quienes respiran más folclore que una zarzuela, engalanándose con imágenes y simbología de reyes, conquistadores y exploradores castellanos muertos que hoy el ciudadano medio ni conoce. La pregunta es, ¿en serio no se dan cuenta de su bufonada teórica y estética que portan? ¿Serán así de imbéciles o es porque les pagan? Misterios sin resolver». (Equipo de Bitácora (M-L); El viejo chovinismo: la Escuela de Gustavo Bueno, 2021)

domingo, 3 de mayo de 2020

Engels sobre el arte socialista...


«Usted siente probablemente la necesidad de tomar públicamente partido en este libro, de proclamar ante el mundo entero sus opiniones. Está ya hecho, es pasado, y no necesita usted repetirlo en esa forma. No soy adversario de la poesía de tendencia como tal. El padre de la tragedia, Esquilo, y el padre de la comedia, Aristófanes, fueron los dos vigorosamente poetas de tendencia, lo mismo que Dante y Cervantes, y lo que hay de mejor en La intriga y el amor de Schiller, es que se trata del primer drama político alemán de tendencia. Los rusos y los noruegos modernos, que escriben novelas excelentes, son todos poetas de tendencia. Mas creo que la tendencia debe surgir de la situación y de la acción en sí mismas, sin que esté explícitamente formulada, y el poeta no  está obligado a dar hecha al lector la solución histórica futura de los conflictos sociales que describe. Tanto más cuando en las circunstancias actuales la novela se dirige, sobre todo, a los lectores de los medios burgueses, es decir, a medios que no son directamente los nuestros, y entonces, a mi juicio, una novela de tendencia socialista cumple perfectamente su misión cuando, por una pintura fiel de las relaciones reales, destruye las ilusiones convencionales sobre la naturaleza de tales relaciones, quiebra el optimismo del mundo burgués, obliga a dudar de la perennidad del orden existente, incluso si el autor no indica directamente la solución, incluso si, dado el caso, no toma ostensiblemente partido. Su conocimiento exacto y sus descripciones maravillosamente frescas y vivientes del campesinado austriaco y de la «sociedad» vienesa encontrarán aquí una rica materia, y usted ha probado en Stefan que sabe tratar a sus héroes con esa fina ironía que da fe del señorío del poeta sobre su creación». (Friedrich Engels; Carta a Minna Kautsky, 26 de septiembre de 1885)

sábado, 2 de mayo de 2020

Las opiniones de Stalin, Churchill y Truman en 1945 sobre el régimen de Franco en España


«–Stalin: Es necesario examinar la cuestión del régimen de España. Nosotros los rusos consideramos que el presente régimen de Franco en España fue impuesto por Alemania e Italia y que entraña grave peligro para las naciones unidas amantes de la libertad. Opinamos que será bueno crear condiciones tales que el pueblo español pueda establecer el régimen que elija.

–Churchill: Estamos debatiendo aún las cuestiones que vamos a incluir en la agenda. Convengo que la cuestión de España debería ser incluida en ella.

viernes, 1 de mayo de 2020

¿Hegealismo de izquierda o marxismo como modelo a seguir en la cuestión nacional?; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Aunque hoy conozcamos la enorme transcendencia del marxismo en lo tocante a la cuestión nacional, éste tampoco estuvo exento de errores iniciales a la hora de formular la cuestión. Las conclusiones que hoy conocemos son fruto de la superación de contradicciones iniciales en el propio movimiento. En su juventud, Marx y Engels estuvieron influenciados por la teoría de los «pueblos sin historia». ¿Acaso debemos olvidar que la tesis de los «pueblos sin historia» fue cocinada para satisfacer al nacionalismo alemán emergente con el fin de justificar su expansión en detrimento de los pueblos eslavos y otros como el magiar? ¿No es cierto que nació para justificar las conquistas coloniales europeas?:

«China y la India se hallan todavía, por decirlo así, fuera de la historia universal; son la suposición de los momentos cuya conjunción determina el progreso viviente de la historia universal». (G. W. Friedrich Hegel; Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, 1830)

Pongamos otro ejemplo:

«El que quiera conocer manifestaciones terribles de la naturaleza humana, las hallará en África. Lo mismo nos dicen las noticias más antiguas que poseemos acerca de esta parte del mundo; la cual no tiene en realidad historia. Por eso abandonamos África para no mencionarla ya más. No es una parte del mundo histórica; no presenta un movimiento ni una evolución, y lo que ha acontecido en ella, en su parte septentrional, pertenece al mundo asiático y europeo. (...) Lo que entendemos propiamente por África es algo aislado y sin historia, sumido todavía por completo en el espíritu natural, y que solo puede mencionarse aquí, en el umbral de la historia universal». (G. W. Friedrich Hegel; Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, 1830)

Esto, por desgracia, era una nota común en la mayoría de pensadores avanzados de esta época. En España, pensadores como Larra promulgaban barbaridades análogas:

«Razón han tenido los que han atribuido al clima influencia directa en las acciones de los hombres; duros guerreros ha producido siempre el norte, tiernos amadores el mediodía, hombres crueles, fanáticos y holgazanes en Asia, héroes la Grecia, esclavos el África. (…) Cada país tiene sus producciones particulares». (Mariano José de Larra; La planta nueva o el faccioso. Historia natural, 1833)